En una boda judía, el momento en que el novio le entrega el anillo a la novia no es simplemente un gesto romántico ni una formalidad simbólica. Es el acto legal del qiddushín, que establece el vínculo matrimonial. Por eso la ley judía tiene tanto para decir sobre ese pequeño anillo: de qué debe estar hecho, cómo debe ser y, especialmente, a quién debe pertenecer.
¿POR QUÉ UN ANILLO?
Lo primero que hay que aclarar es que el anillo no es indispensable. La Torá no dice que el qiddushín deba realizarse con un anillo. El novio debe entregar a la novia algo que tenga valor monetario, y el valor mínimo establecido por nuestros Sabios es una perutá, una moneda de valor ínfimo.
El anillo es, entonces, una costumbre, aunque una costumbre muy antigua. Tosafot (Qiddushín 9a) sugiere que el uso de un anillo para establecer un vínculo matrimonial podría remontarse incluso a tiempos bíblicos.
Y no fue siempre una costumbre universal. En algunas comunidades sirias e iraquíes se utilizaba una moneda en lugar de un anillo. En otras comunidades existieron costumbres diferentes.
¿Por qué terminó imponiéndose el anillo?
Una explicación muy sencilla es que el anillo se lleva puesto permanentemente. Se transforma así en un recordatorio constante del matrimonio, del compromiso y de la fidelidad.
Hay además una imagen que a mí me parece especialmente hermosa. Nuestros Sabios compararon el pacto entre HaShem e Israel con un matrimonio. Y cada mañana, cuando un judío se coloca los Tefilín, enrolla la correa alrededor del dedo mayor y dice: “Veerastij li leolam”, “Te desposaré conmigo para siempre”. El dedo y el gesto evocan nuevamente la idea de un vínculo permanente.
ORO, PLATA Y NADA DE PIEDRAS
La costumbre más difundida es utilizar un anillo sencillo de oro, aunque algunas comunidades utilizan plata.
Pero hay una consideración mucho más importante que el material: el verdadero valor del anillo no debe estar oculto o resultar engañoso.
Por eso se acostumbra evitar todo aquello que dificulte determinar qué está recibiendo realmente la novia.
1. El metal no debe estar disimulado. Un anillo que parece de oro pero que en realidad es de otro metal solamente bañado en oro puede crear una impresión equivocada acerca de su valor.
2. Sin piedras. Esta es probablemente la regla más conocida. El valor de una piedra preciosa no puede determinarse simplemente mirándola. Dos diamantes aparentemente similares pueden tener valores completamente diferentes. Por eso, para el qiddushín, se acostumbra utilizar un anillo sin piedras.
3. Sin grabados ni diseños especiales. También se acostumbra que el anillo sea sencillo, sin inscripciones ni trabajos de orfebrería que puedan alterar su valor de una manera difícil de determinar.
Hay quienes agregan otra hermosa razón para evitar piedras preciosas: no avergonzar al novio que no puede permitirse comprar una. Si todos utilizan un anillo sencillo, nadie queda expuesto por su situación económica.
Vale aclarar algo práctico. En nuestra comunidad les pedimos a los novios que traigan un anillo liso y sencillo. Pero si por error traen uno grabado, lo utilizamos igualmente.
EL ANILLO TIENE QUE SER DEL NOVIO
Esta condición es fundamental.
Una persona no puede realizar el qiddushín entregando algo que no le pertenece. El anillo debe pertenecer al novio en el momento en que se lo entrega a la novia.
Por eso, antes del qiddushín, el rabino suele verificar que el novio sea efectivamente el propietario del anillo. También debe asegurarse de que no se lo haya regalado previamente a la novia. Si el anillo ya le pertenecía a ella, el novio no le estaría entregando algo suyo.
UNA RAZÓN MÁS
Rab Aryeh Kaplan trae en Made in Heaven, citando Keter Shem Tob, una explicación muy original sobre el uso del anillo.
En la Biblia, entregar el anillo real era una forma de transferir autoridad. El faraón le entregó su anillo a Yosef cuando lo puso al frente de Egipto. Ajashverosh entregó su anillo a Hamán y posteriormente se lo dio a Mordejai. En cada uno de estos casos, el rey estaba delegando autoridad sobre su reino.
Algo semejante ocurre simbólicamente bajo la Jupá.
Cuando el novio le entrega el anillo a su esposa, no le está dando simplemente una joya. Está expresando que desde ese momento comparte con él la autoridad sobre el nuevo hogar que ambos están comenzando a construir.
Rab Yosef Bitton


