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¿Por qué JANUCÁ?

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Janucá se celebra el 25 de Kislev. Este año 2025 cae el domingo 14 de Diciembre por la noche

Janucá, la festividad en la que familias judías de todo el mundo encendemos velas durante ocho noches, es uno de los momentos más luminosos y alegres del calendario hebreo. Para muchos, Janucá evoca principalmente el milagro del aceite: una pequeña vasija que debía alcanzar para un solo día y que, contra toda expectativa, permaneció encendida durante ocho días en la Menorá del Bet HaMiqdash.

Este milagro es, sin duda, central y profundamente significativo. Sin embargo, representa sólo una parte de la historia de Janucá.

Janucá es también, y quizás sobre todo, una festividad de carácter nacional. Conmemora una lucha existencial del pueblo judío por preservar su identidad, su libertad religiosa y su continuidad histórica, en un momento en el que el judaísmo estuvo al borde de desaparecer como consecuencia de una asimilación casi total a la cultura helénica dominante.

La historia de la rebelión armada encabezada por Matityahu y sus hijos —los Jashmonayim— contra el poderoso ejército de Antiojus Epifanes y contra los mityavnim, es decir, los judíos asimilacionistas que colaboraban activamente con los griegos para erradicar el judaísmo tradicional, es una de las páginas más dramáticas y heroicas de nuestra historia. Sin embargo, esta dimensión de Janucá no es tan conocida ni tan enseñada en nuestras escuelas y comunidades como debería ser.

¿Por qué esta parte fundamental de la historia quedó, en cierta medida, en segundo plano?

Existe una razón histórica y práctica. Tras la victoria de los Jashmonayim y el establecimiento de un Estado judío independiente en el año 142 antes de la era común, el pueblo judío instituyó más de treinta festividades para conmemorar los milagrosos triunfos militares frente al imperio griego. En todas ellas se agradece explícitamente a Dios por haber acompañado a Israel en la batalla y por haberle concedido la victoria.

Sin embargo, esta realidad cambió de manera drástica con la destrucción del Bet HaMiqdash en el año 68 de la era común y la pérdida de la independencia nacional bajo el dominio romano. A partir de ese momento, ya no fue posible seguir celebrando abiertamente victorias militares judías. No solo porque la realidad política había cambiado, sino también porque hacerlo habría sido interpretado como una provocación directa al poder romano.

En ese nuevo contexto histórico, nuestros Sabios concentraron la memoria de Janucá en el milagro del aceite, un acontecimiento de carácter eminentemente religioso y espiritual, menos susceptible de ser visto como un desafío político. No obstante, de manera sutil, profunda y diplomática, preservaron también el recuerdo de las victorias militares de los Jashmonayim en la oración de Al HaNisim, que se recita varias veces al día durante Janucá, donde se destaca claramente la intervención divina en las batallas libradas por el pueblo judío.

Con el restablecimiento del Estado de Israel —Baruj HaShem— y la recuperación de la soberanía judía tras casi dos mil años, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de recuperar también esa memoria histórica. Janucá puede y debe volver a ser una celebración no solo del milagro espiritual, sino también del coraje, el sacrificio y la determinación de nuestros antepasados que lucharon para que el judaísmo sobreviviera.

A la luz de lo que vive Israel desde el 7 de octubre, la historia completa de Janucá adquiere una actualidad impactante. Así como Dios acompañó a los Jashmonayim en cada batalla, creemos y sentimos que acompaña hoy a los soldados de Israel en la defensa de nuestro pueblo. Recordar las victorias del pasado no es un acto de nostalgia, sino una fuente de fortaleza espiritual y de gratitud hacia el Creador.

Que HaShem continúe protegiendo a Israel, conceda la victoria frente a nuestros enemigos y nos permita alcanzar una victoria duradera.

LAS VICTORIAS QUE SUPIMOS CELEBRAR

Para comprender plenamente el carácter nacional de Janucá, es importante recordar que, durante la época del Segundo Templo —destruido en el año 68 de la era común— el pueblo judío no conmemoraba un solo triunfo, sino muchos. Los Sabios de Israel establecieron numerosas festividades destinadas a agradecer a Dios y a regocijarse por las salvaciones y victorias que Él concedió a Israel durante la revuelta de los Jashmonayim.

Estas festividades están registradas en la Meguilat Ta’anit, el antiguo documento que enumera los días en los cuales estaba prohibido ayunar o pronunciar elogios fúnebres, ya que eran considerados días de carácter semi festivo. El siguiente listado, basado en la obra Peniné Halajá del Rab Eliezer Melamed, ofrece una breve reseña de algunas de esas fechas conmemorativas:

  • 13 de Adar: el “Día de Nicanor”, cuando los Jashmonayim derrotaron a un gran ejército griego y dieron muerte a su comandante, Nicanor.
  • 14 de Siván: la conquista de Cesarea por las fuerzas judías.
  • 22 de Elul: la ejecución de los apóstatas que se negaron a arrepentirse y abandonaron activamente al pueblo judío.
  • 23 de Marjeshván: la destrucción del burdel que los griegos habían construido cerca del Santo Templo, como símbolo de humillación espiritual.
  • 25 de Marjeshván: la conquista de Shomrón y el comienzo de su repoblación por parte de los Jashmonayim.
  • 22 de Shevat: una fecha decisiva en la revuelta. En ese día, el malvado Antiojus viajó a Jerusalem con la intención de destruir la ciudad y aniquilar a sus habitantes judíos. Sin embargo, al recibir noticias alarmantes sobre rebeliones en la parte oriental de su reino, se vio obligado a levantar el sitio de la ciudad (año 167 a.e.c.). Posteriormente, moriría durante esas rebeliones.
  • 3 de Kislev: la eliminación de los ídolos que las tropas griegas habían colocado dentro del Santo Templo.
  • 24 de Av: el restablecimiento de la ley de la Tora como sistema legal oficial, en reemplazo de la ley griega impuesta por los helenistas.
  • 23 de Iyar: la conquista de la fortaleza de Ajra por Shimón ben Matityahu, donde aún permanecía una guarnición griega incluso después de la liberación de Jerusalem.
  • 27 de Iyar: los Jashmonayim —aparentemente durante el reinado de Yonatán ben Matityahu— prohibieron las imágenes idólatras que colgaban en las entradas de casas y tiendas.
  • 15 y 16 de Siván: la conquista de Bet Sheán por los Jashmonayim y la expulsión de los gentiles que oprimían a la población judía local.

Este impresionante calendario de celebraciones refleja una realidad que hoy suele olvidarse: Janucá no fue originalmente la única festividad que recordaba los milagros de aquella época. Fue, más bien, la festividad que sobrevivió. Cuando la independencia judía se perdió y el dominio romano se impuso, estas fechas de carácter militar y nacional no pudieron ser celebradas.

Solo la fiesta de Janucá permaneció, expresando un milagro espiritual y de manera sutil, pero firme, celebrando la memoria de aquellas victorias.

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