El arrepentimiento y la condición humana

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La idea del arrepentimiento es imprescindible para la existencia de la humanidad, tanto en el plano Divino como en el plano social.  Esto se basa en la noción de que el hombre, por naturaleza, es falible.  Fuimos dotados por Dios de libre albedrío. Actuamos constantemente haciendo uso de nuestro libre albedrío. A veces hacemos bien, y a veces lo incorrecto. A veces decimos la verdad, a veces mentimos. A veces causamos daño a otra persona sin querer, y a veces intencionalmente.  Si no existiera la posibilidad del arrepentimiento, si cada acción equivocada que comentemos trajera automáticamente sus consecuencias, la vida sería insostenible.

Imaginemos, por ejemplo, una sociedad donde no existe el perdón. En esa sociedad cada error cometido significa la ruptura irreversible de nuestra relación con otra persona. Imaginemos la ausencia del perdón entre padres e hijos, entre marido y mujer, amigos, colegas, etc.  La vida, tal como la conocemos, no sería posible.  Es la potencialidad del arrepentimiento lo que lleva a la posibilidad del “perdón” entre seres humanos.   Claro que, tal como lo explica el Rab Abohab un poco más adelante, el “perdón”, tanto en el plano divino como en el humano, depende de la seriedad del error cometido: hay faltas perdonables y otras que son irreversibles.  Hay faltas involuntarias y otras hechas con premeditación, etc.

Pensemos los que pasaría en el plano de nuestra relación con el Creador si  cada vez que cometiéramos un pecado hacia Él fuésemos condenados a desaparecer… Y lo que más,  si no existiera un margen de posibilidad de arrepentimiento entre la transgresión y el castigo, si cada vez que comentemos un error somos automáticamente castigados, nos comportaríamos como robots, y sería imposible mantener nuestro libre albedrío (elegir actuar bien o mal)  que es esencial para nuestro crecimiento espiritual y para nuestra relación con Dios.   La Teshubá es el margen de reflexión que HaShem concibió entre el error cometido y el castigo que merecemos por ese error. Ese tiempo es el que debemos usar para admitir el error, arrepentirnos y enmendar nuestras acciones.

El Rab Abohab, citando un famoso Midrash, dice que la Teshubá es un elemento fundacional en la sociedad humana.  Ese Midrash dice que el Creador  מחריט לפניו את כל העולם ולא היה עומד  (con mis propias palabras) “concebía mundos sin Teshubá y esos mundos no eran sostenibles”. Entonces creo nuestro mundo, con la posibilidad de Teshubá.

Algo más sobre esta idea tan profunda del Rab Abohab.

Cuando el Midrash dice que “el mundo” no sería sostenible sin Teshubá no se refiere al mundo “natural”, se refiere exclusivamente a la civilización humana.   De hecho, en la naturaleza, digamos en el reino animal, no existe la Teshubá. Las criaturas  NO-humanas no pueden elegir actuar “bien” o “mal”, actual necesariamente por instinto. Los animales pueden engañar, guiados por su instinto para cazar o sobrevivir, pero no pueden mentir con conciencia o con maldad. Cuando no existe el libre albedrío, no cabe el concepto de Teshubá.  En el mundo “natural” no hay marcha atrás. La naturaleza se rige por las irreversibles leyes de la causa y el efecto. No hay un tiempo de espacio de reflexión entre acción y consecuencia.  Un tumor no se arrepiente. Y una vez que que Sócrates bebe la cicuta, el arrepentimiento de sus victimarios no puede detener los efectos del veneno, este sigue su curso “natural”.   Sólo en un mundo con conciencia, la raza humana, existe la posibilidad de reflexión y arrepentimiento.

Todo esto nos debe ayudar a entender (y valorar!) menos superficialmente la lo que es la Teshubá. Al igual que el libre albedrío o la conciencia, la posibilidad de corregir lo que hicimos mal, es un elemento “sobrenatural», un regalo del Creador para la humanidad.

 
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