VAYISHLAJ: Shimon, Levi y el ejército de Israel

ABRAHAM E ISAAC

En los inicios de la historia judía, cuando aún no éramos ni un pueblo ni una tribu, sino apenas un pequeño núcleo familiar, un patrón doloroso se repitió más de una vez: el abuso. Nuestros dos primeros patriarcas, Abraham e Isaac, tuvieron que enfrentar amenazas existenciales cuando, debido a la sequía y al hambre, abandonaron su lugar de residencia y se convirtieron en refugiados vulnerables. Cuando Abraham emigró a Egipto, sabía que los locales podían asesinarlo para apoderarse de su esposa Sará. Por eso tuvo que simular que era su hermana. Abraham había cortado los vínculos con su familia en Harán; no pertenecía a una nación poderosa ni tenía una familia extensa. No había nadie que lo defendiera ni que vengara su sangre en caso de ser atacado. Era completamente vulnerable. Abusable. Lo mismo sucedió en otra ciudad, Guerar, que se repitio una generación más tarde con Isaac. También él tuvo que ocultar que Rivká era su esposa. Dios intervino de manera directa y protegió a nuestras matriarcas.

El abuso, que en su expresión máxima –tomar mujeres por la fuerza– había sentenciado a la extinción a la generación del diluvio— seguía vigente. Aparentemente, Sodoma y Gomorra no eran los únicos pueblos que abusaban de los extranjeros: la falta total de derechos humanos mínimos para los pobres y refugiados era la norma, no la excepción.

Dicho sea de paso, a la luz de esta terrible normalización del abuso del desprotegido en esa época podemos valorar infinitamente más la extraordinaria revolución de la Torá, que ordena no solo no abusar sino “amar al extranjero”, ocuparse activamente del no judío —el guer toshab— que viene a refugiarse en nuestra tierra. Esta mitzvá constituye una inversión total del orden moral pagano antiguo, donde imperaba la ley de la selva.

JACOB

En la Parashá de esta semana leemos acerca de un episodio no idéntico, pero muy similar, que ocurrió con Jacob. Cuando nuestro tercer patriarca y su familia llegaron a Shejem, el poderoso príncipe local, tomó a Diná, la hija de Jacob, se la llevó, abusó de ella y la retuvo por la fuerza.

Jacob no reaccionó. Quedó obviamente devastado pero se mantuvo pasivo, como su padre Isaac y su abuelo Abraham. Tal vez tuvo miedo porque sabía que el enemigo tenía una ventaja numérica. O quizás pensó que, del mismo modo que había ocurrido con sus antepasados, la intervención Divina “directa” era inminente. Pero no hubo intervención divina. Dios no se le apareció en sueños a Jamor ni a su hijo para advertirles que no tocaran a la hija de Jacob.

Quienes sí reaccionan son dos de los hijos de Jacob. Entendían perfectamente que en el Medio Oriente regía la ley del más fuerte y que no podían sobrevivir si mostraban debilidad. Tampoco era realista esperar milagros de forma pasiva. En somejim al hanés; “los milagros no están garantizados”. Las reglas del juego habían cambiado. Quizás porque ahora podían defenderse.

Mediante una estrategia inteligentemente planificada, engañaron a los agresores, los incapacitaron, los atacaron sorpresivamente, destruyeron la ciudad y rescataron a su hermana Diná.

Jacob, sorprendido por esta operación militar sin precedentes, recriminó a sus hijos por lo que hicieron. Temía la represalia de los pueblos vecinos, que eran mucho más numerosos que su familia. Pero la operación militar de Shimón y Leví produjo un efecto inesperado. La Torá dice explícitamente que “un miedo Divino” (jittat Eloquím) se apoderó de los pueblos vecinos y los disuadió de atacar a los hijos de Jacob. Ese miedo sobrenatural, milagroso, hizo sentir a los locales que los judíos eran imprevisibles y que no era prudente meterse con ellos.   La intervención de Dios se manifestó, pero solo una vez que ellos actuaron.

SHIMÓN Y LEVÍ

Abraham tenía una familia muy pequeña: eran tres. Isaac, cuatro. Ninguno de los dos podía prescindir de la intervención divina directa para rescatar a sus mujeres: simplemente no contaban con el mínimo número de personas para hacerlo.

Shimón y Leví, en cambio, son plenamente conscientes de que, si bien el enemigo posee una ventaja numérica, no es imposible derrotarlo. Tienen tanta autoestima y Emuná que se lanzan a combatir incluso sin la ayuda de sus otros hermanos, que permanecen a la espera en la retaguardia.

Shimón y Leví representan la nueva generación: una generación que no se somete, y que utiliza su inteligencia para compensar su desventaja numérica y defenderse con determinación.

No esperan milagros pasivamente, sino que buscan otro tipo de intervención Divina: que acompañe la operación militar, no que la reemplace.

Y a la larga, este se convierte en el modus operandi normal de la intervención Divina en la lucha del pueblo de Israel contra el enemigo. Como lo dice la Torá sin ambigüedad (Debarim 20:4):

כִּי ה׳ אֱלֹ-הֵיכֶם הַהֹלֵךְ עִמָּכֶם לְהִלָּחֵם לָכֶם עִם־אֹיְבֵיכֶם לְהוֹשִׁיעַ אֶתְכֶם

HaShem irá con ustedes (הֹלֵךְ עִמָּכֶם) cuando salgan a pelear contra sus enemigos, y les concederá la victoria.

La ayuda llega a partir de que Israel se defiende, sale a luchar y no está dispuesto a convertirse en víctima.

MEDINAT ISRAEL

Resulta imposible ignorar el paralelo entre lo que ocurrió con Shimón y Leví y lo que sucede hoy en Medinat Israel.

Shimón y Leví representan un cambio generacional: son los jóvenes valientes que perdieron el miedo a enfrentar al enemigo, que ya no son una minoría indefensa, y que usan no solo su fuerza, sino también su inteligencia judía para derrotar a quienes buscan nuestra destrucción.

Una reflexión final, un poco interpretativa:

Shimón representa entre las tribus a la menos observante, como lo vimos en la Torá ,  sobre todo en el episodio de Bilam.

Leví representa lo contrario: es la tribu más observante, la que dará origen a los Cohanim que servirán en el Bet HaMiqdash, pero que cuando hay una guerra de supervivencia (miljemet mitzvá) se suman al ejército.  Y Shimón y Leví luchan juntos.

En el Israel post 7 de octubre está ocurriendo un proceso social y cultural muy significativo: cada vez más jóvenes religiosos jaredim, que estudian Torá, se preparan en academias o institutos tecnológicos con salida laboral. Y también, poco a poco,  se están enrolando cada vez más en el ejército, especialmente en unidades especiales donde la observancia es más estricta.

De acuerdo con Shlomó Filber, analista demográfico, si bien la población jaredí constituye hoy en Israel alrededor del 15 %, su crecimiento demográfico es, B”H, el más alto del mundo occidental o primer mundo (sic.), con más de seis niños por familia (ver aquí el artículo en hebreo de Filber con traducción al español: https://x.com/RYosefBitton/status/1996786525082644596).

Según Filber, el nuevo ejército de Israel, en los próximos años, contará  por lo menos con 50 % de soldados religiosos, dati leumi y jaredí. Es decir, que será una versión moderna y milagrosa de la sociedad entre Shimón y Leví.

Como la familia de Jacob, Israel está creciendo demográficamente de una manera milagrosa, y su ejército se prepara para incorporar a miles de jóvenes estudiosos de la Torá que, como Shimón y Leví, entienden que deben defender a sus “familias” y que la intervención Divina los acompañará y les concederá la victoria cuando enfrentan a sus enemigos.

Las Fuerzas de Defensa de Israel en un futuro inmediato, no son solo un “ejército con más judíos”, sino un “ejército con más judaísmo”.




VAYESHEB: La paciencia como parte de la fé

וכל אשר הוא עושה ה’ מצליח בידו

YOSEF, EL CAPATAZ

Yosef fue vendido por sus hermanos y fue llevado al mercado de esclavos en Egipto, donde Potifar, un ministro de la corte de Faraón, lo adquirió. En la casa de Potifar, Yosef se destacó por su gran trabajo. Su amo se dio cuenta de que el esclavo que había adquirido era un genio en la administración y también inspiraba confianza. Potifar dejó todos sus bienes y su hacienda, probablemente cientos de personas, en manos de Yosef. Aparentemente, Yosef había encontrado su destino final; aunque estaba lejos de su familia, al menos estaba en una posición privilegiada. Ser ascendido a “manager” era el último sueño, la utopía, de cualquier esclavo. Sin embargo, todo comenzó a empeorar para Yosef. La esposa de Potifar lo provocó, pero Yosef no sucumbió y rechazó sus avances con sutileza pero con firmeza. Trató de razonar con la mujer y le explicó que lo que ella quería hacer era un gran pecado contra su esposo y, sobre todo, contra Dios. “¿Cómo podría yo hacer algo tan malo y pecar contra Dios?” (Gén. 39:9). Pero la esposa de Potifar no tomó bien el rechazo de Yosef: ¡se sintió ofendida de que un hombre, un esclavo bajo su mando, la haya rechazado! Y acusó falsamente a Yosef de abuso sexual. Potifar, creo, no le creyó a su esposa. Si le hubiera creído hubiese matado a Yosef en el acto. Por el otro lado, no podía ignorarla ya que afectaría el honor de su familia. Por lo tanto, decidió enviar a Yosef a un calabozo.

YOSEF, DENTRO Y FUERA DE LA PRISIÓN

La situación de Yosef era ahora desesperada. La sentencia era por vida. Yosef pasó de ser un gerente exitoso y con privilegios, al nivel más bajo que podía llegar un ser humano en Egipto: “un esclavo condenado a prisión”. En Egipto, el valor de la vida de un esclavo era probablemente menor que el de un caballo o un perro. ¿Qué se puede decir entonces del insignificante valor de un esclavo en prisión? Sin embargo, gracias a su personalidad y carácter, Yosef también se ganó la confianza del jefe de la prisión, quien, al igual que Potifar, dejó la administración de la cárcel en manos de Yosef.

Yosef cuidó a dos prisioneros VIP, ministros del faraón. Ambos tuvieron sueños muy extraños. Y Yosef, que sabía mucho de sueños, le aseguró a uno de los dos ministros, el encargado de lo que bebía del Faraón –la persona de confianza que se aseguraba de que las bebidas que le llegaban al monarca egipcio no estuvieran envenenadas– que sería liberado y restituido a la corte. Yosef aprovechó esta circunstancia fortuita y le pidió al ministro que se acordara de él, y como pago por haber interpretado positivamente su sueño, le rogó que le dijera al Faraón que lo liberara de la prisión, ¡ya que era inocente!

UN FINAL FELIZ

Pero a medida que pasaban los días o las semanas, Yosef se dio cuenta de que su esperanza era una fantasía. El ministro del Faraón se olvidó de Yosef y conscientemente lo borró de su memoria. Porque, naturalmente, lo último que hubiera querido el ministro era recordarle a su jefe, que le había dado una segunda oportunidad, sus días en la cárcel. Un día, sin embargo, el Faraón tuvo un sueño inquietante y nadie pudo interpretarlo. En ese momento, el ministro, sabiendo que ahora no estaba “pidiendo” sino “haciendo” un favor al Faraón, le informó que había un joven hebreo en la cárcel que sabía interpretar los sueños. Yosef fue llevado al palacio y luego, como todos sabemos, se convirtió en la mano derecha del Faraón, lo que le permitió encontrar a sus hermanos y eventualmente reconciliarse con ellos.

¿QUÉ HUBIERA PASADO SI…?

Una de las grandes lecciones de vida que nos enseña la historia de Yosef es que a menudo queremos que algo suceda AHORA. Oramos y suplicamos desesperadamente a HaShem para lograrlo… y al final, puede ser que NO suceda. Pero después de un tiempo, miramos nuestras vidas hacia atrás y quizás nos demos cuenta de que GRACIAS A DIOS,  ¡LO QUE QUERÍAMOS QUE SUCEDIERA NO SUCEDIÓ! Y que ahora tenemos una mejor oportunidad, estamos en una mejor posición, etc.

Yosef deseaba desesperadamente que el ministro del Faraón ejerciera toda su influencia para sacarlo de prisión. Supongo que Yosef debió haber esperado con impaciencia día y noche a que alguien viniera a sacarlo de la cárcel en nombre del ministro de Faraón. Pero imagínese por un segundo si eso hubiera sucedido: Yosef estaría ahora fuera de la cárcel, sin dinero, sin familia y con el historial de un ex-convicto. No hubiese podido llegar muy lejos… Hubiera terminado como esclavo por segunda vez. Y en el mejor de los casos, habría culminado su carrera siendo un buen capataz en la hacienda de algún poderoso funcionario egipcio …

LA PACIENCIA COMO FORMA DE FE

Yosef aprende ¡y nos enseña! que la paciencia es parte integral de nuestra Emuná o fe. Porque muchas veces, las cosas que nos pasan o no nos pasan son al final para nuestro propio bien. Todas las experiencias negativas que vivió Yosef al principio lo hicieron bajar cada vez más, hasta el punto de la desesperación. Pero cuando Yosef toca fondo, inesperadamente, y sin que Yosef haya soñado con tal escenario, la vida de Yosef mejora meteoricamente.

No todos tenemos el mismo privilegio que Yosef. No siempre es posible ver una excelente resolución final para todos nuestros problemas en la vida. Sin embargo, esta lección es muy importante. Prácticamente todos los días escucho de alguien que no consiguió el trabajo que tanto deseaba o que fracasó en una cita potencial (Shidduj) o en un negocio. Uno puede sentir en ese momento que Dios lo ha abandonado. Pero luego, escucho a mucha gente decir: “¡Gracias a Dios que no sucedió lo que yo tanto deseaba que sucediera! Hubiera sido un gran problema, o al final pude conseguir algo mejor… Ahora me doy cuenta de que, al no acceder a mis plegarias, Dios me protegió de un terrible error  negocio/trabajo/shidduj, etc.

Esta es una actitud importantísima que una persona de fe debe cultivar en su vida. Saber que (y “actuar estratégicamente como si…” ) cuando lo que le pido a Dios en mis rezos no sucede, en última instancia, es porque algo mejor podría estar esperándome a la vuelta de la esquina.




VAYISHLAJ: Ni la espada de Esav ni la mano de Esav

Ya’aqob Abinu regresa a Erets Israel después de 20 años.  Tiene muchas dudas. Una de esas dudas es si su hermano Esav aún le guarda rencor. Recordemos que 20 años atrás Esav decidió matar a Ya’aqob (Gen. 27:41). La pregunta del millón ¿Seguirá Esav odiando a Ya’aqob, 20 años después?
Ya’aqob no puede estar seguro. Y se prepara para lo peor: enfrentar militarmente a Esav.  También manda mensajeros a llevarle un generoso regalo a Esav. Para desmotarle que, de su parte, no hay rencores.  Y también reza a HaShem.  En esa Tefilá nos damos cuenta que Ya’aqob no solo temía por su vida y la vida de su familia. Ya’aqob también temía la integración con Esav.  El “judaísmo” de ese entonces, la creencia en un único e invisible Dios, no era lo que practicaba Esav y su familia. Ya’aqob sabe que la integración con Esav implicaría el final del camino de Abraham Abinu.
Entonces Ya’aqob formulo una Tefilá que resuena tan relevante en nuestros días.Ya’aqob le pide a HaShem que lo salve “de la mano de su hermano; de la mano de ESAV”. Esta Tefilá es un poco misteriosa porque aparentemente es innecesariamente  repetitiva.  Ya’aqob tenía un solo hermano: ESAV. Hubiera alcanzado con que Yaa’qob dijera: “Sálvame de la mano de Esav” o “Sálvame de la mano de mi hermano.”
La lucha de Ya’aqob con Esav es la misma lucha que libran los descendientes de Ya’aqob con las descendientes de Esav.
Esav a veces aparece como el enemigo de Ya’aqob o Israel. Esta actitud de Esav se llama “antisemitismo” y viene en todos lo tamaños y colores. No conoce fronteras de tiempo ni geográficas. Puede ocurrir en una parada de autobuses en Tel Aviv, en un supermercado de Givat Shaul o  incluso dentro de una Sinagoga en Har Nof. Pero la espada de Esav no sólo mata en Israel. También ataca en Francia, Bélgica, Argentina o Estados Unidos.
Anticipando esta actitud de Esav, Ya’aqob le pide ayuda a HaShem para liberarse Esav, de su espada mortal.
Pero, ¿Qué significa, “Sálvame de la mano de mi hermano”?
Esav no siempre se muestra como el enemigo de Ya’aqob.
¿Qué pasa si Esav me recibe amistosamente, se pregunta Ya’aqob, y me invita a vivir con él? Al fin y al cabo, somos hermanos….
Ya’aqob sabe que las dos opciones, la espada de Esav y la mano abierta de Esav, lo van a llevar a un resultado muy parecido. Su perdición. Física o espiritual.  Porque si Esav “lo perdona” y no lo mata, va a querer que Ya’aqob viva con él, y entonces, inevitable , la Torá de Abraham y de Ytshaq desaparecerá por completo.
HaShem intervino en el corazón de Esav. Y (a ultimo momento?) Esav decide no matar a Ya’aqob.    Y entonces ocurre lo que Ya’aqob también anticipó. Después de introducir a la familia, Esav invita a Ya’aqob a ir con él, asentarse donde está Esav y vivir como buenos hermanos. Esav le ofrece su mano a Ya’aqob.  (33:12)  nis’a veneleja veeleja lenegdeja”, “Vamos, comencemos a viajar, yo iré adelante [para protegerte y mostrarte el camino hacia mi casa]” Tus niños van a poder jugar con mis niños. Tengo algunas sobrinas que les quiero presentar a tus hijos mayores. Y conozco un excelente candidato para Diná, tu única hija.
 HaShem lo salvo a Ya’aqob de la “espada” de Esav. Ahora, de la “mano” de Esav Ya’aqob tiene que salvarse solo,  Y Ya’aqob, muy seguro de que su destino depende de las próximas palabras que vaya a pronunciar le dice a Esav: “NO”. Muy diplomáticamente, le explica: “Tu comienza a ir y yo voy a ir muy despacio… los niños están un poco débiles,  las mujeres están muy cansadas…por favor, adelántate. No me esperes”.
Esav entiende y finalmente se va.
HaShem salvó a Ya’aqob de la amenaza antisemita.   Pero del peligro de la asimilación, Ya’aqob tuvo que salvarse por sí mismo. Tuvo que decir “NO” cuando entendió que su relación con Esav podría pasar de la cordialidad y el respeto hacia un plano social,  en el cual perdería su identidad.
Nosotros, los descendientes de Ya’aqob Abinu vivimos una situación muy parecida. A veces enfrentamos a un Esav que nos quiere destruir y a veces a un Esav que nos quiere asimilar.   Son dos batallas totalmente distintas.  Que se luchan con armas y estrategias diferentes.Con la ayuda de HaShem y con nuestra convicción religiosa, y especialmente a través la educación judía que brindemos a nuestros hijos, podremos, como Ya’aqob Abinu, vencer los desafíos que nos presenta el Esav de turno.SHABBAT SHALOM




Resumen de Parasha VAYISHLAJ

Jacob regresa a la tierra de Israel después de haber pasado veinte años en la casa de su tío Labán, en la ciudad de Jarán, al sur de Turquía. Apenas llega, envía emisarios a su hermano Esav para anunciar su retorno. Los mensajeros vuelven con noticias alarmantes: Esav, quien había jurado matarlo por haberle quitado la primogenitura, se aproxima acompañado de cuatrocientos hombres armados. Temiendo lo peor, Jacob actúa con plena estrategia. Divide a su familia para minimizar el riesgo de una tragedia, eleva una plegaria a Dios implorando Su protección y prepara un regalo extraordinariamente generoso para Esav: cientos de animales destinados a apaciguar su ira.

Esa noche, Jacob cruza una y otra vez el río para trasladar a su familia y sus pertenencias. Antes de cruzar por última vez, se encuentra de pronto frente a un misterioso ser —un ángel o un hombre enviado por Dios— y lucha con él hasta derrotarlo. De este encuentro emerge transformado y recibe un nuevo nombre, Israel, que simboliza a quien lucha contra fuerzas superiores y aun así prevalece.

Cuando Jacob y Esav finalmente se encuentran, Jacob se inclina siete veces ante su hermano, en un gesto de sumisión y máximo honor. Contra todo pronóstico, los hermanos se reconcilian y se abrazan. Esav invita a Jacob a acompañarlo y vivir junto a él, pero Jacob, con diplomacia y prudencia, rechaza la invitación.

Jacob continúa su viaje hacia Sukkot y luego llega a Shejem, donde adquiere un terreno cercano a la ciudad. Allí ocurre uno de los episodios más dolorosos de la Parashá: su hija Diná es secuestrada y abusada por el príncipe heredero de Shejem. Dos de sus hijos, Shimón y Leví, responden con astucia y ferocidad. Convencen a los habitantes de la ciudad de circuncidarse y, aprovechando su estado de convalecencia, destruyen Shejem y matan a todos sus hombres.

Tras este episodio, Jacob abandona la ciudad y se dirige a Bet-El. En ese lugar, Dios vuelve a revelarse y confirma Su promesa: la tierra que perteneció a Abraham e Isaac será heredada por Jacob y su descendencia. En agradecimiento, Jacob construye un altar.

En el camino, ocurre otra tragedia. Rajel, la esposa amada de Jacob, muere al dar a luz a su segundo hijo, Binyamín. Su tumba queda establecida en el camino, cerca de Bet Lejem, donde hasta hoy es recordada. Jacob sigue hacia Hebrón y se reúne con su padre Isaac, cuya vida llega a su fin a los ciento ochenta años. La Parashá concluye con una descripción de las esposas, hijos y once descendientes de Esav, quienes conforman el inicio de la nación de Edom.




VAYISHLAJ: Los “NO” que definen nuestra vida

«הצילני נא מיד אחי מיד עשו»

LA ESPADA DE ESAV

Ya’akov Abinu regresa a la tierra de Israel. Tiene muchas dudas. Una de esas dudas es si su hermano Esav aún le guarda rencor. Recordemos que hace 20 años Esav decidió matar a Ya’akov. Y Ya’akov ahora se cuestiona: ¿me sigue odiando Esav, 20 años después? A lo mejor sus sentimientos han cambiado y ya se olvidó de lo que pasó tanto tiempo atrás… pero Ya’akov no está seguro. Y encuentra una complicación más: escucha que Esav está llegando con una banda de 400 hombres, demasiada gente para un comité de bienvenida. Ya’akov teme lo peor y siente el peligro que acecha a él y a su familia.

Ya’akov reza y suplica por la intervención divina diciendo la famosa frase: «[HaShem], sálvame de la mano de mi hermano, de la mano de Esav».

Cuando finalmente se reencuentran, Esav no ataca a Ya’akov. Hay comentaristas bíblicos que explican que Esav tenía toda la intención de destruir a Ya’akov y quedarse con su familia y sus posesiones, pero que hubo un cambio emocional en el corazón de Esav. ¿Por qué? La noche anterior, Ya’akov luchó contra un enviado de HaShem (un «ángel», aunque la Torá lo describe como un «hombre»). Este individuo hirió a Ya’akov en su muslo y lo dejó herido. Cuando Esav vio a Ya’akov rengueando, se conmovió (o pensó que Ya’akov ya no era un adversario digno…) y, de acuerdo con esta interpretación, el perdón que no llegó en 20 años se transformó en una especie de «lástima» por la vulnerabilidad de Ya’akov, y los sentimientos de afecto regresaron. Así, de una manera directa o indirecta, HaShem salvó a Ya’akov de Esav al hacerlo luchar contra ese “ángel”.

LA INVITACIÓN DE ESAV

Acto siguiente, y ahora en un clima de reencuentro familiar, Esav agradece los generosos regalos de Ya’akov y le dice: «No me hace falta nada, hermano mío, yo tengo demasiado». Vemos que Esav es un hombre materialmente exitoso. Es el patriarca, fundador y cabecilla del pueblo de Edom. Pero Esav, tal como su madre lo había anticipado, no siguió el camino de su abuelo Abraham ni de su padre Isaac. Los edomitas, liderados por Esav, se habían asimilado a los pueblos vecinos. Habían abandonado las creencias de Abraham Abinu y eran idólatras.

Ahora, Esav ya no ve más a Ya’akov como su enemigo, sino como su hermano.
Y aquí, irónicamente, comienza un problema enorme para Ya’akov.
Algo más delicado y más sutil que la espada de Esav, pero igualmente letal, amenaza el futuro de Ya’akov y el legado de Abraham. Como consecuencia de la nueva reconciliación fraternal, Esav invita a Ya’akov a unirse a él (Génesis 33:12). «Nis’a veneleja. Vamos juntos. Ven conmigo a Se’ir, y allí viviremos como una sola familia. Tus niños pequeños van a jugar con mis niños: sus primos. Y ya tengo en mente algunas de mis hijas y nietas que podrían ser muy buenas candidatas para casarse con tus hijos». Ya’akov sabe que si acepta la invitación de Esav, sus hijos terminarán asimilándose a Esav y formarán parte de su familia.

HAY MUCHO EN JUEGO: si Ya’akov se une a Esav sería el final del legado de Abraham Abinu (del «judaísmo» de ese entonces)… y no por la vía de la espada de Esav, sino por la disolución natural e inevitable de la «religión» que practicaba la familia de Ya’akov.

EL «NO» QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

En ese momento decisivo para la posteridad, Ya’akov, heroicamente, le dijo a Esav “NO”. Lo hizo muy diplomáticamente. «Tú ve adelante y yo llegaré al ritmo de mis pequeños hijos», le dijo. Esav, que quizás no comprendió la indirecta de Ya’akov, insistió: «Si quieres, te dejo algunos hombres para que te protejan en el camino, hasta que llegues a mi casa». Ya’akov, estoicamente, soportó la tremenda presión psicológica de ese momento —en el que se podía cortar el aire con un cuchillo— y, con mucha incomodidad pero con mucha firmeza, rechazó nuevamente la oferta de Esav. «¿Por qué habré de hallar tanta gracia en tus ojos?». Esav finalmente entendió el mensaje y se marchó.

Si tuviéramos que describir con nuestras propias palabras lo que experimentó Ya’akov en su intenso encuentro con Esav, diríamos que en un mismo evento Ya’akov se enfrentó al antisemitismo y a la asimilación. En el primer caso, especialmente si seguimos la opinión que mencionamos, Dios intervino «directamente» para salvar a Ya’akov de Esav, «su enemigo». Pero cuando Ya’akov se enfrenta a Esav, «su amigo», allí no hubo intervención divina. Hubo una decisión humana determinante. Ya’akov debió actuar por su cuenta y decir —y asumir las consecuencias— del «NO». En esta segunda instancia, Dios no interviene y espera que Ya’akov tome la decisión correcta por sí mismo.

SI YA’AKOV NO HUBIERA DICHO «NO»…

La mejor manera de entender el impacto de los “NO” que definen nuestras vidas es visualizar qué hubiera pasado si no hubiéramos dicho “NO”. Hoy en día, nosotros, los descendientes de Ya’akov Abinu, seguimos enfrentando desafíos muy similares. La sociedad no judía nos invita a una integración cultural y social sin barreras ni diferencias. La asimilación se cobró ya millones de «almas» judías. Millones de instancias en las que los jóvenes o sus padres no tuvieron la fuerza, la inteligencia o la convicción de decir «NO» a Esav el amigo, antes de que fuera demasiado tarde.

El daño ha sido catastrófico.

Comparto con ustedes dos números que lo dicen todo: en el año 1927, la población judía en los Estados Unidos era de 4.2 millones de personas. ¿Cuántos judíos debería haber en los Estados Unidos en 2025, casi 100 años después? En EE. UU. no hubo una Shoah, ni campos de concentración, ni mega matanzas antisemitas; por el contrario, la inmigración judía a este país continuó ininterrumpidamente incluso durante la Shoah. No soy un genio de las matemáticas, pero mi intuición me dice que hoy debería haber no menos de 15 o 20 millones de judíos en los Estados Unidos… Pero en realidad hay menos de 6 millones… ¿Qué pasó entonces con los millones de judíos que ya no se cuentan como tal?

Dios nos ayuda en la lucha contra el enemigo, pero de la asimilación tenemos que salvarnos por nuestra cuenta. Mejorando en nuestra observancia y apreciación de los valores judíos. Educando a nuestros hijos en escuelas judías y especialmente con nuestro ejemplo personal. Teniendo la valentía y la convicción de decir «NO» si alguna vez la relación con Esav puede pasar de la cordialidad y el respeto hacia un plano social en el que arriesgamos perder nuestra identidad.




VAYETSE: Leá, Yehudá y el primer Thanksgiving

BREVE HISTORIA DE UN NOMBRE

El pueblo judío no siempre se llamó así. En la Biblia hebrea o Tanaj aparecen tres nombres que definen nuestra identidad: Israel, hebreo y Yehudí, cada uno con un trasfondo propio.

Israel es el patronímico más antiguo. Somos Bené Israel, los descendientes de Yaacob, quien recibió el nombre Israel después de luchar y vencer a un ángel. ¿Por qué nos llamamos con el nombre de Yaacob y no nos llamamos, por ejemplo, el pueblo de Abraham o de Yitsjaq? La respuesta más sencilla es que de Abraham surgieron varias naciones, lo mismo de Yitsjaq. Pero los hijos de Yaacob, a pesar de haber pasado por conflictos muy profundos, terminaron unidos. De ellos surgieron las doce tribus y un solo pueblo: Bené Israel.

“EL OTRO”

El segundo nombre es “hebreo” (ivri), que significa “el que viene del otro lado”, refiriéndose probablemente al otro lado del Éufrates, es decir, la Mesopotamia. Este término, que también tiene un significado cultural muy profundo,  aparece referido a Abraham, Yosef, Moshé y otros descendientes del pueblo judío. Los egipcios llamaban a los israelitas “hebreos”. Incluso en las cartas de El Amarna —documentos egipcios del siglo XIV a.e.c., los más antiguos fuera de la Torá que mencionan a nuestro pueblo— se los identifica como habiru (“hebreos” en antiguo egipcio).

El tercer nombre, el más universal hoy, es Yehudí, y  aparece mucho más tarde. Tras la muerte del rey Shelomó, el reino de Israel se dividió en dos: el reino de Yehudá, con capital en Jerusalem, y el reino de Israel, también conocido como el reino de “las diez tribus”, con capital en Samaria o Shomerón. Cuando los asirios invadieron Samaria en el año 720 a.e.c., las diez tribus fueron destruidas y exiliadas. Solo sobrevivió el reino de Yehudá, que en español se llama Judea. Desde entonces fuimos conocidos como Yehudim, “judíos”. Así aparece en Meguilat Ester: Mordejai no es llamado hebreo ni israelita, sino Yehudí. Los griegos y los romanos también nos llamaron yehudim, y el territorio de Israel fue siempre conocido como Judea.

LA RAIZ DE YEHUDÍ

Pero hay algo más en este nombre. Aparte de su fascinante historia, el nombre Yehudí tiene un significado espiritual muy profundo. Y nació en un momento íntimo y especial que relata la parashá de esta semana, Vayetsé.

Yaacob llega a Jarán y se casa con Leá. Leá ya había tenido tres hijos, que era en cierta manera el número de hijos esperables. Recordemos que Sará tuvo un solo hijo y Rivká dos. Para Leá, tener tres hijos era la “evolución esperable” de la próxima matriarca. Pero, para su sorpresa y alegría, Leá da luz a un cuarto hijo y allí su alegría desbordó. En ese momento manifestó su sentimiento en palabras de agradecimiento a Dios. Leá declaró: “HaPaam odé et HaShem — Esta vez agradeceré a Dios” y así surgió el nombre Yehudá, que significa literalmente : “A Dios agradeceré”.

La raíz de Yehuda es yod–dalet–he que es la raíz de la palabra hebrea moderna todá , gracias, y de la palabra hebrea modé , te agradezco.

Esta es la primera instancia registrada en la Torá en la cual alguien expresa verbalmente su agradecimiento a Dios. Esa emoción— quedó sellada para siempre en el nombre de su cuarto hijo. Y cada vez que Leá pronunciaba el nombre de su hijo, repetía su deseo y necesidad de agradecer a Dios por la gran bendición que había recibido de Él.

¿Qué significa entonces “Yehudí”, más allá de consideraciones históricas?

En un mundo donde la espiritualidad suele “activarse” solo en momentos de crisis, o conveniencia, donde nos olvidamos a diario del Creador aun cuando disfrutamos de Sus bendiciones, nuestro nombre propio YEHUDI nos debe recordar que la conexión más genuina con Dios debe ser una relación de “gracias”, cuando no hay urgencias ni angustias.

IDENTIDAD JUDÍA

En los Estados Unidos, Thanksgiving ocurre una vez al año. En el pueblo judío, la gratitud es un acto diario. Desde Leá, que llamó Yehudá a su hijo para agradecer a Dios, la identidad judía quedó vinculada orgánicamente a ese gesto.

Por eso, cada mañana, al abrir los ojos, la primera palabra que pronunciamos es modé, “Te agradezco [Dios]”: Modé aní lefaneja melej jai veqayán —“Te agradezco, Dios, por seguir con vida, por la oportunidad de este nuevo día que comienza”—.

La identidad de un Yehudí se define por este acto: comenzar el día con una palabra de agradecimiento a Dios.




VAYETSE: Ángeles entre nosotros

La Perashá de esta semana comienza con el exilio de Ya’aqob Abinu, nuestro tercer patriarca. Ya’aqob huye de la tierra de Israel ya que su hermano Esav planea asesinarlo. Ya’aqob se encamina entonces hacia Jarán, una ciudad en la frontera de lo que hoy es Siria y Turquía. Allí viven los parientes de Abraham: Labán, el tío de Ya’aqob, con su familia.
Ya’aqob no va en una caravana con guardias y plebeyos, como en el pasado fue Eli’ezer, el siervo de Abraham. Ya’aqob va solo, con un bastón, y lo que lleva puesto.  Ya’aqob, también a diferencia de Eli’ezer, no va por unos días. Ya’aqob va por un tiempo indeterminado (que terminó siendo ¡20 años!).
La primera noche, cuando Ya’aqob aún no había cruzado la frontera de Erets Israel, tiene un sueño. Sueña con una escalera apoyada sobre el suelo pero que llega hasta el cielo. Y ve ángeles. Los ángeles suben al cielo y bajan del cielo.  Y aquí nos encontramos con un desafío que el texto de la Torá nos presenta. Se supone que los ángeles están en el cielo, y por lo tanto, primero deberían descender y luego ascender ¿Por qué, aunque se trate de un sueño, el orden está invertido?  Veamos la interpretación más famosa sobre este punto, proporcionada por Rashí.
¿QUE SON LOS ANGELES?
En primer lugar debemos saber que los ángeles en la Torá no son como los ángeles en otras religiones. El Creador no actúa “directamente” sobre la Creación (hay sólo dos excepciones a esta regla).  Lo hace a través de Sus “ángeles”. Esto es, fuerzas naturales, instancias “fortuitas” o individuos que cumplen una misión Divina. En Tehilim (104:4) el viento, por ejemplo, es considerado un angel del Creador, ya que HaShem utiliza el viento para crear la lluvia.  Los ángeles que visitaron a Abraham y a Lot eran (o según otras interpretaciones: se veían) como seres humanos. Lo que tienen en común el viento y esas personas es que ambos “cumplen estrictamente la voluntad de Dios”, la misión para la cual fueron consagrados.
En hebreo la palabra “angel” (mal-aj) en realidad quiere decir: emisarios, representante, agente…. de HaShem. Y algo más. En la Torá se mencionan ángeles en un contexto muy especifico: Protección Divina . Nuevamente, los “ángeles” no son seres independientes. No adoramos “ángeles” ni le rezamos a los “ángeles”. Hablamos de ángeles cuando nos referimos a la intervención Divina a través de un sinnúmero de factores: naturales o humanos, milagrosos o cotidianos. Y especialmente en el contexto de “protección”. En el caso de Ya’aqob los ángeles que vio en su sueño vienen a asegurarle la protección de HaShem.
YAAQOB EN LA CASA DE LABAN
Una vez que entendimos que “ángeles” se refiere a Protección Divina, podemos abordar la segunda pregunta: ¿Por qué los ángeles primero suben y luego bajan? ¿No debería ser al revés?  Rashí responde con un hermoso Midrash. Lo que Ya’aqob vio en su sueño fue “un cambio de guardia” entre los ángeles que protegen a Ya’aqob en la tierra de Israel y los ángeles que protegerán a Ya’aqob fuera de la tierra de Israel, en Jarán, la tierra de Labán. Hasta aquí el Midrash. Pero ¿Por qué hace falta un cambio de guardia? En el palacio de Buckingham el relevo se hace porque los soldados deben descansar comer, etc. Pero ¿por qué razón los ángeles tienen que cambiar la guardia? Porque los peligros en estos dos lugares son diferentes. En la tierra de Israel, en su casa, Ya’aqob estaba amenazado de muerte por Esav. Ahora en su futuro destino, la tierra de Labán, a Ya’aqob no le aguardaba ninguna amenaza física. Sin embargo los valores y las creencias de Ya’aqob estaban en peligro. Ya’aqob esta yendo a vivir en el seno de una familia idólatra. Va con la intención de casarse con alguna de las hijas de Labán y convertirse en parte de esa familia. La posibilidad de que Ya’aqob olvidara todo lo que había aprendido de su papá y de su abuelo Abraham, y se transformara completamente en un miembro más de la familia de Labán, era muy real.  Esta nueva situación requiere un nuevo tipo de protección, Divina y especialmente humana. Este sueño le promete a Ya’aqob la protección Divina. Pero el inusual cambio de guardia también le advierte a Ya’aqob de los nuevos peligros que va a enfrentar. Así, Ya’aqob toma conciencia de un peligro hasta ahora desconocido: la asimilación.
ISRAEL Y LA DIASPORA
En 2002 nos visitó el ex gran rabino de Israel, el rab Eliyahu Baqshi-Doron.
El Rab nos habló y nos explicó que nuestra supervivencia como pueblo judío, aún en nuestros días, está amenazada. Pero los peligros a los que estamos expuestos son muy diferentes para los judíos de Israel y para los de la diáspora. En Israel, también el día de hoy, el peligro fundamental es la integridad física. Las permanentes guerras, las intifadas y los atentados (ese año en Israel hubo 135 ataques terroristas , 452 muertos y 2.248 heridos).
En la diaspora, nos recordó, los peligros que enfrentamos son los mismos que encontraría Ya’aqob en su nuevo destino: la asimilación a los valores de Labán y a la sociedad de Jarán. Este es un desafío mas sutil. Y que es en algún sentido más difícil de enfrentar porque ocurre sin que nos demos cuenta. Al igual que Ya’aqob debemos tomar conciencia de los desafíos que enfrentamos. Y actuar. Educar a la próxima generación, los “milenios” , para que la Torá siga siendo relevante para ellos, y loa vean como la más hermosa fuente de su inspiración y su guía.

NOTA : El rabino Shelomo Ibn Gabirol (1022-1051) dijo que los ángeles representan a los Talmidé Jajamim, los estudiosos de la Torá, como Ya’aqob, que ascienden a un nivel espiritual muy alto para estudiar la Torá. Pero no se quedan allí, sino que regresan al plano terrenal, trayendo con ellos lo que aprendieron, es decir, haciendo la Torá accesible al resto de la gente, conectando así «el cielo con la tierra».




VAYETSE: ¿Qué dicen nuestros sueños de nosotros?

Nuestra Parashá abarca veinte años en la vida de Ya’aqob Abinu. Veinte años que transcurrieron entre dos sueños. El primer sueño tuvo lugar cuando Ya’aqob salía de la tierra de Israel y se dirigía hacia Jarán.  Ya’aqob soñó con ángeles que subían y bajaban de la tierra al cielo.
El rabino Shelomo Ibn Gabirol (1022-1051) dijo que ángeles representan los Talmidé Jajamim, los estudiosos de la Torá, como Ya’aqob, que primero ascienden a un nivel espiritual muy alto para estudiar la Torá. Pero no se quedan allí, sino que regresan al plano terrenal, trayendo con ellos lo que aprendieron, es decir, haciendo la Torá accesible al resto de la gente, conectando así “el cielo con la tierra”.
Lo importante de este sueño, más allá de las diferentes interpretaciones, es que al salir de Israel Ya’aqob soñó con ángeles. Y con una escalera (¡un elemento simbólico no menos importante!) que le recordó que estamos en este mundo para crecer y elevarnos hacia lo divino. Los sueños no vienen de la nada. Los sueños no mienten. El sueño de Ya’aqob es profundamente espiritual.
Somos lo que soñamos. Y soñamos lo que somos.
El contenido de nuestros sueños refleja nuestras vidas. Las pasiones, deseos, miedos que experimentamos en nuestra rutina diaria. Si uno sueña que está volando, es probable porque está aspirando a avanzar en su vida, tener un mejor trabajo, etc. pero siente que está encadenado, atrapado. Soñar con “volar” libera al soñador de esas cadenas que lo atan.   Si uno sueña que está conduciendo un vehículo y los frenos no funcionan, probablemente será que uno siente que no está en control de su vida. Cuando uno sueña que está en público sin ropa, es probablemente un reflejo del miedo a que la gente descubra algo vergonzoso que uno desea ocultar. Los sueños dicen mucho de nosotros.
Ya’aqob Abinu vio ángeles en su sueño porque esa era su realidad. Vivía entre ellos: su madre, su padre, su abuelo Abraham, Shem y Eber. Ya’aqob se escapa de la tierra de sus padres por miedo a que su hermano Esav lo mate. Huye a la casa de su tío Labán. Allí tiene que trabajar muy duramente. Labán, por años, se abusa de él.  Ya’aqob le dice a Laban   Gen. 31:38-40  “Durante estos veinte años que he estado contigo, tus ovejas y tus cabras no se han accidentado, nunca me he beneficiado de los carneros de tu rebaño, nunca te traje un animal despedazado por las fieras, y si alguna vez algo malo les sucedía, yo asumía las pérdidas, que tú siempre demandabas de mi mano. Lo mismo si un animal era robado de día o de noche. [Trabajé sin parar], durante el día me consumía el calor y de noche la helada, y así el sueño huía de mis ojos.”
Al final de esos veinte años Ya’aqob sueña otra vez. Pero  esta vez tiene un sueño muy diferente. En este segundo sueño no hay ángeles que suben una escalera, sino animales apareándose, subiendo uno encima del otro. “Los machos se subían a los rebaños, produciendo animales con rayas, con puntos o con manchas” (Gen. 31: 10-11). Los animales representan los bienes materiales. Este segundo sueño no es un sueño “espiritual” sino material. Tiene que ver exclusivamente con ganar dinero. Un ángel le habla a Ya’aqob, pero solamente para enseñarle a ser más astuto que Labán en los negocios. Este es un sueño materialista, impropio de Ya’aqob.
En ese mismo sueño HaShem le da una orden directa a Ya’aqob y le dice (31; 11) “ki raiti et asher laban ‘ose imaj. “Porque Yo he visto lo que Labán ha hecho de ti”.  Es como que HaShem le dice a Ya’aqob: Veo lo que trabajar veinte años para Labán ha hecho de ti. Has cambiado. Se puede ver en tus sueños. Hace veinte años soñabas con ángeles y con una escalera que unía a la tierra con el cielo.  Ahora, tus sueños se han hecho horizontales. Los ángeles fueron reemplazados por ovejas y las escaleras por establos. ¡Estos sueños son dignos de Labán, no de Ya’aqob!
Ya’aqob entonces recibe una orden directa de HaShem, sin ambigüedades. Es hora de volver a casa (31:11):“Ahora sal de esta tierra y regresa a tu tierra natal.”  Tienes que regresar para que cambien tus sueños y vuelvas a ser Ya’aqob.   Tienes que regresar para que sueñes con ángeles y escaleras. Y eso lo lograrás viviendo una vida que consista en construir esa conexión entre la tierra y los cielos. Tú tienes el potencial de convertirte en uno de esos ángeles que suben al cielo y traen la Torá a la tierra.
Y funcionó. En el último pasuq de esta Parashá 32: 1, tan pronto como Ya’aqob llega a Eretz Israel, Ya’aqob nuevamente visualiza a los ángeles que viene a su encuentro en Majanayim.
Ya’aqob, y nosotros sus descendientes, aprendemos esta gran lección: Debemos vivir una vida con la espiritualidad suficiente para que soñemos con ángeles y escaleras que unen el cielo con la tierra. Si soñamos con ovejas, será hora de despertar y cambiar el rumbo de nuestras vidas.



VAYETSE Breve historia de la palabra “judío”.

JUDIOS Y JUDIADAS

La palabra “Yehudí” se traduce al español como “judío”. Pero en cuanto a su función, estos términos a veces son opuestos: “Yehudí” es un título honorífico, como explicaremos más adelante , mientras que la palabra “judío” en varias culturas gentiles se usa (o se usaba) como un insulto. Comencemos por esto último. Por siglos, el idioma español no se pudo liberar de sus prejuicios antisemitas.  La connotación ofensiva de la palabra “judío” demuestra la profundidad de ese sentimiento. Los diccionarios españoles, hasta 1983, si no me equivoco, definían “judío” como “avaro”, “usurero”. Lo más insultante era otra palabra, menos usada en la modernidad, pero con más peso discriminatorio: “judiada”. El diccionario decía:  “acción inhumana” . Increíblemente, y a pesar de los malabarismos intelectuales que hacen algunos lingüistas para defenderla (ver aquí) , la real academia española todavía preserva esta definición, aunque un poco más suavizada.

Hago Copy & Paste:  “Judiada” 1.f coloq. Mala pasada o acción que perjudica a alguien”.  

MI BUENOS AIRES QUERIDO

En mi Buenos Aires natal la connotación negativa “natural” de la palabra judío se podía ver muy claramente. Décadas atrás (no estoy seguro si esto continúa, ¡pero no me extrañaría!) he sido insultado  muchas veces con gritos despectivo desde un camión o una motocicleta. Me gritaban:  “¡judíoooo!” y los que me gritaban   sentían para que yo me sintiera insultado no tenían que agregar ni “judío de esto” ni “judío de lo otro”: en el vocabulario del antisemita la palabra “judío” cargaba por sí misma la condición de insulto, sin necesidad de ningún epíteto adicional.

La historia de esta palabra no comenzó en Buenos Aires. Ni en el siglo XX. Los primeros cristianos al principio se referían a los judíos como hebreos (como “Epístola a los Hebreos”), pero luego en su afán persecutorio la iglesia prefirió referirse a nosotros como “judíos”. ¿Por qué? Por la asociación despectiva entre el patronímico “judío” y “Judas”, quien según el nuevo testamento traicionó a Yeshu. Así, cada vez que se referían a un judío, o decían la palabra “judío”, inmediatamente se asociaba con la traición y el deicidio.  En algunos lugares de España—por ejemplo Melilla, el lugar de nacimiento de mi esposa—los judíos se llamaban a sí mismos “hebreos”. Es posible que lo hacían para protegerse, o tratar de minimizar la connotación demonizante que el término “judío” inspiraba (¿inspira?) en la mente de muchos hispano-parlantes que cargan con 15 siglos de antisemitismo sistematizado en sus subconscientes.

¿ YEHUDI, ISRAEL O HEBREO?

.”Yehudí”  no es la primera ni la única palabra para definir al pueblo judío.

El patronímico bíblico original de nuestro pueblo es: “Israel”.  Somos bené Israel, descendientes de Yaaqob, que fue también llamado Israel. ¿Por qué Yaaqob fue el elegido para representarnos  y no por ejemplo Abraham?  Porque pese a los conflictos entre los hermanos, al final todos los hijos de Jacob terminaron unidos y crearon un solo pueblo con 12 tribus. A diferencia de los hijos de Abraham, por ejemplo, o los hijos de Ytsjaq,   que no formaron “tribus” sino “naciones” diferentes.

Hay otro patronímico que también menciona la Torá: “hebreo”, que originalmente significa, “el que viene del otro lado [del rio]”, la  primera vez lo dice en referencia a Abraham, pero también a Yosef y a sus descendientes. La Torá menciona varias veces la palabra “hebreo” cuando los egipcios se refieren a algún miembro de los hijos de Israel (Yosef, Moshé, las parteras, etc.). Es muy interesante también que en los documentos de El Amarna, las cartas del Faraón Amenhotep IV (1350-1330 antes de la era común) que es el documento no bíblico más antiguo donde se menciona a los judíos, los egipcios también se refieren a los judíos como “hebreos” (habiru o habriu).

JUDIOS Y JUDEA

Luego de la muerte del rey Salomón, alrededor del año 900 antes de la era común, el reino de Israel se dividió en dos: por un lado, estaba el reino de Yehudá con su capital Jerusalem, que continuó la dinastía del rey David, y por otro lado, el reino de Israel, también conocido como las 10 tribus, con su capital en Samaria. Alrededor del año 720 a.e.c., el imperio Asirio invadió y destruyó Samaria, asesinó y exilió a sus ciudadanos llevándolos como prisioneros de guerra a su reino, donde Sanjerib por la fuerza los asimiló. Lo que quedó del pueblo de Israel fue el reinado de Yehudá, llamado en español “Judea”. Desde ese momento, adquirimos el nombre de Yehudim o judíos. Uno de los ejemplos más famosos del uso de este nombre está en el Meguilat Esther, donde a Mordejai y al pueblo judío en general, no se les llama ya ni hebreos ni israelitas, sino Yehudí o Yehudim.

YEHUDI

El origen de este nombre lo encontramos en la Parashá de esta semana, Vayetsé. Jacob y Lea ya tenían 3 hijos, que eran más de los que ella esperaba tener. Cuando nace su cuarto hijo, Lea desbordó de alegría y gratitud y lo llamó Yehudá, y al hacerlo dijo:  “ahora [que he dado luz a 4 hijos] agradeceré a Dios”. Cada vez que Lea mencionaba el nombre de su hijo, Yehudá, inmediatamente recordaba que tenía que agradecer a Dios.

El nombre Yehudá, entonces, deriva de la raíz hebrea YDH que es la raíz de una de las palabras más conocidas en hebreo: TODÁ, que significa gracias.

Cuando me preguntan qué representa la palabra “judío” para mí, es muy claro:  YEHUDI es aquel ser humano que se conecta con Dios y se acuerda de Dios no solo cuando necesita a Dios, sino, sobre todo, para agradecerle a Dios. 




TOLEDOT: La envidia, el odio y el antisemitismo

1 de Kislev de 5783

ויקנאו אותו פלשתים

LA BENDICION COMO RESPUESTA AL ESFUERZO

Esta Perashá nos presenta a Isaac (itsjaq), el hijo de Abraham. Nos cuenta sobre las dificultades que tuvo Isaac para tener hijos, el nacimiento de sus mellizos, la relación entre los dos hermanos, etc. Luego nos cuenta acerca del enfrentamiento entre Isaac y sus vecinos: los filisteos. En Génesis capítulo 26 leemos lo siguiente:  «Isaac sembró en aquella tierra, y cosechó aquel año cien por uno [cien veces mas de lo que había sembrado]: ¡HaShem lo había bendecido! Isaac gozó de prosperidad y siguió engrandeciéndose hasta que llegó a ser muy rico, llegó a tener ovejas, vacas y mucha servidumbre. Pero los filisteos le tuvieron envidia. Y todos los pozos [de agua] que los siervos de su padre [Abraham ] habían cavado … los filisteos los inutilizaron, llenándolos de tierra.»

Si bien HaShem lo bendijo, la riqueza no le llovió del cielo. Isaac era muy trabajador. Tuvo que esforzarse muchísimo para sembrar en esa zona árida, y tal como la Torá nos cuenta, tuvo que cavar una y otra vez sin pereza y sin darse por vencido para obtener el elemento más escaso y preciado en el Medio Oriente: agua.

UNA LECCIÓN QUE NUNCA EXPIRA

Pero los habitantes de aquel lugar, los «Pelishitim» o Filisteos no simpatizaron con Isaac. Y la Torá aquí usa por primera vez la palabra quin’a (ויקנאו אותו פלשתים) que significa: «envidia». Los filisteos tuvieron envidia de Isaac. Y es my interesante observar a qué los llevó la envidia. Uno podría pensar que los Filisteos imitarían a Isaac: iban a trabajar más, se iban a levantar más temprano, se emborracharían menos, ahorrarían más, no gastarían tanto, etc, etc. pero nada de eso sucedió…. Los Filisteos decidieron canalizar su envidia de la manera más destructiva y cobarde: ¡Tapando con tierra los pozos de agua que había cavado Isaac!  La consecuencia de la envidia fue la destrucción.  La envidia los llevó a hacer lo más irracional que un habitante del medio oriente puede hacer: destruir los pozos de agua en el desierto. Lo cual, obviamente, los perjudicaba a ellos también.

LA DIFERENCIA ENTRE CELOS Y ENVIDIA

Hay una gran diferencia entre dos palabras hebreas que son parecidas: Jemdá o Ta’avá (לא תתאוה), celos y quin’a, envidia. «Celos» siempre se refiere a un objeto: estoy celoso de lo que tienes, y quisiera tenerlo yo. La «envidia» es un sentimiento mucho más profundo que los celos, más complicado y, principalmente, imposible de complacer. Y que no se trata de mis sentimiento positivos hacia un objeto, sino de mis sentimientos negativos hacia la persona que lo posee. Te envidio por lo que tienes, y voy a tratar de quitarte lo que tú tienes, y si no puedo, me alcanza con que TÚ no lo tengas. Así, y a diferencia de los celos, la envidia fácilmente se convierte en «odio». La envidia es ad hominem, apunta hacia la persona. Y a diferencia de los celos, es insaciable! El objeto de la envidia cambia. Pero nunca cambia el sujeto. La envidia también es destructiva. Y autodestructiva. Por eso, con mucha sutileza, la Torá yuxtapone la envidia y la destrucción: Los filisteos le tuvieron envidia a Isaac, ¿y qué hicieron? ¡Taparon los pozos de agua!

LA HISTORIA SE REPITE

Rambán, Najmánides, nos aclara que la razón por la cual la Torá se excede en los detalles sobre estos eventos es para enseñarnos que מעשה אבות סימן לבנים , lo que le ocurrió a nuestros no es sólo historia, sino que marca un patrón de conducta que se repetirá con sus descendentes. Es increíble observar como esta historia vuelve a ser relevante en nuestros días. El 15 de agosto de 2005, 8.000 judíos israelíes fueron desterrados de sus casas en Gush Qatif (Israel). Esa tierra, que había sido conquistada militarmente por Israel en respuesta a la guerra iniciada por los egipcios, fue «regalada» a la autoridad Palestina (se dice que este evento precipitó la elección del Hamas en el 2006). Hay un dato interesante que se relaciona con la Parashá de esta semana, y que no se conoce mucho ya que los medios de difusión, como es de esperar, no han demostrado un gran interés en hacerlo conocer. En Gush Qatif, los judíos que vivían allí, hicieron un esfuerzo extraordinario y construyeron «greenhouses» (invernaderos, viveros) con una tecnología ultra-moderna. Allí plantaban vegetales «sin insectos» que se vendían en todo el mundo, y flores, especialmente tulipanes, que se exportaban al mercado de flores de Amsterdam. En total, las ganancias de estos invernaderos llegaban a más de 100 millones de dólares anuales (ver este artículo aquí). Cuando los Yehudim se vieron forzados a abandonar Gush Qatif, el presidente del World Bank, James Wolfenson y algunos judíos americanos (ingenuos) donaron 14 millones de dólares para que no se destruyeran estos invernaderos y que los pobres habitantes de Gaza, que tanto se quejan de su pobreza «causada por Israel», pudieran aprovechar estos invernaderos y brindarle un trabajo honesto y rentable a cientos o a miles de personas y generar un ingreso de 100 millones anuales. Para la sorpresa de muchos (pero no para los que conocen esta Parashá) , ni bien los palestinos recibieron estos modernos invernaderos los destruyeron totalmente, ¡»los taparon llenándolos de tierra»! y establecieron allí bases para lanzar misiles y atacar a Israel. Tal como ocurrió con los filisteos en el tiempo de Isaac, a estos enemigos de Israel les importó muy poco su propia prosperidad: lo que más les importó fue intentar destruir a Israel.

ATENTADOS EN ISRAEL

Estas últimas semanas la historia se ha repetido en una de sus más sangrientas variantes: una vez mas los judíos de Israel, hombres mujeres y niños, han sido atacados con explosivos, balas o siendo atropellados por autos. Lamentablemente, muchos palestinos, algunos de ellos árabes que viven en Israel, se regocijan con esta noticia (ver aquí). A diferencia de los celos, que terminan una vez que la persona «celosa» obtiene lo que desea, la envidia nunca se acaba. Y cuanto más triunfa el envidiado, el envidioso más tratará de destruirlo. Mike Pence, el exvicepresidente de Estados Unidos, formuló con muy pocas palabras esta idea de la envidia / odio hacia Israel de una manera muy simple y profunda. Pence dijo: «Israel no es odiada por sus vecinos por lo que hace mal, Israel es odiada por lo que hace bien» .

Quiera HaShem seguir bendiciendo y quiera Dios proteger a nuestro amado país de las manso de quienes quieren destruirlo, así como bendijo y protegió a nuestro patriarca Isaac y a nuestros antepasados.




TOLEDOT: Jacob, Esav y el ejército de Israel

LA NUEVA GENERACION

En la Parashá de esta semana nos encontramos con la nueva generación del pueblo judío: Isaac, Ribqá y sus hijos. En el centro de esta Parashá está el famoso episodio de la bendición que Isaac quería otorgarle a Esav, pero gracias a la intervención de Ribqá, terminó otorgándosela a Yaaqob.

Comencemos por el principio.

Isaac y Ribqá tuvieron dos hijos: Yaaqob y Esav. Yaaqob era un hombre de su casa, dócil, íntegro, estudioso. Esav, era todo lo contrario. Adrenalina pura. Un hombre de batalla. Un luchador. Un gran cazador.

Cuando Isaac envejece llega el momento de elegir al heredero. No se trata de quién heredaría los bienes materiales de Isaac, sino de algo mucho más importante: ¿Quién iba a continuar, liderar y promover el camino y los valores de Abraham Abinu?  ¿Cuál de los dos hijos era el más indicado para ser el futuro patriarca del pueblo judío?

Isaac y Ribqá tenían opiniones diferentes. Para Isaac, el candidato indiscutido era Esav. Pero para Ribqá, el más indicado era Jacob.

En las próximas líneas vamos a tratar de entender por qué pensaban así.

¿POR QUÉ ELEGIR A ESAV?

Isaac sabía que la fe de Abraham iba a ser inevitablemente atacada por los pueblos idólatras, que seguramente tratarían de erradicar a sus descendientes. ¿Por qué? En el mundo politeísta cada pueblo tenía y servía a sus dioses locales. Aceptaban que otros pueblos tuvieran sus propios dioses, y creían que los poderes de esos dioses eran verdaderos. Esos dioses podían convivir unos con otros. A veces los pueblos intercambiaban sus dioses, o incluso forjaban alianzas entre ellos.

Pero la fe deAbraham, el monoteísmo, es diferente. Al afirmar que existe un solo “y único” Dios, el monoteísmo “excluye” a todas las demás confesiones. Y expresa directa o indirectamente que los demás dioses son falsos. Con este mensaje tan revolucionario y valiente, Isaac sabía que para que sus descendientes pudieran seguir firmes en la fe de Abraham iban a tener que luchar y defenderse contra infinidad de enemigos

¡Y no se equivocó!

Isaac sabía que su hijo Esav poseía las virtudes ideales para defender la fe de Abraham. Basándonos en un famoso Midrash podemos afirmar que Esav era un experto a la hora de identificar las debilidades de sus adversarios. Era un guerrero astuto, que conocía el lenguaje del enemigo, un talento muy importante a la hora de la guerra. Isaac sabía que Esav sería capaz de organizar y liderar un ejército. ¡Y no se equivocó! En Vayishlaj vemos que Esav lidera un ejército de 400 hombres.

Isaac quiere elegir a Esav porque sabe que con su ejército podrá conquistar la tierra de Israel y será capaz de defender militarmente a sus descendientes de sus futuros enemigos.

LA VISION DE UNA MADRE

Pero para Ribqá todas estas cualidades bélicas de Esav eran incompatibles con los valores humanos de Abraham ¿Podría Esav, un hombre dedicado a la guerra, ser bondadoso con los extranjeros como lo fue Abraham? ¿Podría ser diplomático con sus vecinos como lo fue Abraham con los Hititas? Para Ribqá el futuro sucesor de Abraham tenía que ser amable sensible y generoso como Abraham. Más inteligente que fuerte. Y sofisticado, más que violento. El sucesor de Abraham, se debía diferenciar de todos los demás hombres por su intelectualidad, y por darle prioridad al estudio ¡no a la guerra!. Y estas eran obviamente las características de Yaakob. De acuerdo a Ribqá era Ya’aqob y no Esav, quién debía ser el elegido para liderar el pueblo de Abraham.

Al final, y como sucede en las mejores familias, Ribqá se impuso, y el sucesor de Isaac fue Yaaqob.

Debemos reconocer que lo ideal hubiera sido una alianza de los dos hermanos: la espiritualidad de Jacob combinada con la fuerza de Esav. Pero para Ribqá esto era imposible, porque tal como lo menciona la Torá en el párrafo que antecede a este episodio, Esav se había distanciado de su familia, al haberse casado con mujeres Hititas.

JACOB, ESAV Y MEDINAT ISRAEL

Esta historia y esta interpretación que escribí hace un par de años acerca de las virtudes que Isaac y Ribqá buscaban en el futuro líder de Israel, es hoy muy relevante para entender nuestro presente.

Luego de 2.000 años de persecuciones de las cuales no podíamos defendernos por nuestros propios medios, Medinat Israel ha alcanzado hoy el balance entre las buenas virtudes de Esav y las cualidades de Jacob. Y me parece que la historia que nos cuenta nuestra Parashá por un lado nos ayuda a iluminar nuestro presente, y por el otro lado, se ilumina con nuestro presente. Solo hace falta ver la extraordinaria naturaleza de Medinat Israel: su gente, su espíritu y su ejército.

Israel, por un lado es un paraíso espiritual donde millones de judíos rezan y estudian Torá a diario. Nunca en la historia se escuchó la voz del estudio de Torá tanto como se escucha hoy en el Estado de Israel. Los Yehudim en Israel practican el Jesed, la bondad, la generosidad y la compasión. Israel es un país inteligente, con una devoción por el estudio, con una creatividad intelectual infinita.

Y por el otro lado, están las manos fuertes poderosísimas del ejército de Israel. Que le está demostrando al mundo que a quién se meta con los Yehudim le va a costar muy caro. Que no van a ser otras naciones las que nos defiendan, sino nosotros mismos. Nuestro propio ejército. Nuestra propias manos.

Medinat Israel representa el perfecto balance que buscaban nuestros patriarcas: la dulce voz de la Torá de Yaaqob que quería Ribqá y las poderosas manos de guerreros temerarios que buscaba Isaac, para que cuando fuera necesario adviertan, intimiden y castiguen al enemigo.

Todo en un mismo descendiente: Yaaqob / Israel.

Israel que siempre usó la voz de Yaaqob, también aprendió a usar las “manos de Esav” .

הַקֹּל קוֹל יַעֲקֹב וְהַיָּדַיִם יְדֵי עֵשָׂו

“La voz es la voz de Jacob, pero las manos son [como] las de Esav”




TOLEDOT: ¿Por qué Esav?

La historia es más o menos conocida. Antes de morir, nuestro segundo patriarca, Itsjak, desea designar a su hijo Esav como su heredero, como aquel que va a continuar su camino: el futuro líder de la familia y del pueblo que, de acuerdo con la promesa divina, surgirá de esta familia. La elección de Esav no es arbitraria; está basada en un razonamiento profundo. Itsjak ve en Esav las cualidades que serán esenciales para la supervivencia del pueblo judío: la fortaleza física, la valentía y la astucia para proteger a su familia y a su pueblo en un mundo hostil.

Itsjak comprende que el nuevo camino de Abraham —su “religión”— no es muy popular. De hecho, genera antagonismo en las personas, especialmente en aquellas con poder.

En el pasado he explicado que este resentimiento hacia Abraham y su descendencia tiene raíces teológicas. La creencia de Abraham era diferente a la adoración a otros dioses, algo que, en general, era tolerado por los pueblos paganos. Sin embargo, el monoteísmo de Abraham contradecía la idea de esos dioses, negaba su existencia y los consideraba falsos. Esto era profundamente ofensivo para los pueblos que adoraban y respetaban a sus propias deidades. Además, alteraba el orden jerárquico y, según Maimónides, incluso el equilibrio político de las sociedades paganas. Las ideas de Abraham, como ocurrió en el caso del rey Nimrod, eran muy peligrosas para la hegemonía religiosa de su tiempo.

Pero lo teológico era solo una parte del antagonismo que Abraham generaba. La conducta moral y ética de Abraham también era iconoclasta: rompía con las normas sociales de la época y atentaba contra el orden social de las castas contemporáneas. Me explico: hay evidencia explícita en el texto bíblico de que la humanidad, desde los tiempos del Diluvio hasta los relatos de Sedom y Amora, se regía por la “ley de la selva”, la supervivencia del más fuerte, ya sea en términos físicos o económicos. Los que ostentaban el poder abusaban de los más débiles, los utilizaban o los esclavizaban. Nadie se preocupaba por hacer el bien con el necesitado de manera desinteresada.

Abraham fue el primero en introducir al mundo una idea revolucionaria: la bondad desinteresada, conocida como jesed. Antes de él, si alguien ofrecía comida o refugio a otro, lo hacía únicamente, en el mejor de los casos, como un acto comercial con fines lucrativos: un servicio a cambio de un beneficio. Abraham revolucionó este paradigma. En el famoso episodio en el que Abraham corre al encuentro de tres extranjeros necesitados que pasaban cerca de su tienda, les ruega que descansen en su hogar, laven sus pies, beban agua y coman, sin buscar ningún beneficio personal. Este acto fue un antes y un después en la historia de la humanidad. Por primera vez, veinte generaciones después de la creación del hombre, un ser humano actuó movido por bondad, voluntariamente, sin esperar recompensa ni siquiera ser solicitado.

Este gesto fue consecuencia directa del monoteísmo moral de Abraham, que cambiaba la percepción de la relación entre el hombre y Dios y, además, las relaciones humanas. Si existe un único Dios, todos los seres humanos somos criaturas del mismo creador y, por lo tanto, merecemos ser tratados con dignidad e igualdad.

Este concepto quizás representaba una revolución aún más peligrosa que la revolución religiosa en una época en la que las jerarquías de poder y las castas dominaban el mundo. La conducta de Abraham proponía una alternativa radical: una sociedad basada en la igualdad y la bondad. Su ejemplo desafiaba las bases mismas de la estructura social imperante. Abraham y su nueva creencia eran peligrosos para los que estaban en la cima del poder y del abuso.

Por lo tanto, no es sorprendente que el camino de Abraham, y las implicaciones sociales y políticas de sus valores, fueran vistas como una amenaza para las generaciones de su tiempo.

En el mejor de los casos, la rectitud moral de Abraham provocaba incomodidad en quienes lo rodeaban, porque revelaba su corrupción, su abuso y su falta de moralidad. Esto creaba una incómoda posibilidad en su entorno: o bien abrazaban su fe y cambiaban, o lo rechazaban, lo demonizaban y buscaban eliminarlo para acallar esa incomodidad interna. Creo que este fue el principio, la incepción del antisemitismo.

Regresemos ahora a la elección de Esav. A diferencia de Jacob, Esav es fuerte, valiente y guerrero. Según un comentario —que escuché, aunque no encontré su fuente—, Esav defendió y luchó contra los filisteos para proteger los pozos de agua de Isaac.

Para Itsjak, el liderazgo del pueblo judío necesita alguien así: un guerrero dispuesto a enfrentar a los enemigos y garantizar la supervivencia de su familia y su legado. Jacob, en ese aspecto, parece más frágil, menos apto para liderar a un pueblo que inevitablemente tendrá enemigos en el presente y en el futuro.