JUQAT: Las vacas pelirrojas y la educación de nuestros hijos, por Rabanit Coty Bittón

DOS TIPOS DE PRECEPTOS
Nuestros sabios identifican dos clases de preceptos: MISHPATIM, aquellos mandamientos que coinciden con la lógica humana, y que podemos entender su beneficio para nuestras vidas personales y para nuestra sociedad. Por ejemplo: la Mitsvá de ayudar a los pobres, la prohibición de asesinar, etc. Y luego están los JUKIM, aquellas Mitsvot cuyo entendimiento escapa nuestra lógica. La Mitsvá de Pará Adumá, una vaca pelirroja, mencionada en nuestra Parashá JUKAT , que consiste en sacrificar al animal, quemar el cuerpo y usar sus cenizas para purificarnos después de haber estado en contacto con un cadáver, es el Jok por excelencia. Es difícil de entender no solamente cómo funciona, sino también cómo es que el uso de estas cenizas purifica a la persona que está impura, y a la vez ¡lleva a los que se ocupan de este proceso de purificación ¡a un estado de impureza!
OBEDECER SIN ENTENDER
Es mucho más fácil obedecer a HaShem y cumplir sus mandamientos cuando los entendemos, cuando tienen lógica para nosotros. Servir a HaShem en el máximo nivel implica hacerlo incondicionalmente, sabiendo que muchas veces somos incapaces de entender la “lógica Divina” y el por qué de algunos de Sus preceptos.  Lo más importante, sin embargo, es que cuando cumplimos los Jukim estamos demostrando que aceptamos a Dios como la máxima autoridad, y que estamos dispuestos a obedecerlo aun cuando no comprendemos bien los motivos y la lógica de lo que nos pide hacer.    Pero, ¿cómo llegamos a desarrollar esta aceptación de HaShem como la autoridad máxima?
LA IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN
En nuestra interacción con nuestros hijos es importante ser razonables. La mayoría de las veces cuando le pedimos que hagan o dejen de hacer algo, debemos explicarles por qué es bueno lo que les estamos aconsejando.  Esto, por supuesto, facilita a que tengan una buena predisposición y nos obedezcan con gusto. Además, nos ayuda a mantener una buena relación con ellos, ya que nuestros hijos aprenden a apreciar que queremos su bien.
Sin embargo, algunas veces nuestros hijos van a tener que obedecernos, aunque no entiendan la lógica de nuestras indicaciones, y aunque no les parezca bien. “No entiendo por qué no puedo desayunar helado todas las mañanas”. “No entiendo, por qué dejas que esta enfermera me ponga esa vacuna que tanto me duele!”. “¡No entiendo por qué no me dejas ir a la casa de ese amigo!” Nuestros hijos tienen que entender que hay instrucciones cuya “lógica” pueden captar –o compartir– y hay otras instrucciones o límites que deben aceptar simplemente “porque papá o mamá así lo dicen”. Porque los padres somos la autoridad. Estos son los JUKIM de nuestros hijos. Y como padres no debemos tener miedo de imponer nuestra autoridad, aunque a nuestros hijos no les parezca que lo que decimos es razonable…
PADRES HUMANOS
Es verdad que, a diferencia de dios,  los padres a veces nos podemos equivocar. No tenemos la sabiduría y la justicia absoluta de nuestro Creador… Pero por el bien de nuestros hijos, debemos enseñarles a obedecer a una autoridad superior: esto es, nosotros, papá y mamá. Y cuando logramos que nuestros hijos confíen en nuestra autoridad, y aceptan que nuestra “imposición” está destinada a ayudarlos a hacer lo mejor para ellos, los estamos educando a que, cuando sean grandes, acepten la autoridad del Creador, aunque no siempre entiendan la lógica Divina.
SHABBAT SHALOM



JUQAT: Con la pluma, con la espada o la palabra

 Entre la Perashá de la  semana pasada y la Perashá de esta semana, Juqat, han pasado 40 años. Nos encontramos ahora en el último tramo de la travesía que comenzó cuando salimos de Egipto.  La generación que había vivido en la esclavitud la mayor parte de su vida, desapareció. Los que quedan son sus hijos, que si bien nacieron en la esclavitud han tenido tiempo, 40 años, para desprogramarse de la mentalidad de esclavos y pensar y actuar como seres humanos libres.  Las voces que reclamaban volver a Egipto y regresar a una vida de opresión pero sin responsabilidades, ha desparecido. Y a diferencia de sus padres esta nueva generación, no tiene miedo. Está preparada para luchar y conquistar la tierra de Israel.

LA PREGUNTA

De cualquier manera, la situación no es fácil. Quieren entrar a Israel por el camino de Edom, por el sur, la via mas directa hacia a la tierra prometida.  Pero Edom, un pueblo que será su futuro vecino,  no facilita el ingreso. Israel tiene que bordear Edom. El camino es muy largo y la gente ya está muy cansada. Ahora nos encontramos con un episodio memorable, pero muy triste. El pueblo se queja por la falta de agua. HaShem le indica a Moshé que tome su bastón (maté) y que congregue al pueblo frente a una roca. Moshé debe hablarle a la roca y por debajo de la misma surgirá un manantial de agua.  Moshé hace todo lo que HaShem le dice. Bueno, casi todo. La minúscula digresión de Moshé respecto a la orden divina es que en lugar de hablarle a la roca, Moshé la golpea con su bastón. HaShem le dice a Moshé, sin indicar explícitamente cuál fue su falta, que él y Aharón no van a liderar más al pueblo. Moshé morirá en el desierto. Y Yehoshua tomará el mando y los llevará a conquistar la tierra de Israel. Todos los comentaristas Bíblicos se preguntan qué fue lo que hizo Moshé para merecer una sanción tan severa. Según Rashí. “Moshé no tenía que haberle pegado a la roca, le tenía que haber hablado”. Creo que todavía puede parecer exagerado el castigo a Moshé.  ¿Es tan grave el error de Moshé? Especialmente si tomamos en cuenta que HaShem le pidió a Moshé que tomará su vara… Y que 40 años atrás, en una situación muy parecida, HaShem le dijo a Moshé que haría salir agua de una roca y que Moshé debía “golpear” la roca. ¿Cómo se justifica ahora un castigo tan grande por una desviación tan pequeña que puedo haber sido un error?

UNA POSIBLE RESPUESTA

¿Qué les parece si profundizamos el aspecto simbólico de “pegarle” a la piedra vs. “hablarle” a la piedra?  Recordemos el contexto: la generación anterior era una generación de esclavos que estaba entrenada a obedecer a los golpes.  La única forma de hacerlos reaccionar era con el látigo o el palo: los castigos físicos.  En un artículo llamado “Esclavitud, una institución que deshumaniza” Nell Painter explica que en el siglo 16, 17 los esclavos africanos estaban expuestos a todo tipo de torturas físicas y sicológicas, los marcaban como animales, los mutilaban, y los obligaban a ver las torturas aplicada a los miembros de su familia.  En Egipto , 3000 años antes, las condiciones de los esclavos hebreos no pueden haber sido mucho mejor…. y eso dejó sus secuelas.  Pero la nueva generación era diferente. Ya tuvieron tiempo para adoptar su nueva identidad: ahora se transformaron en el pueblo de HaShem, el pueblo que se somete voluntariamente a las instrucciones de Torá, la autodisciplina (quedushá).  Este nuevo pueblo elegido tiene que  ser educado y liderado con palabras; no con golpes. Pensemos en la diferencia entre nuestra sociedad moderna y la generación anterior. Hace solo 40 o 50 años atrás los maestros golpeaban a sus alumnos en la clase para disciplinarlos.  El mundo, en ese aspecto, cambió radicalmente.   En ningún país civilizado se concebirá que un maestro le pegue a sus alumnos. Un fenómeno parecido ocurre en el seno de las familias.  Conozco muchos padres que fueron criados “con el látigo”, y que hoy en día les cuesta liberarse de esa carga. Porque es difícil dejar de usar la fuerza como una herramienta de persuasión cuando uno no se entrenó en otras formas de imponer la autoridad. Los padres más jóvenes, sin embargo, aprendieron a sustituir el látigo por la palabra y establecer su autoridad por el peso de lo que dicen.  

Es posible que en el caso que trae nuestra Perashá sea algo parecido. La nueva generación tenía que olvidar el poder del “golpe”. Es como si HaShem le hubiera dicho a Moshé  “Toma la vara, ¡pero no la uses! Háblale a la piedra ¡y no la golpees!. Quiero que la nueva generación se libere de la pesada herencia del látigo, y aprenda a usar la palabra.”

SHABBAT SHALOM

2024:

VIP: “drapetomania”,   segun el diccionario de Oxford: “Una forma de disfuncionalidad  que supuestamente afectaba a los esclavos en el siglo XIX, manifestada por un impulso incontrolable de escapar de sus amos blancos, que era prevenible mediante azotes regulares




KORAJ: La historia de dos influencers

EL MISTERIO DE ON
On Ben Pelet es un personaje misterioso en la Torá. No se sabe de él prácticamente nada. La Perashá de esta semana lo menciona en el contexto de la rebelión de Koraj: On es un líder de la tribu de Reubén que junto con Kóraj, cuestiona el rol político de Moshé. Luego que presentan su caso contra Moshé, la coalición anti-Moshé se prepara para el día siguiente: por la mañana se decidirá –de manera Providencial– quién es el líder de Israel. Al otro día, la Presencia Divina se revela, confirmando la designación de Moshé. Kóraj, sus secuaces y seguidores fueron trágicamente castigados y perdieron sus vidas. La Torá nombra a los que fallecieron en la insurrección. Pero a On Ben Pelet no se lo menciona entre los fallecidos. ¿Por qué? ¿Qué pasó con On?
YO NO SE POR QUÉ…
Uno de los elementos más especiales de la narrativa bíblica, es que la Torá nos cuenta lo que dijeron o hicieron los distintos personajes de la historia, pero casi nunca clarifica “por qué” los individuos actúan de la manera que actúan: ¿Por qué Cain mató a Abel? ¿Por qué los espías no quisieron continuar hacia Israel y desmoralizan al pueblo? En estas y en muchas otras ocasiones, el texto permanece en silencio. Son los Sabios del Talmud o el Midrasn los que llenan estas lagunas textuales con interpretaciones –históricas o alegóricas– ideas filosóficas, o deducciones gramaticales. Y con mucha humildad, siempre dejan un espacio abierto para otras ideas y opiniones. Y es así como la Torá siempre da para más. Y en cada generación invita “al lector” a transformarse en “el escritor” y descubrir una nueva interpretación del texto.
EL SEXTO SENTIDO FEMENINO
Volviendo a On Ben Pelet, el Midrash dice que On fue salvado por su esposa. Veamos. Luego que Koraj y sus secuaces se enfrentaron a Moshé, On regresó a su casa y le contó a su esposa que mañana se resolvería el tema del liderazgo y él intentaría transformarse en uno de los dirigentes del pueblo. La esposa de On no se impresionó. No se dejó llevar por la ambición del prestigio político. Dicho sea de paso, los Sabios también interpretaron que la esposa de Kóraj, llena de envidia y ambición, fue la que “le llenó la cabeza” a su marido para que acusara de nepotismo y usurpación del poder a Moshé e intentase reemplazarlo. La esposa de On, por otro lado, actuó de una manera opuesta. Desalentó a su marido a salir en contra Moshé. Esta mujer procedió, no solo con sentido común sino también con mucha inteligencia. Cuando su marido le contó su plan, no lo contradijo. Se dio cuenta de que de nada serviría decirle que no tenía razón. Pero, estratégicamente, lo convenció de que sin importar quién iba a ser el líder supremo, él iba a seguir en un segundo plano. Su papel no cambiaría. El suyo era “un caso perdido”.
LA ESTRATEGIA DE LA ESPOSA DE ON
On le dio la razón a su esposa. Sin embargo, le dijo que igual debía hacerse presente porque ya se había comprometido con Kóraj y sus amigos…. La esposa, viendo que On estaba decidido a seguir con su plan, no le dijo nada. Pero sabiendo que la presencia de su marido junto a los rebeldes podía terminar muy mal, decidió entonces tomar el asunto en sus propias manos.
¿Qué hizo la esposa de On? Seguramente esa noche lo mantuvo despierto durante el mayor tiempo posible. Y antes de dormir le dio de beber un vino muy fuerte, que lo hizo quedarse dormido más de lo habitual. Por la mañana, cuando sus amigos lo vinieron a buscar, querían entrar a su casa a despertarlo. Pero la esposa de On deliberadamente dejó su cabello suelto —algo que una mujer judía casada solo hace frente a su esposo— y por recato los amigos de On se quedaron esperando afuera*. Se me ocurre que en ese momento le habrán pedido a la esposa, gritándole desde fuera de la tienda, que despertara a On, que ya era tarde, que el motín estaba por empezar. Y ella les habrá dicho: “No se preocupen. Ustedes vayan adelante que yo ya despierto a mi esposo y enseguida estará allí con ustedes”. La esposa logró que su marido siguiese dormido por un par de horas más: el tiempo necesario para que terminase el trágico motín. Y así, con mucha inteligencia e intuición femenina salvó la vida de su esposo.
La esposa de Koraj alentó a su marido a rebelarse contra Moshé y lo llevó a su  destrucción. Mientras que la esposa de On usó toda su inteligencia, su encanto y su influencia para salvarlo de su perdición.
* Recuerdo hace muchos años haber visto un episodio de la serie “La familia Ingalls” (o “La casa de la pradera”) donde un imprudente visitante se acercó a la casa de los Ingalss, y en ese momento Caroline, la esposa de Michael –que siempre llevaba su cabello recogido– estaba con su cabello suelto. Y cuando la vio , se percibió como una indiscreción . 



Koraj y las cuatro palabras que pueden salvar tu vida

No alcanza solo con aprender el significado de este versículo de la Torá (pasuq). Les recomendaría que lo memoricen. O que lo impriman y lo guarden en su bolsillo, cartera o billetera. Es un pasuq muy corto, que pertenece a la Parashá que leeremos en unas semanas, Pinejás, pero se refiere a lo acontecido en nuestra Parashá KORAJ. El pasuq consiste en solo 4 simples palabras. “UBNE QORAJ LO METU”. Que significa literalmente “Y los hijos de Koraj no murieron”. Es decir, sobrevivieron. 

¿A qué se refiere este breve texto?   

HIJOS vs PADRE

Llevado por la ambición, la envidia y los malos consejos, Koraj decidió rebelarse contra Moshé y Aharón para quitarles el liderazgo político. Koraj no estaba solo. Más de 250 personas lo acompañaban en su aventura rebelde. El final de Koraj fue horroroso: murió tragado por la tierra. Todas las personas que estaban con Koraj sufrieron el mismo destino. Sin embargo, como menciona este pasuq, los hijos de Koraj fueron la excepción ¡y sobrevivieron! ¿Por qué? Los hijos de Koraj, que ya eran adultos, se habían sumado a la rebelión encabezada por su padre y participaron de las protestas y las manifestaciones en contra de Moshé. Sin embargo, “a último momento”, cuando llegó la hora del enfrentamiento final con Moshé, reaccionaron. Se dieron cuenta que lo que estaban haciendo era un acto de locura y que si no daban marcha atrás en ese mismo momento, ¡el daño iba a ser irreparable! Los hijos de Koraj sobrevivieron porque se arrepintieron justo a tiempo, en el minuto final.  

Pienso en los desafíos morales que todos nosotros vivimos diariamente. 

LA IRA Y EL ENOJO

A veces nos dejamos llevar por la ira y estamos a punto de levantar la mano y dañar físicamente a alguna persona, u ofender seriamente a alguien insultándolo con palabras graves. Estos impulsivos actos de violencia, especialmente si se trata de violencia física, pueden tener consecuencias irreversibles para la víctima y para el victimario. En un acto impulsivo que dura unos pocos segundos, uno puede condenarse a sí mismo a sufrir las consecuencias de lo que hizo, por el resto de su vida.

ATRACCIÓN FATAL

Otras veces nos dejamos llevar por nuestras pasiones. Nos relacionamos con quien no debemos… nuestro sentido común se nubla y así, en un breve momento, nos dejamos arrastrar por el instinto, pudiendo echar a perder “para siempre” nuestro honor, manchar nuestro buen nombre y el de nuestros hijos y destruir nuestra familia… 

PERDERLO TODO POR UN TEXTO

Sucede que uno está a punto de mandar un texto que escribió con enojo, donde expresa toda su frustración sin filtros. Hacemos esto más para desahogarnos que para transmitir un mensaje. Y no medimos ni calculamos como va a reaccionar el que lo recibe.   Hay casos famosos de grandes personalidades que perdieron sus trabajos por un Twitter inapropiado que una vez enviado y registrado por un solo “follower”, ya nunca pudieron borrar. En los tiempos de WhatsApp o Snapchat uno puede arruinar la vida de otra persona, o la propia, con tan solo enviar una fotografía inapropiada. Increíblemente, no siempre nos damos cuenta de la gravedad y de la irreparabilidad de lo que hacemos. ¿Por qué? Creo que porque inconscientemente suponemos que las cosas graves y con consecuencias de largo alcance suelen ser difíciles de ejecutar…. y hacer click en “send” ¡parece tan fácil!

EL ÚLTIMO RECURSO

Lo curioso es que en varios casos famosos de actos impulsivos, mensajes o textos inapropiados, los que cometen el error se dan cuenta de lo que hicieron ¡unos segundos DESPUES!

En todos estos casos, nuestro nombre, nuestra familia, nuestra reputación, nuestras vidas pueden ser salvadas recordando este pasuq “Y LOS HIJOS DE KORAJ SOBREVIVIERON”. Los hijos de Koraj que estaban a punto de arruinar sus vidas y perderlo todo se dieron de lo que iban a a hacer un breve momento ANTES, dieron marcha atrás y se salvaron. 

Recomiendo memorizar estas 4 palabritas y si alguna vez, ח”ו alguien está a punto de caer en la destructiva trampa de sus propios impulsos, que diga para sí mismo este Pasuq y recuerde que la sabiduría de dar marcha atrás en el último minuto salvó la vida de los hijos de Koraj. Y puede salvar la tuya.

וּבְנֵי־קֹרַח לֹא־מֵתוּ

¡Y los hijos de Qoraj, sobrevivieron!

Bamidbar 26:11




SHELAJ LEJA: La generación langosta

El derrotismo psicológico de la generación del desierto también se pone de manifiesto en un detalle que por muchos años no había notado: los espías se veían chiquitos como insectos, pero ¿por qué no se describieron como hormigas, abejas o avispas, insectos que la Torá describe en otros contextos? ¿Por qué usar las “langostas” como metáfora?

Se me ocurrió que eligieron compararse con un insecto como la langosta porque las langostas no tienen aguijón, es decir: no pueden defenderse ni defender a su colonia. En cierta manera, y con mucha sofisticación, admitían su superioridad numérica —tengamos en cuenta que el efecto devastador de las langostas se produce cuando llegan en plagas de millones— pero fuera de su gran número, individualmente, las langostas son totalmente inofensivas y vulnerables.

Los hombres de la generación del desierto, diría el Dr. Freud, se veían a sí mismos como langostas porque se creían incapaces de defenderse ¡y, mucho menos, de triunfar!

Si queremos analizarlo más sofisticadamente todavía: según la cultura gastronómica de aquellos tiempos, las langostas eran comestibles (muchas especies son kosher), y quizás inconscientemente se estaban describiendo a sí mismos como “comida” para el enemigo.

Caleb y Yehoshua, por el otro lado, en un momento presentaron una visión opuesta cuando dijeron “Lajmenu hem”: los enemigos serán como pan para nosotros, en el sentido de la expresión en español argentino: “son pan comido”.




SHELAJ LEJA: De la generación del desierto a la generación de la victoria

EN EL DESIERTO

El pueblo judío estaba en el desierto, a pocos días de alcanzar la Tierra Prometida. Dios instruyó a Moshé que enviara a doce hombres, líderes de las tribus, a explorar el territorio de Israel y planificar la forma más eficaz de conquistarlo. Los espías regresaron de su misión y mostraron al pueblo los frutos de Canaán. Todos se deleitaron.
Pero lo que siguió fue inconcebible e inesperado: diez de los doce exploradores expresaron un pesimismo total sobre las posibilidades de conquistar la tierra de leche y miel: LO NUJAL. “¡No podremos conquistarla! Los habitantes son demasiado fuertes. Son gigantes. Nosotros somos pequeños e insignificantes, “como langostas”. ¡No vamos a lograrlo!”

Yehoshua y Caleb, dos de los exploradores, intentaron razonar con el pueblo y ofrecieron mas o menos los siguientes argumentos: “No somos una nación cualquiera. Somos el pueblo de Dios. ¿Acaso olvidaron quién nos sacó de Egipto hace apenas un año? ¿Recuerdan las diez plagas? ¿No se dan cuenta de que Dios nos guía y nos ayudará a conquistar la tierra? ¡No tengan miedo! ¡ALO NA’ALE! ¡Vamos a poder conquistarla!”

TISHA BEAB

La historia terminó mal. El pueblo lloró, gritó y protestó contra Moshé y Aarón. Yehoshua y Caleb intentaron calmarlos, pero la multitud se negó a escucharlos y estuvo a punto de apedrearlos. Dios tuvo que intervenir de manera directa para evitar una sublevación colectiva. Hubo víctimas. Dios castigó a esa generación de la peor manera posible, “karma”, iban a tener que deambular por el desierto —como ellos querían— hasta desaparecer y ser reemplazados por la próxima generación.

Durante años me pregunté qué motivó a los diez espías a ser tan pesimistas. La Torá, fiel a su estilo, deja este punto abierto a la interpretación. Leí mucho sobre este episodio. Al principio, no entendía cómo pudieron paralizarse por el pesimismo. Era ilógico. Y no solo porque HaShem estaba con ellos. Incluso desde un punto de vista práctico y pragmático, sin basarse en milagros, ¡tenían todas las de ganar! El ejército de Israel contaba con 600.000 soldados: ¡era enorme, incluso en términos actuales! En el libro de Yehoshua vemos que los pueblos de Canaan tenían 20, 30 o 50.000 habitantes, y que en realidad ellos temían a Israel.

Y si no luchaban para conquistar la tierra de Israel, ¿cuál era el plan B? ¿Volver a Egipto? ¿Quedarse en el desierto?

La idea de no hacer nada era suicida.

En los últimos años, me convencí de que el problema no era ideológico ni militar, sino psicológico: los espías eran parte de la GENERACIÓN DEL DESIERTO, y la mayoría de ellos –como lo demuestra la proporción de 10 de los 12 exploradores– sufrían de esa mentalidad de esclavos y complejo de inferioridad. El miedo y el pánico a enfrentar a otra persona —algo que habían estado programados a NO hacer—se apoderó de ellos y los paralizó.  Durante los 210 años que fuimos esclavos en Egipto nuestra mentalidad cambió. La generación del desierto creció con la convicción de que no podían — ni debían– defenderse. Y no lo pudieron superar.

CAMBIO GENERACIONAL

Hasta 1948, los judíos vivimos en el cautiverio, –GALUT o Diáspora–que duró ¡1900 años! En el exilio fuimos sometidos a todo tipo de persecución, abuso y sometimiento. Vivíamos de prestado. Teníamos que pedir disculpas por existir. Tratábamos de pasar desapercibidos para sobrevivir. Estaba prohibido llamar la atención. Nos acostumbramos a no molestar a nadie. No teníamos derechos ni se nos ocurría demandarlos. Esa mentalidad de 2000 años de exilio se hizo parte de nuestro carácter, y algunos aún no lo han superado. Fuera de Israel, y hasta en Israel, muchos siguen sufriendo de esta mentalidad derrotista, o de complejos de inferioridad que nos hace ver al enemigo siempre como más fuerte. O al otro como mejor. O más justo que nosotros.

Estos últimos días, como todos ustedes, estoy pegado a las noticias de Israel. Y, entre otras cosas, escuché a algunos analistas explicando por qué Israel no atacó a Irán hace 20 o 30 años atrás, cuando era mucho más fácil hacerlo y menos peligroso. La respuesta que escuché una y otra vez es la misma: miedo. Miedo porque, a pesar de tener un ejército tan fuerte, nos veíamos como langostas. O miedo de que algo saliera mal. Miedo de la reacción de Irán, y especialmente miedo de la reacción del mundo: ¿qué van a decir? Ese miedo paralizaba. Ese miedo era suicida.

TRAUMA TRANSFORMADOR

Creo que el 7 de octubre fue, para muchos judíos, un trauma transformador. Comprendimos, a la fuerza, que si no nos defendemos nosotros mismos, nadie lo va a hacer por nosotros.
 El primer ministro Netanyahu también se transformó. Se despertó. O se hizo mucho más valiente. Y demostró que había superado el miedo galútico. Israel invadió Gaza, algo que durante veinte años tuvo mucho miedo de hacer. Invadir Gaza, para mí, fue el punto de inflexión. A partir de allí y bajo el liderazgo de Netanyahu, Israel por primera vez en su historia no tuvo miedo de la demonización que siempre se le hizo intencionalmente en los medios de comunicación: acusándolo falsamente de matar niños palestinos, de genocidio deliberado, de atacar hospitales, etc. En el pasado, el miedo a la demonización pública mundial, nos paralizó. Nos hacía retirarnos rendidos de guerras que habíamos ganado . Hamás contaba con nuestro terror al “qué dirá el resto del mundo”.

DE GAZA A IRAN, PASANDO POR LIBANO

Por primera vez en muchos años, a Israel se paralizó por temor a la opinión del mundo. Nos dimos cuenta de que igual, no la íbamos a cambiar. Nos dimos cuenta de que las manifestaciones contra Israel comenzaron ¡el 8 de octubre! ¡Mientras estábamos sangrando, y mucho antes de que saliéramos a defendernos! La masacre del 7 de octubre nos trasformó. El futuro de nuestros hijos nos importó más que la crítica internacional. E invadimos Gaza. Nos atrevimos a resistir la crítica de literalmente TODAS las naciones de la tierra. ¡Fueron días mentalmente épicos! Luego, Netanyahu también se atrevió a actuar con una JUTZPA enrome y realizar un acto de insubordinación sin precedentes: desobedecer una orden directa de Estados Unidos, cuando Biden le dijo “DON’T” y le prohibieron avanzar sobre Rafiaj, amenazando de que no proveerían más armas.  Netanyahu se transformó en un león que no se deja intimidar. Y para la sorpresa del mundo, cargó hacia adelante. Y así lo hicieron nuestros soldados, contagiados con una bravura sin igual.

Después llegó la deliberación sobre atacar a Hezbollah. Los líderes de la generación del desierto —los políticos, periodistas y ex generales que aparecen a diario en los canales 11, 12 y 13 todos decían: “LO NUJAL”, “no vamos a poder”— seguían advirtiendo que no había que atacar a Hezbollah, que iban a haber decenas de miles de muertos.

Y entonces Netanyahu le dio la orden al Mosad para llevar a cabo la operación BEEPERS, la misión de inteligencia más audaz de la historia.

Luego continuamos con Siria, donde Israel destruyó de manera preventiva toda la maquinaria militar y hasta conquistó territorio y declaró que no lo piensa devolver.

El 7 de octubre se dio el cambio generacional.
 Pasamos de ser la generación del desierto —Dor haMidbar— a convertirnos en la generación de la victoria —Dor haNitsajón. La generación que perdió el miedo. Que peleó, conquistó y defendió la tierra de Israel.

Estos son días históricos por los acontecimientos que vivimos —la eliminación de la amenaza nuclear de Irán—. Y son tiempos bíblicos porque nos transformamos en la generación de Yehoshua y Caleb.

EL REGRESO DE YEHOSHUA

Esa nueva generación, muy pronto, después de la guerra, reemplazará a la generación del desierto también en el ámbito político.

Y viviremos en un Estado de Israel más seguro, menos apologético, menos acomplejado y más orgulloso de su identidad judía.

Hoy, con la fe y la valentía de Yehoshua y Caleb, podemos hacer realidad sus palabras, cuando dijeron:

“…a toda la congregación de los hijos de Israel: ‘La tierra que recorrimos para explorarla es muy, muy buena. Si Dios lo quiere, nos llevará a esta tierra y nos la entregará en nuestras manos: es una tierra que fluye leche y miel. No se rebelen contra Dios y no teman a los pueblos de la tierra, porque serán pan [comido] para nosotros… Dios está con nosotros.

¡No tengan miedo!’”
(Bamidbar 14:8-10)

 

וַיֹּאמְרוּ אֶל כָּל עֲדַת בְּנֵי יִשְׂרָאֵל לֵאמֹר
 הָאָרֶץ אֲשֶׁר עָבַרְנוּ בָהּ לָתוּר אֹתָהּ טוֹבָה הָאָרֶץ מְאֹד מְאֹד
אִם חָפֵץ בָּנוּ ה׳ וְהֵבִיא אֹתָנוּ אֶל הָאָרֶץ הַזֹּאת וּנְתָנָהּ לָנוּ
 אֶרֶץ אֲשֶׁר הִוא זָבַת חָלָב וּדְבָשׁ
אַךְ בַּה׳ אַל תִּמְרֹדוּ וְאַתֶּם אַל תִּירְאוּ אֶת עַם הָאָרֶץ 
כִּי לַחְמֵנוּ הֵם סָר צִלָּם מֵעֲלֵיהֶם 
וַה׳ אִתָּנוּ אַל תִּירָאֻם




SHELAJ LEJA: El miedo a la libertad


LA MISIÓN

Los hijos de Israel están en el desierto, a pocas semanas de llegar a la Tierra Prometida. Para asegurar el éxito de su expedición militar, Moshé envía a 12 hombres como espías en una misión de inteligencia. Estos hombres, que eran los líderes de las tribus, tenían que identificar las fortalezas y las debilidades de las personas que vivían allí y a las que pronto tendrían que enfrentar. La información que traerían con ellos sería crucial para el éxito militar.

Después de cuarenta días explorando la tierra de sur a norte, y de este a oeste, los espías finalmente regresan al campamento.

La información debía ser transmitida solo a Moshé, que era el comandante en jefe del ejército de Israel. Pero ocurrió algo inesperado: cuando la gente se enteró del regreso de los espías, a los que estaban esperando ansiosamente, rodearon a los espías y se quedaron allí a escuchar su reporte.

Sin pensar en las consecuencias de este pequeño cambio de planes, los espías, en lugar de informar privadamente a Moshé —y naturalmente motivados por la tentación de ser escuchados por cientos de miles de personas— presentaron su informe en público, lo que inició una cadena de eventos trágicos que nadie pudo anticipar.

EL INFORME DE INTELIGENCIA

Al principio, los espías elogiaron la tierra y hasta mostraron con orgullo las enormes frutas del lugar, que todos vieron con asombro. Pero luego, el discurso cambió. La mayoría de los espías, diez de los doce, comenzaron a verbalizar sus dudas sobre la posibilidad de proceder con el plan de conquistar la tierra de Canaán.

La larga lista de dudas incluye lo siguiente:

“Los hombres contra los que tendremos que luchar son gigantes… nos veíamos a nosotros mismos como langostas, y así nos veían”.

Cuando uno está poseído por el miedo, ve, ¡necesita ver!, la realidad a través de lentes negativos, los lentes de lo imposible. Es decir: la óptica que, lejos de disipar el miedo, lo justifica. No mencionaron que ellos eran mucho más numerosos que sus enemigos. Y en lugar de enfatizar esta ventaja, se describieron a sí mismos como subhumanos (insectos) y al enemigo como superhumanos (gigantes).

LANGOSTAS

Este derrotismo psicológico también se pone de manifiesto en un detalle que yo nunca antes había notado: si te ves pequeño como un insecto, ¿por qué no te describes como una hormiga, una abeja o una avispa (la famosa Tzir‘a que la Torá otras veces menciona)? ¿Por qué usar a la “langosta” o el “saltamontes” como metáfora? Me parece que eligieron compararse con un insecto como la langosta porque “no tiene aguijón”, es decir: no puede defenderse ni defender su colonia. En cierta manera, y con mucha sofisticación, admitían su superioridad numérica, ya que las langostas vienen en plagas de millones. Pero fuera de su gran número, se veían a sí mismos incapaces de defenderse y, mucho menos, de triunfar. Si queremos analizarlo más sofisticadamente todavía: según la cultura gastronómica de aquellos tiempos, las langostas eran comestibles (muchas especies son kosher) y quizás inconscientemente se estaban describiendo a sí mismos como “comida” para el enemigo.

AL-QAEDA Y AMALEQ

Los israelitas no conocían a los enemigos con los que se iban a enfrentar, con excepción de uno de ellos: Amalek, que si bien fue derrotado en una guerra anterior, creó y dejó un trauma y un miedo psicológico en el pueblo judío, ya que fueron los primeros en atacar a Israel, no de frente sino por la retaguardia: Amalek atacó a las mujeres, los niños y los ancianos. Amalek no mostró misericordia ni se inmutó de que Israel es el pueblo protegido de Dios. Los espías mencionaron a Amalek porque proyectaban sus propios miedos hacia un enemigo que no duda en infligir dolor y muerte y que practica el terrorismo más que la guerra. Mencionar a Amalek aterroriza. Sería como mencionar a ISIS o Al Qaeda a las víctimas del terror en Medio Oriente.

LA TIERRA QUE TRAGA

También mencionaron a la tierra de Israel. Primero positivamente: la leche —producto de la ganadería— y la miel, el sirope de los dátiles —producto de la agricultura. Pero inmediatamente después, la narrativa cambió. Y las palabras que los espías utilizan para describir a Israel son: “una tierra que se traga a sus habitantes”. ¿Qué estaban tratando de decir con esta descripción totalmente falsa de la topografía de Israel? Creo que el mensaje subliminal de esta demonización geográfica era el siguiente: incluso si, en el mejor de los casos, conseguimos derrotar a los pueblos antiguos, la tierra ¡no vale la pena!, ya que “se traga a sus habitantes”. Los espías pintaron una imagen irreal, horrorífica y falsa de Israel, asemejándola a una región volcánica y seca, no apta para la agricultura y propensa a la actividad sísmica. En otras palabras, y este es el mensaje fundamental de los espías: ¡Israel, como tierra, es peor que el desierto en el que vivimos ahora… así que es mejor que nos quedemos aquí!

LA REACCIÓN

Al escuchar este informe, las cosas se salieron completamente de control: la gente se puso a llorar, a gritar y a protestar. De nada sirvió que Yehoshua y Caleb trataran de hacerlos entrar en razón. La turba quería matarlos. Dios tuvo que intervenir directamente para evitar la sublevación. Hubo víctimas —los 10 espías y muchos más. Dios los castigó de la peor manera posible. Si no querían ir a la Tierra Prometida, aquí se quedarán hasta morir. Tendrán que quedarse en el desierto hasta que haya un cambio generacional.

Fue una noche tan trágica que la recordamos en luto todos los años en el 9 del mes de Ab.

¿PERO POR QUÉ?

Confieso que durante muchos años adopté la opinión de los comentaristas que responsabilizan a los 10 espías y los ven como instigadores políticos, con sus propias agendas personales: no “querían” conquistar Israel y preferían volver a Egipto y ser recibidos allí como héroes, etc.

Este año, estoy ensayando un enfoque diferente. Quizás los espías fueron víctimas de su propio pánico. Un miedo incontrolable que se apoderó de ellos incluso antes de que la operación de espionaje hubiese comenzado. Quizás cuando dieron su informe no tuvieron la intención de desalentar al pueblo y simplemente se estaban “desahogando” de sus miedos personales, pero en el escenario incorrecto: frente a todos los demás.

ESCAPE A LA LIBERTAD

Lo que me llevó a pensar de esta manera es haber releído recientemente el libro de Erich Fromm, Escape from Freedom (o en español con el título “El miedo a la libertad”, que irónicamente capta mejor la idea que estoy tratando de expresar).

Los espías eran “líderes de Israel”, pero no podemos olvidar ni por un segundo que hasta hace un par de años eran “esclavos”: habían nacido y crecido en un sistema de abuso físico y mental. Habían sido entrenados por sus amos por generaciones a no defenderse: a no luchar por sus derechos o por sus sueños. Fueron programados para “no soñar” con un futuro mejor. Para reprimir cualquier deseo de libertad.

Probablemente, debido a este “trastorno de personalidad”, los espías verbalizaron su pánico, actuando con el instinto más importante de un esclavo: la supervivencia, que incluye “no asumir ningún riesgo innecesario”.

Siguiendo las ideas de Erich Fromm, los esclavos judíos no pudieron ejercer completamente su libertad, que incluye la responsabilidad de luchar y arriesgar la vida por ella. Sin darse cuenta, estaban aterrorizados de la libertad e irónicamente, hicieron lo posible para no conseguirla. Quizás en un lapsus freudiano se describieron a sí mismos como “saltamontes” y no como “hormigas” porque estaban eligiendo inconscientemente “huir”, “volar” en lugar de “luchar con el aguijón hasta la muerte”.

Como sudamericano, puedo escuchar los ecos subconscientes de esta situación mental en los himnos de Argentina o de Uruguay: “Libertad o con gloria morir”. Estas palabras quizás no expresan lo que sentían los libertadores del siglo XIX, sino las arengas formuladas para convencer a los subyugados de que debían asumir con valentía el precio de la libertad. Y estar dispuestos a correr el riesgo de “morir con gloria” en el campo de batalla. Algo que la generación del desierto no supo conseguir. El miedo a la libertad, como afirma Fromm, los llevó a la autodestrucción.

Creo que si en lugar de haber presentado su informe al pueblo, los espías hubieran hablado primero con Moisés, él podría haberlos disuadido. Les habría transmitido con calma la Emuná, la certeza de que Dios estaba con ellos, y les hubiera demostrado que todo lo que el Todopoderoso les había prometido lo había cumplido. Quizás si hubieran hablado primero con Moshé, como indicaba el plan original, esta tragedia se hubiera evitado. Pero trágicamente, una vez que verbalizaron sus miedos en público, las cosas se salieron completamente de control, porque el pánico es contagioso y el miedo hizo que toda una generación olvidara su fe.


 




BEHAALOTEJA: ¿Quién era Moisés?

וְהָאִ֥ישׁ מֹשֶׁ֖ה עָנָ֣ו מְאֹ֑ד מִכֹּל֙ הָֽאָדָ֔ם אֲשֶׁ֖ר עַל־פְּנֵ֥י הָאֲדָמָֽה

¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS HÉROES JUDIOS?

Los pueblos de la antigüedad no exaltaban las virtudes morales de su heroes, como la integridad personal o la humildad. Las civilizaciones antiguas admiraban el poder físico de sus líderes, como en el caso de Hércules, o su ingenio militar, como Alejandro Magno, o su astucia para engañar al enemigo, como Hermes. La humildad nunca fue vista como una virtud por los paganos. Por el contrario, la humildad se asociaba con la debilidad. La Torá, sin embargo, no enfatiza la fuerza militar o el poder físico nuestros  líderes: el buen líder judío —como el rey David, por ejemplo— es aquel atribuye la victoria en el campo de batalla, en última instancia, a Dios.

EL GENERAL MOSHÉ

Esta es la razón por la cual muy pocas personas recuerdan que Moshé fue un poderoso líder militar y que derrotó a sus multiples enemigos:

Moshé enfrentó al Faraón, el hombre más poderoso del mundo en ese momento y llevó de la esclavitud a la libertad a tres millones de personas.

Moshé también lideró y triunfó en las gloriosas batallas contra Sijón y ‘Og en trans-jordania.

Mientras que otros pueblos y culturas harían culto a Moshé por su proezas militares, lo que la Torá destaca no de él no son su victorias militares ni su habilidad política, sino su carácter y su personalidad. Particularmente, su humildad. ¿Qué es la humildad de un líder judío? ¿Y por qué es tan importante?

TORÁ Y POLÍTICA

Un líder puede tener dos tipos de objetivos: sus aspiraciones públicas y sus objetivos personales. Las aspiraciones públicas consisten en lo que el líder quiere hacer por el bien de su comunidad, su pueblo o su nación. Las aspiraciones personales consisten en lo que el líder quiere hacer para su beneficio personal: su riqueza, su imagen y su prestigio. A veces estas dos dimensiones coexisten armoniosamente. Y otras veces, estas dimensiones se vuelven inversamente proporcionales. En este último caso, cuando el principal objetivo de un líder político es su beneficio personal, el líder estará dispuesto a sacrificar el bien de su comunidad o su país para alcanzar sus objetivos personales. Hay muchos ejemplos de este tipo de liderazgo: ayer , hoy y mañana. Lo que no hay es muchos ejemplos de situaciones inversas, es decir: cuando un líder está dispuesto a sacrificar sus aspiraciones personales, su honor, sus bienes y hasta su dignidad personal por el bien de su pueblo.

Es por eso que Moshé era un líder excepcional.   

Veamos ahora algunos ejemplos del liderazgo de Moshé Rabbenu para descubrir este aspecto de su vida.  

EL BECERRO DE ORO

Moshé reacciona con indignación cuando desciende del monte Sinaí y ve al pueblo judío adorando al becerro de oro. Habían reemplazado a Dios con un ídolo egipcio y lo estaban adorando. La ira de Moshé en ese momento fue tan severa que rompió las Tablas.

LA GENTE SE QUEJA

En la Parashá de esta semana, beha’alotekha, cuando el pueblo se queja diciendo con insolencia que “solo tenían el maná para comer en el desierto” y comienzan a decir en voz alta que extrañan lo que comían en Egipto, Moshé también se ofende  (ובעיני משה רע). Recordemos que esas quejas de ingratitud estaban dirigidas hacia Dios, y no hacia la persona de Moshé …

MÁS QUEJAS

En el desierto, el pueblo nuevamente se quejó y manifestó su profunda falta de apreciación hacia Dios«¿Por qué Dios nos sacó de Egipto y nos trajo a este desierto? ¿Para hacernos morir de sed y hambre?” Moshé se ofendió y llamó al pueblo de Israel “rebeldes” (שמעו נא המורים).

En estos tres casos en los que Moshé reacciona con enojo y se ofende hay algo en común: las quejas no están dirigidas hacia Moshé; el pueblo se estaba comportando con desagradecimiento hacia Dios.

Ahora que vemos que Moshé es capaz de reaccionar y ofenderse en estas situaciones veamos otro tipo de casos que normalmente hubieran merecido una reacción por lo menos similar, si no mayor, de parte de Moshé.

COMPETENCIA

En la Parashá de esta semana, dos individuos, Eldad y Medad, estaban profetizando en el campamento de Israel. «Profetizar» era una prerrogativa exclusiva de Moshé, hasta ese entonces. Este aparente desafío al liderazgo espiritual de Moshé, una afrenta personal,  fue notado por Yehoshua, quien inmediatamente informa a Moshé y le propone neutralizar a estos dos hombres que le hacían la competencia» a Moshé. ¿Cuál fue la respuesta de Moshé a Yehoshua? (Bamidbar 11:29): «Y Moisés respondió (a Yehoshua): ¿Acaso estás celoso por mí? [yo no me ofendo. Es más:] ¡Ojalá todo el pueblo de Dios se volviera profeta!

OFENSAS PERSONALES

En otro episodio, también en nuestra Parashá (Bamidbar 12: 1-2), «Miriam y Aharón hablan en contra de Moshé…». En esta ocasión, nuevamente, Moshé no se enoja, no se ofende, no reacciona. No hay celos ni reproches ni contraataques. Moshé lo deja pasar y permanece en silencio.

¿Y POR QUE?

Moshé tiene un mecanismo de defensa emocional selectivo. Muy distinto, opuesto, al que tenemos los seres humanos normales. Moshé se «ofende» y reacciona, y no lo deja pasar cuando se trata de defender el honor Divino. Moshé se preocupa apasionadamente por la causa y el honor de Dios.  SU MAYOR AMBICIÓN Y DESEO ES QUE EL PUEBLO DE ISRAEL SE COMPORTE COMO EL PUEBLO DE DIOS. Y esa aspiración de Moshé, se transformó en la «única» que merece ser defendida.

Por eso, cuando se trata de temas personales, que afectan su propio honor, Moshé no se molesta ni se ofende, ni actúa con arrogancia,  PARA MOSHÉ LAS ASPIRACIONES PERSONALES SON UNA DISTRACCION DE LAS ASPIRACIONES QUE TIENE COMO LIDER: EL BIEN DE SU PUEBLO!  

La “Humildad” de un líder judío se manifiesta cuando ese líder  se despreocupa por su ego y sus aspiraciones personales.    

Por eso la Torá dice en la Parashá de esta semana acerca de Moshé : 

Y Moshé, el líder [del pueblo judío], era extremadamente humilde, más [humilde] que cualquier otro ser humano [que habita] en la faz de la tierra  

Bamidbar 12:3




BEHAR: Las universidades de Colombia y el año sabático

En la primera Perashá de esta semana, Behar, encontramos una Mitsvá muy interesante: Shemitá. Esto significa que los campos de cultivo en la tierra de Israel deben reposar durante el séptimo año. En el séptimo año no se ara la tierra. No se siembra ni se cosecha. La razón de esta Mitsvá fue explicada de diferentes maneras. Lo primero que viene a la mente es que dejar reposar la tierra por un año contribuye a la conservación del suelo y le permite mejorar su fertilidad  (esto fue discutido  por Maimónides en Moré Nebujim 3:39).

CRECIMIENTO

Creo que la mejor manera de comprender la Mitsvá de la Shemitá, es comparándola con el Shabbat. En Shabbat también debemos “reposar”  y uno de los beneficios del reposo es que nos permite renovar nuestras fuerzas físicas para trabajar mejor durante la próxima semana.

Sin embargo, el sentido del Shabbat va mucho más allá del descanso material. El reposo físico no es el propósito del Shabbat, sino una consecuencia incidental (y ni siquiera absolutamente necesaria, ya que si por ejemplo, vivo en el piso 12 de un edificio tengo que subir y bajar por las escaleras cada vez que llego o salgo de mi casa, lo cual no colabora mucho con mi descanso físico…).

El sentido del Shabbat y de la Shemitá, de acuerdo al Rab Abraham Kook, debe ser buscado en el efecto “mental” que deja en el trabajador, y no en el efecto de esta Mitsvá en el suelo o  en el cuerpo.  Una vez cada 7 años (o días, en el caso de sahbbat) el trabajador judío deja de arar y cosechar para dedicarse a otra actividad completamente diferente. En Shabbat dejamos nuestras ocupaciones mundanas y nos dedicamos a rezar, escuchar la Torá y estudiarla junto a nuestra familia y nuestra congregación. En Yerushalayim, por ejemplo, el año de Shemitá coincidía con la Mitsvá de Haqhel, donde todo el pueblo se congregaba para escuchar y estudiar la Torá de boca de los reyes de Israel, de los Cohanim, etc.

En este sentido la Shemitá y el Shabbat nos presentan un escenario idéntico: en Shabbat dejamos de trabajar y de “crecer económicamente”,  no para dedicarnos al descanso físico, sino al desarrollo de nuestra vida espiritual: crecer en el conocimiento de la Torá y en nuestro acercamiento a HaShem.  En el año de Shemitá dejamos de dedicarnos al crecimiento de las plantas y los frutos para dedicarnos a nuestro propio crecimiento.

EL MUNDO ACADÉMICO DESCUBRE LA SHEMITA

Este concepto de crecimiento y renovación intelectual es reconocido hoy en día en el mundo entero. Las universidades más importantes del planeta le conceden a sus profesores “un año sabático”, un año de “descanso“ cada siete años de trabajo. La universidad le paga al profesor su salario completo para que  se dedique por doce meses a estudiar, investigar y escribir más. Y sin la carga del trabajo de enseñanza, el catedrático puede renovar exponencialmente su conocimiento, crecer intelectualmente y luego así volcar toda su nueva riqueza intelectual en sus estudiantes.

El año sabático académico es quizás la mejor ilustración de la naturaleza y los beneficios del Shabbat y del año de la Shemitá.  Presento   AQUI artículo FENOMENAL que me envió hace unos años un lector de Halajá of the Day desde Bogota, Colombia. El sugestivo título dice:   “El año sabático no tiene nada que ver con descansar”. Las universidades colombianas ven en esta estrategia [es decir, pagar un año de salario sin que los profesores trabajen] la oportunidad ideal para mejorar la calidad de la educación de sus profesores y aumentar el número de artículos, investigaciones y libros académicos [que producen].”

EMUNA

Hay un elemento más, muy profundo, que tienen en común el Shabbat y el año de Shemitá: La Emuná, nuestra fe, de que nuestro sustento viene de HaShem.

Comencemos por Shabbat. Todos sabemos del malicioso prejuicio antisemita que acusa a los judíos de ser avaros o coidicosos con el dinero. En realidad, la mejor forma de desenmascarar esta falsa acusación es comprendiendo lo que es el Shabbat: Cuando un judío observa el Shabbat ¡está sacrificando significativamente sus ingresos!. Cuántas veces escuché que para los comercios minoristas por ejemplo, “los sábados” , “representan el día de mayor ingresos“. Para un judío, como vemos, el beneficio económico queda en un plano secundario.

En el año de Shemitá ocurre algo parecido pero a mayor escala y prácticamente milagroso.   La Torá le garantiza al Yehudí que observa la Shemitá que nada le faltará. Así dice en Vaiqrá, capitulo 25: “(20)Y si acaso te preguntaras: “¿Qué comeremos en el séptimo año si no plantamos ni cosechamos nuestros productos [durante ese año]?”. (21) [Por eso, deberás saber que] en el sexto año Yo les enviaré una bendición tan grande que la tierra producirá [lo suficiente] para tres años. (22) Cuando ustedes siembren durante el octavo año, todavía estarán comiendo de la cosecha anterior [del sexto año], y continuarán comiendo de ella hasta la cosecha del año siguiente.”

Cuando la tierra reposa durante el séptimo año, hay que trabajarla durante el octavo año para comenzar a tener frutos recién al final del octavo año . El productor judío debe “confiar” que la producción agrícola del sexto año, alcanzará para el sexto, para el séptimo, y para el octavo año.

La observancia del Shabbat y la observancia de la Shemitá se trasforman así en un testimonio de nuestra Emuná: cuando observamos el “reposo sabático” testificamos con nuestras acciones (con nuestro reposo y con nuestro sacrificio económico) la convicción que HaShem, el Creador del Mundo, es el responsable final por nuestro sustento.

SHABBAT SHALOM




BEJUQOTAY: ¿Por qué cambió la opinión del Rabino Teichtal sobre el Sionismo?

El Rab Yssajar Shlomo Teichtal nació en Hungría en 1885 en el seno de una familia de rabinos y líderes jasídicos muy reconocidos. A los 13 años, comenzó sus estudios rabínicos. A los 15, se trasladó a Polonia, donde estudió con el Rab Shalom Unger. Regresó a Hungría y, a la temprana edad de 21 años, recibió la ordenación rabínica. En 1921, se convirtió en el Rabino Principal de Pishtian, Checoslovaquia, donde estableció su propia academia rabínica (Yeshibá).

LA INVASIÓN NAZI

Checoslovaquia fue invadida por los nazis en 1938. El Rabino Teichtal, junto con 10 miembros de su familia, se escondieron en un Bet Midrash (casa de estudio de Torá) y fueron testigos de las atrocidades cometidas por los nazis y las deportaciones masivas a los campos de concentración. En 1942, él y su familia lograron escapar a Hungría y se establecieron precariamente en Budapest, donde permanecieron durante casi dos años. En 1944, cuando Hungría fue invadida por los nazis, fueron capturados y transportados a Auschwitz. En enero de 1945, los prisioneros de Auschwitz fueron llevados en tren a Mauthausen. El Rabino Teichtal fue asesinado por un grupo de ucranianos que estaban en ese tren cuando intentó defender a un judío al que le querían robar su pan.

SUS IDEAS

Al igual que la mayoría de los rabinos jasídicos europeos de su época, el Rabino Teichtal se oponía al sionismo, el movimiento judío que buscaba establecer un Estado judío independiente en Israel,  y se pronunció explícitamente en contra de la emigración sionista a “Palestina”. En 1936, por ejemplo, escribió que “el movimiento sionista estaba profanando la tierra santa”.

Su oposición al sionismo se basaba en dos puntos fundamentales:

  1. El nuevo Estado judío no debería ser fruto del esfuerzo humano, sino exclusivamente de la “Intervención Divina”, que formaría parte de la redención mesiánica.
  2. Los líderes del movimiento sionista y la mayoría de los judíos que se establecían en Israel y construían el nuevo Estado no eran observantes, sino judíos seculares.

EL MÉRITO DE LA TIERRA

Sin embargo, durante el tiempo que estuvo escondido en Checoslovaquia y durante los años de reclusión en Hungría, el Rab Teichtal cambió radicalmente su forma de pensar. En esos años de reclusión, escribió sus reflexiones en un libro llamado “Em Habanim Semejá”, que refleja su nueva visión.

El versículo bíblico que inspiró su nueva forma de ver los esfuerzos del movimiento sionista se encuentra en la Parashá de esta semana, Behar-Bejuqotay, particularmente el siguiente versículo clave: 

“Entonces recordaré mi pacto con Jacob, Isaac y Abraham, y también recordaré la tierra. “   (Vayiqra 26:42).

En este texto, la Torá dice que cuando los judíos sean perseguidos por su numerosos enemigos en el exilio, HaShem finalmente recordará el pacto que hizo con nuestros ancestros y rescatará a Su Pueblo de las manos de sus enemigos. La persecución que describe la Torá en ese texto es tan aterradora que el Rabino Teichtal pudo relacionarla con las atrocidades que los judíos experimentaban en el Holocausto. Esto lo llevó a preguntarse por qué Dios no recordó Su pacto y por qué no rescató a Su pueblo de la Shoah.

Sus reflexiones sobre este versículo lo hicieron pensar y darse cuenta del gravísimo error que había cometido al haberse opuesto sionismo. 

El rabino observó dos elementos inusuales en este versículo.

Primero, que nuestros ancestros generalmente se mencionan en orden cronológico: Abraham, Isaac y Jacob. Pero en este versículo, por alguna razón, se mencionan en orden inverso.

Segundo, este versículo menciona al final a la Tierra de Israel.

¿Por qué?

DE MENOR A MAYOR  

Basándose en el comentario de Rashi, el Rabino Teichtal escribió que para que Dios nos escuche y nos libere de nuestros enemigos, quizás el mérito de Jacob, el más joven de los patriarcas, sea suficiente. Sin embargo, si ese mérito no fuera suficiente, entonces Dios recordaría el mérito de Isaac, que es mayor que el de Jacob. Y finalmente, si el mérito del patriarca Isaac no fuera suficiente, Dios recordaría el mérito más grande, el de Abraham Abinu. Pero ¿qué sucede si, debido a la gravedad de nuestras malas acciones, como la asimilación y el abandono de nuestro Pacto con Dios, el mérito de nuestros patriarcas tampoco fuese suficiente? 

El Rab comprendió finalmente el mensaje de este versículo: el último mérito, ¡el mayor! es el de regresar a la Tierra de Israel, tal como pretende el movimiento sionista. Los judíos deben dejar Europa y regresar a Dios regresando a Su Tierra. 

SU NUEVA VISIÓN

El Rabi Teichtal concluyó que los esfuerzos de los pioneros sionistas que habían llegado desde fines del siglo 19 a la tierra prometida para construir un nuevo estado era absolutamente significativo en términos religiosos. El movimiento sionista,  comprendió ahora el Rab, es una emprendimiento básicamente sagrado y religioso, aunque los judíos seculares que lo lideran, debido a su falta de acceso a una educación judía adecuada, no llevaban una vida observante. Sin saberlo o sin darse cuenta, esta judíos eran parte de un Plan Divino. Luchar para regresar específicamente a la tierra de nuestros ancestros —y no a lugares como Uganda o Entre Ríos — era la forma de”Teshubá” (retorno) de estos judíos: el sionismo era su regreso a Dios. ¿Por qué deberíamos quitarles este mérito? El sionismo es la realización de una visión profética y profundamente religiosa, que comenzó CINCUENTA AÑOS antes de que ocurriera el Holocausto. 

Y finalmente , la confesión más dolorosa del Rab Teichtal: 

¿Cuántos judíos que fueron asesinados en Europa podrían haberse salvados si hubieran regresado a la tierra de Israel antes de que comenzara el Holocausto?

SU NUEVO PLAN 

En primer lugar, los rabinos y lideres religiosos debemos hacer todo lo posible para inspirar el despertar de la tradición y la observancia judía (Keruv) entre los pioneros sionistas seculares, eso que que sido justa excusa para no apoyar el sionismo, debe trasformarse en NUESTRA MISION. Y en segundo lugar, debemos hacer todo lo posible para que los judíos observantes se sumen al esfuerzo sionista y regrese a Israel. Si eso sucede, su presencia inspirará a los judíos seculares y el pueblo judío se salvará tanto física como espiritualmente, al vivir en nuestra tierra, y ayudar a que gradualmente todos nuestros hermanos judíos regresen al camino de nuestra Torá.

Para más información sobre el rab Teichtal y sus ideas ver este articulo de la Yeshivat  Hesder Holon, Israel (hebreo)




Resumen de Parashá Quedoshim


La parashá Quedoshim, ubicada en el libro de Vayiqrá (Levítico), es esencial para entender el llamado de Dios a los judíos para alcanzar la santidad: “Sean santos porque yo, el Señor su Dios, soy santo”. Este no es un mandamiento sino una exhortación para la serie detallada de leyes que serán mencionadas a continuación y que guían la conducta ética y espiritual del pueblo judío.

La parashá comienza con la importancia de respetar a los padres y observar el Shabbat. Se prohíbe la idolatría y se establecen normas relacionadas con los sacrificios que no se han consumido en el tiempo establecido. También se refiere a la justicia social, indicando que los judíos debemos dejar partes de nuestras cosechas para los pobres. También se prohíbe el engaño, la mentira, la retención injustificada del salario del trabajador, jurar falsamente y maldecir.

Además, la Torá prohíbe pervertir la justicia, chismear, ser indiferente ante el sufrimiento ajeno, odiar, guardar rencor y practicar la venganza. Se destaca la importancia de advertir al que procede mal y se exhorta a amar al prójimo como a uno mismo.

También se abordan leyes rituales sobre la agricultura y la vestimenta, como la prohibición de sembrar cruzando dos tipos de semillas, usar una prenda de mezcla de lana y lino (shatnez), o cruzar animales de diferentes especies.

Se introducen leyes sobre la prohibición de comer frutos de un árbol durante los primeros tres años (orla) y la obligación de ofrendar los frutos en Jerusalem el cuarto año.

También se prohíben las prácticas de la brujería, la hechicería, la prostitución y el tatuado del cuerpo. Se exhorta a no rasurar los bordes del cuero cabelludo o la barba con una cuchilla de afeitar, pero sí se permite cortarlo con una tijera. Un judío debe respetar el santuario de Dios, el estudio de la Torá y a los ancianos.

Se destaca la importancia de amar a los conversos y residentes legales (guer toshab) y a ser honesto en las transacciones comerciales, manteniendo los pesos de las balanzas y las medidas con integridad.

Se habla del castigo capital para aquellos que practiquen el culto a Molej, que era una forma de idolatría que implicaba sacrificios humanos. Y se establecen las penalidades para aquellos que maldigan a sus padres y para quienes incurran en relaciones sexuales prohibidas.

Finalmente, se advierte a no seguir las costumbres y tradiciones de los paganos y se enfatiza la importancia de consumir solo animales puros (kasher). La Parashá concluye enfatizando que estos son los mandamientos que se deben seguir para ser santos.

Esta parashá no solo destaca la diversidad de las leyes que regulan la vida cotidiana y las prácticas religiosas, sino que también enfatiza un tema central: la búsqueda de una vida de santidad y pureza en la imitación del carácter divino.




SHEMINI: Controlar lo que uno come

KASHRUT Y AUTOCONTROL

En la Parashá de esta semana, la Torá introduce la dieta del pueblo judío: el Kashrut. Esta dieta no tiene que ver necesariamente con el bienestar físico, como una dieta baja en calorías o cualquier otro régimen que seguimos para adelgazar o mantenernos saludables. El Kashrut tiene que ver con algo más profundo: con una conducta, un comportamiento que la Torá llama Kedushá — santidad — que HaShem exige a Su pueblo.

¿Qué es la Kedushá? Según la Torá, la santidad se construye sobre un concepto fundamental: el autocontrol y la autodisciplina. Especialmente en aquellas áreas del comportamiento humano vinculadas a la satisfacción de instintos primarios, como la alimentación y la vida sexual. Controlar nuestros impulsos nos humaniza, nos diferencia de los animales, que por naturaleza no pueden decir “no” a sus impulsos. Esa capacidad de decir “no” es lo que nos eleva: nos hace “sobrenaturales” .

La Guemará en Pesajim (49b) lleva esta idea a un extremo sorprendente: según Ribbí Yehudá HaNasí, no todo individuo tiene el derecho de consumir carne. רַבִּי אוֹמֵר: עַם הָאָרֶץ אָסוּר לֶאֱכֹל בָּשָׂר — “Una persona sin educación mínima no debería consumir carne”. ¿Por qué? Porque quien no puede controlar sus propios impulsos no se encuentra en un nivel moral superior al de los animales — y por lo tanto, no tiene el derecho de alimentarse de ellos.

KASHRUT Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

Los judíos comenzamos a entrenarnos en el autocontrol desde muy pequeños. Recuerdo una vez, en una fiesta, que un señor no judío se acercó a mí para felicitarme por uno de mis hijos pequeños. Le había  ofrecido un dulce y mi hijo le dijo que no podia comerlo  porque no sabía si era Kasher. Esto es más o menos lo que me dijo:

“Rabino, ¿cómo se educa a un niño de 5 años para que tenga esa clase de autodisciplina? Yo tengo tres hijos, uno de esa edad, y la verdad es que no puedo con sus apetitos. Los niños de hoy son consumidores voraces, entrenados por la sociedad para consumir absolutamente  todo lo que se les presenta. Son insaciables. Pero su hijo es diferente: le ofrecí unos dulces, los tomó y me dio las gracias — pero antes de llevárselos a la boca, fue a preguntarle a su hermano mayor si podía comerlos. ¿Cuál es el secreto? ¿Qué premio le prometió? ¿Lo amenazó con algún castigo?”

Le respondí que no había premios ni amenazas. Que cualquier niño judío criado en un hogar que observa Kashrut desarrolla naturalmente ese nivel de autocontrol. Y mientras lo decía, me sorprendí al escucharme: “nunca tuve que explicarles a mis hijos las leyes de Kashrut. Las vivieron. Las aprendieron solos, imitando lo que vieron en casa.

Hay algo notable en esto. El Kashrut es una Mitzva que un niño practica mucho antes de comprenderla. No hay una explicación que “haga clic” a los 3 o 4 años. El niño simplemente nace en un mundo Kasher y lo vive. Y cuando crece, esa práctica ya es parte de su identidad — no solo de su teología.

KASHRUT E IDENTIDAD

El Kashrut es también una de las señales más poderosas de identidad judía. A veces me he sentado en un avión junto a alguien sin ninguna identificación judía visible — kipá, Maguén David, etc. y descubrí su identidad judía  cuando le sirvieron su bandeja Kasher. En un viaje, en un hotel, en una reunión de negocios: el Kashrut nos identifica.

Seguir una dieta Kasher nos hace más conscientes de nuestras elecciones y crea naturalmente una afinidad con quienes comparten nuestras prácticas,  precisamente en torno al elemento más universal de toda reunión social: la comida.

KASHRUT Y ASIMILACIÓN

La primera vez que la Torá presenta la dieta como un factor de separación fue en Egipto: una protección de la identidad judía. La cultura egipcia era radicalmente diferente de la cultura semítica, especialmente en lo que respecta a la alimentación. Para los egipcios, los animales eran sagrados — los adoraban como dioses, igual que hoy se venera a las vacas en la India. Comer carne animal era una to’evá, una abominación.

Los hermanos de Yosef se presentaron ante el Faraón como pastores que criaban, esquilaban y consumían ovejas y carneros. Y cuando Yosef le informó al Faraón que su familia había llegado de Canaán, le pidió expresamente un lugar de residencia separado de los súbditos egipcios. No era un capricho: era una estrategia. Al vivir en Goshen, apartados del entorno egipcio,  Bene Israel no se asimilaron y preservaron su identidad durante generaciones. Como explica el Seforno, fueron precisamente estas diferencias en la alimentación las que impidieron la integración social con los egipcios — y protegieron la identidad del pueblo de Israel.