EL CASAMIENTO JUDÍO: Todo lo que se hace en una boda, y por qué

Casi todo lo que ocurre en una boda judía tiene una razón, y casi nadie la conoce. ¿Por qué el novio le da un anillo a la novia y ella no le da nada a él? ¿Por qué ese anillo tiene que ser liso y sin piedras? ¿Qué dice exactamente ese documento en arameo que el rabino lee en voz alta y que nadie entiende? ¿Los novios ayunan? ¿Por qué el novio se cubre con un talet? ¿Qué se celebra durante los siete días que siguen a la boda?

Esta serie recorre la boda judía de principio a fin, en orden: desde la decisión de elegir pareja hasta la última de las Sheba Berajot. Está escrita para las parejas que se están por casar, para sus padres, y para cualquiera que haya estado alguna vez bajo una Jupá sin saber del todo qué estaba pasando.

ANTES DE LA BODA

1. Eligiendo a nuestra pareja, con el corazón y la mente

2. La mejor edad para casarse

3. SHUSHBINIM: Cuando los amigos pagaban el casamiento — el fondo común que armaban los amigos para que ninguna pareja tuviera que postergar la boda por dinero.

4. ¿Los novios ayunan el día de la boda?

LA CEREMONIA

5. La JUPÁ: en qué consiste la ceremonia de casamiento — las dos etapas, qiddushín y nisuín, y por qué antiguamente pasaba un año entre una y otra.

6. EL ANILLO: por qué en una boda judía no hay intercambio — el rabino, las dos primeras bendiciones, y la entrega del anillo.

7. EL ANILLO: ¿Por qué liso, de oro, y sin piedras?

8. El talet bajo la Jupá

LA KETUBÁ

9. KETUBÁ (1ra parte): ¿Qué es la Ketubá y qué dice?

10. KETUBÁ (2da parte): Las obligaciones económicas y la firma

11. Los derechos de una esposa judía — las tres obligaciones que la Torá le impone al marido: sustento, vestimenta y vivienda, e intimidad.

LOS TESTIGOS

12. Los testigos de la Ketubá y del casamiento

13. ¿Quiénes pueden ser testigos de la Ketubá?

COSTUMBRES Y CELEBRACIÓN

14. Diferencias entre Sefaradim y Ashkenazim

15. SHEBA BERAJOT: Los siete días de celebración

16. ¿Cuándo se recitan las Sheba Berajot? — las tres condiciones: minyán, bet jatanim y panim jadashot.

 

Si estás por casarte, o si tienes un hijo o una hija que se casa, léelos en este orden. Son cortos.

Rab Yosef Bitton




SHEBA BERAJOT: Los siete días de celebración

Es un gran Mitsvá alegrar al novio y a la novia (לשמח חתן וכלה). Esta Mitsvá es cumplida cuando estamos presentes en su boda y bailamos con ellos o frente a ellos o cuando los elogiamos y felicitamos.
Esta Mitsvá se cumple durante el día de la boda y también durante los siete días siguientes a la boda, conocidos en hebreo como shib’at yemé hamishté.
A continuación presentamos algunos ejemplos de las leyes y costumbres de estos siete días. :
1. La novia y el novio deben evitar trabajar durante la semana después de su boda. Esta no es la misma prohibición que existe de trabajar en Shabbat o en días festivos (Yom Tob). Más bien, la pareja debe evitar las actividades para evitar distraerse de su regocijo. Sin embargo, hay algunas excepciones en las que se permite a la pareja, o a uno de ellos, llevar a cabo determinadas tareas incluso durante los siete días de celebración. Por ejemplo, un negocio que sólo se puede realizar durante un tiempo limitado, o que si no se realiza acarreará pérdidas (דבר האבד), un servicio público, obras comunitarias, etc.
2. Durante estos días la novia y el novio deben usar ropa de fiesta y celebrar con comidas festivas. Es una costumbre muy antigua que los familiares y amigos de los novios preparan las comidas para la pareja. Y en los tiempos del Talmud, las familias y amigos de los novios venían (con la comida) a celebrar en la casa de la nueva pareja (bet jatanim) durante estos siete días.
3. Durante esta semana, la pareja no está obligada formalmente a realizar de cada comida una celebración, sino que se les permite también comer comidas normales donde sólo ellos participan. Sin embargo, cuando la pareja asiste a, o celebra una comida festiva en su honor que satisface ciertas condiciones (como explicaremos más adelante), entonces se deben recitar los Sheba’ Berajot, las siete bendiciones para alegrar y bendecir a la novia y el novio, al final de Bircat Hamazón (la oración que se recita después de una comida con pan).
4. Las siete bendiciones se recitan sólo si se cumplen las siguientes condiciones:
a. Deben haber diez varones adultos presentes (el novio se cuenta como uno de ellos).
b. La comida festiva tiene que tener lugar en la residencia de la nueva pareja  (bet jatanim).
c. Debe haber al menos dos nuevos invitados (panim jadashot), que no participaron en la boda o de un sheba’ berajot.
Si no se cumple una de estas 3 condiciones, entonces si por lo menos tres hombres adultos participan de la comida festiva, se recitará bore peri hagefen y la barajá asher bará.
En muchas comunidades Sefaradies de la diáspora, las siete Berajot  se recitan aun cuando la comida se haga fuera de la casa de los novios (se debe consultar sobre este tema al rabino de la comunidad). Las otras dos condiciones, nuevos invitados y minyan, son idénticas para todas las comunidades Sefaradim.
La costumbre Ashkenazi también permite recitar los sheba berajot incluso cuando la comida no tiene lugar en la residencia de los novios y alcanza con que haya un sólo nuevo invitado (Rab Knohl), no dos.
5. Cuando se recitan las Sheba Berajot, la costumbre es tener dos copas de vino: sobre la primera copa se recitará el Birkat Hamazón y al final de las Sheba Berajot , la misma persona que recitó el Birkat hamazon dirá sobre esta copa “boré perí hagefen”. Sobre la segunda copa de vino, se dicen las otras seis Berajot. Al final, el vino de las dos copas se debe mezclar y se le da de probar de este vino a la novia y al novio. Cuando solamente se recita la berakha asher bará , la costumbre es decir primero boré perí hagefen y luego asher bará.



Diferencias entre Sefaradim y Ashkenazim

Aunque los elementos básicos de la boda son exactamente los mismos para ambas tradiciones, hay algunas costumbres que difieren de una comunidad a otra, e incluso de una familia en familia en cuanto a la ceremonia de casamiento. En las siguientes líneas voy a presentar muy brevemente algunos ejemplos de costumbres que varían entre la tradición Sefaradí y la tradición Ashkenazí.

AYUNAR ANTES DE LA BODA

En muchas comunidades Ashkenazies la costumbre es que el novio ayuna el día de su boda.  Este ayuno es parte del proceso de Teshubá que el novio y la novia realizan, ya que de acuerdo a la Gemará en Yebamot 63b y en el Talmud Yerushalamí Bikurim 3:3,  a los novios se les perdonan todas sus transgresiones (cuando hacen Teshubá).  La costumbre entre los Sefaradim, particularmente de acuerdo al Rab Obadia Yosef, es que los novios no deben ayunar ese día, ya que entre otros motivos, para el novio el día de la boda es como su Yom Tob, es decir un día festivo, y la Teshubá debe ser llevada a cabo de otra manera, por ejemplo, rezando y estudiando con más intensidad durante ese día.

SHABBAT JATAN

La tradición Ashkenazí es celebrar el Shabbat Jatán, es decir, el Shabbat en el que se invita al novio a subir a la Tora (Aliya) antesde la boda. Este Shabbat es conocido entre los Ashkenazim como el “Oifruf” (o Aufruf), que significa en idish “llamar” (=llamar al Jatán a la Torá). En las comunidades Sefaradíes el Shabbat Jatán o el Shabbat del novio tiene lugar el Shabbat después de la boda. Es también costumbre entre algunos Sefaradim que el novio sea llamado a la Torá el día de su boda, si se casa un lunes o un jueves.

BEDEKEN

En la tradición Ashkenazi, inmediatamente antes de la ceremonia de la boda, el novio acompañado de sus padres, amigos, y rabinos cubre el rostro de la novia con un velo, en medio del cantos alegres. El velado de la novia recuerda al evento en el que Ya’aqob Abinu tomó a Leah como su primera esposa, creyendo que era Rajel. La novia lleva el velo hasta la conclusión de la ceremonia de la Jupá.  En las comunidades Sefaradíes la novia ingresa a la Jupá con su velo, pero el velo es removido en el momento de los qiddushim, cuando el novio le entrega el anillo a la novia y al consagra como su esposa, ya que los testigos deben reconocer a la novia.

BAJO LAS ESTRELLAS

En muchas comunidades Ashkenazíes la costumbre es casarse bajo las estrellas, es decir que cuando el clima lo permite, la Jupá se lleva a cabo al aire libre y por la noche. En las comunidades Sefardíes no hay tal costumbre y las bodas se celebran al aire libre o en un salon cubierto, indistintamente. De acuerdo a la costumbre Sefaradí (minhag Yerushalayim) la boda se debe celebrar, preferentemente,  durante el día, antes de la puesta del sol.

CAMINAR ALREDEDOR DEL NOVIO

En la mayoría de las comunidades Ashkenazim, cuando la novia entra a la Jupá da vuelta siete veces alrededor del novio. Según fuentes cabalísticas, los siete rondas representan los siete días de la Creación: “Cada matrimonio es una recreación del proceso creativo, por eso ella da vueltas alrededor del novio para indicar que estos siete ciclos se repiten ahora”. Los judíos Sefaradim no practican esta costumbre.

EL JEDER YIJUD

En la tradición Ashkenazí, inmediatamente después de la boda, el novio y la novia se recluyen en un jeder yijud, una habitación cerrada donde permanecen juntos y solos por unos minutos. La mayoría de los rabinos Sefaradíes, y en particular el rabino Obadiá Yosef, rechazan esta costumbre. En la tradición Sefaradí la reclusión del novio y la novia tiene lugar no después de la ceremonia de la Jupá sino después de que termina la fiesta del casamiento, cuando el novio y la novia se retiran a su habitación privada.




¿Quiénes pueden ser testigos de la Ketubá?

Como hemos explicado ayer (ver  aquí) la ley judía requiere la presencia de dos testigos adultos hombres en una ceremonia de casamiento. No cualquier hombre es competente para actuar como testigo.

Algunos ejemplos:

La ley Bíblica descalifica el testimonio de un familiar. Esto se aprende del versículo de Deuteronomio 24:16 que describe la pena capital “Los padres no han de ser sentenciados por sus hijos …. ni los hijos condenados por sus padres”. La ley judía explica que de la misma manera que los familiares no son competentes para declarar en un caso criminal, tampoco son  competentes para declarar en cualquier otro caso: civil, comercial, etc. Ahora bien, una vez que sabemos que los familiares son descalificados como testigos, debemos precisar cuál es el grado y la naturaleza del parentesco que descalifica a una persona para ser testigo en una ceremonia de casamiento. Por ejemplo: es un primo segundo o tercero considerado un pariente cercano? Es un cuñado considerado un pariente cercano?  La ley que explica qué familiares están calificados  o descalificados como testigos es muy compleja y se puede encontrar en el Shulján ‘Aruj, Joshen Mishpat, capítulo 33.

Aquí presentamos tres ejemplos:

1. La Mishná en Sanedrín 3:4 menciona como testigos descalificados a los siguientes familiares: padres, hermanos, tíos, suegros, y cuñados. Esta exclusión se extiende a sobrinos, primos y a sus esposos.

2. Una regla muy importante conocida como ishto kegufo, lit. “Su esposa, como sí mismo” indica que el marido de un familiar cercano está descalificado. Por ejemplo: el esposo de la hermana o de la prima de la novia no podría actuar como testigo, a pesar de que no existen vínculos de sangre entre ellos.

3. Los testigos que son familiares entre sí, son incompetentes para dar testimonio juntos, incluso cuando no están emparentados con la novia o con el novio.

Aparte de los familiares, la ley judía también descalifica a un menor para actuar como testigo, hasta que llegue a la edad de 13 años. En algunos otros casos, para testificar sobre la compra o venta de bienes raíces por ejemplo, la edad mínima requerida por la ley judía es de 20 años (MT, Edut 9: 6).

También hay cuestiones de carácter que pueden descalificar a un testigo. Los impíos (resha’im) son incompetentes para actuar como testigos. Esto incluye: delincuentes, estafadores, personas que han cometido delitos, ladrones, usureros, estafadores; los jugadores y los apostadores. También los holgazanes, es decir, personas que deliberadamente dejan de trabajar o estudiar, ya que son sospechosos de pasar su tiempo libre en actividades delictivas (ver más detalles en el Shulján ‘Aruj Joshen Mishpat Capítulo 34).

Un hombre que no tiene conocimientos básicos de la Tora (la Biblia) o de la Mishna, o de las normas básicas de conducta civilizada (derej erets), se presume que es ocioso y que su vida es reprochable y por lo tanto se lo considera incompetente como testigo. Esta presunción, sin embargo, es refutable si hay evidencia de que, a pesar de la ignorancia de este hombre, su conducta es intachable.

Una persona llamada a declarar junto con otra persona, que él sabe que es incompetente como testigo, debe negarse a testificar, ya que la incompetencia de un testigo invalida el testimonio de todo el grupo de testigos.

Por todo esto, en una ceremonia de matrimonio el rabino seleccionará muy cuidadosamente a los dos testigos e indicará al novio asignarlos “excluyendo a todos los demás testigos potenciales”, es decir, a todas las otras personas presentes en la ceremonia que podrían ser descalificados como testigos.




Los testigos de la Ketuba y del casamiento

Después de que la Ketubá se lee,  es firmada por  dos testigos. El papel de los testigos es, obviamente, testificar el estado civil de la pareja, cuando fuera necesario. En este sentido el requisito de la presencia de los testigos en una boda judía es similar a la exigencia de testigos en otros eventos legales, religiosos o seculares. La mayoría de los estados en los Estados Unidos, por ejemplo, requieren la presencia de dos testigos en un matrimonio civil (aunque en algunos estados, como California, se puede tener una boda “privada” sin testigos).

En la ley judía los testigos juegan otro papel muy importante. Los testigos, de hecho, validan el matrimonio. Técnicamente hablando, la presencia del rabino no es un requisito sin-a-qua-non para la realización de un matrimonio judío como lo es la presencia de un Ministro religioso para otras religiones, o como es la presencia de un juez para la validez de un matrimonio civil. En teoría, todo lo que se necesita para que una pareja judía se considere casada es la presencia de dos testigos durante los momentos claves de la ceremonia (ver más adelante). Los testigos actúan como notarios que validan y dan un estado público (en oposición a “privado”)  a la ceremonia del casamiento . Sin la presencia de dos testigos, una ceremonia de matrimonio judía no es válida, aunque hubiera un Rabino presente.

La presencia de los testigos es necesaria dos veces durante la ceremonia:

(1) qiddushin: Cuando el novio le entrega a la novia el anillo, diciéndole: “He aquí que eres consagrada para mí, como mi esposa, por este anillo, de acuerdo a la Ley de Moisés y de Israel”.

(2) Ketubá: Cuando la Ketubá es aceptada por el novio, a través del qinyan. Los dos testigos también firman la Ketubá.

Aunque halajicamente no es necesario , en muchas comunidades es costumbre que quienes actúan como testigos en el acto de qiddushin sean también los testigos del qinyán y firmen la  Ketubá.

De acuerdo a lo que explicamos anteriormente, que los testigos son los que validan la ceremonia de matrimonio, el lector entenderá que una de las responsabilidad más importantes del Rabino que preside la ceremonia de casamiento, quizás la más crítica,  es la cuidadosa elección de los testigos. Ya que si uno de los testigos no es apto para actuar como tal, el matrimonio no es válido.

A continuación veremos algunas reglas que se relacionan con la asignación de los testigos

a. ¿Cuántos testigos hacen falta? En la ceremonia de la boda se necesitan dos testigos. Esta es la regla general no sólo en el caso de un matrimonio sino también para casi todos los actos legales (hay muy pocas excepciones en las cuales el testimonio de un solo testigo es suficiente, por ejemplo, aguná).  El rabino que preside la ceremonia está a cargo de asignar a los testigos y generalmente le pedirá al novio que reasigne a esos testigos “con exclusión de cualquier otro testigo.” Esto es necesario porque si alguien por su cuenta llegara a actuar como testigo ocular y no fuera apto para ser un testigo (por ejemplo, un familiar de la novia o el novio) todo el testimonio, y el casamiento mismo, quedaría invalidado. Por eso es que el novio tiene que asignar a los testigos, generalmente diciendo, ate tihyiu ‘edai (Ustedes serán los testigos de mi matrimonio), excluyendo explícitamente a cualquier otra persona a funcionar como un testigo adicional.




KETUBÁ (2da parte): Las obligaciones económicas y la firma

La Ketubá es el documento que registra las obligaciones del marido judío hacia su esposa. Su texto se compone de tres partes:

1. La fecha y el lugar de la boda, y los nombres del novio y de la novia (ver KETUBÁ, 1ra parte).

2. Las obligaciones del marido hacia su esposa mientras están casados, que resumimos al mencionar las tres principales obligaciones bíblicas (ver Los derechos de una esposa judía).

3. Las obligaciones financieras que el marido asume hacia su esposa, en particular la compensación monetaria que la esposa debe recibir en caso de que, Dios no lo quiera, el matrimonio se disuelva. Esta parte de la Ketubá es en realidad la más importante del documento y contiene el texto más extenso (aproximadamente el 75% del total). La Ketubá menciona que el marido asegura a su esposa con una indemnización monetaria en caso de disolución del matrimonio. El importe de esta indemnización se calcula sobre la base de los siguientes elementos:

1. Iqar Ketubá, o la suma básica de la Ketubá.

2. La Nedunyá, o dote.

3. El Tosefet, o adiciones a la suma principal.

IQAR KETUBÁ: esta es la suma de dinero que la ley judía determina como la compensación mínima que la mujer tiene derecho a recibir de su marido en caso de disolución del matrimonio. Hay una discusión entre los rabinos sobre si esta compensación es de origen bíblico (Rashí) o rabínico (Maimónides). Esta suma, también llamada “mohar”, consiste en doscientos zuz. Aunque el valor monetario actual de esos doscientos zuz es tema de discusión entre los sabios contemporáneos, en los tiempos del Talmud doscientos zuz era la cantidad de dinero que una persona necesitaba para mantenerse a sí misma durante un año (comida, ropa, alojamiento, etc.). En otras palabras, doscientos zuz es el equivalente al salario básico de un año.

NEDUNYÁ: el segundo elemento que compone la Ketubá es la nedunyá, a menudo traducida como “la dote”. La nedunyá incluye todos los objetos de valor y los activos que la esposa trae al patrimonio de su nueva familia. La Ketubá menciona como ejemplos: artículos de plata y de oro, joyas, utensilios, ropa de cama, etc. Estos artículos se mencionan explícitamente para demostrar que la mujer no está llegando al matrimonio con las manos vacías. Técnicamente hablando, el marido tiene el derecho de utilizar los activos de la dote si fuera necesario, pero aun así acepta la responsabilidad por las pérdidas. Estos activos se convierten para el marido en lo que el hebreo talmúdico denomina “ovejas de hierro” (tson barzel), lo que significa que su responsabilidad financiera hacia ellos nunca expirará. Por lo tanto, si el matrimonio se disuelve, el marido debe restituir a su esposa la dote registrada en la Ketubá, o su valor, aparte de la suma mencionada anteriormente.

Ahora bien, independientemente del valor real de la dote, la antigua costumbre es registrar el patrimonio de la esposa en la suma fija de “cien piezas de plata” (mea zequqim dekesef), que según algunas opiniones, al valor de la plata en el mercado de hoy, sería un valor aproximado de 17.000 dólares. Esa suma era el promedio del patrimonio que una novia traía en su dote. ¿Por qué se registra una suma uniforme y no la suma particular que cada novia trae? La tradición judía considera que esta uniformidad evita cualquier distinción entre una novia que viene de una familia rica y una que no. Así se evita tanto la vergüenza de una como la ostentación de la otra. De manera que, independientemente del valor de la dote que la novia lleva a su matrimonio, el marido se obliga a restituirle, en caso de disolución del matrimonio, el valor de la dote por la suma fija de cien piezas de plata.

TOSEFET: el tercer componente de la compensación monetaria de la Ketubá son los incrementos voluntarios. Hay dos incrementos que normalmente se añaden. En primer lugar, el incremento de la dote, que tradicionalmente es el equivalente a la dote: el marido duplica su valor con otras cien piezas de plata. En segundo lugar, hay un incremento a la Ketubá principal que el marido promete a su esposa. En algunas comunidades se indica el importe de este incremento en moneda local. En otras comunidades, para evitar mencionar sumas de dinero en la ceremonia de casamiento, solo se menciona que el marido agregará un incremento a la suma principal (iqar ketubá) sin especificar una cantidad. El importe se fija generalmente siguiendo las costumbres locales.

Como el lector entenderá, la suma de dinero que se menciona en la Ketubá no está relacionada con dinero que el marido “paga por la esposa” o a su familia. Estos son prejuicios que se basan en la ignorancia de lo que realmente dice la Ketubá. La Ketubá es un seguro de matrimonio, en el cual el hombre declara que, en caso de disolución del matrimonio, él indemnizará a su esposa con una significativa suma de dinero, le restituirá el patrimonio que ella y su familia contribuyeron, y sumará a esto todos los incrementos adicionales, según el uso y la costumbre local.

LA KETUBÁ COMO DEUDA COBRABLE

עד שבא שמעון בן שטח ותיקן שיהא כותב לה: כל נכסי אחראין לכתובה (כתובות פ”ב)

La Ketubá es, entonces, similar a un seguro de matrimonio: en caso de disolución, establece la suma que el marido tiene que pagar a su esposa en carácter de indemnización. Su función es proteger a la mujer. Si no existiera la Ketubá, una mujer divorciada podría quedar sola y desprotegida (ese era el caso, por cierto, en la mayoría de las civilizaciones no judías hasta los tiempos modernos). La Ketubá asegura que esto no le suceda a una mujer judía. Y al mismo tiempo, como los rabinos explicaron, sirve como un elemento disuasivo muy poderoso para que un marido no tome la decisión impetuosa de divorciarse de su esposa, sabiendo que si lo hace asumirá una gran responsabilidad económica.

Al principio, la Ketubá era más que nada un “mohar”, un regalo o herencia que el marido le dejaba voluntariamente a su esposa. Esto creó una situación en la cual muchas mujeres se quedaban solteras, por miedo a que sus maridos las dejaran sin nada. Por eso, al final del texto de la Ketubá se agregan algunas cláusulas para que pueda cobrarse incluso en el caso de que el marido no tenga los medios líquidos suficientes para cubrir su valor. Así, el texto menciona que si el marido no cuenta con el dinero para compensar a su mujer en caso de divorcio o fallecimiento, sus bienes serán confiscados y ejecutados por el Bet Din (la corte rabínica) para pagar el valor de la Ketubá a su ex esposa o a su viuda.

Esta cláusula fue establecida por Rab Shimón ben Shataj (120-40 aEC), a quien se le atribuye la formulación (o la reformulación) de la Ketubá. En otras palabras, él hizo que la Ketubá se transformara en una deuda cobrable y no en un regalo voluntario o una herencia. El texto de la Ketubá, entonces, luego de calcular el importe total de la indemnización, menciona una larga lista de cláusulas que indican que todas las propiedades (bienes raíces o qarqa’) y posesiones (bienes portátiles o metaltelim) están hipotecadas a esta Ketubá. El novio se compromete a pagar la Ketubá incluso con “la camisa que lleva sobre sus hombros”. Y se compromete también a que la Ketubá sea vinculante para sus herederos (que podrían no ser necesariamente los hijos de su esposa), durante su vida y después de ella.

LA FIRMA DE LA KETUBÁ

Finalmente, la Ketubá es firmada por dos testigos. Pero antes de eso, la Ketubá es formal y legalmente aceptada por el marido a través de un procedimiento legal llamado qinyán. El qinyán se realiza como un trueque (qinyán sudar o jalifín), es decir, un intercambio por el cual bienes o servicios se cambian por otros bienes o servicios. En este caso, el rabino que preside la boda le da al novio un elemento —normalmente un pañuelo, un bolígrafo o cualquier otro objeto, excepto alimentos o monedas— y el novio declara: “qibbalti ‘alay beqinyán…”, es decir, “acepto formalmente sobre mí mismo todas las obligaciones de la Ketubá”. Y entonces, levantando el elemento que recibió del rabino, el novio lo adquiere y a cambio cede los derechos de la Ketubá a su esposa.

Después de realizar el qinyán, la Ketubá, que está escrita desde el punto de vista de los testigos, dice: VEQANINAN… “Y hemos adquirido (es decir, hemos presenciado el procedimiento de adquisición o qinyán) del novio… a la novia… y damos fe de que todo es válido y confirmado (sharir veqayam)”. Estas últimas palabras son la fórmula rabínica para indicar que el documento ha terminado, por lo que nada más se puede añadir al texto de la Ketubá, excepto la firma de los dos testigos y del novio.




KETUBÁ (1ra parte): ¿Qué es la Ketubá y qué dice?

La palabra Ketubá significa “documento”. A pesar de lo que mucha gente supone, la Ketubá no es un contrato entre el esposo y la esposa. Es el documento que establece las obligaciones del marido hacia su esposa mientras están casados, y las disposiciones para proteger económicamente a la esposa si el matrimonio se disuelve o si el marido fallece. En este último sentido, la Ketubá es un seguro de matrimonio, donde la beneficiaria es la esposa y el benefactor es el marido. La Ketubá no es estrictamente un contrato, ya que las obligaciones de la esposa hacia su marido no están registradas en ella. Por esta razón, la Ketubá la firman el marido y dos testigos, pero no la firma la esposa.

Una vez que entendimos lo esencial de la Ketubá, vamos a explorar detalladamente su texto. La Ketubá se divide en tres partes.

PRIMERA PARTE: LA FECHA, EL LUGAR Y LOS NOMBRES

En la Ketubá se registran, en primer lugar, todos los datos básicos que se incluirían en cualquier otro documento legal: la fecha de la boda, la ciudad y el estado donde se lleva a cabo, y los nombres de la novia y del novio.

Si quisiéramos escribir la Ketubá hoy, en Yerushalayim, diría: “En el día cuarto de la semana (miércoles), a los 30 días del mes de Siván, que es el primer día de Rosh Jodesh Tamuz, en el año 5775 desde la creación del mundo, en la ciudad de Yerushalayim…”.

A continuación se escriben los nombres de los novios. Primero el nombre del novio seguido del nombre de su padre —por ejemplo, YOSEF BEN YAAQOB (Yosef hijo de Yaaqob)— y el apellido de la familia. También se debe aclarar si es Cohen o Leví. Luego se escribe el nombre de la novia y el de su padre, aclarando también si es Cohen o Leví.

Además, y especialmente fuera de Israel, se deben escribir los nombres de los novios y sus padres en inglés, español o en el idioma que sea. Por ejemplo, si el nombre hebreo del novio es YOSEF pero todo el mundo lo llama “José”, en la Ketubá se escribirá YOSEF DEMITQARÉ JOSÉ, es decir, “Yosef, también conocido como José”.

Los nombres de la novia, del novio y de sus padres tienen que ser escritos con extremo cuidado. El rabino que escribe la Ketubá debe saber no solamente cómo escribir los nombres en hebreo correctamente, sino también cómo escribir los nombres no hebreos con letras hebreas, lo cual a veces es complicado (¿cómo se escribe “José” en letras hebreas?), ya que no todas las consonantes o diptongos del español tienen su correspondencia exacta en hebreo.

Dentro de la primera parte de la Ketubá también se indica el estado civil previo de la novia. Si es soltera, la Ketubá dirá “betultá” (literalmente, virgen). En algunas comunidades escriben simplemente “kalatá”, que significa “la novia”. Si la novia es viuda o divorciada, la Ketubá lo deberá registrar: “metarajtá” o “armelatá” —divorciada o viuda— en arameo, el idioma de la Ketubá.

SEGUNDA PARTE: LAS OBLIGACIONES DEL MARIDO

La segunda parte de la Ketubá establece las obligaciones del esposo hacia su esposa. El novio declara a su novia que la está tomando legalmente como su esposa “según la ley de Moshé e Israel”, lo que implica que acepta todas las responsabilidades de un esposo judío.

La Torá estableció los tres principales deberes del esposo hacia su esposa (Shemot 21:10):

  1. she-erah: proporcionar a su esposa el sustento.
  2. kesutah: suministrarle ropa y alojamiento.
  3. ‘onatah: convivir con ella.

Estas tres obligaciones las explicamos en detalle, con las ilustraciones de Maimónides, en MISHPATIM: Los derechos de una esposa judía.

TERCERA PARTE: LAS OBLIGACIONES ECONÓMICAS

La tercera parte, que es la más extensa del documento, establece la compensación monetaria que la esposa recibe en caso de que el matrimonio se disuelva, y las cláusulas que hacen de la Ketubá una deuda cobrable. La explicamos en KETUBÁ (2da parte): Las obligaciones económicas y la firma.




El talet bajo la Jupá

Luego de la ceremonia de la entrega del anillo (qiddushin) el novio viste el Talit (un chal o manto de lana). La costumbre es que el novio use un Talit nuevo, generalmente regalado por la novia.

Si la Jupá se celebra mientras todavía no oscureció, el novio pronunciara dos bendiciones: Lehit’atef BeTsitsit y Shehejeyanu. Si ya es de noche, recitará sólo la bendición Shehejeyanu.

Según el rab  Obadia Yosef, si la Jupá tiene lugar durante el día el novio tiene que envolverse (lehit’atef) con el Talit de la misma forma que lo hace cada mañana: primero, se cubrirá su cabeza con el Talit y luego se lo colocará sobre sus hombros.  Si la boda se lleva a cabo durante la noche,  el novio no tiene que envolverse con el Talit.

Luego, y en ambos casos, el Talit se coloca sobre (o por encima, dependiendo de la costumbre) la cabeza del novio y de la novia (Yalqut Yosef p. 136).

Finalmente, la berajá Shehejeyanu que se recita cuando el novio está por vestir su nuevo Talit, es una bendición de alabanza a HaShem por el privilegio de vivir una nueva ocasión feliz. Cuando el novio dice esta bendición por su nuevo Talit debe tener en mente que también le está dando las gracias a HaShem por el mérito de su nueva esposa, su nuevo hogar, etc.

¿Por qué se usa un Talit en la boda?

El Rab Obadiá Yosef menciona varias razones (y pesuqim , ver Yalqut Yosef p. 132). Una de estas razones es que la Torá menciona la mitsva de Tsitsit, junto a la Mitvsá del matrimonio (Debarim 22:12, Tsitsit; Debarim 22:13, casamiento). Es interesante observar que por este motivo, mientras que los judíos sefaradím y los judíos de las comunidades judías oriundas de Alemania acostumbran a que un niño judío vista el Talit desde el día de su Bar-Mitzva (o incluso antes), en las comunidades judías de Europa es habitual que el hombre comience a vestir el Talit sólo después de que se casa, siguiendo “al pie de la letra” el orden de la Tora, donde la Mitsvá del Talit/ Tsitsit es mencionada junto a la Mitsvá de casarse.

El Rab Aryeh Kaplan en su libro “Hecho en el cielo” ofrece otra explicación, muy original. Él dice que el Talit se lo regala la novia al novio como un gesto de reciprocidad por haber recibido de él su anillo y agrega que: “así como el anillo de bodas simboliza que ella está consagrada exclusivamente a él, con exclusión de todos los demás hombres, el Talit simboliza que él está consagrado exclusivamente a ella, excluyendo a todas las demás mujeres”

Después de que el el novio y la novia se cubren con el Talit, se lee la Ketubá.

Mañana, BH, vamos a comenzar a explicar qué es la Ketuba.




EL ANILLO: por qué en una boda judía no hay intercambio

Anteriormente explicamos que la boda judía consiste en dos pasos, qiddushín y jupá, que hoy se integran en una sola ceremonia. Comenzaremos por describir el qiddushín.

EL RABINO

Puede haber muchos rabinos invitados a participar de la boda, pero la novia y el novio deben designar a uno para ser el mesadder qiddushín, es decir, el rabino que presidirá la ceremonia. Ese rabino será responsable del orden de la boda y de todos sus aspectos legales. Entre otras cosas: la verificación, previa a la boda, de la judeidad de la novia y del novio; la preparación y la escritura de la Ketubá; y la asignación o la aprobación de los testigos. El mesadder qiddushín recita las dos primeras bendiciones, conocidas como birkat irusín.

BIRKAT IRUSÍN

Sosteniendo una copa de vino en la mano, el rabino dice: “Boré perí haguefen” (Bendito eres Tú, HaShem, el Creador del producto de la vid). La principal Mitsvá de la ceremonia de la boda judía es la alegría, es decir, alegrar al novio y a la novia. El vino, en moderación, representa la alegría, como dice en Tehilim 104: “y el vino alegra el corazón del hombre”.

La segunda berajá dice: “…meqaddesh amó Israel al yedé jupá veqiddushín”. “Bendito eres Tú, HaShem, nuestro Dios, que nos consagró con Sus mandamientos… y nos santificó con la jupá y con los qiddushín”. Es una bendición por la cual alabamos a HaShem por haber establecido en Su Torá la institución del matrimonio, en aras de la preservación de nuestra moralidad y de la santidad de la familia judía.

Después de recitar estas dos bendiciones, el rabino bebe un poco del vino y le da la copa al novio. Después de que el novio bebe, el rabino le da la copa a la madre de la novia para que ella le dé de beber a su hija. Una de las razones por las cuales es la madre, y no el novio, quien le alcanza la copa a la novia, es que todavía, en el momento del qiddushín, la novia es más “la hija de sus padres” que “la esposa de su marido”.

EL ANILLO

Una vez que el rabino que preside la boda pronuncia las dos primeras bendiciones, se lleva a cabo la ceremonia de qiddushín, la consagración de la novia por medio de un qinyán, un proceso legal por el cual la novia se consagra al novio oficialmente.

Técnicamente, este qinyán podía hacerse de diferentes maneras. Por ejemplo, el novio le podía dar a la novia un documento (shetar) en el que declaraba su intención de casarse con ella de acuerdo con la ley judía. O bien podía ofrecerle un regalo de un valor mínimo. Sin embargo, en la mayoría de las comunidades la costumbre en nuestros días es que el qiddushín se realice dando un anillo a la novia. Hasta donde yo sé, la única excepción a esta regla es la comunidad judía siria de Nueva York, donde los qiddushín se hacen con una moneda de plata en lugar de un anillo.

El anillo que se utiliza en el qiddushín debe ser liso, sin ninguna piedra ni accesorios, y tiene que pertenecer al novio. Esta es la razón por la cual el rabino normalmente le pregunta al novio a quién le pertenece el anillo: para asegurarse de que sea suyo y de que todavía no se lo haya regalado a su novia.

Durante la ceremonia del casamiento judío no hay un intercambio de anillos entre la novia y el novio. Es solo el novio quien le da un anillo a la novia. El novio consagra a la novia como su mujer, y la novia se consagra al novio como su esposa. El intercambio de anillos en la ceremonia sería una imitación de una ceremonia gentil. En muchas comunidades, sin embargo, se acepta que el novio se ponga su anillo, si así lo desea, antes de que comience la Jupá o después de ella.




La JUPÁ: en qué consiste la ceremonia de casamiento

Maimónides explica que la institución del matrimonio es una innovación bíblica (Mishné Torá, Hiljot Ishut 1:1). Antes de que la Torá fuera entregada al pueblo judío, dice, un hombre encontraba una mujer, la llevaba a su casa, vivían juntos y traían hijos al mundo sin ningún compromiso público entre ellos y sin ninguna ceremonia formal. Además, dado que en la antigüedad no existía la institución del matrimonio, tampoco había un proceso formal de divorcio: si uno de ellos deseaba dejar a la familia, podía hacerlo en cualquier momento.

La Torá estableció la Mitsvá del matrimonio: cuando un hombre y una mujer desean vivir juntos, primero deben casarse. Esto se aprende del pasuq en Debarim 22:13: “Cuando un hombre toma (= se casa con) una mujer…”.

El matrimonio judío es un acto de carácter público, y por lo tanto se requiere la presencia de dos testigos. También es una norma aceptada que, en circunstancias normales, la boda se lleve a cabo en presencia de por lo menos un Minyán (diez hombres adultos).

LAS DOS ETAPAS

La ceremonia de casamiento consiste en dos etapas: qiddushín (o irusín) y jupá (o nisuín).

El primer paso, qiddushín, es el compromiso formal y legal, que no debe confundirse con el apalabramiento o compromiso que celebramos hoy en día. El qiddushín se celebra principalmente para sellar el compromiso formal de casarse, y se realiza a través del qinyán, o proceso legal de adquisición. Hoy en día se acostumbra hacer este qinyán entregándole un anillo a la novia, aunque en algunas comunidades judías sirias, siguiendo una costumbre muy antigua, el novio le entrega a la novia una moneda de plata en lugar de un anillo. Cuando el novio le da el anillo a la novia, la consagra como su futura esposa, diciendo: “He aquí que eres consagrada para mí, para ser mi esposa, a través de este anillo, de acuerdo con la ley de Moshé e Israel”. Al recibir el anillo, la novia está formalmente comprometida. Sin embargo, el novio y la novia aún no pueden vivir una vida íntima matrimonial: estarán considerados marido y mujer solo después de la Jupá.

EL AÑO DE ESPERA

Es muy importante mencionar que en los tiempos talmúdicos y pretalmúdicos, este primer paso de la boda, el qiddushín, se celebraba generalmente un año antes de la ceremonia de la Jupá. Durante ese año, entre el qiddushín y la Jupá, los novios vivían en la casa de sus padres y dependían de ellos. Aun así, la mujer era considerada meorasá, o formalmente comprometida. Por lo tanto, si la pareja decidía anular el qiddushín, se requería un divorcio formal (guet) para disolver ese compromiso.

El año entre el qiddushín y la Jupá se dedicaba a la construcción de la nueva casa, la preparación de los vestidos de la novia y la preparación de la comida necesaria para la Jupá y los siete días festivos que la seguían (sheba berajot). Ese año sin intimidad física servía también para fortalecer la relación entre la novia y el novio en el área emocional y espiritual, en anticipación a su vida como marido y mujer.

Este período de espera entre el qiddushín y la Jupá no se practica más. En nuestros días el qiddushín se realiza simultáneamente con la Jupá, como parte de la misma ceremonia. ¿Por qué? Hubo muchos motivos prácticos que exigieron este cambio. Por ejemplo, imaginemos que, por las persecuciones que los judíos sufrimos en el exilio, el novio tuviera que huir para salvar su vida. Si eso sucedía, la novia, que todavía estaba en un estado de apalabrada pero no casada, no podría casarse en el futuro con otra persona, porque necesitaría un guet, un documento de divorcio formal, de parte de su novio desaparecido. Debido a circunstancias como esta, se estableció hacer el qiddushín y la Jupá al mismo tiempo.

Hoy en día, la ceremonia normal de casamiento judío consiste en la entrega del anillo (qiddushín) y luego la Jupá (lectura de la Ketubá, sheba berajot, etc.). Estos dos pasos están ahora completamente integrados, y la mayoría de las personas no perciben que, formalmente, se trata de dos ceremonias diferentes.




La mejor edad para casarse

La primera Mitsvá mencionada en la Torá es: Piryia veRibyia, es decir,  casarse y con la ayuda de Dios traer hijos a este mundo. Esta también fue la primera bendición con la cual el Creador bendijo a la primera pareja.

CUANTO ANTES MEJOR

Hace mucho tiempo atrás los Sabios escribieron las diferentes etapas de la vida de un joven judío, en este caso se refirieron a un hombre. Y luego de describir en detalle las etapas de su educación, dijeron que a los 18 años un joven judío debería casarse. Agregaron que El Todopoderoso “observa a este joven y le da tiempo desde los 18 hasta los 20 para verlo casarse”.  Esta recomendación fue expresada por los Jajamim unos 2.000 años atrás, cuando casarse a esa edad no era la excepción, sino la regla. Y a pesar de eso, los mismos Sabios aclararon que si el joven quiere seguir dedicándose a sus estudios de Torá, y sabe que una vez que se casa tendrá que abandonar sus estudios (itbabtel min haTorá) para dedicarse a mantener su hogar, podría posponer su voluntad de casarse por unos años (Shulján Aruj, Eben Haezer 1:3). Aunque algunos rabinos sugieren que no debería postergar el establecer una familia más allá de los 24 años de edad, incluso en esas circunstancias.  Estas edades de referencia fueron expresadas hace mucho tiempo atrás en una sociedad y cultura diferente,  pero aun así es evidente que de acuerdo a nuestra Torá un joven o una muchacha no deberían postergar innecesariamente la decisión de comenzar una familia. 

Los mismos Sabios reconocen que hay otros elementos, más allá de la edad, que deben tenerse en cuenta antes de decidir casarse. Por ejemplo, la madurez intelectual y emocional de un individuo, lo cual es esencial para crear una familia y mantenerla (=Shalom Bait). También se refirieron a las posibilidades económicas y la realidad de lo que hace falta para mantener una familia, sin lujos, pero sin pasar pobreza. Maimónides escribe al respecto: “Las personas emocionalmente equilibradas (derej ba’ale hade’a) primero procuran un medio de vida que les permita proveer su sustento; después encuentran un lugar para vivir y luego se casan. Pero aquellos individuos emocionalmente inmaduros (tipeshim), primero se casan y luego buscan un lugar para vivir y luego procuran un medio de vida … “(De’ot 5:11).

Vemos que de acuerdo a los rabinos, si bien existen numerosos factores que deben ser considerados antes de tomar la decisión, cuando un joven o una mujer están emocionalmente maduros y cuentan con los medios para vivir una vida digna, no deben posponer su decisión de casarse innecesariamente.

 

¿Puede un hermano menor casarse antes que el mayor?

 

Normalmente, cada familia espera que la hija mayor o el hijo mayor se case primero. Hay dos fuentes judías que sustentan esta expectativa. Una de ellas es la alusión a esta antigua costumbre de las palabras de Labán a Ya’aqob, cuando Labán negó dar su hija menor, Rajel, en matrimonio antes que Lea. Laban le dijo a Ya’aqob: “En nuestro lugar, esto no se puede hacer, dar la hija más joven (en matrimonio) antes que la mayor” (Bereshit 29:26). La segunda y  más sólida fuente bíblica que sustenta esta costumbre es el caso de las cinco hijas de Tzelofjad, que de acuerdo a nuestros rabinos, se casaron según el orden de su edad.

 

Sin embargo, los rabinos ven en estas fuentes no una ley rígida sino más bien una cuestión de preferencia: es mejor que el hermano o la hermana mayor se casen primero, pero no mencionan la prohibición de que el hermano o la hermana menor se casen primero, si ya están en la edad de hacerlo.

 

El Rab Moshe Feinstein tiene una interpretación muy interesante de este Minhag. En su dictamen (IGM, EH’E 2: 1), dice que se debe dar la prioridad de casarse al hermano o la hermana mayor cuando ambos hermanos o hermanas están comprometidos. En esas circunstancias, la boda de la hermana o el hermano mayor debe tener lugar primero, necesariamente. Pero fuera de este caso, si el hermano más joven encuentra a su futura pareja en primer lugar, no debe postergar su casamiento.

 

En muchas comunidades existe la hermosa costumbre que en el caso que el hermano o la hermana menor se comprometen primero, pidan formalmente el permiso y la bendición de su hermano o hermana mayor antes de casarse (no olvidemos que respetar a los hermanos mayores es parte de la Mitsvá de Kibbud Ab va-Em). En este caso, se espera que los hermanos mayores den su consentimiento y su bendición de todo el corazón.




Eligiendo a nuestra pareja, con el corazón y la mente

La decisión de elegir una esposa o esposo debe tomarse en base a dos factores que deben estar coordinados: nuestras emociones y nuestra mente. En otras palabras, si tenemos ciertos sentimientos hacia una persona,  como atracción, pero la mente dice que “no es una buena idea”, o si la mente dice “sí”, pero existen sentimientos negativos hacia esa persona, el Shiduj debe ser reconsiderado.

En el área de la mente, los Rabinos aconsejan asegurarse de que la persona tenga middot tobot,  buenas cualidades; que él o ella procedan de una familia decente y que los valores religiosos y morales sean más o menos compatibles. Algunos rasgos negativos deben ser vistos como señales de alerta, entre ellos: la arrogancia, la envidia y la irritabilidad. Esos son defectos de carácter que son difíciles de corregir.

En el área de las emociones, uno no necesita sentir una atraccióninmediata hacia la otra persona, por el contrario, esto podría ser un síntoma de que estamos mirando superficialmente a una persona. “Amor a primera vista”, puede ser una trampa peligrosa, ya que podría implicar un cierre  temporal de nuestra mente, que debe estar completamente activa en el momento de tomar una buena decisión. En el área de las emociones, uno debe ser consciente de que no exista un antagonismo emocional hacia la otra persona, o “rechazo a primera vista”.  Si esos sentimientos negativos están ahí, entonces, uno no debería proceder.

La mayoría de las parejas que conozco, durante las primeras veces que salieron juntos, no sintieron ni una atracción automática ni un rechazo automático el uno por el otro. Estaban emocionalmente “parve” en esta area. Entonces, como la cabeza decía que “sí”, los dos invertían tiempo para que las emociones se nutran de la interacción entre ellos y el conocimiento mutuo

Volviendo a “la cabeza”. El Shuljan Aruj (Eben ha’Ezer 2:2) indica que uno debe ser sensible a ciertas luces rojas en la familia de los posibles candidatos.

1. Se menciona que no es una buena señal si la familia del candidato o candidata siempre están peleando entre ellos o con otra familia. Uno debe buscar un cónyuge que venga de una familia donde reine la paz.

2. También se menciona que si por ejemplo, una familia siempre está tratando de delegitimizar a otras familias, esa familia es sospechosa de provenir de una estirpe ilegítima (pesulim). Como regla general, nuestros rabinos afirmaron que cuando uno es demasiado crítico hacia los demás en un área específica, es probablemente debido a su propia culpa o complejos en esa área específica. Por ejemplo, si alguien trata obsesivamente de demostrar que otras personas roban, es posible que el acusador sea culpable de ese delito. Los rabinos describieron este comportamiento con cuatro palabras: kol hapoesel bemumo posel, “Cuando alguien está criticando permanentemente a otros en un área específica, esa persona probablemente está proyectando sus propios defectos”. En nuestro caso, entonces, si una familia tiene una obsesión por la legitimidad de los demás, es posible que carezca de legitimidad. (como explicamos, este patrón de conducta se extiende más allá de la cuestión específica de “legitimidad”).

3. El Shulján Aruj también identifica la configuración genética de una persona judía con las siguientes palabras: los Yehudim somos innatamente compasivos, tímidos, y activamente bondadosos (rachmanim, baishanim, gomle jesed). Tan arraigados son estos rasgos de carácter en un individuo judío que los rabinos declararon que quien actúa con crueldad hacia los demás, o no muestra sensibilidad hacia el sufrimiento de otros o no tiene una dosis mínima de bondad o tiene un comportamiento desvergonzado, podría no tener ascendencia judía.

Cuanto más identificables sean estas tres virtudes en una persona, más solido será el caso para considerar que él o ella sean un buen candidato, y viceversa.