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JAYE SARA: Adquiriendo la Tierra Prometida

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HaShem le promete a Abraham que le dará, a él y a sus descendientes, la tierra de Canaán. Se lo promete varias veces, con detalle y bajo juramento. Y, sin embargo, cuando Abraham necesita un pedazo de esa tierra para enterrar a su esposa Sará, no le reclama la tierra a Dios: ¡la compra!

La promesa Divina no reemplaza la acción humana. La acompaña y la corona con éxito, pero nunca la sustituye. La Tierra Prometida hay que adquirirla a través de la hishtadlut, una palabra hebrea que significa «el máximo esfuerzo humano posible».

LA HISHTADLUT DE ABRAHAM

Sará muere en Hebrón. Abraham se presenta ante los hititas, dueños de la tierra. Efrón, el propietario del campo de Majpelá, le ofrece el terreno como regalo: «Una tierra de cuatrocientos shekalim, entre tú y yo, ¿qué es?», le dice. Abraham se niega a aceptar el obsequio y, como Efrón ya había fijado el precio, procede a pagarle. Sin siquiera negociar el precio.

וַיִּשְׁמַ֣ע אַבְרָהָם֮ אֶל־עֶפְרוֹן֒ וַיִּשְׁקֹ֤ל אַבְרָהָם֙ לְעֶפְרֹ֔ן אֶת־הַכֶּ֕סֶף אֲשֶׁ֥ר דִּבֶּ֖ר בְּאׇזְנֵ֣י בְנֵי־חֵ֑ת אַרְבַּ֤ע מֵאוֹת֙ שֶׁ֣קֶל כֶּ֔סֶף עֹבֵ֖ר לַסֹּחֵֽר׃

«Abraham escuchó a Efrón y pesó para Efrón la cantidad de plata que había mencionado delante de los hijos de Het: cuatrocientos shekalim (piezas) de plata, certificada como válida entre los comerciantes».

Abraham no quiso aceptar la tierra como regalo. No quería que, en el futuro, los descendientes de Efrón pudieran reclamársela a los descendientes de Abraham, diciéndoles: «Se la regalamos a Abraham, pero es nuestra».

Abraham pagó con piezas de plata «certificadas» y, como tales, aceptadas en cualquier mercado sin discusión. Al pagar con estas divisas, las más sólidas de su tiempo, la operación quedó completamente cerrada, de manera definitiva y sin lugar a reclamos posteriores.

Y todo se hizo de forma legal. Abraham cerró la operación en «la puerta de la ciudad», que era algo así como el registro de la propiedad de aquellos tiempos, a la vista de todos, como si se tratara de una operación realizada ante un escribano público. Esta compra quedó asentada en los registros de la época y, como si fuera poco, también en el texto bíblico, que especifica los detalles del terreno: Abraham adquirió no solo la cueva, sino también toda la propiedad circundante, con sus campos y sus árboles.

Cuatrocientos shekalim de plata por esa propiedad era un altísimo sobreprecio. Excesivo. Para comparar: varios siglos más tarde, el rey David compró el terreno de Aravná el jebuseo por cincuenta shekalim, y el profeta Yirmiyahu adquirió un campo entero en la ciudad de Anatot por diecisiete.

Es la primera escritura de propiedad del pueblo judío sobre la tierra de Israel. Y su registro está en la Biblia, un libro respetado por todas las religiones monoteístas.

LA HISHTADLUT DEL RAB LEVINGER

Hebrón es considerada Ir haAbot, la ciudad de nuestros patriarcas. Es también la segunda ciudad más sagrada para el pueblo judío, después de Yerushalayim, y una de las cuatro ciudades santas de Israel, junto con Yerushalayim, Tsefat y Tiberia.

Hasta 1967 no había ni una sola familia judía en Hebrón. La comunidad judía, que había vivido allí durante siglos, fue destruida en el pogrom de 1929, en el que fueron asesinados 67 judíos. Los sobrevivientes se marcharon y, en 1936, los británicos evacuaron a los pocos que habían regresado. Así, por primera vez en su historia, Hebrón quedó sin judíos.

En Pésaj de 1968, menos de un año después de la Guerra de los Seis Días, el Rab Moshé Levinger comenzó su increíble hishtadlut. Llegó con un grupo de familias, muchas de ellas con niños pequeños, y alquiló el Park Hotel de Hebrón para «celebrar el Séder de Pésaj». Y ya no se fue de allí.

El gobierno, que en aquel entonces no estaba demasiado entusiasmado con ayudar a estos pioneros judíos, no sabía qué hacer con ellos. Finalmente, terminó construyéndoles Kiryat Arbá, en una colina a las afueras de la ciudad. Pero la ciudad misma seguía sin habitantes judíos.

En 1979, un grupo de mujeres con sus hijos, encabezadas por Miriam Levinger, entró de noche a Bet Hadassah, el antiguo edificio de la clínica judía, abandonado desde 1929, y se instaló allí. Vivían rodeadas de vecinos árabes, muchos de ellos hostiles. No tenían agua corriente ni electricidad, y el ejército vigilaba desde afuera.

En mayo de 1980, unos terroristas palestinos asesinaron a seis jóvenes judíos que regresaban de rezar en Majpelá, frente a Bet Hadassah. Después de ese atentado, el gobierno autorizó oficialmente el regreso de familias judías a la ciudad.

Esos fueron los pioneros. Hoy, B”H, viven en Hebrón entre 700 y 900 judíos, unas cien familias, distribuidas en varios barrios alrededor de la Cueva de Majpelá: Abraham Abinu, Bet Hadassah, Bet Romano, Tel Rumeida y Guibat haAbot.

Y Hebrón sigue creciendo de la única manera que conoce el pueblo judío desde Abraham: haciendo de una tierra de nadie una tierra propia, adquiriendo las propiedades legalmente y pagando sobreprecios.

En febrero de 2026 se inauguró un barrio nuevo, HaGuevurá, en cinco edificios que estaban abandonados y que iban a convertirse en un centro comercial árabe. Fueron comprados a sus dueños y ya viven allí quince familias. El barrio une Kiryat Arbá con Abraham Abinu y Bet Hadassah, que hasta ahora estaban aislados.

Y esta misma semana, la organización que compró esos edificios informó que está recibiendo más ofertas de venta de propietarios árabes que nunca antes. Lo que falta, dicen, no son vendedores. Se necesitan fondos para comprar y redimir esas propiedades.

AQUÍ SE PUEDE DONAR PARA ESTA CAUSA “BÍBLICA”

https://harchivi.co.il/

YERIJÓ: LA NUEVA HISHTADLUT

Hay una adquisición más, B”H. Y ocurrió esta semana.

Yerijó (Jericó) fue la famosa ciudad conquistada por los Yehudim en tiempos de Yehoshúa. Pero su historia judía no termina ahí.

La Torá la llama Ir haTemarim, la ciudad de las palmeras. Sus dátiles y su bálsamo, el famoso tsorí del Pitum haKetoret, fueron durante siglos el producto más caro del mundo antiguo. Marco Antonio le regaló esas plantaciones a Cleopatra, y Herodes tuvo que alquilárselas a ella para poder seguir explotándolas.

Los reyes jasmoneos construyeron allí sus palacios de invierno, y Herodes los amplió. Esos palacios siguen excavados, a quinientos metros de las casas que los yehudim adquirieron esta semana.

Y en 1936, en Yerijó, apareció el piso de mosaico de una sinagoga del siglo VII, con una menorá, un shofar, un lulab y, en el centro, tres palabras: שלום על ישראל.

Lamentablemente, en 1994, Yerijó fue la primera ciudad que Israel entregó a la Autoridad Palestina, con la esperanza de alcanzar acuerdos de paz que nunca se concretaron.

Treinta y dos años más tarde, esta semana, ocho familias judías se mudaron a ocho casas en las afueras de Yerijó. Esta vez, con la escritura de propiedad en la mano.

El movimiento Najalá lideró la operación de adquisición de estas casas con mucha discreción durante meses. Las familias llegaron de noche. A la mañana siguiente, colocaron las mezuzot.

Los organizadores afirman que se pagó el precio completo y que cada propiedad cuenta con su documentación de dominio.

Tal como hizo Abraham Abinu en Hebrón.

MEARAT HAMAJPELÁ HOY

El edificio que se levanta sobre la cueva de Majpela, donde están enterrados nuestros patriarcas, fue construido por Herodes hace dos mil años y sigue en pie. Durante setecientos años, hasta 1967, a los judíos se les prohibió entrar: solo podían subir hasta el séptimo escalón de la escalera exterior.

En julio de 2025, la autoridad sobre el mantenimiento y las obras de Mearat haMajpelá pasó de la municipalidad de Hebrón, que depende de la Autoridad Palestina, al Consejo Religioso judío de Kiryat Arbá y Hebrón.

Es uno de los logros más importantes del gobierno de Netanyahu.

Los arreglos para rezar no cambiaron: el lugar sigue siendo compartido por judíos y musulmanes.

Rab Yosef Bitton

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