CARACTERÍSTICAS DE UN LÍDER JUDÍO
Cuando Moshé se entera de que su vida está por acabar, le ruega a HaShem nombrar al sucesor adecuado para dirigir al pueblo de Israel. Y dice (Bamidbar 27:16): “Eloqe harujot lejol basar” (Dios, Tú que conoces los espíritus de cada ser vivo). El Midrash explica que Moshé imploró a HaShem que asignara un líder con esa característica: un hombre “asher rúaj bo”, capaz de conocer el espíritu de todo ser vivo. Esto significa: un hombre que comprenda el carácter de cada individuo. El líder ideal de Israel debe ser paciente, de mente abierta, y debe estar preparado para lidiar con distintos tipos de personalidades. Con aquellos que necesitan una mano fuerte, y con aquellos que necesitan un enfoque más sensible. Con los que pueden escuchar una opinión distinta y con aquellos que presentan más resistencia al cambio. O con aquellos que requieren explicaciones adicionales o una estrategia de persuasión no convencional.
EL MAESTRO
HaShem entonces designa a Yehoshúa como sucesor de Moshé. Yehoshúa era “un maestro” de la empatía, y entendía que hay diferentes tipos de inteligencias y que, en el tema de la comunicación, un líder debe adaptarse a los demás. El futuro líder judío, antes de reaccionar y enojarse, debe tomarse el tiempo para entender las razones de la opinión del otro. Yehoshúa era capaz de ponerse en la piel del otro y entender no solo lo que su interlocutor dice, sino lo que está tratando de decir. En TODAS las relaciones humanas necesitamos de la empatía. De la capacidad de aceptar que, a pesar de que todos venimos de los mismos ancestros, Adam y Eva, todos somos muy diferentes. Como dijeron nuestros Sabios: “keshem shepartsufehem shonot…”, del mismo modo que no hay dos personas con caras idénticas, tampoco existen dos personas con la misma forma de pensar o comunicarse (Berajot 58a).
LA MIOPÍA: ¿ES CONTAGIOSA?
La empatía es fundamental en un líder. Por empatía me refiero a la capacidad de percibir los sentimientos del otro e internalizarlos sin negarlos ni ignorarlos. Es la capacidad de suspender por un momento nuestro propio punto de vista, y no juzgar el comportamiento de los demás de acuerdo con la forma en que “uno” siente o se comporta. No me puedo molestar con mi esposo si sus gustos respecto a la comida son diferentes a los míos. No puedo decirle a mi hija adolescente que es ridículo tener miedo de subirse a una montaña rusa en un parque de diversiones, solo porque yo no le tengo miedo a las alturas. Tenemos diferentes temperamentos, formas de percibir la vida, miedos, gustos y sensibilidades. Todo el mundo ha vivido experiencias distintas que han afectado a sus personalidades. Mis lentes son personalizados. A mí me ayudan a leer mejor y a ver mejor. ¡Pero mis anteojos no le sirven a los demás! De hecho, si alguien usa mis anteojos, ¡no va a poder ver!
PARENTING Y EMPATÍA
En nuestro papel de padres, la empatía es absolutamente necesaria. Cualquier padre con más de un hijo sabe que los niños son muy diferentes entre sí, incluso cuando fueron criados en el mismo hogar y por los mismos progenitores. Nosotros, los padres, debemos prestar mucha atención y entender a cada uno de nuestros hijos según su personalidad e individualidad, con el fin de ser empáticos con sus necesidades, y saber cuál es el mejor enfoque para cada uno de ellos en particular. Comencemos por convencernos de que nuestros hijos son diferentes. ¡Cada uno tiene un espíritu distinto!
En hebreo llamamos al preescolar “Gan Yeladim”, literalmente “un jardín de niños” o “jardín de infantes”. Pero ¿te preguntaste alguna vez por qué se llama “jardín”? Porque, a fin de brindar a los pequeños las bases correctas en los comienzos de su educación, hay que ser como un jardinero, que sabe que cada una de sus plantas tiene necesidades diferentes. Algunas plantas necesitan agua una vez al día. Otras, irónicamente, se marchitarán si las regamos a diario. Hay plantas que necesitan mucho sol, y otras, sombra. Al igual que las plantas, todos nuestros hijos necesitan atención. Pero esa atención debe ser personalizada. Adaptada a cada uno de nuestros hijos en particular.
Tenemos que ser para nuestros hijos lo que Yehoshúa fue para el pueblo de Israel: entender que cada uno de ellos tiene su propio universo mental.
Rabbanit Coty Bitton


