El Rab Abraham Azulai (1570-1643) y la espada del Sultán

De FEZ a HEBRÓN
El Rab Abraham Azulai nació en la ciudad de Fez, Marruecos, en 1570. La ciudad de Fez fue un centro judío muy importante desde la época de los Gueonim. Tenemos referencias de Rab Sherira Gaón (906–1006), que escribió dictámenes rabínicos para la comunidad de Fez. La figura rabínica más ilustre de Fez fue Rabí Itzjak Alfasi (Rif, 1013–1103), uno de los rabinos más importantes de la Edad Media y uno de los pilares halájicos en los que se basan las decisiones del Shulján Aruj. La comunidad judía de Fez atravesó épocas de esplendor y decadencia. Cuando comenzó la Inquisición y las expulsiones en España, muchos refugiados judíos sefaradíes se refugiaron en Fez, especialmente tras la expulsión de 1492. La familia del Rab Azulai provenía de Castilla, España. Aunque por mucho tiempo Fez fue un centro vital de estudios de Torá, en los tiempos del Rab Azulai la ciudad estaba lejos de ser un paraíso. Aparte de las constantes persecuciones por parte de extremistas musulmanes, la región sufría de pobreza, sequías e incendios frecuentes. El Rab Shaul Serero cuenta que en la comunidad judía de Fez morían de hambre entre 10 y 20 personas por día. Tras una sequía que duró más de tres años, el Rab Azulai decidió abandonar Fez y dirigirse a la tierra de Israel. Esto ocurrió alrededor del año 1615. Los viajes en barco eran muy peligrosos. Cuando el barco en el que viajaba el Rab llegó cerca del puerto de Capotakia (Port Said), una gran tormenta destruyó su embarcación y todas sus pertenencias se hundieron. Milagrosamente, logró salvar su vida y llegar a la costa (se presume que nadando). Este milagro marcó profundamente al rabino, quien en señal de agradecimiento eterno a Dios por haberlo salvado, diseñó su firma con la forma de una embarcación.

De HEBRÓN a GAZA
Una vez que llegó a Israel, el Rab Abraham Azulai se estableció en la ciudad de Hebrón (Kiryat Arba), donde se relacionó con grandes rabinos de su generación, como el Rab Eliezer Arja. Sin embargo, en el año 1619, una epidemia devastadora lo obligó a abandonar Hebrón y trasladarse a Yerushalayim. Poco después, la plaga también alcanzó Jerusalén, por lo que el Rab Azulai decidió establecerse en la ciudad de Gaza, donde vivió durante varios años. En aquel tiempo, Gaza era una ciudad próspera y estratégicamente ubicada en el centro de la ruta comercial entre Siria y Egipto. Alrededor de 70 familias judías residían allí, dedicadas en su mayoría al comercio y a la agricultura. Durante el dominio otomano —Gaza formaba parte del distrito administrativo de Damasco desde 1517— la ciudad gozó de una relativa estabilidad. Esto permitió el florecimiento de una pequeña pero significativa comunidad judía, compuesta mayoritariamente por sefardíes descendientes de los expulsados de España y Portugal. La vida judía en Gaza se centraba en el estudio, la enseñanza y la práctica religiosa. El ambiente espiritual de la ciudad estaba fuertemente influenciado por la mística judía, y Gaza se convirtió en un centro de resonancia cabalística vinculado a la escuela del Arí z”l de Tsfat. La figura rabínica más destacada de ese período fue Ribbí Israel Najara —originario de la ciudad española de Nájera—, rabino principal de Gaza entre 1620 y 1625 y célebre poeta litúrgico. Su tumba fue venerada y cuidada durante generaciones. La importancia espiritual de Gaza también fue reconocida por viajeros judíos. Ribbí Moshe Basola, un visitante italiano que recorrió la región en 1522, dio testimonio de la vitalidad de su comunidad judía. Algunos describían a Gaza como un lugar dotado de ruaj kedoshá, un espíritu de santidad. No obstante, a partir del siglo XVIII, la presencia judía en la ciudad comenzó a declinar paulatinamente. Durante su estadía en Gaza, el Rab Azulai escribió dos de sus obras más significativas. La primera, un comentario al Zohar titulado Jesed LeAbraham (“La bondad que Dios hizo con Abraham”), fue concebida como una expresión de gratitud a HaShem por haberlo salvado de dos epidemias mortales. La segunda obra, Ba’ale Berit Abraham, es un comentario místico sobre la Torá, profundamente influenciado por la espiritualidad de su tiempo.

COMENTARIO SOBRE LA MISHNÁ
Uno de los libros menos conocidos del Rab Azulai es “Ahavá Bata’anuguim”, un hermoso y extenso comentario sobre la Mishná. Que lamentablemente no es tan conocido como sus libros de misticismo. En este libro el Rab Azulai explica el significado elemental de la Mishná, siguiendo los pasos de Maimónides, e incorporando los comentarios del Talmud, los midrashim y otros famosos libros, incluyendo el mismo Shulján Aruj. Este libro fue publicado en Israel recientemente (1985) en forma parcial (Seder Neziquín). Y la introducción de esta nueva edición fue escrita nada menos que por el Rab Obadiá Yosef (ver https://tablet.otzar.org/#/book/147034/p/15/t/1/fs/0/start/0/end/0/c). Cuando la plaga terminó, el Rab Azulai regresó a Hebrón, donde vivió hasta el final de sus días.

La obra de Ribbí Abraham Azulai sobre la Mishná representa una contribución excepcional dentro del estudio rabínico clásico, no solo por su profundidad sino por el espíritu con el que fue escrita. Su comentario se caracteriza por un enfoque claro, conciso y profundamente respetuoso hacia los sabios anteriores. A pesar de su vasto conocimiento, Ribbí Abraham rehusaba reinterpretar lo que ya había sido explicado por los grandes rishonim y ajaronim. Más bien, buscaba transmitir la Mishná con una mirada renovada, pero sin quebrar la cadena de la tradición. En sus propias palabras, declaró que no saldría de lo que fue recibido “si no es por completo”, y afirmó con humildad: “Nunca se me ocurrió algo que no estuviera ya insinuado por nuestros sabios anteriores”. Este equilibrio entre reverencia y renovación se expresa con fuerza en su descripción del estudio como “Ahavá Bata’anuguim” —un amor espiritual y placentero por la Torá—, concepto que impregna todo su comentario. Su intención no era únicamente aclarar la letra de la Mishná, sino despertar en el lector un deleite interior por las enseñanzas éticas, místicas y morales que encierra. El estilo de Ribbí Abraham es dulce y penetrante, cargado de sensibilidad espiritual, y su objetivo no era dictaminar halajá, sino guiar el alma del lector hacia un vínculo emocional con la Torá. Esta dimensión lo distingue radicalmente de muchos de sus contemporáneos y lo coloca en una categoría única: la de aquellos que enseñan no solo con sabiduría, sino con amor. Su influencia alcanzó a alumnos notables, como Ribbí Shlomó Solomon de Tzfat y Ribbí Nissim ben Malka, autor de Be’er Sheva, prolongando así su legado más allá del tiempo y del lugar en que vivió.  Presentamos en este link (https://www.dropbox.com/scl/fi/7p5g30uhv3qwsl0i8xvdv/Hebrewbooks_org_5281.pdf?rlkey=snwfo2yq07ses2706nq7cscfb&e=1&dl=0 ) el comentario del Rab Azulai sobre la Mishná de Pirqué Abot

LA ESPADA EN LA CUEVA DE MAJPELA
Cuentan que cuando el Sultán del Imperio Otomano, Mohamed IV —el hombre más poderoso de la tierra en su tiempo— visitó la tierra de Israel en 1643, llegó hasta Hebrón. Un viernes, siguiendo la tradición musulmana, fue a rezar a Me’arat HaMajpelá, la cueva donde están enterrados Abraham, Itzjak y Ya’akob. En ese entonces, existía un pozo profundo en el recinto dedicado a Itzjak Abinu, por el cual se podía acceder al interior de la cueva. Nadie descendía allí, ya que se consideraba extremadamente peligroso (posiblemente por falta de oxígeno o la presencia de gases o elementos tóxicos). Cuando el Sultán se inclinó sobre el pozo para observar, su valiosa espada cayó dentro. Envió a varios soldados atados con sogas para recuperarla, pero todos murieron en el intento. Los líderes locales decidieron no arriesgar más vidas de musulmanes y exigieron que fueran los judíos quienes la rescataran, bajo amenaza de exterminio. Fue entonces que el Rab Azulai, ya anciano, se ofreció para la peligrosísima misión. Tras una experiencia extraordinaria, logró recuperar la espada del Sultán. (Puedes leer el relato completo en el sitio oficial de Hebrón: https://en.hebron.org.il/history/228).

SU MUERTE
El Rab Abraham Azulai falleció al día siguiente de haber salido de la cueva de Majpelá, un viernes, justo antes de la parashá Jayé Sará. Está enterrado en el antiguo cementerio de Hebrón. Como era costumbre en esa ciudad, su tumba no lleva inscripción alguna, ni siquiera su nombre —posiblemente como gesto de deferencia a los Patriarcas que descansan allí. Uno de sus bisnietos fue el célebre rabino Jayim Yosef David Azulai, conocido como el Jidá (1724–1806).

 




El rab Ya’aqob Joli (1689-1732) y el libro que cambió al mundo Sefaradí

El rabino Ya’aqob Joli (muchos pronuncian su apellido incorrectamente: Culi o Koli, etc.) nació en Yerushalayim en 1689. Su padre era Ribbí Majir Joli, originario de la isla de Creta. Esa famosa isla, que hoy es la isla más grande de Grecia, perteneció por mucho tiempo al reinado de Venecia. En 1645 fue conquistada por los turcos y desde ese entonces la comunidad judía allí comenzó a declinar. En 1650 el padre del rab Joli emigró a Israel y se asentó en Yerushalayim. Se casó allí con la hija del famoso rab Moshé ben Jabib, que fue el Rishón leTsión, es decir, el rabino principal del los Sefaradim en Erets Israel. El Rab Moshé ben Habib era el nieto del famoso Rab Ya’aqob ben Jabib, autor del libro  ‘en ya’aqob(ver  AQUI).
El Rab Ya’aqob Joli llegó a estudiar por algunos años con su abuelo, y recibió una gran influencia de él. En aquellos días, la situación de los judíos en Israel era desastrosa, política y financieramente. El rab Ya’aqob se mudó a Constantinopla, Turquía, en principio para publicar los manuscritos de su abuelo, pero al final se quedó allí. En esa ciudad conoció al famoso rabino Yehuda Rosanes. El Rab Joli se convirtió en uno de sus mejores alumnos y al poco tiempo el rabino Rosanes lo asignó como Dayán (juez rabínico) de Constantinopla. El Rab Rosanes falleció en 1727 dejando una vasta obra literaria escrita a mano. El Rab Joli se ocupó de publicar los libros de su maestro y los de su abuelo, sabiendo que esta tarea le exigiría muchos años de dedicación, y tendría que postergar la redacción y publicación de sus propios libros. En 1728 publicó Parashat Derajim del rabino Rosanes y en 1731 publicó el libro más famoso del rabino Rosanes Mishné laMelej, un comentario sobre Mishné Tora de Maimónides.
EL ME’AM LO’EZ 
Recién entonces pudo dedicarse de lleno a su famosísimo libro: Me’am Lo’ez.
Me’am Lo’ez es una antología monumental de Midrashim y Halajot, organizada de acuerdo a la sección semanal. Aparte del rico material talmúdico, el Rab Joli presenta en su libro muchas notas autobiográficas y anécdotas, lo que hace que el lector se sienta transportado a las antiguas comunidades sefardíes. Al leer este libro uno puede sentir que los judíos eran víctimas de abusos y persecuciones permanentes. El Me’am Lo’ez los consolaba. El Rab Joli alentaba a los Yehudim a ver el Shabbat, por ejemplo, como una “isla de paz”, una oportunidad de 24 horas en la semana para desconectarse de la tristeza y la persecución y disfrutar de la paz y la familia. También educaba a sus lectores, la mayoría de ellos viviendo en malas condiciones, a practicar el Jesed (bondad, caridad) con aquellos que se encontraban en una situación peor. El Rab Joli insiste que el mejor antídoto para hacer frente a las dificultades personales no es la auto-compasión, sino el abrir el corazón y ayudar a aquellos que son más pobres que uno, o asistir a las viudas, a los huérfanos y a los enfermos.
Lo especial de este libro es que a diferencia de otros libros no fue escrito para judíos con conocimientos de Torá avanzados, sino para los judíos comunes, incluso, o especialmente, para los Yehudim que no entendían el hebreo.
EL LIBRO QUE HIZO FAMOSO AL LADINO
El libro Me’am Lo’ez fue escrito en ladino, esto es, español antiguo con algunas palabras hebreas, y escrito con letras hebreas. Voy a copiar a continuación el primer renglón (que se puede ver en la introducción al Me’am Lo’ez en la foto arriba) para que el lector pueda degustar el dulce estilo de esta hermosa lengua.
דיקלארו דיל ארבע ועשרים אין לאדינו דאנדו אה אינטינדיר איל ריז‘ו די לה וידה קי דיב‘י ריז‘ירסי לה פירסונה סיגון קומאנדו לה ליי סאנטה
Transliteración: “Declaro del arba ve’esrim en ladino dando a entender el reyo de la vida que debe regirse la persona según comandó la ley santa”
Traducción: El Me’am loe’z es “la declaración de los veinticuatro [libros de la Biblia hebrea, lo que hoy llamamos Tanaj] en ladino, para dar a entender la conducta [=regimiento, “reyo” en español antiguo] de la vida por la cual debe conducirse una persona , según lo comandó la Ley Santa [la Torá]”.
Digamos también que en esa época, siglo XVIII, el ladino era la lengua coloquial de los judíos en Turquía, Grecia y en muchas comunidades del medio oriente. El Me’am Lo’ez trajo entonces una increíble revolución educativa y se hizo inmensamente popular en las comunidades sefardíes ya que todo hombre, o mujer, que sabia leer las letras hebreas ¡tenía ahora la posibilidad de estudiar Torá! Algo que hasta ese entonces era impensable.
EDICIONES DEL MEAM LOEZ
El rab Joli publicó la primera edición de su libro en 1730, en la ciudad de Constantinopla. Pero su obra quedó inconclusa. El Rab Joli murió en 1732, a la muy temprana edad de 43 años. Y sólo alcanzó a completar el libro de Génesis y dos tercios del libro de Shemot.
Pero su obra era tan popular y necesaria que sus alumnos no permitieron que su muerte significara el final de su libro. Y así como el rab Joli se dedicó a publicar los libros de sus maestros, sus alumnos y seguidores continuaron escribiendo, y completaron “los veinticuatro libros” del Me’am Lo’ez en el mismo estilo que su autor original.
Algunos ejemplos.
El rabino Ytshaq Magriso completó el libro de Éxodo (Shemot) y escribió el comentario sobre los libros de Levítico y Números.
Deuteronomio fue escrito por el rabino Ytshaq Bekhor Agruiti.
El libro de Yehoshua por el rabino Rajamim Menajem Miterani.
El libro de Esther por el rabino Rafael Hiya Pontremoli.
El rabino Shemuel Kravitzer (Yerushalmi, 1992-1997), completó los libros que faltaban y tradujo el Me’am Lo’ez del ladino al hebreo.
Y el rabino Aryeh Kaplan, fallecido en 1983, tradujo el Me’am Lo’ez del ladino al inglés.

 

 

PERSONAL

El libro Me’am Lo’ez tiene un significado muy particular para mí. En primer lugar, por el lado de mi madre, somos descendientes directos del Rab Joli (“Joli” era también el apellido de mi abuela materna, Sofia Aurora Joli, de Damasco, Siria, z”l).
Por el otro lado, el abuelo de mi esposa, Ribbí Shemuel Chocrón, z”l, de la ciudad de Melilla, España, recibió su gran erudición en Torá “exclusivamente” del Me’am Lo’ez. R. Shemuel vivió en la época de Franco y tuvo que retirase forzado de su trabajo en 1937, a una edad muy joven. Los padres de R. Shemuel tenían la edición completa del Me’am Lo’ez de Esmirna, en ladino. Y R. Shemuel le dedicó su vida a este libro. Me cuentan que estudiaba el Me’am Lo’ez todos los días, por 8 horas diarias, o más. Y llegó al punto de aprender el Me’am Lo’ez de memoria. Tuve el gran mérito de conocer a Ribbí Shemuel y ver con admiración cuando mi esposa Coty, o alguna de sus 7 hermanas, leían el Me’am Lo’ez a su abuelo –porque ya le costaba leer– y si cometían algún error en la lectura él las corregía ¡de memoria!  A través del Me’am Lo’ez Ribbí Shemuel se había convertido en un alumno “directo” de Ribbí Ya’aqob Joli. Mi amor por el Me’am Lo’ez y mi admiración por la obra del Rab Joli crecieron exponencialmente cuando vi el impacto que el Me’am Lo’ez había tenido en este gran hombre y como sus lecciones habían moldeado su personalidad. Ribbí Shemuel Chocrón fue un ejemplo de decencia, integridad, nobleza, bondad sin limites, amor a la Torá y temor a Dios.
Ayer fue el aniversario de Ribbí Shemuel ben Mordejai Chocrón.
Dedico esta Halaja of the Day a su bendita memoria .




NOAJ: Las leyes para los Hijos de Nóaj

LAS LEYES DEL EXTRANJERO

La Torá, la Constitución del pueblo judío, contiene todo tipo de leyes, rituales, civiles, laborales, etc.. Y también leyes que conciernen a los no-judíos.  Estas leyes se comprenden mejor cuando las comparamos  con “las leyes del extranjero” que aparecen en cualquier constitución moderna.  Las leyes de migración y extranjería determinan, por ejemplo, cuál es el proceso que un extranjero debe realizar para la obtención de la ciudadania , es decir: la naturalización; o cuáles son los derechos y las obligaciones de un extranjero que quiere residir o trabajar temporalmente en el país, etc.

La Torá llama al extranjero guer, refiriéndose a una persona no judía, hombre o mujer, que vive con los judíos en la tierra de Israel.  La Torá reconoce dos tipos de extranjeros. El primero, y el que más se menciona en la Torá, es el guer toshab,  o “extranjero residente”. El otro es guer tsedeq, es decir, o “extranjero naturalizado” .  

El “extranjero residente” es el individuo no-judío que podía residir y trabajar legalmente en el estado judío Bíblico de Israel.  

El “extranjero naturalizado”, es una persona no-judía que naturalizado, es decir, se ha convertido en un ciudadano del pueblo de Israel.  En nuestros días esto corresponde al individuo que se convierte al judaísmo. 

Explicaremos un poco mejor el tema de conversión al judaísmo.  

CONVERSION AL JUDAISMO

Cuando un individuo no-judío, hombre o mujer,  quiere convertirse al judaísmo, lo debe hacer con la intención de transformarse en un ben berit, en una persona sujeta al pacto entre Dios e Israel, tal como lo determina la Torá. 

La conversión se realiza ante un tribunal rabínico competente. Los pasos a seguir para la conversión son los siguientes. 

1. Berit Milá: Si el candidato a la conversión es un hombre, deberá practicar la circuncisión.

2. Mikvé: Hombres o mujeres, deben sumergirse en un baño ritual llamado Mikvé.

3. Qabbalat Mitsvot: Esto es, la adopción de la Torá como el único código de ley, de moral y de conducta a seguir.  Aceptar el cumplimiento de las Mitsvot, por lo tanto, no es una mera condición para ser parte del pacto, como muchas veces se sugiere.  El deseo de observar las leyes de Dios debe ser el propósito de la conversión al judaísmo. 

4. Incondicionalidad. Uno de los requisitos para que un tribunal rabínico aceptar la conversión de un individuo no-judío es la ausencia de cualquier motivación ulterior que no sea el deseo de obligarse a vivir según lo establecido en la Torá.  La conversión de un individuo no judío, hombre o mujer, no se aceptará si se quiere convertir, por ejemplo, con la intención de casarse con una persona judía.  

Una vez que una persona no judía se convierte al judaísmo tiene prácticamente las mismas obligaciones y los mismos derechos que un individuo nacido de madre judía.  Con una excepción: el converso debe ser asistido y tratado por los judíos con más compasión y más deferencia de la que se trata a un individuo que nació de madre judía (Maimonides, Hiljot Deot). 

BEN NOAJ 

Hay una segunda manera en la que un individuo no-judío puede cumplir con la Ley Divina, sin adoptar el Pacto entre Dios e Israel, es decir, sin convertirse al judaísmo.

La ley judía —y creo que sólo el judaísmo concibe algo así— registra la existencia de un código universal de leyes Divinas que es obligatorio para toda la humanidad. Este código de leyes universales, lejos de ser más restrictivo, es mucho más reducido que el código de ley judío y contiene sólo 7 preceptos, en lugar de 613.  

Las siete leyes son: 1) No practicar la idolatría 2) No blasfemar el Nombre Divino. 3) No Matar  4) No cometer adulterio ni incesto. 5) No Robar 6) No comer la carne de un animal sin haberlo sacrificado antes .  7) Establecer tribunales de justicia para sancionar estas leyes. 

En hebreo al judío se lo llama ben berit , es decir, una persona sujeta al pacto que Dios celebró con Israel y sus descendientes. Y al no judío que vive de acuerdo a estas leyes se lo llama ben Noaj, es decir, el individuo que se obliga a las leyes universales que Dios estableció para Noaj y para sus descendientes.   

En los tiempos Bíblicos el no-judío que quería convertirse en ben noaj  también tenía que hacerlo ante un tribunal rabínico, declarando su deseo de conducirse de ahora en más de acuerdo a las leyes de Noaj.  Según la Torá, aquel individuo no-judío que acepta estos siete preceptos tiene derecho a residir en la tierra de Israel y también tiene parte en la vida del mundo por venir.

Para resumir, cuando no-judío que quiere cumplir la voluntad de Dios como lo establece la Torá puede

1. Convertirse en ben berit (judío) si quiere obligarse a observar los 613 preceptos de la Torá.

2. Convertirse en  ben Noaj si adopta las 7 leyes universales. 

 




El Rab Jayim Vital (1543-1620) y el dilema de los verdaderos Cabalistas

SU FAMILIA
El Rabino Jayim Vital nació en la ciudad de Tsefat (Safed, Israel) en 1543. Su padre fue Ribbí Yosef Vital, un experto escriba (sofer). Los Tefilín escritos por Ribbí Yosef eran muy apreciados por el mismísimo Ribbí Yosef Caro, autor del Shulján Aruj y principal rabino de Safed en esos tiempos, no solo por la santidad y pureza de aquel gran Jajam sino también por haber sido escritos siguiendo algunas tradiciones muy antiguas, por ejemplo, el diseño de la letra kaf sofit (o peshutá, extendida) que era escrita por Ribbí Yosef con la parte superior redondeada y no rectangular (ך).  El Rab Moshe Galante cuenta que más de mil pares de Tefilín habían llegado a la comunidad judía de Egipto desde Safed, escritos por el famoso “rab Yosef el Calabrés”. La familia Vital era originaria de Calabria, así que al rab Yosef y a su hijo el rab Jayim se los conocía como los rabinos “calabreses”.
SAFED (צפת)
La ciudad de Safed se había transformado en uno de los destinos más importantes para muchos judíos que llegaban desde la península ibérica luego de la expulsión de España (1492) y Portugal (1497) . En el año 1540 había 5.000 judíos en la ciudad de Safed, 719 familias.
El maestro del rab Vital fue el famoso rabino Moshé Alshej, también de Safed. Cuando el rab Yosef Caro falleció lo sucedió el rab Alshej, quien heredó de Ribbí Yosef Caro la autoridad para ordenar nuevos rabinos. El rab Alshej le concedió su ordenación solamente a un Rabino: el Rab Jayim Vital. Si bien el Rab Jayim Vital es conocido principalmente por sus escritos sobre la Qabbalá, sus estudios iniciales fueron estudios rabínicos convencionales. Su hijo, el rabino Shemuel Vital, cuenta en su libro “Fuente de aguas de Vida” (be-er mayim jayim) que su padre solo se permitió a sí mismo iniciarse en el estudio de la Qabbalá cuando ya había completado sus estudios rabínicos avanzados, lo cual incluye un conocimiento total de las obras Talmúdicas y Halájicas, lo que normalmente lleva décadas de estudios intensivos.
LOS GRANDES MAESTROS
En Safed el Rab Jayim también estudió con el célebre rabino cabalista (mequbbal) Moshé Cordobero (Ramak) hasta el año 1570, cuando el rabino Itzjak Luria, conocido como el Ari haQadosh, llegó a la ciudad de Safed proveniente de Egipto. El Arí haQadosh es considerado como uno de los más famosos cabalistas de la historia. Según el rab Vital, mientras que las obras de los primeros cabalistas —desde Najmánides (1270) hasta el propio Arí— se formularon en base al intelecto humano, las enseñanzas de su maestro, el Ari, fueron reveladas por inspiración divina. En el año 1572 la población de la ciudad de Safed fue diezmada por una terrible plaga que también cobró la vida del Ari haQadosh a la corta edad de 38 años. Luego de la muerte del Arí, el Rab Jayim Vital fue reconocido como su principal alumno y su sucesor.
DE JERUSALEM A DAMASCO
En el año 1578 el Rab Vital dejó Safed y se estableció en Yerushalayim (Jerusalem). Allí fundó su propia academia y ayudó a la comunidad local junto con otras grandes luminarias Talmúdicas como el Rab Betsalel Ashkenazi, de Egipto, autor de Shitá Mequbetset y maestro del Arí haQadosh.
En 1597 el Rab Jayim Vital se trasladó a la ciudad de Damasco, Siria y ejerció allí como el rabino de la comunidad de judíos sefaradim que habían llegado recientemente de Sicilia, Italia. Su principal función en esa comunidad era educativa: enseñar las bases de la Torá a las familias judías, muchas de las cuales estaban regresando al judaísmo luego de haber vivido aterradas por la inquisición española por una, dos o más generaciones.
El Rab Vital falleció en Damasco en 1620, a la edad de setenta y siete años.
SUS OBRAS
El Ari haQadosh no escribía sus enseñanzas sino que las impartía oral y privadamente a un pequeño grupo selecto de alumnos. Con la autorización de su maestro el Rab Vital tomó notas que luego del fallecimiento del Ari organizó, redactó y editó, pero por expresa voluntad del Arí, no las publicó. Por muchos años el libro principal del rab Vital “Ets HaJayim” permaneció “enterrado” (גנוז), y el rab Vital no permitió que fuera publicado.  El Rab Tsemaj cuenta en su libro que una persona muy acaudalada obtuvo de manera indebida libros del Rab Vital y los hizo copiar sin su permiso.
Uno de los temas más controversiales en esta area hasta el día de hoy es la publicación de los libros y estudios de Qabbalá. La propia palabra hebrea “qabbalá”, que significa “recepción”, indica que el conocimiento cabalístico debe ser recibido por el alumno directamente de su maestro, y no a través de un texto escrito (o un video en Youtube…).
La popularización del conocimiento esotérico conlleva a un grave riesgo: que el conocimiento místico sea banalizado, o peor aún, explotado por individuos sin escrúpulos para fines materiales, personales, beneficios, etc. Esto ocurrió lamentablemente más de una vez. Por ejemplo, en los tiempos del falso mesías, el impostor Shabetay Tseví (1666), quien utilizó conceptos de la Qabbalá para justificar y promover su falso mensaje.
La Qabbalá popularizada puede ser explotada por charlatanes y personas sin escrúpulos, como ocurre incluso en nuestros días, porque la mayoría de la gente no sabe de qué se trata la Qabbalá, y no tiene entonces la posibilidad de diferenciar entre el maestro y el impostor. Aunque uno de mis maestros me enseñó lo siguiente que puede ser de mucha ayuda en este tema: “El que la sabe no la dice, y el que la dice no la sabe”

 

Ver aquí uno de sus principales pero mas desconocidos libros.  Este es un libro de Musar completamente accesible para quien lee hebreo básico. Este libro inspira al lector practicar el amor y la dedicación a Dios, estudiando Su Torá y profundizando en las plegarias que a Él le dedicamos.  

LIBRO SHAARE QUEDUSHA

https://beta.nli.org.il/he/books/NNL_ALEPH001896079/NLI




El Rey David describe el ideal judío

.מזְמוֹר, לְדָוִד ה’ מִי יָגוּר בְּאָהֳלֶךָ מִי יִשְׁכֹּן בְּהַר קָדְשֶׁךָ
. הוֹלֵךְ תָּמִים, וּפֹעֵל צֶדֶק וְדֹבֵר אֱמֶת בִּלְבָבוֹ
לא-רָגַל עַל-לְשֹׁנוֹ לֹא-עָשָׂה לְרֵעֵהוּ רָעָה וְחֶרְפָּה לֹא נָשָׂא עַל-קְרֹבוֹ
נבְזֶה בְּעֵינָיו נִמְאָס וְאֶת-יִרְאֵי ה’ יְכַבֵּד נִשְׁבַּע לְהָרַע וְלֹא יָמִרכסְפּוֹ לֹא-נָתַן בְּנֶשֶׁךְ וְשֹׁחַד עַל-נָקִי לֹא לָקָח. עֹשֵׂה-אֵלֶּה לֹא יִמּוֹט לְעוֹלָם
TEHILIM, Salmo 15.
Este salmo del Rey David es muy breve—contiene solo 5 pesuquim (versículos bíblicos)— pero es muy rico en significado.
El texto comienza con una pregunta:
PASUQ 1: HaShem (Dios), ¿quién merece ser invitado a Tu residencia?
¿quién merece habitar en Tu templo?
Vivir cerca de Dios se refiere a alcanzar el estado espiritual más elevado al sentirse cerca de Él, continuamente. Esta proximidad a Dios, por un lado, conlleva una gran responsabilidad: la conciencia de que Dios nos observa (y juzga) permanentemente. Por otro lado, vivir bajo los ojos de Dios significa merecer Su atención y supervision, lo cual es considerado el mérito mas grande. Pero ¿cuáles son las virtudes y los valores que un individuo debe practicar para merecer vivir cerca de Dios y gozar de Su atención?
PASUQ 2: “[El hombre que] se conduce con rectitud, obra con justicia y dice la verdad de su corazón”.
Este pasuq enumera las virtudes que debe tener un hombre para convertirse en un “ser humano ideal” y merecer vivir en Su presencia. Las cualidades mencionadas aquí tienen que ver con la integridad y la honestidad. Lo cual no significa que otros aspectos de la Tora, rituales, religiosos y ceremoniales, sean menos importantes. Solo que este Salmo se concentra específicamente en la ética y la moral interpersonal. Este versículo describe los tres principios que guían la vida de una persona de bien: la integridad, la justicia y decir la verdad. El próximo versículo, como veremos ahora, mencionará 3 malas acciones que una buena persona debe evitar.
PASUQ 3: “[El hombre que] no daña a los demás con su lengua, no lastima a su amigo, y sus parientes no se avergüenzan de él”.
De nuevo, vemos que este Salmo enfatiza las acciones morales (ben adam lajaberó). La primera ofensa mencionada aquí es leshon hara: hablar negativamente de otra persona. Decir o contar algo que quizás sea cierto, pero es negativo, injustificado y que le puede causar daño a otro individuo. Luego, el pausa se refiere a evitar causar daños materiales, como robar o agredir a alguien físicamente. Y por último menciona no ofender a los demás y evitar daños emocionales, es decir: insultar, ofender o abusar verbalmente de alguien (bullying), etc.
PASUQ 4: “[El hombre que] rechace a los hombres que hacen el mal; y que honra a los que temen a Dios. [El hombre que] cuando jura [cumplirá con su promesa y] no la cambiará, aunque [por mantener su palabra] sufra perdidas materiales “.
Este pasuq se relaciona con la conducta del hombre ideal. Una persona decente no envidia a los malvados, incluso cuando los malvados prosperan. El modelo a seguir es el individuo temeroso de Dios. Es decir, los que llevan a cabo sus vidas con una conciencia permanente de que HaShem está mirando lo que hacen. Finalmente, un buen hombre es, sobre todo, honesto. ¿Y cómo mide el Rey David la honestidad? Imaginemos, por ejemplo, que alguien se comprometió a una transacción comercial, y aunque no firmó nada, ya dio su palabra. Y luego se da cuenta que —o sucede que bajo nuevas circunstancias— llevar a cabo esa transacción lo dañará económicamente y perderá dinero al cumplir con su palabra. En estas circunstancias, el hombre decente no se retractará. No cambiará sus palabras ni negará su compromiso. El hombre que merece vivir cerca de Dios,es aquel que honra sus compromisos y está dispuesto a perder dinero con tal de no romper su promesa. Esto, en el judaísmo, es considerado el epítome de la integridad.
PASUQ 5: [El hombre que] nunca prestará dinero con intereses, ni aceptará sobornos que incriminan a los inocentes. El que hace todo esto, nunca caerá
Y merecerá vivir en la proximidad de Dios, en esta vida y en la próxima.
Rab Yosef Bitton
Manhattan Beach, NY.



NOSOTROS, LOS RABINOS. Inspirado en una carta de Al Gindi, z”l.

Ayer recibí un correo electrónico del presidente de mi comunidad y mi buen amigo, el Sr. Albert Laboz. El correo electrónico tenía un archivo adjunto: una carta escrita por el Sr. Al Gindi (se pronuncia “Guindi”), z “l, que falleció hace unos días. El Sr. Gindi era famoso por sus actos de filantropía, su integridad y sus esfuerzos por fortalecer los valores religiosos de la comunidad judía siria de Nueva York.
La carta estaba dirigida al Sr. Ezra Ashkenazi, un conocido líder de la comunidad y benefactor. El tema de la carta no era una conversación personal entre estos dos gigantes comunitarios; en realidad, el título de la carta era “Jilul HaShem”, la profanación del nombre de Dios, y la carta estaba dedicada a los rabinos.
En su carta, el Sr. Gindi urge a los rabinos de la comunidad a abordar asuntos directamente relacionados con la moralidad, la ética en los negocios y la justicia. En su opinión, nosotros, los rabinos, estamos demasiado centrados en asuntos relacionados con el ritual y no prestamos suficiente atención al desarrollo del carácter. Aclarando que no está diciendo, Dios no lo permita, que lo ritual no es importante, el Sr. Gindi escribe que los rabinos deben encontrar un equilibrio entre enseñar los preceptos hacia Dios y predicar acerca de la conducta en las relaciones interpersonales. Los rabinos —plantea el Sr Gindi-deberíamos dedicar más tiempo y más discursos públicos a enseñar a la comunidad acerca de la integridad
¿Y por qué deberíamos nosotros, los rabinos, centrar nuestra atención en cuestiones de ética judía? Porque la comunidad lo necesita En el mundo de los negocios, el Sr. Gindi ha sido testigo de prácticas predatorias, de abuso, de maltrato de empleados gentiles, etc. Estos malos hábitos no solo son intrínsecamente incorrectos. Estas prácticas también le dan un mal nombre a la comunidad judía. Y llevan al peor pecado concebible: la profanación del nombre de Dios o “Jilul haShem”, que ocurre cuando en nuestra vida cotidiana y en nuestro comportamiento los judíos “mal representamos” la Torá que se supone que debemos “representar” con la mayor fidelidad.
Aunque su carta es del 2004, el mensaje es fuerte, claro y sigue siendo relevante en 2018. En la misiva del Sr. Gindi, él amablemente trató de explicar por qué los rabinos no hablamos de este tema. Dijo que los rabinos probablemente no están al tanto de lo que sus feligreses hacen en sus negocios. Es por eso que no abordan los problemas. Es necesario entonces informar a los rabinos de lo que está pasando, para que puedan enseñarnos lo que debemos hacer.
La carta z’l del Sr. Gindi me movió a dedicar la Halajá del día de hoy a su importante mensaje.
Sus preocupaciones resonaron en mi mente como un viejo eco de las palabras de Yesha’ayahu, Isaías, el Profeta, y lo que leemos en la Haftará antes de Tish’a beab y en la mañana de Iom Kipur.
Yesha’ayhu, más que cualquier otro profeta, denunció con mucha fuerza la situación moral y las injusticias sociales prevalecientes en su tiempo. Acusó a la gente de Yerushalayim de avaricia material y falta de integridad
Sus monedas de plata son falsas, su vino es adulterado.
Sus líderes políticos son corruptos … Se venden al mejor postor y aceptan sobornos. No defienden a las personas sin hogar, y no defienden a los indefensos.
(Isaías 1:22)
Palabras muy impactantes, de hecho. Pero el aspecto más poderoso de las palabras de Yesha’ayahu es que denunció que en su época muchas personas usaban los rituales religiosos como los sacrificios, para encubrir su mal comportamiento en los negocios. Para usar un término moderno, Yesha’ayahu acusó a sus contemporáneos en Jerusalén de “hipocresía religiosa”, manifestándose como piadosos en el Templo y comportándose como ladrones en su negocio.
La situación actual de la comunicada, obviamente, esta muy lejos de lo que describió Yesha’ayahu. La comunidad en general tiene un muy buen nombre y prestigio. Se sabe que los miembros de la comunidad son honorables, extremadamente generosos, hombres de familia, guiados por principios. Pero las palabras de Yesha’ayahu y la carta del Sr. Gindi deberían hacernos comprender los peligros potenciales de no prestar suficiente atención y tiempo a cuestiones de integridad religiosa.
Mucho ya se está haciendo. Multitudes vienen a clases de Tora. Y prácticamente todos los miembros de la comunidad asisten regularmente a la Sinagoga. Este “acto de presencia” por si mismo ya ayuda a las personas a sentir una conexión mejor y más fuerte con Dios. Y al final, una conexión sólida con Dios es lo que hace que las personas se comporten con honestidad y actúen con integridad. El señor Gindi, su familia y muchos otros hombres de negocios y empresarios judíos son un gran ejemplo de cómo la Tora que aprendemos en la sinagoga se queda con nosotros y nos guía cuando dejamos los muros de la sinagoga.
Pero lo que el Sr. Gindi dice en su carta es que los rabinos debemos aspirar a hacer más … Necesitamos hablar más explícita y directamente sobre la integridad. Además de inspirar a nuestros feligreses a sentir conscientemente la presencia de Dios fuera de la sinagoga, también deberíamos tratar de equiparlos con más detalles y ejemplos de lo que la Torá espera de nuestro comportamiento en el lugar de trabajo y en nuestros asuntos mundanos.
Trataré de hacer mi parte.
Rab Yosef Bitton
Manhattan Beach, NY.
Con la autorización de la familia, enviamos aquí la copia de la carta original del Sr Gindi (inglés).



TISHA BEAB: La rebelión de Bar Kojbá y la caída de Betar (2nda parte)

אמרו חז”ל (איכה רבא פ”ב סי’ ה) על בן כוזיבא ואנשיו: ובשעה שהיו יוצאין למלחמה היו אומרים לא תסעוד ולא תסכיף
Como ya lo hemos explicado, la rebelión armada de Bar Kojbá contra los romanos al principio fue muy exitosa. Tanto, que el emperador Adriano tuvo que traer a su mejor general, Julio Severo, desde Britannia, y a más de 10 legiones de 5000 soldados cada una –algo sin precedentes– para enfrentar a los valientes Yehudim. Pero al final la lucha contra Roma no tuvo el éxito esperado.
Los Jajamim explicaron, entre otras cosas, que algunos de los soldados que luchaban en el ejercito de Bar Kojbá, embriagados de arrogancia por las primeras victorias, citaron incorrecta y deliberadamente, un versículo de Tehilim (Salmos 60:10) y dijeron: “Ahora, HaShem, deja que nosotros mismos nos enfrentemos a los romanos. No queremos que pelees ni contra nosotros ni con nosotros” Esta actitud vanidosa de algunos soldados fue vista por los Sabios como una de las razones de la derrota….
La rebelión de Bar Kojbá fue llegó a su fin en el año 135. Los romanos buscaban la “solución final”. No tomaban prisioneros judíos para venderlos como esclavos, como hicieron en la guerra del año 68. Por ordenes del emperador, llevaron a cabo un genocidio sistemático y calculado en todo el territorio de Judea, matando a mujeres, hombres y niños. Según el relato de los propios historiadores romanos, como Dion Casio, 50 ciudades fortificadas y casi 1000 aldeas fueron completamente arrasadas, y un total de 580.000 judíos fueron asesinados. Esto representó la masacre del 90% de los habitantes de Judea.
La batalla final tuvo lugar en la ciudad de Betar, que era la fortificación judía más poderosa y donde estaba Bar Kojbá, junto a los soldados que quedaban y el Sabio más importante de la época: Ribbí El’azar de la ciudad de Modiín. Betar era una ciudad de Torá y con muchísimos habitantes. Se consideraba inconquistable.
Después de meses de constante asedio con meas de 100,000 soldados la ciudad finalmente cayó. Eso ocurrió en el día 9 de Ab del año 135.
Adriano castigó muy duramente la rebelión de los judíos e hizo algo, que hasta el momento no tenía precedentes. No permitió que los cuerpos de los judíos muertos fueran enterrados. Hizo apilar cientos de miles de cuerpos en un gran viñedo, regando los campos con la sangre de los muertos, y los dejó allí, como un cínico homenaje a su victoria.
Este horrible episodio quedó grabado en la memoria colectiva del pueblo judío. Los Sabios cuentan que milagrosamente los cuerpos se mantuvieron sin descomponerse hasta que el decreto de Adriano expiró y finalmente pudieron enterrar a los muertos de Betar.
Hay diferentes versiones respecto a cuánto tiempo pasó hasta que los romanos permitieron enterrar los cuerpos. Según algunos historiadores esto ocurrió en el año 138, cuando Adriano יש“ו por fin murió, ya que de acuerdo a la antigua ley todos los decretos de un rey expiraban con su muerte.
Los Sabios cuentan que el día que fue anunciado a los rabinos de Yabne que podían enterrar a los muertos de Betar, los Sabios formularon una bendición especial “hatob vehametib” (que Hashem se excede en su bondad con nosotros”) que se recita en el Bircat haMazón, la bendición que decimos después de comer una comida con pan. Esta bendición de agradecimiento a HaShem, que los Sabios entendieron que debemos recitar cada vez que terminamos de comer, fue establecida oficialmente porque pudieron enterrar los cadáveres y que no se descompusieron. Pero es posible que en esta Berajá hay algo más: es verdad que ya no teníamos Jerusalem, y ni siquiera la tierra de Yehudá y hasta el nombre “Israel” fue borrado por Adriano luego de la caída de Betar y llamó a nuestra tierra “Palestina”. Pero de alguna manera, una vez muerto el emperador que más se esforzó en eliminar al pueblo judío y al judaísmo, las esperanzas renacían. Y así fue. Los Yehudim se establecieron en el norte, el Galil, el Golán, Bet She’arim, Tiberia, etc. y a fines del siglo II florecieron allí las Yeshibot más hermosas de los Tannaim, bajo el liderazgo de Ribbí Yehudá haNasí, el autor de la Mishná.



Ribbí Aquibá, los peces y el zorro (132-135 e.c.)

Ayer explicamos que en el año 130 de la era común, 60 años después de la destrucción del Bet haMiqdash, comenzaron los terribles decretos del emperador Adriano (ver aquí)  y el pueblo de Yehudá comenzó a planear una rebelión organizada contra el imperio Romano. La rebelión era sumamente arriesgada. Ya que en Yehudá habían mas de 10.000 soldados romanos  armados hasta los dientes, más sus auxiliares. Y a una distancia corta de Yehudá (Siria, Egipto)  el Emperador podia disponer de más refuerzos militares, si fueran necesarios. Estos eran soldados profesionales con mucho entrenamiento y listos  para matar hombres, mujeres y niños, sin piedad.  

Para los Yehudim, la prohibición de Adriano de seguir cumpliendo la Torá no les dejaba otra alternativa, que arriesgarse a enfrentar al poderoso Imperio. Pero no todos estaban de acuerdo en que había que luchar por nuestra fe. En esos tiempos, como hoy, había judíos que no les molestaba vivir como romanos. Y criticaban que los judíos arriesgaran sus vidas y las vidas de sus familias para abandonar la Torá.
Hay una famosa historia que relata una discusión sobre este tema que tiene como protagonista a nada menos que Ribbí Aquibá, probablemente el rabino más importante de toda la etapa Talmúdica. Esta historia sucedió seguramente durante los años 134-135. Ribbí Aquibá había nacido en el año año 50, y fue sentenciado a muerte, torturado y ejecutado en Cesárea por los romanos en el año 135.  ¿Por qué?  Porque Ribbí Aquibá desafió la prohibición de enseñar la Torá en público.
La Guemará cuenta que un judío asimilado llamado Papus lo encontró a Ribbí Aquibá enseñado Torá y le dijo: “Aquibá, ¿no tienes miedo que los romanos te atrapen y te sentencien a muerte por dedicarte a la Torá? Ribbí Aquibá le respondió con una parábola: “Una vez, un zorro estaba dando un paseo cerca de un arroyo, y vio pasar a los peces corriendo de un lado a otro como si huyeran de algún peligro. ‘¿De qué están huyendo?’,  preguntó el zorro. Y los peces respondieron ‘De las redes de los pescadores’. El astuto zorro entonces les dijo: ‘¿Por qué no suben a la superficie, donde estarán a salvo de las redes de los pescadores, y podremos vivir juntos, ustedes y yo, en paz y armonía?’  Los peces contestaron ‘¿Eres tú realmente el más inteligente de los animales? Si en el agua, en nuestro habitat natural, tememos por nuestras vidas y estamos constantemente escapando del peligro… en la superficie, fuera del agua, ¡nuestra muerte sería inminente!’   Ribbí Aquibá le explicó a Papus: “La situación que ahora enfrentamos los Yehudim es similar a la de los peces. Por ahora, mientras seguimos practicando nuestra Torá, estamos en el agua. La Tora es el agua que nos da vida, y que le da sentido a nuestra existencia. Es cierto que al estar en el agua nos exponemos a que nos atrapen y nos maten. Pero si abandonamos la Torá, si salimos voluntariamente del agua a la superficie como propone el zorro (=los romanos) nuestra muerte sería inevitable. Abandonar el agua equivale a suicido.”
Ribbí Aquibá articuló con esta hermosa parábola la profunda razón de la oposición de los judíos a los decretos de Adriano. E inspiró, no solo a los judíos de su época, sino a millones de judíos a través de la historia a entender que la Torá es para nosotros lo que el agua es para los peces.
No es de extrañar entonces que Ribbí Aquibá haya apoyado totalmente la causa de Bar Kojbá, ya que él mismo arriesgó –y sacrificó–su vida por desafiar a Roma y proteger la Torá. Ribbí Aquibá consideró a Bar Kojbá como el Mashiaj que salvaría a Israel del opresor; que liberaría a Jerusalem y que reconstruiría el Bet haMiqdash… pero todo esto no sucedió. Y en Tishá beAb recordamos la caída de Betar, la última batalla de la rebelión de bar Kojbá.
Los valientes soldados de Bar Kojbá, inspirados en la misma causa que Ribbí Aquibá, lucharon hasta el final durante 3 años y medio contra el imperio más poderoso y cruel que conoció la historia humana.  Al principio, cuando comenzó la rebelión armada en el 132, los hombres de Bar Kojbá triunfaron en prácticamente cada batalla que pelearon. Y al igual que sus antepasados 65 años atrás (ver aquí)  declararon un Estado Judío independiente

El acto más simbólico de la independencia de Israel fue la impresión de monedas “judías” (miles de ellas se han encontrado hasta el momento). En una cara de la moneda dice: “Shimón [Bar Kojbá] líder de Israel” ), y en la cara que vemos en esta imagen abajo se lee en hebreo antiguo,  “por la liberación de  Yerushalayim”, que fue el objetivo final de la rebelión.

 




Reflexiones de Tish’a beAb

Hoy es un día de ayuno y también  de introspección y arrepentimiento.

Los rabinos explicaron que en el momento de la destrucción del Bet haMiqdash (586aec) los judíos practicaban los tres pecados capitales: la idolatría, el asesinato y la promiscuidad. Después de la destrucción de Jerusalén los judíos fueron exiliados a Babilonia y, finalmente, después de 70 años en el exilio, pudieron regresar a Israel para construir el Segundo Bet- haMiqdash. ¿Por qué Hashem nos permitió volver? Porque los Yehudim se arrepintieron y corrigieron su comportamiento. Abandonaron esos pecados. HaShem aceptó su Teshuba y concedió a Am Israel otra oportunidad.

El segundo Bet haMiqdash fue destruido hace casi 2000 años (68 ec). Los rabinos explicaron que los judios de esa época eran meticulosos en todas las leyes rituales, pero se odiaban unos a otros (sinat jinam). Podían humillar a una persona públicamente y nadie salía en defensa de la víctima. Hablaban mal unos de otros, (leshón hará) , sembrando las semillas de hostilidad sin ningún remordimiento. Reinaban la intolerancia y la envidia. Se concentraban más en los que los dividía que en lo que los unía. Había tres ejércitos judíos, capaces de enfrentar y tal vez derrotar a los romanos, pero estos ejércitos competían y luchaban entre sí. Y fueron un adversario muy fácil para los romanos.

Este comportamiento provocó que la Presencia de HaShem abandonara el Bet-haMiqdash. Y sin la presencia de Dios, el Bet haMiqdash era una estructura endeble y frágil de piedras y arcilla, destinada a colapsar. Sin la presencia de Dios éramos una presa fácil para nuestros enemigos.

Después de la destrucción de Jerusalem terminamos en un exilio del que todavía no salimos.  Aún no tenemos nuestro Tercer Bet haMiqdash . Aún no hemos tenido una oportunidad o señal Divina  para restaurar la Casa de Hashem. ¿Por qué? ¿Será porque HaShem está rechazando nuestro arrepentimiento? ¿O tal vez porqué todavía no nos hemos arrepentido de los pecados que nuestros antepasados practicaron hace 2000 años atrás? Veamos. ¿Hemos corregido esas faltas sociales?  ¿Hemos superado el odio, la competencia, las divisiones y la envidia entre nosotros mismos?   O tal vez todos esos terribles pecados por los que fue destruido el Segundo Bet haMiqdash se han convertido en un comportamiento aceptable para nosotros, algo que nos acostumbramos a tolerar, una forma de vida  de la que no sentimos que nos tenemos que arrepentir…

Tal vez, sólo cuando estemos más unidos, y seamos más tolerantes y respetuosos entre nosotros, podamos ver la construcción del Tercer Bet haMiqdash.

Todo comienza por darnos cuenta que depende de nosotros.

Que sea éste el último año que lloramos por nuestro Bet haMiqdash. AMEN. 



9 de AB: La rebelión de Bar Kojbá y la caída de Betar (1ra parte)

 

בתשעה באב נגזר על אבותינו שלא ייכנסו לארץ וחרב הבית בראשונה ובשניה ונלכדה בית תור ונחרשה העיר

La semana pasada hablamos de una de las 5 tragedias que recordamos en el 9 de Ab: el día que la cuidad de Jerusalem fue arada.  Adriano arrasó Jerusalem y fundó una nueva ciudad pagana, Aelia Capitolina, a través de una ceremonia conocida en latin como sulcus primigenius (ver aquí) en la cual se delimitaba el perímetro de la nueva ciudad empleando un arado de bronce tirado por una yunta de bueyes blancos. Esta profanación deliberada de nuestra Ciudad Santa tuvo lugar en el 9 de Ab 

Hoy comenzaremos a explicar la quinta tragedia que recordamos en Tisha beAb: la caída de la ciudad de Betar (en los antiguos libros Sefaradim que usamos para las quinot de Tishá beAb se llama a esta ciudad “Bitter”). Entendamos primero que la caída de Betar no fue un hecho aislado o una batalla menor. Fue la conclusión de una terrible guerra contra el imperio de Adriano que llevó 3 años y medio: la rebelión de Bar Kojbá.  El resultado final de esta rebelión, que concluyó con la caída de Betar,  fue desastroso: el 90% (sic.) de los habitantes de Yehudá fueron asesinados. Como veremos más adelante, este genocidio ha quedado grabado en nuestra memoria colectiva, ya que no sólo lo recordamos en Tishá beAb sino que a diferencia de otras tragedias, hacemos  referencia al mismo todos los días, cuando decimos el Birkat haMazón. 

Según algunos historiadores Jerusalem fur profanada en el año 130 y la Ciudad de Betar cayó en el 136. Hay quienes opinan, siguiendo textualmente la Mishná, que si bien los planes parea profanar Yerushalayim fueron en el 129, la ciudad fue arada luego de la caída de Betar.  

Una de las razones que los detalles de esta gran catástrofe nacional no son muy conocidos es que hay muy poco material escrito en nuestras fuentes Talmúdicas sobre este tema, calculo que un poco más de una docena de referencias.   Lo que sí encontramos en el Talmud y los Midrashim es cientos de historias, algunas explícitas y otras indirectas, que describen las persecuciones que sufrimos los Yehudim, el asesinato de nuestros Sabios, la ejecución de los 10 mártires, y muchas otras tragedias ocurridas en los tiempos de Adriano, que murió en el 138.  

GEZEROT HASHMAD 

Adriano comenzó en el año 129 su batalla religiosa contra los judíos. Su decreto para prohibir la circuncisión, bajo la pena de muerte, y la transformación de Jerusalem en una colonia romana idolatra fue sólo el comienzo.   Adriano penalizó con la pena de muerte el estudio de la Torá en público, ya que consideraba la Torá como un código de ley no reconocido por el imperio romano.  Prohibió la práctica del Shabbat, ya que los romanos veían al Shabbat como un día de ocio injustificado, y en el imperio todos debían trabajar para maximizar la recaudación de impuestos, en beneficio del emperador  También prohibió la lectura de Meguilat Ester y el encendido de las velas de Janucá, esas historias judías eran irrelevantes para el patrimonio cultural romano.  Prohibió otras leyes rituales como el uso del Mikvé, el Tefiilin, el Talit y la Mezuzá. En todo esto Adriano se excedió más que ningún otro tirano hasta ese momento, incluyendo al infame Antiojus Epifanes , el gobernante griego que murió en el 164 aec. A estas leyes anti-religiosas se las conoce en hebreo como “guezerot hashmad” o “guezerot adrianus” , los decretos que intentaban la eliminación del judaísmo y del pueblo judío, lo cual era el ultimo objetivo de Adriano.

Para comprender un poco más en profundidad los decretos anti-judíos de Adriano hay que recordar que este emperador era un apasionado admirador de la cultura griega: la arquitectura griega, la filosofía, la religión y hasta la estética helénica. Adriano, por ejemplo,  fue el primer emperador que se dejó la barba, al estilo griego (ver aquí ). A diferencia del emperador romano anterior, Trajano, que reinó desde el año 98 hasta el año 117 de la era común, Adriano no pretendía conquistar más territorios para Roma. Pero sí quería imponer una hegemonía cultural y religiosa: que todos los ciudadanos de Roma, y esto incluía a la población judía de la provincia romana “Judea”, siguieran las mismas leyes y  tradiciones, y obedecieran únicamente al emperador. 

Para los judíos renunciar a la Torá significaba una asimilación colectiva, es decir, un suicidio nacional.   Es por eso que a partir del año 130 los judíos comenzaron a organizar una audaz valiente y muy arriesgada rebelión contra el Imperio Romano. Esta rebelión estaba encabezada por Shimón Bar Kosiba (שמעון בן כוסיבא ), conocido luego por su “nombre de batalla”, Bar Kojbá. 

Durante dos años, entre el año 130 y 132, Bar Kojbá organizó en secreto toda la logística y la estrategia de la rebelión.  La Guemará nos cuenta por ejemplo, que Bar Kojbá reclutó 400,000 guerreros, que habían sido adiestrados en la lucha y en la resistencia física.  Entre otras pruebas que tenían que pasar para sumarse al ejercito de Bar Kojbá, los hombres debían ser tan fuertes como para arrancar a la carrera un árbol de raíz. 

Continuará…..