5. YONA 1: 6-7: Yoná y los dados cargados

וַיִּקְרַ֤ב אֵלָיו֙ רַ֣ב הַחֹבֵ֔ל וַיֹּ֥אמֶר ל֖וֹ מַה־לְּךָ֣ נִרְדָּ֑ם ק֚וּם קְרָ֣א אֶל־אֱלֹהֶ֔יךָ אוּלַ֞י יִתְעַשֵּׁ֧ת הָאֱלֹהִ֛ים לָ֖נוּ וְלֹ֥א נֹאבֵֽד׃

El barco de Yoná está atrapado en una terrible tormenta  y a punto de colapsar.  Toda la tripulación está tratando de sacar el agua y rezando. Excepto Yoná, que descendió a la bodega del barco y se quedó profundamente dormido. El capitán del barco descubre a Yoná y lo increpa: 

VERSO 6: “¿Qué haces durmiendo?” —le dice— “Levántate y clama a tu Dios. Quizás  Dios nos preste atención y escapemos an la muerte.”

Yoná está sumido profundamente en su negación. Pero no lo sabe. Muchas veces necesitamos que alguien desde afuera nos “rescate”. La Guemará describe este tipo de situaciones con las siguientes palabras:  אין חבוש מתיר עצמו מבית האסורים    “Un individuo no puede liberarse de la prisión por sus propios medios”.  Los Sabios usan esta expresión de forma metafórica. Así dijo Ribbí Yojanán cuando explicó por qué pidió la ayuda, física y emocional, de Ribbí Janiná Bar Jamá para recuperarse del grave deterioro de su salud. Para entender la belleza y la precision de esta expresión recordemos que en la antigüedad las prisiones no eran como las cárceles modernas. En el caso de Yosef, por ejemplo, vemos que las prisiones eran “pozos” (בית הבור) y sólo se puede salir de un pozo con la ayuda de alguien que está afuera del pozo.  Imaginemos una persona que sufre, por ejemplo, de alguna adicción emocional o narcótica. Es como que cae en un pozo (o en inglés: to hit rock bottom = tocar fondo) del cual uno no puede salir por su propia cuenta. Necesita que otra persona lo jale desde afuera para liberarlo de su prisión (adicción, depresión, escapismo, etc.).  

Volviendo a Yoná el capitán del barco despierta a Yoná literal y psicológicamente. Lo despierta de su sueño y lo concientiza del peligro que corre él y toda la tripulación.  Y también, es irónicamente el capitán de un barco —un hombre no judío y con una profesión no muy intelectual—  el que “despierta” y alienta al profeta de Israel a rezar Dios (¿es posible que ahora Yoná empiece a cambiar su opinión respecto a los gentiles  de Nínive, cuyas vidas fue llamado a salvar?). 

¿Y qué hace Yoná una vez que se despierta? 

 וַיֹּאמְר֞וּ אִ֣ישׁ אֶל־רֵעֵ֗הוּ לְכוּ֙ וְנַפִּ֣ילָה גֽוֹרָל֔וֹת וְנֵ֣דְעָ֔ה בְּשֶׁלְּמִ֛י הָרָעָ֥ה הַזֹּ֖את לָ֑נוּ וַיַּפִּ֙לוּ֙ גּֽוֹרָל֔וֹת וַיִּפֹּ֥ל הַגּוֹרָ֖ל עַל־יוֹנָֽה׃

VERSO 7: “Y cada uno dijo a su compañero: Venid, echemos suertes para saber por causa de quién nos ha venido esta calamidad. Y echaron suertes, y cayó la suerte sobre Yoná”

A Yoná todavía no lo escuchamos. Por lo que vemos en este versículo y en el siguiente entendemos que Yoná ya no está en la bodega del barco sino arriba en la superficie con los demás tripulantes. Pero misteriosamente (o no), el texto permanece en silencio respecto a la reacción de Yoná. ¿Quiere decir esto que Yoná no estaba rezando? ¿Que seguía  escapando del llamado Divino, y ahora también ignorando Sus llamados de atención (la tormenta)?  

Los marineros de alguna manera entienden que la tormenta no es fortuita, y deciden echar la suerte (goral) para asignar al responsable de la tragedia.  Este tipo de práctica, la adivinación por intermedio de oráculos, era muy común entre los pueblos paganos. La Torá, sin embargo, lo prohibe. Lo voy a explicar.  Pensemos en tirar una moneda. 1. Cuando la intención es revelar la voluntad  Divina por intermedio de la moneda, la Torá lo considera como una forma de Abodá Zará llamado en hebreo nijush, adivinación.   Pensar, por ejemplo, que si Dios es Todopoderoso y Omnipresente, el azar no existe. Y si el azar no existe es Él quien decide de qué cara caerá la moneda. Y si Dios interviene en la forma que cae la moneda, lo puedo hacer revelar Su voluntad. “Si sale cara quiere decir que Dios quiere que yo haga X,  y si sale seca, quiere decir que Dios quiere Y”. Este es un razonamiento esencialmente idolatra (לנסות את ה): el mecanismo a través del cual los pueblos paganos “forzaban a los dioses a expresar su voluntad”. (Para más ver Maimónides , Abodá Zará, capitulo 11)

2. Ahora bien, el azar está permitido como una forma de resolver, y especialmente evitar, conflictos. Por ejemplo, cuando tirar la moneda es convenido por las dos partes como una forma objetiva de asignar algo, como cuando tiran la moneda en un partido de futbol para decidir quien comienza. Aquí las partes están de acuerdo en dejarlo librado a las probabilidades estadísticas, y no existe la intención de forzar la revelación de la voluntad Divina. Este tipo de resolución tiene una larguísima historia en la tradición judía (división de tierras, asignación de las funciones de los Cohanim, etc.) .   Y el Rey Salomón la mencionó positivamente en Mishlé 18:18 “מִדְיָנִים יַשְׁבִּית הַגּוֹרָל, וּבֵין עֲצוּמִים יַפְרִיד”. Con mis propias palabras “El goral, [=tirar una moneda, p.e.] resuelve conflictos y separa [pacíficamente] a los contendientes”. 

Pero lo más interesante es que en el caso de Yoná,  HaShem, «rompe las reglas del juego»  y «carga» los dados de los marineros para asignar la responsabilidad a Yoná….

Continuará….  

     




3. YONA 1:3: ¿Por qué se escapa Yoná?

וַיֵּ֨רֶד יָפ֜וֹ וַיִּמְצָ֥א אָנִיָּ֣ה ׀ בָּאָ֣ה תַרְשִׁ֗ישׁ וַיִּתֵּ֨ן שְׂכָרָ֜הּ וַיֵּ֤רֶד בָּהּ֙ לָב֤וֹא עִמָּהֶם֙ תַּרְשִׁ֔ישָׁה מִלִּפְנֵ֖י ה‘

Y Yoná descendió [al puerto de] Yafó; y encontró [allí] un barco que iba a Tarshish. Pagó por el barco y descendió a él para ir con ellos a Tarshish, y alejarse de la presencia de HaShem.
Explicamos anteriormente que Yoná rechazó la misión Divina de anunciar la destrucción de Ninevé, y planeó escaparse a Tarshish, una ciudad portuaria en la península ibérica, probablemente el destino más lejano que pudo encontrar. Hoy vamos a continuar con la descripción del escape de Yoná. Y también comenzaremos a analizar por qué Yoná quiere huir de la misión que Dios le encomendó: salvar a Ninevé.
YONA EN TEL-AVIV
Yoná llegó hasta el puerto de Yafó (en hebreo moderno “Yafo”, perteneciente hoy al municipio de Tel-Aviv). Yafo fue por siglos el puerto más importante de Israel. Todo el comercio marítimo pasaba por Yafó. El Rey Shelomó, por ejemplo, trajo via Yafo la madera del Líbano que se usó para la construcción del Bet haMiqdash (Dibré Hayamim II, 2:15). En el moderno Yafo hay algunas cosas que nos recuerdan la historia de Yoná. Por ejemplo, una calle (ver ilustración arriba), que desciende hacia el puerto y se llama “Yoná haNabí”, “el profeta Yoná”.     Una vez en el puerto, el profeta Yoná encontró una embarcación que se dirigía a Tarshish, probablemente un barco fenicio, ya que ellos eran los grandes navegantes de la época. El texto nos indica que Yoná pagó por «la embarcación», en lugar de decir que pagó por su propio pasaje. Los Sabios observaron que en su prisa por escapar, Yoná desembolsó una exhorbitante suma de dinero y contrató a la embarcación de forma privada.
Este detalle nos invita a preguntarnos una vez más ¿por qué Yoná quiso escapar de su misión?
Dejemos en claro que, como es habitual, el texto bíblico NO revela la razón de la conducta de sus protagonistas. El texto deja ese tema para que lo exploremos por nuestra cuenta, y aprendamos las lecciones correspondientes.
Conozco (¡por ahora!) 4 posibles respuestas. Todas tiene algo en común. Yoná trató equivocadamente de escapar, y al final, Dios le enseñó una importante lección .  Las primeras 3 respuestas que yo conozco presentan –cada una– una posible razón por la cual Yoná escapó. Pero creo que para entender, por ejemplo, por qué el libro de Yoná se lee en Yom Kippur, es decir, por qué nuestros Sabios eligieron la historia de Yoná como el texto que nos debe inspirar al arrepentimiento en el Día del Perdón, necesitamos más.   La última respuesta, que tiene que ver con la dinámica entre el arrepentimiento y la impunidad, creo que resuelve plenamente este interrogante y algunos más. Pero esta respuesta, por la cual me inclino, tendrá que quedar en lista de espera, ya que primero tenemos que conocer un poco más y mejor el libro de Yoná e ir descubriendo de a poco la forma de pensar de este profeta.
Hoy veremos 3 posibles respuestas, basadas en los Sabios, que presentaré brevemente, y con mis propias palabras.
YONA TEMIA POR SU VIDA
Los profetas en general se sentían en un callejón sin salida.  Tenían que advertir al pueblo, generalmente al pueblo judío, que una tragedia se avecinaba. Pero si Dios decidía perdonar al pueblo, el profeta quedaría expuesto como un profeta falso. Los Jajamim explican que esto ya le había ocurrido a Yoná cuando profetizó en el reinado de Israel. Ahora, Yoná supone que algo similar ocurrirá en Nínive (Tanjuma Vayqrá 8), pero allí, en una ciudad donde él es extranjero, podría costarle la vida.  Según esta opinión, HaShem al final le enseña a Yoná que salvar la vida de los habitantes de Ninevé es más importante que su propia vida.
YONA NO QUERIA SALVAR A LOS ENEMIGOS DE ISRAEL
Don Ytsjaq Abarbanel (1437-1508) explica que Yoná no quería salvar a los Asirios, que al final terminaron arrasando la ciudad de Shomrón, matando a miles de judíos, destruyendo el reinado de Israel (año 722 aec) y exiliando a las 10 tribus.  Tratar de salvar Nínive, la capital de Asiria, sería como si un judío hoy ayudara a preservar el regimen extremista iraní, que ha declarado públicamente su intención de borrar del mapa al Estado de Israel.
YONA TEMIA POR LA REPUTACION DE SU PUEBLO
El Talmud de Jerusalem (Sanh. 11, 5) explica que Yoná sabía que los pueblos idolatras eran influenciables y fáciles de convencer (קרובי תשובה). Y que seguramente rectificarían sus malas acciones de inmediato. Esta facilidad para transformar la conducta de un día para otro puede ser el resultado de la naturaleza de la cultura pagana. Los pueblos idolatras estaban acostumbrados a seguir los dictados cambiantes de sus «magos» y «brujos», quienes usaban la intimidación y la ignorancia de la gente para manipular a las masas con facilidad. Un pueblo–o un individuo– vulnerable a la «superstición» está listo para hacer lo que sea necesario por miedo a un presagio.  Yoná estaba convencido que en Ninevé, su anuncio acerca de la destrucción de la ciudad sería procesado via-superstición y sería aceptado inmediatamente por sus habitantes, lo que al final ocurrió. Y Yoná pensó que el arrepentimiento de los habitantes de Ninevé sería un terrible precedente para los judíos del Reino de Israel. En ese entonces los Yehudim se encontraban en un estado espiritual muy bajo. Practicaban la idolatría, transgredían la Torá y no era fácil convencerlos. No eran supersticiosos y volubles como otros pueblos. Los Yehudim, para mal y para bien, somos un pueblo «de dura cerviz». Las advertencias de los profetas eran vistas más como «presagios» que como profecías, y por lo tanto eran ignoradas por los Yehudim. Los profetas no lograban ser escuchados… Los Sabios opinaron que ésta pudo haber sido la razón por la cual Yoná escapó a la misión Divina: para que el inminente arrepentimiento de Ninevé no dejará en evidencia el rechazo del pueblo judío a escuchar a sus profetas y a cambiar sus malos hábitos.
Continuará

 




6. YONA 1:8-9. ¿Soy judío o soy hebreo?

עברי אנוכי ואת ה‘ אלקי השמים אני ירא
Previamente explicamos que la ley judía rechaza la noción de la intervención divina en el azar, con fines de adivinación. Esta práctica, conocida técnicamente como “cleromancia” es considerada una forma de idolatría.  En la historia de Yoná, sin embargo, Dios “cambia las leyes del juego”, interviene en las suertes (una especie de “dados”) que tiran los marineros para encontrar al culpable, y señala a Yoná. El profeta ahora no tiene escapatoria. HaShem lo ha des-cubierto, porque la misión que Yoná tiene que llevar a cabo, salvar Ninevé, es urgente.
Versículo 8: Entonces le dijeron [los marineros a Yoná]:— Dinos por qué nos ha sobrevenido esta tragedia. ¿Cuál es tu ocupación? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?
Los marineros lo desbordan con preguntas. Y ahora, por primera vez en el libro, escuchamos directamente a Yoná.
Versículo 9: Yoná les respondió: Soy hebreo.Y temo a HaShem, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.
SOY HEBREO, O ISRAELITA
Algunos comentaristas bíblicos explican que la respuesta de Yoná, “Soy hebreo”, contesta a todas las preguntas de la vez. Veamos.
Los judíos en esos tiempos, nos dedicábamos a trabajar la tierra (los grandes comerciantes internacionales ¡eran los Fenicios!) Un judío tenia fama de ser un agricultor que pasaba una gran parte de su día dedicado a servir a Dios (rezar, estudiar Torá, hacer obras de bien). Se podría releer este versículo así: “¿Quién eres? A qué te dedicas?»-le preguntaron a Yoná- «Soy hebreo, y mi ocupación principal es servir (=temer) a HaShem…”.
“Soy hebreo” también responde a las preguntas “de dónde vienes”,“cuál es tu tierra” y “ a que pueblo perteneces” . La respuesta a estas 3 preguntas es una sola palabra: “Israel” , que está implícita en “Soy hebreo”, ya que hasta 722 a.e.c. todos los judíos/hebreos del mundo vivíamos exclusivamente en Israel.
Ahora bien: ¿Por qué Yoná dice: “Soy hebreo” y no dice “Soy judío”?
En ese tiempo, siglo 8 de la era común, el pueblo judío estaba dividido en el Reinado de Israel (las 10 tribus) y el reinado de Yehudá (Judea), que incluía Jerusalem, el Bet haMiqdash, etc. Los habitantes de Yehudá eran conocidos como Yehudim, o judíos, como se ve en libro de Ester. Pero Yoná pertenencia al reinado de Israel. Algunos comentaristas explican que “Hebreo” era la palabra (el patronímico) que los no-judíos usaban para referirse a los judíos, en oposición a «israelita» bené Israel. La Torá menciona varias veces la palabra “hebreo” cuando los egipcios se refieren a algún miembro de los hijos de Israel (Yosef, Moshé, las parteras, etc.).  Es muy interesante también que en los documentos de Amarna, cartas del Faraón Amenhotep IV (1350-1330 antes de la era común, periodo en el cual los judíos éramos esclavos en Egipto), y que representan el documento no-bíblico más antiguo donde se menciona a los judíos, encontrado hasta el momento, los egipcios también se refieren a los judíos como “hebreos” (habiru o habriu).
BREVE HISTORIA DEL ANTISEMITISMO
Mirando un poco más adelante, uno de los primeros síntomas de la separación definitiva entre los primeros cristianos y el pueblo de Israel es cuando los primeros comienzan a referirse a los judíos “hebreos” (como “Epístola a los Hebreos), manifestando así su alienación final. Aunque luego la iglesia prefirió referirse a nosotros como “judíos”, por la asociación despreciativa entre el patronímico “judío” y “Judas”, el gran traidor. En algunos lugares de España—por ejemplo Melilla, el lugar de nacimiento de mi esposa—los judíos se llamaban a sí mismos “hebreos”. Pero creo que a diferencia de Yoná lo hacían para protegerse, y tratar de minimizar la connotación alérgica y demonizante que el término “judío” inspiraba (¿inspira?) en la mente de muchos hispano-parlantes que cargan con 15 siglos de antisemitismo sistematizado en sus subconscientes.  En este contexto vale la pena recordar que los diccionarios españoles definía la palabra “judío” como avaro y usurero, y “judiada” como “traición”. Hoy, la Real Academia Española trata de eufemizarlo un poco (ver aquí) “judiada” 1. Mala pasada o acción que perjudica a alguien.
Después de esta larga nota, volvamos a Yoná.
El profeta de Israel se presenta a los marineros usando el patronímico que los no-judíos usaban para identificar a los israelitas: “¡Soy hebreo!”.
Continuará
שבת שלום



2. YONA 1:3. ¿Cómo huir de Dios?

Dios ordenó a Yoná que fuera a Nínive, la capital de Asiria, y la ciudad más grande del mundo en ese entonces (siglo VIII aec). Allí, Yoná tenía que advertir a la gente que HaShem destruiría la ciudad si continuaban con su corrupción y abusos. Ahora analizaremos el tercer pasuq del libro de Yoná, que describe la reacción del profeta a la petición de Dios:

‘ויקם יונה לברח תרשישה מלפני ה

Pero Yoná [no obedeció la orden Divina] y se aprestó a escapar a Tarshish, huyendo de la presencia de Dios.

Sorprendentemente, el profeta desobedece la orden directa de Dios y trata de escapar. Antes de abordar la pregunta principal de este extraordinario libro —por qué razón Yoná rechaza la misión que Dios le encomienda— reflexionemos un momento acerca del acto de desobediencia de Yoná.

LIBERTAD DE ELECCIÓN

Yoná no es el único Profeta que no quiere asumir una misión Divina de esta naturaleza. Convertirse en un emisario Divino para comunicar al pueblo Su mensaje de advertencia —lo que se llama en hebreo nebuá o profecía— también Yrmiyahu o incluso Moises trataron de evitar ser designados como profetas. Pero sin dudas, el hecho que Yoná trata de huir “físicamente” de Dios representa el rechazo más intensa a llevar a cabo la misión Divina. A la vez, el accionar de Yoná nos demuestra una vez más la extensión del principio judío de “libertad de elección”. Los seres humanos tenemos la opción de obedecer o incluso desobedecer a HaShem. Dios, por su parte, nos manifiesta Su voluntad pero  no interviene en nuestras mentes convirtiéndonos en Sus robots. La inteligencia humana, a diferencia de la futura inteligencia artificial, nos permite el acto de “pensar”, evaluar y finalmente elegir.  Esto ocurre todos los días. En cierto sentido, cuando desobedecemos o ignoramos la Tora nos estamos comportando como Yoná, ejerciendo nuestra libertad de desobedecer, y “huir” de la orden Divina. Desobedecer a Dios es una consecuencia de nuestro libre albedrío. En estos días, previos a Yom Kippur, nos dedicamos a reflexionar y reconocer que al ignorar a HaShem nos hemos alejado de Él. Y ahora ejerciendo nuevamente nuestro libre albedrío, decidimos retornar (Teshubá) a Dios.  Una poderosa lección más que aprendemos de Yoná.

TARSHISH

Yoná se aleja de Dios e intenta escapar a Tarshish. ¿Dónde queda Tarshish y por qué Yoná quiere huir específicamente a Tarshish? Tarshish está en una dirección diferente a Nínive. Pero hay varias opiniones respecto a su ubicación. Una opinión es que Tarshish es Tarso, una ciudad en Turquía a 15 millas del mar Mediterráneo. Otros comentaristas dicen que podría ser Tiro, en la costa del Líbano. Sin embargo, el historiador romano Rufus Festo Avienus (siglo IV) identificó a Tarshish con Cádiz, una ciudad portuaria famosa en España. En la antigüedad, los griegos llamaban a la parte sur de la península ibérica (Cádiz, Sevilla, etc.) Tartasus, que era una región famosa por sus minerales y metales. El profeta Ezequiel (27:12) menciona el alquitrán, la plata, el hierro, el plomo y el estaño que importaban desde Tarshish. Ahora bien, si Tarshish está en España, en os tiempos de Yoná, huir a Tarshish equivaldría a huir“al fin del mundo”. Sabemos que para los griegos o incluso los fenicios las Columnas de Hércules, lo que conocemos hoy como el estrecho de Gibraltar, era literalmente el fin del mundo que conocían, antes del interminable océano Atlántico. Yoná intentó escapar lo mas lejos posible de Dios (ver más adelante), al lugar más lejano dude Israel que podía concebir.

TESHUBA

Pero ¿cómo es posible que Yoná haya pensado que se puede huir de Dios? Los judíos creemos que Dios es Omnipresente y está, existe, en todos lados (מלוא כל הארץ כבודו) Nuestros rabinos abordaron esta pregunta y formularon una bellísima respuesta (un poco vergonzosa para aquellos de nosotros que todavía no estamos donde deberíamos estar). La nebuá, la profecía, la comunicación directa entre Dios y un ser humano, sólo es posible en el tierra de Israel. Es por eso que Yoná no huye a pie o a caballo, sino que se hace a la mar: la forma más efectiva de alejarse de la tierra [de Israel]. El Dios de Israel “reside” en Israel, y allí es donde Su voz puede ser escuchada.  Escapando de Israel, Yoná intenta escapar de Dios…

 

REFLEXION

No puedo dejar recordar lo que escribió el rabino Yehudá Alqalay: que la palabra “Teshubá” en la Torá (Debarim, capítulo 30) significa literalmente «regresar a la tierra de Israel», porque es allí como el pueblo judío regresa colectivamente a HaShem.

Ver este texto de Goral laHaShem




La ventaja de ser amigos del Juez

Estamos en  «Los diez días de Teshubá», la semana entre Rosh haShana y Yom Kippur. En preparación para Yom Kipur, en nuestras plegarias le pedimos a HaShem una y otra vez que nos inscriba en el libro de la vida.

En estos días también hacemos un cambio importante en el texto de la Amida, la oración principal: en lugar de decir HaE-l haQadosh, «El Dios Santo» decimos HaMelej haQadosh, «El Rey Santo».

Estas adiciones y cambios nos ayudan a lograr el estado mental adecuado para Yom Kippur.

¿Qué significa HaMelej Qadosh?

MELEJ: Cuando decimos «Melej» no debemos estar pensando en un rey de un cuento de hadas. Tenemos que pensar más bien en un juez. En un estado monárquico, el Rey también actúa como Juez Supremo, la máxima autoridad. El Rey emite el veredicto final sobre la vida o la muerte de sus súbditos. En estos días pensamos en HaShem como el Juez Supremo, sabiendo que Él determina si merecemos o no merecemos la oportunidad de vivir. En Rosh haShana, la Corte Celestial inscribe a los seres humanos en uno de los dos libros: el de la vida o el otro libro. Pero el veredicto final no está sellado hasta el final de Yom Kipur. Y tengo que considerar seriamente la posibilidad de que estoy apelando un veredicto que hasta ahora es negativo, y debo convencer al Juez de que si no me inscribió en el libro de la vida, debería reconsiderarlo. Tengo 1 semana para apelar a la clemencia de HaShem y demostrar que me arrepiento sinceramente de las cosas incorrectas que hice. Y durante estos diez días, incluyendo este Shabbat, tengo que demostrarle al Juez Supremo que soy capaz de ser una muy buena persona. Yom Kippur es el día de la apelación final: estaré de pie ante el Juez Supremo, actuando como mi propio abogado, implorando por mi vida.

QADOSH: «Qadosh», generalmente se traduce como «santo». Pero en el contexto de esta expresión significa «único», «diferente». En otras palabras, estamos diciendo que, aunque HaShem es un juez, es un juez muy diferente. ¿En qué sentido HaShem, como Juez, es diferente de un juez humano? Porque HaShem es un juez invisible, a quien no vemos, pero que ve y sabe lo que un juez humano no sabe y no ve. A diferencia de un juez de carne y hueso, HaShem sabe lo que hago en privado. HaShem es «único» porque es un juez a quien no podemos engañar con apariencias o adulaciones … Él es «único» porque nada escapa a Su conocimiento. A diferencia de un juez humano, HaShem conoce mis pensamientos, mis intenciones y mi potencial.

ABINU: Pero si Él lo sabe todo, ¿de qué manera mi arrepentimiento afectará Su juicio final y Su veredicto?HaShem como juez también es «único» porque él es mi Creador, mi padre. Cuando uno de mis hijos comete un error, lo más importante para mí es asegurarme de que él o ella hayan aprendido la lección a partir de su mala experiencia. Y una vez que yo veo que mi hijo ha aprendido la lección y probablemente no volverá a cometer el mismo error. ¿por qué querría castigarlo? Si mi hijo se acerca a mí, espontáneamente,  admite su error con sinceridad y me demuestra que comprende que cometió un error voy a abrazarlo, alentarlo y demostrarle que confío en él y que estoy feliz de que finalmente haya aprendido su lección. De manera similar, cuando nos acercamos a HaShem en Yom Kipur, Él espera que admitamos y confesemos nuestros errores y transgresiones, mostrándole que hemos aprendido la lección. Si lo hacemos, seguramente nos perdonará y nos evitará el castigo que merecemos. Porque aparte de ser nuestro «Juez», Él es nuestro Padre: somos sus hijos.

Este concepto tremendamente importante se indica en la hermosa oración que decimos todos esto días: ABINU MALKENU (nuestro Padre, Nuestro Rey),  “Tú eres nuestro Padre, [aparte de ser] nuestro Juez».




TERCERA PRUEBA: Cuando no nos damos cuenta de que Dios nos protege

אַל תִּירָא אַבְרָם אָנֹכִי מָגֵן לָך
Bereshit 15: 1
Abraham escucha la Voz Divina y no la ignora. Dios le ordena a Abraham dejar todo atrás y emigrar. Abraham, sacrificando su comoda vida, obedece a Dios y así, pasa la primera prueba. Dios le promete a Abraham bendición y prosperidad en la tierra de Canaan.  Pero al poco tiempo de llegar, se delcara la sequía. Abraham no deshace su compromiso: no regresa al norte, a su tierra natal, sino que se refugia por un tiempo en Egipto, esperando que pase el hambre para regresar a la tierra que Dios lo mandó. Así, Abraham pasa la segunda prueba: aprende a ser leal a Dios, aún cuando aparentemente las promesas Divinas no se cumplen.
LA TERCERA PRUEBA
Abraham se refugia en Egipto. Y allí se encuentra con más problemas: su esposa Sará es secuestrada y llevada al harem del Faraón. Abraham ya había anticipado que los egipcios estarían interesados en Sará, por su gran belleza (¡a pesar de su muy avanzada edad!), pero no imaginó que el propio Faraón se la llevaría. Abraham no pudo hacer nada para evitarlo y tampoco puede hacer nada para rescatar a su amada esposa, de quien nunca se separó a pesar de no haber podido tener hijos con ella.  Como Abraham se hizo pasar por el hermano de Sará, el faraón le concede una generosa dote: ganado, animales y sirvientes. Abraham, que escapo del hambre, ahora se enriquece. ¿Pero de qué le sirve su riqueza si pierde a su querida esposa Sará? Abraham no tiene consuelo. Y Dios sigue sin revelarse . Imagino que Abraham nuevamente habrá pensado que se equivocó en seguir la orden de esa Voz…  que la promesa divina de tener prosperidad en la tierra prometida no se cumplió, y ahora, con su esposa secuestrada ¿cómo se va a cunplir la promesa de la numerosa descendencia?
Pero Abraham no abdandona a Dios.
CAMBIA, TODO CAMBIA
Y entonces de la noche a la mañana ocurre lo inesperado e inimaginable. Abraham es citado al palacio del Faraón. Abraham no tiene idea de por qué el hombre más poderoso del mundo lo queire ver a él…  El Faraón le habla a Abraham enojado y le dice: «¿Como pudiste haberme hecho esto, como no me dijiste que Sará era tu esposa, por qué me mentiste y dijiste que era tu hermana?» Abraham que no tiene idea de lo que ha ocurrido, está seguro que el Faraon lo va a matar por su mentira y para quedarse con su viuda. Pero inesperadamente —y es posible que Abraham nunca haya llegado a saber lo que realmente ocurrió— el monarca egipcio le devuelve a su esposa Sará, sana, salva y sin haber sido abusada. Le otorga más riquezas y ¡lo envía de regreso a Canaan!
CUANDO DIOS INTERVIENE SIN QUE NOS ENTEREMOS
Abraham no sabe lo que los lectores sabemos: que Dios intervino. Castigó al Faraón y le comunicó que Sará era en realidad la esposa de Abraham.
Resumiendo: en esta tercera prueba, cuando Sará es secuestrada,  Abraham no abandona a Dios —a pesar de sus sufrimientos que parecen ilógicos e inmerecidos— y aprende una invaluable lección: Dios actúa de maneras que el ser humano no puede percibir, y que quizás nunca las acabará de entender. Si nos guiamos estrictamente por el texto (peshat) Abraham nunca descubre qué fue exactamente lo que ocurrió. Abraham aprende que a veces HaShem interviene en nuestro benéfico sin que nosotros se lo pidamos y sin que sepamos exactamnte lo que esta pasando. Abraham aprende que la lógica humana no puede comprender la lógica Divina, y que Dios interviene en formas que no podemos anticipar. Esta tercera lección será fundamental en el momento que Abraham decide obedecer a Dios cuándo le solicita que sacrifique a Isaac.
A este nivel de Intervención Divina no solicitada y que no siempre es percibida por nosotros la llamamos “MAGUEN” (escudo), una  protección «invisible” por decirlo de alguna manera. Este es en realidad el nivel más alto de Protección Divina, cuando HaShem nos cuida sin que nos demos cuenta, sin que lo pidamos y antes de que algo malo ocurra. Dios no esta protegiendo constantemente de peligros de los cuales ni siquiera somos conscientes. Por eso —y de alguna manera recordando esta tercera prueba de Abraham Abinu— todos los días bendecimos a HaShem y lo alabamos por haber sido, y seguir siendo, «Maguen Abraham», el protector de Abraham, y de nosotros: sus privilegiados descendientes.



Cuando un presidente se equivoca

En su tratado acerca de la Teshubá, Maimónides explica lo difícil que nos resulta admitir nuestros errores, y todos los ejercicios mentales que somos capaces de hacer para engañarnos a nosotros mismos y justificar nuestra equivocación. Hacernos cargo de nuestras torpezas -en hebreo: hakarat hajet- es probablemente el paso más difícil en el proceso de Teshubá, arrepentimiento frente a Dios o frente al prójimo.
En los días previos a Yom Kippur se espera que actuemos de una manera diferente: que dejemos de jugar el papel de abogados de nosotros mismos y adoptemos el papel de fiscales. Que evaluemos nuestros errores con la misma severidad que examinamos los errores de los demás. Admitamos que la “objetividad» no es un estado mental natural. Naturalmente tendemos a justificar nuestras equivocaciones y todo lo que hemos hecho se vuelve correcto ante nuestros propios ojos.

El caso del Rey David es típico. El Rey cometió un terrible pecado. Estuvo con una mujer casada y envió a su esposo, un valiente soldado, a una muerte segura en el frente de batalla. David no se arrepintió por el llamado de su propia conciencia. Tuvo que ser el profeta Natán, enviado por Dios para amonestar al Rey, el que lo ayudara a darse cuenta de la gravedad del pecado que había cometido. Natán tenía un plan. Llegó a la corte del rey David y le pidió audiencia para que emitiera su veredicto sobre un supuesto caso de robo. Recordemos que en ese entonces, el rey también era el juez supremo. Natán le presentó un caso ficticio para que el Rey lo juzgara: un hombre muy rico poseía cientos de animales. Su pobre vecino solo tenía una ovejita. Un día, el hombre rico recibió a un invitado importante en su casa. Pero le dio lástima tener que sacrificar a uno de sus propios animales y entonces el hombre rico decidió sacarle la oveja a su vecino, y sacrificarla para su invitado. El rey reaccionó con enojo ante esta injusticia. y dijo: «¡Ese hombre (= el rico) merece morir!» Entonces el profeta Natan se volvió hacia David y le dijo con mucha dureza: Atta ha-Ish…. “¡Tú eres ese hombre!”.

El rey podía haberse enojado con Natán, reprocharle su osadía y hasta condenarlo muerte por desacato contra el rey. Eso hubiera sido, digamos, lo normal, lo esperable en un soberano que por lo general no se excede en humildad. Pero el Rey David actúo de manera diferente. La perspectiva de la historia que relató Natán lo forzaba ahora a ver sus propios hechos con objetividad. Y habiendo ya dictado la dura sentencia de muerte contra sí mismo, llevado quizás inconscientemente por su sentimiento de culpa, el Rey David reconoció su grave error. Se arrepintió y confesó humildemente: «Jattati laHaShem …», «He pecado contra Dios».

Debido al daño irreparable causado por estas transgresiones, la infidelidad y el asesinato, a David no le fue permitido construir el Bet-haMiqdash, tal como lo había planeado. Pero Dios aceptó su arrepentimiento. Su hijo Salomón construye el Templo y el dinastía monárquica en el pueblo judío continuó con la descendencia de David. El Mashiaj, el rey que será proclamado cuando Israel regrese a su tierra y que construirá el Bet haMiqdash, será tanque un descendente del Rey David.

Lecciones que aprendemos del Rey David.

Los soberanos también se equivocan. Pero les cuesta más reconocerlo y admitirlo.

Un mandatario suele usar todo su repertorio para minimizar su culpa. Diciendo “Yo no fui». O termina haciendo lo que hizo Adam, el primer hombre, que le echó la culpa a su esposa…

La soberbia, que no lo deja reconocer sinceramente su falta, inevitablemente lo lleva a enredarse más en mentiras y argumentos interminables que le dificultan cada vez más admite la falta y pedir perdón.

No hay nada más conductivo a la aceptación del arrepentimiento que la confesión total, sin vueltas y lo más inmediata posible de la falta cometida: si uno con humildad reconoce que se equivocó, las puertas de la comprensión se abren.




HILJOT TESHUBÁ 1:1. Arrepentirse y decidir cambiar

כיצד מתוודה? אומר אנא ה’ חטאתי עוויתי פשעתי לפניך, ועשיתי כך וכך, והרי ניחמתי ובושתי במעשיי, ולעולם איני חוזר לדבר זה.
Hoy veremos la última parte del Viduy que representa también el paso final del proceso de Teshubá. 
Luego de que uno confiesa sus transgresiones y expresa su arrepentimiento y vergüenza por lo realizado, uno debe decir: ולעולם איני חוזר לדבר זה  «Y nunca más voy a volver a repetir esto que hice mal». El Viduy concluye con nuestro compromiso con nosotros mismos, expresado frente a HaShem, de no volver a cometer esta transgresión en el futuro. 
La idea de la Teshubá es que al final del proceso suceda un cambio en mi proceder. En este momento este cambio ocurre al nivel de mi decisión: me comprometo a no hacerlo más.  La prueba final de que cambié tendrá lugar cuando me enfrente a un escenario similar al que había cuando cometí mi transgresión, y ahora no haga lo mismo.
Para ilustrar esta idea imaginemos que estamos hablando de una persona que bebe en exceso hasta emborracharse.  Se arrepintió, lo articuló con palabras y se sintió sinceramente avergonzado de lo hecho. Lo fundamental ahora es si este hombre en su corazón o en su mente piensa seguir bebiendo o si ha decidido dejar para siempre el alcohol. Sin esta determinación el proceso de Teshubá será incompleto.
Por supuesto que como explican nuestros rabinos,  la verificación final de esta determinación se probará cuando este individuo tenga una vez más la oportunidad de beber y no lo se haga. Si se abstiene NO porque alguien se lo esté impidiendo sino porque así lo determinó y lo decidió él cuando hizo su Teshubá.    Esta es la Teshubá completa.
Por el otro lado, si uno se arrepiente, confiesa y se avergüenza por lo que hizo mal, pero piensa seguir con el mismo hábito, o si uno sabe que en la próxima fiesta no va a hacer nada para controlarse, entonces la Teshubá no valió de nada…
Los Sabios dan el siguiente ejemplo: en los tiempos del Bet haMiqdash existían todo tipo de impurezas rituales. La purificación se realizaba sumergiéndose en el Mikvé o baño ritual. El cadáver de un reptil, por ejemplo, era una fuente de impureza ritual o tum-á. ¿Qué pasaría si alguien se sumerge en el Mikvé y emerge del mismo sosteniendo en su mano el cuerpo muerto de un pequeño reptil? Por un lado, se sumergió en el Mikvé; por el otro lado, todavía tiene en su mano lo que provocó su impureza. Entonces, ¿se purificó o sigue impuro? La respuesta es muy simple: esta persona sigue impura. Lo mismo sucede , dijeron nuestros Sabios, con aquel que hace Teshubá, confiesa y se arrepiente de lo hecho pero aún sigue sosteniendo en su mente los mismos pensamientos que lo llevaron a actuar mal. Todavía no tomó la determinación de dejar esos hábitos destructivos que en realidad son la fuente, la causa, de su «impureza» o transgresión.   
La Teshubá debe incluir la decisión de cambiar. Para Maimónides, los malos hábitos suelen tener sus raíces en ciertas disfunciones mentales. Psicológicas diríamos hoy.  Debo cambiar mi pensamiento, mi actitud. Pensar en los efectos y las consecuencias de mis malos hábitos y atacar allí, en la mente, que es donde está la verdadera raíz de mi problema. 



HILJOT TESHUBA 1: 1 Arrepentimiento y vergüenza

והרי ניחמתי ובושתי במעשיי

Para Maimónides es necesario ser específico cuando uno verbaliza sus transgresiones y errores en el viduy o confession.  Y además, necesitamos expresar (y / o despertar) dos sentimientos específicos durante esta confesión: el sentimiento de»arrepentimiento» y el sentimiento de «vergüenza». El viduy no es una confesión verbal mecánica y fría, no son meras palabras. Esta confesión debe ir acompañada de sinceros sentimientos de remordimiento.

Pero, ¿por qué debemos sentirnos avergonzados?

Los rabinos consideran que la «vergüenza» es uno de los tres elementos que caracterizan la personalidad y el carácter de un individuo judío. Explicaron que un judío transmite a sus  descendientes tres cualidades. 1. Un judío es innatamente tímido y se avergüenza fácilmente (bayshanim). 2. Los judíos también somos innatamente generosos y altruistas  (gomle hesed) y 3. Somos por naturaleza compasivos (rachmanim). Los rabinos del Talmud estaban tan seguros de estos «rasgos de carácter genético» que afirmaron que si un judío no tiene una de estas tres características «sus antepasados ​​no estuvieron presentes en el Monte Sinaí» (un eufemismo para decir que tal individuo podría no ser étnicamente judío).

Además de considerar la «vergüenza» como una condición innata del carácter judío, en flagrante oposición a la idea de que la «jutzpah» es un atributo judío, nuestro Jajamim indicaron que la «vergüenza» es un paso necesario para nuestra Teshubá o arrepentimiento.

Maimónides escribe que cuando un individuo comete un pecado contra Dios, debe confesar y decir en voz baja «… me avergüenzo de mis acciones equivocadas». El sentimiento de vergüenza es un paso crítico en el proceso de la sincera Teshuba. ¿Por qué? Porque a diferencia de los sentimientos de «culpa» o “remordimiento” que son íntimos y privados, sentimos «vergüenza» cuando sabemos que nuestros malos actos son conocidos por los demás. Por lo tanto, sentir «vergüenza» al recitar el viduy significa que realmente sentimos la Presencia de Dios en ese mismo momento. HaShem es invisible, y es extremadamente difícil darse cuenta de Su presencia constante. Por lo tanto, no nos sentimos fácilmente avergonzados cuando hacemos algo mal en privado, porque no estamos frente a otras personas. Ahora bien, sentirnos avergonzados de nuestros pecados cuando estamos solos ante Dios, significa que hemos alcanzado un nivel muy alto de Emuna (fe). Significa que tenemos claridad con respecto a Su existencia. Y que Su presencia es tan real para nosotros como la presencia física de otros individuos.

Esta idea,  sentir la Presencia de Dios al mismo nivel que sentimos la presencia de otras personas, fue expresada por Ribbí Yojanán ben Zakai. Cuando sus alumnos vinieron a visitarlo en su lecho de muerte, los bendijo diciéndoles: יהי רצון שתהא עליכם מורא שמים כמורא בשר ודם, “Les deseo que teman y respeten a Dios como temen y respetan a los hombres». “Maestro” preguntaron sus alumnos «¿Y es eso suficiente?” . Entonces Ribbí Yojanán les explicó que sentir la Presencia de Dios con la misma claridad que sentimos la presencia de otras personas, demuestra un nivel muy alto de fe.

Cuanto mayor sea nuestra conciencia de la Presencia de Dios, mayor será el sentimiento de vergüenza que sentiremos cuando nos arrepentimos y articulamos nuestros pecados. Y viceversa.




EQUEB: A corazón abierto en Calcuta

Solemos oír acerca de la «circuncisión» en el contexto del Berit Milá, la primera Mitzva que un niño judío experimenta en su vida, que consiste en remover el prepucio, la capa cutánea, que cubre el órgano masculino.Nuestra Parashá , Equeb, describe en uno de sus Pesuquim , versículos, un tipo diferente de circuncisión: la circuncisión del corazón. Pero, ¿qué es la circuncisión del corazón?  La Tora dice (Deuteronomio 10:16.): «Y circuncidareis el prepucio de vuestro corazón …».  ¿Que es el prepucio del corazón?
Nuestros corazones son capaces  de crear una capa cutánea virtual, invisible al ojo, pero absolutamente real. En Hebreo, como en español, el corazón es el órgano asociado con las emociones, el amor y la sensibilidad («Te quiero con todo mi corazón», «Tiene un corazón de oro..», etc). El prepucio del corazón se va formando, por ejemplo,  cuando dejamos de sentirnos incómodos frente a las cosas malas que suceden a nuestro alrededor.

Nuestros corazones pueden volverse insensibles a la injusticia o al dolor. ¿Cómo? Es un proceso… Seguramente la primera vez que presenciamos un acto de injusticia o engaño contra los más débiles o inocentes, nos sentimos mal, molestos. Pero, ¿qué pasaría con nuestro corazón si viviéramos en un ambiente donde «todos» practican la injusticia, el engaño y la corrupción? En esas circunstancias, lamentablemente, uno termina adaptándose («adaptarse o morir» dicen en ingles), y la forma de adaptarse es desarrollando un prepucio virtual sobre el corazón, que lo «protege», lo aísla  de la sensibilidad. En un extraordinario mandamiento la Tora nos previene acerca de esta cobertura cardiaca y nos dice: «No dejes que tu corazón sea cubierto por un prepucio a su alrededor» . «No te adaptes a la injusticia». «No te sientas cómodo alrededor de la corrupción». «No dejes de sentir que algo está mal cuando todo el mundo actúa mal».  Esta es la circuncisión del corazón.

Hay algo más. La Tora dice que HaShem se interesa por los huérfanos, por las viudas y que Él defiende a los pobres y los desposeídos, a los individuos que sufren. HaShem nos pide que no nos permitamos perder nuestra sensibilidad hacia los demás,  dejando que nuestros corazones estén cubiertos por una gruesa capa cutánea.  Yo tenía un amigo, z»l, que solía viajar por negocios a Calcuta, India, una de las ciudades más pobres del mundo. Me contó que el primer día que llegó, no lo podía soportar. Al ver a tantos mendigos en la calle, especialmente niños, ciegos, deformes, discapacitados, rogando por una moneda. Su corazón estaba al borde del colapso… Pero lentamente se fue acostumbrando a ver gente sufriendo a su alrededor. Un día ya no se sintió incómodo alrededor de todos esos pobres niños y jóvenes y se dio cuenta de que para él se convirtieron en una parte normal del paisaje de Calcuta. En ese momento,  al notar que su corazón se había cubierto de una piel dura e insensible,  llamó a todos los pobres de la cuadra y los invitó a todos a almorzar. Esta gran hombre fue capaz de identificar su propio «prepucio-cardiaco» e inmediatamente lo extirpó de su corazón.

La circuncisión del corazón exige una autoevaluación constante de nuestros sentimientos, sobre todo, de la ausencia de sentimientos. Si detectamos una capa cutánea alrededor de nuestro corazón tenemos que actuar inmediatamente. La práctica de la justicia y los actos de Jesed (caridad, bondad, generosidad) son el «Berit Milá, el mejor antídoto para remover la insensibilidad de nuestros corazones.