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La historia menos conocida del 9 de Ab: el león y la cigüeña (años 117-129 EC)

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Luego de la destrucción del Bet haMiqdash (año 68 de la era común) , los judíos vivían permanentemente humillados por los romanos. Especialmente en los tiempos del emperador Trajano (que reinó entre el año 98 y el año 117) y Lusio Quieto, muy hostil con los judíos. Quieto fue el responsable de una gran matanza de judíos en las comunidades de Babilonia alrededor del año 115 de la era común. Luego de esta aplastante “victoria” fue asignado como gobernador de Judea, ya que había demostrado su mano dura hacia los judíos. En Judea Quieto cometió atrocidades y todo tipo de abusos, como el aberrante derecho de pernada (הגמון, el derecho del gobernador a pasar la primera noche con las mujeres que se casaban), lo que hizo que los casamientos judíos se realizaran en secreto. Por este y otros trágicos eventos similares los rabinos decretaron ciertos actos de duelo nacional, como por ejemplo que los novios ya no usarían más sus adornos y coronas ornamentarías (עטרות חתנים).
Cuando murió el emperador Trajano en 117, Lusio Quieto fue el candidato más firme para reemplazar al fallecido gobernante, lo cual los judíos consideraron que sería el mayor desastre posible. De cualquier manera, gracias a los oficios de la viuda de Trajano, Plotina, Adriano, su hijo adoptivo, fue proclamado como el nuevo emperador.
Los judíos enviaron una delegación a Adriano y le prometieron al nuevo emperador fidelidad. También le solicitaron que les permitiera reconstruir el Bet haMiqdash. Este pedido no era excepcional ya que los Romanos, siguiendo la famosa “pax romana” una vez que subyugaban a los pueblos, les permitían reconstruir sus santuarios y practicar su religión.  Para la enorme satisfacción de los Yehudim ¡el emperador Adriano accedió al pedido de los Yehudim de reconstruir el Bet haMiqdash!
Se han encontrado monedas de la época de Adriano que parecen haber sido acuñadas para celebrar esta decisión de Adriano, que se llevaría a cabo en una de sus visitas a Judea.
En la moneda que vemos arriba se ve al emperador Adriano al lado de una mujer que representa a Judea (la nación judía), y a niños judíos ofreciéndole a Adriano una ramas de palmas, una representación de paz y armonía entre los dos pueblos. En el lado izquierdo se ve el retrato del emperador y se lee HADRIANUS AUGUSTUS y en el otro lado ADVENTUI AUG(USTUS) JUDEIA, es decir, “en honor a la llegada del Cesar a Judea”.
Esta historia, y su desenlace no feliz, está relatada en el Midrash de Bereshit Rabbá 64:10: En los tiempos de Ribbí Yehoshua ben Jananiá el imperio romano decidió reconstruir el Bet haMiqdash. Pero los Kutim, los Samaritanos (que eran grandes enemigos de los Yehudím Y.B.), enviaron una delegación al emperador Adriano y le dijeron: Debe usted saber, Cesar, que [si les permites construir su Templo, los judíos de] esta ciudad se rebelarán contra usted. El Emperador respondió: ¿Pero qué puedo hacer? ¡Ya les he dado permiso para construirlo! Los Kutim, que sabían muy bien que el Bet haMiqdash debía ser construido exclusivamente en Har haBayit, el Monte Moriá, le sugirieron a Adriano que les dijera a los judíos que podían reconstruir su Templo, pero en una zona diferente, con medidas distintas, etc. Y así procedió Adriano. La decepción de los judíos fue enorme. El Templo no se puede construir fuera de su area original. Y esto truncó las esperanzas de tener nuevamente el Bet haMiqdash. El famoso historiador Paul Johnson explica que hubieron otros elementos que influyeron en Adriano para que volviera atrás sobre su decision y no permitiera la construcción del Bet haMiqdash.
1. Tácito, un senador e historiador romano famoso por su antipatía hacia los judíos, escribió que los judíos sólo respetan a su Dios, y no acataban la autoridad de los reyes humanos. El arrogante Adriano no podía permitir que los judíos fuesen más leales a Dios que a él.
2. Los antiguos cristianos consideraban (y muchos todavía consideran) que la destrucción del Gran Templo era la evidencia de que Dios  había abandonado ח“ו  a Israel y había establecido un nuevo testamento —un nuevo pacto— con la nueva “congregación cristiana”, que venía a reemplazar a la ya destruida nación judía y a su caduca religión.… Para los nuevos cristianos evitar la reconstrucción del Bet haMiqdash era vital para justificar su narrativa y sostener su teología de reemplazo. No hay que descartar la influencia de estos nuevos cristianos en la decisión de Adriano.
Cuando Adriano se arrepintió de su plan, los judíos quisieron comenzar una rebelión contra el imperio. El Sabio que evitó la peligrosa revuelta fue el ya anciano Ribbí Yehoshua ben Jananiá. De chico, Ribbí Yehoshua había experimentado la trágica destrucción de Yerushalayim y el Bet haMiqdash, luego de la rebelión de los judíos contra Roma en el año 68. Para disuadir al pueblo de rebelarse Ribbí Yehoshua les contó una fábula: “Una vez el león se había comido un animal y le había quedado un hueso en su garganta. El león pidió ayuda. La cigüeña se acercó al león, le pidió que abriera su boca, introdujo su largo pico y sacó el hueso. La cigüeña entonces le pidió al león una recompensa por los servicios prestados. Y el león le dijo: ‘¿No te parece suficiente recompensa que tú metiste tu cabeza en mi boca y yo no te comí?” . “Así”, dijo Ribbí Yehoshua, “debemos estar agradecidos que aunque ya no tengamos nuestro Bet haMiqdash, ni lo podamos reconstruir, por lo menos podemos seguir con vida” .
Los ánimos se aplacaron. Pero la relación de Adriano con los judíos empeoraba cada vez más, y la pax romana no duró por mucho tiempo….
Continuará