PURIM EN VIVO
HAMÁN
La historia de Purim de Mordejai y Ester comenzó con un decreto de exterminio. El texto es explícito. El documento de Hamán autorizaba que, en un día determinado —el 13 de Adar del año 474 AEC—, los ciudadanos del Imperio persa pudieran “להשמיד להרוג ולאבד” — destruir, matar y aniquilar a sus vecinos judíos y quedarse con sus bienes. No habla de sometimiento ni de conversión. El decreto de Hamán describe un genocidio abierto, firmado y sellado con el anillo del rey.
La obsesión de Hamán es el tema central de la Meguilá. Hamán tenía más poder, riqueza, posición y acceso directo al rey que cualquier otra persona en el imperio. Y en lo personal tenía una gran familia, con diez hijos varones que garantizaban continuidad dinástica. No le faltaba absolutamente nada. Sin embargo, en un momento de catarsis declaró: “וכל זה איננו שוה לי” — todo esto no vale nada para mí mientras Mordejai el judío no se incline ante mí. Hamán podría haber ignorado a Mordejai y seguir adelante desarrollando el imperio persa a un nivel de prosperidad inimaginable. Pero no lo hizo. Increíblemente, la destrucción de los judíos se convirtió en su fijación absoluta y lo condujo a su propia autodestrucción.
KHAMENAÍ
El lenguaje de genocidio ha definido durante décadas la ideología del régimen iraní. Desde 1979, cuando los ayatolás tomaron el gobierno de manos del Sha, en lugar de dedicarse a enseñar las buenas lecciones de la religión —convivencia, amor al prójimo, ayuda a los necesitados—, el régimen del primer ayatolá, Khomeini, se fijó en la eliminación de Israel, que fue declarada su objetivo estratégico y proclamada repetidamente en foros internacionales, incluso en las Naciones Unidas, donde nadie lo criticó. Y no se trató solo de retórica o de los planes abstractos de una sola persona. Increíblemente, se convirtió en la obsesión ideológica y prioritaria del régimen iraní.
El expresidente español José María Aznar relató que, en 2001, Ali Khamenaí le dijo al inicio de una reunión en Teherán que Irán debía declarar la guerra a Israel y a Estados Unidos hasta que estuvieran completamente destruidos, y que “prender fuego a Israel” era la prioridad número uno del régimen iraní (ver aquí: https://www.elmundo.es/internacional/2024/04/15/aznar-jamenei-israel.html). No se puede entender que un país tan rico y con potencial enorme de prosperidad como Irán se obsesione con destruir Israel en lugar de dedicarse a desarrollar su propio país.
SHUSHÁN Y TEHERÁN
El eje del Purim de Mordejai y Ester es la inversión total de los eventos: “ונהפוך הוא”. Aquellos que querían destruir a los judíos terminaron siendo destruidos. Hamán terminó empalado en la enorme estaca que había preparado para Mordejai, el representante de los judíos.
Y este pasado Shabbat Ali Khamenaí fue eliminado en el mismo búnker donde planeaba la destrucción de Israel. Es una inversión estratégica —y milagrosa— de la estructura genocida. Es justicia poética.
La historia de Purim se está repitiendo frente a nuestros ojos. La Meguilá enfatiza que no solo Hamán fue destruido, sino toda la cúpula del poder a su alrededor: sus 10 hijos, que eran sus ejecutores, y unas 800 personas en Shushán, la capital, donde se planificaba el genocidio de los judíos.
En los primeros 30 segundos del ataque a Irán, Israel eliminó no solo al “Hamán” de 2026, sino también a la cúpula militar que lo rodeaba: más de 40 militares y líderes de la revolución que estaban reunidos en un búnker secreto, altamente protegido, al que —según se reporta— incluso los más íntimos del líder supremo eran llevados con los ojos vendados para preservar su ubicación.
No se trata solo de la caída del instigador genocida, sino del desmantelamiento simultáneo de su aparato dirigente.
Diversos analistas militares describen esta acción como la más audaz, compleja y efectiva de la historia moderna: un ataque de precisión que decapitó en segundos la estructura de mando del enemigo iraní.
DE ESPECTADORES A PROTAGONISTAS
La Meguilá describe que, antes del momento decisivo en el que Ester iba a actuar, Mordejai convoca ayuno y rezo colectivo. Todo Israel rezó por el éxito de Ester. El plan, la valentía y la iniciativa fueron de ella; pero, incluso cuando las decisiones humanas son correctas, no siempre basta con hacer bien las cosas. Muchas veces, lo que uno planea no sale exactamente como espera. Hace falta asistencia Divina para que la acción prospere. Este modelo sigue vigente.
Hoy es Ta’anit Ester, un día singular en el cual recordamos que la historia de Purim no se decidió solo en palacios y estrategias, sino también en la tefilá colectiva de todo Am Israel.
Estamos viviendo un nuevo Purim, con los mismos protagonistas, con nombres diferentes. Hoy, mientras nuestros valientes soldados y pilotos luchan en el frente de guerra, a nosotros y a los que no luchan en el frente nos toca ser los nuevos Mordejai: rezar y pedir a HaShem por el éxito de nuestros pilotos, nuestros soldados y nuestros líderes. Así dejamos de ser espectadores y nos convertimos en protagonistas de la historia que se está desarrollando ante nuestros ojos en vivo y en directo.


