HomeCasamiento JudíoEL ANILLO: ¿Por qué liso, de oro, y sin piedras?

EL ANILLO: ¿Por qué liso, de oro, y sin piedras?

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En una boda judía, el momento en que el novio le entrega el anillo a la novia no es un gesto romántico ni una formalidad simbólica. Es el acto legal que crea el matrimonio. Todo lo demás —la Ketubá, las bendiciones, la fiesta— viene después. Por eso la ley judía tiene tanto para decir sobre ese anillo: de qué tiene que estar hecho, cómo tiene que ser, y a quién tiene que pertenecer.

¿POR QUÉ UN ANILLO?

Lo primero que hay que entender es que el anillo no es obligatorio. La Torá no lo menciona. El qiddushín se realiza entregando a la novia algo que tenga valor monetario, y el mínimo que la ley exige es una perutá, la moneda más pequeña que existía en la época del Talmud. Es un valor deliberadamente ínfimo, para que ningún hombre quede impedido de casarse por razones económicas.

El anillo es, entonces, una costumbre, no una obligación. Aunque es una costumbre muy antigua: Tosafot (Kidushín 9a) sugiere que el anillo ya se usaba con este fin en tiempos bíblicos. Y no fue siempre universal. En algunas comunidades sirias e iraquíes se usaba —y en la comunidad judía siria de Nueva York se sigue usando— una moneda de plata en lugar de un anillo. En Georgia se acostumbraba colocar el anillo dentro de una copa.

¿Por qué se impuso el anillo? Por una razón muy simple: un anillo se lleva puesto todo el tiempo. Es un recordatorio permanente del compromiso, a diferencia de una moneda, que se guarda en un cajón y se olvida.

Hay una imagen que a mí me parece hermosa. Nuestros Sabios compararon el pacto entre Dios e Israel con un casamiento. Y cada mañana, cuando un judío se pone los Tefilín, enrolla la correa alrededor del dedo mayor y dice: “veerastij li leolam”, “te desposaré para siempre”. El mismo gesto, en el mismo dedo, con el mismo significado.

ORO, PLATA, Y NADA DE PIEDRAS

La costumbre general es usar un anillo de oro. Pero hay una regla que es mucho más importante que el material, y que explica todo lo demás: el valor del anillo tiene que ser evidente a simple vista.

La razón es legal, no estética. El qiddushín no se realiza con el anillo como objeto, sino con su valor monetario. Y para que el acto sea válido, la novia tiene que poder saber, en el momento en que lo recibe, qué es lo que está recibiendo. De ahí se derivan tres consecuencias prácticas:

1. El metal no puede estar disimulado. Nada de anillos bañados en oro que en realidad son de otro metal. Lo que parece tiene que ser lo que es.

2. Sin piedras. Esta es la regla más conocida y la que más sorprende a las novias. Una piedra es un objeto “ciego”: su valor no se puede determinar mirándola. Un diamante puede valer cien dólares o cien mil, y nadie lo sabe con solo verlo. Por eso el anillo de qiddushín va liso.

3. Sin grabados ni diseños. Por la misma razón: una inscripción o un trabajo de orfebrería puede modificar el valor del anillo de un modo que no es fácil de calcular.

Hay quienes agregan otra razón para no usar una piedra, y es una razón muy judía: para no avergonzar al novio que no puede pagarla. Si todos usan un anillo liso, nadie queda expuesto. Es el mismo principio por el cual en la Ketubá se registra una suma uniforme para todas las novias, sin distinguir entre las que vienen de familias ricas y las que no.

Vale aclarar algo práctico. En mi comunidad les pedimos a los novios que traigan un anillo liso, pero si por error traen uno grabado, lo usamos igual sin ningún problema.

EL ANILLO TIENE QUE SER DEL NOVIO

Uno no puede entregar como qiddushín algo que no le pertenece. Por eso el rabino que preside la boda normalmente le pregunta al novio, delante de todos, a quién pertenece el anillo. No es una formalidad vacía: está verificando que el anillo sea efectivamente del novio y que no se lo haya regalado a la novia antes de la ceremonia. Si el anillo ya era de ella, no hay nada que entregar, y no hay qiddushín.

UNA RAZÓN MÁS

Hay una explicación adicional, que trae Rab Aryeh Kaplan, sobre por qué se eligió un anillo y no otro objeto. En la Torá, entregar un anillo es el gesto de transferir autoridad. El faraón le dio su anillo a Yosef. Ajashverosh le dio el suyo a Hamán, y después a Ester. En los tres casos, el rey estaba delegando su poder sobre el reino.

Cuando un hombre le entrega un anillo a su esposa, está haciendo simbólicamente lo mismo: le está dando autoridad sobre su casa y sobre todo lo que le pertenece. Desde ese momento, todo en sus vidas es compartido.

Rab Yosef Bitton

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