ZAJOR ¿Negociar o no negociar con los enemigos de Israel?

Este Shabbat se llama Shabbat Zajor (= ¡Recuerda!). Por la mañana se sacan dos Sefarim (rollos de la Torá), en uno se lee la Perashá semanal, en este caso TETSAVE y en el segundo leemos un texto especial del libro Debarim 25:17, ZAJOR, . “Recuerda lo que te hizo Amaleq cuando saliste de Egipto … Amaleq atacó a los más débiles, al final del campamento … y no temió a Dios … no lo olvides!!!”.
ODIO INCONDICIONAL
Cuando salimos de Egipto, Amaleq nos atacó. Sin provocación, sin razón, sin motivo. Israel no representaba una amenaza para Amaleq ni para su territorio. Las razones de Amaleq para atacar a los judíos no eran “lógicas” sino más bien, y usando un término moderno: “ideológicas.  No era el poder de los judíos o el dinero de los judíos lo que provocaba el odio de Amaleq hacia los judíos. ¿Qué poder o dinero tenían los esclavos recién escapados de un larguísimo cautiverio?  No era tampoco una cuestión territorial: estábamos en el desierto, tierra de nadie. Lo de Amaleq no era un ataque preventivo: no estaba en nuestros planes conquistar el territorio de Amaleq. La violencia de Amaleq contra los judíos no estaba motivada por factores económicos, conflictos territoriales, venganza o prevención. Lo de Amaleq fue un odio obsesivo hacia el pueblo judío. Y lo que parece absolutamente sobrenatural es que este patrón de conducta hacia Israel no haya desaparecido, y siga hoy tan o más activo que ayer. No puedo dejar de pensar en Irán, por ejemplo, ¿qué razones tiene Irán para amenazar con borrar a Israel del mapa? Irán amenaza destruir a Israel a pesar de que Israel no representa una amenaza para Irán. No hay territorios en disputa. E Irán no comparte ninguna frontera con Israel. ¿Qué explicación lógica existe para la obsesión de Irán contra Israel?
TERRORISMO
Pero quizás lo más curioso —y lo más peligroso— del ataque de Amaleq es que Amaleq sabía que no tenía la capacidad militar de destruir al pueblo judío. ¿Por qué? Porque en ese momento, al salir de Egipto, Israel tenía una ventaja numérica enorme sobre sus enemigos. Contábamos con un ejército de 600.000 hombres, un número que en esos tiempos (o incluso hoy en día) se considera inusualmente alto. En otras palabras. El ataque de Amaleq era “suicida”. Sabía que no podía derrotar a Israel, pero Amaleq estaba dispuesto a inmolarse con tal de “dañar” a Israel y crear pánico. Desmoralizarlos, o como explican los Jajamim: “enfriarlos” (אשר קרך בדרך) y demostrar a los futuros enemigos de Israel que Israel no es invencible sino vulnerable.  Por eso, Amaleq no salió a pelear de frente, sino que como explica la Torá, atacó a los civiles: mujeres, niños , ancianos y enfermos que iban al final del campamento porque caminaban más lento. Y cuando el enemigo tiene un objetivo suicida en mente, el daño que puede causar es impredecible. Ya que la regla número uno del mundo militar —el enemigo con menos poder no ataca al enemigo con más poder —no se aplica para Amaleq. Un enemigo que se guía por una ideología suicida, cree que su propia muerte está justificada aún cuando sólo logre infligir daños al enemigo. Los actos terroristas perpetrados por Hamas o Hizballá contra Israel —misiles, bombas, cuchillos o ataques con autos— son ataques “a la Amaleq”: dirigidos contra la población civil, y destinados a desmoralizar y generar dolor…
RACIONALIZAR A AMALEQ
Este enemigo es imposible de disuadir y especialmente de “comprender”. Nuestra necesidad sicológica de “comprender: a Amaleq, es decir, tratar de verbalizar con argumentos lógicos por qué Amaleq quiere atacar o destruir a Israel, nos hace mucho más vulnerables a Amaleq. Imaginemos que ignoramos la naturaleza irracional del odio de Amaleq y nos sentamos a negociar territorios con Amaleq. O cedemos territorios unilateralmente, o renunciamos a nuestros asentamientos para que Amaleq “tenga lo que quiere” y nos deje tranquilos. Lo único que estaremos logrando es fortalecer a Amaleq, y tener sus armas y sus terroristas más cerca de nuestras poblaciones civiles. Algo que pagaremos con más víctimas de nuestro pueblo.  La Torá, previendo lo peligroso de nuestra ingenuidad bien intencionada cuando de trata de Amaleq, no solo nos dice “Zajor” recuerda a Amaleq, sino que en ese mismo texto repite su exhortación, con una expresión excepcional “al tishkaj”, ¡¡¡No te olvides!!!. No te olvides de la obsesión suicida de Amaleq y de su irracionalidad.
NO OLVIDES QUIÉN ES AMALEQ
Mañana, el Shabbat antes de Purim, leeremos una vez el texto de Amaleq, porque Hamán fue el primer descendiente de Amaleq que intentó borrar a todo el pueblo de Israel del mapa. La Torá nos asegura que HaShem no dejará que Amaleq nos destruya. Pero también nos da a entender que NO podemos ser ingenuos acerca de la verdadera naturaleza y las intenciones de Amaleq. Olvidarlo, nos puede costar la vida.
Escuchar la lectura de Perashat ZAJOR es un mandamiento directo de la Torá. Eso implicas entre otras cosas, que las mujeres también tienen la obligación de asistir a la sinagoga y escuchar la lectura de este importante texto.



NO ROBARAS: El Octavo Mandamiento y el Tráfico Humano

לא תגנב
La Perashá de esta semana contiene los famosos Diez Mandamientos.  El octavo mandamiento es uno de los menos conocidos. Me refiero a que no muchos saben que la tradición judía explica que este mandamiento NO se refiere al robo de posesiones materiales sino al robo de personas: el secuestro extorsivo o el tráfico humano.
¿Pero cómo sabemos que “no robarás” se refiere al secuestro?
El texto de la Torá esta sujeto a la interpretación de la tradición oral, lo que se llama en hebreo la Torá shebe’alPé. Y la tradición oral explica que el contexto de este mandamientos no se refiere a daños y perjuicios materiales sino personales.  Por ejemplo: “No matarás” se refiere sólo a no matar personas. La prohibición de matar innecesariamente animales o la indemnización que debe pagar quien mata al animal del prójimo, son temas que están abordados en otros versículos de la Torá. De la misma manera, el robar posesiones ajenas está legislado en otro precepto que figura en el libro de Vayiqrá. Allí la Torá dice לא תגנבו “No robareis, no engañareis ni mentiréis unos a otros” (Lev. 19:11).
El octavo mandamiento, entonces, no se refiere al robo o al hurto sino al robo de personas: el secuestro, la maxima expresión y la forma más cruel del robo. No es robarle a alguien su dinero o su celular: es robarle a alguien su libertad, o en muchos casos, su vida. No en vano la Torá condena al secuestro con la pena máxima.
En la antigüedad la mayoría de los secuestros no eran extorsivos, es decir, secuestros donde la víctima podía ser liberada si su familia pagaba un rescate. En la antigüedad se secuestraba principalmente para esclavizar. Cuando un pueblo invadía a otro la parte más importante del botín de guerra eran los esclavos. Los prisioneros sobrevivientes del pueblo vencido eran tomados como esclavos de por vida.
Poro la esclavización sucedía también fuera del contexto de una guerra, en un escenario puramente “comercial”.  Pensemos en los cazadores de humanos profesionales que se adentraban en África para capturar y esclavizar a la población nativa, que luego era deportada a otros continentes para su comercialización. O en los piratas que atacaban barcos de pasajeros en alta mar para secuestrar personas y comercializarlas en los mercados de esclavos.
Durante la edad media, y especialmente en las décadas que siguieron a la expulsión de España, decenas de miles de judíos fueron víctimas de tráfico humano. En el siglo 16 los refugiados judíos españoles, en su mayoría muy pobres y que trataban de encontrar un nuevo destino, eran capturados por piratas (o a veces por la propia tripulación) en las frágiles embarcaciones que los sacaban de la Península. Los secuestradores llevaban a los esclavos judíos especialmente a los puertos de Italia y Turquía, sabiendo que la comunidad judía iba a hacer máximos esfuerzos económicos por rescatar a sus hermanos, (Pidyón shebuim= rescate de un correligionario judío secuestrado, considerado el más importante acto de Tsedaqá).
Lo peor es que los secuestros y la esclavitud, lamentablemente, no son cosas del pasado. El secuestro extorsivo es común en muchos países. Y la esclavitud también.  Si uno escribe en Google el país Mauritania, por ejemplo, una de las primeras cosas que va a encontrar es información sobre la esclavitud, ya que no es ningún secreto que hasta el día de hoy, entre el 10% y el 20% de la población de Mauritania vive literalmente esclavizada (ver  aquí este estremecedor informe de CNN).
Millones de personas son secuestradas también en Sudamerica, Asia y hasta Europa, para ser luego víctimas del “tráfico humano” o “trata de personas”. La mayoría son mujeres y niños. A veces las personas son sometidas por la fuerza y muchas veces son engañadas, para luego ser sometidas, privadas de su libertad y obligadas a trabajos forzados de todo tipo.
En 2012, la Organización Internacional del Trabajo estimó que 21 millones de individuos están atrapados en la esclavitud moderna. De estas personas, 14,2 millones (68%) son explotadas para mano de obra, 4,5 millones (22%) son explotadas sexualmente y 2,2 millones (10%) son explotadas en el trabajo forzado impuesto por el mismo estado.
Según la OIT la “industria del tráfico humano” genera para los criminales beneficios estimados en 150.000 millones de dólares anuales (2014).
 (Para más información ver aquí el informe mundial de las Naciones Unidas sobre la trata de personas).
Creo que cuando somos consientes de lo que significa el tema de la esclavitud y el tráfico humanos comprendemos mejor por qué el octavo mandamiento se refiere al secuestro: porque dentro de la categoría “NO ROBARAS” no hay robo más serio, cruel y trágico que el robo de personas.
Y cuando leemos las cifras del trafico humano en nuestro mundo moderno creo que vemos una vez más que los preceptos de la Torá “no han pasado de moda”. El octavo mandamiento, NO SECUESTRARAS, sigue siendo hoy tanto o más relevante que nunca.



¿Cómo dividir el amor por nuestros hijos? Por Rabbanit Coty Bitton

Recuerdo haber estado muy preocupada aquella noche que estaba por nacer nuestro segundo hijo, David. Hasta ese entonces nuestra atención y nuestro amor estaba totalmente dirigido hacia Ya’akob, nuestro bejor(primogénito) y con la llegada del nuevo bebe esto estaba por cambiar.
Sabíamos que era importante querer a este nuevo bebe— y a todos los que BH vinieran en el futuro— tanto como queremos a nuestro primogénito. Pero ¿sería esto possible?¿Seriamos capaces de dividir nuestro amor con nuestro próximo hijo?
Los padres tenemos muchos desafíos cuando se trata de querer a nuestros hijos. Uno de estos desafíos es lograr ser imparciales. Actuar de manera que ellos puedan sentirse queridos, todos por igual. Y esto no es nada fácil… Por varias razones:
Cada uno de nuestros hijos tiene necesidades especificas, muy diferentes una de otra. Nuestra atención hacia ellos se expresa de maneras distintas. Mi hijo necesita más ayuda con los deberes, mi hija precisa contarme todo lo que le pasó durante el día. A uno no le gustan las caricias, mientras que el otro se siente querido solamente si lo abrazamos varias veces por día.
También puede suceder que sin planearlo desarrollamos más afinidad con uno de ellos, por tener una personalidad parecida a la nuestra, o porque es más obediente, o más sensible, o porque siempre se porta bien. Otras veces, por el contrario, nos sentimos cerca precisamente del hijo que tiene dificultades, porque es más vulnerable… y nuestro instinto maternal nos empuja a estar más cerca de él para apoyarlo y protegerlo. Porque nos necesita más.
¡No es tan sencillo alcanzar el balance perfecto entre darle a cada uno lo que necesita y que se sientan todos queridos por igual!
Ahora vayamos a la Perashá de la semana.
La Torá nos cuenta que Ya’akob quería a Yosef más que a sus hermanos ki ben zequnim hu lo porque era el hijo de su vejez. Nuestros Sabios analizaron las razones del favoritismo de Ya’akob.
1. Rashí explica que Yosef nació cuando Ya’akob ya era anciano, y se encariño más con el que con sus otros hijos. Como si fuera el cariño de un abuelo, que es totalmente independiente de la conducta del nieto
2. El Talmud deduce de la palabra zequnim (en el sentido de “sabiduría” ) que Ya’akov se dedicó personalmente a enseñarle Torá a Yosef; todo lo que él había aprendido durante muchos años en la academia de Shem y Ever. Yosef era también su alumno favorito.
3. El Midrash nos da otra explicación de la palabra zequnim  (ziv iqunim): los rasgos faciales de Yosef eran parecidos a los de Ya’akob, y por eso era su favorito.
4. Finalmente, es posible que Ya’akob sentía un amor más profundo por Yosef, inspirado por su compasión hacia Yosef, ya que su mamá Rajel -que era la esposa favorita de Ya’akob— había fallecido.
Ya’akob como vemos, tenia sobradas razones para sentir por Yosef más afecto que por sus otros hijos.
Pero Ya’akob no solo sintió más amor o compasión por Yosef, Ya’akob también expresó su favoritismo por Yosef de una manera práctica. Le hizo una túnica especial, multicolor. Una larga vestimenta de largas mangas que representaba el liderazgo y el poder. Parecía como si Ya’akob ya estaba nombrando a Yosef como su sucesor. El líder de todos los hermanos. Éste y otros factores hicieron que los hermanos de Yosef lo odiaran y hasta quisieran matarlo.
¿Que aprendemos de esta historia?
Los Jajamim dicen que el favoritismo que Ya’akob demostró hacia Yosef fue responsable por el odio de los hermanos hacia él. Y este odio los llevó a vender a Yosef como esclavo. Así llegó a Egipto. Y esto hizo que más adelante Ya’akob y toda su familia lo siguieran allí, donde últimamente también fueron esclavizados.
Sé que da miedo pensarlo, pero los padres ¡sin querer! podemos incrementar la envidia y los celos entre nuestros hijos, si favorecemos a uno de nuestros hijos más que a los otros.
Ya de por sí es natural que los hermanos compitan por su lugar en la familia y en el mundo. La rivalidad entre ellos sucede sin que hagamos nada para provocarla. Porque los niños perciben el amor de los padres como si fuera una caja de bombones. Y sienten que cuando uno de los hermanitos recibe una parte el otro se queda con menos.
Mostrémosles que tenemos amor suficiente para todos y que los queremos por igual.
Aquella noche que estaba por nacer mi segundo hijo, David, llegue a la fórmula mágica para responder a la pregunta: ¿cómo dividir equitativamente mi amor de madre entre mis hijos? Descubrí que el amor no se divide. El amor se multiplica!



NOAJ: Cuando el hombre descubrió la mortalidad

¿Cual fue la causa del diluvio? ¿Un meteorito? ¿Un cataclismo universal? ¿Un cambio climático? La Torá no es un libro común. Es un libro Divino. Y como tal, exige una lectura no convencional. Esa lectura implica, entre otras cosas, leer los silencios del texto, leer entre sus líneas y, particularmente, saber que nada está allí innecesariamente.
En el quinto capítulo de Bereshit (Génesis) en la Perashá de la semana pasada, leemos la historia de la genealogía humana: una lista, aparentemente superflua, de los años que vivió cada uno de los descendientes de Adam, el primer hombre. La Torá menciona 9 generaciones: Adam, Set, Enosh, Kenan, Mahalalel, Yared, Janoj, Metushelaj y Lémej, el padre de Noaj. Su bien todos vivieron una larga vida, el récord (hasta el momento…) lo tiene Metushelaj -Matusalém- que vivió 969 años.
De cualquier manera, la pregunta sigue allí: más allá de satisfacer nuestra curiosidad ¿qué nos enseña este registro civil de las edades de los primeros humanos? ¿Para qué necesitamos tanto detalle?
Si observamos con detenimiento el paso de los años descubriremos algo maravilloso.
El año 930, contando a partir de la creación, se produce un evento extraordinario. Muere Adam, el primer hombre. Los hombres, los miles o cientos de miles de descendientes de Adam, ya sabían que un ser humano podría ser asesinado, como Abel. Pero ahora, por primera vez, se produce la muerte natural. HaShem ya le había dicho a Adam que no viviría por siempre. Pero esa advertencia tardó más de nueve siglos en concretizarse. Suficiente tiempo para que los seres humanos se olviden de la mortalidad. Adam, Set , Enosh, etc. dada su avanzadísima edad, eran vistos como inmortales. La muerte natural de Adam fue un hecho que hasta ahora no tenía precedentes y provocó un estado de shock y pánico. Lo único que podía aliviar ese miedo, el miedo a la muerte, era suponer que la mortalidad afectaría solamente a Adam, como individuo, por haber desobedecido a Dios comiendo del fruto prohibido.
Pero en el año 987 (uno tiene que hacer la cuenta por sí mismo, porque este cálculo no está explícito en la Torá!) se registra la segunda muerte natural: fallece Janoj, a la tierna edad de 365 años… Esta segunda muerte ya no se podía atribuir a la desobediencia. La Torá dice explícitamente que Janoj era un hombre justo, que se encaminaba por el camino divino (Gen. 5:24). La muerte de Janoj fue un evento estremecedor. La Torá lo describe con palabras que parecen indicar la sorpresa generalizada y el terror de los humanos de esa generación que se enfrentaban con un evento que no entendían muy bien. “Fallecer” era algo tan novedoso que los hombres todavía no lo podían definir con una palabra convencional. El texto no dice que Janoj “murió”. Dice, casi que con la inocencia que se relata la muerte a un niño, “y Janoj ya no está, porque Dios se lo llevó“.
La tercera muerte natural fue la de Set, el hijo de Adam. Esto ocurrió en el año 1042. Y la tercera es la vencida… Ahora ya es un hecho. La muerte está aquí, para quedarse.
La reacción de los hombres frente a la inevitabilidad de la muerte, que se describe en el final de la Perashá pasada, no fue muy positiva. Todo lo contrario. La conciencia de la mortalidad causó un pánico que puso de manifiesto lo peor del ser humano. Como en esas situaciones de Hollywood donde los humanos reaccionan a la inminente caída de un meteorito que destruirá a la tierra. Los hombres que saben que van a morir sólo quieren disfrutar al máximo, materialmente, del tiempo que les queda. Todo el esfuerzo está puesto en sobrevivir, sin importarles de los demás. Como dijo Yeshayahu (22: 13), citando la filosofía de vida de los hombres sin Torá: אכול ושתה, כי מחר נמות, “Comamos y bebamos [todo lo que podamos], ya que [de cualquier manera el día de] mañana nos vamos a morir”.
Una frase en el texto de la Torá revela algo de esa nueva condición humana: “Y vieron los hombre poderosos a las mujeres [de otras familias, tribus. et.] y tomaron [por la fuerza] a todas las mujeres que quisieron”. Nuestros rabinos agregaron que la generación previa al diluvio no sólo se destacó por la violencia sexual, sino también por la anarquía: corrupción, la opresión del más débil, el crimen generalizado y especialmente la falta de ley, orden y justicia.
En esa situación HaShem decide dos cosas: 1. Acortar la vida humana (algo que irá ocurriendo gradualmente) y 2. Traer el diluvio. Hacer un “reset” de la civilización humana con Noaj y sus hijos.
Ahora entendemos que lo que causó el diluvio no fue un meteorito ni el cambio climático: fue ese estado de degeneración, violencia, caos y corrupción de los hombres, reaccionando al descubrimiento de su inevitable mortalidad.
En el año 1056 nació Noaj, el protagonista de nuestra Perashá. Es el primer hombre que habita un mundo de hombres conscientes de su mortalidad. Al terminar el diluvio Noaj recibió el primer código de leyes: 7 normas básicas que condenan el asesinato, el robo, la promiscuidad, etc., y ordenan el establecimiento de tribunales de justicia que eviten la impunidad. Todo esto va a posibilitar que se cree un nuevo clima de ley y orden.
Pero habrá que esperar otras 10 generaciones más para que otro hombre, Abraham Abinu, y sus descendientes, hagan un segundo descubrimiento. 1.Que si bien limitada y relativamente corta, la vida es una oportunidad que HaShem nos da para acercarnos a Él por nuestra propia voluntad y esfuerzo. 2.Que no fuimos creados por Dios para explotar al prójimo sino para asistirlo. 3.Y finalmente, que la mortalidad afecta al cuerpo del hombre, pero su espíritu Divino, su neshamá, sobrevive.



LA BENDICION DE LOS COHANIM

El texto de Bircat Cohanim, la bendición de los Sacerdotes, se encuentra en la Perashá de esta semana, Nasó. Esta bendición, que contiene 3 versículos, y menciona 6 elementos o cualidades que todos deseamos recibir de Dios. Si bien los Cohanim son los que recitan esta bendición para toda la comunidad, es Dios quien nos concede estas bendiciones y no los Cohanim.  Ademas de su profundísimo contenido cabe destacar que el texto está presentado en una progresión matemática muy precisa: el primer versículo tiene 3 palabras y 15 letras. El segundo 5 palabras y 20 letras. Y el tercero  7 palabras y 25 letras.

Como dijimos, cada pasuq contiene dos bendiciones, una complementa a la otra .

Veamos.

יברכך ה  El primer pasuq dice: “Que HaShem (= Dios) te bendiga y te proteja”.

TE BENDIGA: Esto quiere decir: que HaShem te conceda y te otorgue todas las bendiciones materiales que necesitas, casa, comida, vestimenta, etc.  Por supuesto que el hecho que Dios me bendiga no quiere decir que yo espere que Dios me conceda todos lo que necesito sin yo trabajar para merecerlo. “La bendición de Dios no reemplaza el esfuerzo humano, sino que lo gratifica con frutos”. El hombre debe trabajar la tierra y plantar las semillas. Y si Dios me concede Su bendición, las semillas crecerán y obtendré sus frutos.  La bendcion implica una suerte de asociación entre el hombre, que se esfuerza, y Dios,  que corona ese esfuerzo con frutos.

TE PROTEJA: Una persona que tiene abundantes bendiciones está expuesta al robo, al saqueo, a la envidia destructiva y ciortamente necesita más proteccieon material que alquin que no tiene nada. , sAdemas del esfuerzo tam,bien se trata de hacer méritos: por ejemplo, como puedo pretender que Dios bendiga mi esfuerzo si en mi trabajo, robo o actuo con deshonestidad, ”   sinoq eu puede requiere En la segunda bendición (veishmereja) pedimos que HaShem nos proteja de enfermedades o accidentes. Estas bendiciones se complementan entre sí: necesitamos dinero para comprar comida, ropa, etc. Pero también necesitamos la bendición de una buena salud, algo (una de las pocas cosas …) que no se puede adquirir con dinero. Obviamente, una bendición no es una fórmula mágica. Para recibir ésta y las demás bendiciones necesitamos  convertirnos en un receptor adecuado de esa bendición. Por ejemplo: Si pedimos de HaShem la bendición para nuestra buena salud, tenemos que hacer nuestro esfuerzo y mantenernos saludables, conducir nuestros autos con cuidado y hacer todo lo posible para evitar cualquier tipo de accidentes, etc.

יאר ה   El segundo pasuq dice: “Que HaShem te ilumine con Su presencia y te agracie”.

Aquí ya no se trata de bendiciones materiales, sino más bien espirituales. “Que HaShem te ilumine” significa que esperamos que HaShem nos ayude e inspire a obtener un tipo muy especial de sabiduría, la sabiduría de la Torá, que es la que viene directamente de HaShem. Las palabras bíblicas “Que HaShem te ilumine” יאר aluden a esa iluminación espiritual e intelectual, imprescindible para  abordar el estudio de la Torá. La segunda bendición de este versículo es חן,  gracia o favor. Los jajamim explican que aquí los Cohanim piden que HaShem nos bendiga con un buen carácter, nos inspire para ser amados por la gente, o como se dice en hebreo: para encontrar gracia en los ojos de los demás. La primera bendición se refiere a nuestros talentos espirituales e intelectuales. La segunda a lo que se llama hoy “inteligencia emocional”, la bendición de ser aceptado y querido por las personas que nos rodean.

ישא ה”  El tercer pasuq dice: “Que HaShem dirija Su presencia hacia ti y te conceda la paz”.

Empecemos por el final. Nuestros rabinos explicaron que no hay mayor bendición para el pueblo judío que la paz שלום. Los judíos no aspiramos a destruir a nuestros enemigos o a los infieles y controlar el mundo. Nuestras aspiraciones son nobles y muy sencillas. Sólo pedimos que nos dejen vivir en paz. Para poder servir a nuestro Dios,  cumpliendo con Su Torá y en nuestra propia tierra ,  Israel. Estas son todas nuestras aspiraciones nacionales.

Volviendo a la primera parte de esta berajá, literalmente dice: “Que HaShem dirija Su rostro hacia ti”. Obviamente Dios no tiene “rostro”. Nuestros rabinos explican que esta expresión significa: “Que HaShem te preste atención”. Esta es probablemente la  bendición más importante. Vamos a explicarlo con un simple ejemplo. ¿Qué debo hacer para merecer este extraordinario privilegio? ¿Que debo hacer para que Dios dirija Su rostro/atención hacia mí? Imaginen una clase en un enorme auditorio, con cientos de estudiantes. Todos llegaron a escuchar una conferencia que será impartida por un famoso profesor. Al entrar en el auditorio el profesor mira al público y le da la bienvenida a todos. Pero de pronto su vista se detiene en uno de los estudiante, alguien que está sentado en la quinta fila. El profesor fija su mirada en él por unos segundos, le sonríe, y lo saluda con su mano. Al final de la conferencia los demás alumnos se acercan al privilegiado alumno y le preguntan: ¿Por qué el profesor dirigió su rostro hacia ti, por qué te presto a ti una atención especial?  El alumno responde:  “Es que durante los últimos años he leído sus libros, intercambié algunos correos electrónicos con el profesor, y me he reunido con él en persona.”  Si queremos ser los destinatarios de esta bendición, si queremos ser identificados por HaShem y merecer su atención especial,  “debemos ser conocidos por Él.” Estudiando Sus obras y comunicándonos con Él tan frecuentemente como podamos. Así, nos transformaremos en un destinatario apropiado de ésta y de las demás bendiciones.




PERASHAT HASHABUA: Buscando una esposa para Isaac

Esta Parashá nos cuenta sobre los últimos días de Abraham Abinu.  Luego de ocuparse del entierro de su esposa Sará, Abraham sabe que le queda una importante misión por cumplir: casar a su hijo Isaac (Ytsjaq).  Es mucho lo que está en juego.  Encontrar una mujer digna de Isaac es lo que va permitir que el legado de Abraham, su pacto con HaShem, continúe para la posteridad.  Pero si la esposa no acompaña a Isaac, posiblemente todo se pierda….  En ese entonces, como hoy en día, la educación de los hijos y la continuidad dependen especialmente de la esposa. En este Shidduj, había demasiado en juego…
Para esta difícil misión Abraham envía a su sirviente más leal, Eliezer. Eliezer llega a Jarán, la tierra de la cual proviene Abraham y en la cual tiene todavía algunos familiares. Eliezer le ruega a HaShem que ilumine sus pasos. Y se propone hacer una “prueba” para elegir a la futura esposa de Isaac.
Eliezer se dice a sí mismo que si al llegar al pozo de agua-donde usualmente hay jóvenes mujeres que van a buscar el agua para sus casas- y él le pidiera a una de estas jóvenes un poco de  agua para beber, y la joven accediera y le ofreciera también darle de beber a sus camellos, ésta sería la futura esposa de Isaac.
Los rabinos se dividen en su opinión: Algunos, como haRambam, dicen que Eliezer no obró correctamente. Que no se puede “poner a prueba a Dios” (לא תנסו).  Yo no puedo decir, por ejemplo: “No estoy seguro si debo o no debo comprar esta casa. Por lo tanto, HaShem voy a tirar una moneda para que Tú me reveles Tu voluntad. Si es tu voluntad que yo compre esta casa, haz que la moneda caiga de ‘cara’. Y si no es Tu voluntad, entonces que sea ‘seca’. Al fin y al cabo, HaShem, Tú eres Todopoderoso, y está en tu poder determinar de qué lado caerá la moneda.” . Maimónides indica que este razonamiento, aparentemente impecable dado que HaShem es Todopoderoso, era parte de lo retórica que usaban los idolatras, cuando de esa manera “forzaban a sus dioses a revelar su voluntad”, la cual ellos manipulaban a gusto.
Otras opiniones, si bien aceptan el dictamen de Maimónides, dicen que en este caso Eliezer no trató de poner a prueba a Dios, sino de poner a prueba el carácter y la personalidad de la futura esposa de Isaac. Al fin y al cabo Eliezer no pidió un signo identificatorio “arbitrario”. No dijo, por ejemplo, “la joven que vista un vestido con flores, esa será la que HaShem quiere para Isaac”, o algo así. Eliezer se propuso identificar “cualidades” que probaran el buen carácter de la muchacha.
¿Y cuáles eran las virtudes que Eliezer esperaba ver, y que finalmente vio, en la futura esposa de Isaac? Eliezer buscaba en la futura esposa de Isaac, las virtudes de Abraham Abinu.
Veamos: cuando Abraham recibe a sus invitados, les ofrece menos de lo que al final les da. Abraham ofreció a sus tres invitados, “un pedazo de pan y un poco de agua”. Pero al final, les hizo un banquete con carne tierna, pan recién horneado, y deliciosos postres. Parte de la virtud de un Tsadiq (un Yehudi justo) “es hacer más de lo que promete”, (al revés de los políticos).
Algo más:  Abraham atendió a sus huéspedes  con “entusiasmo” (זריזות).  Una de las maneras de medir nuestro entusiasmo es ver qué tanto nos apresuramos en hacerlo. Si un niño de 12 años tiene que levantarse a la madrugada para hacer una tarea que no quiere hacer, seguramente se levantará muy lentamente, se vestirá en cámara lenta, con total desgano, etc.  Pero si tiene que levantarse a la madrugada para viajar en avión a Disneylandia, seguramente se levantará sin demoras, y se vestirá presurosamente, y con mucho entusiasmo.
Cuando Abraham recibió a sus invitados la Torá nos cuenta que Abraham se “apresuró” y le dijo a su esposa, prepara “pronto” tortas, y luego “corrió” hacia su ganado y se “apresuró” a preparar la carne…
Cuando Eliezer vio a Ribqá le pidió agua. Y Ribqá se “apresuró” hacia la fuente y le dijo: “Bebe Señor mío”. Y le dijo, de su propia iniciativa: “voy a dar de beber también a tus camellos. Y se “apresuró” y tomo su vasija y “corrió” hacia la fuente de agua y dio de beber a los camellos hasta saciar su sed.
Este comportamiento excepcional es propio de las personas que practican el Jesed, las obras de bien, en el más alto nivel. Hacen el bien, sin que se les pida. Hacen más de lo que se espera que hagan. O más de lo que ellos mismos prometieron hacer. Y cuando llevan a cabo sus obras de bien, lo hacen con entusiasmo, con pasión, desinteresadamente, sin desgano y haciéndole pensar a quienes le hacen un favor, que ellos le están haciendo el favor a uno.   Ribqá pasó la prueba. Y se graduó con el puntaje más alto.



LEJ LEJA: El revolucionario descubrimiento de Abraham Abinu

Abraham Abinu fue el descubridor del monoteísmo. Cuando toda la civilización humana creía en muchos dioses, Abraham entendió que existe un solo Dios. Pero esto es una parte de la historia.   La revolución de Abraham Abinu no consistió sólo en la negación del politeísmo. 
Además de haber concebido la unidad de HaShem, que HaShem es Todopoderoso, que ninguna fuerza de la naturaleza esta fuera de Su control y que HaShem es invisible, el mayor descubrimiento de Abraham, creo yo, fue que HaShem se interesaba por él.  Abraham descubrió que HaShem lo quiere.  Esta idea fue tanto o quizás más revolucionaria que la idea de la unidad o invisibilidad de Dios.  
Para comprender mejor la magnitud de la impresionante revolución de Abraham Abinu, veremos muy brevemente cómo concebían los pueblos paganos a sus dioses e ídolos.
A los dioses mitológicos (‘aboda Zará) no les importaba en absoluto de la humanidad. Los dioses paganos, que poseían cuerpos de formas humanas, nacen, mueren, tienen deseos y pasiones y luchan contra otros dioses. Esos dioses no le regalaban nada a los hombres. La principal preocupación de ellos era la conspiración y la guerra, guiada por una insaciable sed de poder. Estaban ocupado en sus batallas contra otros dioses y en la satisfacción de sus pasiones. Si uno de esos dioses mitológicos, por ejemplo, desataba una tormenta, no era porque tenía compasión por la humanidad y les enviaba la lluvia que tanto necesitaban. Era porque estaba combatiendo a sus enemigos y los atacaba con rayos, o los ensordecía con sus truenos. Eso hacia que accidentalmente lloviera sobre la tierra. Esos dioses también tenían el poder para hacer llover voluntariamente, pensaban los paganos. Pero no iban a producir la lluvia gratis. Los dioses tenían que recibir algo a cambio. Los sacerdotes paganos decían, por ejemplo, que si alimentaban a los dioses, o si sacrificaban 10 guerreros, los dioses absorberían el espíritu y el poder de estos guerreros, y así lucharían mejor contra otros dioses. Y a cambio de este sacrifico, quizás harían llover. Esta era, en muy pocas palabras,  la dinámica ente hombres y dioses en el mundo de ‘abodá zará. 
Ahora bien, cuando HaShem le dice a Abraham que salga de su tierra y vaya para Canaan (Israel) le promete (Gen. 12):  “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré. Y serán bendecidas por ti todas las familias de la tierra.”    Esto es una revolución! HaShem  bendice ¿y no pide nada a cambio?  ¿Y por qué HaShem me bendice, habrá pensado Abraham? ¿Por qué Hashem me ayuda(‘ozer)? ¿Querrá que yo haga por Él?
Luego, Abraham tiene un enorme problema. Su esposa es secuestrada por el hombre más poderoso de Egipto. Al final HaShem rescata (moshi’a) a Sará. Y ya de regreso a Erets Israel, cuando el episodio del secuestro de Sará llega a un final feliz, Abraham se da cuenta que fue HaShem quien lo  protegió, incluso sin que Abraham se lo haya pedido. HaShem cuidó de él y de su esposa Sará, incluso sin que Abraham lo supiera (maguén, que es cuando HaShem nos cuida sin que nos demos cuenta). 
¿Por qué HaShem se interesa por mí? Debe haberse preguntado Abraham? 
Vamos a intentar una explicación.  Los pueblos paganos no tenían ningún dios a quien llamaban “Creador”,  ya que no creían en la Creación.  Suponían que el universo, el mundo de esos dioses, había existido eternamente. La creación del mundo, de la humanidad en todos los mitos paganos, había sucedido accidentalmente. Como resultado incidental de la guerras entre dioses.
Pero Abraham descubre que HaShem controla el mundo porque es el Creador (qone shamayim vaarets). Y que Él creo y nos dio la vida. Abraham se da cuenta que HaShem es Boré Olam, el Creador, y que tal Él es como nuestro “padre”. ¡Ahora todo cierra y tiene sentido! Abraham acaba de descubrir por qué HaShem lo bendice, lo ayuda, lo rescata, lo protege, se interesa por él… y no le pide nada a cambio. 
La lucha contra la idolatría que inició Abraham Abinu fue sin duda la revolución más importante en la historia del pensamiento humano. Abraham destruyó ídolos enseñó al mundo que HaShem, el único y verdadero Dios, no tiene imagen, ni forma, ni necesidades, ni rasgos humanos, ni semejanza alguna con los humanos. Demostró la falsedad de la idolatría. Desenmascaró a sus líderes y construyó los fundamentos del pueblo judío. Pero el mayor descubrimiento de Abraham Abinu fue que HaShem nos quiere, como un padre quiere a sus hijos




Shabbat: del fuego a la eletricidad

לא תבערו אש בכל מושבותיכם ביום השבת
Hay 39 categorías de actividades prohibidas en Shabbat. Estas actividades son llamadas “melajot”.  “Melajot” no son “trabajos”. Estas “melajot” no consisten necesariamente en una tarea que requiere un esfuerzo físico, como popularmente se cree. Las “melajot” son en realidad actividades creativas, algunas de ellas no demandan un esfuerzo físico por ejemplo: escribir, cocinar,  coser, etc.
Una de estas 39 melajot, tal vez la más conocida, está mencionada en la Perashá de esta semana (Shemot 35: 3): 
 
“No encenderéis fuego, en ninguna de tus residencias, en el día de Shabbat”. 
 
Lo que tiene de especial esta melajá (singular de melajot) es que es la única que fue descrita explícitamente  en la Torá.  Todas las demás melajot se deducen directa o indirectamente de la construcción del Mishkán. Es decir, toda actividad que se realizó para construir el Templo en el desierto (el Tabernáculo) constituye una tarea prohibida durante Shabbat. 
Algo que también debemos saber es que cada categoría de melajá (ab melajá) incluye también sus derivados o sus extensiones, en hebreo “toledot”.  Esto quiere decir que las melajot no se limitan a esa tarea específica, sino que las 39 categorías incluyen muchas otras actividades que pertenecen a esa misma categoría de actividad.
Si bien este tema es muy complejo, vamos a dar un ejemplo sencillo:  La categoría de “escribir” (hakoteb). Dentro de escribir esta incluido también trazar, dibujar, imprimir (usar un sello, por ejemplo). Y aunque en los tiempos del Talmud no existía la tecnología moderna, los rabinos contemporáneos entienden que la melajá de escribir también incluye la prohibición de  usar una maquina de escribir, una computadora (aparte de la prohibición de usar electricidad) , escribir un text en un  teléfono celular, sacar una foto (sería como imprimir un sello) o grabar una conversación.
Ahora que quizás entendimos el concepto de las “extensiones” de una melajá, podemos comprender mejor por qué la activación de una luz incandescente (= luz producida por el calor) o el encendido de un artefacto eléctrico, se considera una extensión (toladá) de la prohibición bíblica de encender un fuego.

El fuego es uno de los agentes más importante a la hora de modificar o mejorar algo. Los metales son modificados por el fuego, los alimentos se preparan usando fuego, el frío se combate con el fuego. Usando el mismo principio del fuego, “calor y energía”, el hombre moderno inventó 
máquinas activadas y movidas por vapor, carbón, combustibles y en nuestros días por la electricidad. La pregunta es: una fuente de calor o energía que no produce una llama, ¿está incluida dentro de la melajá “encender un fuego”?
Si bien los Rabinos contemporáneos discuten algunos tecnicismos, como ser ¿a qué categoría pertenecen estas prohibiciones (Bíblicas, rabínicas, beniyá, etc)  hay un consenso total acerca de la prohibición de la activación de cualquier forma de energía eléctrica o combustión en Shabbat.
Esta consideración está basada en el hecho que en la Guemará (siglo V de la era común) se discutió un caso muy interesante: ¿qué pasa si se usa en Shabbat, por ejemplo para hervir agua, una barra de metal caliente? Los rabinos entendieron que si bien no se trata del fuego mismo, es decir, “no hay una llama”, esa barra metálica incandescente actúa de la  misma manera que el fuego (calentando, y actuando como una fuente de energía) y por lo tanto determinaron que esa barra caliente se considera una extensión de la categoría fuego “(Ver Masejet Shabbat 41a).
Sobre la base de esta Mishná y otras fuentes talmúdicas que definen como “fuego” a algo caliente o a una fuente de energía, Maimónides (1135-1204) afirmó: “El que calienta un barra de metal para templar el agua en ella ha violado la prohibición bíblica de encender un fuego” (MT, Shabbat 12:1). Ya que esta barra incandescente se considera definitivamente una extensión de la melajá “fuego”,  aunque no produce una llama
Para que sea más sencillo para el lector hispanoparlante entender por qué la utilización de todos los aparatos electrónicos se considera una extensión de la categoría de “encender” un fuego, tomemos en cuenta que cuando nos referimos a la activación de un aparato electrónico o un automóvil empleamos el mismo verbo que la Torá usó en la Parasha de esta semana para la utilización del fuego: “encender” o “prender”. Decimos: encender la luz, aunque no se trata de un fuego real; prender el motor, aunque no hay llamas visibles; prender la radio, prender el celular, encender o prender y apagar la computadora, etc



PARASHAT ITRO: La envidia, y el consejo de mi abuelita

En la Parashá de este Shabbat, ITRO, leeremos los diez mandamientos.  El último de ellos es el que nos advierte “No Envidiarás” .
“No envidiarás la casa de tu prójimo, no envidiarás la mujer de tu prójimo, ni a su siervo, ni a su sierva, ni a su buey, ni a su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.”
La Torá nos enseña que la felicidad no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. Y si bien el ideal más alto de un Yehudí es desarrollar un carácter que sea inmune al sentimiento de envidia, es casi imposible evitar que un pensamiento de envidia ingrese en nuestra mente. Pero lo que sí podemos evitar es que ese pensamiento se  instale en nosotros, y se quede allí a controlar nuestra mente y causarnos un gran daño emocional.
Ésta es quizás la lección más antigua que HaShem le enseñó a la humanidad. Cuando Cain vio que Hashem recibió la ofrenda de Hebel (Abel) y rechazó la suya, Cain se llenó de envidia y se deprimió. ¿Qué había pasado? Mientras que Hebel le había ofrecido a HaShem, como gesto de gratitud, lo mejor de su cosecha, Cain ofrendó lo que a él ya no le servía, lo que iba a desechar. HaShem le explico a Cain lo que tenia que hacer para que sus ofrendas fueran recibidas.  “Cain, ¿por qué estas deprimido? Si simplemente haces las cosas mejor, y eres un poco menos egoísta, tu ofrenda será recibida “הלא אם תטיב שאת”… Y si no lo haces, quiero que sepas que el pecado [de la envidia] te hará caer, y si no lo controlas, terminará controlándote a ti… .    Pero como sabemos, Cain no escuchó las palabras de HaShem y en lugar de concentrarse en hacer mejor las cosas, para lograr así su objetivo, que su ofrenda sea recibida, eligió la via más fácil: matar a la competencia.
En Melajim 1, capitulo 21 tenemos otro ejemplo del poder destructivo de la envidia. Nabot tenía una viña. Y Ajab, el rey, quería su viña. Y le dijo a Nabot: véndeme tu viña, que está cerca de mi palacio, para que yo me pueda hacer allí un hermoso jardín.  Nabot le respondió a Ajab que no podía vender su viña, ya que era la heredad de sus padres. Ajab se fue a su casa, triste y deprimido. El rey, que todo lo tenía, estaba ahora obsesionado por tener el campo de Nabot. Su esposa fenicia, Izebel, le hizo la misma pregunta que HaShem le hizo a Cain: ¿Por qué estás deprimido? Y cuando Ajab le contó la causa de su tristeza, Izebel le aconsejó a su esposo exactamente lo contrario de lo que HaShem le aconsejó a Cain. Ella le dijo: ¿No eres tú el rey? Levántate y observa como yo te daré la viña de Nabot. Izebel planeó un complot contra Nabot. Lo acusó falsamente de haber blasfemado a Di-s y al rey. Contrató dos falso testigos para incriminar a Nabot, y finalmente el tribunal encontró a Nabot culpable. Lo sentenciaron a muerte y lo ejecutaron. Y entonces Izebel le dijo a Ajab: “Ahora puedes confiscar su viña y hacer con ella lo que te plazca.”
Es interesante observar que violar el ultimo mandamiento, el de la envidia,  llevó a que se violara también el noveno, “NO DARAS FALSO TESTIMONIO”,  cuando se acuso falsamente a Nabot; el octavo, “NO ROBARAS”, cuando Ajab “confiscó” la propiedad de Nabot, y finalmente el sexto Mandamiento, “NO MATARAS”, cuando ejecutaron al pobre Nabot.
La envidia es destructiva. Nos empuja a destruir a los demás. Pero también termina destruyéndonos a nosotros mismos.  Ya que si bien Hebel y Nabot fueron víctimas fatales de personas envidiosas, Cain y Ajab, tuvieron un final trágico, y fueron víctimas de su propia envidia.
Pero. ¿Como se combaten los pensamientos de envidia? Una respuesta seria y profunda a esta pregunta demandaría todo un libro.
Así que voy a compartir con los lectores una simple idea que me enseñó mi abuelita z”l.  Ella decía que hay que adquirir una “mentalidad de berajá” (lo que Stephen Covey llama: “win/win mentality”).  Brevemente, no hay que pensar que para que yo gane alguien tiene que perder. Y principalmente, no hay que pensar que para que yo tenga más, alguien tiene que tener menos.  
La mentalidad de Berajá consiste en pensar que Baruj HaShem,  HAY SUFICIENTE PARA TODOS.
SHABBAT SHALOM!



6. Tener presente a Dios en las buenas y en las malas

Para hablar de la Emuná de Yosef debemos aclarar primero  la noción de Emuná.  Emuná se traduce generalmente como “fe”, y se entiende como “creer” en la existencia de D-s.  La Emuná de Yosef, y la Emuná de un Yehudí, como explicaremos en las próximas lineas, va mucho mas allá de ese tipo de “Fe”.  Emuná consiste en TENER presente a D-s, HACERLO presente en nuestras vidas.
Ahora vamos a hablar de Yosef.  Hay una diferencia fundamental entre Yosef y sus antepasados.  HaShem habló, se comunicó de una manera directa, con Abraham, con Isaac y con Ya’aqob. Pero HaShem nunca habló “directamente” con Yosef. Por otro lado vemos que HaShem estaba muy cerca de Yosef. La Torá nos cuenta (Gen. 39:23) que gracias a la intervención Divina Yosef prosperó en todos sus emprendimientos  ואשר הוא עושה ה’ מצליח .
Ahora, bien ¿cómo logró Yosef que HaShem esté cerca de él, si HaShem no hablaba directamente con él?
HaRambam, Maimónides, describe de una manera absolutamente sencilla pero muy profunda cuál es el secreto para que HaShem esté con nosotros. Dice Maimónides que HaShem estará tan cerca de nosotros como nosotros estemos de Él.  Cuando pensamos en HaShem, Su Presencia, por decirlo de alguna manera, se sincroniza con nuestro pensamiento.
En todas las circunstancias que le tocó vivir, Yosef siempre tuvo a HaShem en su mente.
Yosef tuvo presente a HaShem cuando fue provocado por la esposa de Potifar (Gen. 39:9). Como explican nuestros Jajamim, en ese momento Yosef vio la imagen de su padre, que le recordaba que lo que podría pasar con la esposa de Potifar, no seria correcto a los ojos de HaShem.
En los peores momentos de su vida, cuando estuvo preso por un crimen que no cometió, y sin ninguna esperanza lógica de salir de allí, Yosef no abandonó a HaShem. Muchas personas posiblemente no hubieron persistido en su Emuná en la circunstancias de Yosef. ¿Por qué? Porque cuando alguien está muy mal, y especialmente cuando uno es víctima de una injusticia,  puede pensar que HaShem lo abandonó, o que D-s no existe, ח”ו . Pero Yosef perseveró. Tuvo a HaShem presente y no dejó de pensar en Él y mencionarlo (40:8).
Por el otro lado, cuando Yosef ve que llega su hora de éxito e interpreta efectivamente los sueños del Faraón, también menciona a haShem (Gen. 41:32) Cualquier otro individuo se hubiera jactado de poseer una gran sabiduría o superpoderes. Pero Yosef tuvo presente a HaShem y le atribuyó a Él la interpretación.
Y cuando Yosef finalmente triunfó, también siguió pensando en HaShem. Yosef tuvo presente  y mencionó a HaShem cuando perdonó a sus hermanos (50:19,20).
Este es probablemente el logro más importante en la Emuná de una persona: tener presente a HaShem cuando uno es rico y está sano. Muchas personas fallan en el desafío de la riqueza y el bienestar. Se olvidan de HaShem porque sienten que ya no lo necesitan  ח”ו. Nuestros jajamim nos advirtieron sobre este fenómeno cuando nos dijeron  que “el desafío de la riqueza (tener presente a HaShem cuando es rico) es más difícil  que el desafío de la pobreza גדול נסיון העושר מנסיון העוני.
Ahora podemos entender mejor por qué la Torá dice que HaShem estaba con Yosef: HaShem estaba junto a Yosef porque Yosef tenía a HaShem en su mente en todo momento.
De Yosef aprendemos también que si alguna vez sentimos que HaShem está lejos de nosotros es porque seguramente nosotros nos hemos alejado de Él.
 
SHABBAT SHALOM!
Rab Yosef Bittón
Comunidad Ohel David UShlomo
710 Shore Boulevard, Brooklyn, NY.
לע”נ עופר בן ארי והרב ראובן בילמאכר
Lamentablemente, en los últimas semanas, escuchamos casi a diario muy malas noticias sobre nuestros hermanos de Erets Israel.   La maquinaria asesina del enemigo no cede y hace un par de días, en el corazón de Yerushalayim, el rabino Reuben Bilmajer הי”ד fue asesinado a sangre fría por dos terroristas palestinos. El Rab Bilmajer era argentino y había hecho Aliya hace unos pocos años con su esposa y sus siete hijos.  Creo que esto, como hispano-parlantes, nos toca muy de cerca.  Es por eso que quiero invitar a los lectores de Halaja of the day a sumarse a una campaña que esta realizando Aish haTora para juntar fondos para la esposa y los hijos del rab Bilmajer.  En este link  está toda la información necesaria para hacer una donación.
TIZKU LAMITSVOT!!!!



1. La paciencia, como expresión de la fe

 
Yosef fue vendido en Egipto como esclavo. Llegó sin nada a un país extraño, con una lengua que él no conocía.   En su primer trabajo, en la casa de Potifar, Yosef triunfó. Potifar se dio cuenta que el esclavo que había comprado no era útil sólo por trabajos manuales. Yosef también tenía cabeza. Era un gran administrador. Y algo más. Yosef inspiraba confianza. Potifar dejó toda la administración de su casa, de sus bienes y hasta de sus otros esclavos en las manos de Yosef.  En la casa de Potifar, no había nadie encima de Yosef.  Estaba todo bajo su control.  Aparentemente Yosef había encontrado su destino final. Ser un esclavo exitoso.  Este sería su cargo por el resto de su vida: capataz de la hacienda de Potifar.  Dada las circunstancias, no era poca cosa. Habiendo comenzado como un esclavo común, era imposible llegar más alto…
Pero las cosas comienzan a empeorar para Yosef.  La esposa de Potifar lo provoca. Pero Yosef no sucumbió y con mucha sutileza, pero con firmeza, rechazó sus avances. Le explicó que eso estaría muy mal respecto a su marido y por sobre todo, respecto a D-s “Cómo podría hacer yo algo tan malo y pecar así contra D-s” (Gen. 39:9).
La mujer de Potifar no tomó muy bien el rechazo de Yosef y lo acusó falsamente de haber querido abusarse de ella.  Potifar aparentemente no le creyó a su mujer. Ya que de haberle creído hubiera matado a Yosef en el acto.  Potifar decide entonces enviar a Yosef al calabozo. La situación de Yosef es ahora desesperante. Su condena no es por un par de años, es de por vida.   Yosef está en el nivel más bajo que un ser humano podía estar en Egipto.  La vida de los esclavos en Egipto no tenía ningún valor. Probablemente un caballo valía más que un esclavo. Imaginemos entonces lo que valía la vida de un esclavo en prisión… Ahora sí: más bajo no se puede llegar.
En la cárcel Yosef también inspira confianza. El jefe de la cárcel, al igual que Potifar, identifica los talentos de Yosef. Y al igual que Potifar, deja en manos de Yosef la administración de la cárcel.
Yosef tiene una oportunidad. Dos presos VIP, ministros del Faraón, sueñan unos extraños sueños.  Yosef, que del tema sabía mucho, interpreta sus sueños. Y le anuncia a uno de los dos ministros, el que se encargaba de toda la parte de bebidas del Faraón, que iba a ser liberado y restablecido en la corte. Yosef ve en esta circunstancia fortuita una oportunidad para salir de la cárcel. Y le pide al ministro que cuando esté libre, por favor se acuerde de él y lo ayude a salir de la cárcel, ya que él, Yosef, es inocente.   Pero el ministro no sólo que no se acuerda de Yosef, sino que conscientemente borra a Yosef de su memoria.
Y aquí comienza la primera lección de Yosef y la primera clave de su éxito: La paciencia (más adelante entenderemos que la paciencia de Yosef es una función de su Emuná).  Como sabemos, Yosef llegará muy, pero muy alto. Hasta la posición más alta que se podía llegar en Egipto. Pero había que esperar. Tocar fondo.   En el momento que el ministro sale de la cárcel, Yosef  deseaba con toda su alma que el ministro se acordara de él y lo viniera a salvar “YA”.  Pero pensemos: ¿Qué hubiera pasado si los deseos de Yosef, milagrosamente se hubieran cumplido?  ¿Qué hubiera sido de Yosef si un día después de que el ministro es liberado, lo manda a sacar a Yosef de la cárcel? Yosef, sin dinero, sin familia y con el prontuario de un ex-esclavo ex-convicto no podría haber llegado muy lejos…. Si en ese momento HaShem hubiera escuchado los ruegos de Yosef y hubiera hecho un milagro para que saliera de la cárcel, Yosef nunca habría llegado donde llegó.
La primera clave del éxito de Yosef consistió en cultivar la paciencia, con Emuná.   Las cosas no siempre salen exactamente como nosotros queremos que salgan. Pero muchas veces, después de un tiempo nos damos cuenta que “gracias” a que las cosas no salieron como uno lo hubiera querido, ahora pueden salir mejor.  Todas las experiencias negativas que vivió Yosef, todo lo que lo hizo llegar más y más bajo, hasta el punto de la desesperación, fueron necesarias para llegar hasta la cima.
Pero había que tener paciencia para descubrir esto desde la correcta perspectiva. A su debido tiempo.
(Continuará B”H mañana)



PERASHAT EQEB: Los riesgos del éxito material

El pueblo de Israel, 40 años después de abandonar la esclavitud en Egipto, está listo para entrar a la tierra prometida. Hay un pequeño problema: la tierra no esta vacía, deshabitada. De hecho, hay siete pueblos y decenas de ciudades contra las que habrá que luchar. Porque esta tierra hay que conquistarla. Este no es un desafío menor. Recordemos que 40 años atrás, el miedo a pelear paralizó a toda una generación que terminó muriendo en el desierto. Ahora, Moshé se dirige a la nueva generación. Les da un largo discurso que ocupa la mayor parte del libro de Debarim. ¿En qué consiste este discurso? Normalmente, en esta circunstancias, se hubiera esperado que el líder de los combatientes arengue a sus soldados. Los motive a pelear con sus vidas. Normalmente, el líder se expresaría con frases cliché como: “matar o  morir”, “luchar hasta el final”, “combatir sin piedad”, etc, etc.  Así lo hizo Julio Cesar cuando su ejercito iba a ingresar a Britannia antes de quemar las naves. Y así lo hicieron todos los líderes militares convencionales.

Pero Moshé Rabbenu no está inquieto por la batalla. casi que no habla de la guerra que vendrá… No le preocupa la estrategia militar o el espíritu combativo de sus soldados. Moshé sabe que esa guerra se va a ganar porque así lo prometió HaShem. Porque Él va a luchar junto con Israel. ¿Qué le preocupa a Moshé ? A Moshé Rabbenu lo inquieta la victoria. Los efectos espirituales del éxito y de la abundancia material.

Israel es una tierra fértil y rica, donde lo material sobra (Debarim 8:7-9) “[Israel es…] una tierra con arroyos, y de la cual brotan manantiales hacia los valles y las colinas; una tierra de trigo y cebada, viñas e higueras, granadas, aceite de oliva y miel; una tierra donde el pan no escasea y nada te faltará” 

   

Moshé teme las consecuencias espirituales de la estabilidad y la riqueza. Teme que una vez que el pueblo se asiente en sus nuevas mansiones y en sus ricas tierras, se olviden de quiénes son y deben ser…

(Debarim 8:10-19) “Cuando hayas comido y estés satisfecho… ten cuidado de no olvidar a HaShem tu D-s, y [dejar de] cumplir Sus mandamientos… No sea que cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y tu oro aumente, y todo lo que tu tienes abunde … tu corazón se enorgullezca, y te olvides de HaShem, tu D-s, que te sacó de Egipto, la tierra de la esclavitud….no sea que te convenzas a ti mismo diciendo: ‘Mi propio poder y la fuerza de mi mano han logrado toda esta riqueza para mí’… y cuando te olvides de HaShem tu Dios, buscarás otros dioses y te inclinarás ante ellos”

Así están planteadas las cosas en la Torá. Existe una progresión psicológica y espiritual que comienza por la abundancia y termina por una forma especial de idolatría.

1. La riqueza y la opulencia pueden llevar al hombre a olvidar a D-s. Este es un fenómeno, lamentablemente, común.  Cuanto más sufrimos, pobreza, enfermedad y perdidas,  más nos acordamos de D-s. Y viceversa.

2. Cuando nos olvidamos de HaShem, nos volvemos arrogantes. “Todo lo que tengo lo logré yo mismo, con mi propio esfuerzo”.

3. Esa vanidad lleva a (o es) una forma de ‘abodá zará (idolatría), que en este contexto debe ser entendida como “egolatría” o  auto-adoración. La naturaleza humana no tolera vacíos. Si un hombre, saca a HaShem de su vida, generalmente lo reemplaza con su propio ego.

Ahora finalmente entendemos que la guerra con el enemigo no inquieta a Moshé Rabbenu.   La gran preocupación de Moshe es la guerra del hombre con su arrogancia. La Torá nos advierte que el éxito material puede ser muy peligroso. Porque  una vez que no “necesitamos” más rogarle a D-s por pan y agua, podemos olvidarnos de Él e ignorarLo. Abandonamos nuestras convicciones y las reemplazamos por nuestras conveniencias.  Esto es la corrupción moral.

Ahora bien, ¿Cuál es la solución al desafío de la riqueza y el éxito? ¿Debemos renunciar a la aspiración del bienestar material para no arriesgar el colapso espiritual? En realidad, la Torá presenta a la riqueza como una bendición (“berajá” literalmente, significa abundancia) a la cual tenemos derecho a aspirar. Mientras ganemos nuestro pan con honestidad, la Torá no nos impone un voto voluntario de pobreza.

La solución de la Torá al conflicto riqueza > orgullo no es evitar la riqueza sino evitar el olvido. El antídoto judío al olvido es el estudio permanente de la Torá y el cumplimiento de las Mitsvot. Como dice el Shemá’ Israel: debemos amar (=tener en mente.., pensar en…) a HaShem, nuestro D-s,  con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras posesiones. Debemos tener a HaShem en mente,  releyendo este mensaje todos los días, de día y de noche. Repetirlo a nuestros hijos y colocarlo frente a nuestros corazones, y sobre nuestras cabezas. Y tenerlo escrito, como un recordatorio permanente, en cada una de las puertas por las que entramos y salimos, todos los días de nuestra vida.