VAYERA: Las elecciones en Israel y el síndrome de Hagar

Abraham y Sará estuvieron casados muchos años sin tener hijos. HaShem le había prometido a Abraham una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo, pero Sará no podía tener hijos, y los años pasaban. Abraham ya tenía 85 años. Sará tenía una sirvienta personal, una joven egipcia llamada Hagar. Sará decidió darle a Hagar a Abraham: “Tal vez tendré hijos a través de ella” (Bereshit 16:2). La idea era que Sará adoptara al hijo de Hagar como propio. Sería, salvando las distancias, como hoy alquilar un vientre. Abraham y Sará trataban muy bien a Hagar. Así como Abraham trataba a Eliezer, su sirviente, como a un familiar, con respeto, y le confiaba todos sus bienes, a Hagar le confiaban nada menos que su descendencia.

Pero algo sucedió. Apenas Hagar quedó embarazada, dice la Torá, “vatekal gevirtá be’eneha” (16:4): Hagar comenzó a mirar a Sará desde arriba y a faltarle el respeto. Según el Midrash, primero dejó de llamarla “mi señora” y empezó a llamarla por su nombre propio: “Sará”. Luego la humilló en público. A las amigas de Sará les decía: “Si Sará fuera realmente justa, Dios le habría dado hijos. Yo, en cambio, ¡quedé embarazada enseguida!”. Hagar no se conformó con tener todos los derechos y privilegios de ser la madre biológica del hijo de Sará: ahora quería ser “la patrona”.

De esa unión nació Yishmael, el primer hijo de Abraham. De acuerdo con nuestras fuentes, y también con la tradición islámica, Yishmael es el patriarca de los pueblos árabes. Tal como lo predijo la Torá, Yishmael se convirtió en una gran nación, en una civilización. Pero también, como lo anticipó la Torá, sus descendientes se destacan por su afán de conquistar otros pueblos y de transformarse en los “patrones” allí donde viven.

La Torá lo indica con mucha sutileza en estas palabras: “yadó bakol veyad kol bo”. Literalmente: “su mano (la de Yishmael) sobre todos”, es decir, Yishmael trata de tener a todos bajo su mando. Pero también dice: “la mano de todos sobre él”. Mi interpretación: Yishmael está dispuesto a estar bajo la mano de los demás. En otras palabras, Yishmael, como su madre, solo conoce dos maneras de relacionarse con los demás: o bajo la mano de los demás, o con su mano sobre los demás. Puede estar abajo o arriba, ser dominado o dominador. Lo que no sabe, o no puede, es estar a la par. No puede vivir en igualdad con los demás. Es el síndrome de Hagar.

EUROPA, EUROPA

La gran tragedia de Europa, y si no se cuida, también de Estados Unidos, es no querer ver ni entender que los descendientes de Yishmael, particularmente los islamistas, no toleran la igualdad, la horizontalidad. Aceptan estar dominados, aceptan bajar la cabeza y vivir bajo la mano de otros. Pero, y este “pero” es absolutamente crítico, solo de manera temporaria. Es una paciencia estratégica. El ideal de los inmigrantes islamistas en Europa y en Estados Unidos no es integrarse. No se conforman con gozar de los mismos derechos que los ciudadanos del país que los recibió. No buscan poder político para ser iguales a los demás. Su aspiración final es religiosa: quieren, necesitan, estar arriba. Controlar, dominar, imponerse a los demás.

Es la historia fundacional del islam. Mahoma pasó trece años en La Meca como líder de una minoría débil, y en ese período fue estratégicamente paciente, muy conciliador y hasta pacifista. Pero cuando se trasladó a Medina y obtuvo número y poder militar, comenzó el período de la guerra y el dominio. Y los juristas musulmanes explican que “los versículos posteriores del Corán anulan a los anteriores”. Es decir: la tolerancia hacia el infiel (cualquiera que no sea musulmán) se practica mientras los islamistas son débiles, pero cuando son fuertes tienen que imponer su dominio. Así trataron los musulmanes, durante siglos, a los judíos y a los cristianos que vivían bajo el islam. La ley musulmana, la Sharía, fijaba hasta el último detalle de ese “estar abajo”: no podían construir casas más altas que las de los musulmanes, debían cederles el asiento y no podían montar a caballo. El ideal del islam no es la sumisión teológica: es, por definición, el sometimiento del infiel.

Los occidentales no pueden entender esto, porque no piensan con una mente religiosa. Y asumen que si reciben bien a los inmigrantes, si les dan todo lo que piden y más, los islamistas van a vivir en paz con ellos, en una relación de horizontalidad: ¡no tienen ninguna razón “lógica” para ser hostiles con sus anfitriones! Pensar así, con lógica, es un gravísimo error. El islamista no quiere someter al infiel a su ley porque le hizo algo malo, sino porque someterlo, cuando tiene el poder, es su obligación religiosa. “No es un tema personal. Ni ético.” Es cultural y religioso. Es el síndrome de Hagar: si no estás abajo, tienes que estar arriba.

Los inmigrantes musulmanes que llegaron a Europa al principio “bajaron la cabeza” y sacaron todas las ventajas y privilegios que pudieron del sistema de ayuda social de la Europa socialista. Fueron tratados con la misma amabilidad con la que Abraham y Sará trataron a Hagar. Pero poco a poco, en lugar de integrarse, los movimientos islamistas se hicieron más fuertes, numérica y políticamente. Y una vez fuertes, ya no buscan la integración sino el dominio.

Y lo peor es que ya no disimulan su objetivo: lo dicen abiertamente. El primer precedente tuvo lugar el 27 de abril de 2024, cuando más de mil islamistas se manifestaron en Hamburgo pidiendo el establecimiento de un califato, es decir, un Estado islámico. Llevaban carteles con la consigna “El califato es la solución” y reclamaban la introducción de la Sharía. Me explico mejor: no pedían que se les permitiera a ellos practicar la Sharía. ¡Exigían que Alemania se transformara en un califato!

El instituto MEMRI, que traduce y difunde lo que se dice en mezquitas y canales árabes, documentó, y sigue documentando, cientos de sermones pronunciados en árabe en el corazón de Europa, donde imanes y líderes político-religiosos anuncian abiertamente que Roma será conquistada por el islam. En los Países Bajos, el jeque Abdelhamid Aynelhayat predicó que la democracia, el gobierno de los hombres por sí mismos, es la causa de la discordia, y que la solución es imponer la Sharía. En Copenhague, el imán Mundhir Abdallah dijo a sus seguidores que, después de establecer el califato y eliminar a Israel, la solución final pasaría por la conquista de Europa.

Y por la misma razón por la que la “integración” de los islamistas no es posible, tampoco es posible la paz con ellos en una situación de horizontalidad. A menos que sea en los términos de la Sharía: “Les ofrecemos vivir en paz con nosotros, con una condición: si no quieren convertirse, nosotros controlamos la sociedad y ustedes serán dhimmis, una minoría que, a cambio de un pequeño impuesto por cabeza, la yizia, gozará de nuestra ‘protección’. Y así viviremos en paz”. Es el mismo principio: o estás abajo, o estás arriba. No hay integración real. Solo simulada y temporaria, hasta que se adquiere más poder. Esa es la estrategia. La infinita ingenuidad de Europa, y su ignorancia deliberada, le van a costar su identidad.

LAS ELECCIONES EN ISRAEL

Como todos los judíos del mundo, estoy siguiendo muy de cerca las elecciones en Israel y el masivo incremento del voto árabe, que duplicó sus bancas en la Kenéset. En este momento se está investigando si se puede probar que hubo fraude en esa votación, ya que hay graves sospechas de influencia de países extranjeros que habrían usado dinero para comprar votos. No tengo la bola de cristal para saber cómo ni cuándo va a terminar el proceso de armado de coaliciones para formar gobierno. Pero hay una posibilidad que me aterra: una coalición con los partidos árabes de Israel.

Los árabes de Israel que votan por estos partidos, en su gran mayoría, no son “israelíes de otra religión”: son antisionistas. En cambio, los judíos argentinos, por ejemplo, quieren el bien y la prosperidad de la República Argentina, la patria que los recibió y que aman. Los judíos, dondequiera que vayamos, aspiramos a tener los mismos derechos, seguridad y libertad de culto, y nada más. No tenemos ninguna intención de conquistar el país que nos recibe ni de convertir a los demás. De los dos partidos árabes, la Meshutefet es nacionalista y antiisraelí, y Ra’am es islamista, de la Hermandad Musulmana. Y ahora que se sienten más fuertes, porque duplicaron su representación, ya empezaron a expresar más abiertamente sus aspiraciones de dominio: conquistar el Galil y que Israel deje de ser un Estado judío. Comenzó la yihad política de los árabes de Israel.

No creo que se vaya a formar un gobierno con ellos. Eisenkot, Bennett y Liberman prometieron asociarse solo con partidos sionistas, que reconozcan a Israel como Estado judío y declaren a Hamás como organización terrorista, condiciones que la mayoría de los diputados árabes nunca aceptaría. Así que lo más seguro es que haya segundas elecciones. Pero hay una posibilidad maquiavélica e imperdonable, que sería una pesadilla y dañaría a Israel por muchos años: se habla de acuerdos temporarios de votación entre los partidos árabes y los partidos de la oposición para echar a Netanyahu de su cargo y, de alguna forma, junto con la Corte Suprema de Justicia, “inhabilitarlo” políticamente para que no pueda presentarse a las próximas elecciones. Espero y rezo para que esto no suceda.

Pero hay una cosa que estoy seguro de que sí va a ocurrir. Independientemente de los resultados de la investigación de fraude, los árabes de Israel van a empezar a mirar a “Sará” de arriba para abajo. Van a ser más desafiantes. Van a disimular menos su hostilidad hacia Israel. Están en el punto de inflexión entre estar abajo y la sed de estar arriba.

Pero también hay algo positivo: los judíos de Israel, que ya aprendieron que no pueden confiar en los palestinos de Gaza, van a conocer mejor las verdaderas aspiraciones de sus vecinos árabes que viven y trabajan en Israel. Porque cuando levantan la cabeza, dejan de disimular.

Puede ser un momento para despertar y entender que, por cultura y por religión, a los islamistas no les alcanza la igualdad ni los derechos. No pueden vivir por mucho tiempo en un estado de horizontalidad. O están abajo, o están arriba. Es más fuerte que ellos. Es el síndrome de Hagar.

Rab Yosef Bitton




VAYERA: Lot y el síndrome del sapo a la cacerola

Un sapo en una olla sobre el fuego, con un termómetro que sube

הכריזו בסדום ואמרו: כל מי שהוא מחזיק ידו בפת לחם לעני לגר ולאביון יישרף באש

LA PEOR DECISIÓN DE TU VIDA

Lot y Abraham vivían en la misma zona. Pero cuando los pastores de Abraham y de Lot se pelearon por territorio, Abraham le sugirió a Lot que cada uno tomara su camino. «Mira la tierra que está frente a ti», le dijo Abraham a su sobrino, «y elige adónde quieres ir. Si eliges el norte, yo iré al sur. Y si eliges el sur, yo iré al norte». Lot no lo dudó y eligió establecerse en Sedom (Sodoma). ¿Por qué? Porque Sedom era una ciudad de riqueza y estabilidad económica. En ese entonces, la región tenía abundantes ríos que nacían del Jordán. La Torá dice que era «como la tierra de Egipto»: igual que el delta del Nilo, no dependía de la lluvia, y las sequías no la afectaban. Seguramente Lot imaginaba que allí iba a construirse una hermosa casa, iba a tener el mejor carro, y él y sus hijos se iban a casar con familias de mucho dinero. ¡Qué vida tan exitosa le esperaba a Lot en Sedom!

LA LEY DE SEDOM

Pero la Torá también advierte que la gente de Sedom era mala y egoísta. No dejaban que nadie compartiera sus riquezas. En lugar de ayudar, oprimían y explotaban a los extranjeros y a cualquiera que no perteneciera a su club exclusivo. Nuestros Jajamim dicen que en Sedom se estableció una ley: «Quien ayude a un pobre, a un huérfano o a un extranjero será ejecutado».

LA IMPORTANCIA DEL AMBIENTE

Lot venía de un ambiente que no podía ser más distinto. Se había criado en la casa de Abraham Abinu, una casa abierta a todos los necesitados. Tuvo que haber absorbido esas lecciones. Me imagino que cuando Lot se dio cuenta de cómo era la gente de esa ciudad, se habrá preguntado: «¿Y ahora qué hago? ¿Me quedo o me voy?». Lot decidió quedarse. Quizás pensó que tendría la fortaleza suficiente para no dejarse influenciar. Pero se equivocó.

Es cierto que conservó algunas características de Abraham. Por ejemplo, recibió a los extranjeros (los malajim) arriesgando su vida. Pero lo hizo solo. Abraham preparó el banquete para sus visitantes junto con su esposa Sará. La esposa de Lot, en cambio, no aparece: Lot tuvo que preparar la comida solo. Es decir, Lot ni siquiera pudo influir en su propia familia. La cultura de Sedom ya se había hecho parte de los valores de su esposa y de sus hijas.

Cuando Abraham le pidió a HaShem que no destruyera Sedom si había en la ciudad diez justos, estaba pensando en Lot y su familia: él, su esposa, sus dos hijas casadas y sus maridos, y sus dos hijas solteras y sus prometidos. En total, diez personas. Pero HaShem destruyó la ciudad, porque esas diez personas no eran justas. Lot, por más que lo intentó, no pudo aislar a su familia de la corrupción de Sedom. Y hay más: Lot ofreció a sus propias hijas solteras a la turba que rodeaba su casa. Eso deja claro que el mismo Lot terminó influenciado por la inmoralidad de Sedom. Sin darse cuenta, se transformó en una víctima más de su cultura.

SAPO A LA CASSEROLE

Una de las lecciones más importantes que escuché en mi vida es la del sapo hervido. ¿Cómo se cocina un sapo? (No sé si esto es verdad o una leyenda urbana. En cualquier caso, por favor, no lo intenten en casa: además de ser tremendamente cruel, no es casher.) Para los franceses y los chinos, el sapo es un manjar exquisito. El tema es que hay que cocinarlo vivo. Si se lo pone directamente en agua hirviendo, salta enseguida fuera de la olla. Pero si se lo coloca en una olla con agua a temperatura ambiente, a fuego lento, ¡el sapo no se escapa! ¿Cómo puede ser?

NOSOTROS Y EL SAPO

El cuerpo del sapo detecta los cambios bruscos de temperatura. Por eso, si pasa de 20 grados a los 100 del agua hirviendo, salta. Pero tolera los cambios pequeños: se adapta a la nueva temperatura y no es capaz de “sumar” esos cambios y darse cuenta de que algo grande está pasando. Me explico. Cuando el fuego lento lleva el agua de 20 a 25 grados, su cerebro de sapo le dice: «5 grados no es nada. No hay peligro». Y se adapta a los 25. Cuando el agua llega a 30, su cerebro, ya acostumbrado a los 25, le dice: «Son solo 5 grados más». Y a los 35, lo mismo. El sapo se va adaptando y no logra decirse a sí mismo: «De 20 a 45… ¡son 25 grados! Esto no me gusta nada y puede terminar mal». Cuando el agua llega a 100 grados, ya es demasiado tarde.

CAMBIAR SIN QUE SE NOTE

Con las personas pasa algo muy parecido con las influencias. Si nos rodeamos de gente con malos valores, empezamos a absorberlos de a poco. Tan de a poco que no percibimos los cambios. Con el tiempo nos pasa como al sapo: no notamos que los pequeños cambios se van sumando, y cuando nos queremos dar cuenta, ya es demasiado tarde. Lo bueno es que el mismo principio funciona al revés cuando nos rodeamos de gente buena. Los cambios tampoco se notan día a día, como cuando un adolescente crece o cuando envejecemos, pero se van sumando.

La lección de Lot es que tenemos que elegir con mucho cuidado el ambiente donde vivimos, donde nos educamos y donde criamos a nuestros hijos. ¡Que no nos pase como a Lot, ni como al sapo!

Rab Yosef Bitton




LEJ LEJA: Del otro lado del río

Abraham Abinu nació en un mundo donde la humanidad estaba guiada por líderes muy poderosos y corruptos (= la casta política), que utilizaban “la religión”, la idolatría, para manipular a las masas y adquirir poder. El producto que vendían (los ídolos y su culto) era falso, y eso lo sabían muchos. Pero nadie lo cuestionaba. El marketing era demasiado bueno, y habían montado una propaganda tan increíble, una verdadera ingeniería mental, que nadie podía escapar de ella.

Los Sabios dicen que el líder supremo era el rey Nimrod, “un poderoso cazador” (Bereshit 10:9), un eufemismo de asesino y tirano. O, como explica Rashí, Nimrod era un genio del marketing: “cazaba la mente de las personas” y las convencía de someterse a él. Su proyecto más ambicioso, también según los Sabios, fue la Torre de Babel, donde consiguió que toda la humanidad “hablara un solo idioma”, es decir, que pensara las mismas ideas y nadie se atreviera a distanciarse del régimen totalitario.

EL MIEDO

Entonces nació Abraham. Maimónides cuenta que Abraham, siendo todavía joven, empezó a pensar por su cuenta (Hiljot Abodá Zará 1:3). Observaba el sol, la luna, las estrellas, y se preguntaba quién movía todo eso. Abraham no tenía maestros ni libros. A los cuarenta años, llegó a la conclusión de que había un solo Creador y ¡que todo el mundo estaba equivocado!

Eso fue grandioso, pero no fue lo más importante que hizo Abraham. Ni lo que lo convirtió en el hombre más influyente de la historia humana. Otras personas en esa época, como Shem, Eber o Malkitsédeq, rey de Shalem, también eran conscientes de la falsedad de los dioses y creían en un solo Dios (o en un Dios superior), pero nadie se animaba a decirlo en público. Nadie tenía la valentía de enfrentar al paganismo. Por comodidad, por ignorancia o por miedo. La sociedad se había convertido en socia y cómplice de los dictadores y corruptos. Era un régimen de terror. Los que disentían con las ideas de Nimrod eran ejecutados. Quemados vivos, para que el resto de la sociedad escarmentara. Así, por miedo, la dictadura se normalizó, y todos se sometieron.

ABRAHAM ROMPE EL SILENCIO

Abraham enfrentó al mundo de Nimrod. No se guardó sus ideas para sí mismo. Salió a discutir y a debatir abiertamente con la gente de Ur Kasdim. Les dijo que sus dioses eran “falsos” (todo un insulto para el sistema) y trató de razonar con ellos: ¿cómo podían los ídolos ser considerados los creadores del mundo si ni siquiera podían moverse? Presentó todos los hechos en las redes sociales de su época. Todas las evidencias. Pero los datos y los razonamientos lógicos no eran suficientes para sacar a los demás de su zona de confort. Ni siquiera a aquellos que sabían la verdad. La gente seguía obedeciendo al régimen.

El ejemplo más extremo fue el del propio padre de Abraham. El Midrash cuenta que, cuando Abraham rompió los ídolos de su padre, Téraj, después de escuchar los argumentos convincentes de su hijo, no solo NO se convenció. ¡Todo lo contrario! Téraj acusó a Abraham y lo llevó ante las autoridades, ante el rey Nimrod, quien lo condenó a morir quemado en las llamas. Pero Dios, milagrosamente, lo salvó.

En la Parashá de esta semana, Lej Lejá, la Torá le da a Abraham un nombre –o sobrenombre –especial. Lo llama “Abram HaIbrí”, Abraham el hebreo (Bereshit 14:13):

וַיָּבֹא֙ הַפָּלִ֔יט וַיַּגֵּ֖ד לְאַבְרָ֣ם הָעִבְרִ֑י

La palabra ibrí viene de eber, “el otro lado”. En el sentido literal, Abraham venía del otro lado del río Éufrates. Pero el Midrash (Bereshit Rabá 42:8), con una gran profundidad psicológica, lo interpreta de otra manera: “del otro lado del río” también alude a la valentía de Abraham. Mientras todo el mundo se situaba, por conveniencia, por ignorancia o por miedo, del lado de los ídolos y del tirano Nimrod, Abraham estaba del otro lado. Del lado de la verdad. Solito. Y se quedó allí. A pesar de la inmensa presión social (peer pressure), Abraham tuvo el valor de defender sus ideas y enfrentar directamente a la tiranía, a la falsedad y a la hipocresía. Luchó solo, venció y, con el tiempo, LIDERÓ.

ISRAEL HAIBRÍ

Los descendientes de Abraham, y la nación que construyeron, se encuentran hoy en una situación similar. Están del otro lado: donde no están todos los demás. Se defienden y enfrentan a las fuerzas del mal como ninguna otra nación lo hace. Solos.

Para comprenderlo, hay que ver esta tabla:

Hoy se escucha en las calles de las capitales de Europa un eslogan aterrador: “From the river to the sea, Palestine will be free”. Lo que estas palabras significan es muy simple: la intolerancia hacia la existencia del único Estado judío del mundo, Israel, que se encuentra entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Que quede claro: no es una consigna de paz, ni siquiera un reclamo por “dos” Estados, uno judío y otro palestino, que convivan juntos. Es el slogan radical de Hamás, una organización terrorista, y de regímenes que declaran abiertamente que su objetivo es la desaparición de Israel.

Lo peor del caso es que, irónicamente, desde el 7 de octubre de 2023 no solo los extremistas islamistas gritan este slogan. Una gran parte de la sociedad no musulmana se suma a esta campaña con ambiciones “genocidas”. La bandera palestina se “alza y se idolatra” en París, Londres, Belfast, Bruselas, Berlín y Nueva York. El grito por la destrucción de Israel se ha normalizado, y nadie enfrenta directamente a los extremistas. Por convicción, por ignorancia o por miedo.

¿POR QUÉ LA OBSESIÓN CON ISRAEL?

El islam radical y sus socios europeos están obsesionados con Israel. ¿Por qué? Porque, mientras los países de Europa ceden ante el islamismo, Israel se ha convertido en el ÚNICO PAÍS DEL PLANETA que tiene la valentía de enfrentar a los islamistas, militar y políticamente. ¡Y B”H los está derrotando!

Los radicales islamistas presionan al mundo entero para que detengan a Israel. Para que Israel se rinda, para que deje de defenderse. Y los europeos, lejos de aplaudir a Israel por dar pelea contra los mismos que quieren destruir a Europa, lo critican, lo acusan falsamente, lo demonizan. En septiembre de 2025, menos de dos años después de la peor masacre de judíos desde la Shoá, y con los rehenes todavía en Gaza, Gran Bretaña, Francia, Canadá, Australia y otros países respondieron al 7 de octubre “reconociendo un Estado palestino”. Sus líderes razonan que, si les dan a los islamistas lo que piden, es decir, la cabeza de Israel, se van a calmar, se van a integrar a sus sociedades y los van a dejar tranquilos. Pero, como dicen los que saben, lo que empieza con los judíos no termina con los judíos. Hoy Europa ya está pagando las consecuencias de su ingenuidad.

El precio que Israel paga por su valentía es muy alto: el aislamiento. Israel es un país aislado, condenado, innombrable. Es el Abraham HaIbrí de las naciones del mundo.

EL OTRO LADO

Ibrí significa “el que está del otro lado”.  Abraham llegó desde el otro lado del río, y nunca se pasó al lado de los demás. No buscó la aprobación de nadie. No negoció sus convicciones para ser aceptado. Se quedó solo del lado de la verdad. Del lado de Dios.

Lo acusaron, lo persiguieron, lo condenaron. Y aun así, siguió adelante. Contra todos. Y al final,  los ídolos de Ur Kasdim desaparecieron, y la idea por la que Abraham estuvo dispuesto a morir hoy la conoce el mundo entero.

Israel vive hoy la misma historia. Está solo, acusado, condenado. Las naciones del mundo le piden, le exigen que ceda, que se rinda, que se pase al otro lado. Pero Israel, como Abraham, no se mueve de su lugar. Porque estar solo no significa estar equivocado. A veces, estar solo es la prueba de que uno está del lado correcto.

Israel hoy está solo contra el mundo. Y BE”H, como Abraham, va a triunfar.




LEJ LEJA: Lot y el sueño de la casa propia

LA POBREZA

Abraham fue puesto a prueba diez veces —los conocidos asará nisiyonot. Estas “pruebas” o experiencias, obviamente, no tenían como finalidad que Dios verificara algo que desconocía sobre Abraham. Fueron crisis intencionales que ayudaron a Abraham a crecer, madurar, aprender sobre Dios y alcanzar su máximo potencial.

Hay un detalle que descubrí este año y que no había percibido antes: la cuarta crisis a la cual se enfrenta Abraham es exactamente opuesta a la segunda.

Veamos. Abraham llega a la tierra de Canaán —“invitado por Dios”— con la promesa de bendición (berajá). Pero apenas llega, comienza la segunda prueba: una terrible hambruna. Tan severa, que Abraham se ve obligado a emigrar temporalmente a Egipto. Fue una prueba durísima: ¿abandonar o no abandonar a Dios cuando no me da lo que quiero? Abraham supera la crisis. Permanece leal a su misión, confía y sobrevive la crisis del hambre. Esa hambruna puso a prueba también su paciencia.

Después de un tiempo, Abraham regresa de Egipto con una enorme riqueza: oro, plata y animales. Literalmente “Gracias a Dios”, Abraham había prosperado enormemente. Junto a él estaba Lot, su sobrino, que al quedar huérfano fue adoptado por Abraham. Lot era, hasta entonces, el candidato a heredarle y continuar su camino, ya que Abraham no tenía hijos propios. Abraham compartía con Lot toda su riqueza.

Y es aquí donde se genera la nueva crisis, la cuarta prueba, opuesta a la anterior. La Torá, sin mencionarlo explícitamente, introduce por primera vez un tema que se repetirá a lo largo de las generaciones: los riesgos y peligros de la riqueza. El dinero en abundancia, ¿nos hace más vanidosos o seguimos conservando nuestra humildad? ¿Usamos lo que nos sobra solo para elevar nuestro confort o también para ayudar a los que tienen menos?

LAS DOS CARAS DE LAS MONEDAS

La riqueza no hace a Abraham más materialista. Nuestro patriarca, la Torá lo dice explícitamente (Gen. 13:3), regresa a su propia carpa, símbolo de humildad y desapego. Decide usar su fortuna para hacer el bien en nombre del Creador y difundir así Su existencia. Abraham se siente como el administrador de un dinero que es más de Dios que suyo. Cuando los pobres o los extranjeros que se alojan en su tienda quieren pagarle por la comida, Abraham rechaza el pago y los invita a agradecer juntos a Dios (zimún): “Aquel que nos ha dado lo que hemos comido.” Por eso, los vecinos lo llaman Nesí Eloqim, “representante de Dios”, en la tierra de Canaán.

Lot se había criado con los mismos valores espirituales de Abraham. Pero ahora, que se había vuelto millonario, se ve transformado por su fortuna. Sus valores cambian. Ya no le interesa seguir el camino de su tío. Ahora quiere dedicarse a business, invertir su capital y hacer crecer su portafolio. Sus ojos están puestos en generar más dinero, no en compartirlo con los pobres.

La crisis llega a su punto de ebullición cuando los pastores de Lot y los de Abraham se pelean, porque las enormes llanuras de Canaán ahora les quedaban chicas.

Abraham entiende que su sobrino no va a seguir su camino y le da a Lot la opción de trabajar de manera independiente.

Lot, quizás para sorpresa de Abraham, no se opone a separarse de él.

¿Cuál era la mayor aspiración de Lot? Comprarse una casa.

Los pobres, los nómadas, vivían en tiendas de campaña. Pero los ricos podían permitirse el lujo de vivir en una casa sólida, con techos, puertas y paredes de piedra.

Una casa era el símbolo más importante del estatus social.

Lot quiere mudarse a un barrio privado, un country club exclusivo, una gated community —donde no hay pobres y se paga a un guardia para evitar el ingreso de extranjeros.

Así comenzó la distancia no solo geográfica, sino también de valores, entre Abraham y Lot.

La riqueza, como ocurre tantas veces, terminó dividiendo a la familia.

LO PEOR ESTÁ POR VENIR

Pero allí no termina su nueva vida de rico: Lot decide que su nuevo estatus social le permite –o le demanda– aspirar a vivir rodeado de “gente como uno”. Y toma la peor decisión de su vida. Decide establecerse en Sedom (Sodoma), una ciudad próspera y poderosa, pero absolutamente corrupta.

En Sedom los valores estaban invertidos: a diferencia de Abraham, que dedicaba su fortuna a ayudar a los extranjeros, en Sedom se abusaba de ellos y le quitaban lo poco que tenían.

La caridad era considerada un crimen, porque —al mejor estilo de Nietzsche— ayudar al pobre perjudicaba la “supervivencia y el crecimiento del más fuerte”.

Lot había vivido y superado junto con Abraham la crisis de la pobreza, la orfandad, el exilio de Jarán a Canaán, los problemas en Egipto. Todas esas situaciones lo habían acercado a Abraham. Su tío era su role model. Lot quería ser Abraham.

Pero ahora, cuando enfrenta la prueba de la abundancia, Lot colapsa. Solo le interesa tener una casa cómoda en un barrio privado y dedicarse a jugar al golf.

Cuando Dios quiere educarnos, no nos hace caer regalos del cielo: nos desafía. Nos hace vivir experiencias y situaciones que nos obligan a redefinirnos. Algunos, como Lot, colapsan. Otros, como Abraham, se hacen más fuertes y se elevan con cada crisis que superan.

SHABBAT SHALOM




NOAJ: El arca de Noé, versión 2026

En Parashat Noaj hay una raíz hebrea que aparece siete veces, algo muy inusual: shin, jet, tav (שחת). De allí vienen las palabras “shjitut”, que significa corrupción, y “hashjatá”, destrucción. No son dos ideas distintas. La corrupción es una destrucción que no llega por accidente ni desde afuera, sino desde adentro: la provocan las mismas personas que deberían cuidar y proteger.

Así describe la Torá a la generación del Mabul:

וַתִּשָּׁחֵ֥ת הָאָ֖רֶץ לִפְנֵ֣י הָאֱ-לֹהִ֑ים וַתִּמָּלֵ֥א הָאָ֖רֶץ חָמָֽס׃

«La tierra se corrompió delante de Dios, y se llenó de violencia» (Bereshit 6:11).

Al primer hombre se le había ordenado dominar la tierra, es decir, cuidarla. Ahora el ser humano destruía, de manera irreversible, precisamente aquello que debía proteger: la civilización humana. Entonces el Creador decide destruir el mundo con el Diluvio. No quedó nada. Ni nadie. Solo sobrevivieron los seres humanos y los animales que estaban en el arca con Noaj.

¿POR QUÉ NOAJ?

Noaj sobrevivió porque era diferente. Veamos lo que cuentan de él la Torá y nuestros Sabios.

En una generación dedicada a destruir, Noaj pensaba en crear, en construir. Contribuía a la civilización humana. No sé si saben que Noaj «inventó el arado». Así lo explica Rashí sobre el pasuk que da origen a su nombre:

זֶ֞ה יְנַחֲמֵ֤נוּ מִֽמַּעֲשֵׂ֙נוּ֙ וּמֵעִצְּב֣וֹן יָדֵ֔ינוּ

«Este [hombre] nos aliviará de nuestro trabajo y del esfuerzo de nuestras manos» (Bereshit 5:29).

Hasta la llegada de Noaj, explica Rashí, los hombres trabajaban la tierra con sus propias manos. Noaj inventó las herramientas agrícolas que redujeron enormemente ese esfuerzo. Una revolución tecnológica. ¡Un beneficio extraordinario para toda la humanidad!

LA OBSESIÓN ANTI-NOAJ

Claro que su creatividad y su pasión por construir no lo hicieron más popular entre los destructores. Todo lo contrario.

Cuentan nuestros Sabios que, cuando Noaj obedeció a Dios y comenzó a construir el arca, todos se burlaban de él: «Oye, viejo, ¿para qué construyes un barco [en medio de un valle]?». Rashí (7:13) relata que la gente de su generación lo amenazaba: «Si lo vemos entrar en el arca, tomaremos picos y hachas y la haremos pedazos». No les bastaba con arruinar su propia civilización: también querían eliminar a quien intentaba salvarse. Ni vivir, ni dejar vivir. Fue Dios, explican nuestros Sabios, quien protegió a Noaj de quienes buscaban su destrucción.

La vocación creadora de Noaj se ve también al salir del arca. Lo primero que hace es construir un altar para agradecer a Dios por haber sobrevivido: Vayibén Noaj mizbéaj, «Y Noaj construyó un altar» (8:20). Luego, Noaj recibe de Dios la orden, que también es una bendición, de reproducirse y multiplicarse. Y eso es exactamente lo que hace. Noaj y sus hijos reconstruyen la humanidad que se había suicidado (autodestruido) y traen al mundo prosperidad y nuevas vidas.

El mundo antediluviano se dividía en dos bloques bien diferenciados. De un lado, Noaj y su familia, dedicados a construir y a beneficiar a la humanidad. Del otro, una sociedad dominada por hombres con apetito por arrasar la civilización que los sostenía y obsesionados con eliminar a quienes construían, como Noaj.

LOS NUEVOS ANTE-DILUVIANOS

Esta semana escuché en el canal israelí TOV una exposición fascinante del Dr. Doron Matza (https://youtu.be/dyiR2VFDeCo), ex alto funcionario del Shin Bet, el servicio de seguridad interior de Israel. Matza propone una manera muy interesante de interpretar el mundo actual. Según él, la guerra que comenzó el 7 de octubre es una especie de tercera guerra mundial, todavía en sus primeras etapas. Y en el plano de las ideas, el mundo está dividido en cuatro grandes bloques.

El primero es el bloque totalitario, el de los “destructores de la civilización occidental” (al que Matza llama, sin eufemismos, «el bloque de los asesinos»). No incluye solo a quienes cometen personalmente actos de terrorismo, sino también a quienes los respaldan, justifican o glorifican. Apoyan a organizaciones como Hamás y Hezbolá, que buscan imponer sus objetivos mediante la violencia, el terror y la destrucción, y que invaden y aspiran a dominar allí donde encuentran sociedades moralmente debilitadas.

El segundo es el bloque “woke”, el progresismo, que nació con eslóganes difíciles de rechazar: “igualdad”, “inclusión” y “tolerancia” para todos. El problema, explica Matza, es que con el tiempo ese movimiento «inclusivo» ¡incluyó también a los extremistas del primer bloque! Por increíble y paradójico que parezca, toleran la intolerancia de quienes abrazan ideologías terroristas. Y fueron tan tolerantes con los intolerantes que, según Matza, ambos bloques se han convertido en verdaderos socios en una misma plataforma política destructiva.

El tercero es el bloque utilitario. Matza pone como ejemplo a Estados Unidos, que se relaciona con el mundo según su propio cálculo de costo-beneficio. Ataca a Irán cuando le conviene y deja de atacar cuando sube el precio del petróleo. Y no tendría inconvenientes en negociar con el régimen iraní si eso le trajera beneficios económicos o estratégicos. Es la famosa máxima de Henry Kissinger: Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses.

El cuarto bloque, dice Matza (quien no parece ser un judío observante), es el de la ética y los valores: el bloque de la justicia. Allí se ubica el Estado de Israel. Y allí está el Estado judío, prácticamente solo, en lo que Matza describe como una «soledad alarmante».

ACCIÓN Y UNA OBSESIÓN

El bloque totalitario y el progresista no tienen nada en común. Uno es opresivo; el otro dice defender la libertad. Uno oprime a la mujer; el otro dice que la protege. Uno rechaza la diversidad religiosa; el otro dice celebrarla. Uno aspira a imponer sus creencias; el otro proclama la tolerancia. Y sin embargo, ¡marchan juntos!

¿Qué los une? Los unen una palabra y una obsesión.

La palabra es la raíz שחת (sh-j-t): “lehashjit”, destruir.

La sed de destrucción queda en evidencia en un video que circula en redes sociales. Durante una de las enormes protestas “estudiantiles” que hoy sacuden Europa, un periodista se acerca a un joven y le pregunta: «¿Contra qué estás protestando?». «No sé», responde, «pero vinimos a protestar». «¿Y cuál es tu mensaje?». «¡Destruirlo todo! ¡Destruirlo todo!». https://youtu.be/p9NpYTVE4Vk?si=LuBBf5j4cAlzLWAb

La respuesta es tan brutal como reveladora. No sabe contra qué protesta, ni qué quiere cambiar, ni qué propone en su lugar. Pero sabe perfectamente lo que quiere hacer: destruir. Es el impulso que describe Matza. Y nos recuerda, de manera escalofriante, a la generación del Diluvio: una sociedad en la que la destrucción deja de ser un medio y se convierte en una vocación.

Ese espíritu no se limita a un video. En Francia, las protestas que comenzaron a mediados de septiembre vinieron acompañadas, según los episodios denunciados, de ataques contra maestros, incendios, destrucción de propiedad pública, automóviles destrozados, agresiones contra las fuerzas de seguridad y hasta contra los bomberos que acudían a apagar el fuego. Según las cifras que circulan, 24 establecimientos escolares fueron incendiados o saqueados, y 761 policías y gendarmes resultaron heridos.

¿Para qué incendiar escuelas? ¿A quién beneficia destruir el automóvil de un maestro? ¿Qué se gana al atacar a un bombero que viene a apagar un incendio? Es la misma lógica de quienes amenazaban el arca de Noé: si alguien construye, hay que destruirlo, y si alguien protege, hay que atacarlo.

LA OBSESIÓN NÚMERO UNO

Y luego está la obsesión contra los judíos. Israel es el portador de la tradición bíblica, fundamento de la civilización occidental “judeocristiana”, que estos movimientos repudian y combaten, cada uno por razones muy diferentes.

En Francia, Inglaterra y Bélgica, sectores progresistas y socialistas marchan junto a movimientos islamistas radicales que aspiran a imponer una visión cuyo objetivo es la destrucción del Estado judío. Los propios líderes de estos países, que son víctimas de estas manifestaciones, como Emmanuel Macron o el primer ministro británico, ¡critican «a Israel»! Y recientemente se sumó el expresidente Barack Obama. Así alimentan el clima de hostilidad hacia el Estado judío.

Los símbolos que aparecen en estas manifestaciones europeas, no importa contra qué se proteste o qué se celebre, son siempre los mismos: la bandera palestina, que promueve la destrucción de Israel, las consignas antiisraelíes, las expresiones explícitas de apoyo a Hamás o Hezbolá y la justificación de sus crímenes.

Durante una transmisión de Fox News desde París, entre gases lacrimógenos y jóvenes corriendo, la conductora notó con sorpresa que las banderas que se veían «no eran las de Francia». El comentarista Nile Gardiner las identificó como banderas palestinas y afirmó que los movimientos propalestinos y pro-Hamás se habían apoderado de los disturbios.

¿Y qué tiene que ver la bandera palestina con los reclamos de los franceses? ¿Por qué Israel?

Si seguimos la analogía con Noaj, la respuesta es sencilla. Mientras la civilización antediluviana se autodestruía, Noaj seguía construyendo su arca para sobrevivir. ¡Y eso los volvía locos!

EL ARCA DE NOÉ: VERSIÓN 2026

El 7 de octubre, Israel fue atacado por tierra, aire y mar en una operación que Hamás, INCREÍBLEMENTE, llamó «el Diluvio de Al-Aqsa» (Tufán al-Aqsa). ¡No es un invento mío! Los propios terroristas eligieron la palabra «Diluvio» para su devastador ataque criminal.

Israel, gracias a “las Fuerzas del Cielo”, sobrevivió al diluvio y aprendió a construir y fortalecer su arca. Mientras sus enemigos buscan destruir, Israel construye, inventa y repuebla su tierra.

Israel amplió su arca: expandió el control militar sobre Gaza hasta aproximadamente el 60% del territorio y reforzó sus fronteras con nuevas zonas de seguridad en Líbano y Siria que, en conjunto, superan los 1.000 kilómetros cuadrados. Todo para evitar que una masacre semejante vuelva a ocurrir.

Hasta hace poco más de un año, Israel estaba expuesto a otro potencial «diluvio»: el de los cohetes de Hezbolá, un arsenal de unos 150.000 cohetes y misiles. Hoy, tras los golpes que sufrió Hezbolá y los avances tecnológicos israelíes, Israel construyó una defensa aérea mucho más sólida, apoyada en algunos de los sistemas antimisiles más avanzados del mundo, desarrollados por sus propios científicos e ingenieros.

Y, como Noaj, Israel repuebla su tierra. Hamás quiso vaciar el sur de Israel y convertir las comunidades fronterizas con Gaza en pueblos fantasma. Hoy viven en esa región alrededor de 65.000 personas, más que antes de la masacre. Más del 90% de los residentes regresó a sus hogares y llegaron miles de nuevos habitantes, especialmente a Sderot, donde se construyen nuevas viviendas. La meta del gobierno es duplicar la población de la región. ¡Es una respuesta “noájica” a quienes pretendieron vaciar el sur!

E Israel no solo reconstruye las comunidades atacadas. Sigue creciendo gracias a su extraordinaria vitalidad demográfica.

LA PUERTA ABIERTA

Noaj tardó 120 años en construir el arca. Lo hizo a la vista de todos, explica Rashí (Bereshit 6:14), para que la gente le preguntara por qué y, quizás, cambiara su camino. Tuvieron 120 años para entrar. Pero fuera de su familia, no entró nadie. Y cuando empezó a llover, la Torá dice que la puerta se cerró detrás de él (7:16). Ya era tarde.

Medinat Israel es el arca de Noé para los judíos de nuestra generación. La construyó el pueblo judío hace casi 80 años, con la ayuda de HaShem, y hoy lo protege de las fuerzas de la destrucción y de sus socios antisemitas.

El arca de Israel mantiene la puerta abierta. Los judíos del mundo no deberían esperar a que comience el próximo Diluvio para buscar refugio. A cada uno, el Estado judío le repite las palabras que HaShem le dijo a Noaj:

בֹּֽא־אַתָּ֥ה וְכָל־בֵּיתְךָ֖ אֶל־הַתֵּבָ֑ה

«Entra tú y toda tu familia al arca» (Bereshit 7:1).

La puerta está abierta. Hay que “subir”.

Rab Yosef Bitton




NOAJ: El descubrimiento de la muerte

מזל טוב

Dedicado a nuestros queridos hijos Abraham Bitton y Natasha Mendeluk, por el nacimiento de su hermosa niña, anoche, el 5 de Jeshván de 5787 (16 de octubre de 2026) en Yerushalayim.

¡Mazal Tov! Que HaShem les dé el mérito de criarla para la Torá, la Jupá y los maasim tobim.

¿Qué causó el diluvio universal? ¿Un meteorito? ¿Un cambio climático?

La Torá no es un libro común. Es un libro divino. Y como tal, exige una lectura poco convencional. Este tipo de lectura implica, entre otras cosas, leer los silencios del texto, leer entre sus líneas y, sobre todo, saber que no hay nada superfluo en una obra Divina.

En el quinto capítulo de Bereshit (Génesis), en la Parashá de la semana pasada, leemos la primera genealogía humana: una lista, aparentemente innecesaria, de los años que vivió cada uno de los descendientes de Adam, el primer hombre. La Torá menciona 9 generaciones: Adam, Seth, Enosh, Kenan, Mahalalel, Yared, Janoj, Metushelaj y Lemej, el padre de Noé. Todos vivieron una larga vida. El récord de longevidad (hasta ahora…) es el de Metushelaj, que vivió 969 años.

De cualquier manera, la pregunta sigue allí: más allá de satisfacer nuestra curiosidad genealógica, ¿qué nos enseña este registro civil de edades prediluvianas? ¿Por qué necesitamos estos detalles sobre la edad de los primeros humanos?

Si observamos con atención, descubriremos algo maravilloso.

¿DE QUÉ MURIÓ ADAM?

En el año 930, contando desde la Creación del mundo, tuvo lugar un hecho extraordinario: la muerte de Adam, el primer hombre. Los hombres, cientos de miles o millones de descendientes de Adam a través de 10 generaciones, sabían que se podía “matar” a otro ser humano, como sucedió con Abel. Pero ahora, por primera vez, se enfrentaban a la muerte “natural”.

HaShem ya le había dicho a Adam que no viviría para siempre. Pero esa advertencia tardó más de nueve siglos en materializarse. Tiempo suficiente para que los humanos se olvidasen de la mortalidad. Adam, Seth, Enosh, etc., dada su avanzada edad, eran vistos como inmortales.

La muerte natural de Adam provocó un estado de conmoción y pánico. Lo único que podía aliviar este miedo, el terrible miedo a la muerte, era asumir que la muerte natural de Adam fue un hecho excepcional, y que la mortalidad lo afectó por haber desobedecido a Dios al comer del fruto prohibido.

LA INOCENCIA PERDIDA

Pero en el año 987 (hay que calcular los años a partir del texto, porque esta fecha no está explícita en la Torá) se registra la segunda muerte natural: Janoj muere a la relativamente temprana edad de 365 años…

Esta segunda muerte ya no se podía atribuir al castigo por la desobediencia, como en el caso de Adam. La Torá declara explícitamente que Janoj era un hombre justo, que caminó por el sendero Divino (Gén. 5:24)…

La muerte de Janoj fue un evento devastador. La Torá lo describe con palabras que parecen reflejar la sorpresa y el terror generalizado de los humanos de esa generación, enfrentados a un evento que nadie entendía muy bien. “Fallecer” de muerte natural era algo tan novedoso que los hombres aún no podían definirlo con palabras convencionales. El texto, por lo tanto, no dice que Janoj “murió”, sino que lo dice con la misma inocencia con que un niño describiría la muerte: “y Janoj ya no está… porque Dios se lo llevó”.

La tercera muerte natural fue la de Seth, el hijo de Adam. Esto sucedió en el año 1042. Ahora la muerte ya era un hecho confirmado. Y estaba allí para quedarse.

¿EL FIN DEL MUNDO?

La reacción de la humanidad ante el descubrimiento de la muerte no fue muy positiva… La conciencia de la mortalidad provocó un pánico que hizo salir lo peor del ser humano.

Al igual que en una escena de Hollywood en la que los humanos reaccionan con violencia y desesperación al enterarse de la inminente caída de un meteorito que destruirá la tierra, cuando los hombres de esa generación comprendieron que “iban a morir”, recurrieron a la violencia, abusaron de los más débiles y les quitaban sus posesiones. Luego: “Y los hombres poderosos vieron a las mujeres [de otras familias, tribus, etc.] y las tomaron [por la fuerza]…”. La generación del diluvio no solo fue culpable de robo, sino también de asesinato y violencia sexual.

En esa situación, HaShem decide dos cosas:

1. Acortar la vida humana, algo que, como veremos, sucederá de forma paulatina. Diez generaciones después de Noé, la vida humana alcanza apenas los 150 o 200 años, y en las generaciones posteriores el tiempo de vida continuará disminuyendo. Una vida más corta ayudará al hombre a tomar una mayor conciencia sobre su mortalidad y la necesidad de vivir una vida con propósito.

2. Dios también trae el diluvio, para un “reset” de la civilización humana con Noé y sus hijos.

¿CAMBIO CLIMÁTICO?

Ahora entendemos que lo que provocó el diluvio no fue un meteorito ni un cambio climático: fue ese estado de anarquía, caos y corrupción de los hombres que reaccionaban violentamente al descubrimiento de su inevitable mortalidad.

Noaj, el protagonista de nuestra Parashá, nació en el año 1056. Y es el primer hombre que nace en un mundo de hombres conscientes de su mortalidad.

Al final del diluvio, Noé recibió el primer código de leyes. Siete reglas básicas que condenan el asesinato, el robo, la violación, etc., y ordenan el establecimiento de tribunales de justicia para evitar la anarquía y la impunidad. Todo esto traerá un nuevo clima de ley y orden.

Pero tendremos que esperar otras diez generaciones hasta que otro hombre, Abraham Abinu, y sus descendientes, hagan un segundo descubrimiento:

1. Que, aunque limitada y relativamente corta, la vida es una oportunidad que nos concede HaShem para acercarnos a Él por nuestra propia voluntad y esfuerzo.

2. Que no fuimos creados por Dios para explotar al prójimo, sino para ayudarlo.

Y finalmente,

3. Que la mortalidad afecta el cuerpo del hombre, pero su espíritu Divino, la neshamá, sobrevive a la muerte si se la nutre adecuadamente.

Rab Yosef Bitton




“DE MESA A LA MESA”, CHARLA DE SHABBAT Bereshit

Magen Ephraim Sephardic Academy

 

BERESHIT בְּרֵאשִׁית: En el principio

Hadlakat Nerot (encendido de velas): viernes 9 de octubre, 6:05 PM (Nueva York)

En Simjat Torá terminamos de leer toda la Torá, y enseguida empezamos de nuevo desde la primera palabra: Bereshit, “En el principio”.


1. Seis días y Shabbat שֵׁשֶׁת יְמֵי בְרֵאשִׁית

בְּרֵאשִׁ֖ית בָּרָ֣א אֱלֹ-הִ֑ים אֵ֥ת הַשָּׁמַ֖יִם וְאֵ֥ת הָאָֽרֶץ

“En el principio, Dios creó los cielos y la tierra”. (Bereshit 1:1)

Antes de que el mundo fuera creado, no había absolutamente nada. HaShem creó el mundo en seis días, ¡algo nuevo cada día! El séptimo día dejó de crear, bendijo ese día y lo hizo santo: Shabbat.

  • Día 1: La luz
  • Día 2: El cielo y el agua
  • Día 3: La tierra, los mares y las plantas
  • Día 4: El sol, la luna y los planetas
  • Día 5: Reptiles, aves y peces
  • Día 6: Los animales y Adam
  • Día 7: ¡Shabbat!

2. Kidush: Recordar la Creación זָכוֹר

זָכ֛וֹר אֶת־י֥וֹם הַשַּׁבָּ֖ת לְקַדְּשֽׁוֹ

“Recuerda el día de Shabbat, para santificarlo”. (Shemot 20:8)

Con el Kidush recordamos que HaShem creó el mundo. El viernes a la noche, el Kidush comienza con Vaijulú, ¡tres pesukim de nuestra Parashá! Cuando los decimos, les contamos a todos en la mesa: HaShem creó los cielos y la tierra.

  • Hacemos Kidush sobre una copa de vino o jugo de uva.
  • Cuando empieza Shabbat, no comemos ni bebemos antes del Kidush.
  • Cubrimos las jalot mientras decimos el Kidush.
  • Todos escuchan y responden Amén. ¡Así es como si cada uno hubiera dicho el Kidush!
  • Hacemos Kidush en la mesa donde vamos a comer la comida de Shabbat.

Parashat Bereshit en pocas palabras (capítulo por capítulo)

  1. La Creación: HaShem crea el mundo en seis días.
  2. Shabbat y Gan Edén: Adam les pone nombre a los animales. HaShem crea a Javá, la primera mujer.
  3. El árbol: Adam y Javá comen del árbol prohibido y salen de Gan Edén.
  4. Caín y Abel: La historia de los primeros hermanos.
  5. Diez generaciones: De Adam a Noaj.
  6. Noaj: La gente se porta mal, pero Noaj encuentra gracia a los ojos de HaShem.

3. Da lo mejor de ti תֵּיטִיב

הֲל֤וֹא אִם־תֵּיטִיב֙ שְׂאֵ֔ת

“Si mejoras [tu ofrenda], será aceptada”. (Bereshit 4:7)

Caín y Abel le trajeron cada uno una ofrenda a HaShem. Abel trajo lo mejor que tenía: los primogénitos de su rebaño (Bereshit 4:4). HaShem aceptó la ofrenda de Abel, pero no la de Caín, porque la ofrenda de Caín era lo que le sobraba de su comida. Caín se enojó mucho porque su ofrenda fue rechazada.

HaShem le dijo a Caín que no se diera por vencido, que aprendiera de su hermano y mejorara. Le aseguró que si mejoraba su ofrenda, sería aceptada. Pero en lugar de eso, por celos, Caín se peleó con su hermano y lo mató.

Debate de un minuto
“Fue justo que HaShem aceptara la ofrenda de Abel y no la de Caín”.

  • De acuerdo: Abel trajo lo mejor que tenía (Bereshit 4:4).
  • En desacuerdo: Caín también trajo algo (Bereshit 4:3).

30 segundos para cada lado, y después se cambia. Para terminar, todos juntos: ¿qué le dijo HaShem a Caín que hiciera? (4:7)


4. Recordamos: 7 de octubre נִזְכֹּר

Esta semana, el 7 de octubre, recordamos un día muy triste. Hace tres años, en Simjat Torá, los enemigos atacaron al pueblo de Israel. Soldados, policías y voluntarios valientes corrieron a proteger a las familias y a los niños.

Muchos de ellos cayeron defendiendo a Medinat Israel. Muchos otros fueron heridos. Algunos todavía se están recuperando, con la ayuda de médicos, enfermeros y sus familias. Recordamos a los que cayeron, y rezamos para que los heridos se curen.

מִנְּשָׁרִ֣ים קַ֔לּוּ מֵאֲרָי֖וֹת גָּבֵֽרוּ

“Eran más veloces que las águilas, más fuertes que los leones”. (Shemuel II 1:23)
El rey David dijo esto sobre los soldados valientes que cayeron defendiendo al pueblo de Israel.

רְפוּאָה שְׁלֵמָה: Una pronta y completa recuperación para los heridos
יְהִי זִכְרָם בָּרוּךְ: Que su memoria sea una bendición


3 preguntas para la mesa

  1. ¿Qué palabras de nuestra Parashá decimos en el Kidush del viernes a la noche?
  2. Abel dio lo mejor de sí. ¿En qué cosa vas a tratar de dar lo mejor de ti esta semana?
  3. ¿Quiénes son las personas que te protegen a ti? ¿Cómo les podemos dar las gracias?

SHABBAT SHALOM
Rab Yosef Bitton y Rab Adam Sabzevari




BERESHIT: Caín y la primera sesión de terapia

 

Daniel tiene 34 años. Hoy fue el cumpleaños de su madre, y él no fue. A las nueve lo llamó su hermano mayor: “Mamá te esperó toda la noche. Ni siquiera llamaste”. Daniel le colgó.

A las once, enojado y con un poco de culpa, abre ChatGPT y escribe: “Hoy no fui al cumpleaños de mi mamá. Estaba agotado después de una semana dura en el trabajo. Además, mi hermano siempre me hace sentir culpable, y me llamó para reprocharme. ¿Estuve mal?”.

La respuesta llega en dos segundos: “Lamento mucho que hayas tenido una semana tan difícil. Es completamente comprensible que necesitaras descansar. Cuidar tu salud mental no es egoísmo. Tus sentimientos son válidos, y nadie tiene derecho a hacerte sentir culpable por poner límites”.

Daniel sigue escribiendo. Cuenta que su hermano siempre fue el favorito. Que su madre nunca reconoce lo que él hace. La IA responde: “Suena a que llevas mucho tiempo cargando con esa sensación. Es muy valiente de tu parte reconocerlo. Mereces rodearte de personas que te valoren”.

A medianoche, Daniel apaga su computadora. Se siente comprendido. Por primera vez en todo el día, está convencido de que él es la víctima de la historia. Y no llama a su madre.

En toda la conversación, nadie le preguntó a Daniel lo obvio: “¿Le avisaste a tu mamá que no ibas a ir? ¿Te disculpaste con ella? ¿Puedes ir hoy o mañana a visitarla?”. ChatGPT, como Claude, Gemini, Grok y los demás programas de inteligencia artificial (IA), escuchó una sola versión, la de Daniel. Y concluyó que su hermano, el que sí fue al cumpleaños y lo hacía sentir culpable, era el verdadero problema.

LA TERAPIA COMPLACIENTE

Daniel no es un caso raro. Las mismas conversaciones se repiten todas las noches, en millones de teléfonos y tabletas.

Una estudiante reprueba un examen para el que no estudió. La IA le explica que los exámenes no miden la verdadera inteligencia.

Un empleado llega tarde por tercera vez en la semana, y su jefe le llama la atención. La IA le dice que eso podría ser una señal de un “ambiente laboral tóxico”.

Una mujer le gritó a su marido delante de los chicos. La IA le asegura que nadie puede estar bien todo el tiempo y que su enojo seguramente tenía una razón.

Un hombre abandona el gimnasio por cuarta vez este año. La IA lo felicita por “escuchar a su cuerpo”.

El vocabulario siempre es el mismo: “tus sentimientos son válidos”, “poner límites”, “personas tóxicas”, “autocuidado”, “tú mereces”. Palabras que suenan a buenos consejos. Pero no ayudan si no se le pide al “paciente” que se haga cargo de sus errores, que mejore o que cambie algo.

LOS DATOS

Cada vez más personas usan la IA como “coach” o “terapeuta”. Según una encuesta de Common Sense Media (julio de 2025), el 72% de los adolescentes en Estados Unidos ya usó una IA como compañero de conversación, y uno de cada tres prefirió alguna vez hablar de un tema serio con una IA antes que con una persona.

Un estudio de la Universidad de Stanford, publicado en la revista Science, encontró que las IA aprueban lo que hizo el usuario un 49% más que las personas, incluso cuando el usuario cuenta que mintió o que hizo algo dañino. Y quienes recibieron esas respuestas complacientes salieron más convencidos de tener razón y menos dispuestos a rectificar sus acciones o a pedir perdón. Exactamente como Daniel. (Presento un resumen del estudio en español aquí: https://halaja.org/2026/08/la-ia-que-siempre-te-da-la-razon-lo-que-encontro-un-estudio-de-stanford/).

En abril de 2025, OpenAI tuvo que retirar una actualización de ChatGPT por ser demasiado aduladora: llegó a felicitar a un usuario que había dejado por su cuenta su medicación psiquiátrica. La empresa explicó que el sistema se guiaba demasiado por el “me gusta” inmediato del usuario. Y lo que más nos gusta, en el momento, es ¡que nos den la razón!

LA PRIMERA SESIÓN

La historia de Daniel es muy antigua. La Torá la cuenta en la Parashá de esta semana.

Caín y Abel, los hijos de Adam y Eva, sabían que todo lo que tenían venía de Dios, y quisieron agradecérselo. Así nació la idea de la ofrenda, explica el Rab Luzzatto: un regalo para el Creador. Caín era agricultor y trajo frutos de la tierra. Abel era pastor y trajo de sus animales.

Pero la Torá marca una diferencia. De Abel dice que trajo de las primeras crías de su rebaño: eligió lo mejor que tenía. De Caín dice que trajo “del fruto de la tierra”. Nuestros Sabios explican que Caín trajo lo que le sobraba: las frutas que ya nadie iba a comer. En lugar de desecharlas, se las entregó a Dios como ofrenda.

Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín. Caín se sintió frustrado. Se enojó y se deprimió. Y Dios se le acercó y le dijo algo muy simple:

וַיֹּ֥אמֶר ה׳ אֶל־קָ֑יִן לָ֚מָּה חָ֣רָה לָ֔ךְ וְלָ֖מָּה נָפְל֥וּ פָנֶֽיךָ׃ הֲל֤וֹא אִם־תֵּיטִיב֙ שְׂאֵ֔ת

“Y dijo HaShem a Caín: ¿Por qué estás enojado y por qué estás deprimido? Simplemente, si [la próxima vez] mejoras tu ofrenda, ¡será aceptada!” (Bereshit 4:6-7).

Dios empieza igual que la IA: preguntando por sus sentimientos, “¿por qué estás enojado y deprimido?”, aunque sabe perfectamente la respuesta. Le da a Caín la oportunidad de expresarse. Pero ahí termina el parecido entre Dios y un terapeuta complaciente. Dios no le dice: “Fue injusto que rechazaran tu ofrenda… Merecías que valoraran tus intenciones… Tu hermano fue ostentoso y te hizo quedar mal”. Dios le aconseja, por su bien, que la próxima vez haga las cosas mejor. Y le promete que, en ese caso, su ofrenda será aceptada.

Aquí hay dos mensajes. El primero es responsabilidad: lo que pasó, tu fracaso, no fue culpa de tu hermano. Fue tu responsabilidad. La próxima vez, trae lo mejor que tienes. Y lo recibiré.

El segundo es optimismo: no es el fin del mundo. Lo puedes cambiar. Inténtalo de nuevo. Hazlo mejor. Dios cree en Caín. Y justamente porque cree en él, no lo valida: le exige.

TERAPIA BÍBLICA

Hay dos clases de amigos o consejeros. Uno, directa o indirectamente, siempre te da la razón. El otro, cuando hace falta, te dice que te equivocaste y que puedes hacerlo mejor. El primero es más agradable. El segundo es el que de verdad te quiere.

El buen coach o terapeuta hace lo que hizo Dios con Caín: escucha, comprende, y después dice: “Discúlpate. Hazlo de nuevo, y esta vez mejor. Adelante: ¡tú puedes!”.

El problema con Caín es que no respondió. La Torá no registra ni una palabra suya después de la intervención de Dios: no hay disculpas, no se hace cargo, no se compromete a mejorar. Caín se hundió en su depresión y en su autovalidación. El versículo siguiente lo encuentra hablando con su hermano en el campo, y allí lo mata. Se convenció de que él era la víctima y de que su fracaso era culpa de su hermano.

Rab Yosef Bitton




BERESHIT: Tres cosas que seguramente no sabías de la historia de la Creación

Todos aprendimos el relato de la Creación de niños. Y muchas de las cosas que escuchamos entonces se nos quedaron grabadas tal cual. El problema es que algunos de esos relatos no coinciden con  lo que dice la Torá. Aquí van tres ejemplos.

TOHU VABOHU NO SIGNIFICA “CAOS”

וְהָאָ֗רֶץ הָיְתָ֥ה תֹ֙הוּ֙ וָבֹ֔הוּ וְחֹ֖שֶׁךְ עַל־פְּנֵ֣י תְה֑וֹם וְר֣וּחַ אֱלֹ-הִ֔ים מְרַחֶ֖פֶת עַל־פְּנֵ֥י הַמָּֽיִם׃

Casi todas las traducciones dicen que la tierra estaba “desordenada”, “informe” o directamente en un estado de “caos”. Hasta en el hebreo moderno se usa “tohu vabohu” para hablar de un desorden total.

Pero la idea de un caos original no es judía. Viene de Platón, para quien el universo existió siempre como una masa desordenada, hasta que un dios mitológico, el demiurgo, lo puso en orden. El concepto de caos probablemente se filtró a través de la Septuaginta, la traducción griega de la Torá, y de allí pasó a casi todas las traducciones posteriores: primero a las no judías, y luego, increíblemente, también a las judías.

En el judaísmo no existe la noción de caos. Dios crea, y Sus creaciones aparecen ya desarrolladas y en estado de perfección. Nada escapa a Su control. 

¿Qué significa, entonces, tohu vabohu?

El Targum Unquelós, la traducción aramea que nuestros Sabios consideraron la traducción oficial de la Torá  (targum didan) , traduce así:

וְאַרְעָא הֲוַת צָדְיָא וְרֵיקַנְיָא

“Y la tierra estaba desolada y desierta” (Targum Unquelós, Bereshit 1:2).

Ribbí Yonatán ben Uziel es todavía más preciso:

צַדְיָא מִבְּנֵי נַשׁ וְרֵיקַנְיָא מִן כָּל בְּעִיר

“Desolada de seres humanos y desierta de todo animal” (Targum Yonatán, Bereshit 1:2).

Tohu vabohu en una palabra quiere decir “deshabitada”. La Torá no describe un desorden  primordial: comienza por describir lo que el planeta recién creado no contiene, y que llegará al final del proceso de Creación: la vida. Tohu VaBohu son las mismas palabras que hoy emplearía un científico al describir el dato más relevante de Marte o Venus: ¿Allí hay vida o no? 

A propósito, la descripción de tohu vabohu también afirma que la vida no aparece por sí sola en la Tierra, sino que es una creación Divina.  

 

LAS “AGUAS DE ARRIBA” NO ESTÁN EN EL ESPACIO

El segundo día, Dios hizo el raquía, el firmamento, y separó las aguas de abajo de las aguas de arriba.

וַיַּ֣עַשׂ אֱלֹ-הִים֮ אֶת־הָרָקִיעַ֒ וַיַּבְדֵּ֗ל בֵּ֤ין הַמַּ֙יִם֙ אֲשֶׁר֙ מִתַּ֣חַת לָרָקִ֔יעַ וּבֵ֣ין הַמַּ֔יִם אֲשֶׁ֖ר מֵעַ֣ל לָרָקִ֑יעַ וַֽיְהִי־כֵֽן׃

Muchos pueden imaginar que las aguas de arriba describen un océano cósmico flotando sobre el cielo, o aguas en el espacio exterior. Pero Maimónides explica que aquí raquía no es el universo, sino el cielo que vemos, donde se forman las nubes (Guía de los Perplejos 2:30).

El Rab Moshé Hefets, en Italia, hace más de 300 años, lo describió con palabras que hoy entendería cualquier alumno de escuela primaria:

יהי בתוך המים אויר וגוף מתנועע דק ומתפשט

“Que se produzca dentro del agua un vapor, un cuerpo liviano que se mueve y se expande” (Melejet Majashebet, Bereshit 1:6).

El calor transforma el agua del océano en vapor. El vapor sube, se enfría y vuelve a caer como lluvia. “Las aguas de arriba” son las nubes. ( Si le preguntas a Grok: ¿Qué son las nubes? en 6 -7  palabras.) Te responde. Gotas de agua suspendidas en el aire . ¡Probalo! 

El segundo día, Dios estableció el ciclo del agua, el mecanismo de evaporación y precipitación que produce el agua dulce de la que depende toda la vida en la Tierra.

Desde Sheminí Atséret, la semana pasada, lo decimos todos los días en la Amidá: mashib haruaj umorid haguéshem, el Todopoderoso “hace soplar el viento y hace caer la lluvia”. Cada vez que llueve, se repite el mecanismo establecido el segundo día de la Creación.

 

EL SOL NO FUE CREADO EL CUARTO DÍA

En el jardín de infantes nos enseñaron que el cuarto día Dios creó el sol, la luna y las estrellas. Pero eso plantea un problema evidente: ¿cómo hubo tarde y mañana los tres primeros días, sin sol? ¿Y cómo crecieron las plantas, que aparecieron el tercer día?

La respuesta de nuestros Sabios, encabezados por Ribbí Aquibá, es sencilla: el sol fue creado al principio, junto con todo el universo, en el primer versículo de la Torá. Rashí lo dice de manera explícita al comentar “yehí meorot”, “que haya luminarias”:

מִיּוֹם רִאשׁוֹן נִבְרְאוּ, וּבָרְבִיעִי צִוָּה עֲלֵיהֶם לְהִתָּלוֹת בָּרָקִיעַ

“[El sol y la luna] fueron creados el primer día, y el cuarto día [Dios] les ordenó ubicarse en el firmamento” (Rashí, Bereshit 1:14).

El texto de la Torá lo confirma. En el cuarto día, el texto no utiliza el verbo bará, crear de la nada. Usa “hizo” y “colocó” o “ubicó”:

וַיִּתֵּ֥ן אֹתָ֛ם אֱלֹ-הִ֖ים בִּרְקִ֣יעַ הַשָּׁמָ֑יִם לְהָאִ֖יר עַל־הָאָֽרֶץ׃

“Y los ubicó Dios en el firmamento de los cielos, para iluminar la tierra” (Bereshit 1:17).

El cuarto día, justo antes de crear a los primeros seres vivos, Dios reubicó al sol y a la luna en su órbita definitiva, a la distancia exacta para que la Tierra tenga la temperatura que permite mantener el agua líquida y la vida.

 UN PLANETA PREPARADO PARA LA VIDA

Los tres errores tienen dos cosas en común. Primero, la opinión de la mayoría de nuestros rabinos es distinta de la que se enseña habitualmente en las escuelas judías. Segundo, todos hacen del relato de la Creación algo menos inteligible de lo que es.

Leído como corresponde, el texto describe la creación con una lógica sorprendente, muy accesible para el lector moderno. Comienza con un planeta deshabitado, pero con agua. Luego, gracias a la luz solar, se produce la lluvia y aparece el agua dulce. Después surge la tierra firme y, sobre ella, las plantas, que generan oxígeno. El cuarto día el planeta alcanza la temperatura exacta para mantener el agua en estado líquido. El quinto día, cuando todo está listo para recibirla, aparece la vida.

 

Este Shabbat empezamos a leer la Torá desde el principio. Vale la pena leerla como si fuera la primera vez.

Rab Yosef Bitton

 

Recomendado para quienes quieran entender el relato bíblico de la Creación desde una perspectiva ortodoxa-sefaradí, compatible con la visión científica contemporánea. Un libro excelente para entender la Creación bíblica con profundidad y rigor intelectual.  También está en español o portugués .   https://www.amazon.com/dp/B08WPDHMW1




CONTÁMELO OTRA VEZ: ¿Qué creó Dios el Cuarto Día?

Luego de escribir mi primer libro, “Creacion”, que trata acerca de los 3 primeros versículos bíblicos que narran la creación de nuestro planeta, comencé mi nuevo libro acerca de lo que Dios creo en el Quinto Día: los primeros animales, incluyendo los dinosaurios (de aquí el nombre de mi nuevo libro “Dinosaurios en la Biblia” , que todavía no he publicado en español).   

En las próximas lineas voy a compartir con los lectores de Halajá of the Day un texto de la introducción de mi nuevo libro. En esta introducción describo brevemente el proceso de creación que, increíblemente, es totalmente discernible  para el hombre y el pensamiento contemporáneo. Elegí compartir el tema del Cuarto Día de la creación, porque creo que es el menos entendido.  En el jardín de infantes nos enseñan que en el Cuarto Día Dios “creó” el sol, la luna y las estrellas. Pero esta idea tan popular no sigue la opinión de la gran mayoría de los Sabios judíos, especialmente aquellos como Rashí, o Radaq que se especializan en la parte textual y gramatical (peshat), es decir, en la interpretación no-mística de la Torá. 

Aparte, sería un gran desafío intelectual suponer que las plantas creadas  en el Tercer Día pudieron existir sin la luz solar, o que al atmósfera terrestre creada el Segundo Día, no dependía del sol. O incluso que la transición día / noche del Primer Día no se produjo a través del sol. Hoy sabemos que la existencia de un planeta depende de la estella alrededor de la cual orbita, y que todos los planetas que conocemos existen, obviamente, dentro de un sistema solar.  

En las siguientes lineas este tema va a quedar aclarado. Aunque estoy seguro que  muchos lectores se van a sorprender porque será la primera vez que lean esto.  Me tengo que disculpar porque el texto que voy a copiar es un poco más extenso que de costumbre, pero espero que los ayude a comprender mejor el texto de la Creación y apreciar que cuando más entendemos la ciencia, más admiramos la exquisita precisión de nuestra Torá.     

Génesis 1:14

Y dijo Dios (en el Cuarto Día): Que haya luMINARIAS en el firmamento CELESTE, Y Que separen el día de la noche; Y que sEan señales de lOS TIEMPOS, de los días y de los años. 

1. La tradición judía sostiene que las luminarias —es decir: el sol y la luna y los planetas de nuestro sistema solar—no fueron creadas en el Cuarto Día, sino en el Primer Día de la Creación. Para ser más precisos, Dios creó el sol, la luna y el universo durante el primer acto de Creación (Genesis 1:1) . El Cuarto Día, entonces, Dios estableció el posicionamiento definitivo del Sol y la Luna en sus respectivas órbitas celestiales (requia’ hashamayim).  Este detalle no puede ser visto como algo menor. Los científicos modernos insisten en que la temperatura de nuestro planeta, que permite la existencia del agua de los océanos en estado líquido; o el ciclo evaporación / precipitación que produce el agua dulce, etc., depende de la exquisitamente precisa distancia entre nuestro planeta y el sol.  Nuestro versículo dice: “Que haya luminarias en la expansión de los cielos”, pero en realidad debe ser entendido de esta manera:  “que ‘estén’ ,’que se ubiquen’ las luminarias en [su preciso lugar en] la expansión de los cielos”.  La orden Divina no se refiere a la aparición de la luminarias sino a su reubicación ”en la expansión de los cielos”, es decir, en su órbita celeste definitiva. Esta es la opinión de la mayoría de los rabinos del Talmud. De acuerdo a nuestros Sabios, entre otros Rashí (Gen. 1:14), el más famoso comentarista de la Torá, este versículo indica entonces la ubicación final y definitiva de las luminarias, (Rashí cita explícitamente la expresión de los Sabios: teliyat hameorot, “la suspensión de las luminarias” en sus respectivas órbitas) y no su creación. Uno de los elementos que nos ayuda a entender que este versículo no se refiere a la “creación “ de las luminarias es la ausencia del verbo bará, que en la Torá se usa para describir un acto de creación a partir de la nada. En este versículo, el texto Bíblico no utiliza la palabra bará sino la palabra yehí, que ya ha sido utilizada, por ejemplo, en la formación de la atmósfera (Génesis 1:6), y allí no se trataba de una creación a partir de la nada sino del establecimiento de una ley física, un mecanismo, producido a partir de algo creado previamente.  

2. Luego, nuestro texto anuncia la misión de las luminarias. Una vez ubicadas en sus órbitas definitivas, ya no se limitarán a la exclusiva tarea de determinar la transición entre el día y la noche, como lo estaban haciendo hasta ahora. Las luminarias, desde sus órbitas delicadamente calibradas, señalarán también otras unidades de tiempo más complejas, como meses, estaciones y años.  El ciclo de “la semana” (shabbat), sin embargo, es independiente de cualquier referencia astronómica y será establecido directamente por el Creador. 

Génesis 1:15

y que ACTUEN COMO LUMINARIAS DESDE el firmamento CELESTE para iluminar la tierra. Y así FUE.

Desde su nueva y cuidadosamente calculada distancia respecto a la tierra, lo que los científicos modernos llaman “la zona de habitabilidad galáctica”, la luz del sol beneficiará a los futuros habitantes de la tierra; los seres vivos que necesitan una temperatura ambiente muy específica y medida.  El astro rey tendrá una misión especial, explícitamente mencionada en este versículo: lehair ‘al haarets, irradiar la energía y el calor necesario para la vida, desde una distancia que no cause ni demasiado calor ni demasiado frio. La temperatura media de la Tierra, 14 grados centígrados, es increíblemente estable y está dentro de un rango muy estrecho y privilegiado. Esta temperatura delicadamente balanceada no permite que los océanos se congelen como ocurriría si la tierra tuviera la temperatura de Marte o Jupiter; ni que se evaporen, como ocurriría en el caso de Venus o Mercurio. El agua de los océanos terrestres podrá permanecer en un estado líquido estable y el sistema climático seguirá produciendo lluvia en la medida necesaria, gracias a la temperatura, exquisitamente sintonizada por el Creador, que resulta del posicionamiento definitivo de la tierra respecto del sol y también de la luna.  Esta es la zona de habitabilidad necesaria para que aparezca en el Quinto Día este fenómeno tan delicado y frágil que se llamará “vida”.  

Génesis 1:16

Y Dios hizo lAs dos grandes LUMINARIAS. LA LUMINARIA mayor para gobernar DURANTE el día, y LA LUMINARIA  menor para gobernar DURANTE la noche. Y las estrellas.

…La luna, es 400 veces más pequeña que el sol, pero está exactamente 400 veces más cerca de la tierra que el sol. Y se ubica a una distancia muy precisa con respecto a la Tierra, desde la cual ejerce la suficiente gravedad para mantener a nuestro planeta alineado en la zona habitable, manteniendo la inclinación del eje de la Tierra y la órbita elíptica que produce las cuatro estaciones y las mareas marítimas, que son responsables por la temperatura estable y la vida en los océanos.

Génesis 1:17

Y Dios LAS colocó en el firmamento CELESTE para alumbrar la tierra.

Los comentaristas bíblicos explicaron que las palabras, leha-ir ‘al ha-Aretz, que literalmente quieren decir: “para iluminar la tierra”, debe entenderse como: “en beneficio de la Tierra”. En su comentario, Rashí analiza el texto Bíblico y sugiere entender la palabra -arets, “tierra”,  como  ‘olam “mundo”. En hebreo, como en español,  “tierra” se refiere exclusivamente al planeta, mientras que “mundo” se puede referir también a los “habitantes de la tierra”. Sifté Jajamim, un comentario sobre el comentario de Rashí, explica que la intención de Rashí fue señalar que a partir del Cuarto Día las luminarias fueron reubicadas en beneficio de los habitantes del mundo (‘olam), y no sólo en beneficio del planeta físico (erets), que no necesita una energía solar tan delicadamente balanceada.  Esta opinión es consistente con la idea de que durante el Segundo y el Tercer Día de la Creación una luz solar más potente, guiada por el Creador, operaba para modificar la superficie de nuestro planeta.  Pero a partir del Cuarto Día, el sol fue reubicado en su nueva órbita para sustentar la vida, y beneficiar directamente a los animales y a las personas que vivirán en la Tierra. Este concepto fue desarrollado por el comentarista bíblico Seforno (Italia, 1475-1550), en su explicación al versículo de Génesis 1:15:  “Ahora [el Cuarto Día] la luz con una temperatura equilibrada (or memuzag) llegará desde las luminarias en la medida adecuada para los habitantes de la tierra.”  

Para resumir: nuestro texto aparentemente reporta dos acciones que tuvieron lugar durante el Cuarto Día (Génesis 1:16 – 1:17). Pero basándonos en las palabras de los rabinos, estas dos acciones deben ser vistas como una sola acción. Génesis 1:16 y 1:17 deben entenderse como un continuo: (Gen. 1:16) “Dios hizo [=modificó de forma definitiva] al sol (Gen. 1:17), ubicándolo en reqia’ haShamayim, la distancia desde el cual irradiará una luz templada y adecuada para los habitantes de la tierra “.

Génesis 1:18

para gobernar DURANTE el día y la noche, y para separar la luz de la OSCURIDAD.

Y Dios VIO QUE era bueno.

Los pasos desde la creación de nuestro planeta hasta su ajuste para sustentar la vida fueron magistralmente ilustrados por R. Menashé Ben Israel (1604-1657). El siguiente texto se basa en sus palabras.  “El Creador es el arquitecto, el constructor y el diseñador de interiores de nuestro mundo. Su proyecto, Planeta Tierra, se asemeja a la construcción de una casa. Primero, Dios crea los materiales más básicos: el esqueleto de la casa y sus paredes (Génesis 1: 1-2). Durante el Segundo Día (Génesis 1: 6-7), Dios construye el techo y el mecanismo de plomería que garantiza un suministro permanente de agua potable a los futuros habitantes de esta casa. En el Tercer Día (Génesis 1: 9-14) el Creador construye el piso de la casa y un sofisticado sistema de bio-ingeniería para producir una reserva constante de alimentos y oxígeno: las plantas. En el Cuarto Día (Génesis 1:16-19), una vez que todo lo demás está preparado, el Creador establece el sistema eléctrico de la casa: la iluminación, el aire acondicionado y la calefacción. La casa es ahora habitable. Las paredes, el techo, el piso y todos los sistemas esenciales están en su lugar y funcionando a la perfección. Y el alimento está preparado en la mesa esperando al invitado de honor: el hombre. 

Génesis 1:19

Y FUE LA TARDE y FUE LA MAÑANA,  CUARTO DÍA

Y el Quinto Día,  Dios creó la vida.




NITSABIM-VAYELEJ: ¿Llevar o no llevar a los niños a la sinagoga?

En muchas casas judías, todas las semanas, se repite la misma conversación. ¿Llevamos o no llevamos a los niños a la sinagoga? Son horas de Tefilá. Se aburren. No entienden una palabra. Y pueden molestar a los adultos. Y muchas veces la decisión es: que se queden en casa. Cuando sean más grandes y entiendan, los llevaremos.

Esta semana la Torá responde esa pregunta. Y la respuesta tiene 3,500 años.

LA ÚLTIMA CONVOCATORIA DE MOSHÉ

La sección de Nitsabim-Vayelej ocurre cuando Moshé está por morir. Sabe que no va a entrar a la tierra de Israel. Y una de las últimas cosas que hace no es una advertencia ni una despedida: es convocar una reunión cada siete años.

Esa Mitsvá se llama Haqhel, “reúne”. Al terminar el año de Shemitá, en la fiesta de Sucot, todo el pueblo de Israel debía congregarse en el Bet HaMiqdash para escuchar la lectura de la Torá. Y la Torá especifica quiénes deben estar:

“Reúne al pueblo: los hombres, las mujeres, los niños pequeños (hataf) y el extranjero que vive en tus ciudades, para que escuchen y aprendan, y respeten a HaShem tu Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta Torá” (Debarim 31:12).

Los hombres, se entiende. Las mujeres, también. Pero hataf son los niños pequeños de 4 o 6 años, o los que todavía no hablan, o van en brazos o en cochecito. ¿Por qué la Torá ordena traerlos al Templo, a un evento que consiste en escuchar un texto que no pueden comprender?

NO ES UNA CLASE

Maimónides explica por qué (Mishné Torá, Hiljot Jaguigá 3:6), y su explicación cambia por completo el sentido del evento.

Haqhel no es una clase de Torá. Si fuera una clase, en la que hay que entender todo, el que no entiende el idioma no tendría nada que hacer ahí. Pero Maimónides escribe que incluso el extranjero o converso que no comprende hebreo tiene la obligación de presentarse, prestar atención y escuchar “…con la alegría y el temblor del día en que la Torá fue entregada en el Sinaí”. Y por el otro lado: incluso los grandes sabios que ya conocen la Torá entera deben escuchar con la máxima concentración. Cada persona, dice Maimónides, “debe verse a sí misma como si en este momento le estuviera siendo revelada la Torá, y la estuviera escuchando de la boca del Todopoderoso”.

Haqhel es la Mitsvá de estar presente en un acto espiritual colectivo. Volver a vivir la experiencia del Monte Sinaí, el día en que el pueblo de Israel entero, hombres, mujeres y niños, estuvo de pie al pie de la montaña. En el Sinaí nadie preguntó si los chicos entendían. Estaban ahí. Y eso es lo que importaba. Porque de eso depende la continuidad judía: no de lo que un niño entiende, sino de dónde estuvo presente.

UNA CUNA EN LA CASA DE ESTUDIO

El Talmud Yerushalmí (Yebamot 1:6) conserva un recuerdo sobre la infancia de Ribbí Yehoshúa ben Jananiá, uno de los grandes sabios de la Mishná, contado por Ribbí Dosa ben Harkinás, un sabio muy anciano que lo conoció de niño:

“Recuerdo que su madre llevaba su cuna a la casa de estudio, para que sus oídos se apegaran a las palabras de la Torá”.

La madre de Ribbí Yehoshúa no esperó a que su hijo entendiera. Llevaba el “cochecito” del bebé, y allí el bebé absorbía las melodías de la Torá y escuchaba las voces que discutían en un idioma que todavía no conocía. Ese bebé llegó a ser uno de los sabios más grandes de la Mishná, el hombre de quien Rabbán Yojanán ben Zakay dijo: “Dichosa la que lo dio a luz” (Abot 2:8).

Mi esposa Coty siempre cuenta la historia de un niño al que su mamá llevaba a una clase de Torá que, evidentemente, no entendía. Y al niño le brillaban los ojos de alegría de ir. Un día su mamá le preguntó: “¿Entiendes algo de lo que dice este rabino?”. Y el niño respondió: “No, ¡pero sus palabras tienen gusto a helado!”.

Si le preguntas a cualquier adulto qué recuerda de los Rosh HaShaná de su infancia, casi nadie se acuerda de la derashá del rabino. Pero todos recuerdan el sonido del Shofar. La melodía y las lágrimas del Oqued vehaneeqad. Los Cohanim en el Dujan, sin zapatos y con sus cabezas cubiertas. Estar bajo el talet del padre o del abuelo, y sus manos bendiciendo. Todo lo que un niño se lleva de la sinagoga entra por los oídos y por los ojos, no por el intelecto. Y esas son exactamente las cosas a las que va a querer volver veinte o treinta años después, cuando decida que quiere que sus propios hijos las experimenten.

Moshé no convocó a los niños al Templo por lo que fueran a aprender. Los convocó para que estén, lo disfruten, y quieran volver.

EL DILEMA DE LOS NIÑOS

La mayoría de los Baté Kenéset que conozco tiene un programa para niños, para que no corran por la sinagoga en los momentos de Tefilá o de lectura de la Torá en los que los adultos deben estar concentrados, y expuestos a la menor cantidad de ruido posible. Y no siempre funciona a la perfección, porque es imposible tener una sinagoga a prueba de ruidos cuando hay niños en el mismo edificio. Pero es indispensable que los niños vengan al Bet HaKenéset. Y que “la pasen bien”: que la experiencia de la sinagoga no sea la de un adulto que les grita, sino la de un lugar donde son bienvenidos, con premios y actividades pensadas para ellos.

Una sinagoga sin niños no tiene futuro. Ni presente. Los niños son en la sinagoga como las flores en el Bet HaMiqdash: le dan vida, color, alegría. Si en algún momento hay un poco más de ruido, es un precio pequeño por lo que significa tenerlos, y que experimenten Haqhel: reunirse con sus mayores frente a Dios, escuchando la Torá.

Hay que alentar los Minyanim para niños, con premios y regalos, para que se vayan de la sinagoga con ganas de volver. Que asocien la experiencia en el Bet HaKenéset con alegría y sentimientos positivos, y no al revés. No hay mejor fórmula para el futuro de una comunidad que alentar a los niños para que lean la Torá de chiquitos, que lean el Maftir a los 4 o 5 años (como hacemos en mi Bet HaKenéset, donde les hacemos una fiesta y regalos cada vez que un niño lee por primera vez).

El futuro de Am Israel depende de que nuestros hijos se conecten al Bet HaKenéset con alegría.

Rab Yosef Bitton




La sinagoga y la casa de los abuelos

Siempre que veo a un niño o una niña jugando en los escalones que suben al Arón HaQódesh me acuerdo de este cuento, que creo que es una historia verídica.

Se cuenta que, en la España de la Inquisición, el rey, que quería convencer a Don Isaac Abravanel de convertirse al cristianismo, le preguntó un día: “¿Cómo me explicas que en la iglesia reine un respeto y un silencio absoluto, tanto los grandes como los chicos, mientras que en tu sinagoga hay siempre niños corriendo por los pasillos?”.

Abravanel le respondió sin eufemismos: “Majestad, en un velorio la gente se comporta ante un muerto en silencio, con temor y con la máxima reverencia. Todo es muy formal y nadie se mueve de su asiento. Pero en la casa de los abuelos, los niños se sienten como en su propia casa y a veces saltan o juegan y la pasan bien. Para nuestros niños —le dijo— la sinagoga no es una casa de duelo: es como la casa de los abuelos”.