Tuesday, April 14, 2026
HomeYom haShoáLA SHOAH QUE NO FUE: Cuando los nazis intentaron destruir Israel, en...

LA SHOAH QUE NO FUE: Cuando los nazis intentaron destruir Israel, en 1942

image_pdfVer en PDFimage_printImprimir

“Doscientos Días de Terror” es el nombre con el que se conoce a un período de la historia de la comunidad judía en la Tierra de Israel durante la Segunda Guerra Mundial. Este período se extendió desde la primavera de 1942 hasta el 3 de noviembre de ese mismo año, cuando las unidades del ejército alemán bajo el mando del General Erwin Rommel avanzaban hacia el este, en dirección al Canal de Suez, desde el norte de África.

LOS PLANES DE LOS NAZIS

En abril de 1942, la unidad del ejército alemán Afrika Korps bajo el mando del general Erwin Rommel comenzó a avanzar en el norte de África hacia el Canal de Suez en Egipto. El terror se apoderó del “Yishub”. Parecía que después de las grandes victorias de los nazis en el norte de África, no había fuerza que pudiera detenerlos. Si llegaban al Canal de Suez, el camino hacia la Tierra de Israel estaría abierto para ellos. En ese momento, el exterminio de los judíos europeos estaba en pleno apogeo, y las noticias al respecto comenzaron a infiltrarse en los líderes del Yishub. Existía la certeza de que si los alemanes llegaban exterminarían a todos los judíos de la Tierra de Israel: hombres, mujeres y niños, como lo habían hecho en Europa. Y no estaban equivocados…

Los alemanes establecieron una unidad especial en Egipto: Einsatzgruppe Egypt, compuesta por 24 soldados de las SS bajo el mando de Walter Rauf. Rauf era el infame inventor de los camiones de la muerte, que tenían los gases de escape conectados al recinto interior sellado del vehículo, en el que las víctimas —que ingresaban pensando que serían transportadas— morían al inhalar los gases tóxicos. Los camiones de la muerte ya estaban esperando en Egipto.

Se suponía que el exterminio de los 500.000 judíos en Israel se llevaría a cabo por los mismos medios y métodos con los que se perpetró el asesinato de los judíos europeos. Y los alemanes aprovecharían la ayuda de la población local árabe para llevar a cabo el asesinato sistemático de los judíos, bajo la guía y el mando de ese pequeño equipo alemán. Este plan se correspondía con la promesa que los alemanes le habían hecho al líder de los árabes palestinos y amigo de Hitler: Haj Amin al-Husseini, que se encontraba exiliado en Berlín. Muchos árabes esperaban la llegada de los ejércitos de Hitler, a quien llamaban “Abu Ali”, con la esperanza de que los alemanes derrotaran a los británicos y así ellos podrían exterminar a los judíos.

LOS PLANES DE LOS JUDÍOS

El 17 de abril de 1942, el jefe del departamento político de la Agencia Judía, Moshe Sharet, se dirigió al General Claude Auchinleck, comandante del Octavo Ejército Británico, con las siguientes palabras: «No hay duda de que si los nazis invaden la Tierra de Israel, todos los judíos de esta tierra seremos asesinados. El exterminio de la raza judía es una premisa básica de la ideología nazi. Las noticias oficiales publicadas recientemente indican que esta política se está implementando con una crueldad que no se puede describir con palabras. Cientos de miles de judíos perecieron en Polonia, los países balcánicos, Rumanía y en todos los distritos invadidos por los alemanes en la Unión Soviética, como resultado de las ejecuciones en masa, las deportaciones forzosas y la propagación del hambre y la enfermedad en guetos y campos de concentración. Hay razón para temer que una destrucción mucho más rápida caerá sobre los judíos de Israel si caemos en manos de los nazis.»

RENDIRSE

Algunos judíos, con mucha ingenuidad, proponían hacer lo que hicieron otras naciones ocupadas en Europa: rendirse a los nazis y tratar de llegar a algún acuerdo con ellos. Esta ingenuidad se basaba en la creencia de que “los nazis que llegarían a Israel no tratarían a los judíos locales como trataron a los judíos de Polonia y Alemania. Primero, porque no habían perturbado a nadie en Europa, y aparte porque los judíos de Israel no eran empresarios exitosos sino judíos sencillos, dedicados al trabajo… así que tendrán más respeto por estos judíos”. También advertían que resistirse y pelear podría provocar o aumentar el odio de los alemanes hacia los judíos, y que “quizás con la reconciliación y el esfuerzo lograremos más”. Estas ideas fueron criticadas por aumentar el derrotismo y disuadir a los judíos de luchar por sus vidas.

En la práctica, se intentó algún arreglo diplomático del lado de los británicos: el plan era solicitar que se otorgara a los judíos de Israel —que en ese entonces estaba bajo el Mandato Británico— el estatus de “prisioneros de guerra ingleses” si fuesen capturados, gozando de los mismos derechos que los prisioneros británicos. También se pedía, por vía diplomática, que los ingleses amenazaran a los nazis con que, si exterminaban a los judíos, los británicos también matarían a los prisioneros alemanes en su posesión. Estas ideas terminaron siendo una fantasía, ya que Inglaterra nunca accedió a otorgar ninguno de esos derechos a los judíos de Israel.

Es más, los británicos se prepararon para la posibilidad de verse obligados a evacuar la Tierra de Israel y retirarse hacia el este —Irak e India—. Estos planes de evacuación no incluían a los judíos de la Tierra de Israel. Si los alemanes invadían Israel, los judíos tendrían que enfrentarse solos a ellos, sin la ayuda del ejército británico.

El Yishub —así se llamaba al asentamiento judío antes de que se declarara la independencia de Israel en 1948— contaba con unos 500.000 judíos. Yitzjak Tabenkin, quien más adelante fue miembro de la Knéset de Israel, dijo:

«No tenemos más remedio que pelear esta guerra con todas las fuerzas que tenemos. … debemos defender este Yishub y nuestra bandera con uniforme o sin uniforme… si nuestro espíritu está en nosotros, nos apoyaremos en él con todas nuestras fuerzas, o también caeremos con todas nuestras fuerzas. Estamos listos para mantenernos de pie y listos para el sacrificio. No venceremos a las fuerzas del enemigo con fatalismo, sino con mucha responsabilidad. No hay alternativa…»

ESCONDERSE

Muchos judíos trataron de esconderse, o al menos esconder a los niños, en iglesias, monasterios y hospicios europeos —incluso alemanes— que había en Israel, especialmente en Jerusalem, o contactar a árabes amistosos dispuestos a recibir una recompensa material para ocultar a los niños judíos hasta que terminase la guerra.

Había diferencias de opinión en caso de que el país cayera en manos de los alemanes. Por un lado, estaba la posición pragmática de David Ben-Gurion, quien insistía en que los soldados improvisados del Yishub no podrían vencer al ejército de Hitler, no podrían lograr lo que no habían logrado los franceses, los holandeses y todos los países europeos derrotados por los nazis. En opinión de Ben-Gurion, ante una invasión alemana y una retirada británica, las fuerzas de combate de la Haganá y el liderazgo del Yishub deberían tratar de integrarse al ejército británico, retirarse a la India y regresar a Israel cuando cambiase el rumbo de la guerra.

LUCHAR HASTA LA MUERTE

En el extremo opuesto estaba la postura más nacionalista expresada por Yitzjak Tabenkin, quien dijo: «…tenemos que quedarnos aquí hasta el final, por nuestro futuro, por respeto a nosotros mismos y por lealtad a nuestra historia». Esta segunda posición proponía concentrar a toda la población judía en el área de Haifa y Galilea, trasladarse allí cuando los británicos se retirasen del país, y luchar hasta el último hombre. Haifa y la cadena de montañas del Carmel están en un área que brinda la oportunidad de resistir y rechazar al invasor, que se trasladaba en fuerzas blindadas pesadas y tendría dificultades para moverse en esa zona montañosa. El plan de Tabenkin fue denominado la “Masada del Carmel”. Según este plan, la población judía civil se protegería en esos enclaves mientras los comandos y las unidades de guerrilla saldrían a atacar para contener el avance del enemigo.

Los miembros de la organización militar “Etzel” concibieron un plan similar, pero con un simbolismo más significativo: en caso de que los alemanes invadieran Israel, los judíos se refugiarían en la Ciudad Vieja de Jerusalem, fortificándose dentro de las murallas y librando desde allí la batalla “final”. Y antes del final, ¡declararían con mucho orgullo y patriotismo la soberanía judía sobre el Monte del Templo (Har-HaBayit) en Jerusalem!

Para los líderes de estos planes —ya fuera en Haifa o en Jerusalem— estaba claro que si los alemanes llegaban, podrían quizás retrasar el avance del invasor, pero el terrible final de la población civil era inevitable. El mismo nombre, “Masada del Carmel”, expresaba la creencia de que no había ninguna posibilidad de que el asentamiento judío pudiera sobrevivir si los alemanes invadían Israel. Recordemos que Masada, o Metsadá, es el nombre de uno de los últimos refugios de los judíos que se resistieron al ejército romano en el siglo I, y que cuando vieron que el enemigo no podía ser detenido, procedieron al suicidio colectivo.

VICTORIA PROVIDENCIAL

El 1 de julio de 1942, los británicos lograron frenar el avance de Rommel a 180 kilómetros del Canal de Suez. Allí establecieron una nueva línea de defensa y nombraron un nuevo comandante, el general Bernard Montgomery, quien ordenó cancelar todos los planes de retirada británicos de Israel y prepararse para enfrentar frontalmente a los alemanes en Egipto. Ambos bandos sabían que esa batalla sería decisiva para el destino de Oriente Medio.

Y gracias a Dios, luego de meses de una durísima batalla, el 3 de noviembre de 1942, las fuerzas de Montgomery lanzaron el ataque final y derrotaron a las fuerzas de Rommel en la Batalla de El-Alamein, en Egipto.

Este triunfo fue uno de los puntos de inflexión decisivos para la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, y significó el final de los doscientos días de terror que experimentó la joven colonia de Israel en los tiempos de la Shoah.

RELATED ARTICLES