El Rab Ya’aqob Joli (muchos pronuncian su apellido incorrectamente: Culi, Koli, etc.) nació en Yerushalayim en 1689. Su padre, Ribbí Majir Joli, pertenecía a una familia que había vivido durante generaciones en Creta, hoy la isla más grande de Grecia. Creta perteneció durante mucho tiempo a la República de Venecia, hasta que en 1645 fue conquistada por los turcos. En 1650, Ribbí Majir emigró a la tierra de Israel y se estableció en Yerushalayim. Se casó con la hija del famoso Rab Moshé ibn Habib, el Rishón leTsión, es decir, el Gran Rabino de los sefaradíes en Erets Israel. El Rab Moshé ibn Habib era descendiente del célebre Rab Ya’aqob ibn Habib, autor del libro Ein Ya’aqob.
El joven Ya’aqob estudió con su abuelo y recibió de él una enorme influencia. Su abuelo dejó escritas obras importantes de Halajá, como Guet Pashut y Ezrat Nashim, pero gran parte de su obra seguía en manuscritos.
CONSTANTINOPLA
En esos años, la situación de los judíos en la tierra de Israel era desastrosa, tanto en lo político como en lo económico. En 1714, con unos 24 años, Ya’aqob Joli viajó a Constantinopla para publicar los manuscritos de su abuelo. Pensaba volver. Se quedó.
Encontró una comunidad grande, con grandes sabios, pero con un pueblo que había perdido el contacto con el estudio de la Torá. Los judíos del Imperio Otomano todavía no se recuperaban del golpe que les había dado Shabtai Tsebí, el falso mesías, que pocas décadas antes había arrastrado a comunidades enteras y terminó convirtiéndose al islam.
En Constantinopla conoció al Rab Yehudá Rosanes, el Gran Rabino de la ciudad y la mayor autoridad rabínica de Oriente en su tiempo. El Rab Joli se convirtió en uno de sus principales alumnos, y poco después el Rab Rosanes lo nombró Dayán (juez rabínico) del tribunal de Constantinopla.
En 1727 publicó Shamot baArets, la obra de su abuelo con comentarios a distintos pasajes del Talmud. Ese mismo año murió el Rab Rosanes. Tras su muerte, su casa fue saqueada, y los manuscritos que no fueron destruidos quedaron desparramados por toda la casa. El Rab Joli los recogió, los ordenó y asumió la tarea de publicarlos, sabiendo que le iba a llevar años y que tendría que postergar la publicación de sus propios libros. En 1728 publicó Parashat Derajim, y en 1731 la obra más famosa del Rab Rosanes, Mishné laMélej, un comentario sobre el Mishné Torá de Maimónides, enriquecido con numerosas notas suyas. Mishné laMélej se estudia hasta hoy en todas las yeshibot del mundo.
EL ME’AM LO’EZ
Una vez terminada la obra de sus maestros, todos esperaban que publicara sus propias ideas de Talmud y Halajá. En cambio, se dedicó a algo distinto: un libro para la gente común.
El Me’am Lo’ez es una monumental antología de Midrashim y Halajot organizada según la Parashá semanal. Además del material talmúdico, el Rab Joli incluyó notas autobiográficas y anécdotas que transportan al lector a las antiguas comunidades sefaradíes de los Balcanes. Al leerlo, se percibe también que los judíos de entonces vivían bajo abusos y persecuciones permanentes, y el Me’am Lo’ez los consolaba. El Rab Joli enseñaba, por ejemplo, que el Shabbat debía ser visto como una “isla de paz”: veinticuatro horas para desconectarse de la tristeza y la adversidad, y disfrutar de la paz y la familia. A sus lectores, la mayoría en condiciones muy difíciles, les aconsejaba practicar Jésed con quienes estaban en peor situación. Insistía en que el mejor antídoto contra las dificultades personales no es la autocompasión, sino abrir el corazón: ayudar a los más pobres, a las viudas y a los huérfanos, y visitar a los enfermos.
Lo especial de este libro es que no fue escrito para eruditos sino para judíos comunes. Incluso, o especialmente, para judíos que no entendían hebreo. En la introducción, el Rab Joli hace una promesa: quien lea el Me’am Lo’ez todos los días podrá decir en el Cielo que estudió toda la Torá.
El nombre del libro viene del Salmo 114:1:
בְּצֵ֣את יִ֭שְׂרָאֵל מִמִּצְרָ֑יִם בֵּ֥ית יַ֝עֲקֹ֗ב מֵעַ֥ם לֹעֵֽז
“Cuando salió Israel de Egipto, la casa de Ya’aqob, de un pueblo de lengua extranjera”. Me’am lo’ez, “de un pueblo de lengua extranjera”, alude al idioma en el que fue escrito. Y “Bet Ya’aqob” alude, de paso, al nombre de su autor.
EL LIBRO QUE HIZO FAMOSO AL LADINO
El Me’am Lo’ez fue escrito en ladino, es decir, español antiguo con algunas palabras hebreas, escrito con letras hebreas. Copio la primera línea de la introducción, para que el lector pueda apreciar el sabor de este hermoso idioma:
דיקלארו דיל ארבע ועשרים אין לאדינו דאנדו אה אינטינדיר איל ריז’ו די לה וידה קי דיב’י ריז’ירסי לה פירסונה סיגון קומאנדו לה ליי סאנטה
“Declaro del arba ve’esrim en ladino, dando a entender el reg’o de la vida que debe reg’irse la persona según comando la ley santa”.
Es decir: explicación de los veinticuatro [libros del Tanaj] en ladino, para hacer entender el régimen de vida por el cual debe conducirse la persona, según lo manda la Ley santa.
En el siglo XVIII, el ladino era la lengua cotidiana de los judíos de Turquía, Grecia y muchas comunidades de Oriente. El Me’am Lo’ez fue una revolución educativa. Cualquier hombre o mujer que supiera leer letras hebreas podía ahora estudiar Torá, algo hasta entonces impensable.
LOS QUE CONTINUARON SU OBRA
El Rab Joli publicó el primer tomo en 1730, en Constantinopla. Pero su obra quedó inconclusa. Murió el 19 de Ab de 5492 (1732), con apenas 43 años. Solo llegó a completar el libro de Bereshit y dos tercios de Shemot. Dejó también una obra de Halajá, Simanim leOraita, que nunca llegó a imprimirse.
Pero su libro era tan popular y tan necesario que sus discípulos no permitieron que su muerte fuera el final. Así como el Rab Joli se dedicó a publicar los libros de sus maestros, sus alumnos y seguidores, usando sus notas, continuaron escribiendo los “veinticuatro libros” que el Me’am Lo’ez se proponía cubrir, en el mismo estilo de la obra original:
1. El Rab Yitsjaq Magriso completó Shemot y escribió los comentarios de Vayiqrá y Bamidbar.
2. Debarim fue escrito por el Rab Yitsjaq Bejor Agruiti.
3. El libro de Yehoshúa, por el Rab Rajamim Menajem Mitrani.
4. El libro de Ester, por el Rab Refael Jiyá Pontremoli.
5. En el siglo XX, el Rab Shemuel Yerushalmi tradujo el Me’am Lo’ez al hebreo y escribió los libros de Nebiim y Ketubim que faltaban.
6. El Rab Aryé Kaplan, fallecido en Nueva York en 1983, lo tradujo al inglés con el título The Torah Anthology, y así el Me’am Lo’ez llegó también al mundo ashkenazí.
MI FAMILIA Y EL ME’AM LO’EZ
El Me’am Lo’ez tiene un lugar especial en mi corazón. En primer lugar, porque por parte de mi madre somos descendientes del Rab Joli. “Joli” era también el apellido de mi abuela materna, Sofía Aurora Joli, de Damasco, Siria, z”l.
Por otra parte, el abuelo de mi esposa, Ribbí Shemuel Chocron z”l, de Melilla, adquirió su gran erudición de Torá “exclusivamente” del Me’am Lo’ez. Ribbí Shemuel vivió en tiempos de la revolución de Franco y en 1937, muy joven, se vio obligado a retirarse de su trabajo. Sus padres tenían la colección completa de la edición de Esmirna del Me’am Lo’ez en ladino, más de diez tomos muy grandes, y Ribbí Shemuel se dedicó por el resto de su vida a estudiarla todos los días, ocho horas o más. Llegó a saberla de memoria. Tuve el mérito de conocerlo, y de ver cuando mi esposa Coty, o alguna de sus siete hermanas, le leían el Me’am Lo’ez, ya que por su edad no podía leer solo. Vi con mis propios ojos cómo corregía un error o completaba de memoria la frase siguiente. Ribbí Shemuel, y supongo que hubo muchos, muchísimos como él, se convirtió en un alumno “directo” de Ribbí Ya’aqob Joli. Mi amor y admiración por el Me’am Lo’ez crecieron enormemente cuando vi el impacto que este libro tuvo en el abuelo de mi esposa. Más allá del conocimiento de Torá que adquirió, las enseñanzas del Me’am Lo’ez formaron su personalidad e hicieron de Ribbí Shemuel un modelo de decencia, integridad, nobleza, bondad sin límites, amor a la Torá y temor a Dios.


