MISHPATIM: Abusados que no abusan

וְגֵר לֹא תִלְחָץ וְאַתֶּם יְדַעְתֶּם אֶת נֶפֶשׁ הַגֵּר כִּי Exodo 23:9 גֵרִים הֱיִיתֶם בְּאֶרֶץ מִצְרָיִם.
Por lo general, se dice que cuando alguien abusa de otra persona es porque alguna vez fue abusado. El trauma que le causó su experiencia y su sufrimiento se proyecta ahora sobre la nueva víctima. El psicólogo uruguayo Robert Parrado explicó en una entrevista que en un estudio sobre abusadores se encontró que “…el 100% de los abusadores que tratamos fueron víctimas de abuso cuando niños”. ver aqui.. El abuso se vuelve repetitivo, ad nauseam. Porque la nueva víctima inevitablemente se convertirá en abusador. Los niños maltratados serán abusadores adultos. Las víctimas de la violencia se convertirán en depredadores violentos. Y perseguidos, en perseguidores. El ciclo de “abusados” y “abusadores” se crea y se recrea a través de las generaciones. ¿Cómo puede la sociedad superar esta repetición compulsiva? ¿Cómo se puede reparar este ciclo de abuso?

DERECHOS DEL ESCLAVO?
La Parashá de esta semana, Mishpatim, contiene una gran cantidad de leyes en lo que constituye el primer código de la ley judía después de los Diez Mandamientos. Vale la pena analizar la primera de estas leyes, la del esclavo hebreo (עבד עברי). Cuando un hombre es vendido como sirviente —generalmente de manera voluntaria debido a una pobreza extrema, o porque robo y no tienen los medios para pagar su deuda. La Torá menciona algunos de los detalles de la relación entre el amo y el sirviente. Pero sorprendentemente, especialmente para esa época y contexto, la Tora NO se refiere en absoluto a las obligaciones de los esclavos hacia sus amos, sino a otra cosa, completamente inesperada y prácticamente inexistente en esto tiempos: los derechos del esclavo. Por ejemplo: la cantidad máxima de años que puede trabajar un esclavo; sus derechos conyugales, que permanecen vigentes durante la esclavitud; su derecho a ser tratado humanamente y con dignidad, e incluso su derecho a una indemnización después de que termine la esclavitud. Recuerden que estas leyes se están presentando a personas que hasta hace unas semanas atrás habían sido “esclavos” del tirano Faraón. Y en Egipto fueron tratados con violencia y humillación, y se les privó de todos los derechos básicos. Ahora, en unos años, al ingresar a la Tierra Prometida, muchas de estas personas podrán tener sus propios esclavos. Serán “amos”, porque la esclavitud, especialmente la servidumbre voluntaria, (indentured servant), era muy común en esos días.

ROMPIENDO EL CIRCULO VICIOSO
Tratemos de imaginar ahora el impacto psicológico de esta “declaración de derechos humanos” en la mente de los hebreos. Al mencionar la esclavitud, hay un reconocimiento del trauma que los judíos soportaron durante más de dos siglos. Pero la Ley Divina ahora requiere superar la peligrosa tendencia a la auto-victimización y el resentimiento. Y propone un cambio de paradigma, difícil, pero no imposible. Es como si Dios le dijera a su pueblo elegido: “Lo que has vivido en el pasado, lo que has sufrido, no puede condicionar tu comportamiento con tus propios trabajadores. Los egipcios abusaron de ti, pero ese trato fue incorrecto. Lo condeno, pero también lo prohíbo. El abuso no se puede repetir. Lo peor que podría pasarte es que debido a que fuiste abusado, ahora te conviertas en un abusador. Por lo tanto, te estoy enseñando que cuando los roles se inviertan y te conviertas en un “patrón”, no debes repetir el comportamiento de tus opresores “. La Tora convierte la experiencia negativa, el abuso del individuo débil, en algo totalmente positivo y constructivo para la nueva sociedad judía: empatía con los más vulnerables.

LA VERDADERA BONDAD CON LOS EXTRANJEROS
En esta misma Parashá, la Tora también transmite esta idea poderosa y revolucionaria en un contexto similar. El trato del “GUER”, es decir, el inmigrante que suele llegar sin familia a trabajar en otro país. Excepto en la nación judía, en la antigüedad estos trabajadores extranjeros no estaban protegidos por la ley local. Eran el epítome de la vulnerabilidad y, en general, sus amos abusaban de ellos. La Torá nuevamente nos sorprende: (Éxodo 23: 9): “No oprimas al extranjero, porque bien sabes lo que significa ser un extranjero, ya que fuisteis extranjeros en Egipto” El trauma del abusado – y su “inevitable” compulsión de abusar de otros – debe canalizarse de una manera diferente. La Torá nos enseña a “liberarnos” del círculo de abusados / abusadores, indicando que no estamos condenados al abuso. Y la mejor (o única) forma de romper el círculo del abuso consiste en comportarnos con más compasión con aquellos que están bajo nuestro poder. Siguiendo las instrucciones de la Torá, los ex esclavos judíos lograrán lo que aún hoy parece imposible: superar la necesidad psicológica de abusar de otros, para compensar el trauma de haber sido abusados en Egipto. Esta es también una forma de expresar “libertad”, en este caso, la libertad psicológica que redime a una persona maltratada y rompe el círculo atroz del abusado / abusador.




Yitro, los drusos y Medinat Israel

El primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu, pronunció hace un par de días un discurso significativo durante la graduación de nuevos oficiales del ejército israelí. Además de reafirmar los objetivos militares de Israel —entre ellos impedir que Hamás continúe operando como entidad militar o política en Gaza—, Netanyahu destacó otro compromiso menos conocido y particularmente dramático: Israel protegerá a las comunidades drusas del sur de Siria y garantizará que no sufran amenazas ni ataques por parte del régimen sirio u otros actores de la región.

Este gesto refleja la relación especial entre Israel y el pueblo druso, una alianza que se mantiene desde la fundación del Estado de Israel. En un Medio Oriente donde las lealtades suelen ser temporales o meramente estratégicas, los drusos han demostrado ser aliados incondicionales. Aproximadamente 150.000 drusos viven en Israel, principalmente en la Galilea y en los Altos del Golán. A diferencia de otras minorías, realizan el servicio militar de manera obligatoria y ocupan posiciones clave en las Fuerzas de Defensa de Israel, gracias a su conocimiento del idioma árabe y su comprensión de la cultura y la mentalidad de los países vecinos. Los soldados drusos luchan codo a codo junto a los judíos y han demostrado estar dispuestos a dar la vida por el país. Esta alianza se basa en valores compartidos y en una historia común que se remonta a miles de años.

¿Cuál es el secreto de esta relación tan especial entre los drusos y los judíos?

Los drusos, aunque hablan árabe, no se consideran musulmanes y su religión es distinta del islam. Su fe, conocida como al-Muwahhidun (“Los Monoteístas”), es de carácter esotérico, y sus enseñanzas están reservadas únicamente para los miembros religiosos de la comunidad. No aceptan conversiones —lo que hace que los matrimonios mixtos sean casi inexistentes— y mantienen sus creencias con gran devoción.

El secreto de la relación entre drusos y judíos es Yitró, el suegro de Moshé. Los drusos lo consideran su profeta y afirman ser descendientes directos de él. La tumba de Yitró, conocida como Nabi Shu’ayb, se encuentra en la Galilea, cerca de Tiberíades, y es el sitio religioso más importante para los drusos. Cada año, miles de miembros de esta comunidad visitan este santuario en una muestra de respeto y devoción. Desde la creación del Estado de Israel, la comunidad drusa ha sido reconocida como custodia oficial de este lugar sagrado.

La Torá relata que Yitró, líder espiritual del pueblo de Midián, se unió al pueblo de Israel durante su travesía por el desierto. No solo reconoció el poder de Dios y bendijo al Creador por la liberación de los israelitas de Egipto, sino que también brindó consejos cruciales para organizar la justicia y el liderazgo del pueblo. Dos o tres siglos después, una mujer descendiente de Yitró, Yael, desempeñó un papel clave en la historia de Israel al matar al general cananeo Siserá, consolidando así una victoria militar decisiva para el pueblo judío. Este episodio refleja cómo el compromiso de los descendientes de Yitró con la causa de Israel ha perdurado a lo largo del tiempo.

¿Una nueva alianza con los drusos del sur de Siria?

Actualmente, esta alianza parece estar a punto de dar un nuevo paso adelante. El compromiso de Netanyahu de proteger a las comunidades drusas en Siria es, en esencia, una extensión moderna de ese pacto milenario.

La mayor población drusa del mundo se encuentra en el sur de Siria. Cerca de un millón de drusos habitan en ciudades como Quneitra, Dar‘a o Suwaida, ubicadas cerca de la frontera con Israel, en los Altos del Golán. Las perspectivas a futuro son diversas, y considero que todas son prometedoras. Una de las posibilidades es que los drusos —quizás junto con los kurdos— logren establecer su propio Estado o, al menos, una zona autónoma con su propia fuerza militar, que ya está activa, y que cuente con el apoyo de Israel.

Si este escenario llegara a concretarse, sería altamente beneficioso para los drusos, que por fin tendrían su propio Estado con el beneplácito de Israel. Y también sería extraordinario para Israel, ya que se crearía una “zona de seguridad” que protegería al Estado judío de ataques potenciales desde esas regiones. Israelíes y drusos comparten intereses comunes en la lucha contra los grupos extremistas sunitas de Siria e Irak.

Y hay más en el horizonte. El periodista de Abu Ali Express informó recientemente sobre un nuevo proyecto piloto de cooperación. Como es sabido, los palestinos de Judea y Samaria suelen ocupar trabajos de baja remuneración en Israel, lo cual, aunque es necesario para la economía israelí, también plantea desafíos de seguridad, como el reciente y frustrado atentado con bombas en autobuses que, B”H, no prosperó. El nuevo plan consiste en que, de manera progresiva, los drusos del sur de Siria reciban permisos de trabajo en Israel y reemplacen a trabajadores palestinos en sectores como la construcción y otros rubros similares. Estos trabajadores recibirían un salario de aproximadamente 100 dólares diarios, una cifra exorbitante si se considera que los sueldos en esa zona suelen ser inferiores a 100 dólares mensuales.

Un tuit publicado ayer señala que este plan piloto ya es un hecho consumado.

Ver aquí:
https://x.com/MiraMedusa/status/1894485167764295956

Tres mil quinientos años después de aquel primer encuentro en el desierto del Sinaí, los descendientes de Yitró y de Moshé Rabenu vuelven a aliarse, esta vez con el objetivo de construir un Medio Oriente más estable y próspero.




YITRO: Moshé Rabenu y por qué hay que escuchar a los suegros

LOS SUEGROS LLEGAN DE VISITA

Yitró, el suegro de Moshé, llega al campamento israelita junto con su hija Tziporá —la esposa de Moshé— y sus dos nietos, Guershom y Eliezer. El reencuentro fue muy emotivo.
Moshé le contó a Yitró con lujo de detalles todo lo ocurrido en Egipto: la historia de las diez plagas, las interminables negociaciones con el Faraón, la apertura del mar y cómo Dios los salvó de la esclavitud.

Al día siguiente, dice la Torá, Moshé volvió a sus deberes como el líder indiscutido y más respetado del pueblo. Actuaba como mediador y árbitro, juzgando los conflictos entre la gente y evitando disputas innecesarias. Se ocupaba de esta tarea personalmente, desde la mañana hasta la noche.

Al ver esto, y lejos de elogiarlo, su suegro lo criticó:
“¡Lo que estás haciendo está mal! Este trabajo es demasiado pesado para ti. No podrás hacerlo solo”.

Yitró no se limitó a criticar a Moshé. También le dio un consejo muy concreto:
“Tienes que delegar tu poder y nombrar jueces: uno por cada diez personas, otro por cada cincuenta, otro por cada cien y otro por cada mil. Tú te ocuparás solo de los asuntos que nadie más pueda resolver”.


MOSHÉ VS. BIL‘AM

Antes de analizar la reacción de Moshé ante las críticas de Yitró, recordemos algunos hechos importantes:

  1. Moshé tenía más de 80 años. A esa edad, una persona como él tenía suficiente experiencia como para dar consejos, no para recibir críticas.

  2. Moshé era el líder de tres millones de personas. Yitró, por otro lado, no era un líder político. Había sido sacerdote en Midián, un pueblo mucho más pequeño.

  3. Moshé era el hombre del momento. El ser humano más famoso del mundo. Todas las naciones habían oído hablar de él. Probablemente era incluso más admirado entre los no judíos que entre los judíos. ¿Por qué? Porque los judíos sabían que los milagros los había hecho Dios, mientras que los gentiles podían pensar que todo se debía a los “superpoderes” de Moshé.

  4. La razón principal por la cual Moshé no necesitaba escuchar ningún consejo era que él hablaba directamente con Dios. Tenía un contacto directo con Él que ningún otro profeta en la historia había tenido.

Moshé tenía todas las razones del mundo para rechazar el consejo de Yitró y decir:
“Querido suegro, aprecio tu preocupación, pero por favor no te metas en lo que no te concierne”.

Incluso podría haber reaccionado con la arrogancia típica de Bil‘am:
“¡Dios me habla directamente! Soy Su elegido, Su portavoz. Gracias por tu preocupación, pero no necesito ningún consejo humano”.


PIRQUÉ ABOT Y LOS REFRANES CHINOS

Sin embargo, en una increíble demostración de nobleza, Moshé escuchó el consejo de su suegro, dejó de hacer lo que estaba haciendo y llevó a cabo su recomendación.

Esto explica por qué la Torá llama a Moshé
“el hombre más humilde sobre la faz de la tierra”.
Porque, a pesar de ser tan sabio, famoso y cercano a Dios, tenía la humildad de escuchar a los demás y poner en práctica sus consejos.

Cuando una persona se acerca verdaderamente a Dios, comprende mejor su propia finitud, sus límites y su pequeñez. Y entonces puede escuchar a los demás.  Como dicen los chinos: “El bambú, cuanto más alto crece, más se dobla”

Moshé representa al verdadero jajam del que hablan nuestros sabios:
“¿Quién es sabio? Aquel que aprende de todos” (Pirqué Abot).

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LA HUMILDAD EN 2026

La humildad es una cualidad rara y valiosa en el mundo moderno, donde muchas personas buscan afirmar su prestigio y conocimiento precisamente rechazando las ideas y opiniones de los demás.

Paradójicamente, ignoramos buenos consejos porque sentimos que aceptarlos equivale a admitir inferioridad. Según la psicóloga Francesca Gino, de Harvard, muchas personas rechazan recomendaciones útiles porque “quieren sentirse en control y demostrar competencia”.

Ella escribe:

We are swimming in a sea of good advice. Yet we often refuse to take it, and end up drowning. Why?
Despite evidence from hundreds of studies over the past two decades showing that our decisions greatly benefit from another pair of eyes, we routinely sabotage ourselves by refusing to take advice.

La pregunta es: ¿por qué?

Según Gino,
“Estamos permanentemente tratando de causar una buena impresión y demostrar que somos personas competentes y conocedoras. Tomar consejo se siente como admitir que no merecemos nuestro alto estatus”.

Cuanto más sufre una persona de baja autoestima, más arrogantemente suele reaccionar frente a los consejos y más tiende a rechazar la ayuda de los demás. El ego “inseguro” quiere desesperadamente ocultar cualquier señal de dependencia, incluso al precio de sabotear su propio interés.




YITRO: ¿La primera conversión al judaísmo?

וַיְשַׁלַּח מֹשֶׁה אֶת חֹתְנוֹ וַיֵּלֶךְ לוֹ אֶל אַרְצוֹ
Éxodo 18:27

LA VISITA DE LOS SUEGROS

Moshé recibe la visita de su suegro, Yitró, quien llega acompañado de Tziporá, la esposa de Moshé, y de sus dos hijos: Gershom y Eliezer.

Yitró no llegó al campamento de Israel solamente para devolver a su hija y a sus nietos a su esposo y padre. Llegó lleno de entusiasmo. Había escuchado —se había enterado— de todo lo que HaShem había hecho por el pueblo de Israel: cómo los rescató de Egipto y cómo derrotó al Faraón, el hombre más poderoso del mundo en aquel entonces.

Yitró se alegra por el pueblo judío y bendice a HaShem, proclamando que ahora reconoce que el Dios de Israel “es superior a todos los dioses”. Yitró conocía otros dioses, ya que —como la Torá misma lo indica— había sido sacerdote pagano en el pueblo de Midián.
Según la opinión de los Sabios, el vínculo de Yitró con el Dios de Israel no se limita a sus declaraciones: Yitró se convierte al judaísmo.

YITRÓ SE ESTABLECE EN YERIJÓ

Los Sabios afirman que cuando la Torá dice que Yitró deja al pueblo judío y vuelve a “su tierra”, en realidad se establece en la ciudad de Yerijó, conocida también como la ciudad de las palmeras (עיר התמרים).

Así, en el libro de Shofetim, capítulo 1, versículo 16, encontramos una referencia directa a los descendientes de Yitró:

וּבְנֵ֣י קֵינִי֩ חֹתֵ֨ן מֹשֶׁ֜ה עָל֨וּ מֵעִ֤יר הַתְּמָרִים֙ אֶת־בְּנֵ֣י יְהוּדָ֔ה מִדְבַּ֣ר יְהוּדָ֔ה אֲשֶׁ֖ר בְּנֶ֣גֶב עֲרָ֑ד וַיֵּ֖לֶךְ וַיֵּ֥שֶׁב אֶת־הָעָֽם׃

“Y los descendientes del Kenita, suegro de Moshé, subieron desde la ciudad de las palmeras [Yerijó] junto a los hijos de Yehudá… y se establecieron entre ellos”.

¿FUE YITRÓ EL PRIMER CONVERSO?

Que Yitró haya sido el primer converso del pueblo judío es la opinión de prácticamente todos los Sabios, con una notable excepción: Ribbí Yehoshua.

Esta opinión es difícil de rastrear en una fuente directa, pero es citada por Rabí Jayim ben Attar en su comentario Or HaJayim. Allí, comentando Bamidbar 10:30, menciona que, según Ribbí Yehoshua, Yitró no se convirtió: tras visitar el campamento de Israel, regresó a su tierra y continuó viviendo una vida no judía.

Es posible que, con el paso del tiempo, los Kenitas, descendientes de Yitró y aliados del pueblo judío (como Yael), se hayan integrado a los habitantes de Yehudá y finalmente se hayan convertido, de manera similar a lo ocurrido con los edomitas.

SI YITRÓ NO SE CONVIRTIÓ…

Sigamos esta opinión —que también parece la más razonable de acuerdo con el Peshat, la lectura literal del texto— y veamos qué enseñanza nueva podemos extraer.

Es importante notar que Yitró:

  • Se alegra por todo lo que Dios hizo por Israel

  • Bendice a Dios

  • Reconoce al Dios de Israel

  • Y, acto seguido, ofrece un sacrificio a Dios como agradecimiento por todo lo ocurrido desde la salida de Egipto

Aunque resulte un poco incómodo reconocerlo, Yitró hizo varias cosas que el propio pueblo judío aún no había hecho, como ofrecer un sacrificio de agradecimiento después de la salida de Egipto.

¿Nos estará indicando la Torá que, a veces, el no judío puede ser más sensible que nosotros mismos para reconocer todo lo que Dios hace por Israel, mientras que a nosotros —paradójicamente— muchas veces nos cuesta tanto reconocerlo?

Yitró, si no se convirtió, puedo haber sido el primer no-judío en alabar admirar a Israel, pero no fue el último.

YITRÓ VS. AMALEQ

Aunque este tema podría desarrollarse mucho más, quiero concluir con otro punto muy importante sobre la visión de la Torá respecto de los no judíos.

La Parashá de esta semana comienza con la visita de Yitró, y con su entusiasmo y admiración hacia HaShem y Su pueblo. Sin embargo, vale la pena notar que inmediatamente antes de que Yitró entre en escena, la Torá nos presenta a otro personaje no judío: Amaleq.

Amaleq siente un odio visceral hacia Israel: una enemistad existencial, irracional y sin motivo contra el pueblo judío. Pero no se trata solo de sentimientos negativos. Amaleq expresa ese odio a través de los hechos: ataca a Israel con una determinación obsesiva, buscando hacer desaparecer al pueblo judío o, al menos, causarle el mayor daño posible.

Si aceptamos la opinión de que Yitró no se convirtió, podríamos inferir que Amaleq y Yitró, colocados uno junto al otro por la Torá, representan dos actitudes opuestas de los gentiles hacia el pueblo judío.

En aquel entonces —e, increíblemente, también en el presente— existen gentiles que, como Amaleq, sienten un odio irracional hacia Israel y siguen hoy tan “activos” como en el pasado. Pero también existen no judíos que son como Yitró (¡y no son pocos!): personas que aman y admiran a Israel, al pueblo judío, al Estado de Israel y a su Dios.

No hay mucho nuevo bajo el sol…




YITRO: ¿Por qué el pueblo de Israel mereció recibir la Torá?

LA HUMILDAD DE MOISES
En su libro «Las excelencias de los hebreos» el Rab Isaac Cardoso (1603-1683) describió todos los atributos del pueblo de Israel y lo que les dio el mérito de transformarse en el pueblo elegido.
En la Perashá de esta semana, Yitró, encontramos un Pasuq EXTRAORDINARIO que cuando lo leemos con atención nos ayuda a descubrir una de las maravillosas cualidades de nuestro pueblo, que contribuyó al mérito de recibir la Torá.
וישב משה לשפט את העם ויעמד העם על משה מן הבקר עד הערב
«Y Moshé se sentaba a juzgar al pueblo; y el pueblo esperaba [para ver] a Moshé desde la mañana hasta la noche» (Shemot 18:13)
Este pasuq, aparentemente, sólo se refiere a Moshé y a su increíble humildad. Moshé actúa como arbitro o mediador de litigios desde la mañana hasta la noche. Luego llega Yitró y le dice a Moshé que no está actuando bien, y que debe delegar y asignar otros jueces y cortes menores. Moshé acepta el consejo de su suegro y así procede. Lo extraordinario de este gesto es que Moshé podría haberle dicho a su suegro: «Yo no preciso su consejo. ¿No sabe Usted que YO HABLO DIRECTAMENTE CON DIOS?» o algo así. Este pasuq nos demuestra por qué Moshé fue llamado por la Torá «él hombre más humilde que había sobre la faz de la tierra», lo cual sólo se puede decir de alguien que actúa con la máxima humildad, teniendo todas las razones para sentirse «superior» a los demás…
NI LEY NI ORDEN
Pero si bien este pasuq se refiere explícitamente a Moshé, si nos ponemos a examinarlo un poco más detenidamente descubriremos algo maravilloso.
En la historia de la humanidad hubo muchos motines de esclavos que se rebelaron contra sus dueños y escaparon hacia la libertad. En los tiempos del imperio romano (70 aec), por ejemplo, el gran gladiador Espartaco encabezó la rebelión que permitió a unos 70.000 esclavos liberarse de Roma. Pero una vez que fueron libres, los esclavos –entre ellos mismos– se comportaron con anarquía. La rebelión de Espartaco fracasó porque no había una disciplina interna. Todo era caos y lo que imperaba la ley de la selva. Sin disciplina y sin orden, la rebelión fracasó.
LA CIVILIZACION JUDIA
Veamos ahora nuevamente qué dice nuestro pasuq. Hace sólo unos días atrás, los esclavos hebreos obtuvieron a su libertad. No estamos hablando de 100, 1.000 o 70.000 personas. Contando a las mujeres, los ancianos y niños, se calcula que eran por lo menos 3 millones de individuos. «Caos» y «anarquía» era lo previsible. Sin embargo, los individuos del pueblo de Israel decidieron resolver sus pleitos y conflictos sin recurrir a la violencia sino de una manera increíblemente civilizada: ¡acudiendo a Moshé Rabbenu para pedir su mediación! Imaginemos a dos esclavos físicamente fuertes, acostumbrados a la violencia de la esclavitud y a recibir golpes. Ahora tienen un problema: «¡Esta gallina es mía!», dice uno. «¡No! ¡Es mía!», dice el otro. ¡Normalmente en una sociedad sin ley y orden, este conflicto se resuelve con una pelea y la gallina queda en las manos del más fuerte! Increíblemente, espontáneamente y sin instrucción Divina (¡no hay ningún reporte de una orden de HaShem respecto a cómo debía resolver el pueblo sus conflictos internos), estos esclavos deciden solucionar sus disputas de otra manera: esperando desde temprano a la mañana pacientemente en una larga fila para que Moshé medie en sus conflictos.
EL PASUQ MAS SUBESTIMADO
¡Este puede ser el versículo más relevante de la Torá en cuanto a las excepcionales virtudes del pueblo de Israel!!!
Y a mí me deja pensando: Hasta el momento, la Torá mencionó que HaShem iba a liberar a Israel de Egipto, tomarlo como su pueblo y que los iba a llevar a la tierra de Israel. ¡Pero la Torá nunca mencionó que HaShem les iba a dar una Ley! ¿Estará insinuando este pasuq que fue Israel quien dio el primer paso para merecer el más extraordinario código de leyes, la Torá, la ley que viene directamente de HaShem?
Para pensarlo …



PARASHAT YITRO: El Tercer Mandamiento

לא תישא


“No tomarás (=invocarás) el nombre de HaShem tu Dios en vano; porque no  será exculpado por HaShem el que invoque Su nombre en vano.”

Esta semana leemos nuevamente los Diez Mandamientos. En esta ocasión quisiera escribir sobre el tercer mandamiento, quizás el menos conocido de todos. Primero expondremos la explicación tradicional de este mandamiento y luego, basándonos en un articulo del Rab ‘Amar, veremos el tercer mandamiento desde una perspectiva menos conocida.

1. En la tradición judía, el tercero de los diez mandamientos “LO TISA” se refiere a la prohibición de jurar en el nombre de D-s en falso o innecesariamente (shebu’at shav). La tradición judía entiende la palabra “TISA” en este contexto como “no invocarás” el nombre de D-s en vano (en otros contextos la palabra TISA o NOSE se traduce como: cargar, llevar, tomar, y hasta perdonar). De acuerdo a Maimónides, la prohibición de invocar el nombre de HaShem se extiende también a recitar una bendición en vano. ¿Por qué? Porque una shebu’a, un juramento, es básicamente una declaración, la afirmación de una creencia o un hecho. Una bendición también es una declaración. Afirmamos una idea o una creencia acerca de D-s, pronunciando Su nombre. Por ejemplo, cuando digo la bendición “boré ferí ha’ets”, no estoy diciendo “Gracias a D-s por esta fruta”, literalmente estoy diciendo: “Bendito eres Tú, Eterno, nuestro D-s, Rey del universo, (que Tu eres el) Creador del fruto del árbol “. En otras palabras, estoy afirmando y reconociendo que  HaShem es el creador de este fruto. Por lo tanto, si pronuncio ésta u otra declaración similar innecesariamente, “invocando el nombre de D-s en vano”,  estaría transgrediendo el tercer mandamiento, . Este es el origen del principio halájico: “safeq berakhot lehaqel”, en una situación en la que no estoy seguro si debo o no debo decir una berajá debo abstenerme, para no arriesgar a pronunciar una berajá innecesariamente (lebatala) y transgredir el tercer mandamiento “LO TISA”.

2. El rabino Shelomo ‘Amar, hoy en día Gran rabino de Jerusalem, explica que este mandamiento se extiende también a un área diferente y muy sensible. El Rab ‘Amar analiza la prohibición de la LO TISA como la advertencia de no “invocar” el nombre de D-s en vano o falsamente, simulando religiosidad o piedad. El Rabino ‘Amar denuncia la lamentable práctica de la persona que se hace pasar como un judío piadoso, y por ejemplo, adopta restricciones adicionales en público, eleva exageradamente su voz o realiza movimientos excéntricos mientras reza, etc., y todo eso con la intención de causar una impresión falsa ante la gente, haciéndoles creer que él es un judío piadoso, con el fin de obtener un beneficio de los que lo ven.  Este comportamiento es ilustrativo de “invocar el nombre de D-s en vano”. Simular que uno hace algo con D-s en su mente, cuando en realidad lo está haciendo por su propio interés.  El Rabino ‘Amar explica que, contrariamente a aquellos que demuestran una piedad religiosa extrema en público para impresionar a los demás, un judío piadoso verdadero se conduce en público con extrema humildad , y reserva su piedad para los momentos que está privadamente frente a su Creador.  Un Yehudí observante “invoca”, lleva el nombre de haShem sobre él permanentemente. Y como tal, debe ser un ejemplo de buena conducta y humildad.

Para leer el artículo completo del Rab ‘Amar (en hebreo) ver aquí

TRADUCCION DEL ARTICULO DEL RAB AMAR

No cargarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano

“No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano, porque Hashem no absolverá a quien cargue Su Nombre en vano.”
(Éxodo 20:7)

Nuestro maestro, el Or HaJaím HaKadosh, explicó que este mandamiento también alude a que una persona no debe “llevar sobre sí” el Nombre de Hashem —es decir, presentarse ante los demás como judío, como servidor de Dios— cuando en su corazón no piensa ni vive de ese modo. A esto se refiere la expresión “en vano”. Es una advertencia contra engañar a otras personas pretendiendo: “Yo soy uno de Sus siervos”, cuando en realidad no lo es. Dentro de esta advertencia también se incluye no mostrarse como más justo de lo que uno realmente es.

Y, lamentablemente, en nuestros días este fenómeno es muy frecuente: personas que se hacen pasar por justos y se comportan con una apariencia de piedad para engañar a la gente, de modo que las personas ingenuamente los consideren grandes tzadikim y hacedores de milagros, y los honren como si fueran santos de la tierra.
Cuando están frente al público, alargan sus oraciones con falsedad, se balancean con movimientos extraños, cierran los ojos con fuerza, agitan sus brazos hacia arriba y hacia abajo, caminan de un lado a otro, y cuando sienten que no han captado suficiente atención, emiten gemidos y suspiros, ponen rostros sombríos, como si hubieran perdido la razón o como quien ha naufragado en el mar. En otras ocasiones muestran señales de alegría exagerada.
Con esa conducta exótica atraen a nuestros hermanos —los hijos de Israel— para que los acepten y los apoyen económicamente, convirtiendo este comportamiento en una profesión que genera dinero y prestigio.

Y como en nuestra época abundan personas con problemas, con angustia en el corazón y lágrimas en los ojos, en su sufrimiento acuden —por desesperación— a adivinos y embusteros. Estos salen a su encuentro con entusiasmo para aprovecharse de sus dificultades y desgracias. A veces los asustan y los llevan a pensar en la muerte para atraparlos con mayor facilidad y quitarles incluso lo que no tienen; otras veces les prometen, con supuesta generosidad, salvaciones milagrosas o curaciones, les revelan el futuro y les descifran misterios con una facilidad que ni siquiera vimos entre los profetas.
“Su diestra es diestra de mentira”.

No hay verdadero temor de Hashem en ellos; su corazón es de piedra. No tienen compasión por pobres ni necesitados. Solo están interesados en aumentar su riqueza y fortalecer su fama como “adivinos”. Muchas veces estos impostores han llegado ante nosotros al tribunal rabínico acusados de diversos delitos, pues después de hundirse en la búsqueda de honor y dinero sin límite, cayeron también en deseos prohibidos que el Dios de Israel detesta, y continúan descendiendo moralmente de mal en peor hasta su perdición total.

La raíz de todo su mal es “llevar el Nombre de Hashem en vano”, al presentarse falsamente como justos y piadosos, tal como explicó nuestro santo maestro, el Or HaJaím, en este versículo.

Además, en esta prohibición se incluye otro tipo de personas: aquellas que son estrictas solo en las cosas que impresionan a la gente, para que los consideren grandes observantes. Aunque no roban ni engañan con dinero, ni prometen milagros, ni esa sea su finalidad principal, su placer está en la imagen que construyen para sí mismos, para que los vean como personas de alto nivel espiritual.
También esto entra dentro de “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”, pues si no es verdad, es falsedad y engaño, como explicó el Or HaJaím.

Hace muchos años expliqué, en este contexto, un pasaje del Talmud (Julín 105a) sobre comer lácteos después de carne. Mor Ukvá dijo:
“En este asunto, yo soy vinagre hijo de vino: mi padre, cuando comía carne, no comía lácteos hasta el día siguiente; yo, en cambio, solo espero de una comida a la siguiente”.
Y también Shmuel dijo algo similar respecto a su padre.

Me pregunté: ¿por qué estos gigantes espirituales se llaman a sí mismos “vinagre hijo de vino” con pesar, en vez de seguir la práctica estricta de sus padres, especialmente en algo tan sencillo como esperar hasta el día siguiente para comer lácteos? Expliqué, con ayuda del Cielo, que estos santos supremos servían a Hashem con absoluta verdad. La falsedad no tenía lugar ante sus ojos puros. No adoptaban ninguna severidad sin examinarse profundamente a sí mismos para ver si realmente habían alcanzado ese nivel espiritual, de modo que su servicio a Dios no se apoyara en una base falsa.
Y al verse a sí mismos, en comparación con sus padres, como “vinagre frente al vino”, no se permitieron adoptar esa severidad. No es que se llamaran así porque no fueron estrictos; al contrario: precisamente porque se conocían a sí mismos, no fueron estrictos.

Las palabras del Or HaJaím se apoyan en montañas de santidad. En la Pesiqtá Rabatí se enseña que quien acepta un cargo o un rol en el mundo de la Torá y no lo cumple adecuadamente con su trabajo, transgrede “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”.

Y así dijeron nuestros Sabios en la Pesiqtá Rabatí (parashá 22):

“No llevarás”. Dijo Rabí Zeirá: si se tratara solo de un juramento falso, ya está escrito: ‘No juraréis en Mi Nombre falsamente’. Entonces, ¿qué nos enseña ‘No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano’? Que no aceptes autoridad rabínica o relacionada con la Torá si no eres digno de ella”.

Otra explicación de “No llevarás Mi Nombre en vano”:
Dijo Rabí Bibí: si el versículo hablara únicamente de un juramento en vano, ya estaría dicho: “No juraréis por Mi Nombre en falso” (Levítico 19:12). Entonces, ¿qué nos enseña “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”? Que una persona no lleve tefilín ni se envuelva en un talit mientras anda cometiendo transgresiones.

Dijo Rabí Yanai: los tefilín requieren un cuerpo limpio. ¿Por qué los hijos de Israel no se aferraron firmemente a esta práctica? A causa de los engañadores.

Ocurrió una vez que un hombre viajaba de noche por los caminos llevando consigo su dinero. Al llegar a la sinagoga encontró a un hombre rezando, con tefilín en la cabeza. Dijo para sí: “No tengo a quién confiar este dinero sino a este hombre, que parece rico en mitzvot”. Tomó su dinero y se lo confió.
Al terminar el Shabat, volvió para reclamar su depósito, pero el hombre lo negó. El viajero le dijo: “No confié en ti, sino en ese Nombre santo que estaba sobre tu cabeza”. Entonces se envolvió en su talit, se puso a rezar en ese mismo lugar y dijo ante Hashem:
“Dueño del mundo, no confié en él, sino en Tu Nombre santo que estaba sobre su cabeza, en el lugar donde se reza”.

Y recuerdo un hecho de hace muchos años, cuando fundamos la gran yeshivá de Torá y halajá en Tel Aviv–Yafo, bajo la dirección del justo Rabí Aharón Sharim ztz”l. Había un docente, gran erudito y temeroso de Dios, que llegaba tarde a los horarios. El Rosh Yeshivá era muy estricto con esto.
Un día consultamos al gran Rabí Elazar Menajem Man Shaj ztz”l, quien se emocionó profundamente, fue él mismo a la biblioteca y mostró que en la Pesiqtá se enseña que quien acepta un cargo de Torá y no lo cumple con exactitud transgrede “No llevarás el Nombre de Hashem tu Dios en vano”. Y añadió que si alguien llega tarde repetidamente ante sus alumnos y no corrige su conducta, debe ser removido de su puesto. Y así se hizo.


SHABBAT SHALOM




BESHALAJ: La segulá del “man” 


Al salir de Egipto y adentrarse en el desierto, el pueblo de Israel comenzó a sufrir la escasez de agua y alimentos. En ese contexto se produce uno de los mayores milagros de la historia bíblica: Dios hace descender el maná (en hebreo, man), un alimento milagroso con propiedades nutritivas especiales.

Dios le explica al pueblo, a través de Moshé, cómo deben comportarse respecto de este “alimento que llega desde el cielo”. Estas instrucciones no son técnicas, sino esencialmente educativas. Y durante siglos los judíos hemos aplicado estas mismas instrucciones divinas a la forma en que pensamos y actuamos respecto a nuestro trabajo, y a la manera en que administramos nuestro dinero y nuestras posesiones materiales.

Hay tres instrucciones fundamentales relacionadas con el maná, todas ellas profundamente relevantes para el hombre moderno.


¿DE DÓNDE LLEGA MI DINERO?

En primer lugar, el maná nos recuerda que la comida —es decir, aquello que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades materiales— “llega del cielo”.
Esto no significa que no debamos trabajar para ganarnos el pan. De hecho, el maná no caía en la puerta de las casas, ni llegaba por Amazon delivery. Había que salir fuera del campamento y esforzarse para recogerlo.

Lo fundamental es recordar que, a pesar de nuestro trabajo y esfuerzo, en última instancia nuestro sustento (parnasá) está determinado desde los cielos, tal como ocurrió con el maná.
Un campesino puede trabajar de sol a sol sembrando su tierra, pero si Dios no provee la lluvia, no tendrá qué comer. Un empresario puede ser brillante y muy trabajador, pero si sufre un accidente o se enferma, su sustento se verá afectado.

La primera lección del maná es que el trabajo debe ir acompañado de Emuná: la convicción de que, en última instancia, es HaShem quien determina qué voy a tener para comer y cuánto me va a faltar —o, B”H, cuánto me va a sobrar—.

La Emuná es esencial para enfrentar y vencer una de las problemáticas más prevalentes en el área de la salud mental: la ansiedad. Cuando no ponemos en práctica nuestra fe, las fluctuaciones de la economía y los cambios en el trabajo, los negocios o los ingresos pueden afectarnos de manera seria.

Uno tiene que salir a trabajar y hacer todo el esfuerzo necesario para recoger el maná, pero al mismo tiempo saber y aceptar con Emuná que aquello que recogemos —mucho o poco— es exactamente lo que Dios determinó que debemos tener.


NO ACUMULARÁS

En el desierto estaba prohibido acumular el maná. Cada persona debía recoger únicamente la cantidad necesaria para esa jornada. Si alguien recogía de más, el excedente se descomponía. De esta manera, nadie comparaba lo que tenía con lo que poseía su vecino.

Esta segunda lección del maná se relaciona con la acumulación compulsiva de bienes materiales. El aprovisionamiento desmedido expresa una falta de fe, así como una falta de aprecio y gratitud hacia la generosidad de HaShem, que no es finita.

La Emuná consiste en estar feliz con lo que uno tiene. Esta actitud ante la vida nos protege de una de las peores dolencias psicológicas: la envidia y los celos.
La segulá del man nos recuerda una idea fundamental: no necesito mirar a mi vecino y pensar que cuanto más tiene él, menos tengo yo. Lo más importante no es tener todo lo que uno quiere, sino querer todo lo que uno tiene.


EN SHABBAT: NO

El día viernes se debía recoger una doble porción de maná: una para el viernes y otra para Shabbat. ¿Por qué? Porque el maná no descendía durante Shabbat. No había que salir a trabajar en Shabbat para tener comida.

Todo judío que observa Shabbat sabe que, por ello, puede perder negocios u oportunidades laborales. Un comerciante judío puede verse obligado a sacrificar un porcentaje significativo de ventas o perder ofertas irrepetibles, simplemente porque en Shabbat no puede continuar con sus negocios.

Cumplir Shabbat —como ya observaron los romanos en la antigüedad— no es una idea comercialmente “conveniente”. Pero, ¿existe acaso una mejor forma de expresar confianza en HaShem que demostrar la convicción de que no por trabajar más voy a tener más de lo que desde los cielos ha sido determinado para mí y para mi familia?

Por eso, cada Shabbat recordamos el maná en el número de panes o jalot que preparamos, y también en la forma en que las cubrimos, por arriba y por abajo.


La “segulá del man” nos enseña a fortalecer nuestra fe en HaShem, a ser más moderados en nuestro consumismo y a evitar los excesos materiales.




BESHALAJ: Miriam y la audacia del optimismo

 

ותקח מרים הנביאה את התוף בידה

Miriam, la hermana de Moshé (Moisés), fue probablemente la persona más optimista en la historia de Am Israel. Es muy posible que cuando nuestros Sabios dijeron que los judíos pudieron salir de Egipto gracias al mérito de las mujeres virtuosas, se estuvieran refiriendo especialmente a Miriam.

UNA NIÑA CONTRA EL MUNDO 

La carrera de Miriam como «profetisa del optimismo» comenzó a una edad muy temprana: cuando era una niña.
En ese momento, su padre Amram —un líder muy respetado de la comunidad judía— decidió que, a raíz del decreto del Faraón que ordenaba matar a todos los varones judíos recién nacidos, se separaría de su esposa Yojebed para no traer más hijos al mundo. “¿Para qué tener más hijos? ¿Para verlos morir?”, razonaba Amram. Todos los hombres judíos siguieron el ejemplo de Amram y, desde la desesperación, decidieron dejar de traer hijos al mundo para no ver morir a sus pequeños.

Pero allí donde todos veían muerte, desesperanza y pesimismo, una pequeña niña llamada Miriam veía las cosas desde una perspectiva diferente. Miriam visualizaba la posibilidad de un futuro mejor. Y le dijo a su padre:

“El Faraón condenó a morir solo a los niños varones, pero tus actos y tu ejemplo condenan también a las mujeres de Israel a su extinción”.

Las palabras de Miriam tuvieron un enorme impacto en su padre. Amram volvió con su esposa Yojebed y así nació Moshé.
Todos los judíos de Egipto siguieron su ejemplo. Y así Israel se salvó de su autoextinción, gracias a la audacia de una pequeña niña llamada Miriam.


¿CÓMO SUPO MOSHÉ QUE ERA JUDÍO?

Cuando nació Moshé, y antes de que los oficiales egipcios lo arrebataran de las manos de su madre para arrojarlo al río, Yojebed lo llevó al Nilo y colocó la canastilla con su bebé en el río.

Cuando todos preveían un final inevitable y trágico —que el pequeño fuera devorado por los cocodrilos—, la joven hermana del bebé, Miriam, que ya era una adolescente, tuvo la audacia de tener esperanza. Guiada por un optimismo irracional —o profético— caminó al lado de la canastilla de su hermano, y su increíble visión se cristalizó: Moshé fue rescatado por la última persona que alguien hubiera imaginado, la propia hija del Faraón, Batyá, quien decidió adoptarlo. En ese momento Miriam se hizo presente desde la nada y con mucha valentía le sugirió a la madre adoptiva que el bebé fuera amamantado por una mujer hebrea antes de llevarlo al palacio: esa mujer hebrea era Yojebed, ¡la madre de Moshé! 
Lo que muchas veces no notamos es que fue gracias a esta extraordinaria intervención de Miriam que Moshé fue criado por su propia madre, y así supo que era judío. Y fue así como, años más tarde, decidió salir a ayudar a sus hermanos.

Fue gracias a Miriam que nació Moshé, y fue gracias a Miriam —y a su obstinado optimismo— que Moshé supo que era judío. Gracias a Miriam,  Moshé se transformó en el líder del pueblo judío.


CELEBRAR POR ANTICIPADO

En la Parashá de esta semana encontramos otra evidencia del increíble espíritu optimista de Miriam.
La salida de Egipto fue presurosa, el “timing”, sorpresivo.  “Hay que salir ya, en mitad de la noche. Hay que viajar con lo que llevamos puesto y dejar todo lo demás atrás”.

Me imagino que los hombres pensaban principalmente en llevar los objetos de valor, y las mujeres judías, habrán pensado en llevar la mayor cantidad de comida posible para sus familias.  

En ese momento también surgían muchos miedos:
¿Tendremos comida y agua suficiente? ¿Encontraremos sombra?  ¿Habrán animales en el desierto: serpientes, escorpiones? ¿Nos atacarán los bandidos?

A la hora de salir de Egipto, todos estaban preocupados por los riesgos de lo desconocido y los peligros de la travesía.
Todos, con una sola excepción: Miriam. Cuando Miriam hizo sus valijas, lo primero que cargó fueron sus tupim, sus panderetas. ¿Pero para qué iban a servir las panderetas? ¿Para qué llevar cosas de más, un instrumento musical?

Miriam tomó las panderetas porque pensó en celebrar. Porque cuando todos veían peligros y dificultades, e imaginaban un escenario incierto y problemático, Miriam se atrevió a pensar distinto.

Nadie sabía ni imaginaba que HaShem abriría el mar y que el pueblo de Israel cruzaría hacia su libertad. Pero, aun sin saber exactamente qué celebraría, Miriam tuvo la audacia de pensar en la libertad, en la victoria y en la celebración.

Y se dijo a sí misma: “Hay que estar preparados para cantar y agradecerle a HaShem por todo lo que hizo por nosotros”.

¡Y así fue! Cuando el pueblo de Israel cruzó el mar, Miriam fue la primera mujer en salir con sus panderetas, a celebrar la libertad e invitar a las mujeres de Israel a cantar y bailar en agradecimiento a Dios. 

Cuando todos imaginaron los peligros de la travesía, Miriam tuvo la audacia de visualizar la libertad, la celebración y la gratitud a Dios.




PARASHAT BO: El Faraón y la adicción al juego

Cada vez que leo esta Parashá, quedo perplejo y fascinado por la conducta del Faraón. Nuestra Parashá comienza con la octava plaga: las langostas. Por primera vez, el Faraón admite que se ha equivocado. Permítanme leerles la declaración del Faraón: “He pecado ante HaShem, vuestro Dios… y ahora, por favor, perdonad mi pecado solo esta vez y rezad a HaShem, vuestro Dios, para que quite de mí esta plaga mortal”. Moshé rezó a HaShem y la plaga terminó inmediatamente. Pero, increíblemente, una vez libre de las langostas, el Faraón cambia de opinión nuevamente y se niega a dejar salir a Am Israel de Egipto.

¿Qué está pasando? ¿Por qué el Faraón se comporta de manera tan irracional?

Hay dos explicaciones.

La primera, explícita en la Torá, es un razonamiento teológico. “HaShem interviene en el ‘corazón’ del Faraón. Lo endurece. No para coartar su libre albedrío, sino para preservarlo”. Me explico: Si Dios se revelara ante nosotros y pudiéramos, de alguna manera, ver y sentir su Presencia más allá de cualquier duda, ¿podríamos atrevernos a no observar el Shabbat? ¿Podríamos no ponernos el Tefilín o comer algún alimento no Kasher? Si nuestra fe en Dios fuera “absoluta”, no podríamos “elegir” entre hacer o no hacer Su voluntad. La certeza total en Su existencia nos convertiría en robots (o en “ángeles”, pero esto es para otra discusión) incapaces de desobedecer una orden divina. En este sentido, la invisibilidad de HaShem, Su ocultamiento, es lo que permite que uno mantenga su capacidad de desobedecer y, consecuentemente, conserve el mérito de obedecer. Volvamos al Faraón. El Faraón fue la única persona a la que Moshé informó cuándo iba a comenzar cada plaga y cuándo terminaría. Las evidencias de la intervención Divina eran abrumadoras e innegables para el Faraón. Técnicamente, el Faraón debería haberse convertido en un robot-humano privado de libre albedrío, imposibilitado de desobedecer y, por lo tanto, “libre de responsabilidad”. Por lo tanto, para que el Faraón pudiera preservar su capacidad de elección y seguir siendo capaz de decir SÍ o NO, HaShem endurece su corazón. Es decir, Di-s interviene en sus pensamientos y lo hace más testarudo e intransigente. Y así, su capacidad de elección regresa a un balanceado 50/50, y el Faraón es nuevamente responsable de lo que elige. Maimónides explica que este tipo de intervención en el pensamiento humano no es la regla. El caso del Faraón fue excepcional.

La segunda explicación tiene que ver con un patrón de conducta humana. Yo lo compararía con la conducta típica de un adicto al juego que alcanza un punto sin retorno. Y cuando llega a ese punto, exhibe un comportamiento auto-destructivo, prácticamente suicida. Ejemplo: Un hombre va al casino, apuesta y pierde todo lo que llevó, digamos, 1000 pesos, la totalidad del sueldo que recién cobró. ¿Qué puede hacer ahora este individuo? ¿Puede volver a su casa y explicarle a su esposa que su sueldo para el mes entero desapareció? En lugar de eso, elige otra posibilidad y así se encamina hacia un punto sin retorno. La otra posibilidad es pedir un préstamo, jugar nuevamente y así recuperar aunque sea algo de su sueldo. El hombre empeña su coche. Pero esa noche la suerte no lo acompaña. Y ahora, aparte de su sueldo, también perdió su coche. Ahora sí que no puede regresar a su casa y enfrentar a su esposa sin sueldo ni coche. No puede rendirse y desandar sus pasos. Se siente obligado a recuperar su sueldo y su auto o perderlo todo. Está en un punto sin retorno. Lo único que le queda es empeñar su casa. Y pide otro préstamo, etcétera.

Creo que de esta manera también se puede explicar el comportamiento del Faraón. Después de la quinta plaga, después de que el Faraón apostó y perdió contra HaShem, ya no podía retroceder y decir: “Bueno, ahora los dejo ir”. ¿Por qué? Porque cinco plagas significaron ya mucho sufrimiento y enormes pérdidas materiales para sus súbditos. No puede salir al balcón de su palacio y decirle a su pueblo: “Me equivoqué” y perder así lo que le queda de prestigio y credibilidad. El Faraón está ahora “jugado”. Está en un punto sin retorno y decide seguir apostando, aunque sabe que lleva las de perder. Así, es posible que, sumado a la intervención Divina, este factor humano también haya influido en el comportamiento del Faraón.

De cualquier manera, creo que es una gran lección para todos nosotros:

  1. Debemos identificar cuáles son los puntos sin retorno en cualquier área de nuestras vidas.
  2. Debemos, obviamente, evitar llegar a esos puntos sin retorno.
  3. Y si alguna vez imprudentemente llegamos, saber que es mejor volver atrás de un punto sin retorno que seguir corriendo hacia el precipicio.



BO: Visualizando la oscuridad en Egipto

Shemot 10:21, HaShem dijo a Moshe, “Extiende tu mano hacia el cielo para que la oscuridad se extienda sobre Egipto, [y traeré] una oscuridad que se pueda sentir. 22 Moshe extendió su mano hacia el cielo, y una oscuridad total cubrió todo Egipto durante tres días. 23. Nadie podía ver a nadie más ni moverse de sus lugares durante tres días ….

NI NATIONAL GEOGRAPHIC NI HARRY POTTER 

La Parashá de esta semana describe las últimas tres plagas que azotaron a Egipto y terminaron doblegando el brazo del Faraón, quien finalmente liberó a los judíos de la esclavitud.  Me gustaría escribir hoy sobre la Novena Plaga, Joshej, “oscuridad”. Primero, para entender su naturaleza , y segundo, para examinar la función de esta y las otras nueve plagas en el contexto de la historia del Éxodo. Si uno es fanático de Harry Potter, va a sentirse un poco decepcionado de las características de las plagas. Moshé no llega al palacio del Faraón en una alfombra voladora. Tampoco transforma al monarca egipcio en un sapo. Y no hace caer sobre Egipto una invasión de serpientes de siete cabezas. No hay mitos ni seres mitológicos en las plagas. Como lo explica National Geographic —y como lo explicó el Rab Abarbanel hace 500 añios atrás— las plagas eran “fenómenos naturales”, eventos que podrían haber ocurrido naturalmente en Egipto. Analicemos, por ejemplo, la plaga de la oscuridad. ¿Qué tipo de fenómeno causó esta oscuridad? La Torá no está describiendo la plaga de la oscuridad simplemente como la ausencia de luz, algo que podría haber sucedido en el caso de un eclipse solar, por ejemplo. El texto bíblico describe una oscuridad tangible, que se puede sentir. El texto también sugiere que este estado de oscuridad literalmente paralizó a Egipto: las personas no podían verse entre sí, y nadie salió de su casa durante tres días.  El rabino Abraham Eben Ezra dice que la Novena Plaga podría haber sido producida por una niebla muy densa e intensa, que probablemente venía del Nilo.  Recuerdo que experimenté este tipo de “oscuridad” cuando visité la zona de Monteverde en Costa Rica, donde uno literalmente se adentra en las nubes, que están inusualmente bajas. A diferencia de la ausencia de luz, la oscuridad producida por esta niebla era tangible, se podía sentir y hasta palpar.

MI CANDIDATO FAVORITO PARA LA OSCURIDAD

Hay otra posibilidad. Hace unos años en Israel, estaba manejando mi viejo Subaru celeste desde Jerusalem hasta Dimona, y para acortar el camino, no utilicé la autopista regular: me dirigí hacia el este y fui por un camino de tierra que rodea el Monte Hebrón y algunas aldeas, una zona un poco desértica. Luego, así de pronto, quede atrapado en una tormenta de arena. Fue terrorífico.  Era mediodía, pero no podía ver nada delante de mí. Reduje la velocidad,  e instintivamente encendí las luces del coche. ¡Grave error! Lejos de iluminar el camino, las luces se reflejaban en la “tormenta de arena”, y me encandilaban directamente los ojos. Tuve que detener mi coche en la mitad de la nada y para poder ver algo, irónicamente, tuve que apagar las luces.  B”H la tormenta fue corta (y no creo que haya sido tan intensa como la de Egipto…:).  Pero me ayudó a entender mejor varias cosas. Primero, que la luz es inútil para este tipo de oscuridad y que la oscuridad “densa y tangible” puede interrumpir la vida normal y paralizar a las personas, tal como explica la Torá que ocurrió en Egipto.  

EL PODER SELECTIVO

Una vez que comprendemos que las plagas pueden ser explicadas como fenómenos naturales, veamos qué las hacia especiales  o sobre-naturales.   La Torá revela explícitamente la razón de las Makkot. “Y así los egipcios sabrán que Yo soy el Eterno, al extender Mi mano [y castigar a] Egipto y salvar a los hijos de Israel de entre ellos”. El objetivo final de las plagas es que los egipcios —y los hijos de Israel— sepan que HaShem es el Creador y que solo Él tiene el control sobre la naturaleza.  Veamos. La naturaleza desencadena su poder sin discriminación ni advertencia. Es ciega. Un terremoto no perdona la vida de los niños o de las personas inocentes. La naturaleza no tiene la capacidad de hacer selecciones morales.  Las plagas de Egipto eran diferentes. Eran eventos naturales pero selectivos. Que demostraban que el verdadero Dios está en completo control del mundo.  Las plagas no llegaban espontáneamente, sino que comenzaban cuando Dios quería y terminaban cuando Dios así lo ordenaba. Las plagas también tenían un “diseño inteligentemente”. Por ejemplo, la octava plaga, langostas estaba diseñada para destruir todas las hojas verdes en Egipto, mientras que la plaga anterior, el granizo, las dejó intactas. Pero el punto más importante —explícitamente mencionado por la Torá— que hizo que las plagas sean diferentes y únicas (y visiblemente Divinas)  es que solo afectaban a los egipcios y no a los israelitas. Esto se menciona de manera explícita en la peste que golpeó a los animales egipcios y en la plaga de la oscuridad que no afectó el lugar de residencia de los judíos. Este nivel de precisión y selectividad solo puede ser obra del Creador, que diseña estos efectos especiales de manera deliberada.

¿QUIEN QUIERE SER PRIMOGENITO?

Este diseño inteligente de las plagas es mucho más evidente en la décima y última plaga: la muerte de los primogénitos. ¿Por qué? Porque no hay ninguna manera “natural”, científica,  de identificar a un primogénito. No hay nada físico o biológico en el cuerpo de un individuo por el cual un científico pueda determinar que esta persona nació en primero o segundo lugar.  Solo el Creador puede identificar al primogénito. Al margen de su terrible efecto punitivo, esta plaga final, la muerte de los primogénitos, fue psicológicamente devastadora para los egipcios y el Faraón, quien finalmente admite que esta plaga no puede ser atribuida a la magia o a algún fenómeno natural sino que es la obra del Creador: el Dios de Israel 

Las tormentas de arena y polvo son comunes en Oriente Medio y otras áreas del mundo. Este impresionante video muestra una tormenta de polvo que afectó a Oklahoma, EEUU, en1935. Este material es invaluable porque describe a este evento climático como una “plaga” (no creo que haya ninguna alusión deliberada a Egipto o la Biblia aquí). También menciona que a plena luz del día se sentía como medianoche, con cero visibilidad, y que al igual que en Egipto, la gente no podía moverse y tuvieron que gatear para encontrar refugio. Todo esto corresponde exactamente a la descripción del texto bíblico de la plaga de oscuridad.




PARASHAT BO: La muerte como último recurso

La historia las 10 plagas que azotaron a Egipto es fascinante. No sólo por su contenido sino también por la sofisticación de su narrativa. Las plagas comienzan con el enfrentamiento de un Moisés tímido y un Faraón arrogante.
SANGRE
Cuando Moshé torna el rio Nilo en sangre la reacción del Faraón es la indiferencia y la soberbia. El dios Nilo, una de las divinidades principales de Egipto, ha sido derrotado, dañado y herido. La industria pesquera se vino abajo. El Faraón, que alimentó al dios Nilo con los cuerpos de los infantes hebreos, ahora ve con sus propios ojos como emerge la sangre derramada. Pero el poderoso monarca no se deja impresionar. Le pide a sus magos que repliquen lo que parece ser un “truco” de Moshé. Y cuando esto sucede, el Faraón le da la espalda a Moshé (vayifen) y se retira, con soberbia, a la comodidad de su palacio.
RANAS
En la segunda plaga las cosas comienzan a cambiar para el Faraón. Las ranas comienzan a desbordar del Nilo. Esta plaga lo afecta al monarca personalmente. Invaden su palacio y su propia habitación. Las ranas y los sapos eran los dioses de la reproducción en Egipto. Esa reproducción es ahora incontrolable y está infestando a Egipto. Sus magos, otra vez, reproducen la plaga. Pero el Faraón se da cuenta –un poco tarde– que lo que necesita de sus magos es que “contengan” la plaga, que la hagan parar, y no que la reproduzcan.  El Faraón manda a llamar a Moisés y Aharón. Y les dice que acepta sus demandas. Pero luego, cuando las ranas se van, el Faraón endurece su corazón, se arrepiente y no los deja salir.  Pero comienza a ceder.
PIOJOS
En la tercera plaga, los piojos, el Faraón confirma lo que ya sospechaba: que sus ilusionistas no pueden frenar las plagas. Acepta que sus magos han sido vencidos y cede más. Además también confirma que sus dioses son derrotados o controlados por el Dios de Israel. Los insectos eran venerados por los egipcios como la manifestación mágica, invisible, de los espíritus divinos. Y ahora esos dioses se estaban tornado contra los egipcios.
LA ECONOMIA
Plaga tras plaga, todo lo que hace a la prosperidad de Egipto colapsa. El país más próspero y poderoso del Medio Oriente, el único en esa árida región que gracias a su caudaloso Nilo no depende de las lluvias para sobrevivir, astá ahora en ruinas. Primero fue el colapso de la industria pesquera, luego fue afectado el ganado, y en las últimas plagas —granizo y langostas—la cosecha es destruida. El Faraón sigue negociando. Pero ahora es Moshé el que no cede.
LA OSCURIDAD
Llega la penúltima plaga, la oscuridad. Esta plaga que paralizó el país habrá tenido un efecto sicológico devastador sobre el Faraón y su pueblo. ¿Por qué? Porque el dios principal de los egipcios era “Ra”, el dios-sol. La oscuridad demostró que hasta este supremo dios pierde su poder frente al verdadero Dios. El paganismo egipcio ha sido derrotado. Las plagas han demostrado que los dioses egipcios son visibles pero imaginarios. Los egipcios, y los judíos, comienzan a entender que hay un Creador, que es invisible, pero que posee todos los poderes.
EL ULTIMO RECURSO
Queda una plaga más. La muerte de los primogénitos. Sin duda, las más grave y cargada de simbolismo. Los egipcios se arrogaban que podían dominar la muerte, y que conocían el secreto de la inmortalidad. De esta manera, cuando los faraones, los sacerdotes o los primogénitos (que cumplían funciones sacerdotales) estaban por morir se los preparaba con anticipación para su viaje y así, su inmortalidad estaría garantizada por los dioses. Pero cuando la muerte no era natural sino accidental,  la eternidad no se obtenía. Se suponía entonces que los dioses egipcios debían proteger a los sacerdotes y a los primogénitos contra la muerte accidental para que pudieran preparse para morir y obtener la inmortalidad. La muerte súbita de los primogénitos significó también un gran golpe psicológico al “poder” de los imaginarios dioses egipcios que protegían a los futuros inmortales.
¿QUIEN LO MENCIONO PRIMERO?
Por último, cabe notar algo sumamente interesante.  Durante las primeras ocho plagas el Faraón desafió a Moshé y hasta trató de humillarlo pero nunca lo amenazó de muerte. Recién en la novena plaga se escucha por primara vez esta amenaza. El faraón le dice a Moisés. “Puedes irte, tu y tu pueblo, los ancianos y los niños, pero debes dejar aquí a tu ganado”. El faraón aunque accedió a que los esclavos salieran le pide a Moisés que dejen su ganado como garantía de que regresaran.  Moshé se niega. Y en ese momento el Faraón pronunció por primera vez la posibilidad de matar a Moises. (Shemot , Exodo, 10:27) : “Vete de aquí, y cuídate de no verme más, porque el día que vuelvas a presentarte ante mí, morirás ”.  En la narrativa de las 10 plagas, y en las intensas negociaciones que tuvieron lugar, no fue Moshé sino el Faraón, el primero que puso el tema de “la muerte” sobre la mesa. Cuando todas las demás advertencias fueron desoídas y no lograron doblegar la soberbia del tirano dictador, la muerte de los primogénitos, fue el último recurso Divino, lo que terminó de convencer al Faraón que liberase a los esclavos hebreos.
Shabbat Shalom
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RESUMEN de VAERA

EL PUEBLO ELEGIDO
La Parashá de esta semana comienza con la respuesta de Dios a Moshé luego que Moshé se quejara ante Dios porque el Faraón rechazó su pedido de liberar a los hebreos y encima dificultó más su trabajo. Dios le dice a Moshé que Él se reveló a los patriarcas y estableció con ellos un pacto para darles la tierra de Canaán. Y ahora ha escuchado los clamores de sus descendientes, los liberará de Egipto, los elegirá como Su pueblo y los traerá a la Tierra Prometida. Moshé transmite el mensaje a los judíos, pero la esclavitud era tan dura que les impidió aceptar las palabras de Moshé. Dios le dice a Moshé que instruya a Faraón para que deje salir a los israelitas de su tierra. Moshé le pregunta a Dios: “Si los mismos hijos de Israel no me escucharon, ¿cómo me va a escuchar el Faraón?”. La Torá hace una breve pausa y describe el linaje de Moshé y Aharón, enumerando sus árboles genealógicos.

LA INTRANSIGENCIA DEL FARAON
Dios le ordena a Moshé que hable con el Faraón, y le anuncia que Aharón será su portavoz. Dios le reitera a Moshé que Él endurecerá el corazón del Faraón y el monarca egipcio se negará a liberar a los judíos. Pero Dios “multiplicará Sus milagros” en Egipto hasta que reconozcan que Él es el verdadero Dios. Moshé y Aarón se presentan ante el Faraón. Aharón arroja su bastón al suelo y se convierte en una serpiente. Cuando los magos del Faraón hacen lo mismo con sus varas, la vara de Aharón se traga sus varas. El Faraón, que pensó que era un truco de magia, no se impresiona.
Y ahora entonces comienzan las plagas.

PRIMERA PLAGA
Aharon golpea el rio Nilo con su bastón y las aguas se convierten en sangre.

SEGUNDA PLAGA
Aharon estira su bastón sobre el Nilo y hace surgir una invasión de ranas que cubren todo el territorio, las casas de los egipcios y hasta el palacio del Faraón. El monarca egipcio llama a Moshé y le suplica que elimine la plaga, prometiendo que después liberará a los israelitas. Moshé ora a Dios, y las ranas mueren. Pero el Faraón no cumple su promesa.

TERCERA PLAGA
Aharón golpea la tierra con su vara y se produce una plaga de piojos que atacan a los egipcios y a sus animales. Los magos de Faraón reconocen que esto no es magia, sino intervención Divina.

CUARTA PLAGA:
Dios envía a Moshé a advertir al Faraón que su tierra se infestará de todo tipo de insectos y que solo la tierra de Goshen, donde vivían los hebreos, se salvará de esta plaga. Los insectos descienden sobre Egipto y destruyen todo lo que encuentran, pero no afectan la tierra de Goshen. El Faraón llama a Moshé y le ofrece permitir a los israelitas la libertad de servir a Dios, pero sin salir de los límites territoriales de Egipto. Moshé rechaza esta oferta. El Faraón ofrece entonces liberar a los esclavos judíos si la plaga llega a su fin. Moshé ora a Dios, la plaga termina, pero el Faraón vuelve sobre sus pasos y no cumple su promesa.

QUINTA PLAGA
El ganado de los egipcios muere por una epidemia. Pero los animales de los judíos no se ven afectados.

SEXTA PLAGA
Moshé y Aharón toman un puñado de cenizas y la arrojan al cielo. Estas cenizas descienden sobre todo Egipto e infectan a todos sus habitantes con dolorosas afecciones en la piel (sarpullidos, o llagas o una insoportable reacción alérgica). Moshé le transmite al Faraón un mensaje: así como Dios acabó con todo el ganado egipcio, también pudo haber acabado con el Faraón y con todo su pueblo, pero lo ha dejado sobrevivir para mostrarle Su poder y para que se reconozca Su nombre en toda la tierra.

SEPTIMA PLAGA

Moshé advierte al Faraón, pero este no escucha. Entonces cae sobre Egipto una fuerte tormenta de granizo mezclado con fuego (hay quien explica que pudo haber sido una lluvia de meteoritos) , que destruye cultivos y árboles y causa gran daño en todo el país. Esta plaga afecta seriamente la agricultura y a quienes estaban al aire libre. Solo la tierra de Goshen, donde vivía el pueblo judío, permanece intacta y no sufre ningún daño.