PRINCIPIO 8: La autenticidad de la Tora oral

Seguimos analizando el octavo Principio de la fe judía. Como todos sabemos, aparte de la Torá escrita tenemos la Torá Oral, es decir,  la tradición que explica la Torá escrita.
El octavo principio dice que la Torá Oral es también de origen divino, y fue trasmitida por HaShem a Moshé rabbenu.
Creo que este es un tema fundamental y me parece que deberíamos dedicarle un poco más para explicarlo en detalle.
Hay por lo menos 3 temas que debemos conocer en mayor profundidad
1. Los elementos que incluye la Torá oral.
2. La historia de la transmisión de la Torá Oral.
3. La metodología del  proceso halájico. Es decir ¿cómo se llega desde los preceptos de la Torá escrita hasta la práctica halájica cotidiana?
Vamos a comenzar por los elementos que constituyen la Torá oral.
De acuerdo a lo que escribió Maimónides en su introducción al comentario de la Mishná la Torá oral se divide en 5 categorías.
1. Perush (la antigua pronunciación Sefaradí era “pirush”). Esta categoría es también llamada por Maimónides “qabbalá”, que NO se refiere a la parte mística de la Torá .
2. Halajá leMoshé MiSinai.
3 Dinim muflaim.
4. Gezerot
5. Taqanot y Minhaguim.
Explicaremos hoy la primera categoría.
1. PERUSH:  En la introducción a Mishné Torá Maimónides dice: “Cada mandamiento dado a Moisés en el Monte Sinaí fue dado junto con su explicación (perush).”  Estas son las instrucciones básicas –la definición de cada precepto– que no fueron escritas por Moshé sino que fueron recibidas y transmitidas oralmente por generaciones.
Ilustración:  En la Torá escrita se menciona el precepto del Tefilín. Pero la Torá escrita sólo dice: “Y estas palabras que te encomiendo hoy… las atarás en tu mano (o brazo)… y estarán sobre tu frente”.  Fuera de este breve texto no hay ningún otro texto que describa cómo es el Tefilín. Ahora bien ¿cómo podemos saber entonces a qué se refiere la Torá con “atar palabras sobre la mano”?. ¿Como se “atan” las palabras?  ¿Hay que escribirlas primero? ¿Y una vez escritas, dónde exactamente hay que atarlas?, y ¿con qué? Estas son algunas de las numerosas preguntas que podríamos tener, y que sería imposible resolver, si sólo tuviéramos frente a nosotros la Torá escrita. Y lo mismo ocurriría con absolutamente TODAS las Mitsvot. Hasta con las que parecen más sencillas. El “texto” bíblico no sería suficiente para cumplir con los preceptos bíblicos.   Por ejemplo: si yo sólo tuviera frente a mi las palabras “No matarás”  ¿como podría saber la definición y el alcance de este mandamiento? ¿Qué incluye y qué no incluye?  Por ejemplo: ¿Incluye NO MATARÁS la prohibición de matar animales o sólo la de matar personas? ¿Qué pasa con matar en defensa propia, para evitar que nos maten?  ¿Y qué pasa con eutanasia  (matar a una persona moribunda que esta sufriendo) o con el aborto (¿es parte de no matarás? ) o con el suicidio ( a lo mejor “no matarás” no incluye “no te matarás” ), ¿y qué pasa con matar en la guerra o con condenar a muerte a un asesino?
No hay manera de saber exclusivamente a partir del texto qué incluye y qué no incluye “NO MATARÁS?
Por eso, como explicamos , cada precepto de la Torá fue transmitido con su PERUSH, que es la definición BASICA y ESENCIAL de cada uno de los 613 preceptos de la Torá escrita.
Por ejemplo:
La Torá Oral, el PERUSH, indica que la forma de cumplir con el precepto del Tefilín consiste básicamente en:
1. Escribir en pequeños pergaminos las palabras de los 4 párrafos bíblicos en los cuales se menciona el Tefilín.
 2. Colocar estos pergaminos en cajitas de cuero.
3. Realizar una hendidura en el extremo de esas dos cajitas e introducir en esa hendidura unas tiras de cuero.
4 Colocar una de esas cajitas en el brazo y la otra cajita sobre la frente, ajustando las cajitas con las tiras de cuero, etcetera, etcetera.
Ahora que comprendemos lo esencial de la Torá oral podemos volver al octavo principio del judaísmo.
El octavo principio afirma que este tipo de instrucciones básicas, lo que llamamos PERUSH,  NO fueron inventadas por Moisés o por los rabinos. Su origen es divino. Son una parte integral de lo que llamamos en general  “LA TORA” y fueron recibidas por Moisés en el Monte Sinai.
Continuará… 



PRINCIPIO 8: ¿Cómo sabemos que nuestra Torá es auténtica?

El octavo de los trece principios de la fe judía dice que la Torá que poseemos en la actualidad es la misma que le fue dada a Moshé Rabenu (Moisés) en Sinaí.

Exploraremos hoy cuál fue el meticuloso método que usaron los Sabios de Israel para transmitir el texto de la Torá de una manera que se eviten los errores involuntarios. 
Debemos saber que la presencia de errores en la transmisión de textos era algo absolutamente común, especialmente antes del invento de la imprenta.  Ver por ejemplo este artículo (donde dice “Mecánica de la copia”) que explica como solían ocurrir “los errores de copistas” cuando copiaban de un texto a otro.  
El Sefer Torá (libro, pergamino, rollo de Torá), como lo tenemos hoy, contiene exactamente las mismas las palabras que HaShem le transmitió a Moisés.  El texto se ha conservado durante siglos con muchísimo cuidado, ya que nuestros Sabios eran muy conscientes que estaban transmitiendo un texto único: la palabra de HaShem. Y por lo tanto no podían permitir la posibilidad de que hubieran errores involuntarios en la transmisión o la copia de un texto a otro.   ¿Qué hacían entonces los Sabios para evitar errores de copistas? 
Nuestros escribas o copistas eran llamados en hebreo “Soferim”. Ellos fueron los Sabios responsables de copiar el texto Bíblico de un Sefer Torá a otro, manteniendo intacto el texto. La tarea de los Soferim era mucho más difícil en tiempos de guerra, destrucción y el exilio, por ejemplo, después de la destrucción del Primer Bet haMiqdash, donde tenían que huir de un lado a otro y los recursos eran muy escasos.
Para entender el sistema de transmisión que utilizaron esto Sabios tenemos que comprender por qué se llamaban “Soferim”.  La palabra “Sofer” o el plural “Soferim” es un término que se utiliza en referencia a un “escriba”, es decir, al individuo que se dedica a escribir Tefilin, Mezuzot y los pergaminos de la Torá. Pero es curioso que esta  palabra “sofer” en realidad significa “contador” no “escritor” o “escriba”… ¿Por qué los rabinos que copiaban y escribían el Sefer Torá se llamaban Soferim y no por ejemplo “kotebim” , escritores?  Nuestros Sabios explicaron que se llamaban Soferim porque “contaban todas las letras de la Torá”.  Es decir, ellos sabían exactamente cuántas letras tenía la Torá, cuántas letras tenía cada Parashá, y hasta cuántas veces aparecía cada una de las 22 letras del alfabeto hebreo en la Torá y en cada Parashá. Y cada vez que copiaban el texto no solamente leían las palabras sino que también para verificar la exactitud del texto contaban las letras, y se aseguraban así que no hubiera ninguna letra de más o ninguna letra de menos.
Por ejemplo: Ellos sabían desde hace mucho tiempo atrás, desde los tiempo de Moshé rabbenu que fue el primer “Sofer, que la Torá, los 5 Libros de Moshé, contiene exactamente  79.847 palabras y un total de  304.805 letras. Los Soferim también sabían por ejemplo  cuántas letras contiene cada uno de los 5 libros de la Torá: Bereshit: 78.064, Shemot: 63.529, Vayqrá: 44.790, Bamidbar: 63.530, Debarim: 54.892.
De esta manera, cuando escribían un nuevo Sefer Torá contaban las letras para asegurarse de que no faltara nada.
Un ejemplo personal muy sencillo para demostrar cómo el conocimiento del número de letras asegura la exactitud de la transmisión de una palabra. Mi correo electrónico personal es “rabbibitton@yahoo.com”. Cuando yo le digo o le dicto a alguien la primera parte de mi email siempre aclaro que “rabbibitton” se escribe con 11 letras. Muchas veces la gente me dice que pudieron darse cuenta que mi apellido se escribe con doble “T” gracias a que yo les dije “11 letras”. Si no les hubiera dado el número de letras, muchos escribirían “biton”, o “rabi” si no saben inglés. 
El número de letras garantiza la transmisión fiel de una palabra o un texto. 
Este octavo principio de nuestra fe, que la Torá que tenemos hoy es la misma que recibimos en Sinai,  tiene que ver esencialmente con la fe que tenemos en nuestros antepasados.  Confiamos absolutamente que cuidaron y nos transmitieron con absoluta fidelidad y precisión cada letra de nuestra  sagrada Torá. Y desarrollaron un método, contar letras, que garantiza que “la cadena de custodia” del texto más importante del mundo era y es absolutamente confiable.
Mañana B’H veremos que este octavo principio incluye también nuestra creencia que la Torá oral que poseemos hoy es la que fue transmitida por HaShem a Moshé Rabbenu



PRINCIPIO 7: Moshé fue el profeta más importante

Previamente, hemos analizado el sexto principio de la fe judía que afirma nuestra creencia que Dios se comunica con los hombres a través de la profecía. Explicamos quién podría ser un candidato a la profecía y la naturaleza de la profecía (ver aquí).
El séptimo principio también se refiere a la profecía. Aunque trata específicamente sobre los detalles de un solo profeta: Moshé Rabenu (Moisés). El séptimo principio dice que Moshé fue el profeta más grande y más importante que existió, y que ningún profeta alcanzó ni alcanzará el nivel de su profecía.
En primer lugar vamos a discutir en qué sentido la profecía de Moshé fue superior a la de cualquier otro profeta. Y en segundo lugar, por qué es relevante para nosotros Yehudim afirmar la superioridad de Moshé.
Nuestros Rabinos explican que el nivel de la profecía de Moshé fue mayor y dieron algunos ejemplos. Todos los demás profetas, dijeron, recibieron su mensaje profético por medio de una visión, en una especie de trance, o en un sueño. Moshé Rabenu, sin embargo, fue capaz de recibir el mensaje de HaShem, estando consciente y despierto, no en un trance profético. Esto es lo que la Torá llama: panim el panim, literalmente: “cara a cara”, lo que significa que Moshé Rabenu podía escuchar las palabras de Di-s de la misma manera que un hombre escucha a otro hombre en una conversación normal, “cara a cara”.
La posibilidad de estar consciente le permitió a Moshé Rabenu, en primer lugar, ser el receptor perfecto de la Torá. En otras palabras, la Torá no es la interpretación que hizo Moshé de una visión profética. La Torá tampoco está escrita por Moshé via “inspiración divina”. Nosotros creemos que Moshé fue de hecho el escritor de la Torá, pero la Torá le fue dictada textualmente (verbatim) por Dios. Dios le habló a Moisés sin ninguna intermediación. Esta forma de “comunicación directa”, que está por encima de la profecía de cualquier otro  profeta, fue posible porque Moshé estaba totalmente consciente mientras escuchaba a Di-s. Como dijo el Rab Pereira Mendes “… Moshé no recibió el mensaje de Dios en visiones o en parábolas… sino en plena posesión de sus facultades” .
Estar consciente durante la recepción de la profecía también le permitió a Moshé “hablar” con Di-s, iniciar la comunicación con Dios. Algo que ningún otro profeta alcanzó…. Si bien tenemos textos que describen diálogos entre otros profetas y Di-s, la tradición judía explica que estos diálogos tuvieron lugar en una visión profética, no en la vida real. Moshé Rabenu, por otro lado, podía comunicarse con Dios a voluntad, “cada vez que él lo deseaba, podía ser envuelto por la inspiración divina, y la profecía descendía sobre él” (Maimónides, Yesodé haTorá 7:6), lo que le permitía estar en un contacto constante con Di-s.
Por lo tanto, Moshé fue capaz, por ejemplo, de hacerle una pregunta a Di-s, algo que ningún otro profeta pudo hacer. Después del pecado del becerro de oro, un encuentro muy cercano entre Di-s y Moshé tuvo lugar. Moshé oró a HaShem para que perdone al pueblo judío. En un momento Moshé Rabenu le dijo a HaShem: “Hazme conocer Tu gloria”. Nuestros Jajamim explican que Moshé le estaba preguntando a Dios una pregunta muy difícil: “¿Por qué permites que le sucedan las cosas malas a la gente buena”. Tal vez en nombre de toda la humanidad, Moshé le hizo a Di-s la pregunta que tantas veces perturba nuestra mente . La respuesta de HaShem a Moshé es materia de un extenso análisis. Pero en lo que se refiere a nuestro tema, Di-s le demostró a Moshé (y a nosotros) que la respuesta a esa, y a otras preguntas de esta naturaleza, estaba más allá de la comprensión de cualquier hombre (כי לא יראני האדם וחי), incluso de Moshé. Esto nos enseña que aún el más grande de los profetas, Moshé, era un ser humano con límites, no era un hombre-dios. Moshé sabía esto y por eso dice la Torá que, a pesar de su nivel elevadísimo de profecía (o quizás gracias a él) Moshé fue el hombre más humilde sobre la faz de la tierra.
Ahora bien, ¿por qué es tan importante hacer hincapié que la profecía de Moshé nunca será superada por la de otro profeta en el futuro? Porque la Torá nos fue entregada a través de la intermediación de Moshe. Y, como vamos a aprender en el siguiente principio, la Torá es eterna e inmutable. Concebir que otro profeta podría alcanzar el nivel de Moshé Rabenu, abriría la posibilidad de que nuestra Torá pudiera ser cambiada o reemplazada por ese otro profeta ח”ו .



PRINCIPIO 6: La escuela de Profetas

Estamos explicando el 6to principio de la fe judía: Di-s se comunica con los hombres a través de la profecía.
Ayer dijimos cuáles son los tres requisitos para que una persona pueda ser candidato a recibir la profecía (ver aquí). Comentamos que más allá de ser un hombre (o una mujer, ya que hubieron 7 profetizas en Am Israel)  temeroso de Di-s, y en total control de sus impulsos físicos y psicológicos, el profeta tenía que ajustar su mente a la realidad de Di-s, dejando de lado lo habitual y lo material. El aspirante a profeta se debía comportar como si fuera “absolutamente rico”, es decir, con un total desinterés por acumular más posesiones materiales. Y obviamente, una mente que esperaba recibir un mensaje de Di-s, no podía distraerse con actividades mundanas.
Parafraseando al Rab Jaim Pereira-Mendes: “Los profetas eran hombres dedicados a la oración. Su principal ocupación era la conexión espiritual con Dios y la meditación constante en Sus palabras… todo esto combinado con una conducta moral intachable…  así se disponían los hombres y mujeres de la Biblia a recibir la inspiración o los mensajes divinos (a esta preparación se la conoce en hebreo como התנבאות). Así como la consecuencia del ejercicio físico es el desarrollo de una mayor posibilidad física, estos ejercicios mentales resultaban en un desarrollo espiritual superior, y el candidato a Profeta alcanzaba por lo tanto mayores posibilidades espirituales.”
De acuerdo con nuestra tradición había escuelas para la formación de profetas, como la establecida por el profeta Shemuel. Los estudiantes de estas escuelas eran llamados “bene hanebi-im  (בני הנביאים), es decir, “aprendices de profetas”. En esa escuela se preparaban para alcanzar el nivel de comportamiento y comprensión que les permitiría renunciar a la ambición material,  adquirir la fuerza para controlar los impulsos y alcanzar la humildad, que es la clave de la sabiduría. Según algunos ge-onim, los aspirantes a Profetas también se entrenaban en técnicas que hoy llamaríamos “meditación”, es decir, control y concentración mental para “tolerar” la profundísima experiencia de absorber una visión que viene directamente de HaShem, un esfuerzo mental indescriptible, que como dice Maimónides, dejaba a los profetas exhaustos. (Si el lector está interesado en saber más acerca del fascinante mundo de la profecía, le recomendaría leer al Rab Aryeh Kaplan, z”l, especialmente el libro “Inner Space: Introduction to Kabbalah, Meditation and Prophecy”).
Cuando una persona lograba perfeccionar su carácter, su mente y su espíritu en los más altos niveles, estaba preparado entonces para recibir la profecía. Y trataba de meditar y “sintonizar” su pensamiento con la palabra de HaShem (a esta actividad se la llama en la Torá מתנבאים, אֶלְדָּד וּמֵידָד מִתְנַבְּאִים בַּמַּחֲנֶה).
Pero aún así, no existía ninguna garantía de que el aprendiz de profeta necesariamente recibiera la profecía. De alguna manera recibir el mensaje profético se podría comparar con recibir un llamado telefónico de HaShem. Y la perfección de carácter alcanzada por el aspirante a Profeta se podría comparar con tener un teléfono celular. Obviamente, si uno no tiene teléfono, no podrá recibir esa llamada. Pero por el otro lado, el hecho de que alguien tuviera el aparato telefónico activado y sintonizado en la frecuencia Divina no garantizaba que recibiera ese llamado. Esa persona era un receptor potencial de la llamada de Di-s. Pero la decision final de llamar o no llamar es prerrogativa de HaShem.



PRINCIPIO 6. ¿Quién puede ser un profeta?

Comenzaremos hoy a explicar el 6to principio de la fe judía: Di-s se comunica con los hombres a través de la profecía. 
Como introducción a este fascinante tema, veremos en primer lugar cuáles son los requisitos para ser un candidato a la profecía. 

 

Los profetas de Israel fueron seres humanos excepcionales. Llamados por Dios para reencauzar (teshubá) al pueblo judío y / o a sus gobernantes. Para merecer esta delicada misión, los profetas tenían que ser individuos modelo, y poseer un carácter extremadamente refinado.

 

Maimónides explica que al profeta se lo podia reconocer porque poseía 3 características son la condición sin a qua nonpara ser candidato a recibir la visión profética. El poseer esas 3 características, sin embargo, no garantizaba que este individuo recibiera el llamado de HaShem (=profecía, en hebreo נבואה). HaShem se comunicaría o no con él, si así lo quería o si HaShem consideraba que este individuo podía inspirar al pueblo de Israel a hacer Teshubá.

 

Las 3 características del profeta son:  Fortaleza, sabiduría y riqueza material   (חכם, גיבור, עשיר).

 

En su comentario a la Mishná Maimónides explica a qué se refiere cada una de estas virtudes.

 

FORTALEZA: Esto no significa que el candidato a profeta fuera capaz de vencer a todos los hombres contra quien luchara. “Fortaleza” significa que el candidato a profeta debe ser capaz de dominarse a sí mismo. Controlar, y si es necesario vencer sus impulsos físicos. Esta fortaleza emocional debía manifestarse principalmente en las 3 siguientes areas:  a)Los impulsos más básicos como la comida y la sexualidad. El profeta, como cualquier otro Yehudí, no tenía que eliminar estos impulsos, sino encauzarlos. Es decir, darles el lugar, el tiempo y las formas que corresponde. Y resistirlos cuando no corresponde. b) Luego están los instintos un poco más difíciles de dominar. Estos son impulsos más sicológicos que físicos, y a diferencia de los dos primeros, no los compartimos con los animales. Me refiero especialmente a hablar. Controlar lo que uno dice. Por ejemplo: leshón hará, chismes, palabras ofensivas, vanidades, etc. Y también lo que uno ve, ya que lo que miramos afecta lo que pensamos. c)Finalmente, el area más difícil de dominar es el pensamiento.  El candidato a profeta debía ser capaz de controlar su mente. Poder alcanzar una concentración perfecta. Abstraerse de distracciones. Si un hombre no era capaz de fijar su pensamiento y  enfocarse totalmente en Di-s, no podría recibir Su profecía.

 

SABIDURIA: La sabiduría no consiste en saberlo todo, sino en buscar aprender de todos.  El candidato a profeta es un ser humano que nunca siente que ya no tiene más que aprender. Nunca se gradúa.  Está en un constante crecimiento intelectual y espiritual. Su sed de conocimiento se concentra particularmente en el area de Torá. El candidato a profeta quiere saber más de haShem ( ידיעת ה’). Saber más de sus obras. De su voluntad. De Su sabiduría. Quiere descubrirlo. Y a medida que la experiencia de su vida lo enriquece, el candidato a profeta llega a nuevos niveles de comprensión. Se supera a sí mismo. Evoluciona. Por ejemplo: a medida que nuestra certeza sobre la existencia de Di-s crece, nuestra percepción de la realidad que nos rodea, cambia.  Cuanto más seguros estamos de Su existencia, menos nos importan las distracciones materiales, y viceversa.
“Sabiduría” es lo contrario de “estancamiento”, intelectual y espiritual.

 

RIQUEZA: Finalmente, el candidato a recibir la profecía debe ser un hombre “materialmente” rico. No debe faltarle dinero. Es decir, debe tener todas sus necesidades y ambiciones materiales cubiertas. “Rico” es aquel que no necesita más de lo que ya tiene. Sin importar cuánto tiene. En el judaísmo, la riqueza no se mide por lo que uno tiene sino por lo que uno necesita. Un candidato a profeta se consideraba rico aunque tuviera sólo un capital total de 100 pesos, si no necesitaba más que esos 100 pesos. Mientras que otra candidato sería considerado “pobre” aunque tuviera un millón si quería o “necesitaba” tener dos.  La fórmula para medir la riqueza material no es: cuanto más uno tiene, más rico es. La fórmula es:  cuanto uno menos necesita, más rico es.



PRINCIPIO 5: Rezar exclusivamente a Dios (2nda Parte)

En la primera parte explicamos que uno de los 13 principios de la fe judía es que sólo le rezamos a “HaShem”, Dios.  Y le rezamos a Él sin intermediarios. Es decir, no rezamos a “santos”, “angeles” o “espíritus”. Sólo y directamente a Di-s.
También explicamos que podemos y debemos rezar unos por otros, y esto no se considera una intermediación.
Lo que también podemos hacer es rezarle a HaShem y pedirle que escuche nuestra Tefilá por el mérito de nuestros ancestros. Generalmente invocamos el mérito de Abraham, Isaac y Ya’aqob.  Esto esta claramente declarado en la Amidá: “vezojer jasdé Abot” , HaShem recuerda, o sea, “considera a nuestro favor”, el mérito de nuestros ancestros.
Lo que está considerado idolatría es cuando yo LE REZO a un humano o a un no-humano, vivo o muerto; a cualquier otra cosa o entidad que no sea HaShem.
Ilustración: HaShem hizo milagros a través de Moshé Rabenu, de Eliyahu haNabi , etc. . Ahora bien, REZARLE a Moshé, o a Eliyahu haNabi o a Rabbí Meir es una grave transgresión. No puedo decir por ejemplo: “Eiyahu haNabi, o Rabbi Meir,  por favor, respóndeme, sálvame, haz un milagro” etc. Esto seria  totalmente incorrecto.
Imagino que algunas personas pueden caer en este y otros errores similares involuntariamente a partir de una situación desesperada, en la que desean fervientemente  que sus oraciones sean escuchadas.
Y si bien, como explicaremos BH mañana, no hay ninguna garantía que nuestras oraciones sean siempre atendidas por Boré Olam a nuestro gusto,  nuestros Profetas y nuestros Sabios nos advirtieron qué hay elementos que garantizan que mis oraciones sean completamente ignoradas por HaShem, aún cuando le recemos directamente a Él.
Lo que puede causar que nuestras oraciones sean rechazadas por HaShem es nuestra mala conducta. Nadie describió este escenario de hipocresía religiosa mejor que el Profeta Yesha’ayahu, cuando dijo en nombre de Di-s: (1:15) “Cuando ustedes extienden sus manos en oración [hacia Mí], yo desviaré Mi mirada de Ustedes. Y aunque me ofreciesen multiples oraciones, NO los escucharé”. Yesha’ayahu afirma que a veces HaShem no nos mira, ni escucha nuestras oraciones.  Ahora bien, ¿en qué situaciones HaShem rechaza nuestras oraciones? El final de este versículo 1:15 lo dice explícitamente. No escucharé vuestras oraciones porque “vuestras manos están llenas de sangre”.  La gente era corrupta. Mataban, robaban, engañaban, sobornaban. No protegían ni a la viuda, ni al huérfano, ni a los pobres. Por el contrario: se abusaban de los más débiles, de los que no eran capaces de defenderse.  Esa mala gente venía al Bet haMiqdash después de cometer todas esas inmoralidades y se atrevían a orarle a Di-s, como si HaShem no pudiera ver lo que hacemos, o como si hubiera una total desconexión entre lo que hacemos y lo que rezamos, o como si a HaShem se lo pudiera “sobornar” con oraciones o sacrificios…  Y por esa razón HaShem los rechazaba, y NO escuchaba sus oraciones.
Yesha’ayahu haNabi les explicó: Con nuestro Di-s, no funciona de esa manera. HaShem rechaza la oración de los malvados.
Ahora bien, dijo Yesha’yahu: esa situación se puede rectificar. Y para que esta situación se revierta, y que Di-s esté dispuesto a escuchar sus oraciones,  Yesha’ayahu les dice: (1:16-17)“Purifíquense (=arrepintiéndose de vuestras malas acciones) …dejen ya de hacer el mal. Aprendan a hacer lo correcto. Busquen la justicia. Protejan a los oprimidos. Defiendan la causa del huérfano y de la viuda”. Entonces HaShem va a escuchar atentamente vuestras oraciones.
Termino con las hermosas palabras de Rabbí Jaim Pereira-Mendes  (1852-1937) sobre este mismo tema: “La oración sin una conducta apropiada es peor que inútil. Es un insulto a Di-s. Nuestros profetas condenaron la oración y los sacrificios…. cuando nuestra conducta es inaceptable ante Di-s.  Las oraciones sin la conducta correcta…  fallan en su propósito. No podemos esperar que Di-s conteste nuestras oraciones a menos que practiquemos la justicia, la compasión y nos encaminemos modestamente ante Él.”
Continuará…



PRINCIPIO 5: Rezar sólo a HaShem

El quinto principio de la fe judía dice que sólo corresponde rezarle a Di-s, y uno no debe orar a nadie más que a Él. No debemos orar a un ángel, a una estrella, a una constelación o a una persona muerta o viva, aunque esa persona sea o haya sido un gran Tzadiq. Debemos orar exclusiva y directamente a Di-s. Rezar a algo o a alguien que no sea Di-s está considerado como una forma de idolatría.
También está prohibido rezarle a Di-s a través de intermediarios.  Imaginando que esos intermediarios llevarán nuestra oración a Di-s. Por ejemplo, en otras religiones uno le reza a un dios menor, a un ángel o a un líder religioso fallecido, para que ese dios menor, ese ángel o el espíritu de ese líder lleve ese oración al dios mayor.  En el judaísmo todo esto también es considerado idolatría (‘abodá zará). 
Según Maimónides, el error de la generación de Enosh (= la civilización que se desarrolló después de Adam, y que se apartó de Di-s) fue el siguiente razonamiento:  ya que Di-s creó los cuerpos celestes para servir el mundo (como el sol y la luna), y estas creaciones son “los servidores del Rey”, sería apropiado alabar y honrar a los siervos del Rey, ya que así estaremos honrando indirectamente el Rey (además, creo yo, era tentador rezar a esos “servidores de Di-s” que eran visibles y parecían así más accesibles que HaShem).    Estos individuos, dice Maimónides, comenzaron a construir templos o pirámides para el sol y luna, y dedicarles tributos, pensando que así estaban honrando a Di-s.  Al final dice Maimónides, esos hombres acabaron olvidándose de HaShem y sirviendo a los astros….
Como ya explicamos, cuando uno le reza a cualquier entidad o intermediario, humano o no humano, real o imaginario, a pesar de que uno piense y declare que su finalidad es rezarle a Di-s,  se considera idolatría.
Muchas veces, las personas creen erróneamente que si sus intenciones son correctas, sus acciones no serán consideradas negativas. Pero, dada la gravedad de la prohibición de la ‘aboda zará (idolatría), un Yehudí temeroso de Di-s debe ser extremadamente cuidadoso en estos temas y orar única y directamente a HaShem. Una de las mejores formas de no incurrir en estos gravísimos errores es estudiar las leyes de ‘abodá zará .
Ahora bien: no hay que confundir la prohibición de rezarle a supuestos intermediarios de Di-s con el hecho de que alguien rece por mí.  Rezar uno por el otro no sólo no está mal, sino que es  meritorio (rezar “por” otra persona no es lo mismo que rezarle “a” otra persona).  De hecho, los judíos siempre rezamos dirigiendo nuestra oración a Di-s de una forma inclusiva: en la primera persona del plural, rezando colectivamente unos por otros. No está mal que una persona rece y pida por otros. Este tipo de “intermediación” es habitual y loable.     
El Talmud también registra innumerables casos de Talmidé Jajamim u otras personas que tenían muchos méritos, especialmente por su actos de Jesed (compasión, benevolencia) como Rabbi Janiná ben Dosá, o por su intachable integridad, como Abbá Jilquiá, a quienes los Jajamim acudían (a él y a su esposa) para que recen por ellos, en virtud de sus enormes méritos.  
Continuará…

 

Dedicado a la memoria del Capitán Ishay Rosales, de 23 años de edad, z”l. 



PRINCIPIO 4: Dios es Eterno

Como hemos comentado anteriormente, ya que Di-s no es y no tiene un cuerpo, nada relacionado con el mundo físico se puede aplicar a Él. El sueño, la vigilia, la ira y la risa, o la alegría y la tristeza, no se aplican a Él. Siempre que la Torá o los profetas hablan de Di-s de esta manera (antropomorfismo), lo hacen de una forma metafórica o alegórica. Y del mismo modo, no podemos aplicar a Di-s, los conceptos de nacimiento o final. Di-s no existe en el tiempo (o, existe independientemente del tiempo). Las ideas de principio, final o edad no se aplican a Él.
Preguntarnos “Si Di-s creó el mundo, ¿quién creó a Di-s?” sería como preguntar: “Si el panadero amasó el pan, ¿quién amasó al panadero?” El concepto de “amasar” se aplica a lo que el panadero produce, pero no por eso se podrá aplicar a la existencia del panadero. Del mismo modo, el concepto de creación no se puede aplicar al Creador.  Di-s es eterno. Y todo fue creado por Di-s de la nada, incluyendo el “tiempo”, que es una de las creaciones de Di-s.
Hay un punto muy importante en el campo del debate Ciencia y Judaísmo que se desprende de este principio.  Los judíos nunca creímos en la eternidad del universo. El 4to principio de nuestra fe afirma que sólo Di-s es eterno. Maimónides (1165-1204) escribió: “Un principio fundamental de la Ley de Moisés es que el mundo fue creado por Di-s a partir de la absoluta inexistencia. Lo que observas, lector, que en repetidas ocasiones yo argumento en contra de la eternidad del mundo contra la opinión de los filósofos, es para demostrar el carácter absolutamente [Supernatural] de Su existencia, como lo he explicado y aclarado en la Guía de los Perplejos “.
¿Por qué Maimónides enfatizó esta creencia? Empezando probablemente con Aristóteles los filósofos y los científicos siempre negaron que el Universo haya tenido un principio. Decían que el universo era eterno y no había un punto de comienzo (‘olam qadmon). Esta idea comenzó a cambiar sólo en 1930, cuando Edwin Hubble descubrió que el universo se estaba expandiendo. Si el cosmos se expande, y no se mueve en círculos como se pensaba anteriormente, entonces tiene que haber tenido un “punto cero”. Unos años más tarde muchos científicos llegaron a una fórmula inductiva simple que afirmaba que si retrotraemos la película de la expansión del universo inevitablemente llegaremos a un momento de inicio, al principio del universo. La más famosa hipótesis sobre este tema es el Big Bang, que en realidad, y aunque esto no se enseña en las escuelas, reafirma la idea bíblica del “principio [Bereshit] del Universo” después de 25 siglos de que la ciencia lo haya negado.
Ahora bien, cuando un científico afirma que el Universo tuvo un comienzo a partir de una “singularidad inicial de densidad infinita, que contenía la totalidad de la masa y el espacio-tiempo del universo”, pero sin la intervención Divina, tendría que poder demostrar  de dónde  surgió esa singularidad. Mientras que por definición, Di-s es eterno, en términos científicos, es absolutamente necesario explicar cómo algo surgió de la nada. Esta pregunta sin respuesta posible es, sin duda, el talón de Aquiles de la teoría del Big Bang.
Una cosa más. Según el rabino Jaim Pereira-Mendes (1852-1937), la eternidad de Di-s tiene también implicaciones en nuestras expectativas sobre la justicia Divina (¿por qué las cosas malas le suceden a la gente buena? etc.). Puesto que Di-s es eterno, el castigo para los malvados o la recompensa para los justos podría tener lugar más allá de los plazos de nuestras limitadas vidas. “El conocimiento de que Di-s es eterno, especialmente cuando se combina con el conocimiento de que Él es omnipotente, nos ayuda a resolver uno de los más grandes enigmas de la vida terrenal …. ya que a menudo se observa que el hombre bueno sufre desgracias  y los malvados tienen éxito…. Pero cuando entendemos que Di-s es eterno, comprendemos que a Él se encargará a su debido tiempo y en su propia manera, en esta vida o en la vida futura, de beneficiar a los justos y castigar a los malvados… y así se resuelve este misterio y sus aparente contradicciones”.



6. Tener presente a Dios en las buenas y en las malas

Para hablar de la Emuná de Yosef debemos aclarar primero  la noción de Emuná.  Emuná se traduce generalmente como “fe”, y se entiende como “creer” en la existencia de D-s.  La Emuná de Yosef, y la Emuná de un Yehudí, como explicaremos en las próximas lineas, va mucho mas allá de ese tipo de “Fe”.  Emuná consiste en TENER presente a D-s, HACERLO presente en nuestras vidas.
Ahora vamos a hablar de Yosef.  Hay una diferencia fundamental entre Yosef y sus antepasados.  HaShem habló, se comunicó de una manera directa, con Abraham, con Isaac y con Ya’aqob. Pero HaShem nunca habló “directamente” con Yosef. Por otro lado vemos que HaShem estaba muy cerca de Yosef. La Torá nos cuenta (Gen. 39:23) que gracias a la intervención Divina Yosef prosperó en todos sus emprendimientos  ואשר הוא עושה ה’ מצליח .
Ahora, bien ¿cómo logró Yosef que HaShem esté cerca de él, si HaShem no hablaba directamente con él?
HaRambam, Maimónides, describe de una manera absolutamente sencilla pero muy profunda cuál es el secreto para que HaShem esté con nosotros. Dice Maimónides que HaShem estará tan cerca de nosotros como nosotros estemos de Él.  Cuando pensamos en HaShem, Su Presencia, por decirlo de alguna manera, se sincroniza con nuestro pensamiento.
En todas las circunstancias que le tocó vivir, Yosef siempre tuvo a HaShem en su mente.
Yosef tuvo presente a HaShem cuando fue provocado por la esposa de Potifar (Gen. 39:9). Como explican nuestros Jajamim, en ese momento Yosef vio la imagen de su padre, que le recordaba que lo que podría pasar con la esposa de Potifar, no seria correcto a los ojos de HaShem.
En los peores momentos de su vida, cuando estuvo preso por un crimen que no cometió, y sin ninguna esperanza lógica de salir de allí, Yosef no abandonó a HaShem. Muchas personas posiblemente no hubieron persistido en su Emuná en la circunstancias de Yosef. ¿Por qué? Porque cuando alguien está muy mal, y especialmente cuando uno es víctima de una injusticia,  puede pensar que HaShem lo abandonó, o que D-s no existe, ח”ו . Pero Yosef perseveró. Tuvo a HaShem presente y no dejó de pensar en Él y mencionarlo (40:8).
Por el otro lado, cuando Yosef ve que llega su hora de éxito e interpreta efectivamente los sueños del Faraón, también menciona a haShem (Gen. 41:32) Cualquier otro individuo se hubiera jactado de poseer una gran sabiduría o superpoderes. Pero Yosef tuvo presente a HaShem y le atribuyó a Él la interpretación.
Y cuando Yosef finalmente triunfó, también siguió pensando en HaShem. Yosef tuvo presente  y mencionó a HaShem cuando perdonó a sus hermanos (50:19,20).
Este es probablemente el logro más importante en la Emuná de una persona: tener presente a HaShem cuando uno es rico y está sano. Muchas personas fallan en el desafío de la riqueza y el bienestar. Se olvidan de HaShem porque sienten que ya no lo necesitan  ח”ו. Nuestros jajamim nos advirtieron sobre este fenómeno cuando nos dijeron  que “el desafío de la riqueza (tener presente a HaShem cuando es rico) es más difícil  que el desafío de la pobreza גדול נסיון העושר מנסיון העוני.
Ahora podemos entender mejor por qué la Torá dice que HaShem estaba con Yosef: HaShem estaba junto a Yosef porque Yosef tenía a HaShem en su mente en todo momento.
De Yosef aprendemos también que si alguna vez sentimos que HaShem está lejos de nosotros es porque seguramente nosotros nos hemos alejado de Él.
 
SHABBAT SHALOM!
Rab Yosef Bittón
Comunidad Ohel David UShlomo
710 Shore Boulevard, Brooklyn, NY.
לע”נ עופר בן ארי והרב ראובן בילמאכר
Lamentablemente, en los últimas semanas, escuchamos casi a diario muy malas noticias sobre nuestros hermanos de Erets Israel.   La maquinaria asesina del enemigo no cede y hace un par de días, en el corazón de Yerushalayim, el rabino Reuben Bilmajer הי”ד fue asesinado a sangre fría por dos terroristas palestinos. El Rab Bilmajer era argentino y había hecho Aliya hace unos pocos años con su esposa y sus siete hijos.  Creo que esto, como hispano-parlantes, nos toca muy de cerca.  Es por eso que quiero invitar a los lectores de Halaja of the day a sumarse a una campaña que esta realizando Aish haTora para juntar fondos para la esposa y los hijos del rab Bilmajer.  En este link  está toda la información necesaria para hacer una donación.
TIZKU LAMITSVOT!!!!



Hoy es el 10 del mes de Tebet, un día de ayuno

Hoy es el día diez del mes de Tebet. Previamente explicamos cuáles son las tres tragedias que recordamos hoy (ver aquí y aquí). El evento principal que hoy rememoramos es el inicio del asedio a Yerushalayim por Nebujadnezzar, rey de Babilonia. El sitio de la ciudad marcó el comienzo de la batalla que finalmente destruyó Jerusalem y nuestro primer Bet haMiqdash en el año 586 antes de la era común. Cientos de miles de Yehudim murieron de hambre durante el sitio; fueron muertos en batalla, capturados como esclavos o enviados como prisioneros de guerra al exilio en Babilonia. La fecha del diez de Tebet fue registrada por el profeta Yejezqel, quien en el tiempo de la destrucción del Bet-haMiqdash vivía ya exiliado en Babilonia junto con el primer grupo de cautivos judíos que fueron llevados allí por Nebujadnetsar, once años atrés.
Como  todos los días de ayuno, hoy es un día que debe ser dedicado a la Teshubá (retorno, arrepentimiento). En las palabras de Maimónides (MT, Hiljot Ta’anit, 5:1), hoy debemos recordar nuestras transgresiones y errores, que son similares a los errores cometidos por nuestros antepasados. Esas transgresiones trajeron la destrucción de nuestro Bet haMiqdash y el distanciamiento de la Shejiná, la presencia de Dios, de nuestro medio. El acortamiento de la distancia entre nosotros y nuestro Creador está en nuestras manos. Y esa renovada cercanía nos traerá más cerca de ver a nuestro Bet haMiqdash, una vez más, reconstruido.
 
YOM HAQADDISH HAKELALI
En el Israel moderno, el día 10 de Tebet también es considerado el día del Kaddish haKelaly. De acuerdo con el Gran Rabinato de Israel, el diez de Tebet se debe encender una vela en la Sinagoga y recitar la hazkará lejalalé haShoá, la oración en memoria de las víctimas del Holocausto. Además, especialmente en comunidades Ashkenazim, se acostumbra que todas aquellas personas cuyos padres no están vivos dicen en ‘Asara beTebet el Kaddish Yatom (Rabbanut haRashit LeIsrael, luaj dinim uminhaguim 5772, páginas. 55 y 109).
Este punto requiere más explicación.
En 1949, y antes de que se estableciera el día de Yom HaShoah, el Gran Rabinato de Israel decidió que el diez de Tebet fuera asignado como el día nacional en memoria de las víctimas del Holocausto. Los rabinos principales de Israel en ese momento recomendaron formas tradicionales judías de recordar a nuestros hermanos asesinados en la Shoá, como el estudio de la Mishná Miqvaot, la recitación de Tehilim, el encendiendo de velas y la recitación colectiva del Kaddish particularmente por las víctimas del Holocausto cuyos nombres y fecha de la muerte nos son desconocidos. El ayuno, la expresión judía más común de dolor, ya se realizaba de cualquier forma en el diez de Tebet.
Muchas personas, sin embargo, consideraron que el horror del Holocausto debía ser recordado en un un día adicional especial que fuera dedicado exclusivamente a la memoria de todas las víctimas de la Shoá. “Para los sobrevivientes había sólo un día digno de ser conmemorativo del aniversario del Holocausto, el 19 de abril, el día que comenzó el levantamiento del gueto de Varsovia, la mayor rebelión de todas, que mantuvo a los nazis a raya durante un período más largo de lo que logró el gran ejército francés”. Así es como en 1953 el 27 de Nisan (el 19 de abril 1943) fue elegido por la Keneset de Israel para conmemorar Yom haShoá.
Desde entonces, y en la práctica, hay dos días en el cual se recuerda el horror del Holocausto y se honra a sus víctimas: Yom haShoá, y hoy, ‘asara beTebet,  el día en el que mucha gente, especialmente en Israel, dicen el Kaddish colectivamente, para recordar a las víctimas del genocidio nazi.
¿Quién está exento del ayuno de 10 del Tebet?
Los menores de edad: niños menores de 13 años y niñas menores de 12 años están completamente exentos de este ayuno.
Las mujeres embarazadas están exentas de este ayuno.
Las mujeres lactantes. En muchas comunidades Sefaradíes la tradición es que después de dar a luz las mujeres están exentas de ayunar durante 24 meses, incluso cuando ya no están amamantando a su bebe. En algunas comunidades Sefaradies y en las comunidades Ashkenazies sólo se excusa de ayunar a las mujeres que están amamantando a sus bebes. Rab Obadiá Yosef dice que durante dos años luego del parto, si la mujer se siente débil podrá no ayunar, aunque ya no esté amamantando a su bebé.  Consulte con el rabino de su comunidad.
Una persona que se siente mal, por ejemplo, con síntomas de gripe o fiebre, o una persona con una enfermedad crónica, como  diabetes, no debe ayunar.
Las personas mayores de edad deben consultar con sus médicos para determinar si el ayuno afectará su salud. En cuyo caso están exentos de ayunar.
El ayuno se observa desde el amanecer hasta el anochecer .
En Nueva York, el ayuno finaliza hoy a las 16:52. Para ver el horario de comienzo y finalización del ayuno en su ciudad haga click aquí