HomeIsraelI ❤️ ISRAEL: Bajo la Sombra de paz, sin escuchar noticias.

I ❤️ ISRAEL: Bajo la Sombra de paz, sin escuchar noticias.

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EL AIRE DE ISRAEL

Estoy en Yerushalayim, en Emek Refaim. Afuera hay mucho movimiento: grúas y trabajos de construcción por todos lados, calles cortadas, el tránsito reducido a una sola mano, vallas y obras a lo largo de toda la calle. ¡Yerushalayim no para de reconstruirse. Pero el ruido no llega adentro. Estoy en el café Kafit, un lugar precioso, lleno de gente, con aire acondicionado y buen wifi. Estoy solo, con mi computadora, tratando de terminar de escribir mi libro —Dinosaurios en la Torá—, donde analizo en profundidad cómo entendieron Jazal, Rishonim y Ajaronim sefaradim los pesukim 20, 21 y 22 del primer capítulo de Bereshit. No sé bien por qué, pero el ir y venir de la gente no me distrae: me acompaña. Me concentro mejor acá que en una biblioteca. Avanzo con mi libro como no podría en Nueva York. ¿Será lo que nuestros sabios enseñaron, que avirá de Erets Israel majkim, que el aire de la tierra de Israel te hace más inteligente? Te ayuda a pensar mejor. La mente está más liviana.

CONEXIÓN VÍA NEGATIVA

Pedí shakshuka y un jugo de zanahoria.

Suena el celular. Es un miembro de mi comunidad de Great Neck. Atiendo. Con voz preocupada me pregunta cómo estoy, cómo me siento, cómo se siente estar en Israel con la terrible situación con Irán, los mensajes confusos de Trump y de Vance, las amenazas de Turquía. Él sabe que Israel me importa mucho, y que vivo esas noticias con intensidad. Y da por hecho que debo estar sufriendo, pegado a las últimas novedades en Telegram.

Y yo no sé cómo explicarle que acá todo está tranquilo. Que la gente está contenta, que los restaurantes están llenos, y que el problema más grande de la mañana es encontrar una mesa libre para sentarse a tomar un café.

Es que hay dos países que se llaman “Israel”. Está el Israel de los titulares internacionales —el que aparece todos los días en todos los diarios del mundo, siempre al borde de algo, rodeado, amenazado, demonizado— y está el otro Israel, ese donde uno se siente protegido, se va a dormir con las ventanas abiertas, disfrutando de la brisa de Yerushalayim, y se despierta contento de estar en el mejor país del mundo.

DETOX DE NOTICIAS

Le respondí que no tenía idea de lo que estaba pasando. Y le dije, casi sin pensarlo: ¡No estoy siguiendo las noticias! Me sorprendí al escucharme. Y me di cuenta de algo. En Nueva York mi cabeza está más acá que allá; no lo puedo evitar. Un psicólogo me diría que es una mezcla de culpa por no estar en la tierra de mis padres y la necesidad de seguir conectado con Israel todo el tiempo. Sin querer, hice de la preocupación una forma de conexión con Medinat Israel. Pero acá eso no me hace falta: estoy adentro, y la conexión ya no pasa por las noticias.

Acá estoy en compañía de mi pueblo, donde quiera que vaya. En Kafit no conozco a nadie, pero los conozco a todos. Sé exactamente de dónde vienen, ellos y sus antepasados, y qué futuro quieren para sus hijos.

Y la conexión con Boré Olam se siente en el alma: En mi Amidá me hace falta mucho menos esfuerzo mental para dirigirme a Dios en segunda persona. La relación con Boré Olam ocurre con mucha más naturalidad. Creo que eso es lo que le da a uno tanta paz. Esa Presencia, inmanente en el aire de Israel, lo vuelve a uno más consciente de que hay Alguien que está a cargo de este lugar y de este pueblo. YESH RIBBON LABIRA. Y no es Trump, ni Vance, ni siquiera Netanyahu.

SOMBRAS

Los Jajamim enseñan que en el desierto el pueblo iba envuelto en los Anané Kavod, las nubes de gloria que lo rodeaban por todos los costados. Eran la señal de que HaShem estaba con ellos, que los protegía “desde arriba”. Y por eso podían irse a dormir tranquilos, sin montar guardia, en medio del desierto, aunque sabían que estaban rodeados de peligros. También sabían bajo Qué sombra estaban. Es la misma sombra que se siente acá. Es la que mencionaremos este viernes a la noche en la tefilá de Arbit: ufrós alenu sukkat shelomeja —extiende sobre nosotros la “sombra”, sukká de Tu paz—. Y agregamos una mención especial: que esa sombra de paz se extienda sobre todo el pueblo de Israel, y muy en particular sobre Yerushalayim, Su ciudad. Nuestro mayor deseo como nación es habitar bajo la Sombra Divina. Y eso es lo que hace especial a Israel. No es que afuera no haya peligro. Es que acá uno se entrega a la protección Divina, y todo lo demás queda afuera: las noticias, las amenazas, los titulares. El mundo sigue girando, pero el ruido se queda del otro lado de la Sombra.

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