Resumen de Parashat Mishpatim

La semana pasada leímos los 10 mandamientos, que son el anticipo de los 613 mandamientos que constituyen la constitución nacional del pueblo judío. La sección de esta semana contiene 53 Mitzvot o preceptos que directa o indirectamente se relacionan con los 10 Mandamientos, los explican y profundizan sus detalles.

La Parashá comienza con las leyes relativas al esclavo israelita, su liberación obligatoria después de un máximo de seis años de servicio y el procedimiento que se sigue cuando un sirviente expresa su deseo de permanecer al servicio de su amo. La Torá continúa con las leyes de una mujer en una situación y sus inalienables derechos conyugales por parte de su amo cuando este se convierte en su marido. Luego la Torá habla del castigo por el asesinato, el homicidio, el secuestro y el tráfico de personas. A continuación menciona la prohibición del abuso fisco o verbal hacia los padres. Y las sanciones que se imponen a una persona que lesiona o daña a otra.

La Torá describe el castigo para quien golpea a una mujer embarazada y provoca su aborto. La Torá luego se enfoca en las responsabilidades de un individuo por los daños ocasionados a los bienes y posesiones de otra persona, cuando estos daños han sido realizadas por él mismo, o sus animales, o por un acto de negligencia, como por ejemplo, al dejar un pozo abierto. Cuando una persona roba está obligada a pagar a su víctima el capital más los daños punitivos.

Quien causa un incendio es responsable por los daños causados por el fuego que dejó sin apagar. La Torá detalla también las responsabilidades de un individuo que se compromete a cuidar las posesiones de otro, las alquila o las pide prestadas. La Torá menciona la prohibición y el castigo por seducir a una joven menor. La Torá prohibe la hechicería, la bestialidad y el ofrecimiento de un sacrificio idólatra. La Torá nos indica la prohibición de oprimir a un extranjero, a una viuda o un huérfano. Y nos estimula a prestar dinero a los pobres sin interés. También menciona la prohibición de maldecir a un juez o un líder político. También nos advierte de consumir carne que no fue sacrificada ritualmente, u ofrecer un sacrificio ritual antes de que el animal tenga ocho días. El perjurio y la corrupción judicial están estrictamente prohibidos. La Torá nos recuerda la obligación de separar los diezmos agrícolas y a santificar al primogénito. También menciona la obligación de restituir a su dueño un animal perdido y ayudarlo a descargar un animal sobrecargado.

No debemos mentir ni aceptar sobornos. Hacia el final de esta lista de preceptos la Torá menciona la Shemitá, el descanso de la tierra durante el año sabático, del mismo modo que trabajamos durante seis días y el séptimo día dejamos de trabajar. Está prohibido mencionar el nombre de dioses paganos. Debemos celebrar las tres fiestas de peregrinación al Bet haMiqdash: Pésaj, Shabuot y Sukkot. Finalmente la Torá nos indica la prohibición de mezclar carne con leche.

Dios le asegura al pueblo que si erradican la idolatría una vez que llegan a la Tierra Prometida, serán recompensados: los pueblos que la habitan caerán ante ellos, Dios bendecirá su comida y su bebida y eliminara las enfermedades de Su pueblo.

La Parashá concluye con un tema extremadamente importante: el establecimiento definitivo del pacto entre Dios y el pueblo judío. Luego de que Moshé le transmite al pueblo los Diez Mandamientos y estas leyes, el pueblo judío se compromete a entrar en el pacto con Dios. Moshé escribe durante la noche todo lo que Dios le transmitió y lo lee ante los oídos del pueblo. Luego, construye un altar que representa la presencia Divina y doce monumentos que representan a las tribus de Israel. Se ofrecen sacrificios. Moshé toma la sangre, vierte la mitad sobre el altar y la otra mitad la rocía sobre el pueblo. El Pacto Eterno entre Dios e Israel queda sellado cuando el pueblo pronuncia las palabras: na’asé venishmá “Todo lo que dijo Dios haremos y obedeceremos”. Aquí y así ¡nace el judaísmo!

Moshé asciende al Monte Sinai donde permanecerá durante cuarenta días y cuarenta noches, para luego bajar con las Tablas de la Ley.




RESUMEN DE PARASHA YITRO

EL CONSEJO DE YITRÓ

El suegro de Moshé, Yitró, escucha acerca de todos los milagros que Dios realizó por los judíos en Egipto y llega desde Midián al campamento israelita en el desierto, trayendo consigo a su hija Tsiporá, la esposa de Moshé y a sus dos hijos. Moshé lo recibe y le cuenta más detalles sobre todo lo que Dios hizo por ellos. Yitró alaba a Dios y ofrece sacrificios en agradecimiento.

Yitró observa que Moshé actúa solo como juez y mediador en todas las disputas que surgen entre los israelitas y le explica que esa carga tan pesada eventualmente lo desgastará. Yitró recomienda establecer un sistema de jueces, para lo cual es necesario seleccionar hombres sabios y justos. Moshé debe delegarles responsabilidades, mientras que él solo juzgará los casos más difíciles. Esto también le permitirá a Moshé dedicar más tiempo a enseñar Tora a su pueblo. Moshé acepta la sugerencia de su suegro y establece el sistema judicial. Luego, Yitró regresa a su tierra natal.

LA PROPUESTA

Seis semanas después de salir de Egipto, el primer día del mes de Sivá, los hebreos llegan al desierto y acampan al pie del monte Sinaí. Moshé sube a la montaña, donde Dios le propone el establecimiento de un pacto o alianza entre Él e Israel: Dios, por su parte, elegirá a los israelitas como su pueblo protegido, y los judíos, por su parte, tendrán que convertirse en un reino de sacerdotes y una nación consagrada a Dios. Moshé transmite la propuesta de Dios al pueblo, y los judíos aceptan celebrar este pacto eterno. Dios le dice a Moshé que los hebreos deben prepararse para el evento. Tienen que purificarse y santificarse durante tres días.

En la mañana del sexto día de Sivá, se escuchan truenos, relámpagos y el sonido penetrante de un Shofar proveniente de la cima de la montaña. El monte Sinaí está cubierto por una densa nube; hay humo y fuego, y el sonido del Shofar se hace cada vez más fuerte. Moshé guía al pueblo a la montaña y asciende. Dios le advierte a Moshé que nadie debe subir o acercarse durante este evento, excepto él y su hermano Aharon.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Dios revela los Diez Mandamientos a todo el pueblo de Israel:

  1. Aceptar a Dios como la autoridad suprema.
  2. No creer en dioses paganos ni adorar ídolos o imágenes.
  3. No usar el nombre de Dios en vano.
  4. Observar el Shabbat.
  5. Honrar a los padres.
  6. No matar.
  7. No cometer adulterio.
  8. No robar o secuestrar.
  9. No prestar falso testimonio.
  10. No codiciar la propiedad ajena.

EL PUEBLO SOLICITA LA INTERMEDIACIÓN DE MOSHÉ

Los israelitas están abrumados por el encuentro cercano con la «voz» de Dios. “Ven los sonidos” y se sienten a punto de colapsar o morir a causa de este evento sobrenatural que están experimentando. Le ruegan a Moshé que sirva de intermediario entre ellos y Dios. Moshé los calma y acepta ser el portavoz de Dios. (Los rabinos explican que esto ocurrió entre el segundo y el tercer mandamiento. Por eso, el primero y el segundo mandamiento se expresan en primera persona, mientras que el resto de los mandamientos están en tercera persona).

SIN IMÁGENES

La Parashá concluye con la advertencia de Dios al pueblo sobre la realización de imágenes o representaciones visuales de Él, recordándoles que cuando se reveló, escucharon su voz, pero no vieron ninguna imagen. Esta exhortación concluye con el mandato de erigir un altar de sacrificios hecho de piedras, especificando que no se deben usar instrumentos de metal en su construcción y que no se deben construir escalones en la rampa que lleva hacia el altar.




RESUMEN DE BESHALAJ

EL FARAON SE ARREPIENTE
Después de que el faraón expulsa, y así libera de la esclavitud, a los hebreos de su tierra, Dios no los guía por la ruta más directa hacia la Tierra Prometida, porque un enfrentamiento con el enemigo los impulsaría a regresar a Egipto. Dios los lleva por la ruta del desierto, guiándolos con una columna de nube durante el día y una columna de fuego por la noche. Dios luego ordena a los judíos que retrocedan y acampen a lo largo del Mar Rojo. Al faraón le parece que los judíos están perdidos en el desierto y los mueve a perseguirlos. El Faraón decide entonces partir tras los judíos y arrinconarlos. Cuando los Yehudim ven que llegan los egipcios con su ejército entran en pánico y le gritan a Moshé. “¿Acaso no hay tumbas en Egipto que nos has traído a morir en el desierto?”. “No tengas miedo”, aseguró Moshé. “Manténgase quietos y verán la salvación de Dios hoy … que Dios peleará la guerra por ustedes”.
EL MAR SE ABRE
Dios instruye a Moshé: “¡Habla con los hijos de Israel y diles que avancen…!” Dios ordena a Moshé que extienda su vara sobre el mar y lo divida para que los judíos avancen en medio del mar. “Y así los egipcios sabrán que yo soy Dios, cuando sea glorificado por el Faraón y sus ejércitos”. Mientras tanto, la columna de nube que guiaba a los judíos en el frente se posiciona atrás de ellos, separando a los hebreos de sus enemigos e impidiendo que los egipcios avancen. Moshé extiende su vara y el mar se parte en dos columnas. Los judíos atraviesan el lecho del mar, completamente seco, cruzando el límite del territorio egipcio hacia su libertad definitiva.
SALVACION Y AGRADECIMIENTO
Los egipcios deciden perseguirlos y avanzan hacia el mar dividido. Moshé extiende su mano sobre el mar, las aguas colapsan y se cierran sobre los egipcios ahogándolos en el mar. Al ver esto, y ya en la otra orilla del mar, Moshé y los hebreos comienzan a cantar, alabando a Dios por el maravilloso milagro que habían presenciado. Miriam, la hermana de Moshé, dirige a las mujeres a cantar y bailar, con instrumentos musicales.
AGUA y MANA
Los hebreos comienzan ahora su travesía por el desierto y pasan 3 días caminado sin encontrar agua. Cuando llegan a Marah encuentran agua salada. Por indicación divina Moshé endulza el agua y el pueblo bebe. Luego de un tiempo, las provisiones que los judíos habían traído desde Egipto comienzan a agotarse. Se quejan a Moshé, diciendo que extrañan los manjares de Egipto que dejaron atrás. Dios les responde asegurándoles que desde el cielo para descender un alimento especial y que les proporcionará carne por las noches. Un ejército de codornices aparece al anochecer y cae directamente sobre el campamento de los judíos que así tienen carne para consumir. Por la mañana, un alimento llamado “maná”, cae desde el cielo, escondido en el rocío matutino. Moshé les dice a los hebreos que recojan una porción limitada de maná diaria para cada miembro de la familia. Y les dice que no acumulen “maná” de un día para el otro, ya que el maná extra se va a pudrir. Los que ignoraron esta indicación encontraron que a la mañana siguiente el maná estaba infestado de gusanos. El viernes, por indicación Divina, todos recogen dos porciones de “maná”: la segunda porción debía separarse y ser reservada para Shabbat, ya que en Shabbat no descendería maná. Una vez más, algunos judíos ignoran la directiva de Moshé y salen a recoger maná en Shabbat. Dios le ordena a Moshé tomar un frasco de maná y en el futuro colocarlo en el Arca Sagrada como testimonio de este milagro para todas las generaciones futuras.
 Los israelitas siguen su travesía en el desierto y cuando llegan a Refidim otra vez se les acaba el agua. Se quejan a Moshé. Dios le ordenó al líder judío golpear una roca con su vara y el agua comienza a brotar de la roca y el pueblo puede beber.
ATAQUE SORPRESA
Sorpresivamente, los Amalequitas -nómadas del desierto- atacan a los judíos. Moshé le ordena a su discípulo Yehoshúa que reúna un ejército y luche contra Amaleq. Yehoshúa cumple la orden de Moshé y los judíos salen victoriosos de esta batalla con asistencia Divina. Dios instruye a Moshé para que registre por escrito que HaShem borrará la memoria de Amaleq sobre la tierra, y que los judíos no lo debemos olvidar.



RESUMEN DE PARASHAT BO

OCTAVA PLAGA
Moshé va al encuentro del Faraón y le advierte que si no permite salir a los esclavos hebreos, Egipto será devastado por una plaga de langostas. Luego que Moshé y Aharón abandonan el palacio los funcionarios del Faraón tratan de convencerlo de que deje libres a los israelitas antes de que Egipto sea totalmente destruido. El Faraón llama a Moshé y le hace una oferta: permitir que los judíos salgan, pero que dejen a sus hijos en Egipto. Moshé rechaza la oferta y el Faraón, entonces,  se niega a dejarlos libres. Moshé extiende su mano y una plaga de langostas cae sobre Egipto consumiendo toda la vegetación. El Faraón le pide a Moshé que ore a Dios para que elimine las langostas y le asegura que ahora sí dejará partir a los judíos. Moshé reza y un viento se lleva a las langostas fuera de Egipto, pero el Faraón al haberse liberado de las langostas,  no cumple con su palabra.

NOVENA PLAGA:
La oscuridad desciende sobre Egipto. Durante tres días los egipcios tienen que estar en un virtual aislamiento, ya que no podían verse la cara uno del otro. Pero la oscuridad no afectó el área donde vivían los judíos. El Faraón vuelve a llamar a Moshé y le ofrece una nueva concesión: liberar a los hebreos, hombres mujeres y niños,  pero que dejen su ganado en Egipto, para asegurarse de que volverán. Moshé rechaza la oferta y en este punto el Faraón expulsa a Moshé de su presencia y lo amenaza:  “porque el día que veas mi rostro nuevamente, morirás”. Moshé le dice al Faraón que una plaga más caerá sobre Egipto, después de lo cual el Faraón los liberará de la esclavitud  incondicionalmente.

REPARACIONES
Dios instruye a Moshé que los israelitas pidan objetos de oro y plata a sus vecinos egipcios, como un tipo de indemnización o reparación que en esos tiempos se le concedía a un esclavo al dejarlo salir en libertad.  Los egipcios rápidamente le dieron a los hebreos objetos de gran valor, con la intencion de que se fueran y asei las plagas llegaran a su fin. Moshé le advierte al Faraón que a la medianoche, Dios hará fallecer a todos los primogénitos egipcios, incluyendo al hijo del Faraón, el heredero del trono.

EL SACRIFICIO DE PESAJ
Dios dicta su primera Mitzvá a los hijos de Israel: consagrar y anunciar oficialmente el comienzo del mes lunar, Rosh Jódesh, estableciendo así el futuro calendario hebreo. Dios también le indica a Moshé que los judíos deben tomar un cordero para sacrificarlo, asarlo y consumirlo junto con matzá y hierbas amargas antes de partir de Egipto. Con la sangre del cordero se deberá pintar los dinteles y los postes de las puertas de las casas judías, y así cuando la última  plaga afecte a los primogénitos egipcios, los primogénitos judíos que estén dentro de estas residencias marcadas con sangre serán protegidos por Dios. Dios también le ordena a Moshé que las generaciones futuras deberán recordar para siempre este día, celebrando la festividad de Pésaj por siete días, durante los cuales no podrán comer ni poseer levadura (jamets).

DECIMA PLAGA:
A la medianoche del día 15 de Nisán una plaga mata a los primogénitos egipcios, pero Dios protege a los primogénitos judíos . Egipto es presa del terror porque piensan que el Dios de los judíos causará la muerte de todos los egipcios. El Faraón se despierta hace traer a Moshé y le suplica que se lleve a los esclavos judíos fuera de Egipto, otorgándoles de esta manera implícita su libertad. Los ciudadanos egipcios también presionan a los hebreos para que se vayan lo antes posible. Los judíos preparan sus provisiones: panes ázimos, hecho con masa no fermentada,  porque tenían que partir ya, y no tenian tiempo de dejar elevar la masa poara hacer pan común.    Los israelitas abandonan Egipto al mediodía del 15 de Nisán.

PRIMEROS MANDAMIENTOS
Dios instruye a los hebreos a celebrar en el futuro la festividad de Pésaj ofreciendo un sacrificio y consumiéndolo de una manera similar a la que hicieron en Egipto. Hay otros mandamientos que Dios imparte, todos relacionados con la milagrosa salvación de la plaga que causó la muerte de los primogénitos. 1. Los primogénitos judíos serán consagrados al servicio divino. 2. Se deberá consumir Matsá en la noche Pésaj 3. Cada año en la noche de Pésaj los padres relatarán la historia del Éxodo de Egipto a sus hijos. 4. Los primogénitos de los animales domésticos también serán consagrados,  o si se trata de animales no aptos para el consumo, redimidos . 5. Los hombres judíos deberán vestir en la cabeza y en el brazo los Tefilín, o filacterias, unas cajitas de cuero que contienen 4 textos que aluden al amor de Israel hacia Dios, expresado en la liberación de Egipto.




RESUMEN DE PARASHAT MIQUETZ

En la cárcel, donde está encerrado por un crimen que no cometió, Yosef interpreta correctamente los sueños de los oficiales del faraón que estaban encarcelados con él. Tiempo después, el faraón tiene un sueño. Se ve a sí mismo parado junto al Nilo cuando observa siete vacas gordas que salen del río, seguidas por siete vacas flacas que se comen a las gordas. Luego tiene un segundo sueño: siete espigas de trigo sanas brotan de un solo tallo, seguidas por siete espigas delgadas, y estas espigas delgadas se tragan a las sanas. El ánimo del faraón queda profundamente perturbado. Convoca a todos los sabios de Egipto, pero ninguno logra interpretar el significado de los sueños. Entonces, uno de los oficiales recuerda a Yosef y se lo menciona al faraón. Yosef es sacado inmediatamente de la cárcel y llevado ante él.

Yosef interpreta los sueños del faraón de manera clara y convincente. Explica que ambos sueños transmiten un solo mensaje: vendrán años de gran abundancia en Egipto, seguidos por años de severa hambruna. Yosef propone un plan detallado para almacenar grano durante los años de abundancia, de modo que sirva como reserva para los años de escasez. El faraón queda muy impresionado por la sabiduría de Yosef y lo nombra supervisor de la economía de Egipto, convirtiéndolo en el segundo hombre en autoridad del reino. Ordena que todos se inclinen ante él, le cambia el nombre por Tzafenat Pa’aneaj y le da por esposa a la hija de un sacerdote. Yosef tenía entonces treinta años.

Yosef comienza a almacenar grandes cantidades de grano en las ciudades. Durante este período le nacen dos hijos, Menashé y Efraim. Con el paso del tiempo, los años de abundancia llegan a su fin y la hambruna golpea a Egipto. Cuando la gente empieza a clamar al faraón por alimento, este les ordena que acudan a Yosef. Yosef abre los depósitos y comienza a vender grano. Personas de todo Egipto llegan a comprar comida, y pronto la hambruna se extiende a toda la región del Medio Oriente.

En Canaán, Jacob envía a sus hijos, excepto a Binyamín, a Egipto para comprar alimento. Cuando Yosef ve a sus hermanos, finge no reconocerlos, y ellos tampoco lo reconocen a él. Yosef los acusa deliberadamente de ser espías y los encarcela durante varios días.

Luego los libera a todos, excepto a Shimón, a quien retiene como rehén, y permite que los demás regresen a Canaán. Les advierte que solo podrán volver a Egipto si traen consigo a su hermano menor, Binyamín, como prueba de su inocencia. En una conversación entre ellos, los hermanos reconocen que lo que les está ocurriendo es un castigo por haber vendido a Yosef y expresan su arrepentimiento. Yosef ordena en secreto a sus sirvientes que devuelvan el dinero que los hermanos habían pagado por el grano y lo coloquen dentro de sus sacos.

Los hermanos regresan a Canaán y relatan todo lo sucedido a Jacob. Jacob queda profundamente perturbado y, al principio, se niega a enviar a Binyamín, ya que no está dispuesto a arriesgar la vida del único hijo que le queda de Rajel. Sin embargo, cuando las provisiones de alimento se agotan y Yehudá garantiza personalmente el regreso de Binyamín, Jacob accede finalmente. Además, envía a sus hijos a Egipto con generosos obsequios para el gobernante egipcio.

Al llegar a Egipto, Yosef ordena a su asistente que invite a los hermanos a su casa para compartir la comida. Allí se reencuentran con Shimón. Yosef recibe los regalos enviados por Jacob y, al ver a su hermano menor Binyamín, se emociona profundamente. Los hermanos se sientan a comer, disfrutan de una abundante comida, y Yosef les entrega regalos a todos.

A la mañana siguiente, los hermanos parten de regreso. Sin embargo, antes de que se vayan, Yosef hace colocar su copa real dentro del saco de alimento de Binyamín. Luego envía a un oficial para alcanzarlos y acusarlos de haber robado la copa de plata. Al descubrirla en el saco de Binyamín, todos los hermanos son llevados de regreso ante Yosef, quien exige que Binyamín, el supuesto ladrón, permanezca allí como esclavo.




RESUMEN DE PARASHAT VAYESHEB

Jacob (Ya’aqob) finalmente se establece en la tierra de Israel. Yosef es el hijo favorito de Jacob. El padre, incorrectamente, expresa su favoritismo regalándole a Yosef una túnica especial de colores. Sus hermanos lo envidian. Yosef, aparentemente sin saber de este sentimiento, le cuenta a sus hermanos acerca de sus sueños de grandeza, despertando así el odio de los hermanos hacia él.

Los hermanos de Yosef estaban cuidando el rebaño de su padre. Jacob envía a Yosef a visitarlos. Cuando los hermanos lo ven , planean matarlo. Reuben sugiere tirarlo a un pozo, pensando en que más tarde lo rescataría. Cuando Yosef llega, los hermanos le quitan la túnica, lo tiran al pozo y Yosef es vendido como esclavo a unos comerciantes que viajaban hacia Egipto. Los hermanos toman la túnica de Yosef, la manchan de sangre y se la muestran al padre desconsolado. Jacob asume que Yosef fue atacado por una bestia salvaje y comienza un luto de 22 años por la presunta muerte de su hijo querido.

Yehudá se casa con la hija de un individuo local y tiene tres hijos. Su primer hijo, Er, se casa con una mujer llamada Tamar, y muere sin tener hijos. Yehudá le da a su segundo hijo Onan a Tamar, pero también muere sin hijos. Yehudá no le da su tercer hijo a Tamar. Tamar lo engaña vestida de mujer indecente. Yehudá no la reconoce, yace con ella y queda embarazada. Tamar da a luz a gemelos, Zéraj y Perets.

Yosef trabaja como esclavo en la casa de Potifar, un importante funcionario de Faraón. Yosef tiene mucho éxito en todo lo que hace, porque Dios lo bendice. Yosef era un hombre atractivo. La esposa de Potifar provoca a Yosef, pero Yosef rechaza delicadamente sus avances. Al no lograr su objetivo, la mujer acusa falsamente a Yosef de abuso sexual. A pesar de insistir en su inocencia, Yosef es enviado a prisión.

En la cárcel, Yosef conoce a dos funcionarios del Faraón cuyas sentencias están pendientes. Una noche ambos tienen un sueño extraño. Yosef interpreta los sueños y anticipa que uno de ellos, el oficial encargado de la bebida del Faraón, será declarado inocente y regresará a su trabajo. Mientras que el otro oficial, el encargado de la comida de Faraón, será ejecutado. Yosef le solicita al primero que cuando esté libre y vea al Faraón, le cuente acerca de él y le pida que lo libere. Pero este funcionario, una vez que regresa a sus funciones, borra a Yosef de su mente.




RESUMEN DE PARASHAT VAYETSE

Jacob deja Beer-Sheba y se encamina a Harán, Siria. Está huyendo de su hermano Esav, que se propuso matarlo. También va a Harán con la intención de encontrar una esposa en la ciudad natal de su madre. Al poco tiempo de iniciar su largo viaje, cuando llega a Bet El, Jacob tiene un hermoso sueño: ángeles subiendo y bajando por una escalera. Dios le promete a Jacob Su bendición y protección y le garantiza que él y su descendencia heredarán la tierra de Israel.

Después de varios días, Jacob llega a Harán y se dirige hacia el pozo de agua. Allí conoce a una joven que resulta ser su prima hermana, Rajel, y se enamora de ella. Rajel lo lleva a su casa. Jacob es recibido por su tío Labán. Rápidamente llegan a un acuerdo: Jacob trabajará para Labán durante siete años y, a cambio, Labán le permitirá casarse con su hija. Pero cuando llega el momento de la boda, Labán le da a Jacob a su hija Leá en lugar de a Rajel, algo que Jacob solo descubre al día siguiente. ¿Cómo es posible que Jacob no reconociera a Leá? Hay varias explicaciones, pero la más simple es que 1. Rajel y Leá eran hermanas, y deben haber sido muy parecidas físicamente y en su voz. 2. Las mujeres en la antigüedad usaban un velo muy grueso, como el burka que usan las mujeres en Afganistán. 3. Todo sucedió a la sombra de la noche. 4. Jacob no lo esperaba. Muchos comentaristas explican que Jacob ahora fue víctima de un caso de “robo de identidad” similar al que él había causado cuando se disfrazó de su hermano Esav para recibir su bendición de su padre Isaac, que era ciego. Las similitudes entre estos dos episodios no puede ser una mera coincidencia.

Jacob tuvo que trabajar durante otro largo período de tiempo para casarse también con Rajel. Antes de que se diera la Torá, no había una  prohibición de casarse con dos hermanas. Leá, Bilha y Zilpa le dan varios hijos a Jacob. Rajel era estéril, pero al final dio a luz a un hijo llamado Yosef. Jacob ahora tiene once hijos , Rubén, Shimón, Levi, Yehudá, Yissajar, Zebulún, Dan, Naftalí, Gad, Asher, Yosef, y una hija: Diná. El nacimiento de su duodécimo hijo, Binyamín, se mencionará recién en la Parasha de la próxima semana. Cada uno de sus hijos establecerá una de las tribus de Israel. Hay una diferencia muy importante entre los hijos de Yishmael y los hijos de Jacob: leímos un poco antes que Yishmael también tuvo 12 hijos,  cada uno de esos hijos creó una nación aparte (shenem asar nesiim lumotam). Jacob sin embargo, logró que todos sus hijos formaran 12 tribus de un mismo pueblo.

Después de trabajar para Labán durante muchos años, Jacob expresa su deseo de regresar a la tierra de sus padres, Erets Israel. Pero Labán lo convence de quedarse más tiempo y le ofrece pagarle con parte del rebaño para que Jacob pudiera tener su patrimonio propio. Después de unos años, el rebaño de Jacob aumenta de manera milagrosa, y nuestro patriarca decide regresar a su tierra natal sin buscar el consentimiento de Labán: Reúne a su familia y les dice que Dios se le reveló en un sueño y le anunció que era hora de irse.

Jacob y su familia prácticamente huyen sin el conocimiento de Labán. Y cuando Labán se entera, va tras Jacob con las peores intenciones. Dios se revela a Labán y le advierte que no le haga daño a Jacob. Labán reprime a Jacob por haberle quitado a sus hijas y nietos. Jacob y Labán finalmente se reconcilian y hacen un tratado de paz en Gal’ed. Jacob continúa su camino, con destino a la tierra de Canaán, y llega a la ciudad de Majanayim. El próximo desafío de Jacob será enfrentar a su hermano Esav, que 20 años atrás había decidido matarlo.




RESUMEN DE PARASHAT TOLEDOT

TENER UN HIJO… O DOS…

La parashá Toledot nos cuenta que nuestro segundo patriarca, Isaac, rezó para que su esposa, Rivká, quien era estéril, pudiera concebir. Dios respondió a sus oraciones, y Rivká quedó embarazada. A través de una revelación profética, Rivká supo que esperaba mellizos, quienes se convertirían en fundadores de dos naciones: «uno se impondrá al otro, y el mayor servirá al menor». Cuando dio a luz, el primer bebé nació cubierto de cabello, y lo llamaron Esav. El segundo nació agarrado al talón de su hermano (‘eqeb), por lo que lo llamaron Ya’aqob.


¡VIVA LA DIFERENCIA!

Los niños crecieron y sus vidas tomaron caminos diferentes: Esav se convirtió en un cazador, mientras que Ya’aqob “habita en la tienda”, es decir, pasaba más tiempo en casa que en el campo. Las personalidades de estos mellizos eran muy distintas. Estas diferencias nos enseñan una lección importante sobre la crianza de los hijos: a pesar de tener los mismos padres, la misma carga genética y una educación similar, los niños pueden tener un carácter completamente diferente o incluso opuesto. La Torá también nos revela que Isaac prefería a Esav, mientras que Rivká amaba más a Ya’aqob.


¿PRESENTE O FUTURO?

Un día, Esav volvió agotado de cazar. Al ver que Ya’aqob estaba cocinando un guiso de lentejas, le pidió un plato. Ya’aqob accedió, pero a cambio pidió la primogenitura de Esav. Este aceptó. Antes de darle el guiso, Ya’aqob le ofreció pan, para que Esav, al estar satisfecho, pudiera reflexionar y reconsiderar su decisión. Sin embargo, a Esav no le importó el futuro y sacrificó su primogenitura por un placer inmediato. A diferencia de Esav, Ya’aqob representa la idea de hacer sacrificios en el presente –estudiar, ahorrar, esforzarse– para garantizar un mejor futuro.


ISAAC EN GUERAR

Una hambruna azotó la tierra de Canaán, e Isaac trasladó a su familia a Guerar, gobernada por el rey filisteo Abimelej. Dios le ordenó a Isaac que no fuera a Egipto, convirtiéndolo en el único de nuestros patriarcas que nunca abandonó la tierra de Israel. En Guerar, cuando los hombres del lugar preguntaron por su bella esposa, Rivká, Isaac dijo que era su hermana por miedo a ser asesinado. Sin embargo, Abimelej descubrió la verdad y lo reprendió por el engaño.

Superado este incidente, Isaac prosperó económicamente en Guerar, pero los filisteos, envidiosos de su éxito, lo obligaron a irse. Isaac cavó varios pozos en los alrededores y encontró agua, pero los pastores filisteos reclamaron esos pozos y los destruyeron. Finalmente, Isaac se estableció en Be’er Sheba, donde hizo un pacto de no agresión con Abimelej.


DIME CON QUIÉN TE CASAS Y TE DIRÉ QUIÉN SERÁS…

Volviendo a los hijos de Isaac y Rivká, Esav, desobedeciendo los valores familiares, se casó con dos mujeres hititas, algo equivalente a casarse con mujeres no judías en la actualidad. Esta decisión causó un profundo sufrimiento a sus padres.

Cuando Isaac envejeció y llegó el momento de bendecir a sus hijos, acto que incluía asignar el liderazgo espiritual para continuar el legado de Abraham, llamó a Esav y le pidió que fuera a cazar y preparara una comida. Así, Isaac le daría esta bendición antes de morir. Rivká, al escuchar esto, ideó un plan para que Ya’aqob recibiera la bendición: ella preparó la comida, y Ya’aqob, disfrazado con la ropa de Esav, se la llevó a su padre. Isaac, quien estaba ciego, no lo reconoció y bendijo a Ya’aqob.

Cuando Esav regresó y descubrió lo sucedido, juró matar a su hermano. Rivká, temiendo por la vida de Ya’aqob, le aconsejó que se refugiara en casa de su familia en Harán, Siria, hasta que el enojo de Esav se calmara.

Antes de partir, Isaac despidió a Ya’aqob y, esta vez, lo bendijo conscientemente con la bendición de la tierra de Israel y la continuidad del legado de Abraham.


 




RESUMEN DE JAYE SARA

Nuestra Parashá comienza relatando que Sará fallece a los 127 años. Abraham, decidido a honrar a su esposa con la máxima dignidad, identifica una parcela de tierra en la ciudad de Hebron para su entierro. El terreno contenía una cueva ubicada en el campo de Majpela, en lo que hoy es la ciudad de Kiryat Arba y Hebron. La tierra pertenecía a Efron, miembro de los hititas, un pueblo que formó una de las civilizaciones más influyentes del Medio Oriente y cuya presencia se extendía hasta Turquía.

Abraham solicita comprar la cueva y el campo adjunto. Efron le ofrece que entierre a Sará gratuitamente. Abraham insiste en adquirir la parcela formalmente y paga por el terreno unos 400 shekel de plata, una cifra elevada. Así, Abraham establece un vínculo jurídico con la Tierra Prometida por Dios, que constituye el primer título de propiedad judío documentado en la historia, localizado precisamente en Hebron.

Después de enterrar a Sará, Abraham encomienda a su hombre de confianza, Eliezer, que encuentre una esposa adecuada para su hijo Isaac en la región de Jaran, situada en el sureste de la actual Turquía, que era de donde Abraham era originario. Además, evitaría que Isaac se asimilara a la familia de una mujer local canaanita. La insistencia en preservar la identidad espiritual y evitar la asimilación se convierte desde ese mismo momento en el tema central del legado de Abraham y sus descendientes.

Eliezer llega a Jaran y reza a Dios por el éxito de su misión. Le pide a Dios una señal clara para reconocer a la mujer destinada a Isaac: que la joven a quien él pida agua no solo le ofrezca de beber a él, sino que, por iniciativa propia, también dé agua a sus camellos. Este gesto revelaría no solo la hospitalidad acostumbrada, sino también el jesed, la generosidad característica de Abraham y su familia.

En el pozo de agua aparece una joven que cumple exactamente con esa conducta. Su nombre es Ribká (Rebeca), hija de Betuel y nieta de Najor, hermano de Abraham.

Ribká corre a su casa para contar la noticia. Su hermano Labán sale a recibir al visitante y lo hospeda. Durante la cena, Eliezer relata detalladamente su misión, la plegaria que elevó, la señal que pidió y cómo Ribká cumple con todos los requisitos. La familia reconoce que este encuentro no es casual, sino parte de la providencia divina. Aceptan el compromiso matrimonial y autorizan que Ribká parta con Eliezer.

Tras una emotiva despedida, la delegación emprende el regreso. Cuando Isaac ve a Ribká, la toma como esposa.

Abraham vuelve a casarse con Keturá y tiene varios hijos más. Sin embargo, para evitar conflictos hereditarios, Abraham les entrega algunos bienes en vida y los envía hacia “la tierra del oriente”. A Isaac le deja todas sus posesiones, incluidos sus asentamientos en la tierra de Israel, consolidando la continuidad espiritual y territorial de la Promesa Divina.

Abraham muere a los 175 años. Isaac e Ishmael se reúnen para enterrarlo juntos en la cueva de Majpelá, junto a Sará.




RESUMEN DE LA PARASHA VAYERA

Dios se revela a Abraham en una visión, cuando él estaba sentado a la entrada de su tienda. Abraham nota que tres viajeros pasan cerca de él y como era su costumbre, corre a invitarlos a su casa. Los hombres aceptan la invitación y Abraham les prepara un banquete suntuoso. Estos hombres, enviados por Dios, le revelan a Abraham que  Sará dará a luz a un niño en el término de un año. Sara que ya tenía casi 90 años, escuchó esto y se puso a reír.  Dios se enoja con Sará y le hace saber a Abraham que para Él nada es imposible.
Los hombres / ángeles parten y se dirigen a Sodoma para destruir las cinco ciudades de esa región por su tremenda corrupción.  Dios le informa a Abraham de Su intención de destruir Sodoma y en otra muestra de su bondad sin límites, Abraham trata de disuadir a Dios y le pide que no destruya la ciudad si viven allí cincuenta personas justas. Dios acepta pero como parece que no habían muchos hombres justos, Abraham “negocia” con Dios y finalmente le pide que perdonase a Sodoma aunque hubiesen allí solo diez personas justas.
Los hombres llegaron a Sodom. Lot, siguiendo el ejemplo que aprendió de Abraham,  los invita a su casa para descansar y comer. Pero la noticia de que hay extranjeros en la casa de Lot se extiende por toda la ciudad, y la gente reacciona mal. Acostumbrados a abusar de los extranjeros, los indignados residentes de Sodoma rodearon la casa de Lot con la intención de asaltar a sus huéspedes. Lot trata de protegerlos pero los sodomitas intentan derribar la puerta. Los ángeles ciegan a todos los que rodeaban la casa y apresuran a Lot para huir de Sodoma con su esposa y sus hijas.
 
Dios hizo caer del cielo fuego y azufre sobre Sodoma, que destruyó toda la región . La mujer de Lot miró hacia atrás y se quedó petrificada, como una escultura de sal. Lot y sus hijas se refugian en una cueva y piensan que el mundo entero fue destruido y que ellos y son los últimos sobrevivientes. Las hijas embriagan a su padre con vino y lo seducen para repoblar el mundo. Las dos dieron a luz y cada una tuvo un niño que con el tiempo fueron los patriarcas de los amonitas y los moabitas.
Abraham se muda a la ciudad filistea de Gerar por la hambruna. Abimelej, el rey de los filisteos, captura a Sará, que fue presentada como hermana de Abraham. Pero Dios castigó a Abimelej y los miembros de su palacio. Dios se le aparece a Abimelej en un sueño advirtiéndole que Sara es la esposa de Abraham. Abimelej obedece a Dios, libera a Sará y colma de regalos a Abraham como indemnización por los daños causados.
Tal como lo habían anticipado los ángeles que visitaron a Abraham, Sara concibe y da a luz un hijo a la edad de noventa años. El niño se llama Isaac, “el que reirá” (o el que hará reír de felicidad a sus padres). Abraham circuncidó a Isaac a los ocho días.
Isaac crece y Sará se da cuenta que Ishmael, el medio hermano mayor de Isaac, ejerce una influencia negativa en su pequeño hijo y le exige a Abraham que expulse de su casa a Ismael, junto con su madre Hagar.  Dios le indica a Abraham que debe escuchar a Sará . Hagar e Ishmael se quedan sin agua en el desierto y estuvieron a punto de morir de sed. Pero un ángel “abre los ojos de Hagar” y le ayuda a ver un pozo de agua. Ishmael se cría en el desierto y se convirtió en un hábil cazador.
Abimelej viendo que Abraham es el elegido de Dios le pide hacer un pacto de no agresión con él: ninguno de los dos trataría de conquistar al otro por tres generaciones. Abraham estuvo de acuerdo, pero le indicó a Abimelej que sus hombre le habían robado a Abraham un pozo de agua que sus hombres habían cavado. Abraham tomó siete ovejas y se las dio a Abimelej que las tomara como testimonio de que él, Abraham, había cavado el pozo. Abraham se establece en la ciudad de Beer Sheba y proclama el nombre de Dios a todos los que encuentra
En la última Aliyá Dios le ordena a Abraham que tome a su hijo único Isaac y lo ofrezca como sacrificio en una montaña. Abraham parte hacia la montaña con Isaac y dos de sus sirvientes. Cuando llega a la montaña, Abraham sube con Isaac y construye allí un altar. Ata a Isaac de pies y manos y se dispone a cumplir la inexplicable orden Divina. En ese momento oye a un ángel de Dios que le ordena detenerse. Abraham ve un carnero atrapado en un matorral por sus cuernos. Lo toma y lo ofrece como sacrificio a Dios. Dios bendice a Abraham y a sus descendientes por su lealtad y obediencia. 
Abraham escucha que su cuñada Milka había dado a luz. Uno de sus hijos, Betuel, fue el padre de Rivká, la futura esposa de su hijo Isaac.



RESUMEN DE LA PARASHA EQEB

Esta Perashá continúa con el  discurso de Moshé Rabbenu antes de despedirse definitivamente del pueblo judío, ya que Dios no le permitirá ingresar a Israel con el resto del pueblo. Moshé habla de las bendiciones que Dios brindará a Israel por cumplir la Torá. Y estas bendiciones, a su vez, le van a permitir al pueblo cumplir con la Torá en paz y sin sufrir persecuciones o pobreza material. Moshé les recuerda que HaShem es quien los asistirá en la guerra contra los enemigos y los ayudará a conquistar la tierra desplazando a los habitantes de Canaán.

Moshé también les advierte del peligro de olvidarse de Dios cuando uno se cree fuerte y poderoso, o cuando tiene su estómago lleno y piensa que ya no necesita de la asistencia divina. Una de las formas de recordar a Dios es la recitación del Birkat Hamazon, la mitsvá de agradecer a Dios después de comer.

Moshé advierte al pueblo sobre el peligro de la prosperidad y cómo la riqueza puede llevarlos a olvidarse de Dios y practicar la idolatría. La idolatría siempre se asoció con la superstición. Cuando uno tiene riquezas y no se concentra en darle el crédito a Dios por lo que uno tiene y agradecerle por Su generosidad, tiende a buscar «métodos mágicos de protección», directa o indirectamente asociados a la idolatría, ya que invocan poderes ajenos a la Torá. Esta adicción a la superstición termina alejando al hombre de Dios. Los judíos debemos ser humildes en tiempos de prosperidad económica y éxitos militares y recordar que es Dios, y no nuestro propio poder, quien nos concede el triunfo y el bienestar.

El pueblo está por ingresar a la tierra de Israel, que tendrán que conquistar militarmente. De las palabras de Moshé se puede percibir que tenían miedo de no ser merecedores de la asistencia divina en la difícil batalla que les espera, por culpa de los pecados de sus padres. Moshé les explica que, luego del pecado del becerro de oro, el pueblo judío perdió parte de su mérito. Pero les asegura que esto no debe desmoralizarlos en sus próximas batallas, ya que HaShem les otorgará la victoria y con Su ayuda derrotarán a los habitantes de Canaán. Moshé les cuenta que los habitantes de esa tierra merecen ser expulsados de la tierra santa por sus propias malas acciones, como la idolatría, el asesinato y la promiscuidad.

Moshé les presenta otros factores que también contribuirán a la futura victoria de Israel, a pesar de no ser completamente merecedores de la misma: en primer lugar, que Dios le prometió a Abraham, Yitzjaq y Yaacob que sus descendientes heredarán su tierra. Y en segundo lugar, que si Dios no les concede la victoria, el nombre de Dios será profanado entre las naciones, ya que cuestionarían Su poder para proteger a Su nación y cumplir Su promesa con ellos.

Moshé plantea la famosa pregunta: «¿Qué quiere Dios de nosotros?» Y su respuesta es que Dios quiere que sigamos los caminos de rectitud, ayuda al prójimo y justicia, por nuestro propio bien.

Gran parte de esta Perashá está dedicada a describir las hermosas características de la tierra de Israel. Y también se explica, en lo que hoy conocemos como el segundo párrafo del Shemá Israel, que la tierra de Israel, supervisada directamente por Dios, “reaccionará” por instrucción divina a nuestro comportamiento: por un lado, recompensará con abundantes lluvias nuestra lealtad a Dios. Por el otro lado, los cielos se cerrarán, no habrá lluvias y nuestra permanencia en la tierra será imposible si traicionamos nuestro pacto con Él. Como consecuencia de la pobreza, tendremos que abandonar la tierra prometida y escapar como refugiados a un exilio hostil.

El pueblo de Israel obtendrá la victoria sobre sus enemigos, logrará conquistar la tierra prometida y podrá habitar en ella para siempre si escucha los mandamientos y sigue los caminos de HaShem.




RESUMEN DE LA PARASHA VAETJANAN

LA SÚPLICA DE MOSHÉ Y LA RESPUESTA DE DIOS
Moshe Rabbenu nos cuenta, en primera persona, que le suplicó a Dios que le permitiera entrar a la tierra de Israel. Pero Dios no aceptó su pedido y le indicó a Moshé que subiera a una montaña desde donde pudiera ver la Tierra Prometida antes de morir. Moshé instruye al pueblo judío a seguir las leyes de Dios, sin agregar ni quitar nada a los preceptos ordenados por Él. Moshé también menciona lo que  sucedió con Pinejás en Baal Pe’or para mostrarle a la gente que aquellos que son fieles a Dios fueron protegidos de la epidemia y sobrevivieron.

SER EL PUEBLO ELEGIDO
Moshé le pide al pueblo que observe cuidadosamente la Torá y aprecie la sabiduría de sus preceptos y mandamientos.  Moshé también exhorta al pueblo a no olvidar el día en que Dios hizo un pacto con nosotros en el Monte Sinaí. Les pide que los padres relaten este evento a sus hijos y a sus nietos: Dios no se apareció en una imagen o de forma visual: sólo percibimos Su voz. Hacer o adorar imágenes que representen a Dios es un pecado muy grave, que puede llevar al pueblo judío a perder su derecho a la tierra de Israel e ir al exilio. Pero Moshé prevé que incluso cuando el pueblo sea exiliado, Dios no lo abandonará. El pueblo finalmente se arrepentirá y volverá a Dios. La nación de Israel es la única que ha sido liberada de la esclavitud por Dios, y es el único pueblo que Dios ha escogido para revelarle Sus mandamientos. Moshé designa tres ciudades de refugio en el lado este del río Jordán. Estas ciudades proporcionaban refugio a un individuo que había matado a otra persona involuntariamente.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS
La Torá reitera los Diez Mandamientos, recordando que el pacto del Monte Sinaí no se limita a aquellos que estuvieron físicamente presentes en el desierto, sino también a sus descendientes. Moshé le recuerda al pueblo que cuando experimentaron la revelación de Dios, escuchando la voz de Dios durante los dos primeros mandamientos se paralizaron de miedo y le pidieron a Moshé que Dios no les hablara directamente, porque no podían tolerar física o mentalmente esa experiencia sobrenatural y sentían que iban a morir. Moshé actuó como intermediario y a partir del tercer Mandamiento él le transmite al pueblo las palabras de Dios.

EL SHEMA ISRAEL
También leemos en esta Parashá el Shemá Israel. El primer párrafo contiene los principios fundamentales de nuestra Torá: la existencia y unidad de Dios; el amor que debemos tener por Dios; la obligación de enseñar la Torá a nuestros hijos; y recordar nuestros deberes hacia Dios a través de Tefillin y Mezuza.

LOS PELIGROS DE LA RIQUEZA

Dios le promete al pueblo que heredaría una tierra de bendición y abundancia (Israel). Pero Moshé le advierte al pueblo que cuando hereden esa abundancia, no deben olvidar al Creador que les proporcionó esa riqueza. Los padres también deben enseñar a sus hijos a observar todos los mandamientos de la Torá. Los judíos éramos esclavos del Faraón hasta que Dios nos sacó de Egipto para servirlo a Él. La gran diferencia entre servir al Faraón y servir a Dios es que el Faraón quería que le sirviéramos para su propio beneficio. HaShem, sin embargo, es como un padre que ama a sus hijos y les pide que lo obedezcas y sigan sus instrucciones por su propio bien. Dios quiere de nosotros lo que un padre quiere de sus hijos: la felicidad que le otorga a un individuo una vida basada en principios, rectitud y generosidad.