TESHUBA 3:5: Soy, lo que haga con mi vida en los próximos 5 minutos

En el tercer capítulo de su Hiljot Teshubá, Maimónides explica que en términos de comportamiento religioso hay tres categorías de personas: rasha ‘, tsadiq y benoni.

El rasha’(la persona mala) es aquel individuo cuyo balance de buenas y malas acciones es negativo. El tsadiq (la persona justa) es aquel que ha hecho más bien que mal. Y el benoni (la persona promedio, algo así como el hombre mediocre de Ingenieros) es definido por Maimónides como la persona cuyos buenas y malas acciones se hayan en un estado de equilibrio (3:1).

En una Halajá posterior (3: 4) Maimónides explica que este cálculo de buenas y malas acciones es inaccesible para nosotros. Ya que esta evaluación no depende de la «cantidad» de preceptos que hayamos observado o transgresiones que hayamos realizado, como si fueran «puntos» rojos y azules en un cuadro de puntaje. En realidad, este cálculo sólo lo conoce Dios. ¿Por qué? Porque Él es el único que sabe, por ejemplo, cuál es nuestro verdadero potencial. Si mi potencial para hacer Mitsvot es 10, porque tengo los medios, el tiempo, el conocimiento, etc., para llegar a 10, pero alcance sólo 7, tengo menos mérito que la persona cuyo potencial es 5, porque quizás no tuvo los medios or posibilidades de llegar más alto que 5, y ha llegado a 5. 5 puede ser más que 7! (5/5 >7/10).

Otro ejemplo: solamente HaShem conoce las fuerzas psicológicas negativas que podrían estar influyendo en una persona para empujarlo a hacer lo que no debería hacer. Cuando más intensas estas fuerzas son, más mérito tiene el individuo que las supera y se control. Para algunas personas  puede ser muy difícil evitar su deseo de robar, ya que podría tener una inclinación natural al robo, o haber sido educado a que siempre puede tener lo que desee.… Para otro individuo, no robar o no mentir podría no ser un gran desafío, ay que su naturaleza así lo dicta.

En fin, el saldo positivo o negativo de nuestros méritos es inaccesible, aún para nosotros mismos, dice Maimónides, sólo lo conoce HaShem.

Este pensamiento conduce a Maimónides a la siguiente pregunta: Ya que no puedo saber si a los ojos de HaShem soy una buena o una mala persona ¿Cómo tengo que verme a mí mismo?

Si veo a mí mismo como un hombre justo, podría confiar demasiado en mis méritos y permanecer en un estado de inercia y estancamiento. Nada tengo que hacer para mejorar. Es más, creo que tengo crédito para cometer algunos pecados … En el otro extremo, si me veo a mí mismo como un tipo malo, podría pensar que ya estoy más allá de la redención (a esto lo llamaron los rabinos, yeush, un estado de abandono sicológico) y pienso que ya no tengo nada más que hacer por salvarme .

Maimonides se desvía de la explicación convencional que distingue con claridad justos de pecadores y como un genial educador que era, utiliza un principio que hoy lo definiríamos como «psicología conductista”.

Maimónides concluye (3: 8) que una persona siempre debe percibirse a sí misma en un perfecto estado de equilibrio, 50/50. Como si mis buenas y mis malas acciones se encuentran en un delicado balance entre méritos y pecados. Y por lo tanto, la próxima acción que realice, inclinará la balanza al lado positivo o al negativo.

Mi próxima decisión moral, hacer una Mitsva o dejar de hacerla, cometer una transgresión o no cometerla, es extremadamente importante porque inclinara la balanza para un lado o para el otro y determinará si soy una buena o una mala persona.

El secreto, según Maimónides es pensar así SIEMPRE.  Verme permanentemente en un estado de delicado balance. “Yo soy lo que haga con mi vida en los próximos 5 minutos.”




El libre albedrío y la Teoría de la Evolución

האדם רשותו בידו וכל מעשיו מסורין לו
Hiljot Teshubá, 5:4
Ayer explicamos que el libre albedrío distingue al ser humano de todos los demás seres vivos. Gracias a la libertad para tomar decisiones moralesת el hombre se encuentra por encima de la naturaleza, en la cual reina y gobierna el determinismo. El hombre no es parte de la naturaleza.    Es el único ser «sobrenatural». 
El libre albedrío, desde un ángulo un poco más filosófico,  es evidencia del Diseño Divino en la creación.  En otras palabras, un ser con libertad de elección, no puede ser el producto de un proceso evolutivo. 
En primer lugar porque para la teoría de la evolución somos considerados parte integral de la naturaleza, en la cual todo se rige por instintos. Somos «Monos, con un poco más de inteligencia». No somos una especie singular, que trasciende la naturaleza, diseñados para alcanzar lo Divino.
En segundo lugar, el libre albedrío va en sentido contrario al principio fundamental de la teoría de la evolución: la supervivencia del más fuerte.  Ya que la libertad de elección moral supone que un ser humano puede elegir, por ejemplo, sacrificar sus necesidades biológicas o incluso su propia vida «por un ideal». Ese es un concepto totalmente opuesto al principio de «supervivencia».
No es de extrañar entonces, que el judaísmo considere al libre albedrío como aquello que nos asemeja a D-s. El Midrash Tanjumá explica que «la imagen y semejanza Divina» que poseemos los seres humanos, consiste justamente en nuestra libertad de elección.
Tampoco es de extrañar que aquellos hombres de ciencia que se identifican con el ateísmo, se opongan a la idea del libre albedrío. Y traten de demostrar que éste no existe. Un científico estadounidense, Benjamin Libet, condujo un experimento en 1979 para demostrar que lo que determina nuestras acciones y decisiones son procesos cerebrales electro-químicos inconscientes. El fenómeno de la conciencia, o la toma de una decisión independiente de los dictados del cerebro, es solo una ilusión.  Y cuanto menos libertad de elección existe, más animales somos, lo cual se ajusta a lo predicado por la teoría de la evolución.
Probablemente muchos de los lectores nunca hayan escuchado esta argumentación de una forma tan directa. Pero si se detiene a observar ciertos debates ideológicos propios de nuestra sociedad moderna, el lector se dará cuenta que el tema del «libre albedrío» está, de una manera directa o indirecta,  muy presente en casi todas las discusiones acerca de la moralidad. Aquellos que no creen en D-s justificarán ciertas conductas morales (o inmorales) atribuyéndolas a condiciones innatas, incontrolables. Mientras que aquellos que creen en D-s hablarán de la capacidad humana de cambiar, controlar, modificar nuestras tendencias. 
La pregunta básica en este tema es si existe algo más, aparte del cerebro, en la toma de decisiones. Si quien toma las decisiones es el cerebro, entonces somos animales inteligentes, como dicen los evolucionistas. Pero si hay algo mas allá del cerebro, llamémoslo «conciencia», entonces somos algo distinto a la naturaleza. 
Desde el punto de vista judío, el cerebro no es el «YO». El cerebro es un vehículo o quizás el instrumento más valioso del verdadero «YO», que es nuestra conciencia o en hebreo, «neshamá». La interacción entre nuestra conciencia/neshamá y nuestro cerebro es un tema que supera lo que podamos decir en estas pocas lineas. Diremos brevemente que nuestro cerebro envía señales, por ejemplo,  que tenemos hambre, pero nuestra «conciencia»  puede decidir «no comer», porque hoy es Yom Kippur.  Nuestro cerebro puede ser estimulado por urgencias hormonales, pero nuestra conciencia tiene el poder de controlar nuestra respuesta a esas urgencias.  El verdadero YO no es el que manda las señales electro-químicas o procesa los estímulos. Nuestro YO es el que a pesar de las señales o los estímulos, puede decir «NO». 

MAS SOBRE 

Evolución y Libre albedrío

En su libro «El origen del hombre» publicado en 1871 Darwin dice que «No se puede mantener la idea de que los instintos sociales [los princios morales] puedan ser más fuertes en el hombre… que los instintos de la supervivencia, el hambre, el deseo sexual, la venganza…» 
En las palabras del Dr. William Provine , profesor de Biología Evolutiva en Cornell University: «La evolución tiene consecuencias claras que Charles Darwin entendió perfectamente … [incluyendo la idea de que] el libre albedrío humano es inexistente»
En este breve video clip se puede observar como el Dr Provine define las implicancias de la teoría moderna de la biología evolutiva (evolución)
Si no existe D-s,
No existe una vida, luego de esta vida, 
No hay ninguna justificación objetiva para la ética o la moralidad,
Nuestras vidas no tiene un sentido trascendental, 
No existe el libre albedrío (free will).



HILJOT TESHUBA 5:3: El libre albedrío y el progreso humano

Ayer explicamos que la idea de libre albedrío es, según Maimónides, el fundamento esencial de la Torá y sus Mitsvot.  También dijimos que lo que nos hace diferente de los animales no es sólo nuestra inteligencia, sino por sobre todo nuestro poder de tomar decisiones morales. En el mundo animal no hay «elecciones morales». Sólo existen los instintos de supervivencia. Ver aquí
El hombre por lo tanto es un ser privilegiado, y gracias a su libre albedrío, es una criatura «sobre-natural». Esta capacidad de elección es la que, según Maimónides, nos puede acercar más a HaShem (=D-s).
¿Cómo?
Profundicemos esta idea.
Maimonides (MT, Teshubá 5:4) explica que HaShem nos diseñó deliberadamente con libre albedrío: «Así como el Creador dispuso las leyes naturales, que el aire suba, el agua baje y que las criaturas sean dirigidas por sus instintos naturales, así dispuso [el Creador] que el hombre tenga libertad de elección y todas sus acciones [morales] dependan de su elección…». 
En el mundo natural el progreso no consiste en «elegir». Los animales progresan hacia su potencial y alcanzan el máximo de su plenitud de una manera involuntaria, natural, se podría decir «automática» .  La única excepción es el hombre. El ser humano tiene un enorme potencial intelectual y espiritual, cuyo desarrollo depende exclusivamente de sus elecciones morales. Si el hombre elige progresar, por ejemplo, intelectualmente, lo puede hacer instruyéndose, estudiando, aprendiendo. Pero si así lo quiere, también puede relegar su progreso y permanecer tan ignorante como cuando llegó a este mundo. Su realización, su progreso, no es un proceso «natural», involuntario, automático que ocurre por sí mismo. Depende exclusivamente de lo que el individuo elige hacer o no hacer.   Irónicamente, el hombre es el único ser viviente que puede elegir ser menos de lo que puede ser. Esta es la esencia del libre albedrío.
Estamos en un nivel intermedio, como decían los filósofos, entre los «ángeles y las bestias». Gracias a nuestro libre albedrío podemos elevarnos hacia  HaShem, o descender hacia un estado animal.  Cuanto más ejercemos nuestro libre albedrío, es decir: cuando estudiamos y progresamos intelectual y espiritualmente, o cuando nos entrenamos a controlar nuestros impulsos, más nos acercamos, nos asemejamos, a D-s, que como explicamos es el epitome del libre albedrío.
Y por el contrario, cuanto más relegamos nuestro progreso intelectual y espiritual, no haciendo nada para aprender, y no haciendo nada para dominar o aprender a controlar nuestros impulsos, más nos alejamos de D-s y más nos acercamos, más nos parecemos, a los animales.
En este sentido la Teshubá consiste en tomar conciencia de que poseemos una potencialidad de superación inmensa, pero que ésta depende exclusivamente de que elijamos acercarnos a HaShem, aprendiendo y creciendo espiritualmente.  Las Mitsvot nos entrenan a controlar nuestro impulsos básicos. Por ejemplo:  Kashrut, nos entrena a controlar nuestro impulso por comer. Taharat haMishapjá, nuestro instinto sexual. Shabbat, el día que dejamos de producir dinero, nos enseña a controlar nuestras ambiciones materiales.  Y así,  cada una de las Mitsvot de la Torá.
(Continuará….).



HILJOT TESHUBA: La diferencia ente el hombre y el animal

En su libro Mishné Torá,  Hiljot Teshubá, Maimónides presenta la doctrina del «libre albedrío» (bejirá jofhsit),  es decir, la idea de que el ser humano es libre para elegir su accionar, y por  lo tanto es responsable de lo que hace o deja de hacer.  
El concepto del libre albedrío es bastante complejo, y Maimónides le dedica al tema 3 capítulos completos de Hiljot Teshuba: 5, 6, y 7.
En 5:3 dice:«Y este principio, (el libre albedrío), es un concepto cardinal y es la columna fundamental de la Torá y de los preceptos. Como está escrito: «[Y ahora], mira, he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, o la muerte y el mal, y elegirás la vida» (Debarim 30:15).
Sólo el ser humano tiene este enorme poder de elección. En el mundo físico material, e incluso en la naturaleza, el libre albedrío no existe. Los átomos no pueden elegir actuar de otra manera de la que actúan. Y los seres vivos, todos menos el ser humano, están totalmente condicionados a actuar por sus impulsos de supervivencia. Es cierto que, como decía Aristoteles, un animal que está a la vez muerto de hambre y muerto de sed, podrá elegir si primero come o bebe.  Los animales pueden elegir entre dos instintos, pero no pueden realizar una elección moral, esto es, elegir entre un instinto y un valor o acto moral. Un animal que tiene hambre no puede elegir «no comer».    Los animales actúan por instintos, que no pueden controlar o suprimir.  El versículo que dice: ומותר האדם מן הבהמה אין «Y la superioridad  del hombre sobre el animal no es (=no existe)» (Kohelet 2:3) fue alegóricamente interpretado por algunos Sabios, cambiando el orden de las dos últimas palabras: «Y la superioridad del hombre sobre el animal es ‘no'» , en otras palabras: la diferencia entre el animal y el hombre es NO, la capacidad humana de decir NO a los instintos. El hombre tiene la libertad para satisfacer sus necesidades, pero también tiene el poder para controlar, postergar o incluso privarse de gratificar sus instintos.  Maimonides explica en 5:1 que éste es el sentido del versículo que dice: «El hombre es ahora como uno de Nosotros» lo que significa que el hombre es sobre-natural. La semejanza entre el hombre y D-s, y lo que distingue al hombre de todos los demás seres vivos, es que el ser humano tiene libre albedrío.  Y D-s, «Todo-Poderoso», es el epítome del libre albedrío. 
Esta libertad moral implica que el ser humano es responsable por lo que hace. No puede justificar sus acciones diciendo: «Yo robe porque tenia un incontrolable deseo de ser rico» o algo así. El ser humano tiene tendencias o tentaciones de todo tipo, pero tiene el poder de controlaras. Esto es el libre albedrío.
Si el hombre no fuera moralmente libre, no tendría sentido que la Torá nos ordenara qué hacer o qué no hacer. Y no tendría sentido que existiera la promesa de recompensa divina por lo que hacemos bien y el castigo por lo que hacemos mal.
¿Y que tiene que ver la Teshubá, el arrepentimiento, en todo esto?  Que de la misma manera que somos libres para actuar mal, ya que nuestro comportamiento no está determinado por nuestros instintos, de esa misma forma, la Tora nos enseña que haShem nos otorgó la libertad de arrepentirnos. Y así como no estamos condenados por nuestros instintos, la Teshubá nos enseña que no estamos irremediablemente condenados a nuestro pasado. Si nos arrepentimos con sinceridad, tenemos el poder de»borrar» lo que hicimos mal y comenzar de nuevo. 
Este tema, como ya dijimos, es muy complejo. Así que B’H le dedicaremos un poco más en los próximos días. 

 




EL SECRETO DE LA TESHUBA: Perdonar, si quiero ser perdonado

El núcleo de las Selijot, y también de las Trefilot de Yom Kippur, es el texto Bíblico ‘Amonay, Amonay, E-l Rajum veJanun …. «. Estas palabras se conocen como los 13 atributos de la compasión de D-s.
Maimónides explica que por atributos, no debemos entender que estas son «cualidades» de HaShem, es decir, lo que es D-s ES (lo cual está más allá de nuestra comprensión), sino más bien, cómo HaShem opera en este mundo, según nuestra perspectiva humana.
Estas palabras fueron invocados por Moshe Rabenu en un momento muy delicado: cuando el pueblo de Israel hizo el becerro de oro y HaShem quería destruir a Israel. Moshe rogó a HaShem que perdonara a Israel, y como sabemos, HaShem lo hizo.
Rabí Yojanan explica en el Talmud que HaShem le enseñó a Moshé Rabenu que cuando invocamos  estos 13 principios, nuestras transgresiones serán perdonadas .
Los 13 principios dicen lo siguiente:
HASHEM – D-s, actuando con compasión. A diferencia de ELOQIM, que alude a D-s, actuando con estricta justicia.
HASHEM – (explicaremos más adelante esta repetición del nombre de D-s)
E-L – poderoso en Su compasión, aún cuando no lo merecen, vela por Sus criaturas de acuerdo a sus necesidades;
RAJUM – misericordioso ;
VEHANUN – y clemente, cuando la humanidad ya está en peligro;
EREJ APAIM – tardo para la ira;
VERAB JESED – y generoso en la bondad;
VE-EMET– practica la verdad;
NOTSER JESED LAALAFIM – manteniendo Su bondad por mil generaciones;
NOSE AVON – perdona la iniquidad;
VAFESHA- y la transgresión;
VAJATAA – y el pecado;
VENAQE – y cuando nos arrepentimos nos limpia de todas nuestras transgresiones .
El Rabino Eliyahu de Vidas (1518-1592) escribe en su libro Reshit Jojma (שער הענוה פרק א) que la expresión del Talmud«cuando invocamos estos 13 atributos, nuestras transgresiones serán perdonadas» no debe ser entendida como «cuando recitamos estos 13 atributos» sino como «cuando imitamosestos 13 atributos». Esto significa que cuando nos comportamos con los demás de acuerdo a estos 13 atributos de HaShem, seremos perdonados por Él.
Algunos ejemplos:
HASHEM, HASHEM: La repetición del nombre de D-s requiere una explicación. Nuestros rabinos enseñaron que a partir de esta repetición aprendemos una maravillosa lección acerca del perdón total: cuando verdaderamente nos arrepentimos de nuestras transgresiones, HaShem nos perdona por completo, y nunca más nos recuerda nuestra transgresión.  La repetición del nombre de HaShem nos enseña que Él se comportará con nosotros cuando nos arrepentimos (SEGUNDO HaShem), exactamente igual que como se comportó con nosotros antes de que pequemos (PRIMER HaShem). No hay rencor, ni resentimiento, sino un perdón total y completo.
Por lo tanto, si queremos ser perdonados por D-s, tenemos que actuar hacia los demás como queremos que D-s actúe hacia nosotros. A saber, que cuando perdonamos a los demás, debemos borrar y eliminar todos los malos sentimientos hacia la persona que nos ofendió, y actuar hacia él o ella como lo hicimos antes de que nos ofendiera.
EREJ APAYIM (Paciente) HaShem espera pacientemente a que nos arrepintamos, en lugar de castigarnos inmediatamente por nuestros pecados. Así también, si alguien nos hace daño, debemos dar tiempo a esa persona para que se arrepienta.
VEEMET (Verdad). Él cumple sus promesas de darnos lo bueno, incluso cuando ya no lo merecemos. Así también, si nos comprometimos a hacer algo bueno por otra persona, debemos cumplir nuestra palabra, incluso si esa persona ya no lo merece.
NOTSER HESED LAALAFIM  (HaShem mantiene su bondad por mil generaciones). Si tenemos una deuda de gratitud con alguien, debemos seguir expresando esa gratitud a los descendientes de esa persona.
En resumen: Cuando recitamos estos 13 atributos debemos aprender de ellos, no sólo cómo HaShem se comporta con nosotros, sino también, o sobre todo, cómo HaShem espera que nos comportemos con los demás.

 




SELIJOT: Cuando lo urgente no deja tiempo para lo importante

Como explicamos ayer (ver aquí),  en las comunidades Sefaradíes ya ha comenzado la recitación de las Selijot.   Y como veremos BH en los próximos días, el centro de estas plegarias lo constituyen el viduy o confesión, y el recitado de los 13 Atributos de Perdón Divino o 13 Middot.
Pero en las Selijot también hay muchos piyutim, poemas religiosos, que nos inspiran a volver a HaShem. El primero, y uno de los piyutim más conocidos, es «BEN ADAM MA LEJA NIRDAM», que quisiera comentar a continuación.
בֶּן אָדָם מַה לְּךָ נִרְדָּם
«Hijo del hombre, ¿Qué haces durmiendo?! ¡Levántate y reza [a D-s] con súplicas!
Este piyut comienza con una invitación a despertar. «Despertar» en un doble sentido. Por una lado, siendo que las Selijot se dicen muy temprano por la mañana, este poema refuerza nuestro compromiso a sacrificar nuestro sueño y acudir al Bet haKeneset más temprano que de costumbre.
Pero el sentido más profundo, y sin duda el sentido original de esta expresión, es la invitación al despertar de la conciencia. Me explico: Dada la cantidad de obligaciones materiales que tenemos, dado el ritmo al que vivimos y la enorme variedad de distracciones a nuestra disposición, es muy posible que nuestras conciencias estén «dormidas». ¿Cómo podemos identificar el sueño de la conciencia? El letargo espiritual se manifiesta por la ausencia de pensamientos profundos. Si no nos ponemos a pensar en D-s, y en lo que Él espera de nosotros; si no nos preguntamos por qué estamos aquí, en este mundo; si no reflexionamos sobre la dirección en la que avanza nuestra vida; si no re-evaluamos nuestros valores, y nuestras prioridades, entonces se puede decir que nuestras conciencias están dormidas.   El despertar espiritual consiste en refrescar estas preguntas. Estar «despiertos» significa que la búsqueda de estas respuestas sea el principal objetivo de nuestra existencia.
Esta hermosa expresión en hebreo ma lejá nirdam  «que haces durmiendo?» se encuentra en el libro de Yoná 1:6.   El capitán del barco que está por hundirse increpa al profeta Yoná, que estaba durmiendo, ausente de toda preocupación, ignorando los peligros a su alrededor. Es que Yoná estaba en una situación de «huida» casi suicida. Estaba, literalmente, alejándose de HaShem. Sin duda, estas palabras también aluden a nuestro propio escapismo existencial. Un escenario montado por nosotros mismos para eludir el compromiso que implica formularse las preguntas más profundas. Optamos por «escapar» de HaShem, entregándonos de forma adictiva al trabajo o a distracciones materiales.  El primer llamado de las Selijot es el llamado a despertar y abandonar el escapismo.
¿Cómo despertar?
קוּם קְרָא בְּתַחֲנוּנִים
Conectándonos con nuestro Creador.  La conexión con HaShem es el comienzo del despertar espiritual. 
רְחַץ וּטְהַר ואַל תְּאַחַר בְּטֶרֶם יָמִים פּוֹנִים
«Limipiate, purifícate ¡Y no lo postergues!  Hazlo antes de que los días [de tu vida] hayan pasado [=terminado]. 
La próxima invitación de este piyut es a actuar «YA». Sin procrastinar. «Limpieza» y «purificación» no se refieren a la limpieza física de nuestros cuerpos, sino a la limpieza del alma: es decir, la ausencia de transgresiones y pensamientos que nos alejen de HaShem.  Nuestro objetivo es «limpiarnos», es decir, arrepentirnos de lo que hicimos mal y deshacernos de las «manchas» de nuestro pasado. Y purificar nuestros pensamientos, alejándonos de los valores y de la cultura de la sociedad materialista. Para ayudarnos a corregirnos «YA» debemos traer a la mente una simple, pero generalmente reprimida idea: nuestra mortalidad. La certeza de que nuestras vidas llegarán a un final, y la incertidumbre de no saber cuándo ese final llegará….
Esta reflexión está inspirada en la explicación de nuestros Sabios al pasuq de Qohelet 9:8 que dice: בכל עת יהיו בגדיך לבנים,«Que tus vestiduras estén siempre limpias». Nuestros Sabios dicen que en este versículo las vestimentas son nuestras acciones. Y nos exhortan a «limpiar» nuestras vestiduras ni bien se manchen. Es decir, no postergar el arrepentimiento, el pedir perdón, y la reparación. Debemos mantenernos limpios, sin «manchas» en nuestros records, permanentemente, ya que no sabemos cuándo seremos llamados por el Tribunal Celestial.

 




Yom Kippur y el maratón que comienza hoy

Hoy comienza nuestra preparación para el Maratón. Dentro de 40 días, celebraremos Yom Kippur.  Un día consagrado exclusivamente a acercarnos a HaShem, rogar Su perdón y comprometernos a  hacer cambios importantes en nuestras vidas. Por la intensidad de las Tefilot de Yom Kippur, piense Usted que pasamos casi todo el día en la Sinagoga, se podría ver a Yom Kippur como el día de un maratón espiritual. Y de la misma manera que nadie va a correr un maratón sin un serio entrenamiento previo, para estar en buena forma en Yom Kippur necesitamos un entrenamiento intenso en el campo de la introspección, el arrepentimiento y la revaluación de nuestras prioridades.

Por eso es que HOY comenzamos el entrenamiento para el maratón de Yom Kippur.

¿Cómo nos preparamos para Yom KIppur?

Hoy es el segundo día del mes de Elul. La costumbre Sefaradí es recitar las Selijot a partir de  hoy hasta Yom Kipur (cuarenta días).  “Selijot” es una Tefilá especial que nos conduce a reflexionar sobre nuestras acciones y pedir perdón a HaShem por nuestros errores y nuestra mala conducta. Las Selijot se dicen tradicionalmente antes del amanecer, previo a la Tefilá (rezo) de la mañana (Shajarit), aunque técnicamente las Selijot se pueden recitar también durante la noche (después de la medianoche) o incluso durante el día.

La costumbre Ashkenazí es iniciar los servicios Selijot el domingo previo a Rosh Hashaná. Sin embargo, cuando Rosh Hashaná cae en lunes o martes, como este año (nunca puede caer en domingo) las comunidades Ashkenazim comenzarán Selijot dos domingos antes de Rosh Hashaná. En las comunidades Ashkenazim este año comenzaran Selijot el domingo 6 de Septiembre.

Además, durante todo el mes de Elul, los Ashkenazim y la mayoría de los Sefaradim (marroquíes, persas, etc. excepto los Sefaradim provenientes de Siria) tienen la costumbre de hacer sonar el Shofar todas las mañanas, al concluir Shajarit.

El objetivo de las Selijot y el escuchar el sonido del Shofar es inspirarnos para comenzar el proceso de Teshubá. Teshubá consiste en la introspección y el arrepentimiento. Lo que en última instancia debe significar “volver a” o “estar más cerca” de D-s, dependiendo del punto de partida de cada uno. Este elevado objetivo espiritual, que es el que aspiramos alcanzar en Yom Kippur, no se puede lograr de la noche a la mañana en un solo día, por más intenso que sea.  Para lograrlo debemos pasar por un periodo serio y paciente de reflexión en el cual revisamos y comenzamos a modificar nuestras acciones y en particular nuestros valores. Durante estos días también reexaminamos nuestras metas existenciales y las distracciones materiales que nos han alejado de esas metas. Si tomamos en serio esta preparación vamos a alcanzar la claridad mental y la convicción necesaria para tomar las mejores resoluciones para el próximo año durante este Yom Kippur.




Maimonides sobre cómo controlar la ira

En Hiljot De’ot (las reglas del buen comportamiento), Capítulo 1 , Maimónides describe su famosa teoría del «camino del medio». Según Maimónides, todos poseemos hábitos de comportamiento, innatos o adquiridos, que a veces tienden a ser extremos. Y entonces, Maimónides explica, nuestro desafío es encaminarnos hacia un punto medio, equidistante de los extremos, un lugar de equilibrio (derej haemtsai).  En el capítulo 2 se describen dos excepciones a esta regla. Dos hábitos en los que uno no debe aspirar a estar en el centro, sino justamente practicar el extremismo. Uno de ellos es la ira o el enojo. Basándose en lo que los Rabinos de la Mishná enseñaron en Pirqe Abot, Maimónides explica que la ira es «excepcionalmente mala»  y por lo tanto «es correcto y apropiado un alejamiento total de la ira ,adoptando el extremo opuesto.» Maimónides afirma que nunca podemos enojarnos, al punto de perder los estribos. Debemos estar siempre en pleno control de nuestro enojo y nunca reaccionar de una manera agresiva, desenfrenada.
Maimónides reconoce que a veces es necesario «fingir» enojo. En sus propias palabras: «Si una persona siente que para inspirar respeto en sus hijos…[o alumnos]…. o en [los miembros de su] comunidad, si es un líder comunitario… debe expresar sus palabras con enojo, para motivarlos a volver a la senda correcta…. [lo podrá hacer]; pero, internamente, siempre debe mantener la calma. En ciertas circunstancias, uno puede actuar como si estuviera enojado, pero sin estar realmente furioso».
Hay circunstancias que requieren, por ejemplo, que levantemos nuestra voz para expresar nuestra oposición a algo incorrecto, regañar a nustros hijos o alumnos, evitar una mala acción, etc. Según Maimónides, podríamos entonces comunicar nuestro malestar con la firmeza y la pasión que sean necesarias. Con una condición: en el interior, debemos permanecer en calma.  Jamas podemos dar rienda suelta a la ira.
Estas palabras de Maimónides me recuerdan lo que leí sobre el Tsunami del 2004 en el Océano Índico, que destruyó cientos de ciudades y mató a más de 230.000 personas. El articulo hablaba de un grupo de buceadores que estaba en el fondo del mar cuando se desencadenó el feroz Tsunami. A pesar de la gran fuerza y la furia que tenía lugar en la superficie del mar, en el fondo del océano, no se sintió casi nada. Las personas que estaban buceando allí no se dieron cuenta de que les pasó un tsunami por encima de sus cabezas. Porque bajo la superficie, el mar está siempre en calma.
La ira, de ser necesaria, debe ser solamente superficial. «Controlada».  En este sentido tenemos que ubicarnos en el extremo. No podemos adoptar un «camino intermedio» entre la ira y la calma que implique perder la cabeza la mitad del tiempo. Dentro de nosotros mismos, debemos mantener nuestra calma y estar en control «siempre». Sin excepciones.
Maimónides concluye: «Por lo tanto, los rabinos nos han indicado distanciarnos de la ira [al extremo], y acostumbrarnos a no reaccionar [impulsivamente], incluso ante circunstancias que deberían provocar nuestra ira. Este es el camino correcto [en cuanto al manejo de la ira]».



Rab Shelomó Alqabets (1500-1580), autor de Lejá Dodí

El Rab Shelomó haLevi Alqabets nació en Salónica, Grecia, en el año 1500. Su padre era Moshe haLevi Alqabets, un refugiado de Castilla, cuya familia se estableció en Salónica luego de la expulsión de España en 1492. El Rab Shelomo estudió Torá, y en particular Qabbalá, bajo el Rabino Yosef Taitatsaq.  En 1529 se casó con la hija del filántropo judío Isaac Cohen. Poco después de su boda, él y su esposa decidieron establecerse en Erets Israel. En un discurso que pronunció antes de abandonar la ciudad, dijo que una vez que tenemos la posibilidad de vivir en Israel, incluso si las condiciones allí están lejos de ser las ideales, es el deber de cada judío regresar a Israel para ayudar a la construcción del Bet haMiqdash, estudiar Torá y servir a HaShem con pasión.
En su camino a Israel permaneció durante dos años en la ciudad de Adrianópolis (hoy Edirne, Turquía), los habitantes de la ciudad le rogaron que los instruyera en sus formas de servir a HaShem. Él se negó a quedarse diciendo que sólo en la Tierra de Israel se pueden alcanzar los secretos de la Tora. Accedió, sin embargo, a escribir para ellos varias obras mientras permanecía en la ciudad. Uno de estos libros fue Berit Halevi, una explicación de la Hagada de Pesaj, dedicada a sus discípulos en Adrianópolis.
El Rab Shelomó llegó a Safed , en hebreo Tsefat (צפת) , alrededor de 1535. Y se estableció allí definitivamente.
La pasión del rabino Alqabets por Israel inspiró a muchos de sus discípulos de Salónica y Adrianópolis, quienes lo siguieron a Safed. Uno de los que vinieron con él era su cuñado,  el famoso rabino Moshé Cordobero (1522-1570). El Rab Moshé Cordobero, fue probablemente el qabbalista más importante de su tiempo, hasta el Arí haQadosh. Tenía un gran respeto y admiración por el rabino Alqabets, y a pesar de que estaba casado con su hermana, siempre se dirigió a él como su maestro.  Pero con el paso del tiempo, el rabino Cordobero creció enormemente en su conocimiento y fama como qabbalista y talmudista. El Rab Alqabets leía sus escritos y estudiaba con él, y comenzó  dirigirse a él  como a su maestro. Un testimonio de su gran humildad.
El Rabino Alqabets y el rabino Cordobero crearon un círculo de hombres piadosos dedicados a estudiar Torá en Tsefat.
En su camino a Eretz Israel rabino Alqabets se encontró también con el Rab Yosef Caro, quien también se dirigía a Safed. Se convirtieron en buenos amigos y compartieron muchos años juntos. Se dice que fue el Rab Alqabets quien inspiró a Maran Rabbí Yosef Caro para establecer el Tiqun Lel Shabu’ot, una larga sesión de estudio de Torá, que tiene lugar durante toda la noche del Shabu’ot.
Con los rabinos Alqabets y Cordobero, la ciudad de Safed se convirtió en el centro mundial de la Qabbalá, y con la presencia del Rab Yosef Caro, autor del Shuljan ‘aruj, y de su maestro Rab Yaaqob Berab, Safed fue también la ciudad de la Halajá.
El Rabino Alqabets era un orador muy carismático, un gran maestro y un fantástico mentor para sus estudiantes. Hizo normas internas, para sus alumnos (taqanot). Estableció, por ejemplo, que los estudiantes deben comportarse con humildad unos a otros. Y cuando un estudiante ve a uno de sus compañeros haciendo algo equivocado, debe acercarse a él y explicarle discretamente su error. El que fue advertido deberá escuchar las críticas y no deberá decir nada en su propia defensa antes de que hayan transcurrido tres días, el tiempo necesario para reflexionar desapasionadamente sobre sus propias acciones.
LIBROS
El Rabino Alqabets escribió muchos libros sobre el Tanaj (Biblia Hebrea), mayormente sobre las Meguilot, y muchos libros sobre Qabbalá. Algunos de ellos son: Manot HaLevi, sobre el libro de Ester. Ayelet Ahabim, sobre el Cantar de los Cantares y Shoresh Yishai, sobre el libro de Rut. También escribió Or Tsadikim, una colección de su sermones
A pesar de los muchos libros que escribió y la gran influencia que ejerció sobre rabinos muy prominentes, el rabino Alqabets es famoso por su poema litúrgico Lejá Dodí, un himno cantado en la inauguración del Shabbat. Lejá Dodí está escrito de acuerdo con las enseñanzas místicas, expresando el anhelo por la redención final. El tema «Ven mi amado al encuentro de la novia»… sigue lo que dice la Gemará en Shabbat 119a,  «R. Janiná se vestía elegantemente y en el atardecer de la víspera del sábado exclamaba :’Venid y vayamos a dar la bienvenida a la reina del Shabbat’. «
El Rab ShelomóAlqabets falleció en 1580 y fue enterrado en Safed.
Haga click aquí  para descargar el libro Manot haLevi, sobre Meguilat Ester

 




PERASHAT EQEB: Los riesgos del éxito material

El pueblo de Israel, 40 años después de abandonar la esclavitud en Egipto, está listo para entrar a la tierra prometida. Hay un pequeño problema: la tierra no esta vacía, deshabitada. De hecho, hay siete pueblos y decenas de ciudades contra las que habrá que luchar. Porque esta tierra hay que conquistarla. Este no es un desafío menor. Recordemos que 40 años atrás, el miedo a pelear paralizó a toda una generación que terminó muriendo en el desierto. Ahora, Moshé se dirige a la nueva generación. Les da un largo discurso que ocupa la mayor parte del libro de Debarim. ¿En qué consiste este discurso? Normalmente, en esta circunstancias, se hubiera esperado que el líder de los combatientes arengue a sus soldados. Los motive a pelear con sus vidas. Normalmente, el líder se expresaría con frases cliché como: «matar o  morir», «luchar hasta el final», «combatir sin piedad», etc, etc.  Así lo hizo Julio Cesar cuando su ejercito iba a ingresar a Britannia antes de quemar las naves. Y así lo hicieron todos los líderes militares convencionales.

Pero Moshé Rabbenu no está inquieto por la batalla. casi que no habla de la guerra que vendrá… No le preocupa la estrategia militar o el espíritu combativo de sus soldados. Moshé sabe que esa guerra se va a ganar porque así lo prometió HaShem. Porque Él va a luchar junto con Israel. ¿Qué le preocupa a Moshé ? A Moshé Rabbenu lo inquieta la victoria. Los efectos espirituales del éxito y de la abundancia material.

Israel es una tierra fértil y rica, donde lo material sobra (Debarim 8:7-9) «[Israel es…] una tierra con arroyos, y de la cual brotan manantiales hacia los valles y las colinas; una tierra de trigo y cebada, viñas e higueras, granadas, aceite de oliva y miel; una tierra donde el pan no escasea y nada te faltará» 

   

Moshé teme las consecuencias espirituales de la estabilidad y la riqueza. Teme que una vez que el pueblo se asiente en sus nuevas mansiones y en sus ricas tierras, se olviden de quiénes son y deben ser…

(Debarim 8:10-19) «Cuando hayas comido y estés satisfecho… ten cuidado de no olvidar a HaShem tu D-s, y [dejar de] cumplir Sus mandamientos… No sea que cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y tu oro aumente, y todo lo que tu tienes abunde … tu corazón se enorgullezca, y te olvides de HaShem, tu D-s, que te sacó de Egipto, la tierra de la esclavitud….no sea que te convenzas a ti mismo diciendo: ‘Mi propio poder y la fuerza de mi mano han logrado toda esta riqueza para mí’… y cuando te olvides de HaShem tu Dios, buscarás otros dioses y te inclinarás ante ellos»

Así están planteadas las cosas en la Torá. Existe una progresión psicológica y espiritual que comienza por la abundancia y termina por una forma especial de idolatría.

1. La riqueza y la opulencia pueden llevar al hombre a olvidar a D-s. Este es un fenómeno, lamentablemente, común.  Cuanto más sufrimos, pobreza, enfermedad y perdidas,  más nos acordamos de D-s. Y viceversa.

2. Cuando nos olvidamos de HaShem, nos volvemos arrogantes. «Todo lo que tengo lo logré yo mismo, con mi propio esfuerzo».

3. Esa vanidad lleva a (o es) una forma de ‘abodá zará (idolatría), que en este contexto debe ser entendida como «egolatría» o  auto-adoración. La naturaleza humana no tolera vacíos. Si un hombre, saca a HaShem de su vida, generalmente lo reemplaza con su propio ego.

Ahora finalmente entendemos que la guerra con el enemigo no inquieta a Moshé Rabbenu.   La gran preocupación de Moshe es la guerra del hombre con su arrogancia. La Torá nos advierte que el éxito material puede ser muy peligroso. Porque  una vez que no «necesitamos» más rogarle a D-s por pan y agua, podemos olvidarnos de Él e ignorarLo. Abandonamos nuestras convicciones y las reemplazamos por nuestras conveniencias.  Esto es la corrupción moral.

Ahora bien, ¿Cuál es la solución al desafío de la riqueza y el éxito? ¿Debemos renunciar a la aspiración del bienestar material para no arriesgar el colapso espiritual? En realidad, la Torá presenta a la riqueza como una bendición («berajá» literalmente, significa abundancia) a la cual tenemos derecho a aspirar. Mientras ganemos nuestro pan con honestidad, la Torá no nos impone un voto voluntario de pobreza.

La solución de la Torá al conflicto riqueza > orgullo no es evitar la riqueza sino evitar el olvido. El antídoto judío al olvido es el estudio permanente de la Torá y el cumplimiento de las Mitsvot. Como dice el Shemá’ Israel: debemos amar (=tener en mente.., pensar en…) a HaShem, nuestro D-s,  con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras posesiones. Debemos tener a HaShem en mente,  releyendo este mensaje todos los días, de día y de noche. Repetirlo a nuestros hijos y colocarlo frente a nuestros corazones, y sobre nuestras cabezas. Y tenerlo escrito, como un recordatorio permanente, en cada una de las puertas por las que entramos y salimos, todos los días de nuestra vida.