BEHAALOTEJA: Cuidar las palabras

Al final de la parashá de esta semana, Miriam habla acerca de su hermano Moshé. Obviamente Miriam lo quería: lo había cuidado desde que era un bebé en el río.

¿Qué fue lo que dijo? Miriam vio que Moshé ya no llevaba una vida familiar normal con su esposa, Tzipora. Pensó que eso no era necesario: ella y Aharón también eran profetas, y seguían viviendo con sus familias, ¿por qué Moshé no? Lo que Miriam no entendía es que Moshé no era como cualquier otro profeta. HaShem hablaba con Moshé todo el tiempo, de día y de noche, así que Moshé siempre tenía que estar listo. No podía vivir exactamente como los demás seres humanos.

Miriam tenía buenas intenciones, pero aun así fue responsabilizada por haber hablado negativamente de Moshé. Había hablado de la vida privada de su hermano y juzgado una decisión que no comprendía del todo. Fue afectada por tzaraat, una afección de la piel, y tuvo que permanecer fuera del campamento durante siete días. Y Moshé —el mismo hermano del que ella había hablado— rezó por su curación.

Si Miriam, que amaba a Moshé y tenía buenas intenciones, fue responsabilizada por sus palabras, cuánto más cuidadosos debemos ser cuando hablamos acerca de los demás. El lashón haRá no es solo decir cosas falsas. Incluso si uno dice palabras verdaderas, incluso sobre alguien a quien amamos, un familiar, pueden causar daño.

La Torá nos instruye a recordar lo ocurrido con Miriam y aprender a cuidar nuestras palabras.   Antes de hablar de otra persona, vale la pena preguntarse tres cosas: ¿Estoy seguro de que es verdad? ¿Es necesario que lo diga? ¿Tiene algún fin positivo? Si la respuesta a cualquiera de estas tres es “no”, es mejor callar.




NASO: La bendición de los Cohanim

יברכך ה׳ וישמרך

יאר ה׳ פניו אליך ויחנך

ישא ה׳ פניו אליך וישם לך שלום

El texto de Bircat Cohanim, la bendición de los Sacerdotes, se encuentra en la Perashá de esta semana, Nasó. Este texto contiene las palabras con las cuales Dios instruye a los Cohanim bendecir a la congregación de Israel. Vale aclarar que si bien los Cohanim son los que “recitan” esta plegaria, es el Creador, y no los Cohanim, quien nos concede estas bendiciones.

Antes de examinar su profundísimo contenido, cabe destacar que el texto está presentado en una progresión matemática que sorprende por su impecable diseño: el primer versículo tiene 3 palabras y 15 letras. El segundo, 5 palabras y 20 letras. Y el tercero, 7 palabras y 25 letras.

Nos enfocaremos ahora en el contenido.

El primer pasuq dice:

“Que HaShem (= Dios) te bendiga y te proteja”.

TE BENDIGA: Esto quiere decir: quiera Dios concederme todas las bendiciones materiales que necesito: casa, comida, vestimenta, dinero, etc. Por supuesto que el hecho de que Dios me bendiga no quiere decir que yo no necesito trabajar para merecerlo. La bendición de Dios no reemplaza el esfuerzo humano. El hombre trabaja la tierra y planta las semillas. Y cuando Dios le concede Su bendición —por ejemplo: la lluvia, la salud, la ausencia de plagas, etc.— el hombre recoge los frutos. La bendición Divina, por lo tanto, implica una suerte de asociación entre el hombre, que debe esforzarse y trabajar, y Dios, que bendice ese esfuerzo para que culmine con éxito.

TE PROTEJA: Necesitamos la asistencia Divina para poder disfrutar de Sus bendiciones. ¿Cómo? Protegiéndonos de enfermedades, accidentes y tragedias. En este caso también tenemos la obligación de dar el primer paso y convertirnos en un receptor “merecedor” de esta bendición: si pedimos que HaShem proteja nuestra salud, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para mantenernos sanos. Y debemos evitar correr riesgos innecesarios para no exponernos a accidentes, etc. Además, la protección Divina viene a complementar la bendición Divina. En cierta manera, aquí le estamos pidiendo a Dios que nos proteja de Su bendición material. En primer lugar, porque cuando todas mis necesidades materiales están cubiertas, mi carácter puede verse afectado negativamente. Puedo caer en la ostentación, la arrogancia, el desagradecimiento y el olvido de Dios.

Pedimos a HaShem que nos conceda generosamente lo que necesitamos y que nos proteja de los efectos adversos de la abundancia material.

El segundo pasuq dice:

“Que HaShem te ilumine con Su presencia y te agracie”.

TE ILUMINE: Este versículo no describe las bendiciones materiales, sino las espirituales, intelectuales y emocionales. ¿Cómo nos ilumina Dios? Concediéndonos la sabiduría para comprender Su Torá. Por nuestro lado, debemos esmerarnos en estudiar la Torá. Y el Todopoderoso nos bendecirá iluminando nuestra inteligencia, inspirándonos, abriendo nuestros ojos para que comprendamos la Torá y absorbamos sus valores. Pero la sabiduría no alcanza…

TE AGRACIE: De hecho, cuando una persona tiene demasiada sabiduría, a veces no posee “inteligencia emocional”. Un individuo puede ser muy sabio pero insensible hacia los demás. El niño más inteligente de la clase no siempre es el más popular. En esta bendición le pedimos a HaShem que “nos agracie”, es decir, que nos ayude a ser queridos por los demás. En hebreo se dice “encontrar gracia en los ojos de los demás”. Pedimos a HaShem que, además de la sabiduría, nos conceda inteligencia emocional.

El tercer pasuq dice:

“Que HaShem dirija Su presencia hacia ti y te conceda la paz”.

SE DIRIJA HACIA TI: Esta bendición significa “que Dios te favorezca”, que te preste una atención especial, particular. El mayor castigo para el pueblo judío es ser “abandonado” por Dios. De hecho, la Torá afirma que si el pueblo judío abandona la Torá, Dios retirará Su protección de los judíos, y estaremos expuestos a nuestros no pocos enemigos. Cuando la Torá describe este estado de abandono, producto de nuestro propio abandono de Dios, lo llama “hester panim”, “Dios oculta Su Faz de nosotros”. Esta bendición, en cambio, habla de la situación ideal: cuando Dios dirige Su Faz (Su Presencia, Su Protección, Su bendición) hacia nosotros. Este es un privilegio que también debemos merecer. Cuanto más nos acercamos a Dios, más se acercará Él a nosotros.

Y TE CONCEDA PAZ: La mejor forma de entender esta segunda parte es pensar en el Estado de Israel. Si Israel fuera un país tercermundista, corrupto, marginal —como los otros países de la región—, el mundo nos dejaría en paz. Pero Israel está bajo la permanente protección Divina. Israel sobrevive al constante ataque de sus incansables enemigos. Ganó todas las guerras. Crece y prospera. Esto es un mérito de los judíos que viven en Israel, que luchan para protegerla y para hacerla crecer. Pero esto no es suficiente. Israel también cuenta con la asistencia Divina. Los “ojos de Dios” supervisan permanentemente nuestra querida tierra y sus habitantes. Ahora bien: cuando el Creador nos concede el privilegio de Sus bendiciones, nuestros enemigos no lo pueden tolerar. Y harán todo lo posible para evitar que vivamos en paz y prosperidad. Por eso, en esta bendición le pedimos a HaShem que nos favorezca con Su Providencia, pero también le pedimos “paz”, es decir, que nuestra prosperidad “no despierte la envidia y la agresividad de nuestros enemigos”.

Esta es la situación ideal a la que aspiramos como individuos y como pueblo.




NASO: El arte de la fidelidad en el matrimonio

La fidelidad entre marido y mujer es uno de los cimientos sobre los que se sostiene una familia, y la infidelidad es una de las pocas cosas con poder suficiente para derribarla.

Uno de los temas que se mencionan en la Parashá de esta semana es el de la Sotá, un caso relacionado con la infidelidad en el matrimonio.

La Torá y los Sabios tratan este tema en profundidad y describen no solo las consecuencias del adulterio, sino también los factores que contribuyen a esa desviación o incluso a la sospecha fundada de infidelidad, y las conductas que la previenen y fortalecen la fidelidad.

En las siguientes líneas me referiré brevemente a algunos temas relacionados, directa o indirectamente, con la preservación de la exclusividad sexual en el matrimonio judío.

Santificar la intimidad sexual

A diferencia de otras religiones, el judaísmo percibe la sexualidad como algo positivo e incluso sagrado. Nuestros Sabios explicaron que nuestra conducta debe aspirar a emular a Dios. Él es compasivo, bondadoso y generoso; del mismo modo, nosotros debemos incorporar esas cualidades a nuestro propio comportamiento. Esta “imitación de Dios” alcanza su punto más alto cuando marido y mujer se convierten en “creadores” de una nueva vida. La procreación nos ofrece una oportunidad —sin paralelo en ningún otro acto de la vida— imitar al Creador del mundo.

La sexualidad también nos completa: nos conduce a la plenitud física y emocional como individuos. La primera referencia bíblica a la sexualidad dice: “Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). De este versículo los Sabios dedujeron que el hombre y la mujer deben considerarse individualmente como media persona (pelag gufa), y que la plenitud humana solo puede alcanzarse a través de la intimidad conyugal.

La sexualidad es ciertamente sagrada, pero también es vulnerable. La Torá describe la generación del Diluvio, donde la corrupción sexual y la violación fueron los primeros síntomas de la decadencia moral de aquella generación perversa. El sexo dejó de ser un acto que acercaba a los seres humanos a lo Divino y entre sí. Trataban el sexo como si no tuviera relación alguna con el amor y la santidad, considerándolo casual, desligado y unilateral: un simple medio de explotación para satisfacer instintos primarios.

Por su importancia y por su poder creador (y destructor), la sexualidad necesita ser “santificada” (quiddushín). La santificación de la sexualidad consiste en que la intimidad se exprese “exclusivamente” dentro del marco del matrimonio”. El sexo fuera del matrimonio es destructivo. La infidelidad suele desempeñar un papel decisivo en la mayoría de los divorcios; el adulterio es, por lo general, la última línea roja que se cruza. La deslealtad aleja a la persona de Dios y de aquellos a quienes más ama.

Pero el judaísmo va más allá de “limitar” la sexualidad al ámbito del matrimonio. También enseña a la pareja a preservar la atracción sexual y 2. y evitar todo aquello que pueda llevar a la infidelidad .

 

Preservar la pasión

La Mitzvá de Niddá fortalece la fidelidad. Una pareja judía casada se abstiene de la actividad sexual durante aproximadamente dos semanas cada mes, correspondientes al ciclo menstrual de la mujer más siete días adicionales. Cuando los Sabios del Talmud, en particular Ribbí Meir, explicaron la razón de esta norma, dijeron que, luego de este período de separación física, marido y mujer anhelan reavivar el deseo del uno por el otro. En otras palabras, lejos de debilitar el deseo sexual, este período de separación lo intensifica y lo despierta de nuevo, evitando uno de los mayores desafíos que enfrentan los matrimonios: la monotonía sexual. Los psicólogos y sexólogos reconocen desde hace mucho este problema: como la intimidad dentro del matrimonio está siempre disponible, puede empezar a sentirse rutinaria, y esa monotonía puede llevar a una persona a buscar novedad fuera del matrimonio, lo que conduce a la infidelidad.

Ribbí Meir explicó que, durante los días de separación física, el marido judío desea a su mujer, y su atracción por ella se intensifica a medida que se acerca la noche del Mikvé (la inmersión ritual que concluye el período de abstinencia). Y cuando la mujer regresa del Mikvé —incluso en una pareja que lleva muchos años casada— el deseo entre ambos se renueva “con la pasión que sintieron en su noche de bodas”. El período de Niddá es un RESET sexual perfecto. Crea cada mes una nueva luna de miel. Si esta extraordinaria Mitzvá no existiera, habría que inventarla.

Este período de separación también promueve un nivel más profundo de interacción entre marido y mujer. La distancia física los obliga a comunicarse con afecto, en el plano de amistad, platónico. Toda pareja debería aspirar a alcanzar ese nivel de relación no física que fortalece al matrimonio para el resto de sus vidas. Especialmente con el paso de los años, cuando el deseo sexual naturalmente disminuye, florecerá la amistad entre marido y mujer, basada en esa “relación no sexual” construida a lo largo de los años durante los períodos de Niddá.

Preservar la fidelidad

La tradición judía enseña una serie de leyes y normas de conducta concebidas específicamente para resguardar la fidelidad y evitar todo lo que pueda atentar contra ella. Una de esas reglas se conoce como “Yijud”: evitar una situación en la que un hombre y una mujer se aíslen en un lugar apartado. Los Sabios mencionan el Yijud como uno de los errores cometidos por la Sotá, una mujer casada que se recluyó con otro hombre, dando lugar a sospechas fundadas de adulterio. La historia de Amnón y Tamar, en el libro de Samuel, ilustra la importancia de evitar el Yijud. Amnón, uno de los hijos del rey David, tenía una obsesión sexual con Tamar, su media hermana. Para quedarse a solas con ella, fingió estar enfermo y pidió su ayuda. Solicitó que todos salieran de su habitación y, una vez a solas con su media hermana, Amnón abusó de ella. Este devastador episodio impactó profundamente al rey David, que se sintió culpable por no haberse dado cuenta de lo que ocurría en su propia familia. Para impedir que casos semejantes se repitieran en el futuro, el rey David, junto con su tribunal de justicia, instituyó la ley del Yijud, que prohíbe a un hombre judío permanecer a solas, en una habitación cerrada, con una mujer que no es su esposa.

La prohibición del Yijud pertenece a la categoría de los “guedarim” o “siyagim”, que se traduce como “medidas de seguridad” o vallas halájicas, destinadas a evitar que las personas cedan a la tentación y a transgresiones más graves. Un equivalente de un “siyag” sería un guardabosques que levanta una valla a unos pasos de un precipicio, para proteger a los visitantes de acercarse demasiado y caer accidentalmente al vacío.

Existen mecanismos preventivos semejantes, por ejemplo, en el campo de las adicciones. A una persona que lucha contra el alcoholismo se le aconseja evitar los bares y las reuniones donde se sirve alcohol, y abstenerse de frecuentar a amigos que beben. Estas “vallas sociales” protegen a las personas de sus propios impulsos y les ahorran enfrentarse a tentaciones difíciles de controlar. Es más fácil evitar entrar en un bar que resistirse a beber una vez que la copa está al alcance de la mano.

Del mismo modo, los rabinos reconocieron el poder del instinto sexual y subrayaron que confiar únicamente en el sentido común y en la moral personal puede resultar insuficiente (אֵין אַפּוֹטְרוֹפּוֹס לַעֲרָיוֹת). Se requieren reglas y vallas adicionales para evitar situaciones potencialmente desastrosas. Al evitar el Yijud —la reclusión privada entre un hombre y una mujer— se elimina el escenario mismo en el que tiende a desarrollarse la infidelidad o la conducta sexual inapropiada.

El concepto de Yijud se reconoce y se practica cada vez más en nuestros días, incluso en la sociedad no judía. Los asesores legales recomiendan a terapeutas, médicos, abogados y otros profesionales no permanecer a solas, en una habitación cerrada, con un paciente o cliente del sexo opuesto, a fin de prevenir cualquier situación inapropiada, sospecha o acusación de mala conducta. Esto demuestra la sabiduría avanzada de la Torá y de nuestros Sabios, que establecieron estas leyes hace miles de años, leyes hoy ampliamente reconocidas, valoradas y adoptadas en todo el mundo civilizado.

Cercanía emocional

En el judaísmo, la sexualidad está reservada exclusivamente para la relación íntima entre marido y mujer. Esta idea, sencilla pero fundamental, se extiende también a ciertos tipos de interacción entre hombres y mujeres casados que deben evitarse —más allá de la reclusión— incluso en el terreno de la comunicación.

Las insinuaciones afectuosas, o el lenguaje y los comentarios sexuales de un hombre hacia una mujer que no es su esposa, son inapropiados. De igual modo, una esposa judía debe reservar su encanto físico para su marido, procurando que su comportamiento y su apariencia en público no sean provocativos y que reflejen esa exclusividad.

Estos principios de conducta moral no gozan de mucha popularidad en la sociedad occidental contemporánea, donde la sexualidad ha sido cosificada a través de la publicidad, la pornografía y los medios de comunicación. La explotación generalizada del sexo —y la cultura permisiva moderna— ha normalizado la conducta sexual inapropiada, y la intimidad ya no se percibe como algo exclusivo entre los cónyuges y ligado al matrimonio.

Y precisamente por eso, preservar nuestros códigos de conducta judíos mientras vivimos en una sociedad que promueve valores contrarios representa uno de los desafíos más difíciles que enfrentamos hoy los judíos. Pero es esencial hacerlo si buscamos la armonía en nuestro matrimonio y la felicidad de nuestra familia. Y para lograrlo, debemos reconocer las conductas que facilitan la infidelidad o que pueden provocar celos justificados en el cónyuge.

Consideremos un último ejemplo.

La Torá nos enseña que la infidelidad puede a veces desarrollarse de manera involuntaria, como consecuencia de la comunicación emocional entre un hombre y una mujer casados. La primera vez que la Torá describe las relaciones sexuales, emplea el verbo “conocer”: “Y Adam conoció a Eva, su mujer”. Ese “conocer” se refiere a la conexión emocional que precede —¡y conduce!— a la intimidad física. Cuando una pareja sale por primera vez, se tratan con respeto y cordialidad. Luego llega la amistad, que poco a poco se transforma en una relación emocional, reconocible cuando la comunicación entre el hombre y la mujer incluye el tema de los sentimientos. Cuando se alcanza ese nivel, la pareja está lista para la intimidad, es decir, para el matrimonio.

Si observamos esta progresión hacia la atracción y la intimidad, podemos comprender por qué los Sabios advirtieron que, más allá de mantenerse alejado del contacto físico o de la reclusión, una persona casada debe evitar repetir “iniciar”, incluso involuntariamente, una progresión semejante con una persona del sexo opuesto en su vida profesional o social. En otras palabras, la comunicación de una persona casada con alguien del sexo opuesto debe mantenerse cordial y respetuosa, sin cruzar hacia el afecto o la intimidad emocional.

Los Sabios describen esta cercanía emocional como “quiruv hada’at”: cuando una mujer y un hombre comparten y se comunican mutuamente sentimientos privados o información íntima. Aunque al principio el contenido de esa información no esté relacionado con el ámbito sexual, este nivel de comunicación emocional genera sentimientos de cercanía que podrían conducir a la intimidad. Un hombre o una mujer casados deben evitar este tipo de comunicación con una persona del sexo opuesto con la que interactúan de forma habitual, como un empleado o un colega en el trabajo. Por ejemplo, un esposo no debería compartir con una colega o compañera de trabajo los problemas que él tiene con su esposa. Estas interacciones emocionales, el quiruv hada’at, no se convierten en intimidad de la noche a la mañana, pero se desarrollan de forma gradual.

Preservar la fidelidad es la piedra angular de la familia judía y del bienestar emocional de nuestros seres queridos. Esto exige permanecer alerta y respetar los límites que impiden que ciertas situaciones se vuelvan, poco a poco, más difíciles de controlar. Las leyes de Niddá, Yijud y la prevención del quiruv hada’at —cada una desde una perspectiva diferente— contribuyen a salvaguardar la fidelidad, el aspecto más sagrado y esencial de nuestra vida familiar.




3 Mitsvot de Perashat Behar

💰 ONAAT MAMÓN Honestidad en los Negocios

VaYiqrá 25:14 וְכִֽי־תִמְכְּר֤וּ מִמְכָּר֙ לַעֲמִיתֶ֔ךָ א֥וֹ קָנֹ֖ה מִיַּ֣ד עֲמִיתֶ֑ךָ אַל־תּוֹנ֖וּ אִ֥ישׁ אֶת־אָחִֽיו׃ 

La Torá nos enseña una mitsvá fundamental para la vida diaria: ser completamente honestos en todas nuestras transacciones comerciales.

El pasuq dice:

📖 VaYiqrá 25:14 “Cuando uno vende algo a su prójimo, o compra de su prójimo, no se engañen el uno al otro.”

Esta mitsvá se conoce como onaat mamón — el perjuicio monetario, causado a través del engaño deliberado.

La Torá prohíbe: – cobrar precios abusivos aprovechándose de la ignorancia del comprador, – ocultar defectos de un producto, – engañar sobre la calidad de la mercadería, – manipular información para obtener ventaja económica.

La honestidad no es solamente un buen consejo moral. Es una obligación de la Torá.

🕍 RELIGIOSIDAD Y NEGOCIOS

El judaísmo no separa la vida espiritual de la vida económica.

Una persona puede rezar todos los días, estudiar Torá, cuidar Shabbat y comer kasher… pero si engaña en los negocios, no se considera una persona religiosa.

Nuestros Jajamim enseñaron que la primera pregunta que se le hace a la persona en el Olam Habá no es cuánto rezó, sino:

“¿Te comportaste con honestidad en tus negocios?” (Shabbat 31a)

La verdadera observancia religiosa se expresa en cómo vendemos, compramos, prestamos y manejamos dinero.

⚖️ APLICACIONES PRÁCTICAS

Esta mitsvá tiene muchísimas aplicaciones cotidianas.

Si vendemos un objeto usado, debemos informar claramente cualquier defecto significativo.

Si recibimos vuelto de más en una tienda, estamos obligados a devolverlo, aunque nadie se haya dado cuenta.

Si somos comerciantes, debemos evitar aprovechar la falta de conocimiento del comprador.

Si ofrecemos un servicio, debemos cumplir honestamente lo prometido.

📖 LA HISTORIA DE RAB SAFRA

El Talmud nos transmite un ejemplo extraordinario de honestidad absoluta.

Rab Safra tenía un burro para vender. Un comprador no judío llegó y le ofreció 50 monedas por el animal.

En ese momento, Rab Safra estaba recitando el Shemá Israel y no podía interrumpir su recitación para responder.

Sin embargo, en su corazón ya había decidido aceptar la oferta.

El comprador, pensando que el silencio significaba rechazo, aumentó el precio a 60 monedas… y luego a 70.

Cuando Rab Safra terminó el Shemá, hizo algo increíble: rechazó las 70 monedas y pidió solamente las 50 originales.

¿Por qué?

Porque internamente ya había aceptado la primera oferta.

Para Rab Safra, la honestidad tenía más valor que ganar dinero extra.

La mayoría de las personas habrían dicho: “Nunca respondí verbalmente…” “Técnicamente no hice nada incorrecto…”

Pero Rab Safra entendía que HaShem conoce también lo que ocurre dentro del corazón.

Por eso el Talmud lo considera un ejemplo supremo de yir-at Shamayim — observancia religiosa y temor del Cielo.

🌎 KIDUSH HASHEM

Cuando un Yehudí actúa con honestidad en los negocios, produce un enorme kidush HaShem.

Las personas dicen: “Qué increíble honestidad.” “Qué confiables son.” “Se nota que vive según la Torá.”

Pero si una persona observante engaña, manipula o actúa deshonestamente, el daño espiritual es enorme. No solamente perjudica al otro: produce un jilul HaShem.

La honestidad comercial requiere disciplina y conciencia permanente de que HaShem observa cada transacción.

La verdadera religiosidad no se mide solamente en el Bet haKeneset, sino también en una tienda, en una oficina, en un contrato y en cada conversación comercial.

La kedushá no termina cuando termina de rezar. También entra en el mundo de los negocios.

 

🤝 VEHEJEZAKTA BO Sostener al Prójimo antes de que Caiga

VaYiqrá 25:35 וְכִֽי־יָמ֣וּךְ אָחִ֔יךָ וּמָ֥טָה יָד֖וֹ עִמָּ֑ךְ וְהֶחֱזַ֣קְתָּ בּ֔וֹ גֵּ֧ר וְתוֹשָׁ֛ב וָחַ֖י עִמָּֽךְ׃

 

Una de las mitsvot más hermosas y sensibles de Parashat BeHar es la obligación de ayudar proactivamente a quien está atravesando dificultades económicas.

El pasuq dice:

📖 VaYiqrá 25:35 “Cuando tu hermano empobrezca y su mano comience a soltarse de ti, lo sostendrás…”

La Torá no nos dice solamente que ayudemos al pobre. Nos enseña aquí algo mucho más profundo: debemos ayudar a la persona antes de que llegue a la indigencia y esté obligado a humillarse y pedir caridad.

🪜 ANTES DE QUE CAIGA

Cuando una persona comienza a caer, todavía puede sostenerse con un solo dedo. Pero una vez que cayó completamente al suelo, harán falta varias personas para levantarla.

La Torá nos enseña a intervenir temprano.

No esperar a que alguien pierda todo. No esperar a que tenga que pedir ayuda públicamente. No esperar a que llegue a la desesperación.

El objetivo es prevenir la caída antes de que ocurra.

Muchas veces, una pequeña ayuda dada a tiempo puede salvar a una persona, una familia o un negocio entero.

💎 EL NIVEL MÁS ALTO DE TSEDAQÁ

El Rambam enseña algo extraordinario.

En Hiljot Matenot Aniyim enumera ocho niveles de tsedaká, y el nivel más elevado de todos no es simplemente dar dinero al pobre.

El nivel más alto es ayudarlo a recuperar su independencia.

¿Cómo?

– ofreciéndole trabajo, – ayudándolo a abrir un negocio, – dándole un préstamo sin interés, – enseñándole un oficio, – conectándolo con oportunidades.

La mejor ayuda no es solamente darle pan al necesitado, sino ayudarlo a volver a producir su propio pan.

O, como suele decirse: “No darle el pescado, sino enseñarle a pescar.”

La Torá quiere preservar no solamente la supervivencia de la persona, sino también su dignidad.

🌎 RESPONSABILIDAD MUTUA

Nuestros Jajamim enseñaron:

“Kol Yisrael arebim ze laze” “Todo Israel se debe sentir responsable uno del otro.”

La fortaleza de Am Israel no se mide solamente por el éxito de los más ricos, sino también por la dignidad de los más vulnerables.

Una comunidad fuerte no es aquella donde algunos triunfan mientras otros quedan abandonados.

Una verdadera comunidad judía es aquella donde las personas se sostienen mutuamente.

⚖️ APLICACIONES PRÁCTICAS

Esta mitsvá tiene muchísimas aplicaciones modernas.

Si conocemos a alguien que perdió su trabajo, podemos ayudarlo recomendándolo.

Si alguien está pasando dificultades económicas, podemos ofrecerle un préstamo digno y discreto.

A veces, una llamada telefónica, un contacto o una recomendación laboral pueden cambiar completamente la situación de una persona.

Incluso apoyar emocionalmente a quien está atravesando dificultades forma parte de esta mitsvá.

Muchas veces, el peor sufrimiento no es solamente la falta de dinero, sino la sensación de estar solo.

AYUDAR CON DIGNIDAD

La Torá no quiere que ayudemos “desde arriba”, con arrogancia o superioridad. Nos pide que ayudemos viendo al otro como “ajija” — tu hermano.

No como un caso social. No como una carga. No como alguien inferior.

Sino como un hermano que hoy necesita apoyo… y que mañana podría ser quien ayude a otros.

Porque en la visión de la Torá, nadie es completamente autosuficiente.

Todos necesitamos de los demás.

 

 

 

📜 DAÑO EMOCIONAL  אוֹנָאַת דְּבָרִים — El Daño Causado por las Palabras

וַיִּקְרָא כ״ה:י״ז     “וְלֹא תוֹנוּ אִישׁ אֶת־עֲמִיתוֹ וְיָרֵאתָ מֵאֱ-לֹהֶיךָ כִּי אֲנִי ה׳ אֱ-לֹהֵיכֶם”

Parashat Behar nos enseña una de las lecciones más profundas y actuales de toda la Torá: no solamente está prohibido dañar a una persona estafándolo comercialmente — también está prohibido herir a otra persona, perjudicarlo, con palabras duras.

El pasuq dice:

📖 וַיִּקְרָא כ״ה:י״זוְלֹא תוֹנוּ אִישׁ אֶת־עֲמִיתוֹ וְיָרֵאתָ מֵאֱלֹהֶיךָ כִּי אֲנִי ה׳ אֱלֹהֵיכֶם

“No se hagan daño el uno al otro, y temerás a tu Dios, porque Yo soy ה׳ tu Dios.”

A primera vista, este versículo parece repetir la misma prohibición mencionada unos versículos antes, donde la Torá prohibió engañar en los negocios. Pero nuestros Jajamim explican que aquí la Torá está hablando de otro tipo de daño mucho más profundo: onaat debarim — el sufrimiento causado a otra persona a través de las palabras.

La Torá entiende algo que muchas veces olvidamos: las palabras no desaparecen. Una frase puede acompañar a una persona durante años. A veces, toda una vida.

💔 EL DAÑO INVISIBLE

El Talmud (Babá Metsiá 58b) enseña algo sorprendente: el daño emocional puede ser más grave que el daño económico.

El dinero perdido puede recuperarse. Una palabra hiriente puede dejar una herida que a veces no sana.

Hay personas que todavía recuerdan comentarios humillantes que escucharon en su infancia. Una burla en público, un apodo ofensivo, una frase dicha “en broma”, una crítica frente a otros… heridas invisibles que permanecen grabadas en el corazón.

Por eso, el judaísmo considera que cuidar la forma en que hablamos es parte esencial del servicio a HaShem.

⚖️ EJEMPLOS QUE DAN LOS JAJAMIM

Los Jajamim dieron ejemplos muy concretos de onaat debarim:

– No recordarle a una persona errores de su pasado después de que cambió su vida y mejoró. – No avergonzar públicamente a alguien. – No usar sobrenombres ofensivos, incluso “como broma”. – No burlarse de la apariencia física, acento, situación económica o capacidades de otro. – No preguntar el precio de un producto si no existe intención real de comprarlo, haciéndole perder tiempo y falsas expectativas al vendedor.

A veces pensamos: “¡Pero yo no hice nada malo!” No golpeé. No robé. No dañé físicamente.

Sin embargo, la Torá nos enseña que a veces una palabra puede doler al otro más que una acción.

😢 HALBANAT PANIM — “DERRAMAR SANGRE”

Los Jajamim compararon la vergüenza pública con el derramamiento de sangre.

¿Por qué?

Porque cuando una persona es humillada delante de otros, la sangre desaparece de su rostro. La cara se pone pálida. La persona siente que quiere desaparecer.

Hoy, en la era de WhatsApp, redes sociales y social media, esta mitsvá es todavía más importante.

Un comentario sarcástico. Una burla enviada a un grupo. Un meme humillante. Una crítica pública innecesaria.

Todo esto entra en la categoría de onaat debarim.

Muchas personas son extremadamente cuidadosas de no perder dinero… pero muchísimo menos cuidadosas con las palabras que salen de su boca.

👁️ “Y TEMERÁS A TU DIOS”

La Torá agrega aquí una frase muy especial:

וְיָרֵאתָ מֵאֱלֹהֶיךָ “Y temerás a tu Dios.”

Rashi explica que esto aparece porque el daño verbal es algo que muchas veces sólo HaShem puede juzgar.

Cuando alguien hiere a otro con palabras, siempre puede justificarse:

“Era un chiste.” “No fue mi intención.” “Es demasiado sensible.” “Yo sólo decía la verdad.”

Los seres humanos no pueden saber qué había realmente en el corazón de quien habló. Pero HaShem sí.

Por eso la Torá nos recuerda: antes de hablar, piensa no solamente cómo sonará tu frase a los oídos de las personas — sino cómo será escuchada en el Cielo.

🌱 EL PODER DE CONSTRUIR

Las palabras tienen un poder inmenso.

Una sola frase puede darle fuerzas a una persona para seguir adelante. Un elogio sincero puede cambiarle el día a alguien. Una palabra de apoyo puede salvar a alguien de la desesperación.

Así como existe onaat debarim para destruir, también existe la capacidad de usar la boca para construir mundos.

El Jafetz Jaim explicaba que la boca puede convertirse en el instrumento más santo del ser humano… o en el más destructivo.

Todo depende de cómo la usemos.

PENSAR ANTES DE HABLAR

Antes de hablar, vale la pena preguntarnos:

👉 ¿Lo que voy a decir puede causarle daño a alguien? 👉 ¿Es necesario decirlo? 👉 ¿Es el momento correcto? 👉 ¿La forma en que lo voy a decir puede herir? 👉 ¿Estoy construyendo o destruyendo?

La grandeza espiritual se mide en una conversación familiar, en una discusión comercial, en un mensaje de WhatsApp y en la manera en que tratamos a las personas todos los días.

Que HaShem nos ayude a usar nuestras palabras para dar fuerza, dignidad y alegría a quienes nos rodean.




RESUMEN DE BEHAR – BEJUQOTAY

Propiedad, responsabilidad y las consecuencias de nuestras decisiones

🏡 LA TIERRA NO ES NUESTRA

La Perashá comienza con una idea revolucionaria: la tierra pertenece a HaShem.
Por eso, cada siete años llega la Shemitá, el año sabático, en el cual la tierra debe descansar. No se siembra ni se cosecha como de costumbre. El agricultor deja de trabajar… y confía.

Este mandamiento no es solo agrícola. Es una lección profunda:
👉 No somos dueños absolutos — somos administradores.
👉 La abundancia no depende solo de nuestro esfuerzo, sino de la berajá de HaShem.
👉 Saber parar también es parte del crecimiento.


🔄 YOVEL — REINICIAR LA SOCIEDAD

Cada cincuenta años, la Torá establece el Yovel (Jubileo):

  • Las tierras regresan a sus dueños originales
  • Las deudas se cancelan
  • Los siervos recuperan su libertad

La Torá crea así un sistema único: nadie queda atrapado para siempre en la pobreza, y nadie puede acumular poder sin límites.

👉 Es un modelo de justicia social basado en la dignidad humana.
👉 La riqueza no es absoluta; tiene límites morales.


⚖️ INTEGRIDAD TOTAL

La Torá exige una honestidad absoluta en los negocios:

  • No engañar
  • No aprovecharse del otro
  • No manipular precios ni información

Pero va más allá: también prohíbe dañar con palabras.

👉 El daño no es solo económico — también es emocional.
👉 La Torá nos exige sensibilidad, respeto y responsabilidad en cada interacción.


🤝 AYUDAR ANTES DE QUE SEA TARDE

Uno de los mensajes más poderosos de la Perashá es este:
no esperes a que la persona caiga — ayúdala antes.

  • Si alguien empieza a tener dificultades, debemos sostenerlo
  • Se puede prestar dinero, pero sin interés
  • El objetivo no es crear dependencia, sino devolverle estabilidad

La idea es clara:
👉 No se trata solo de dar — se trata de levantar al otro.
👉 La mejor ayuda es la que devuelve independencia (dar trabajo, enseñar, apoyar).


🌧️ SI CAMINAMOS CON HASHEM…

En Perashat Bejuqotay , la Torá describe un escenario de bendición:

  • Lluvias a su tiempo 🌧️
  • Abundancia en la tierra 🌾
  • Paz y seguridad 🕊️
  • Protección frente a enemigos 🛡️

Incluso se describe una realidad extraordinaria: pocos vencen a muchos.
No es fuerza militar — es presencia divina.

👉 Cuando vivimos con valores, la realidad misma se alinea a nuestro favor.


⚠️ SI NOS ALEJAMOS…

La Torá también presenta el otro lado:

  • Falta de lluvia → hambre
  • Debilidad → enfermedad
  • Inseguridad → ataques enemigos
  • Finalmente → exilio

No es solo castigo. Es una consecuencia natural:
👉 Cuando perdemos nuestra dirección espiritual, también perdemos estabilidad.


💛 LA TESHUBA

A pesar de todo, la Torá cierra con un mensaje de esperanza:

👉 HaShem nunca rompe el pacto
👉 Recuerda el mérito de los Avot
👉 Siempre hay posibilidad de regresar

La historia del pueblo de Israel no termina con la caída — siempre existe el retorno.


🎁 DAR TAMBIÉN ES PARTE

La Perashá concluye con leyes sobre donaciones, consagraciones y diezmos.

👉 Nos recuerdan que lo que tenemos no es completamente nuestro
👉 Dar no es perder — es parte de nuestra relación con HaShem





QUEDOSHIM: ¿Honrar o respetar a los padres?

Cuando la Torá se refiere a nuestro relacionamiento con los padres, no nos indica un solo mandamiento — ¡nos da dos! Dos preceptos distintos en su contenido, en su orientación y en la etapa de la vida a la que se aplican. Confundirlos, o reducirlos a uno solo, empobrece nuestra comprensión de ambos. Vale la pena detenerse y examinarlos con cuidado.

Las diferencias fundamentales

El primero es el quinto de los Diez Mandamientos y dice: Kabed et avija ve’et imeja — “Honra a tu padre y a tu madre.” La palabra clave aquí es kabed, relacionada con kavod. Que no significa estrictamente “respetar”, sino honrar mediante acciones concretas: ocuparse de los padres, atender sus necesidades, y asistirlos cuando no se pueden valer por sí mismos.

El segundo mandamiento aparece en nuestra parasha, Kedoshim, y dice: Ish imo ve’aviv tira’u — “Uno debe respetar a su madre y a su padre.” La palabra clave aquí es tira’u, del verbo lira — “temer”. Pero no se trata de miedo, sino de “temor reverencial”: reconocer y respetar la autoridad de los padres en nuestras decisiones y comportamiento.

¿Cuáles son las diferencias entre ambos preceptos?

Primera diferencia: lo que se debe hacer vs. lo que no se debe hacer. El honor (kabed) se expresa en acciones positivas: ayudar, visitar, acompañar. El respeto (tira’u) se expresa principalmente en lo que no se hace: no desobedecer, no contradecir, no invadir el lugar de los padres.

Segunda diferencia: dos etapas distintas de la vida. El respeto se aplica principalmente cuando los hijos son niños o adolescentes y dependen de sus padres. El honor se aplica cuando los roles se invierten: cuando los padres envejecen y son ellos quienes dependen de sus hijos.

Tercera diferencia: ¿quién depende de quién? El mandamiento de tira’u pertenece al mundo de la educación y la crianza: parenting. Los padres deben mostrarse como autoridad, para que los hijos la internalicen como tal.

La Mitzvá del respeto: parenting

Esto se traduce en conductas concretas. Lo que los hijos no deben hacer respecto a sus padres:

  • No llamar a los padres por su nombre propio — la manera correcta es con títulos afectivos como “mamá” o “papá”
  • No desobedecerlos
  • No contradecirlos
  • No ocupar su lugar en situaciones que son símbolos de autoridad: en la cabecera de la mesa, en su silla, o en el asiento del padre en la sinagoga

Este mandamiento establece una sana distancia que inspira respeto a la autoridad paterna y materna: “Yo soy tu padre, tú eres mi hijo. Te quiero, pero no somos iguales.” Esa distinción no existe para alimentar el ego de los padres, sino para generar seguridad emocional en los hijos. Sin límites claros y sin una autoridad reconocida, no hay verdadera educación. Un niño que aprende a respetar la autoridad de sus padres se prepara, eventualmente, para reconocer la autoridad de HaShem. Quien no ha aprendido a respetar a sus padres difícilmente podrá respetar al Creador.

La Mitzvá del honor: gratitud

El mandamiento de kabed pertenece a otra dimensión emocional y a otro momento de la vida — cuando los padres necesitan ser cuidados, atendidos, asistidos. Aquí la Torá nos exige una gratitud activa. Nuestros padres nos cuidaron, alimentaron, educaron y protegieron cuando éramos completamente dependientes de ellos. Ahora es nuestro turno — y la Torá nos pide cerrar ese círculo con amor y dedicación, no por obligación fría, sino como reconocimiento genuino de lo que recibimos. Honrarlos significa, de manera muy concreta:

  • Acompañarlos
  • Ayudarlos en sus necesidades cotidianas: trámites, documentación, papeleo
  • Llevarlos a sus citas médicas
  • Darles de comer si es necesario.
  • Ayudarlos a vestirse, si es necesario. Y mucho más… .

Reflexión final

El respeto se aplica cuando los hijos dependen de los padres; el honor es asistencia física, práctica. Y obviamente llega cuando los padres dependen de los hijos. Juntos, estos dos mandamientos describen una relación padres – hijos que abarca toda la vida — desde la infancia hasta la vejez — y que está fundada en dos valores esenciales: inspirar autoridad y actuar con gratitud.

Estas dos Mitzvot son el corazón de la estructura familiar judía. En una familia judía, los hijos aprenden a respetar la autoridad, y los padres ancianos son honrados y cuidados con dedicación. Esa estructura ha sido, a lo largo de los siglos, uno de los secretos más profundos de nuestra continuidad y supervivencia como pueblo judío.




Quedoshim y Los Diez Mandamientos

 


 

En la Perashá Quedoshim (Vayikrá 19–20) encontramos un número notable de Mitsvot. Cuando las analizamos en profundidad, vemos que muchas de ellas reflejan, desarrollan o detallan los preceptos expresados en los Diez Mandamientos.

La diferencia está en el enfoque: los Diez Mandamientos representan el momento solemne de la revelación divina en el monte Sinaí. Quedoshim, en cambio, traduce esa santidad a la vida diaria. Compararemos ambos textos y mostraremos cómo las Mitsvot de Quedoshim explican, complementan o expanden los principios del Decálogo.


1. “Yo soy HaShem su Dios”
Vayikrá 19:2 – Kedoshim tihiyu ki kadosh ani HaShem Elohejem
La Perashá comienza reafirmando la base espiritual de toda la Torá: la identidad del pueblo de Israel como una nación consagrada a Dios. HaShem es el Legislador supremo, cuya autoridad no está basada en el poder o el miedo, sino en la santidad. Sus leyes no son caprichosas ni opresivas, como las del faraón, sino que están orientadas al bien y dignidad del ser humano.


2. “No tendrás otros dioses”
Vayikrá 19:4 – Lo tifnu el ha’elilim
No se debe acudir a ídolos ni a supuestos poderes sobrenaturales. No se puede creer ni invocar ningún tipo de “superpoder”, energía mágica o fuerza espiritual fuera de HaShem. Esta Mitsvá es una declaración contra la superstición, el ocultismo y cualquier forma de idolatría moderna o antigua.


3. “No tomarás el nombre de HaShem en vano”
Vayikrá 19:12 – Ve’lo tishabe’u bishmi la’sheker
Aquí se detalla el uso indebido del nombre divino, especialmente en contextos legales. No se puede jurar en falso, ni utilizar el nombre de HaShem para justificar una mentira. Esta Mitsvá es una continuación directa del principio de reverencia absoluta por el Creador.


4. “Santifica el Shabbat”
Vayikrá 19:30 – Et Shabtotai tishmoru
Quedoshim menciona el Shabbat brevemente, en el mismo contexto que el respeto a los padres. Aun así, el solo hecho de mencionarlo como una orden divina refuerza su centralidad en la vida judía. Observar el Shabbat es un acto de emuná y un reconocimiento semanal de la creación divina.


5. “Honra a tu padre y a tu madre”
Vayikrá 19:3 – Ish imo ve’aviv tira’u
Aquí no se menciona el “honor” sino el “temor reverencial”. Los Sabios explican que honrar se refiere a asistir y cuidar físicamente a los padres, especialmente en su vejez. Temor, en cambio, implica no contradecirlos, no llamarlos por su nombre, no sentarse en su lugar. Ambas actitudes son necesarias para una relación sana con nuestros progenitores.


6. “No asesinarás”
Vayikrá 19:16 – Lo ta’amod al dam re’eja
Quedoshim no repite literalmente la prohibición de asesinar, pero da un paso más allá: prohíbe la indiferencia ante el peligro de vida del prójimo. Si alguien está en riesgo y tú puedes hacer algo para salvarlo, estás obligado a intervenir. La vida humana es sagrada, y no actuar ante el peligro también es una forma de violencia.


7. “No cometerás adulterio”
Vayikrá 20:10 – Ve’ish asher yinaf et eshet ish
Quedoshim aborda de manera directa las relaciones prohibidas. El adulterio se menciona con claridad y se establecen sus consecuencias. La santidad también se expresa en el ámbito familiar y conyugal.


8. “No robarás”
Vayikrá 19:11 – Lo tignovu
La misma palabra aparece, pero en un contexto diferente. En Quedoshim se refiere al robo de bienes materiales —propiedad, dinero, pertenencias—, mientras que en otros contextos se refiere al secuestro. Además, aquí se amplía la prohibición a todo tipo de fraude: mentir en los negocios, engañar al cliente, retener el salario del trabajador. El mensaje es claro: una sociedad justa se construye sobre la integridad económica.


9. “No darás falso testimonio”
Vayikrá 19:16 – Lo telej rajil be’ameja
Aunque no se menciona directamente el juicio, esta Mitsvá prohíbe el chisme, la calumnia y la difamación. Hablar mal del otro, divulgar rumores o crear divisiones dentro del pueblo también es una forma de dañar la verdad y la justicia, como lo es el falso testimonio.


10. “No codiciarás”
Vayikrá 19:18 – Lo tikom velo titor
Quedoshim nos advierte contra el deseo de venganza y el rencor, emociones emparentadas con la codicia. La Torá no solo exige control sobre las acciones, sino también sobre los sentimientos destructivos. Y concluye con una orden revolucionaria:
Ve’ahavta lere’aja kamoja – Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Una invitación a vivir en empatía, generosidad y solidaridad.



Quedoshim  amplía,  desarrolla, y baja a la tierra a  los Diez Mandamientos. Nos enseña que la santidad no es solo un concepto espiritual o teórico, sino una práctica diaria que se refleja en nuestras relaciones humanas, en el respeto, la justicia, la compasión y la verdad.




TAZRIA-METSORA: ¿Qué hago cuando los demás hablan mal de alguien?

Estás sentado en la mesa de una fiesta o en una recepción cuando, de repente, las personas a tu alrededor comienzan a hablar mal de alguien. En el judaísmo, hablar negativamente de otras personas es una transgresión muy grave conocida como Lashón Hará — literalmente, “la lengua del mal.”

Tu primer impulso es correcto: no voy a decir ni una palabra. Pero el problema es que escuchar Lashón Hará es tan grave como hablarlo — porque al escuchar en silencio, estás dando tu aprobación tácita. Es más: algunos consideran que escuchar es incluso peor que hablar, ya que le estás brindando una audiencia al que habla, alentándolo a continuar.

¿Cómo salir de esta situación sin cometer una transgresión?


Tienes varias opciones, en orden de preferencia:

1. Intervenir respetuosamente

La primera opción — y la más valiente — es recordarles a quienes están hablando que el Lashón Hará es una prohibición seria de la Torá, y pedirles con respeto que cambien el tema. Esto debe hacerse con calma y sin arrogancia, de manera que no genere una confrontación innecesaria. No siempre es fácil, pero cuando se hace con tacto, puede ser muy efectivo — y transforma un momento incómodo en una oportunidad de enseñanza.

2. Levantarse y retirarse

Si estás seguro de que tus palabras no serán escuchadas — que la conversación continuará de todas formas — entonces la opción correcta es levantarte cortésmente y alejarte de la mesa. No hace falta dar explicaciones elaboradas. Una disculpa breve y natural es suficiente. Alejarte físicamente de la conversación es una forma clara y honesta de no participar en ella.

3. Permanecer, pero sin aprobar

Si levantarte resulta imposible por alguna razón — ya sea por el contexto social, por no querer ofender al anfitrión, o por cualquier otra circunstancia — entonces debes prepararte mentalmente para no ser cómplice de lo que se está diciendo. Para ello, es indispensable cumplir con dos condiciones:

Primera: haz un esfuerzo real por no prestar atención al contenido de la conversación. Y si algo llega a tus oídos, decide con firmeza en tu mente que no le darás crédito a ningún comentario negativo sobre ninguna persona. Lo que escuchas en ese momento no constituye evidencia de nada.

Segunda: cuida tu expresión facial. Tu rostro no debe transmitir ninguna señal de aprobación — ni una sonrisa, ni un gesto de asentimiento, ni una mirada cómplice. Si es posible, que tu expresión transmita claramente la incomodidad que sientes con la situación. A veces, un gesto de desaprobación silencioso dice más que mil palabras.


Una distinción importante

Todo lo anterior aplica cuando uno está sentado inocentemente en su lugar y la conversación de Lashón Hará surge a su alrededor de manera inesperada. Esa es una situación en la que uno se encuentra atrapado sin haberlo buscado.

Pero hay una situación muy diferente: la de quien pasa por un lugar, escucha casualmente que se está hablando mal de alguien — y en lugar de seguir caminando, se detiene a escuchar. En ese caso, aunque no diga una sola palabra y aunque no apruebe lo que se está diciendo, su detención deliberada ya constituye una transgresión voluntaria. Nadie lo obligó a quedarse. Tuvo la opción de alejarse — y eligió no hacerlo.


La próxima vez que te encuentres en una de estas situaciones, recuerda que tienes opciones. Y que la más sencilla de todas — levantarte y alejarte — suele ser también la más sabia. 🙏




Sandwich de atún y mayonesa

El vuelo a Shanghai

Fabián, más allá de ser un experto mundial en informática telefónica, es un joven   judío que, a pesar de no usar Kippá, tiene un compromiso religioso total con Shabbat y Kashrut. Su empresa lo sabe y lo deja libre los sábados y las festividades, y la secretaria de la empresa siempre se preocupa de encargarle comidas Kosher en vuelos y hoteles. Pero por las dudas, Fabián lleva consigo sándwiches de atún envueltos en papel de aluminio, que antes le preparaba su mamá y ahora los prepara Leah.

Hace algunos años, en uno de esos innumerables viajes, abordó en Nueva York un avión rumbo a Shanghai. Fabián descubrió que la aerolínea había cometido un error: no le subieron la comida kosher para él. Resignado, sacó su paquetito con papel de aluminio, que desentonaba totalmente en business class. En ese preciso instante, una agradable chica que estaba sentada detrás, Leah, notó la situación y se dio cuenta de que ella no había sido la única que se había quedado sin Kosher. Sin dudarlo, le ofreció compartir sus frutas. Fabián le ofreció uno de sus sándwiches. Y luego de compartir ese largo viaje juntos, se prometieron volver a verse. Y así, lo que comenzó como una comida accidental en un vuelo se transformó en una propuesta de matrimonio y en la formación de una hermosa familia judía, “por culpa” de un simple sándwich de atún.

La conferencia en Suiza

En otro de sus viajes, Fabián asistió a un congreso en Suiza organizado por su empresa. El evento culminó en un lujoso restaurante, donde cientos de empleados de distintos países se deleitaban con manjares como caviar y buey Wagyu. A pesar de que la empresa usualmente es muy considerada, ese día olvidaron solicitar una vianda kosher para Fabián. Sin hacer alarde y con discreción, Fabián no probó nada. Y a la hora de los postres, Fabián sacó su fiel sándwich de atún que le había preparado Leah y lo disfrutó en un discreto rincón del amplio salón.

Lo que Fabián no esperaba es que el fundador y CEO de la empresa lo estuviera observando. Tras la cena, se acercó a Fabián no solo para disculparse por el error con su comida, sino también para ofrecerle un ascenso a un puesto ejecutivo de mayor prestigio. Fabián, sorprendido, pensó que el dueño estaba siendo excesivamente cortés con él por la omisión de la comida Kosher. Sin embargo, el magnate le aclaró: “No busco compensarte por una comida. Busco tener en mi equipo a alguien que, incluso en los detalles más pequeños, muestre convicción y personalidad. Tu lealtad y tu compromiso con tus principios son admirables, y eso es lo que nuestra empresa necesita en sus líderes. Creo que encontré a la persona indicada”.

Moraleja

No todas las historias de observancia de Kashrut terminan así: el 99% de casos, como los que mencionamos , cuidar Kasher es sacrificado y no siempre acompañado de una gratificación inmediata o recompensa. Pero lo que rescato de estas historias de vida reales es que el Kashrut va más allá de una dieta. Kashrut es identidad. Es lo que hace que personas judías se conecten y se conozcan en los lugares más remotos del mundo. Y además, la observancia de Kashrut es un ejemplo de convicción en un mundo donde lo que prima es la conveniencia. En la conferencia de Zúrich, Fabián no era el único judío presente. Pero era el único judío absolutamente leal a sus principios religiosos, en una actividad que a veces es la más mundana y otras veces la más importante en el plano social: el acto de comer.

 

Rab Yosef Bittón




VAYAQHEL: ¿Puedes dejar de pensar en el dinero?

Es imposible —e incluso poco realista— no pensar en el dinero cuando a una persona le faltan las cosas esenciales: comida, abrigo, un techo que la proteja de la lluvia o acceso a medicinas.

Pero ¿qué ocurre cuando una persona, gracias a Dios,  tiene lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas y aun así no puede dejar de pensar en el dinero?

La mayoría de quienes leen estas líneas en su computadora o en su teléfono viven en una sociedad  privilegiada. Así lo explica muy bien “Superabundance”, un libro que considero casi de lectura obligatoria para entender que vivimos en una realidad extraordinariamente generosa.

En tiempos de superabundancia, nuestra relación con las cosas materiales puede volverse complicada. Si padecemos el “síndrome del rey Ajashverosh”, nos resultará imposible sentirnos satisfechos, incluso cuando no nos falte nada. Consciente o inconscientemente, tener más, consumir más y mejor —y mostrarle al mundo que tenemos más que nuestro vecino— termina convirtiéndose en una necesidad social.

Nos hemos acostumbrado tanto a esta mentalidad de acumulación que ya forma parte de nuestro estilo de vida. Y aun cuando queremos desconectarnos mentalmente del trabajo y del dinero, muchas veces descubrimos que no podemos hacerlo.

Nuestra Parashá Vayaqhel aborda este tema de manera sutil, pero muy clara.

El versículo que introduce el Shabbat se parece al de los Diez Mandamientos:
“Durante seis días trabajarás…” (ta’ase melajá).

Pero en nuestra Parashá aparece una diferencia pequeña y hermosa: al cambiar solo una vocal, el texto pasa a voz pasiva:
“Durante seis días se hará  [tu] trabajo” (te’ase melajá).

Es como si la Torá nos dijera: el trabajo ya está hecho, terminado, completado; relájate, deja de pensar en negocios o dinero, no te queda nada más por hacer. Cuando entramos en el modo de Shabbat, debemos asumir y sentir que nuestro trabajo ya está resuelto —y dejar de pensar en él.

Abstenerse de la preocupación económica es una de las formas más elevadas de espiritualidad: la capacidad de concentrarnos en aquello que trasciende este mundo y que sobrevive a la vida material.

Como escribe Jorge Luis Borges en Siete Noches, después de nuestros 120 años en este mundo, una de las experiencias más dolorosas en el mundo por venir será “anhelar elementos materiales”.      Por eso necesitamos entrenarnos para desconectarnos mentalmente del trabajo y del dinero y no necesitar más de lo que tenemos frente a nuestros ojos. Por este motivo es conocido  como Me’en Olam HaBa —un anticipo –una simulacion  — del Mundo Venidero.




VAYAQHEL-PEQUDE: Shabbat y mi teléfono celular

La adicción a los dispositivos electrónicos es una preocupación creciente en nuestra sociedad. Porque nunca nos separamos de ellos. Cuando terminamos nuestro trabajo y volvemos a casa para relajarnos, seguimos conectados a nuestras computadores, cables, y Wi-Fi. Los teléfonos celulares son particularmente problemáticos, especialmente para los niños y adolescentes. Los maestros no saben qué hacer para controlar su uso. Muchos padres ya se han rendido, y un día se dan cuanta que sus pequeños hijos prefieran tener un iPhone en sus manos que darle la mano a su padres. El síndrome de “ansiedad por separación” que en el pasado reciente se refería al miedo de separarse de los padres, se ha convertido hoy en el pánico que sienten los adolescentes cuando no tienen sus teléfonos celulares a su alcance.

Poder desconectarse de esta adicción es hoy más importante que nunca. Pero parece que nadie sabe cómo hacerlo, excepto por el pueblo judío.En la primera parte de esta Parashá,  la Torá nos habla sobre el “descanso sabático”. El Shabbat es un regalo Divino cuya relevancia no es moderna:  es eterna. Milagrosamente, no tengo otra manera de explicarlo, el significado del Shabbat siempre se fue transformando, se fue adaptando,  a lo que más necesitamos en esos momentos. En los tiempos de esclavitud, cuando salimos de Egipto, el Shabbat nos ayudaba a sentirnos libres y experimentar el descanso que por generaciones no tuvimos.   En tiempos difíciles, en el exilio, el reposo sabático fue un refugio emocional, un espacio familiar, una identidad comunitaria, una isla de paz. En tiempos de pobreza, la mesa de Shabbat con sus “dos” panes obligatorios nos ayudó a recuperar el sentido de la dignidad.  

En los tiempos modernos, el Shabbat una vez más revela su mágica relevancia. Al punto que a mí me hace pensar que el Shabbat NUNCA fue más necesario que en 2023. Durante un poco más de 24 horas, desde el viernes por la tarde hasta el sábado por la noche, se suspende todo contacto con el mundo electrónico. En Shabbat, re-aprendemos a disfrutar de los verdaderos placeres del mundo real. Nos sentamos a conversar, ¡no a chatear! con nuestras queridas familias. No escuchamos música digital: cantamos junto a nuestros hijos. Hablamos de Torá sin la intervención de Alexa o Siri: nuestros hijos no escuchan un podcast, sino palabras que salen desde pulmones humanos y cuerdas vocales.

Las imágenes de nuestra familia alrededor de la mesa de Shabbat, no van a ser compartidas en chat de la familia ni van a terminar en una nube virtual: serán almacenadas en el corazón de nuestros hijos y crearán las memorias que se convertirán en identidad. Y en sentimientos que unirán padres e hijos por generaciones. El Shabbat nos invita a practicar la desconexión con el mundo virtual para construir una familia real.

Nunca fue tan necesario.




VAYAQHEL: De la prohibición de encender un fuego al uso del celular en Shabbat

לא תבערו אש בכל מושבותיכם ביום השבת
 
¿QUÉ NO SE PUEDE HACER EN SHABBAT?
Hay 39 categorías de actividades prohibidas en Shabbat. Estas actividades son llamadas en hebreo melajot o en singular melajá . Las melajot no son necesariamente trabajos lucrativos o actividades que requieren un esfuerzo físico, como popularmente se cree. Las melajot son en realidad tareas o actividades materiales o físicas que incluyen un esfuerzo mental o creativo (מלאכת מחשבת). Y curiosamente, muchas de estas son realizadas por hombres mujeres y niños, en sus residencias, luego del trabajo diario: por ejemplo, cocinar, coser, escribir, pintar, etc.
Una de las 39 melajot, tal vez la más conocida, está mencionada en la Perashá de esta semana (Shemot 35:3):
“No encenderéis ningun fuego, en todas tus residencias, en el día de Shabbat”.
Lo que tiene de especial esta tarea o melajá es que fue mencionada  explícitamente  en la Torá, mientras que todas las demas melajot se deducen directa o indirectamente de las actividades realizadas para la construcción del Mishkán, el Templo o Tabernáculo que se construyó en el desierto: para construir el Tabernáculo 
Cada una de estas melajot se considera una “categoría” de actividad (אבות). Pero en Shabbat también se prohiben los derivados o extensiones de cada una de estas categorías. Es decir que las melajot no se limitan a una tarea específica, sino que incluyen otras actividades similares en su esencia a dicha categoría .
 
ESCRIBIR y sus EXTENSIONES
Vamos a dar un ejemplo sencillo. Una de las 39 categorías es “escribir” (hakoteb). En la construcción del Mihshkán se escribían letras en las vigas de madera para señalar su ubicación en la construcción del “esqueleto” del Mishkán.Los tradición Talmúdica incluye en la categoría de escribir otras actividades derivadas o similares, por ejemplo, dibujar o sellar (usar un sello con tinta), etc. Ahora bien: basados en este principio, que las melajot incluyen también sus derivados, los rabinos contemporáneos entendieron que la melajá de “escribir” también se debe extender hoy a: imprimir, escribir en un teclado, escribir un mensaje de texto, usar el método speech-text, etc (esto es, aparte del tema de electricidad). Con la aclaración que algunas de estas “nuevas” prohibiciones serán consideradas de orden rabínico y no bíblico. Ahora que quizás entendimos mejor el concepto de las extensiones de una melajá, podemos comprender más acabadamente por qué encender una luz o la activación de un artefacto eléctrico, se considera una extensión de la prohibición bíblica de encender un fuego.
 
UN FUEGO SIN LLAMA
El fuego es uno de los agentes más importante a la hora de modificar o mejorar algo. Los metales son modificados por el fuego; los alimentos se preparan usando fuego; el frío se combate con el fuego. Usando el mismo principio del fuego, es decir calor y energía, el hombre moderno inventó máquinas activadas y movidas por vapor, carbón, combustibles y en nuestros días: electricidad. Pero, ¿son estas formas modernas de energía similares al encendido de un fuego? La pregunta es más visual cuando entendemos que a diferencia del encendido de un fuego, las fuentes modernas de energía no siempre producen calor o energía visible, o una llama, una chispa o algo así. ¿Debemos entonces incluir la activación de una forma de energía no visible dentro de la categoría de “encender un fuego”?
 
FUEGO y ELECTRICIDAD
Si bien los Rabinos contemporáneos discuten el carácter halájico de estas actividades (Bíblicas, rabínicas, hab’ará, beniyá, etc) hay un consenso rabínico acerca de la prohibición de la activación de cualquier forma de energía eléctrica en Shabbat. Esta consideración está basada en el hecho que en la Guemará (siglo V de la era común) se discutió un caso muy interesante: ¿qué pasa si se calienta una barra de metal, que luego se utilizará, por ejemplo, para hervir agua? Los rabinos de ese tiempo entendieron que si bien no se trata del fuego mismo, y obviamente no hay una llama visible, esa barra metálica incandescente actúa de la misma manera que el fuego, como una fuente de energía, y por lo tanto hace 1500 años atrás determinaron que esa barra caliente se considere como una forma de “fuego” en Shabbat (Ver Masejet Shabbat 41a).
 
Basado en esta consideración y en otras fuentes talmúdicas que definen a algo caliente o a una fuente de energía como “fuego”, Maimónides (1135-1204) afirmó: “El que calienta una barra de metal para templar el agua en ella ha violado la prohibición bíblica de encender un fuego” (MT, Shabbat 12:1). Esta barra incandescente se considera definitivamente una extensión de la melajá de “fuego”, aunque no produce una llama. Por lo tanto, el uso de un automóvil, un electrodoméstico, un celular o cualquier otro aparato electrónico, también esta incluido en la categoría primaria de “encender un fuego” y no está permitido en Shabbat.
 
ENCENDER, PRENDER y APAGAR LA LUZ
Para que al lector hispanoparlante le sea más sencillo entender por qué la utilización de un aparato electrónico se considera una extensión de la categoría de “encender un fuego”, hay que prestar atención al lenguaje que utilizamos cuando nos referimos, por ejemplo,  a la activación de un aparato electrónico o un automóvil y empleamos el mismo verbo que la Torá usó en la Perashá de esta semana para hablarnos del fuego: “encender” o “prender”. Decimos en castellano moderno: encender o apagar la luz, aunque no se trata de un fuego real; prender el motor, aunque no hay llamas visibles; prender la radio, prender el celular, encender o prender y apagar la computadora, etc.
Curiosamente, el lenguaje que utilizamos refleja esta relación que establece la ley judía entre el fuego, la primera forma de energía, y la tecnología moderna.
 

RABINO SAADIA GAON vs. JUDAISMO REFORMISTA

En la época de la haskala (iluminismo europeo, mediados del siglo XIX), muchos judíos reformistas argumentaron que la razón por la que la Torá prohibe encender un fuego era porque en la antigüedad encender un fuego representaba un trabajo agotador: el fuego se encendía con piedras en un largo y largo tiempo. proceso agotador. Y por eso estaba prohibido encender fuego en el día de descanso. Y es por eso que, razonaron los primeros reformadores, debería permitirse hoy, cuando podemos encender un fuego con un simple fósforo.

La tradición judía, sin embargo, nunca identificó melakhot con prohibiciones asociadas con el esfuerzo físico o con la idea de descanso físico. Al contrario: la ley judía dice que si vives en el piso 12 de un edificio de apartamentos, debes subir las escaleras, lo que obviamente implica un gran esfuerzo físico, en lugar de usar el ascensor, lo que definitivamente aumentará tu estado de descanso.

Es la naturaleza de la acción o tarea, especialmente su conexión con la idea de “crear algo”, lo que define una actividad como melakha, no el esfuerzo físico que exige.

El rabino Sa’adia Gaon (882-942) se refirió a esta idea, irónicamente, cuando escribió sobre “encender un fuego”.
Cuando tradujo al árabe el pasuq “No enciendáis fuego en vuestras residencias en el día de Shabat” (Shemot 35:3) escribió “Ni siquiera encendáis fuego en Shabat…”. ¿Por qué dijo “incluso”? Porque hab’ara (la palabra que la Torá usaba para “encender” el fuego) no significa “encender”, iniciar un fuego de la nada. Significa: transferir un fuego de una fuente de fuego existente. Y transferir un fuego, es posiblemente la melakha más fácil concebible, el epítome de una actividad creativa mínima y sin esfuerzo.

En su opinión, la Torá destacó “hab’ara” para transmitir precisamente que incluso un acto sin esfuerzo, pero mínimamente creativo, todavía está prohibido en Shabat.

SHABBAT SHEQALIM

En la época del Bet haMiqdash, el Templo de Jerusalén, se ofrecían sacrificios comunitarios diarios (qorbanot) en nombre de todo el pueblo judío. Esta representación nacional no era solo teórica o dependía solo de la intención correcta de los encargados de realizar los sacrificios, es decir, los Cohanim. La participación de toda la nación de Israel en los sacrificios diarios se llevaba a cabo de una manera muy práctica: cada año en el mes de Adar se recaudaba un impuesto especial: majatsit hasheqel o “medio sheqel”. El medio sheqel era un impuesto fijo, la misma cantidad para pobres y ricos. Y como todos daban la misma cantidad, la colecta de sheqalim (plural de sheqel) también servía como censo demográfico anual. El dinero recaudado en este fondo comunal se usaba para comprar los animales para los qorbanot o sacrificios, y de esta manera cada uno tenía una participación similar en los sacrificios comunitarios diarios y festividades musafim (Shabat, Rosh Jodesh, etc.)

El medio siclo se recaudaba durante el mes de Adar, porque el año fiscal del Templo comenzaba en el mes siguiente: Nisán. El dinero recaudado también se utilizaba para el mantenimiento y los gastos generales del Templo. Pero no para la construcción del mismo: como leemos en Perashat Terumá los fondos para construir el Mishkan (el Santuario en el desierto) y más tarde, para construir el BethaMiqdash estaba basado en donaciones voluntarias.

En otras palabras, las finanzas comunales dependían de un sistema de donaciones combinado con un impuesto fijo (una especie de cuota de membresía) que se recaudaba en el mes de Adar. Para recordar la colecta de los sheqalim 1. Leemos perashat sheqalim un Shabat antes de Rosh Jodesh Adar y 2. Durante el mes de Adar (o Adar II) damos una donación fija, solo como un acto simbólico, para recordarnos el majatzit hashequel.