¿Qué ocurrió después de la destrucción de Jerusalem? (68-117 EC)



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Este próximo domingo, 17 de julio de 2022, es un día de ayuno público (תענית ציבור) que conmemora el 17 de Tamuz. Ese día también inauguramos un periodo de 3 semanas, hasta el 9 del mes de Ab, dedicadas a guardar cierta medida de duelo por la destrucción de nuestro Bet haMiqdash (=Templo de Jerusalem) y otras tragedias sufridas por el pueblo judío.
Cinco tragedias sucedieron al pueblo judío en el 17 de Tamuz.
1. Las tablas de la ley fueron destruidas por Moisés.
2. Un ídolo fue colocado en el Santuario del Bet haMiqdash.
3. La ofrenda del sacrificio diario fue interrumpida.
4. Apostomus quemó públicamente un Sefer Torá.
5. Los muros de la ciudad de Jerusalem fueron destruidos.
1. LAS TABLAS DE LA LEY:
El 17 de Tamuz ocurre cuarenta días después de Shabuot. Moshé subió al Monte Sinaí el 6 de Siván, y permaneció allí durante cuarenta días. La tarde del 16 de Tamuz, cuando el pueblo pensó que Moshé ya no iba a regresar, hicieron y adoraron el becerro de oro. Al otro día, al descender Moshé del Monte Sinaí y al ver a los Yehudim adorando al becerro de oro, rompió las tablas que contenían los Diez Mandamientos.
2. UN IDOLO EN EL TEMPLO
Los rabinos disienten respecto a este punto. ¿Estamos recordando lo que ocurrió en los tiempos del rey Menashé en el siglo 8, antes de la era común, o lo que ocurrió en el tiempo de Apostomus, el mismo general Romano (año 50 de la era común) que quemó la Torá, y disfrutaba ofendiendo y provocando públicamente a los judíos?
Seguiremos la primera opinión. A mediados del siglo 9 aec, el pueblo de Israel se dividió en dos reinos: Israel y Yehudá. El reino de Israel, también conocido como las 10 tribus, fue destruido en el año 722 aec por los asirios. El reino de Yehudá sobrevivió. Nos llamamos Yehudim (judíos) porque descendemos del reino de Yehudá (Judea). Menashé (709-642 aec) fue uno de los reyes de Yehudá.Hay dos hechos que caracterizaron su reinado.
1. Fue el rey que más tiempo reinó en la historia judía: 55 años.
2. Menashé fue probablemente el peor rey de la historia de Am Israel. Sin duda, el peor rey en el reino de Yehudá.
Su padre fue un gran Tsadiq, Jizquiyahu, y según nuestra tradición, su abuelo fue el profeta Yesha’ayahu. Menashé convirtió a Yehudá en un estado vasallo de Asiria (אשור). Esto significaba que los Yehudim pasaron a ser súbditos del rey de Asiria y como consecuencia, debían adoptar su religión. Para alcanzar esta meta, la estabilidad política, Menashé se dedicó a la eliminación sistemática del judaísmo, incluyendo todo el servicio Divino en el Bet haMiqdash. Introdujo la idolatría asiria, la adoración al ba’al, la asherá y todas las constelaciones del cielo (astrología). Trajo a Israel los ‘obot y ide’onim, es decir, adivinos, brujos, magos y hechiceros idolatras. Menashé mandó a matar y asesinar a miles de Yehudim que se oponían a su reforma religiosa. Según algunas opiniones, Menashé asesinó a su propio abuelo, el profeta Yesha’ayahu. Menashé hizo que la Torá fuera completamente olvidada, por dos generaciones, como dice en Melajim II (21:2-6) “Menashé hizo todo lo que ofendía a HaShem: practicaba las abominables ceremonias [de idolatría] de las naciones que HaShem había expulsado para heredarlas a los israelitas. Reconstruyó los altares paganos que su padre Jizquiyahu había destruido. Erigió altares en honor de Baal e hizo una imagen de la diosa Asherá…. Se postró ante todos los astros del cielo y los adoró… En ambos patios del Templo de HaShem [Menashé] construyó altares en honor de los astros del cielo. Sacrificó en el fuego a su propio hijo, practicó la magia y la hechicería, y visitó a nigromantes y a espiritistas. Hizo continuamente lo que ofende aHaShem, provocando así Su ira.”
El texto bíblico también cuenta lo que ocurrió, según esta versión, durante el 17 de Tamuz.
21:7: “[Menashé] tomó la imagen de la diosa [asiria] Asherá , que él mismo había mandado a hacer, y la colocó en el [Santuario del] Templo…”

Los Sabios explicaron que el mandamiento de honrar a los padres continua más allá de esta vida. Esta idea, en primer lugar, nos ayudará a comprender un poco mejor la diferencia entre dos obligaciones Bíblicas que parecen similares: respetar y honrar a los padres. Respetar consiste básicamente en “obedecer” y no contrariar a los padres. Esto, evidentemente, no se lleva a cabo cuando nuestros padres ya no están con vida. La segunda Mitsvá, sin embargo, la que se refiere al honor a los padres, se puede manifestar también luego que nuestros padres fallecen honrando su memoria.
Uno de los honores más respetados en el pueblo judío, independientemente de los diferentes niveles religiosos, es la recitación del Kaddish por parte de los hijos del fallecido. El texto del Kaddish no contiene ninguna alusión directa al fallecido o a la muerte. El Kaddish es una de las plegarias más elevadas de alabanza a Dios. ¿Por qué? Porque en el Kaddish declaramos que nuestra posibilidad de reconocer Su grandeza, Su sabiduría, y todo lo que HaShem hace por nosotros, etc. es muy limitada. Y que en consecuencia nuestras alabanzas siempre serán insuficientes. Esta profunda reflexión, que trate de resumir en muy pocas palabras, hace que el Kaddish sea considerado filosóficamente como una de las plegarias más elevadas. Tanto es así que aunque no se menciona específicamente el Nombre Divino, el Kaddish solo puede ser recitado en presencia de un Minyán (10 hombres judíos, mayores de 13 años). Recitar el Kaddish, inspirando a la congregación a esta singular alabanza es considerado un gran honor que la milenaria tradición judía confiere a los que están de duelo, para honrar así la memoria de sus seres queridos.
El Kaddish por los padres se recita todos los días, prácticamente durante un año a partir del fallecimiento. Luego del año, los hijos recitarán el Kaddish durante la semana del aniversario del fallecimiento de los padres. Esta conmemoración se llama en hebreo “hazkará”, y es conocido también como yohtrtzait, es decir, el día del aniversario del fallecimiento del padre o la madre, que los hijos conmemoran durante el resto de sus vida. La costumbre Ashkenazí es también recitar el Yizkor, una oración recordatoria prunicada en las festividades mayores en la que solo participan aquellos miembros de la comunidad cuyos padres no están ya con vida.
Hay otras maneras de honrar la memoria de nuestros padres.
Estudiar Torá, difundir la Torá, organizar o auspiciar la realización de clases de Torá, etc. se considera también una forma de honrar la memoria de los padres. Y por eso muchas veces se promocionan libros, clases de Torá, etc. “leiluy nishmat” en memoria, o por la elevación del alma de nuestros seres queridos. A diferencia del Kaddish, que solo lo recitan los hijos varones, estas obras de bien pueden y deben ser realizadas por los hijos y las hijas de los fallecidos.
Sin duda, el honor más básico a la memoria de nuestros padres se relaciona con el modo que llevamos adelante nuestras vidas. Cuanto mas significativas y dignas sean nuestras vidas, mayor será el honor que se atribuirá a nuestros padres (y viceversa). Pensemos por ejemplo en actos extraordinarios de integridad, obras de caridad, asistencia social, ayuda a los huérfanos, viudas, enfermos, etc. Cuando una persona actúa noblemente, inspirado en el ejemplo de sus padres, no es raro escuchar frases como: “Yo conocí a su padre, y veo que su hijo/a está siguiendo sus pasos”; “Digno hijo de su padre”, “Si su padre viviera , ¡que orgulloso estaría de él!”.
El buen nombre de los hijos, y las acciones de bien practicadas por los hijos, son directa o indirectamente un altísimo honor para los padres ya fallecidos.






En la Torá, hay dos mandamientos que regulan las relaciones entre padres e hijos. El primero es “kabbed et abikha ve-et imekha”, que se traduce como “Honra a tu padre y a tu madre”. Este es el quinto de los Diez Mandamientos.
Una segunda Mitsvá se encuentra en Parashat Quedoshim (Vayiqra) 19:3, una de las dos secciones de la Torá que estamos a punto de leer este Shabat que dice “ish immo veabiv tira’u”, que significa “Una persona debe respetar a su madre y padre.” Estas dos mitzvot son diferentes y, de hecho, se complementan, como veremos ahora.
RESPETO A LOS PADRES
El lenguaje que usa la Torá es “tira’u”, que literalmente significa “temer”. Sin embargo, este mandamiento no se trata de tener miedo o temor a nuestros padres sino de respetarlos.
¿Cuál es la diferencia entre el miedo y el respeto?
El “miedo” está asociado a un sentimiento fuera de nuestro control que suele paralizarnos. “Respeto”, por otro lado, es una actitud proactiva: considerar la autoridad de nuestros padres en nuestro comportamiento.
Respetar a los padres por lo general pertenece a lo que NO debemos hacer.
Algunos ejemplos:
No puedo llamar a mis padres por sus nombres: por respeto, debo dirigirme a ellos como “mamá” o “papá”.
No puedo desobedecer o faltar el respeto a mis padres.
Un hijo o hija no debe sentarse en el lugar designado para su padre o madre. Por ejemplo, en la cabecera de la mesa, en una silla especial, o en el asiento del padre en la sinagoga, etc.
El respeto a los padres es una forma de establecer líneas claras: “Yo soy el padre o la madre, y tú eres mi hijo o mi hija: te amo, pero no somos iguales”. Esta distancia es absolutamente necesaria, no por el ego de los padres sino por el bienestar emocional de los niños. ¿Por qué? Porque estos principios establecen límites y definen la autoridad, sin la cual un niño no puede ser bien educado. En un sentido práctico, la mitzvá de “respetar” a nuestros padres se aplica cuando somos niños o adolescentes y dependemos de nuestros padres. Un niño judío es educado para actuar con disciplina y aceptar la autoridad de sus padres, lo que eventualmente lo entrenará para respetar la autoridad de Dios. En otras palabras, solo cuando uno haya aprendido a respetar a sus padres, estará listo para respetar a Dios.
HONRAR A LOS PADRES
La Mitsvá de “Honrar” a nuestros padres es un poco diferente. No se trata de lo que NO podemos hacer con nuestros padres, sino de lo que debemos hacer por ellos. Esencialmente, honrar a nuestros padres significa cuidarlos y cuidarlos. Este es el significado del Quinto Mandamiento.
Nuestros sabios explicaron que honrar a los padres incluye, por ejemplo, ayudar a nuestros padres, visitarlos, acompañarlos, sacarlos y traerlos, y si es necesario, alimentarlos y vestirlos. Esta Mitsva enfatiza el deber de gratitud y reconocimiento a quienes nos alimentaron, vistieron y cuidaron cuando éramos niños.
El respeto por los padres se manifiesta cuando los niños dependen de sus padres, mientras que honrar a los padres se aplica principalmente cuando los padres son mayores y dependen de sus hijos.