BERAJÁ 13 de la AMIDÁ: Protege a quienes cuidan de nosotros.

על הצדיקים ועל החסידים
Concede Tu compasión, HaShem nuestro Dios, a los justos y a los piadosos, 
a los sobrevivientes de Tu pueblo Israel, (a sus ancianos)  y a sus Sabios, que son perseguidos;  a los verdaderos prosélitos, y a nosotros.
Otorga una recompensa apropiada a todos los que confían verdaderamente en Tu nombre.
Y [ayúdanos para] que seamos contados entre ellos. 
Y que nunca seamos avergonzados por haber confiado en Tí, 
ya que siempre nos apoyamos en Tu infinita bondad. 
Bendito eres Tú, HaShem, que eres el respaldo y el amparo de los [hombres] justos.
Pedimos por los justos en esta sección que trata de las solicitudes «nacionales» porque los Tsadiqim son los héroes de nuestro Pueblo: los hombres y mujeres que la Nación de Israel tiene como modelo a seguir e imitar.
«Cuida con Tu compasión, HaShem nuestro Dios…»
En esta bendición pedimos a HaShem que proteja y ayude a las personas justas y piadosas. Y a todos aquellos que por su condición política (los Sabios de Israel, por ejemplo, eran perseguidos a muerte en la época del Imperio romano para erradicar la tradición oral del pueblo judío) física o moral son especialmente vulnerables a la opresión. Pedimos que cuide de aquellos que se comportan con bondad y justicia, que buscan el conocimiento de Dios y la obediencia de Sus mandamientos.
«…a los justos y a los piadosos…» 
Los justos, Tsadiquim, son los que siguen estrictamente los mandamientos de Dios; mientras que los piadosos o Jasidim se comportan en un nivel por encima de la rectitud. Me explico: los Jasidim son las personas justas que practican nuestra Torá más allá de sus deberes religiosos en un área específica de Mitsvot: Jésed, «bondad». Lo que incluye las buenas acciones que uno hace por otras personas: visitar a los enfermos, consolar a los dolientes, ayudar a los necesitados, cuidar y proteger a los más débiles, etc.  Mientras que el exceso en ciertas Mitsvot rituales puede ser considerado contraproducente, objetable o un síntoma de arrogancia, en el área de Jésed, «bondad», hacer más de lo que la Torá nos exige, es noble e incuestionable.  Es importante notar que la categoría de justos y piadoso es dinámica y completamente independiente de «castas». En otras palabras, cualquier persona puede pertenecer a la categoría de justos o piadosos, dependiendo exclusivamente de la rectitud y de las buenas acciones de uno.
«Otorga una recompensa apropiada… y que seamos contados entre ellos»
En esta Berajá pedimos a HaShem que recompense a los justos y a todos aquellos que ponen su confianza en Él. También le solicitamos a HaShem que nos inspire a seguir los pasos de los justos, y  que nos ayude e inspire para que también seamos parte de ellos.
«Y que nunca seamos avergonzados por haber confiado en Tí…» 
¿Por qué los Tsadiqim y los Jasidim merecen una protección especial y una recompensa apropiada?  Porque las personas íntegras, y especialmente los Jasidim, viven de acuerdo a standards de altruismo que son muy diferentes al del resto de nosotros. Se comportan como si hubieran venido a este mundo sólo para dar, y no para recibir. Son expertos en defender a los demás, pero no saben defenderse a sí mismos. Cuidan de otras personas, muchas veces desatendiendo sus propias necesidades. Conozco voluntarios, por ejemplo, que se dedican con tanto esmero y entrega a cuidar a los enfermos, a asistir a los necesitados y a ayudar a los pobres, que a veces no los queda tiempo o energía suficientes para cuidar de sí mismos o incluso de sus propias familias. Por eso le pedimos a HaShem que brinde a estos ángeles-humanos una protección especial.   Además, no es raro que las personas demasiado nobles queden expuestas no solo a la ingratitud sino también al abuso….  Por eso le pedimos a HaShem que no permita que las personas de bien se avergüencen por exceso de nobleza y bondad.
Pedimos que HaShem los proteja cuando exponen su vulnerabilidad, y que los recompense cuidando de ellos y de sus familias como ellos cuidan de otras personas.



BERAJÁ 11 de la AMIDÁ: El fin de la corrupción judicial

השיבה שופטינו כבראשונה
Restaura a nuestros jueces como al principio, y a nuestros líderes políticos como en los [buenos] tiempos,
Y así quitarás de nosotros el sufrimiento y la angustia, 
Y reina Tú sobre nosotros, pronto, Tú, HaShem, únicamente, con bondad y misericordia, con rectitud y justicia
Bendito eres Tú, HaShem, el Rey que ama la rectitud y la justicia.
Para comprender esta Berajá (bendición) debemos primero entender su contexto.  En primer lugar, recordemos que en esta sección, y por las próximas 4 berajot, nuestros pedidos son realizados no como individuos sino como «Pueblo de Israel». En segundo lugar, que estos pedidos (volver a Israel, ver Jerusalem reconstruida, etc. ) son nuestras máximas aspiraciones nacionales, podríamos decir, mesiánicas.  En tercer lugar, es posible que estas bendiciones estén presentadas según el orden en el que estos eventos deben suceder en los tiempos mesiánicos: por ejemplo, primero regresaremos a Israel, luego se reconstruirá Yerushalayim, etc.
Volvamos ahora a nuestra Berajá.
Restaura a nuestros jueces como al principio, y a nuestros líderes políticos como en los [buenos] tiempos… [lit. en los tiempos antiguos]…
Al igual que la Berajá anterior, el texto y las ideas de esta bendición están tomados del profeta Yesha’ayahu.
En el primer capítulo de su libro, en la Haftará que leemos el Shabbat previo a Tish’a beAb, Yesha’ayahu dice explícitamente que la destrucción de Yerushalayim, del Bet haMiqdash y el exilio del pueblo judío, vendrá como consecuencia del robo, la estafa, el crimen y la corrupción de los jueces y gobernantes. Así dice el profeta de Israel en el pasuq 1:23  «Los jueces son corruptos, amigos de los ladrones. A cambio de dinero y de regalos declaran culpable al inocente, maltratan al huérfano y niegan ayuda a las viudas.» Hacia el final de este texto (1:26-27), Yesha’ayahu concluye con un mensaje de esperanza, que tiene que ver con nuestra redención.  «Yo [HaShem] restauraré jueces como en los días antiguos, y a tus gobernantes como en el principio. Una vez que eso ocurra, [Yerushalayim] será llamada [una vez más] la ciudad de Justicia, la Ciudad de la honestidad. 1:27 Sión [Yerushalayim] será redimida por la justicia, y los que se arrepientan [serán redimidos por practicar]  la justicia.»
Y así quitarás de nosotros el sufrimiento y la angustia… 
Ahora entendemos mejor que el sufrimiento al que se refiere esta Berajá es el de todos aquellos que son víctimas de la justicia corrupta: los desproveídos y los desprotegidos. Los pobres, las viudas, los huérfanos. La corrupción mata y la injusticia trae sufrimiento. A diferencia de los jueces corruptos, los verdaderos jueces y líderes de Israel, como el rey David, sabían que, de acuerdo a la Torá, su primera misión era asistir a los pobres y necesitados, y defender a los que no tienen quien los defienda.
Y reina sobre nosotros, pronto, Tú, HaShem, y únicamente Tú, con bondad y misericordia, con rectitud y justicia
¿Qué queremos decir con «reina sobre nosotros… únicamente Tú (לבדך)»? En primer lugar aclaremos que en la Torá el «Rey» (melej) cumplía también el papel de Juez; era el Juez supremo, la última instancia judicial. Y en esta bendición estamos pidiendo tener el mérito de ser juzgado por jueces íntegros y gobernados por líderes  honestos. En otras palabras, ¡por seres humanos! ¿Cómo es entonces que solicitamos ser gobernados exclusivamente por HaShem, Rey y Juez Supremo?  Esta Berajá nos enseña que cuando nuestros jueces y líderes políticos se guían por las leyes de la Torá, como por ejemplo en los tiempos del Rey David, es como si estuviéramos siendo gobernados directamente por HaShem, ya que al observar la Torá, seguimos Su voluntad y Sus palabras.
Resumen: La Berajá anterior trata del retorno del pueblo judío a su tierra, mientras que en esta Berajá nos referimos al retorno de la justicia al pueblo de Israel.   Esta Berajá nos enseña que mientras no tengamos un sistema de justicia que se guíe por la Torá no habremos alcanzado la Gueulá (redención) total, aunque estemos en la tierra de Israel.   Sólo cuando el sistema de justicia sea restablecido podemos hablar de una verdadera normalización del pueblo judío, como lo explicamos ayer: עם ישראל , בארץ ישראל, על פי תורת ישראל. «El pueblo de Israel, viviendo en la Tierra de Israel, regidos por la Torá de Israel. «



DÉCIMA BERAJÁ de la AMIDÁ: ¿Pueblo judío o Religión judía?

תקע בשופר גדול לחרותינו

 

Haz que se escuche el gran shofar que anunciará nuestra libertad. 
Y haz que se eleve un mástil para que se reúnan nuestros exilios,
y para que regresemos, unidos, desde los cuatro puntos del planeta, a nuestra tierra, Israel. 
Bendito eres Tu HaShem que haces retornar a los desplazados de Tu pueblo Israel.  
[Traducción no literal. YB]

 

Como ya lo explicamos, la ‘Amidá se divide en tres secciones. La primera sección, que incluye tres bendiciones, consiste en alabanzas a HaShem. En la tercera sección, que también tiene tres bendiciones, agradecemos a Dios. Y la segunda sección, con trece bendiciones, contiene nuestras peticiones a HaShem. Esta sección se subdivide en dos temas principales: 1. Solicitudes personales, donde pedimos a Dios que nos conceda: inteligencia, perdón, buena salud, medios de subsistencia, etc. y 2. Solicitudes nacionales, es decir, lo que le pedimos a HaShem que haga por nosotros no como individuos sino como «nación».

 

Nuestra Berajá inaugura esta sub-sección de la Amidá, que trata acerca de nuestras aspiraciones nacionales.

 

Haz que se escuche el gran shofar que anunciara nuestra libertad, 
Lo primero que le pedimos a HaShem como nación es que reúna a todos nosotros desde los cuatro rincones de la tierra y nos traiga de regreso a nuestra tierra, Israel (קבוץ גלויות). Para eso, la Amidá utiliza un versículo del profeta Yesha’ayahu (27:13) donde dice que el regreso del pueblo de Israel a su tierra, y nuestra independencia de las naciones (חרותינו),  será anunciado con la voz del Shofar.

 

Y haz que se eleve un mástil para que se reúnan [regresen] nuestros exilios

 

También esta frase está tomada de Yesha’ayahu (11:12). Este mástil o estandarte elevado en las alturas, les mostrará a los «refugiados» de Israel, el camino de regreso a casa.  Y así, unidos en nuestra tierra e independientes, volveremos a nuestra «normalidad» como pueblo: עם ישראל, בארץ ישראל, על פי תורת ישראל. «El pueblo de Israel, viviendo en la Tierra de Israel, regidos por la Torá de Israel. «

 

¿NACION O RELIGIÓN? Esta berajá, incidentalmente, nos aclara un punto muy importante y absolutamente relevante para nuestros días.  Los enemigos de Israel justifican su rechazo al Estado judío diciendo que Israel es un país que discrimina a miembros de otra religión.  En 1975 las Naciones Unidas votaron una resolución que igualaba al sionismo con el racismo. ¿Por qué? Porque Israel estableció la «ley de retorno» que garantiza la ciudadania israelí a todos los judíos del mundo. Para las Naciones Unidas es como si, por ejemplo, Japón concedería la ciudadanía solamente a las personas que practican el budismo, o algo así. ¡Esto podría ser considerado racismo! Ahora bien, una lección muy importante que aprendemos de nuestra berajá, y de las próximas cinco bendiciones, donde nos presentamos a HaShem como Nación, es que cuando definimos al judaísmo como «religión» abrimos la puerta a la confusión. Si bien el judaísmo es un legado espiritual, en la Torá es presentado especialmente como la Constitución del pueblo de Israel. Desee este punto de vista, es más correcto decir que pertenecemos a la «nación» judía, más que a la «religion» judía.  Y que la ley del retorno de Israel es tan racista como una ley que estableciera que «Japón le garantiza la ciudadania a todos los japoneses que viven fuera de Japón»…

 

Nuestra Berajá menciona explícitamente los términos: «exilio», «regreso del exilio», «desplazados»  (= «refugiados»), es decir, aquellos ciudadanos judíos que fueron desterrados de Israel, y sus descendientes.

 

Desde este punto de vista, ser judío es una nacionalidad, una «ciudadanía» virtual, heredada via materna, que no caduca ni siquiera cuando un judío vive en el exilio durante siglos. En este sentido, no se puede comparar el judaísmo con otras religiones. No existe «la Nación Cristiana».  Los cristianos no tienen una tierra de referencia. No aspiran regresar a Roma o restablecer el gobierno cristiano en el Vaticano.  Todo lo contrario, el Estado y la Iglesia están explícitamente desconectados. Lo mismo puede decirse del Islam. No hay una tierra específica donde todos los musulmanes aspiran a regresar.  (La «Nación del Islam» de Farrakhan es el nombre de su movimiento religioso, no la forma en que el Islam se ve a sí mismo, como puede verse claramente en el concepto de Liga de «Naciones Árabes»).

 

El judaísmo, como aprendemos en esta berajá, no tiene sentido sin la Tierra de Israel y sin la aspiración de volver a ella.

 

Los judíos que vivimos fuera de Israel, somos ciudadanos orgullosos del país en el cual vivimos, respetuosos de sus leyes y agradecidos a los países donde vivimos. Pero también seguimos formando parte de la nación judía (nación = historia en común,  idioma en común, ley en común). Y como lo expresamos en esta Berajá, nuestra esperanza es que un día normalicemos nuestra situación como pueblo judío, regresando a nuestra tierra Israel, desde todos los confines del planeta, cumpliendo así la visión de nuestros profetas y de los Sabios que establecieron esta Berajá.



NOVENA BERAJÁ de la AMIDÁ: Los beneficios y riesgos de la abundancia

ברך עלינו…את השנה הזאת 
Bendice HaShem, nuestro Dios, [la cosecha] de este año y todos los productos [de la tierra] para bien.  
 
Concede el rocío y la lluvia para bendición, en toda la faz de la tierra.  
Colma [de lluvias] la faz del planeta, [para] que así todo el mundo este satisfecho, gracias a Tu bondad.  
Llena nuestras manos con Tu bendición y con la abundancia de lo que nos regalan Tus manos. 
Protege [la cosecha] de este año de todo tipo de plagas y de todo tipo de desastres [naturales] 
Haz que [nuestra cosecha] tenga un buen término y concluya en paz. 
Ten piedad de [la tierra, concediéndole lluvia] de todo lo que produzca y de todos sus frutos.  
Bendice este año con lluvias generosas; [lluvias] de bendición y de abundancia 
Y que el final de este año sea [beneficioso] para la vida, la hartura y la paz, como los mejores años de bendición. 
Porque Tu eres un Dios bondadoso y generoso, que bendices las cosechas. 
Bendito eres Tu, HaShem, que bendices las cosechas. 
Estamos en la novena berajá de la Amidá, barej alenu, que es la bendición en la cual pedimos a HaShem que nos conceda nuestro sustento (parnasá). En esta Halajá analizaremos la version Sefaradí de esta bendición (la versión Ashkenazí es mucho más corta y está implícita en este texto) y nos enfocaremos en el texto que se dice durante el invierno, cuando pedimos por la lluvia.
Como podemos ver, esta bendición se concentra explícitamente en solicitar lluvia (o en verano «rocío»); una buena cosecha (la palabra hebrea «shaná», que usualmente se traduce como «año», quiere decir en este contexto «cosecha anual») y una producción exitosa de frutos de la tierra. En otras palabras, le pedimos a HaShem que nos conceda nuestro sustento para que no suframos de hambre.
En particular, le pedimos a Dios que envíe la lluvia. Uno de los escenarios más desastrosos para la economía de Israel, lo que es cierto aún el día de hoy, es un año de sequía. La lluvia, en su debido tiempo y en su medida, es la bendición de HaShem para Su pueblo Israel, tal como lo expresamos explícitamente en el Shemá Israel, donde también afirmamos que la lluvia en la tierra de Israel está condicionada a que el pueblo judío mantenga su alianza con Dios. La Torá describe una interacción de causa y efecto entre el comportamiento del pueblo de Israel y el comportamiento del cielo de Israel. La Providencia Celestial recompensa la lealtad de Israel con lluvias en abundancia (y viceversa).
Ahora bien, aunque esta berajá se refiere exclusivamente a los aspectos agrícolas de la economía,  porque fue concebida en el tiempo de los Yehudim vivíamos en Israel y nos dedicábamos a trabajar la tierra, también alude a nuestro éxito económico en general. Cuando decimos esta bendición podemos pensar o pedir explícitamente que HaShem bendiga nuestros negocios, nuestros emprendimientos y nuestros trabajos y no permita que pasemos hambre, pobreza o dificultades económicas.
Algo muy importante que aprendemos en esta Berajá está implícito en la palabra «leTobá» (que HaShem nos conceda nuestro sustento «para bien»). El Rab de Kahlenberg explicó que a veces la abundancia de dinero puede causar un efecto negativo en una persona, por ejemplo, provocando que se comporte con altanería o que se aleje de la Torá (וישמן ישורון ויבעט).  En muchas áreas de la vida material, la abundancia puede ser contraproducente. El exceso material puede convertirse en un trastorno psicológico o moral, llamado popularmente en ingles  «Affluenza» (ver aquí) que consiste en (1) El sentimiento de insatisfacción y frustración permanente cuando uno no llega a tener tanto como su vecino. (2) Una dedicación excesiva al trabajo, no para tener lo que necesitamos sino para elevar nuestra imagen social material, y todo esto a expensas de nuestra dedicación y desarrollo espiritual. Y finalmente (3) una adicción compulsiva al consumo.
Debemos pedirle a HaShem que nos bendiga materialmente, proporcionándonos todo lo que necesitamos, pero que nos ayude a no caer en la «Afluenza».



OCTAVA BERAJÁ de la AMIDÁ: Rezar por nuestra buena salud

רְפָאֵנוּ ה’ וְנֵרָפֵא, הוֹשִׁיעֵנוּ וְנִוָּשֵׁעָה, כִּי תְהִלָּתֵנוּ אָתָּה
Cúranos, HaShem, y nos curaremos, sálvanos y nos salvaremos, porque Tú eres nuestra alabanza.
Y concede salud y alivio para todas nuestras enfermedades, todos nuestros dolores y todas nuestras heridas, 
Porque confiamos que Tú eres quien nos cura con compasión,  
Bendito eres Tú, HaShem que sanas a los enfermos de tu pueblo Israel.
Esta berajá se refiere a un tema muy especifico: nuestra salud. Aquí, le pedimos a HaShem que nos cure de nuestras aflicciones y enfermedades, físicas o mentales, y reconocemos que en última instancia nuestro bienestar físico depende de Él.
«Cúranos, HaShem, y nos curaremos, sálvanos y nos salvaremos, porque Tú eres nuestra alabanza.»
En el texto de esta bendición decimos: «Cúranos haShem y seremos curados » . ¿Esto quiere decir que cuando estamos enfermos sólo debemos rezarle a HaShem y no debemos ir al médico?
Esta Berajá, y en general el tema de estar enfermo y curarnos es un gran ejemplo de la compleja dinámica entre la libertad de elección del hombre y la intervención de Dios en nuestras vidas.
En primer lugar, la forma en que uno se enferma. En muchos casos la enfermedad puede ser consecuencia de nuestras elecciones equivocadas, en cuanto a hábitos no saludables en el area de la comida, la inacción física o el descuido. Los Rabinos expresaron este aspecto de nuestra responsabilidad por nuestra propia salud en la Guemará Ketubot 30a: הכל בידי שמים חוץ מצינים פחים «Todo está en manos de Dios, excepto los resfriados y la insolación». En otras palabras, si deliberadamente me expongo al frío extremo sin abrigarme o si paso horas bajo el sol, no puedo pretender que HaShem milagrosamente me proteja del frío o del calor. Cuidar mis salud es mi responsabilidad.  Por otro lado, ciertas enfermedades (quizás la mayoría o las más serias) no son consecuencia de nuestro comportamiento o malos hábitos, sino una adversidad fuera de nuestro control. En cualquier caso, rogamos a HaShem que nos ayude y nos cure de toda enfermedad, sin importar su origen.
En segundo lugar debemos saber que la Tora prohíbe a una persona encomendarse a HaShem  para curarse. Estamos obligados a buscar la intervención de un médico (verapó yerapé). No podemos esperar que la enfermedad desaparezca sólo por rezar. Sin embargo, lo que esta Berajá deja en claro es que cuando visitamos al médico, sabemos que en última instancia es HaShem quien nos cura. Creemos que es HaShem quien inspira la recomendación del médico para nuestra cura; que es HaShem quien guía o sostiene las manos del cirujano en la sala de operaciones. Sabemos que en última instancia, y a través de una miríada de agentes humanos -doctores, investigadores, enfermeras-  es HaShem quien concede la curación y alivia a los enfermos. Los médicos son los agentes privilegiados de HaShem en el arte de la curación («Porque confiamos que eres quien nos cura con compasión»).
En resumen,  debemos hacer todo lo posible para evitar estar enfermos, y debemos hacer todo lo humanamente posible para curarnos. Incluyendo rezar y suplicar a HaShem para que nos proteja de toda enfermedad, que nos alivie de nuestro dolor y y prolongue nuestras vidas.   Es por eso que también decimos «porque Tú eres nuestra alabanza «, porque reconocemos que que en última instancia, esÉl quien tiene la última palabra.
Cúranos, HaShem, y … sálvanos 
¿Qué diferencia hay entre cúranos (רפאנו) y sálvanos (הושיענו)?  Creo que la palabra «sálvanos», indica una situación apremiante. Cuando alguien sufre una enfermedad que le puede causar la muerte.  «Cúranos», es más general y como mencionamos en la próxima oración de esta Berajá, incluye nuestro pedido para que HaShem nos proteja de enfermedades, dolores, heridas, etc.
«Y concede salud y alivio para todas nuestras enfermedades, todos nuestros dolores y todas nuestras heridas…» 
En este punto quiero recordar algo que aprendí hace unos pocos años atrás del Jajam Nessim Bassalian (que hoy BH es el bisabuelo de dos de mis nietos!).  Surgió un pequeño debate sobre el caso de una persona con una enfermedad terminal. Ya en los últimos momentos de su vida, un Rab indico que no se rezara más por esta persona, porque esa Tefilá podría ser considerada una Tefilá en vano, ya que el final de este individuo era (y fue…) inevitable e inminente.  Consulté con el Jajam Bassalian y él me dijo algo muy interesante, que creo está implícito en esta Berajá: «Cuando rezamos y pedimos Refuá (salud), no sólo estamos pidiendo a HaShem que nos cure, también estamos pidiendo a Hashem que nos alivie, que nos evite el dolor, que no nos permita sufrir». Y fue así como decidimos seguir diciendo Tefilá por esta persona, por su alivio, para que no sufra en las horas finales de su vida.
Quiera HaShem bendecirnos con buena salud y curar a todos los que lo necesitan. AMEN!        



SEPTIMA BERAJA de la AMIDA: Goel, el familiar más cercano

ראה נא בענינו וריבה ריבנו
1. Por favor [HaShem] observa a nuestra opresión, defiéndenos en nuestra lucha y rescátanos
2. Concédenos prestamente una salvación completa, por Tu nombre, porque Tú eres un redentor poderoso. 
3. Bendito eres Tú, HaShem, el redentor de Israel.
En este berajá le pedimos a HaShem que nos brinde Su ayuda y nos libere de la opresión.
Ésta berajá (bendición) de la Amidá se presta a la confusión. Veamos por qué. En cada una de las bendiciones anteriores y posteriores a esta berajá, el tema es muy simple de identificar: pedimos sabiduría, perdón, absolución, salud, sustento… ¿Qué estamos pidiendo en esta Berajá?
Comencemos por lo que NO estamos pidiendo.  Evidentemente la palabra clave de esta bendición se encuentra, como era de esperar, al final de la misma: «goel Israel», que tradujimos como: «Redentor de Israel». Pero ¿A qué redención nos estamos refiriendo?   En hebreo moderno la idea de «redención» (en hebreo גאולה) está asociada con el retorno del pueblo judío a la tierra de Israel y a los tiempos mesiánicos. Pero esos temas son desarrollados explícitamente más adelante, cuando hablamos de las necesidades del pueblo judío como nación. Ya explicamos que las berajot en las cuales pedimos a HaShem por nuestras necesidades, se dividen en dos grupos muy diferenciados: personales y nacionales. Las primeras 6 berajot de esta sección tratan de nuestras necesidades personales y las próximas 6, de nuestras necesidades o anhelos como nación. Y allí es donde pedimos por nuestro regreso a Israel, la reconstrucción de Yerushalayim, la llegada del Meshiaj, etc.  En esta berajá, como le explica el Rab Israel Ya’aqob Algazi (1679-1756) estamos pidiendo ayuda a HaShem para que nos libere de apremios y dificultades personales.  ¿Qué tipo de dificultades?  Creo que la clave es la palabra hebrea ONYENU que significa «opresión»: cuando estamos bajo el yugo de un opresor. Por ejemplo, si somos esclavos, prisioneros o cautivos, algo que en la antigüedad no era poco común.  «Opresión»  también se podría aplicar en circunstancias de persecución religiosa, política o cualquier otro escenario de abuso, o privación ilegitima de libertad. En todos estos casos nuestro problema no es la enfermedad, la falta de medios o comida, etc. sino la opresión que sufrimos en manos de un individuo, de un tirano, de una sociedad corrupta, etc.
Ahora que entendimos cuál es el tema de esta Berajá, volvamos a releer qué le estamos pidiendo a HaShem.
1.  «Por favor [HaShem] observa nuestra opresión», es decir, no ignores nuestro sufrimiento.
«Defiéndenos en nuestra lucha», pedimos Tu intervención para que nos rescates de nuestros opresores.
2. «Concédenos prestamente una salvación completa, por Tu nombre, porque Tú eres el Redentor Poderoso.»  Pedimos a HaShem que actúe prontamente y nos rescate de una manera definitiva y total del opresor. «Por Tu Nombre», porque así lo prometiste en la Torá, y también porque Tú, HaShem, eres Todopoderoso, y no hay nada que para Ti sea imposible.
3. «Bendito eres tú, HaShem, el redentor de Israel.»
Nos queda explicar esa palabra importantísima «redentor», en hebreo «goel».
En las berajot anteriores hablamos, por ejemplo, de Teshubá, algo que si bien necesitamos de la ayuda o inspiración divina, podemos (y debemos) hacerlo nosotros mismos.  La idea de Gueulá se refiere a circunstancias en las cuales uno no tiene o ya agotó las posibilidades de salvarse por sí mismo, y necesita ayuda externa de un «goel».  «Goel» en hebreo bíblico se refiere a «el pariente más cercano» (next of kin), un término técnico y legal que aparece muchas veces en la Torá. De acuerdo con la Ley Judía, es el deber del ‘pariente más cercano’, o «goel»  ayudar y rescatar a sus familiares en momentos de imperiosa necesidad.
Algunas ilustraciones.
1. En la antigua Israel, si una persona perdía todo lo que tenía, se veía obligado a venderse como esclavo, era la obligación del pariente más cercano, su goel, de pagar las deudas y rescatar a esta persona de la cautividad.
2. Boaz, un pariente de Elimelej, actúa como «goel» y asiste a Naomi, la viuda de Elimelej, y cuida de ella y de su nuera Rut. Las mantiene y las rescata completamente de la situación de miseria en la que estaban.
3. Otro ejemplo del uso de la idea de «Goel» en estos contextos es la expresión que decimos en Tefilat Arbit: וגאלו מיד חזק ממנו, que cuando HaShem nos liberó de la esclavitud en Egipto «rescató a Israel de las manos de un opresor que era más poderoso que el pueblo judío».
En este berajá, entonces, apelamos a HaShem como ‘nuestro pariente más cercano’, nuestro «padre» (o en algunas otras poesías y metáforas «esposo») pidiéndole que Él, nuestro «goel» nos escuche –a nosotros o nuestros hermanos que sufren– , nos libere de la opresión y nos rescate.
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Pronto ofreceremos BH clases en español por Facebook Live.  



BERAJÁ 6 : ¿Cuántas veces se puede pedir perdón?

סלח לנו אבינו כי חטאנו
(1) Perdónanos, nuestro Padre, porque hemos pecado;
(2) Absuélvenos, nuestro Rey, porque nos hemos rebelado [contra Ti],
(3) Porque Tú, Dios, eres bueno y perdonas.
(4) Bendito eres Tú, HaShem, que eres bondadoso y generoso en perdonar.

 

En la berajá (bendición) anterior hemos pedido ayuda para arrepentirnos. Y una vez que nos arrepentimos, ahora, en esta Berajá, pedimos a HaShem que nos perdone, que nos absuelva y que no nos castigue por nuestras transgresiones.

 

La transgresión nos impacta negativamente  en dos niveles.

 

אבינו: Primero, nos afecta a nivel personal. El pecado, la transgresión deja secuelas y consecuencias perjudiciales en nuestra personalidad. Por ejemplo: Mantener el Kashrut, la dieta judía u otras restricciones similares, nos enseña a controlar nuestros apetitos y a refinar nuestro carácter. Sin embargo, cuando cedemos ante nuestros instintos básicos nos exponemos a caer en otros círculos viciosos y adictivos, ya que cedimos en el control de nuestros instintos y deseos.  En cierta manera, cuando pecamos, estamos actuando contra nuestro propio bien. Como cuando un joven desobedece a sus padres y fuma. ¿Quién se perjudica por esta desobediencia?  En primer lugar, el joven que fuma. Al fin y al cabo, los padres le prohibieron a su hijo fumar por su propio bien.

 

מלכנו: En segundo lugar, cuando pecamos hemos cometido una transgresión legal, un delito. Permítanme explicar: La Torá no es un manual religioso de rituales. La Torá es un libro de Leyes. Tal vez la mejor manera de entender la Torá es definiéndola como «La Constitución del pueblo judío». De esa manera, cuando transgredimos la Torá estamos violando la Constitución, y como tal, mi acción merece una penalización. Hoy en día, que no tenemos tribunales rabínicos para juzgar y penalizar los delitos, todas las transgresiones a nuestra Constitución son juzgadas por la Corte Celestial. HaShem es el Rey, es decir, el Juez supremo que juzga y sanciona.

 

Ahora podemos entender mejor lo que esta berajá dice:

 

(1) Perdónanos, nuestro Padre, porque hemos pecado;
En primer lugar le pedimos a HaShem, llamándolo «NUESTRO PADRE»,  que nos perdone por nuestros pecados. En hebreo, JATAIM, son las transgresiones que cometemos por falta de conciencia. Como el joven que fuma porque no es consciente del peligro de fumar para su salud. En esta primera oración nos referimos a HaShem como «Nuestro Padre», reconociendo así implícitamente que todas las restricciones que nos impuso son en ultima instancia por nuestro bien.

 

(2) Absuélvenos, nuestro Rey, porque nos hemos rebelado [contra Ti],
Luego, en la segunda oración, nos referimos al aspecto «legal» de la transgresión. Hemos violado nuestra Constitución, nuestro pacto con HaShem. En hebreo a este nivel de transgresión se lo llama PESHA, delito, cuando alguien se rebela conscientemente contra la autoridad. Por eso en esta oración llamamos a Hashem «NUESTRO REY». Aquí ya no pedimos simplemente perdón. Pedimos que nos absuelva del castigo que merecemos.

 

(3) Porque Tú, Dios, eres bueno y perdonas.
Apelamos a la bondad de HaShem como Padre y a su compasión como Rey.

 

Y finalmente declaramos:
(4) Bendito eres Tú, HaShem, que eres bondadoso y generoso en perdonar.

 

¿Qué significa «generoso en perdonar» (המרבה לסלוח)?

 

Muchas veces cometemos una transgresión y luego nos arrepentimos. Pedimos perdón a HaShem y le rogamos que borre nuestro pecado y que no castigue nuestra rebeldía. En nuestra súplica también le aseguramos que no necesita castigarnos, porque hemos aprendido la lección y NO vamos a volver a pecar. Nos sentimos bien porque estamos seguros que HaShem con Su gran compasión nos ha perdonado. Pero entonces, después de un corto tiempo, nos olvidamos de todo el proceso de arrepentimiento, y cometemos nuevamente la misma transgresión…   En este punto, normalmente, no nos atreveríamos al descaro de comenzar todo el proceso de nuevo y pedirle perdón a HaShem… parece una broma de mal gusto. ¿Como voy tener la desfachatez de pedirle «otra vez» a HaShem Su comprensión, Su perdón y Su absolución?
Por eso nos dice esta berajá que HaShem es «HAMARBE LISLOAJ», infinitamente «generoso en perdonar».  Y sólo así puedo armarme de coraje y pedirle perdón otra vez, incluso por los mismos pecados por los que ya me he arrepentido  anteriormente. Es como si nuestro interminable descaro (JUTZPÁ) estuviera equilibrado con la infinita generosidad de HaShem para perdonar.
Las palabras finales de esta Berajá nos invitan a evitar el yeush, la desesperación de pensar que ya no existe otra posibilidad de retorno. Y nos enseña que HaShem, como una Padre que nos quiere, está siempre dispuesto a aceptar el sincero arrepentimiento de sus hijos.



QUINTA BERAJÁ de la AMIDÁ: Ayúdame a volver

השיבנו אבינו לתורתך,
וקרבנו מלכנו לעבודתך,
והחזירנו בתשובה שלמה לפניך.
ברוך אתה ה’, הרוצה בתשובה.
«Tráenos de vuelta, nuestro Padre, a tu Torá; acércanos, nuestro Rey, a Tu servicio;
Y haznos regresar a Ti, en un arrepentimiento completo.
Bendito eres Tú, HaShem, que «deseas» [nuestro] arrepentimiento.»
Estamos en la sección llamada en hebreo, baqashot. (pedidos). Aquí pedimos que HaShem nos conceda nuestras solicitudes.  En la bendición anterior, solicitamos sabiduría. Pero ¿qué estamos pidiendo en esta singular berajá que trata acerca del arrepentimiento? ¿Qué esperamos que HaShem haga aquí por nosotros?   Al fin y al cabo, si de arrepentimiento se trata, es algo que tenemos que hacer nosotros mismos.
1. Veamos en primer lugar el orden de esta bendición. ¿Hay alguna conexión entre esta Berajá y la bendición anterior, donde pedimos a Dios que nos conceda sabiduría? Los Rabinos definen el pecado como una insania temporal…אין אדם בא לידי חטא, «una persona no pecaría, a menos que esté poseída por un espíritu [temporal] de demencia». Pecar, desobedecer a Dios, no es algo lógico, no es una decision inteligente. Todo lo contrario. Sólo somos capaces de desobedecer a Dios cuando estamos psicológicamente «poseídos»  por la ambición, el enojo, la lujuria, la pasión, etc. En estos escenarios nuestra mente se nubla y perdemos el sentido común.  La sabiduría y la inteligencia que pedimos en la Berajá anterior es la  mejor garantía para evitar el desenfreno.  Los animales se dejan llevar por sus instintos, pero los seres humanos debemos dominarlos con nuestra inteligencia. En la bendición anterior hemos solicitado sabiduría.  En esta bendición nos damos cuenta que cuanto menos sabiduría tenemos, más expuestos quedamos a la transgresión, y viceversa.
2. «Tráenos de vuelta, nuestro Padre, a tu Torá; acércanos, nuestro Rey, a Tu servicio». 
Ahora bien, un vez que reconocemos nuestros malas acciones y nos arrepentimos, queremos reparar nuestro error. Pero la transgresión que cometimos dejó secuelas. Afectó nada menos que nuestra relación con Dios. Este vínculo se desarrolla en dos planos diferentes: En primer lugar, HaShem es nuestro Creador, nos dio la vida. Es nuestro «Padre».  En segundo lugar, Él nos dio leyes y nosotros somos Sus súbditos. HaShem es también nuestro Rey. Al violar Sus mandamientos hemos fracturado nuestra relación con nuestro Padre y con nuestro Rey. Es por eso que en esta Berajá apelamos a HaShem como Padre y Rey.  Algo más:  El camino de regreso a HaShem comienza por volver a la observancia de Su Torá. El servir a HaShem consiste en aplicar en nuestras vidas y no desviarnos de lo que aprendimos en la Tora. Es por eso que primero mencionamos volver a estudiar Tora, lo que nos llevará a servir a HaShem.
3. «Y haznos regresar a Ti»
Cuando decimos: «Haznos regresar a Ti» no queremos decir literalmente que esperamos que Dios «nos haga arrepentir» mientras nosotros permanecemos pasivos. A nosotros, los seres humanos, nos fue concedida la libertad de elección, y somos completamente responsables por nuestras acciones morales. Aquí, lo que estamos solicitando a HaShem es Su ayuda y Su inspiración para regresar a Él y a Su Torá. Nos animamos a pedir Su ayuda porque los Sabios nos enseñaron  הבא להיטהר מסייעין אותו, cuando un Yehudí quiere purificarse, arrepentirse de sus transgresiones, HaShem lo ayuda, lo asiste para que su camino de regreso sea más fácil y que encuentre la menor cantidad posible de desafíos morales (נסיונות) en él.
4.  Baruj Atá HaShem, haRotsé bitshubá. «Bendito eres tú, HaShem, que deseas (nuestro) arrepentimiento.»
Afirmamos ahora que HaShem «quiere» que volvamos a Él, «desea» que reparemos nuestro vínculo. Y dado que esta relación es «personal», no se puede reparar automáticamente por nuestra decisión unilateral de arrepentirnos. Como en toda otra relación, también aquí es necesario que la otra parte, en este caso HaShem, acepte nuestras disculpas. ¿Cómo sabemos que HaShem aceptará nuestro descargo? Uno de los principios más importantes del judaísmo es saber que HaShem nos quiere como un padre ama a sus hijos. No hay deseo más grande para un padre que sentir que sus hijos están cerca de él. Como un buen padre, HaShem no se complace en castigar a Sus hijos cuando se portan mal כי לא תחפוץ במות המת, כי אם בשובו מדרכו וחיה. Todo lo que Él quiere de nosotros, Sus hijos, es que regresemos al sendero correcto, «por nuestro propio bien». Por eso, sabiendo que Él también quiere nuestra cercanía, nos atrevemos a pedirle que nos ayude a encontrar nuestro camino de regreso. HaShem «desea» nuestro arrepentimiento porque nos quiere, y porque quiere nuestro bien.



CUARTA BERAJÁ de la AMIDÁ: El milagro de la inteligencia humana

אתה חונן לאדם דעת ומלמד לאנוש בינה
«Tú otorgas a los humanos conocimiento, y enseñas a los mortales entendimiento. Concédenos de Ti sabiduría, entendimiento y conocimiento. Bendito eres Tú, HaShem, Que concede conocimiento.»
Después de terminar la sección dedicada a «alabar a HaShem» (shébaj), comenzamos con esta bendición la segunda sección de la ‘Amida, las bendiciones de «peticiones» (baqashá). En estas bendiciones, le pedimos a Dios que nos provea nuestras necesidades materiales.
En esta primera berajá le pedimos a HaShem que nos conceda «sabiduría» e «inteligencia». Pero, ¿por qué pedir «sabiduría» antes que cualquier otra cosa?
En primer lugar, la sabiduría es diferente de cualquier otra cosa que podamos pedirle a HaShem. Decimos en este berajá que HaShem es la fuente «directa» de la sabiduría y la inteligencia que se nos otorga (אתה חונן לאדם דעת), algo que no decimos en ninguna otra bendición. Para resaltar este importante punto, también afirmamos וחוננו מאתך, que significa algo como «y concédenos de TI MISMO», ¡una expresión que no usamos en ningún otro berajá o para ninguna otra petición! ¿Por qué la sabiduría es algo que describimos como que viene «directamente» de Dios? Porque la sabiduría (da’at) no es algo creado por HaShem, es un atributo de HaShem! Como lo explica Maimónides (Yesodé haTorá 2:10): אבל הבורא הוא ודעתו וחייו אחד «[a diferencia de los humanos, que adquirimos el conocimiento de una fuente externa] el Creador, Él, Su existencia y Su conocimiento, todos son uno.» En cierto sentido, no estamos pidiendo a HaShem que nos conceda conocimiento, le estamos pidiendo que nos «participe» de Su conocimiento.
Segundo, esta bendición nos enseña un principio muy importante sobre la naturaleza del ser humano. La inteligencia / sabiduría es un regalo especial de Dios para la especie humana. Nuestro cerebro es notablemente similar al de los monos. Sin embargo, los seres humanos estamos dotados de «inteligencia» que no es una extensión de nuestra composición biológica, y no puede justificarse en términos evolutivos. La inteligencia no es una característica natural biológica como la vista, el oído o el sistema digestivo. La inteligencia no es una necesidad evolutiva que se desarrolló en los chimpancés. Sin inteligencia podríamos, de alguna manera, sobrevivir como especie. Pero no podríamos conectarnos con Dios, aprender o enseñar Su Torá, o distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. La inteligencia es lo que hace que los seres humanos seamos únicos entre todas las especies vivas. En este berajá afirmamos que la inteligencia es un don concedido por Dios exclusivamente a los seres humanos, algo milagroso y sobre-natural.
Esta berajá describe tres niveles de «sabiduría», tal como se aplican a nuestra experiencia humana.
JOJMÁ: Jojmá se refiere a la creatividad. La capacidad que una persona necesita para ver o descubrir algo nuevo. Cuando todo el mundo está mirando las mismas cosas, el hombre con esta sabiduría, Jojmá, puede ver más profundo, o más lejos o de una manera diferente. Es la capacidad de desarrollar una nueva idea, un Jiddush de Torá, un nuevo descubrimiento. Esto también es, digamos, un regalo de HaShem
BINÁ: Una vez que se descubre una nueva idea, necesitamos «biná», sabiduría práctica para articular esa nueva idea o para aplicar o desarrollar el nuevo descubrimiento. Algunas personas pueden estar dotadas de «biná» pero no de «jojmá», o viceversa.
DA’AT: El conocimiento, tal como se aplica a los seres humanos (no a HaShem) se refiere al buen juicio que desarrollamos por las experiencias que hemos vivido. Las personas difieren en qué o cómo aprenden de sus experiencia. Algunas personas están tan dotadas de Da’at que tienen la capacidad de aprender de las experiencias de otras personas. Algunos pueden aprender sólo de sus propias experiencias. Y otros tienen dificultades incluso para aprender de sus propias experiencias.
Por último, necesitamos toda esta sabiduría para identificar los dones y bendiciones que ya tenemos de HaShem. Lo cual es esencial para saber qué es lo que realmente necesitamos pedirle a Dios en esta segunda sección de la ‘Amidá. Necesitamos sabiduría para diferenciar entre lo que «necesitamos» y lo que simplemente «queremos» o «deseamos». Sin sabiduría, ni siquiera sabríamos «qué» pedirle a Dios. O qué hacer con las bendiciones que Dios eventualmente nos concederá. Podríamos pensar que necesitamos imperiosamente dinero o éxito. Pero sin sabiduría, el dinero y el éxito pueden ser contraproducentes.
La sabiduría es un requisito previo para todas las demás peticiones de la ‘Amidá.



El Rab Jayim ben Attar (1696-1743) y los abuelos que inspiran a sus nietos

El Rab Jayim ben Attar, conocido también como el Or HaJayim haQadosh, nació en la ciudad de Salé, en la costa occidental de Marruecos, en el año 1696.  Su padre era Moshé ben Attar, un gran estudioso de la Torá. Desde los 9 años el Rab ben Attar estudió con su abuelo, que se llamaba igual que él. Según cuenta el mismo Rab, por las noches estudiaban juntos Guemará y luego su abuelito rezaba y lloraba implorando a HaShem para que termine nuestro exilio, regresemos todos a Israel y presenciemos la construcción del Bet haMiqdash.
La familia del Rab Ben Attar gozaba de un muy buen pasar económico, lo que le permitió al Rab Jayim dedicarse de lleno al estudio. Con el tiempo el Rab Ben Attar creció en su conocimiento de Torá y transformó su casa en un Bet Midrash, una academia de Torá donde todo el que quisiera podia venir a estudiar, durante cualquier hora del día o de la noche. El Rab Ben Attar también ayudaba a los necesitados, a los pobres, a las viudas y a los huérfanos. Todos los jueves el Rab ben Attar hacia Shejitá a una vaca y repartía la carne entre los alumnos de su Bet Midrash y los pobres, para que todos tuvieran carne para comer durante Shabbat.
El Rab ben Attar vivió en Marruecos durante 40 años, que no fueron nada fáciles.  En primer lugar porque el Rey de Marruecos se ensañó contra su familia y confiscó toda su fortuna. Esto hizo que el Rab ben Attar tuviera que irse de Salé hacia la ciudad de Fes, donde vivió durante el año 1738. Ese año, una gran hambruna azotó la ciudad lo que generó una epidemia y el Rab tuvo que refugiarse en el el norte en la ciudad de Tetuán.  Estando allí tomo una decisión crítica para el resto de su vida:  decidió ir a vivir a la tierra de Israel.  Su ambicioso plan era fundar una Yeshibá en Yerushalayim, y ya contaba con más de 10 estudiantes que viajarían con él.  En esos tiempos la vida para los Yehudim en Yerushalayim era muy difícil. No había pan ni trabajo, y las epidemias azotaban la ciudad frecuentemente. Los Yehudim también sufrían de las perpetuas persecuciones y abusos los gentiles que dominaban la ciudad.
La única posibilidad para fundar una Yeshibá sostenible en Yerushalayim era contar con la asistencia de los judíos que vivían en Europa. El Rab ben Attar viajó entonces a la ciudad de Livorno, Italia, donde había una comunidad judía prospera,  y generosa con todo lo que tuviera que ver con ayudar a Yehudim a emigrar y establecerse en Israel, y particularmente  en Yerushalayim.
El Rab Ben Attar estuvo casi 3 años en Italia. Dictaba clases de Torá y atraía multitudes con su conocimiento y carisma. La comunidad de Livorno le imploró que se quedara allí y se estableciera como Rab de ellos en Livorno. Le ofrecieron que hiciera allí su Yeshibá, que no le faltaría nada. Pero el Rab ben Attar renunció a esos privilegios y confirmó que su destino era Erets Israel.  Personalmente, pienso que lo que inspiró al Rab ben Attar para querer vivir en Erets Israel y renunciar a todo el confort que le ofrecían en Livorno fueron las noches que pasó con su abuelito, viéndolo llorar por la reconstrucción de Yerushalayim y el Bet haMiqdash. Las melodías y los llantos de su abuelo, deben haber hecho florecer en el pequeño Rab Jayim un gran amor y añoranza por Erets Israel…
En 1741 el Rab ben Attar partió hacia Israel con 30 alumnos y sus familias. La mayoría de sus alumnos eran de Marruecos, otros de Algeria y algunos de Italia. Entre esto últimos estaba el Rab Abraham Ishmael Jay Sanguinetti, que escribió el diario de la travesía desde Italia hacia Israel, y todo lo que pasó hasta que llegaron a Yerushalayim.  Al principio el contingente llegó y se estableció en la ciudad de Acco (Acre), cerca de Haifa. Yerushalayim estaba pasando por momentos muy malos en cuanto a las condiciones sanitarias de la ciudad y muchos morían víctimas de plagas y epidemias.
En 1742 las condiciones en Yerushalayim mejoraron un poco, y en el mes de Tamuz el rab Ben Attar y sus discípulos llegaron y se establecieron el Jerusalem. Allí el Rab ben Attar concretó su sueño y fundó su Yeshibá, a la cual llamó «Keneset Israel», el mismo nombre de la comunidad de Livorno que los ayudaba económicamente.  El Rab ben Attar se convirtió en el líder rabínico mas importante de la ciudad, y parte de enseñar Torá, también se dedicó a asistir a los necesitados. En muy poco tiempo y con la ayuda de sus seguidores de Italia, logró que la comunidad judía de Yerushalayim creciera en tamaño y prosperidad. Algunas fuentes indican que muchos Jasidim que llegaban de Europa a Yerushalayim, alumnos del Ba’al Shem Tob, fueron muy cercanos al Rab ben Attar, y fueron ellos que lo llamaron «HaOr haJayim haQadosh» (el santo).
El Rab ben Attar escribió 3 libros principales:
1. Or HaJayim, un comentario sobre la Torá que tiene una particularidad. Este libro es leído y muy valorado por Sefaradim y Ashkenazim por igual, algo que no fue muy común, especialmente en esos tiempos.
2. Un libro sobre el Talmud: Jefets HaShem.
3. Un libro sobre Yoré De’á, Perí To-ar.
Tuvo alumnos brillantes. Entre ellos, y aunque por breve tiempo, el famoso Rab Jayim Yosef David Azulay, החיד»א.
Lamentablemente, el Rab ben Attar sólo llegó a vivir Yerushalayim por un poco más de 11 meses. Falleció el 15 de Tamuz ( 6 de Julio) de 1743, cuando el Rab solo tenía solo 47 años.  Su alma seguramente se elevó hacia la Yerushalayim celestial, y su restos fueron enterrado en el Monte de los Olivos (Har haZetim), Jerusalem. Su tumba permanece allí hasta el día de hoy.