BESHALAJ: La segulá del “man” 


Al salir de Egipto y adentrarse en el desierto, el pueblo de Israel comenzó a sufrir la escasez de agua y alimentos. En ese contexto se produce uno de los mayores milagros de la historia bíblica: Dios hace descender el maná (en hebreo, man), un alimento milagroso con propiedades nutritivas especiales.

Dios le explica al pueblo, a través de Moshé, cómo deben comportarse respecto de este “alimento que llega desde el cielo”. Estas instrucciones no son técnicas, sino esencialmente educativas. Y durante siglos los judíos hemos aplicado estas mismas instrucciones divinas a la forma en que pensamos y actuamos respecto a nuestro trabajo, y a la manera en que administramos nuestro dinero y nuestras posesiones materiales.

Hay tres instrucciones fundamentales relacionadas con el maná, todas ellas profundamente relevantes para el hombre moderno.


¿DE DÓNDE LLEGA MI DINERO?

En primer lugar, el maná nos recuerda que la comida —es decir, aquello que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades materiales— “llega del cielo”.
Esto no significa que no debamos trabajar para ganarnos el pan. De hecho, el maná no caía en la puerta de las casas, ni llegaba por Amazon delivery. Había que salir fuera del campamento y esforzarse para recogerlo.

Lo fundamental es recordar que, a pesar de nuestro trabajo y esfuerzo, en última instancia nuestro sustento (parnasá) está determinado desde los cielos, tal como ocurrió con el maná.
Un campesino puede trabajar de sol a sol sembrando su tierra, pero si Dios no provee la lluvia, no tendrá qué comer. Un empresario puede ser brillante y muy trabajador, pero si sufre un accidente o se enferma, su sustento se verá afectado.

La primera lección del maná es que el trabajo debe ir acompañado de Emuná: la convicción de que, en última instancia, es HaShem quien determina qué voy a tener para comer y cuánto me va a faltar —o, B”H, cuánto me va a sobrar—.

La Emuná es esencial para enfrentar y vencer una de las problemáticas más prevalentes en el área de la salud mental: la ansiedad. Cuando no ponemos en práctica nuestra fe, las fluctuaciones de la economía y los cambios en el trabajo, los negocios o los ingresos pueden afectarnos de manera seria.

Uno tiene que salir a trabajar y hacer todo el esfuerzo necesario para recoger el maná, pero al mismo tiempo saber y aceptar con Emuná que aquello que recogemos —mucho o poco— es exactamente lo que Dios determinó que debemos tener.


NO ACUMULARÁS

En el desierto estaba prohibido acumular el maná. Cada persona debía recoger únicamente la cantidad necesaria para esa jornada. Si alguien recogía de más, el excedente se descomponía. De esta manera, nadie comparaba lo que tenía con lo que poseía su vecino.

Esta segunda lección del maná se relaciona con la acumulación compulsiva de bienes materiales. El aprovisionamiento desmedido expresa una falta de fe, así como una falta de aprecio y gratitud hacia la generosidad de HaShem, que no es finita.

La Emuná consiste en estar feliz con lo que uno tiene. Esta actitud ante la vida nos protege de una de las peores dolencias psicológicas: la envidia y los celos.
La segulá del man nos recuerda una idea fundamental: no necesito mirar a mi vecino y pensar que cuanto más tiene él, menos tengo yo. Lo más importante no es tener todo lo que uno quiere, sino querer todo lo que uno tiene.


EN SHABBAT: NO

El día viernes se debía recoger una doble porción de maná: una para el viernes y otra para Shabbat. ¿Por qué? Porque el maná no descendía durante Shabbat. No había que salir a trabajar en Shabbat para tener comida.

Todo judío que observa Shabbat sabe que, por ello, puede perder negocios u oportunidades laborales. Un comerciante judío puede verse obligado a sacrificar un porcentaje significativo de ventas o perder ofertas irrepetibles, simplemente porque en Shabbat no puede continuar con sus negocios.

Cumplir Shabbat —como ya observaron los romanos en la antigüedad— no es una idea comercialmente “conveniente”. Pero, ¿existe acaso una mejor forma de expresar confianza en HaShem que demostrar la convicción de que no por trabajar más voy a tener más de lo que desde los cielos ha sido determinado para mí y para mi familia?

Por eso, cada Shabbat recordamos el maná en el número de panes o jalot que preparamos, y también en la forma en que las cubrimos, por arriba y por abajo.


La «segulá del man» nos enseña a fortalecer nuestra fe en HaShem, a ser más moderados en nuestro consumismo y a evitar los excesos materiales.




BESHALAJ: Miriam y la audacia del optimismo

 

ותקח מרים הנביאה את התוף בידה

Miriam, la hermana de Moshé (Moisés), fue probablemente la persona más optimista en la historia de Am Israel. Es muy posible que cuando nuestros Sabios dijeron que los judíos pudieron salir de Egipto gracias al mérito de las mujeres virtuosas, se estuvieran refiriendo especialmente a Miriam.

UNA NIÑA CONTRA EL MUNDO 

La carrera de Miriam como «profetisa del optimismo» comenzó a una edad muy temprana: cuando era una niña.
En ese momento, su padre Amram —un líder muy respetado de la comunidad judía— decidió que, a raíz del decreto del Faraón que ordenaba matar a todos los varones judíos recién nacidos, se separaría de su esposa Yojebed para no traer más hijos al mundo. “¿Para qué tener más hijos? ¿Para verlos morir?”, razonaba Amram. Todos los hombres judíos siguieron el ejemplo de Amram y, desde la desesperación, decidieron dejar de traer hijos al mundo para no ver morir a sus pequeños.

Pero allí donde todos veían muerte, desesperanza y pesimismo, una pequeña niña llamada Miriam veía las cosas desde una perspectiva diferente. Miriam visualizaba la posibilidad de un futuro mejor. Y le dijo a su padre:

“El Faraón condenó a morir solo a los niños varones, pero tus actos y tu ejemplo condenan también a las mujeres de Israel a su extinción”.

Las palabras de Miriam tuvieron un enorme impacto en su padre. Amram volvió con su esposa Yojebed y así nació Moshé.
Todos los judíos de Egipto siguieron su ejemplo. Y así Israel se salvó de su autoextinción, gracias a la audacia de una pequeña niña llamada Miriam.


¿CÓMO SUPO MOSHÉ QUE ERA JUDÍO?

Cuando nació Moshé, y antes de que los oficiales egipcios lo arrebataran de las manos de su madre para arrojarlo al río, Yojebed lo llevó al Nilo y colocó la canastilla con su bebé en el río.

Cuando todos preveían un final inevitable y trágico —que el pequeño fuera devorado por los cocodrilos—, la joven hermana del bebé, Miriam, que ya era una adolescente, tuvo la audacia de tener esperanza. Guiada por un optimismo irracional —o profético— caminó al lado de la canastilla de su hermano, y su increíble visión se cristalizó: Moshé fue rescatado por la última persona que alguien hubiera imaginado, la propia hija del Faraón, Batyá, quien decidió adoptarlo. En ese momento Miriam se hizo presente desde la nada y con mucha valentía le sugirió a la madre adoptiva que el bebé fuera amamantado por una mujer hebrea antes de llevarlo al palacio: esa mujer hebrea era Yojebed, ¡la madre de Moshé! 
Lo que muchas veces no notamos es que fue gracias a esta extraordinaria intervención de Miriam que Moshé fue criado por su propia madre, y así supo que era judío. Y fue así como, años más tarde, decidió salir a ayudar a sus hermanos.

Fue gracias a Miriam que nació Moshé, y fue gracias a Miriam —y a su obstinado optimismo— que Moshé supo que era judío. Gracias a Miriam,  Moshé se transformó en el líder del pueblo judío.


CELEBRAR POR ANTICIPADO

En la Parashá de esta semana encontramos otra evidencia del increíble espíritu optimista de Miriam.
La salida de Egipto fue presurosa, el «timing», sorpresivo.  “Hay que salir ya, en mitad de la noche. Hay que viajar con lo que llevamos puesto y dejar todo lo demás atrás”.

Me imagino que los hombres pensaban principalmente en llevar los objetos de valor, y las mujeres judías, habrán pensado en llevar la mayor cantidad de comida posible para sus familias.  

En ese momento también surgían muchos miedos:
¿Tendremos comida y agua suficiente? ¿Encontraremos sombra?  ¿Habrán animales en el desierto: serpientes, escorpiones? ¿Nos atacarán los bandidos?

A la hora de salir de Egipto, todos estaban preocupados por los riesgos de lo desconocido y los peligros de la travesía.
Todos, con una sola excepción: Miriam. Cuando Miriam hizo sus valijas, lo primero que cargó fueron sus tupim, sus panderetas. ¿Pero para qué iban a servir las panderetas? ¿Para qué llevar cosas de más, un instrumento musical?

Miriam tomó las panderetas porque pensó en celebrar. Porque cuando todos veían peligros y dificultades, e imaginaban un escenario incierto y problemático, Miriam se atrevió a pensar distinto.

Nadie sabía ni imaginaba que HaShem abriría el mar y que el pueblo de Israel cruzaría hacia su libertad. Pero, aun sin saber exactamente qué celebraría, Miriam tuvo la audacia de pensar en la libertad, en la victoria y en la celebración.

Y se dijo a sí misma: “Hay que estar preparados para cantar y agradecerle a HaShem por todo lo que hizo por nosotros”.

¡Y así fue! Cuando el pueblo de Israel cruzó el mar, Miriam fue la primera mujer en salir con sus panderetas, a celebrar la libertad e invitar a las mujeres de Israel a cantar y bailar en agradecimiento a Dios. 

Cuando todos imaginaron los peligros de la travesía, Miriam tuvo la audacia de visualizar la libertad, la celebración y la gratitud a Dios.




PARASHAT BO: El Faraón y la adicción al juego

Cada vez que leo esta Parashá, quedo perplejo y fascinado por la conducta del Faraón. Nuestra Parashá comienza con la octava plaga: las langostas. Por primera vez, el Faraón admite que se ha equivocado. Permítanme leerles la declaración del Faraón: «He pecado ante HaShem, vuestro Dios… y ahora, por favor, perdonad mi pecado solo esta vez y rezad a HaShem, vuestro Dios, para que quite de mí esta plaga mortal». Moshé rezó a HaShem y la plaga terminó inmediatamente. Pero, increíblemente, una vez libre de las langostas, el Faraón cambia de opinión nuevamente y se niega a dejar salir a Am Israel de Egipto.

¿Qué está pasando? ¿Por qué el Faraón se comporta de manera tan irracional?

Hay dos explicaciones.

La primera, explícita en la Torá, es un razonamiento teológico. «HaShem interviene en el ‘corazón’ del Faraón. Lo endurece. No para coartar su libre albedrío, sino para preservarlo». Me explico: Si Dios se revelara ante nosotros y pudiéramos, de alguna manera, ver y sentir su Presencia más allá de cualquier duda, ¿podríamos atrevernos a no observar el Shabbat? ¿Podríamos no ponernos el Tefilín o comer algún alimento no Kasher? Si nuestra fe en Dios fuera «absoluta», no podríamos «elegir» entre hacer o no hacer Su voluntad. La certeza total en Su existencia nos convertiría en robots (o en «ángeles», pero esto es para otra discusión) incapaces de desobedecer una orden divina. En este sentido, la invisibilidad de HaShem, Su ocultamiento, es lo que permite que uno mantenga su capacidad de desobedecer y, consecuentemente, conserve el mérito de obedecer. Volvamos al Faraón. El Faraón fue la única persona a la que Moshé informó cuándo iba a comenzar cada plaga y cuándo terminaría. Las evidencias de la intervención Divina eran abrumadoras e innegables para el Faraón. Técnicamente, el Faraón debería haberse convertido en un robot-humano privado de libre albedrío, imposibilitado de desobedecer y, por lo tanto, «libre de responsabilidad». Por lo tanto, para que el Faraón pudiera preservar su capacidad de elección y seguir siendo capaz de decir SÍ o NO, HaShem endurece su corazón. Es decir, Di-s interviene en sus pensamientos y lo hace más testarudo e intransigente. Y así, su capacidad de elección regresa a un balanceado 50/50, y el Faraón es nuevamente responsable de lo que elige. Maimónides explica que este tipo de intervención en el pensamiento humano no es la regla. El caso del Faraón fue excepcional.

La segunda explicación tiene que ver con un patrón de conducta humana. Yo lo compararía con la conducta típica de un adicto al juego que alcanza un punto sin retorno. Y cuando llega a ese punto, exhibe un comportamiento auto-destructivo, prácticamente suicida. Ejemplo: Un hombre va al casino, apuesta y pierde todo lo que llevó, digamos, 1000 pesos, la totalidad del sueldo que recién cobró. ¿Qué puede hacer ahora este individuo? ¿Puede volver a su casa y explicarle a su esposa que su sueldo para el mes entero desapareció? En lugar de eso, elige otra posibilidad y así se encamina hacia un punto sin retorno. La otra posibilidad es pedir un préstamo, jugar nuevamente y así recuperar aunque sea algo de su sueldo. El hombre empeña su coche. Pero esa noche la suerte no lo acompaña. Y ahora, aparte de su sueldo, también perdió su coche. Ahora sí que no puede regresar a su casa y enfrentar a su esposa sin sueldo ni coche. No puede rendirse y desandar sus pasos. Se siente obligado a recuperar su sueldo y su auto o perderlo todo. Está en un punto sin retorno. Lo único que le queda es empeñar su casa. Y pide otro préstamo, etcétera.

Creo que de esta manera también se puede explicar el comportamiento del Faraón. Después de la quinta plaga, después de que el Faraón apostó y perdió contra HaShem, ya no podía retroceder y decir: «Bueno, ahora los dejo ir». ¿Por qué? Porque cinco plagas significaron ya mucho sufrimiento y enormes pérdidas materiales para sus súbditos. No puede salir al balcón de su palacio y decirle a su pueblo: «Me equivoqué» y perder así lo que le queda de prestigio y credibilidad. El Faraón está ahora «jugado». Está en un punto sin retorno y decide seguir apostando, aunque sabe que lleva las de perder. Así, es posible que, sumado a la intervención Divina, este factor humano también haya influido en el comportamiento del Faraón.

De cualquier manera, creo que es una gran lección para todos nosotros:

  1. Debemos identificar cuáles son los puntos sin retorno en cualquier área de nuestras vidas.
  2. Debemos, obviamente, evitar llegar a esos puntos sin retorno.
  3. Y si alguna vez imprudentemente llegamos, saber que es mejor volver atrás de un punto sin retorno que seguir corriendo hacia el precipicio.



BO: Visualizando la oscuridad en Egipto

Shemot 10:21, HaShem dijo a Moshe, «Extiende tu mano hacia el cielo para que la oscuridad se extienda sobre Egipto, [y traeré] una oscuridad que se pueda sentir. 22 Moshe extendió su mano hacia el cielo, y una oscuridad total cubrió todo Egipto durante tres días. 23. Nadie podía ver a nadie más ni moverse de sus lugares durante tres días ….

NI NATIONAL GEOGRAPHIC NI HARRY POTTER 

La Parashá de esta semana describe las últimas tres plagas que azotaron a Egipto y terminaron doblegando el brazo del Faraón, quien finalmente liberó a los judíos de la esclavitud.  Me gustaría escribir hoy sobre la Novena Plaga, Joshej, «oscuridad». Primero, para entender su naturaleza , y segundo, para examinar la función de esta y las otras nueve plagas en el contexto de la historia del Éxodo. Si uno es fanático de Harry Potter, va a sentirse un poco decepcionado de las características de las plagas. Moshé no llega al palacio del Faraón en una alfombra voladora. Tampoco transforma al monarca egipcio en un sapo. Y no hace caer sobre Egipto una invasión de serpientes de siete cabezas. No hay mitos ni seres mitológicos en las plagas. Como lo explica National Geographic —y como lo explicó el Rab Abarbanel hace 500 añios atrás— las plagas eran «fenómenos naturales», eventos que podrían haber ocurrido naturalmente en Egipto. Analicemos, por ejemplo, la plaga de la oscuridad. ¿Qué tipo de fenómeno causó esta oscuridad? La Torá no está describiendo la plaga de la oscuridad simplemente como la ausencia de luz, algo que podría haber sucedido en el caso de un eclipse solar, por ejemplo. El texto bíblico describe una oscuridad tangible, que se puede sentir. El texto también sugiere que este estado de oscuridad literalmente paralizó a Egipto: las personas no podían verse entre sí, y nadie salió de su casa durante tres días.  El rabino Abraham Eben Ezra dice que la Novena Plaga podría haber sido producida por una niebla muy densa e intensa, que probablemente venía del Nilo.  Recuerdo que experimenté este tipo de “oscuridad” cuando visité la zona de Monteverde en Costa Rica, donde uno literalmente se adentra en las nubes, que están inusualmente bajas. A diferencia de la ausencia de luz, la oscuridad producida por esta niebla era tangible, se podía sentir y hasta palpar.

MI CANDIDATO FAVORITO PARA LA OSCURIDAD

Hay otra posibilidad. Hace unos años en Israel, estaba manejando mi viejo Subaru celeste desde Jerusalem hasta Dimona, y para acortar el camino, no utilicé la autopista regular: me dirigí hacia el este y fui por un camino de tierra que rodea el Monte Hebrón y algunas aldeas, una zona un poco desértica. Luego, así de pronto, quede atrapado en una tormenta de arena. Fue terrorífico.  Era mediodía, pero no podía ver nada delante de mí. Reduje la velocidad,  e instintivamente encendí las luces del coche. ¡Grave error! Lejos de iluminar el camino, las luces se reflejaban en la «tormenta de arena», y me encandilaban directamente los ojos. Tuve que detener mi coche en la mitad de la nada y para poder ver algo, irónicamente, tuve que apagar las luces.  B»H la tormenta fue corta (y no creo que haya sido tan intensa como la de Egipto…:).  Pero me ayudó a entender mejor varias cosas. Primero, que la luz es inútil para este tipo de oscuridad y que la oscuridad «densa y tangible» puede interrumpir la vida normal y paralizar a las personas, tal como explica la Torá que ocurrió en Egipto.  

EL PODER SELECTIVO

Una vez que comprendemos que las plagas pueden ser explicadas como fenómenos naturales, veamos qué las hacia especiales  o sobre-naturales.   La Torá revela explícitamente la razón de las Makkot. «Y así los egipcios sabrán que Yo soy el Eterno, al extender Mi mano [y castigar a] Egipto y salvar a los hijos de Israel de entre ellos». El objetivo final de las plagas es que los egipcios —y los hijos de Israel— sepan que HaShem es el Creador y que solo Él tiene el control sobre la naturaleza.  Veamos. La naturaleza desencadena su poder sin discriminación ni advertencia. Es ciega. Un terremoto no perdona la vida de los niños o de las personas inocentes. La naturaleza no tiene la capacidad de hacer selecciones morales.  Las plagas de Egipto eran diferentes. Eran eventos naturales pero selectivos. Que demostraban que el verdadero Dios está en completo control del mundo.  Las plagas no llegaban espontáneamente, sino que comenzaban cuando Dios quería y terminaban cuando Dios así lo ordenaba. Las plagas también tenían un “diseño inteligentemente”. Por ejemplo, la octava plaga, langostas estaba diseñada para destruir todas las hojas verdes en Egipto, mientras que la plaga anterior, el granizo, las dejó intactas. Pero el punto más importante —explícitamente mencionado por la Torá— que hizo que las plagas sean diferentes y únicas (y visiblemente Divinas)  es que solo afectaban a los egipcios y no a los israelitas. Esto se menciona de manera explícita en la peste que golpeó a los animales egipcios y en la plaga de la oscuridad que no afectó el lugar de residencia de los judíos. Este nivel de precisión y selectividad solo puede ser obra del Creador, que diseña estos efectos especiales de manera deliberada.

¿QUIEN QUIERE SER PRIMOGENITO?

Este diseño inteligente de las plagas es mucho más evidente en la décima y última plaga: la muerte de los primogénitos. ¿Por qué? Porque no hay ninguna manera “natural”, científica,  de identificar a un primogénito. No hay nada físico o biológico en el cuerpo de un individuo por el cual un científico pueda determinar que esta persona nació en primero o segundo lugar.  Solo el Creador puede identificar al primogénito. Al margen de su terrible efecto punitivo, esta plaga final, la muerte de los primogénitos, fue psicológicamente devastadora para los egipcios y el Faraón, quien finalmente admite que esta plaga no puede ser atribuida a la magia o a algún fenómeno natural sino que es la obra del Creador: el Dios de Israel 

Las tormentas de arena y polvo son comunes en Oriente Medio y otras áreas del mundo. Este impresionante video muestra una tormenta de polvo que afectó a Oklahoma, EEUU, en1935. Este material es invaluable porque describe a este evento climático como una «plaga» (no creo que haya ninguna alusión deliberada a Egipto o la Biblia aquí). También menciona que a plena luz del día se sentía como medianoche, con cero visibilidad, y que al igual que en Egipto, la gente no podía moverse y tuvieron que gatear para encontrar refugio. Todo esto corresponde exactamente a la descripción del texto bíblico de la plaga de oscuridad.




PARASHAT BO: La muerte como último recurso

La historia las 10 plagas que azotaron a Egipto es fascinante. No sólo por su contenido sino también por la sofisticación de su narrativa. Las plagas comienzan con el enfrentamiento de un Moisés tímido y un Faraón arrogante.
SANGRE
Cuando Moshé torna el rio Nilo en sangre la reacción del Faraón es la indiferencia y la soberbia. El dios Nilo, una de las divinidades principales de Egipto, ha sido derrotado, dañado y herido. La industria pesquera se vino abajo. El Faraón, que alimentó al dios Nilo con los cuerpos de los infantes hebreos, ahora ve con sus propios ojos como emerge la sangre derramada. Pero el poderoso monarca no se deja impresionar. Le pide a sus magos que repliquen lo que parece ser un «truco» de Moshé. Y cuando esto sucede, el Faraón le da la espalda a Moshé (vayifen) y se retira, con soberbia, a la comodidad de su palacio.
RANAS
En la segunda plaga las cosas comienzan a cambiar para el Faraón. Las ranas comienzan a desbordar del Nilo. Esta plaga lo afecta al monarca personalmente. Invaden su palacio y su propia habitación. Las ranas y los sapos eran los dioses de la reproducción en Egipto. Esa reproducción es ahora incontrolable y está infestando a Egipto. Sus magos, otra vez, reproducen la plaga. Pero el Faraón se da cuenta –un poco tarde– que lo que necesita de sus magos es que «contengan» la plaga, que la hagan parar, y no que la reproduzcan.  El Faraón manda a llamar a Moisés y Aharón. Y les dice que acepta sus demandas. Pero luego, cuando las ranas se van, el Faraón endurece su corazón, se arrepiente y no los deja salir.  Pero comienza a ceder.
PIOJOS
En la tercera plaga, los piojos, el Faraón confirma lo que ya sospechaba: que sus ilusionistas no pueden frenar las plagas. Acepta que sus magos han sido vencidos y cede más. Además también confirma que sus dioses son derrotados o controlados por el Dios de Israel. Los insectos eran venerados por los egipcios como la manifestación mágica, invisible, de los espíritus divinos. Y ahora esos dioses se estaban tornado contra los egipcios.
LA ECONOMIA
Plaga tras plaga, todo lo que hace a la prosperidad de Egipto colapsa. El país más próspero y poderoso del Medio Oriente, el único en esa árida región que gracias a su caudaloso Nilo no depende de las lluvias para sobrevivir, astá ahora en ruinas. Primero fue el colapso de la industria pesquera, luego fue afectado el ganado, y en las últimas plagas —granizo y langostas—la cosecha es destruida. El Faraón sigue negociando. Pero ahora es Moshé el que no cede.
LA OSCURIDAD
Llega la penúltima plaga, la oscuridad. Esta plaga que paralizó el país habrá tenido un efecto sicológico devastador sobre el Faraón y su pueblo. ¿Por qué? Porque el dios principal de los egipcios era “Ra”, el dios-sol. La oscuridad demostró que hasta este supremo dios pierde su poder frente al verdadero Dios. El paganismo egipcio ha sido derrotado. Las plagas han demostrado que los dioses egipcios son visibles pero imaginarios. Los egipcios, y los judíos, comienzan a entender que hay un Creador, que es invisible, pero que posee todos los poderes.
EL ULTIMO RECURSO
Queda una plaga más. La muerte de los primogénitos. Sin duda, las más grave y cargada de simbolismo. Los egipcios se arrogaban que podían dominar la muerte, y que conocían el secreto de la inmortalidad. De esta manera, cuando los faraones, los sacerdotes o los primogénitos (que cumplían funciones sacerdotales) estaban por morir se los preparaba con anticipación para su viaje y así, su inmortalidad estaría garantizada por los dioses. Pero cuando la muerte no era natural sino accidental,  la eternidad no se obtenía. Se suponía entonces que los dioses egipcios debían proteger a los sacerdotes y a los primogénitos contra la muerte accidental para que pudieran preparse para morir y obtener la inmortalidad. La muerte súbita de los primogénitos significó también un gran golpe psicológico al «poder» de los imaginarios dioses egipcios que protegían a los futuros inmortales.
¿QUIEN LO MENCIONO PRIMERO?
Por último, cabe notar algo sumamente interesante.  Durante las primeras ocho plagas el Faraón desafió a Moshé y hasta trató de humillarlo pero nunca lo amenazó de muerte. Recién en la novena plaga se escucha por primara vez esta amenaza. El faraón le dice a Moisés. “Puedes irte, tu y tu pueblo, los ancianos y los niños, pero debes dejar aquí a tu ganado”. El faraón aunque accedió a que los esclavos salieran le pide a Moisés que dejen su ganado como garantía de que regresaran.  Moshé se niega. Y en ese momento el Faraón pronunció por primera vez la posibilidad de matar a Moises. (Shemot , Exodo, 10:27) : “Vete de aquí, y cuídate de no verme más, porque el día que vuelvas a presentarte ante mí, morirás ”.  En la narrativa de las 10 plagas, y en las intensas negociaciones que tuvieron lugar, no fue Moshé sino el Faraón, el primero que puso el tema de «la muerte» sobre la mesa. Cuando todas las demás advertencias fueron desoídas y no lograron doblegar la soberbia del tirano dictador, la muerte de los primogénitos, fue el último recurso Divino, lo que terminó de convencer al Faraón que liberase a los esclavos hebreos.
Shabbat Shalom
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RESUMEN de VAERA

EL PUEBLO ELEGIDO
La Parashá de esta semana comienza con la respuesta de Dios a Moshé luego que Moshé se quejara ante Dios porque el Faraón rechazó su pedido de liberar a los hebreos y encima dificultó más su trabajo. Dios le dice a Moshé que Él se reveló a los patriarcas y estableció con ellos un pacto para darles la tierra de Canaán. Y ahora ha escuchado los clamores de sus descendientes, los liberará de Egipto, los elegirá como Su pueblo y los traerá a la Tierra Prometida. Moshé transmite el mensaje a los judíos, pero la esclavitud era tan dura que les impidió aceptar las palabras de Moshé. Dios le dice a Moshé que instruya a Faraón para que deje salir a los israelitas de su tierra. Moshé le pregunta a Dios: «Si los mismos hijos de Israel no me escucharon, ¿cómo me va a escuchar el Faraón?”. La Torá hace una breve pausa y describe el linaje de Moshé y Aharón, enumerando sus árboles genealógicos.

LA INTRANSIGENCIA DEL FARAON
Dios le ordena a Moshé que hable con el Faraón, y le anuncia que Aharón será su portavoz. Dios le reitera a Moshé que Él endurecerá el corazón del Faraón y el monarca egipcio se negará a liberar a los judíos. Pero Dios «multiplicará Sus milagros» en Egipto hasta que reconozcan que Él es el verdadero Dios. Moshé y Aarón se presentan ante el Faraón. Aharón arroja su bastón al suelo y se convierte en una serpiente. Cuando los magos del Faraón hacen lo mismo con sus varas, la vara de Aharón se traga sus varas. El Faraón, que pensó que era un truco de magia, no se impresiona.
Y ahora entonces comienzan las plagas.

PRIMERA PLAGA
Aharon golpea el rio Nilo con su bastón y las aguas se convierten en sangre.

SEGUNDA PLAGA
Aharon estira su bastón sobre el Nilo y hace surgir una invasión de ranas que cubren todo el territorio, las casas de los egipcios y hasta el palacio del Faraón. El monarca egipcio llama a Moshé y le suplica que elimine la plaga, prometiendo que después liberará a los israelitas. Moshé ora a Dios, y las ranas mueren. Pero el Faraón no cumple su promesa.

TERCERA PLAGA
Aharón golpea la tierra con su vara y se produce una plaga de piojos que atacan a los egipcios y a sus animales. Los magos de Faraón reconocen que esto no es magia, sino intervención Divina.

CUARTA PLAGA:
Dios envía a Moshé a advertir al Faraón que su tierra se infestará de todo tipo de insectos y que solo la tierra de Goshen, donde vivían los hebreos, se salvará de esta plaga. Los insectos descienden sobre Egipto y destruyen todo lo que encuentran, pero no afectan la tierra de Goshen. El Faraón llama a Moshé y le ofrece permitir a los israelitas la libertad de servir a Dios, pero sin salir de los límites territoriales de Egipto. Moshé rechaza esta oferta. El Faraón ofrece entonces liberar a los esclavos judíos si la plaga llega a su fin. Moshé ora a Dios, la plaga termina, pero el Faraón vuelve sobre sus pasos y no cumple su promesa.

QUINTA PLAGA
El ganado de los egipcios muere por una epidemia. Pero los animales de los judíos no se ven afectados.

SEXTA PLAGA
Moshé y Aharón toman un puñado de cenizas y la arrojan al cielo. Estas cenizas descienden sobre todo Egipto e infectan a todos sus habitantes con dolorosas afecciones en la piel (sarpullidos, o llagas o una insoportable reacción alérgica). Moshé le transmite al Faraón un mensaje: así como Dios acabó con todo el ganado egipcio, también pudo haber acabado con el Faraón y con todo su pueblo, pero lo ha dejado sobrevivir para mostrarle Su poder y para que se reconozca Su nombre en toda la tierra.

SEPTIMA PLAGA

Moshé advierte al Faraón, pero este no escucha. Entonces cae sobre Egipto una fuerte tormenta de granizo mezclado con fuego (hay quien explica que pudo haber sido una lluvia de meteoritos) , que destruye cultivos y árboles y causa gran daño en todo el país. Esta plaga afecta seriamente la agricultura y a quienes estaban al aire libre. Solo la tierra de Goshen, donde vivía el pueblo judío, permanece intacta y no sufre ningún daño.

 
 

 




PERASHAT VAERA: La verdadera misión de Am Israel

וְהוֹצֵאתִי אֶתְכֶם מִתַּחַת סִבְלֹת מִצְרַיִם, וְהִצַּלְתִּי אֶתְכֶם מֵעֲבֹדָתָם, וְגָאַלְתִּי אֶתְכֶם בִּזְרוֹעַ נְטוּיָה וּבִשְׁפָטִים גְּדֹלִים.  וְלָקַחְתִּי אֶתְכֶם לִי לְעָם

LA FRUSTRACIÓN DE MOSHE
La Parashá de la semana pasada terminó contándonos acerca de la frustración de Moshé Rabbenu por los pobres resultados de su misión ante el Faraón. Moshé le habla al Faraón, en nombre de Dios, y le pide que libere al pueblo judío de la esclavitud. La misión de Moshé fracasó totalmente y fue contraproducente.  No solo que el Faraón no liberó a los esclavos hebreos, sino que los hizo trabajar más y en condiciones inhumanas. Los campos de esclavos se transformaron así en campos de concentración, donde el trabajo era un medio para exterminar a los judíos. Para peor, el pueblo culpa a Moshé por su desesperada situación. HaShem le dice a Moshé que tenga paciencia y que no se desespere. Que el proceso de la redención del pueblo judío va a ocurrir pero poco a poco y que a veces, entre un paso y otro paso adelante, hay que dar un pasito para atrás.

LA MISION REFORMULADA
Nuestra Parashá comienza con la reasignación de Moshé como líder del pueblo hebreo. Si observamos detenidamente los pesuqim veremos que ahora el objetivo final de la intervención Divina se redefine de una forma mucho más elaborada. Hasta ahora parecía que la meta era liberar a los judíos de su terrible esclavitud. Pero ahora vemos que este es solo el primer paso del «plan Divino». HaShem le presenta a Moshé la totalidad de Su plan. HaShem dice 1. los liberaré, 2. los salvaré, 3. los redimiré y 4. los tomaré como Mi pueblo (elegido) y así “Yo seré su Dios” .   Esta es la primera vez que HaShem revela Su intención final: elegir un pueblo. Y le manifiesta a Moshé que ese privilegio recaerá sobre los descendientes de Abraham, Yitzjaq y Ya’aqob: el pueblo de Israel. Ahora Moshé entiende mejor el plan que él debe llevar a cabo. No se trata únicamente de “salvar” a los judíos de un inminente exterminio. Los esclavos hebreos, una vez redimidos, tendrán una misión importantísima, fundamental en el mundo: aprender y observar la voluntad Divina y transformarse así en el pueblo que representa al Creador del mundo y Sus preceptos de vida.

HIJOS Y ADEMAS:  PRIMOGENITOS

Ser el pueblo elegido no se trata de tener más derechos. Todo lo contrario. Ser el pueblo elegido es como ser “los hijos de Dios”. Un padre es más exigente con su propio hijo que con otras personas. Un padre es menos tolerante de los errores de su hijo que de los errores de un extraño.  Al aceptar la Torá, los judíos nos hemos convertido en hijos de Dios.  Pero HaShem no nos asigno solo como uno de sus hijos. Así le dijo Dios a Moshé (Shemot 4:22): “Así le dirías al Faraón: Israel es mi hijo primogénito”. En la antigüedad los hijos primogénitos tenían más exigencias que los demás hijos, pero gracias a esa responsbalidad el hijo primogentio era tambien el apreniz princpla del padre y quien acargaria con su legado.  Al haber sido asignados como el hijo primogénito de Dios hemos contraído una larga serie de obligaciones y exigencias que regulan nuestra conducta. En el proceso de la liberación de Egipto, fuimos pasivos. HaShem es Quien nos rescató y nosotros fuimos salvados. Él luchó en nuestro lugar, y nosotros solo tuvimos que empacar nuestras pertenencias y partir. Pero en el proceso de transformarnos en el Pueblo elegido de HaShem no somos pasivos. HaShem nos ofreció la Torá y nosotros la aceptamos (qabbalat haTorá) y nos comprometimos a estudiarla y observarla y comportarnos como los representantes de Dios sobre la tierra.

TODO PARECIDO….. NO ES PURA CASUALIDAD

En el presente,  tenemos  nuestro Estado de Israel. HaShem con sus múltiples milagros en 1948, 1967 y hasta nuestros días nos ayudó a recuperar nuestra tierra y nos ayuda con permanentes milagros a defender la tierra de Abraham, Isaac y Ya’aqob . HaShem rescató a los sobrevivientes de la Shoá literalmente desde las cenizas, y luego sucedió algo muy parecido a lo que ocurrió cuando nos salvó de un inminente exterminio en Egipto: nos concedio una tierra de prosperidad en la cual podemos vivir independcities .

Pero siguiendo el modelo de la salida de Egipto debemos comprender que llegar a Israel es solo la primera parte de la ecuación. Es la salvación física. Nuestra misión como pueblo judío dentro y fuera de Israel es comportarnos como el Pueblo de HaShem. Yo creo que hoy Baruj haShem somos testigos de ese milagro: vemos como nuestros jóvenes vuelven a sus raíces. Están sedientos de saber y de aprender más sobre el judaísmo. Hoy se estudia Torá mucho más que en cualquier otra época de la historia de nuestro pueblo. Claro que también hay frustraciones, tropiezos y hasta retrocesos. Pero no olvidemos que los jajamim afirmaron que nuestra redención no va a ser súbita, sino que va a tomar tiempo: dos pasitos para adelante, y solo uno para atrás

VER ESTE TAMBIEN: https://conta.cc/3aEywJV




VAERA: El milagroso rechazo del cese al fuego

(Escrito en julio de 2014)
Me gustaría referirme a la Parashat Vaera, la segunda Parasha del libro de Shemot, y a su personaje principal, el Faraón.

Moshé primero le ofrece al Faraón una solución pacífica y civilizada: «Deja libre a mi pueblo. No queremos venganza por 210 años de esclavitud, ni queremos  que usted o su gente sufra. Solo queremos ser libres y servir a nuestro Dios». Pero el Faraón se negó a liberar a los esclavos hebreos.  Moshé aclaró que él hablaba en nombre del Dios de los hebreos, que considera al pueblo de Israel como Su hijo, y que si el Faraón no dejaba que Sus hijos  fueran liberados, Egipto sufriría las consecuencias. El Faraón se negó otra vez. Entonces HaShem envió la primera plaga: sangre. Pero el vanidoso Faraón no se dejó intimidar «Un gran truco de magia», razonó, y continuó con su negativa. Las ranas invadieron Egipto y entonces el Faraón pensó «Bueno, esto podría no ser un truco de magia, pero tal vez se trate de una coincidencia cósmica». Entonces Egipto se llenó de piojos (kinim) y luego de insectos (‘arob). El Faraón pidió un «alto al fuego humanitario». Le pidió a Moshé que removiera esa plaga y le prometió que les permitiría salir en libertad.   Sin embargo, después que la plaga desapareció el Faraón se negó nuevamente a dejarlos salir. Incluso después de la quinta plaga (deber, enfermedades del ganado) el Faraón continuó con su negativa.

Ahora, el Faraón estaba viendo el colapso de la economía egipcia y también las primeras víctimas de la batalla. Sin duda muchos civiles egipcios habían muerto a causa de la obstinada  actitud del Faraón y su negativa a detener las hostilidades. Pero el Faraón nunca dirigió el dedo a sí mismo. Nunca se hizo cargo de las consecuencias de sus decisiones.

El Faraón se empezó a dar cuenta de algo más. Ahora entendió que quizás él  había calculado mal el poder de Aquel que estaba luchando por los Hebreos . Bajó sus «demandas» un poco, pero básicamente no se movió de su posición original y persistió en su rechazo .

En la octava plaga (arbe, langostas), vemos las primeras fracturas en el cabinete del Faraón. Los oficiales del Faraón le rogaban que dejase ir a los israelitas y que detuviera el lanzamiento de cohetes.   Pero el Faraón  no estaba dispuesto a ceder.

La gran pregunta es, cómo es posible que una vez que el Faraón entendió que Las Fuerzas de Am Israel eran tan poderosas ,y especialmente, una vez que vio la destrucción de Egipto y la muerte de civiles, cómo puede ser que se negó a aceptar la propuesta de Moshe? No tiene lógica.

La Torá dice que HaShem «endureció  su corazón», es decir, Dios intervino en los pensamientos del Faraón, lo cual afectó su juicio objetivo. Maimónides explica que normalmente haShem no interviene en nuestro proceso de toma de decisiones. Él concedió a los seres humanos el libre albedrío y nos hace responsables de las decisiones que tomamos. Pero el caso del Faraón fue una excepción. El Faraón tuvo cinco oportunidades de dar marcha atrás, detener las hostilidades y dejar que los judíos se fueran. Pero como algunos dicen, el Faraón nunca perdió la oportunidad de perder una oportunidad. Y desde su total libre albedrío,  se negó. Después de la quinta negativa, Maimónides explica, HaShem le quitó al Faraón su libertad de elección.

Otros comentaristas ofrecen una interpretación diferente de por qué HaShem intervino e impidió que el Faraón se rindiera. Algunos dicen que HaShem quería que todo el mundo, y especialmente  los judíos supieran que HaShem siempre tiene una forma de salvar a su pueblo de las manos del enemigo. Incluso, interviniendo en sus pensamientos.

Esta mañana he leído en los periódicos israelíes que los prisioneros de Hamas, que Israel capturó en la batalla, confesaron el plan macabro de la organización terrorista. Hamas planeaba atacar a Israel en este próximo Rosh Hashaná, enviando cientos de terroristas a través de la red de  túneles del terror que tenían armada. Los terroristas hubieran entrado así en el territorio de Israel en Rosh Hashaná 5775 y Jas VeShalom hubieran asesinado a miles de judíos.  Los titulares del diario Israelí decían: «El descubrimiento de estos túneles evitó una tragedia de las proporciones de la Guerra de Yom Kipur» (en la que  2.800 soldados israelíes murieron y 9.000 fueron heridos)

Me pregunté a mí mismo ¿Qué hubiera pasado si hace dos semanas, cuando Israel ofreció a Hamas «silencio y paz» para Gaza si Hamas simplemente suspendía el lanzamiento de cohetes contra Israel, Hamas hubiera dicho que sí»? Respuesta:  todos esos túneles todavía estarían allí!  ¿Qué pasó? ¿Por qué Hamas rechazó un cese al fuego? ¿Calcularon mal la posible respuesta del Ejercito de Israel o su determinación de entrar a Gaza?

¿Qué hubiera pasado si los líderes de Hamas hubieran aceptado el alto el fuego ofrecido por Egipto,o la Unión Europea,o Kerry o la ONU? Si Hamas hubiera aceptado las repetidas ofertas de cesar las hostilidades, los túneles, por lo menos la mayoría de ellos, no habrían sido descubiertos por Israel. E Israel estaría expuesta a una amenaza existencial.

Pero increíblemente, y contra toda lógica militar o social, Hamas se negó. Una y otra vez fue Hamas quien dijo NO al cese al fuego.

Tal vez, porque la historia de la negativa del Faraón se repitió en la negativa de Hamas, y HaShem intervino en los pensamientos de nuestros enemigos, de nuevo, para frustrar los planes de aquellos que buscan destruirnos.

Shabbat Shalom

שיר המעלות לדוד לולי ה’שהיה לנו יאמר נא ישראל
לולי ה’שהיה לנו בקום עלינו אדם
אזי חיים בלעונו בחרות אפם בנו
אזי המים שטפונו נחלה עבר על נפשנו
אזי עבר על נפשנו המים הזידונים
ברוך ה’שלא נתננו טרף לשניהם
נפשנו כצפור נמלטה מפח יוקשים הפח נשבר ואנחנו נמלטנ
עזרנו בשם ה’עשה שמים וארץ
1. Canción de ascenso, [compuesta] por David, «¿Qué hubiera pasado si HaShem no hubiera estado de nuestra parte?» Que todo Israel proclame.
2. «¿Qué podría haber pasado si HaShem no hubiera estado de nuestra parte cuando esos hombres [= los enemigos de Israel] nos vienen a atacar?
3. ¡Nos hubieran tragado vivos, en su ardiente odio contra nosotros!
4. Como [torrentes de] agua nos hubieran cubierto; aguas que nos hubieran ahogado.
5. Esas aguas mortales de violencia, se habrían desbordado contra nuestras propias vidas.
6. Bendito es HaShem, que no dejó que nos destrozaran con sus dientes.
7. Escapamos, como un pájaro que escapa de la trampa del cazador. La trampa se rompió, y pudimos liberarnos.

8. Nuestra ayuda viene de HaShem, el Creador del cielo y la tierra.




SHEMOT: Los judíos y los cambios de gobierno

וַיָּקָם מֶלֶךְ חָדָשׁ עַל מִצְרָיִם אֲשֶׁר לֹא יָדַע אֶת יוֹסֵף

«Y un nuevo Faraón surgió en Egipto, que no reconocía a Yosef »

  Exodo 1:8

וַיָּקָם מֶלֶךְ חָדָשׁ עַל מִצְרָיִם אֲשֶׁר לֹא יָדַע אֶת יוֹסֵף

«Y un nuevo Faraón surgió en Egipto, que no reconocía a Yosef»
Éxodo 1:8

LOS JUDÍOS Y LOS CAMBIOS DE GOBIERNO

La Torá no es moderna; es eterna. Y precisamente por eso, los relatos que contiene nunca pierden vigencia. Hoy analizaremos un versículo del libro de Shemot que describe un cambio de gobierno en Egipto: un fenómeno político interno, no relacionado originalmente con los judíos, pero que terminó desencadenando persecución, esclavitud y el asesinato de niños judíos.

En otra oportunidad analizamos cómo los hijos de Israel lograron evitar la asimilación en Egipto mediante la educación, la vida comunitaria y una interacción sociocultural limitada con el entorno egipcio (ver aquí). Esa estrategia funcionó. Durante generaciones, los judíos vivieron con prosperidad y estabilidad en Egipto.

Sin embargo, como ocurrió innumerables veces a lo largo de la historia, los cambios políticos en el país de residencia terminaron afectando directa o indirectamente a los judíos. En Egipto —como más tarde en la España de Isabel la Católica o en la Alemania del Tercer Reich— esos cambios internos tuvieron consecuencias devastadoras.


UNA NUEVA POLÍTICA DE ESTADO

Uno de los Sabios del Talmud sugirió que el “nuevo rey” no era necesariamente una persona distinta, sino el mismo Faraón adoptando una nueva política de Estado. Por alguna razón —política, económica o ideológica— decidió volverse contra los judíos y, en un acto de profunda ingratitud, ignorar deliberadamente las inmensas contribuciones de Yosef a la monarquía egipcia.

Algo similar ocurrió en la España de fines del siglo XV. Una vez completada la reconquista del sur, Isabel la Católica decidió que había llegado el momento de expulsar a los judíos de Castilla y Aragón para construir un reino completamente católico. Como el Faraón, Isabel eligió olvidar —o negar— el enorme aporte judío a España.

Basta recordar a Lorenzo Badoz, médico personal de la reina, quien salvó su vida en más de una ocasión; a Rabí Abraham Zacuto, cuyas innovaciones en astronomía y navegación fueron cruciales para el viaje de Colón; o a Don Isaac Abarbanel, cuya gestión financiera permitió sostener la guerra y culminar la reconquista de Granada en 1492.


UNA NUEVA DINASTÍA

Otros Sabios entendieron el versículo de forma más radical: no se trataba solo de un cambio de política, sino de un cambio de dinastía. En la antigüedad, los tronos solían heredarse dentro de una misma familia. Cuando eso no ocurría, hablábamos de una ruptura profunda.

En términos actuales, sería comparable a cuando el partido de la oposición llega al poder. En Estados Unidos, por ejemplo, demócratas y republicanos se alternan cada cuatro u ocho años, y cada cambio trae consigo un “reseteo” de prioridades, alianzas y enemigos.

Así ocurrió, por ejemplo, con la relación entre Estados Unidos e Israel: fue muy tensa durante la presidencia de Barack Obama y cambió de manera radical cuando Donald Trump asumió el poder.

Algo similar debió haber ocurrido en Egipto. Si los judíos habían sido aliados del gobierno anterior, el nuevo régimen tenía motivos políticos para verlos ahora con desconfianza. El nuevo Faraón decidió entonces no reconocer a Yosef como héroe nacional, sino reinterpretarlo como traidor.


EL REY NO HA MUERTO: ¡VIVA EL REY!

¿Por qué los Sabios sugirieron que este nuevo rey no era simplemente el hijo del anterior? Porque cuando hay una sucesión normal, la Torá suele decir: “El rey A murió y su hijo B reinó en su lugar”.

Aquí no dice eso. Dice simplemente que “surgió” un nuevo Faraón. La omisión de la muerte del rey anterior —en un texto tan preciso como la Torá— no puede ser casual. Todo indica un cambio abrupto: un golpe de Estado o algo aún más dramático.

El historiador judío Flavio Josefo (https://es.wikipedia.org/wiki/Flavio_Josefo) propuso que la Torá alude brevemente a una revolución histórica: la reconquista de Egipto. Durante el siglo XVI a.e.c., los hicsos —un pueblo semita— invadieron Egipto y esclavizaron a los egipcios. Si Yosef y su familia se establecieron en Egipto durante ese período, su buena relación con los hicsos habría tenido consecuencias graves.

Cuando el faraón Amosis derrotó a los hicsos y fundó la XVIII dinastía, los judíos —asociados al antiguo régimen— dejaron de ser aliados y pasaron a ser sospechosos.


LAS VUELTAS DEL PODER

Si esta reconstrucción es correcta, los judíos fueron mal vistos no a pesar de haber ayudado a Egipto, sino precisamente por haberlo hecho bajo el gobierno equivocado. De ser así, la frase asher lo yada et Yosef no significa solo que el Faraón “no reconocía” a Yosef, sino que lo despreciaba: lo veía como amigo de sus enemigos.

Ese desprecio se extendió naturalmente a sus descendientes. Una vez más —como tantas veces fuera de Medinat Israel— los judíos se encontraron súbitamente del lado incorrecto de la historia.

Y entonces ocurrió lo inevitable: el Faraón avanzó hacia lo que hoy llamaríamos una “solución final”.


UN FINAL PARADÓJICO

Paradójicamente, este versículo que marca el inicio de la esclavitud también señala el final de un proceso de asimilación acelerada que estaba erosionando silenciosamente a la sociedad judía desde dentro.

Y más aún: el comienzo de la esclavitud fue, en última instancia, el primer paso hacia la salida de Egipto, hacia la redención, y hacia la primera gran aliyá colectiva del pueblo judío a la Tierra de Israel.

A veces, los giros más oscuros de la historia esconden —sin que lo sepamos— el inicio de una liberación.




SHEMOT: Resumen de la Parashá

Esta semana comenzamos un nuevo libro: Shemot, “Nombres” o Éxodo.

EL NACIMIENTO DE MOSHE
La Torá comienza mencionando los nombres de los hijos de Jacob y contándonos que sus descendientes fueron muy prósperos, fructíferos y poderosos en Egipto. Pero cuando surgió una nueva dinastía, el Faraón se propuso debilitar a los judíos y empobrecerlos. Primero imponiéndoles impuestos y encargándoles duros trabajos. Pero por más que los oprimía, los judíos seguían multiplicándose y no perdían su poder. El faraón entonces ordena a las parteras matar a todos los niños hebreos recién nacidos. Estas mujeres, sin embargo, desafiaron la orden del Faraón y dejaron vivir a los niños. El Faraón llamó a las parteras para castigarlas por no seguir sus órdenes. Las parteras respondieron que las mujeres hebreas se valían por sí mismas para dar a luz a sus bebés. Dios recompensa a las parteras por su valentía y su temor al Cielo. El faraón ordena entonces a todo su pueblo a tomar parte en la eliminación de los niños judíos, arrojando al Nilo a todos los varones recién nacidos. Cuando nace Moshé (Moisés) su madre, que temía por su vida, lo pone en una canasta impermeable y deja la canasta flotando en el Nilo. La hija del Faraón, Batyá, se está por bañar en el Nilo cuando ve al niño. Lo toma y lo adopta como suyo. Míriam, la hermana de Moshe, que observa lo que está pasando, ofrece traer una mujer hebrea para amamantar al niño. La hija del Faraón acepta la sugerencia, y así Yojebed, la madre de Moshé se encarga de criar a su propio hijo hasta que éste crece.

MOSHE SALE AL ENCUENTRO DE SUS HERMANOS
Moshé vive en el palacio del Faraón. Ya adulto, un día sale del palacio y percibe el sufrimiento de sus hermanos judíos. Ve a un egipcio golpeando a un hebreo. Moisés mata al egipcio y de alguna manera el Faraón se entera. Moshé se ve obligado a huir. Escapa a Midián y se queda allí por un tiempo. Allí se casa con Tsiporá, la hija de Yitró y tiene a sus dos hijos, Guereshom y Eli’ezer.

DIOS RECUERDA SU PROMESA
En Egipto la situación de los esclavos judíos es cada vez peor. El pueblo clama a Dios y Dios toma en cuenta el pacto que había hecho con sus antepasados. Moshé está pastoreando los rebaños de Yitró en el desierto cuando llega a un monte. Allí ve un arbusto ardiendo, pero que no lo consumía el fuego. Cuando se acercó para entender lo qué pasaba, Dios le habla. Le dice que Él ha visto el sufrimiento de los israelitas y ha decidido liberarlos de los egipcios a través de él, de Moshé. Dios le da a Moshé instrucciones a Moshé. Debe reunir a los ancianos judíos e informarles que Dios los rescataría de Egipto y los llevaría de regreso a Israel. Luego Moshé debe hablarle al Faraón y pedirle que los deje salir para servir a Dios. Sin embargo, Dios le advierte a Moshé que el faraón no accederá a esta solicitud. Pero la redención habrá de llegar después de que Dios castigue a Egipto. Dios le presenta a Moshé tres milagrosas pruebas para que las realice ante los israelitas y le crean que Dios lo ha enviado. Moshé dice que él no es apto para esta difícil misión, debido a su impedimento para hablar con elocuencia. Dios entonces asigna a su hermano Aharón para que sea su portavoz.

MOSHE SE DIRIGE A EGIPTO
Moshé toma a su esposa y a sus dos hijos y se dirige a Egipto. Dios especifica a Moshé que le debe decir al Faraón: “Israel es mi hijo primogénito. Deja libre a mi hijo para que me sirva. Y si te niegas a enviarlo, mataré a tu hijo primogénito”. Moshé se encuentra con Aarón, que había venido desde Egipto para recibirlo, y juntos llegan a Egipto. Reúnen a los ancianos y les presentan las pruebas de que Dios los había enviado.

MISIÓN NO CUMPLIDA
Moshé y Aharón van al palacio del Faraón y le piden que deje salir a los judíos. El faraón se burla de ellos e instruye a sus capataces para que aumenten la carga del trabajo de los esclavos judíos. Los judíos no podían satisfacer las nuevas demandas del Faraón y como resultado son brutalmente golpeados. Moshé afligido y confundido, se dirige a Dios: «¿Por qué has causado más sufrimiento a este pueblo? ¿Y para qué me has enviado? Por haberle hablado al Faraón en Tu nombre, el pueblo está sufriendo más….». Dios tranquiliza a Moshé y le responde que pronto verá lo que Él hará con el Faraón y que el monarca egipcio liberará a los judíos.




SHEMOT: La historia de la envidia

Terminamos el libro de Bereshit, y esta semana comenzamos el libro de Shemot.  La historia es más o menos conocida. Bereshit cuenta cómo se formó la primera “familia” judía, bene Israel , mientras que el libro de Shemot nos cuenta cómo se formó el “pueblo” judío, am Israel.
La Torá no es un libro común. Entre las cosas que hacen que la Torá sea un libro único es que “detrás” de la trama principal se esconden sub-historias entretejidas con la trama principal, pero de alguna forma independientes de ella. Les cuento una. Hermandad vs.envidia.
La tensión entre hermanos ya se nota desde el comienzo, Cain y Abel. En este caso la envidia se genera por la atención Divina. HaShem aceptó el sacrificio de Abel y rechazó el de Cain. Y Cain, en lugar de esforzarse para hacerlo mejor como le sugirió su creador, decidió que era más fácil matar (literalmente!) a la competencia.
Veinte generaciones después, Yishma’el, de acuerdo al Midrash, trató de matar a su hermano Isaac, el favorito de Abraham.
Los hijos de Isaac, Ya’aqob y Esav, que eran mellizos, compiten desde el vientre materno por la primogenitura. Después de lo que sucedió con la bendición de Isaac, Esav amenaza de muerte a Ya’aqob. Al final hay una reconciliación, pero para que la fraternidad se mantenga, los hermanos, irónicamente, tienen que vivir separados.
El punto máximo de tensión entre hermanos llega con los hijos de Ya’aqob. Yosef, que goza del favor de su papá, despierta la envidia de sus hermanos. Y esta envidia se transforma en odio. Y este odio en planear el asesinato de Yosef. Al final, terminan vendiéndolo como esclavo, que era casi una sentencia de muerte, y lo dan por “desaparecido”.
Después de 20 años, los hermanos expresan su arrepentimiento por lo que hicieron y en un enorme acto de altruismo Yosef los perdona. Y así, aparentemente, se cierra el capítulo de envidia y resentimiento entre hermanos que comenzó con los primeros habitantes de la tierra.
Pero Bereshit aún no terminó. Y la historia de la hermandad continúa. Pero ahora va en ascenso. Los últimos hermanos mencionados en Bereshit son los hijos de Yosef: Efraim y Menashé. Por primera vez es el abuelo y no el padre el que les otorga la primogenitura y decide a quién le corresponde. Ya’aqob los bendice “poniendo a Efraim, el menor, antes que al mayor, Menashé”.
Y cuando parece que las heridas se van a volver a abrir, y que Menashé va a amenazar, matar o vender a Efraim… nada de eso sucede. Menashé, a pesar de tener razones para envidiar a su hermano, que ahora es más o tiene más que él, vive en paz con él. Por primera vez el amor entre hermanos superó el poder de la envidia. Menashé pasa con éxito la prueba de la envidia fraternal y así termina el libro de Bereshit (digamos de paso que por esta razón bendecimos a nuestros hijos con la bendición de Efraim y Menashé. Para desearles que aparte de buenos hijos, sean también buenos hermanos).
Ahora comienza el otro libro, Shemot. Que también tiene sub-historias entretejidas con la historia principal. La historia principal cuenta que Moshé es asignado como el enviado de HaShem para rescatar a Israel del cautiverio. Moshé pide ayuda para su misión y HaShem le envía como asistente a … ¡su hermano Aharón! Esto es un gran problema potencial Aharón es el hermano mayor. Y según las normas de esos días Aharón debería ser el líder de la familia, para lo que fuera necesario…. Ahora en cambio, Aharón va a ser el asistente de Moshé, su sombra…
Ahora todos sospechamos que la envidia se va a sobreponer a la hermandad.  Los más optimistas pueden suponer que Aharón no se va a enfadar. Y que siguiendo los pasos de Menashé, controlará su envidia.
Pero la Torá nos tiene reservada una sorpresa, muy hermosa.
La reacción de Aharón no tenía precedentes y nos demuestra lo mejor del ser humano. Aharón no sólo que no envidia la posición de Moshé. Aharón se alegra por Moshé!   וראך ושמח בליבו, “Y cuando Aharón te vea, se alegrará en su corazón”.
El libro de Bereshit comenzó con el fratricidio: un hermano matando al otro. Y progresó hasta llegar a la harmonía fraternal ¿Qué podría ser más elevado que la aceptación del éxito del otro? Aharón cambia la historia de la rivalidad entre hermanos en 180 grados. Y nos regaló una de las lecciones más hermosas de la vida. Alegrarse por el éxito de un hermano. Aprender a estar felices de la felicidad del otro.
Shabbat Shalom!



VAYIJI: Prepararse para morir

VIVIR COMO MORTALES

La idea de la muerte siempre me ha fascinado. Durante mi adolescencia, adquirir conciencia de mi propia mortalidad y su irremediable inevitabilidad, me llevó a reflexionar más profundamente sobre la vida y el propósito de mi existencia. Lejos de asustarme, la idea de nuestra mortalidad fue lo que me acercó más al Creador y a la Torá. Me impactó la explicación de Ribbí Meir (טוב מות) sobre cómo la mortalidad otorga «finalidad» a la vida. Y la invaluable metáfora de Borges en el cuento “Los Inmortales”, donde compara al tiempo con las monedas. Las monedas son idénticas una con la Otra, son reemplazables, intercambiables, completamente recuperables. El tiempo, sin embargo, no se puede recuperar ni reemplazar. Las horas o los días no son iguales: a diferencia de las monedas, un día que se perdió ya no se puede reemplazar. Porque los días no se pierden sino que expiran, «fallecen». Un día que pasó es un día que murió. Que no se repetirá y no volverá jamás.

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL TIEMPO

Podemos corregir muchos errores y faltas. Si tomamos plata ajena, por ejemplo, eventualmente la podemos reemplazar. Pero no hay forma de recuperar el tiempo perdido, un día malgastado que faklecio,  Tomando prestada una metáfora bíblica, זה ספר תולדות אדם, nuestra vida es como un libro, un cuaderno que escribimos —que se escribe solo, como dice en «unetane toquef»— con cada acción que realizamos. Hay libros que están llenos de defectos y errores que cometemos una y otra vez. Uno intenta hacer lo mejor, e irremediablemente se equivoca. Y si hacemos Teshubá, si nos arrepentimos, podemconnerrores son corgibles, pero Las Hojas vacias no. os corregir y enmendar nuestras torpezas. Un cuaderno con correcciones no es necesariamente malo.  El cuaderno horrible, el que debe aterrar,  es un cuaderno con páginas «vacías». Días, semanas y meses que están en blanco, porque no hicimos nada relevante que valiera la pena registrarse en nuestro libro de la vida. La Hojas reo que no hay peor forma de enfrentar la muerte que morir sintiendo que la vida de uno fue un cuaderno vacío. Que desperdiciamos tiempo en sobrevivir y nos olvidamos de vivir con sentido. Esa es la única muerte que debería darnos miedo: la que llega después de una vida vacia. Sin cont ndio transcendental,

LA MUERTE CON OJOS EGIPCIOS

La Parashá de esta semana se dedica principalmente a la descripción de la muerte de nuestro patriarca Jacob. El énfasis del relato bíblico, juzgando por la cantidad de versículos que la Torá dedica a cada tema, se centra en la conmoción y el duelo vividos en Egipto cuando muere el padre de Yosef; en las delicadas negociaciones entre Yosef y el Faraón para que su padre pudiera ser enterrado en la tierra de Israel, tal como lo había solicitado antes de morir. En la preservación, la momificación y el traslado del cuerpo de Jacob. Su funeral; el impresionante cortejo que lo acompañó y su monumental entierro. Sobre el preciso momento de su muerte, el texto bíblico nos cuenta que Jacob bendijo a sus hijos. Y el Midrash agrega una historia de mucha profundidad, belleza y realismo, dejando claro que la vida de Ya’akov Avinu fue absolutamente significativa, y que así enfrentó su muerte sin miedo, con la convicción de haber cumplido su misión.

MORIR SATISFECHO

En el momento de su muerte, nuestro patriarca estaba en su cama, plenamente consciente y rodeado de sus hijos, y posiblemente de sus nietos y bisnietos. Estar consciente en los últimos momentos de la vida es un privilegio al cual hoy en día la mayoría de los pacientes moribundos no pueden acceder. La medicina moderna, en su afán por alargar la vida y disminuir el dolor, hace que irónicamente sean muy pocos los pacientes que «expiran» conscientes, alertas hasta el final y rodeados de sus seres queridos en lugar de estar conectados a máquinas, tubos y cables. (Sobre este delicadísimo tema recomiendo el extraordinario libro ”Being Mortal” del Dr. Atul Gawande). El Midrash enriquece la descripción de la muerte de nuestro patriarca aportando un detalle muy hermoso. Antes de morir, Ya’akob quiso asegurarse de que todos sus hijos seguían su camino: que eran, y seguirían siendo, leales al pacto de Abraham, que ninguno había abandonado ni pensaba abandonar la senda del Todopoderoso. No podemos culpar a Ya’akob por sus sospechas. Abraham e Isaac tuvieron hijos buenos, pero también aquellos que se alejaron de la senda de sus padres y se asimilaron a las familias de sus esposas. En los últimos minutos de su vida, con las últimas fuerzas que le quedaban, Ya’akob  habla por ultima vez con sus hijos. Los Sabios reconstruyen este profundo diálogo final. Jacob les pregunta si tienen alguna duda acerca de seguir el camino de Dios,  Creador de los cielos y la tierra. La respuesta de sus hijos no pudo ser mejor: “SHEMA ISRAEL HASHEM ELOQENU HASHEM EJAD”. “Escucha Israel [nuestro padre, Jacob e llamaba también Israel. Todos nosotros, tus hijos, afirmamos que] HaShem es nuestro Dios, y que HaShem es uno”.

LA MUERTE QUE NO DA MIEDO

Jacob finaliza su vida escuchando de boca de sus hijos la declaración oficial de los principios judíos,  a promesa de lealtad al judaísmo que sus descendientes seguimos expresando diariamente. En ese momento, Jacob se da cuenta de que sus tremendas dificultades y sufrimientos —147 años de lucha literalmente desde el vientre materno— no habían sido en vano. En sus últimos minutos de vida, Ya’akov se da cuenta de que su familia, “los hijos de Israel”, unidos física y espiritualmente, y están ahora preparados para el próximo paso: transformarse en “el pueblo de Israel”. 

Los Tzadikim, los hombres y mujeres justos, se preparan toda su vida para morir.