Noaj y el descubrimiento de la muerte

¿Qué causó el diluvio universal? ¿Un meteorito? ¿Un evento de cambio climático? La Tora no es un libro común. Es un libro divino. Y como tal, exige una lectura poco convencional. Este tipo de lectura implica, entre otras cosas, leer los silencios del texto, leer entre las líneas y, sobre todo, saber que no hay nada superfluo en una obra Divina.
En el quinto capítulo de Bereshit (Génesis) en la Parashá de la semana pasada, leemos la primera genealogía humana: una lista aparentemente innecesaria de los años que vivió cada uno de los descendientes de Adam, el primer hombre. La Torá menciona nueve generaciones: Adam, Seth, Enosh, Kenan, Mahalalel, Yared, Janoj, Metushelaj y Lemej, el padre de Noé. Todos vivieron una larga vida. El récord de longevidad (hasta ahora …) es el de Metushelaj, que vivió 969 años.
De cualquier manera, la pregunta sigue allí: más allá de satisfacer nuestra curiosidad, ¿qué nos enseña este registro civil de edades pre-diluvianas? ¿Por qué necesitamos tantos detalles sobre la edad de los primeros humanos?
Si observamos con atención, descubriremos algo maravilloso.

¿CUANDO Y POR QUE MURIO ADAM?

En el año 930, contando desde la Creación, tuvo lugar un hecho extraordinario. Adam, el primer hombre, finalmente murió. Los hombres, los miles o cientos de miles de descendientes de Adán, ya sabían que se podía “matar” a un ser humano, como sucedió con Abel. Pero ahora, por primera vez, se enfrentaban a la muerte “natural”. HaShem ya le había dicho a Adán que no vivirá para siempre. Pero esa advertencia tardó más de nueve siglos en materializarse. Tiempo suficiente para que los humanos se olvidasen de la mortalidad. Adam, Set, Enosh, etc., dada su avanzada edad, fueron vistos como inmortales. La muerte natural de Adam fue un evento sin precedentes y provocó un estado de conmoción y pánico. Lo único que podía aliviar este miedo, el terrible miedo a la muerte, era asumir que la mortalidad solo afectaría a Adam por haber desobedecido a Dios al comer del fruto prohibido.

Pero en 987 (¡tienes que calcular los años tú mismo a partir del texto, porque esta fecha no está explícita en la Torá!) se registra la segunda muerte natural: Janoj muere a la relativamente temprana edad de 365 años … Esta segunda muerte ya no se podía atribuir a la desobediencia. La Tora declara explícitamente que Janoj era un hombre justo, que caminó por el Sendero Divino (Gén. 5:24) … La muerte de Janoj fue un evento devastador. La Torá lo describe con palabras que parecen reflejar la sorpresa y el terror generalizados de los humanos de esa generación, enfrentados a un evento que no entendían muy bien. “Fallecer” de muerte natural era algo tan novedoso que los hombres aún no podían definirlo con palabras convencionales. El texto, por lo tanto, no dice que Janoj “murió”, sino que lo dice con la misma inocencia que un niño describe la muerte, “y Janoj ya no está… porque Dios se lo llevó”. La tercera muerte natural fue la de Set, el hijo de Adam. Esto sucedió en el año 1042. Ahora la muerte era un hecho confirmado. Y estaba allí para quedarse.

EL FIN DEL MUNDO

La reacción de la humanidad ante la inevitabilidad de la muerte no fue muy positiva… La conciencia de la mortalidad provocó un pánico que reveló lo peor del ser humano. Tal como se ve en esas situaciones de Hollywood en las que los humanos reaccionan con violencia y desesperación al enterarse de la inminente caída de un meteorito que destruirá la tierra… cuando los hombres comprendieron que iban a morir, se dedicaron a satisfacer sus bajos instintos, recurriendo la violencia. Se concentraron en sobrevivir y matar al otro para quitarle too lo que se pueda. Como dijo Yesha’ayahu (22:13), citando describió la filosofía de los hombres materialistas: “Comamos y bebamos [tanto como podamos], ya que mañana [de todos modos] vamos a morir”.

Una frase del texto de la Torá revela algo sobre esa nueva condición humana: “Y los hombres poderosos vieron a las mujeres [de otras familias, tribus. etc.] y se las llevaron [por la fuerza] …”. Nuestros rabinos agregaron que la generación anterior al diluvio no solo fue culpable de asesinato y violencia sexual, sino también de corrupción, opresión de los débiles y un rechazo total a la ley el orden. En esa situación, HaShem decide dos cosas: 1. Acortar la vida humana. Algo que como veremos sucederá de forma paulatina. Diez generaciones después de Noé, la vida útil alcanza apenas 150 a 200 años, y en las generaciones posteriores continúa disminuyendo. Una vida más corta podría ayudar a la humanidad a tomar una mejor conciencia sobre la mortalidad y la necesidad de vivir una vida con propósito. 2. Dios también trae el diluvio, para hacer una especie de “reinicio” de la civilización humana con Noé y sus hijos.
Ahora entendemos que lo que provocó el diluvio no fue un meteorito ni un cambio climático: fue ese estado de anarquía, caos y corrupción de los hombres que reaccionaban violentamente al descubrimiento de su inevitable mortalidad.

Noaj, el protagonista de nuestra Parasha, nació en el año 1056. Es el primer hombre que nace en un mundo de hombres conscientes de su mortalidad. Al final del diluvio, Noé recibió el primer código de leyes. Siete reglas básicas que condenan el asesinato, el robo, la promiscuidad, etc. y ordenan el establecimiento de tribunales de justicia para evitar la anarquía y la impunidad. Todo esto traerá un nuevo clima de ley y orden.

Pero tendremos que esperar otras diez generaciones a que otro hombre, Abraham Abinu —y sus descendientes— hagan un segundo descubrimiento. 1. Aunque limitada y relativamente corta, la vida es una oportunidad que nos da HaShem para acercarnos a Él por nuestra propia voluntad y esfuerzo. 2. Que no fuimos creados por Dios para explotar al prójimo, sino para ayudarlo. 3. Y finalmente, que la mortalidad afecta el cuerpo del hombre, pero su espíritu Divino, la neshamá, sobrevive a la muerte si se la nutre adecuadamente.




CONTÁMELO OTRA VEZ: ¿Qué creó Dios el Cuarto Día?

Luego de escribir mi primer libro, “Creacion”, que trata acerca de los 3 primeros versículos bíblicos que narran la creación de nuestro planeta, comencé mi nuevo libro acerca de lo que Dios creo en el Quinto Día: los primeros animales, incluyendo los dinosaurios (de aquí el nombre de mi nuevo libro “Dinosaurios en la Biblia” , que todavía no he publicado en español).   

En las próximas lineas voy a compartir con los lectores de Halajá of the Day un texto de la introducción de mi nuevo libro. En esta introducción describo brevemente el proceso de creación que, increíblemente, es totalmente discernible  para el hombre y el pensamiento contemporáneo. Elegí compartir el tema del Cuarto Día de la creación, porque creo que es el menos entendido.  En el jardín de infantes nos enseñan que en el Cuarto Día Dios “creó” el sol, la luna y las estrellas. Pero esta idea tan popular no sigue la opinión de la gran mayoría de los Sabios judíos, especialmente aquellos como Rashí, o Radaq que se especializan en la parte textual y gramatical (peshat), es decir, en la interpretación no-mística de la Torá. 

Aparte, sería un gran desafío intelectual suponer que las plantas creadas  en el Tercer Día pudieron existir sin la luz solar, o que al atmósfera terrestre creada el Segundo Día, no dependía del sol. O incluso que la transición día / noche del Primer Día no se produjo a través del sol. Hoy sabemos que la existencia de un planeta depende de la estella alrededor de la cual orbita, y que todos los planetas que conocemos existen, obviamente, dentro de un sistema solar.  

En las siguientes lineas este tema va a quedar aclarado. Aunque estoy seguro que  muchos lectores se van a sorprender porque será la primera vez que lean esto.  Me tengo que disculpar porque el texto que voy a copiar es un poco más extenso que de costumbre, pero espero que los ayude a comprender mejor el texto de la Creación y apreciar que cuando más entendemos la ciencia, más admiramos la exquisita precisión de nuestra Torá.     

Génesis 1:14

Y dijo Dios (en el Cuarto Día): Que haya luMINARIAS en el firmamento CELESTE, Y Que separen el día de la noche; Y que sEan señales de lOS TIEMPOS, de los días y de los años. 

1. La tradición judía sostiene que las luminarias —es decir: el sol y la luna y los planetas de nuestro sistema solar—no fueron creadas en el Cuarto Día, sino en el Primer Día de la Creación. Para ser más precisos, Dios creó el sol, la luna y el universo durante el primer acto de Creación (Genesis 1:1) . El Cuarto Día, entonces, Dios estableció el posicionamiento definitivo del Sol y la Luna en sus respectivas órbitas celestiales (requia’ hashamayim).  Este detalle no puede ser visto como algo menor. Los científicos modernos insisten en que la temperatura de nuestro planeta, que permite la existencia del agua de los océanos en estado líquido; o el ciclo evaporación / precipitación que produce el agua dulce, etc., depende de la exquisitamente precisa distancia entre nuestro planeta y el sol.  Nuestro versículo dice: “Que haya luminarias en la expansión de los cielos”, pero en realidad debe ser entendido de esta manera:  “que ‘estén’ ,’que se ubiquen’ las luminarias en [su preciso lugar en] la expansión de los cielos”.  La orden Divina no se refiere a la aparición de la luminarias sino a su reubicación ”en la expansión de los cielos”, es decir, en su órbita celeste definitiva. Esta es la opinión de la mayoría de los rabinos del Talmud. De acuerdo a nuestros Sabios, entre otros Rashí (Gen. 1:14), el más famoso comentarista de la Torá, este versículo indica entonces la ubicación final y definitiva de las luminarias, (Rashí cita explícitamente la expresión de los Sabios: teliyat hameorot, “la suspensión de las luminarias” en sus respectivas órbitas) y no su creación. Uno de los elementos que nos ayuda a entender que este versículo no se refiere a la “creación “ de las luminarias es la ausencia del verbo bará, que en la Torá se usa para describir un acto de creación a partir de la nada. En este versículo, el texto Bíblico no utiliza la palabra bará sino la palabra yehí, que ya ha sido utilizada, por ejemplo, en la formación de la atmósfera (Génesis 1:6), y allí no se trataba de una creación a partir de la nada sino del establecimiento de una ley física, un mecanismo, producido a partir de algo creado previamente.  

2. Luego, nuestro texto anuncia la misión de las luminarias. Una vez ubicadas en sus órbitas definitivas, ya no se limitarán a la exclusiva tarea de determinar la transición entre el día y la noche, como lo estaban haciendo hasta ahora. Las luminarias, desde sus órbitas delicadamente calibradas, señalarán también otras unidades de tiempo más complejas, como meses, estaciones y años.  El ciclo de “la semana” (shabbat), sin embargo, es independiente de cualquier referencia astronómica y será establecido directamente por el Creador. 

Génesis 1:15

y que ACTUEN COMO LUMINARIAS DESDE el firmamento CELESTE para iluminar la tierra. Y así FUE.

Desde su nueva y cuidadosamente calculada distancia respecto a la tierra, lo que los científicos modernos llaman “la zona de habitabilidad galáctica”, la luz del sol beneficiará a los futuros habitantes de la tierra; los seres vivos que necesitan una temperatura ambiente muy específica y medida.  El astro rey tendrá una misión especial, explícitamente mencionada en este versículo: lehair ‘al haarets, irradiar la energía y el calor necesario para la vida, desde una distancia que no cause ni demasiado calor ni demasiado frio. La temperatura media de la Tierra, 14 grados centígrados, es increíblemente estable y está dentro de un rango muy estrecho y privilegiado. Esta temperatura delicadamente balanceada no permite que los océanos se congelen como ocurriría si la tierra tuviera la temperatura de Marte o Jupiter; ni que se evaporen, como ocurriría en el caso de Venus o Mercurio. El agua de los océanos terrestres podrá permanecer en un estado líquido estable y el sistema climático seguirá produciendo lluvia en la medida necesaria, gracias a la temperatura, exquisitamente sintonizada por el Creador, que resulta del posicionamiento definitivo de la tierra respecto del sol y también de la luna.  Esta es la zona de habitabilidad necesaria para que aparezca en el Quinto Día este fenómeno tan delicado y frágil que se llamará “vida”.  

Génesis 1:16

Y Dios hizo lAs dos grandes LUMINARIAS. LA LUMINARIA mayor para gobernar DURANTE el día, y LA LUMINARIA  menor para gobernar DURANTE la noche. Y las estrellas.

…La luna, es 400 veces más pequeña que el sol, pero está exactamente 400 veces más cerca de la tierra que el sol. Y se ubica a una distancia muy precisa con respecto a la Tierra, desde la cual ejerce la suficiente gravedad para mantener a nuestro planeta alineado en la zona habitable, manteniendo la inclinación del eje de la Tierra y la órbita elíptica que produce las cuatro estaciones y las mareas marítimas, que son responsables por la temperatura estable y la vida en los océanos.

Génesis 1:17

Y Dios LAS colocó en el firmamento CELESTE para alumbrar la tierra.

Los comentaristas bíblicos explicaron que las palabras, leha-ir ‘al ha-Aretz, que literalmente quieren decir: “para iluminar la tierra”, debe entenderse como: “en beneficio de la Tierra”. En su comentario, Rashí analiza el texto Bíblico y sugiere entender la palabra -arets, “tierra”,  como  ‘olam “mundo”. En hebreo, como en español,  “tierra” se refiere exclusivamente al planeta, mientras que “mundo” se puede referir también a los “habitantes de la tierra”. Sifté Jajamim, un comentario sobre el comentario de Rashí, explica que la intención de Rashí fue señalar que a partir del Cuarto Día las luminarias fueron reubicadas en beneficio de los habitantes del mundo (‘olam), y no sólo en beneficio del planeta físico (erets), que no necesita una energía solar tan delicadamente balanceada.  Esta opinión es consistente con la idea de que durante el Segundo y el Tercer Día de la Creación una luz solar más potente, guiada por el Creador, operaba para modificar la superficie de nuestro planeta.  Pero a partir del Cuarto Día, el sol fue reubicado en su nueva órbita para sustentar la vida, y beneficiar directamente a los animales y a las personas que vivirán en la Tierra. Este concepto fue desarrollado por el comentarista bíblico Seforno (Italia, 1475-1550), en su explicación al versículo de Génesis 1:15:  “Ahora [el Cuarto Día] la luz con una temperatura equilibrada (or memuzag) llegará desde las luminarias en la medida adecuada para los habitantes de la tierra.”  

Para resumir: nuestro texto aparentemente reporta dos acciones que tuvieron lugar durante el Cuarto Día (Génesis 1:16 – 1:17). Pero basándonos en las palabras de los rabinos, estas dos acciones deben ser vistas como una sola acción. Génesis 1:16 y 1:17 deben entenderse como un continuo: (Gen. 1:16) “Dios hizo [=modificó de forma definitiva] al sol (Gen. 1:17), ubicándolo en reqia’ haShamayim, la distancia desde el cual irradiará una luz templada y adecuada para los habitantes de la tierra “.

Génesis 1:18

para gobernar DURANTE el día y la noche, y para separar la luz de la OSCURIDAD.

Y Dios VIO QUE era bueno.

Los pasos desde la creación de nuestro planeta hasta su ajuste para sustentar la vida fueron magistralmente ilustrados por R. Menashé Ben Israel (1604-1657). El siguiente texto se basa en sus palabras.  “El Creador es el arquitecto, el constructor y el diseñador de interiores de nuestro mundo. Su proyecto, Planeta Tierra, se asemeja a la construcción de una casa. Primero, Dios crea los materiales más básicos: el esqueleto de la casa y sus paredes (Génesis 1: 1-2). Durante el Segundo Día (Génesis 1: 6-7), Dios construye el techo y el mecanismo de plomería que garantiza un suministro permanente de agua potable a los futuros habitantes de esta casa. En el Tercer Día (Génesis 1: 9-14) el Creador construye el piso de la casa y un sofisticado sistema de bio-ingeniería para producir una reserva constante de alimentos y oxígeno: las plantas. En el Cuarto Día (Génesis 1:16-19), una vez que todo lo demás está preparado, el Creador establece el sistema eléctrico de la casa: la iluminación, el aire acondicionado y la calefacción. La casa es ahora habitable. Las paredes, el techo, el piso y todos los sistemas esenciales están en su lugar y funcionando a la perfección. Y el alimento está preparado en la mesa esperando al invitado de honor: el hombre. 

Génesis 1:19

Y FUE LA TARDE y FUE LA MAÑANA,  CUARTO DÍA

Y el Quinto Día,  Dios creó la vida.




BERESHIT: Dinosaurios en la Biblia

VOLVER AL PRINCIPIO

Este año, la Parashá de Bereshit, Génesis, que contiene el relato de la creación del mundo, nos dejó con solo un día para estudiarla —el Shabbat pasado—, así que antes de despedirnos de Bereshit hasta el año que viene, voy a compartir con ustedes una pequeña reflexión sobre algo nuevo que podemos aprender en esta Parashá. Unos 10 años atrás publiqué mi libro, “Creación” (Awesome Creation), donde explico la historia de la creación del mundo basada en una lectura fiel al hebreo bíblico y mostré que, cuando esta lectura literal (peshat) es ignorada —voluntaria o involuntariamente—, muchos temas clave de la Emuná (la fe judía) se ven afectados, y la Torá puede quedar desprestigiada, reduciéndola al nivel de fábulas o, jas veshalom, de un texto caduco. Hoy voy a mencionar un ejemplo sobre un tema que aún no he publicado. Este ejemplo, como verán, merece el primer premio a la ignorancia del hebreo bíblico y sus inesperadas consecuencias.

LOS PRMEROS ANIMALES

El primer capítulo de Bereshit (Génesis) menciona en el quinto día la creación a los primeros animales que aparecieron en nuestro planeta. El texto hebreo dice:
וַיִּבְרָ֣א אֱלֹקים אֶת־הַתַּנִּינִ֙ם֙ הַגְּדֹלִ֔ים וְאֵ֣ת כָּל־נֶ֣פֶשׁ הַֽחַיָּ֗ה הָֽרֹמֶשֶׂת֙

Y Dios creó los taninim guedolim y a todos los otros seres vivientes ….
¿Qué eran los taninim guedolim?

Comencemos por la primera palabra.   Tanin (singular de taninim) aparece unas 15 veces en el Tanaj y describe a un grupo de animales que incluye cocodrilos, lagartos, serpientes y víboras. En otras palabras, en hebreo bíblico   tanin significa “reptil”. La siguiente palabra, guedolim, plural de gadol, no significa necesariamente “grande” en tamaño. Según el contexto también puede significar “terrible”, “temible” o “poderoso”. En mi libro menciono varios ejemplos de esta connotación, como cuando Dios castiga al Faraón por haber tomado a la esposa de Abraham, y dice nega’im guedolim  (Génesis 12:17), que se traduce como “terribles” plagas o enfermedades. En nuestro contexto, la mejor traducción de la palabra guedolim, una que exprese tanto el tamaño como el temor que estos animales inspiraban, podría ser “imponentes o gigantes”.

Taninim guedolim, por lo tanto, debería traducirse como “grandes/gigantescos / o imponentes reptiles”, pero INEXPLICABLEMENTE esta traducción ¡casi que no existe!

QUE LA IGNORANCIA TE VALGA 
Veamos, por ejemplo, la traducción no-judía clásica de Reina Valera, reeditada en 1960, que dice:
Y creó Dios a los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente etc.”


¿Por qué traducir taninim guedolim como “monstruos marinos”, dos palabras que ¡no aparecen en el texto hebreo!
Aclaremos en primer lugar que en hebreo bíblico la palabra “monstruo” no existe (Nota 1), simplemente porque la Torá no cree en monstruos. A pesar de que TODAS las civilizaciones de la antigüedad creían en monstruos, y los mencionan permanentemente en sus mitos de creación (ver por ejemplo aquí). Y es por eso que una traducción que traduce taninim por “monstruos” en lugar de “reptiles” debería ser considerada como tendenciosa y hasta ofensiva ya que —voluntaria o involuntariamente— equipara a la Torá con las leyendas mitológicas paganas.

¿Cómo se debe traducir entonces la expresión taninim guedolim?

EN GRIEGO Y EN HEBREO
Richard Owen (1804–1892) fue un renombrado científico paleontólogo británico, conocido por su trabajo en la clasificación de restos fósiles de animales prehistóricos. En 1842 acuñó el término dinosaurio para describir un grupo de enormes reptiles extintos. Este término, dinosaurio, es la combinación de dos palabras de origen griego: deinos, que significa gigantesco, poderoso, imponente o temible, y sauro, que significa lagarto o reptil. Así, el término dinosaurio significa “los gigantescos reptiles” de la antigüedad. ¡Estas son, increíblemente, las mismas las palabras que la Torá usa para describir a estas las primeras criaturas creadas por Dios en el quinto día!

¿MONSTRUOS O MONSTRUOSIDADES?
La incorporación de la palabra “monstruos” en las traducciones de la Torá posiblemente deriva de comentarios gentiles escritos antes de que Owen clasificara estos fósiles como “dinosaurios”. Los pueblos paganos suponían que esos gigantescos restos fósiles —que se descubrían por todas partes— pertenecían a monstruos o dragones, es decir, seres imaginarios dignos de la mitología pagana y esto explicaría porque en la edad media se haya usado la palabra “monstruo”. Pero traducir en el siglo XX o XXI taninim guedolim como “monstruos marinos” (Nota 2) es imperdonable, porque fuerza una lectura mitológica de la Torá y le quita su credibilidad histórica.

La traducción de taninim guedolim por “dinosaurios” —o por lo menos por “grandes reptiles”— ES LA TRADUCCIÓN MAS LITERAL y aparte es testimonio que la Torá es el PRIMER y EL ÚNICO libro de la antigüedad que registra la existencia de estos animales prehistóricos —los primeros animales antiguos creados por Dios en la tierra—sin leyendas ni ficciones dignas de Harry Potter.

Próximamente, con la ayuda de Dios, publicaré mi  libro titulado Dinosaurios en la Biblia, donde explico con más detalle los tres versículos que hablan de la creación de los primeros animales (1:20-22), y entre ellos los dinosaurios.
Los que quieran apoyar o dedicar la edición de este libro en español, por favor, escriban directamente a rabbibitton@yahoo.com

Nota 1.  Nótese que la palabra mifletset que se utiliza en hebreo moderno como “monstruo”, describe a un tótem de los pueblos paganos, como pesilim, ver Yirmiyahu 50:38).

Nota 2. La palabra “marino” tampoco aparece en el texto, que dicho sea de paso NO describe únicamente a los animales que habitan en el mar!




BERESHIT: La verdadera humildad

La Parashá de la semana pasada, Bereshit, relata entre otras cosas, la creación del mundo, la creación de la vida y la creación del hombre. Es en este último acto de creación que surge una pregunta sobre la expresión que la Torá usa para describir el propósito Divino. El pasuq (versículo) en Bereshit (Génesis) 1:26 dice: “Y dijo Dios, hagamos un hombre….”. Y la obvia pregunta es: ¿por qué el plural “hagamos”? ¿A quién le estaba hablando Di-s cuando dijo “hagamos”? A simple vista resulta incomprensible que en el mismo libro donde se dice “Escucha Israel, el Eterno nuestro Dios es UNO” también diga “hagamos”, como si jas veshalom, hubiera más que UN solo Di-s.
Los Sabios del Talmud (jazal) ofrecieron varias respuestas a este enigma. Yo conozco 4 explicaciones, que por cierto son complementarias unas de otras. Hoy voy a presentar 2 de ellas. 
1. PLURAL MAJESTUOSO: 
La explicación más simple (peshat) es que este plural no cumple la función regular del plural. Es una forma especial del discurso, Divino o humano, que se llama plural majestuoso o mayestático. Y significa que a veces el pronombre personal de primera persona singular (Yo) se emplea en plural (Nosotros o Nos)en vez del singular para expresar formalidad, autoridad, etc.  Un presidente puede decir: “”Estamos muy orgullosos de la actitud de nuestro pueblo…”. Un Rey en la edad media iniciaba, o firmaba, sus documentos diciendo: “Nosotros, Carlos,…”.  . Tenemos varios casos similares en la Torá, como por ejemplo, adoné yosef (al amo de Yosef, cuando este era esclavo en Egipto, se lo llama en plural: Los amos de Yosef).  Esta es la primera explicación de “hagamos”. 
2. ¿QUE ES HUMILDAD? 
El Midrash interpreta este plural de una forma distinta. Los Sabios dijeron que el Creador, antes de crear al hombre, buscó el consentimiento de los ángeles.   En realidad, implica este Midrash, HaShem no necesitaba la anuencia de los ángeles para proceder con su plan de Creación.  ¿Por qué entonces participar a otros ser, inferiores a Di-s, del plan de la Creación del hombre? 
La humildad, en muchas religiones y culturas, se entiende como el respeto que el inferior le debe a su superior.  La humildad, así entendida, es el respeto que el siervo le debe al patrón, el empleado a su empleador, el feligrés al clérigo, etc.  Comportarse con humildad es casi sinónimo de ciega obediencia, humillarse, desaparecer, ante aquel que está por encima de uno. La Torá, dicen nuestros Sabios, nos enseña que la humildad no es la obligación del que ya es humilde. La humildad es la obligación de aquel que está más arriba, de aquel que ejerce el poder, o tiene más autoridad. El Todopoderoso se aconsejó con los ángeles, los hizo partícipes de Su decisión, para enseñarnos que la humildad es el respeto que el “superior” le debe al “inferior”, que el patrón debe tener hacia sus empleados. Para indicarnos que, si alguna vez estamos en una posición de autoridad y pensamos que ya no necesitamos del consejo de nadie, nos acordemos que HaShem participó de su decisión a los ángeles, aunque podía no haberlo hecho. Aunque no necesitaba de su consejo, anuencia u opinión. La Torá nos enseñó con una simple palabrita en plural, que ser humilde significa, en primer lugar, respetar a los que están bajo nuestro comando. En el judaísmo, cuando más alto es el poder o la posición que ostentamos, mayor es nuestra obligación de comportarnos con humildad. 



NITSABIM: Los dos caminos de regreso a Dios

LOS ONCE PESUQUIM

La Parashá de esta semana, Nitsabim, contiene un texto extraordinario con once versículos (Debarim 30:1–11) que resuenan en nuestro presente político y religioso contemporáneo.
 Este texto describe lo que hoy llamaríamos el “sionismo bíblico”. El mensaje es inequívoco: en el futuro, el pueblo judío retornará a Dios. Este texto, conocido como “Parashat haTeshubá”, describe dos tipos de Teshubá.

Primero, Moshé habla de regresar, de volver a Dios con el corazón: VAHASHEBOTA EL LEBABEJA, y obedecer Su palabra, VESHAMATA BEKOLO. Este es el sentido clásico de la palabra Teshubá: arrepentirse, cambiar la conducta, volver al pacto abandonado. Esta es la Teshubá religiosa, el despertar al que nos inspira el Shofar, por ejemplo. Es la Teshubá que comenzaremos a practicar ahora en Rosh Hashaná, hasta el día de Yom Kippur.

Cuando eso sucede, continúa la Torá, comienza otro tipo de Teshubá. La Teshubá geográfica. Los judíos, que por no haber escuchado a Dios fueron dispersados “hasta los confines del cielo”, cuando regresan a ה׳ con todo su corazón y toda su alma experimentarán “un segundo regreso” , (el verdadero Second Coming) también llamado Teshubá: el retorno geográfico a Dios. El pueblo judío regresará a Su tierra como una señal de reconciliación. Esta es la Teshubá nacional, colectiva, que hoy llamamos sionismo.

Moshe describe este proceso como un movimiento de reciprocidad: el pueblo da el primer paso y regresa, y ה׳ los hará regresar, es decir, les facilitará el retorno a su hogar ancestral desde todos los rincones del mundo.

Y allí llega el pasuq más emocionante de nuestra Parashá:

אִם־יִהְיֶה נִדַּחֲךָ בִּקְצֵה הַשָּׁמָיִם מִשָּׁם יְקַבֶּצְךָ ה׳ אֱ-לֹהֶיךָ וּמִשָּׁם יִקָּחֶךָ

“Aunque estuvieras exiliado en el fin del mundo, desde allí te recogerá ה׳ tu Dios y desde allí te traerá de regreso.”

La intervención Divina no terminará en facilitar el regreso a Israel; Dios estará allí contigo:

וֶהֱבִיאֲךָ ה׳ אֱלֹהֶיךָ אֶל־הָאָרֶץ אֲשֶׁר־יָרְשׁוּ אֲבֹתֶיךָ וִירִשְׁתָּהּ וְהֵיטִבְךָ וְהִרְבְּךָ מֵאֲבֹתֶיךָ׃

“Y ה׳ tu Dios te hará volver a la tierra que tus padres poseyeron, y tú la poseerás; Él te hará bien y te multiplicará más que a tus padres.”

Dios concederá Su bendición y restaurará la dignidad del pueblo.

La Teshubá comienza cuando el pueblo judío vuelve a Dios: se hace menos secular, más tradicional, menos prejuicioso frente a su propia religión, más interesado en aprender. Este es el retorno a ה׳, la reconciliación espiritual e individual. Luego, inevitablemente, llega la Teshubá geográfica, la sed del retorno a la tierra que nos pertenece y a la cual pertenecemos.

Estos 11 versículos son proféticos. Y es difícil —si no imposible— no verlos como una profecía que se cumple en nuestros días.

El Rab Bibas y el Sionismo moderno

Creo que el primero en describir estas dos formas de Teshubá fue el Rab Yehuda Bibás. ( Sí, es el mismo apellido de Yarden Bibas, su esposa Shiri y sus dos pequeños hijos, z”l, secuestrados y asesinados por Hamas.)

El Rab Bibás nació en Gibraltar —colonia inglesa en España, como las Malvinas argentinas—. Por el lado de su madre fue nieto del famoso rabino marroquí Rabbenu Jaim ben Attar, el Or HaJayim haQadosh (1696–1743). Su padre pertenecía a una prestigiosa familia de rabbanim, dayanim y shojatim de Tetuán, Marruecos español.

El Rab Bibás sirvió por muchos años como rabino de la prominente y afluente comunidad judía de Corfú, una hermosa isla que hoy pertenece a Grecia.

Vivir en Corfú le permitió al Rab Bibás tener una perspectiva privilegiada de un suceso histórico con el cual conectó nuestra Parashá: la independencia del Estado griego.

Entre 1821 y 1830 los griegos, que hasta ese entonces vivían en su tierra bajo dominio otomano, se levantaron contra el Imperio Otomano en un movimiento nacionalista inspirado por las ideas de la Revolución Francesa. Aunque los otomanos respondieron con gran violencia, la guerra culminó con la batalla de Navarino en 1827, donde los griegos, con la ayuda de varias potencias europeas, triunfaron, y en 1830 se reconoció oficialmente la independencia del Estado de Grecia.

REGLA DE TRES SIMPLE

La tierra de Israel en ese entonces también pertenecía al Imperio Otomano: era parte de la provincia turca llamada “Siria”. Y el Rab Bibás pensó: si los griegos pudieron luchar y triunfar contra los otomanos, recuperar su tierra y fundar su propio Estado, ¿por qué no podemos hacerlo los judíos?

Alrededor de 1835, el Rab Bibás se dio cuenta que existía una oportunidad histórica para los judíos: debían organizarse, aprender, luchar y conquistar militarmente la tierra de Israel de los turcos, ¡del mismo modo que los griegos conquistaron su propia tierra!

El Rab Bibás viajó por Europa y el norte de África —visitando los Balcanes, Viena, Londres, Alemania, Hungría, Praga— y otras comunidades judías con un mensaje principal: los judíos del mundo debían unirse y practicar la Mitzvá de la “TESHUBÁ”, “retorno”, “regreso” a la tierra de Israel para poder conquistarla de nuevo.

Teshubá es la obligación de los judíos de la diáspora de despertarse y “retornar” a Dios y a Su tierra.

Emigrar a Israel es retornar a Dios, porque El Dios de Israel “reside” en la tierra de Israel.

El Rab Bibas explicaba: “…al morar en la diáspora voluntariamente, los judíos estamos dando la espalda a Dios׳. . ¿Y por qué estamos viviendo en el exilio? ¿Para procurar nuestro sustento, por dinero y seguridad material? ¿No dijo la Torá que la tierra de Israel es una tierra que ה׳ supervisa constantemente, una tierra en la que no se comerá pan con pobreza? ¿No dijo el mismo Dios que allí no faltará nada? Recordemos que cada día, después de comer pan, agradecemos a ה׳ por la tierra de abundancia que Él nos concedió en la tierra de Israel.

¿TESHUBA ACTIVA O PASIVA?

El regreso del pueblo de Israel a Sion no era promovido como la solución para el eterno problema del antisemitismo, sino esencialmente como la forma de cumplir la vocación del judaísmo: el pueblo judío viviendo en su tierra, Israel, y gobernado por su ley, la Tora.

Esta es la reconciliación con Dios que describe explícitamente la Parashá de esta semana.

El pueblo de Israel que vive en el exilio, sostenía el Rab Bibás, no necesita esperar pasivamente la llegada del Mashiaj para concretar esta aspiración. Más bien, debe despertarse y buscar activamente el restablecimiento de un Estado judío independiente en la tierra de nuestros antepasados como la manera de avanzar y facilitar la llegada del Mashiaj.

La Teshubá nacional comienza con el regreso al judaísmo individual y colectivo, para dar lugar luego a la Teshubá geográfica.

Esta doble Teshubá sigue siendo hoy la brújula del pueblo judío: reconciliarse con ה׳, y reconstruir su vida nacional en la tierra de Dios.

SHABBAT SHALOM




SHOFETIM: El rey de Israel y su poder limitado

Uno de los primeros temas que aborda esta Perasha es el del “rey” de Israel. A diferencia de todas las demás civilizaciones del mundo, durante toda la historia de la monarquía, para el pueblo judío el rey no era una figura central. Es más, pareciera que la Torá (Debarim 17:14 ) “accede” a que el pueblo tenga un rey, no lo “prescribe”.
Y el perfil del rey judío no podía ser más diferente del perfil de los reyes gentiles.  Los reyes gentiles eran “dioses”. Así lo era en la antigüedad, por ejemplo, el Faraón. Egipto tenía muchos dioses, pero por encima de todos ellos estaba el rey. Como dice Yejezquel (29:3) del Faraón  “El Gran Cocodrilo [así se llamaba a sí mismo el faraón], que dice: mío es el rio Nilo [también una divinidad suprema en Egipto] y yo me cree a mi mismo“. Algo parecido pasaba con los reyes y emperadores romanos, como Caligula, que se refería a si mismo como un dios.
En la edad media no era muy diferente. Los reyes no se presentaban como dioses, pero se consideraban elegidos por su dios. El rey no obedecía ni daba cuentas a nadie. Era una obligación “divina” obedecer al rey. Obedeciendo al rey se obedecía a su dios. Y de esta manera se produjeron innumerables abusos y ultrajes,  en nombre de los dioses.
La Tora es única, y en este sentido, “revolucionaria”.

Nuestra Perasha describe 3 características del rey de Israel:

1. El rey de Israel tiene limitaciones. No puede acumular tesoros, así no podría justificar cobrar excesivos impuestos al pueblo. El rey judío tampoco podía tener demasiados caballos, así no se hacía de un ejército más poderoso de lo necesario. Y no podía tener demasiadas esposas en su harén, lo que en ese entonces implicaba, entre otras cosas, un límite en las alianzas que podía establecer con pueblos gentiles vecinos (Debarim, 17:16-17).
2. El rey de Israel también debía ser un talmid jajam, es decir, un estudioso de la Torá. Tenía que escribir un Sefer Torá, el libro de Debarim, (17:18) y llevarlo con él adonde sea que fuera, para nunca olvidarse que él, el rey debía ser fiel a la ley Divina. El rey de Israel debía estudiar la Torá «todos los días de su vida» (17:19) para aprender todo lo que HaShem espera de él y de cada uno de sus súbditos. Su estudio no era para presumir de sabiduría ante nobles o plebeyos, sino para mejorar su proceder y refinar su carácter, como veremos a continuación.
3. Quizás lo más característico del rey judío era que –en completa oposición a la actitud de los reyes gentiles y hasta de algunos presidentes contemporáneos- es que debía comportarse con humildad. Así dice la Torá explícitamente Debarim 17:20: [El rey tendrá que leer la Torá…] para que su corazón no se enaltezca por sobre sus hermanos y no se aparte de Sus mandamientos a la derecha o a la izquierda…». Que note el lector la suprema lección de humildad: La Torá no dice que no se enaltezca por sobre «sus súbditos» sino sobre «sus hermanos». En el pueblo judío la relación rey súbditos no era vertical: era horizontal. NO se establece como «rey / súbditos», sino como «hermano mayor / hermanos». Mientras que en los demás pueblos el rey era la excepción en cuanto a obedecer la ley, en el sentido que no estaba sujeto a la misma y la podía cambiar a voluntad por su condición de portavoz de los dioses, el rey de Israel debía ser el ejemplo, el primero en someterse a la ley. En el pueblo judío el rey no es «la figura central» porque la ley no depende de su autoridad. Y por eso la Torá no menciona ninguna obligación de obedecer al rey humano: los reyes y los súbditos del pueblo judío están obligados a obedecer una misma ley: La Torá.
La siguiente oración resume todo lo que se puede decir sobre la diferencia entre lo que era el rey en el pueblo de Israel y lo que eran los reyes en otras naciones y culturas.
MIENTRAS QUE EN LOS DEMÁS PUEBLOS EL REY ES DIOS, EN EL PUEBLO DE ISRAEL DIOS ES EL REY



SHOFETIM: El crecimiento de nuestros hijos y el bambú

כי האדם עץ השדה

Debarim 20:19

Hacia el final de la Parashá de esta semana, la Torá aborda las leyes de guerra y enseña al soldado judío a comportarse con respeto y dignidad, incluso en el campo de batalla. Uno de los detalles más notables se refiere a no destruir la ciudad o los campos sin motivo. Los árboles son particularmente mencionados, indicando que no deben ser vistos y atacados como “el enemigo”. El inusual lenguaje que utiliza la Torá en esta ocasión, se presta a interpretaciones metafóricas que surgen al comparar hombres y árboles.

Hoy me gustaría extender esa comparación al área de la educación de nuestros hijos (parenting) y reflexionar sobre la inagotable paciencia que esta tarea demanda.

En ocasiones, nuestros hijos parecen estancarse, no madurar al ritmo que esperábamos. Esta preocupación se intensifica cuando tienen hermanos o hermanas que sí parecen avanzar. Los padres a veces no comprendemos la influencia del tiempo en el desarrollo de nuestros hijos y nos vemos atrapados en preocupaciones, sufriendo tensiones innecesarias. Nos olvidamos de lo que un experto en la materia una vez mencionó: que la mayoría de los problemas de comportamiento de los hijos se resuelve con el tiempo.

Recuerdo a ciertos alumnos de nuestro Talmud Torá: en quinto y sexto grado eran un desafío constante. Inquietos, no dejaban de hablar e interrumpir. Molestaban a sus compañeros, desobedecían a los maestros y, a menudo, la única solución que quedaba era enviarlos fuera del aula. Pasaban más tiempo con el director que con sus compañeros de clase. Pero, con el paso del tiempo, luego de 15 años o más, he visto que muchos de estos niños “insufribles” se transformaron en padres ejemplares, exitosos empresarios, brillantes profesionales o personas de una admirable disciplina religiosa.

¿Qué pasó?

Simplemente estaban madurando a su propio ritmo o, como dicen los neurólogos, “el cerebro necesitaba tiempo para fortalecer las conexiones entre sus diferentes secciones y hemisferios”.

Tener paciencia no significa que los padres nos vayamos a quedar de brazos cruzados esperando —y rezando— que nuestros hijos maduren. Es esencial que siempre estemos presentes para hablar, guiar y alentar a nuestros hijos. Nunca debemos dejar de hacerlo.

Para comprender mejor el proceso de crecimiento que muchos de nuestros hijos atraviesan y entender nuestro rol de padres en este proceso, me gustaría compartir con ustedes la historia del crecimiento del árbol del bambú.

Al comienzo, es fundamental preparar el suelo, seleccionar un lugar óptimo con suficiente luz y humedad. Luego uno siembra las semillas. Durante el primer año, se riega constantemente el suelo con las semillas, pero no ocurre nada visible. En el segundo año, se riega y se fertiliza, pero aún no brota ni un solo retoño. El tercer año se continúa regando y cuidando el área con la esperanza de ver algún cambio, pero sigue sin haber señales del bambú. En el cuarto año, se observa el terreno y no se ve ningún progreso. Llega el quinto año y, al no ver resultados, uno podría pensar que ha fracasado en su intento de cultivar bambú. Sin embargo, sorprendentemente, en la mitad de ese año, el bambú comienza a crecer rápidamente y ¡en solo seis meses alcanza una impresionante altura de hasta 30 metros!

La pregunta del millón es: ¿Cuánto tiempo le llevó al bambú crecer? La respuesta inmediata parece ser “6 meses”. Pero en realidad, al bambú le tomó 5 años y medio crecer. Es decir, despegarse del suelo, literalmente, y comenzar a crecer. Y una vez que comenzó, ya nadie lo puede parar.

También hay que saber que, aunque el progreso no se notaba, en realidad, durante esos 5 años y medio, el bambú estaba creciendo “hacia abajo”: estaba formando un robusto sistema de raíces capaz de sostener su gran tamaño.

Nuestros hijos muchas veces experimentan un proceso similar al bambú. Su crecimiento requiere constantes cuidados “aunque no se noten los resultados”, con una paciencia inagotable. Recordemos el bambú: si durante los primeros 5 años uno hubiera desistido y dejado de regar o proteger al bambú, ese árbol jamás hubiera surgido.

Cada palabra de aliento que les damos, incluso en sus momentos de rebeldía o inmadurez, es edificante. Son como el agua para el bambú. Nuestros hijos crecen y se desarrollan de formas que no vemos. No sabemos cuándo ese crecimiento interno comenzará a manifestarse hacia afuera y alcanzará alturas sorprendentes, a veces incluso superando a sus hermanos que parecían desarrollarse más rápidamente.

Como los árboles de bambú, nuestros hijos necesitan que los nutramos permanentemente con amor y esmero.

Con el tiempo, y con la ayuda divina, madurarán y florecerán.

Rab Yosef Bitton




REE: Ayudar sin avergonzar

Esta semana la Torá (Debarim 15:1-4) menciona una ley Bíblica no muy conocida: Shemitat Kesafim, la cancelación de las deudas por parte del acreedor. No se trata de la ley de quiebra; cuando una persona justificadamente o no se declara insolvente. Acá se trata de la Mitsva del acreedor de perdonar voluntariamente a los deudores en el año de la Shemitá.
Para entender esta Mitsvá hay que recordar cómo vivamos los judíos en el pasado, dos mil o tres mil años atrás. En el antiguo Israel los Yehudim éramos agricultores. Durante el año el agricultor come de lo que cosecha en su tierra: granos,verduras y frutas. En un buen año, si produce más de lo que necesita para comer, el agricultor venderá el superávit de sus frutas y —luego de distribuir un porcentaje de sus ingresos a los pobres, a los Levitas, etc—comprará más animales, más tierra, etc. Pero si el año fue malo, y el campesino no tiene lo suficiente para comer, dependerá de la asistencia de los demás. Por lo general pedirá un préstamo –algo que no era una práctica poco común incluso para un campesino que no era pobre– para “pasar el invierno”. Recordemos que el invierno era el peor momento para el agricultor. En el otoño, mientras se sembraba, todavía quedaban frutos (secos!) del verano pasado. Pero en el invierno las frutas y el grano —ya procesado como harina— se termina y hay que esperar al final del invierno, el comienzo de la primavera, para que los nuevos frutos florezcan.
Hay otra ocasion en la que el agricultor judío es muy vulnerable. El año sabático. Una vez cada siete años el campesino judío podia recoger únicamente los frutos que necesitaba para comer. Lo demás, era de libre acceso para los desposeídos: las viudas, los huérfanos o los pobres que no tenían ninguna tierra para sembrar. El campesino, al no poder comerciar con sus frutos, necesitaba crédito para pasar el invierno, y se le dificultaba pagar sus deudas anteriores, lo que por lo general hacia cuando vendía su cosecha.
En este tipo de circunstancias — deudas particularmente relacionadas con el año de la Shemitá: un año sin ingresos–, la Torá le indica al acreedor ser sensible a las deudas del campesino y perdonarlas. Esta era una forma de Tsedaqá que ayudaba a que los campesinos no tuvieran que embargar o vender sus tierras, y les diera tiempo a recuperarse. Evitaba así que los pobres se hicieran más pobres y los ricos se hicieran más ricos.
Ahora bien, los acreedores judíos conocían perfectamente la posibilidad de que las deudas fuesen canceladas el séptimo año. No solo eso: la Torá le prohibió al acreedor demandar estas deudas al deudor ( לא יגוש את רעהו). De manera que cuando prestaban su dinero, los acreedores eran plenamente conscientes de la posibilidad que no recuperarían su dinero. Y aún así, lo “prestaban” (=regalaban) a quienes lo necesitaban. “Prestar” dinero y luego no demandarlo es considerado como la forma más noble de Tsedaqa. ¿Por qué? Porque aún el deudor que se siente mal de pedir dinero como caridad, seguramente no le molestará pedir un préstamo. Incluso ¡con la plena intención de pagarlo! El acreedor, por su parte, prestaba el dinero pero con la pena intencionalidades de no cobrarlo. Este préstamo sin ánimo de devolución es solo un ejemplo de muchas leyes de ayuda al projimo que menciona la Torá (ver más abajo).



REE: Socialismo, capitalismo y distribución de riqueza

פותח את ידך ומשביע לכל חי רצון
«Abre/s Tus manos y satisfaces a todas las criaturas de acuerdo a Tu voluntad»
¿QUIÉN SE COME A QUIEN?
Hay un pasuq (versículo) muy conocido en Tehilim, el libro de los Salmos, que decimos todos los días del año, 3 veces por día. Y este pasuq tiene una particularidad: debe ser dicho con kavaná, o sea, haciendo una pausa y reflexionando en en lo que estamos diciendo, a fin de internalizar su mensaje. En el Salmo 145, Tehilá leDavid (ashré…) el pasuq 16, dice así: «poteaj et yadeja…». La traducción convencional es: «[Tu HaShem] Abres Tus manos y satisfaces a todas las criaturas de acuerdo a Tu voluntad». Y la explicación tradicional es que este pasuq habla de «las manos de Dios» –lo cual obviamente es una metáfora — e indica que El Creador «abre permanentemente Sus manos» proveyendo de mil formas diferentes el alimento que todo ser vivo necesita. ¿Y cómo es que HaShem “abre Su mano”? En el mundo animal, HaShem ha diseñado un mecanismo altamente sofisticado, que los científicos llaman “cadena alimenticia”, a través de la cual todos los seres vivos tienen asignado su alimento. Este mecanismo ecológico permite que cada criatura del bosque, de la selva o del mar, tenga lo que comer.
ECOLOGIA HUMANA.  ¿QUIÉN LE DA DE COMER A QUIÉN?
También los seres humanos procuramos nuestro alimento consumiendo plantas u otros seres vivos.  Pero hay un elemento particular que corresponde exclusivamente a la raza humana: el que tiene comida le puede dar de comer al que no tiene lo que comer. Los seres humanos, no solo que no nos comemos unos a otros (por lo meanos en el sentido literal) sino que tenemos una capacidad que ningún otro ser vivo tiene:somos capaces de práticar la  «solidaridad» y el «altruismo», incluso con el extranjero. Es decir, de una manera que va amas alla del insitnto de supervivencia.
Ahora bien: entendemos que la cadena alamienticia animal es practicmante, un milagro. Es decir: la manera que Dios interviene para que todos los animales esten satsfechos. La pregunta es: ¿que papel juega el Todopoderoso en la solidaridad, quer es mas o menos: la la cadena alimenticia humana?
Este es uno de los temas que se desarrollan en la Parasha de esta semana.
INTERPRETACIÓN LITERAL
Como todos sabemos, la Torá nos permite (o nos exige) múltiples interpretaciones de su texto.  Hay interpretaciones literales (peshat) e interpretaciones no-literales (derash). En este caso voy a presentar una nueva “interpretación” del versculo de Sakmos que mecnionames anteriormente , que se ajusta estrictamente al sentido literal de sus palabras y que nos va a proveer la respuesta a nuestro interrogante: cómo hace Dios para dar de comer a los pobres.    Veamos. En hebreo, los verbos en el tiempo presente se dicen de igual manera para la primera, segunda o tercera persona del singular. En hebreo, por ejemplo, «yo escribo», «tu escribes» o «él escribe», se dice de la misma forma: «KOTEB», lo que cambia es el pronombre.  En nuestro caso, la primera palabra del  versículo , POTEAJ, se podria interpretar  entonces como la hemos leído anteriormente: “[Tú, HaShem,] abres Tus manos y satisfaces a todas las criaturas, hasta que colmas su voluntad». Pero también, las primeras tres palabras de este versículo se pueden leer de una manera distinta, sin violar su sentido literal: «[HaShem] abre tu mano, y así satisface a todas las criaturas según Su voluntad». En esta segunda lectura, (poteaj, como verbo transitivo) el texto debe entnderse así: El Creador abre «nuestras manos», las manos humanas, para saciar el hambre de otros seres humanos. HaShem, el Creador, abre NUESTRAS manos para que le demos de comer a los que no tienen que comer.
¿CÓMO HACE DIOS PARA ABRIR NUESTRAS MANOS?
En la Perashá de esta semana, REE,  capítulo 15:7 la Torá habla de la Mitsvá de Tsedaqá. HaShem nos pide que NO cerremos nuestra mano cuando nuestros hermanos nos necesitan ( לא תקפוץ את ידך מאחיך האביון). Y en el siguiente pasuq 15:8, la Torá usa unas palabras que es imposible no asociarlas con nuestro versículo en Tehilim. El pasuq 15:8, dice: “Habrás de abrir tu mano … [cuanto tu hermano te necesita ] y le proveerás de todos lo que le haga falta”. ( פתוח תפתח את ידך לו). Según esta interpretación, Dios literalmente abre nuestras manos a través de la Mitsvá de Tsedaqá y de esa manera le concede a cada persona el alimento que necesita.
A través de la Tsedaqá, nos transformamos en un instrumento de HaShem. Nos convertimos en esa cadena almientica humana de Jesed que HaShem implementa a través de nuestras manos para que todos tengan lo que comer
SHABBAT SHALOM



HAFTARA de PARASHAT REE

(Del año 2014)

כל-כלי יוצר עליך לא יצלח וכל-לשון תקום-אתך למשפט תרשיעי

El profeta Isaías (Yesha’ayahu) dice en la Haftará de esta semana  ‘Ningún arma forjada contra ti prosperará, tú triunfarás sobre toda lengua que te acuse ‘ (Isaiah 54).

Nuestros rabinos explicaron que nuestro eenmigos  asaltan freceitnemnte al pueblo judío: Algunos nos atacan con armas y otros con palabras.

En diferentes momentos de nuestra historia, este versículo fue interpretado de diversas maneras. En los tiempos de la inquisición, los judíos que no aceptaron la conversión fueron expulsados de la España cristiana. Muchos de ellos huyeron a tierras árabes, donde fueron amenazados a convertirse al Islam o morir. Reflexionando sobre esta situación atroz y sin salida Don Isaac Abarbanel (1437-1508) escribió lo siguiente: “El profeta [Isaías] escribió que ‘Ningún arma forjada contra ti prosperará, y triunfarás sobre toda lengua que te acuse ‘. Por un lado hoy vemos religiones cuyos seguidores no se contentan con afirmar la supremacía de su fe por la vía del debate y la discusión, sino que amenazan de muerte a todos los que rechazan su fe. Los Ismaelitas (alusión al Islam) pertenecen a esta categoría. Hay otros, en cambio, que la imposición de su fe la practican con debates y argumentación, como hacen los Edomitas (alusión a la Iglesia católica)”.

Aunque hoy los judíos no somos víctimas de ese tipo intenso de proselitismo, las palabras de Don Isaac Abarabanel resuenan en nuestros oídos como propias. Grupos terroristas como Hamas, que están luchando su Jihad o guerra religiosa (ver aquí artículo 13) contra el pueblo de Israel, atacan a Israel con armas mortales, cohetes y bombas que tienen como objetivo matar a la mayor cantidad de judíos posible. Ese ataque militar está complementado con los ataques verbales de los medios de comunicación del mundo. Que están siempre listos para agredir a Israel con palabras de crítica injusta, ignorando deliberadamente que Israel actúa en defensa propia.  Israel es víctima no sólo de los cohetes del enemigo sino también de acusaciones cínicas de crímenes de guerra, que nunca van a ser dichas contra ningún otro país que se defiende contra la organización terrorista que busca su destrucción.

Como lo anticipó Isaías, la agresión contra el pueblo judío persiste.  Sólo que hoy el antisemitismo se disfraza de la censura  obsesiva contra Israel. Pero Isaías también previó que no estamos solos en este conflicto. Que a pesar de la desesperación que sentimos cuando vemos que a nadie le interesa defender ni entender nuestra causa,  HaShem está con nosotros, protegiendo a Israel de las armas, de la espada y de la palabra de aquellos que buscan nuestra destrucción.




EQUEB: La tierra de leche, miel y gas natural


En nuestra Parashá, Equeb, Moshé se dirige a los futuros soldados judíos, los alienta y les asegura que no deben tener miedo de enfrentar a los enemigos que están en Canaán, porque ה׳ estará con ellos en la batalla. Pero no solo les habla de la guerra. También les dice que la tierra que van a heredar es una tierra excepcional: “Una tierra en la cual no comerás pan de pobreza; una tierra donde materialmente no te faltará nada” (Debarim 8:9).
La Torá describe esta abundancia en detalle: “Tierra de trigo y cebada, de uvas, higueras y granadas, tierra de olivos y miel” (Debarim 8:8). Los famosos siete frutos de Israel son símbolos de fertilidad, prosperidad y especialmente de DIVERSIDAD.

Pero esta hermosa promesa bíblica ¡no se concretizó durante siglos! Por milenios, la Tierra de Israel fue sinónimo de pobreza. Basta con leer las cartas del Rab Obadiah de Bertinoro sobre Jerusalem para sentir la miseria de su tiempo (ver aquí https://halaja.org/2022/01/el-rab-obadia-de-bertinoro-1455-1515-y-la-yeshiba-de-yerushalayim/), o los relatos del escritor americano Mark Twain en 1867 describiendo a Palestina como una tierra desolada, árida y estéril, ¡totalmente opuesta a la utópica tierra que prometía la Biblia! Incluso hace apenas 30 o 40 años, Israel era todavía un país de ingresos medios, con dificultades macroeconómicas, y con una sola fruta característica: las naranjas “Yaffa”.

Pero hoy la realidad es otra. La abundancia, la calidad y la variedad de alimentos en los supermercados de Jerusalem es superior a la de los supermercados de Nueva York, por ejemplo, o de cualquier otra ciudad que yo conozca. La variedad y el surtido de quesos, yogures, vinos, crackers, frutas y verduras frescas… en Israel, B”H, es mucho mayor que la de la mayoría de los países del mundo. No existe en el mundo, creo, la variedad de alimentos que se sirven en un desayuno en un hotel de Israel. La comida es más sabrosa y más natural.
Cada vez que noto este detalle, ¡me maravillo! Y me despierto. Y me doy cuenta de que no puedo dar por sentado este “MILAGRO”: que luego de milenios de precariedad, tenemos el inmenso mérito de ver con nuestros propios ojos ¡la abundancia que Dios le prometió a la tierra y al pueblo de Israel en nuestra Parashá!
Pienso en nuestros antepasados, que vivieron resignados a la pobreza y el exilio, y habrán pensado que la “abundancia bíblica” era una fantasía, una utopía o una metáfora. No creo que se hayan atrevido a soñar con lo que yo puedo ver hoy.

RIQUEZAS NATURALES
Pero la Parashá no se limita a hablar de la abundancia solo en términos de alimentos. La Torá también menciona los múltiples recursos naturales de Israel, casi todos ellos “escondidos”, ocultos bajo la superficie o dentro de las montañas. “Tierra donde abundan los manantiales y las aguas profundas que brotan en los valles y en las colinas… rocas de hierro y colinas de las cuales extraerás cobre” (Debarim 8:7-9).
Israel siempre fue considerado un país “SIN RECURSOS NATURALES”. Sin ríos caudalosos como el Nilo en Egipto, o el Tigris y el Éufrates en Mesopotamia. Y ni siquiera tiene petróleo, como sus vecinos del Medio Oriente.
Me acuerdo de un horrible chiste, posiblemente de hace 40 años: “Dios quería que Moshé llevase al pueblo a ‘Canadá’ —una tierra rica, con los mayores recursos naturales del mundo—, pero Moshé tartamudeó y en lugar de decir ‘Canadá’ le salió ‘Cana-a-an’. Y así llegaron a Israel, una tierra pobre y sin recursos. (Fin del chiste).”
Hace cuatro décadas, esta broma parecía tener razón. Y era una ironía; una decepción de proporciones bíblicas: ¿Dónde están los tesoros naturales ocultos de la tierra prometida? ¿Por qué el Todopoderoso le da a Su pueblo una tierra sin riquezas naturales?

BAJO DEL MAR
Sin embargo, en las dos últimas décadas ocurrió lo impensado, un MILAGRO. Bajo el lecho marítimo de Israel, en el Mediterráneo, se descubrieron gigantescos yacimientos de gas natural, incomparables con cualquier otro país del Medio Oriente o con costa en el Mediterráneo, con producción prácticamente ilimitada y de menor impacto ambiental que el petróleo.
De pronto, Israel, el país pobre en recursos, resultó estar sentado sobre un tesoro escondido que durante miles de años estuvo esperando para producir sus riquezas en esta época milagrosa. Israel es el país más rico en gas natural de todo el Medio Oriente.

Y ahora les cuento algo extraordinario: este 7 de agosto pasado se firmó el contrato económico de exportación más alto en la historia de Israel: la venta de 35 MIL MILLONES DE DÓLARES en gas natural a… ¡EGIPTO!
Cito a la prensa israelí esta semana: “El mes pasado se cerró un acuerdo de venta de gas del yacimiento Leviatán en aguas territoriales israelíes. Los tres socios son: la empresa estadounidense Chevron, que posee el 39.66% del yacimiento; la empresa israelí NewMed Energy, que posee la mayoría con un 45.34%; y Ratio, también de Israel (15%). Se trata del acuerdo de exportación más grande en la historia del país hasta ahora, por un valor de 35 mil millones de dólares, para la venta de gas natural desde el yacimiento Leviatán hacia Egipto. El acuerdo fue firmado con la empresa egipcia Dolphinus Holdings, intermediaria del gobierno. La duración del acuerdo: 15 años.”
Que esto ocurra justamente con un país árabe vecino y hostil a Israel es increíble. Este acuerdo con Egipto, irónicamente, solventa los gastos de la guerra en Gaza (estimados en 20 mil millones de dólares).
Es muy importante también desde el punto de vista geopolítico, ya que estabiliza a la región. ISRAEL se ha transformado en el LÍDER REGIONAL DE RECURSOS NATURALES DEL MEDIO ORIENTE: Egipto depende energéticamente de Israel y Jordania depende del agua de Israel. ES VERDAD, ¡AUNQUE USTED NO LO CREA Y NO LO ESCUCHE EN LOS MEDIOS! que solo traen las malas noticias de Israel.

BENDICIONES A PRUEBA DE GUERRA
Lo más asombroso es que Israel prospera “A PESAR DE ESTAR EN GUERRA”, a pesar del antisemitismo global, a pesar de los boicots, a pesar de los embargos, de las permanentes condenas de las Naciones Unidas, a pesar de las amenazas de países amigos como Francia, Inglaterra, Australia y Canadá, etc., y de las interminables campañas difamatorias.
En agosto de 2025, Bloomberg informó que la Bolsa de Tel Aviv fue la que más creció en el mundo en lo que va del año: un aumento del 21.3% en el primer semestre. Más del triple que el S&P 500, que solo subió un 6%. Ningún otro país de la región mostró algo similar: la economía de Turquía, Egipto, Líbano, Irán… está en caída libre. Israel debería estar en una situación similar a Ucrania, otro país en guerra, pero milagrosamente, está mejor que nunca: ENTRE 2022 Y 2025 EL PBI DE ISRAEL SUBIÓ ALREDEDOR DE 9.6% EN TOTAL, MIENTRAS QUE EL DE UCRANIA CAYÓ CERCA DE 21% EN EL MISMO PERÍODO. Ucrania depende casi totalmente de la ayuda internacional (Estados Unidos, la Unión Europea y el FMI) para sostener su presupuesto y las funciones básicas del Estado.

LOS RIESGOS DE LA ABUNDANCIA
Para finalizar, la Parashá nos advierte que cuando disfrutamos de las bendiciones divinas podemos correr el riesgo de olvidar la fuente de todo, de normalizar nuestras bendiciones y no darnos cuenta de dónde están llegando. “Ten cuidado de no olvidar a ה׳ tu Dios… No sea que cuando comas y te sacies, cuando edifiques tus casas y prosperes, se enorgullezca tu corazón [y pienses que todo lo que tienes es solo gracias a tu propio esfuerzo e inteligencia], y te olvides de ה׳ tu Dios…” (Debarim 8:11-14).
Somos una generación privilegiada. Vemos con nuestros ojos el renacimiento de la promesa bíblica: la bendición de los frutos de la tierra, la riqueza de los recursos naturales y la increíble prosperidad en medio de la adversidad. Que la abundancia no nos haga olvidar de QUIÉN es la fuente de todo lo que tenemos y disfrutamos.

SI MOSHE NOS HUBIERA LLEVADO A CANADA EN LUGAR DE ISRAEL….

Canadá es conocido como uno de los países con más recursos naturales del mundo. Tiene enormes reservas de petróleo y gas —especialmente en Alberta, con las famosas arenas bituminosas—, es líder en minerales estratégicos como níquel, potasio, oro y uranio, y posee vastas áreas de bosques que alimentan su poderosa industria maderera. Además, cuenta con abundante agua dulce y es un gran productor de energía hidroeléctrica. A simple vista, todo esto debería convertirlo en un país de crecimiento económico sólido y sostenido.
Sin embargo, cuando comparamos la evolución reciente de la economía de Canadá con la de Israel, encontramos diferencias muy notorias.
En 2025, la Bolsa de Tel Aviv se colocó entre las de mayor crecimiento en el mundo: subió alrededor de 20% en el primer semestre, incluso en un contexto de guerra y de tensiones internacionales. En contraste, la Bolsa de Toronto aumentó apenas un 10%, reflejando un crecimiento mucho más moderado.
En la economía real la brecha es aún más evidente. Israel, en guerra y bajo enormes presiones externas, registró un crecimiento del 3,3%. Canadá, en cambio, con toda su riqueza en materias primas, se desaceleró hasta un 1%, mostrando señales claras de estancamiento .
El desempleo también refleja esta diferencia. En los últimos meses Canadá perdió decenas de miles de puestos de trabajo y su tasa de desempleo subió al 6,9%. Por el otro lado, Israel logró mantener un mercado laboral sólido, incluso en medio de la guerra en Gaza y bajo amenazas regionales constantes.
Israel avanza con paso firme, sorprendiendo al mundo con su capacidad de crecer en condiciones adversas, mientras que Canadá se estanca y retrocede, a pesar de sus increíbles riquezas naturales.




EQEB: Berit Mila del Corazon

“ומלתם את ערלת לבבכם וערפכם לא תקשו עוד” (דברים י’ טז’).

2 TIPOS DE CIRCUNCISIÓN
Cuando hablamos de “circuncisión”, nos referimos generalmente al Berit Milá, la primera Mitzva que un niño judío experimenta en su vida, y que consiste en remover el prepucio, la capa cutánea, que cubre el órgano sexual masculino. Pero nuestra Parashá , Equeb, describe un tipo diferente de circuncisión: la circuncisión del corazón. La Torá dice (Deuteronomio 10:16.): «Y circuncidareis el prepucio de vuestro corazón …». ¿Qué es el prepucio del corazón y cómo se realiza esta circuncisión cardíaca? En Hebreo, como en español, el corazón es el órgano asociado con las emociones, el amor y la sensibilidad («Te quiero con todo mi corazón», «Tiene un corazón de oro..», etc). En este sentido, nuestros corazones son capaces de crear una capa cutánea virtual, invisible al ojo, pero absolutamente real. El prepucio del corazón se va formando, por ejemplo, cuando normalizamos lo inmoral, cuando dejamos de sentirnos incómodos frente a las cosas malas que suceden a nuestro alrededor.
ADAPT OR DIE
Nuestros corazones pueden volverse insensibles a la injusticia o al dolor. ¿Cómo? Es un proceso… Seguramente la primera vez que presenciamos un acto de injusticia o engaño contra los más débiles o inocentes, nos sentimos mal y molestos. Pero, ¿qué pasaría con nuestro corazón si viviéramos en un ambiente donde “todos” practican la injusticia, el engaño y la corrupción? En esas circunstancias, lamentablemente, uno termina adaptándose («adaptarse o morir» dicen en ingles), y la forma de adaptarse es desarrollando un prepucio virtual sobre el corazón, que supuestamente “lo protege”, lo aísla de la sensibilidad. En un extraordinario mandamiento la Torá nos previene acerca de esta cobertura cardiaca y nos dice: No dejes que tu corazón se cubra por un prepucio a su alrededor. No te adaptes a la injusticia. No te sientas cómodo alrededor de la corrupción. No dejes de sentir que algo está mal cuando todo el mundo actúa mal. Y si esto pasa, tienes que “circuncidar tu corazón”.
ANESTESIA EMOCIONAL
Hay algo más. La Tora dice que HaShem se interesa por los huérfanos, por las viudas y que Él defiende a los pobres, a los desposeídos, a los individuos que sufren. HaShem nos pide que no nos permitamos perder nuestra sensibilidad hacia los demás, dejando que nuestros corazones estén cubiertos por esa gruesa capa cutánea. Yo tenía un amigo, z»l, que solía viajar por negocios a Calcuta, India, una de las ciudades más pobres del mundo. Me contó que el primer día que llegó, no lo podía soportar. Al ver a tantos mendigos en la calle, especialmente niños ciegos, deformes, discapacitados, rogando por una moneda, su corazón quedó al borde del colapso… Pero lentamente se fue acostumbrando a ver gente sufriendo a su alrededor. Un día ya no se sintió incómodo y se dio cuenta de que para él los indigentes se habían convertido en una parte normal del paisaje de Calcuta. En ese momento, al notar que su corazón se había cubierto de una piel dura e insensible, llamó a todos los pobres de la cuadra y los invitó a almorzar. Esta gran hombre fue capaz de identificar su propia «cobertura-cardiaco» e inmediatamente la extirpó de su corazón.
La circuncisión del corazón exige una autoevaluación constante de nuestros sentimientos, sobre todo, de la ausencia de sentimientos. Si detectamos una capa cutánea alrededor de nuestro corazón tenemos que actuar inmediatamente. La práctica de la justicia y los actos de Jesed (caridad, bondad, generosidad) son el «Berit Milá, el mejor antídoto para remover la insensibilidad de nuestros corazones.