HomePerashat haShabuaBERESHIT: Tres cosas que seguramente no sabías de la historia de la Creación

BERESHIT: Tres cosas que seguramente no sabías de la historia de la Creación

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Todos aprendimos el relato de la Creación de niños. Y muchas de las cosas que escuchamos entonces se nos quedaron grabadas tal cual. El problema es que algunos de esos relatos no coinciden con  lo que dice la Torá. Aquí van tres ejemplos.

TOHU VABOHU NO SIGNIFICA “CAOS”

וְהָאָ֗רֶץ הָיְתָ֥ה תֹ֙הוּ֙ וָבֹ֔הוּ וְחֹ֖שֶׁךְ עַל־פְּנֵ֣י תְה֑וֹם וְר֣וּחַ אֱלֹ-הִ֔ים מְרַחֶ֖פֶת עַל־פְּנֵ֥י הַמָּֽיִם׃

Casi todas las traducciones dicen que la tierra estaba “desordenada”, “informe” o directamente en un estado de “caos”. Hasta en el hebreo moderno se usa “tohu vabohu” para hablar de un desorden total.

Pero la idea de un caos original no es judía. Viene de Platón, para quien el universo existió siempre como una masa desordenada, hasta que un dios mitológico, el demiurgo, lo puso en orden. El concepto de caos probablemente se filtró a través de la Septuaginta, la traducción griega de la Torá, y de allí pasó a casi todas las traducciones posteriores: primero a las no judías, y luego, increíblemente, también a las judías.

En el judaísmo no existe la noción de caos. Dios crea, y Sus creaciones aparecen ya desarrolladas y en estado de perfección. Nada escapa a Su control. 

¿Qué significa, entonces, tohu vabohu?

El Targum Unquelós, la traducción aramea que nuestros Sabios consideraron la traducción oficial de la Torá  (targum didan) , traduce así:

וְאַרְעָא הֲוַת צָדְיָא וְרֵיקַנְיָא

“Y la tierra estaba desolada y desierta” (Targum Unquelós, Bereshit 1:2).

Ribbí Yonatán ben Uziel es todavía más preciso:

צַדְיָא מִבְּנֵי נַשׁ וְרֵיקַנְיָא מִן כָּל בְּעִיר

“Desolada de seres humanos y desierta de todo animal” (Targum Yonatán, Bereshit 1:2).

Tohu vabohu en una palabra quiere decir “deshabitada”. La Torá no describe un desorden  primordial: comienza por describir lo que el planeta recién creado no contiene, y que llegará al final del proceso de Creación: la vida. Tohu VaBohu son las mismas palabras que hoy emplearía un científico al describir el dato más relevante de Marte o Venus: ¿Allí hay vida o no? 

A propósito, la descripción de tohu vabohu también afirma que la vida no aparece por sí sola en la Tierra, sino que es una creación Divina.  

 

LAS “AGUAS DE ARRIBA” NO ESTÁN EN EL ESPACIO

El segundo día, Dios hizo el raquía, el firmamento, y separó las aguas de abajo de las aguas de arriba.

וַיַּ֣עַשׂ אֱלֹ-הִים֮ אֶת־הָרָקִיעַ֒ וַיַּבְדֵּ֗ל בֵּ֤ין הַמַּ֙יִם֙ אֲשֶׁר֙ מִתַּ֣חַת לָרָקִ֔יעַ וּבֵ֣ין הַמַּ֔יִם אֲשֶׁ֖ר מֵעַ֣ל לָרָקִ֑יעַ וַֽיְהִי־כֵֽן׃

Muchos pueden imaginar que las aguas de arriba describen un océano cósmico flotando sobre el cielo, o aguas en el espacio exterior. Pero Maimónides explica que aquí raquía no es el universo, sino el cielo que vemos, donde se forman las nubes (Guía de los Perplejos 2:30).

El Rab Moshé Hefets, en Italia, hace más de 300 años, lo describió con palabras que hoy entendería cualquier alumno de escuela primaria:

יהי בתוך המים אויר וגוף מתנועע דק ומתפשט

“Que se produzca dentro del agua un vapor, un cuerpo liviano que se mueve y se expande” (Melejet Majashebet, Bereshit 1:6).

El calor transforma el agua del océano en vapor. El vapor sube, se enfría y vuelve a caer como lluvia. “Las aguas de arriba” son las nubes. ( Si le preguntas a Grok: ¿Qué son las nubes? en 6 -7  palabras.) Te responde. Gotas de agua suspendidas en el aire . ¡Probalo! 

El segundo día, Dios estableció el ciclo del agua, el mecanismo de evaporación y precipitación que produce el agua dulce de la que depende toda la vida en la Tierra.

Desde Sheminí Atséret, la semana pasada, lo decimos todos los días en la Amidá: mashib haruaj umorid haguéshem, el Todopoderoso “hace soplar el viento y hace caer la lluvia”. Cada vez que llueve, se repite el mecanismo establecido el segundo día de la Creación.

 

EL SOL NO FUE CREADO EL CUARTO DÍA

En el jardín de infantes nos enseñaron que el cuarto día Dios creó el sol, la luna y las estrellas. Pero eso plantea un problema evidente: ¿cómo hubo tarde y mañana los tres primeros días, sin sol? ¿Y cómo crecieron las plantas, que aparecieron el tercer día?

La respuesta de nuestros Sabios, encabezados por Ribbí Aquibá, es sencilla: el sol fue creado al principio, junto con todo el universo, en el primer versículo de la Torá. Rashí lo dice de manera explícita al comentar “yehí meorot”, “que haya luminarias”:

מִיּוֹם רִאשׁוֹן נִבְרְאוּ, וּבָרְבִיעִי צִוָּה עֲלֵיהֶם לְהִתָּלוֹת בָּרָקִיעַ

“[El sol y la luna] fueron creados el primer día, y el cuarto día [Dios] les ordenó ubicarse en el firmamento” (Rashí, Bereshit 1:14).

El texto de la Torá lo confirma. En el cuarto día, el texto no utiliza el verbo bará, crear de la nada. Usa “hizo” y “colocó” o “ubicó”:

וַיִּתֵּ֥ן אֹתָ֛ם אֱלֹ-הִ֖ים בִּרְקִ֣יעַ הַשָּׁמָ֑יִם לְהָאִ֖יר עַל־הָאָֽרֶץ׃

“Y los ubicó Dios en el firmamento de los cielos, para iluminar la tierra” (Bereshit 1:17).

El cuarto día, justo antes de crear a los primeros seres vivos, Dios reubicó al sol y a la luna en su órbita definitiva, a la distancia exacta para que la Tierra tenga la temperatura que permite mantener el agua líquida y la vida.

 UN PLANETA PREPARADO PARA LA VIDA

Los tres errores tienen dos cosas en común. Primero, la opinión de la mayoría de nuestros rabinos es distinta de la que se enseña habitualmente en las escuelas judías. Segundo, todos hacen del relato de la Creación algo menos inteligible de lo que es.

Leído como corresponde, el texto describe la creación con una lógica sorprendente, muy accesible para el lector moderno. Comienza con un planeta deshabitado, pero con agua. Luego, gracias a la luz solar, se produce la lluvia y aparece el agua dulce. Después surge la tierra firme y, sobre ella, las plantas, que generan oxígeno. El cuarto día el planeta alcanza la temperatura exacta para mantener el agua en estado líquido. El quinto día, cuando todo está listo para recibirla, aparece la vida.

 

Este Shabbat empezamos a leer la Torá desde el principio. Vale la pena leerla como si fuera la primera vez.

Rab Yosef Bitton

 

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