SUCOT: Las nubes que protegen a Israel

לְמַ֘עַן֮ יֵדְע֣וּ דֹרֹֽתֵיכֶם֒ כִּ֣י בַסֻּכּ֗וֹת הוֹשַׁ֙בְתִּי֙ אֶת־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֔ל בְּהוֹצִיאִ֥י אוֹתָ֖ם מֵאֶ֣רֶץ מִצְרָ֑יִם אֲנִ֖י ה׳ אֱלֹ-הֵיכֶֽם׃

“…para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar en sucot al pueblo de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy HaShem, vuestro Dios” (Levítico 23:43).

Este próximo viernes 25 de septiembre por la noche comenzaremos la celebración de la fiesta de Sucot, que nos recuerda nuestra travesía de 40 años en el desierto, desde Egipto hasta la tierra prometida: Israel. Este año el primer día cae en Shabbat.

La Torá dice claramente que la razón por la cual celebramos Sucot es para recordar “que Dios nos estableció en sucot” cuando nos sacó de Egipto.

Pero, ¿qué eran en realidad esas sucot? ¿De qué estaban hechas?

CABAÑAS

De acuerdo con Ribbí Aquibá, las sucot eran simplemente «chozas», cabañas con un techo de ramas, que no protegían de las inclemencias climáticas como un techo normal, pero servían para protegerse del sol, algo muy necesario en el desierto. Según esta opinión, al construir las sucot y habitar en ellas, rememoramos nuestra travesía en el desierto.

Hay por lo menos dos objeciones a esta interpretación “literal”:

La Torá, cuando se refiere a los lugares de residencia de los judíos en el desierto, menciona la palabra hebrea ohel, esto es, “carpas” hechas probablemente de piel de animales, no menciona chozas ni cabañas.

La segunda objeción es más aguda: ¿Por qué dice la Torá que “Dios” estableció a los israelitas en cabañas? Las chozas a las que se refería Ribbí Aquibá debieron haber sido construidas por los propios judíos, no por Dios.

NUBES DE GLORIA

Ribbí Eliezer disiente de Ribbí Aquibá y sostiene que, en este versículo, “sucot” no se refiere a cabañas o chozas. Sin importar si las viviendas de los judíos eran de madera o de pieles, lo que debemos recordar es que durante los 40 años de travesía en el desierto, el pueblo judío fue protegido por Dios. A esta Protección Divina, Ribbí Eliezer la llamó “nubes de gloria”. Siete “nubes” con las que HaShem protegió a Israel: cuatro nubes alrededor, una nube por encima, una por debajo y la séptima nube, que iba al frente, a tres días de distancia, para indicarles el camino.

¿Por qué eran necesarias estas nubes protectoras? Porque cruzar un desierto es arriesgado. El agua y la comida no son suficientes.

Hay al menos cuatro desafíos serios al atravesar un desierto:

Clima: El calor abrasador durante el día y el frío de la noche, junto con los vientos impredecibles y tormentas de arena. Recuerdo lo que ocurrió con el ejército de Cambises en Egipto. En el año 525 a.e.c., Cambises envió un ejército de 50.000 soldados para destruir el Templo de Amón en Siwa, Egipto. Tras siete días en el desierto, desaparecieron, probablemente enterrados bajo una tormenta de arena. ¿No es fascinante, milagroso, que ningún fenómeno climático afectara a los judíos durante 40 años en el desierto?

Ataques: En el desierto hay bandidos y ladrones. En el caso del pueblo judío, después de la guerra con Amalek, no se registraron más ataques.

Animales: En el desierto abundan serpientes venenosas y escorpiones. Es fácil pisar a uno de estos animales y ser atacado.

Dirección: Moshé pidió a su suegro Yitró que los acompañara, pues conocía bien el desierto. Sin embargo, Yitró se negó. La séptima nube, el “amud esh ve’anán” (columna de fuego y nube), guió al pueblo como un GPS moderno.

¿NUBES VIRTUALES?

Ahora podemos comprender mejor la opinión de Ribbí Eliezer. La palabra «nube» en hebreo, ‘anán, no debe entenderse como las nubes blancas del cielo. Aquí «nube» se usa metafóricamente, refiriéndose a un mecanismo Divino que protegía al pueblo judío. Estas nubes invisibles, que protegían desde todos los lados, pueden compararse hoy a firewalls (barreras protectoras) que protegían de posibles ataques enemigos. La nube de arriba protegía de las inclemencias del clima, y la de abajo, de los animales venenosos. Finalmente, la séptima nube, la columna, guiaba al pueblo, indicando el camino.

Nuestros sabios debatieron ambas opiniones y finalmente se pronunciaron a favor de la opinión de Ribbí Eliezer.

Cuando entramos a la Sucá, debemos recordar que HaShem protegió a nuestros antepasados de todos los peligros del desierto.

 

 

 

NUEVAS NUBES SOBRE EL CIELO DE ISRAEL 

En nuestros días podemos visualizar mucho más claramente las Nubes de Gloria que protegieron a Israel en el desierto. Medinat Israel vive hoy bajo varias capas de protección, y cada una cubre lo que la anterior no alcanza: la Cúpula de Hierro (Iron Dome) para los cohetes de corto alcance, la Honda de David (David’s Sling) para el alcance medio, y la Flecha (Arrow) para los misiles balísticos de largo alcance. Siete nubes, cada una con su función.

 

El 28 de diciembre de 2025 se agregó una capa nueva de protección, hecha por hombres, inspirada por Dios . Israel desarrolló el primer sistema de interceptación por láser, el Iron Beam (o para mí: “la Sucá Láser”). En hebreo lleva el nombre de Or Eitán, por el capitán Eitán Oster z”l, comandante de la unidad Egoz, de 22 años, caído en el Líbano en octubre de 2024. Es un láser de unos cien kilovatios que derriba drones, cohetes y proyectiles de mortero, y cada disparo cuesta una fracción mínima de lo que cuesta un misil interceptor.

Todavía no está plenamente operativo. Ocho meses después de la entrega, los ajustes finales y la integración con la Cúpula de Hierro seguían en proceso. Pero ya no es una promesa lejana: existe, fue entregado, y lleva el nombre de un soldado de 22 años que murió defendiendo a su pueblo. En Israel, la protección divina se combina con la creatividad humana y con el sacrificio humano.

Que HaShem siga protegiendo a Israel de nuestros múltiples enemigos, como lo hizo con nuestros antepasados en el desierto.

UNA NUEVA NUBE DE PROTECCIÓN

En julio de este año , 2026, Israel presentó un sistema que no se parece a ninguno de los anteriores.

Se llama HYPNOSIS, lo desarrolló Israel Aerospace Industries, y su particularidad es que no dispara nada.

La Cúpula de Hierro, la Honda de David y la Flecha derriban. Interceptan el proyectil enemigo y lo destruyen en el aire. HYPNOSIS no destruye: confunde.

Son estaciones móviles que se colocan alrededor del lugar que se quiere proteger, conectadas a un centro de mando único. Entre todas generan una nube electromagnética invisible. Dentro de esa nube, el dron enemigo deja de recibir la señal satelital que lo guía. O algo más sutil: recibe una señal falsa, que le hace creer que está volando en un lugar donde no está. Pierde el rumbo y cae. De ahí el nombre del sistema.

No hay interceptor, no hay explosión y no hay costo por disparo. Hasta ahora, derribar un dron de mil dólares exigía un misil de cien mil. Una sola estación de HYPNOSIS puede desorientar a decenas de drones a la vez, todos al mismo precio. En las pruebas neutralizó sola, sin operador humano, varios aparatos que convergían sobre un mismo blanco desde direcciones distintas.

Vale la pena detenerse en la imagen. Las nubes del desierto no eran nubes de agua. Eran, según Ribbí Eliezer, un mecanismo de protección invisible que rodeaba al pueblo por todos los costados. Hoy Israel tiene una nube invisible que rodea por todos los costados aquello que quiere proteger.

Y hay algo más. Cuando los egipcios persiguieron a Israel hasta el mar, la Torá no dice que HaShem los destruyó allí mismo. Dice que la nube se interpuso entre los dos campamentos, y que HaShem confundió al campamento de Egipto:

וַיָּ֕הׇם אֵ֖ת מַחֲנֵ֥ה מִצְרָֽיִם׃

“Y confundió al campamento de Egipto” (Shemot 14:24). Les sacó las ruedas de los carros y los hizo avanzar con dificultad. La primera arma de la salida de Egipto no fue un arma. Fue una nube que le hizo perder el rumbo al enemigo.

Tres mil trescientos años después, el mismo principio volvió al campo de batalla.




SUCOT: Residir en la Sucá

לְמַ֘עַן֮ יֵדְע֣וּ דֹרֹֽתֵיכֶם֒ כִּ֣י בַסֻּכּ֗וֹת הוֹשַׁ֙בְתִּי֙ אֶת־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֔ל בְּהוֹצִיאִ֥י אוֹתָ֖ם מֵאֶ֣רֶץ מִצְרָ֑יִם אֲנִ֖י ה׳ אֱלֹ-הֵיכֶֽם׃

“En las Sucot habitaréis por siete días, todo nativo en Israel habitará en Sucot, para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar [y así protegí] al pueblo de Israel en Sucot cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy HaShem, vuestro Dios” (Levítico 23:42-43).

Este viernes 25 de septiembre, a la noche, comenzamos la celebración de Sucot. Este año el primer día cae en Shabbat. Sucot, seguido de Sheminí Atseret y Simjat Torá, se celebra hasta el domingo 4 de octubre a la noche.

Durante siete días dejamos nuestras casas y nos instalamos en la Sucá. Comemos, estudiamos y, si el clima y la salud lo permiten, dormimos allí. Sucot  conmemora la travesía de cuarenta años desde Egipto hasta la Tierra Prometida, cuando Dios cubrió todas nuestras necesidades y nos protegió de los peligros del desierto. Al residir en la Sucá, recreamos esa experiencia de nuestro agradecimiento y confianza en la Protección Divina, que continúa hasta nuestros días.

Los Sabios explicaron que para cumplir con esta Mitsvá debemos transformar la Sucá en nuestra residencia principal durante los siete días de Sucot, y nuestra casa en una residencia temporal. Esto implica realizar en la Sucá las actividades cotidianas que normalmente hacemos en casa. Algunos ejemplos:

COMIDAS: Excepto cuando llueve, debemos comer en la Sucá, especialmente las comidas formales que incluyen pan (hamotsi y birkat hamazón), recitando la bendición: “…asher quiddeshanu bemitsvotav vetsivanu liysheb basucá.”

MEZONOT: Alimentos como pasteles y galletas (mezonot) también deben consumirse dentro de la Sucá. Sin embargo, si se comen como un snack entre comidas, no se dice la bendición de la Sucá.

SNACKS: Alimentos ligeros como fruta o café pueden consumirse fuera de la Sucá, aunque es elogiable no comer ni beber nada fuera de ella durante Sucot.

DORMIR: Dormir en la Sucá es parte de la Mitsvá, pero depende del clima, la salud y otros factores, como la seguridad o la presencia de animales.

Siete días en una casa sin techo también nos ayudan a descubrir algo novedoso: casi nada de lo que creíamos indispensable en nuestra casa lo era. Eso es exactamente lo que la Sucá viene a enseñar.




Sucot en una cárcel mexicana

A lo largo de nuestra historia, los Yehudim hemos superado todo tipo de obstáculos para poder observar la Mitzvá de la Sucá. Uno de los ejemplos más hermosos del amor y la determinación del pueblo judío hacia este precepto, es la Sucá construida en la cárcel de la inquisición de la ciudad de México en el año 1603, por un cripto-judío (converso) llamado Sebastián Rodríguez.
Sebastián nació en el año 1573, en San Vicente Davera, Portugal. Abandonó su casa a la edad de siete años, para trasladarse hacia Sevilla (España), donde trabajó en la tienda de su tío Antonio Rodríguez, quien le enseño a leer y escribir.
A los catorce años de edad, en el año 1587, se embarcó hacia Nueva España (México) y se asentó en la ciudad de Puebla, en la casa de un pariente lejano, también portugués, de nombre Guillermo Rodríguez, el cual lo enviaba a los pueblos aledaños a vender la ropa que él mismo fabricaba. A los dieciséis años se independizó y comenzó a trabajar por su cuenta.
A los dieciocho años se casó con su prima Constanza Rodríguez. Previo a la boda, su cuñado Domingo Rodríguez, y Manuel de Lucena, llevaron a Sebastián al campo y le revelaron que él era judío. Le enseñaron muchas de leyes y tradiciones de la Torá, en especial concernientes al matrimonio y las festividades judías.
Sebastián comenzó a aprender más acerca de su religión y de su pueblo. Sus principales maestros de quienes aprendió las leyes de la Torá fueron Luis de Carvajal (El Mozo) y Sebastián de la Peña. Durante largas caminatas en compañía de sus maestros, analizaban juntos los distintos pasajes de la Torá. Luis de Carvajal siempre llevaba oculto entre el forro y el fieltro de su sombrero varios escritos con versículos y leyes de la Torá, y de esa manera le enseñaba Torá a sus alumnos.
En 1596, cuando apenas había cumplido veintitrés años, y por la acusación de un tal Pedro de Reparo, Sebastián Rodríguez fue detenido en la ciudad de México junto con su esposa Constanza. Fue llevado a las cárceles de la inquisición en la plaza Santo Domingo, muy cerca del Zócalo actual, en el Distrito Federal.
Su crimen? “Judaizar”, (una palabra acuñada por la inquisición española, y que por eso no existe en otras lenguas), es decir, practicar ritos de la religión judía. Su castigo? Reclusión perpetua y confiscación de todos sus bienes, en beneficio de la iglesia.
Ya en la cárcel y durante los primeros meses de su interrogatorio, Sebastián guardó absoluto silencio, para no involucrar a sus maestros y a otros conversos que él conocía. Luego de tres meses de tortura, donde lo mantuvieron encadenado a unos grilletes de manos y pies, Sebastián confesó que practicaba la Ley de Moisés. Fue entonces que le quitaron los grillos y lo pusieron en una celda junto a Luis Diaz, un seudo-converso que operaba como espía de la inquisición. Luis Diaz, apodado luego como “El Malshín” (el delator), informó a los inquisidores que su compañero de celda, Sebastián, “judaizaba”, esto es: que no consumía la carne que le servían; no barría el piso de su celda los sábados, se lavaba las manos antes de consumir pan, y todos los días se paraba en silencio y con la cabeza cubierta frente a una pared, en dirección al este (Jerusalem).
Como consecuencia de este informe Sebastián fue llevado ante los inquisidores para que declarase la verdad pero como negaba las acusaciones que le imputaban, se procedió nuevamente a la tortura. Esta vez con un instrumento de tortura llamado “el potro” (estiramiento in extremis de las extremidades del cuerpo) . Después la quinta vuelta del cordel, Sebastián declaró que él “judaizaba”, pero que “se arrepentía de lo que había hecho”.
Se acercaba Sucot, la fiesta de las cabañas, del año 1603, y Sebastián Rodríguez, su esposa Constanza y su pequeño hijo Domingo, llevaban ya siete años encerrado en la cárcel de la inquisición conocida como “La casa Chata”. El mayor deseo de Sebastián era celebrar la fiesta de Sucot, pero parecía un sueño imposible … Entonces, surgió en su mente plan muy arriesgado pero que podría funcionar: tenía que construir una Sucá (cabaña ritual) en el patio de la propia cárcel.
A principios de septiembre de 1603, el Virrey de Nueva España le otorgó al Capitán Esteban Lemos, un notario de la Inquisición, un importante premio. Sebastián Rodríguez propuso honrar al Capitán Lemos en “La casa Chata” y dedicar una fiesta en su honor. El entusiasta guardia de la prisión le dio permiso a Sebastián para hacerlo. Y también aprobó La fecha elegida por Sebastián: el 21 de Septiembre, y la lista de invitados propuesta por Sebastián, que incluía a varios conversos amigos.
Sebastián también se ofreció para decorar el patio. Pidió una gran cantidad de ramas, que fueron traídas por cuatro nativos, y así comenzó a construir su Sucá. Preparó y decoró el patio abierto, conocido hasta hoy como “patio de los naranjos”, colocando las ramas encima de sus cuatro paredes.
Para esta “ocasión especial” se preparó una deliciosa comida, con pollo como plato principal. El pollo era kasher, sacrificado a través de la Shejita (sacrificio ritual), algo que Sebastián organizó con ayuda desde fuera de la prisión.
El 21 de septiembre de 1603, el primer día de Sucot, Sebastián Rodríguez, junto con su esposa Constanza, y otros conversos, invitados y prisioneros, celebraron la fiesta de de Sucot, comiendo bajo el Sucá y regocijándose con canciones, bailes y alegría, frente a los inquisidores Alonso de Peralta y Gutiérrez Bernardo de Quirós, que nunca supieron que los prisioneros judíos estaban celebrando una festividad bíblica frente a sus narices.
El 2 de junio de 1606, la Inquisición decidió que ya se había transformado finalmente en un cristiano rehabilitado y Sebastián Rodríguez, su esposa Constanza Rodríguez y su hijo Domingo fueron liberados.
Hoy, 400 años después, la arriesgada decisión de Sebastián Rodríguez de construir un Sucá dentro de la prisión de la inquisición es un ejemplo inspirador de la determinación del pueblo judío de mantener y cumplir nuestra Torá sin importar las circunstancias. Desafiando incluso a la Inquisición española, una de las instituciones más horribles de persecución religiosa, que persiguió a nuestros hermanos y hermanas incluso en el Nuevo Continente.
Esta historia está registrada en los Archivos Generales de la Nación Mexicana, ubicados en el palacio de Lecumberri. “Proceso contra Sebastián Rodríguez y Constanza Rodríguez como Judaizantes”, Inquisición en México, 1595-1596, vol 154, exp.2
(El artículo original fue escrito por el Sr. Eli Suli , México, experto en historia judía sefaradí y amigo personal).



SUCCOT Y LA ALIANZA DE LAS CUATRO PLANTAS

CUATRO JUDÍOS, CUATRO IDEAS

Nuestros sabios indicaron que las cuatro plantas que tomamos en Sucot representan la comunidad judía: 4 tipos diferentes de individuos que se distinguen unos de otros en cuanto a su nivel de conocimiento y observancia de la Torá. El etrog que tiene un buen aroma y un gusto agradable, representa al judío que sabe y observa la Torá. ¿Por qué? Los sabios explicaron esta metáfora así: El gusto del fruto simboliza el estudio de la Torá, ya que su aprendizaje debe ser placentero y dulce. El aroma simboliza el cumplimiento de las Mitsvot, cuya intención siempre debe ser inmaterial, desinteresada. El Lulab, que es una hoja de palmera datilera, tiene un fruto de un gusto muy dulce: el dátil; pero que no tiene ningún perfume. El Lulab representa a aquel que estudia la Torá, pero no la observa plenamente. El mirto, o en hebreo hadás, tiene un agradable aroma, pero no tiene gusto ni esencia (no se puede hacer té de con sus hojitas). Las ramitas del mirto representan a aquel que observa la Torá, pero no la estudia: no entiende su profundidad. Y finalmente, tenemos las ramas de sauce o “arabá” que no tienen ni gusto ni aroma, y representan al judío que no es observante y no tuvo la oportunidad de aprender Torá. La comunidad judía, dijeron los sabios hace 2.000 años, está representada por estos cuatro individuos. En Sucot, con mucha atención y devoción, «ponemos a todos los miembros de la comunidad judía juntos». Y si uno de ellos no está allí, hemos fallado en cumplir con este hermoso precepto.

¿Qué mensaje nos transmite el hecho de que todos estos miembros de esta diversa comunidad estén presentes?

EL DESAFIO DEL ETROG

En primer lugar esta metáfora nos enseña que el etrog, que ya de por sí está separado de las otras 3 plantas, no debe mantenerse aislado de la comunidad. Tiene que unirse a los que son menos que él, estar al lado de los que no observan o no saben la Torá. Y al hacerlo, al mantenerse unido y no separarse, logrará perfumar con su fragancia a las demás plantas. Una vez que el etrog se une a los demás, entonces decimos la bendición y «elevamos» las 4 plantas a la vez. ¿Cuál es el secreto para que el etrog se transforme en un influencer positivo? El etrog debe poner especial atención en cuidar muy estrictamente todos los preceptos que tiene que ver con “derej eretz”, es decir: educación, honestidad, humildad y respeto hacia los demás. Y si además de eso el etrog vive su observancia de la Torá con alegría, se transformará en un imán «irresistible». Pero, ¿por qué los Sabios tuvieron que enfatizar la necesidad de que el etrog no se separe? En mi opinión, porque hay un fenómeno que lamentablemente no es poco común: muchos judíos religiosos optan por separarse de la comunidad, abrirse por completo y tratar de juntarse sólo con otros etroguim “como uno”. La tentación puede ser muy grande: ¿seré capaz de influir positivamente en el resto de la comunidad, o terminaré siendo influido por los que saben y observan menos que yo? De acuerdo a esta y otras enseñanzas de nuestros sabios (ver por ejemplo aquí כל תענית שאין בה מפושעי ישראל אינה תענית שהרי חלבנה ריחה רע ומנאה הכתוב עם סממני הקטורת) alejarse de los demás miembros de la comunidad sería como querer cumplir con la Mitsva del Lulab ¡con un grupo de cuatro etroguim!

A veces esta polarización sucede, pero no deliberadamente sino por negligencia. Si el etrog, por ejemplo, no observa los valores de “derej erets” con la misma rigurosidad con la cual observa todo lo ritual. Si su observancia no está acompañada de honestidad, humildad y respeto incondicional al prójimo, su mal ejemplo puede causar un efecto pendular que dispara a todas las otras plantas hacia el límite. O más allá. Como leímos la semana pasada en Ha-azinu, cuando la Torá le resulta negativa a quien la ve o la escucha, es porque aquellos que la debemos representar, no la estamos representando bien.

EL PROBLEMA DE LA ARABA

Por el otro lado, la arabá, el judío que sabe menos o que no es observante, debe tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender, a aceptar la posibilidad de que sus opiniones negativas sobre la Torá puedan ser solo prejuicios. Que quizás haya juzgado al árbol del judaísmo por unas pocas manzanas podridas. Que nunca es tarde para aprender o para cambiar de opinión. ¿Saben de quién aprendí esta gran lección? De mi papá, z”l. Como muchísimos otros judíos, mi padre se crió en una familia completamente no observante. Nunca fue a una escuela judía, ni tuvo la oportunidad de aprender a leer hebreo. Mi papá era quizás una arabá: pero una hermosa arabá. Porque a pesar de no ser religioso, nunca fue antirreligioso. Nunca se opuso a que yo, su hijo, aprendiera más sobre judaísmo o quisiera ser más observante. Es más, se alegraba cuando, en mi adolescencia, comencé a estudiar la Torá. Esta actitud positiva lo mantuvo siempre «dentro» de la comunidad virtual de las cuatro plantas. Lamentablemente, y por muchísimas razones que no podría explorar en unas pocas líneas, muchos judíos no observantes se pasan al otro lado. Cruzan el límite de la «arabá», la línea roja que los separa de la tolerancia. Y su irreligiosidad puede convertirse en un tóxico activismo antirreligioso. Cuando esto ocurre, se quiebra «el sagrado pacto de la comunidad de las cuatro plantas» y la separación es inevitable. Las consecuencias de la antirreligiosidad siempre fueron catastróficas para el pueblo judío.

Todos nosotros, «los miembros de esta hermandad de las cuatro plantas», debemos hacer todo lo posible para practicar el respeto y la tolerancia hacia cada individuo de AM ISRAEL. Nuestro mayor objetivo es permanecer unidos. Crecer y elevarnos juntos. Entendiendo que aquello que nos une, cuenta mucho más que aquello que nos diferencia.




Sucot y las nubes

“…para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar en sukkot a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy HaShem vuestro Dios”.

Levítico 23:42

Este próximo lunes 6 de octubre por la noche comenzaremos la celebración de la fiesta de Sucot, que nos recuerda nuestra travesía de 40 años en el desierto, desde Egipto hasta la tierra prometida: Israel.

La Torá dice claramente que la razón por la cual celebramos Sucot es para recordar “que Dios nos estableció en sucot” cuando nos sacó de Egipto.

Pero, ¿qué eran en realidad esas sucot? ¿De qué estaban hechas?

CABAÑAS

De acuerdo con Ribbí Aquibá, las sucot eran simplemente «chozas», cabañas con un techo de ramas, que no protegían de las inclemencias climáticas como un techo normal, pero servían para protegerse del sol, algo muy necesario en el desierto. Según esta opinión, al construir las sucot y habitar en ellas, rememoramos nuestra travesía en el desierto.

Hay por lo menos dos objeciones a esta interpretación “literal”:

La Torá, cuando se refiere a los lugares de residencia de los judíos en el desierto, menciona la palabra hebrea ohel, esto es, carpas hechas probablemente de piel de animales, no menciona chozas ni cabañas.

La segunda objeción es más aguda: ¿Por qué dice la Torá que “Dios» estableció a los israelitas en cabañas? Las chozas a las que se refería Ribbí Aquibá debieron haber sido construidas por los mismos judíos, no por Dios.

NUBES DE GLORIA

Ribbí Eliezer disiente con Ribbí Aquibá y sostiene que en este versículo “sucot” no se refiere a cabañas o chozas. Sin importar si las viviendas de los judíos eran de madera o pieles, lo que debemos recordar es que durante los 40 años de travesía en el desierto, el pueblo judío fue protegido por Dios. A esta Protección Divina, Ribbí Eliezer la llamó “nubes de gloria”. Siete “nubes” con las que HaShem protegió a Israel: cuatro nubes alrededor, una nube por encima, una por debajo y la séptima nube, que iba al frente, a tres días de distancia, para indicarles el camino.

¿Por qué eran necesarias estas nubes protectoras? Porque cruzar un desierto es arriesgado. El agua y la comida no son suficientes.

Hay al menos cuatro desafíos serios al atravesar un desierto:

Clima: El calor abrasador durante el día y el frío de la noche, junto con los vientos impredecibles y tormentas de arena. Recuerdo lo que ocurrió con el ejército de Cambises en Egipto. En el año 525 a.e.c., Cambises envió un ejército de 50,000 soldados para destruir el Templo de Amón en Siwa, Egipto. Tras siete días en el desierto, desaparecieron, probablemente enterrados bajo una tormenta de arena. ¿No es fascinante —milagroso— que ningún fenómeno climático afectara a los judíos durante 40 años en el desierto?

Ataques: En el desierto hay bandidos y ladrones. En el caso del pueblo judío, después de la guerra con Amalek, no se registraron más ataques.

Animales: En el desierto abundan serpientes venenosas y escorpiones. Es fácil pisar a uno de estos animales y ser atacado.

Dirección: Moshé pidió a su suegro Yitró que los acompañara, pues conocía bien el desierto. Sin embargo, Yitró se negó. La séptima nube, el “amud esh ve’anan” (columna de fuego y nube), guió al pueblo como un GPS moderno.

¿NUBES VIRTUALES?

Ahora podemos comprender mejor la opinión de Ribbí Eliezer. La palabra «nube» en hebreo, ‘anan, no debe entenderse como las nubes blancas del cielo. Aquí «nube» se usa metafóricamente, refiriéndose a un mecanismo Divino que protegía al pueblo judío. Estas nubes invisibles, que protegían desde todos los lados, pueden compararse hoy a firewalls (barreras protectoras) que protegían de posibles ataques enemigos. La nube de arriba protegía de las inclemencias del clima, y la de abajo, de los animales venenosos. Finalmente, la séptima nube, la columna, guiaba al pueblo, indicando el camino.

Nuestros Sabios debatieron ambas opiniones y finalmente se pronunciaron a favor de la opinión de Ribbí Eliezer.

Cuando entramos a la Sucá, debemos recordar que HaShem protegió a nuestros antepasados de todos los peligros del desierto.

En nuestros días podemos visualizar mucho más claramente las Nubes de Gloria que protegieron a Israel en el desierto. Sin las “nubes” que hoy protegen a Medinat Israel, como el sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro (Iron Dome) —que continúa interceptando misiles lanzados desde Yemen—, la situación sería trágica. En Israel, la intervención divina se combina con la creatividad humana. Y esperamos que pronto entre en funcionamiento el Iron Beam , rayo de hierro (o para mi: “la Sucá Láser”, ver abajo) , que protegerá a Israel de misiles y drones, y creará un cielo hermético como el que los judíos tuvimos en el desierto bajo la protección divina.

Que HaShem siga protegiendo a Israel de nuestros múltiples enemigos, como lo hizo con nuestros antepasados en el desierto.




Audio de un soldado de Israel




SUCOT: Firewalls, Clouds y Iron Dome

“…para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar en sukkot a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo soy HaShem vuestro Dios”.
Levítico 23:42

Esta noche, miércoles 16 de octubre, comenzaremos la celebración de la fiesta de Sucot, que nos recuerda nuestra travesía de 40 años en el desierto, desde Egipto hasta la tierra prometida: Israel.

La Torá dice claramente que la razón por la cual celebramos Sucot es para recordar “que Dios nos estableció en sucot” cuando nos sacó de Egipto.

Pero, ¿qué eran en realidad esas sucot? ¿De qué estaban hechas?

CABAÑAS
De acuerdo con Ribbí Aquibá, las sucot eran simplemente “chozas”, cabañas con un techo de ramas, que no protegían de las inclemencias climáticas como un techo normal, pero servían para protegerse del sol, algo muy necesario en el desierto. Según esta opinión, al construir las sucot y habitar en ellas, rememoramos nuestra travesía en el desierto.

Hay por lo menos dos objeciones a esta interpretación “literal”:

  1. La Torá, cuando se refiere a los lugares de residencia de los judíos en el desierto, menciona la palabra hebrea ohel, esto es, carpas hechas probablemente de piel de animales, no menciona chozas ni cabañas.
  2. La segunda objeción es más aguda: ¿Por qué dice la Torá que “Dios” estableció a los israelitas en cabañas? Las chozas a las que se refería Ribbí Aquibá debieron haber sido construidas por los mismos judíos, no por Dios.

NUBES DE GLORIA
Ribbí Eliezer disiente con Ribbí Aquibá y sostiene que en este versículo “sucot” no se refiere a cabañas o chozas. Sin importar si las viviendas de los judíos eran de madera o pieles, lo que debemos recordar es que durante los 40 años de travesía en el desierto, el pueblo judío fue protegido por Dios. A esta Protección Divina, Ribbí Eliezer la llamó “nubes de gloria”. Siete “nubes” con las que HaShem protegió a Israel: cuatro nubes alrededor, una nube por encima, una por debajo y la séptima nube, que iba al frente, a tres días de distancia, para indicarles el camino.

¿Por qué eran necesarias estas nubes protectoras? Porque cruzar un desierto es arriesgado. El agua y la comida no son suficientes. Hay al menos cuatro desafíos serios al atravesar un desierto:

  1. Clima: El calor abrasador durante el día y el frío de la noche, junto con los vientos impredecibles y tormentas de arena. Recuerdo lo que ocurrió con el ejército de Cambises en Egipto. En el año 525 a.e.c., Cambises envió un ejército de 50,000 soldados para destruir el Templo de Amón en Siwa, Egipto. Tras siete días en el desierto, desaparecieron, probablemente enterrados bajo una tormenta de arena. ¿No es fascinante —milagroso— que ningún fenómeno climático afectara a los judíos durante 40 años en el desierto?
  2. Ataques: En el desierto hay bandidos y ladrones. En el caso del pueblo judío, después de la guerra con Amalek, no se registraron más ataques.
  3. Animales: En el desierto abundan serpientes venenosas y escorpiones. Es fácil pisar a uno de estos animales y ser atacado.
  4. Dirección: Moshé pidió a su suegro Yitró que los acompañara, pues conocía bien el desierto. Sin embargo, Yitró se negó. La séptima nube, el “amud esh ve’anan” (columna de fuego y nube), guió al pueblo como un GPS moderno.

¿NUBES INVISIBLES?
Ahora podemos comprender mejor la opinión de Ribbí Eliezer. La palabra “nube” en hebreo, ‘anan, no debe entenderse como las nubes blancas del cielo. Aquí “nube” se usa metafóricamente, refiriéndose a un mecanismo Divino que protegía al pueblo judío. Estas nubes invisibles, que protegían desde todos los lados, pueden compararse hoy a firewalls (barreras protectoras) que protegían de posibles ataques enemigos. La nube de arriba protegía de las inclemencias del clima, y la de abajo, de los animales venenosos. Finalmente, la séptima nube, la columna, guiaba al pueblo, indicando el camino.

Nuestros Sabios debatieron ambas opiniones y finalmente se pronunciaron a favor de la opinión de Ribbí Eliezer.

Cuando entramos a la Sucá, debemos recordar que HaShem protegió a nuestros antepasados de todos los peligros del desierto.

Este año podemos entender mucho mejor la protección de las Nubes de Gloria que protegieron a Israel en el desierto.

Sin las “nubes” que hoy protegen a Medinat Israel, como el sistema de defensa antimisiles Iron Dome que ha interceptado más de 500 misiles lanzados desde Irán, evitando víctimas judías, la situación sería trágica.

Que HaShem siga protegiendo a Israel como lo hizo con nuestros antepasados en el desierto.




SUCOT: Residir en la Sucá

La Torá dice: “En las Sucot habitaréis por siete días … para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar [y así protegí] a los hijos de Israel en Sucot, cuando los saqué de la tierra de Egipto …” (Levítico 23).

Durante siete días dejamos nuestras casas y nos instalamos en la Sucá. Comemos, estudiamos y, si el clima y la salud lo permiten, dormimos allí. Este acto conmemora la travesía de cuarenta años desde Egipto hasta la Tierra Prometida, cuando Dios cubrió todas nuestras necesidades y nos protegió de los peligros del desierto.

Al residir en la Sucá, recreamos esa experiencia de confianza en la Protección Divina, que es lo que realmente nos debe importar.

Los rabinos explicaron que para cumplir con esta Mitsvá debemos transformar la Sucá en nuestra residencia principal durante los siete días de Sucot, y nuestra casa en una residencia temporal. Esto implica realizar en la Sucá las actividades cotidianas que normalmente hacemos en casa.

Algunos ejemplos:

COMIDAS: Excepto cuando llueve, debemos comer en la Sucá, especialmente las comidas formales que incluyen pan (hamotzi y birkat hamazon), para lo cual recitamos la bendición: “…asher quiddeshanu bemitzvotav vetzivanu liysheb basukká.”

MEZONOT: Alimentos como pasteles y galletas (mezonot) también deben consumirse dentro de la Sucá. Sin embargo, si se comen como un snack entre comidas, no se dice la bendición de la Sucá.

SNACKS: Alimentos ligeros como fruta o café pueden consumirse fuera de la Sucá, aunque es elogiable no comer ni beber nada fuera de ella durante Sucot.

DORMIR: Dormir en la Sucá es parte de la Mitsvá, pero depende del clima, la salud y otros factores como la seguridad o la presencia de animales  .




Celebrando la creación más importante del planeta tierra

Hoy, viernes 6 de Octubre por la noche comenzaremos la celebración de Sheminí Atseret, la fiesta que nos recuerda la llegada del otoño en el hemisferio norte y por supuesto, en Israel. A partir de este día  comenzamos a introducir en nuestra Tefilá (plegarias) una oración especial con la cual alabamos a Dios por haber creado la lluvia. En el mundo moderno, donde la mayoría de nosotros ya no vivimos en granjas y ranchos sino en ciudades y zonas urbanas, es difícil apreciar la importancia vital de la precipitación. Para la mayoría de nosotros, la lluvia es una molestia más que una bendición ….Y por eso quisiera compartir algunos datos sobre la lluvia que nos ayudarán a entender un poco mejor la hermosa Tefilá  mashib haruaj umorid hagueshem  (= Tú eres Quien hace que el viento sople, y Quien hace que la lluvia descienda sobre la tierra).

VIDA

¿Qué es lo que hace que nuestro planeta sea “único” en el universo? Uno podría decir: la existencia de la vida. Por lo que sabemos no existe ningún otro planeta con vida en el sistema solar, o en la via láctea. Pero hay otro elemento fundamental, un prerrequisito para que la vida exista, y que fue creado por HaShem antes de haber creado la vida. Es lo que los científicos buscan cuando investigan otros lugares del universo, como Marte, por ejemplo, para encontrar vestigios de vida. Uno probablemente pensará en “agua”, y estará parcialmente en lo cierto. Agua es vida y la vida, tal cual como la conocemos en nuestro planeta, no es posible sin agua.

AGUA LIQUIDA

Para ser más precisos deberíamos decir que para que un planeta sea habitable debería poseer agua líquida. En otros planeta se ha encontrado indicios de agua (H2O) pero congelada, en forma de hielo. Ya que las temperaturas en un planeta como Júpiter o sus lunas, por ejemplo, son bajísimas, y el agua no se puede mantener allí en estado liquido. Nuestro planeta es privilegiado por ser el único cuerpo celeste que posee “agua líquida”, gracias al Diseño Inteligente —Divino— de la masa de la Tierra, la masa del sol, y en particular la perfectamente calculada distancia entre nuestro planeta y el sol. Todo esto permite que la temperatura de la tierra no sea ni demasiado calurosa, donde el agua se evapore como sucedería en Venus, ni demasiado fría, donde el agua se congele, como sucedería en Marte.

AGUA DULCE

Pero la presencia de agua liquida no es el único elemento que soporta la vida en nuestra planeta. El “agua normal”, es decir, el agua de mar o el agua que algunos especulan que existía en Marte (lo cual no ha sido corroborado), es agua salada, la cual no es adecuada para la vida –tal como la conocemos–de los seres que habitan la tierra firme. La gran mayoría de las plantas, los insectos, anfibios, aves, reptiles y mamíferos necesitamos agua-sin-sal para sobrevivir. Ese precioso líquido se llama “agua dulce”. El agua dulce o agua fresca es lo que permite que exista la vida en nuestro planeta. Y ¿cuál es el origen del agua dulce, de ese elixir que posibilita la vida? La única fuente de agua dulce en nuestro planeta es la lluvia –o precipitación, que incluye nieve y granizo. Según Maimónides (Moré Nebujim 2:30) el mecanismo del ciclo del agua, que permite la producción de lluvia, fue establecido por el Creador en el segundo día de la Creación, al dividir las aguas superiores (nubes) de las aguas inferiores (océanos). Así también lo explica , entre otros, el Rab Moshé Jefets en su libro Melejet Majashebet pgs. 10-11, edición Viena, y el rab Menashé ben Israel en su libro “El Conciliador”.

EL SEGUNDO DIA DE LA CREACION

John Lynch, el autor del libro de la BBC “El Clima” (p.84, 1996) describe en sus propias palabras a las nubes de una manera muy similar a la Torá: “Vivimos en un planeta de agua. Los mares dominan el mundo… hay un océano alrededor de nosotros [el agua del mar] y un océano por encima de nosotros [las nubes]”. El Creador dedicó el Segundo Día de la Creación a establecer el milagroso mecanismo de la transformación del agua del océano en el líquido más precioso de todo el universo: la lluvia.

LA IMPROBABILIDAD DEL AGUA

El agua de lluvia es agua con bajas concentraciones de sal. De toda el agua que se encuentra en el planeta Tierra, sólo el 2,75% es agua dulce. De ese total, el 2,05% es agua dulce congelada en los glaciares. El 0,69% es agua dulce subterránea, que al igual que los glaciares también fue producida originalmente por la lluvia. Sólo el 0,0101% de toda el agua del planeta Tierra es agua dulce que se encuentra en la superficie del planeta y que está distribuida en todos los lagos y ríos. Este increíblemente pequeño porcentaje, el 0.0101% de toda el agua que existe en nuestro mundo, es la que utilizamos los seres humanos y todos los seres vivos que vivimos en tierra firme para nuestra supervivencia. ¡ La única fuente de esta agua es la lluvia!

El segundo día de la Creación fue dedicado a establecer el proceso de la conversión del agua del océano en el líquido más escaso, más exótico y más precioso de todo el universo. Es por eso que nuestros Jajamim consideraron a la lluvia como una de las bendiciones más importantes de Dios a la humanidad.

EL ELIXIR DE LA VIDA

La única fuente de agua dulce en todo el universo es la lluvia que se produce en la atmósfera del planeta Tierra.

“Imagina un planeta donde se produce el liquido más exquisito del universo. Este liquido se produce, evaporado agua salda de los océanos, a través de una brillante estrella amarilla [el sol] , que destila el extravagante licor en los cielos de la atmósfera y lo hace llover de nuevo sobre la tierra, formando lagos y ríos de esa bebida embriagante. El planeta, por supuesto, es la Tierra, y el licor, es el agua potable “ . (L. O’Hanlon, Discovery).




Sucot en el Bet HaMiqdash y Hosha’ana Rabba

Los días de Sucot eran días de una alegría especial en el Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem). Además del mandamiento bíblico de tomar las cuatro especies de plantas (ארבעת המינים), había otras dos Mitsvot que se cumplían en el Templo. Una era el nisuj hamayim, la ceremonia del “agua sobre el altar”, y la otra era la “Mitsvá de la ‘arabá”.

NISUJ HAMAYIM

Los rabinos describen la gran alegría de la ceremonia de la libación del agua: “Quien no ha visto la celebración de la libación del agua nunca ha experimentado la verdadera alegría. Grandes lámparas de oro eran erigidas, con cuatro tazas de oro en la parte superior de cada lámpara. Cuatro jóvenes sacerdotes subían a la cima, llevando grandes jarras de aceite con las que se llenaban las lámparas. Una vez encendidas, no había un patio en toda Jerusalem que no brillara con la luz que emanaba desde el Templo. Se construían unos palcos especiales para permitir a las mujeres de Israel ver a los Sabios del Sanhedrín mientras bailaban. La gente cantaba, los hombres justos y piadosos bailaban delante de ellos, mientras hacían malabarismos con antorchas encendidas. Los Levitas permanecían de pie en los quince escalones que descendían desde la corte de Israel hasta la corte de las mujeres, tocando música con liras, arpas, trompetas y muchos otros instrumentos. Dos sacerdotes se paraban en la parte superior de las escaleras, a cada lado de la entrada de la gran puerta de la Corte y hacían sonar las trompetas de plata [estas eran trompetas reales, no shofarot Y.B.]. Todo esto se hacía para honrar el mandamiento de la libación del agua. Al amanecer, la gente procedía con melodías y cantos hacia la fuente del Shiloaj, al pie de las murallas de Jerusalem. Un Cohén llevaba consigo una jarra de oro especial y la llenaba con el agua de ese manantial. Entonces la congregación ascendía de nuevo al Templo, encabezada por el sacerdote que llevaba el agua. Al llegar al Templo, el Cohén traía la vasija hasta el altar y derramaba el agua en una vasija de plata, en una esquina del altar». (Tratado Sucá, Capítulo 5)

Esta ceremonia festiva, conocida en hebreo como Simjat Bet haShoebá, estaba conectada obviamente a las plegarias por la lluvia y era acompañada por Tefilot y oraciones de alabanza, confiando en que HaShem bendecirá con lluvia a la tierra y a sus productos durante el año entrante.

MITSVAT ‘ARABÁ

La otra Mitsvá especial que se celebraba en el Bet haMiqdash era mitsvat ‘araba, “El mandamiento de las ramas de sauce”. Esta Mitsvá era independiente de las dos ramitas de sauce en las cuatro especies de plantas, que están atadas junto al lulab y al hadás. ¿En qué consistía la Mitsvá de la ‘arabá en el Bet haMiqdash? Había un lugar en las afueras de Jerusalem llamado Motsa (que existe hasta nuestros días) a las orillas del río “Soreq”. Cada día de Sucot, la gente descendía a Motsa y cortaba grandes ramas de sauce, de aproximadamente 6 metros de altura. Estas ramas se colocaban a los pies del altar (mizbeaj), con la parte superior inclinada sobre el altar. El altar medía 5 metros de alto, de manera que las ramas sobresalían un metro sobre la parte superior del altar, en sus cuatro costados. Cada día de Sucot, los Cohanim (y según otras opiniones, también los ancianos de la ciudad) daban una vuelta al altar , marchando con sus lulabim en la mano y rezando al Todopoderoso “Ana haShem hoshi’a na; Ana haShem hatzlijá na (Dios, sálvanos; Dios, haznos prosperar)”. En el séptimo y último día de Sucot, Hosha’na Rabbá, daban siete vueltas alrededor del altar. En nuestros días tenemos la costumbre de dar la vuelta (haqafá) con nuestros lulabim y etroguim a la plataforma sobre la cual se coloca el Sefer Torá (bimá) todos los días de Sucot en recuerdo de la mitsvat ‘araba que se celebraba en el Bet haMiqdash. En Hosha’na Rabbá, es decir, mañana viernes 6 de octubre por la mañana, rodearemos la bimá siete veces.

JABATAT ARABA

Hay un ritual adicional que pertenece a la Mitsvá de ‘arabá. Una tradición establecida por los últimos profetas de Israel, Jagai, Malají y Zejariá, después de la destrucción de nuestro primer Templo. Al final de la Tefilá de Hoshaná Rabbá tomamos unas cuantas ramitas de ‘araba—la tradición es tomar cinco ramitas, que no pueden ser las que utilizamos con el Lulab—y, sin recitar ninguna bendición, golpeamos estas ramas contra la tierra. Esta antiquísima tradición se llama jabatat (o jibut) ‘arabá. ¿Por qué tanto énfasis en la ‘araba? Nuestros rabinos explican que hacia el final de Sucot, el Tribunal Celestial emite el veredicto sobre la lluvia que caerá durante el próximo año (bajag niddonim ‘al hamayim). Esta es la razón principal por la cual, siguiendo una costumbre cabalística, se acostumbra a permanecer despierto durante toda la noche de Hoshaná Rabá, este sábado por la noche, estudiando Torá. Aunque no siempre lo tengamos presente, la lluvia es el elemento más crítico para nuestra supervivencia. La ‘araba nos recuerda nuestra vulnerabilidad y nuestra dependencia de la lluvia que HaShem generosamente nos envía. Por otro lado, al golpear las ramas de ‘araba contra el suelo y ver cómo la ‘araba se va deshojando con cada golpe, también nos damos cuenta de nuestra fragilidad y nuestra total dependencia de HaShem, no solo para nuestra prosperidad sino también para nuestra supervivencia.




Agradecer a Dios por la lluvia

La Mishná explica que en Rosh haShaná el Creador examina nuestras acciones y determina, en base a nuestros méritos, si merecemos otro año de vida. Tenemos una ventana de oportunidad desde Rosh haShaná a Yom Kipur para admitir nuestros errores y apelar un eventual decreto negativo, confesar, pedir perdón, etc. En el momento del Neilá, el decreto queda sellado y nuestro destino en esa área específica, queda determinado.

En Sucot, dijeron nuestros rabinos, se determina nuestro sustento bajag nidonim al hamayim. En otras palabras, asumiendo que se nos haya otorgado buena salud para llegar al próximo año (obsérvese que cada año, en un gesto de humildad, solamente le pedimos a Dios que nos conceda «un año más de vida») el tema que queda es esperar que Dios nos otorgue los medios económicos necesarios para mantener una vida lo más digna posible.

El concepto clave que representa nuestra solicitud de un medio de vida digno, es la palabra «lluvia».

¿Por qué?

La lluvia es esencial para saciar nuestra sed y la de nuestros animales. Pero en los tiempos bíblicos y talmúdicos la lluvia era el elemento más importante para la supervivencia. El granjero judío araba la tierra, sembraba las semillas y cuidaba su campo protegiéndolo de plagas, animales dañinos y enfermedades. Pero el factor más determinante que finalmente determinaría el éxito de su cosecha es la «lluvia». La lluvia es necesaria para una cosecha exitosa y tener lo qué comer. La sequía mataba a humanos y animales y era considerada una de las peores y más dañinas tragedias naturales… La lluvia es el requisito más importante para el sustento (parnasá) del agricultor.

Al final de Sucot, a partir de la oración de Musaf de Shemini Atseret cambiamos las palabras «Morid haTal» (Tú Haces descender el rocío) por “Mashib haRuaj uMorid haGeshem” (Tú Haces que sople el viento y descienda la lluvia) para alabar a HaShem por la creación de la lluvia. Este texto se introduce en la segunda bendición de la Amida.

Es importante notar que en este punto específico no estamos realmente “pidiéndole” a Dios que traiga lluvia. Como sabemos, durante las tres primeras bendiciones de la Amidá no le pedimos a Dios por nuestras necesidades, sino que lo alabamos por su poder y bondad. Así al decir Mashib haRuaj estamos alabando (no pidiendo) a Dios, ya que por Su voluntad se activa el mecanismo de la lluvia, y estamos reconociendo implícitamente que nuestro sustento depende de Él.

מי ששכח להזכיר “משיב הרוח ומוריד הגשם”, ונזכר לאחר שסיים את ברכת מחיה המתים, אם אמר “מוריד הטל” במקום “משיב הרוח ומוריד הגשם”, כפי מנהג הספרדים בימות הקיץ, אינו חוזר לראש התפלה כיון שאמר מוריד הטל

El tercer día Dios creó los vegetales. Árboles frutales, verduras, legumbres, hierbas y pasto. Mucho pasto. Los vegetales tienen una función muy específica: servir de comida para los seres vivos: los animales y los hombres. Al principio, durante las primeras 10 generaciones, Dios indicó al hombre una dieta exclusivamente vegetariana (“vegan”). A partir de Noaj (Noé) al hombre le fue permitido, con ciertas restricciones, comer carne animal. Pero aun cuando la dieta del hombre pueda incluir el consumo de ciertos animales, las plantas siguen siendo la comida por excelencia. Y las plantas, la cosecha de trigo, frutas, y el mismo pasto para los animales, depende casi exclusivamente de la lluvia. Y la llegada de las nubes que cargan lluvia depende del viento. Y los vientos que traen la lluvia, como dijo el rey David, son “dirigidos” por el Creador. Y es por este motivo que una de las expresiones más importantes de alabanza al Creador es mashib haruaj morid hagueshem, Dios, es el que hace que soplen los vientos que traen las lluvias.

Salmo 104

3. Tus aposentos [Tus cielos] estan hechos de aguas [lluvia],
las nubes son como una carroza,
que Tu diriges con las riendas del viento, 
 




SHEMINI ATSERET: El milagro de la lluvia

En el mundo moderno, donde la mayoría de nosotros vivimos en zonas urbanas y no en granjas, es difícil apreciar la importancia de la lluvia. Para la mayoría de nosotros, la lluvia es más una molestia que una bendición …. Hoy, quiero compartir con los lectores algunos datos sobre el agua y la lluvia, que espero nos ayuden a entender por qué alabamos a nuestro Creador por el milagro de la lluvia cuando decimos la hermosa Tefilá mashib haruaj umorid hagueshem (= Tú eres Quien hace que el viento sople, y que la lluvia descienda sobre la tierra) comenzando mañana por la mañana, sheminí atseret.
¿Qué es lo que hace que nuestro planeta sea único en el universo? Uno podría decir «la vida». Y eso es cierto. Pero hay un elemento fundamental que permite que la vida exista, y que de acuerdo a nuestra Torá, fue creado por HaShem antes que Él creara la vida. Es algo que los científicos buscan cuando investigan otros lugares del universo, como el planeta marte, por ejemplo, para calcular las posibilidades de encontrar «vida». Usted probablemente dirá «agua», y estará parcialmente en lo cierto. Agua es vida y la vida, tal como la conocemos en nuestro planeta, no es posible sin agua. Pero para ser más precisos deberíamos decir que para que un planeta sea habitable debe poseer agua «líquida».
¿Por qué?
Porque en otros planetas se han encontrado indicios de presencia de agua (H2O) pero siempre en forma de hielo. Ya que las temperaturas en un planeta como Marte, por ejemplo, son bajísimas y el agua no se podría mantener allí en estado liquido. Nuestro planeta es privilegiado por ser el único pequeño lugar en todo el universo que posee «agua líquida», gracias al Diseño Inteligente y Divino de la masa de la Tierra, la masa del Sol, y en particular la perfectamente ajustada distancia entre nuestro planeta y el sol. Todo esto permite que la temperatura de nuestro planeta no sea ni demasiado calurosa, que evapore el agua como sucedería en Venus, ni demasiado fría, que congele el agua, como sucedería en Marte.
Pero éste no es el final de la historia del agua. El agua «normal», es decir, el agua de mar o el agua que algunos sugieren que existió alguna vez en Marte, es agua salada, la cual no es adecuada para la vida de los seres que viven en tierra firme. Todas las plantas y las criaturas que viven sobre la tierra, incluyendo a los humanos, necesitan agua-sin-sal para sobrevivir.
Ese precioso líquido se llama «agua dulce». El agua dulce o agua fresca es lo que permite que exista la vida en nuestro planeta. Y ¿cuál es el origen del agua dulce, ese elixir que posibilita la vida? La única fuente de agua dulce en nuestro planeta es la «lluvia» o «precipitación» que incluye: nieve, niebla y granizo. Según Maimónides (Moré Nebujim 2:30) el mecanismo del ciclo del agua, que permite la producción de lluvia, fue establecido por el Creador en el segundo día de la Creación, al dividir las aguas superiores (nubes) de las aguas inferiores (océanos).
John Lynch, el autor del libro de la BBC «El Clima» (p.84, 1996) describe con sus propias palabras a las nubes, de una manera muy similar: «Vivimos en un planeta de agua. Los mares dominan el mundo, pero también hay un océano alrededor de nosotros y un océano por encima de nosotros [las nubes]». El Segundo Día de la Creación se dedicó por entero al milagroso mecanismo de la conversión del agua del océano en el líquido más precioso en todo el universo: la lluvia. Así también lo explican, entre otros, rabbi Moshé Jefets en su libro Melejet Majashebet pgs. 10-11, edición Viena, y el rab Menashé Ben Israel en su libro «El Conciliador».
Ahora, vamos a ver algunos números que nos ayudarán a apreciar un poco más el milagro de la lluvia. El agua dulce es agua con bajas concentraciones de sal. De toda el agua que se encuentra en en el planeta Tierra, sólo el 2,75% es agua dulce. De ese total, el 2,05% es agua dulce, producida originalmente por la lluvia, que se encuentra congelada en los glaciares. El 0,69% es agua subterránea, también producida originalmente por lluvia. Y sólo el 0,0101% de toda el agua del planeta Tierra es agua dulce que se encuentra en la superficie del planeta, distribuida en todos los lagos y ríos. Este 0.0101% de toda el agua que existe en nuestro mundo es la que utilizamos todas las criaturas que vivimos en tierra firme, incluyendo los humanos, para nuestra supervivencia. Y su única fuente es la lluvia!
El segundo día de la Creación fue dedicado a establecer el proceso de la conversión del agua del océano en el líquido más escaso, exótico y precioso en todo el universo. Es por eso que nuestros Jajamim consideraron a la lluvia como una de las bendiciones más importantes de Dios a la humanidad. En la segunda berajá de la ‘amida (geburot), cuando decimos mashib haruaj umorid hagueshem, alabamos a HaShem por Su Poder, Su bondad y Su sabiduría para producir la lluvia que sostiene y mantiene la vida.
La única fuente de agua dulce en todo el universo es la lluvia que se produce en la atmósfera de nuestro planeta.
“Imagina un planeta donde se produce el liquido más exquisito del universo. Este liquido se produce, siendo evaporado de los océanos, a través de una brillante estrella amarilla, que destila el extravagante licor en los cielos y lo hace llover de nuevo sobre la tierra, formando lagos y ríos de esa bebida embriagante. El planeta, por supuesto, es la Tierra, y el licor, es el agua dulce “. (L. O’Hanlon, Discovery).