¿Qué es el Sionismo?
El Sionismo es el movimiento que propugna el retorno del pueblo judío a la tierra de Israel para fundar allí un Estado judío. Aunque el término fue acuñado por Nathan Birnbaum en 1890, la idea misma nació varias décadas antes, en la mente y en el corazón de dos rabinos sefaradíes: el rabino Yehudá Bibas y su discípulo y continuador, el rabino Yehudá Jai Alqalai.
El rabino Yehudá Bibas: el primer visionario
El rabino Yehudá Bibas (1776–1852) nació en Gibraltar, entonces colonia inglesa. Por parte de madre era nieto del célebre rabino marroquí Rabenu Jaím ben Attar, el Or haJaím haQadosh (1696–1743). Su familia paterna pertenecía a la ilustre familia Bibas de rabinos, dayanim y shojtim de Tetuán, Marruecos español. Durante muchos años fue el rabino de la prominente comunidad judía de Corfú, la bella isla griega.
Desde Corfú, el rabino Bibas fue testigo directo de la revolución griega contra el Imperio Otomano y de la fundación del Estado griego independiente. Aquello lo marcó profundamente. En 1835, con el Imperio Otomano cada vez más debilitado política y militarmente, el rabino Bibas llegó a una conclusión audaz: al igual que los griegos habían reconquistado su tierra de manos de los turcos, los judíos podían —y debían— hacer lo mismo. Viajó por toda Europa y el norte de África —Turquía, los Balcanes, Viena, Londres, Alemania, Hungría, Praga y muchas otras comunidades— predicando en todas partes el mismo mensaje: Teshubá. No la teshubá individual del judío que vuelve a HaShem, sino la teshubá nacional: el retorno del pueblo judío como nación a su tierra.
El rabino Bibas señaló que en el libro de Debarim (capítulo 30, versículos 1–11) la palabra teshubá aparece nada menos que ocho veces, y siempre en clave colectiva y nacional: primero como arrepentimiento del pueblo, luego como reconciliación nacional con HaShem, y finalmente como el retorno físico a la tierra de Israel. El exilio, explicaba el Rab, no es una condición neutral. Vivir fuera de Israel es, en cierto sentido, darle la espalda a HaShem. Como enseñaban nuestros sabios: el judío que vive fuera de Israel es como un judío sin Dios.
Lamentablemente, el rabino Bibas no logró publicar sus ideas o sus escritos no han llegado hasta nosotros. Fue su discípulo, el rabino Yehudá Jai Alqalai, quien llevó esta visión al papel y la difundió al mundo.
El rabino Yehudá Jai Alqalai: del ideal a la acción
El rabino Yehudá Jai Alqalai nació en Sarajevo, Bosnia, en 1798. Llegó a Eretz Israel con sus padres a los once años, y allí recibió su ordenación rabínica del célebre rabino Eliezer Pappo, autor del Pelé Yo’etz. Fue enviado desde Israel para servir como rabino de la importante comunidad sefaradí de Zemun (cerca de Belgrado, Serbia).
En 1839, el rabino Alqalai se encontró con el rabino Yehudá Bibas, quien lo inspiró profundamente y compartió con él su visión apasionada del retorno judío a la tierra de Israel.
Un año después, en 1840, el mundo judío quedó sacudido por el libelo de sangre de Damasco. Los judíos de esa ciudad fueron acusados de haber asesinado a un gentil para usar su sangre en rituales religiosos. Lo que resultó particularmente desmoralizador no fue solo la acusación en sí —tan absurda como primitiva— sino que las autoridades francesas en Damasco la tomaron en serio, y los medios de comunicación modernos de la época la repitieron como si fuera un hecho verificado, en lugar de desmentirla. El mundo judío había creído que la sociedad occidental moderna había superado esos prejuicios medievales. El libelo de Damasco demostró que se equivocaban.
Aquel suceso fue un punto de inflexión en la vida del rabino Alqalai. Comprendió con claridad que la seguridad y la dignidad del pueblo judío solo podían garantizarse en su propia tierra, y que era hora de actuar.
Sus libros y su plan
En 1841 publicó su primer libro, Minjat Yehudá, escrito en ladino. En él delineó las bases prácticas para el retorno judío a Israel. Propuso tres medidas concretas: primero, enseñar y revivir el hebreo como idioma nacional unificador de todas las comunidades judías del mundo; segundo, crear un banco o fondo judío mundial destinado a comprar tierras en Israel; y tercero, establecer una sociedad entre ese fondo y el Imperio Otomano —a través de alguna empresa ferroviaria o naviera— que indujera al Sultán a transformar Palestina en un principado judío tributario, similar a como funcionaban los principados del Danubio respecto al Imperio Otomano.
En 1857 publicó en Viena su obra más completa, Goral laHaShem, en la que formuló los fundamentos religiosos de su visión y los pasos prácticos para restablecer la nación judía en Israel. El libro tuvo tres ediciones y fue traducido a múltiples idiomas, entre ellos el inglés. Es fascinante leer las haskamot —cartas de recomendación— de importantes rabinos que acompañaron esta obra. La más notable es la del filántropo Sir Moses Montefiore (1784–1885), el líder judío más influyente del siglo XIX, quien escribió su carta originalmente en hebreo.
Una visión más profunda que el antisemitismo
Es importante subrayar que el rabino Alqalai —al igual que su maestro el rabino Bibas— no concibió el retorno a Israel simplemente como una solución al eterno problema del antisemitismo. Lo entendía, antes que nada, como el cumplimiento de la aspiración judía más profunda: la normalización del pueblo judío, viviendo en su tierra, gobernado por su ley, la Torá. Y comprendía que el pueblo de Israel no debía esperar pasivamente al Mashíaj. Por el contrario, el retorno activo a la tierra de los antepasados es precisamente el camino para facilitar y adelantar su llegada.
Su conexión con Herzl
Hay un dato histórico de enorme importancia que suele pasarse por alto: el abuelo paterno de Teodoro Herzl, Simón Loeb Herzl, era feligrés de la sinagoga del rabino Alqalai en Zemun, y ambos se trataban con frecuencia. El abuelo Herzl tuvo en sus manos una de las primeras copias del libro de 1857 del rabino Alqalai. Los estudiosos concluyen hoy que la visión sionista de Herzl estuvo, sin duda, influida por esa relación familiar.
Su Aliá y su muerte
En 1874, a los 76 años, el rabino Alqalai hizo Aliá a Israel. Se estableció en Yafo y, junto con otros judíos del Imperio Otomano y del norte de África, participó en la fundación de la comunidad de Mikvé Israel. Murió cuatro años después, en 1878, y fue enterrado en Har haZetim, en Jerusalem.
El rabino Yehudá Jai Alqalai fue un visionario que, décadas antes que Herzl, formuló con precisión los principios y los mecanismos del Estado judío moderno —desde la revitalización del hebreo hasta la compra de tierras y la búsqueda de apoyo internacional— todo ello desde una perspectiva profundamente judía y halájica.


