La granada de Rosh HaShana

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וּבַחֹדֶשׁ הַשְּׁבִיעִי בְּאֶחָד לַחֹדֶשׁ מִקְרָא קֹדֶשׁ יִהְיֶה לָכֶם כָּל
מְלֶאכֶת עֲבֹדָה לֹא תַעֲשׂוּ
יוֹם תְּרוּעָה יִהְיֶה לָכֶם
וּבַחֹדֶשׁ הַשְּׁבִיעִי בְּאֶחָד לַחֹדֶשׁ מִקְרָא קֹדֶשׁ יִהְיֶה לָכֶם כָּל מְלֶאכֶת עֲבֹדָה לֹא תַעֲשׂוּ יוֹם תְּרוּעָה יִהְיֶה לָכֶם
“En el séptimo mes, el primer día del mes, tendrán una convocación sagrada. No realizarán ningún trabajo. Será para ustedes Yom Teruá, un día del sonido de la Teruá.” (Bamidbar 29:1)
Escuchar el Shofar es la Mitsvá central y más característica de Rosh HaShaná. En la Biblia, shofar designa un cuerno utilizado como instrumento para producir un sonido. La Torá menciona también otro instrumento de viento, las jatsotserot, trompetas fabricadas de metal.
La pregunta que analizaremos hoy es la siguiente: siendo que hay muchos animales que tienen cuernos, y que muchos de esos cuernos pueden ser utilizados para emitir sonidos, ¿cuál debemos usar para cumplir la Mitsvá del Shofar en Rosh HaShaná? ¿Se puede utilizar cualquier cuerno animal que produzca el sonido adecuado, o tiene que ser el cuerno de un animal específico?
Durante siglos, el Shofar característico de Rosh HaShaná ha sido el cuerno de carnero, qeren hakebasim. El carnero es el macho de la oveja.
Nuestros Sabios discutieron este tema hace casi 2.000 años. La Mishná analiza qué cuernos pueden ser considerados aptos para esta Mitsvá y la halajá excluye, entre otros, el cuerno de la vaca o del toro (qeren shel pará). La Guemará (Rosh HaShaná 26a) presenta varias explicaciones para esta exclusión. Una de las más conocidas es el principio de אין קטיגור נעשה סניגור — en kategor naasé sanegor: “el acusador no puede transformarse en defensor”. El toro inevitablemente evoca el pecado del Becerro de Oro, y no queremos introducir ese recuerdo precisamente cuando buscamos el favor de HaShem.
Con el carnero ocurre exactamente lo contrario. Su cuerno despierta uno de los recuerdos más positivos que podemos invocar: la ‘Aquedat Itsjaq, el sacrificio de Itsjaq Abinu.
Después de que nuestro patriarca Abraham superó la prueba más difícil de su vida y demostró que estaba dispuesto a sacrificar lo que más amaba para cumplir la voluntad de HaShem, levantó sus ojos y vio un carnero cuyos cuernos habían quedado atrapados en un matorral. Abraham tomó ese carnero y lo ofreció como sacrificio en lugar de su hijo Itsjaq (Bereshit 22:13).
Nuestros Sabios relacionaron explícitamente este episodio con el Shofar. La Guemará dice (Rosh HaShaná 16a): ¿Por qué tocamos en Rosh HaShaná un Shofar de carnero? Para que HaShem recuerde para nosotros la ‘Aquedat Itsjaq ben Abraham y considere como si nosotros mismos estuviéramos dispuestos a hacer semejante sacrificio.
Después de la ‘Aquedá, Abraham recibió una bendición extraordinaria: “Te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar… y por cuanto has escuchado Mi voz, todas las naciones de la tierra serán bendecidas por medio de tu descendencia” (Bereshit 22:17-18).
El cuerno de carnero, por lo tanto, no solo produce el sonido del Shofar. También trae a nuestra memoria —y, por decirlo así, ante HaShem— el mérito de Abraham Abinu y la ‘Aquedat Itsjaq. Difícil imaginar un recuerdo más apropiado para Rosh HaShaná, el día en que nuestras acciones y nuestros méritos son evaluados.
En nuestros días se ha hecho muy popular otro tipo de Shofar: el del kudu, un gran antílope africano, conocido popularmente como “Shofar yemenita”. Es impresionante a simple vista: puede ser tres o cuatro veces más largo que un Shofar de carnero, tiene una forma retorcida muy particular y produce un sonido profundo y poderoso.

Ahora que entendemos la importancia especial del Shofar de carnero, surge entonces una pregunta práctica: ¿podemos utilizar en Rosh HaShaná un Shofar de kudu u otro animal, o estamos obligados a usar exclusivamente un Shofar de carnero?
Para Selijot y durante el mes de Elul, quienes acostumbran a tocar el Shofar pueden utilizar un Shofar de kudu sin que exista el mismo problema, ya que allí no estamos cumpliendo la Mitsvá bíblica de escuchar el Shofar de Rosh HaShaná.
En Rosh HaShaná, sin embargo, la cuestión depende de una importante diferencia entre las autoridades halájicas.
De acuerdo con Maimónides, la regla es muy estricta. Al comenzar las leyes del Shofar escribe:
שופר שתוקעין בו… הוא קרן הכבשים הכפוף, וכל השופרות פסולין חוץ מקרן הכבש
“El Shofar que se utiliza es el cuerno curvado del carnero, y todos los demás Shofarot son inválidos excepto el cuerno del carnero” (Mishné Torá, Hiljot Shofar 1:1).
Para Maimónides, por lo tanto, el cuerno de carnero no es simplemente la opción preferida. Es el Shofar requerido para cumplir la Mitsvá.
El Shulján Aruj (Oraj Jaim 586:1) sigue una posición menos restrictiva. Establece que en principio —lejatejilá— la Mitsvá debe cumplirse con un Shofar curvado de carnero. Pero bedi‘abad, si no se dispone de uno, pueden utilizarse otros Shofarot que reúnan las demás condiciones halájicas. El cuerno de vaca o toro permanece excluido, al igual que otros cuernos que por su estructura no pueden ser considerados un Shofar válido.
En otras palabras: según Maimónides, para Rosh HaShaná debemos usar específicamente un Shofar de carnero. Según el Shulján Aruj, el Shofar de carnero es la primera y mejor opción, pero si no está disponible, otro Shofar halájicamente apto puede servir para cumplir la Mitsvá.
Y ahora entendemos que la preferencia por el carnero no es una cuestión estética ni una simple costumbre. Cuando escuchamos ese cuerno en Rosh HaShaná no estamos escuchando solamente un sonido. Estamos evocando uno de los momentos más extraordinarios de nuestra historia: la ‘Aquedat Itsjaq, la entrega de Abraham Abinu y el mérito de nuestros patriarcas precisamente en el día en que más necesitamos que ese mérito sea recordado.

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| Según otras costumbres, para producir la teruá, en lugar de dar “golpecitos” con la lengua se roza la boquilla del shofar creando como “ondas”, que suenan un poco menos divididas. En este video se aprecia esta forma de hacer sonar la teruá, típica de los judíos de Yemen y de algunos judíos de Siria. |
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מִי אֵל כָּמוֹךָ נֹשֵׂא עָוֹן וְעֹבֵר עַל פֶּשַׁע לִשְׁאֵרִית נַחֲלָתוֹ לֹא הֶחֱזִיק לָעַד אַפּוֹ כִּי חָפֵץ חֶסֶד הוּא יָשׁוּב יְרַחֲמֵנוּ יִכְבֹּשׁ עֲוֹנֹתֵינוּ וְתַשְׁלִיךְ בִּמְצֻלוֹת יָם כָּל חַטֹּאתָם
¿Quién es como Tú, [HaShem], que perdona la iniquidad y pasa por alto la transgresión de Su pueblo? No retiene Su ira para siempre, porque Él desea la bondad [de perdonar]. Volverá a tener compasión de nosotros, ocultará nuestras transgresiones y arrojará al fondo del mar todos los pecados de Su pueblo. (Mijá 7:18–19)
El primer día de Rosh HaShaná por la tarde (o el segundo día, domingo, cuando el primer día cae en Shabbat, como este año) se acostumbra realizar una ceremonia llamada «Tashlij». Los fieles se acercan a una fuente de agua: el mar, un río o incluso una pileta con agua. Allí recitan una serie de oraciones, incluyendo la lectura del texto del profeta Mijá, capítulo 7:18-19: “¿Quién es como Tú, oh Dios, que perdona el pecado e ignora las transgresiones de Su pueblo [Israel]? [¿Quién es como Tú, oh HaShem,] cuya ira no permanece para siempre, porque deseas perdonarnos y [cada año] nuevamente tienes compasión de nosotros. Ignoras nuestros pecados [cuando nos arrepentimos] y arrojas todas nuestras transgresiones al fondo del mar”.
Tashlij es una tradición relativamente nueva. No se menciona ni en el Talmud, ni en el Mishné Torá de Maimónides, ni en el Shulján Aruj de Ribbí Yosef Caro. El primero en mencionarlo fue el Maharil (1365–1427), el rabino Ya’aqob ben Moshé Levi Moelin, famoso por sus obras que registran las costumbres de los judíos de Ashkenaz en la Edad Media. Según el Maharil, Tashlij consiste en visitar un río en Rosh HaShaná con el fin de recordar el sacrificio de Yitsjaq. El Midrash relata que cuando Abraham Abinu se dirigía al monte Moriá para cumplir con la orden Divina, encontró un río —que no debería haber estado allí— y al intentar cruzarlo, el agua le llegó hasta la nariz… A pesar de tener la mejor excusa para suspender el sacrificio de Yitsjaq —que finalmente fue cancelado por orden Divina—, Abraham cruzó las aguas y siguió adelante con el mandato de Dios. El Tashlij, de esta manera, nos recuerda el sacrificio de Yitsjaq, que tuvo lugar en Rosh HaShaná, y por eso lo mencionamos en las Tefilot de este día y le pedimos a HaShem que tome en cuenta el mérito de este acto de obediencia incondicional de nuestro patriarca y que así nos juzgue con benevolencia.
Con el tiempo, y después de que el Arí HaQadosh elogiara esta costumbre, la ceremonia del Tashlij fue adoptada por prácticamente todas las comunidades sefaradíes. Sin embargo, el significado de este ritual se fue modificando, enfocándose más en el arrepentimiento que en el recuerdo del sacrificio de Yitsjaq. Los Sabios de la Kabbalá asociaron el Tashlij con el pasuq del profeta Mijá que mencionamos arriba, donde dice que HaShem “arrojará todas nuestras transgresiones al fondo del mar”. ¿Qué significa esta idea? Que al hacer Teshubá, al arrepentirnos sinceramente de nuestros pecados y transgresiones, Dios borrará por completo nuestras transgresiones y “las tirará al fondo del mar”, una expresión metafórica y poética que representa lo que todo arrepentido sueña con obtener: la eliminación total del registro de nuestras transgresiones.
El profeta Mijá habla todo el tiempo en futuro: volverá a tener compasión de nosotros, someterá nuestras iniquidades, arrojará nuestros pecados al mar. Nada en el versículo dice que nuestros pecados ya desaparecieron. Y esto explica algo sobre el momento en que hacemos Tashlij. Lo hacemos en Rosh HaShaná, el primero de los diez días, cuando todavía no le pedimos perdón a nadie, no confesamos nada y no cambiamos nada. El Tashlij no es el final de la Teshubá. Es una oración de apertura: antes de empezar, le pedimos a HaShem que, una vez que nos hayamos arrepentido, Él tire lo que dejemos atrás.
Algunos rabinos famosos, como el Gaón de Vilna o el rabino Yejiel Epstein, autor del Aruj HaShulján, se opusieron al Tashlij. Y lo mismo ocurrió con muchos judíos yemenitas —que siguen estrictamente a Maimónides— y con los judíos sefaradíes de la comunidad hispano-portuguesa de Ámsterdam y Londres. ¿Por qué se opusieron al Tashlij? En algunos casos, como el de la comunidad hispano-portuguesa, dejaron fuera de la liturgia tradicional, es decir, de las oraciones y plegarias formales, muchas de las costumbres provenientes de la Kabbalá. ¿Por qué? Porque después de lo sucedido con Shabetay Tsebí —el falso Mesías que abusó de la Kabbalá y la presentó como superstición para dar credibilidad a sus falsas afirmaciones— decidieron no permitir las profundas ideas místicas, para que no fueran malinterpretadas por la gente menos informada.
Creo que en el caso del Tashlij, ¡esos temores no son infundados! ¿Por qué? Porque muchas personas creen inocentemente que al hacer el Tashlij “están arrojando sus pecados al mar”, y de esta manera quedan mágicamente absueltas de sus transgresiones. Como si el Tashlij fuese un reemplazo de la Teshubá. Esto es completamente falso. No es lo que dice el profeta Mijá, ni tampoco es lo que quisieron transmitir los Jajamim que formularon esta costumbre. El proceso de la Teshubá o arrepentimiento es muy serio, y esta visión equivocada —pero muy popular— del Tashlij lo trivializa.
La Teshubá es un proceso «transformador» a través del cual no solo cambiamos lo que hacemos sino también lo que somos. Dedicamos diez días a la Teshubá: desde el comienzo de Rosh HaShaná hasta el final de Yom Kipur. Voy a describir brevemente los pasos principales de la verdadera Teshubá:
La idea popular de que el Tashlij reemplaza a la Teshubá es escandalosa y contraproducente. ¿Cómo podemos concebir reemplazar todo el proceso de acercamiento a Dios, introspección, arrepentimiento y crecimiento con la idea de que uno puede simbólicamente “arrojar al mar todos sus pecados”?
El Tashlij es una costumbre muy arraigada, especialmente en las comunidades sefaradíes, y por eso es ESENCIAL que los maestros y los líderes rabínicos expliquen en sus comunidades que el Tashlij NO hace desaparecer mágicamente nuestras transgresiones. Recitamos el Tashlij para recordarnos a nosotros mismos que el proceso de Teshubá es muy serio: nuestras transgresiones quedan registradas en la memoria Divina. Sin embargo, si nos arrepentimos y cambiamos, entonces le pedimos a HaShem —no a nosotros— que “arroje nuestros pecados al mar” y que los registros desaparezcan “como si se los hubiera tragado el mar”.
Una comparación moderna puede ayudar. Cuando borramos un archivo de la computadora, no desaparece: va a la papelera, y desde ahí se puede recuperar. Solo cuando vaciamos la papelera —empty trash— el archivo queda definitivamente fuera del sistema.
La Teshubá funciona igual. Nosotros hacemos la primera parte: reconocer el error, arrepentirnos, confesarlo, decidir cambiar. Eso es mandar el pecado a la papelera. Pero mientras el archivo esté ahí, todavía existe. Vaciar la papelera de nuestras transgresiones no está en nuestras manos. Eso solo lo puede hacer HaShem.
Y eso es exactamente lo que le pedimos en el Tashlij, antes de empezar los diez días de Teshubá: que, cuando nosotros hayamos hecho nuestra parte, cuando hayamos mandado nuestros pecados a la papelera, HaShem la vacíe. Que desaparezcan del sistema para siempre.
Rab Yosef Bitton

Escuchar el Shofar es la Mitsvá central de Rosh Hashaná. El propósito del Shofar es claro: declarar que Dios es el Rey y Soberano del universo, y que nosotros, como Sus súbditos leales, lo reconocemos. En Rosh Hashaná celebramos la creación del primer ser humano, Adán, y por eso reconocemos a Dios como nuestro Creador y dueño (en hebreo, “Abinu”, padre). Dios nos regaló la vida. Pero, al mismo tiempo, el Shofar nos confronta con otra verdad inescapable: Dios, como Soberano (en hebreo “Malkenu”), es el “dueño” de nuestras vidas, tiene el derecho y el poder de tomar de regreso ese regalo en cualquier momento.
Cuando escuchamos el Shofar, experimentamos esta poderosa dualidad: por un lado, agradecemos a Dios por el regalo de nuestra existencia y, por el otro lado, reconocemos Su Soberanía, Su jurisdicción para decidir el destino de nuestras vidas. Este es el sofisticado punto de conciencia al que debemos llegar cuando escuchamos el Shofar. Pero, ¿cómo podemos alcanzar este nivel de agradecimiento, lealtad y entrega?
Los Sabios nos enseñan que el Shofar nos conecta con la Aquedá, el sacrificio de Isaac, una de las historias más conmovedoras de nuestra tradición. Abraham, nuestro patriarca, había anhelado un hijo durante toda su vida. Su esposa, Sara, era estéril y había pasado ampliamente la edad de concebir y dar a luz. Sin embargo, Dios hizo un milagro: Sara concibió y dio a luz a Isaac. Si lo pensamos con profundidad, el nacimiento de Isaac fue una repetición del evento que recordamos en Rosh HaShaná: un nuevo acto de creación de Adam. La alegría de Abraham era suprema, insuperable. Y su lealtad a Dios se multiplicó.
Pero un día, sin previo aviso, Dios le pide a Abraham algo inconcebible: que sacrifique a Isaac, que le devuelva el regalo que recibió de Él. Abraham está devastado, confundido y lleno de dolor. Está enfrentando una prueba que desafiaba toda lógica humana. ¿Por qué Dios le pedía que renunciara a lo que él más amaba? A pesar de su angustia, Abraham eligió obedecer a Dios, demostrando la máxima lealtad incondicional al Creador. Este acto de obediencia no solo mostró su lealtad, sino que estableció un ejemplo eterno para sus descendientes: aceptar la voluntad divina, incluso cuando exige el mayor de los sacrificios.
Sin embargo, y como bien lo sabemos, la Aquedá terminó siendo una prueba “teórica” de lealtad. Su disposición a sacrificar a Isaac demostró que Abraham no solo obedecía a Dios cuando era bendecido con riquezas o éxito. También era fiel al Soberano cuando se requería una entrega absoluta.
La historia de la Aquedá podría haber terminado con Isaac sacrificado y Abraham aceptando, como Job, la pérdida de lo que más quería y diciendo: “Dios me lo dio, y Dios lo tomó… bendito sea Su nombre para siempre”. Pero, en un giro inesperado, Dios interviene en el último momento y detiene el sacrificio de Isaac. Le dice a Abraham que no sacrifique a su hijo, que Isaac vivirá. En ese instante, cuando Abraham confirma a Dios como Rey, Dios le confirma a Abraham Su amor como Padre. Que lo ama, que valora su felicidad y que desea seguir bendiciéndolo con el regalo de la vida.
Cuando escuchamos el Shofar en Rosh Hashaná, nos transformamos en Abraham Abinu. Comprometidos a obedecerle y a cuidar el pacto que tenemos con Él, incluso cuando esto implica sacrificios. Pero también nos damos cuenta de que Dios quiere lo mejor para nosotros. Que este Rosh HaShaná, cuando escuchemos el Shofar, tengamos el mérito de declarar a HaShem como nuestro Rey, y que Él nos declare como sus hijos.
SHANA TOBA!!!
Rab Yosef Bittón

De acuerdo a la tradición de los judíos de Alepo, Siria.
Por Morris Arkin
Uno de los más notables costumbres de Rosh Hashaná son las frutas y verduras especiales que comemos en la primera noche y, en algunos hogares, en ambas noches de Rosh Hashaná. El Hakham Yisshaq Shehebar A”H fue citado en el libro “Derekh Eress” especificando que la costumbre en Halab era servir estas frutas y verduras solo en la primera noche de la festividad. Esta opinión también se encuentra en el Kaf HaHayyim (Sofer) 583:7. Además, era costumbre en la mayoría de los hogares comer estos alimentos después de HaMossi, pero algunos tenían la costumbre de servirlos justo después de Qiddush antes de realizar la Netilat Yadayim (Derekh Eress pgs. 114, 187).
El origen de esta costumbre se encuentra en la Gemara. Está registrado en Masekhet Horayot (12a) y en Masekhet K’retot (6a). Masekhet Horayot dice que uno debe ver estas verduras/frutas, pero en Masekhet K’retot dice que uno debe comerlas. En el Shuljan Aruj, Maran escribió que uno debe comerlas (OH 583:1). La Gemara solo enumera cinco alimentos: calabaza, frijoles negros, puerro, acelga suiza y dátiles. En el Shuljan Aruj, Maran añadió la cabeza de cordero basado en los escritos del Mordekhi en Masekhet Yoma, citando a los Geonim (ver el Bet Yosef OH 583 en el último párrafo que comienza con Katub). Sin embargo, Maran omitió la manzana dulce en miel que está registrada en el Tur (OH 583) y la granada que Maran mencionó en el Bet Yosef en nombre del Abudarham (siglo XIV en España). Aun así, muchos rabinos posteriores de Oriente Medio incluyeron tanto la manzana como la granada en su lista de frutas y verduras para la(s) noche(s) de Rosh Hashaná. Tanto la manzana como la granada se encuentran en las listas de H. Abraham Hamway en su Mahzor Bet Din (Halab del siglo XIX), el Ben Ish Hai (Nissabim 1:4), el Kaf HaHayyim (Sofer-OH 583:25), H. Yisshaq Shehebar (Halab/Argentina del siglo XX – ver Derekh Eress pg. 187) y H. Obadyah Yosef (Hazon ‘Obadyah-Yamim Noraim pg. 97 citando al Ben Ish Hai). Y esto es lo que se encuentra en nuestro Mahzor comunitario, Shelom Yerushalayim, que se basa en un Mahzor anterior conocido como Zekhor L’Abraham.
Al revisar todas estas fuentes, noté que cada una presenta la lista de frutas y verduras en un orden diferente. Uno de los problemas es si comenzar con los dátiles o las manzanas. Según la Halajá, deberíamos tener los dátiles antes que las otras frutas, ya que cuando uno tiene varias frutas frente a él, debe recitar la bendición “Bore’ P’ri Ha’Ess” sobre una fruta de las siete especies asociadas con la tierra de Israel. En nuestro caso, los dátiles tienen prioridad sobre las manzanas, e incluso sobre la granada debido a su posición en el versículo en la Torá que enumera las siete especies. Sin embargo, H. Abraham Hamway, el Keter Shem Tob, el Mahzor Zekhor L’Abraham y posteriormente el Mahzor Shelom Yerushalayim todos comienzan con la manzana. La costumbre de tener una manzana con estas frutas y verduras se originó con los ashkenazíes, como especifica el Tur (OH 583), y su costumbre era empezar con una manzana sumergida en miel para comenzar el año con algo dulce.
¿Cómo pudieron darle prioridad a la manzana sobre los dátiles? El Kaf HaHayyim (Sofer) aborda esta pregunta (OH 583:13) y escribe que sacaban la manzana primero antes que los dátiles. Dado que los dátiles no estaban en la mesa cuando comían la manzana, recitaban “Bore’ P’ri Ha’Ess” sobre la manzana. Otros comían la manzana con miel en un pedazo de pan para evitar recitar “Ha’Ess” sobre la manzana. Luego podían recitar “Ha’Ess” en los dátiles cuando los comían después. Esta costumbre ashkenazí fue adoptada por los judíos de Oriente Medio debido a su significado cabalístico. La manzana representa el “Haqal Tapuhin Qaddishin” (un Campo de Manzanas Sagradas), que es una expresión cabalística que se refiere a la Presencia Divina (Bet Din 29b:19, Keter Shem Tob 6 pg. 97). Dado que la manzana representa la Presencia Divina, es apropiado comenzar con la manzana. Algunas familias halabíes comienzan con los dátiles (como se registra en H. Yisshaq Shehebar – Derekh Eress pg. 187), pero otros comienzan con la manzana (registrado por H. Abraham Hamway – Bet Din pg. 29b). H. Abraham Hamway citó varias opiniones con respecto a la bendición sobre la manzana, incluyendo recitar “Ha’Ess” sobre la granada después de Qiddush (antes de Netilat Yadayim), cubrir la manzana y los dátiles que se servirían después de HaMossi. Aun así, los dátiles deberían preceder a la granada, por lo que tal vez recitar “Ha’Ess” sobre una aceituna antes de HaMossi sea una opción más preferible. Y luego no tendrías que recitar “Ha’Ess” nuevamente después de HaMossi.
Aunque la costumbre original ashkenazí era sumergir la manzana en miel, muchos judíos de Oriente Medio usan azúcar blanco en su lugar. Cabalísticamente, el azúcar representa Hesed (bondad) en contraposición a la miel que representa Geburah (valentía). Dado que Hesed es más apropiado para el día del juicio, se prefiere el azúcar (Kaf HaHayyim (Sofer) citando a Y’feh L’Leb 3:1). Además, también es costumbre mojar el pan en azúcar en lugar de sal en Rosh Hashaná (Bet Din 27b). Algunas personas tenían la costumbre de mojar el pan en sal antes de mojarlo en azúcar (o miel), sin embargo, la costumbre de la mayoría es mojar el pan solo en azúcar (Costumbres de Aram Soba-Halab-H. Yosef ‘Abadi Sha’yo pg. 74:4). H. Abraham Hamway respaldó esta costumbre cuando escribió que el azúcar es comparable a la sal, y algunos dicen que se puede usar en lugar de sal al ofrecer un sacrificio. Y así concluyó: “Y si es así, Yafeh Minhagam Shel Yisrael (la costumbre judía es apropiada) mojarlo en azúcar en Rosh Hashaná en lugar de sal” (Bet Din 27b).
También es costumbre recitar una breve oración (Yehi Rasson) al comer cada fruta/verdura. (Shuljan Aruj 583:1, basado en Rab Hai Gaon) Muchos tienen la costumbre de recitar el Yehi Rasson antes de comer cada elemento (y antes de Bore’ P’ri Ha’Ess al comer la primera fruta), como se encuentra en nuestro Mahzor Shelom Yerushalayim (pg. 107). Sin embargo, según H. Yisshaq Shehebar, en Halab era costumbre recitar el Yehi Rasson después de probar cada alimento (Derekh Eress pg. 187). ¡Que todos merezcamos un año de salud, felicidad y prosperidad, y la reconstrucción del Bet HaMiqdash con la venida del Mashíaj!



“ה‘ מֶלֶךְ יושֵׁב עַל כִּסֵּא דִין
¿QUÉ ES ROSH HASHANÁ?
Rosh haShaná marca el comienzo del nuevo año judío. En unos pocos días, el próximo viernes 11 de septiembre por la noche, comenzaremos el nuevo año judío: 5787. Comenzar un nuevo año es, por supuesto, motivo de celebración y alegría. Es por eso que durante la primera y la segunda noche de Rosh haShaná respectivamente, llevamos a cabo una ceremonia especial o “Seder” donde deseamos unos a otros tener un año de paz, prosperidad y alegría. Sin embargo, para el pueblo judío, un nuevo año también (o principalmente) representa un evento serio. Al punto de que los Sabios hablaron más, mucho más, sobre los aspectos “serios” de Rosh haShaná que sobre los aspectos festivos de Rosh haShaná. Los rabinos de la Mishná explicaron que Rosh haShaná es nada menos que el día del juicio (יום הדין). ¿A qué juicio se refieren los Sabios? Al más significativo: evaluar si estoy haciendo con mi vida lo que se supone que debo hacer.
¿Y adivinen quién me estará juzgando? ¡Dios! Y yo mismo. O dicho de otra manera: me juzgaré a mí mismo frente a Dios.
UBICANDO AL JUEZ
En Rosh haShaná, cuando ingresamos a la sinagoga, debemos imaginarnos que estamos entrando en la corte y que estamos a punto de ser juzgados. Nuestro primer desafío, probablemente el más difícil, es identificar al Juez. Él está allí, pero no puede ser visto de manera normal. Para “ver” al Juez, para sentir Su presencia, debemos usar la ayuda de nuestras Tefilot, plegarias y oraciones. Cuando rezamos en Rosh Hashaná, notamos una y otra vez la enfatización de una palabra clave: “MELEJ”, que en hebreo significa “Rey” (o MALKENU, nuestro Rey). “Rey” en el contexto de Rosh haShaná significa “Juez”. En Rosh HaShana pensamos en Dios como el Rey / Juez. Juzgar a sus súbditos era uno de los roles principales de los reyes de Israel (pensemos, por ejemplo, en el juicio del rey Salomón). El Rey era la figura judicial más elevada. Y la instancia final del juicio. Por lo tanto, desde Rosh haShana y hasta el final de Yom Kipur, cuando la sentencia definitiva será emitida, nos referiremos a Dios como “malkenu”, nuestro Juez.
SHOFAR
El evento más especial de Rosh haShaná también tiene como objetivo ayudarnos a identificar al Juez y hacernos sentir que estamos frente a Él. Me refiero a la voz del Shofar, el sonido del cuerno de carnero. En el antiguo Israel, el Shofar se hacía escuchar frente a todo el pueblo cuando un nuevo Rey era coronado. Al escuchar el Shofar, debemos sentir que estamos parados frente a Dios, y que Él ahora nos está juzgando. Esta es la manera en que individualmente “coronamos” a Dios y lo proclamamos nuestro Juez. Si NO nos tomamos esta idea a la ligera, al escuchar el Shofar podríamos sentirnos abrumados, paralizados y conmocionados. Porque nos damos cuenta de que no podemos fingir ni ocultarle nada a Dios. Porque Él nos conoce mejor que nosotros mismos. Si esto sucede, si lloramos, nos emocionamos y sentimos escalofríos al escuchar el Shofar, significa que el Shofar está funcionando y que estamos reaccionando correctamente a su penetrante sonido. Lo peor que podría pasar es escuchar el Shofar con indiferencia.
SENTIR SIN VISUALIZAR
Cuando se escucha el Shofar —aclaremos que este año solo escucharemos el Shofar el domingo 13 de septiembre por la mañana— no tenemos que pedir perdón, confesar o arrepentirnos (y ni hace falta mencionar que en ese momento ¡no debemos pedirle nada a Dios!). Maimónides explica claramente que la misión del Shofar es ”despertarnos”: su sonido nos tiene que ayudar a tomar conciencia de que estamos siendo juzgados, y especialmente de que Dios preside la corte. El Shofar declara que HaShem es nuestro Rey y Juez (‘להמליך את ה) y es nuestro deber hacer el mayor esfuerzo posible por visualizar (¡sin visualizar a Dios!) que estamos ante Él, ante Su Trono, y sentir que Él nos está llamando a comparecer en Su corte. Una vez que nos despertemos, eventualmente, reconoceremos nuestras faltas, las confesaremos, las repararemos y nos transformaremos en mejores personas.
Este es el objetivo a alcanzar en Rosh haShaná.
En las palabras de Maimónides (Teshubá 3:4), el Shofar nos dice lo siguiente:
“Despiértense, ustedes que están dormidos, despierten de su letargo y examinen sus acciones. Arrepiéntanse. Pidan perdón por lo que hicieron mal y recuerden a su Creador.”

En una semana más celebraremos Rosh HaShaná, el año nuevo 5784. Hace falta cierta sofisticación para comprender la naturaleza de Rosh HaShana: un día alegre y serio a la vez. Para capturar la compleja ambigüedad de este día, lo mejor que podemos hacer es analizar con detenimiento la Tefilá, el servicio de rezos de Rosh HaShaná. El contenido de las oraciones que recitamos fue diseñado cuidadosamente por nuestros Sabios que compartamentalizaron los dos aspectos de Rosh HaShaná: la oración de la noche y el Seder de Rosh haSana que hacemos en casa se dedica al aspecto de “Año Nuevo”. Y la Tefilá de la mañana, que incluye el Shofar, se relaciona más que nada con la idea del “Día del Juicio”.
LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ
Hay un “piyut” un poema litúrgico, que da inicio oficial a la oración de la noche de Rosh haShana: este poema, que no alude ni al día del Juicio ni al Shofar, se llama: Ajot Quetaná y se enfoca en nuestro deseo que tener un año mejor que el anterior. Al final de cada estrofa, hay un verso especial: “tijlé shaná veqileloteha” , “que termine el año y todas sus maldiciones”. Es en ese momento, los últimos minutos antes de terminar el año anterior y comenzar el rezo de Arbit, que rezamos para que el próximo año sea mucho mejor. Antes de comenzar con la explicación de Ajot Quetaná quiero dejar en claro que muy afortunadamente para nosotros, judíos privilegiados del siglo 21, nos va a resultar muy difícil relacionarnos con el contenido de este poema que describe los terribles conflictos —literalmente las “maldiciones”— que el pueblo judío experimentaba en esos tiempos.
El autor de Ajot Quetaná fue el Rabino Abraham Hazán de la ciudad de Gerona, España. No se sabe casi nada de él, excepto que fue contemporáneo de Najmánides (Ramban, 1194-1270) . Y como veremos a continuación, saber cuándo y dónde vivió este poeta es esencial para comprender su obra. La mayoría del texto se enfoca en la dolorosa historia de los judíos de Europa del siglo 13. En sus 9 estrofas este poema describe , en forma poética, y un poco elusiva, las persecuciones y los abusos que Israel sufre en las manos de las naciones en las que trató de hallar refugio y protección. La poesía narra la pesadilla que vivieron generaciones y generaciones de judíos, la mayor parte de nuestra historia, cuando nuestros antepasados eran refugiados indefensos, no-gratos, demonizados y abusados.
Veamos.
MAS REAL QUE UN CUENTO DE HADAS
אָחוֹת קְטַנָּה תְּפִלּוֹתֶיהָ
“La hermana más pequeña dirige hacia Ti sus súplicas y canta [hoy] Tus alabanzas Oh Dios, por favor, cúrala de todas sus dolencias, ¡Que concluya este año llevándose consigo todas sus maldiciones!”
“Ajot Quetana” significa literalmente “La hermanita menor” , “la más pequeña de la familia”. Las naciones del mundo están todas hermanadas por ser “hijas” del mismo Padre: el Creador del mundo. Y el pueblo de Israel, que siempre fue considerado como la nación más pequeña de la familia (Debarim 7:7), vive en el exilio, fuera de su tierra, y dependiendo de la merced de sus hermanas mayores. Pero lejos de defenderla y protegerla, las hermanas le tienen envidia —por ser la elegida y la más amada de su “Padre”— y se abusan de ella. Como las hermanastras en el cuento de “Cenicienta”, pero de una forma más real, sádica y sanguinaria.
SOBRE OVEJAS Y UVAS
רְעֵה אֶת צֹאנְךָ אֲרָיוֹת זָרוּ
[Por favor, Todopoderoso,] Vuelve a pastorear a tu rebaño, que ha sido dispersado por los leones salvajes, [y no dirijas Tu ira hacia nosotros], sino hacia los enemigos de Israel, los que gritan “¡Destruidla!”, los que han arrancado la delicada rama del viñedo que Tú plantaste, los que la han destruido y arrancado de raíz, y no han tenido compasión ni siquiera por sus pequeñas uvas.
Israel es el rebaño y Dios su protector. Pero el rebaño se ha desviado y se ha alejado del Pastor. Y ahora las ovejas dispersas, más vulnerables que nunca, tienen que escapar de las garras de los crueles leones que las quieren destruir, y terminan exiliadas en los confines de la tierra.
Israel también es comparada con una delicada viña, plantada por Dios. El enemigo ha llegado al viñedo, no solo con la intención de robar las uvas, sino de quitar la viña de raíz, para que nunca más pueda volver a crecer. Los enemigos han destrozado la tierna planta y no han dejado sobrevivir ni siquiera, a las olelot, esto es, a las pequeñas uvas que aún no han madurado, una alusión a los niños judíos, que eran arrancados de manos de sus padres para matarlos, esclavizarlos o convertirlos por la fuerza (en hebreo olelot / oleleim significa simultáneamente: uvas prematuras y pequeños niños) .
PEOR QUE LA PRISION….
חֵילָהּ קָבְעוּ הַגּוֹי כֻּלּוֹ
La despojan… la degradan…y desde el abismo del exilio su alma se consume…y se ha convertido en la más pobre entre los pobres… ¿Cuándo te apiadarás de ella y cuándo rescatarás a Tu pequeña hija de su calabozo?
En el exilio de Europa, donde la pequeña niña fue a buscar refugio, sufre el despojo y la expulsión. Europa se ha transformado en una prisión de la cual no puede salir… pero esa horrible prisión, ironicamente, la protege de los múltiples enemigos que quieren despojarla. ¿Qué puede ser peor que estar en esa prisión? Ser expulsado de la prisión quedar absolutamente expuesto a los crueles enemigos que solo buscan su destrucción. Los judíos no tienen su estado. No tienen donde escapar. No tiene policia ni ejército. Ni derechos humanos que los protejan. No tiene ni poder ni influencia política. Israel e constantemente demonizada. No hay quien la defienda de sus siniestras hermanas.
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NO OLVIDAR QUE ASI VIVIÓ EL JUDIO EN EUROPA POR SIGLOS

Veamos algunas de la tribulaciones que sufrimos en un lapso de 500 años
EDAD MEDIA: Los judíos son acusados de haber asesinado a Yeshú, por lo que tendrán que pagar con exilios interminables, algo que la propia Iglesia se encargará de ejecutar.
1288: Los judíos son expulsados de Nápoles, sur de Italia.
1290: El rey Eduardo I emite el Edicto de Expulsión para todos los judíos de Inglaterra.
1294: Los judíos son expulsados de Berna, Suiza
1306: El rey Felipe de Francia ordena a todos los judíos a abandonar su reino. No tienen donde ir…
1348: La peste negra azota Europa. Muere casi la mitad de de la población. Sin embargo, la proporción de judíos que muere es mucho más baja, debido a su elevado nivel de higiene. Los judos son entonces acusados de haber envenenado los pozos de agua y haber causado la peste. Cientos de miles de judíos son masacrados, quemados en vida y despojados.
1360: Los judíos son expulsados de Hungría por Luis I.
1400: Los judíos son absurdamente acusados de matar niños cristianos para hacer con su sangre la Matzá de Pésaj. Miles son asesinados y sus bienes confiscados.
1420: El duque Alberto V ordena el encarcelamiento y la conversión forzosa al cristianismo de todos los judíos de Austria. Algunos se convierten y otros abandonan el país.
1492: Fernando e Isabel emiten Edicto general sobre la expulsión de los judíos de España, que afecta a mas de 400.000 judíos (Rab Emanuel Abohab)
1493: Los judíos son expulsados de Sicilia
1496: Los judíos son expulsados de Portugal
