3 Mitsvot de Perashat Behar

💰 ONAAT MAMÓN Honestidad en los Negocios

VaYiqrá 25:14 וְכִֽי־תִמְכְּר֤וּ מִמְכָּר֙ לַעֲמִיתֶ֔ךָ א֥וֹ קָנֹ֖ה מִיַּ֣ד עֲמִיתֶ֑ךָ אַל־תּוֹנ֖וּ אִ֥ישׁ אֶת־אָחִֽיו׃ 

La Torá nos enseña una mitsvá fundamental para la vida diaria: ser completamente honestos en todas nuestras transacciones comerciales.

El pasuq dice:

📖 VaYiqrá 25:14 “Cuando uno vende algo a su prójimo, o compra de su prójimo, no se engañen el uno al otro.”

Esta mitsvá se conoce como onaat mamón — el perjuicio monetario, causado a través del engaño deliberado.

La Torá prohíbe: – cobrar precios abusivos aprovechándose de la ignorancia del comprador, – ocultar defectos de un producto, – engañar sobre la calidad de la mercadería, – manipular información para obtener ventaja económica.

La honestidad no es solamente un buen consejo moral. Es una obligación de la Torá.

🕍 RELIGIOSIDAD Y NEGOCIOS

El judaísmo no separa la vida espiritual de la vida económica.

Una persona puede rezar todos los días, estudiar Torá, cuidar Shabbat y comer kasher… pero si engaña en los negocios, no se considera una persona religiosa.

Nuestros Jajamim enseñaron que la primera pregunta que se le hace a la persona en el Olam Habá no es cuánto rezó, sino:

“¿Te comportaste con honestidad en tus negocios?” (Shabbat 31a)

La verdadera observancia religiosa se expresa en cómo vendemos, compramos, prestamos y manejamos dinero.

⚖️ APLICACIONES PRÁCTICAS

Esta mitsvá tiene muchísimas aplicaciones cotidianas.

Si vendemos un objeto usado, debemos informar claramente cualquier defecto significativo.

Si recibimos vuelto de más en una tienda, estamos obligados a devolverlo, aunque nadie se haya dado cuenta.

Si somos comerciantes, debemos evitar aprovechar la falta de conocimiento del comprador.

Si ofrecemos un servicio, debemos cumplir honestamente lo prometido.

📖 LA HISTORIA DE RAB SAFRA

El Talmud nos transmite un ejemplo extraordinario de honestidad absoluta.

Rab Safra tenía un burro para vender. Un comprador no judío llegó y le ofreció 50 monedas por el animal.

En ese momento, Rab Safra estaba recitando el Shemá Israel y no podía interrumpir su recitación para responder.

Sin embargo, en su corazón ya había decidido aceptar la oferta.

El comprador, pensando que el silencio significaba rechazo, aumentó el precio a 60 monedas… y luego a 70.

Cuando Rab Safra terminó el Shemá, hizo algo increíble: rechazó las 70 monedas y pidió solamente las 50 originales.

¿Por qué?

Porque internamente ya había aceptado la primera oferta.

Para Rab Safra, la honestidad tenía más valor que ganar dinero extra.

La mayoría de las personas habrían dicho: “Nunca respondí verbalmente…” “Técnicamente no hice nada incorrecto…”

Pero Rab Safra entendía que HaShem conoce también lo que ocurre dentro del corazón.

Por eso el Talmud lo considera un ejemplo supremo de yir-at Shamayim — observancia religiosa y temor del Cielo.

🌎 KIDUSH HASHEM

Cuando un Yehudí actúa con honestidad en los negocios, produce un enorme kidush HaShem.

Las personas dicen: “Qué increíble honestidad.” “Qué confiables son.” “Se nota que vive según la Torá.”

Pero si una persona observante engaña, manipula o actúa deshonestamente, el daño espiritual es enorme. No solamente perjudica al otro: produce un jilul HaShem.

La honestidad comercial requiere disciplina y conciencia permanente de que HaShem observa cada transacción.

La verdadera religiosidad no se mide solamente en el Bet haKeneset, sino también en una tienda, en una oficina, en un contrato y en cada conversación comercial.

La kedushá no termina cuando termina de rezar. También entra en el mundo de los negocios.

 

🤝 VEHEJEZAKTA BO Sostener al Prójimo antes de que Caiga

VaYiqrá 25:35 וְכִֽי־יָמ֣וּךְ אָחִ֔יךָ וּמָ֥טָה יָד֖וֹ עִמָּ֑ךְ וְהֶחֱזַ֣קְתָּ בּ֔וֹ גֵּ֧ר וְתוֹשָׁ֛ב וָחַ֖י עִמָּֽךְ׃

 

Una de las mitsvot más hermosas y sensibles de Parashat BeHar es la obligación de ayudar proactivamente a quien está atravesando dificultades económicas.

El pasuq dice:

📖 VaYiqrá 25:35 “Cuando tu hermano empobrezca y su mano comience a soltarse de ti, lo sostendrás…”

La Torá no nos dice solamente que ayudemos al pobre. Nos enseña aquí algo mucho más profundo: debemos ayudar a la persona antes de que llegue a la indigencia y esté obligado a humillarse y pedir caridad.

🪜 ANTES DE QUE CAIGA

Cuando una persona comienza a caer, todavía puede sostenerse con un solo dedo. Pero una vez que cayó completamente al suelo, harán falta varias personas para levantarla.

La Torá nos enseña a intervenir temprano.

No esperar a que alguien pierda todo. No esperar a que tenga que pedir ayuda públicamente. No esperar a que llegue a la desesperación.

El objetivo es prevenir la caída antes de que ocurra.

Muchas veces, una pequeña ayuda dada a tiempo puede salvar a una persona, una familia o un negocio entero.

💎 EL NIVEL MÁS ALTO DE TSEDAQÁ

El Rambam enseña algo extraordinario.

En Hiljot Matenot Aniyim enumera ocho niveles de tsedaká, y el nivel más elevado de todos no es simplemente dar dinero al pobre.

El nivel más alto es ayudarlo a recuperar su independencia.

¿Cómo?

– ofreciéndole trabajo, – ayudándolo a abrir un negocio, – dándole un préstamo sin interés, – enseñándole un oficio, – conectándolo con oportunidades.

La mejor ayuda no es solamente darle pan al necesitado, sino ayudarlo a volver a producir su propio pan.

O, como suele decirse: “No darle el pescado, sino enseñarle a pescar.”

La Torá quiere preservar no solamente la supervivencia de la persona, sino también su dignidad.

🌎 RESPONSABILIDAD MUTUA

Nuestros Jajamim enseñaron:

“Kol Yisrael arebim ze laze” “Todo Israel se debe sentir responsable uno del otro.”

La fortaleza de Am Israel no se mide solamente por el éxito de los más ricos, sino también por la dignidad de los más vulnerables.

Una comunidad fuerte no es aquella donde algunos triunfan mientras otros quedan abandonados.

Una verdadera comunidad judía es aquella donde las personas se sostienen mutuamente.

⚖️ APLICACIONES PRÁCTICAS

Esta mitsvá tiene muchísimas aplicaciones modernas.

Si conocemos a alguien que perdió su trabajo, podemos ayudarlo recomendándolo.

Si alguien está pasando dificultades económicas, podemos ofrecerle un préstamo digno y discreto.

A veces, una llamada telefónica, un contacto o una recomendación laboral pueden cambiar completamente la situación de una persona.

Incluso apoyar emocionalmente a quien está atravesando dificultades forma parte de esta mitsvá.

Muchas veces, el peor sufrimiento no es solamente la falta de dinero, sino la sensación de estar solo.

✨ AYUDAR CON DIGNIDAD

La Torá no quiere que ayudemos “desde arriba”, con arrogancia o superioridad. Nos pide que ayudemos viendo al otro como “ajija” — tu hermano.

No como un caso social. No como una carga. No como alguien inferior.

Sino como un hermano que hoy necesita apoyo… y que mañana podría ser quien ayude a otros.

Porque en la visión de la Torá, nadie es completamente autosuficiente.

Todos necesitamos de los demás.

 

 

 

📜 DAÑO EMOCIONAL  אוֹנָאַת דְּבָרִים — El Daño Causado por las Palabras

וַיִּקְרָא כ״ה:י״ז     “וְלֹא תוֹנוּ אִישׁ אֶת־עֲמִיתוֹ וְיָרֵאתָ מֵאֱ-לֹהֶיךָ כִּי אֲנִי ה׳ אֱ-לֹהֵיכֶם”

Parashat Behar nos enseña una de las lecciones más profundas y actuales de toda la Torá: no solamente está prohibido dañar a una persona estafándolo comercialmente — también está prohibido herir a otra persona, perjudicarlo, con palabras duras.

El pasuq dice:

📖 וַיִּקְרָא כ״ה:י״ז “וְלֹא תוֹנוּ אִישׁ אֶת־עֲמִיתוֹ וְיָרֵאתָ מֵאֱ–לֹהֶיךָ כִּי אֲנִי ה׳ אֱ–לֹהֵיכֶם“

“No se hagan daño el uno al otro, y temerás a tu Dios, porque Yo soy ה׳ tu Dios.”

A primera vista, este versículo parece repetir la misma prohibición mencionada unos versículos antes, donde la Torá prohibió engañar en los negocios. Pero nuestros Jajamim explican que aquí la Torá está hablando de otro tipo de daño mucho más profundo: onaat debarim — el sufrimiento causado a otra persona a través de las palabras.

La Torá entiende algo que muchas veces olvidamos: las palabras no desaparecen. Una frase puede acompañar a una persona durante años. A veces, toda una vida.

💔 EL DAÑO INVISIBLE

El Talmud (Babá Metsiá 58b) enseña algo sorprendente: el daño emocional puede ser más grave que el daño económico.

El dinero perdido puede recuperarse. Una palabra hiriente puede dejar una herida que a veces no sana.

Hay personas que todavía recuerdan comentarios humillantes que escucharon en su infancia. Una burla en público, un apodo ofensivo, una frase dicha “en broma”, una crítica frente a otros… heridas invisibles que permanecen grabadas en el corazón.

Por eso, el judaísmo considera que cuidar la forma en que hablamos es parte esencial del servicio a HaShem.

⚖️ EJEMPLOS QUE DAN LOS JAJAMIM

Los Jajamim dieron ejemplos muy concretos de onaat debarim:

– No recordarle a una persona errores de su pasado después de que cambió su vida y mejoró. – No avergonzar públicamente a alguien. – No usar sobrenombres ofensivos, incluso “como broma”. – No burlarse de la apariencia física, acento, situación económica o capacidades de otro. – No preguntar el precio de un producto si no existe intención real de comprarlo, haciéndole perder tiempo y falsas expectativas al vendedor.

A veces pensamos: “¡Pero yo no hice nada malo!” No golpeé. No robé. No dañé físicamente.

Sin embargo, la Torá nos enseña que a veces una palabra puede doler al otro más que una acción.

😢 HALBANAT PANIM — “DERRAMAR SANGRE”

Los Jajamim compararon la vergüenza pública con el derramamiento de sangre.

¿Por qué?

Porque cuando una persona es humillada delante de otros, la sangre desaparece de su rostro. La cara se pone pálida. La persona siente que quiere desaparecer.

Hoy, en la era de WhatsApp, redes sociales y social media, esta mitsvá es todavía más importante.

Un comentario sarcástico. Una burla enviada a un grupo. Un meme humillante. Una crítica pública innecesaria.

Todo esto entra en la categoría de onaat debarim.

Muchas personas son extremadamente cuidadosas de no perder dinero… pero muchísimo menos cuidadosas con las palabras que salen de su boca.

👁️ “Y TEMERÁS A TU DIOS”

La Torá agrega aquí una frase muy especial:

“וְיָרֵאתָ מֵאֱ–לֹהֶיךָ“ “Y temerás a tu Dios.”

Rashi explica que esto aparece porque el daño verbal es algo que muchas veces sólo HaShem puede juzgar.

Cuando alguien hiere a otro con palabras, siempre puede justificarse:

“Era un chiste.” “No fue mi intención.” “Es demasiado sensible.” “Yo sólo decía la verdad.”

Los seres humanos no pueden saber qué había realmente en el corazón de quien habló. Pero HaShem sí.

Por eso la Torá nos recuerda: antes de hablar, piensa no solamente cómo sonará tu frase a los oídos de las personas — sino cómo será escuchada en el Cielo.

🌱 EL PODER DE CONSTRUIR

Las palabras tienen un poder inmenso.

Una sola frase puede darle fuerzas a una persona para seguir adelante. Un elogio sincero puede cambiarle el día a alguien. Una palabra de apoyo puede salvar a alguien de la desesperación.

Así como existe onaat debarim para destruir, también existe la capacidad de usar la boca para construir mundos.

El Jafetz Jaim explicaba que la boca puede convertirse en el instrumento más santo del ser humano… o en el más destructivo.

Todo depende de cómo la usemos.

✨ PENSAR ANTES DE HABLAR

Antes de hablar, vale la pena preguntarnos:

👉 ¿Lo que voy a decir puede causarle daño a alguien? 👉 ¿Es necesario decirlo? 👉 ¿Es el momento correcto? 👉 ¿La forma en que lo voy a decir puede herir? 👉 ¿Estoy construyendo o destruyendo?

La grandeza espiritual se mide en una conversación familiar, en una discusión comercial, en un mensaje de WhatsApp y en la manera en que tratamos a las personas todos los días.

Que HaShem nos ayude a usar nuestras palabras para dar fuerza, dignidad y alegría a quienes nos rodean.




RESUMEN DE BEHAR – BEJUQOTAY

Propiedad, responsabilidad y las consecuencias de nuestras decisiones

🏡 LA TIERRA NO ES NUESTRA

La Perashá comienza con una idea revolucionaria: la tierra pertenece a HaShem.
Por eso, cada siete años llega la Shemitá, el año sabático, en el cual la tierra debe descansar. No se siembra ni se cosecha como de costumbre. El agricultor deja de trabajar… y confía.

Este mandamiento no es solo agrícola. Es una lección profunda:
👉 No somos dueños absolutos — somos administradores.
👉 La abundancia no depende solo de nuestro esfuerzo, sino de la berajá de HaShem.
👉 Saber parar también es parte del crecimiento.


🔄 YOVEL — REINICIAR LA SOCIEDAD

Cada cincuenta años, la Torá establece el Yovel (Jubileo):

  • Las tierras regresan a sus dueños originales
  • Las deudas se cancelan
  • Los siervos recuperan su libertad

La Torá crea así un sistema único: nadie queda atrapado para siempre en la pobreza, y nadie puede acumular poder sin límites.

👉 Es un modelo de justicia social basado en la dignidad humana.
👉 La riqueza no es absoluta; tiene límites morales.


⚖️ INTEGRIDAD TOTAL

La Torá exige una honestidad absoluta en los negocios:

  • No engañar
  • No aprovecharse del otro
  • No manipular precios ni información

Pero va más allá: también prohíbe dañar con palabras.

👉 El daño no es solo económico — también es emocional.
👉 La Torá nos exige sensibilidad, respeto y responsabilidad en cada interacción.


🤝 AYUDAR ANTES DE QUE SEA TARDE

Uno de los mensajes más poderosos de la Perashá es este:
no esperes a que la persona caiga — ayúdala antes.

  • Si alguien empieza a tener dificultades, debemos sostenerlo
  • Se puede prestar dinero, pero sin interés
  • El objetivo no es crear dependencia, sino devolverle estabilidad

La idea es clara:
👉 No se trata solo de dar — se trata de levantar al otro.
👉 La mejor ayuda es la que devuelve independencia (dar trabajo, enseñar, apoyar).


🌧️ SI CAMINAMOS CON HASHEM…

En Perashat Bejuqotay , la Torá describe un escenario de bendición:

  • Lluvias a su tiempo 🌧️
  • Abundancia en la tierra 🌾
  • Paz y seguridad 🕊️
  • Protección frente a enemigos 🛡️

Incluso se describe una realidad extraordinaria: pocos vencen a muchos.
No es fuerza militar — es presencia divina.

👉 Cuando vivimos con valores, la realidad misma se alinea a nuestro favor.


⚠️ SI NOS ALEJAMOS…

La Torá también presenta el otro lado:

  • Falta de lluvia → hambre
  • Debilidad → enfermedad
  • Inseguridad → ataques enemigos
  • Finalmente → exilio

No es solo castigo. Es una consecuencia natural:
👉 Cuando perdemos nuestra dirección espiritual, también perdemos estabilidad.


💛 LA TESHUBA

A pesar de todo, la Torá cierra con un mensaje de esperanza:

👉 HaShem nunca rompe el pacto
👉 Recuerda el mérito de los Avot
👉 Siempre hay posibilidad de regresar

La historia del pueblo de Israel no termina con la caída — siempre existe el retorno.


🎁 DAR TAMBIÉN ES PARTE

La Perashá concluye con leyes sobre donaciones, consagraciones y diezmos.

👉 Nos recuerdan que lo que tenemos no es completamente nuestro
👉 Dar no es perder — es parte de nuestra relación con HaShem





QUEDOSHIM: ¿Honrar o respetar a los padres?

Cuando la Torá se refiere a nuestro relacionamiento con los padres, no nos indica un solo mandamiento — ¡nos da dos! Dos preceptos distintos en su contenido, en su orientación y en la etapa de la vida a la que se aplican. Confundirlos, o reducirlos a uno solo, empobrece nuestra comprensión de ambos. Vale la pena detenerse y examinarlos con cuidado.

Las diferencias fundamentales

El primero es el quinto de los Diez Mandamientos y dice: Kabed et avija ve’et imeja — “Honra a tu padre y a tu madre.” La palabra clave aquí es kabed, relacionada con kavod. Que no significa estrictamente “respetar”, sino honrar mediante acciones concretas: ocuparse de los padres, atender sus necesidades, y asistirlos cuando no se pueden valer por sí mismos.

El segundo mandamiento aparece en nuestra parasha, Kedoshim, y dice: Ish imo ve’aviv tira’u — “Uno debe respetar a su madre y a su padre.” La palabra clave aquí es tira’u, del verbo lira — “temer”. Pero no se trata de miedo, sino de “temor reverencial”: reconocer y respetar la autoridad de los padres en nuestras decisiones y comportamiento.

¿Cuáles son las diferencias entre ambos preceptos?

Primera diferencia: lo que se debe hacer vs. lo que no se debe hacer. El honor (kabed) se expresa en acciones positivas: ayudar, visitar, acompañar. El respeto (tira’u) se expresa principalmente en lo que no se hace: no desobedecer, no contradecir, no invadir el lugar de los padres.

Segunda diferencia: dos etapas distintas de la vida. El respeto se aplica principalmente cuando los hijos son niños o adolescentes y dependen de sus padres. El honor se aplica cuando los roles se invierten: cuando los padres envejecen y son ellos quienes dependen de sus hijos.

Tercera diferencia: ¿quién depende de quién? El mandamiento de tira’u pertenece al mundo de la educación y la crianza: parenting. Los padres deben mostrarse como autoridad, para que los hijos la internalicen como tal.

La Mitzvá del respeto: parenting

Esto se traduce en conductas concretas. Lo que los hijos no deben hacer respecto a sus padres:

  • No llamar a los padres por su nombre propio — la manera correcta es con títulos afectivos como “mamá” o “papá”
  • No desobedecerlos
  • No contradecirlos
  • No ocupar su lugar en situaciones que son símbolos de autoridad: en la cabecera de la mesa, en su silla, o en el asiento del padre en la sinagoga

Este mandamiento establece una sana distancia que inspira respeto a la autoridad paterna y materna: “Yo soy tu padre, tú eres mi hijo. Te quiero, pero no somos iguales.” Esa distinción no existe para alimentar el ego de los padres, sino para generar seguridad emocional en los hijos. Sin límites claros y sin una autoridad reconocida, no hay verdadera educación. Un niño que aprende a respetar la autoridad de sus padres se prepara, eventualmente, para reconocer la autoridad de HaShem. Quien no ha aprendido a respetar a sus padres difícilmente podrá respetar al Creador.

La Mitzvá del honor: gratitud

El mandamiento de kabed pertenece a otra dimensión emocional y a otro momento de la vida — cuando los padres necesitan ser cuidados, atendidos, asistidos. Aquí la Torá nos exige una gratitud activa. Nuestros padres nos cuidaron, alimentaron, educaron y protegieron cuando éramos completamente dependientes de ellos. Ahora es nuestro turno — y la Torá nos pide cerrar ese círculo con amor y dedicación, no por obligación fría, sino como reconocimiento genuino de lo que recibimos. Honrarlos significa, de manera muy concreta:

  • Acompañarlos
  • Ayudarlos en sus necesidades cotidianas: trámites, documentación, papeleo
  • Llevarlos a sus citas médicas
  • Darles de comer si es necesario.
  • Ayudarlos a vestirse, si es necesario. Y mucho más… .

Reflexión final

El respeto se aplica cuando los hijos dependen de los padres; el honor es asistencia física, práctica. Y obviamente llega cuando los padres dependen de los hijos. Juntos, estos dos mandamientos describen una relación padres – hijos que abarca toda la vida — desde la infancia hasta la vejez — y que está fundada en dos valores esenciales: inspirar autoridad y actuar con gratitud.

Estas dos Mitzvot son el corazón de la estructura familiar judía. En una familia judía, los hijos aprenden a respetar la autoridad, y los padres ancianos son honrados y cuidados con dedicación. Esa estructura ha sido, a lo largo de los siglos, uno de los secretos más profundos de nuestra continuidad y supervivencia como pueblo judío.




Quedoshim y Los Diez Mandamientos

 


 

En la Perashá Quedoshim (Vayikrá 19–20) encontramos un número notable de Mitsvot. Cuando las analizamos en profundidad, vemos que muchas de ellas reflejan, desarrollan o detallan los preceptos expresados en los Diez Mandamientos.

La diferencia está en el enfoque: los Diez Mandamientos representan el momento solemne de la revelación divina en el monte Sinaí. Quedoshim, en cambio, traduce esa santidad a la vida diaria. Compararemos ambos textos y mostraremos cómo las Mitsvot de Quedoshim explican, complementan o expanden los principios del Decálogo.


1. “Yo soy HaShem su Dios”
Vayikrá 19:2 – Kedoshim tihiyu ki kadosh ani HaShem Elohejem
La Perashá comienza reafirmando la base espiritual de toda la Torá: la identidad del pueblo de Israel como una nación consagrada a Dios. HaShem es el Legislador supremo, cuya autoridad no está basada en el poder o el miedo, sino en la santidad. Sus leyes no son caprichosas ni opresivas, como las del faraón, sino que están orientadas al bien y dignidad del ser humano.


2. “No tendrás otros dioses”
Vayikrá 19:4 – Lo tifnu el ha’elilim
No se debe acudir a ídolos ni a supuestos poderes sobrenaturales. No se puede creer ni invocar ningún tipo de “superpoder”, energía mágica o fuerza espiritual fuera de HaShem. Esta Mitsvá es una declaración contra la superstición, el ocultismo y cualquier forma de idolatría moderna o antigua.


3. “No tomarás el nombre de HaShem en vano”
Vayikrá 19:12 – Ve’lo tishabe’u bishmi la’sheker
Aquí se detalla el uso indebido del nombre divino, especialmente en contextos legales. No se puede jurar en falso, ni utilizar el nombre de HaShem para justificar una mentira. Esta Mitsvá es una continuación directa del principio de reverencia absoluta por el Creador.


4. “Santifica el Shabbat”
Vayikrá 19:30 – Et Shabtotai tishmoru
Quedoshim menciona el Shabbat brevemente, en el mismo contexto que el respeto a los padres. Aun así, el solo hecho de mencionarlo como una orden divina refuerza su centralidad en la vida judía. Observar el Shabbat es un acto de emuná y un reconocimiento semanal de la creación divina.


5. “Honra a tu padre y a tu madre”
Vayikrá 19:3 – Ish imo ve’aviv tira’u
Aquí no se menciona el “honor” sino el “temor reverencial”. Los Sabios explican que honrar se refiere a asistir y cuidar físicamente a los padres, especialmente en su vejez. Temor, en cambio, implica no contradecirlos, no llamarlos por su nombre, no sentarse en su lugar. Ambas actitudes son necesarias para una relación sana con nuestros progenitores.


6. “No asesinarás”
Vayikrá 19:16 – Lo ta’amod al dam re’eja
Quedoshim no repite literalmente la prohibición de asesinar, pero da un paso más allá: prohíbe la indiferencia ante el peligro de vida del prójimo. Si alguien está en riesgo y tú puedes hacer algo para salvarlo, estás obligado a intervenir. La vida humana es sagrada, y no actuar ante el peligro también es una forma de violencia.


7. “No cometerás adulterio”
Vayikrá 20:10 – Ve’ish asher yinaf et eshet ish
Quedoshim aborda de manera directa las relaciones prohibidas. El adulterio se menciona con claridad y se establecen sus consecuencias. La santidad también se expresa en el ámbito familiar y conyugal.


8. “No robarás”
Vayikrá 19:11 – Lo tignovu
La misma palabra aparece, pero en un contexto diferente. En Quedoshim se refiere al robo de bienes materiales —propiedad, dinero, pertenencias—, mientras que en otros contextos se refiere al secuestro. Además, aquí se amplía la prohibición a todo tipo de fraude: mentir en los negocios, engañar al cliente, retener el salario del trabajador. El mensaje es claro: una sociedad justa se construye sobre la integridad económica.


9. “No darás falso testimonio”
Vayikrá 19:16 – Lo telej rajil be’ameja
Aunque no se menciona directamente el juicio, esta Mitsvá prohíbe el chisme, la calumnia y la difamación. Hablar mal del otro, divulgar rumores o crear divisiones dentro del pueblo también es una forma de dañar la verdad y la justicia, como lo es el falso testimonio.


10. “No codiciarás”
Vayikrá 19:18 – Lo tikom velo titor
Quedoshim nos advierte contra el deseo de venganza y el rencor, emociones emparentadas con la codicia. La Torá no solo exige control sobre las acciones, sino también sobre los sentimientos destructivos. Y concluye con una orden revolucionaria:
Ve’ahavta lere’aja kamoja – Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Una invitación a vivir en empatía, generosidad y solidaridad.



Quedoshim  amplía,  desarrolla, y baja a la tierra a  los Diez Mandamientos. Nos enseña que la santidad no es solo un concepto espiritual o teórico, sino una práctica diaria que se refleja en nuestras relaciones humanas, en el respeto, la justicia, la compasión y la verdad.




TAZRIA-METSORA: ¿Qué hago cuando los demás hablan mal de alguien?

Estás sentado en la mesa de una fiesta o en una recepción cuando, de repente, las personas a tu alrededor comienzan a hablar mal de alguien. En el judaísmo, hablar negativamente de otras personas es una transgresión muy grave conocida como Lashón Hará — literalmente, “la lengua del mal.”

Tu primer impulso es correcto: no voy a decir ni una palabra. Pero el problema es que escuchar Lashón Hará es tan grave como hablarlo — porque al escuchar en silencio, estás dando tu aprobación tácita. Es más: algunos consideran que escuchar es incluso peor que hablar, ya que le estás brindando una audiencia al que habla, alentándolo a continuar.

¿Cómo salir de esta situación sin cometer una transgresión?


Tienes varias opciones, en orden de preferencia:

1. Intervenir respetuosamente

La primera opción — y la más valiente — es recordarles a quienes están hablando que el Lashón Hará es una prohibición seria de la Torá, y pedirles con respeto que cambien el tema. Esto debe hacerse con calma y sin arrogancia, de manera que no genere una confrontación innecesaria. No siempre es fácil, pero cuando se hace con tacto, puede ser muy efectivo — y transforma un momento incómodo en una oportunidad de enseñanza.

2. Levantarse y retirarse

Si estás seguro de que tus palabras no serán escuchadas — que la conversación continuará de todas formas — entonces la opción correcta es levantarte cortésmente y alejarte de la mesa. No hace falta dar explicaciones elaboradas. Una disculpa breve y natural es suficiente. Alejarte físicamente de la conversación es una forma clara y honesta de no participar en ella.

3. Permanecer, pero sin aprobar

Si levantarte resulta imposible por alguna razón — ya sea por el contexto social, por no querer ofender al anfitrión, o por cualquier otra circunstancia — entonces debes prepararte mentalmente para no ser cómplice de lo que se está diciendo. Para ello, es indispensable cumplir con dos condiciones:

Primera: haz un esfuerzo real por no prestar atención al contenido de la conversación. Y si algo llega a tus oídos, decide con firmeza en tu mente que no le darás crédito a ningún comentario negativo sobre ninguna persona. Lo que escuchas en ese momento no constituye evidencia de nada.

Segunda: cuida tu expresión facial. Tu rostro no debe transmitir ninguna señal de aprobación — ni una sonrisa, ni un gesto de asentimiento, ni una mirada cómplice. Si es posible, que tu expresión transmita claramente la incomodidad que sientes con la situación. A veces, un gesto de desaprobación silencioso dice más que mil palabras.


Una distinción importante

Todo lo anterior aplica cuando uno está sentado inocentemente en su lugar y la conversación de Lashón Hará surge a su alrededor de manera inesperada. Esa es una situación en la que uno se encuentra atrapado sin haberlo buscado.

Pero hay una situación muy diferente: la de quien pasa por un lugar, escucha casualmente que se está hablando mal de alguien — y en lugar de seguir caminando, se detiene a escuchar. En ese caso, aunque no diga una sola palabra y aunque no apruebe lo que se está diciendo, su detención deliberada ya constituye una transgresión voluntaria. Nadie lo obligó a quedarse. Tuvo la opción de alejarse — y eligió no hacerlo.


La próxima vez que te encuentres en una de estas situaciones, recuerda que tienes opciones. Y que la más sencilla de todas — levantarte y alejarte — suele ser también la más sabia. 🙏




KASHRUT vs. OZEMPIC

Terminamos Pésaj. Ocho días de matzá, jaroset, carne, papas, tortas de harina de matzá, matzá con chocolate, sopa de matzá — y más matzá. Terminamos Pésaj y empieza Shabbat, y honestamente, ya no tengo un traje en el que pueda entrar.

Después de Shabbat empezamos una dieta estricta.

Pero la pregunta más difícil no es cómo bajar de peso — es cómo controlar, no el hambre, sino las ganas de comer: queremos comer aunque no tengamos hambre.

La Torá, en la Parashá de esta semana, introduce la dieta judía — que no es un régimen de salud ni ayuda a adelgazar. Pero nos entrena, quizás sin que nos demos cuenta, a la Kedushá, la santidad, que significa “autocontrol”, en las áreas más instintivas: la alimentación y la vida sexual. Controlar nuestros impulsos nos diferencia de los animales, que por naturaleza no pueden decir “no”. Esa capacidad de decir “no” es lo que nos eleva. Nos hace literalmente “sobrenaturales”.

La Guemará en Pesajim (49b) lleva esta idea a un extremo sorprendente. Según Ribbí Yehudá HaNasí:

רַבִּי אוֹמֵר: עַם הָאָרֶץ אָסוּר לֶאֱכֹל בָּשָׂר

“Una persona sin educación mínima no debería consumir carne.” Porque quien no puede controlar sus impulsos no se encuentra en un nivel moral superior al de los animales — y por lo tanto, no tiene el derecho de alimentarse de ellos.

Cuando cuidamos el Kashrut desde chicos, nos acostumbramos a controlar nuestro apetito. Recuerdo que una vez, en una fiesta, un señor se acercó a felicitarme por mi hijo de cinco años: le había ofrecido unos dulces y mi hijo, antes de llevárselos a la boca, fue a preguntarle a su hermano mayor si podía comerlos. “Rabino —me dijo— ¿qué premio le prometió a su hijo por no comer caramelos? Yo tengo un hijo de 5 años y ¡es incontrolable! ¿Cuál es el secreto?” El secreto es que un niño criado en un hogar kasher desarrolla “naturalmente” el autocontrol en el área de la comida.

El Kashrut no suprime el apetito como Ozempic. Hace algo más difícil: entrena la voluntad — nos enseña a actuar con Kedushá, con autodisciplina. Nos enseña que podemos querer algo, y elegir no tomarlo. No porque no podamos o no lo deseemos — sino porque decidimos no hacerlo.




Sandwich de atún y mayonesa

El vuelo a Shanghai

Fabián, más allá de ser un experto mundial en informática telefónica, es un joven   judío que, a pesar de no usar Kippá, tiene un compromiso religioso total con Shabbat y Kashrut. Su empresa lo sabe y lo deja libre los sábados y las festividades, y la secretaria de la empresa siempre se preocupa de encargarle comidas Kosher en vuelos y hoteles. Pero por las dudas, Fabián lleva consigo sándwiches de atún envueltos en papel de aluminio, que antes le preparaba su mamá y ahora los prepara Leah.

Hace algunos años, en uno de esos innumerables viajes, abordó en Nueva York un avión rumbo a Shanghai. Fabián descubrió que la aerolínea había cometido un error: no le subieron la comida kosher para él. Resignado, sacó su paquetito con papel de aluminio, que desentonaba totalmente en business class. En ese preciso instante, una agradable chica que estaba sentada detrás, Leah, notó la situación y se dio cuenta de que ella no había sido la única que se había quedado sin Kosher. Sin dudarlo, le ofreció compartir sus frutas. Fabián le ofreció uno de sus sándwiches. Y luego de compartir ese largo viaje juntos, se prometieron volver a verse. Y así, lo que comenzó como una comida accidental en un vuelo se transformó en una propuesta de matrimonio y en la formación de una hermosa familia judía, “por culpa” de un simple sándwich de atún.

La conferencia en Suiza

En otro de sus viajes, Fabián asistió a un congreso en Suiza organizado por su empresa. El evento culminó en un lujoso restaurante, donde cientos de empleados de distintos países se deleitaban con manjares como caviar y buey Wagyu. A pesar de que la empresa usualmente es muy considerada, ese día olvidaron solicitar una vianda kosher para Fabián. Sin hacer alarde y con discreción, Fabián no probó nada. Y a la hora de los postres, Fabián sacó su fiel sándwich de atún que le había preparado Leah y lo disfrutó en un discreto rincón del amplio salón.

Lo que Fabián no esperaba es que el fundador y CEO de la empresa lo estuviera observando. Tras la cena, se acercó a Fabián no solo para disculparse por el error con su comida, sino también para ofrecerle un ascenso a un puesto ejecutivo de mayor prestigio. Fabián, sorprendido, pensó que el dueño estaba siendo excesivamente cortés con él por la omisión de la comida Kosher. Sin embargo, el magnate le aclaró: “No busco compensarte por una comida. Busco tener en mi equipo a alguien que, incluso en los detalles más pequeños, muestre convicción y personalidad. Tu lealtad y tu compromiso con tus principios son admirables, y eso es lo que nuestra empresa necesita en sus líderes. Creo que encontré a la persona indicada”.

Moraleja

No todas las historias de observancia de Kashrut terminan así: el 99% de casos, como los que mencionamos , cuidar Kasher es sacrificado y no siempre acompañado de una gratificación inmediata o recompensa. Pero lo que rescato de estas historias de vida reales es que el Kashrut va más allá de una dieta. Kashrut es identidad. Es lo que hace que personas judías se conecten y se conozcan en los lugares más remotos del mundo. Y además, la observancia de Kashrut es un ejemplo de convicción en un mundo donde lo que prima es la conveniencia. En la conferencia de Zúrich, Fabián no era el único judío presente. Pero era el único judío absolutamente leal a sus principios religiosos, en una actividad que a veces es la más mundana y otras veces la más importante en el plano social: el acto de comer.

 

Rab Yosef Bittón




PARASHAT TSAV: Sobre cenizas y Shalom Bayit

Cada año, cuando nos acercamos a Pésaj, las preguntas de Halajá comienzan a llegar en masa: ¿Puedo usar la parrilla para Pésaj? ¿Este medicamento necesita ser kasher lePésaj? ¿Tengo que tirar el vinagre? ¿Esta olla se puede kasherizar? Son preguntas legítimas e importantes — y me alegra recibirlas.

Pero he notado algo curioso: junto a estas preguntas, cada año, sin excepción, también aparece una cantidad inusual de consultas sobre Shalom Bayit, como si Pésaj y la tensión conyugal vinieran en el mismo paquete. ¿Por qué? No lo sé con certeza, pero tengo una teoría. Pésaj trae consigo decisiones que parecen simples, pero no lo son: ¿nos quedamos en casa o vamos a un programa? ¿lo podemos pagar? ¿dónde pasamos la primera noche — con tu familia o con la mía? ¿a quién invitamos? Son temas que parecen triviales, pero muchas veces escalan. Lo que empieza como una conversación sobre el Séder termina despertando tensiones que llevaban meses dormidas. Se dicen palabras que duelen, o aparecen silencios que pesan.

Por eso, no solo debemos desearnos Pésaj Kasher VeSameaj — también necesitamos un “Pésaj Shalom”, un Pésaj en paz.

La lección de las cenizas

La Parashá Tsav comienza con una escena concreta: el Cohén llega temprano al Bet haMiqdash, se viste con su ropa de servicio y, antes de hacer cualquier otra cosa, retira las cenizas del altar. No es un acto espectacular ni solemne; es simplemente limpiar lo que quedó del día anterior. Sin embargo, la Torá lo presenta como esencial: sin retirar las cenizas no se puede comenzar el servicio del día. Además, no eran cenizas frías. El Cohén encontraba una mezcla de ceniza, y pequeñas brasas vivas, aún encendidas, que debía apagar al limpiar el altar.

Las cenizas del hogar

En la vida conyugal, muchas veces hay situaciones que nos afectan y nos “queman”. Son pequeños incendios emocionales que nos hieren y nos van alejando uno del otro. Y esos incendios dejan cenizas: restos de resentimiento y dolor por lo ocurrido el día anterior. La discusión que no se resolvió, la palabra hiriente que se dijo y nadie reparó, el enojo que quedó guardado y no se perdonó. Esas cenizas, si no se apagan y no se limpian del corazón, se acumulan silenciosamente y pueden volver a encenderse, a veces con más fuerza que antes.

Para cortar este ciclo vicioso de escalamiento, hay que aprender a apagar las brasas que quedaron y limpiar esas cenizas emocionales. No importa lo que pasó ayer o anoche: cada mañana es una oportunidad para empezar de nuevo. No hacen falta gestos dramáticos; a veces alcanza con un simple “lo siento”, o “perdón por lo de ayer”, o incluso con decidir internamente soltar y seguir adelante con una actitud de cariño.

El Shalom Bayit, la paz en el hogar, no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad de no permitir que el conflicto de ayer se reactive hoy. Una pareja que aprende a limpiar las cenizas cada mañana puede atravesar cualquier tormenta.




PEQUDE: Ser y parecer honestos

ואת האלף ושבע המאות וחמישה ושבעים עשה ווים לעמודים

En la Parashá de esta semana, Vayaqhel-Pequdé, seguimos leyendo acerca de la construcción del Mishkán, el Tabernáculo o Santuario móvil que el pueblo de Israel erigió en el desierto.

La construcción del Mishkán fue precedida por una gran campaña de donaciones. El pueblo contribuyó de manera generosa y espontánea, aportando todo tipo de materiales valiosos: telas, pieles, maderas, piedras preciosas y metales como bronce, plata y oro.

Las donaciones fueron tan abundantes que no solo alcanzaron para construir el Mishkán: sobró material. La Torá misma lo dice explícitamente.

Moshé Rabbenu fue el encargado de administrar todos estos fondos y materiales. Sin embargo, a pesar de que Moshé era conocido como “el más humilde de todos los hombres” y el único ser humano que habló con Dios, algunas personas de aquella difícil generación del desierto comenzaron a cuestionar su integridad. Llegaron incluso a insinuar que Moshé podría haberse quedado con parte de los fondos públicos.

Cuando Moshé escuchó estos rumores, respondió —según relata el Midrash—: “Cuando termine la construcción del Mishkán, daré cuenta exacta de todo lo que se colectó y de todo lo que se gastó”.

Por eso nuestra Parashá comienza con las palabras: “Ele fequdé haMishkán…”, “Este es el reporte detallado de todo lo que se utilizó en el Mishkán”.

El informe presentado por Moshé es extremadamente minucioso. La Torá enumera con precisión cada cantidad de metal y cada objeto construido.

Un ejemplo muy claro aparece en el versículo que dice: “Con las 1775 piezas de plata hizo los ganchos de las columnas”.

Estos ganchos sostenían las cortinas del Mishkán. La Torá menciona incluso un detalle tan específico para mostrar la transparencia absoluta en el manejo de los recursos.

Ser íntegros ante Dios y ante las personas

Lo que ocurrió con Moshé fue doloroso. Era la primera vez en la historia del pueblo judío que se recaudaban y administraban fondos públicos.

Sin embargo, este episodio dejó una enseñanza muy importante para las generaciones futuras.

Los líderes no solo deben ser honestos. También deben evitar cualquier situación que pueda generar sospechas.

Nuestros Sabios expresaron esta idea con una frase muy conocida: והייתם נקיים מה’ ומישראל — “Sean íntegros ante Dios y también ante Israel”.

Es decir: no basta con ser honestos a los ojos de Dios. También hay que ser transparentes para que a las personas no se les ocurra sospechar de nuestra integridad.

La Guemará trae varios ejemplos de esta extraordinaria sensibilidad ética.

La familia Garmú

La familia Garmú estaba encargada de preparar el Lejem HaPanim en el Bet haMiqdash.

Este pan especial consistía en doce hogazas grandes que se colocaban sobre una mesa especial en el Templo. Debía prepararse con harina blanca, extremadamente fina, y tenía una fórmula muy particular para mantenerse fresco durante toda una semana.

La receta era un secreto transmitido dentro de una sola familia: los Garmú.

Sin embargo, esta familia tenía una costumbre sorprendente. En sus casas nunca comían pan hecho con harina fina. En lugar de eso, consumían pan preparado con harina gruesa —lo que hoy llamaríamos harina integral— que en esa época era considerada harina de pobres.

¿Por qué lo hacían? Para evitar que alguien sospechara que estaban usando la harina del Lejem HaPanim para su propio consumo.

La familia Abtinás

Otra familia muy importante en Jerusalem era la familia Abtinás. Ellos estaban encargados de preparar el Quetóret, el incienso que se ofrecía diariamente en el Bet haMiqdash.

El quetóret se elaboraba con once especias y resinas extremadamente valiosas. Aunque conocemos hoy los ingredientes y sus cantidades, había un elemento secreto: una misteriosa planta llamada ma’ale ‘ashán.

Unas pocas hojas de esta planta hacían que el humo del incienso subiera en línea recta hacia arriba, en lugar de dispersarse, como normalmente ocurre con el humo.

Solo la familia Abtinás sabía identificar esa planta y conocía el secreto de la mezcla exacta del quetóret.

Pero ellos también tomaron una precaución extraordinaria. Las mujeres de la familia nunca usaban perfumes.

¿Por qué? Porque los perfumes se preparaban con ingredientes similares a los del quetóret. Querían evitar que alguien pensara que utilizaban las especias del Templo para fabricar perfumes privados.

Incluso cuando una mujer se comprometía para casarse con un miembro de la familia Abtinás, debía prometer que nunca usaría perfumes, para evitar cualquier sospecha.

Una lección eterna

Estas historias nos enseñan un principio fundamental del liderazgo judío: la honestidad no es suficiente.

Quien maneja bienes públicos debe actuar de una manera tan transparente que ni siquiera exista lugar para la sospecha.

Esa fue la lección que comenzó con Moshé Rabbenu en el desierto —y que sigue siendo un ideal para todos los líderes del pueblo de Israel hasta el día de hoy.




VAYAQHEL-PEQUDE: Netanyahu y los tiempos mesiánicos

ISRAEL VS. IRAN

Jueves a la noche. Acabo de escuchar una conferencia del Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Fue un discurso muy interesante, muy enérgico, y con algunos conceptos que me llenaron de emoción y me inspiraron.

Netanyahu volvió a insistir en un tema que lleva mencionando desde 1998: que el régimen iraní tiene como objetivo declarado la destrucción del Estado de Israel. Y ese proyecto diabólico se desarrolló durante años a través de tres líneas principales de acción.

  1. Armar, financiar y entrenar grupos terroristas, Hezbollah y Hamás, alrededor de Israel, para rodear al país con enemigos.
  2. El desarrollo y la producción de misiles balísticos de largo alcance, capaces de destruir ciudades israelíes, bases militares e incluso infraestructura civil crítica: agua, electricidad, transporte y centros industriales.
  3. El programa nuclear iraní, cuyo objetivo final sería dotar a ese régimen de armas nucleares y usarlas contra israelíes.

Después de explicar el contexto y la razón de la guerra actual, y afirmar que Israel está ganando de manera contundente, Netanyahu afirmó una y otra vez que —luego del 7 de octubre— Israel se ha convertido en una superpotencia regional. En hebreo, “Ma’atzamá”.

Esa fortaleza —económica, tecnológica y especialmente militar— es la que hoy permite que algunos países que hace apenas unas semanas atrás amenazaban a Israel ahora estén considerando firmar acuerdos de paz con el Estado judío.

Luego Netanyahu pasó a responder algunas preguntas de los periodistas. Fue entonces cuando escuché algunas palabras e ideas inusuales que me llamaron la atención.

YEMOT HAMASHIAJ

Netanyahu mencionó “Yemot HaMashiaj”, es decir, los tiempos mesiánicos. Aclaro que Netanyahu no dijo que estemos en los tiempos mesiánicos, ni mucho menos. Igual, para mí es una mención de carácter histórico, porque hasta donde yo sé y recuerdo, nunca un primer ministro o presidente de Israel mencionó “tiempos mesiánicos” en un contexto real.

Luego, uno de los periodistas criticaba a Netanyahu (como lo hacen el 90%), preguntando algo así: ¿qué pasa si no ganamos la guerra y el gobierno de Irán no cae? ¿Vamos a tener que ir a la guerra otra vez?

Netanyahu primero explicó que los proxies de Irán están diezmados y que el propio Irán está colapsando. Pero también implicó que el destino de Israel, al vivir en Medio Oriente, es estar siempre rodeado de enemigos. Pueden ser extremistas sunitas o extremistas chiitas; no van a desaparecer, aunque sí pueden transformarse.

Pero si Israel se fortalece, no les quedará más remedio que vivir en paz con Israel.

En ese contexto también mencionó dos conceptos muy importantes desde el punto de vista judío: la fuerza y la fe. A veces decía emuná y otras veces ruaj (espíritu). Lo repitió una y otra vez: la fuerza física y la fuerza espiritual son esenciales.

Luego me emocioné mucho porque, por primera vez, Netanyahu se refirió a Dios con las palabras הקדוש ברוך הוא, una forma muy respetuosa que normalmente utiliza una persona religiosa para referirse a Dios, y especialmente en un contexto de “atribución”.

Esta invocación a Dios —como Quien nos permitió tener el Estado de Israel y Quien nos da las oportunidades en el presente— también es única. Hasta donde yo recuerdo, ningún primer ministro o presidente de Israel utilizó estas palabras en el pasado.

Breve transcripción:

זוהי ההזדמנות שלנו. זו ההזדמנות שהקדוש ברוך הוא נתן לנו לשוב לארצנו, לחדש את עצמנו, לבנות מחדש את צבאנו ולהדוף את האויבים שלנו. ואם אנחנו צריכים להדוף אותם פעם אחר פעם, להדוף אותם פעם אחר פעם. הרבה פעמים האויבים הללו מתחזקים ובאים ועושים איתנו שלום. יש לנו עכשיו יחסי שלום שאי אפשר להאמין שיהיו לנו עם אויבים לשעבר.

“Esta es nuestra oportunidad. Esta es la oportunidad que el Santo, bendito sea, nos ha dado para regresar a nuestra tierra, renovarnos, reconstruir nuestro ejército y rechazar a nuestros enemigos. Y si tenemos que rechazarlos una y otra vez, los rechazaremos una y otra vez. Muchas veces estos enemigos se fortalecen, pero luego vienen y hacen la paz con nosotros. Ahora tenemos relaciones de paz que era imposible imaginar que tendríamos con antiguos enemigos.”

PROFECÍA REINTERPRETADA

Las palabras de Netanyahu me emocionaron y me inspiraron a pensar en un detalle que puede pasar desapercibido en las famosas profecías mesiánicas del profeta Yeshayahu (Isaías), en el versículo:

“El lobo vivirá con el cordero.” (Yeshayahu 11:6)

Maimónides explica que esta profecía —la única de la que conocemos su interpretación— es una metáfora política, no zoológica. Israel es el cordero y las naciones que lo rodean son los lobos que se lo quieren comer.

El discurso de Netanyahu, y su realismo acerca de que nuestros enemigos no desaparecerán, me hizo pensar que este versículo, para describir una paz utópica (“woke”), tendría que haber dicho: “y el cordero vivirá SIN el lobo”.

En el mundo apocalíptico ideal del cordero, los lobos tendrían que haber desaparecido. (¿Se acuerdan del ratoncito Fievel en el dibujo animado de Spielberg “Un cuento americano”, cuando se escapa de Europa y canta: “porque no hay gatos en América, las calles son de queso”?). Pero el texto dice claramente que el cordero vivirá CON los lobos, que —como explica Maimónides— no perderán el impulso carnívoro que los impulsa a atacar al cordero.

¿Y por qué ya no atacarán al cordero?

Porque, como dijo Netanyahu, el frágil cordero se ha convertido en el animal más fuerte de la jungla. Es un cordero mucho más inteligente que los lobos, y después del 7 de octubre está armado hasta los dientes y ya no le teme a los lobos. Ahora los lobos le temen a él.

Este nuevo cordero, que tiene emuná en Dios y un espíritu inquebrantable, ha progresado económica, tecnológica y militarmente. Y ahora inspira respeto en sus aliados y miedo en sus enemigos.

Nadie se atreve a meterse con él.

Porque ahora Israel es: “SUPER-CORDERO”.

Esta es mi nueva visualización mesiánica, basada en Yeshayahu, Maimónides y Netanyahu.




VAYAQHEL: ¿Puedes dejar de pensar en el dinero?

Es imposible —e incluso poco realista— no pensar en el dinero cuando a una persona le faltan las cosas esenciales: comida, abrigo, un techo que la proteja de la lluvia o acceso a medicinas.

Pero ¿qué ocurre cuando una persona, gracias a Dios,  tiene lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas y aun así no puede dejar de pensar en el dinero?

La mayoría de quienes leen estas líneas en su computadora o en su teléfono viven en una sociedad  privilegiada. Así lo explica muy bien “Superabundance”, un libro que considero casi de lectura obligatoria para entender que vivimos en una realidad extraordinariamente generosa.

En tiempos de superabundancia, nuestra relación con las cosas materiales puede volverse complicada. Si padecemos el “síndrome del rey Ajashverosh”, nos resultará imposible sentirnos satisfechos, incluso cuando no nos falte nada. Consciente o inconscientemente, tener más, consumir más y mejor —y mostrarle al mundo que tenemos más que nuestro vecino— termina convirtiéndose en una necesidad social.

Nos hemos acostumbrado tanto a esta mentalidad de acumulación que ya forma parte de nuestro estilo de vida. Y aun cuando queremos desconectarnos mentalmente del trabajo y del dinero, muchas veces descubrimos que no podemos hacerlo.

Nuestra Parashá Vayaqhel aborda este tema de manera sutil, pero muy clara.

El versículo que introduce el Shabbat se parece al de los Diez Mandamientos:
“Durante seis días trabajarás…” (ta’ase melajá).

Pero en nuestra Parashá aparece una diferencia pequeña y hermosa: al cambiar solo una vocal, el texto pasa a voz pasiva:
“Durante seis días se hará  [tu] trabajo” (te’ase melajá).

Es como si la Torá nos dijera: el trabajo ya está hecho, terminado, completado; relájate, deja de pensar en negocios o dinero, no te queda nada más por hacer. Cuando entramos en el modo de Shabbat, debemos asumir y sentir que nuestro trabajo ya está resuelto —y dejar de pensar en él.

Abstenerse de la preocupación económica es una de las formas más elevadas de espiritualidad: la capacidad de concentrarnos en aquello que trasciende este mundo y que sobrevive a la vida material.

Como escribe Jorge Luis Borges en Siete Noches, después de nuestros 120 años en este mundo, una de las experiencias más dolorosas en el mundo por venir será “anhelar elementos materiales”.      Por eso necesitamos entrenarnos para desconectarnos mentalmente del trabajo y del dinero y no necesitar más de lo que tenemos frente a nuestros ojos. Por este motivo es conocido  como Me’en Olam HaBa —un anticipo –una simulacion  — del Mundo Venidero.




VAYAQHEL-PEQUDE: Shabbat y mi teléfono celular

La adicción a los dispositivos electrónicos es una preocupación creciente en nuestra sociedad. Porque nunca nos separamos de ellos. Cuando terminamos nuestro trabajo y volvemos a casa para relajarnos, seguimos conectados a nuestras computadores, cables, y Wi-Fi. Los teléfonos celulares son particularmente problemáticos, especialmente para los niños y adolescentes. Los maestros no saben qué hacer para controlar su uso. Muchos padres ya se han rendido, y un día se dan cuanta que sus pequeños hijos prefieran tener un iPhone en sus manos que darle la mano a su padres. El síndrome de “ansiedad por separación” que en el pasado reciente se refería al miedo de separarse de los padres, se ha convertido hoy en el pánico que sienten los adolescentes cuando no tienen sus teléfonos celulares a su alcance.

Poder desconectarse de esta adicción es hoy más importante que nunca. Pero parece que nadie sabe cómo hacerlo, excepto por el pueblo judío.En la primera parte de esta Parashá,  la Torá nos habla sobre el “descanso sabático”. El Shabbat es un regalo Divino cuya relevancia no es moderna:  es eterna. Milagrosamente, no tengo otra manera de explicarlo, el significado del Shabbat siempre se fue transformando, se fue adaptando,  a lo que más necesitamos en esos momentos. En los tiempos de esclavitud, cuando salimos de Egipto, el Shabbat nos ayudaba a sentirnos libres y experimentar el descanso que por generaciones no tuvimos.   En tiempos difíciles, en el exilio, el reposo sabático fue un refugio emocional, un espacio familiar, una identidad comunitaria, una isla de paz. En tiempos de pobreza, la mesa de Shabbat con sus “dos” panes obligatorios nos ayudó a recuperar el sentido de la dignidad.  

En los tiempos modernos, el Shabbat una vez más revela su mágica relevancia. Al punto que a mí me hace pensar que el Shabbat NUNCA fue más necesario que en 2023. Durante un poco más de 24 horas, desde el viernes por la tarde hasta el sábado por la noche, se suspende todo contacto con el mundo electrónico. En Shabbat, re-aprendemos a disfrutar de los verdaderos placeres del mundo real. Nos sentamos a conversar, ¡no a chatear! con nuestras queridas familias. No escuchamos música digital: cantamos junto a nuestros hijos. Hablamos de Torá sin la intervención de Alexa o Siri: nuestros hijos no escuchan un podcast, sino palabras que salen desde pulmones humanos y cuerdas vocales.

Las imágenes de nuestra familia alrededor de la mesa de Shabbat, no van a ser compartidas en chat de la familia ni van a terminar en una nube virtual: serán almacenadas en el corazón de nuestros hijos y crearán las memorias que se convertirán en identidad. Y en sentimientos que unirán padres e hijos por generaciones. El Shabbat nos invita a practicar la desconexión con el mundo virtual para construir una familia real.

Nunca fue tan necesario.