KI TETSE: ¿Perdonar o no perdonar?

MISHNE TORA, HILJOT TESHUBA: Capitulo 2, Halajá 10.

«Está prohibido para un individuo judío ser cruel y negarse a perdonar. Más bien, uno debe ser rápido para perdonar y difícil de enojarse. Y cuándo uno persona que lo ha agraviado le pide perdón, uno debe perdonarlo con un corazón completo y un espíritu dispuesto….y no debe buscar venganza ni guardar rencor. Este es el camino de los hijos de Israel y su espíritu recto.»

PERASHAT KI TETSE. Capitulo 25:17-19

17 Recuerda lo que te hicieron los Amalequitas en el camino, cuando salisteis de Egipto. 18 Cuando te agredió en el camino, atacando a todos los que estaban rezagados…. y no tuvieron temor de Dios. 19 Cuando HaShem tu Dios te dé descanso de todos los enemigos a tu alrededor, en la tierra que te da en posesión como herencia, borrarás el nombre de Amaleq de debajo del cielo. ¡Nunca lo olvides!

Estos dos textos presentan dos ideas distintas, opuestas, respecto al perdón. Por un lado, como estamos aprendiendo en estos días dedicados a la Teshubá, debemos perdonar y olvidar. Por otro lado, en la Perashá de esta semana, se nos prohibe “olvidar”. No podemos perdonar lo que hizo Amaleq. ¿Cómo se explica esta contradicción? ¿Qué tenemos que hacer, perdonar y olvidar o no perdonar y recordar?
Somos una nación que, lamentablemente, fue, es y será perseguida. Los “motivos” de esas eternas persecuciones son más excusas que motivos.  La persecución antisemita siempre fue  una cuestión de odio gratuito, injustificado.
El primer ejemplo, el arquetipo, de este odio gratuito fue Amaleq. Amaleq atacó a Israel sin motivo alguno. El pueblo de Israel, recién salido de Egipto, no era una amenaza para Amaleq. No pretendía conquistar sus tierras o quitarle sus posesiones. El ataque de Amaleq no fue provocado por Israel. Además, Amaleq no libró una guerra frontal contra Israel: atacó por atrás. Atacó a los que caminaban más lento: a los civiles, a los ancianos, a los débiles y enfermos. En otras palabras: atacó a los que no se podían defender. No fue una guerra convencional. Fue un ataque terrorista cobarde. Como el atentado a la pizzeria Sbarro en Jerusalem, o el ataque contra la AMIA en 1994.
Amaleq es sinónimo de “enemigo nacional” del pueblo judío.
Amaleq, desgraciadamente (e increíblemente!), no desapareció. Cambia de piel y de nombre pero su esencia judeofóbica no se modifica.
Cuando los reyes católicos echaron a casi medio millón de judíos de España en 1492, dirigiéndolos a una muerte segura, lo justificaron diciendo que era para proteger a los “conversos”, para que éstos, a quienes también acabaron persiguiendo, no perdieran su nueva fe Cristiana. Pero, si así fuera, ¿Por que se ensañaron también contra los 120.000 judíos de Portugal? ¿Por qué los españoles persiguieron también a los judíos cuando conquistaron el norte de Africa o el continente americano? ¿A qué conversos molestaban los judíos allí?
¿Qué amenaza presentaban los judíos de Alemania a su país?  Eran profesionales, intelectuales, científicos muy preparados, o comerciantes exitosos que contribuían a la economía de Alemana. ¿Y qué amenaza presentaban para Alemania los judíos de Polonia o de Hungría? La Shoá fue una manifestación más, la peor en toda la historia, de la filosofía de odio de Amaleq.
Irán amenaza con borrar a Israel del mapa. Pero ¿Por qué quiere Irán eliminar a Israel? ¿Cuál fue la provocación de Israel a Irán?   ¿Existe acaso un conflicto territorial entre Irán e Israel?  Israel e Irán están bastante lejos uno del otro. Hay dos países que separan a Israel de Iran: Siria, o Jordania, e Irak. No hay fronteras en común. Están tan separados uno del otro, como Argentina de Colombia.  Es increíble que tan poco se hable de esto, y que tan poco “sorprenda” la falta de justificación del odio de Irán hacia Israel.  Irán no es otra cosa que una nueva versión de Amaleq
Los ejemplos, lamentablemente, son muchos más de los que recién mencionamos. Pero creo que alcanzan para establecer la diferencia entre dos tipos de “enemigos, y aclarar así la aparente contradicción de los dos textos señalados
.
El judaísmo distingue entre el enemigo “social” y el “nacional”.
La enemistad social, afrima la Torá, sólo puede ser temporaria: enojarse con un amigo, un familiar, un colega es natural, pero no puedo permanecer enojado con mis amigos, colegas, familiares, etc. para siempre. Si estamos peleados, ofendidos, “enemistados”, debemos tener buena disposición para deja pasar, perdonar, no guardar rencor y olvidar. En estos casos hay que dar vuelta la página.
En cuanto el enemigo nacional,  aquel gentil que se comporta como Amaleq, la Torá nos exige en la Perashá de esta semana exactamente lo contrario. “Recordad y no olvidar”. Porque Amaleq no se hace más dócil cuando lo perdonamos: todo lo contrario.  ¡Se hace más cruel!  Interpreta nuestro perdón como debilidad y se envalentona aún más. Olvidar a Amaleq nos puede costar la vida. Es nuestro deber como nación nunca bajar la guardia con Amaleq.
Shabbat Shalom!



SHOFETIM: El juego de la Teshubá. Por Rabbanit Coty Bittón.

La Parashá y nuestros hijos
שופטים ושוטרים תתן לך
Los Jajamim del Musar vieron un mensaje muy importante en el primer pasuk de esta Parashá, algo que se relaciona con el comienzo del mes de Elul y el proceso de Teshubá o arrepentimiento.  Las primeras palabras de nuestra parashá literalmente dicen: Jueces… deberás asignar para ti mismo…  Esto quiere decir que, más allá de la Mitsvá de asignar jueces para juzgar y sentenciar crímenes, debemos desarrollar la capacidad de actuar como jueces “de nosotros mismos”.
Las palabras: “Jueces… deberás asignar para ti mismo”,  nos enseñan que la Teshubá no es posible a menos que abandonemos la zona de confort de la auto-defensa y tengamos el coraje de observarnos a nosotros mismos “desde el balcón” es decir, como otras personas nos ven.
Cuando mis niños eran chiquitos los llevaba a la cama un poco más temprano de su horario de dormir. Esto nos permitía disfrutar un ratito juntos leyéndoles un cuento, charlando y jugando algún juego sin sentirme presionada por el tiempo. Uno de esos “juegos” consistía en que cada uno de nosotros tenía que contar algo que hicimos durante ese día y que nos hizo sentir contentos y orgullosos. Surgían ejemplos como: dije Tefilá con Kavaná;  le presté mi lápiz a un amigo; ayudé a mamá a poner la mesa; no lloré cuando me caí; metí un gol, etcétera.
En una segunda ronda nos tocaba hablar de algo que hicimos hoy, pero que ahora desearíamos haber actuado de manera diferente. Y los casos que traían mis niños podían ser: Le pegué a mi hermanito; tiré mi sandwich a la basura en vez de comerlo; le dije una palabra fea a mi amiga; tomé algo “prestado”, etc.  Por supuesto que yo también participaba con ejemplos de mi día. Compartía con ellos mi sentimiento de satisfacción si le había cocinado la cena a la familia de mi amiga que había dado a luz, y mi frustración si, por ejemplo, fallé y hablé lashón hará.
Muchas veces, cuando nos sentíamos inspirados y creativos, se desarrollaba una conversación donde cada uno analizaba lo que había dicho su hermanito o hermanita. Se aplaudía por los logros, y también opinábamos sobre cómo se podía modificar una acción equivocada: mañana le tengo que pedir perdón a mi amiga; no voy a tirar la comida; tengo que devolver lo que tomé prestado, etc.
Hoy entiendo que sin darme cuenta les estaba regalando a mis hijos una práctica invaluable: el hábito de la  introspección. Acostumbrarse a tener el coraje de mirar adentro de uno y reflexionar. Y analizar nuestro comportamiento en la forma más objetiva posible, sin caer en el riesgo de llevarlos a sentir una culpa dañina o destructiva. Porque estábamos jugando y aprendiendo que nadie es perfecto. Que es normal equivocarse y cometer errores. Y que siempre es posible ¡y muy bueno a los ojos de HaShem! mirar hacia atrás y hacia adentro, reconocer nuestras fallas, reparar y pedir perdón. Practicamos a no ser muy estrictos juzgando a los demás. Y sobre todo aprendimos que cuando me pongo en el papel de juez “de mis propias acciones”, y reconozco que lo que hice estuvo mal,  me va a llevar a mejorar, y va ayudarme a que lo que haga hoy sea mejor que lo que hice ayer.
SHABBAT SHALOM. 
 
ABOUT THE AUTHOR 
Rabbanit Coty Bittón is a certified marriage and family counselor. Her weekly Torah classes are rich in relationship advice and home improvement. Her Shalom Bayit and parenting classes combine modern psychology and Tora knowledge.  Her email address for referrals and consultations is: cotybitton@yahoo.com.



VAETJANAN: Los peligros de la riqueza heredada

Cuando HaShem tu Dios te haya traído a la tierra que prometió entregar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob… una tierra con grandes ciudades que tú no edificaste; con casas llenas de todo tipo de cosas buenas, que tú no trabajaste por ellas; con pozos de agua que tú no cavaste y con viñas y olivares que tú no plantaste, entonces cuando comas y te sientas [cómodo y] satisfecho, ¡ten cuidado de no olvidarte de HaShem, tu Dios, que te sacó de Egipto de la casa de servidumbre! «
Deut. 6: 10-12
LOS EFECTOS ADVERSOS DE LA PROSPERIDAD
La parashá de esta semana, Vaetjanán, nos dice que el pueblo de Israel está listo para entrar a la Tierra Prometida. Es cierto que va a tener que luchar por conquistar esta tierra, pero HaShem les prometió que los acompañará en el campo de batalla, así que en el plano militar, la victoria está asegurada. Es por eso que al hablarle al pueblo sobre la nueva tierra, Moshé no se muestra preocupado por la guerra, sino más bien por la paz. Y más específicamente por la «prosperidad heredada» y sus efectos secundarios. La tierra que van a conquistar está totalmente equipada. Los judíos NO van a tener que pasar los próximos años trabajando duramente para construir ciudades, muros y casas. Ni siquiera van a tener que sembrar los campos: de hecho, van a heredar la tierra prometida con casas edificadas; pozos y cisternas llenos de agua; campos con el grano listo para ser recogido y árboles, viñedos y olivares que ya están dando sus frutos.   Pero esto, que parece ser la materialización del mayor sueño de un hombre, puede convertirse en una trampa espiritual y psicológica. La Torá advierte al pueblo de Israel contra aquel fenómeno que los psicológicos norteamericanos llaman «affluenza» (=los efectos negativos de la riqueza, de la palabra «affluence», «afluencia»). La «affluenza» se puede contraer cuando uno tiene todo lo que necesita, todo lo que quiere y todo lo que desea. Una persona así puede volverse arrogante, desagradecido y egoísta.
LA RIQUEZA HEREDADA
La «affluenza» no suele afectar a las personas con un buen pasar material que han trabajado duramente para obtener lo que tienen. Los que están más expuestos a la «affluenza» son las personas que tienen todo lo que quieren «por herencia». Estos individuos privilegiados no necesitaron «aprender a ganar» el dinero trabajando duro: el gran esfuerzo lo hicieron los padres. Padres que inocentemente creyeron que sería muy positivo para sus hijos permitirles disfrutar de la prosperidad sin realizar el esfuerzo personal para alcanzarla. «Yo trabajo para mis hijos» dicen estos buenos padres, y suponen ingenuamente que al heredar la prosperidad, sus hijos cultivarán un gran aprecio hacia sus benefactores, sus progenitores, y les estarán eternamente agradecidos. Muchos padres también creen que al haber recibido tanto, sus hijos aprenderán naturalmente que hay que ser generosos y magnánimos con los demás, imitando lo que sus padres hicieron por ellos. Hay casos así: pero creo que son más la excepción que la regla.
¿COMO DAR SIN EDUCAR?
Muchos padres descubren que lejos de haber educado a sus hijos e hijas a ser agradecidos, al «darles todo sin exigirles nada» lograron exactamente lo contrario: sus hijos «malcriados» no aprecian ni valoran lo que recibieron de sus padres y puede que por el resto de sus vidas piensen que lo más natural es recibir de los demás sin hacer ningún escuerzo. En algunos casos, una vez que los hijos se acostumbran a recibirlo todo, no solamente que no sienten la necesidad de «dar» sino que, por el contrario, ¡siempre están pidiendo más!. Fueron entrenados para recibirlo todo y ahora esperan que el mundo entero los siga complaciendo, ¡sin necesidad de hacer ningún mérito para conseguirlo! Este era el miedo principal de Moshé Rabenu. Él temía que algo parecido pudiera suceder con la herencia que Dios le está «regalando» al pueblo de Israel. Que sean afectados por la «affluenza» y se hagan egoístas, desagradecidos, y demandantes. Y por eso les advierte: Tengan cuidado con la riqueza. Especialmente, con la riqueza heredada. Nunca se olviden de «QUIEN» nos da todo lo que tenemos.
APRENDER A RECIBIR
La Torá nos enseña a apreciar y aprender a expresar nuestra apreciación permanentemente. Así, por ejemplo, cada vez que disfrutamos o comemos algo, bendecimos (=reconocemos) a Dios antes de hacerlo diciendo una berajá, una bendición por la comida. Y cada vez que terminamos de comer expresamos nuestro agradecimiento a Dios en voz alta y en una elaborada plegaria llamada «Birkat haMazón».
Finalmente, HaShem no solo espera de nosotros que sepamos apreciar y agradecer. Él también demanda que hagamos lo mismo que hace Él. Que «imitemos la generosidad de Dios» compartiendo aquello que recibimos de Él con aquellos que tienen menos. Y cuando nos acostumbramos a dar, automáticamente, aprendemos a valorar lo que hemos recibido.



SHELAJ LEJA y el origen de Fake News

LOS HECHOS
El pueblo judío está en el desierto, preparándose para la conquista de la tierra prometida. Moshé decide enviar 12 hombres para una misión de inteligencia: ingresar disimuladamente en territorio enemigo y explorar sus debilidades y fortalezas. Esta información es absolutamente necesaria para que la conquista militar de Canaan fuera un éxito y haya que lamentar el menor número posible de muertes. Los 12 espías exploran la tierra de norte a sur. Al cabo de 40 días, cuando llegan de regreso al desierto, son rodeados por las multitudes. La gente con la entendible ansiedad de tener alguna información acerca del territorio en el que muy pronto van a vivir, se congrega alrededor de los espías para escuchar lo que le cuentan a Moshé. Y allí empiezan los problemas… porque se crea una trágica situación que va a afectar, literalmente, a toda una generación. Al principio no lo notamos porque parece como que todos los espias hablan con una misma voz, pero muy pronto vemos que hay dos grupos “enfrentados” entre los espías. Los que quieren ir a Israel y los que no.
El discurso de los espías que expresan su oposición a Israel es un magnífico ejemplo de demagogia y retórica usada para manipular y persuadir a las masas, algo de mucha relevancia en nuestros tiempos de Fake News, donde el periodismo objetivo ha desparecido y se ha transformado en propaganda de estadoo o partidos politicos.
Veamos algunas ilustraciones.
EL MIEDO A LA LIBERTAD
Lo primero que nos aclara la Torá es que los espías tenían ya formada su opinión “antes” de ir a explorar la tierra. Estos lideres de Israel no querian una tierra por la cual tuvieran que pelear: preferian regresar a la estabilidad de la esclavitud de Egipto, donde seguramnte serian recomopensados por haber traido a los esclavos de regreso.  Y cuando uno ya tiene una idea determinada, y desea el beneficio que de esta idea derivará, los datos o la realidad nunca lo harán cambiar de opinion.  Hace unos años dos congresistas de Estados Unidos anti israelíes (y antisemitas) informaron que querían visitar Israel “para ver con sus propios ojos la situación de los palestinos allí”. Algunas personas pensaron inocentemente que era una extraordinaria oportunidad para que vieran la realidad de Israel, entendieran que los árabes que viven en Israel son los más privilegiados del Medio Oriente,  y cambiaran de opinión. El gobierno de Israel fue menos ingenuo: no importa lo que vean o dejen de ver, pensó el gobierno, la opinión anti-israelí de estas dos congresistas ya está formada y nada las va a hacer cambiar de parecer. En todo caso va a ser peor: van a regresar con Fake News:  “Ahora ya vimos Israel y es mucho peor de lo que pensábamos”.
Es posible, pero es muy difícil que la gente cambie su opinión cuando ya está formada su ideología.
EMPIEZA POR LO QUE QUIERES DESCARTAR
Los 10 espías, critican a Israel pero sorprendentemente comienzan hablando bien de Israel: “Israel es una tierra que mana leche y miel”, es decir, que es apta para la cría del ganado (para obtener la leche) y para la agricultura (miel, que no indica en este caso la miel de abejas, sino el dulce zumo de los dátiles maduros).  ¿Por qué? En el campo de la retórica es sabido que cuando uno quiere convencer a su audiencia de que “A” es mejor que “B”, no puede simplemente ignorar los argumentos de “B”.  Si lo hace, a la gente siempre le quedará la duda. Por lo tanto, hay que presentar brevemente a “B”, con argumentos seleccionados, como para pretender que uno tiene objetividad, para así quitarle puntos al lado contrario. Y algo más: cuando uno quiere convencer a la audiencia que “A” es mejor que “B”, ¿tiene que empezar presentando “A” o presentando a “B”? Respuesta: cuando un juez presenta su fallo y, digamos que en su veredicto declarará al acusado “inocente”, va a presentar en primer lugar los argumentos que demuestran la “culpabilidad”, luego los descartará, y terminará presentando los argumentos de “inocencia”.  Por lo general, cuando un individuo presenta dos posibles ideas, los primeros argumentos que presenta, son los que al final va a descartar.
METER MIEDO
Cuando un demagogo quiere que la gente lo escuche y lo siga, no dirige sus palabras hacia la inteligencia de su audiencia, sino hacia sus emociones. Las masas se dejan llevar por las pasiones, no por los argumentos “lógicos”. Una de las emociones más efectivas para la manipulación de las masas es  el miedo. No importa si lo que uno dice es verdad, exagerado o imaginario. El miedo penetra en nuestro ser, sin pasar por el filtro de la mente. Los 10 espías arman toda una campaña de intimidación. Dicen por ejemplo: 1. “Los hombres contra los cuales tendremos que luchar son ¡salvajes!” Nos van a vencer militarmente, y los que no mueran en la batalla, serán torturados por el enemigo. 2. Además de salvajes, “¡Son gigantes!”, Parecen jugadores de rugby.  Frente a ellos nos veíamos como insectos. 3. “Amaleq”, el primer enemigo de Israel, que atacó a mujeres, niños y ancianos, “habita en el sur” y ¡serán los primeros enemigos que tendremos que enfrentar (recuerden que el solo escuchar el traumático nombre de Amaleq, causaba pánico en el pueblo) 4. “La tierra de Israel se traga a sus habitantes”. ¿Piensan que podrán vivir allí en paz? ¿Cultivando la tierra y criando ganado? En realidad, la tierra es hostil. Tanto que “se traga a sus habitantes” que mueren de forma constante. En sus esfuerzos por desmoralizar al pueblo los espías describían a Israel, la tierra fertil, como si fuera Islandia: una región rocosa, esteril, volcánica y donde los movimientos sísmicos (que tragan a la gente) abundan.
Hoy en día el discurso del miedo es el preferido de algunos personajes políticos. Los tiranos y dictadores por lo general “inventan” un enemigo al que culpan de todos lo males “que en realidad, ellos mismos producen” y persuaden al pueblo que el enemigo “los amenaza”, etc. y así dominan la mente de las masas.
¡NO SE PUEDE!
Los espías fueron enviados con una misión de inteligencia: identificar objetivamente el poder y las debilidades del enemigo. Pero tal como lo hacen algunos periodistas del “Fake News”, en lugar de reportar los hechos, los espías se convirtieron en “asesores politicos” y reflejando sus miedos (o sus intereses personales, según otra opninión) proclaman la derrota antes de empezar la guerra: LO NUJAL LAALOT. ¡No podremos conquistar la tierra!
El pueblo comenzó a llorar, gritar y entrar en un estado de pánico y desesperación. Los dos espías leales, Yehoshua y Caleb, intentan hacer entrar al pueblo en razón y les ofrecen argumentos racionales: ¿Ya se olvidaron del poder de HaShem y las 10 plagas en Egipto? ¿Ya se olvidaron que venció al poderoso ejército del Faraón? ¿No se dan cuenta de que es Dios quien nos está guiando hacia allí y que Él nos prometió cedernos esta tierra? “¡No teman! Con la ayuda de Dios, ¡vamos a poder conquistar la tierra!”
Pero ya era demasiado tarde. Los argumentos “lógicos” de Caleb y Yehoshúa no pueden eliminar ni apaciguar el efecto desmoralizador del Fake News y sus palabras de sabiduria caen en oídos sordos. El resto, es historia conocida.
Entre las líneas de esta Perashá, podemos aprender a identificar los principios de la demagogia y la manipulación. Muy importante para que no seamos ingenuos y no nos engañe el aceitado mecanismo del Fake News.
SHABBAT SHALOM



¿Qué significa la palabra Pésaj?

Rabban Gamliel dice que hay tres palabras que se deben exponer en el Seder para cumplir con la obligación mínima de enseñar a nuestros hijos la historia de nuestro Éxodo de Egipto: Pésaj, Matzá y Maror.

Maror representa el sabor de la esclavitud.

Matzá representa el sabor de la libertad obtenido a través de la intervención divina.

¿Pero qué es Pésaj?

¿Qué significa «Pésaj» y qué nos enseña que podemos aprender hoy?

Pésaj fue un sacrificio animal, una ofrenda. Pero a diferencia de los sacrificios mencionados en la Parashá de nuestra semana, Vayiqra, el sacrificio de Pésaj tenía un propósito único. Un cordero, una oveja joven, tenía que ser sacrificado por los esclavos judíos el 14 de Nissan. HaShem le dijo al pueblo judío que sacrificara un cordero y marcara el poste de la puerta de sus casas con su sangre. Las casas judías con la sangre en las puertas no serían afectadas por la peste que condenaba a los primogénitos a la muerte.

LIBERTAD MENTAL

Este sacrificio de Pesaj representa lo que el pueblo judío tuvo que hacer para merecer su libertad física. Y la razón es la siguiente: los cambios socioculturales generalmente tardan muchos años o décadas en ocurrir. En el caso del pueblo judío, todo sucedió en unas pocas horas. El 10 de Nissan, Dios ordenó a los judíos que tomaran una oveja y la sacrificaran el 14 de Nisan. Recuerden que los egipcios adoraban a muchos animales porque creían que los animales poseían algún poder sobrenatural dado por los dioses. Las ovejas, especialmente el macho adulto llamado «carnero», representaban la virilidad y el poder de la procreación. Los israelitas ahora enfrentaban un serio desafío: Dios, por un lado, les había ordenado que tomaran a uno de los «dioses egipcios» y lo sacrificaran, lo asaran y lo comieran. Al hacerlo, los israelitas demostrarían a Dios, pero principalmente a sí mismos, que eran «libres» de la cultura idólatra de los egipcios. Tengan en cuenta que los judíos vivían completamente integrados en la sociedad egipcia durante 210 años y que, obviamente, estaban expuestos a todo tipo de supersticiones de la sociedad aboda zara (idolatría). Matar a un cordero, por lo tanto, presentaba una gran dificultad psicológica. ¡Después de todo, sus amos egipcios consideraban al carnero «un dios»! Y si un esclavo naturalmente temía a sus amos, ¡cuánto más temería al dios de sus amos! En la víspera de Pésaj, sin embargo, el pueblo judío sacrificó el cordero, y en un único acto extremadamente difícil y de extraordinario coraje, se liberaron de la cultura de la idolatría y sus supersticiones. Esa noche, al hacer el sacrificio de Pésaj, los judíos abandonaron mentalmente Egipto y le mostraron a HaShem que

estaban listos para seguirlo a Él.

PROTECCIÓN

Todo lo anterior se refiere al sacrificio de Pesaj. Pero aún necesitamos entender el significado de la palabra «Pésaj». En inglés, por ejemplo, Pésaj generalmente se traduce como «Passover» (es decir, pasar por encima), de acuerdo con esto, cuando HaShem causó la muerte de los egipcios primogénitos, «pasó por encima» de las casas de los judíos y no los afectó. Sin embargo, según el rabino Menashe Ben Israel (1604-1677) y otros comentarios, la idea de «Pésaj» en la Torá es un poco más profunda y, al mismo tiempo, menos conocida. En su opinión, la palabra «Pésaj» y su verbo «Pasaj» no deben entenderse como «pasar por encima» sino como «protección». Así es como el Targum Onkelos tradujo «pasaj», jayis, le importó>cuidó (como אדם חס על ממונו). Y esto, entonces, es lo que sucedió: Cuando HaShem desató la décima plaga, una epidemia enviada por Dios –que la Torá llama el «maschjit» y causaba la muerte de los primogénitos (ver Shemot 12:13 y 12:23)– HaShem «protegió» (pasach ‘al) las casas de los israelitas, que estaban marcadas con sangre en los postes de las puertas, y no permitió que esta plaga mortal afectara a los primogénitos judíos. En «Pesaj», por lo tanto, recordamos que Dios protege constantemente y directamente al pueblo de Israel. Esta protección sobrenatural (hashgacha peratit) comenzó la noche del 15 de Nisan, la noche del Seder, conocida en la Torá también como lel shimurim, «la noche de protección». La supervivencia del pueblo judío desafía las estadísticas y las predicciones lógicas. El grupo humano más perseguido en la historia de la humanidad existe gracias a la protección milagrosa y permanente de Dios. ¡Y eso es exactamente lo que celebramos en Pesaj!

 
 
 

MATERIAL PARA EL SEDER DE PESAJ

 
 
 √ Recomiendo a los lectores que visiten la página de AISH aquí, donde encontrarán muchísimo material educativo para adultos, así como también juegos para niños, aquí
 
√ Para encontrar muchísimos juegos educativos para niños, incluyendo una enorme lista de preguntas para Pésaj se puede visitar este sitio web  (en inglés)
 
√ La Sra Zelma Curiel de Argentina me envió este hermoso juego, que ella misma diseñó, «¿Qué ves?» para imprimir, y hacer participar a los niños del Seder de Pésaj. Ver aquí
 
√ El Rab David Sutton de Nueva York, me mandó sus comentarios de la Hagadá en Inglés. Ver aquí
 
√ Valeria Judith Salem, de Argentina, nos cuenta su experiencia: Rab, me gustaría compartir con usted lo que hice el año pasado en mi casa: decoré todo el largo de la mesa dividiéndola en dos (keriat iam suf) con una larga tela de arpillera y a los costados papel celofán enrollado de color celeste…en el medio puse animalitos y personitas de juguete! Eso motivo muchísimo no solo a los niños sino también a los adultos! Y a su vez cada chico que participaba se ganaba un ticket para ser canjeado en un kiosco de premios y golosinas de Pésaj! Mis hijos me piden que se repita! Creo que jamas lo olvidaran!
 
√ Zelma Berson, de Argentina, que nos envió el año pasado un juego de “cards” con adivinanzas nos contactó este año nuevamente. “Shalom… le envío la segunda parte de ¿qué ves? VER AQUI (repuestas: Pésaj, Matsá, Eser hamacot, man, shirat hayam, corban, piramide, jag aviv, ranas , barej, 4 cosot, sne boer, miriam, halajm ania, Moshe, Aharón
 
√ Agradecemos también el material de Tania Shamai de México . Ver AQUI y AQUI
 
√ Y también agradezco al rab Ramy Avigdor del Centro Kehila de Israel. Vean este hermoso material de Pésaj https://centrokehila.org/category/pesaj-2
 
√ Para los estudiantes más avanzados recomiendo este fantástico comentario de la Hagadá escrito por el rabino Don Ytsjaq Abarbanel (1437-1508). Ver  aquí . Esta hagadá comienza con 100 preguntas o temas de discusión (she’arim) que serán abordados a lo largo de su comentario. No se salteen la introducción, donde el Rab Abarbanel cuenta su increíble (y trágica) historia personal.
 
√ Para los que quieran disfrutar de una Hagadá en español antiguo, ver esta Hagadá publicada por el Rab Ytsjaq Yehuda Leon Templo, en Amsterdam, 1728. Esta interesante Hagadá comienza con una receta: la del Jaroset (polvo de ladrillo). No se lo pierdan!!!!
 
√ También recomiendo la hagadá del Rab Israel Yaaqob Algazi (1680-1757), miren su explicación del Ha Lajmá, donde conecta este texto con nuestra obligación de ser generosos con los pobres, como una forma de agradecer lo que Dios hizo con nosotros al sacarnos de Egipto. Ver aquí

 




VAYAQHEL: El amor y los detalles

וַיֹּאמְרוּ אֶל מֹשֶׁה לֵּאמֹר מַרְבִּים הָעָם לְהָבִיא מִדֵּי הָעֲבֹדָה לַמְּלָאכָה

Tarde… pero no irremediablemente tarde, aprendí una de las lecciones más valiosas en la educación de los más pequeños: cómo “leer” sus dibujos. Todos los niños dibujan. Algunos lo hacen un poco mejor que otros, pero casi sin excepción, nuestros hijos quieren que veamos y admiremos sus obras de arte. ¡Especialmente cuando nos dedican uno de sus dibujos!  A mí nadie me había enseñado cómo hacerlo… Y entonces, todo lo que intuitivamente hice fue era mirar el dibujo por 2 o 3 segundos y decir: “¡Qué lindo dibujo! o ¡Qué obra de arte!”, y listo. Mi entusiasmo, deliberadamente exagerado, era mi forma de demostrar admiración por los dibujos de mis hijos.

Con el tiempo me di cuenta que esos intensos segundos de atención no eran suficiente. Tuve que aprender a “leer” los dibujos de mis hijos. Mirando y admirando cada detalle “en voz alta”, describiendo pacientemente y con mis propias palabras mientras repaso con el índice lo que voy encontrando. “¡Qué lindas ventanas tiene esta casa!… ¿Cómo hiciste para dibujar tan bien estas cortinas?. ¡El picaporte se ve igual al de la puerta de nuestra casa! ¡Qué hermoso árbol! Y esas frutas rojas tan bonitas, ¿qué son? Parecen manzanas gigantes… ¡Qué hermosa chimenea! ¿Cuántos ladrillos tiene? A ver vamos a contarlos … uno, dos, tres, cuatro,… Y el humo, ¡Hay tanto humo que llega hasta las nubes!”.

Al comentar en voz alta los detalles que identificamos en el dibujo, recreamos —y acompañamos— el proceso de dibujar por el que pasaron nuestros pequeños artistas que nos dedicaron su obra maestra. Y mientras más sean los detalles que identifiquemos, menos indiferentes seremos a al amor que pusieron en ese dibujo. Porque como alguien dijo con mucha inteligencia: lo contrario del amor es la indiferencia. Mientras menos indiferencia, más cariño se crea. ¿Se entiende?

 

Solo una vez que internalizamos esta gran lección en la crianza y educación de nuestros hijos, podremos comprender mejor la Parashá de esta semana: Vayaqhel-Pequde.  El texto de la Torá que leeremos mañana y el próximo Shabbat puede llegar a ser frustrante si no tenemos la idea del dibujo de nuestros hijos en mente. 

¿Por qué la Torá nos cuanta con tanto detalle  cómo fue la construcción del Mishkán? Como indicaron algunos comentaristas, hubiera bastado con uno o dos renglones que dijeran: “Y los hijos de Israel edificaron el Mishkán tal como Dios lo había ordenado”. No parece necesario detenerse en tanto detalle… a menos que el Mishkán haya sido para HaShem algo parecido a lo que un dibujo de los hijos es para un padre…

¿Qué era el Mishkán?

El Mishkán (literalmente: “residencia”) era el santuario dedicado a HaShem que los yehudim construimos en el desierto. Era un lugar que nos recordaba permanentemente la presencia de Dios. Un punto de encuentro entre nosotros y Él, parecido a lo que hoy en día representa una sinagoga, pero más imponente. Hay quienes describen al Mishkán como una jupá, es decir, un lugar que simboliza la unión especial entre el pueblo de Israel y Dios, basada en el mutuo amor que existe entre Él y nosotros.

El material y la mano de obra que se usaban para la construcción de los templos o monumentos llevados a cabo por reyes o gobiernos en la antigüedad se recolectaban a través de altos impuestos. Los impuestos no solo consistían en fondos o materiales que los súbditos debían contribuir forzosamente. El “impuesto” más habitual era la mano de obra, es decir, la obligación de los súbditos de presentarse a trabajar por interminables horas para las aventuras arquitectónicas del rey. A veces, como sucedió con nosotros mismos en Egipto, el tirano de turno esclavizaba a millones de personas, poblaciones enteras, para llevar a cabo sus proyectos “faraónicos”.

El Mishkán representaba todo lo contrario a un proyecto faraónico. No fue construido por esclavos y la participación fue voluntaria. No había impuestos forzados, sino que se construyó con materiales donados voluntariamente por los Yehudim y por mano de obra voluntaria de los mismos.

Como leímos en Terumá: “Todo aquel cuyo corazón lo impulsa… [puede participar donando materiales, construyendo, elaborando las delicadas telas, etc.].” Las donaciones llegaban “todas las mañanas” (Shemot 36:3). Estas innumerables demostraciones de amor no pasaron desapercibidas por HaShem.

Creo que la forma que la Torá eligió para expresar la apreciación de Dios por el desprendimiento y el cariño que demostramos los Yehudim en la construcción del Mishkán fue mencionar y comentar cada pequeño aspecto de su edificación. Como un padre que observa el dibujo de sus hijos, Dios apreció, valoró y disfrutó cada detalle.

Si aprendemos esta gran lección en la crianza y educación de nuestros hijos, podremos comprender mejor la Parashá de esta semana. El texto de la Torá que leeremos mañana y el próximo Shabbat puede resultar frustrante si no tenemos en mente esta idea. Parece que la Torá nos cuenta con demasiado detalle cómo fue la construcción del Mishkán. Algunos comentaristas indican que hubiera bastado con uno o dos renglones que describieran su construcción.

 



Una interpretación personal sobre las Tablas Rotas

אמר רבי יהושע בן לוי לבניו: הזהרו בזקן ששכח תלמודו מחמת אונסו, שלוחות ושברי

 לוחות מונחים בארון

ברכות דף ח

En la Parashá de esta semana el pueblo de Israel protagoniza un terrible pecado y uno de los eventos más estremecedores de su historia: la adoración del becerro de oro. Todo esto ocurría mientras Moshé (Moises) estaba ausente recibiendo de Dios las Tablas de la Ley. Cuando Moises desciende del Monte y ve al pueblo completamente descontrolado y adorando a un ídolo egipcio,  tiró las Tablas de la Ley y las rompió. Hay mucho, muchísimo, para analizar de todo lo que ocurrió alrededor de este desafortunado evento.  Pero quisiera concentrarme hoy en un punto aparente marginal, pero con una gran enseñanza moral para todos nosotros.  Como ya sabemos, más tarde Moisés recibió una nueva “copia” de las Tablas de la Ley, que las colocó en el Arca de la Alianza (Aron haBerit). Y la pregunta es: ¿qué pasó con las primeras Tablas, con esos pequeños trozos de las primeras tablas rotas?   Nuestros rabinos explican que los restos de las tablas rotas ¡no fueron enterrados! Moshé las recogió y las depositó en el Arca de la Alianza junto con las nuevas tablas.  ¿Por qué?  Porque las tablas de la ley rotas son un permanente testimonio para que el pueblo judío nunca olvide su pasado, que atesore esas lecciones y aprenda de ellas para su presente y su futuro.

Un famoso rabino del Talmud, el rabino Yehoshua ben Levi, nos enseñó una lección maravillosa inspirado en el hecho de que las tablas no fueron enterradas. “debemos respetar a un anciano que perdió su memoria, y concederle el mismo respeto que tenía cuando su memoria estaba intacta”. No podemos “enterrar” el pasado de una persona, hacerlo desparecer. El presente es importante, pero lo que pasó no debe ser suprimido. Las malas experiencias del pasado, cerradas,  dentro del Arca, las cargamos con nosotros como un tesoro.

MAS PROFUNDO Y PERSONAL

Nuestros errores o nuestros dolores, no tienen que estar allí en la superficie de la conciencia, condicionando nuestra felicidad presente.  Pero por otro lado,  son una parte de nosotros que no debemos enterrar. 

Un par de ejemplos.  

Muchas veces he tratado que ayudar a individuos que estaban destrozando sus vidas por su adicción al alcohol. Se negaban a recibir ayuda profesional. Y si bien creo que hice lo posible por ayudar, siempre he sentido que mi asistencia no era suficiente. ¿Por qué?  Porque gracias a Dios, no disfruto del alcohol. No sé, ni entiendo hasta al final, esa terrible adicción.  Pero tengo un amigo que siempre se ofrece a asistir en estos casos, y su ayuda, sin excepción, resultó ser muy, muy efectiva. Mi amigo no es un psicólogo profesional ni un trabajador social. Es un ex alcohólico. Un hombre que tocó fondo, que perdió todo lo que tenía y amaba, y tuvo que empezar su vida de nuevo. Y ahora, feliz y totalmente recuperado, decidió no enterrar sus “Tablas rotas”. Las lleva siempre con él, en su Arca mental privada, como un recordatorio permanente de lo que tiene que evitar y para ayudar a los demás.

Todos tenemos nuestras tablas rotas. Errores que cometimos o tragedias que sufrimos.   En abril de 2016, unas pocas semanas antes de Pésaj, recibí la devastadora noticia de que tenía cáncer de colon en nivel 3. Fue sin duda la experiencia más difícil y dolorosa de mi vida. Gracias a Dios, ahora estoy muy bien. Y por lo general, evito hablar del tema. De hecho, creo que estoy escribiendo sobre mi cáncer por primera vez. Los recuerdos de la quimioterapia, las náuseas, el dolor, la fatiga, el hospital, los mareos, los miedos y las lágrimas no me afectan en mi vida diaria. Están en mi Arca privada que por general permanece cerrada.

Pero hay momentos en los que abro el Arca y resucito mis tablas rotas. ¿Cuándo? Cuando un miembro de la comunidad, un amigo o un desconocido me cuenta que ha sido diagnosticado con cáncer. En esos momentos, abro el Arca de mi corazón, literalmente, y muestro la cicatriz del “port” de la quimioterapia. Esa cicatriz, una pequeña pero permanente mancha morada en mi pecho,  representa mis Tablas rotas. Y cuando alguien que está sentado frente a mí reconoce esas tablas, la conversación se transforma porque mi interlocutor sabe ahora que yo realmente sé y entiendo por lo que está pasando. Y le ayuda a abrirse y a tener más esperanza.   Antes de que yo tuviera cáncer, cuando no tenía esas tablas rotas en mi privilegiada vida, trataba de ayudar o empatizar con los que sufrían, pero no era lo mismo. Mi cicatriz morada se ha transformado en un instrumento de ayuda para los demás. Mis Tablas son como un MODE ANI personalizado, un permanente recuerdo de que estar vivo es un privilegio por el cual siempre debemos agradecer a nuestro Creador. 

Todos nosotros, especialmente los que ya vivimos una gran parte de nuestras vidas, cargamos con cicatrices emcionales o reales, tablas rotas, en nuestras arcas privadas. No dejemos que interfieran con disfrutar el presente, ¡pero no las enterremos! 

Tenemos que atesorarlas y de vez en cuando abrir el Arca y usarlas; para ayudar los demás o a nosotros mismos.

SHABBAT SHALOM




PERASHAT BO: El Faraón y Su Adicción al Juego

Cada vez que leo esta Perashá quedo perplejo y fascinado por la conducta del Faraón. Nuestra Perashá comienza con la octava plaga: langostas. Cuando esta plaga llega, el Faraón admite por primera vez  que se ha equivocado y dice así: “He pecado ante HaShem, vuestro Dios … y ahora, por favor, perdonad mi pecado sólo esta vez, y rezad a HaShem, vuestro Dios, para me quite de encima esta [plaga] mortal.”  En ese momento Moshé reza a HaShem y las langostas se marchan de Egipto.  Pero, una vez libre de las langostas, el Faraón cambia otra vez de opinión y se niega a dejar salir al pueblo de Israel de Egipto.
¿Qué está pasando? ¿Por qué el Faraón se comporta de esa manera tan irracional y “suicida” ?

 

Dos explicaciones.

 

La primera es una explicación teológica.  HaShem interviene en el ‘corazón’ del Faraón. Influye en su decisión y le inspira terquedad. De acuerdo al Rab Don Isaac Abarbanel, HaShem no hace esto no para coartar el libre albedrío del Faraón sino para preservarlo. me explico: Si Dios se revelara ante nosotros, y pudiéramos, de alguna manera, ver y sentir su Presencia más allá de cualquier duda ¿Podría alguien atreverse a no observar el Shabbat? ¿Podría alguien concebir consumir algún alimento no Kasher y desafiar abiertamente a HaShem? Si nuestra Emuná (fe en HaShem) fuera absoluta, no podríamos elegir entre hacer o no hacer Su voluntad. La certeza TOTAL acerca de Su existencia nos convertiría en robots (o en “ángeles”, pero eso es para otra discusión), incapaces de desobedecer una orden divina. En este sentido, la invisibilidad de HaShem, Su ocultamiento, es lo que permite que uno mantenga su capacidad de desobedecer y consecuentemente conserve el mérito de obedecer.  Volvamos al Faraón. El Faraón fue la única persona que sabía, porque Moshé le informaba, cuándo iba a comenzar cada plaga y cuándo terminaría.  Las evidencias de la intervención Divina eran para el Faraón, abrumadoras, innegables. Técnicamente, el Faraón debería haberse convertido en un robot, privado de libre albedrío, imposibilitado de desobedecer, ergo, “libre de responsabilidad”. Por lo tanto, para que el Faraón pudiera preservar su capacidad de elección, y seguir siendo capaz de decir SI o NO, HaShem endurece su corazón, interviene en sus pensamientos y lo hace más testarudo e intransigente. Y así su capacidad de elección regresa a un balanceado 50/50, y el Faraón es nuevamente responsable por lo que elige. Maimónides explica que este tipo de intervención en el pensamiento humano no es la regla. El caso del Faraón fue excepcional.

 

La segunda explicación tiene que ver con un fenómeno psicológico de conducta humana, que se puede ver por ejemplo, en el comportamiento típico de un adicto al juego, cuando alcanza “un punto sin retorno”. Al llegar a ese estado exhibe un comportamiento auto-destructivo, prácticamente suicida. Ejemplo: Un hombre va al casino. Apuesta y pierde todo el dinero que llevó. Digamos, la totalidad del sueldo que recién cobró.  ¿Qué puede hacer ahora este individuo?  ¿Puede volver a su casa y explicarle a su esposa que su sueldo para el mes entero desapareció?  En lugar de eso,  elige otra alternativa, y se va encaminando hacia un punto sin retorno. Pide un préstamo por su anillo de casado, y así recuperar aunque sea algo de su dinero.  Pero esa noche la suerte no lo acompaña. Y ahora, aparte de su sueldo también perdió su anillo.  Ahora sí que no puede regresar a su casa y enfrentar a su esposa…   Así que el hombre empeña su auto, que también pierde esa fatídica noche que se transformó en una espiral de autodestrucción.

 

Creo que de esta manera también se puede explicar el comportamiento del Faraón. Luego de la 5ta plaga, después de que el Faraón apostó y perdió contra HaShem, ya no podía retroceder y decir: “Bueno, ahora los dejo ir”.  ¿Por qué?  Porque 5 plagas significaron ya muchísimo sufrimiento y enormes perdidas materiales para sus súbditos. El Faraón ya no puede salir al balcón de su palacio y decirle a su pueblo: “Me equivoqué, pero la casa está en orden”, y perder así lo que le queda de prestigio y credibilidad. El Faraón está ahora “jugado”, en medio de una espiral auto-destructiva. Y decide seguir apostando, aunque sabe que va a perder.
Es posible que, sumado a la intervención Divina, este patron de conducta también haya influido en el comportamiento del Faraón.

 

De cualquier manera, creo que lo que le pasó al Faraón es una gran lección para todos nosotros: 1. Debemos identificar cuáles son los puntos sin retorno, en cualquier area de nuestras vidas. 2. Debemos, obviamente, evitar caer en una de esas espirales de autodestrucción . 3. Y si alguna vez imprudentemente nos encontramos en una de esas espirales, debemos saber que es mejor retornar con humildad, que seguir corriendo hacia el precipicio.



BESHALAJ: Los huesos de Yosef y el río Danubio

 

El presente artículo fue escrito en Febrero de 2019 
 
ויקח משה את עצמות יוסף עמו

Y al salir de Egipto, Moshé se llevó con él los restos mortales de Yosef  

 
 
¡Es increíble la actualidad de nuestra Torá! Su relevancia y el hecho de que en sus inmortales líneas leemos eventos e historias que ocurrieron hace miles de años, y de pronto ¡bum! Nos encontramos con algo muy parecido en las últimas noticias de los periódicos de esa semana… A veces solo es cuestión de abrir bien los ojos y descubrir estas “coincidencias”.

Un ejemplo.

YOSEF EN EL FONDO DEL NILO
Esta semana leemos acerca de la salida de los judíos de Egipto. Y una de las primeras cosas que nos dice esta Perashá es que antes de salir de Egipto, Moshé tomó “los huesos (los restos mortales) de Yosef” para llevárselos con él y ser enterrados en la tierra e Israel. Los Sabios del Talmud nos brindan algunos detalles de este evento. En primer lugar, todos están de acuerdo que los restos mortales de Yosef no habían sido enterrados en el Valle de los Reyes, en una pirámide, como los restos de los Faraones y las demás personas importantes de Egipto. Los restos de Yosef fueron arrojados al río Nilo. Y Moshé tuvo que rescatar su cuerpo del fondo del río.
Los Sabios debaten sobre la razón de qué los huesos de Yosef fueron arrojados al río por los egipcios. La Guemará en Sotá dice que los Egipcios, conscientes de que Yosef había salvado la economía del país, quisieron usar los huesos de Yosef como un elemento esotérico, un amuleto, arrojando su cuerpo al Nilo en un cofre de metal para que el cuerpo de Yosef “bendijera al Nilo”. Como cuando algunas personas arrojan monedas al agua de una fuente para que se multipliquen en su bolsillo, o algo así.
El Midrash Tanjumá presenta una opinión radicalmente distinta: los restos de Yosef fueron desenterrados de su lujosa tumba y arrojados al Nilo como un acto de desprecio de los nuevos líderes egipcios hacia el gran líder judío.
Independientemente de la razón por la cual el cuerpo de Yosef fue arrojado al río, los Sabios explican que antes de salir de Egipto, Moshé se tomó el tiempo para reflotar los huesos de Yosef desde el fondo del Nilo para llevarlos a Israel. Milagrosamente, Moshé pudo recuperar los restos mortales de Yosef que fueron enterrados en la tierra de Israel (Shejem).

AGUA, CON SANGRE JUDÍA
La invasión nazi de Hungría en 1944 provocó la deportación y el asesinato en masa más “numerosa, rápido y eficaz” que conoció la humanidad. En solo ocho semanas, unos 424.000 judíos húngaros fueron deportados a Auschwitz-Birkenau. En el plazo de seis meses, más de medio millón de judíos, 565.000, fueron asesinados en estos y otros campos de concentración.
Los judíos que quedaron en Hungría no tuvieron mejor suerte. Entre diciembre de 1944 y enero de 1945, las fuerzas policiales húngaras conocidas como “Los flechas cruzadas” sacaron a miles de judíos de los guetos de Budapest y los asesinaron a sangre fría. Hombres, mujeres, ancianos y niños fueron ejecutados en la orilla del Danubio y sus cuerpos fueron arrojados al río. Antes de matarlos, las fuerzas policiales húngaras les hacían sacar sus zapatos, y les ataban sus manos con sus cordones, y así no podían escapar nadando. Los cuerpos de miles de judíos–se estima que no menos de 3.500; ¡aunque hay quienes hablan de 20.000!– yacen en el fondo de las turbias aguas del Danubio.
El 16 de abril de 2005 Hungría erigió un monumento en memoria de las víctimas de esos terribles asesinatos. Se llama “Shoes on the Danube Bank”, “Los zapatos en las orillas del río Danubio” (ver foto arriba).

LA VOZ QUE LLEGA DESDE EL LECHO DEL RÍO
Hace unos días, me emocioné mucho cuando leí en un periódico israelí que un grupo de buzos israelíes, voluntarios de ZAKA, la organización de Israel que se ocupa de rescatar cuerpos o restos mortales de judíos (soldados muertos en combate, víctimas de terrorismo, etc.) y darles su debida sepultura, se encontraba en Hungría para un proyecto de proporciones bíblicas: rescatar los huesos de los judíos asesinados allí en 1944-1945, y llevarlos a enterrar a la tierra de Israel. Ver aquí.

¡No pude contener mis lágrimas, y me fue imposible no conectar esta noticia con la historia de Yosef, relatada casualmente en la Parashá de esta semana!

Por lo que he leído en las últimas horas, el operativo no será fácil, y para reflotar esos restos mortales será necesario un milagro (algo que para los judíos ya es parte de nuestra realidad diaria) como el que experimentó Moshé para exhumar los huesos de Yosef.

Me enorgullece pertenecer a un pueblo tan sensible y dedicado. Que no solo responde al llamado de un hermano cuando necesita nuestra asistencia, sino que también es capaz de escuchar la inaudible voz de nuestros muertos — de Yosef, o de los judíos asesinados en Budapest— desde el fondo de un río, rescatarlos del olvido y llevar sus cuerpos “a casa”.

אשרי העם שככה לו אשרי העם שה’ אלקיו

 



SHEMOT: Argentina, campeón del mundo y la salida de Egipto

En el mundo académico judío se enseña Biblia, arqueología Bíblica e historia judía antigua. Pero hay un fenómeno del cual mucho no se habla: la relación “edipal” entre muchos académicos judíos y los textos judíos que enseñan. En esta relación, el texto (que representa a Su autor) es el padre que debe ser eliminado. La forma de eliminarlo es la mistificación de estos textos que se hace cuestionando su credibilidad y valor histórico. Esta actitud anti-texto, y digo esto con mucho dolor, es característica de la gran mayoría de profesores universitarios, con excepción de la universidad de Bar Ilán, y algunas otras universidades del mundo. A ojos de estos estudiosos, “el texto bíblico es falso hasta que se demuestre lo contrario”, algo que obviamente ninguno de ellos se preocupa por hacer. Y lo mismo ocurre con las “interpretaciones” que se les da a los descubrimientos arqueológicos, que siempre apuntan hacia el mismo lado: desmentir a la Torá. Las verdaderas razones de esta patética actitud hacia las fuentes judías no deben ser examinadas en la facultad de historia o arqueología, sino en el departamento de psicología. Parece ser parte de un auto-odio judío, una actitud autodestructiva que se manifiesta de varias maneras diferentes. Hoy quiero presentar —y desmentir– un par de famosos ejemplos de esta retórica académica.

Este Shabbat comenzaremos a leer el libro de Shemot, Éxodo. Y nos iremos acercando a la historia fundacional del pueblo judío: la salida de Egipto. Los judíos edipales afirman que la salida de Egipto no sucedió. Unos años atrás, un líder rabínico conservador, David Wolpe, que dirige una importante comunidad Sefaradí en Los Ángeles, California, hizo una famosa declaración ante su numerosa congregación en la festividad de Pésaj: “la salida de Egipto no es un hecho histórico: es un mito”, sentenció (ver aquí. https://www.latimes.com/archives/la-xpm-2001-apr-13-mn-50481-story.html).
Las implicancias de esta afirmación son tremendas: si la historia fundacional judía es falsa, la Torá no es un libro dictado por Dios, sino un texto mitológico, sin credibilidad ni relevancia. Si la Biblia no es un libro Divino, ¿por qué me tiene que importar lo que algunos escritores mitológicos escribieron 3500 años atrás?

Para negar el Éxodo, Wolpe se basó en las palabras del jefe del departamento de arqueología de la universidad de Tel Aviv, Israel Finkelstein, “los judíos no estuvieron en Egipto, el cautiverio no existió, el Éxodo nunca ocurrió”.¿Qué pruebas contundentes se utilizaron para desmentir el relato bíblico del éxodo de Egipto? ¿Cuáles son los argumentos que llevaron a esta y a otras personas a esa tremenda aseveración de tan largo alcance? “La ausencia de restos arqueológicos”, dijo Finkelstein. Si 2 o 3 millones de personas hubieran deambulado por el desierto por 40 años, tendríamos que encontrar, por ejemplo, vasijas de arcilla, de esa travesía. ¡Y no se encontró nada!

Hay dos elementos que hacen que este argumento sea académicamente insostenible. En primer lugar, en arqueología hay una regla de oro, que los profesores judíos edipales no parecen conocer: “Absence of evidence is not evidence of absence”, “que no se encuentre evidencia material sobre algo, no es suficiente evidencia de que eso no existió”. Es como descreer del descubrimiento de América porque no se encontraron los restos arqueológicos de la Pinta, la Niña y la Santa Maria. Pero hay un segundo argumento que todavía más sólido y definitivo.
Así escribe el profesor Elliot Friedman, de la universidad de NY:

“[Wolpe y otros] afirman que se ha rastreado el desierto de Sinaí y no se ha encontrado ninguna evidencia de la masa de millones de personas que la Biblia dice que estuvieron allí durante 40 años. Esa afirmación simplemente no es cierta. No ha habido muchas excavaciones importantes en el Sinaí, y ciertamente no se pudo haber rastreado lo suficiente … Descubrir objetos enterrados hace 3.200 años es una tarea imposible, especialmente en el desierto de Sinaí. Un colega israelí me contó entre risas que un vehículo que se había perdido en la guerra de Yom Kippur en 1973 fue descubierto recientemente bajo ¡16 metros de arena!. ¡En 40 años se acumularon 16 metros de arena! “ . Piensen cuántos kilómetros de arena hacia abajo tendrían que excavar para empezar a buscar algo.

Y aquí me pregunto otra vez: este simple problema, ¿no lo conoce o no lo tiene en cuenta alguien como David Wolpe? ¿O lo sabe e igual dice lo que dice porque asume que su audiencia no es lo suficientemente experta en arqueología o en la topografía del desierto de Sinaí? Sobre los motivos positivos de Finkelstein y otros arqueólogos israelíes ver nota aquí *.
Espero que ahora haya quedado más claro porque describí esta actitud anti-texto como “edipal”.

Hay un segundo argumento, también muy poco sólido, que trata de desmentir la salida de Egipto. El número de judíos que salieron de Egipto, de acuerdo a la Torá, fue de 603.550 hombres mayores de 20 años y sus respectivas familias. “Este número es imposible de aceptar” dicen los nihilistas. Y ¿por qué es imposible de aceptar?
Escuchemos a los expertos: “Alguien calculó hace mucho tiempo que si ese número de personas, [2 millones y medio] estuvieran marchando por el desierto … Entonces cuando los primeros llegaran al Sinaí, ¡la mitad de la gente todavía estaría en Egipto!”
Es decir, no se puede concebir que una masa humana de 2 millones de personas se desplace y movilice en un área que se extiende por 150 o 200 km.

Y la verdad es que nunca me puse a pensar en la falta de méritos de este argumento hasta que Argentina salió campeón del mundo y vi las fotos y los videos de la marea humana que se movilizaba por la 9 de Julio y la autopista Ricchieri. Había en esa zona, de unos 15 o 20 km  y relativamente estrecha, entre 3 y 5 millones de personas, según el diario que uno lea. ¡Y la verdad es que lo primero que me vino a la cabeza cuando vi esas fotos fue que—guardando las distancias entre los dos eventos— estaba presenciando las imágenes de un grupo humano que en su número era similar al del Éxodo de Egipto! Entendí lo que en ese entonces dijo el rey Balaq cuando desde lo alto de la montaña vio a las multitudes de Israel y declaró: hine jisa et ‘en haarets, es decir, “este pueblo es tan numeroso que ha cubierto la superficie de la tierra”, es decir, desde la montaña, Balaq no podía ver ni un tramo de terreno vacío. Como en la imagen de la marea humana en la 9 de julio el domingo 18 de Diciembre. .
Al ver esas imágenes visualicé por primera vez una imagen más real de la salida de Egipto, que a veces uno la piensa “en dibujos animados”, como una fantasía. Estas imágenes me ayudaron a comprender un poco mejor la magnitud épica de Yetsiat Mitsrayim y la increíble travesía de nuestro pueblo por 40 años en el desierto.

  • Bryant Wood, director de Associates for Biblical Research en Maryland, argumentó que la evidencia arqueológica encaja perfectamente bien si la historia se la ubica remonta a 1450 a.e.c. [que es la fecha que la Torá afirma que ocurrió el Éxodo].   Dijo que los indicios de destrucción en esa época en Hazor, Jericó y un sitio que está excavando que él cree que es la ciudad bíblica de Hai, respaldan los relatos de las conquistas de Josué.

    También citó la presencia documentada de esclavos “asiáticos” en Egipto que podrían haber sido israelitas, y dijo que no habrían dejado evidencia de su travesía porque eran nómadas [estaban en transito] sin cultura material [no construyeron casas, ni monumentos, y hasta el Templo que construyeron era desmontable] . Pero Wood dijo que no le autorizan publicar su investigación en revistas arqueológicas serias [por el tremendo prejuicio anti-bíblico prevalente en el mundo académico] .

    “Hay un claro prejuicio en contra de la Biblia”, dijo Wood.

    La visión revisionista de Herzog, Finkelstein y otros, ha sido atacada por varios motivos, desde la lógica defectuosa de su argumento hasta la agendas políticas pro-palestinas de estos académicos que tratan de negar la reivindicación territorial del estado de Israel.

https://youtu.be/EganXXmbvto




Los comienzos del antisemitismo: LA DEMONIZACION

Durante los dos últimos días escribimos acerca de los orígenes del antisemitismo y demostramos que estos se remontan hasta el antiguo Egipto. El proceder anti-judío del Faraón, explicábamos, no se relacionaba directamente con algo que los hijos de Israel habían hecho mal.  Las causas de antagonismo del Faraón hacia los judíos tenía que ver con una nueva situación política: su oposición al gobierno anterior, que era amistoso con los judíos, especialmente en consideración Yosef. Esta es la increíble paradoja que surge de lo que explica la Torá en esta Parashá: los judíos siempre fuimos muy leales al gobierno de turno. De esta manera,  por ejemplo, cuando el hijo del previo rey sucedía a su padre, los judíos eran respetados por el nuevo monarca, por la lealtad demostrada hacia su padre. Pero si el previo rey no era sucedido por su hijo, su hermano menor o alguien de su elección, sino que era destronado o derrocado por la oposición, los judíos ahora deberían pagar por su lealtad al gobierno anterior.
Ahora bien: ¿cómo hace el nuevo rey egipcio para poner a su pueblo, a las masas, en contra de sus nuevos enemigos políticos, los judíos? Es aquí donde encontramos lo que llamamos los orígenes de la propaganda antisemita. El Faraón desarrolla un discurso que, tanto en su forma como en su contenido contiene todos los ingredientes de un discurso antisemita.  En la Parsahat Ki-Tabó la Torá se refiere sucintamente, con una sola palabra,  a un elemento clave en el antisemitismo. Nos dice que los egipcios, antes de castigarnos con trabajos forzados, nos dañaron vayare’uotanu  (וירעו אותנו המצרים ויענונו).  Esta sofisticada palabra hebreavayare’u  se suele traducir por “nos dañaron”o “nos hicieron mal”.  Pero hay otra posible lectura, sin forzar la delicada semántica de este término. En lugar de traducir “nos hicieron mal”, este versículo nos está diciendo algo más profundo: los egipcios “nos hicieron malos”, es decir, “nos hicieron ver mal” o “nos demonizaron”. Hablaron mal de nosotros y nos acusaron falsamente, para luego justificar perseguirnos, matarnos, destruirnos, etc.  El Faraón nos demonizó al sugerir que los judíos en Egipto se enriquecieron robando a los egipcios, o que por ser un pueblo separado, los judíos practicábamos una dudosa lealtad.
La demonización de los judíos fue, y lamentablemente sigue siendo, el primer paso del proceder antisemita. Durante siglos los judíos fuimos culpados de los más horrendos y ridículos crímenes: envenenar pozos de agua,  matar dioses, matar niños para comer su sangre, etc.  Algunas de estas acusaciones, increíblemente, se siguen propagando hasta el día de hoy (ver por ejemplo aquí). La “demonización” de los judíos fue, es y seguirá siendo, un pre requisito para perseguir y culpar  a los judíos. Hoy, lamentablemente,  lo sabemos tan bien como ayer…
El Faraón continuó su discurso inflamatorio:
הבה נתחכמה לו: “Los judíos son astutos, seamos más astutos que ellos“. Los judíos tenían fama de ser inteligentes, estudiosos. El Faraón no lo niega. Pero en su discurso antisemita el faraón “demoniza” la inteligencia y la presenta como un tipo de “astucia” maligna que lleva a la traición.
ונוסף גם הוא על שונאניו ונלחם בנו ועלה מן הארץ
El discurso del Faraón es el típico discurso demagógico de un dictador. Nótese que el Faraón NO se dirige a su corte, a su congreso o a su gabinete. Le habla directamente al pueblo (por cadena nacional:).
El Faraón termina su discurso con la más popular, infundada y dañina acusación antisemita.   “Los judíos nos van a traicionar, se unirán a nuestros enemigos y se llevarán nuestras riquezas.” El Faraón siembra el miedo en la población y como muchos otros tiranos utiliza la característica esencial del pueblo judío, su unión, para demonizarlo. La mayor fortaleza del pueblo judío es usada por el antisemita como su mayor punto de vulnerabilidad.   Así, aunque sea mentira, no hay nada más creíble que acusar de deslealtad a un pueblo que resiste la asimilación….
Así como HaShem nos ayudó y nos rescató de Mitsrayim de manos del Faraón, también nos liberará de las manos de todos aquellos que se levanten para destruirnos. 



YITRO: ¿Creer en Dios o usar a Dios?

DEBERES DEL CEREBRO

Este Shabbat leeremos Perashat Yitro, que contiene los Diez Mandamientos, un tema de inagotable profundidad. Veamos un ejemplo. El primer mandamiento es el más difícil de entender como mandamiento, porque no está formulado como una orden. No especifica ninguna acción que debamos realizar. Y no comienza con las palabras “No …”, como “No matarás”. Parece ser, más bien, una introducción a lo que está por venir. “Yo soy HaShem tu Dios, que te liberé de la tierra de Egipto, de la casa de esclavos”. Siguiendo a Maimónides, se suele explicar que este mandamiento expresa nuestro deber de “creer” en HaShem. No debería sorprendernos que la Torá nos ordene algo que está relacionado con pensamientos y sentimientos y no con acciones. Pensemos por ejemplo en el último de los Diez Mandamientos, la prohibición de envidiar, que también hace referencia a una emoción que debemos controlar, una reprogramación moral de nuestro cerebro.

CREER ES COMPORTARSE

Una vez que entendemos que este mandamiento no impone ninguna “acción”, repasemos nuevamente cuál es su contenido. Según Maimónides creer en Dios significa “saber que HaShem es nuestro Eloqim”, es decir, aceptar a Dios como la Autoridad Suprema a la que debemos obedecer. Este mandamiento nos enseña que es HaShem, y no los humanos, Quien define lo que está bien y lo que está mal. Saber que Él es nuestro Legislador implica que debemos seguir Su guía en nuestro comportamiento y conducta. Hay una diferencia muy importante entre la definición popular de “creer en Dios” y la definición judía de “aceptar su autoridad”. Como explica Jordan B. Peterson, cuando los periodistas le preguntan repetidamente si cree en Dios: la simple afirmación verbal “Creo en Dios” o “No creo” es prácticamente irrelevante. ¿Por qué? Porque es posible “declarar nuestra fe en Dios” refiriéndonos a un “dios” imaginario en nuestra mente, y no al Dios de la Biblia. Imaginemos por ejemplo a alguien que dice que cree en Dios, pero ignora Sus mandamientos. No le importa aprender o seguir Sus leyes y Sus instrucciones. Este individuo cree en un “dios para emergencias”. ¿Se considera eso la verdadera “fe” en el Dios de la Torá?

RELEYENDO EL PRIMER MANDAMIENTO

Demasiadas personas supersticiosas, pertenecientes a todas las religiones (¡incluida la nuestra!) profesan este tipo de creencia en un dios que te sirve, pero al que no hace falta obedecer. Quizás por eso en Su “presentación oficial” a Su pueblo en el Monte Sinaí –el Primer Mandamiento — Dios se introduce a Sí mismo como “Eloqeja”, “Tu Soberano”, la Autoridad Suprema que exige cierto comportamiento de ti, que te guía, y que recompensa a los justos y castiga a los pecadores. Es cierto que además de ser “Eloqeja” nuestro Soberano, Dios también es nuestro redentor: ¡el Primer Mandamiento menciona que Él nos salvó de la esclavitud egipcia! Pero el mensaje principal del  Primer Mandamiento es la obediencia, no la oración a Dios. Se enfoca en aceptar a HaShem como nuestra Autoridad. Y fue formulado de esta manera quizás para evitar ese tipo de relación inmadura en la que Dios solo existe para solucionar mis problemas. “Servir” a Dios no es como servir a los ídolos. Los dioses paganos no exigen nada de tu conducta personal. A los ídolos no les importa lo que hagas con tu vida. No esperan de ti obediencia sino tributos, regalos. No se preocupan por ti, pero te usan. Y te permiten usarlos cuando los necesitas a cambio de algo que les ofrezcas. La relación entre dioses paganos y personas paganas es estrictamente una relación de quid pro quo.

DIOS COMO PADRE

Pero HaShem no nos pide nada “para Él” a cambio de sus buenos consejos. Toda la relación entre Dios y nosotros no es una relación de conveniencia, sino de amor. Le obedecemos porque confiamos en él. Porque sabemos que le importa de nosotros. Nuestra relación con HaShem es como la relación entre padres e hijos. Cualquier cosa que Dios me pide que haga o no haga es, en última instancia, por mi propio bien. La máxima expresión de fe, de creer en Dios, consiste en actuar de forma coherente con Su existencia. Es lo que “hago” lo que expresa mi fe (o mi falta de fe), más que lo que digo o lo que digo que creo.