La diferencia entre Auschwitz y Jerusalem

Rab Yosef Bittón

Rab Yosef Bittón

¿Cómo es posible que el pueblo de Israel se haya reproducido tanto en Egipto en un período de 210 años?
Recordemos que la Tora indica explícitamente solo dos cosas:
1- El número de hombres judíos que llegaron a Egipto fue de 70.
2- Cuando salieron de Egipto, había 600,000 hombres entre las edades de 20 y 60 años. Incluyendo las mujeres, niños y ancianos, podemos suponer que el número de judíos que salieron de Egipto fue aproximadamente 3 millones.
LA RESPUESTA NO TRADICIONAL
El rabino Shemuel David Luzzatto (1800-1865) formuló un par de ideas que, aunque no lejos del peshat, es decir, del significado literal del texto bíblico, son un poco controvertidas. Él dice que basado en un verso explícito, los judíos estuvimos en Egipto no por 210 años, sino por 430 años (Shemot 12:40). También afirma que cuando la Tora habla de las generaciones que pasaron desde que los judíos llegaron a Egipto (demasiado pocas para cubrir más de 400 años) el texto no se refiere a “padre> hijo”, sino a “patriarca> descendientes” (este artículo en hebreo explica con más detalle la opinión del rabino Luzzatto).
LA RESPUESTA DE LOS SABIOS
La posición del rabino Luzzatto podría tener un mérito textual, pero primero deberíamos explorar la viabilidad de lo que dicen nuestros sabios. El tiempo que los judíos pasamos en Egipto fue de 210 años (116 de los cuales en la esclavitud). Nuestros sabios, que también se preguntaron cómo 70 se convirtieron en 3 millones, explican que las mujeres judías podían dar a luz hasta “6 niños a la vez” (בכרס אחד). Sin embargo, creo que quizás no necesitamos recurrir al ejemplo de séxtuples para explicar el incremento exponencial de la población judía.
LOS EFECTOS DE CASARSE JOVENES
Lo más esencial para entender este tema es que 210 años podrían abarcar hasta 10 generaciones, teniendo en cuenta que los judíos, que siempre han practicado el celibato hasta el matrimonio, generalmente se casan jóvenes. Hasta hoy, la mayoría de los judíos observantes se casan en promedio entre los 22 y 24 años de edad. Si 70 hombres llegaron a Israel (con sus esposas) y cada pareja tuvo, digamos un total de 6 hijos, en 6 generaciones serían: 3.265.920 (70 x 6 x 6 x 6 x 6 x 6 x 6). Tenemos un ejemplo explícito de una familia de 6 generaciones en el caso de Yehuda> Peretz> Hetsron> Ram> Aminadab> Nahshon. Y Nahshon probablemente ya tenía sus propios hijos cuando salió de Egipto. Dibre haYamim I (7:22) cuenta 9 generaciones desde Efrayim, hijo de Yosef, hasta Yehoshua bin Nun.
LA RESPUESTA DEL RAB ELYASHIV
Creo que la mejor manera de comprender el realismo de estos números bíblicos y la opinión de los Jajamim, proviene de la vida del rabino Yosef Shalom Elyashiv z ”l. Este prestigioso rabino contemporáneo, hijo único después de 17 años de matrimonio de sus padres, nació en 1910 y murió en 2012. Alcanzó una edad privilegiada de 102 años.
Ahora bien ¿cuántos descendientes dejó el rabino Elyashiv en este mundo cuando falleció? Según Wikipedia, ¡cerca de 1.400 descendientes! Más de 6 generaciones (ver aquí). ¿El secreto? Sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos tuvieron un número significativo de hijos y se casaron jóvenes.

Por Eric Metaxas, publicado en el Wall Street Journal
En 1966 la revista Time publicó un artículo de portada titulado: ¿Dios está muerto? Muchos han aceptado la narrativa cultural de que Él es obsoleto, pues a medida que avanza la ciencia, cada vez hay menos necesidad de una divinidad para explicar el universo. Sin embargo, hay rumores de que el anuncio de la muerte de Dios era prematuro. Lo más sorprendente es que las evidencias relativamente recientes de Su existencia, provienen de un lugar insospechado: la ciencia misma.
Esta es la historia: El mismo año en que la revista Timepresentó el título ahora famoso, el astrónomo Carl Sagan anunció que había dos criterios importantes para que un planeta pudiera soportar vida: el tipo correcto de estrella, y que el planeta esté a la distancia correcta de esa estrella. Habiendo en el universo mil cuatrillones (uno seguido de 27 ceros) de planetas, debería haber alrededor de un cuatrillón (uno seguido de 24 ceros) de planetas capaces de soportar la vida
Con posibilidades tan espectaculares, la búsqueda de inteligencia extraterrestre, una enorme y costosa colección de proyectos públicos y privados iniciados en la década de 1960, seguramente arrojaría resultados pronto. Los científicos escucharon con una vasta red de radiotelescopios en búsqueda de señales que se parecieran a la inteligencia codificada y no fueran meramente aleatorias. Pero pasaron los años, el silencio del resto del universo era ensordecedor. El Congreso de los Estados Unidos retiró los fondos para el instituto SETI (búsqueda de vida extraterrestre, por sus siglas en inglés, Search for ExtraTerrestrial Intelligence) en 1993, pero la búsqueda continúa con fondos privados. Hasta el día de hoy, los investigadores no han encontrado nada.
¿Qué ocurrió? A medida que nuestro conocimiento aumentó, quedó claro que hay muchos más factores necesarios para la vida que los que supuso Sagan. Sus dos parámetros crecieron a 10, luego a 20 y luego a 50; por lo tanto, el número de planetas que potencialmente podrían soportar la vida disminuyó en consecuencia. El número cayó a unos cuantos miles de planetas y siguió desplomándose.
Incluso los partidarios de SETI reconocieron el problema. Peter Schenkel escribió en 2006 en un artículo para la revista Skeptical Inquirer: “A la luz de los nuevos hallazgos y percepciones, parece apropiado poner a descansar la euforia… Debemos admitir con calma que los primeros estimados… puede que ya no sean sostenibles”.
A medida que se siguen descubriendo factores, el número de planetas posible llegó a cero, y la tendencia continúa. En otras palabras, las posibilidades se volvieron en contra de que cualquier planeta del universo pueda albergar vida, incluyendo el nuestro. Las probabilidades dicen que ni siquiera deberíamos estar aquí.
En la actualidad se cuentan más de 200 parámetros necesarios para que un planeta albergue vida, cada uno de los cuales debe cumplirse con exactitud, de lo contrario todo se desmorona. Sin la cercanía de un planeta masivo como Júpiter, cuya gravedad atraiga a los asteroides, mil veces más cuerpos celestes golpearían la Tierra. Las posibilidades en contra de la vida son simplemente asombrosas.
Y, sin embargo, aquí estamos. No solo existimos, sino que hablamos sobre la existencia. ¿Qué puede explicar esto? ¿Cada uno de esos muchos parámetros se ha ajustado perfectamente por mero accidente? ¿Sería justo admitir que la ciencia sugiere que no pueden ser el resultado de fuerzas aleatorias? ¿Acaso asumir que una inteligencia creó esas condiciones perfectas no requiere mucha menos fe que creer que una Tierra que alberga vida simplemente venció todas las posibilidades inconcebibles en contra de su existencia?
Hay más. El equilibrio armónico necesario para que exista vida en un planeta, es insignificante comparado con el equilibrio armónico necesario para que el universo entero llegue a existir. Por ejemplo, los astrofísicos saben ahora que los valores para las cuatro fuerzas fundamentales (gravedad, fuerza electromagnética, y las fuerzas nucleares “fuerte” y “débil”) fueron determinados menos de una millonésima de segundo después de la Gran Explosión (el Big Bang). Altera cualquiera de esos valores y el universo no existiría. Por ejemplo, si el radio entre la fuerza nuclear fuerte y la fuerza electromagnética se hubiera reducido siquiera en una parte entre cien mil billones (uno seguido de 17 ceros), ninguna estrella se hubiera podido formar. Siéntete libre de pasar saliva.
Haz lo mismo con cualquiera de las otras condiciones necesarias, y mientras más de esos parámetros alteres en fracciones tan diminutas, las probabilidades en contra de la existencia de este universo se hacen tan astronómicas, que la idea de que todo “simplemente ocurrió” se estrella contra la lógica más básica y el sentido común. Sería como lanzar una moneda y que salga cara 10 trillones de veces (uno seguido de 19 ceros) seguidas. ¿Azar, en serio?
Fred Hoyle, el astrónomo que acuñó el término “Gran Explosión” dijo que su ateísmo se ha visto “muy sacudido” por estos hallazgos. Más adelante escribió que “una interpretación de mero sentido común de los hechos, sugiere que un súper intelecto ha hecho de las suyas con la física, así como con la química y la biología… Los números que uno calcula a partir de los hechos me resultan tan abrumadores, que ponen esta conclusión casi fuera de toda duda”.
El físico teórico Paul Davies ha dicho que “el aspecto de diseño es sobrecogedor”; y el profesor de Oxford Dr. John Lennox ha dicho que “mientras más conocemos nuestro universo, más hipótesis hay de que existe un Creador… que gana credibilidad como la mejor explicación de por qué estamos aquí”.
El milagro más grande de todos los tiempos es el universo. Es el milagro de todos los milagros, uno que ineludiblemente apunta, con el brillo combinado de todas las estrellas, hacia algo (o Alguien) más allá de sí mismo.
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Acerca del autor: Mr. Metaxas es el autor de “Milagros: Qué son, por qué ocurren y cómo pueden cambiar tu vida”. Dutton Adult, 2014.

En el tratado Ta’anit, 23a, la Guemará nos cuenta sobre Abbá Jilquiyá, un hombre extremadamente honesto, que trabajaba muy duro, pero era pobre. Su comida diaria consistía do un pedazo de pan, que compartía con su esposa, con sus dos hijos y con los pobres que ni siquiera tenían pan (de esto último se encargaba su esposa). Abbá Jilquiyá era también conocido por un “poder” muy especial : sus plegarias (como las de su abuelo Joní haMeaguel) eran escuchadas.
Durante un año de dura sequía los prestigiosos Sabios de Israel enviaron una delegación de dos Sabios para que fueran a ver a Abbá Jilquiyá y le pidieran que él rezará por la llegada de la lluvia.
Abba Jilquiyá llamó a su esposa y discretamente, sin decirle nada a los Sabios, subió con ella a la azotea y se pusieron a rezar, cada uno en una esquina diferente. Esta hermosa imagen, marido y mujer rezando juntos, pero por su cuenta, es la fórmula de rezo de un matrimonio judío que se aprende del tercer versículo de la Perashá de esta semana “Toledot” donde la Torá relata que Yitzjaq y su esposa Ribqá rezaron a Dios para concebir un hijo, lo cual sucedió, ¡y por partida doble! luego de 20 años de espera.
Volviendo a Abbá Jilquiyá; al poco tiempo de comenzar a rezar, apareció una nube que trajo la lluvia. La Guemará se preocupa por contarnos que la nube no llegó del lado que rezaba Abbá Jilquiyá, sino del lado que rezaba su esposa. Insinuando que la lluvia había comenzado en mérito de ella.
Abbá Jilquiyá bajó de la azotea, sin que lo vieran los Sabios y les dijo: “Bueno, sí vinieron para pedirme que yo rece por lluvia, se pueden retirar porque, como ya ven, comenzó a llover antes de que yo pudiera rezar”.Esta hermosa historia continua el dialogo que tuvo lugar entre los Rabinos y Abbá Jilquiyá (la historia completa se puede ver aquí).
Hay varias lecciones muy importantes que se aprenden de este episodio de Abbá Jilquiyá respecto a cómo rezar.
Primero vayamos a lo más obvio.
1. Como la Guemará misma se encargar de demostrar, hay ciertas virtudes especiales que parecen ser las que le dan a una persona el mérito de ser escuchado por Dios: la honestidad en el trabajo ,y la ayuda a los que tienen menos que uno.
2. Hay otro elemento que aunque menos explícito es también evidente. La humildad de Abbá Jilquiyá que no quiso acreditarse el haber sido escuchado por Dios. La plegaría que Dios escucha parece ser la de aquel que no presume de su poder, como lo hizo Bil’am o otros mercaderes de la religión. Parafraseando lo que me explicó uno de mis maestros: “el que verdaderamente tiene ese poder no presume de él; y el que presume, no lo tiene”.
3. Pero el punto que más quiero resaltar es el que menos se nota: Si Abbá Jilquiyá era tan pobre, y sabia que sus plegarias eran escuchadas, ¿por qué no rezó por su propio bienestar? La respuesta, honestamente, no la conozco. Pero se me ocurren dos posibilidades. a) Que Abbá Jilquiyá era tan poco materialista que su pedazo de pan por día le alcanzaba, y no consideraba necesario rezar por más de lo necesario para vivir. Y quizás, esta extrema sencillez era otro de sus numerosos méritos. b) Que HaShem escucha más nuestro rezo cuando es desinteresado, es decir, cuando rezamos por el bienestar de los demás. Cuando rezamos por otra persona o por Am Israel, como hizo Abbá Jilkyá cuando no había lluvia.
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Pasando a un plano más personal, nuestra familia tuvo el mérito de ver un comportamiento similar a la de esposa de Abbá Jilkyá en la mamá de mi esposa, ORO BAT ESTER z”l.
√ En las derashot que se llevaron a cabo estos días en Ashdod, Israel, en su honor se escuchó por ejemplo, que siempre le pedía a sus hijas que le trajeran algún lindo perfume de regalo cuando venían de viaje. Pero ella nunca los usaba. Luego descubrieron que cuando sabía de alguna novia sin muchos recursos, le entregaba muy discretamente un sobre con dinero y un perfume con un bonito lazo que ella misma les hacia.
√ Uno de sus nietos contó que una vez se levantó a mitad de la noche y encontró a la ”Abuela Nori” z”l haciendo Tefilá y llorando en silencio. Cuando le preguntó que le pasaba le contestó que lloraba porque que los jayalim, los jóvenes soldados del ejercito de Israel, estaban expuestos a mucho peligro, y ella estaba rezando pidiéndole a HaShem con todo su corazón que los protegiera.
√ En nuestra familia solíamos contarle nuestros desafíos y problemas, grandes y chicos, porque sabíamos que ella haría Tefilá por nosotros. Y era un secreto a viva voz que si HaShem escuchaba nuestras Tefilot, y nuestro problema de alguna forma se resolvía “la nube había llegado por su lado”.
SHABBAT SHALOM

לע’נ אורו נורי בת אסתר
Muchas veces me he preguntado a mí mismo la misma pregunta: ¿Cómo puedo ser un mejor judío? ¿Qué tengo que hacer para crecer y mejorar en mi vida espiritual? Y una y otra vez llegué a la misma conclusion: el secreto está en un versículo del libro de Tehilim, Salmo 16:8 שויתי ה‘ לנגדי תמיד. En este versículo el rey David dice: “He tenido a Dios frente a mí siempre”. Énfasis en la palabra “siempre”
TEMER A DIOS
Tener a Dios frente a nosotros quiere decir pensar en Él. Visualizar (¡sin visualizarlo!) que Dios me está observando. Imaginemos a un empleado que trabaja en una importante compañía. Maneja fondos, resuelve conflictos y atiende a los clientes. Si el empleado sabe que su patrón, el dueño de la compañía, está observando todos sus movimientos a través de las cámaras de seguridad, difícilmente caerá en la tentación de tomar dinero que no le pertenece, o pelearse con otro empleado o contestarle mal a un cliente. Con el tiempo, la buena conducta del empleado, que comenzó como una reacción a saberse observado por las cámaras de seguridad, se transformará en su propia conducta, en su segunda naturaleza. Como dice el refrán en hebreo: Lo que comenzamos haciendo de forma habitual se transforma en lo que hacemos de forma natural ( הרגל נעשה טבע ). Ahora comprenderemos mejor lo que dice el Rey David en Tehilim: si me convenzo de que Dios ve lo que hago, escucha lo que digo y sabe lo que pienso, mi proceder se habituará naturalmente a hacer sólo lo que es correcto “a los ojos de Dios”. Y mientras no me distraiga y no me olvide que vivo bajo Su mirada, es imposible que proceda mal …
HACER SU VOLUNTAD
Saber que Dios me observa no solo me protege de caer en la tentación de hacer lo que es incorrecto a Sus ojos, aún cuando estoy solo y nadie más me ve. Si me concientizo que Dios sigue mis pasos, tengo que asumir que mi vida, y lo que yo haga con ella, no le es “indiferente” a Dios. Si me observa es porque soy importante para Él. Y como Él sabe mi potencial, estoy seguro que espera grandes cosas de mí. Si logro sentirme observado por Dios, y no me distraigo de esta idea, tengo la razón más grande del mundo para no perder la oportunidad de alcanzar mi mayor potencial espiritual. Si más allá de “creer” en la existencia de Dios, me concientizo de Su presencia, mi voluntad se trasformará en Su voluntad:sentiré que naturalmente yo deseo hacer lo que Él quiere que yo haga.
AMAR A DIOS
Finalmente, si Dios me observa es porque le intereso. Y su interés por mí no es una función de beneficio personal sino de amor. Le importa de mí porque, como dice la Torá, HaShem nos quiere como un padre ama a sus hijos. ¿Existe algún sentimiento más poderoso que el saberse amado? Y el amor Divino, cuando uno verdaderamente lo siente, genera una reciprocidad natural. Aquellos que, como el Rey David, pueden llegar a sentir que Dios los quiere , en las buenas y en las malas, terminan “enamorándose” de Dios. Como un novio y una novia, que no pueden dejar de pensar uno en el otro. En ese estado, cuando finalmente me doy cuenta que Dios me observa porque me ama, y yo retribuyo su amor, la mente se fija en el objeto de nuestro amor, y todas las distracciones materiales desaparecen de nuestro cerebro. Es aquí cuando alcanzamos el nivel espiritual del Rey David: שויתי ה ‘לנגדי תמיד
EL PEOR ENEMIGO DE LA VERDADERA FE
Esta es la fórmula de David haMelej para nuestro crecimiento espiritual. O más aún: esta podría ser la descripción del propósito de la vida de un individuo judío. Vivir bajo la mirada de Dios. Temer desobedecerlo, por amor (“temer decepcionarlo”). Desear naturalmente hacer Su voluntad. Sentirse amado por Él y quererlo al punto de no poder dejar de pensar en Él….
Hay un solo problema. Todo esto es más o menos fácil de expresar, decir o escribir. Pero (y lo sé por experiencia propia) es muy difícil de realizar. Mejor dicho, de mantener. Puedo “vivir bajo la mirada de Dios” por un rato, si me concentró mucho o rezo o mientras estudio Torá (y a veces hasta en esos momentos cuesta…). El gran desafío es el “siempre”. La constancia de vivir en Su presencia… ¿Cuántas personas, aparte del Rey David, pueden llegar a este nivel de conexión permanente con Dios y no ser derrotados por el enemigo número 1 de la Emuná: “distraerse de Dios”?
LA EXCEPCION
Para escribir lo que escribí hoy solo tuve que pensar en mi querida suegra, ORO NORY BAT ESTER z”l. Ella personificó a la perfección el lema del rey David: שויתי ה ‘לנגדי תמיד. Sin estudiar Gemara o filosofía judía, articuló este significado de EMUNA, más allá de las palabras, con su devoción permanente por HaShem.
Al transformarse voluntariamente en un vehículo Divino que asiste a aquellos pobres “especiales”, que uno no sabe que son pobres porque se sienten avergonzados de pedir.
Al imitar a Su amado Creador cuidando a los enfermos, consolando a los dolientes, ayudando a las viudas, protegiendo a los huérfanos o alegrando a las novias.
Por la inmensa gratitud y alegría que siempre manifestó por todo lo que Dios le dio y que, por esa enorme humildad que solo sienten aquellos que están muy cerca de HaShem, nunca sintió que mereció.
Por la completa y explícita aceptación de todo lo que sufrió y por lo cual nunca se quejó.
Mi querida suegra vivía permanentemente en presencia de Dios. Y lo que es más (y muy inusual): su proceder y sus acciones hacían que los demás también notaran Su presencia.
Su vida estuvo dedicada al respeto y al amor a HaShem, a Su pueblo; a su querido esposo Ribbí David Carciente z”l y a toda su querida familia.
Mañana se cumplirán siete días de su desaparición física.
Quiera HaShem enviar su consuelo a sus hermanos, tío Marcos y tia Camila; a su querido hijo, Rab Asher Meir; a sus hijas, Mercedes, Esther, Rebbeca, Noemi, Sari, Miriam, Vered y mi querida esposa Coty.
Que su extraordinaria vida sea la inspiración de mis hijos y de todos sus otros nietos que nunca la olvidarán.
¡Que gran pérdida, aquellos que se van de este mundo, y ya no pueden ser reemplazados!


HAFTARA DE LA PARASHA VAYERA (Nov 16, 2019)
HAFTARA DE LA PARASHA JAYE SARA. (Nov 23, 2019)
HAFTARA DE LA PARASHA TOLEDOT (Nov 30, 2019)

Por Rabanit Coty Bitton
Los viernes por la noche, cuando tenemos el privilegio de tener a nuestro nieto Mijael con nosotros, nuestra familia espera ansiosamente verlo participar en uno de sus juegos favoritos. Después de que mi esposo termina de recitar el Kidush, Mijael corre alrededor de la mesa, se detiene junto a cada persona y da golpecitos en sus cabezas con sus pequeñas manos, murmurando algunas palabras.
Este es uno de los momentos más dulces de nuestro Shabbat, ver a Mijael imitándonos a nosotros, sus padres y abuelos, recitando la bendición de Birkat Kohanim, la bendición sacerdotal.
Y aunque la dulzura de este momento siempre emociona a mi corazón, últimamente he estado pensando en el profundo mensaje que los padres modernos podemos aprender de este hermoso ritual de Shabbat en el que bendecimos a nuestros hijos.
Me explico. Uno de los desafíos más importantes en el tema de educación de nuestros hijos en el siglo XXI es encontrar el equilibrio entre expresar nuestro amor a nuestros hijos y establecer una relación con ellos en la que nos respeten como autoridades: que entiendan que los padres debemos ser obedecidos. Parte del problema es que nuestra cultura mediatiza enfatiza el valor de una relación “amistosa” entre padres e hijos y no hace hincapié en el valor de la disciplina y la obediencia de los niños a los padres.
Esto nos lleva a una realidad en la que, como padres, tratamos de actuar de una manera persuasiva con nuestros hijos, tratando de convencerlos de que nuestro camino es correcto. Esto, que algunas veces funciona, a menudo contrasta con nuestro deseo de transmitir a nuestros hijos que somos la autoridad en nuestras familias y que necesitan escucharnos y obedecernos, les guste o no. En el fondo, sabemos que no necesitamos explicar el razonamiento detrás de nuestras decisiones o solicitudes, ya que nuestros hijos no siempre tienen la madurez para comprender o estar de acuerdo con nuestras elecciones.
Consideremos el desarrollo saludable de un niño: a los 3 años, por ejemplo, un niño debe aceptar que su cena no puede ser golosinas y dulces porque, “papá o mamá lo dicen”, no se necesitan otras razones; un adolescente de catorce años tendrá que respetar el horario “injusto” que sus padres decidieron imponerle para que este de vuelta en casa. Aunque nuestros hijos aún no lo entienden, es en beneficio de nuestros hijos tener padres y adultos en sus vidas que los protejan de tomar malas decisiones. Es precisamente aquí, en el intento de que nuestros hijos sientan amor y respeto por sus padres, que la tradición judía puede ser especialmente preciosa para nuestros tiempos modernos.
Las ceremonias y Mitzvot que practicamos en nuestras familias nos dirigen hacia un estilo de educación que transmite este delicado equilibrio entre el amor y la autoridad. Cada vez que decimos el Shema Israel con nuestros hijos, por ejemplo, verbalizamos nuestra obligación de ver a nuestros hijos como nuestros “discípulos” . Las palabras “Veshinantam lebanecha vedibarta bam” significan literalmente: “Les enseñarás [las palabras de la Torá] a tus hijos…” . Nuestros hijos deben vernos como autoridades de quienes pueden y deben aprender valores y comportamientos adecuados. Y para eso, los padres debemos vernos a nosotros mismos como modelos dignos del respeto de sus hijos.
La educación requiere química y comprensión mutua entre maestro y alumno. Pero también requiere una cierta distancia y límites: esto es, respeto. Para poder enseñar a nuestros hijos, necesitamos que nos respeten.
Debemos trabajar muy duro para ser padres de una manera que transmita amor y calidez, e inculcar en nuestros hijos la sensación de que nuestra relación con ellos no es horizontal. Los beneficios de criar hijos que obedecen a sus padres dura para toda la vida y afecta positivamente a toda la familia. Como dice el psicólogo John Rosemond: “Los niños obedientes son niños felices, y los padres de niños obedientes son padres felices”. Según Rosemond, lo más importante que necesitan los padres para educar hijos obedientes no es algún tipo de conocimiento experto sobre métodos de crianza. Nuestro objetivo debe ser encontrar ese delicado balance: desarrollar una relación vertical de afecto y autoridad que fomente la obediencia de nuestros hijos.
Lo que nos lleva de vuelta a Birkat Kohanim: la bendición que los padres dan a sus hijos el viernes a la noche. Esta tradición no solo es hermosa y emocionante para nuestros hijos, sino que también es conductiva para nuestro propósito: analicemos la forma en que se realiza esta bendicen. El padre o la madre coloca las manos sobre la cabeza de su hijo y pronuncia la bendición que los Kohanim transmiten al pueblo de Israel: “Que Dios te bendiga y te proteja; que Dios te ilumine con Su presencia y te agracie; que Dios dirija Su presencia hacia ti y te conceda la paz”. Cuando los padres bendicen a sus hijos, están reafirmando su amor ilimitado e incondicional por ellos. Pero también se recuerdan a sí mismos, y a sus hijos, que el niño es el destinatario de la bendición de sus padres. Es como que a través de esta bendición el padre y la madre dijeran: “Puedo darte esta bendición porque tengo más experiencia que tú. Las experiencias de mi vida me han dado sabiduría y conocimiento. Y HaShem me ha ordenado que te enseñe y eduque en los caminos de la Torá ”.
Esta pequeña ceremonia concluye con un gesto muy particular que en la sociedad moderna hoy ha caído en desuso: los niños besan la mano de sus padres.
Esta bendición que le damos a nuestros hijos en Shabbat transmite este poderoso mensaje de “amor y respeto” y nos recuerda nuestra obligación de asumir nuestro papel más importante: educar a nuestros hijos.
A decir verdad, mi nieto Michael, que tiene solo dos años, todavía no entiende el verdadero significado de recibir una bendición de sus padres y abuelos. Por ahora, solo está disfrutando de la atención especial que recibe cuando nos imita. Pero a medida que crezca, estoy segura que este hermoso momento de Shabbat – cuando sus padres y abuelos lo abrazan mientras él repite sus bendiciones – lo hará sentir muy amado y también lo ayudarán a vernos como su modelo a seguir.

ורוח אלוקים מרחפת על פני המים
“Y un viento Divino soplaba sobre la faz de las aguas”
La traducción correcta de estas dos palabras, Ruaj Eloqim es clave para entender toda la secuencia del proceso creativo. En hebreo bíblico ruaj originalmente significa ‘viento’.
Pero en un sentido metafórico la palabra ruaj también puede referirse al alma, la respiración o inspiración Divina: un estado intelectual o psíquico invisible que mueve a los seres humanos, en especial a los profetas. En dos ocasiones la Torá usa la palabra ruaj Eloqim en este sentido, refiriéndose a un tipo especial de sabiduría concedida por Dios. 1). Cuando el Faraón se maravilló de la sabiduría de Yosef (Gn 41, 38) dijo que Yosef es «un hombre que posee ruaj Eloqim [‘una sabiduría divina especial’]». 2). Cuando Dios le ordena a Moisés designar a Betzalel (Éxodo 31, 3) para ser el arquitecto del Tabernáculo le dice que Él le concedió a Betzalel ruaj Eloqim, una sabiduría divina, que más tarde se denominó ruaj jojma, ‘un espíritu de sabiduría’. A lo largo del Tanaj, ruaj Eloqim conserva la misma connotación: una forma extraordinaria de sabiduría o inspiración Divina que por lo general se le concede a un profeta. De esta misma manera los Sabios han utilizado el término ruaj haqodesh para referirse a la inspiración divina.
El sentido de esta y otras formas metafóricas de la palabra ruaj apuntan a una fuerza invisible que mueve o traslada por mandato Divino (Los sefaradim decimos en las hashkabot ruaj hashem tenijenu began eden, refiriéndonos -metafóricamente – a un viento enviado por Dios que eleva el alma del difunto al gan Eden).
Pero ¿qué puede significar ruaj Eloqim en nuestro versículo? La ausencia de algún ser humano que pueda ser el sujeto o receptor de una sabiduría Divina especial, no nos permite entender estas palabras en su sentido metafórico como inspiración divina, o como alma.
LA TRADUCCION CRISTIANA
Las traducciones cristianas no dudan en traducir ruaj eloqim como “espíritu divino”. ¿Por qué? Porque uno de los principios fundamentales de la doctrina cristiana es la trinidad, es decir, la unidad del padre, el hijo y el espíritu divino (o santo). El “espíritu divino” flotando sobre las aguas en el momento de la creación del mundo, es una confirmación de esta doctrina católica. Esta traducción “ideológica” no nos debería sorprender ya que, como alguna vez explicaremos, la interpretación cristiana de la Biblia tiene un objetivo fundamental: desmentir al judaísmo y afirmar las doctrinas de la iglesia.
LA TRADUCCION JUDIA
La idea de ruaj Eloqim como ‘el espíritu de Dios’ es un concepto totalmente extraño al judaísmo y ofensivo para la normativa judía. Es una concepción que —entre otras cosas— cuestionaría el principio judío del monoteísmo y se acercaría peligrosamente al antropomorfismo, es decir, a la personificación de Dios.
La traducción oficial judía, el Targum, que toda traducción vernácula debería tomar como referencia, entiende que ruaj Eloqim se refiere a el VIENTO, aclarando que no es “una fuerza natural ciega y caprichosa” sino que está siendo dirigido por Dios.
UN VIENTO GUIADO POR DIOS
En este versículo que describe el inventario del planeta tierra la Torá menciona el segundo elemento físico presente en el planeta Tierra al momento de su creación: el viento. Y este viento, nos indica este texto, está guiado por Dios. Y si bien la Torá no lo menciona explícitamente, ben Ezra y Radaq explican que el viento será un elemento auxiliar Divino en la creación y será utilizado por Dios en el tercer día para “secar” la tierra que emerge desde la profundidad del océano. El viento como auxiliar divino aparece muchas veces en el texto bíblico y en la literatura rabínica. La Torá menciona explícitamente que Dios hizo llegar la plaga de la langosta a Egipto a través de un viento que soplaba desde el este. Y que Dios abrió el mar, secándolo con Sus vientos, para que los judíos escapen de los egipcios. Esto es ruaj Eloqim, un viento que Dios utiliza como uno de sus agentes en la “naturaleza”. Todos los días en nuestras plegarias mencionamos que Dios “hace soplar el viento para producir la lluvia”. En las hermosas palabras del Rey David en Tehilim ruaj se’ara osa debaro, “el poderoso viento que obedece Sus ordenes” .