VAYIGGASH: La prueba de hermandad



Cuando nuestro patriarca Ya’aqob luchó con un ángel y lo derrotó, el ángel lo bendijo. Parte de esa bendición fue el cambio de su nombre. A partir de ese momento Ya’aqob dejó de llamarse Ya’aqob y su nombre fue ISRAEL. ¿Qué significa Israel? Los comentaristas bíblicos están divididos. Mi explicación favorita, que no voy a fundamentar exhaustivamente en este momento, es que Israel significa: “el que se enfrenta ( o es atacado, como le pasó a Ya’aqob) y pelea con hombres y comunes o poderosos, y prevalece, con la ayuda de HaShem” . (“Isra”: prevalecerá, “E-l”, con la ayuda de haShem”). Este es el nombre que alentó a Ya’aqob cuando tuvo que enfrentarse en lo que podría haber sido un combate a muerte con su hermano Esav. Israel pasó a ser no sólo el nuevo nombre de nuestro patriarca Ya’aqob sino que por extensión se transformó en el nombre de la nación judía. Nos llamamos el Pueblo de “Israel”. Y creo que pocos nombres podrían definir al pueblo de Israel de una manera tan precisa.
Pero más allá de este hermoso significado ¿Por qué el pueblo judío adoptó solamente el nombre del último patriarca? ¿Por qué no nos llamamos el pueblo de Abraham, en honor al fundador del pueblo judío ? O a lo mejor tendríamos que honrar a Itzjaq, que representa a la generación intermedia, la más difícil de mantener. Algo más: la judeidad de una persona se establece vía materna. O sea que para el judaísmo es la madre quien determina la religión de sus hijos. Y si la madre es tan importante en la determinación de la judeidad ¿por qué no nos llamamos el “Pueblo de Sará” o de Ribqá o de Rajel o de Leá? En otras palabras: ¿Por qué nos llamamos ISRAEL y dejamos de lado a todos los demás patriarcas y matriarcas?
Observemos cuidadosamente la palabra ISRAEL, en hebreo ישראל. Y encontraremos algo maravilloso (e increíblemente poco difundido) que difícilmente puede ser atribuido a una “interpretación” arbitraria o a una “casualidad”: El nombre ISRAEL, en hebreo, contiene las iniciales de TODOS nuestros 7 ancestros: los 3 patriarcas y las 4 matriarcas.
Veamos: La primera letra YOD es la inicial de Itzjaq y de Ya’aqob. La segunda letra, SIN, es la inicial del nombre de nuestra primera matriarca Sará. La RESH corresponde a la primera letra de Rajel y de Rivká. La letra ALEF es la inicial de Abraham y finalmente, la letra LAMED, es la primera letra de nuestra matriarca LEAH. Lejos de excluir a los nombres de los otros patriarcas ISRAEL es el nombre perfecto para nuestro pueblo, que incluye a nuestros 3 patriarcas y 4 matriarcas.



Un famoso Midrash describe a Téraj, el padre de nuestro patriarca Abraham, como fabricante y vendedor de ídolos. En una ocasión, Téraj le pidió a su hijo que lo reemplazara en el negocio. Una clienta trajo un poco de harina como ofrenda para los ídolos, y Abraham aprovechó la ocasión para hacer algo dramático: destruir los ídolos de su padre. Pero eso no fue todo; Abraham también buscaba desenmascarar la falsedad de su progenitor. Cuando su padre regresó y vio la destrucción de su preciada mercadería, Abraham le explicó que los ídolos se habían peleado entre sí, compitiendo por la ofrenda de harina. El Midrash relata la reacción de Téraj ante esta respuesta: “¿Te estás burlando de mí? ¿Acaso pueden los ídolos saber algo o actuar por sí mismos?” A lo que Abraham respondió: “¿Eres consciente de lo que tus propias palabras admiten? [es decir, que los ídolos no tienen vida ni poder alguno]”. Enfurecido, Téraj entregó a su hijo Abraham a las autoridades gubernamentales: el rey Nimrod.
Analicemos brevemente este profundo Midrash.
El negocio de la superstición
Basado en esta historia, y usando un poco de licencia literaria, podría afirmarse que Téraj no vendía ídolos a los ricos o a los reyes, sino a personas humildes y pobres, como esa mujer que quizás no contaba con dinero para comprar un ídolo y solo podía ofrecerles un humilde tributo (que luego iría a los bolsillos de Téraj). Los ídolos de Téraj eran el equivalente de lo que hoy llamamos “amuletos o talismanes de la suerte”. Para triunfar en esta industria y vender “pirámides mágicas” a clientes ingenuos, se requiere ser un embaucador profesional y carecer de escrúpulos morales. Según el Midrash, Téraj sabía muy bien que esos ídolos eran inútiles, pero aun así los vendía, abusando de la gente humilde que venía desesperada en busca de soluciones mágicas en momentos de enfermedad o extrema pobreza. El oficio de Téraj exigía una falta absoluta de honestidad intelectual, falta de sentimiento de culpa o falta de empatía hacia el sufrimiento ajeno. Téraj explotaba a los pobres, sabiendo que cuanto mayor era la vulnerabilidad de su cliente, más fácil era sacarle dinero, harina o servicios para su beneficio.
Sacrificar el futuro económico
Desde niño, Abraham conocía la trastienda de la idolatría y percibió el doble discurso de su padre: alabar los poderes mágicos de los ídolos frente a sus clientes y, en privado, reconocer que todo era un negocio. Gracias a su conocimiento del trasfondo lucrativo de la idolatría, Abraham le perdió el miedo a los ídolos y a las supersticiones populares. Y en un dramático acto de liberación espiritual, Abraham fue capaz de desafiar a su propio padre, consciente de que tendría que pagar un alto precio. Al destruir los ídolos sacrificó la fuente de ingresos estable y próspera que en el futuro heredaría de su familia. Esta honestidad “costosa” no es algo común: la mayoría de las personas en una situación similar, creo, probablemente optarían por cerrar los ojos, autoengañarse y continuar con la lucrativa industria familiar. Pero Abraham era diferente. Su compasión hacia los pobres le generó una intolerancia visceral hacia los embaucadores con fines de lucro o, como los llama el presidente argentino Javier Milei: los “gerentes de la pobreza”.
Cuando el rey Nimrod…
La compasión lo llevó a la honestidad, y la honestidad lo transformó en alguien que literalmente estuvo dispuesto a pensar con libertad. Distinto al resto del mundo, a pesar de las costosas consecuencias. Y las consecuencias no tardaron en llegar. En un acto no menos dramático, su propio padre, Téraj, lo denunció y lo entregó a las autoridades, el tirano rey Nimrod, quien no solo apoyaba a los explotadores de la idolatría sino que era su principal socio y beneficiario. Nimrod sentenció a Abraham, quien solo pudo salvarse gracias a la intervención de “las fuerzas del cielo”.
Causas y efectos
La compasión de Abraham, su reacción alérgica hacia la corrupción y su intolerancia ante el abuso, lo liberaron de la idolatría, pero también lo alejaron de la sociedad pagana. Abraham, se mantenía del lado de la verdad, pero estaba solo. Hasta que un día se encontró con Él –o fue encontrado por Él–y escuchó que le decía, “Abraham: LEJ LEJA, deja la casa de tu padre y ve a la tierra que te mostraré. No te preocupes por tu futuro; Yo estaré contigo. Y haré que te transformes en el patriarca de una gran nación”. Y lo demás es historia. La historia de un pueblo digno de Abraham. Nuestra historia.
Shabbat Shalom
Rab Yosef Bittón
Dedicado al presidente argentino, Javier Milei, y a todos aquellos que luchan contra la corrupción y la deshonestidad.

הכריזו בסדום ואמרו: כל מי שהוא מחזיק ידו בפת לחם לעני לגר ולאביון יישרף באש
LA PEOR DECISIÓN DE TU VIDA
Lot y Abraham vivían en la misma zona geográfica. Pero cuando los pastores de Abraham y de Lot se pelean por territorio, Abraham le sugiere a Lot que cada uno tome caminos separados. «Mira la tierra que está frente a ti», le dijo Abraham a su sobrino, «y elige dónde quieres ir … Si eliges ir para el norte, yo iré para el sur. Y si eliges ir hacia el sur, yo iré hacia el norte». Lot no lo dudó y eligió establecerse en Sedom (Sodoma). ¿Por qué? Porque Sedom era una ciudad de riqueza y estabilidad económica. En ese entonces, esa área poseía abundantes ríos que surgían del Jordán, como el paradisiaco delta del Nilo egipcio, dice explícitamente la Torá. Los habitantes de esa próspera ciudad no dependían de la lluvia, y las sequías no los afectaban. Seguramente Lot imaginaba que allí, en Sedom, iba a construirse una hermosa casa, iba a tener el mejor carro, y casarse él y sus descendientes con familias de mucho dinero. ¡Qué vida tan exitosa le esperaba a Lot en Sedom!
SODOMA Y EL TERCER REICH
Pero la Torá también advierte que las personas de Sedom eran realmente malas y egoístas. No dejaban que nadie compartiera sus riquezas. Y en lugar de asistir, oprimían y explotaban a los extranjeros oa cualquiera que no perteneciera al exclusivo club. Los Jajamim dijeron que en Sedom se estableció una ley que decía que «aquel que ayudase a un pobre, a un huérfano o a un extranjero sería ejecutado». La filosofía de Sedom siempre me hizo acordar al pensamiento de Nietzsche, que luego adoptó el Tercer Reich: al débil o al enfermo no se le tenía que tener compasión y asistir, ya que esto representaba un desperdicio de los recursos del estado. La sociedad Aria debía deshacerse de los más débiles –y así lo hicieron– y dedicar todos sus recursos al progreso de los hombres y mujeres sanos, aplicando una ley natural elemental aprendida de Darwin: la supervivencia del más fuerte.
LA IMPORTANCIA DEL MEDIO AMBIENTE
Lot venía de un ambiente que no podía ser más diferente a Sedom. Lot había sido criado en el hogar de Abraham Abinu. En una casa abierta para todos los necesitados. Lot tuvo que haber absorbido estas lecciones de Abraham. Y me imagino que cuando Lot se dio cuenta de la naturaleza de los habitantes de esa ciudad, se habrá preguntado a sí mismo: ¿Y ahora qué hago? ¿Me quedo en esta ciudad o me voy de aquí? Lot decidió quedarse. Quizás pensó que él tendría la fortaleza emocional suficiente como para no dejarse influenciar por los demás…. Pero se equivocó. Y si bien es cierto que conservó algunas de las características de Abraham, por ejemplo, recibió a extranjeros (malajim) arriesgando su vida, vemos que todo lo hizo solo. A diferencia de Abraham, que junto con su esposa Sará prepararon el banquete para sus visitantes, la esposa de Lot no aparece… él mismo, y solo, tuvo que preparar la comida para sus huéspedes. Es decir: Lot ni siquiera pudo influir en su propia familia. Su esposa y sus hijos, porque la cultura de Sedom ya se había hecho parte de los valores de ellos. Cuando Abraham le pidió a Dios que no destruyera la ciudad de Sedom si se encontraban en la ciudad 10 personas justas, Abraham estaba pensando en Lot y su familia: él, su esposa, sus dos hijas casadas, sus maridos, y sus dos hijas solteras y sus prometidos. Eran en total 10 personas. Pero Dios al final destruye la ciudad porque estas 10 personas no eran individuos justos y rectos. Lot, por más que lo intentó, no pudo aislar a su familia de la corrupción de Sedom. Y lo que es más:Lot ofrece a sus propias hijas solteras para que los habitantes de la ciudad las violen, lo que deja en claro que, en realidad, Lot mismo terminó influenciado por la inmoralidad de Sedom. Se transformó, sin darse cuenta, en una víctima más de la cultura Sodomita.
SAPO A LA CASSEROLE
Una de las lecciones más importantes que escuché en mi vida es la del sapo hervido. ¿Cómo se cocina un sapo?(No sé si esto es verdad o es una leyenda urbana, pero en cualquier caso, por favor, no lo intenten en sus casas, ya que aparte de ser tremendamente cruel, no es Casher :). Para los franceses y los chinos, el sapo a la cacerola es un manjar exquisito. El tema es que al sapo hay que cocinarlo, ¡mientras el sapo está vivo! ¿Cómo se cocina al sapo? Si se lo pone directamente en agua hirviendo, el sapo inmediatamente saltará afuera de la olla. Pero si se coloca al sapo vivo en una olla con agua a temperatura ambiente y a fuego lento, ¡el sapo no se escapa de la olla! ¿Cómo puede ser?
NOSOTROS Y EL SAPO
El cuerpo del sapo puede detectar cambios de temperatura drásticos. Por eso, si de una temperatura de 20 grados lo exponemos a los 100 grados de agua hirviendo, saltará para afuera. Sin embargo, el cuerpo del sapo tolera «pequeños» cambios de calor, se adapta a la nueva temperatura y es incapaz de «sumar» esos pequeños cambios en su cerebro y detectar un gran cambio. Me explico: una vez que el sapo está en el agua y el fuego lento lleva la temperatura del agua de 20 a 25 grados, su cerebro de sapo le dice: «5 grados no es nada. No hay peligro.» Y se adapta a los 25 grados. Cuando el agua llega a los 30 grado, su cerebro, ya adaptado a los 25, le dice al sapo: «son solo 5 grados más, no es nada». Y cuando llega a 35, dice lo mismo: «5 grados, no me afectan». ¡El sapo va tolerando y adaptándose a esos pequeños cambios y es incapaz de sumar esos cambios y decirse a sí mismo: «De 20 a 45… son 25 grados! Esto no me está gustando nada, y puede terminar mal»,Finalmente, cuando llega a los 100 grados, ya es demasiado tarde para el sapo….
CAMBIAR SIN QUE SE NOTE
Con los seres humanos pasa algo muy parecido en el campo de las«influencias». Si nos rodeamos de personas malas, por ejemplo,comenzamos a absorber esos valores de forma muy gradual. Tan gradual que es casi imperceptible percibir los cambios. Con el tiempo, nos pasa como al sapo: No percibimos que los pequeños cambios se van sumando. Y cuando nos queremos dar cuenta, ya es demasiado tarde. Lo bueno es que este mismo principio sucede cuando nos rodeamos de gente buena: los pequeños cambios son imperceptibles en el día a día, como cuando un adolescente crece en estatura o como cuando nos ponemos viejos. La lección que aprendemos de Lot es que tenemos que elegir con mucho cuidado el ambiente donde vivimos,y dónde nos educamos y criamos a nuestros hijos. ¡Que no nos pase como a Lot, o al sapo!

התהלך לפני והיה תמים
“Camina ante Mi con integridad”
ABRAHAM Y NOAJ
Cuando la Torá describe la relación entre Dios y Noaj el texto dice: “ET HAELOQIM HITHALEJ NOAJ”, que significa: “Y Noaj caminaba con Dios”. Nuestros Sabios explicaron que esto significa que Noaj se apoyaba en Dios, y el Creador lo rescataba de sus problemas. Noaj obedecía a Dios y dependía de la asistencia Divina. Su mayor aspiración era que Dios lo llevara de la mano , que lo sacara del pozo. Por el otro lado, cuando el texto bíblico describe la dinámica entre Dios y Abraham en la Parashá de esta semana no aparece una relación horizontal. Dios le dice a Abraham “HITHALEJ LEFANAI”, “Camina ante Mi presencia… , o “Camina delante de Mí”. ¿Qué quiere decir este texto? Hay varias y muy profundas interpretaciones. Voy a presentar dos opiniones.
VIVIR BAJO SU MIRADA
El texto se puede entender en primer lugar como “Camina ante Mi presencia” es decir, condúcete en tu vida consciente de Mi presencia. Sabiendo que Yo estoy aquí, observándote. Es como lo que el Rey David dijo en Tehilim “SHIVITI HASHEM LENEGDI TAMID”, “Tengo a HaShem presente ante Mí, permanentemente” . Esta hermosa interpretación es compatible con el final de ese versículo que dice VEHEYE TAMIM, es decir: “[condúcete] … con integridad“. En otras palabras: en cada paso que des en tu vida, ten presente Mi existencia y dirígete con integridad. Actuar de acuerdo a lo que Dios indica es una forma de promover la idea de Su existencia. Actuar bien, con honradez, con nobleza y generosidad, cuando los demás saben que uno se guía por instrucción Divina, surte un efecto de “admiración” y un deseo e imitación de esa conducta. A esto se lo llama en hebreo “Kiddush HaShem”, santificar Su nombre, es decir, elevar la reputación del Creador a través de nuestro proceder.
AYUDAR A VER
Hay otra interpretación que no es menos profunda ni menos hermosa. Estas palabras también se pueden traducir como que Dios lke dice a Abraham: “Camina delante de Mí” como cuando una persona le dice a otra:”Tú camina adelante que yo te sigo…” Pero ¿qué puede significar que Abraham debe caminar adelante de Dios? Un Midrash dice Dios le pide a Abraham que vaya adelante de Él para mostrar al mundo la presencia de Dios. Como un sirviente que en la noche va adelante del carruaje real iluminando con una lámpara la presencia del Rey, para que sus súbditos lo puedan ver. Pero demostrar la existencia de Dios no es tarea fácil…
IDOLATRIA Y DEMAGOGIA
La primera misión de Abraham era mostrarle a la humanidad que la Abodá Zara, la idolatría, era falsa. Que, como explica Maimónides, los líderes religiosos de la idolatría habían inventado todos esos ritos y creencias para controlar y manipular a sus súbditos con miedos y fetichismo. Esos eran simplemente charlatanes que usaban las supersticiones –que ellos mismos habían inventado– para dominar y tener poder. Cuando Abraham denunció la falsedad de la idolatría se ganó muchos enemigos como el rey Nimrod. Abraham había convencido a la gente que a Dios no se lo puede ver, y que era absurdo representarlo por ídolos, pero ahora tenía que hacerles entender que aunque no se lo puede ver, Dios existe, y es omnipresente (está en todos lados). Los ojos físicos no alcanzan. Abraham enseñó que para “descubrir” al Creador tenemos que observar la Creación y recuperar nuestra capacidad de asombro.
¿EVOLUCION O CREACION?
Abraham también demostraba la existencia de Dios practicando el jesed, la benevolencia. Abraham se dedicaba a albergar huéspedes en su tienda, ofrecía sombra, agua y comida a gente que ni siquiera conocía. Y cuando le agradecían por su hospitalidad Abraham les decía: “No me agradezcan a mí”, nebarej sheajalnu misheló, “Bendigamos al Altísimo, a Dios que nos proveyó esta comida”. Practicar el bien es una forma de expresar nuestra creencia en Dios. ¿Por qué? Porque si no existe un Creador, si solo somos animales evolucionados, entonces debemos guiarnos por la ley elemental de la naturaleza: “la supervivencia del más apto”. Como decía Nietzsche (y como hicieron los Nazis): Tener misericordia por los más débiles te hará más débil a ti. El hombre sin Dios debe utilizar todos sus medios y esfuerzos para hacer más fuerte al que ya es fuerte y no desperdiciar sus esfuerzos en ayudar a los débiles. Por el otro lado, el jesed, hacer el bien desinteresadamente, solo se justifica cuando afirmamos que la creación es Divina, y que el Creador es el “Padre” de la humanidad, y como un padre que ama a sus hijos, espera que nos preocupemos unos por los otros.
MISIONES IMPOSIBLES
Abraham tiene varias misiones difíciles: 1. Vivir, pensar y actuar con integridad de manera que su comportamiento refleje la existencia de Dios. 2. Iluminar intelectualmente a la humanidad para desplazar las mentiras de los oportunistas y ayudar a los demás a descubrir al Creador 3. Hacer el bien y comportarse con integridad hacia los demás, es la mejor manera de llevar a la práctica la creencia en Dios.

La Parashá de esta semana comienza con el llamado Divino a nuestro patriarca Abraham: «Lej Lejá» —«Deja tu tierra y ve a la tierra que te mostraré [Canaán, Israel]».
Dios le habla a Abraham e invita al patriarca a dejar su tierra y establecerse en Israel, donde HaShem lo bendecirá con una multitud de descendientes. Muy hermoso.
Pero el texto bíblico guarda silencio en un punto muy sensible: ¿por qué Abraham? ¿Qué hizo Abraham para merecer la elección de Dios?
Para quienes están familiarizados con el estilo literario de la Torá, la ausencia de explicaciones sobre las razones por las que las personas hacen lo que hacen no es una excepción, sino la regla.
De manera similar, la Torá no siempre revela las causas por las que HaShem actúa como actúa. No explica, por ejemplo, las razones de muchos preceptos divinos, ni por qué ciertos animales son puros o impuros, ni siquiera —y este es quizás el ejemplo más dramático— explica por qué Dios creó el mundo.
No estoy seguro de cuál es la razón, pero es notorio que el hebreo bíblico carece de una palabra equivalente a nuestro “por qué”. La palabra lamá, por ejemplo, indica más bien el propósito de una acción, no la intención del sujeto; y algo similar ocurre con madúa’.
Tal vez, como escuché una vez, esto tiene que ver con nuestra creencia en la absoluta libertad de elección de Dios y del ser humano. El “por qué” —al ser causal— implicaría una limitación de esa total capacidad de elegir.
O tal vez la razón de esta ausencia sea, como explicó el rabino Menashé ben Israel, que la Torá quiere dejarnos la tarea del “por qué” a nosotros, los lectores.
Así, en cada generación, cada individuo puede aportar su propio punto de vista (jiddush) y descubrir nuevos niveles de comprensión en el infinito Libro de HaShem. Y eso no sería posible si los “por qué” estuvieran explícitamente revelados.
Volvamos a nuestra pregunta inicial: ¿Por qué Dios eligió a Abraham?
La primera respuesta es la historia que todo niño judío aprende desde temprana edad.
Téraj, el padre de Abraham, fabricaba y vendía ídolos: estatuas de los dioses mitológicos que representaban las diversas fuerzas de la naturaleza. Me imagino que la idolatría debía de ser un gran negocio —como lo es, en algunos casos, el arte—, porque todo lo que el vendedor necesitaba para obtener una buena ganancia era convencer al comprador de que su ídolo tenía más poderes que el otro, y que eso justificaba un precio más alto.
Todo iba bien para Téraj, hasta que decidió enseñarle su oficio a su hijo Abraham… y allí ocurrió lo inesperado. En lugar de ayudar a su padre a vender más, Abraham lo desafió con una lógica impecable, aunque desastrosa para los negocios:
«¿Cómo vamos a vender estos ídolos como si fueran nuestros creadores, si los hicimos ayer con nuestras propias manos? Tú y yo sabemos, querido padre, que estas estatuas no pueden ver, ni oír, ni hablar. ¿Cómo vamos a engañar a la gente y pretender que son dioses?»
El padre de Abraham se enfureció con su hijo, que estaba arruinando su negocio. Pero así fue como Abraham comenzó su búsqueda de Dios.
Y fue después de este proceso que Dios “llamó” a Abraham y lo invitó a mudarse a Su tierra.
La segunda respuesta proviene de un texto que recitamos todos los días en nuestra Tefilá matutina:
“Tú eres HaShem, nuestro Dios, que elegiste a Abram, lo sacaste de Ur Casdim, cambiaste su nombre a Abraham y hallaste que su corazón era fiel a Ti” — אֲשֶׁר בָּחַרְתָּ בְּאַבְרָם וְהוֹצֵאתוֹ מֵאוּר כַּשְׂדִּים… וּמָצָאתָ אֶת לְבָבוֹ נֶאֱמָן לְפָנֶיךָ (Nejemiá 9:7–8).
De acuerdo con este pasuq, Dios primero elige a Abraham —casi arbitrariamente— y luego Abraham se transforma en Su siervo fiel. Irónicamente, y aunque recitamos este versículo todos los días, este punto de vista es menos conocido (o menos popular).
Según esta interpretación, HaShem fue quien inició el vínculo con Abraham, lo preparó y lo entrenó a través de experiencias de vida muy difíciles (nisiyonot), para convertirlo en el patriarca del pueblo de Israel.
El rabino Jayim Sabato, de la Yeshivá Bircat Moshe en Maalé Adumim (Israel), ofrece una observación muy interesante.
El texto que describe el pasado de Abraham Abinu —al final de la Parashá anterior— es muy breve en detalles, excepto por un punto circunstancial pero revelador: Harán, el hermano de Abram, muere, y su hijo huérfano Lot pasa a formar parte de la familia de Abraham.
¿Qué ocurrió? Abraham adoptó a Lot como su propio hijo.
Este supremo acto de bondad —la adopción de un huérfano— fue, según esta lectura, lo que hizo a Abraham merecedor del llamado divino.
La cuarta opinión, mi favorita, es la maravillosa explicación del rabino Yehuda Alter (1847–1905) en su libro Sefat Emet.
Allí enseña que HaShem no habló exclusivamente a Abraham. Más bien, HaShem anuncia permanentemente a muchas personas Su Lej Lejá —el llamado a dejar atrás la tierra natal y dirigirse a Israel, para recibir Su bendición—:
“El mandato ‘Lej Lejá’ es pronunciado por Dios continuamente a todos los hombres” (המאמר ‘לך לך’ שנאמר מהשם יתברך לכל האנשים תמיד).
Pero mientras todos los demás rechazaban el llamado Divino, ignorándolo, Abraham “levantó el teléfono” y respondió afirmativamente al llamado de Dios, aceptando todos los desafíos que esa respuesta implicaba.
Esta interpretación me resulta especialmente inspiradora.
HaShem sigue llamando permanentemente. Su invitación a seguirlo está abierta.
Su Voz está en Su Libro.
Y Su Libro está abierto, esperando que atendamos Su mensaje.

LA GENERACION DEL DILUVIO
Cuando Dios creó al hombre le concedió la neshamá, es decir: su alma, su inteligencia, su capacidad de pensar, y elegir. Estas facultades con las cuales el Creador dotó al ser humano fueron definidas por el texto Bíblico como “la imagen y semejanza de Dios”. El hombre, efectivamente, no fue creado al igual que otros seres vivos que habitan el planeta. El ser humano fue concebido como un ser sobrenatural, con la posibilidad de elegir entre el bien y el mal: o seguir los dictamines del Creador o los deseos insaciables de su terrenalidad.
Diez generaciones después de ser creado, el hombre, colectivamente, eligió el camino del mal. La humanidad comenzó a declinar. La Torá nos cuenta que en esa generación la corrupción y la violación se habían “normalizado” . Los más fuertes abusaban de los más débiles (Génesis 6). Y la ley que imperaba era la ley de la selva: la supervivencia del más fuerte. El hombre se degradó, sacrificó su imagen Divina y se transformó en un animal dedicado a satisfacer sus instintos naturales. A esta generación se la conoce como Dor haMabbul, la generación (corrupta) que mereció ser borrada de la faz de la tierra con el Diluvio.
Pero el diluvio no sería el final de la humanidad. Un hombre llamado Noaj (Noé) resultó ser la excepción a la regla. Noaj era un individuo que en relación con el resto del mundo (o a pesar de la corrupción generalizada, según otra opinión) se comportaba con integridad, y vivía consciente de la existencia de Dios, algo que ya había pasado de moda para el resto de los hombres.
Dios salva a Noaj para darle otra oportunidad a la humanidad. Noaj construye el arca y él, su esposa, sus tres hijos y sus esposas –un total de 8 personas– sobreviven el devastador diluvio.
LA PRIMERA LEY
Al descender del arca, Noaj construye un altar y ofrece sacrificios a Dios en una claro gesto de gratitud por haberle salvado la vida. Dios bendice a Noaj, le insta a reproducirse y repoblar la tierra, y le presenta un código que contiene dos leyes. La primera ley tiene que ver con los animales. Dios autoriza a Noaj y a sus hijos a comer carne animal (Génesis 9:3). Lo cual hasta ese entonces no estaba permitido, ya que la dieta que Dios indicó a los primeros humanos, Adam y Eva consistía únicamente de plantas: semillas, vegetales y frutas. Ahora Dios le permite a Noaj y a sus descendientes disponer de la vida de los animales. Sin embargo, el Creador establece un prerrequisito que deberá ser cumplido antes de consumir carne animal: no se puede mutilar a un animal vivo para consumir su carne, como hacen los depredadores carnívoros con sus presas. El hombre, antes de consumir la carne de un animal, debe sacrificarlo.
LA SEGUNDA LEY
La segunda ley que Dios le ordena a Noaj también tiene que ver con el acto de matar: el asesinato; matar a un ser humano. Esta ley está formulada de una forma muy básica y elemental. En lugar de “No Matarás” como dice en los 10 Mandamientos esta ley determina que el asesinato será castigado con la pena capital: “Si un hombre derrama la sangre de otro hombre, su sangre será derramada, porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios” (Genesis 9:6). Esta ley llega en una gran medida para evitar que se repita el estado de corrupción generalizada que la Torá denunció en Génesis 6, cuando explicó que los hombres poderosos (bené elohim) abusaban de los mas débiles (bene adam). Aquí Dios le recuerda a la humanidad que, más allá de posiciones o posesiones, todo ser humano merece ser tratado con respeto por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios.
EL PACTO ENTRE DIOS y NOAJ
En los próximos versículos (Génesis 9:8 a 9:17) Dios establece un pacto con Noaj y sus hijos. Por un lado, los seres humanos respetarán la vida de otros seres humanos y el derecho de un animal a una muerte digna, con un minimo sufrimiento. El Creador, por su parte , se compromete voluntariamente a no traer un diluvio, u otro cataclismo universal que destruya a la humanidad. El arco iris será el recordatorio que la lluvia se detendrá y Dios no borrará a la humanidad de la faz de la tierra.
Para resumir: la fórmula Divina para evitar nuevamente la corrupción de la humanidad, y su destrucción, es el establecimiento de la ley y el orden. Estas dos leyes básicas que recién mencionamos son el principio de lo que se conoce como las Siete Leyes de Noaj.
Aclaremos que de acuerdo a la tradición judía Dios ya le había ordenado a Adam, el primer hombre, seis leyes básicas: la prohibición del asesinato, la prohibición de la idolatra, de la blasfemia, del robo y del incesto, y la obligación de establecer un mecanismo de justicia.
En los tiempos de Noaj Dios: 1. Las estableció como un pacto con la humanidad. 2. Determinó la pena de muerte por el asesinato. 3. Agregó la ley que prohibe el consumo de un animal mutilado.
Las Siete Leyes de los hijos de Noaj constituyen el primer código Bíblico de Ley Divina, que Dios concibió para toda la humanidad.

Por Rabbanit Coty Bittón.
![]() |

Esta semana, la Torá describe el sistema judicial del pueblo judío. Hay un rey, que tiene que ser humilde y vivir en relativa austeridad, reconociendo que por encima de él hay otro Rey: HaShem, el Rey de Reyes. Como recordatorio constante, el rey judío tenía que llevar consigo su propio Sefer Torá «todos los días de su vida».
También tenemos «Shofetim», jueces, los encargados de administrar la justicia. Los jueces judíos tienen que ser honestos, deben rechazar los sobornos y aborrecer la corrupción, y juzgar con la mayor objetividad posible, sin reconocer las caras de amigos, celebridades, pobres o ricos. Los Shofetim generalmente no actúan por sí mismos (cuando lo hacen, actúan más como mediadores o árbitros), sino en un Bet Din, un tribunal judicial generalmente compuesto por tres jueces para demandas civiles y mercantiles o para delitos menores.
La Torá menciona también a los «Shoterim», oficiales o agentes de la ley, algo similar a la fuerza policial y al sistema penitenciario juntos. Ellos aplicaban las leyes, las multas, los reglamentos, etc.
Cabe observar que el pueblo judío tenía este sofisticado sistema de «ley y orden» en un tiempo en el que los pueblos vecinos de Israel vivían en la anarquía, practicando libremente el parricidio y la violación, y donde la ley, basada en el nepotismo, era la prerrogativa del tirano de turno y del físicamente más fuerte.
Los Jajamim del Musar vieron algo más en las primeras palabras de esta Parashá, algo que se relaciona con el comienzo del mes de Elul y el proceso de Teshubá, arrepentimiento. Las primeras palabras literalmente significan: «Jueces… deberás asignar para ti mismo». Cuando analizamos nuestra propia conducta, por lo general adoptamos el rol de «abogados» de nosotros mismos. Naturalmente, defendemos nuestras propias acciones. Pensamos más acerca de nuestras siempre-buenas-intenciones que acerca de los resultados de lo que hemos hecho mal. De esta manera, nos absolvemos a nosotros mismos del mal proceder y nos liberamos de la culpa. Nuestros rabinos observaron hace mucho tiempo las dificultades psicológicas que debemos sortear cuando queremos evitar esta actitud: «kol derekh ish yashar be’enav», «todo lo que una persona hace es (o termina siendo) correcto a sus propios ojos».
Las palabras: «Jueces… deberás asignar para ti mismo», nos enseñan que la Teshubá no es posible a menos que abandonemos la zona de confort de la auto-defensa y tengamos el coraje de observarnos a nosotros mismos «desde el balcón» (=como otras personas nos ven). Juzgarnos a nosotros mismos con la objetividad de un juez, y no con la indulgencia de un abogado, es un prerrequisito fundamental para que nuestra Teshubá sea efectiva.

