Al Shabbat anterior a Tishá BeAb se lo llama Shabbat Jazón, “la visión”, por la primera palabra de la Haftará que leeremos: la visión de Yeshayahu (Isaías 1:1-27).
¿Qué vio Yeshayahu?
Vio una ciudad próspera. Un Templo lleno de gente. Sacrificios, oraciones, celebraciones religiosas. Cualquier observador habría dicho que Yerushalayim atravesaba un momento de esplendor.
Pero el profeta vio lo que había debajo: jueces que aceptaban sobornos, comerciantes que engañaban a sus clientes, poderosos que ignoraban al huérfano y a la viuda. Y algo peor: ¡esas mismas personas corruptas iban al Templo a rezar, convencidas de que Dios recibiría sus ofrendas, como un rey pagano que recibe sobornos de sus súbditos!
En nombre de Dios, Yeshayahu les dijo: “Cuando extienden sus manos en oración, apartaré Mis ojos de ustedes… [porque] esas manos están llenas de sangre” (1:15). Y les advirtió a los corruptos: dejen de venir a Mi Templo, dejen de ofrecerme sacrificios, dejen de celebrar Mis festividades.
En el judaísmo no existe el divorcio entre lo que hacemos dentro y fuera del Templo. La honestidad, la justicia y la protección de los más débiles no son “valores” civiles: son obligaciones religiosas. Y Dios, dice el profeta, detesta la hipocresía religiosa incluso más que la falta de observancia.
Yeshayahu también indicó el camino de regreso: “aprendan a practicar la justicia, defiendan a los oprimidos, luchen por la causa del huérfano y la viuda” (1:16-17).
Nuestros Sabios eligieron esta visión para el Shabbat previo a Tishá BeAb. Ese día no lloramos solamente por un Templo destruido: lloramos por la sociedad que no supo verse a sí misma a tiempo. Yeshayahu la vio, y nos enseñó a ver lo que él vio, para no repetir los errores del pasado.


