מִי אֵל כָּמוֹךָ נֹשֵׂא עָוֹן וְעֹבֵר עַל פֶּשַׁע לִשְׁאֵרִית נַחֲלָתוֹ לֹא הֶחֱזִיק לָעַד אַפּוֹ כִּי חָפֵץ חֶסֶד הוּא יָשׁוּב יְרַחֲמֵנוּ יִכְבֹּשׁ עֲוֹנֹתֵינוּ וְתַשְׁלִיךְ בִּמְצֻלוֹת יָם כָּל חַטֹּאתָם
¿Quién es como Tú, [HaShem], que perdona la iniquidad y pasa por alto la transgresión de Su pueblo? No retiene Su ira para siempre, porque Él desea la bondad [de perdonar]. Volverá a tener compasión de nosotros, ocultará nuestras transgresiones y arrojará al fondo del mar todos los pecados de Su pueblo. (Mijá 7:18–19)
El primer día de Rosh HaShaná por la tarde (o el segundo día, domingo, cuando el primer día cae en Shabbat, como este año) se acostumbra realizar una ceremonia llamada «Tashlij». Los fieles se acercan a una fuente de agua: el mar, un río o incluso una pileta con agua. Allí recitan una serie de oraciones, incluyendo la lectura del texto del profeta Mijá, capítulo 7:18-19: “¿Quién es como Tú, oh Dios, que perdona el pecado e ignora las transgresiones de Su pueblo [Israel]? [¿Quién es como Tú, oh HaShem,] cuya ira no permanece para siempre, porque deseas perdonarnos y [cada año] nuevamente tienes compasión de nosotros. Ignoras nuestros pecados [cuando nos arrepentimos] y arrojas todas nuestras transgresiones al fondo del mar”.
ABRAHAM ABINU
Tashlij es una tradición relativamente nueva. No se menciona ni en el Talmud, ni en el Mishné Torá de Maimónides, ni en el Shulján Aruj de Ribbí Yosef Caro. El primero en mencionarlo fue el Maharil (1365–1427), el rabino Ya’aqob ben Moshé Levi Moelin, famoso por sus obras que registran las costumbres de los judíos de Ashkenaz en la Edad Media. Según el Maharil, Tashlij consiste en visitar un río en Rosh HaShaná con el fin de recordar el sacrificio de Yitsjaq. El Midrash relata que cuando Abraham Abinu se dirigía al monte Moriá para cumplir con la orden Divina, encontró un río —que no debería haber estado allí— y al intentar cruzarlo, el agua le llegó hasta la nariz… A pesar de tener la mejor excusa para suspender el sacrificio de Yitsjaq —que finalmente fue cancelado por orden Divina—, Abraham cruzó las aguas y siguió adelante con el mandato de Dios. El Tashlij, de esta manera, nos recuerda el sacrificio de Yitsjaq, que tuvo lugar en Rosh HaShaná, y por eso lo mencionamos en las Tefilot de este día y le pedimos a HaShem que tome en cuenta el mérito de este acto de obediencia incondicional de nuestro patriarca y que así nos juzgue con benevolencia.
EL ASPECTO MÍSTICO DE TASHLIJ
Con el tiempo, y después de que el Arí HaQadosh elogiara esta costumbre, la ceremonia del Tashlij fue adoptada por prácticamente todas las comunidades sefaradíes. Sin embargo, el significado de este ritual se fue modificando, enfocándose más en el arrepentimiento que en el recuerdo del sacrificio de Yitsjaq. Los Sabios de la Kabbalá asociaron el Tashlij con el pasuq del profeta Mijá que mencionamos arriba, donde dice que HaShem “arrojará todas nuestras transgresiones al fondo del mar”. ¿Qué significa esta idea? Que al hacer Teshubá, al arrepentirnos sinceramente de nuestros pecados y transgresiones, Dios borrará por completo nuestras transgresiones y “las tirará al fondo del mar”, una expresión metafórica y poética que representa lo que todo arrepentido sueña con obtener: la eliminación total del registro de nuestras transgresiones.
El profeta Mijá habla todo el tiempo en futuro: volverá a tener compasión de nosotros, someterá nuestras iniquidades, arrojará nuestros pecados al mar. Nada en el versículo dice que nuestros pecados ya desaparecieron. Y esto explica algo sobre el momento en que hacemos Tashlij. Lo hacemos en Rosh HaShaná, el primero de los diez días, cuando todavía no le pedimos perdón a nadie, no confesamos nada y no cambiamos nada. El Tashlij no es el final de la Teshubá. Es una oración de apertura: antes de empezar, le pedimos a HaShem que, una vez que nos hayamos arrepentido, Él tire lo que dejemos atrás.
LA OPOSICIÓN
Algunos rabinos famosos, como el Gaón de Vilna o el rabino Yejiel Epstein, autor del Aruj HaShulján, se opusieron al Tashlij. Y lo mismo ocurrió con muchos judíos yemenitas —que siguen estrictamente a Maimónides— y con los judíos sefaradíes de la comunidad hispano-portuguesa de Ámsterdam y Londres. ¿Por qué se opusieron al Tashlij? En algunos casos, como el de la comunidad hispano-portuguesa, dejaron fuera de la liturgia tradicional, es decir, de las oraciones y plegarias formales, muchas de las costumbres provenientes de la Kabbalá. ¿Por qué? Porque después de lo sucedido con Shabetay Tsebí —el falso Mesías que abusó de la Kabbalá y la presentó como superstición para dar credibilidad a sus falsas afirmaciones— decidieron no permitir las profundas ideas místicas, para que no fueran malinterpretadas por la gente menos informada.
¿CÓMO HACER TESHUBÁ SIN HACER TESHUBÁ?
Creo que en el caso del Tashlij, ¡esos temores no son infundados! ¿Por qué? Porque muchas personas creen inocentemente que al hacer el Tashlij “están arrojando sus pecados al mar”, y de esta manera quedan mágicamente absueltas de sus transgresiones. Como si el Tashlij fuese un reemplazo de la Teshubá. Esto es completamente falso. No es lo que dice el profeta Mijá, ni tampoco es lo que quisieron transmitir los Jajamim que formularon esta costumbre. El proceso de la Teshubá o arrepentimiento es muy serio, y esta visión equivocada —pero muy popular— del Tashlij lo trivializa.
LA TESHUBÁ GENUINA
La Teshubá es un proceso «transformador» a través del cual no solo cambiamos lo que hacemos sino también lo que somos. Dedicamos diez días a la Teshubá: desde el comienzo de Rosh HaShaná hasta el final de Yom Kipur. Voy a describir brevemente los pasos principales de la verdadera Teshubá:
- Al escuchar el Shofar, debo despertar de mi letargo espiritual y visualizar que estoy frente a Dios, que por ser mi Creador es también “mi Juez” (aquel que evalúa si valió o no la pena haberme creado).
- Debo reconocer ante el Juez Supremo que soy responsable por mis acciones.
- Debo admitir mis errores y reconocer las malas decisiones que tomé en el año que pasó.
- También debo identificar mis malos hábitos, algunos de los cuales ya son parte de mi personalidad.
- Durante los días entre Rosh HaShaná y Yom Kipur, debo reparar e indemnizar a quienes perjudiqué, y disculparme y pedir perdón a aquellos a quienes ofendí o herí.
- En Yom Kipur, debo confesar mis malas acciones, articulando en voz baja —y sintiendo que estoy frente a Dios— mis errores, mis malos hábitos y mis adicciones.
- Debo pedirle al Creador que me perdone y me conceda otra oportunidad.
- Y finalmente, debo tomar la decisión de cambiar y mejorar, y planear una estrategia seria y viable para que los cambios sean reales y permanentes, y que mis resoluciones no sean simples palabras vacías.
La idea popular de que el Tashlij reemplaza a la Teshubá es escandalosa y contraproducente. ¿Cómo podemos concebir reemplazar todo el proceso de acercamiento a Dios, introspección, arrepentimiento y crecimiento con la idea de que uno puede simbólicamente “arrojar al mar todos sus pecados”?
CONCLUSIÓN
El Tashlij es una costumbre muy arraigada, especialmente en las comunidades sefaradíes, y por eso es ESENCIAL que los maestros y los líderes rabínicos expliquen en sus comunidades que el Tashlij NO hace desaparecer mágicamente nuestras transgresiones. Recitamos el Tashlij para recordarnos a nosotros mismos que el proceso de Teshubá es muy serio: nuestras transgresiones quedan registradas en la memoria Divina. Sin embargo, si nos arrepentimos y cambiamos, entonces le pedimos a HaShem —no a nosotros— que “arroje nuestros pecados al mar” y que los registros desaparezcan “como si se los hubiera tragado el mar”.
Una comparación moderna puede ayudar. Cuando borramos un archivo de la computadora, no desaparece: va a la papelera, y desde ahí se puede recuperar. Solo cuando vaciamos la papelera —empty trash— el archivo queda definitivamente fuera del sistema.
La Teshubá funciona igual. Nosotros hacemos la primera parte: reconocer el error, arrepentirnos, confesarlo, decidir cambiar. Eso es mandar el pecado a la papelera. Pero mientras el archivo esté ahí, todavía existe. Vaciar la papelera de nuestras transgresiones no está en nuestras manos. Eso solo lo puede hacer HaShem.
Y eso es exactamente lo que le pedimos en el Tashlij, antes de empezar los diez días de Teshubá: que, cuando nosotros hayamos hecho nuestra parte, cuando hayamos mandado nuestros pecados a la papelera, HaShem la vacíe. Que desaparezcan del sistema para siempre.
Rab Yosef Bitton


