BEHAALOTEJA: ¿Quién era Moisés?

וְהָאִ֥ישׁ מֹשֶׁ֖ה עָנָ֣ו מְאֹ֑ד מִכֹּל֙ הָֽאָדָ֔ם אֲשֶׁ֖ר עַל־פְּנֵ֥י הָאֲדָמָֽה

¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS HÉROES JUDIOS?

Los pueblos de la antigüedad no exaltaban las virtudes morales de su heroes, como la integridad personal o la humildad. Las civilizaciones antiguas admiraban el poder físico de sus líderes, como en el caso de Hércules, o su ingenio militar, como Alejandro Magno, o su astucia para engañar al enemigo, como Hermes. La humildad nunca fue vista como una virtud por los paganos. Por el contrario, la humildad se asociaba con la debilidad. La Torá, sin embargo, no enfatiza la fuerza militar o el poder físico nuestros  líderes: el buen líder judío —como el rey David, por ejemplo— es aquel atribuye la victoria en el campo de batalla, en última instancia, a Dios.

EL GENERAL MOSHÉ

Esta es la razón por la cual muy pocas personas recuerdan que Moshé fue un poderoso líder militar y que derrotó a sus multiples enemigos:

Moshé enfrentó al Faraón, el hombre más poderoso del mundo en ese momento y llevó de la esclavitud a la libertad a tres millones de personas.

Moshé también lideró y triunfó en las gloriosas batallas contra Sijón y ‘Og en trans-jordania.

Mientras que otros pueblos y culturas harían culto a Moshé por su proezas militares, lo que la Torá destaca no de él no son su victorias militares ni su habilidad política, sino su carácter y su personalidad. Particularmente, su humildad. ¿Qué es la humildad de un líder judío? ¿Y por qué es tan importante?

TORÁ Y POLÍTICA

Un líder puede tener dos tipos de objetivos: sus aspiraciones públicas y sus objetivos personales. Las aspiraciones públicas consisten en lo que el líder quiere hacer por el bien de su comunidad, su pueblo o su nación. Las aspiraciones personales consisten en lo que el líder quiere hacer para su beneficio personal: su riqueza, su imagen y su prestigio. A veces estas dos dimensiones coexisten armoniosamente. Y otras veces, estas dimensiones se vuelven inversamente proporcionales. En este último caso, cuando el principal objetivo de un líder político es su beneficio personal, el líder estará dispuesto a sacrificar el bien de su comunidad o su país para alcanzar sus objetivos personales. Hay muchos ejemplos de este tipo de liderazgo: ayer , hoy y mañana. Lo que no hay es muchos ejemplos de situaciones inversas, es decir: cuando un líder está dispuesto a sacrificar sus aspiraciones personales, su honor, sus bienes y hasta su dignidad personal por el bien de su pueblo.

Es por eso que Moshé era un líder excepcional.   

Veamos ahora algunos ejemplos del liderazgo de Moshé Rabbenu para descubrir este aspecto de su vida.  

EL BECERRO DE ORO

Moshé reacciona con indignación cuando desciende del monte Sinaí y ve al pueblo judío adorando al becerro de oro. Habían reemplazado a Dios con un ídolo egipcio y lo estaban adorando. La ira de Moshé en ese momento fue tan severa que rompió las Tablas.

LA GENTE SE QUEJA

En la Parashá de esta semana, beha’alotekha, cuando el pueblo se queja diciendo con insolencia que “solo tenían el maná para comer en el desierto” y comienzan a decir en voz alta que extrañan lo que comían en Egipto, Moshé también se ofende  (ובעיני משה רע). Recordemos que esas quejas de ingratitud estaban dirigidas hacia Dios, y no hacia la persona de Moshé …

MÁS QUEJAS

En el desierto, el pueblo nuevamente se quejó y manifestó su profunda falta de apreciación hacia Dios«¿Por qué Dios nos sacó de Egipto y nos trajo a este desierto? ¿Para hacernos morir de sed y hambre?” Moshé se ofendió y llamó al pueblo de Israel “rebeldes” (שמעו נא המורים).

En estos tres casos en los que Moshé reacciona con enojo y se ofende hay algo en común: las quejas no están dirigidas hacia Moshé; el pueblo se estaba comportando con desagradecimiento hacia Dios.

Ahora que vemos que Moshé es capaz de reaccionar y ofenderse en estas situaciones veamos otro tipo de casos que normalmente hubieran merecido una reacción por lo menos similar, si no mayor, de parte de Moshé.

COMPETENCIA

En la Parashá de esta semana, dos individuos, Eldad y Medad, estaban profetizando en el campamento de Israel. «Profetizar» era una prerrogativa exclusiva de Moshé, hasta ese entonces. Este aparente desafío al liderazgo espiritual de Moshé, una afrenta personal,  fue notado por Yehoshua, quien inmediatamente informa a Moshé y le propone neutralizar a estos dos hombres que le hacían la competencia» a Moshé. ¿Cuál fue la respuesta de Moshé a Yehoshua? (Bamidbar 11:29): «Y Moisés respondió (a Yehoshua): ¿Acaso estás celoso por mí? [yo no me ofendo. Es más:] ¡Ojalá todo el pueblo de Dios se volviera profeta!

OFENSAS PERSONALES

En otro episodio, también en nuestra Parashá (Bamidbar 12: 1-2), «Miriam y Aharón hablan en contra de Moshé…». En esta ocasión, nuevamente, Moshé no se enoja, no se ofende, no reacciona. No hay celos ni reproches ni contraataques. Moshé lo deja pasar y permanece en silencio.

¿Y POR QUE?

Moshé tiene un mecanismo de defensa emocional selectivo. Muy distinto, opuesto, al que tenemos los seres humanos normales. Moshé se «ofende» y reacciona, y no lo deja pasar cuando se trata de defender el honor Divino. Moshé se preocupa apasionadamente por la causa y el honor de Dios.  SU MAYOR AMBICIÓN Y DESEO ES QUE EL PUEBLO DE ISRAEL SE COMPORTE COMO EL PUEBLO DE DIOS. Y esa aspiración de Moshé, se transformó en la «única» que merece ser defendida.

Por eso, cuando se trata de temas personales, que afectan su propio honor, Moshé no se molesta ni se ofende, ni actúa con arrogancia,  PARA MOSHÉ LAS ASPIRACIONES PERSONALES SON UNA DISTRACCION DE LAS ASPIRACIONES QUE TIENE COMO LIDER: EL BIEN DE SU PUEBLO!  

La “Humildad” de un líder judío se manifiesta cuando ese líder  se despreocupa por su ego y sus aspiraciones personales.    

Por eso la Torá dice en la Parashá de esta semana acerca de Moshé : 

Y Moshé, el líder [del pueblo judío], era extremadamente humilde, más [humilde] que cualquier otro ser humano [que habita] en la faz de la tierra  

Bamidbar 12:3




NASO: La bendición de los Cohanim

יברכך ה’ וישמרך 

יאר ה’ פניו אליך ויחנך 

ישא ה’ פניו אליך וישם לך שלום

El texto de Bircat Cohanim, la bendición de los Sacerdotes, se encuentra en la Perashá de esta semana, Nasó. Este texto contiene las palabras con las cuales Dios instruye a los Cohanim bendecir a la congregación de Israel. Vale aclarar que si bien los Cohanim son los que “recitan” esta plegaria, es el Creador, y no los Cohanim, quien nos concede estas bendiciones.  

Antes de examinar su profundísimo contenido, cabe destacar que el texto está presentado en una progresión matemática que sorprende por su impecable diseño: el primer versículo tiene 3 palabras y 15 letras. El segundo 5 palabras y 20 letras. Y el tercero 7 palabras y 25 letras.

Nos enfocaremos ahora en el contenido.

El primer pasuq dice

 “Que HaShem (= Dios) te bendiga y te proteja”.

TE BENDIGA: Esto quiere decir: quiera Dios concederme todas las bendiciones materiales que necesito: casa, comida, vestimenta, dinero, etc.  Por supuesto que el hecho que Dios me bendiga no quiere decir que yo no necesito trabajar para merecerlo. La bendición de Dios no reemplaza el esfuerzo humano. El hombre trabaja la tierra y planta las semillas. Y cuando Dios le concede Su bendición –por ejemplo: la lluvia, la salud, la ausencia de plagas, etc. — el hombre recoge los frutos.  La bendición Divina, por lo tanto, implica una suerte de asociación entre el hombre, que debe esforzarse y trabajar, y  Dios que bendice ese esfuerzo para que culmine con éxito.  

TE PROTEJA: Necesitamos la asistencia Divina para poder disfrutar de Sus bendiciones.  ¿Cómo? Protegiéndonos de enfermedades, accidentes, tragedias. En este caso también tenemos la obligación de dar el primer paso y convertirnos en un receptor “merecedor” de esta bendición: si pedimos que HaShem proteja nuestra salud, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para mantenernos sanos. Y debemos evitar correr riesgos innecesarios para no exponernos a accidentes, etc.  Además, la protección Divina viene a complementar la bendición Divina. En cierta manera, aquí le estamos pidiendo a Dios que nos proteja de Su bendición material.  En primer lugar, porque cuando todas mis necesidades materiales están cubiertas,  mi carácter puede verse afectado negativamente. Puedo caer en la ostentación, la arrogancia, el desagradecimiento y el olvido de Dios.   

Pedimos a HaShem que nos conceda generosamente lo que necesitamos y que nos proteja de los efectos adversos de la abundancia material.   

“Que HaShem te ilumine con Su presencia y te agracie”.

TE ILUMINE:  Este versículo no describe las bendiciones materiales, sino espirituales, intelectuales y emocionales.  ¿Cómo nos ilumina Dios? Concediéndonos la sabiduría para comprender Su Torá. Por nuestro lado, debemos esmerarnos en estudiar la Torá. Y el Todopoderoso nos bendecirá iluminando nuestra inteligencia, inspirandonos, abriendo nuestros ojos para que comprendamos la Torá y absorbamos sus valores.  Pero la sabiduría no alcanza.…  

TE AGRACIE: De hecho, cuando una persona tiene demasiada sabiduría a veces no posee “inteligencia emocional”. Un individuo puede ser muy sabio pero insensible hacia los demás. El niño más inteligente de la clase, no siempre es el más popular. En esta bendición le pedimos a HaShem que “nos agracie”, es decir, que nos ayude para ser queridos por los demás. En hebreo se dice “ encontrar gracia en los ojos de los demás”.  Pedimos a HaShem que nos aparte de sabiduría nos conceda inteligencia emocional. 

El tercer pasuq dice: 

“Que HaShem dirija Su presencia hacia ti y te conceda la paz”.

SE DIRIJA HACIA TI:   Esta bendición significa “que Dios te favorezca”,  que te preste una atención especial, particular. El mayor castigo para el pueblo judío es ser “abandonado” por Dios. De hecho la Torá afirma que si el pueblo judío abandona la Torá, Dios retirará su protección de los judíos, y estaremos expuestos a nuestros nunca pocos enemigos. Cuando la Torá describe este estado de abandono, producto de nuestro propio abandono de Dios,  lo llama “hester panim”,  “Dios oculta Su Faz de nosotros”.  Esta bendición, por otro lado, habla de la situación ideal: cuando Dios dirige Su Faz (Su Presencia, Su Protección, Su bendición) hacia nosotros.  Este es un privilegio que también debemos merecer.  Cuando más nos acercamos a Dios, más se acercará Él a nosotros.   

Y TE CONCEDA PAZ: La mejor forma de entender esta segunda parte es pensar en el Estado de Israel.  Si Israel fuera un país tercermundista, corrupto, marginal —como los otros países de la region—  el mundo nos dejaría en paz. Pero Israel está bajo la permanente protección Divina. Israel sobrevive el constante ataque de sus incansables enemigos. Ganó todas las guerras. Crece y prospera.    Esto es un mérito de los judíos que viven en Israel, que luchan para protegerla y para hacerla crecer.  Pero esto no es suficiente. Israel también cuenta con la asistencia Divina.  Los “ojos de Dios” supervisan permanentemente nuestra querida tierra y sus habitantes.   Ahora bien: cuando el Creador nos concede el privilegio de Sus bendiciones, nuestros enemigos, no lo pueden tolerar. Y harán todo lo posible para evitar que vivamos en paz y prosperidad.   Por eso, en esta bendición le pedimos a HaShem que nos favorezca con Su Providencia, pero también le pedimos “paz”, es decir, que nuestra prosperidad “no despierte la envidia y la agresividad de nuestros enemigos”.  

Esta es la situación ideal a la que aspiramos como individuos y como pueblo.  




NASO: ¿Cómo mantener y fortalecer la fidelidad en el matrimonio?

Uno de los temas mencionados en la Parashá de esta semana es el de SOTÁ, un caso relacionado con la infidelidad. La Torá y los Sabios discuten este tema en profundidad y describen no solamente las obvias consecuencias del adulterio sino también cuáles son los factores que contribuyen a esta desviación, o a la sospecha de infidelidad, y las conductas que previenen y fortalecen la fidelidad.

En las próximas líneas me referiré brevemente a tres temas relacionados directa o indirectamente con la preservación de la exclusividad sexual en un matrimonio judío.

CONSAGRANDO LA INTIMIDAD SEXUAL

A diferencia de otras religiones, el judaísmo percibe la sexualidad como algo positivo, sagrado. Nuestros Sabios explicaron que nuestro comportamiento debe aspirar a emular a Dios. Él es compasivo, equitativo y magnánimo. Así también nosotros debemos incorporar estas características en nuestro proceder. Esta “imitación de Dios” alcanza su punto más elevado cuando el esposo y la esposa se convierten en “creadores” de una nueva vida. La procreación nos ofrece una oportunidad —sin paralelo en ningún otro acto en la vida— de imitar al Creador Todoposeroso.

La sexualidad también nos completa: nos lleva a la plenitud física y emocional como individuos. La primera referencia bíblica acerca de la sexualidad afirma: “y el hombre… se unirá a su esposa y se convertirán en una sola carne/persona“ (Génesis 2:24). De este versículo, los Sabios dedujeron que un hombre o una mujer deben considerarse como media persona (pelag gufa), y que la culminación de la realización humana solo se puede lograr a través de la intimidad matrimonial.

La sexualidad es ciertamente sagrada, pero también es vulnerable a la corrupción. La Torá relata la generación del Diluvio, donde la corrupción sexual y la violación fueron los síntomas iniciales de la decadencia moral de esa generación corrupta. Para esas personas, el sexo dejó de ser un acto que acercaba a los humanos a lo Divino. Trataban al sexo como si no tuviera relación con el amor y la santidad, y lo consideraban simplemente como casual, sin ataduras: la vía para la satisfacción de los instintos primarios.

Debido a su importancia y sus poderes creativos (y destructivos), la sexualidad necesita ser “consagrada” (qiddushin). La consagración de la sexualidad tiene lugar cuando esta se desarrolla exclusivamente en el contexto del matrimonio. Así, nos permite imitar al Creador y nos ayuda a conocer íntimamente a la persona que más queremos, transformándonos en un ente más relevante que el “yo”: el “nosotros”.

Cuando tiene lugar fuera del matrimonio, el sexo se vuelve destructivo. La infidelidad suele jugar un papel decisivo en la mayoría de los casos de divorcio. El adulterio es, por lo general, la última línea roja que se ha cruzado. La infidelidad aleja a una persona de Dios y de los individuos que uno más ama: la esposa, o esposo, y los hijos.

1.PRESERVANDO LA PASIÓN

Pero el judaísmo va más allá de limitar la sexualidad al contexto del matrimonio. También es fundamental preservar la atracción sexual entre mariod y mujer y evitar aquello que la puede dañarla o destruirla. La Mitsvá de Niddá fortalece la fidelidad. Un matrimonio judío se abstiene de la actividad sexual durante aproximadamente dos semanas cada mes, correspondientes al ciclo de la mujer más siete días adicionales. Cuando los sabios del Talmud, específicamente Ribbí Meir, explicaron la razón detrás de esta regulación, dijeron que gracias a este período de separación física, el esposo y la esposa reviven el deseo del uno por el otro. En otras palabras, lejos de afectar negativamente el deseo sexual este período de separación lo intensifica, evitando uno de los mayores desafíos que enfrentan los matrimonios: el aburrimiento y la monotonía sexual. Este problema, bien conocido y analizado por psicólogos y sexólogos, surge de las teóricas oportunidades ilimitadas de intimidad en una relación matrimonial, lo que puede impulsar la búsqueda de novedades sexuales y conducir a la infidelidad.

El rabino Meir explicó que durante los días de separación física, un esposo judío desea pasionalmente a su esposa, y su atracción física hacia ella se intensifica a medida que se acerca la noche del Mikvé (la inmersión ritual que concluye el período de abstinencia). Y cuando la esposa regresa del Mikvé —incluso en el caso de una pareja que lleva muchos años casados—, el deseo de uno por el otro se regenera “con la pasión que sintieron en su noche de bodas”. Es como si período de Niddá produjera cada mes una nueva luna de miel (alguien dijo que si esta extraordinaria Mitzvá no existiera, ¡habría que inventarla!).

Ese intérvalo de restricción sexual también promueve un nivel más profundo de interacción entre el esposo y la esposa. La pareja aprende a comunicarse afectuosamente a nivel de amistad. Toda pareja debería aspirar a alcanzar un grado de relación no física, que fortalecerá al matrimonio para el resto de sus vidas. Especialmente cuando pasan los años y el deseo sexual disminuye naturalmente, es allí cuando la amistad entre el esposo y la esposa florecerá, basándose en esa “relación platónica” construida durante años en los períodos de Niddá.

2.PRESERVANDO LA FIDELIDAD

En la tradición judía, hay leyes y códigos de conducta diseñados específicamente para evitar la infidelidad. Una de estas reglas se conoce como “Yijud”, cuando un hombre y una mujer que no es su esposa se aíslan en un lugar recluido. Los Sabios lo mencionan como uno de los errores que se cometen en el caso de Sotá y promueven las sospechas de adulterio. La historia de Amnón y Tamar en el libro de Shemuel ilustra la importancia de esta regla. Amnón, uno de los hijos del rey David, desarrolló una obsesión sexual por Tamar, su media hermana. Y para recluirse con ella, fingió estar enfermo y solicitó su ayuda. Pidió que todos dejaran su habitación y una vez a solas con su media hermana, Amnón abusó de ella. Este devastador evento impactó profundamente al rey David, quien se sintió culpable por no haberse dado cuenta de lo que ocurría en su propia familia. Para evitar que casos similares se repitieran en el futuro, el rey David, junto con su Corte de Justicia, instituyó la ley de Yijud, que prohíbe a un hombre judío estar recluido en una habitación cerrada junto a una mujer que no sea su esposa.

La prohibición del Yijud se enmarca en la categoría de “guedarim” o “siyaguim”, que se traduce como “medidas de seguridad” o cercas halájicas, destinadas a prevenir que los individuos sucumban a transgresiones más significativas. El equivalente de un “siyag” podría ser cuando un guardabosques erige una cerca a unos pasos de un acantilado para proteger a los visitantes, y que estos no se acerquen demasiado e involuntariamente caigan al vacío.

También existen estos tipos de mecanismos preventivos, por ejemplo, en el campo de adicciones. A una persona que lucha con la adicción al alcohol se le aconseja que evite los bares, las reuniones donde se sirve alcohol, y que se abstenga de socializar con amigos que beben. Estas “vallas sociales” sirven para proteger a los individuos de sus propios impulsos y prevenir la posibilidad de enfrentarse a tentaciones irresistibles que no puedan controlar. Es más fácil evitar entrar a un bar que resistirse a beber alcohol una vez que la bebida está al alcance.

De manera similar, los rabinos reconocieron el poder del instinto sexual y subrayaron que confiar únicamente en el sentido común y la moral personal es insuficiente (אין אפוטרוסוס לעריות). Se requieren normas y vallados adicionales para evitar situaciones potencialmente catastróficas. Si se evita el Yijud —el aislamiento privado entre un hombre y una mujer—, se previene el escenario natural en el cual la infidelidad, o la conducta sexual inapropiada, se desarrolla.

El concepto de Yijud en nuestros días no solo se reconoce, sino que también se practica cada vez más, incluso en la sociedad no judía. En Estados Unidos es muy común que los asesores legales recomienden a los terapeutas, médicos, abogados y otros profesionales que eviten estar a solas en una habitación cerrada con un paciente o cliente del sexo opuesto para evitar situaciones inapropiadas o el alegato de las mismas. Esto demuestra la avanzada sabiduría de la Torá y de nuestros Sabios, que establecieron hace miles de años estas leyes que hoy en día son ampliamente reconocidas, valoradas y adoptadas en todo el mundo civilizado.

3.COMUNICACIÓN Y FIDELIDAD

En el judaísmo, la sexualidad se reserva exclusivamente para la relación íntima entre esposo y esposa. Esta sencilla pero crucial idea implica también que se deben evitar ciertos tipos de interacciones entre hombres y mujeres casados , más allá de la reclusión o el Yijud, incluso en el campo de la comunicación.

Un lenguaje o un comentario afectivo y sexual, o un comportamiento sensual de un hombre hacia una mujer que no sea su esposa se considera inapropiado. De manera similar, una esposa judía debe reservar su encanto físico para su esposo, asegurando que su comportamiento y su apariencia en público no sean provocativos y que de eda manera reflejen esta exclusividad.

Estos principios de conducta moral no son muy populares en la sociedad contemporánea, donde la sexualidad ha sido objetivizada a través de la publicidad, la pornografía y los medios de comunicación. La comercialización generalizada del sexo —y la política liberal moderna— ha normalizado la conducta sexual indebida y la intimidad ya no se percibe como un asunto exclusivo entre cónyuges y vinculada únicamente al matrimonio.

Preservar nuestros códigos de conducta judíos viviendo en una sociedad que promueve valores contrarios representa uno de los desafíos más formidables a los que nos enfrentamos los judíos hoy en día. Pero es imperativo hacerlo si buscamos la armonía en nuestra pareja y la felicidad de nuestra familia. Y para eso debemos reconocer cuáles son las conductas que facilitan la infidelidad o despiertan los celos fundados.

Veamos un último ejemplo.

La Torá nos enseña que la infidelidad puede desarrollarse a veces sin premeditación, como consecuencia del intercambio de comunicación emocional entre un hombre y una mujer casada. La primera vez que la Torá describe la relación sexual, usa la palabra “conocer”: “Y Adam conoció a Eva, su esposa”. Este “conocimiento” se refiere a la conexión emocional que precede —¡y conduce!— a la intimidad física. Cuando una pareja sale por primera vez (dating), primero se tratan con respeto y cordialidad. Luego llega la amistad, que lentamente se va desarrollando en una relción emocional, que se reconoce cuando cuando la comunicación incluye el tema de sentimientos. Cuando se alcanza este nivel, la pareja está preparada para la intimidad, es decir, para el matrimonio.

Si observamos este progreso, que va desde el respeto a la intimidad, podemos comprender por qué los Sabios advirtieron que más allá de la prevención del contacto físico o la reclusión con alguien del sexo opuesto, una persona casada debe evitar que en su vida profesional o social se repita este proceso de manera involuntaria e inconsciente con otra persona.

Los Sabios describen esa cercanía emocional como “quirub da’at”, es decir, cuando una mujer y un hombre comparten y comunican sentimientos privados e información más íntima. Aunque inicialmente el contenido de esa información no esté relacionado con el ámbito sexual, este nivel de comunicación emocional facilita la atracción y promueve la intimidad.

Un hombre casado debe evitar este tipo de comunicación, especialmente con una persona del sexo opuesto con la que interactúa rutinariamente, como una empleada o una colega en su trabajo. Del mismo modo, una mujer casada debe evitar el diálogo emocional con un entrenador, un terapeuta o un maestro. Estas interacciones emocionales, quirub da’at, no se convierten en intimidad de la noche a la mañana, pero se desarrollan gradualmente.

Preservar la fidelidad es la piedra angular de la familia judía y del bienestar emocional de nuestros seres queridos. Esto requiere mantener la conciencia alerta y respetar los límites que previenen situaciones que pueden volverse progresivamente más difíciles de controlar. Las leyes de Niddá, de Yijud y de quirub da’at, cada una desde un ángulo diferente, contribuyen a salvaguardar la fidelidad: el aspecto más sagrado y esencial de nuestra vida familiar.




BEHAR: Las universidades de Colombia y el año sabático

En la primera Perashá de esta semana, Behar, encontramos una Mitsvá muy interesante: Shemitá. Esto significa que los campos de cultivo en la tierra de Israel deben reposar durante el séptimo año. En el séptimo año no se ara la tierra. No se siembra ni se cosecha. La razón de esta Mitsvá fue explicada de diferentes maneras. Lo primero que viene a la mente es que dejar reposar la tierra por un año contribuye a la conservación del suelo y le permite mejorar su fertilidad  (esto fue discutido  por Maimónides en Moré Nebujim 3:39).

CRECIMIENTO

Creo que la mejor manera de comprender la Mitsvá de la Shemitá, es comparándola con el Shabbat. En Shabbat también debemos “reposar”  y uno de los beneficios del reposo es que nos permite renovar nuestras fuerzas físicas para trabajar mejor durante la próxima semana.

Sin embargo, el sentido del Shabbat va mucho más allá del descanso material. El reposo físico no es el propósito del Shabbat, sino una consecuencia incidental (y ni siquiera absolutamente necesaria, ya que si por ejemplo, vivo en el piso 12 de un edificio tengo que subir y bajar por las escaleras cada vez que llego o salgo de mi casa, lo cual no colabora mucho con mi descanso físico…).

El sentido del Shabbat y de la Shemitá, de acuerdo al Rab Abraham Kook, debe ser buscado en el efecto “mental” que deja en el trabajador, y no en el efecto de esta Mitsvá en el suelo o  en el cuerpo.  Una vez cada 7 años (o días, en el caso de sahbbat) el trabajador judío deja de arar y cosechar para dedicarse a otra actividad completamente diferente. En Shabbat dejamos nuestras ocupaciones mundanas y nos dedicamos a rezar, escuchar la Torá y estudiarla junto a nuestra familia y nuestra congregación. En Yerushalayim, por ejemplo, el año de Shemitá coincidía con la Mitsvá de Haqhel, donde todo el pueblo se congregaba para escuchar y estudiar la Torá de boca de los reyes de Israel, de los Cohanim, etc.

En este sentido la Shemitá y el Shabbat nos presentan un escenario idéntico: en Shabbat dejamos de trabajar y de “crecer económicamente”,  no para dedicarnos al descanso físico, sino al desarrollo de nuestra vida espiritual: crecer en el conocimiento de la Torá y en nuestro acercamiento a HaShem.  En el año de Shemitá dejamos de dedicarnos al crecimiento de las plantas y los frutos para dedicarnos a nuestro propio crecimiento.

EL MUNDO ACADÉMICO DESCUBRE LA SHEMITA

Este concepto de crecimiento y renovación intelectual es reconocido hoy en día en el mundo entero. Las universidades más importantes del planeta le conceden a sus profesores “un año sabático”, un año de “descanso“ cada siete años de trabajo. La universidad le paga al profesor su salario completo para que  se dedique por doce meses a estudiar, investigar y escribir más. Y sin la carga del trabajo de enseñanza, el catedrático puede renovar exponencialmente su conocimiento, crecer intelectualmente y luego así volcar toda su nueva riqueza intelectual en sus estudiantes.

El año sabático académico es quizás la mejor ilustración de la naturaleza y los beneficios del Shabbat y del año de la Shemitá.  Presento   AQUI artículo FENOMENAL que me envió hace unos años un lector de Halajá of the Day desde Bogota, Colombia. El sugestivo título dice:   “El año sabático no tiene nada que ver con descansar”. Las universidades colombianas ven en esta estrategia [es decir, pagar un año de salario sin que los profesores trabajen] la oportunidad ideal para mejorar la calidad de la educación de sus profesores y aumentar el número de artículos, investigaciones y libros académicos [que producen].”

EMUNA

Hay un elemento más, muy profundo, que tienen en común el Shabbat y el año de Shemitá: La Emuná, nuestra fe, de que nuestro sustento viene de HaShem.

Comencemos por Shabbat. Todos sabemos del malicioso prejuicio antisemita que acusa a los judíos de ser avaros o coidicosos con el dinero. En realidad, la mejor forma de desenmascarar esta falsa acusación es comprendiendo lo que es el Shabbat: Cuando un judío observa el Shabbat ¡está sacrificando significativamente sus ingresos!. Cuántas veces escuché que para los comercios minoristas por ejemplo, “los sábados” , “representan el día de mayor ingresos“. Para un judío, como vemos, el beneficio económico queda en un plano secundario.

En el año de Shemitá ocurre algo parecido pero a mayor escala y prácticamente milagroso.   La Torá le garantiza al Yehudí que observa la Shemitá que nada le faltará. Así dice en Vaiqrá, capitulo 25: “(20)Y si acaso te preguntaras: “¿Qué comeremos en el séptimo año si no plantamos ni cosechamos nuestros productos [durante ese año]?”. (21) [Por eso, deberás saber que] en el sexto año Yo les enviaré una bendición tan grande que la tierra producirá [lo suficiente] para tres años. (22) Cuando ustedes siembren durante el octavo año, todavía estarán comiendo de la cosecha anterior [del sexto año], y continuarán comiendo de ella hasta la cosecha del año siguiente.”

Cuando la tierra reposa durante el séptimo año, hay que trabajarla durante el octavo año para comenzar a tener frutos recién al final del octavo año . El productor judío debe “confiar” que la producción agrícola del sexto año, alcanzará para el sexto, para el séptimo, y para el octavo año.

La observancia del Shabbat y la observancia de la Shemitá se trasforman así en un testimonio de nuestra Emuná: cuando observamos el “reposo sabático” testificamos con nuestras acciones (con nuestro reposo y con nuestro sacrificio económico) la convicción que HaShem, el Creador del Mundo, es el responsable final por nuestro sustento.

SHABBAT SHALOM




BEJUQOTAY: ¿Por qué cambió la opinión del Rabino Teichtal sobre el Sionismo?

El Rab Yssajar Shlomo Teichtal nació en Hungría en 1885 en el seno de una familia de rabinos y líderes jasídicos muy reconocidos. A los 13 años, comenzó sus estudios rabínicos. A los 15, se trasladó a Polonia, donde estudió con el Rab Shalom Unger. Regresó a Hungría y, a la temprana edad de 21 años, recibió la ordenación rabínica. En 1921, se convirtió en el Rabino Principal de Pishtian, Checoslovaquia, donde estableció su propia academia rabínica (Yeshibá).

LA INVASIÓN NAZI

Checoslovaquia fue invadida por los nazis en 1938. El Rabino Teichtal, junto con 10 miembros de su familia, se escondieron en un Bet Midrash (casa de estudio de Torá) y fueron testigos de las atrocidades cometidas por los nazis y las deportaciones masivas a los campos de concentración. En 1942, él y su familia lograron escapar a Hungría y se establecieron precariamente en Budapest, donde permanecieron durante casi dos años. En 1944, cuando Hungría fue invadida por los nazis, fueron capturados y transportados a Auschwitz. En enero de 1945, los prisioneros de Auschwitz fueron llevados en tren a Mauthausen. El Rabino Teichtal fue asesinado por un grupo de ucranianos que estaban en ese tren cuando intentó defender a un judío al que le querían robar su pan.

SUS IDEAS

Al igual que la mayoría de los rabinos jasídicos europeos de su época, el Rabino Teichtal se oponía al sionismo, el movimiento judío que buscaba establecer un Estado judío independiente en Israel,  y se pronunció explícitamente en contra de la emigración sionista a “Palestina”. En 1936, por ejemplo, escribió que “el movimiento sionista estaba profanando la tierra santa”.

Su oposición al sionismo se basaba en dos puntos fundamentales:

  1. El nuevo Estado judío no debería ser fruto del esfuerzo humano, sino exclusivamente de la “Intervención Divina”, que formaría parte de la redención mesiánica.
  2. Los líderes del movimiento sionista y la mayoría de los judíos que se establecían en Israel y construían el nuevo Estado no eran observantes, sino judíos seculares.

EL MÉRITO DE LA TIERRA

Sin embargo, durante el tiempo que estuvo escondido en Checoslovaquia y durante los años de reclusión en Hungría, el Rab Teichtal cambió radicalmente su forma de pensar. En esos años de reclusión, escribió sus reflexiones en un libro llamado “Em Habanim Semejá”, que refleja su nueva visión.

El versículo bíblico que inspiró su nueva forma de ver los esfuerzos del movimiento sionista se encuentra en la Parashá de esta semana, Behar-Bejuqotay, particularmente el siguiente versículo clave: 

“Entonces recordaré mi pacto con Jacob, Isaac y Abraham, y también recordaré la tierra. “   (Vayiqra 26:42).

En este texto, la Torá dice que cuando los judíos sean perseguidos por su numerosos enemigos en el exilio, HaShem finalmente recordará el pacto que hizo con nuestros ancestros y rescatará a Su Pueblo de las manos de sus enemigos. La persecución que describe la Torá en ese texto es tan aterradora que el Rabino Teichtal pudo relacionarla con las atrocidades que los judíos experimentaban en el Holocausto. Esto lo llevó a preguntarse por qué Dios no recordó Su pacto y por qué no rescató a Su pueblo de la Shoah.

Sus reflexiones sobre este versículo lo hicieron pensar y darse cuenta del gravísimo error que había cometido al haberse opuesto sionismo. 

El rabino observó dos elementos inusuales en este versículo.

Primero, que nuestros ancestros generalmente se mencionan en orden cronológico: Abraham, Isaac y Jacob. Pero en este versículo, por alguna razón, se mencionan en orden inverso.

Segundo, este versículo menciona al final a la Tierra de Israel.

¿Por qué?

DE MENOR A MAYOR  

Basándose en el comentario de Rashi, el Rabino Teichtal escribió que para que Dios nos escuche y nos libere de nuestros enemigos, quizás el mérito de Jacob, el más joven de los patriarcas, sea suficiente. Sin embargo, si ese mérito no fuera suficiente, entonces Dios recordaría el mérito de Isaac, que es mayor que el de Jacob. Y finalmente, si el mérito del patriarca Isaac no fuera suficiente, Dios recordaría el mérito más grande, el de Abraham Abinu. Pero ¿qué sucede si, debido a la gravedad de nuestras malas acciones, como la asimilación y el abandono de nuestro Pacto con Dios, el mérito de nuestros patriarcas tampoco fuese suficiente? 

El Rab comprendió finalmente el mensaje de este versículo: el último mérito, ¡el mayor! es el de regresar a la Tierra de Israel, tal como pretende el movimiento sionista. Los judíos deben dejar Europa y regresar a Dios regresando a Su Tierra. 

SU NUEVA VISIÓN

El Rabi Teichtal concluyó que los esfuerzos de los pioneros sionistas que habían llegado desde fines del siglo 19 a la tierra prometida para construir un nuevo estado era absolutamente significativo en términos religiosos. El movimiento sionista,  comprendió ahora el Rab, es una emprendimiento básicamente sagrado y religioso, aunque los judíos seculares que lo lideran, debido a su falta de acceso a una educación judía adecuada, no llevaban una vida observante. Sin saberlo o sin darse cuenta, esta judíos eran parte de un Plan Divino. Luchar para regresar específicamente a la tierra de nuestros ancestros —y no a lugares como Uganda o Entre Ríos — era la forma de”Teshubá” (retorno) de estos judíos: el sionismo era su regreso a Dios. ¿Por qué deberíamos quitarles este mérito? El sionismo es la realización de una visión profética y profundamente religiosa, que comenzó CINCUENTA AÑOS antes de que ocurriera el Holocausto. 

Y finalmente , la confesión más dolorosa del Rab Teichtal: 

¿Cuántos judíos que fueron asesinados en Europa podrían haberse salvados si hubieran regresado a la tierra de Israel antes de que comenzara el Holocausto?

SU NUEVO PLAN 

En primer lugar, los rabinos y lideres religiosos debemos hacer todo lo posible para inspirar el despertar de la tradición y la observancia judía (Keruv) entre los pioneros sionistas seculares, eso que que sido justa excusa para no apoyar el sionismo, debe trasformarse en NUESTRA MISION. Y en segundo lugar, debemos hacer todo lo posible para que los judíos observantes se sumen al esfuerzo sionista y regrese a Israel. Si eso sucede, su presencia inspirará a los judíos seculares y el pueblo judío se salvará tanto física como espiritualmente, al vivir en nuestra tierra, y ayudar a que gradualmente todos nuestros hermanos judíos regresen al camino de nuestra Torá.

Para más información sobre el rab Teichtal y sus ideas ver este articulo de la Yeshivat  Hesder Holon, Israel (hebreo)




QUEDOSHIM: Respeto y Honor a los Padres

En la Torá, hay dos mandamientos que regulan las relaciones entre padres e hijos. El primero es “kabbed et abija ve-et imeja”, que se traduce como: “Honra a tu padre y a tu madre”. Este es el quinto de los Diez Mandamientos.
Una segunda Mitsvá parecida aparece en Parashat Quedoshim, que leemos esta semana. En Vayiqrá 19:3 dice: “ish immo veabiv tira’u”, es decir: “Un individuo debe respetar a su madre y a su padre”.
Estos dos mandamientos son distintos, y de hecho, se complementan entre sí, como veremos ahora.

RESPETO A LOS PADRES
La palabra que usa la Torá es “tira’u”, que literalmente significa “temer”. Sin embargo, este mandamiento no se refiere a tener miedo o asustarse de nuestros padres, sino a respetarlos profundamente.
¿Cuál es la diferencia entre miedo y respeto?
El miedo es una reacción emocional involuntaria que muchas veces nos paraliza. El respeto, en cambio, es una actitud voluntaria, consciente y activa. Es reconocer y considerar la autoridad de nuestros padres en nuestras decisiones y comportamiento.
Respetar a los padres, según la Torá, generalmente se refiere a lo que NO debemos hacer. Por ejemplo:
– No se debe llamar a los padres por su nombre propio. La manera correcta de dirigirse a ellos es con títulos afectivos como “mamá” o “papá”.
– No se debe desobedecer a los padres.
– No se debe ocupar su lugar: ya sea en la cabecera de la mesa, en una silla especial o en el asiento del padre en la sinagoga.
El respeto establece una sana distancia: “Yo soy papá o mamá, y tú eres mi hijo o hija. Te quiero, pero no somos iguales”. Esta distancia no está diseñada para alimentar el ego de los padres, sino para generar seguridad emocional en los hijos. Porque sin límites claros y sin una autoridad reconocida, no hay verdadera educación.
Desde un punto de vista práctico, esta Mitsvá se aplica principalmente cuando los hijos aún dependen de sus padres: durante la infancia y adolescencia. Un niño judío aprende desde pequeño a actuar con disciplina, a aceptar la autoridad de sus padres, y esa educación lo prepara —eventualmente— para aceptar la autoridad de Dios. Quien no ha aprendido a respetar a sus padres difícilmente podrá respetar al Creador.

HONOR A LOS PADRES
La Mitsvá de “Honrar a los padres” es diferente. No se trata de lo que no debemos hacer, sino de lo que sí debemos hacer por ellos.
Este mandamiento, que aparece en los Diez Mandamientos, se refiere a cuidar de nuestros padres y atender sus necesidades.
Nuestros Sabios explicaron que “honrar” significa:
– Ayudar a los padres
– Visitar y acompañarlos
– Llevarlos o traerlos de una cita médica
– Darles de comer, si es necesario
– Ayudarlos a vestirse
Esta Mitsvá nace de la gratitud. Nuestros padres nos cuidaron, alimentaron, educaron y protegieron cuando éramos indefensos. Ahora que ellos dependen de nosotros, es nuestro deber corresponderles.
En resumen, el respeto se aplica cuando los hijos dependen de los padres, y el honor cuando los padres dependen de los hijos. Dos mandamientos distintos, que juntos describen una relación completa, madura y sagrada.




Resumen de Parashá Quedoshim


La parashá Quedoshim, ubicada en el libro de Vayiqrá (Levítico), es esencial para entender el llamado de Dios a los judíos para alcanzar la santidad: “Sean santos porque yo, el Señor su Dios, soy santo”. Este no es un mandamiento sino una exhortación para la serie detallada de leyes que serán mencionadas a continuación y que guían la conducta ética y espiritual del pueblo judío.

La parashá comienza con la importancia de respetar a los padres y observar el Shabbat. Se prohíbe la idolatría y se establecen normas relacionadas con los sacrificios que no se han consumido en el tiempo establecido. También se refiere a la justicia social, indicando que los judíos debemos dejar partes de nuestras cosechas para los pobres. También se prohíbe el engaño, la mentira, la retención injustificada del salario del trabajador, jurar falsamente y maldecir.

Además, la Torá prohíbe pervertir la justicia, chismear, ser indiferente ante el sufrimiento ajeno, odiar, guardar rencor y practicar la venganza. Se destaca la importancia de advertir al que procede mal y se exhorta a amar al prójimo como a uno mismo.

También se abordan leyes rituales sobre la agricultura y la vestimenta, como la prohibición de sembrar cruzando dos tipos de semillas, usar una prenda de mezcla de lana y lino (shatnez), o cruzar animales de diferentes especies.

Se introducen leyes sobre la prohibición de comer frutos de un árbol durante los primeros tres años (orla) y la obligación de ofrendar los frutos en Jerusalem el cuarto año.

También se prohíben las prácticas de la brujería, la hechicería, la prostitución y el tatuado del cuerpo. Se exhorta a no rasurar los bordes del cuero cabelludo o la barba con una cuchilla de afeitar, pero sí se permite cortarlo con una tijera. Un judío debe respetar el santuario de Dios, el estudio de la Torá y a los ancianos.

Se destaca la importancia de amar a los conversos y residentes legales (guer toshab) y a ser honesto en las transacciones comerciales, manteniendo los pesos de las balanzas y las medidas con integridad.

Se habla del castigo capital para aquellos que practiquen el culto a Molej, que era una forma de idolatría que implicaba sacrificios humanos. Y se establecen las penalidades para aquellos que maldigan a sus padres y para quienes incurran en relaciones sexuales prohibidas.

Finalmente, se advierte a no seguir las costumbres y tradiciones de los paganos y se enfatiza la importancia de consumir solo animales puros (kasher). La Parashá concluye enfatizando que estos son los mandamientos que se deben seguir para ser santos.

Esta parashá no solo destaca la diversidad de las leyes que regulan la vida cotidiana y las prácticas religiosas, sino que también enfatiza un tema central: la búsqueda de una vida de santidad y pureza en la imitación del carácter divino.




Quedoshim y Los Diez Mandamientos

 


 

En la Perashá Quedoshim (Vayikrá 19–20) encontramos un número notable de Mitsvot. Cuando las analizamos en profundidad, vemos que muchas de ellas reflejan, desarrollan o detallan los preceptos expresados en los Diez Mandamientos.

La diferencia está en el enfoque: los Diez Mandamientos representan el momento solemne de la revelación divina en el monte Sinaí. Quedoshim, en cambio, traduce esa santidad a la vida diaria. Compararemos ambos textos y mostraremos cómo las Mitsvot de Quedoshim explican, complementan o expanden los principios del Decálogo.


1. “Yo soy HaShem su Dios”
Vayikrá 19:2 – Kedoshim tihiyu ki kadosh ani HaShem Elohejem
La Perashá comienza reafirmando la base espiritual de toda la Torá: la identidad del pueblo de Israel como una nación consagrada a Dios. HaShem es el Legislador supremo, cuya autoridad no está basada en el poder o el miedo, sino en la santidad. Sus leyes no son caprichosas ni opresivas, como las del faraón, sino que están orientadas al bien y dignidad del ser humano.


2. “No tendrás otros dioses”
Vayikrá 19:4 – Lo tifnu el ha’elilim
No se debe acudir a ídolos ni a supuestos poderes sobrenaturales. No se puede creer ni invocar ningún tipo de “superpoder”, energía mágica o fuerza espiritual fuera de HaShem. Esta Mitsvá es una declaración contra la superstición, el ocultismo y cualquier forma de idolatría moderna o antigua.


3. “No tomarás el nombre de HaShem en vano”
Vayikrá 19:12 – Ve’lo tishabe’u bishmi la’sheker
Aquí se detalla el uso indebido del nombre divino, especialmente en contextos legales. No se puede jurar en falso, ni utilizar el nombre de HaShem para justificar una mentira. Esta Mitsvá es una continuación directa del principio de reverencia absoluta por el Creador.


4. “Santifica el Shabbat”
Vayikrá 19:30 – Et Shabtotai tishmoru
Quedoshim menciona el Shabbat brevemente, en el mismo contexto que el respeto a los padres. Aun así, el solo hecho de mencionarlo como una orden divina refuerza su centralidad en la vida judía. Observar el Shabbat es un acto de emuná y un reconocimiento semanal de la creación divina.


5. “Honra a tu padre y a tu madre”
Vayikrá 19:3 – Ish imo ve’aviv tira’u
Aquí no se menciona el “honor” sino el “temor reverencial”. Los Sabios explican que honrar se refiere a asistir y cuidar físicamente a los padres, especialmente en su vejez. Temor, en cambio, implica no contradecirlos, no llamarlos por su nombre, no sentarse en su lugar. Ambas actitudes son necesarias para una relación sana con nuestros progenitores.


6. “No asesinarás”
Vayikrá 19:16 – Lo ta’amod al dam re’eja
Quedoshim no repite literalmente la prohibición de asesinar, pero da un paso más allá: prohíbe la indiferencia ante el peligro de vida del prójimo. Si alguien está en riesgo y tú puedes hacer algo para salvarlo, estás obligado a intervenir. La vida humana es sagrada, y no actuar ante el peligro también es una forma de violencia.


7. “No cometerás adulterio”
Vayikrá 20:10 – Ve’ish asher yinaf et eshet ish
Quedoshim aborda de manera directa las relaciones prohibidas. El adulterio se menciona con claridad y se establecen sus consecuencias. La santidad también se expresa en el ámbito familiar y conyugal.


8. “No robarás”
Vayikrá 19:11 – Lo tignovu
La misma palabra aparece, pero en un contexto diferente. En Quedoshim se refiere al robo de bienes materiales —propiedad, dinero, pertenencias—, mientras que en otros contextos se refiere al secuestro. Además, aquí se amplía la prohibición a todo tipo de fraude: mentir en los negocios, engañar al cliente, retener el salario del trabajador. El mensaje es claro: una sociedad justa se construye sobre la integridad económica.


9. “No darás falso testimonio”
Vayikrá 19:16 – Lo telej rajil be’ameja
Aunque no se menciona directamente el juicio, esta Mitsvá prohíbe el chisme, la calumnia y la difamación. Hablar mal del otro, divulgar rumores o crear divisiones dentro del pueblo también es una forma de dañar la verdad y la justicia, como lo es el falso testimonio.


10. “No codiciarás”
Vayikrá 19:18 – Lo tikom velo titor
Quedoshim nos advierte contra el deseo de venganza y el rencor, emociones emparentadas con la codicia. La Torá no solo exige control sobre las acciones, sino también sobre los sentimientos destructivos. Y concluye con una orden revolucionaria:
Ve’ahavta lere’aja kamoja – Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Una invitación a vivir en empatía, generosidad y solidaridad.



Quedoshim  amplía,  desarrolla, y baja a la tierra a  los Diez Mandamientos. Nos enseña que la santidad no es solo un concepto espiritual o teórico, sino una práctica diaria que se refleja en nuestras relaciones humanas, en el respeto, la justicia, la compasión y la verdad.




SHEMINI: Controlar lo que uno come

KASHRUT Y AUTOCONTROL

En la Parashá de esta semana, la Torá introduce la dieta del pueblo judío: el Kashrut. Esta dieta no tiene que ver necesariamente con el bienestar físico, como una dieta baja en calorías o cualquier otro régimen que seguimos para adelgazar o mantenernos saludables. El Kashrut tiene que ver con algo más profundo: con una conducta, un comportamiento que la Torá llama Kedushá — santidad — que HaShem exige a Su pueblo.

¿Qué es la Kedushá? Según la Torá, la santidad se construye sobre un concepto fundamental: el autocontrol y la autodisciplina. Especialmente en aquellas áreas del comportamiento humano vinculadas a la satisfacción de instintos primarios, como la alimentación y la vida sexual. Controlar nuestros impulsos nos humaniza, nos diferencia de los animales, que por naturaleza no pueden decir “no” a sus impulsos. Esa capacidad de decir “no” es lo que nos eleva: nos hace “sobrenaturales” .

La Guemará en Pesajim (49b) lleva esta idea a un extremo sorprendente: según Ribbí Yehudá HaNasí, no todo individuo tiene el derecho de consumir carne. רַבִּי אוֹמֵר: עַם הָאָרֶץ אָסוּר לֶאֱכֹל בָּשָׂר — “Una persona sin educación mínima no debería consumir carne”. ¿Por qué? Porque quien no puede controlar sus propios impulsos no se encuentra en un nivel moral superior al de los animales — y por lo tanto, no tiene el derecho de alimentarse de ellos.

KASHRUT Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

Los judíos comenzamos a entrenarnos en el autocontrol desde muy pequeños. Recuerdo una vez, en una fiesta, que un señor no judío se acercó a mí para felicitarme por uno de mis hijos pequeños. Le había  ofrecido un dulce y mi hijo le dijo que no podia comerlo  porque no sabía si era Kasher. Esto es más o menos lo que me dijo:

“Rabino, ¿cómo se educa a un niño de 5 años para que tenga esa clase de autodisciplina? Yo tengo tres hijos, uno de esa edad, y la verdad es que no puedo con sus apetitos. Los niños de hoy son consumidores voraces, entrenados por la sociedad para consumir absolutamente  todo lo que se les presenta. Son insaciables. Pero su hijo es diferente: le ofrecí unos dulces, los tomó y me dio las gracias — pero antes de llevárselos a la boca, fue a preguntarle a su hermano mayor si podía comerlos. ¿Cuál es el secreto? ¿Qué premio le prometió? ¿Lo amenazó con algún castigo?”

Le respondí que no había premios ni amenazas. Que cualquier niño judío criado en un hogar que observa Kashrut desarrolla naturalmente ese nivel de autocontrol. Y mientras lo decía, me sorprendí al escucharme: “nunca tuve que explicarles a mis hijos las leyes de Kashrut. Las vivieron. Las aprendieron solos, imitando lo que vieron en casa.

Hay algo notable en esto. El Kashrut es una Mitzva que un niño practica mucho antes de comprenderla. No hay una explicación que “haga clic” a los 3 o 4 años. El niño simplemente nace en un mundo Kasher y lo vive. Y cuando crece, esa práctica ya es parte de su identidad — no solo de su teología.

KASHRUT E IDENTIDAD

El Kashrut es también una de las señales más poderosas de identidad judía. A veces me he sentado en un avión junto a alguien sin ninguna identificación judía visible — kipá, Maguén David, etc. y descubrí su identidad judía  cuando le sirvieron su bandeja Kasher. En un viaje, en un hotel, en una reunión de negocios: el Kashrut nos identifica.

Seguir una dieta Kasher nos hace más conscientes de nuestras elecciones y crea naturalmente una afinidad con quienes comparten nuestras prácticas,  precisamente en torno al elemento más universal de toda reunión social: la comida.

KASHRUT Y ASIMILACIÓN

La primera vez que la Torá presenta la dieta como un factor de separación fue en Egipto: una protección de la identidad judía. La cultura egipcia era radicalmente diferente de la cultura semítica, especialmente en lo que respecta a la alimentación. Para los egipcios, los animales eran sagrados — los adoraban como dioses, igual que hoy se venera a las vacas en la India. Comer carne animal era una to’evá, una abominación.

Los hermanos de Yosef se presentaron ante el Faraón como pastores que criaban, esquilaban y consumían ovejas y carneros. Y cuando Yosef le informó al Faraón que su familia había llegado de Canaán, le pidió expresamente un lugar de residencia separado de los súbditos egipcios. No era un capricho: era una estrategia. Al vivir en Goshen, apartados del entorno egipcio,  Bene Israel no se asimilaron y preservaron su identidad durante generaciones. Como explica el Seforno, fueron precisamente estas diferencias en la alimentación las que impidieron la integración social con los egipcios — y protegieron la identidad del pueblo de Israel.




TERUMA: ¿Somos avaros los judíos?

 

TRABAJO FORZADO

En la Parashá de esta semana, Terumá, comenzamos a leer sobre el Mishkán o Tabernáculo, es decir, el Templo que el pueblo de Israel construyó en el desierto. Dentro del Mishkán había ciertos artefactos sagrados (כלים), como el Arca del Pacto, donde estaban las dos tablas de la Ley; la Menorá, una mesa especial (shulján hapanim) y el altar del incienso. Todos estos objetos se hicieron de oro puro. También había otros elementos y piezas del Tabernáculo que se hacían de plata o de cobre: vigas de una madera especial y cortinas confeccionadas con telas muy finas, etc.

La pregunta que surge es: ¿de dónde sacó Moshé estos metales preciosos y los demás materiales necesarios para construir el Mishkán?

Cuando los reyes de los pueblos paganos construían un templo —muchas veces dedicado a sí mismos— tenían que imponer impuestos o confiscar riquezas del pueblo para hacerlo. Y la mano de obra era forzada: esclavos, generalmente prisioneros de guerra, o bien se obligaba a cada familia del reino a enviar representantes a trabajar para la corona durante meses o años. Esto fue exactamente lo que sucedió en Egipto y lo que el pueblo judío experimentó por varias generaciones.

Sería de esperar entonces que, siguiendo este ejemplo, Moisés hubiera forzado al pueblo a pagar un alto impuesto y/o a enviar mano de obra obligatoria para construir el Tabernáculo.

TRABAJO VOLUNTARIO

Pero esto no fue lo que sucedió en el desierto. Moshé no tuvo que imponer impuestos. Los trabajadores judíos llegaron “voluntariamente”. Las maderas, las telas y los metales preciosos, etc., fueron “donados” por el pueblo.

Moshé solo tuvo que solicitar las donaciones, que fueron dadas literalmente “de corazón”. La Torá (Shemot, capítulo 25) dice que Moshé pidió estas donaciones al pueblo:

“Y habló HaShem a Moshé diciendo: Dile a los hijos de Israel que tomen/donen una ofrenda para Mí; tomaréis la donación de todo aquel cuyo corazón lo mueva a hacerlo”.

¿Y cómo respondió el pueblo judío al llamado de Moshé? Esto lo vemos recién diez capítulos más adelante, ya que la Torá dedica ese número de capítulos para darnos un detalle minucioso de todo lo que se construyó en el Bet haMiqdash (y también para contarnos el lamentable episodio del becerro de oro, pero ese es otro tema…).

En Shemot, capítulo 35, la Torá dice que “los hijos de Israel, todos los hombres y todas las mujeres cuyo corazón los movía a donar algo para la construcción que HaShem pidió hacer a los hijos de Israel por medio de Moshé, trajeron una ofrenda voluntaria”.

LO CONTRARIO DE DÉFICIT

Luego la Torá da cuenta de algo extraordinario que ocurrió, un evento probablemente único en los anales de la historia de la filantropía: no solamente no faltó nada; al final, ¡las donaciones sobraron! Lejos de declarar un déficit, se proclamó un “superávit”.

Así dice el capítulo 36 de Shemot:

  1. “Y ellos [el pueblo] seguían trayendo sus ofrendas voluntarias cada mañana.

  2. Entonces vinieron los hombres que estaban a cargo del trabajo del santuario…

  3. y le dijeron a Moshé: ‘El pueblo está trayendo más de lo que se necesita para la obra de construcción…’

  4. Entonces Moshé dio la siguiente orden, que se proclamó por todo el campamento: ‘Ningún hombre ni mujer debe traer más donaciones para la obra del Tabernáculo’.

  5. Porque el material que hay es ya abundante, y es más que suficiente para hacer toda la obra.”

“Superávit” —cuando hay más de lo que se precisa— es una palabra que no se suele usar, especialmente cuando se trata del balance de donaciones a organizaciones sin fines de lucro. Pero así fue: el pueblo de Israel fue tan generoso que hubo un exceso de donaciones.

Hay un punto más que debemos tener en cuenta: ¿de dónde sacaron los esclavos judíos todos esos objetos de valor? La Torá nos cuenta que, en los días previos a la salida de Egipto, los Yehudim “le reclamaron” a los egipcios que les pagasen su compensación por los años trabajados:

וַֽיִּשְׁאֲלוּ֙ מִמִּצְרַ֔יִם כְּלֵי־כֶ֛סֶף וּכְלֵ֥י זָהָ֖ב וּשְׂמָלֹֽת

Y así sucedió: los egipcios cedieron a los judíos objetos de gran valor. Lo interesante es que era la primera vez que los esclavos hebreos poseían joyas, telas finas y otros elementos valiosos. Y lo normal no es que uno se desprenda de algo de valor cuando lo tiene por primera vez…

La generosidad que demostró el pueblo judío es increíble, sin paralelos en la historia antigua (y quizás también en la moderna). Hay que destacar finalmente la honestidad de los líderes judíos, que declararon el superávit y no se quedaron con él, como normalmente lo hubiera hecho cualquier rey o gobernante (sobre la honestidad de Moshé, ver Perashat Pequdé).

BENEFICENCIA ANÓNIMA

Más allá de la bondad que representa donar en abundancia, el epítome del altruismo y la generosidad es el anonimato. En el Mishkán nadie pretendía que su nombre fuese mencionado en una placa especial o algo así. El Mishkán era consagrado para Bore Olam, el Creador, y las ofrendas eran totalmente anónimas.

Esto me recuerda una historia real que presencié en Israel: una forma de hacer Tsedaqá que considero admirable, ya que incluye estos tres elementos —la generosidad, el anonimato y el superávit—.

Un hombre generoso, llamémoslo Sr. Cohen, viaja a Israel todos los años, entre otras cosas para dar Tsedaqá. Como sabemos, la manera MÁS ALTA de practicar Tsedaqá es ayudar a la gente pobre de Israel. El Sr. Cohen “separa” durante todo el año parte de sus ingresos para este generoso fin.

Una vez en Israel, el Sr. Cohen visita ciudades y barrios donde hay pobres, abrejim necesitados o gente con pocos recursos. Va al almacén del barrio (cada año trata de visitar uno diferente) y le pregunta al almacenero si da crédito a sus clientes, lo cual es muy común en Israel.

El almacenero le muestra una libreta con las deudas de decenas de familias —por lo general con muchos hijos— que tienen deudas significativas por la comida que compran para sus hijos: pan, leche, azúcar, queso para untar, tomates y pepinos, la dieta básica de una familia de bajos recursos en Israel.

El Sr. Cohen le extiende al almacenero un cheque por el valor total de la deuda y luego deja otros 5.000 shekels a cuenta de los gastos de las familias más necesitadas.

La historia de la generosidad y el altruismo que comenzó en el Mishkán se repite permanentemente. Muy lejos del prejuicio antisemita de que los judíos somos avaros, las estadísticas demuestran que nuestros correligionarios superan en actos de filantropía a los miembros de otras religiones.

Si no escuchamos más sobre estos actos de bondad, es porque los más importantes actos de filantropía se llevan a cabo, como en el Mishkán, anónimamente, sin interés de figurar.

 

 

 Si no escuchamos más sobre estos actos de bondad, es porque los más importantes actos de filantropía se llevan a cabo, como en el Mishkán, anónimamente, sin interés de figurar.  




TERUMA: El respeto a lo que uno fue

Uno de los elementos del Mishkan que se describen en la Parasha de esta semana es el Arca del Pacto, o aron haberit.  El Arca se encontraba en el interior del Qodesh HaQodashim, el area más sagrada del mishkan y luego del Bet haMiqdash, a al cual solo tenia acceso el Cohen Gadol en Yom Kippur.
¿Qué había dentro del Arca del Pacto? Ente otras cosas (Sefer Tora, una muestra del man y la vara de Aron haKohen) el Arca contenía las dos Tablas de Piedra con los Diez Mandamientos. Lo que hay que recordar es que Moshé rompió las primeras Tablas , para evitar incriminar al Pueblo de Israel cuando adoraban al becerro de oro. El Arca, por supuesto, contenía las segundas Tablas de Piedra con los diez mandamientos. Y la pregunta es  ¿Qué paso entonces con los restos de las primeras tablas? Nuestros Jajamim afirman que los fragmentos de las primeras tablas también fueron colocados dentro del Arca, junto a las segundas Tablas (lujot veshibre lujot munajim baaron).

¿Y qué podemos aprender del hecho de que tanto las Tablas de piedra enteras y los restos de las primeras tablas estaban en el mismo lugar sagrado?

En primer lugar, aprendemos que un elemento que tuvo qedusha(santidad) no puede ser descartado de una forma no-honorable. ¿Qué debemos hacer entonces con elementos que, por ejemplo, tienen el nombre de HaShem -digamos un Sefer Tora,  Tefilin, una Mezuza-  pero que por alguna razón ya no se pueden arreglar o usar más? De acuerdo a la ley judía cuando uno de estos elementos o sus accesorios (llamados tashamishé qedusha) caen en desuso no se pueden tirar. Hay que guardarlos hasta que puedan ser enterrados.  Es por eso que en toda sinagoga hay una Geniza, generalmente una caja grande, donde se colocan estos objetos religiosos que ya no se utilizan más. Eventualmente todos estos elementos seran llevados a un cementerio donde están enterrados. De acuerdo al Shuljan aruj, un Sefer Tora en desuso (pasul) se enterrará junto a un Talmid Jajam.

Al igual que los fragmentos rotos de las Tablas de Piedras, aunque ese Sefer Tora ya no tiene la misma santidad de antes, y ya no “sirve” para ser leído, igual le tenemos un gran respeto .

Los Jajamim dijeron algo extraordinario: que esta misma conducta la debemos tener con los seres humanos. El ejemplo que ellos dieron es el de un Sabio de la Torá que siempre fue respetado y honrado por su sabiduria y su profundo conocimiento. ¿Qué pasa si ese Sabio deja de ser un sabio? ¿Qué pasa si por ejemplo, sufre de Alzheimer, o senilidad, y pierde sus conocimientos,  y ya no recuerda casi nada de lo que sabia? Este individuo es como un fragmento roto de lo que era aquel gran Sabio. Su memoria está destruida. Su sabiduría, “hecha pedazos”. Este hombre ya no sirve ningún propósito practico.  ¿Dejamos de honrarlo? Nuestros rabinos nos enseñaron que a esta persona senil o con Alzheimer  le debemos el mismo respeto y honor que le brindábamos antes. Y esto lo aprendemos del Arca, que contenía en el mismo lugar de honor, no sólo las tablas enteras sino también los pedacitos de las tablas rotas que ya “no servian más”.

Am Israel es, y debe seguir siendo, un ejemplo en cuanto al Honor a los padres y a los mayores, sin importar la condición que estén. Es importante tener esto muy en cuenta porque vivimos en una sociedad de consumo, donde sólo se honra lo que sirve, y en la cual algunas personas, especialmente las personas mayores, son tratadas como artículos descartables que cuando no se usan,  ח״ו se descartan.

Nuestra Torá nos enseña que el honor se debe aún a lo que ya fue.

SHABBAT SHALOM!




YITRO: ¿En qué pensás cuando ves las pirámides de Egipto?

En preparación para la Perashá que leeremos mañana por la mañana, Yitró, que contiene la celebración del Pacto entre Dios y el pueblo judío en el Monte Sinaí ( מעמד הר סיני) y la presentación de los 10 Mandamientos como parte de ese pacto, estamos analizando el Primer Mandamiento: “Yo, HaShem, soy tu Dios, que te liberó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavos”. Ayer explicamos la primera parte de este versículo. Dijimos que este mandamiento consiste en aceptar a Dios como nuestro Soberano (Eloquim), y nos recuerda nuestro compromiso de conducirnos de acuerdo a Sus leyes. Aclaramos asimismo que la fe en Dios en el judaísmo no se reduce a una declaración verbal acerca de Su existencia  sino que se expresa fundamentalmente por lo que hacemos respecto a Dios (reconocerlo, amarlo, obedecerlo).
Hoy veremos la segunda parte de este versículo.
yo soy HaShem “tu Dios, que te liberó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavos”
Dios no se presenta como “el Creador de los cielos y la tierra” , sino como “quien nos rescató de Egipto”.
¿Cuál es la diferencia?
¿CREADOR O LIBERTADOR?
En primer lugar cabe destacar que al mencionar la salida de “Egipto” se deja en claro que estos Mandamientos NO son de alcance universal, sino particulares para el pueblo que sufrió allí la esclavitud y fue milagrosamente rescatado de allí.  Desde un punto de vista formal y técnico, la Biblia concibe como código de ley universal a los 7 Mandamientos de Noaj, 4 (o 5) de los cuales son muy parecidos en su contenido a los 10 Mandamientos (no matar, no robar, no practicar la idolatría, el adulterio y el incesto, no ofender el nombre de Dios). Para comprender mejor esta distinción, recordemos que el contexto histórico de las 7 leyes tiene que ver con el pacto que Dios hizo con Nóaj y sus descendientes luego del diluvio universal.  Mientras que el contexto de los 10 Mandamientos es la celebración de un pacto con una nación en particular, Israel, que formalmente se compromete a la observancia de no 10 sino 613 mandamientos.
FUERA DE LA JURISDICCION DEL FARAON
Puede haber otra razón por la cual Dios se presenta como quien nos sacó de Egipto y no como el Creador del Mundo. Este pacto se celebra 7 semanas después de haber abandonado Egipto. Los esclavos judíos han vivido por generaciones al servicio del Faraón, y el Faraón y sus oficiales son la única fuente de autoridad que han conocido.  Dios le recuerda ahora al pueblo que su situación es diferente. No están en Egipto, territorio del Faraón. Ya no tienen que obedecerlo. Están “fuera de Egipto”, en el desierto, tierra de nadie: jurisdicción Divina.
Para entender más en profundidad el contraste que este versículo presenta entre Dios y el Faraón, recordemos que el Faraón forzaba a sus súbditos judíos a obedecer y trabajar para él. Mientras que Dios, como se ve en esta extraordinaria Perashá, “le ofrece” al pueblo judío celebrar “un pacto” con Dios, con responsabilidades mutuas y derechos. De esta manera, indirecta pero sin ambigüedades, la Torá denuncia la esclavitud, la tiranía y la arrogancia de los hombres que usan la violencia para imponer su voluntad a otros.
MEMORIA SELECTIVA
Finalmente veamos por qué este versículo aclara que Egipto era “ la tierra de esclavos”. Tal como pasa el día de hoy con muchas personas que no viven en medio oriente, “Egipto” suena como un destino turístico perfecto:  Giza y sus pirámides; el Valle de los Reyes, y Tutankamon;
el delta del Nilo, etc.  En los tiempos de la Torá Egipto ya era famoso por sus imponentes pirámides, por su caudaloso rio Nilo, por su esplendor, su excentricidad y sus riquezas. Egipto era la mayor superpotencia mundial. La Torá entonces le advierte a los Yehudim no pensar en Egipto con romanticismo. “Recuerda que en esa hermosa tierra fuiste sometido a la esclavitud”. Cuenta el famoso historiador griego Herodoto que en el año 600 antes de la era común, 800 años después de Moisés, el faraón egipcio se embarcó en proyectos de construcción “faraónicos”. Lo más relevante es que Herodoto registra los costos de producción de ese proyecto: 120.000 esclavos murieron en esa obra. No hay registros del número de judíos que murieron trabajando para el faraón en los tiempos de Moshé (aunque un famoso Midrash cuenta que los egipcios usaban los cuerpos de niños judíos cuando no alcanzaban los ladrillos). Al describir Egipto como “la casa de esclavos” la Torá quiere que no seamos víctimas de la memoria selectiva, y que cuando pensemos, por ejemplo en las pirámides, no olvidemos el costo que se tuvo que pagar….