El Rab Jayim haCohen (1585-1655) los piratas, y sus libros

El Rab Hayim haCohen nació en Egipto en el año 1585. Su padre, el rabino  Abraham haCohen, pertenecía a una distinguida familia de Cohanim, descendientes de Don Yosef haCohen de España.

Desde muy temprana edad,  el joven Rab Hayim demostró cualidades excepcionales. Junto a un profundo amor por el estudio de la Torá, poseía un carácter moral refinado y una sensibilidad espiritual elevada. Mientras otros niños dedicaban su tiempo libre al juego, Hayim solía acudir a la sinagoga, entregándose al estudio de la Torá y al aprendizaje del servicio a Dios. Ya en su juventud era reconocido por su seriedad y devoción.

Durante su adolescencia, cuando la comunidad se reunía en la sinagoga en Shabbat, el joven Rab Hayim subía al púlpito y pronunciaba derashot sobre la parashá semanal, las leyes relacionadas con las festividades próximas y enseñanzas de musar (ética judía). Sus palabras conmovían profundamente a sus oyentes y le dieron tempranamente fama como maestro y predicador destacado.

En busca de estudios avanzados,  se trasladó más tarde a la ciudad de Safed (Tsefat), en la Tierra de Israel, donde estudió durante aproximadamente tres años con el Rab Hayim Vital, alumno del Rab Yosef Caro. Allí absorbió tanto las dimensiones reveladas como las internas de la Torá, características del singular ambiente espiritual de Safed. Este período lo preparó para las responsabilidades mayores que le aguardaban.

Desde Safed,   se trasladó hacia Aram Tsoba (Alepo), donde se estableció de forma permanente. Tras el fallecimiento del Rab Mordejai haCohen —yerno del célebre Rab Shemuel Laniado— el Rab Hayim fue nombrado rabino y presidente del tribunal rabínico de la comunidad de Alepo.

Bajo su liderazgo, la vida de Torá en Alepo floreció notablemente. Se fundaron nuevas escuelas elementales (ketab) y academias rabínicas (bate midrash), se añadieron nuevos bancos en la sinagoga y la vida comunitaria se centró cada vez más en el estudio y la erudición. El Rab Hayim sirvió a la comunidad durante décadas, período en el cual su autoridad halájica fue ampliamente reconocida. Consultas rabínicas sobre asuntos legales complejos le llegaban desde comunidades judías lejanas.

A lo largo de los años,  compuso una vasta obra escrita. Entre sus trabajos más importantes se encuentra su comentario al Shulján Aruj, el gran código de la ley judía redactado por el Rab Yosef Caro, maestro del maestro de Rabí Hayim. También escribió comentarios sobre Shir haShirim, Ejá (Lamentaciones), Meguilat Rut, el libro de Daniel y otras obras, todas en forma de manuscrito.

Aunque la imprenta ya se había difundido en Europa, todavía no había llegado a Alepo ni al Medio Oriente . La única opción real para publicar libros hebreos era Italia, en particular Venecia, que se había convertido en el principal centro de impresión hebrea. El Rab Hayim envió allí uno de sus manuscritos —un comentario al libro de Ester— pero al pasar los años sin que fuera publicado, decidió viajar personalmente para supervisar el proceso.

El Rab Hayim zarpó hacia Venecia junto a su hijo, llevando consigo todos sus manuscritos,  probablemente superaban la veintena. Pero antes de arribar a Italia,   el barco fue atacado por piratas que operaban desde la isla de Malta, un conocido centro de corsarios mediterráneos en el siglo XVII. Los piratas saqueaban cargamentos y capturaban personas y las vendían.  En medio del ataque,  el Rab Hayim y su hijo se tiraron al mar y milagrosamente salvaron sus vidas. Los manuscritos, sin embargo, quedaron a bordo del barco capturado. Los manuscritos hebreos eran considerados objetos de valor para los piratas, porque sabían qeu tarde o temprano encontrarían comunidades judías dispuestas a rescatarlos.

Pero para el Rabinio la pérdida fue devastadora. Décadas de estudio, enseñanza y escritura —la obra de toda una vida— se habían desvanecido en un instante. En su dolor,  elevó una plegaria a HaShem, pidiendo que sus libros le fueran devueltos o que se le concediera la fuerza y la claridad necesarias para reescribirlos. El rab Hayim nunca mas vió sus manuscritos , pero El Cielo le concedió la segunda petición.

Reescribir sus obras desde la memoria fue un desafío intelectual y emocional inmenso. No se trataba de apuntes sino de comentarios cuidadosamente estructurados, llenos de análisis halájico, precisión textual y profundidad conceptual. Durante varios años en Italia, el Rab se dedicó a la ardua tarea de reconstruir sus escritos perdidos, apoyándose únicamente en su memoria, disciplina y firme devoción a la Torá.

El primer libro que logró publicar fue Torat Jajam, una recopilación de sermones sobre las parashiot semanales, editada por Rabí Moshe Zacuto y publicada en Venecia en 1654. Ese mismo año, con la ayuda del Rab Shemuel Abohab, publicó el primer volumen de Meqor Hayim, su comentario al Shulján Aruj, desde el principio de Oraj Jayim hasta Hiljot Shabbat .

Para publicar el segundo volumen, titulado Tur Pitda, que inbluye las Halajot de Shabbat y Erubín, el Rab Hayim viajó a Livorno, Italia.   Pero allí falleció en el año 1655, durante la semana de la parashá Qedoshim.

Tras su muerte, algunos de los manuscritos que habían sido capturados por los piratas fueron finalmente recuperados. El Rab Yosef Hayim David Azulai (el Jid”a), en su obra bibliográfica Shem haGedolim, testimonia que tuvo en sus propias manos el manuscrito de Ateret Zahav, el comentario al libro de Ester escrito de puño y letra por el Rab Hayim haCohen.

Otra de sus obras , Migdal David, un comentario sobre Meguilat Rut, también fue recuperada, aunque posteriormente fue impresa en Ámsterdam en 1680 por un impostor que se atribuyó falsamente su autoría.

En tiempos más recientes, han salido a la luz otros escritos de Rabí Hayim.

Sus comentarios agadáicos al tratado Berajot fueron publicados en 1983 por la editorial israelí Qovets Bet Aharon veYisrael.

Varias de las obras de Rabí Hayim haCohen aún permanecen  en forma de manuscrito, a la espera de su publicación.

Hacer click AQUI para bajar el libro Torat Jajam.  




VIDEO Presentación del libro: “Gigantes Olvidados”, segundo tomo.




Biblioteca Española-Portugueza- Judaica de Meyer Kayserling 1890

https://archive.org/details/biblioteca-espanola-portugueza-judaica/page/26/mode/2up




El Rab Moshé Hefets y el Segundo Día de la Creación

El Rab Moshé Hefets (1663-1711) fue una de las figuras más notables del judaísmo italiano. Nacido en Trieste y educado en Venecia, desde muy joven fue reconocido como un niño prodigio. Se formó con el gran rabino italiano Shelomó Nitzza y se mantuvo como tutor y maestro privado, enseñando Talmud y Midrash, mientras cultivaba la poesía, la filosofía, las matemáticas y las ciencias naturales. Su formación, amplia y sólida, combinaba la tradición rabínica con una genuina fascinación por las ciencias de su tiempo, algo muy característico de los sabios sefaradíes de la diáspora italiana.

Entre sus obras destacan dos libros fundamentales. El primero, Janukkat HaBayit, publicado en Venecia en 1696, describe con minuciosidad la estructura del Segundo Bet HaMiqdash, sus utensilios y sus medidas. El libro incluye tablas y dibujos realizados por el propio autor, lo que muestra su dominio técnico y su capacidad para unir tradición con conocimiento práctico. Esta obra es tan precisa que hoy puede compararse con estudios arquitectónicos modernos sobre el Templo de Jerusalem.

El segundo libro, y sin duda su obra maestra, es Melejet Majashebet (primera edición, Venecia 1710), un hermoso comentario de la Torá. El Rab Hefets, al mejor estilo sefaradí, se concentra en la semántica y en la lingüística del texto bíblico más que en las agadot, buscando siempre descubrir el peshat, el sentido literal del texto. Lo que hace especial a este libro es que el rabino Hefets examinó también las fuentes bíblicas con la ayuda de los conocimientos científicos de su época. Amaba la ciencia y se especializaba en algunas disciplinas como la óptica y la física. Su libro contiene varios elementos inusuales para un texto hebreo del siglo XVIII: láminas con geometría, e ilustraciones y representaciones que hoy llamaríamos modelos de la materia, es decir, la unidad física más pequeña e indivisible que se conocía entonces.

Una de sus explicaciones más importantes —y lamentablemente ignorada por prácticamente todos los estudiosos del tema que yo conozco— es su interpretación del Segundo Día de la Creación. En Bereshit 1:6-8, la Torá describe que Dios “separó entre las aguas superiores y las aguas inferiores” mediante el raquia. Aunque parezca increíble, y aunque el mismo Salmo que parafrasea la Creación (Tehilim 104) lo dice de una manera explícita, muchos comentaristas modernos interpretan esta división como una separación metafísica o como un concepto cosmológico antiguo. Algunos, incluso, como el profesor Aviezer en su libro Bereshit Bara, aluden a aguas en el espacio exterior o en meteoritos. Sin embargo, siguiendo la explicación de Maimónides en la Guía de los Perplejos y varias discusiones talmúdicas, el rabino Hefets describe el Segundo Día de la Creación con un lenguaje científico absolutamente comprensible para el lector moderno. En este día se describe claramente el establecimiento del ciclo del agua: evaporación, condensación y precipitación.

Siguiendo su indispensable exposición acerca de los homónimos en la Torá, es decir, palabras con un amplio campo semántico, Maimónides ya había señalado que raquia o shamayim, en el contexto del segundo día, no se refiere al universo, como en el primer versículo de la Creación, sino al cielo visible, donde se forman las nubes (Guía de los Perplejos 2:30). El rabino Hefets desarrolla esta idea con una claridad sorprendente. En Melejet Majashebet (pp. 10-11 de la edición de Varsovia, 1914) afirma que las “aguas” que se separan de las inferiores se refieren al vapor que asciende, se separa del agua de los océanos y se transforma en nubes o “aguas superiores”. Y explica que la etimología talmúdica de la palabra shamayim como esh más mayim alude al producto del calor que actúa sobre el agua del océano.

Así lo explica: por el efecto del calor se produce en el agua un cuerpo sutil, movible y que se expande, el vapor de agua, que asciende por su liviandad. Sobre YEHI RAQIA BETOJ HAMAYIM escribe:
“יהי בתוך המים אויר וגוף מתנועע דק ומתפשט”,
“Que se produzca dentro del agua un vapor y un cuerpo liviano y expansivo que se expande [hacia arriba]”.

Tal como ocurre en la experiencia cotidiana:
“כאשר יעשו המים על האש בנקל יתהפכו לאויר והאויר ההוא הנהפך אם ימצא קור בנקל ישוב למים כבראשונה”,
“Cuando el agua es expuesta al fuego se transforma fácilmente en vapor, y ese vapor, al encontrar frío, se condensa y vuelve a ser agua como al principio”.

A partir de esta lectura, se entiende mejor que la separación entre aguas superiores e inferiores describe el establecimiento del ciclo del agua potable, esencial para la existencia de la vida en nuestro planeta. El milagro de la lluvia es un fenómeno que admiramos verbalmente todos los días, desde que termina la fiesta de Sukkot, alabando al Creador por este maravilloso proceso, único en el universo, diciendo en la Amidá: “Mashiv haruaj uMorid hageshem”, que el Creador hace que sople el viento y así produce la lluvia.

Otros sabios posteriores, cuando ya contaban con un lenguaje más científicamente desarrollado, describieron el segundo día de la Creación como el día en que fue creada la atmósfera terrestre. Con esa precisa palabra lo explicó Ribbí Menashé ben Israel. De modo similar, Ribbí Itzjak Samuel Reggio escribió que “una parte de las aguas del océano se concentró en el espacio y se convirtió en las nubes”, explicando que la división del segundo día conduce directamente a la formación de la lluvia.

Sorprendentemente —o no— la ciencia moderna utiliza exactamente la misma terminología para definir a las nubes, que no son otra cosa que masas visibles de gotas de agua o cristales de hielo suspendidos en la atmósfera. El geógrafo John Lynch lo expresó con una claridad que parece tomada de Bereshit: “Vivimos en un planeta de agua; hay un océano a nuestro alrededor y otro océano encima de nosotros”. La frase original en inglés, de su libro The Weather (Oxford University Press, 1997), dice: “We live on a planet of water. There is an ocean around us and an ocean above us.” Lynch utiliza esta terminología para explicar la increíble formación de la atmósfera terrestre: las “aguas superiores” y “aguas inferiores” del segundo día de la Creación.

La interpretación de Ribbí Moshé Hefets transforma el Segundo Día de la Creación en algo profundamente cercano: la instauración del mecanismo que hace posible la vida en la tierra. No un misterio lejano e inexplicable, sino la descripción bíblica del ciclo del agua, ese proceso continuo y vital que conecta los mares, el cielo y la lluvia que sostiene toda la existencia.

Su obra Melejet Majashebet incluye un retrato del propio autor. Ese retrato, el primero que aparece en un libro hebreo, incluye la famosa inscripción ben meá shaná, que muchos entendieron literalmente como que el autor tenía “cien años”, pero en realidad alude al valor numérico de la palabra hebrea meá, que es 46, la edad real de Hefets en ese momento.

La vida de Hefets estuvo marcada por el dolor. En 1699 falleció su hijo Gershom durante una epidemia. Ribbí Moshé falleció muy joven, a los 48 años, el 30 de Jeshván de 1711, dejando tras de sí la impresión de un sabio brillante cuya obra había superado en poco tiempo las fronteras de Italia.




Rabbi Isaac Abulafia (1830-1910) y la educación de los judíos de Damasco.

CRIADO POR SU ABUELO
El Rab Isaac Abulafia nació en Damasco, Siria, en 1830. Procedía de una familia de grandes luminarias que se remontaba hasta el famoso Ribbi Jayim Abulafia, que fue quien renovó el establecimiento de los judíos en la ciudad de Tiberia a principios del siglo 18 (ver aquí).
 
Siendo aún muy pequeño, posiblemente a la edad de 10 años, el Rab Isaac se trasladó a Tiberia donde fue criado por su abuelo, Ribbí Jayim Nissim Abulafia, quien también fue su maestro de Torá. Al poco tiempo el Rab Jayim Nissim fue elegido como Rishón LeZión, Rabino Sefaradí Principal de Israel, así que junto con el Rab Isaac y su familia se trasladaron a Yerushalayim. Pronto el Rab Isaac comenzó a brillar por su inteligencia y su dedicación a la Torá, y a los 23 años fue enviado a representar a las Yeshibot de Israel en varias comunidades judías del mundo, donde fue recibido con muchos honores por su conocimiento, su imponente presencia y su refinada personalidad. Desde todos los lugares del mundo, incluyendo otras ciudades de Israel, le llegaban consultas halájicas que resolvía con su gran ilustración y originalidad.
 
VACAS GORDAS EN DAMASCO
En 1861, cuando muere su abuelo, el Rab Isaac decide regresar a Damasco donde formó parte del Tribunal Rabínico de la ciudad. En 1873 cuando fallece el rabino principal Rab Aharon Bagdadi, el Rab Abulafia fue invitado a ejercer ese prestigioso cargo. En ese entonces Damasco era una ciudad con una comunidad judía vibrante. Un visitante de Francia, el rabino Yerujam Ashkenazi que llegó a Damasco en 1859, escribió en sus memorias de viaje que los judíos de Damasco se destacaban por su generosidad. Los más ricos tenían su biblioteca rabínica propia y su mayor deseo era apoyar a los Talmidé Jajamim que decidieran estudiar allí, y que esa biblioteca funcione como un pequeño Kolel de nuestros.
 
LAS VACAS FLACAS
Pero en 1875 todo esto cambió. La situación política ya no era la misma y el nuevo gobierno impuso impuestos más altos y regulaciones que limitaban el comercio, especialmente las importaciones y exportaciones, que era lo que muchos judíos locales hacían. Varios de estos mecenas abandonaron Damasco y se dirigieron a Aleppo, Beirut (Líbano) y otras ciudades de la zona. El rab Abulafia decidió entonces que tenía que crear nuevas oportunidades para garantizar el futuro económico de los jóvenes judíos de su comunidad, ayudándoles a que aprendieran una profesión como contabilidad, farmacéutica, etc. y no dependieran solo del comercio. El Rab hizo una especie de alianza con la organización “Kol Israel Jaberim” que también es conocida como la «Alianza Israelita Universal». Esta institución con sede en Francia proporcionaba fondos para este fin.
 
ESCUELAS CON BANCOS
Así en 1880 el Rab Abulafia, contando con la aprobación de los rabinos de Damasco, impulsó la creación de una escuela donde aparte de Torá los alumnos también aprendieran a leer y escribir en árabe y francés. Las escuelas judías se modernizaron y por primera vez, los alumnos tuvieron bancos donde sentarse, ya que hasta ese momento se sentaban a estudiar en el suelo. El Rab Abulafia se ocupó de que la educación fuese subvencionada para las familias pobres. Y lo más revolucionario que hizo el rab Abulafia fue establecer también una escuela para mujeres, algo muy poco común en esa época. Con la ayuda de la Alianza consiguió motivar a los padres, estableciendo un pago simbólico de “medio franco” a cada familia que enviara a sus hijos a estudiar allí.
 
¿ÉXITO O FRACASO?
Pero a la larga este emprendimiento no fue un éxito del 100% … Con el tiempo, los padres y los estudiantes exigieron más y más educación en temas seculares a expensas de los estudios de Torá. Pero el problema más grave –-del que desafortunadamente los rabinos no pudieron darse cuenta a tiempo-– fue que la Alianza ejerció una enorme influencia en la secularización de muchos judíos. Esto ocurrió en Damasco y otras comunidades Sefaradíes en Turquía, Grecia, Irán y el Norte. África. Y aunque este tema merecería un capítulo aparte, relataré brevemente lo que el rabino Eliyahu ben Hayim, SHELITA, quien conoció este tema de primera mano, dijo a sus alumnos en una de sus clases recientes: En la Alianza, los maestros que enseñaban matemáticas o el idioma francés (judíos europeos seculares, o gentiles) eran jóvenes, dinámicos, amables y vestían a la última moda europea. Para los estudios judíos, sin embargo, la Alianza solía contratar como maestro a un hombre mayor, generalmente pobre y ya jubilado, que no tenía ningún trabajo mejor, que no hablaba francés, que no poseía una formación pedagógica moderna y que no vestía a un estilo europeo. Así, los estudiantes judíos natural y subconscientemente comenzaron a admirar a los maestros seculares. Los veían como «role models» y aspiraban algún día a ser como ellos. Y así, involuntariamente (aunque algunos opinan que esto fue una sofisticada estrategia asimilacionista de la Alianza, que los rabinos en ese momento no pudieron anticipar) los jóvenes estudiantes judíos dejaron de admirar a los Jajamim. Y en consecuencia comenzaron a mirar a la Tora con esos mismos ojos críticos que miraban al Jajam. Y así, lamentablemente, la práctica religiosa se convirtió para muchos judíos como algo ya pasado de moda e irrelevante. El rabino Ben Hayim explicó que prácticamente en todas las comunidades a las que llegó la Alianza, la secularización aumentó –y viceversa (en mi opinión, este proceso que afectó a un gran porcentaje de las comunidades sefaradies, tardó como 100 años o 4 generaciones en revertirse).
 
A ISRAEL NO SE VA; A ISRAEL SE REGRESA
El rab Abulafia tuvo sola una hija, que se casó con el famoso “Señor” Jayim Moshe Laniado. Su yerno, que pertenecía a una familia de la aristocracia damascena, fue quien lo asistió para publicar sus libros. La obra más famosa del rab Abulafia es el “Pené Yitsjaq”, una colección de 6 volúmenes de Responsa Rabínica (ver el primer volumen del libro aquí). 
En 1909 el Rab Abulafia dejó la ciudad de Damasco y regresó a su amada Eretz Israel para establecerse en Tiberia, la ciudad de sus ancestros, donde falleció un año más tarde, el 15 de Adar de 1910.
 
(La historia de su padre, el rab Moshé Abulafia, es muy triste, trágica y un poco complicada. Así que la incluiré en el contexto de un artículo que dedicaré especialmente al tema: el libelo de sangre que tuvo lugar en Damasco en 1840) .



El Rab Abraham Saba (1440-1508) y la Isla de los Lagartos

El Rab Abraham Saba nació en Castilla, España, en 1440. Cuando los judíos fueron expulsados de España en 1492, no había ningún lugar seguro adonde podían escapar. Ningún país les ofrecía refugio, excepto Turquía, pero era muy difícil y arriesgado llegar allí. Ninguna ruta por mar o tierra estaba libre de piratas, ladrones, cazadores de esclavos, hambre o la amenaza constante de plagas y epidemias. Unos 120.000 judíos huyeron a Portugal, que en ese momento parecía el refugio más confiable: sin mar que cruzar, una lengua similar y la misma cultura ibérica. Entre los judíos que escaparon a Portugal se encontraba el Rab Saba, que buscaba un nuevo comienzo. Pero los pobres refugiados pronto descubrieron que los horrores y tragedias de los exiliados de España estaban lejos de terminar.
El rey portugués Juan II, ansioso por aumentar su tesoro, aprobó la admisión de judíos exigiéndoles pagar una fuerte suma de dinero, 100 cruzados —monedas de oro— por persona para obtener una visa permanente. Quienes no podían pagar esa gran cantidad podían residir en Portugal un máximo de ocho meses por un importe menor, 8 cruzados por cabeza. La mayoría de estos judíos que llegaban a Portugal de manera temporal, incluido el Rab Saba, se trasladaron a la ciudad de Oporto, el principal puerto de Portugal, con la esperanza de zarpar pronto hacia Italia, Turquía, Grecia o el norte de África. Pero la escasez de barcos hizo imposible su salida. Tras cumplirse los ocho meses, el rey proclamó que quienes no pudieran renovar su residencia pagando por otros ocho meses debían convertirse al cristianismo o serían automáticamente considerados esclavos del monarca. Los refugiados habían salido de España con las manos vacías. Nadie tenía dinero para pagar esa suma.
Las familias que se negaron a convertirse sufrieron una de las peores tragedias de la historia sefaradí. El rey, usando su argumento de que ahora eran “esclavos del rey”, ordenó separar a los niños de sus padres —algo que ni siquiera la cruel Inquisición española se había atrevido a hacer—. Miles de niños fueron llevados a conventos para ser criados como católicos. Dos de sus hijos fueron arrebatados de sus manos. Para buscarlos, se disfrazó de gentil y visitó numerosos conventos por toda la península. En cada lugar al que llegaba recitaba en voz alta el Shema Israel. Al oír su voz, atraídos por la dulce y familiar melodía del Shema, los niños judíos se acercaban a él y lloraban inconsolablemente. Nunca más los volvió a ver.

Setecientos adolescentes judíos, varones y mujeres, fueron enviados a São Tomé y Príncipe, una isla remota en África frente a la costa de Guinea, recientemente descubierta por exploradores portugueses y famosa por la abundancia de lagartos y cocodrilos. Según los informes de la época, la mayoría de estos niños judíos murieron mientras trabajaban en los pantanos, devorados por los grandes reptiles y otros por hambre o abandono.
El Rabino Saba describe este terrible acontecimiento en su libro Tseror Hamor, Parashat Ki Tabo:
זאת היא קללה אחרת שקרה לנו בעוונותנו בפורטוגאל, שלקח המלך את הבנים ואת הבנות הקטנים ושלחם בספינות לאיי הנחשים כדי לעשות שם יישוב
“Esta es la gran tragedia que nos ocurrió en Portugal: el rey tomó a los niños y los envió en barcos a las islas de lagartos para poblar aquel lugar”.
En 1495 murió el rey Juan II y subió al trono Manuel I. La situación de los judíos no mejoró. Por el contrario, Manuel se casó con la princesa española Isabel, hija de Fernando e Isabel יש”ו, con la esperanza de unir toda la península bajo una sola monarquía y religión. Los reyes españoles aceptaron el matrimonio con una condición despiadada: Manuel debía expulsar a los judíos de Portugal. El 4 de diciembre de 1496 se estipuló que, para noviembre del año siguiente, ningún judío podría residir en Portugal. Quienes no quisieran convertirse debían abandonar sus bienes y salir del país de inmediato. Cuando Manuel vio que los judíos estaban dispuestos a arriesgar su vida y marcharse, dejando todo atrás antes que convertirse, comprendió que la partida de estos individuos altamente capacitados — artesanos, profesionales, comerciantes — afectaría negativamente la economía de Portugal, como ya había ocurrido en España. Entonces decidió imponer una conversión masiva “por decreto”. Es decir, en lugar de expulsar a los judíos de Portugal, Manuel decidió expulsar el judaísmo de los judíos y declararlos a todos de facto “nuevos cristianos”.
En Lisboa había un grupo de 20.000 judíos, entre ellos el Rab Saba, esperando desesperadamente algún barco que los sacara de Portugal. Pero el rey ordenó bautizarlos por la fuerza. El Rab Saba fue encarcelado por no someterse a la conversión forzada. En la cárcel, cuenta que vio al rabino principal de Portugal, Ribbí Shimón Maimi (o Meimi) זצ”ל. El Rab Maimi, su esposa, sus hijas y sus yernos fueron torturados por la Inquisición para obligarlos a convertirse y así dar ejemplo a los demás judíos. Pero el anciano rabino Maimi y toda su familia eligieron sufrir las terribles torturas y murieron al quiddush haShem, rechazando la conversión.
Después de pasar seis meses en prisión, el Rab Saba fue enviado con un grupo de judíos a la ciudad de Arcila (o Asilah), en Marruecos, una fortaleza-prisión. Tras unos meses escapó milagrosamente y llegó a Fez, una ciudad con una gran comunidad judía. Le tomó algunos años recuperarse de su deterioro físico y emocional. Después de una larga convalecencia, se convirtió en uno de los rabinos de la ciudad y comenzó a reescribir sus libros, algo que no hacía desde 1492.
Seis de sus obras habían quedado en Portugal. Una de sus más famosas, donde se relatan todas las historias presentadas aquí, es Tseror Hamor, un comentario a la Torá. También escribió Eshkol ha-Kofer, un comentario sobre Meguilat Rut y Meguilat Ester. Estos son los dos únicos libros suyos que conservamos hoy. Entre los manuscritos dejados en Portugal estaban Tseror haKesef, responsa rabínicas sobre temas relacionados con Rosh Hashaná y Yom Kipur; Tseror haHayim, comentario sobre Pirqué Abot; un comentario a los Salmos; otro a la Guemará Berajot; y un libro cabalístico en el que explicó las diez Sefirot.
Desde Fez viajó a Adrianópolis (hoy Edirne, en Turquía). Murió el 9 de Tishrí de 5269 (1508) en un barco y fue enterrado en el cementerio judío de Verona, Italia.
La nieta del Rab Abraham Saba se casó con Rab Yosef Caro, autor del Shulján Aruj.




El Rab Ben-Zion Cuenca (1867-1937) y la Masacre de Hebrón en 1929

SU INFANCIA Y EDUCACION
El rabino Ben-Zion Cuenca nació en la ciudad vieja de Jerusalem en 1867. Su apellido, Cuenca, corresponde a una provincia de España en la zona de Castilla-La Mancha. La familia fue parte de los “Expulsados de Castilla” de Castilla y Aragón en 1492. Luego se instalaron en Salónica (Grecia) y vivieron allí durante 3 siglos. El padre, Abraham Cuenca, emigró a Erets Israel alrededor de 1850. Antes de cumplir los diez años, los rabinos y maestros de Jerusalem consideraban al joven Ben-Zion como un ‘iluy (un niño prodigio) y le permitieron vestir los Tefilín a esa edad dado sus conocimientos y su madurez. Consciente de la capacidad de su hijo, su padre dedicó todos sus recursos para contratar los mejores maestros y mentores que también le proporcionaron a su hijo una vasta educación secular, especialmente en los campos de historia judía e idiomas europeos.

MAESTRO DE MAESTROS
Se casó a los 15 años, algo que no era poco común en aquellos tiempos, con Esther, una prima segunda, y vivieron en la ciudad vieja de Jerusalem. Luego se mudaron a Yemín Moshé, el primer barrio judío construido fuera de la ciudad amurallada, obra del famoso filántropo Moisés Montefiore. A los 30 años, el rabino Cuenca estableció una Yeshibá “Tiferet Yerushalaim”. En este Yeshibá, que también incluía estudios generales, fueron educados entre otros el que llegó a ser rabino principal de Israel Ben-Zion Meir Hay Uziel, el famoso escritor hebreo sefardí Yehuda Bourla, y el rabino Moshe Nissim, que fue el padre de otro rabino principal de Israel, rab Isaac Nissim. El rab Cuenca también fue muy activo en el movimiento Sionista religioso Mizraji. Fue el Jefe del Tribunal Rabínico de Jerusalem (ver sello) y en su vocación como líder comunitario fundó y dirigió el primer Hogar de Ancianos Sefaradí de la Jerusalem moderna.

LA MASACRE DE 1929
La segunda ciudad más sagrada de Israel es Hebrón, que fue adquirida por Abraham Abinu 4.000 años atrás y es el lugar de sepultura de nuestros patriarcas y matriarcas. En los años 1920’s vivían en Hebrón unos 800 judíos y unos 20.000 árabes. En agosto de 1929 los árabes difundieron falsos rumores y difamaciones en sus comunidades, diciendo que los judíos estaban llevando a cabo “matanzas masivas de árabes”. Hasta ese momento judíos y árabes habían convivido en relativa paz. Los Sefaradim vivieron allí por siglos (ver el testimonio de esta sobreviviente).  Y los judíos Ashkenazim habían llegado recientemente y establecieron la famosa Yeshibá de Slabodka, también conocida como Yeshibat Hebrón. El 23 de agosto de 1929, un viernes a la noche, comenzó una masacre contra los judíos que duró por tres días. Al grito de “Muerte a los judíos” miles de árabes armados con garrotes, cuchillos y hachas saquearon las casas judías, destruyeron los templos y torturaron y asesinaron a sangre fría a 67 judíos: mujeres hombres y niños. Esto incluyó el asesinato de los líderes y los rabinos de las 2 comunidades. Los sobrevivientes fueron trasladados a Jerusalem y Hebrón quedó sin judíos por primera vez en cientos de años.

VOLVER A EMPEZAR
Nueve meses después de la masacre, el rabino principal Ashkenazí Abraham Kook y el rabino principal Sefaradí Yaakov Meir firmaron una declaración pidiendo por voluntarios que regresen a Hebrón: Llamamos “… a todo el pueblo de Israel para apoyar nuestro pedido y reconstruir la gran comunidad judía de Hebrón … Por la santidad de nuestra nación y por nuestro establecimiento en esta tierra, se nos exige no dejar que la sangre de nuestros hermanos haya sido derrama en vano: tenemos el deber como pueblo de Israel de satisfacer este reclamo mediante la reconstrucción y el restablecimiento de la ciudad de los patriarcas”. En 1931 se reanudó el asentamiento judío de Hebrón y el rabino que con gran valentía se ofreció a liderar esa comunidad fue el Rab Ben-Zion Cuenca. Vivió en Hebrón hasta 1936. En ese año se renovaron los violentos conflictos y los Yehudim regresamos a Hebrón B”H 31 años después, luego de la guerra de los Seis Días.

SU OBRA LITERARIA
Una de las contribuciones más importantes del rabino Cuenca fue la creación del extraordinario Jornal de Halajá llamado “haMeasef”, una colección de artículos de estudios halájicos realizados por cientos de rabinos, Sefaradim y Ashquenazim de Israel y de la diáspora. Presentar a tantos rabinos de diferentes orígenes unidos en un mismo jornal era en ese momento una innovación positiva muy importante. El Rab Cuenca se encargaba de todas las etapas de esta publicación que salió a la luz durante 19 años. La primera revista apareció en 1897. El rabino Cuenca fue, por supuesto, uno de los principales contribuyentes. Dos temas resaltan en HaMeasef. El primero, todo lo que se relaciona con los preceptos asociados al trabajo agrícola. Estos mandamientos solo se aplican en la tierra de Israel (terumot, ma’aserot, shemita, etc.) y por lo tanto, este tema permaneció “dormido” durante siglos. Pero ahora, a medida que el establecimiento de los Yehudim en el Yeshub de Israel tomaba fuerza, estas leyes debían ser aplicadas nuevamente. El segundo tema que le interesaba al rab Cuenca era dar una respuesta rabínica a los nuevos inventos (la electricidad, los medios de transporte, etc.) . Un ejemplo que se puede ver en este link es la respuesta del Rabino al uso del tren en Shabbat o Yom Tob. Al principio de cada artículo el Rabino Cuenca introduce una breve biografía de los escritores, que dada la tremenda falta de información de la que sufrimos, especialmente sobre los rabinos sefardíes de fines del siglo XIX, constituye una contribución invaluable a la historia judía moderna.

PALABRAS FINALES

El Rab Yehudá Fishman Maimón escribió sobre él: “El rabino Cuenca era un sionista ferviente, un extraordinario rabino y hombre de fe …un iluminado en Torá y Sabiduría y alquilen que profesó un tremendo amor por el Creador y por la humanidad. Y creo que no sería una exageración afirmar que no queda nadie que lo pueda reemplazar o imitar… “.

El rab Cuenca falleció en Yerushalayim en 1937 y está enterrado en el cementerio judío del monte de los Olivos, Har HaZetim.

 

 

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Ver AQUI el primer volumen del Jornal halájico HAMEASEF del Rab Ben-Zion Cuenca

 

 

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Entrevista a Miriam Sasson , una sobreviviente  de la masacre de Hebrón




El Rab Yehudá Jayat, y la expulsión de los judíos de España

El injustamente desconocido rabino sefaradí Ribbi Yehudá ben Ya’aqob Jayat z”l vivió todas las tribulaciones que conllevó la expulsión de los judíos de España. Su dolorosa historia ejemplifica lo que sufrieron cientos de miles de judíos que fueron expulsados de la Península Ibérica por negarse a abandonar su religión.

En su libro “Minjat Yehudá”, el Rab Jayat describe lo que sufrió durante casi 10 años. Después de ser expulsados de España en 1492, aproximadamente 120.000 judíos buscaron refugio en Portugal. El rey portugués Juan II aceptó a los judíos con la condición de que pagaran una exorbitante suma de dinero para poder quedarse allí. Al año siguiente, en 1493, el rey decidió que los judíos no podían permanecer en su reino a menos que se convirtieran al catolicismo o volvieran a pagar esa misma suma. Los judíos eran refugiados que habían sido despojados de todos sus bienes al ser expulsados de España y se les prohibió llevar consigo plata, oro o cualquier otra cosa de valor. Vivían en condiciones de extrema pobreza en Portugal y no podían pagar lo que el rey exigía.

Junto con otros 250 refugiados judíos, el Rab Jayat abandonó Portugal y partió desde el puerto de Lisboa en una embarcación muy precaria hacia la costa de Marruecos. Las condiciones a bordo eran tan insalubres que, a los pocos días en el mar, se desató una epidemia en el barco y no les estaba permitido desembarcar en ningún puerto. Finalmente, la precaria embarcación llegó al puerto de Málaga. Allí, cuenta el Rab Jayat, varios curas los esperaban para intentar convertirlos. Los desesperados pasajeros judíos les suplicaban que les dieran agua y pan, pero los caritativos curas se negaron a proporcionarles cualquier alimento si no aceptaban el bautismo. Durante aproximadamente cinco días, estos refugiados judíos sufrieron hambre y sed, y cerca de 50, incluyendo a la esposa del Rab Jayat, fallecieron.

Al pisar tierra firme en Marruecos, el Rab Jayat fue inmediatamente encarcelado y condenado a muerte por fanáticos musulmanes, quienes argumentaban que las creencias y prácticas religiosas de un rabino ofendían al Islam. Para salvar su vida, le dijeron que debía convertirse al Islam. Durante 40 días, el Rab Jayat estuvo tirado en un pozo en condiciones inhumanas, rodeado de roedores, víboras y escorpiones. Al final, algunos refugiados judíos extremadamente pobres lograron reunir algo de dinero y así salvaron al Rab Jayat de una muerte segura. Él logró escapar a la ciudad de Fez, un poco más al sur, donde se estableció.

En Fez, el hambre era terrible y la gente se veía obligada a comer pasto para sobrevivir. El Rab Jayat trabajaba diariamente moliendo granos de trigo con sus propias manos en la casa de una familia musulmana para ganar un pequeño pedazo de pan. Él y otros judíos que habían escapado de España no tenían casa ni refugio. Por las noches, tenían que cavar pozos en las afueras de la ciudad para poder dormir.

Después de estar en Fez durante 8 meses, un gran incendio estalló en la ciudad y mucha gente murió en las llamas. Como consecuencia de las posteriores sequías, más de 20.000 (sic.) judíos murieron de hambre y epidemias. Al presenciar esto, muchos de los que habían llegado de España y Portugal decidieron regresar a sus lugares de origen para evitar una muerte segura en Fez, tanto para ellos como para sus hijos.

Según el historiador español contemporáneo Andrés Bernáldez (1450-1513) en su libro “Historia de los reyes católicos”, los judíos que abandonaban Fez eran víctimas de todo tipo de abusos. En los caminos que dejaban la ciudad, eran atacados por moros que secuestraban y violaban a sus mujeres e hijas, y abrían los cuerpos de los hombres para ver si habían escondido plata u oro en sus estómagos.

El Rab Jayat logró escapar de Marruecos y embarcar hacia Italia. Llegó al puerto de Venecia solo, semidesnudo y habiendo perdido a toda su familia . Cuando los judíos españoles que vivían en Venecia lo reconocieron, se ocuparon de él. Luego, lo llevaron a la ciudad de Mantova, donde se estableció hasta sus últimos días. Allí conoció a un rabino sefaradí llamado Rabbi Yosef Ya’abets, quien lo convenció de escribir un comentario sobre el famoso y enigmático libro místico “Ma’arajot Eloquim”. El Rab Jayat llamó a su libro “Minjat Yehudá” (La ofrenda de Yehudá), ya que era una ofrenda que él, Rabbi Yehudá Jayat, ofrecía a Hashem por haberle salvado la vida.

Este libro es considerado una obra fundamental, ya que explica los principios más complejos de la Kabbalá y contribuyó a la difusión de la sabiduría de la mística judía, que alcanzó su punto máximo en el siglo XVI.

Aunque no se conocen los detalles exactos, se estima que el Rab Jayat falleció en Mantova, Italia, alrededor del año 1510




Rab Shaul haLevi Mortera (1596-1660) fundador de la comunidad Sefaradí de Ámsterdam

Ribbí Shaul Leví Mortera nació en Venecia, Italia, en el año 1596, en el seno de una familia de judíos sefaradíes descendientes de anusim portugueses. Desde su juventud mostró una inclinación natural hacia el estudio profundo, la filosofía y la tradición.

El evento que marcó el inicio de su carrera rabínica tuvo lugar en el año 1616. Mortera fue quien escoltó el cuerpo del célebre médico judío Eliahu de Luna Montalto —médico personal de la reina María de Médicis— desde París hasta Ámsterdam. Este acto de lealtad y respeto hacia un sabio tan respetado dejó una profunda impresión en la comunidad sefaradí de la ciudad, y fue tal la impresión que causó que le ofrecieron el cargo de liderazgo rabínico en la comunidad sefaradí de Ámsterdam.

Formación y primeras responsabilidades

Ya en Ámsterdam, el rab Shaul prosiguió sus estudios bajo la dirección del jajam Yitsjaq Uziel, un rabino originario de Marruecos. Estudió con él Talmud, filosofía judía, exégesis bíblica y pensamiento medieval, en especial el legado de Maimónides. En poco tiempo fundó una institución de estudios avanzados, un Bet Midrash llamado Kéter Torá, donde él mismo enseñaba. Mencionemos que el rab Mortera brillaba en una generación donde había luminarias como el rab David Pardo, el rab Jacob Sasportas y Menashé ben Israel.

Gracias a su prestigio creciente, fue nombrado presidente de la corte rabínica de la comunidad portuguesa de Ámsterdam. Este cargo no solo implicaba dictaminar halajá, sino también actuar como líder comunitario en una ciudad donde el judaísmo, aunque tolerado, vivía bajo vigilancia y presión de las autoridades calvinistas.

La fundación de la Yeshivá Ets HaJayim

Uno de los grandes logros de Mortera fue la fundación y dirección de la famosa Yeshivá Ets HaJayim, institución que se convirtió en el centro del renacimiento espiritual sefaradí en los Países Bajos. Allí enseñó durante décadas a cientos de alumnos, muchos de ellos descendientes de familias marranas que apenas estaban redescubriendo el judaísmo que sus antepasados habían practicado en secreto.

Entre sus alumnos más destacados se cuentan figuras como el rabino Moshe Zacuto y el rabino Abraham HaCohen Pimentel (autor de Minjat Cohen). Su mayor frustración fue que uno de esos alumnos fue también el famoso hereje Baruj Spinoza, a quien él mismo tuvo que excomulgar.

Espinoza fue su alumno directo en Talmud, Torá y filosofía, pero con el tiempo adoptó posturas cada vez más radicales que desafiaban los principios fundamentales del judaísmo tradicional. Cuando finalmente la comunidad sefaradí decidió emitir el jérem (excomunión) contra Spinoza, el 27 de julio de 1656, Mortera fue uno de los tres dayanim que firmaron la sentencia, redactada en términos inusualmente severos. La decisión fue dolorosa, pero necesaria para proteger la cohesión interna de una comunidad en reconstrucción.

Su obra central: Giv’at Shaul

El legado escrito más famoso de Mortera es sin duda Giv’at Shaul, publicado en hebreo en Ámsterdam en 1645. Esta obra recoge 50 derashot (sermones) seleccionadas de entre más de 500 pronunciadas durante su carrera. Los sermones están basados en las secciones semanales de la Torá y combinan conocimiento rabínico, rigor filosófico y profundidad emocional.

Giv’at Shaul refleja la preocupación constante del rabino por guiar espiritualmente a una generación cuyos miembros habían sido educados en conventos o colegios cristianos, sin conocimiento previo de la Torá ni de la tradición judía. En cada discurso, el rab Mortera utiliza la parashá para hablar sobre Emuná, fe judía, justicia, providencia, mesianismo y libre albedrío, todo con un tono didáctico y comparando la visión judía con la cristiana que sus alumnos conocían. Para la mayoría de ellos era la primera vez que escuchaban la versión judía de los principios de fe.

Maestro de los “nuevos judíos”

Ribbí Shaul Leví Mortera entendía que su principal tarea no era solo enseñar Torá a los sabios, sino reeducar a los “nuevos judíos”, es decir, a aquellos descendientes de marranos que, tras generaciones de adoctrinamiento y conversión forzada, retornaban públicamente al judaísmo. A muchos de ellos, la sinagoga les era tan ajena como lo era una iglesia para un judío tradicional.

Por esta razón, escribió varios libros en portugués y en español, dedicados específicamente a esta población. En ellos abordaba los fundamentos del judaísmo, la inmortalidad del alma, el Mesías, la revelación, la unicidad de Dios y —sobre todo— las diferencias entre el judaísmo y el cristianismo.

Uno de los más significativos es El Tratado de la Verdad de la Ley de Moisés, en el cual Mortera defiende el judaísmo frente a los dogmas cristianos. Explica el entendimiento judío de los versículos bíblicos que la Iglesia había apropiado para justificar doctrinas como la Trinidad, la encarnación o la abolición de la Torá. Lo hace con claridad, lógica y sin tono provocador, manteniéndose fiel a una línea apologética judía que se remonta a Saadia Gaón y a Maimónides.

Otros escritos y tratados apologéticos

Además del Giv’at Shaul y del Tratado de la Verdad, Mortera escribió numerosas obras de polémica religiosa y filosofía popular, entre ellas:

  • Preguntas que hizo un clérigo de Ruan de Francia: una respuesta puntual a los ataques de un sacerdote católico contra el Talmud.

  • Providencia de Dios con Israel: reflexión sobre la elección del pueblo judío y su rol en la historia sagrada.

  • Relación memorable para confusión de aquellos que niegan la providencia divina: exposición de la fe judía en la supervisión activa de Dios (hashgajá).

  • Obstáculos y oposiciones contra la religión cristiana: crítica racional a los principios básicos del cristianismo.

  • Varios tratados relativos a la religión judía: compendio de temas introductorios para el aprendizaje de los nuevos judíos.

  • La eternidad de la Ley de Mosheh: defensa enfática del carácter eterno e irremplazable de la Torá frente a la noción del “Nuevo Pacto”.

Estos escritos circularon en manuscritos o impresos de edición limitada, y fueron preservados en bibliotecas de Londres, Ámsterdam y Hamburgo. Algunos de ellos fueron utilizados por generaciones posteriores de rabinos para enfrentar las dudas de conversos, misioneros y cristianos interesados en el judaísmo.

Su pensamiento: entre Maimónides y el exilio

Mortera fue un hombre profundamente influenciado por el judaísmo inteligente de Maimónides, un modelo ideal para una comunidad judía que, si bien acababa de salir del trauma de la Inquisición, estaba compuesta por individuos altamente educados. Al enseñar la filosofía de Maimónides, Mortera les ofrecía a los exconversos un lenguaje que ellos comprendían, y a través de él podía transmitir los principios de fe judía claramente diferenciados de los preceptos cristianos.

Incluso citando a Maimónides podía enseñarles —a esos exconversos que habían asistido a universidades— que la ciencia no está en contradicción con la fe, como sucedía con frecuencia en el mundo cristiano.

El rab Shaul entendía que el retorno al judaísmo no se lograba mediante imposiciones, sino con paciencia y claridad.

Se dice sobre Maimónides y su actitud hacia aquellos judíos yemenitas que sufrieron la conversión forzosa en el siglo XII, que para Maimónides la crisis espiritual no es un delito: es una enfermedad. Y por lo tanto, no necesita de un juez que venga a sentenciarla, sino de un médico que venga a curarla.

Legado

Ribbí Shaul Leví Mortera falleció en 1660, dejando un legado que perduró mucho más allá de su tiempo. Fue el símbolo de una generación que reconstruyó el judaísmo sefaradí desde las cenizas del exilio y la persecución.

Su obra, tanto oral como escrita, consolidó a Ámsterdam como el centro intelectual y espiritual del judaísmo sefaradí en Europa occidental durante el siglo XVII. Sus discípulos continuaron su labor en Europa y en el Imperio Otomano, y su influencia aún se percibe en el pensamiento judío moderno, especialmente en los debates entre tradición y modernidad, fe y razón, memoria y libertad.

Como todos los Gigantes Olvidados, el rab Mortera merece ser recordado no solo por su erudición, sino por su misión: reconstruir la identidad judía de quienes la habían perdido… sin haberla olvidado nunca.




4 DE JULIO: Gershom Mendes Seixas (1745-1816), el primer rabino norteamericano


Nacimiento y origen familiar
Gershom Mendes Seixas nació en Nueva York el 15 de enero de 1745. Fue hijo de Isaac Mendes Seixas y Rachel Levy, ambos descendientes de familias sefardíes que emigraron de Portugal y España al Nuevo Mundo, estableciéndose en la pequeña pero influyente comunidad judía de Nueva York. Su padre, Isaac, era comerciante y uno de los fundadores de la sinagoga Shearith Israel, la más antigua de América del Norte.

Desde joven, Gershom se dedicó al estudio de la Tora. En esa época no había yeshivot ni centros rabínicos en América, pero estudió Tora, Tanaj y tradición judía con maestros locales y libros traídos de Europa. Aunque careció de estudios rabínicos formales, por su conocimiento, su fluidez en hebreo y su liderazgo, fue designado como jazán (oficiante), predicador y guía religioso en Shearith Israel, cargo que en las comunidades sefardíes equivalía al de rabino o jajam.

Educación y liderazgo religioso
Dominaba inglés y hebreo, y poseía conocimientos de castellano y portugués, reflejo de su herencia sefardí. En 1768, con apenas 23 años, fue designado jazán de Shearith Israel. Durante la Guerra de Independencia, su liderazgo se puso a prueba. La comunidad judía estaba dividida entre leales a la Corona británica y patriotas. Gershom apoyó firmemente la independencia. Cuando las tropas británicas ocuparon Nueva York en 1776, abandonó la ciudad junto con otros patriotas, trasladándose a Filadelfia.

Patriotismo y servicio en Filadelfia
En 1780, dejó Stratford y se estableció en Filadelfia, la capital revolucionaria. Allí fue nombrado jazán de Mikveh Israel, la segunda congregación más antigua de Estados Unidos. Durante los años críticos de la guerra, ofició, predicó y mantuvo viva la vida religiosa judía. Cuando terminó la guerra y los neoyorquinos comenzaron a regresar, Mikveh Israel no quería dejarlo ir, pero Seixas volvió a Nueva York, donde residiría el resto de su vida.

Familia y vida personal
Con su primera esposa, Elkaleh Cohen, tuvo dos hijos. Tras su fallecimiento, se casó con Hannah Manuel, con quien tuvo diez hijos. Su descendencia continuó siendo influyente en la vida judía americana, manteniendo el apellido Seixas como símbolo de orgullo sefardí.

Funciones comunitarias y cívicas
Sus deberes como jazán no se limitaban a dirigir los rezos. También era responsable de la educación, la circuncisión, el shejitá (faena ritual), y era la principal autoridad religiosa y comunitaria de los judíos neoyorquinos, una comunidad pequeña y unida.

Seixas también representaba a los judíos ante la sociedad general. Entre 1784 y 1815, fue miembro del consejo directivo (Regent) de Columbia College junto a personalidades como Alexander Hamilton y John Jay, siendo el primer judío en ocupar tal cargo en una universidad americana. Este puesto lo ejerció durante más de tres décadas, reflejando la integración de los judíos en la vida cívica estadounidense.

Predicaciones y estilo religioso
Característico de su servicio en Shearith Israel fue la costumbre de pronunciar sermones en inglés, algo inusual en un jazán tradicional. Este cambio reflejaba la influencia del protestantismo americano, así como los ideales liberales de la Ilustración. Sus contemporáneos lo llamaban “minister” o “reverend”, títulos más comunes entre cristianos, pero que reflejaban su nuevo rol como guía espiritual integral.

Aunque no publicó libros de halajá, sus sermones fueron transcritos y conservados por miembros de la congregación. Entre ellos destacan:

  • Su oración en el Día de Acción de Gracias proclamado por Washington en 1789, donde habló del deber de los judíos de agradecer a Dios por vivir en un país de libertad.

  • Sus mensajes de Rosh Hashana y Yom Kipur, insistiendo en la responsabilidad moral y en la importancia de las mitsvot como garantía de continuidad judía.

Cambio lingüístico y legado histórico
Durante su liderazgo, el español –lengua tradicional de los sefardíes– comenzó a ceder lugar al inglés, dado el crecimiento de los judíos ashkenazíes y la integración de la comunidad judía en la sociedad americana. Este proceso marcó el surgimiento de formas propias de judaísmo americano, donde la identidad sefardí y el idioma inglés se fusionaban en un mismo liderazgo.

Últimos años y legado
Falleció el 2 de julio de 1816 en Nueva York, a los 71 años, y fue sepultado en el cementerio antiguo de Shearith Israel. Hoy se le recuerda como el primer líder judío americano en apoyar abiertamente la independencia, un patriota que confió en que Estados Unidos sería un lugar donde los judíos pudieran practicar su religión con libertad y dignidad.

En palabras de los historiadores: “Seixas fue para el judaísmo americano lo que George Washington fue para Estados Unidos: un padre fundador”. Su vida y obra simbolizan la integración de los judíos en América sin renunciar a su fe y tradiciones.


Oración de Gershom Mendes Seixas en la inauguración de George Washington

30 de abril de 1789 | Congregación Shearith Israel, Nueva York

“Dios nuestro y Dios de nuestros padres:
Te suplicamos que derrames Tus bendiciones sobre el Presidente de los Estados Unidos y sobre todos aquellos que tienen autoridad bajo su mando. Que sean fortalecidos con Tu poder para cumplir los deberes de sus respectivos cargos con honestidad e integridad. Que sean guiados por la sabiduría, aconsejados por la comprensión y sostenidos por Tu fuerza.
Que este gobierno sea una bendición para todos los habitantes de esta tierra; que promueva el honor de Tu santo Nombre y el conocimiento de Ti y de Tu ley, para que la justicia y la paz prevalezcan, la verdad florezca en los días de nuestra vida, y se nos permita ver la venida del Redentor en paz. Amén.”


 




Ribbi Eliyahu de Luna Montalto (1567-1616), médico del Rey de Francia

DE PORTUGAL A PISA

Eliyahu de Luna Montalto nació alrededor del año 1567 en la ciudad de Castelo Branco, en el Reino de Portugal. Fue bautizado oficialmente el 6 de octubre de 1567 como Felipe Rodrigues de Castelo Branco. Era hijo de Antonio y Catarina Aires, que eran anusim , judíos forzados a convertirse al cristianismo.
Estudió medicina en la Universidad de Salamanca y, más tarde, en la Universidad de Coímbra, en Portugal. Se estableció como médico en Lisboa, donde se casó con Jerónima de Fonseca, hija de una familia de médicos. El padre de Jerónima, Manuel de Fonseca, había sido forzado a convertirse al cristianismo en Portugal en 1497.
A fines del siglo XVI, el Dr. Montalto se trasladó a Italia. Primero se instaló en Livorno. Desde 1593, gracias al edicto de Ferdinando I de Medici, Livorno ofrecía residencia y libertad profesional a judíos y conversos provenientes de España y Portugal, sin cuestionamientos acerca de su pasado religioso. Allí, Montalto comenzó a ejercer la medicina profesionalmente, y su reputación creció tanto entre cristianos como entre judíos. Poco a poco, y a medida que se reconectaba con sus raíces judías, fue acercándose cada vez más a una vida de observancia religiosa. Su nombre original, Felipe (que significa “amante de los caballos”), lo cambió por Philotheo, que significa “amante de Dios”.

En 1606 publicó su primer tratado médico: Optica intra philosophiae et medicinae aream, una obra científica sobre los procesos visuales en la que combinaba observaciones médicas con referencias filosóficas y bíblicas. Por ejemplo: desarrolló una teoría innovadora sobre la visión, afirmando que esta se genera en el cerebro —y no en los ojos—, basándose en una lectura literal del versículo de Éxodo 20:18: “Todo el pueblo veía las voces”.
Durante ese mismo período enseñó medicina en la Universidad de Pisa, donde fue considerado como candidato para ocupar la cátedra de Girolamo Mercuriali, decano de la facultad, tras su fallecimiento en 1606. Sin embargo, a pesar de su preparación y prestigio, su nombramiento no se concretó.

EN EL GUETO DE VENECIA

En 1607, Montalto tomó la decisión más crítica de sus vida: abandonó Pisa y se trasladó al Gueto de Venecia, donde renunció a su identidad cristiana y comenzó a practicar abiertamente el judaísmo. Allí fue acogido por la comunidad judía, que contaba con unos 6.000 miembros que sufrían la pobreza y necesitaban desesperadamente la asistencia de un ben médico. En Venecia adoptó el nombre hebreo Eliyahu, y su esposa, Jerónima, asumió el nombre hebreo Rajel. A partir de entonces, vivió como judío practicante durante toda su vida. Su primer maestro fue Daniel Franco, quien eventualmente fue quemado en la hoguera en un auto de fe por su fe judía al regresar a Portugal.
Durante su residencia en Venecia, Montalto se dedicó al estudio de la Halajá (ley judía) y también a la filosofía judía, sin dejar de ejercer la medicina. Participó activamente en la vida del gueto, mantuvo relaciones con rabinos e intelectuales, y redactó sus principales escritos en defensa del judaísmo. Según diversas fuentes, formó parte del liderazgo de la comunidad y escribió extensamente tanto sobre temas médicos como religiosos. En su tumba se lo denomina “Rab” (rabino), lo que permite suponer que en algún momento recibió formalmente ese título.
En 1612 representó a la comunidad judía en un debate público en Padua frente a un fraile dominico. El encuentro terminó con la sorpresiva retirada del fraile y consolidó la reputación de Montalto como polemista y defensor del judaísmo. Su alto nivel cultural y profundo conocimiento del cristianismo le permitieron debatir con los no judíos en condiciones de igualdad y con argumentos sólidos.

 

MÉDICO DE LA CORTE EN PARÍS

Años antes, en 1605, Montalto había pasado por París en su camino de regreso desde los Países Bajos. Allí fue convocado por la corte para tratar a Leonora Galigai, dama de compañía y amiga de infancia de María de Médici, esposa del rey Enrique IV. Galigai padecía un cuadro diagnosticado entonces como bulbus hystericus , un trastorno psicosomático. Las enfermedades mentales en esa época solían ser tratadas por religiosos cristianos mediante exorcismos, ya que se creía que la persona afectada estaba “poseída” por un espíritu maligno. El Rab Montalto ordenó que los prelados cesaran con sus exorcismo y procedió a tratar a la paciente con un propio enfoque médico. Le prescribió a Galigai un tratamiento basado en dieta, aire fresco, caminatas, ejercicios y abstinencia durante seis semanas. Según los expertos George M. Weisz y Donatella Lippi este método podría considerarse hoy como una forma temprana de psicoterapia . Con el tiempo, la paciente mejoró significativamente, y la reputación del Dr. Montalto creció aún más. Se difundió su fama y aumentó la expectativa de que fuese designado como médico oficial de la corte parisina.
Sin embargo, el rey Enrique IV se opuso férreamente a su nombramiento formal debido a que Montalto era judío. Aunque lo respetaban por su saber y sus logros, no le permitió permanecer en la corte. Tras el asesinato de Enrique IV en 1610, la reina María de Médici —ahora regente del joven Luis XIII— volvió a convocarlo a París. En una carta fechada el 6 de mayo de 1611, Montalto expresó claramente las condiciones para aceptar ese cargo:
Permiso papal para residir como judío y practicar abiertamente el judaísmo en Francia
Autorización para llevar consigo a diez judíos, a fin de asegurar un minyan diario, incluyendo un shojet
Exención de trabajar en Shabbat
Derecho a practicar libremente su religión y consumir alimentos kasher tanto él como sus acompañantes
Indicó además que ya había rechazado cargos similares en Bolonia, Messina y Pisa, e incluso la oferta de servir como médico personal del Gran Duque de Toscana, porque no se le habían concedido esas condiciones. Era la primera vez que un médico de su prestigio presentaba una solicitud de esta naturaleza, lo cual marcó un precedente histórico respecto a los derechos religiosos de un judío observante en la Europa del Renacimiento.
Estas audaces condiciones —sin precedentes para la época— fueron aceptadas por la reina, y a su pedido el Papa le extendió a Montalto una “dispensación” (heter) para practicar el judaísmo y traer a sus asistentes. Uno de ellos era Shaul HaLevi Mortera, que luego se trasnformó en el rabino principal de Amsterdam . El 19 de septiembre de 1612, Montalto fue nombrado oficialmente Consiliarus et Medicus (consejero y médico de la corte real). Ademas, fue el primer judío en ejercer públicamente —y notoriamente— su fe en París desde la expulsión de los judíos en 1394.

DEFENSOR DE LOS ANUSIM

Durante su tiempo en la corte, Montalto protegió a los conversos judíos, que eran permanentemente atacados y discriminados. En 1615 evitó la disolución de la comunidad de conversos en Burdeos, e intervino también para frenar la expulsión de varios conversos que fueron descubiertos celebrando el Séder de Pésaj en París.
En 1614, publicó en París su segunda obra médica: Archipathologia, dedicada a María de Médici. Este tratado psicológico, de 817 páginas, aborda 18 tipos de trastornos mentales y neurológicos como la melancolía, la epilepsia, el insomnio, el vértigo y el coma.
En esos años de intensa actividad médica y filosófica, Montalto redactó también dos tratados polémicos en defensa del judaísmo, respondiendo a ataques cristianos. El primero fue un tratado escrito en portugués sobre Isaías 53, capítulo que describe al “siervo fiel de Dios” que sufre persecuciones y dolor por su apego a Él. La literatura rabínica siempre enseño que el “Siervo de Dios” se refiere al pueblo de pueblo Israel. Pero la Iglesia lo interpretó como una referencia a Yeshu. Al presentar los argumentos judíos, el rab Montalto no solo buscaba refutar esa lectura cristiana, sino principalmente educar a los conversos —adoctrinados por curas y maestros católicos— que pro primera vez en sus vidas comprender correctamente ese texto fundamental.
Su segundo libro, titulado Proposiciones convenientes e inconcusas, escrito en italiano, rechaza la noción cristiana de redención mediante un sacrificio vicario, es decir, a través del sufrimiento de Yeshu. Montalto explica que, de acuerdo a la Torá, cuando una persona comete una transgresión, es personalmente responsable por su falta, y solo puede ser perdonada si reconoce su error, lo confiesa —no ante un religioso, sino directamente ante Dios— y decide corregir su conducta. De esta manera, el judaísmo subraya la responsabilidad individual del pecado y la esencia de la Teshubá (arrepentimiento) como camino de redención personal.

MUERTE Y ENTIERRO

En noviembre de 1615, Montalto acompañó a la familia real en su viaje a España para la boda de Luis XIII con Ana de Austria, hija del rey Felipe III. De regreso a Francia, al llegar a las cercanías de Tours, Montalto se contagió de una plaga y falleció. Era el 17 de febrero de 1616, correspondiente al 29 de Shebat del año 5376.
En Francia no existía un cementerio judío, y por eso, en su testamento, Montalto dispuso que su cuerpo fuera trasladado a Ámsterdam, donde vivían sus hijos, para ser enterrado en el cementerio judío de Beth Haim. La reina María de Médici ordenó embalsamar su cuerpo —una medida excepcional— y financió personalmente su traslado.
Su hijo Moshé de Luna Montalto y su discípulo, el rabino Shaul Levi Mortera, acompañaron su cuerpo en el trayecto fúnebre hasta Ámsterdam. El lugar de su sepultura aparece representado en una pintura del artista Jacob van Ruisdael, realizada entre 1650 y 1655, en la que su tumba figura en el centro del lienzo.
Las palabras inscritas en su lápida habrían sido redactadas por su maestro principal en Tora, el célebre Rab Yehuda Aryeh de Modena (1571–1648).

 

 

לישראל כהריאל והר תלול הלא זה הוא
יהי זכרו ואור שחרו באמרם לו פאר דור הוא
הרק עמו שמו עמו הלא שרים יבקשו הוא
והוא להם בחצריהם בקול יקרא ואלי-יה הוא
ה”ה האלוף הקצין הרב הכולל כמוהרר אליהו מונטאלטו זצוקל
שהיה יועץ ורופא למלך ולמלכת צרפת ויצוו לחנוט אותו
ויישם בארון הזה ויתהלך את האלהים בכ’ט בשבט שנת שלום




Rab Isaac Cardoso (1604-1687) y el antisemitismo europeo

Isaac Cardoso, cuyo nombre original era Fernando Cardoso, nació en el año 1604 en Beira, Portugal, en el seno de una familia de judíos conversos, conocidos como “marranos”. Como muchas otras familias sefardíes en la Península Ibérica, los Cardoso vivieron bajo la presión de la Inquisición y mantuvieron la observancia del judaísmo en secreto durante varias generaciones.

Desde joven, Fernando demostró aptitudes intelectuales notables. Se trasladó a España, donde ingresó a la Universidad de Salamanca, una de las más prestigiosas de Europa en ese entonces. Allí estudió medicina, filosofía y ciencias naturales. Su formación fue rigurosa, y pronto se convirtió en una figura destacada en los círculos médicos e intelectuales de su tiempo.

En 1632, Cardoso fue nombrado médico principal de Madrid, cargo de gran prestigio en la corte de Felipe IV. Su actividad no se limitó a la medicina: publicó un tratado científico sobre el monte Vesubio —un volcán situado en Nápoles— en el cual analizaba las causas geológicas de los terremotos, un tema audaz para la época. También escribió una elegía fúnebre dedicada al célebre poeta Lope de Vega, y un ensayo médico sobre los usos terapéuticos del agua fría, dirigido al propio rey.

A pesar de su éxito profesional, Fernando Cardoso vivía una vida dividida: externamente cristiano, pero interiormente fiel a la tradición judía de sus antepasados. Finalmente, en 1648, decidió abandonar España y buscar un entorno donde pudiera vivir como judío libre. Se instaló en Venecia, una ciudad que ofrecía a los judíos cierta libertad y autonomía comunitaria. Fue allí donde adoptó públicamente la fe judía, cambiando su nombre por Isaac.

En Italia, Cardoso vivió primero en Venecia y luego en Verona. Continuó ejerciendo la medicina, pero dedicó cada vez más tiempo al estudio y a la escritura. En 1673 publicó en latín su obra más extensa y ambiciosa desde el punto de vista científico y filosófico: Philosophia Libera in Septem Libros Distributa (“Filosofía libre dividida en siete libros”), impresa en Venecia. Este tratado abordaba temas de cosmología, física, medicina, teología y ciencias naturales. Allí Cardoso se posiciona frente a corrientes filosóficas como el escepticismo de Gassendi y el racionalismo de Descartes, proponiendo una visión integradora entre ciencia, religión y razón.

Sin embargo, su legado más perdurable se encuentra en un libro que escribió en español, dirigido tanto a los judíos como a los lectores cristianos: Las Excelencias y Calumnias de los Hebreos, publicado en Ámsterdam en 1679.

Este libro está dividido en dos partes: los primeros diez capítulos presentan las “excelencias”, es decir, las virtudes del pueblo judío. Cardoso describe allí la singularidad del judaísmo: su carácter de pueblo elegido, la observancia de leyes específicas que lo distinguen de las demás naciones, su ética de la compasión, la práctica de la filantropía, el recato, la vida familiar, la fe profunda en un Dios único y la transmisión intergeneracional del conocimiento y los valores.

En los diez capítulos siguientes, Cardoso refuta con firmeza y elegancia las “calumnias” que durante siglos fueron dirigidas contra los judíos. Entre ellas: la acusación de idolatría, el prejuicio grotesco de que los judíos tienen cola o mal olor, el mito de que odian a los cristianos o que han alterado las Escrituras, y, especialmente, la infame acusación del llamado “ritual de sangre”, que afirmaba —sin base alguna— que los judíos asesinaban niños cristianos con fines rituales.

Una de las citas más elocuentes de su introducción dice:

“El pueblo de Ysrael, al mismo passo amado de Dios que perseguido de los hombres, ha dos mil años desde el tiempo de Nebuhadnezar que anda esparzido en las naciones…. de unas maltratado, de otras herido, y de todas desespreciado, sin que haya monarquía o reyno que no haya desenvainado contra él la espada…”

Cardoso responde a estos ataques con argumentos racionales, históricos y teológicos, demostrando que no hay base en la realidad para tales acusaciones y que ellas nacen de la ignorancia, la superstición o el fanatismo religioso. Su estilo combina erudición con claridad, ironía con profundidad, y está impregnado de un profundo amor por el pueblo judío.

La obra fue presentada al gran rabino de Venecia, Rabbí Shemuel Abohab, quien elogió calurosamente el texto y agradeció a Cardoso por su defensa brillante y valiente del judaísmo. El libro se convirtió en una referencia para las comunidades sefardíes de Europa occidental, especialmente en Ámsterdam, Londres y Livorno, que vivían entonces un renacimiento cultural y espiritual tras siglos de clandestinidad.

De las calumnias medievales al discurso de odio moderno

La acusación del “ritual de sangre” —una de las más crueles y absurdas jamás formuladas— afirmaba que los judíos mataban niños cristianos para usar su sangre en rituales religiosos. Aunque totalmente infundada, fue repetida por siglos y usada para justificar persecuciones y matanzas. Cardoso la refutó en su época con argumentos tan claros que hoy nos parecen evidentes, pero que entonces eran valientes y necesarios.

Hoy, el antisemitismo ha adoptado formas nuevas. La más reciente y dañina es la acusación de que el Estado de Israel comete “genocidio” en Gaza. Esta acusación, como la del ritual de sangre, ignora los hechos, pervierte el lenguaje moral, y presenta a la víctima como victimario.

Israel, al igual que el pueblo judío en los tiempos de Cardoso, se ve forzado a defenderse de quienes desean su destrucción. En este caso, de la organización terrorista Hamas, que no solo dispara desde zonas civiles, sino que se esconde deliberadamente detrás de civiles —usando hospitales, escuelas y mezquitas como escudos humanos. Israel se esfuerza de forma excepcional por minimizar víctimas inocentes, incluso arriesgando la vida de sus propios soldados. La muerte de civiles —dolorosa y trágica— ocurre precisamente porque Hamas retiene a rehenes, no entrega a los secuestrados, y lanza ataques desde entornos poblados.

Decir que Israel comete genocidio no solo es una calumnia sin base, sino un agravio a la memoria de las verdaderas víctimas del genocidio en la historia. Y al igual que la acusación medieval del ritual de sangre, esta mentira moderna busca deslegitimar al pueblo judío como colectivo moral y político.

Rab Isaac Cardoso, con su voz desde el siglo XVII, nos recuerda que los judíos han sido acusados falsamente por siglos. Pero también nos enseña que la respuesta a la mentira es la palabra, la razón y la verdad. Así como él escribió su obra en español para que también los no judíos pudieran comprender la injusticia de las acusaciones, hoy también se necesita levantar voces que respondan con inteligencia y ética a quienes difaman a Israel.

Cardoso murió en Verona alrededor del año 1683, dejando tras de sí un legado intelectual y espiritual de gran valor. Su figura representa el renacimiento de la identidad judía en tiempos modernos, el coraje de quienes abandonaron posiciones de prestigio para volver a sus raíces, y la dignidad de quienes, como él, decidieron responder al odio con sabiduría.

Hoy, Las Excelencias y Calumnias de los Hebreos está disponible en línea gracias a HebrewBooks.org, junto con más de 52.000 obras judías antiguas. Este texto, escrito en un castellano antiguo pero accesible, es una lectura fundamental para comprender cómo la lucha contra el antisemitismo moderno comenzó —al menos en parte— con la pluma de un judío sefardí que se atrevió a hablar en voz alta cuando otros callaban.