5. Arrepentirse después de haber sufrido

בצר לך ומצאוך כל הדברים האלה באחרית הימים ושבת עד ה‘ אלקיך ושמעת בקלו
Estamos analizando los 7 niveles de Teshubá, arrepentimiento, que formuló el Rab Abohab en su libro Menorat haMaor (ver más abajo los primeros 4 niveles) .
El 5to nivel mencionado por el Rab Abohab es cuando uno se arrepiente después de haber experimentado las consecuencias de sus malas acciones o luego de haber sufrido dificultades. Esas dificultades no siempre están relacionadas necesariamente con nuestro errado proceder. Veamos.
Las experiencias negativas que vivimos –por ejemplo un problema serio de salud, o dificultades laborales o económicas,–son vistas por nuestros Sabios como vivencias que nos transforman, a veces nos hacen más humildes o mas sabios y así nos ayudan a alcanzar el perdón Divino. (ver https://conta.cc/2g2cby1 donde mencionamos por qué a veces las cosas malas le suceden a la gente buena). En el texto que estamos analizando hoy , sin embargo, NO estamos analizando la relación entre sufrir y ser perdonado, sino la relación entre sufrir y arrepentirse. En otras palabras, de qué manera las malas experiencias nos inspiran y nos empujan a restablecer nuestra relación con el Creador.
Hay un párrafo muy famoso en la Torá, en el libro de Debarim (Deuteronomio) capítulo 4, versículo 30 que se refiere a la Teshubá colectiva, es decir, al arrepentimiento del pueblo de Israel cuando finalice su exilio. Así dice la Torá: “Y al final de los días, cuando hayas vivido en medio de todos esos [sufrimientos y persecuciones], regresarás a HaShem tu Dios y obedecerás su voz.”    El arrepentimiento por lo general, llega como consecuencia de haber sufrido dolor, persecución y muerte, en este caso en manos de las naciones en las que fuimos exiliados
Este tipo de Teshubá, madurar luego de sufrir, no es la Teshubá ideal ya que no nace de un profundo examen de conciencia sino de factores externos que no están en nuestras manos, pero creo que es la forma más frecuente por la cual el proceso de arrepentimiento comienza. Por ejemplo,  una persona judía que no vive una vida de observancia muchas veces sólo se despierta y comienza a asumir su identidad judía cuando sufre el desprecio, el odio o las burlas del antisemita.
También sucede que muchos Yehudim se acercan más a Dios y a la Torá, por ejemplo, después de haber perdido a un familiar. Cuando uno pierde un ser querido al principio se rebela, dependiendo de las circunstancias un doliente a veces “se enoja” con el Todopoderoso.  Pero luego, en la medida que uno avanza en las etapas del duelo, llega a la aceptación de la nueva realidad, se reconcilia con el Creador y esa reconciliación lo puede llevar a un nivel espiritual superior al anterior. A una relación con Dios que es ahora más cercana que la que tenía antes de sufrir su pérdida.
Sufrir es a veces la única manera de madurar, crecer, entender y valorar. Cuando nada nos falta y tenemos poder, recursos y salud para disfrutar de una calidad de vida material muy alta, nos podemos olvidar muy fácilmente de Dios, y sin planearlo asfixiamos nuestra vida espiritual.  Equivocadamente, actuamos como si Dios está allí para pedirle cuando lo necesito…. Y ni se nos ocurre agradecerle a HaShem por habernos dado todo lo que tenemos.
Todos los meses, el padre le enviaba dinero a su hijo que estudiaba en el exterior. El padre lo llamaba al hijo muy seguido, pero el hijo nunca tenía tiempo para hablar con él. No lo llamaba y ni se le ocurría agradecerle a su padre por ayudarlo y apoyarlo económicamente. Entonces el padre decidió no mandarle más dinero. Al principio el hijo no dijo nada, pero a los dos meses, cuando se acabaron sus reservas, llamó a su padre por teléfono. “¡Querido papá!, ¿cómo estás? Hace mucho que no hablamos….. ¡Ah! dicho sea de paso, hace dos meses que no me manda dinero ¿te olvidaste de mí?”
El generoso padre, que no se olvidaba de su hijo, pero se vio obligado a interrumpir su generoso proceder y causar que su hijo pase por privaciones para que pudiera valorar todo lo que su padre hace por él.  El Rab Abohab explica que lamentablemente muchos seres humanos (probablemente la mayoría de nosotros) nos acordamos de Dios solo cuando lo necesitamos, lo llamamos solo más para pedirle y no para agradecerle. Es posible que, como en el ejemplo del padre y el hijo, el último recurso de Dios para llamar nuestra atención y que nos comuniquemos con Él sea interrumpir las bendiciones que nos concede y damos por sentadas: nuestra salud, nuestro sustento, nuestra paz, etc. A veces es la única manera que nos despertarnos del materialismo y del letargo espiritual. Desde este punto de vista las privaciones y el sufrimiento deben ser interpretados por nosotros mismos como llamados de atención de Dios para arrepentirnos y volver a acordarnos de Él.



4. Arrepentirse por miedo

Estamos analizando un texto del libro Menorat haMaor del rabino Isaac Abohab. Este texto describe los siete niveles posibles de arrepentimiento, de mayor a menor. Aclaremos que este texto no se refiere a las ofensas cometidas hacia otras personas (robar, ofender, engañar, etc.) donde además del arrepentimiento debemos pedir perdón, restituir, compensar, etc., sino de ofensas religiosas, cuando hacemos lo contrario de lo que Dios espera de nosotros.
Ya vimos los tres niveles más altos de la Teshubá. Ahora exploraremos el cuarto nivel: el arrepentimiento que tiene lugar cuando nos damos cuenta de las consecuencias de nuestras malas acciones. El nivel más alto de Teshubá es cuando el arrepentimiento nace espontáneamente de la autorreflexión, cuando finalmente entendemos que lo que estábamos haciendo es incorrecto en sí mismo; cuando el arrepentimiento proviene del despertar de nuestra propia conciencia, o de un renovado deseo de reconciliación con nuestro Creador. El arrepentimiento en este nivel refleja nuestro amor por Dios (תשובה מאהבה).
El rabino Abohab explica que el cuarto nivel de Teshubá ocurre, por ejemplo, cuando un maestro o un amigo que nos conoce personalmente o un rabino en uno de sus sermones nos advierte directamente sobre las consecuencias negativas de nuestras acciones. Nuestra conciencia se despierta por un estímulo externo y por el temor a las consecuencias.
Menorat haMaor trae un ejemplo de este cuarto nivel de Teshubá. El caso de los habitantes de la ciudad de Nínive. Allá por el año 780 antes de la era común, HaShem se reveló al profeta Yoná ben Amitai y le dijo que debía ir a una ciudad asiria no-judía, que tenía más de 120.000 habitantes (en ese momento este alto número de habitantes era muy inusual) para advertir que la ciudad sería destruida por sus múltiples ofensas hacia Dios y hacia sus compañeros.
No vamos a analizar todos los detalles de esta fascinante historia. Pero muy brevemente: después de un intento fallido de fuga y un intento de suicidio, Yoná llegó a la gran metrópolis asiria y advirtió a sus ciudadanos que la ciudad sería destruida en 40 días. Inesperadamente, los habitantes de Nínive escucharon la reprimenda de Yoná, tuvieron miedo del castigo Divino y se arrepintieron. HaShem suspendió Su decreto y perdonó a la ciudad.
Ahora echaremos un vistazo a dos detalles de esta historia.
1. Los Sabios del Talmud elogiaron la forma en que tuvo lugar este arrepentimiento. Los habitantes de Nínive no solo se dedicaron a la oración y al ayuno, sino que también, y principalmente, modificaron su comportamiento. El abandono de nuestros malos hábitos y nuestra mala conducta es la evidencia final y el objetivo más alto del proceso de Teshubá. Los Sabios valoraron tanto este mensaje de la historia de Yoná que la establecieron como la lectura oficial de la Haftará en Yom Kippur en la oración de la tarde (Minjá). Indicando así lo que se espera de un Yehudi cuando termina Yom Kipur: un cambio real y positivo en su comportamiento, y no solo el ayuno, o el hacer resoluciones vacías o promesas de cambio. También aprendemos que HaShem está dispuesto a perdonar y “cancelar” el castigo cuando nuestro arrepentimiento resulta en una mejora de nuestro comportamiento.
2. Pero si bien el hecho de que los habitantes de Nínive creyeran en el mensaje del profeta Yoná es muy loable (algo que desafortunadamente no siempre sucedió con nuestra propia gente …), desde el punto de vista de la motivación, es decir, de cómo comenzó la Teshuba, este tipo de arrepentimiento se considera de un nivel inferior, ya que la razón fundamental para ello fue la autopreservación, es decir, el temor a la retribución Divina. En cualquier caso, el arrepentimiento por temor al castigo divino, aunque no se considera como la forma ideal del arrepentimiento, es aceptado por HaShem. Porque como vemos claramente en el libro de Yona, Dios escucha las oraciones de los habitantes de Nínive, los perdona y no destruye a la ciudad.



“¡Si, pero mejor mañana!”

ואחר כן תבוא אליה…ולקחת לך לאשה
רש”י :לא דברה תורה אלא כנגד יצר הרע
A lo largo de la historia de la humanidad, en todos los pueblos del planeta, cuando los líderes militares motivaban a sus guerreros a conquistar al enemigo los alentaban con arengas que incluían la obtención del tentador botín de guerra: dinero, despojos y mujeres.
Este era el botín que les correspondía y el mayor aliciente para pelear con más valor. Las mujeres capturadas eran tratadas como objetos, a voluntad del soldado, y luego eran asesinadas o en el mejor de los casos capturadas como esclavas. El asalto sexual en tiempos de guerra no es un tema del pasado. En este artículo con el sorprendente título “Desafiando a una tradición que goza de impunidad”  podemos leer acerca de la prevalencia y la “tolerancia” de las violaciones en tiempos de guerra durante el siglo XX.
En la Parashá de esta semana vemos que la Torá tiene una actitud completamente diferente en este tema. Una actitud de respeto hacia el enemigo que no tiene precedentes en los anales de la historia, probablemente hasta bien avanzado el siglo XX (recordemos, por ejemplo, la invasión de Japón a Nanjing, China, en 1937). La Torá, incríblemente,  se refiere a “los derechos de la mujer” que es tomada como prisionera de guerra.
La Torá demanda del soldado judío proteger la integridad de esta mujer. El soldado solo podría estar con ella si se va a contraer matrimonio con ella (algo que la Torá, subliminalmente, desaconseja).  Si el soldado judío se casaba con ella (los prisioneros de guerra o ‘ebed kena’aní, eran convertidos automáticamente al judaísmo) debía permitirle guardar luto por su familia  y no podía tratarla como una esposa de segunda categoría o hacerla trabajar como su sirvienta.
Nos debe causar asombro y admiración (להגדיל תורה ולהאדירה) que la Torá se haya referido a los derechos de los prisioneros de guerra miles de años antes que el resto del mundo. Pensemos que el famoso ejercito romano, 1500 años después de que esta ley bíblica fuera promulgada, usaba a los prisioneros de guerra en el Coliseo, donde debían enfrentarse a fieras salvajes hasta ser devorados en vida, para el entretenimiento de los “piadosos” ciudadanos de Roma.
Hay un tema más que es el entrenamiento de un soldado judío.  La Torá, atenta al estado mental de un soldado que ve a una mujer indefensa en el campo enemigo,  entiende que un “NO” absoluto podría terminar en resultados no deseados: abuso y violación. Rashí explica que la Torá nos enseña a enfrentar al yetser hara’, la inclinación al mal, utilizando como estrategia la “postergación” . “Sí puedes! Pero ahora no”.
La postergación (o “delayed gratification”) es un instrumento psicológico de usos múltiples. Puede ser, como casi todo lo demás, bien o mal usado.
Postergar un proyecto positivo o saludable, que sabemos es necesario para mejorar nuestras vidas, es por lo general una de las trampas psicológicas más comunes que nos tendemos a nosotros mismos. Pensemos por ejemplo cuando nos damos cuenta que para mejorar nuestra salud debemos perder peso. Pero no en lugar de comenzar una dieta estricta YA nos quedamos postergando nuestra decisión semana tras semana. No le decimos “NO” a la dieta. Simplemente nos engañamos diciéndonos a nosotros mismo: “Sí a la dieta! Pero no ahora”.
Para alcanzar nuestras metas espirituales, la postergación es también una trampa fatal. Cuando se acerca Yom Kippur tomamos algunas resoluciones y decidimos realizar algunas mejoras importantes en nuestras vidas. Por ejemplo: “Este año voy a estudiar Torá una hora todos los días”. Pero luego encontramos que este proyecto se nos hace un poco difícil y día a día lo postergamos. “Claro que voy a estudiar Torá, pero todavia no”. Obsérvese que no renunciamos al proyecto por completo (¡aquí está la trampa!). Nos decimos a nosotros mismos, con esa voz interna y defensora que los Sabios llamaron yetser hara’, que en realidad sólo estamos “retrasando” nuestra decisión de estudiar Torá “momentáneamente”, hasta que encontremos un mejor tiempo. “Ahora estamos muy ocupados, el trabajo está muy difícil…. cuando las cosas mejoren, lo hacemos.”
Me pregunto ¿por qué en este caso no renunciamos a la idea de estudiar Torá por completo? Porque si renunciamos categóricamente a este u otro proyecto nos vamos a sentir tremendamente culpables. Sin embargo, al postergar y retrasar este proyecto “hasta que las cosas mejoren”, nos resulta menos traumático abandonarlo. Nuestra imaginación negativa nos tendió una trampa psicológica, y casi sin darnos cuenta, el proyecto muere. ¿Causa del fallecimiento? “Muerte por postergación”.
Pero el mensaje de Rashí es que la postergación puede (y debe) ser usada de forma positiva. ¿Cómo? Cuando mis impulsos, o mis hormonas  me demandan hacer algo que está mal , y me piden actuar YA mismo, es posible que si digo “NO”, pierda la batalla. En algunas áreas, como las que menciona nuestra Perashá, no hay garantías de que voy a ser lo suficientemente fuerte como para sobreponerme efectivamente  mis impulsos. Pero ¿qué pasaría si aplico la técnica de la “postergación” para un buen uso? ¿Qué pasaría si le digo a mí sistema nervioso: “Sí! Pero NO ahora.“    Mis impulsos entonces se “calman”, y no tratan de luchar hasta el final para imponerse. Y mañana repito el mismo ejercicio.  Esto es lo que indica Rashí: La Torá nos enseña la manera de derrotar el yetser hara’, usando la postergación .
Esta mañana me estoy por levantar muy temprano para Selijot. Pero mi cuerpo me dice  que quiere seguir en la cama.  Mi imaginación dirá: “OK. Quédate hoy en la cama y vamos a Selijot partir de mañana.” Y lo mismo sucederá probablemente el día siguiente.
Pero qué pasaría si hago un uso positivo de la postergación. Y esta mañana, cuando mi cuerpo me dice que no se quiere levantar temprano y que quiere seguir durmiendo, yo le respondo: “Sí! Está bien, nos quedamos en la cama…. pero NO hoy sino ¡mañana!. ¡Hoy vamos a Selijot!”.
Shabbat Shalom!



3. Arrepentirse porque ahora me ven.

En su libro Menorat haMaor el Rab Isaac Abohab enumera 7 niveles de Teshubá. Es decir, diferentes circunstancias en las cuales, o por las cuales, una persona se arrepiente de las malas acciones que hizo. Estos niveles se clasifican según ciertas categorías. Por ejemplo: 1. ¿Cuándo se da uno cuenta que hizo algo mal y deja de hacerlo? 2. El estado de alerta o adormecimiento de la conciencia. 3. Si el arrepentimiento tuvo lugar antes o después de sufrir las consecuencias de lo que hizo mal, etc.
El nivel más elevado de la Teshubá es cuando uno se arrepiente por sí mismo, inmediatamente, y sin que hayan habido consecuencias negativas de sus malas acciones.
Un segundo nivel es cuando uno NO se da cuenta inmediatamente de lo que hizo mal, y repite su mal proceder hasta que éste se convierte en un hábito. Luego, el arrepentimiento llega a causa un estímulo externo positivo, por ejemplo, las Selijot, el Viduy, el Shofar, o luego de estudiar o escuchar palabras de Torá.
El tercer nivel, que veremos hoy, es cuando uno se arrepiente una vez que ya no puede repetir su mal proceder.
Ejemplos:
1. Un empleado de un supermercado robar mercadería y se la lleva a su casa sin que nadie lo vea. Como no se arrepiente de inmediato, este accionar persiste por un tiempo y se convierte en un hábito que el empleado perfecciona para no ser atrapado. Su conciencia no solo que ya no le dice nada sino que ahora le ayuda a inventar excusas imaginarias : “Los dueños son muy ricos”. “No les afecta en nada lo que yo me llevo”.”No me pagan lo suficiente y yo trabajo más que los otros empleados”. “Merezco cobrar más y hace mucho que no aumentan mi sueldo“, etc, etc. El robo sigue y el arrepentimiento no aparece. Pero un día, el empleado  llega a su trabajo y ¡oh sorpresa!  Los dueños han instalado cámaras de seguridad en el supermercado.  Las circunstancias ahora son diferentes. Ya no puede robar sin que lo vean.  Su cerebro ya deja de inventar justificaciones, e ironicamente, eso le permite darse cuenta de que hizo algo mal durante un largo tiempo y ahora finalmente se arrepiente. El rab Abohab indica que, aunque la conducta de este individuo cambió debido a que las circunstancias cambiaron y ya no tiene las mismas oportunidades para robar que antes, este “arrepentimiento”, aunque cuestionable, es considerado por la Torá como válido.
2. Un hombre viaja al exterior por negocios. Y allí, donde nadie lo conoce, se deja llevar por la tentación y procede de una manera errada en el área sexual. Luego, vuelve a su hogar y se arrepiente de lo que hizo. Claro que una vez de regreso a casa, donde todos lo conocen,  ya no puede repetir su mal proceder. Y de alguna manera, como dice Maimonides, el arrepentimiento es más creíble cuando alguien se arrepiente mientras está en condiciones de repetir el mismo error y eligiera no hacerlo gracias a un mejor entendimiento de lo que significa la infidelidad, etc. De cualquier manera, dice el rab Abohab, aunque este acto de arrepentimiento ocurre cuando uno ya no tiene la posibilidad de repetir el error, esta contrición es válida y su Teshubá, aunque no sea perfecta, es aceptada por Dios.
3. Durante muchos años un individuo se encuentra económicamente muy bien. Algunas personas necesitadas se acercan él para pedirle ayuda, pero este individuo dice “NO” y se niega a ayudar al prójimo. Con el correr del tiempo, esta persona persiste en su conducta egoísta y no se da cuenta (o no se quiere dar cuenta) que está actuando mal. Cada año, durante el mes de Elul y los Yamim Noraim (Rosh haShaná, Yom Kippur) dice las Selijot, escucha el Shofar, y aprende acerca de la importancia de dar Tsedaqá, pero no se arrepiente y sigue negándose a asistir a los pobres. Luego de algunos años, sus negocios le salen mal y pierde gran parte de su fortuna. El dinero no le sobra e irónicamente,  ahora, que ya no puede ayudar, se arrepiente de no haber ayudado a los demás cuando podía. Este arrepentimiento, dice el rab Abohab, si bien no es el ideal, es válido y aceptado por el Creador.
Los Sabios explican que debemos arrepentirnos de inmediato cuando actuamos mal. Y también dicen que cuando nos arrepentimos mientras la oportunidad de seguir actuando mal todavía existe, allí se alcanza el máximo nivel de Teshubá.
Pero también dijeron que las puertas de la Teshubá no se cierran. Y que aunque nos hayamos alejados de HaShem y Sus preceptos, Él siempre estará dispuesto a aceptar nuestro arrepentimiento, aunque no sea perfecto.



Las tres vidas de un ser humano

YO SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA

Vivimos 3 veces. Esta es la vida número “2”: la vida después del nacimiento y antes de la muerte. Esta es la vida con un cuerpo ya formado y con un alma en proceso de formación.  La vida número “1” es la que vivimos en el vientre materno, con un cuerpo en proceso de formación. La vida número “3” es la que accederemos después de esta vida.  La muerte es el final de la vida “2” y si bien significa el final de nuestro cuerpo, no marca nuestra desaparición total.  La muerte es vista por nuestra Torá como una transición entre dos vidas: una noche entre dos días.

La transición y la diferencia entre la vida número 2 y la vida número 3 no es fácil de entender. ¿Por qué? Porque no se trata de «saber más» sino de entender por qué «sabemos tan poco». La mejor forma de comprender esta última idea, que puede sonar absurda, es analizar lo más seriamente posible la vida antes de esta vida, la vida “número 1”.  

¿NACER o MORIR? 

Tratemos de imaginar qué pasa con un bebé en el vientre materno. 

En primer lugar pensemos en términos del conocimiento que un bebé tiene durante la vida “1” acerca de la vida “2”.   

Por ejemplo: Cuando un bebé nace, ¿sabe que está naciendo, o piensa que se está muriendo?  Si de alguna manera pudiéramos “conversar” con un bebé de 9 meses y le pudiésemos explicar que en poco tiempo abandonará su placenta, el bebé pensará que al desconectarse del cordón umbilical morirá .¿Por qué? Porque todo lo que sostiene su vida, oxígeno, alimentación, etc. está allí, en el vientre materno y llega a través del cordón umbilical, sin el cual la vida, tal como el bebé la conoce, no puede ser posible.

LOS LIMITES DEL CONOCIMIENTO 

El bebe en el vientre materno no tiene la menor idea de que existe un mundo fuera del vientre. Todo el universo conocido por él consiste es la placenta. En su mundo prenatal no existe la luz, ni los colores, ni los sabores, ni los aromas, ni el sol, ni el cielo, ni el agua, ni mamá, ni papá, ni los rostros, ni otras personas, ni pensamientos articulados con palabras.   

El bebé ni siquiera sabe cómo es en realidad su propio mundo porque nunca se vio a sí mismo tal como él es. Es decir, tal como se ve desde nuestra perspectiva. Tal como lo vemos nosotros a través de un ultrasound, o en esas fotos de bebés con el dedito en la boca.

Después de esta brevísima introducción a la embriología, traslademos lo que acabamos de aprender a nuestra pregunta. ¿Qué podemos saber a ciencia cierta sobre la vida después de esta vida? 

Muy poco. Porque tal como le sucede al bebé, nosotros también estamos limitados por la realidad física que nos rodea.

EL VIENTRE MATERNO Y EL VIENTRE TERRENAL

Vivimos, como una vez me dijo mi madre, z”l, “en una dimensión que es como una placenta terrenal invisible”. Y si nos comparamos con el bebé en el vientre materno, en el mundo por venir, nos espera una realidad –que siguiendo esta comparación, es infinitamente más extensa, sofisticada y significativa– que no se puede percibir con ojos y que no es conocible desde esta vida. Imaginemos por ejemplo, que en la vida por venir no existe el tiempo, o el tiempo linear. O no se usa el lenguaje y no se piensa con palabras como hacemos las personas, ni con imágenes, como lo hacen los animales. La realidad que se procesa con una capacidad meta-física infinitamente superior a la inteligencia verbal.

De la misma manera que la vida anterior es percibida por el bebé como una vida independiente –como la única vida que existe — en esta vida no hay ninguna evidencia física de que algo continúa. Por el contrario, la fisiología parece indicar que todo termina con la muerte de nuestro cuerpo. Y si bien no podemos saber nada sobre la vida que vendrá, una vez que “nacemos” (de 1 a 2 o de 2 a 3) , finalmente comprendemos acabadamente la vida que pasó.  

La próxima vida ocurre en una dimensión absolutamente desconocida por nosotros, inaccesible desde esta dimensión y también “inimaginable”.

Sobre este último punto, en un próximo email.  

Continuará 




¿Para qué se necesitaba dinero en el Templo de Jerusalem?

EDICION ESPECIAL: ¿Por qué y para qué había dinero en el Templo de Jerusalem?

Hace unos días escribimos acerca de los tesoros que el ejército romano robó del Templo de Jerusalem, y que esos tesoros fueron utilizados para sanar la economía del Imperio romano, que estaba al borde de la ruina, y llevarla a 20 años de prosperidad.  El dinero judío fue suficiente también para erigir en Roma templos paganos, arcos de triunfo y hasta el anfiteatro mas grande del mundo: el Coliseo. 

Explicamos que parte de estos fondos provenían de los artefactos saqueados del Bet haMiqdash como la Menorá, etc. y otra parte de la venta de esclavos judíos que eran rescatados por sus hermanos a un altísimo precio.  

Pero creo que todo lo mencionado no es suficiente para cubrir el deficit de un imperio. Y también hay que tener en cuenta que  Flavio Josefo y otros historiadores mencionan que los romanos se llevaron de Judea “enormes” (en realidad dice: “infinitas”) cantidades de dinero, esto es, monedas de cobre, plata y especialmente oro. ¿De dónde salían esos grandes tesoros del Bet haMiqdash? ¿Por qué un templo necesitaba tanto dinero?   

No me estaba siendo fácil encontrar una respuesta. Así que decidí llamar por teléfono a mi amigo el rab Tzvi Shalva. El Rab Shalva vive en la colonia KARME TZUR en el territorio de Judea y Samaria, en Israel y ha dedicado  su vida a estudiar un tema: El Bet haMiqdash.  Hace unos meses fui a visitarlo y tuve la ocasión de participar en un par de clases en su extraordinario Kolel, fundado y dirigido por el Rab Shalva, donde los estudiantes se dedican a estudiar un solo tema: El Bet HaMiqdash.  

¿Quién mejor que el rab Salva para responder mis inquietudes acerca de la cantidad aparentemente excesiva de dinero que había en el Bet hamiqdash? 

El rab Salva me explicó satisfactoriamente lo que yo necesitaba entender. 

Su respuesta también me hizo pensar en el error que por lo general todos cometemos: pensamos en un Templo, solamente como institución religiosa y nos olvidamos que los Yehudim somos una nación (NO una religión) y que cuando estábamos en nuestra tierra, nuestro gobierno soberano tenía una división de poderes parecida a la de los gobiernos modernos: poder ejecutivo, judicial y legislativo. Y cada uno de estos poderes tenía varios “ministerios” o “secretarías” bajo su jurisdicción. 

El poder ejecutivo estaba a cargo del Rey, e incluía por ejemplo,  el ministerio del interior, exterior, defensa, etc. 

El Bet haMiqdash albergaba en sus instalaciones, entre otras cosas, al poder legislativo y al poder judicial. Y muchas instituciones nacionales estaban bajo el mando del segundo hombre con más autoridad en la nación de Israel: el Cohen Gadol, quien administraba varios ministerios y sus respectivos presupuestos.    

A continuación algunas ilustraciones que escuché del rab Shalva. 

1. MINISTERIO DE JUSTICIA:  La administración del poder legislativo, las cortes judiciales, la corte suprema de justicia (Sanhedrin, Bert haDin haGadol, Lishkat haGazit, etc). Todo esto, incluyendo su presupuesto, estaba bajo la supervision y administración de la “Oficina del Cohen Gadol”. 

2. MINISTERIO DE EDUCACION: : Escuelas, Yeshivot, Bate Midrash, también estaban bajo la administración de la Oficina  del Cohén Gadol.    

3. MINISTERIO DE DEFENSA: Lo que correspondía a la defensa de la ciudad capital, Jerusalem, por ejemplo, el mantenimiento y el fortalecimiento de sus murallas, etc. estaba bajo la administración  del Cohén Gadol.

4. MINISTERIO DE OBRAS PUBLICAS: El departamento de este ministerio que se ocupaba del mantenimiento, reparación y ampliación de las rutas y caminos por los cuales llegarían millones de judíos 3 veces por año al Bet haMiqdash y la construcción, el mantenimiento y la reparación de las cisternas de agua en los caminos que llevaban al Bet haMiqdash, estaba bajo la administración del . 

5. MINISTERIO DE HACIENDA:  Toda la plata que quedaba en deposito para huérfanos, viudas, era depositada en las arcas del Bet haMiqdash.  Se estima que había entre 4 y 8 millones de judíos viviendo en Israel en los tiempos del imperio Romano. cada año se recolectaba una moneda de plata de un valor equivalente a 5 dólares, más o menos por familia (hombres mayores de 20 años). Pero ésta es solo una parte “insignificante” de todo lo que  se recolectaba por donaciones de dinero, propiedades, objetos preciosos que donaban los judíos de Israel y especialmente las generosas donaciones de cientos de miles de judíos que vivían fuera de Israel, mucho de ellos en una muy buena posición económica.  El Rab Shalva me dijo: “Imagínate si todas las donaciones que todos los judíos del mundo hacen hoy estuvieran dedicadas exclusivamente para el bet haMiqdash”.  

6. MINISTERIO DE ASISTENCIA SOCIAL: Una de los “ministerios” más importantes del Bet haMiqdash era la lishkat Jashayim. Este fondo estaba dedicado a la asistencia social  que llegaba de manera anónima y era administrado por un secretario o guisar bajo la supervision del Cohén Gadol y que estaba dedicada a ayudar anónimamente a todo tipo de personas que necesitaran asistencia económica. Como un fondo de Tsedaqá pero a escala nacional. . 

El Bet haMiqdash funcionaba como el Banco Nacional, el Tesoro de la Nación,  o la Reserva Federal  Todo el dinero que se necesitaba para el presupuesto de estos ministerios, secretarías públicos, fondos públicos, etc. —lo que equivaldría hoy en día al GDP (Producto Bruto Interno) de una nación desarrollada— estaba  depositado en las arcas del Bet haMiqdash. 

Cuando los romanos destruyeron el Bet haMiqdash y robaron todos estos fondos la nación de Israel ya no pudo funcionar como tal.    




EL DIA QUE JERUSALEM FUE ARADA : La tragedia menos conocida del 9 de Ab

כֹּה אָמַר ה’ צִיּוֹן שָׂדֶה תֵחָרֵשׁ, וִירוּשָׁלַיִם עִיִּים תִּהְיֶה
Ayer comenzamos a explicar uno de los 5 eventos trágicos que recordamos en el 9 de Ab, día de duelo nacional del pueblo judío. Este terrible acontecimiento, quizás el menos conocido, se llama en hebreo: “el arado de la ciudad” de Jerusalem (חרישת העיר).
Luego de que el emperador romano Adriano volviera sobre sus pasos y se arrepintiera de su decisión de autorizar a los judíos a reconstruir el Bet haMiqdash, las relaciones entre los judíos y el imperio romano comenzaron a empeorar.
Uno de los momentos más tensos fue cuando el emperador viajó al Medio Oriente y (129-130 de la era común) y se horrorizó de una de las prácticas más comunes que llevaban a cabo los gentiles en esa región que pertenecía al imperio romano: la castración, especialmente de esclavos y sirvientes (eunucos), que era una cruel forma de “domesticarlos” y hacerlos más dóciles.  En Roma esa práctica se consideraba aberrante y se castigaba. Aclaremos  que la castración está terminantemente prohibida por la Torá. Y no sólo la castración humana sino también de animales, algo que SÍ era (y sigue siendo) totalmente aceptado en el mundo no judío.  Adriano, entonces, prohibió la castración humana y la penalizó con la pena de muerte.
El gran problema fue que, por alguna razón, Adriano ¡extendió el crimen de castración al Berit Milá! la circuncisión judía….
De nada sirvió que los Sabios judíos tratarán de explicarle la naturaleza de la circuncisión judía a los representantes del emperador, y que ésta nada tenía que ver con la castración.
Adriano igual prohibió la circuncisión y la condenó con la pena de muerte. Algunos historiadores especulan que Adriano fue influenciado por los primeros cristianos, que se oponían a la práctica de la circuncisión y creían que ésta había sido reemplazada por el bautismo. Abolir la circuncisión era una gran victoria para su causa.
Este decreto, que tuvo lugar alrededor del año 129, afectó aún más los ánimos de los Yehudim, quienes estuvieron dispuestos a sacrificarlo todo antes de dejar de cumplir el primer precepto que le corresponde a un niño judío. También los llevó a la desesperación colectiva. Ya habían perdido la esperanza de ver el Bet haMiqdash reconstruido y ahora veían que el futuro de su pueblo corría un inminente peligro de extinción. Ribbí Yishmael ben Elishá llegó a decir: “Quizás haya llegado el momento de que dejemos de casarnos y de traer hijos al mundo (Babá Batrá 60 b)”.
Pero la anulación del Berit Milá fue sólo el preludio de algo tan malo, o peor, que estaba por pasar…
En ese fatídico viaje por medio oriente, Adriano tomó otra terrible determinación que resultaría atroz y fatal para el pueblo judío: Adriano decidió “prevenir para siempre” que el Templo fuese reconstruido. Y ni siquiera iba a dejar en pie las ruinas de la ciudad santa, que recordaban su destrucción.  Adriano ordenó “borrar” toda memoria judía de la ciudad, y cambiar su nombre, y así los judíos finalmente se olvidarían de “Yerushalayim”. El plan de Adriano incluía la construcción de un “nuevo templo” romano para “Jupiter” (uin dios pagano), en el mismo lugar donde antes estaba el Bet haMiqdash….
Esto provocó un estado de máximo de indignación en el pueblo y motivó a los Yehudim a planear una rebelión “suicida” contra el imperio. De esta rebelión hablaremos más adelante, ya que ahora nos concentraremos en comprender por qué en Tishá beAb recordamos “que la ciudad fue arada”.
En el año 130 Adriano decretó que el nombre de Yerushalayim fuese erradicado, y que la nueva ciudad se llamaría de ahora en más: “Aelia Capitolina”. “Aelio”, en honor a Adriano, ya que era uno de sus nombres y “Capitolina”, en honor al ídolo mitológico romano, Jupiter capitolino, al quien se le dedicarian los santuarios paganos de la nueva ciudad.
Ahora bien: ¿Cómo hacían los romanos para borrar la ciudad anterior y fundar una nueva ciudad en ese mismo lugar? Como sabemos, hay todo tipo de ceremonias de inauguración: como ser la colocación de la piedra fundamental, el cortado de una cinta, etc.  La ceremonia de inauguración de una nueva ciudad romana consistía en arar la ciudad, más específicamente, demarcar con surcos labrados los nuevos bordes de la ciudad. La ceremonia del arado de Yerushalayim, y la inauguración de la nueva ciudad pagana ocurrió el 9 de Ab del año 130.  
Esta “ceremonia”  fue celebrada por los romanos, como era su costumbre, acuñando una moneda ilustrativa. El texto de la moneda que vemos en la imagen arriba, dice: “Col(onia) Ael(ia) Capit(olina)”. En esta moneda se ve claramente a Adriano, representando a Roma, arando los surcos de la nueva ciudad romana y demarcando sus límites.
El arado de la ciudad de Jerusalem y el cambio de su nombre nos demuestra que los Goyim hicieron todo lo posible, y más, para borrar la memoria de la Jerusalem judía, y asegurarse que nunca más regresaremos a Yerushalayim y perdamos cualquier esperanza de reconstruir nuestro  Templo.
Irónicamente, hoy, ya nadie se acuerda de Adriano י”ש  y el nombre de “Aelia capitolina” solo se encuentra en los libros de historia y los museos.    E increíblemente, después de 1900 años, no hay humano que no haya escuchado “JERUSALEM”, nuestra ciudad capital, más hermosa que nunca,  está nuevamente en nuestras manos y la inminente reconstruccion del Bet HaMiqdash, es solo cuestión de tiempo.
DEBEMOS ESTAR MUY ORGULLOSOS DE PERTENECER A UNA NACIÓN QUE NUNCA PERMITIÓ QUE BORRARAN SU MEMORIA Y  TENEMOS QUE ESTAR MUY AGRADECIDOS A DIOS POR EL PRIVILEGIO DE VIVIR ESTOS MOMENTOS,  CON EL QUE SOLO LOS PROFETAS DE ISRAEL SE ATREVIERON A SOÑAR.



El león y la cigüeña: una historia de Tisha BeAb

Luego de la destrucción del Bet haMiqdash (año 68 de la era común) , los judíos vivían permanentemente humillados por los romanos. Especialmente en los tiempos del emperador Trajano (que reinó entre el año 98 y el año 117) y Lusio Quieto, muy hostil con los judíos. Quieto fue el responsable de una gran matanza de judíos en las comunidades de Babilonia alrededor del año 115 de la era común. Luego de esta aplastante “victoria” fue asignado como gobernador de Judea, ya que había demostrado su mano dura hacia los judíos. En Judea Quieto cometió atrocidades y todo tipo de abusos, como el aberrante derecho de pernada (הגמון, el derecho del gobernador a pasar la primera noche con las mujeres que se casaban), lo que hizo que los casamientos judíos se realizaran en secreto. Por este y otros trágicos eventos similares los rabinos decretaron ciertos actos de duelo nacional, como por ejemplo que los novios ya no usarían más sus adornos y coronas ornamentarías (עטרות חתנים).
Cuando murió el emperador Trajano en 117, Lusio Quieto fue el candidato más firme para reemplazar al fallecido gobernante, lo cual los judíos consideraron que sería el mayor desastre posible. De cualquier manera, gracias a los oficios de la viuda de Trajano, Plotina, Adriano, su hijo adoptivo, fue proclamado como el nuevo emperador.
Los judíos enviaron una delegación a Adriano y le prometieron al nuevo emperador fidelidad. También le solicitaron que les permitiera reconstruir el Bet haMiqdash. Este pedido no era excepcional ya que los Romanos, siguiendo la famosa “pax romana” una vez que subyugaban a los pueblos, les permitían reconstruir sus santuarios y practicar su religión.  Para la enorme satisfacción de los Yehudim ¡el emperador Adriano accedió al pedido de los Yehudim de reconstruir el Bet haMiqdash!
Se han encontrado monedas de la época de Adriano que parecen haber sido acuñadas para celebrar esta decisión de Adriano, que se llevaría a cabo en una de sus visitas a Judea.
En la moneda que vemos arriba se ve al emperador Adriano al lado de una mujer que representa a Judea (la nación judía), y a niños judíos ofreciéndole a Adriano una ramas de palmas, una representación de paz y armonía entre los dos pueblos. En el lado izquierdo se ve el retrato del emperador y se lee HADRIANUS AUGUSTUS y en el otro lado ADVENTUI AUG(USTUS) JUDEIA, es decir, “en honor a la llegada del Cesar a Judea”.
Esta historia, y su desenlace no feliz, está relatada en el Midrash de Bereshit Rabbá 64:10: En los tiempos de Ribbí Yehoshua ben Jananiá el imperio romano decidió reconstruir el Bet haMiqdash. Pero los Kutim, los Samaritanos (que eran grandes enemigos de los Yehudím Y.B.), enviaron una delegación al emperador Adriano y le dijeron: Debe usted saber, Cesar, que [si les permites construir su Templo, los judíos de] esta ciudad se rebelarán contra usted. El Emperador respondió: ¿Pero qué puedo hacer? ¡Ya les he dado permiso para construirlo! Los Kutim, que sabían muy bien que el Bet haMiqdash debía ser construido exclusivamente en Har haBayit, el Monte Moriá, le sugirieron a Adriano que les dijera a los judíos que podían reconstruir su Templo, pero en una zona diferente, con medidas distintas, etc. Y así procedió Adriano. La decepción de los judíos fue enorme. El Templo no se puede construir fuera de su area original. Y esto truncó las esperanzas de tener nuevamente el Bet haMiqdash. El famoso historiador Paul Johnson explica que hubieron otros elementos que influyeron en Adriano para que volviera atrás sobre su decision y no permitiera la construcción del Bet haMiqdash.
1. Tácito, un senador e historiador romano famoso por su antipatía hacia los judíos, escribió que los judíos sólo respetan a su Dios, y no acataban la autoridad de los reyes humanos. El arrogante Adriano no podía permitir que los judíos fuesen más leales a Dios que a él.
2. Los antiguos cristianos consideraban (y muchos todavía consideran) que la destrucción del Gran Templo era la evidencia de que Dios  había abandonado ח“ו  a Israel y había establecido un nuevo testamento —un nuevo pacto— con la nueva “congregación cristiana”, que venía a reemplazar a la ya destruida nación judía y a su caduca religión.… Para los nuevos cristianos evitar la reconstrucción del Bet haMiqdash era vital para justificar su narrativa y sostener su teología de reemplazo. No hay que descartar la influencia de estos nuevos cristianos en la decisión de Adriano.
Cuando Adriano se arrepintió de su plan, los judíos quisieron comenzar una rebelión contra el imperio. El Sabio que evitó la peligrosa revuelta fue el ya anciano Ribbí Yehoshua ben Jananiá. De chico, Ribbí Yehoshua había experimentado la trágica destrucción de Yerushalayim y el Bet haMiqdash, luego de la rebelión de los judíos contra Roma en el año 68. Para disuadir al pueblo de rebelarse Ribbí Yehoshua les contó una fábula: “Una vez el león se había comido un animal y le había quedado un hueso en su garganta. El león pidió ayuda. La cigüeña se acercó al león, le pidió que abriera su boca, introdujo su largo pico y sacó el hueso. La cigüeña entonces le pidió al león una recompensa por los servicios prestados. Y el león le dijo: ‘¿No te parece suficiente recompensa que tú metiste tu cabeza en mi boca y yo no te comí?” . “Así”, dijo Ribbí Yehoshua, “debemos estar agradecidos que aunque ya no tengamos nuestro Bet haMiqdash, ni lo podamos reconstruir, por lo menos podemos seguir con vida” .
Los ánimos se aplacaron. Pero la relación de Adriano con los judíos empeoraba cada vez más, y la pax romana no duró por mucho tiempo….
Continuará



La inmortalidad del alma

Lógicamente, todavía estoy afectado por el fallecimiento de mi querida madre. Y durante estos días de duelo estuve pensando mucho en el sentido de la vida y la inmortalidad del alma. Quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones sobre este tema.

EL RAB ARYEH KAPLAN

Uno de los autores que más influyeron en mi vida es el Rab Aryeh Kaplan, z”l, y especialmente su libro llamado: “Si tú fueras Dios”, (originalmente: “If you were God”). El Rab Kaplan era un genio —tanto en la parte rabínica como en ciencias, específicamente física— y falleció trágicamente en 1984 a una edad muy temprana. Su fascinante libro consta de 3 ensayos.El primero analiza la función del pueblo judío en el mundo, y explica cómo Dios trata de “civilizar” a la humanidad a través de sus representantes: los judíos. El tercer ensayo es acerca del sentido de la vida, pero no desde el punto de vista humano sino Divino. Es decir, para qué creó Dios este mundo y particularmente a los seres humanos. El segundo ensayo, el más corto, se refiere a la inmortalidad del alma.
Voy a tratar de resumir lo que dice el Rab Kaplan

LA PREGUNTA DEL MILLÓN

La primera pregunta que uno debe enfrentar cuando quiere examinar seriamente el tema de la inmortalidad del alma es: “¿Qué es el alma?”. Y para definir qué es el alma debemos identificar primero ¿qué o quién soy “yo”?. 
El rab Kaplan dice así: 
“Mira tu mano. ¿Qué ves? Una parte de tu cuerpo…. la puedes abrir y cerrar. Obedece todas las órdenes que tu mente le envía. Es tuya, es parte de ti. Pero… ¿es tu mano … el verdadero “tú”?Ahora, apunta tu dedo índice hacia ti. Si tu eres una persona normal dirigirás tu índice hacia tu pecho. Porque [sin darte cuenta] asumes que “tú” eres tu cuerpo. Pero ¿eres tú realmente tu cuerpo?“
Y así, poco a poco y de manera metódica, el rab Kaplán nos va ayudando a comprender por descarte qué es el lo que NO somos y qué es lo que realmente nos define. Con mis propias palabras: ¿”Somos” un cuerpo y “tenemos” un alma; o “somos” el alma y “tenemos” un cuerpo. 

¿QUIEN SOY?

Una metáfora que puede ayudar a visualizar la relación cuerpo / alma es la de un automóvil y su conductor. El auto es el cuerpo, y el conductor el alma que conduce al cuerpo. O quizás sea más preciso hablar de un taxi, (o un Uber…) en lugar de un auto particular. El automóvil es nuestro cuerpo, el conductor es nuestro cerebro, y el alma soy YO, el pasajero.  El taxista sabe cómo manejar el auto, y cómo llevar al pasajero por el mejor camino posible, etc. pero el chofer no decide hacia dónde conducir el auto. Es el pasajero quien toma esa decisión y determina el destino del viaje. El cerebro no es el “yo”, ya que si bien es un elemento muy sofisticado, sigue siendo físico, material. El “alma” sin embargo, está más allá de lo físico: es sobrenatural, Divina. Y como tal, el alma es responsable por un tipo de acción que también es sobrenatural (que no existe en el mundo natural o animal). Me refiero al libre albedrío: la habilidad de decir “no” a mis instintos corporales; la posibilidad de elegir hacia dónde me dirijo; decidir qué hago con mi vida, con mi tiempo, etc. 

¿JINETES O CENTAUROS?

Hay una metáfora que es mejor que la de un automóvil, ya que incluye un punto fundamental no abarcado por la anterior.El caballo y el jinete. El cuerpo tiene, por decirlo de alguna manera, su “vida propia”, sus necesidades, sus caprichos, sus deseos y hasta sus objetivos, que se relacionan con lo que pertenece al mundo material.  El cuerpo es el caballo. Y el alma es el jinete. Al igual que el conductor de un vehículo, el jinete también tiene como objetivo conducir a su caballo hacia la meta que él, el jinete, aspira. Cuando esto sucede, jinete y caballo conviven en perfecta armonía. El jinete sabe que el caballo tiene sus necesidades materiales y no las desatiende. Muy consciente de la importancia de su caballo, un buen jinete cuida de su animal, lo lleva periódicamente al veterinario, y se ocupa de que tenga todo lo que necesite para mantenerse saludable y satisfecho. 

¿QUO VADIS?

Pero hay otros posibles escenarios: ¿Qué pasa cuando el jinete no puede controlar a su caballo, suelta las riendas y se abandona?¿qué pasa si el jinete NO se pregunta a sí mismo si hay una meta que alcanzar o un camino a seguir? ¿O O el peor escenario posible: ¿Qué pasa si el jinete no se da cuenta de que él ES un jinete, un ente independiente de su caballo? ¿Qué pasa si nunca descubre su verdadera identidad y se piensa que él es un apéndice de su caballo? A diferencia de un automóvil que no se moverá de su lugar hasta que el chofer o el pasajero decidan dónde ir, el caballo tiene vida propia. El caballo no se quedará inmóvil esperando las órdenes de un jinete pasivo. El caballo se va a dedicar a comer pasto, descansar cuando se le dé las ganas, correr detrás de las yeguas y tratar de superar a los demás caballos en una carrera sin destino. El jinete abandona el control de su animal, “se entrega” a su caballo y se confunde con él…
Comprender la diferencia entre “somos un cuerpo que tiene un alma” o “somos un alma que tiene un cuerpo” es probablemente el tema más importante en la vida de un individuo. 

Continuará 




La carta de Maimónides a los judíos conversos

Aparte de sus libros sobre el Talmud (Pirush haMishnayiot) , la Halajá (Mishné Torá), la filosofía judía (More Nebujim)  y la medicina, diez tratados sobre temas médicos, Maimónides también escribió centenares de respuestas rabínicas sobre preguntas que le llegaban de todos lados del mundo. Y también compuso unas famosas cartas, Iguerot HaRambam, que a diferencia de las preguntas y respuestas son más extensas y podrían considerarse como monografías o pequeños libros sobre ciertos temas interesantísimos.  

Una de estas cartas se llama Igueret haShmad, la carta sobre “Las conversiones forzadas”. 

LOS YIHADISTAS ALMOHADES

En ese entonces los judíos estaban sufriendo la persecución religiosa de un grupo extremista musulmán, los Almohades, que aparte de luchar contra otros grupos islámicos también trataban de imponer su religión a los cristianos y judíos.  Este grupo se hizo muy poderoso a partir de 1147, cuando Maimónides tenía 12 años. Como sabemos, Maimónides y su familia escaparon de Córdoba y luego de España,  hacia el norte de Africa y al final llegaron a Egipto. Pero la persecución dejó sus cicatrices en Maimónides y entre otras cosas su experiencia le fue muy útil cuando tuvo que escribir a los judíos que como él, habían sido víctimas de la persecución.  

ISIS EN EL SIGLO 13

Cuando llegaban los Almohades a las juderías,  amenazaban de muerte a los judíos, hombres mujeres y niños, y muchos optaban por convertirse al Islam. Estas  conversiones no eran sinceras sino forzadas y todos esperaban que en poco tiempo la presión cediera y la vida volviera a la normalidad.  Una vez convertidos los judíos vivían exteriormente como musulmanes pero hacían todo lo posible, a veces arriesgando sus vidas para observar el judaísmo de la mejor manera posible. 

CÓMO EQUIVOCARSE DE RABINO

Los líderes de las comunidades judías le escribieron una misiva a un rabino (presumiblemente de Europa y que vivía entre cristianos) y le preguntaban cómo debían proceder y  qué podían hacer para reparar lo hecho.  Este Rabino tuvo palabras muy duras para ellos y les dijo que habían hecho muy mal en convertirse, que era imperdonable y que tenían que haber sacrificado sus vidas en lugar de haber pretendido aceptar el islam. Este rabino ya no los consideraba judíos. 

Los líderes religiosos quedaron profundamente amargados con esta respuesta y estaban desesperados porque muchos judíos que habían arriesgado sus vidas para mantener algo de su judaísmo en lo oculto habían perdido ahora toda su motivación y decían: “si de todas maneras ya no somos considerados judíos, convirtámonos completamente al islam”. Los lideres religiosos se dirigieron en onces a Maimonides, explicándoles las circunstancias que estaban viviendo y copiando la respuesta que dio el primer rabino.     

CARTAS QUE CURAN

La carta que Maimónides le escribe a estos judíos es conocida como “Igueret haShmad”, la carta acerca de las conversiones forzadas.  

En primer lugar Maimónides critica muy duramente al primer rabino y lo trata de insensible e ignorante. 

Maimónides explica por ejemplo que a diferencia de la conversion al cristianismo que implicaba la ceremonia del bautismo y la adoración a ídolos, los que se convertían al islam solo tenían que hacer una declaración verbal en la que decían que “Mahoma era el enviado de Dios”. Y que se justificaban que hayan pronunciado esas palabra para salvar sus vidas y las de sus hijos. 

Incluso en el caso de un judío que se vio forzado a adorar ídolos no se lo puede condenar y alejar sino que cuando quiere regresar al judaísmo hay que ayudarlo a integrarse nuevamente en la comunidad y mostrarle el camino de regreso con amor y atención.   

¿RABINO JUEZ O RABINO MEDICO?

Maimónides les dio mucho aliento a todos los que se tuvieron. que convertir por la fuerza y los motivó a seguir cumpliendo con la Torá secretamente hasta que las cosas volvieran a la normalidad.    

La crisis espiritual no hay que verla como un delito sino como una enfermedad. No necesita de un juez que la venga a sentenciar, sino de un médico que la venga a curar. Y ese médico fue Maimónides.