El Rab Yosef de Terani (1569-1639) y los mecenas de Constantinopla



De FEZ a HEBRÓN
El Rab Abraham Azulai nació en la ciudad de Fez, Marruecos, en 1570. La ciudad de Fez fue un centro judío muy importante desde la época de los Gueonim. Tenemos referencias de Rab Sherira Gaón (906–1006), que escribió dictámenes rabínicos para la comunidad de Fez. La figura rabínica más ilustre de Fez fue Rabí Itzjak Alfasi (Rif, 1013–1103), uno de los rabinos más importantes de la Edad Media y uno de los pilares halájicos en los que se basan las decisiones del Shulján Aruj. La comunidad judía de Fez atravesó épocas de esplendor y decadencia. Cuando comenzó la Inquisición y las expulsiones en España, muchos refugiados judíos sefaradíes se refugiaron en Fez, especialmente tras la expulsión de 1492. La familia del Rab Azulai provenía de Castilla, España. Aunque por mucho tiempo Fez fue un centro vital de estudios de Torá, en los tiempos del Rab Azulai la ciudad estaba lejos de ser un paraíso. Aparte de las constantes persecuciones por parte de extremistas musulmanes, la región sufría de pobreza, sequías e incendios frecuentes. El Rab Shaul Serero cuenta que en la comunidad judía de Fez morían de hambre entre 10 y 20 personas por día. Tras una sequía que duró más de tres años, el Rab Azulai decidió abandonar Fez y dirigirse a la tierra de Israel. Esto ocurrió alrededor del año 1615. Los viajes en barco eran muy peligrosos. Cuando el barco en el que viajaba el Rab llegó cerca del puerto de Capotakia (Port Said), una gran tormenta destruyó su embarcación y todas sus pertenencias se hundieron. Milagrosamente, logró salvar su vida y llegar a la costa (se presume que nadando). Este milagro marcó profundamente al rabino, quien en señal de agradecimiento eterno a Dios por haberlo salvado, diseñó su firma con la forma de una embarcación.
De HEBRÓN a GAZA
Una vez que llegó a Israel, el Rab Abraham Azulai se estableció en la ciudad de Hebrón (Kiryat Arba), donde se relacionó con grandes rabinos de su generación, como el Rab Eliezer Arja. Sin embargo, en el año 1619, una epidemia devastadora lo obligó a abandonar Hebrón y trasladarse a Yerushalayim. Poco después, la plaga también alcanzó Jerusalén, por lo que el Rab Azulai decidió establecerse en la ciudad de Gaza, donde vivió durante varios años. En aquel tiempo, Gaza era una ciudad próspera y estratégicamente ubicada en el centro de la ruta comercial entre Siria y Egipto. Alrededor de 70 familias judías residían allí, dedicadas en su mayoría al comercio y a la agricultura. Durante el dominio otomano —Gaza formaba parte del distrito administrativo de Damasco desde 1517— la ciudad gozó de una relativa estabilidad. Esto permitió el florecimiento de una pequeña pero significativa comunidad judía, compuesta mayoritariamente por sefardíes descendientes de los expulsados de España y Portugal. La vida judía en Gaza se centraba en el estudio, la enseñanza y la práctica religiosa. El ambiente espiritual de la ciudad estaba fuertemente influenciado por la mística judía, y Gaza se convirtió en un centro de resonancia cabalística vinculado a la escuela del Arí z”l de Tsfat. La figura rabínica más destacada de ese período fue Ribbí Israel Najara —originario de la ciudad española de Nájera—, rabino principal de Gaza entre 1620 y 1625 y célebre poeta litúrgico. Su tumba fue venerada y cuidada durante generaciones. La importancia espiritual de Gaza también fue reconocida por viajeros judíos. Ribbí Moshe Basola, un visitante italiano que recorrió la región en 1522, dio testimonio de la vitalidad de su comunidad judía. Algunos describían a Gaza como un lugar dotado de ruaj kedoshá, un espíritu de santidad. No obstante, a partir del siglo XVIII, la presencia judía en la ciudad comenzó a declinar paulatinamente. Durante su estadía en Gaza, el Rab Azulai escribió dos de sus obras más significativas. La primera, un comentario al Zohar titulado Jesed LeAbraham (“La bondad que Dios hizo con Abraham”), fue concebida como una expresión de gratitud a HaShem por haberlo salvado de dos epidemias mortales. La segunda obra, Ba’ale Berit Abraham, es un comentario místico sobre la Torá, profundamente influenciado por la espiritualidad de su tiempo.
COMENTARIO SOBRE LA MISHNÁ
Uno de los libros menos conocidos del Rab Azulai es “Ahavá Bata’anuguim”, un hermoso y extenso comentario sobre la Mishná. Que lamentablemente no es tan conocido como sus libros de misticismo. En este libro el Rab Azulai explica el significado elemental de la Mishná, siguiendo los pasos de Maimónides, e incorporando los comentarios del Talmud, los midrashim y otros famosos libros, incluyendo el mismo Shulján Aruj. Este libro fue publicado en Israel recientemente (1985) en forma parcial (Seder Neziquín). Y la introducción de esta nueva edición fue escrita nada menos que por el Rab Obadiá Yosef (ver https://tablet.otzar.org/#/book/147034/p/15/t/1/fs/0/start/0/end/0/c). Cuando la plaga terminó, el Rab Azulai regresó a Hebrón, donde vivió hasta el final de sus días.
La obra de Ribbí Abraham Azulai sobre la Mishná representa una contribución excepcional dentro del estudio rabínico clásico, no solo por su profundidad sino por el espíritu con el que fue escrita. Su comentario se caracteriza por un enfoque claro, conciso y profundamente respetuoso hacia los sabios anteriores. A pesar de su vasto conocimiento, Ribbí Abraham rehusaba reinterpretar lo que ya había sido explicado por los grandes rishonim y ajaronim. Más bien, buscaba transmitir la Mishná con una mirada renovada, pero sin quebrar la cadena de la tradición. En sus propias palabras, declaró que no saldría de lo que fue recibido “si no es por completo”, y afirmó con humildad: “Nunca se me ocurrió algo que no estuviera ya insinuado por nuestros sabios anteriores”. Este equilibrio entre reverencia y renovación se expresa con fuerza en su descripción del estudio como “Ahavá Bata’anuguim” —un amor espiritual y placentero por la Torá—, concepto que impregna todo su comentario. Su intención no era únicamente aclarar la letra de la Mishná, sino despertar en el lector un deleite interior por las enseñanzas éticas, místicas y morales que encierra. El estilo de Ribbí Abraham es dulce y penetrante, cargado de sensibilidad espiritual, y su objetivo no era dictaminar halajá, sino guiar el alma del lector hacia un vínculo emocional con la Torá. Esta dimensión lo distingue radicalmente de muchos de sus contemporáneos y lo coloca en una categoría única: la de aquellos que enseñan no solo con sabiduría, sino con amor. Su influencia alcanzó a alumnos notables, como Ribbí Shlomó Solomon de Tzfat y Ribbí Nissim ben Malka, autor de Be’er Sheva, prolongando así su legado más allá del tiempo y del lugar en que vivió. Presentamos en este link (https://www.dropbox.com/scl/fi/7p5g30uhv3qwsl0i8xvdv/Hebrewbooks_org_5281.pdf?rlkey=snwfo2yq07ses2706nq7cscfb&e=1&dl=0 ) el comentario del Rab Azulai sobre la Mishná de Pirqué Abot
LA ESPADA EN LA CUEVA DE MAJPELA
Cuentan que cuando el Sultán del Imperio Otomano, Mohamed IV —el hombre más poderoso de la tierra en su tiempo— visitó la tierra de Israel en 1643, llegó hasta Hebrón. Un viernes, siguiendo la tradición musulmana, fue a rezar a Me’arat HaMajpelá, la cueva donde están enterrados Abraham, Itzjak y Ya’akob. En ese entonces, existía un pozo profundo en el recinto dedicado a Itzjak Abinu, por el cual se podía acceder al interior de la cueva. Nadie descendía allí, ya que se consideraba extremadamente peligroso (posiblemente por falta de oxígeno o la presencia de gases o elementos tóxicos). Cuando el Sultán se inclinó sobre el pozo para observar, su valiosa espada cayó dentro. Envió a varios soldados atados con sogas para recuperarla, pero todos murieron en el intento. Los líderes locales decidieron no arriesgar más vidas de musulmanes y exigieron que fueran los judíos quienes la rescataran, bajo amenaza de exterminio. Fue entonces que el Rab Azulai, ya anciano, se ofreció para la peligrosísima misión. Tras una experiencia extraordinaria, logró recuperar la espada del Sultán. (Puedes leer el relato completo en el sitio oficial de Hebrón: https://en.hebron.org.il/history/228).
SU MUERTE
El Rab Abraham Azulai falleció al día siguiente de haber salido de la cueva de Majpelá, un viernes, justo antes de la parashá Jayé Sará. Está enterrado en el antiguo cementerio de Hebrón. Como era costumbre en esa ciudad, su tumba no lleva inscripción alguna, ni siquiera su nombre —posiblemente como gesto de deferencia a los Patriarcas que descansan allí. Uno de sus bisnietos fue el célebre rabino Jayim Yosef David Azulai, conocido como el Jidá (1724–1806).

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Ver aquí uno de sus principales pero mas desconocidos libros. Este es un libro de Musar completamente accesible para quien lee hebreo básico. Este libro inspira al lector practicar el amor y la dedicación a Dios, estudiando Su Torá y profundizando en las plegarias que a Él le dedicamos.
https://beta.nli.org.il/he/books/NNL_ALEPH001896079/NLI

El Rabino Refael Aharón ben Shimón nació en Rabat, Marruecos, en 1847. Su padre y principal maestro fue el rabino David ben Shimón. En 1854, su familia decidió emigrar a Israel y establecerse en Yerushalayim. Allí, además de sus estudios rabínicos, especialmente en el campo de la ley judía, el rabino ben Shimón aprendió idiomas europeos. Además de hebreo y árabe, el Rab hablaba fluidamente italiano, francés y español. En 1890 fue invitado a servir como rabino principal de la importante comunidad judía de El Cairo, puesto que ocuparía hasta 1921.
Fue un pionero en la determinación de los nuevos desafíos halájicos del mundo moderno, tanto en el área de las innovaciones tecnológicas como en las nuevas tendencias sociales.
En su libro más famoso, Umitsur Debash, el Rab examinó la legalidad de temas muy delicados. Por ejemplo: el uso de la electricidad y el encendido de fósforos en Yom Tob; el uso de carruajes fúnebres conducidos por gentiles con el fin de enterrar a un muerto durante Yom Tob; y su veredicto más famoso (y controversial) la evaluación de la ingeniería del sistema de suministro de agua del río Nilo en El Cairo, para considerar si las aguas podían ser usadas en un Mikvé (מים שאובים), etc. Este monumental pesaq le llevó más de 20 páginas, que analiza cada artículo del Shulján Aruj a la luz de los mapas de los ingenieros locales, que describen todos los detalles técnicos del sistema de transporte de agua en El Cairo.
También se pronunció sobre temas sociales como la prevención del suicidio; el estatus de los hijos de matrimonios mixtos; y la legalidad o nulidad de casamientos realizados privadamente. En este último caso, el Rab denunciaba que estas ceremonias, generalmente entre jóvenes judíos que llegaban de Europa y mujeres jóvenes locales, terminaban siendo fraudulentas, ya que los maridos, sorpresivamente y sin aviso, desaparecían del país y regresaban a Europa, dejando a esas jóvenes mujeres abandonadas e imposibilitadas de volver a casarse (עגונות).
La forma en que el rabino Ben Shimón resolvió este caso es un gran ejemplo de su admirable actitud halájica y de su enorme humildad. El Rab decidió prohibir y anular la legalidad de estos casamientos (הפקעת קידושין). Sin embargo, a pesar de que en 1893 el Pashá (sultán turco) lo había designado como la exclusiva autoridad rabínica de Egipto, entendió que esta decisión halájica, de tremendas repercusiones sociales y como precedente jurídico radical, no podía ser tomada sin consenso. El Rab consultó entonces con el rabino Eliyahu Hazán de Alejandría y también con el rabino Mendel HaCohen, quien era el rabino de la comunidad Ashkenazí de El Cairo. Todos coincidieron en invalidar esas ceremonias privadas y liberar a estas mujeres de su estado de aguná.
Veamos ahora un poco más en detalle la comunidad Ashkenazí en El Cairo. Esta comunidad se creó a raíz de los pogroms que afectaban a Europa desde finales del siglo XIX. La comunidad ashkenazí tenía su propia sinagoga y cuidaba sus costumbres y tradiciones. El rabino Aharón Mendel HaCohen llegó a El Cairo desde Tiberia, Israel. Él y el Rab Ben Shimón fueron muy buenos amigos y trabajaron juntos para el beneficio de la comunidad judía. Antes de tomar cualquier decisión halájica importante, el Rab ben Shimón solía consultar con el rabino Mendel y buscar su aprobación, aunque no la necesitaba. La relación y la camaradería entre ambos rabinos se conocía en el mundo entero como un ejemplo del trabajo en equipo y del respeto mutuo entre un rabino sefaradí y un rabino ashkenazí, algo que no era muy común en aquellos tiempos.
En 1903, el rabino Mendel, junto con el rabino Zvi Makowsky (Vaashiba Shofetaij), quiso restablecer el Sanhedrín (Jiddush HaSemijá) en Israel. Es decir, un Tribunal Rabínico supremo y universal que, entre otras cosas, (i) resolvería todos los desacuerdos entre rabinos, sefaradim, ashkenazim, etc., y llegara a una decisión halájica única, uniforme, final y mandatoria para todos; y también (ii) asignaría oficialmente a los rabinos de las comunidades de la diáspora que actuarían en nombre de este Sanhedrín.
El Rabino Ben Shimón, si bien se entusiasmaba con la idea, era escéptico y, en una hermosa carta dirigida a su colega el rabino Mendel (que se puede encontrar en Nehar Mitsrayim, Bet, págs. 583–587), intentó disuadirlo. La oposición del Rab ben Shimón se basaba únicamente en consideraciones prácticas: “en los tiempos actuales”, dijo con resignación, “hay tantas divisiones entre los judíos, que será imposible convencer a los líderes rabínicos de que renuncien a su autoridad local y asignen a un tribunal por encima de ellos”. Desafortunadamente, el Rab Ben Shimón tuvo razón y el proyecto nunca llegó a buen término.
En 1921, el Rab emigró con su familia a Israel y se estableció en Tel Aviv. Su casa fue también su sinagoga, y los rabinos de Tel Aviv consultaban con él permanentemente sobre los más delicados temas de ley judía.
Falleció en 1928 y fue enterrado en el Monte de los Olivos, en Jerusalem.

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El Rab se destacó por ser un autor muy prolífico. Sus obras son principalmente de halajá (ley judía), derushim (discursos y sermones) y musar (ética judía). También compuso varios poemas y canciones de carácter religioso. Pero no menos que por sus obras, se destacó por su preocupación y dedicación por el bienestar de su comunidad que en esos años se encontraba en una situación muy difícil.
En 1824 un terremoto arrasó la ciudad de Alepo y fallecieron cerca de mil judíos (tengamos en cuenta que la comunidad no superaba las 10.000 personas) y los que se salvaron, entre ellos el propio Rab, tuvieron que acampar en carpas en las afueras de la ciudad durante 18 meses. En esa época el Rab Antebi escribió su primer libro, al cual llamó a causa de ese desarraigo Yosheb Ohalim, en español “Asentado en las Carpas”. Este libro contiene sermones sobre las secciones semanales de la Torá en los que combina, de una manera muy creativa, el análisis halájico, los relatos bíblicos y las narraciones hagádicas (historias y parábolas de los sabios). Cuentan que en esas improvisadas carpas, desprovisto de libros de Torá, el Rab escribió su obra citando todas las fuentes de memoria.
El principal problema que el Rab Antebi debía enfrentar como líder comunitario era el empobrecimiento general de la comunidad. Los ingresos bajaban, los precios subían y el imperio otomano exigía más impuestos. Hay muchas historias acerca de cómo el Rab se dedicaba a apoyar a los necesitados. En sus libros de musar Ohel Yesharim y Jojmá Umusar escribe extensamente sobre cómo cada judío es garante por su hermano Yehudí y no debe ignorarlo en sus momentos de aprieto. También escribió que uno de los motivos de la mala situación económica de los judíos alepinos se debía a que sólo se dedicaban al comercio y no poseían profesiones u oficios. El Rab exhortaba a los padres a proveer a sus hijos una profesión y no conformarse con adiestrarlos en el comercio.
Uno de los libros más importantes del Rab es Mor Vahalot, preguntas y respuestas sobre innumerables casos que se presentaron en la comunidad Alepina y requerían una opinión rabínica autorizada.
Veamos una de estas preguntas (J. M. 2).
La costumbre de los tribunales judíos de Alepo era que el Gran Rabino de la ciudad, en ese entonces el Rab Antebi, juzgaba individualmente los distintos conflictos monetarios, sin estar acompañado por otros dos jueces (dayanim), lo cual era la práctica común de los otros jueces rabínicos.
El Rab fue cuestionado por este proceder. No se trataba de un problema legal, ya que según la halajá los litigantes pueden aceptar ser juzgados por un solo dayán. El problema era una cuestión de ética. El famoso Rab Shaj [Rabbi Shabetai Hakohen, Polonia, siglo XVII] (J. M. 3, 10), basándose en el Shulján Aruj y el Talmud de Jerusalem, escribió que si bien técnicamente el juez rabínico puede juzgar por sí mismo, no está bien que un juez lo haga, a menos que se trate de un gran experto en jurisprudencia Rabínica. Pero no termina ahí. El Rab Shaj sigue diciendo, que hoy en día nadie puede considerarse como “gran experto” tal como sucedía en la época del Talmud. Ya que con el paso de las generaciones los conocimientos de Torá han disminuido. Por lo tanto hoy en día ningún rabino debería juzgar individualmente. Muchos prominentes rabinos adoptaron la opinión del Shaj.
En este punto es donde el Rab Abraham nos ilumina con su visión halájica. El Rab Antebi disentía con la visión del Shaj. Estas son algunas de sus palabras traducidas al español:
“contrariamente [a lo que dice el Rab Shaj], es más común encontrar un experto en nuestras generaciones que en las generaciones del Talmud, ya que todo el estudio [de los Sabios del Talmud] estaba basado en la memoria y la transmisión oral. En esas épocas el experto no era algo muy común. No ocurre lo mismo en nuestra generación, que ya está toda [le ley] está escrita en los libros y [los Sabios] no dejaron ni lo grande ni lo pequeño sin registrar. Por lo tanto, si un juez rabínico sabe analizar jurídicamente [el caso que enfrenta] y está familiarizado con el estudio de los posqim (legisladores halájicos), no hay duda que puede ser considerado un “gran experto” en la ley.”
Rabbi Abraham Antebi falleció en Alepo en 1858 a la edad de 93 años, y es recordado hasta el día de hoy como una de las luminarias más grandes de Alepo.
Escrito por Abraham Sacca, hijo del Rab Isaac Sacca de Buenos Aires, ARGENTINA

El Rab Jayim ben Attar, conocido también como el Or HaJayim HaQadosh, nació en la ciudad de Salé, en la costa occidental de Marruecos, en el año 1696. Su padre era Moshé ben Attar, un gran estudioso de la Tora. Desde los 9 años estudió con su abuelo, que se llamaba igual que él. Según cuenta el mismo Rab, por las noches estudiaban juntos Guemará y luego su abuelito rezaba, lloraba y recitaba Piyutim y Baqashot (poemas religiosos), implorando a HaShem para que termine nuestro exilio, regresemos todos a Israel y presenciemos la construcción del Bet HaMiqdash.
La familia Ben Attar gozaba de un muy buen pasar económico, lo que le permitió al Rab Jayim dedicarse de lleno al estudio. Con el tiempo, el Rab Ben Attar creció en su conocimiento de Tora y transformó su casa en un Bet Midrash, una academia de Tora donde todo el que quisiera podía venir a estudiar, durante cualquier hora del día o de la noche. El Rab también ayudaba a los necesitados, a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. Todos los jueves él hacía Shejita a una vaca y repartía la carne entre los alumnos de su Bet Midrash y los pobres, para que todos tuvieran suficiente carne para comer durante Shabbat.
Pero la vida en Marruecos comenzó a ser difícil. El rey de Marruecos se ensañó contra su familia y confiscó toda su fortuna. Esto hizo que el Rab Ben Attar tuviera que irse de Salé hacia la ciudad de Fes, donde vivió durante el año 1738. Ese año, una gran hambruna azotó la ciudad, lo que generó una epidemia, y el Rab tuvo que refugiarse en el norte de Marruecos, en la ciudad de Tetuán. Estando allí, tomó una decisión crítica para el resto de su vida: decidió irse a vivir a la tierra de Israel.
Su ambicioso plan era fundar una Yeshibá, una casa de estudios de Torá, en Yerushalayim, y ya contaba con más de 10 estudiantes que viajarían con él. En esos tiempos, la vida para los Yehudim en Yerushalayim era muy difícil. No había pan ni trabajo, y las epidemias azotaban la ciudad frecuentemente. Los Yehudim también sufrían de las perpetuas persecuciones y abusos de los gentiles que dominaban la ciudad. Yerushalayim no era “judía” como, B”H, es hoy. Cristianos y musulmanes se peleaban a muerte por reclamar Yerushalayim y los Yehudim eran menos que ciudadanos de segunda clase. El hecho de que hoy Yerushalayim sí sea judía es un enorme milagro, un evento mesiánico, que a veces dejamos de apreciar.
El Rab se dio cuenta de que la única posibilidad para fundar una Yeshiba sostenible en Yerushalayim era contar con la asistencia de los judíos que vivían en Europa. Decidió entonces viajar con sus alumnos a la ciudad de Livorno, Italia, donde había una comunidad judía próspera y generosa y muy dispuesta a ayudar a los Yehudim a emigrar y establecerse en Israel, y particularmente en Yerushalayim.
Estuvo casi 3 años en Italia. Dictaba clases de Torá y atraía multitudes con su conocimiento y carisma. La comunidad de Livorno, hipnotizada con el Rab Ben Attar, le imploró que se quedara allí y se estableciera como el Rabino de la comunidad de Livorno. Le ofrecieron que hiciera allí su Yeshiba, y le prometieron que no le faltaría nada. Pero el Rab renunció a esos privilegios y confirmó que su destino era Erets Israel.
Personalmente, pienso que lo que inspiró al Rab Ben Attar para querer vivir en Erets Israel y renunciar a todo el confort que le ofrecían en Livorno fueron las noches que pasó con su abuelito, viéndolo llorar y cantar las Baqashot por la reconstrucción de Yerushalayim, el Bet HaMiqdash y la Gueula, la redención. Que, dicho sea de paso, es el tema casi excluyente del 90% de los Piyutim, poemas religiosos, de los Jajamim Sefaradim. Las melodías y los llantos de su abuelo deben haber hecho florecer en el pequeño Rab Jayim un gran amor y añoranza por Erets Israel que nunca dejo de crecer.
Así, en el año 1741, el Rab Ben Attar partió de regreso a Israel contando ahora con 30 alumnos y sus familias que no podían dejar de estudiar con él y estaban dispuestos a sacrificar todo su bienestar material para hacerlo. La mayoría de ellos eran de Marruecos, había otros de Argelia y algunos de Italia. Entre estos últimos estaba el Rab Abraham Ishmael Jay Sanguinetti, que escribió el diario de la travesía desde Italia hacia Israel y todo lo que pasó hasta que llegaron a Yerushalayim.
El contingente llegó primero al puerto de Arco (Acre), cerca de Haifa. Yerushalayim estaba pasando por momentos muy malos en cuanto a las condiciones sanitarias de la ciudad, y muchos morían víctimas de plagas y epidemias.
En 1742, las condiciones en Yerushalayim mejoraron un poco, y en el mes de Tamuz el Rab y sus discípulos se establecieron en Yerushalayim. Allí el Rab Ben Attar concretó el sueño de su abuelito y fundó su Yeshiba, a la cual llamó “Keneset Israel”, el mismo nombre de la comunidad de Livorno que los ayudaba económicamente. El Rab se convirtió en el líder rabínico más importante de Yerushalayim y, aparte de enseñar Torá, también se dedicó a asistir a los necesitados. En muy poco tiempo y con la ayuda de sus seguidores de Italia, logró que la comunidad judía de Yerushalayim creciera en tamaño y prosperidad. Algunas fuentes indican que muchos Jasidim que llegaban de Europa a Yerushalayim, alumnos del Ba’al Shem Tob, fueron muy cercanos al Rab Ben Attar y fueron ellos los que lo llamaron “HaOr HaJayim HaQadosh” (el santo).
El Rab escribió 3 libros principales:
Tuvo alumnos brillantes. Entre ellos el famoso Rab Jayim Yosef David Azulay, החיד”א.
Lamentablemente, el Rab sólo llegó a vivir en Yerushalayim por un poco más de 11 meses. Falleció el 15 de Tamuz (6 de julio) de 1743, cuando tenía solo 47 años. Sus restos fueron enterrados en el Monte de los Olivos (Har HaZetim), Yerushalayim, y su alma seguramente se elevó hacia la Jerusalem celestial.
Su tumba, que está pintada de azul en su base (no sé por qué) permanece allí hasta el día de hoy.



El Rabino Moshe Alashqar (מהר”ם אלאשקר) nació en 1466 en la ciudad de Zamora, España. En 1492, cuando el rabino Moshe tenía 26 años, los judíos fueron expulsados de España. El rab Moshé y su familia sufrieron muchas tribulaciones. Su barco se hundió y él fue capturado por piratas. Al final logró escapar y se estableció en la ciudad de Túnez, junto con el célebre rabino Abraham Zacuto. Desde Túnez se fue a Salónica Grecia. Y luego en 1522 se estableció en Egipto, donde formó parte de la corte rabínica del rabino David Ibn Zimra (El Radbaz). Fue una de las más grandes autoridades rabínicas de su tiempo y, como tal, fue consultado desde todo el mundo.
Hablemos un poco de sus libros.
Su obra más famosa es Teshubot Maharam Alashqar, un libro de 120 preguntas y respuestas sobre muy diversos temas Halájicos .
Un ejemplo (Teshuba 96). La pregunta original trata de la determinación de la fecha de la circuncisión de un niño que nació entre el atardecer y el anochecer (ben hashemashot) de un viernes , al comienzo del Shabbat. La pregunta es si este segmento de tiempo se considera parte del día viernes o del Shabbat. De acuerdo a esta determinación se fijará la fecha de la circuncisión para el próximo viernes o sábado. El Rab Alashqar analiza las diferentes opiniones Halájicas que discuten cuándo comienza y cuándo termina un nuevo día desde el punto de vista legal. Para eso el rab Alashqar cita el Talmud en Pesajim p. 94. El Talmud registra un debate que tuvo lugar en el primer siglo de la era común entre los sabios judíos y los sabios griegos. Los sabios judíos pensaban que durante el anochecer, cuando el sol se oculta por el oeste, se traslada por encima de la “bóveda celestial”, y luego desciende y aparece por la mañana por el este. Mientras que los sabios griegos creían que por la noche el sol se trasladaba por debajo de la tierra, de oeste a este.
Al final, el Talmud concluye diciendo que los rabinos admitieron que los sabios griegos tenían razón. ¿Cómo llegaron a esa conclusión? Porque observaron que por la noche el agua de los océanos, ríos y lagos está más cálida que durante el día, y esto sólo tiene sentido si el sol se traslada por debajo de la tierra y no por arriba de la bóveda celestial.
En la edad de media, como 10 siglos luego que este debate tuvo lugar, los rabinos debatieron acerca de qué significa exactamente la “admisión” de los rabinos del talmud. Rabenu Tam y Najmánides opinaron que, siendo que los rabinos del Talmud no pueden estar equivocados, lo que el Talmud quiso decir es que los rabinos admitieron “el razonamiento” de los sabios griegos pero no los hechos (de aquí la famosa opinión de Rabenu Tam, para quien ben hashemashot –el crepúsculo o el período de tiempo entre el atardecer y el anochecer– dura 72 minutos, ya que “durante la noche el sol se desplaza por encima de la bóveda celestial”).
Por el otro lado Maimónides y otros rabinos afirmaron que debemos entender la admisión de los rabinos literalmente, como reconociendo un error en la apreciación de los hechos. De acuerdo a esta opinión los rabinos del Talmud revaluaron sus previos supuestos y cambiaron de opinión basados en los nuevos elementos que analizaron. Para Maimónides, esta admisión, lejos de socavar la autoridad de los rabinos, demustra la integridad intelectual de los sabios del Talmud y su pasión por la búsqueda de la verdad (de acuerdo a esta conclusión para Maimónides y otros rabinos el ben hashemashot dura alrededor de 14 minutos, no 72. Y esto, por suepusto afecta la determiancion de cuándo empieza un nuevo día…).
El Rab Alashqar se inclinó por la opinión de Maimónides, quien explicó que los rabinos son la autoridad suprema e indiscutible en la ley judía (son la corte Suprema de Justicia), pero en otras áreas (ciencias, por ejemplo) en las que no se recibió una tradición oral, las opiniones de los rabinos están abiertas al debate.
Otra de las respuestas más famosas del rab Alashqar, que es casi un libro independiente, es la responsa 117 de su libro conocida también como Hasagot (= refutaciones), donde el Rab Alashqar rechaza los argumentos de Rabí Shem Tob ben Shem Tob quien había escrito muy críticamente contra las ideas de Maimónides en su Moré Nebujim, la famosa “Guía de los perplejos”. El Rab Alashqar admiraba a Maimónides y en su libro Hasagot defendió apasionadamente sus ideas filosóficas. Muy interesantemente, cuando el Rab Alashqar defiende a Maimónides demuestra una y otra vez que la mayoría de sus críticos no entendieron cabalmente a Maimónides ya que no leyeron el Moré Nebujim en el idioma que éste fue escrito originalmente, árabe, lo que creó infinidad de confusiones.
En 1539 se estableció en Erets Israel. Falleció en 1542 y fue enterrado en Yerushalayim.
Para leer y estudiar el libro del Rab Alashqar haga click aquí.