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SUCOT: Las nubes que protegen a Israel

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לְמַ֘עַן֮ יֵדְע֣וּ דֹרֹֽתֵיכֶם֒ כִּ֣י בַסֻּכּ֗וֹת הוֹשַׁ֙בְתִּי֙ אֶת־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֔ל בְּהוֹצִיאִ֥י אוֹתָ֖ם מֵאֶ֣רֶץ מִצְרָ֑יִם אֲנִ֖י ה׳ אֱלֹ-הֵיכֶֽם׃

“…para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar en sucot al pueblo de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy HaShem, vuestro Dios” (Levítico 23:43).

Este próximo viernes 25 de septiembre por la noche comenzaremos la celebración de la fiesta de Sucot, que nos recuerda nuestra travesía de 40 años en el desierto, desde Egipto hasta la tierra prometida: Israel. Este año el primer día cae en Shabbat.

La Torá dice claramente que la razón por la cual celebramos Sucot es para recordar “que Dios nos estableció en sucot” cuando nos sacó de Egipto.

Pero, ¿qué eran en realidad esas sucot? ¿De qué estaban hechas?

CABAÑAS

De acuerdo con Ribbí Aquibá, las sucot eran simplemente «chozas», cabañas con un techo de ramas, que no protegían de las inclemencias climáticas como un techo normal, pero servían para protegerse del sol, algo muy necesario en el desierto. Según esta opinión, al construir las sucot y habitar en ellas, rememoramos nuestra travesía en el desierto.

Hay por lo menos dos objeciones a esta interpretación “literal”:

La Torá, cuando se refiere a los lugares de residencia de los judíos en el desierto, menciona la palabra hebrea ohel, esto es, carpas hechas probablemente de piel de animales, no menciona chozas ni cabañas.

La segunda objeción es más aguda: ¿Por qué dice la Torá que “Dios” estableció a los israelitas en cabañas? Las chozas a las que se refería Ribbí Aquibá debieron haber sido construidas por los mismos judíos, no por Dios.

NUBES DE GLORIA

Ribbí Eliezer disiente con Ribbí Aquibá y sostiene que en este versículo “sucot” no se refiere a cabañas o chozas. Sin importar si las viviendas de los judíos eran de madera o pieles, lo que debemos recordar es que durante los 40 años de travesía en el desierto, el pueblo judío fue protegido por Dios. A esta Protección Divina, Ribbí Eliezer la llamó “nubes de gloria”. Siete “nubes” con las que HaShem protegió a Israel: cuatro nubes alrededor, una nube por encima, una por debajo y la séptima nube, que iba al frente, a tres días de distancia, para indicarles el camino.

¿Por qué eran necesarias estas nubes protectoras? Porque cruzar un desierto es arriesgado. El agua y la comida no son suficientes.

Hay al menos cuatro desafíos serios al atravesar un desierto:

Clima: El calor abrasador durante el día y el frío de la noche, junto con los vientos impredecibles y tormentas de arena. Recuerdo lo que ocurrió con el ejército de Cambises en Egipto. En el año 525 a.e.c., Cambises envió un ejército de 50.000 soldados para destruir el Templo de Amón en Siwa, Egipto. Tras siete días en el desierto, desaparecieron, probablemente enterrados bajo una tormenta de arena. ¿No es fascinante, milagroso, que ningún fenómeno climático afectara a los judíos durante 40 años en el desierto?

Ataques: En el desierto hay bandidos y ladrones. En el caso del pueblo judío, después de la guerra con Amalek, no se registraron más ataques.

Animales: En el desierto abundan serpientes venenosas y escorpiones. Es fácil pisar a uno de estos animales y ser atacado.

Dirección: Moshé pidió a su suegro Yitró que los acompañara, pues conocía bien el desierto. Sin embargo, Yitró se negó. La séptima nube, el “amud esh ve’anán” (columna de fuego y nube), guió al pueblo como un GPS moderno.

¿NUBES VIRTUALES?

Ahora podemos comprender mejor la opinión de Ribbí Eliezer. La palabra «nube» en hebreo, ‘anán, no debe entenderse como las nubes blancas del cielo. Aquí «nube» se usa metafóricamente, refiriéndose a un mecanismo Divino que protegía al pueblo judío. Estas nubes invisibles, que protegían desde todos los lados, pueden compararse hoy a firewalls (barreras protectoras) que protegían de posibles ataques enemigos. La nube de arriba protegía de las inclemencias del clima, y la de abajo, de los animales venenosos. Finalmente, la séptima nube, la columna, guiaba al pueblo, indicando el camino.

Nuestros Sabios debatieron ambas opiniones y finalmente se pronunciaron a favor de la opinión de Ribbí Eliezer.

Cuando entramos a la Sucá, debemos recordar que HaShem protegió a nuestros antepasados de todos los peligros del desierto.

SIETE NUBES, VARIAS CAPAS

En nuestros días podemos visualizar mucho más claramente las Nubes de Gloria que protegieron a Israel en el desierto. Medinat Israel vive hoy bajo varias capas de protección, y cada una cubre lo que la anterior no alcanza: la Cúpula de Hierro (Iron Dome) para los cohetes de corto alcance, la Honda de David (David’s Sling) para el alcance medio, y la Flecha (Arrow) para los misiles balísticos de largo alcance. Siete nubes, cada una con su función.

El 28 de diciembre de 2025 se sumó una capa nueva. El Ministerio de Defensa entregó al ejército el primer sistema de interceptación por láser, el Iron Beam (o para mí: “la Sucá Láser”). En hebreo lleva el nombre de Or Eitán, por el capitán Eitán Oster z”l, comandante de la unidad Egoz, de 22 años, caído en el Líbano en octubre de 2024. Es un láser de unos cien kilovatios que derriba drones, cohetes y proyectiles de mortero, y cada disparo cuesta una fracción mínima de lo que cuesta un misil interceptor.

Todavía no está plenamente operativo. Ocho meses después de la entrega, los ajustes finales y la integración con la Cúpula de Hierro seguían en proceso. Pero ya no es una promesa lejana: existe, fue entregado, y lleva el nombre de un soldado de 22 años que murió defendiendo a su pueblo. En Israel, la protección divina se combina con la creatividad humana y con el sacrificio humano.

Que HaShem siga protegiendo a Israel de nuestros múltiples enemigos, como lo hizo con nuestros antepasados en el desierto.

UNA NUEVA NUBE DE PROTECCIÓN

En julio de este año Israel presentó un sistema que no se parece a ninguno de los anteriores. Se llama HYPNOSIS, lo desarrolló Israel Aerospace Industries, y su particularidad es que no dispara nada.

La Cúpula de Hierro, la Honda de David y la Flecha derriban. Interceptan el proyectil enemigo y lo destruyen en el aire. HYPNOSIS no destruye: confunde.

Son estaciones móviles que se colocan alrededor del lugar que se quiere proteger, conectadas a un centro de mando único. Entre todas generan una nube electromagnética invisible. Dentro de esa nube, el drone enemigo deja de recibir la señal satelital que lo guía. O algo más sutil: recibe una señal falsa, que le hace creer que está volando en un lugar donde no está. Pierde el rumbo y cae. De ahí el nombre del sistema.

No hay interceptor, no hay explosión y no hay costo por disparo. Hasta ahora, derribar un drone de mil dólares exigía un misil de cien mil. Una sola estación de HYPNOSIS puede desorientar a decenas de drones a la vez, todos al mismo precio. En las pruebas neutralizó sola, sin operador humano, varios aparatos que convergían sobre un mismo blanco desde direcciones distintas.

Vale la pena detenerse en la imagen. Las nubes del desierto no eran nubes de agua. Eran, según Ribbí Eliezer, un mecanismo de protección invisible que rodeaba al pueblo por todos los costados. Hoy Israel tiene una nube invisible que rodea por todos los costados aquello que quiere proteger.

Y hay algo más. Cuando los egipcios persiguieron a Israel hasta el mar, la Torá no dice que HaShem los destruyó allí mismo. Dice que la nube se interpuso entre los dos campamentos, y que HaShem confundió al campamento de Egipto:

וַיָּ֕הׇם אֵ֖ת מַחֲנֵ֥ה מִצְרָֽיִם׃

“Y confundió al campamento de Egipto” (Shemot 14:24). Les sacó las ruedas de los carros y los hizo avanzar con dificultad. La primera arma de la salida de Egipto no fue un arma. Fue una nube que le hizo perder el rumbo al enemigo.

Tres mil trescientos años después, el mismo principio volvió al campo de batalla.

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