3. YONA 1:3: ¿Por qué se escapa Yoná?

וַיֵּ֨רֶד יָפ֜וֹ וַיִּמְצָ֥א אָנִיָּ֣ה ׀ בָּאָ֣ה תַרְשִׁ֗ישׁ וַיִּתֵּ֨ן שְׂכָרָ֜הּ וַיֵּ֤רֶד בָּהּ֙ לָב֤וֹא עִמָּהֶם֙ תַּרְשִׁ֔ישָׁה מִלִּפְנֵ֖י ה‘

וַיֵּ֨רֶד יָפ֜וֹ וַיִּמְצָ֥א אָנִיָּ֣ה ׀ בָּאָ֣ה תַרְשִׁ֗ישׁ וַיִּתֵּ֨ן שְׂכָרָ֜הּ וַיֵּ֤רֶד בָּהּ֙ לָב֤וֹא עִמָּהֶם֙ תַּרְשִׁ֔ישָׁה מִלִּפְנֵ֖י ה‘


Dios ordenó a Yoná que fuera a Nínive, la capital de Asiria, y la ciudad más grande del mundo en ese entonces (siglo VIII aec). Allí, Yoná tenía que advertir a la gente que HaShem destruiría la ciudad si continuaban con su corrupción y abusos. Ahora analizaremos el tercer pasuq del libro de Yoná, que describe la reacción del profeta a la petición de Dios:
‘ויקם יונה לברח תרשישה מלפני ה
Pero Yoná [no obedeció la orden Divina] y se aprestó a escapar a Tarshish, huyendo de la presencia de Dios.
Sorprendentemente, el profeta desobedece la orden directa de Dios y trata de escapar. Antes de abordar la pregunta principal de este extraordinario libro —por qué razón Yoná rechaza la misión que Dios le encomienda— reflexionemos un momento acerca del acto de desobediencia de Yoná.
LIBERTAD DE ELECCIÓN
Yoná no es el único Profeta que no quiere asumir una misión Divina de esta naturaleza. Convertirse en un emisario Divino para comunicar al pueblo Su mensaje de advertencia —lo que se llama en hebreo nebuá o profecía— también Yrmiyahu o incluso Moises trataron de evitar ser designados como profetas. Pero sin dudas, el hecho que Yoná trata de huir “físicamente” de Dios representa el rechazo más intensa a llevar a cabo la misión Divina. A la vez, el accionar de Yoná nos demuestra una vez más la extensión del principio judío de “libertad de elección”. Los seres humanos tenemos la opción de obedecer o incluso desobedecer a HaShem. Dios, por su parte, nos manifiesta Su voluntad pero no interviene en nuestras mentes convirtiéndonos en Sus robots. La inteligencia humana, a diferencia de la futura inteligencia artificial, nos permite el acto de “pensar”, evaluar y finalmente elegir. Esto ocurre todos los días. En cierto sentido, cuando desobedecemos o ignoramos la Tora nos estamos comportando como Yoná, ejerciendo nuestra libertad de desobedecer, y “huir” de la orden Divina. Desobedecer a Dios es una consecuencia de nuestro libre albedrío. En estos días, previos a Yom Kippur, nos dedicamos a reflexionar y reconocer que al ignorar a HaShem nos hemos alejado de Él. Y ahora ejerciendo nuevamente nuestro libre albedrío, decidimos retornar (Teshubá) a Dios. Una poderosa lección más que aprendemos de Yoná.
TARSHISH
Yoná se aleja de Dios e intenta escapar a Tarshish. ¿Dónde queda Tarshish y por qué Yoná quiere huir específicamente a Tarshish? Tarshish está en una dirección diferente a Nínive. Pero hay varias opiniones respecto a su ubicación. Una opinión es que Tarshish es Tarso, una ciudad en Turquía a 15 millas del mar Mediterráneo. Otros comentaristas dicen que podría ser Tiro, en la costa del Líbano. Sin embargo, el historiador romano Rufus Festo Avienus (siglo IV) identificó a Tarshish con Cádiz, una ciudad portuaria famosa en España. En la antigüedad, los griegos llamaban a la parte sur de la península ibérica (Cádiz, Sevilla, etc.) Tartasus, que era una región famosa por sus minerales y metales. El profeta Ezequiel (27:12) menciona el alquitrán, la plata, el hierro, el plomo y el estaño que importaban desde Tarshish. Ahora bien, si Tarshish está en España, en os tiempos de Yoná, huir a Tarshish equivaldría a huir“al fin del mundo”. Sabemos que para los griegos o incluso los fenicios las Columnas de Hércules, lo que conocemos hoy como el estrecho de Gibraltar, era literalmente el fin del mundo que conocían, antes del interminable océano Atlántico. Yoná intentó escapar lo mas lejos posible de Dios (ver más adelante), al lugar más lejano dude Israel que podía concebir.
TESHUBA
Pero ¿cómo es posible que Yoná haya pensado que se puede huir de Dios? Los judíos creemos que Dios es Omnipresente y está, existe, en todos lados (מלוא כל הארץ כבודו) Nuestros rabinos abordaron esta pregunta y formularon una bellísima respuesta (un poco vergonzosa para aquellos de nosotros que todavía no estamos donde deberíamos estar). La nebuá, la profecía, la comunicación directa entre Dios y un ser humano, sólo es posible en el tierra de Israel. Es por eso que Yoná no huye a pie o a caballo, sino que se hace a la mar: la forma más efectiva de alejarse de la tierra [de Israel]. El Dios de Israel “reside” en Israel, y allí es donde Su voz puede ser escuchada. Escapando de Israel, Yoná intenta escapar de Dios…
REFLEXION
No puedo dejar recordar lo que escribió el rabino Yehudá Alqalay: que la palabra “Teshubá” en la Torá (Debarim, capítulo 30) significa literalmente “regresar a la tierra de Israel”, porque es allí como el pueblo judío regresa colectivamente a HaShem.
Ver este texto de Goral laHaShem


En estos días también hacemos un cambio importante en el texto de la Amida, la oración principal: en lugar de decir HaE-l haQadosh, “El Dios Santo” decimos HaMelej haQadosh, “El Rey Santo”.
Estas adiciones y cambios nos ayudan a lograr el estado mental adecuado para Yom Kippur.
¿Qué significa HaMelej Qadosh?
MELEJ: Cuando decimos “Melej” no debemos estar pensando en un rey de un cuento de hadas. Tenemos que pensar más bien en un juez. En un estado monárquico, el Rey también actúa como Juez Supremo, la máxima autoridad. El Rey emite el veredicto final sobre la vida o la muerte de sus súbditos. En estos días pensamos en HaShem como el Juez Supremo, sabiendo que Él determina si merecemos o no merecemos la oportunidad de vivir. En Rosh haShana, la Corte Celestial inscribe a los seres humanos en uno de los dos libros: el de la vida o el otro libro. Pero el veredicto final no está sellado hasta el final de Yom Kipur. Y tengo que considerar seriamente la posibilidad de que estoy apelando un veredicto que hasta ahora es negativo, y debo convencer al Juez de que si no me inscribió en el libro de la vida, debería reconsiderarlo. Tengo 1 semana para apelar a la clemencia de HaShem y demostrar que me arrepiento sinceramente de las cosas incorrectas que hice. Y durante estos diez días, incluyendo este Shabbat, tengo que demostrarle al Juez Supremo que soy capaz de ser una muy buena persona. Yom Kippur es el día de la apelación final: estaré de pie ante el Juez Supremo, actuando como mi propio abogado, implorando por mi vida.
QADOSH: “Qadosh”, generalmente se traduce como “santo”. Pero en el contexto de esta expresión significa “único”, “diferente”. En otras palabras, estamos diciendo que, aunque HaShem es un juez, es un juez muy diferente. ¿En qué sentido HaShem, como Juez, es diferente de un juez humano? Porque HaShem es un juez invisible, a quien no vemos, pero que ve y sabe lo que un juez humano no sabe y no ve. A diferencia de un juez de carne y hueso, HaShem sabe lo que hago en privado. HaShem es “único” porque es un juez a quien no podemos engañar con apariencias o adulaciones … Él es “único” porque nada escapa a Su conocimiento. A diferencia de un juez humano, HaShem conoce mis pensamientos, mis intenciones y mi potencial.
ABINU: Pero si Él lo sabe todo, ¿de qué manera mi arrepentimiento afectará Su juicio final y Su veredicto?HaShem como juez también es “único” porque él es mi Creador, mi padre. Cuando uno de mis hijos comete un error, lo más importante para mí es asegurarme de que él o ella hayan aprendido la lección a partir de su mala experiencia. Y una vez que yo veo que mi hijo ha aprendido la lección y probablemente no volverá a cometer el mismo error. ¿por qué querría castigarlo? Si mi hijo se acerca a mí, espontáneamente, admite su error con sinceridad y me demuestra que comprende que cometió un error voy a abrazarlo, alentarlo y demostrarle que confío en él y que estoy feliz de que finalmente haya aprendido su lección. De manera similar, cuando nos acercamos a HaShem en Yom Kipur, Él espera que admitamos y confesemos nuestros errores y transgresiones, mostrándole que hemos aprendido la lección. Si lo hacemos, seguramente nos perdonará y nos evitará el castigo que merecemos. Porque aparte de ser nuestro “Juez”, Él es nuestro Padre: somos sus hijos.
Este concepto tremendamente importante se indica en la hermosa oración que decimos todos esto días: ABINU MALKENU (nuestro Padre, Nuestro Rey), “Tú eres nuestro Padre, [aparte de ser] nuestro Juez”.


En su tratado acerca de la Teshubá, Maimónides explica lo difícil que nos resulta admitir nuestros errores, y todos los ejercicios mentales que somos capaces de hacer para engañarnos a nosotros mismos y justificar nuestra equivocación. Hacernos cargo de nuestras torpezas -en hebreo: hakarat hajet- es probablemente el paso más difícil en el proceso de Teshubá, arrepentimiento frente a Dios o frente al prójimo.
En los días previos a Yom Kippur se espera que actuemos de una manera diferente: que dejemos de jugar el papel de abogados de nosotros mismos y adoptemos el papel de fiscales. Que evaluemos nuestros errores con la misma severidad que examinamos los errores de los demás. Admitamos que la “objetividad” no es un estado mental natural. Naturalmente tendemos a justificar nuestras equivocaciones y todo lo que hemos hecho se vuelve correcto ante nuestros propios ojos.
El caso del Rey David es típico. El Rey cometió un terrible pecado. Estuvo con una mujer casada y envió a su esposo, un valiente soldado, a una muerte segura en el frente de batalla. David no se arrepintió por el llamado de su propia conciencia. Tuvo que ser el profeta Natán, enviado por Dios para amonestar al Rey, el que lo ayudara a darse cuenta de la gravedad del pecado que había cometido. Natán tenía un plan. Llegó a la corte del rey David y le pidió audiencia para que emitiera su veredicto sobre un supuesto caso de robo. Recordemos que en ese entonces, el rey también era el juez supremo. Natán le presentó un caso ficticio para que el Rey lo juzgara: un hombre muy rico poseía cientos de animales. Su pobre vecino solo tenía una ovejita. Un día, el hombre rico recibió a un invitado importante en su casa. Pero le dio lástima tener que sacrificar a uno de sus propios animales y entonces el hombre rico decidió sacarle la oveja a su vecino, y sacrificarla para su invitado. El rey reaccionó con enojo ante esta injusticia. y dijo: “¡Ese hombre (= el rico) merece morir!” Entonces el profeta Natan se volvió hacia David y le dijo con mucha dureza: Atta ha-Ish…. “¡Tú eres ese hombre!”.
El rey podía haberse enojado con Natán, reprocharle su osadía y hasta condenarlo muerte por desacato contra el rey. Eso hubiera sido, digamos, lo normal, lo esperable en un soberano que por lo general no se excede en humildad. Pero el Rey David actúo de manera diferente. La perspectiva de la historia que relató Natán lo forzaba ahora a ver sus propios hechos con objetividad. Y habiendo ya dictado la dura sentencia de muerte contra sí mismo, llevado quizás inconscientemente por su sentimiento de culpa, el Rey David reconoció su grave error. Se arrepintió y confesó humildemente: “Jattati laHaShem …”, “He pecado contra Dios”.
Debido al daño irreparable causado por estas transgresiones, la infidelidad y el asesinato, a David no le fue permitido construir el Bet-haMiqdash, tal como lo había planeado. Pero Dios aceptó su arrepentimiento. Su hijo Salomón construye el Templo y el dinastía monárquica en el pueblo judío continuó con la descendencia de David. El Mashiaj, el rey que será proclamado cuando Israel regrese a su tierra y que construirá el Bet haMiqdash, será tanque un descendente del Rey David.
Lecciones que aprendemos del Rey David.
Los soberanos también se equivocan. Pero les cuesta más reconocerlo y admitirlo.
Un mandatario suele usar todo su repertorio para minimizar su culpa. Diciendo “Yo no fui”. O termina haciendo lo que hizo Adam, el primer hombre, que le echó la culpa a su esposa…
La soberbia, que no lo deja reconocer sinceramente su falta, inevitablemente lo lleva a enredarse más en mentiras y argumentos interminables que le dificultan cada vez más admite la falta y pedir perdón.
No hay nada más conductivo a la aceptación del arrepentimiento que la confesión total, sin vueltas y lo más inmediata posible de la falta cometida: si uno con humildad reconoce que se equivocó, las puertas de la comprensión se abren.


והרי ניחמתי ובושתי במעשיי
Para Maimónides es necesario ser específico cuando uno verbaliza sus transgresiones y errores en el viduy o confession. Y además, necesitamos expresar (y / o despertar) dos sentimientos específicos durante esta confesión: el sentimiento de”arrepentimiento” y el sentimiento de “vergüenza”. El viduy no es una confesión verbal mecánica y fría, no son meras palabras. Esta confesión debe ir acompañada de sinceros sentimientos de remordimiento.
Pero, ¿por qué debemos sentirnos avergonzados?
Los rabinos consideran que la “vergüenza” es uno de los tres elementos que caracterizan la personalidad y el carácter de un individuo judío. Explicaron que un judío transmite a sus descendientes tres cualidades. 1. Un judío es innatamente tímido y se avergüenza fácilmente (bayshanim). 2. Los judíos también somos innatamente generosos y altruistas (gomle hesed) y 3. Somos por naturaleza compasivos (rachmanim). Los rabinos del Talmud estaban tan seguros de estos “rasgos de carácter genético” que afirmaron que si un judío no tiene una de estas tres características “sus antepasados no estuvieron presentes en el Monte Sinaí” (un eufemismo para decir que tal individuo podría no ser étnicamente judío).
Además de considerar la “vergüenza” como una condición innata del carácter judío, en flagrante oposición a la idea de que la “jutzpah” es un atributo judío, nuestro Jajamim indicaron que la “vergüenza” es un paso necesario para nuestra Teshubá o arrepentimiento.
Maimónides escribe que cuando un individuo comete un pecado contra Dios, debe confesar y decir en voz baja “… me avergüenzo de mis acciones equivocadas”. El sentimiento de vergüenza es un paso crítico en el proceso de la sincera Teshuba. ¿Por qué? Porque a diferencia de los sentimientos de “culpa” o “remordimiento” que son íntimos y privados, sentimos “vergüenza” cuando sabemos que nuestros malos actos son conocidos por los demás. Por lo tanto, sentir “vergüenza” al recitar el viduy significa que realmente sentimos la Presencia de Dios en ese mismo momento. HaShem es invisible, y es extremadamente difícil darse cuenta de Su presencia constante. Por lo tanto, no nos sentimos fácilmente avergonzados cuando hacemos algo mal en privado, porque no estamos frente a otras personas. Ahora bien, sentirnos avergonzados de nuestros pecados cuando estamos solos ante Dios, significa que hemos alcanzado un nivel muy alto de Emuna (fe). Significa que tenemos claridad con respecto a Su existencia. Y que Su presencia es tan real para nosotros como la presencia física de otros individuos.
Esta idea, sentir la Presencia de Dios al mismo nivel que sentimos la presencia de otras personas, fue expresada por Ribbí Yojanán ben Zakai. Cuando sus alumnos vinieron a visitarlo en su lecho de muerte, los bendijo diciéndoles: יהי רצון שתהא עליכם מורא שמים כמורא בשר ודם, “Les deseo que teman y respeten a Dios como temen y respetan a los hombres”. “Maestro” preguntaron sus alumnos “¿Y es eso suficiente?” . Entonces Ribbí Yojanán les explicó que sentir la Presencia de Dios con la misma claridad que sentimos la presencia de otras personas, demuestra un nivel muy alto de fe.
Cuanto mayor sea nuestra conciencia de la Presencia de Dios, mayor será el sentimiento de vergüenza que sentiremos cuando nos arrepentimos y articulamos nuestros pecados. Y viceversa.

Solemos oír acerca de la “circuncisión” en el contexto del Berit Milá, la primera Mitzva que un niño judío experimenta en su vida, que consiste en remover el prepucio, la capa cutánea, que cubre el órgano masculino.Nuestra Parashá , Equeb, describe en uno de sus Pesuquim , versículos, un tipo diferente de circuncisión: la circuncisión del corazón. Pero, ¿qué es la circuncisión del corazón? La Tora dice (Deuteronomio 10:16.): “Y circuncidareis el prepucio de vuestro corazón …”. ¿Que es el prepucio del corazón?
Nuestros corazones son capaces de crear una capa cutánea virtual, invisible al ojo, pero absolutamente real. En Hebreo, como en español, el corazón es el órgano asociado con las emociones, el amor y la sensibilidad (“Te quiero con todo mi corazón”, “Tiene un corazón de oro..”, etc). El prepucio del corazón se va formando, por ejemplo, cuando dejamos de sentirnos incómodos frente a las cosas malas que suceden a nuestro alrededor.

Ver también este artículo: https://www.abc.es/historia/abci-holocausto-imperio-romano-judios-asesinados-para-construir-coliseo-201901290222_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F