Agradeciendo a Dios en público

ארבעה חייבים להודות: יורדי הים, הולכי מדבריות, ומי שהיה חולה ונתרפא, ומי שהיה חבוש בבית האסורים – ויצא.
                                                                (ברכות נד ע»ב)

Los Jajamim establecieron que en cuatro ocasiones, cuando nos salvamos de una situación potencialmente peligrosa, tenemos que expresar nuestra gratitud a HaShem públicamente. Esto se aprende de Tehilim (Salmo 107). En los tiempos del Bet-haMiqdash esta declaración de gracias se llevaba a cabo a través del «qorban todá», la ofrenda de gratitud. Hoy en día, y hasta que tengamos nuevamente el Bet-haMiqdash בבי»א, expresamos nuestra proclamación pública de gratitud a través de una bendición especial llamada HaGomel.

Esta bendición dice: «Bendito eres Tú HaShem, nuestro Dios, Rey del universo, que realizas favores a aquellos que están en deuda [contigo], ya que me has concedido a mí, todo lo bueno. »

Primero vamos a explicar lo que esta berajá dice:

«Hagomel lajayabim tobot….» (Quien concede favores a aquellos que están en deuda…) significa  que cuando pensamos en el balance deuda / crédito entre nosotros y nuestro Creador, nos damos cuenta que permanentemente recibimos innumerables bendiciones y favores de Él . Si tenemos algún mérito (zejut) por el cual merecemos algún «crédito», nos damos cuenta que palidece en comparación con todo lo que le adeudamos a HaShem. Especialmente cuando consideramos también nuestras trasngresiones y faltas (‘aberot) que reducen nuestro mérito.  En otras palabras, decimos a HaShem que Él nos ha salvado y nos ha librado de una situación potencialmente peligrosa como un acto de pura bondad (hesed) que no merecíamos.

Dicho sea de paso, la razón por la cual un niño menor de edad no recita HaGomel, es porque a esa edad aún no son considerados plenamente responsables de sus transgresiones. Por lo tanto, no pueden ser considerados «Jayabim», «deudores», (Rab Obadia Yosef).

¿Cuándo se dice esta berajá?

Esta bendición se recita cuando salimos ilesos, sobrevivimos, una de las cuatro situaciones de peligro potenciales mencionadas en Tehilim (Salmos) 107.

a) Al ser liberados de la cárcel.
b) Después de haber navegado en el océano
c) Cuando nos recuperamos de una enfermedad grave
d) Después de cruzar un desierto

En hebreo existe un «simán» (una palabra mnemotécnica) para recordar estas cuatro circunstancias. La palabra es  חיים  (Jayyim, «vivos»  que en este contexto se entiende como «sobrevivientes»)  חבוש  ים  יסורין  מדבר .  Prisión. Mar. Sufrimiento (=enfermedad). Desierto.

 

Antes de examinar cada uno de estos eventos, es importante aclarar que en este tema hay una diferencia entre la tradición Sefardí y la tradición Ashkenazí. De acuerdo con la tradición Ashkenazi, esta lista de situaciones no es exhaustiva. En otras palabras, uno recita la bendición Hagomel en esas circunstancias y también en cualquier otra situación en la que uno haya salvado su vida. La tradición Sefardí, sin embargo, sostiene que decimos HaGomel en una de estas cuatro ocasiones, exclusivamente.



¿Cómo celebrar Simjat Torá en tiempos de COVID19?

¿Cómo celebrar Simjat Torá en tiempos de COVID19?

Uno de los recuerdos más lindo de mis niñez en Melilla, España, es el de la celebración de las bodas. Todas las bodas se hacían en nuestra Sinagoga, “Or Zarua” de Don Yamín Benarroch. Recuerdo claramente que luego de la Jupá la pareja descendía y la novia daba una vuelta alrededor de la Tebá (el lugar desde donde se reza y se lee la Torá) y todos los invitados la miraban con admiración al pasar, y celebraban la nueva vida de esta pareja.

Simjat Torá también se celebraba entonces de una manera muy similar. Para cada una de las Hakafot (vueltas alrededor de la Tebá) un solo miembro de la comunidad sostenía la Torá y caminaba alrededor de la Teba mientras el resto de los congregantes le cantaban a la Torá desde sus asientos, mirando con admiración y cariño a la Torá, y recuerdo que mis hermanas y yo extendíamos un beso virtual cuando la Torá pasaba cerca.

Como verán, nuestra celebración de Simjat Torá, particularmente los bailes, eran un poco diferente a los bailes Jasídicos que tenemos hoy. Pero el Simjat Torá de mi infancia era muy alegre aunque no todos bailaban con la Torá. Era simplemente un estilo diferente.

Este año tenemos muchas restricciones debido al COVID. Y estas nuevas pautas parecen quitarnos la felicidad de este día especial. En nuestra Sinagoga en Great Neck, NY, ya se estableció que este año no podremos bailar con la Torá. Y sólo una persona tiene permitido sostener la Torá mientras todos permanecen en sus asientos… Pero, ¿no era así como se celebraba Simjat Torá en Melilla?

Creo que es imperativo que pongamos los sentimientos en orden y nuestras felicidad no disminuya en absoluto en este Simjat Torá.

En primer lugar, tenemos que estar orgullosos de tener líderes rabínicos y comunitarios que priorizan lo que es más importante! ¡“Ushmartem Meod Lenafshotejem”! Nuestra Torá sostiene que la preservación de la vida (y la salud) es el valor más alto. Y cuidar nuestras vidas es una hermosa forma de honrar la Torá y sus mandamientos.

También tenemos que estar muy felices de que este año vamos a tener la oportunidad de hacer un poco más de introspección y entender que bailar con la Torá no es la causa de nuestra felicidad, sino una de las muchas maneras de expresar nuestra alegría. La verdadera “causa” de nuestra alegría es אשר בחר בנו מכל העמים ונתן לנו את תורתו que el Creador nos eligió entre todos los pueblos y nos entregó Su Torá” . Estamos felices de pertenecer a la nación de Israel. Estamos felices de que HaShem nos haya entregado la Torá que dirige nuestras vidas con los valores correctos.

En Simjat Torá también celebramos la conclusión del ciclo anual de lectura de la Torá y el comienzo de un nuevo ciclo. Y aunque no bailemos estamos felices de tener la oportunidad de comenzar el nuevo el año leyendo el mismo texto pero con una mirada nueva, y con nuestros ojos llenos de curiosidad. Estamos felices de vivir en tiempos en los que tenemos libertad para estudiar Torá. Y que nuestros niños tienen acceso a escuelas judías y a maestros increíbles. El estudio de la Torá es hoy más accesible que nunca para todas las edades y los niveles. Esta allí “a un click o a un Zoom” de distancia.

Este año, en nuestra Sinagoga se invitará a todos los congregantes a tomar un Jumash (un libro de Torá impreso), y abrazarlo mientras el Sefer Torá, como la novia, da vueltas a nuestro alrededor.

Mientras sujetamos a nuestro libro de Torá con fuerza tomemos la determinación de ser más ambiciosos en su estudio, y expresemos nuestro deseo de llegar a un nivel más profundo de su entendimiento y observancia.

Aunque no bailemos con la Torá, expresemos nuestro agradecimiento a Dios y pidámosle que nos inspire a aprender y compartir con nuestros amigos y familiares las hermosas lecciones de vida que nuestra Torá contiene.

Que tengamos el Simjat Torá más feliz de nuestras vidas,




GENESIS 1:27: Hombre y mujer los creó

ויברא א’ את-האדם בצלמו בצלם א’ ברא אותו זכר ונקבה ברא אותם

“Y Dios creó al ser humano a Su imagen.… hombre y mujer los creó”. Génesis 1:27

Analizaremos ahora la parte de este versículo que habla de hombre/ mujer. Dejemos en claro que nuestra traducción es deliberadamente no-literal: el texto no dice “hombre y mujer” sino “masculino y femenino.”

Lo primero que hay que observar es que la diferenciación entre masculino y femenino no fue mencionada en la creación de los animales. Obviamente, esto no quiere decir que Dios no creó a los animales con diferentes sexos, sino que por alguna razón, sólo en la Creación del hombre y de la mujer la Torá “menciona”  la condición sexual masculina y femenina.

¿Por qué?

Si bien no encontré referencias específicas sobre este tema en los comentarios bíblicos tradicionales, quizás se pueda explicar de la siguiente manera:

CONCIENCIA y GOBIERNO

HaShem creó al ser humano a Su imagen, esto diferencia a los humanos de los animales. Y HaShem los creó como hombre y mujer, esto distingue a los humanos, unos de otros. La heterosexualidad, es decir, la definición del ser humano como hombre y mujer, no aparece como algo secundario sino como una condición ontológica. Quizás la Torá quiere subrayar que sólo los humanos, a diferencia de otros seres vivos, tienen “conciencia” y conocimiento de su propia sexualidad y de su género. Y por tener conciencia de su sexualidad, sólo los seres humanos son capaces de gobernar su sexualidad.

CEREBRO MASCULINO vs CEREBRO FEMENINO

En el ser humano, a diferencia de los animales, hombre y mujer no solo se distinguen en lo sexual y en lo físico sino también en lo mental o psicológico. La forma de pensar, de expresar y procesar emociones, de percibir el lenguaje, de distenderse, etc. es diferente (y a veces opuesta) entre el hombre y la mujer. (Este es un tema interesantísimo pero demasiado complejo como para ser tratado en un solo email. El lector que quiera saber más al respecto puede leer lo que escribió el neurocirujano de Cambridge,  Simone Baron Cohen en su libro: “The essential difference” ). Creo que esta explicación es consistente con el principio del pasuq que se refiere a la “imagen de Dios en el hombre”. Esta “imagen” no apunta a un parecido físico entre hombre y Dios ח»ו sino que se refiere al alma, al pensamiento, a la libertad de elección, etc.  Aquí también, por lo tanto, podemos asumir que esta diferenciación va mas allá de los físico y hasta de lo estrictamente sexual. Es como si este texto estuviera afirmando que HaShem creo dos “especies” humanas:  hombre y mujer.

¿CUANTAS RAZAS HAY?

Hay algo más que el texto bíblico  NO dice. En los libros de historia comunes, escritos por las civilizaciones paganas de la antigüedad, los textos que se refieren a la creación de la humanidad siempre resaltan el aspecto nacional. Los dioses paganos crean más de una especie humana. Los sumerios, por ejemplo, relatan que sus dioses los crearon a ellos y otros dioses inferiores, crearon a los otros pueblos.   En la Torá, y solamente en la Torá, no dice que Dios creó a los Israelitas y luego en otro acto inferior o posterior creó al resto del mundo. No se habla de blancos y negros o de esclavos y señores, ni de los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad, como aparece en los mitos paganos de la Creación. La Torá, el único libro de autoría divina, no menciona la creación de las razas. La Tora sólo registra 2 tipos de humanos, como si se tratara de dos “especies”: hombre y mujer.

PLENITUD

Otro elemento destacable es que en hebreo cuando la Torá nombra al ser humano lo hace con el articulo definido “el” (ויברא א’ את-האדם). Este artículo no está aquí para diferenciar entre masculino y femenino (en hebreo el articulo definido es siempre neutro) sino para destacar que no se trata de «Adam», el hombre, sino de «ADAM», el ser humano.  En otras palabras, este texto afirma que HaShem creó a ADAM como masculino y femenino. Los Rabinos explicaron que el hombre o la mujer por sí mismos, sólo se consideran la mitad de un ser humano.  La palabra ADAM (en oposición al nombre «Adam») significa: hombre + mujer. Por eso en hebreo bíblico y moderno “ser humano” se dice BEN ADAM, que significa: hijo del hombre y de la mujer.  En el judaísmo el celibato voluntario no es un ideal religioso sino todo lo contrario: se considera una grave transgression. Este versículo nos enseña que para la Torá en el sociedad humana la plenitud del ser humano sólo se alcanza cuando hombre y mujer se unen, se casan. Recién entonces se consideran ADAM, un ser humano.




La respuesta judía al huevo o la gallina

La Creación fue un proceso completamente diferente al “nacimiento natural”. En el nacimiento y en el desarrollo natural la edad, digamos, de una persona, se comienza a contar desde que uno nace. Así, a los 50 años desde el momento del nacimiento uno tendrá 50 años. El acto de creación, sin embargo, nos presenta con una realidad diferente. Veamos.

La creación Divina es un acto que escapa nuestro análisis y hasta nuestra imaginación. Nunca hemos visto ni experimentado un acto de creación mientras sucede. Pero sabemos sin embargo un par de detalles. Primero, que la Creación fue ex nihilo, es decir, a partir de la nada. Crear (el verbo libró, en hebreo), significa traer algo material a la existencia desde la nada. Este verbo sólo se encuentra aplicado a acciones Divinas, y nunca a acciones humanas.

En segundo lugar, sabemos que cuando Dios creó las cosas, estas aparecieron ya desarrolladas, y no en un punto cero. Si bien la Torá no abunda en detalles superfluos, y mucho menos durante el brevísimo capítulo destinado a la Creación, la Torá describió el estado de una de sus creaciones en el momento de su aparición: los árboles. En Génesis 1:12 la Torá dice “Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles dando fruto con su semilla en él, según su género….” .Los árboles no fueron creados como semillas o arbustos incipientes, sino como árboles ya maduros, en su plenitud, y cargados de sus frutos.

Hace más de 1700 años, los Sabios del Midrash formularon la siguiente idea basándose en el detalle provisto por la Torá sobre los árboles: כל מעשה בראשית בקומתן נבראו . “Todo lo que Dios creó fue creado en su plenitud” . Si bien la Torá circunstancialmente mencionó la madurez de los árboles, en realidad todo fue creado por Dios en su estado de madurez y plenitud. Esto no solamente resuelve el enigma del huevo o la gallina (finalmente podemos destrabar el enigma :), sino que también nos ayuda a comprender que no solo es posible sino más bien necesario que la ciencia le atribuya al mundo y lo que éste contiene una edad mayor a la que tiene.

Si viajamos en el túnel del tiempo hasta el día en el que Dios creó los árboles y examinamos el primer árbol cinco minutos después de su creación, nos encontraremos con un árbol lleno de frutos. Y si talamos el árbol encontraremos, digamos, cincuenta anillos. Cuando evaluamos este árbol desde la perspectiva científica, concluiremos necesariamente que este árbol tiene cincuenta años de edad.… ¿Estaremos equivocados? Sí. Y No. Y esta es la paradoja que se produce con la Creación. El árbol fue creado hace 5 minutos, pero tiene 50 años.

Una vez más: es inevitable entonces que exista una diferencia entre la medición científica de la edad del árbol (desarrollo desde el punto cero) y la perspectiva bíblica / rabínica (creación madura) sobre la edad del árbol. La diferencia entre los cinco minutos y los cincuenta años, es un efecto directo e inevitable del «excepcional» acto de Creación.

Si la Creación se llevó a cabo del modo en el que la Torá lo describe entonces, inevitablemente, dos edades distintas coexistirán en toda cosa creada: 1) la edad cronológica, estimada desde el momento de su Creación/aparición, que en el ejemplo del árbol serían cinco minutos, y 2) la edad interna y aparente, cincuenta años; es decir, la edad virtual o hipotética del árbol —el tiempo que le habría tomado al árbol desarrollarse desde un punto cero hasta su estado actual, de no haber sido creado. Lo mismo ocurre con una montaña, con el planeta tierra y con una estrella que dista 1 million de años luz de nuestro planeta.

En conclusión: Lo que la ciencia afirma acerca de la edad del mundo, sin importar de cuántos millones de años se trate, no contradice lo que afirma la Torá.

La diferencia está en el punto de partida:
Si partimos de la premisa científica que el mundo se auto generó —nació por sí mismo y no existió ningún acto de Creación (dicho sea de paso: no existe ninguna evidencia científica para negar un acto de Creación)— entonces, las diferencias de edad entre lo que diga la ciencia y lo que diga la Torá son insalvables. Pero cuando nuestro punto de partida es el acto de Creación Divina, tal como lo describen nuestras fuentes (ex nihilo y creación madura), las diferencias de edad son lógicas y necesarias. ¡Es exactamente lo que teníamos que encontrar!




GENESIS 1:12 Los árboles y la edad del planeta tierra


ותוצא הארץ דשא עשב מזריע זרע למינהו ועץ עשה פרי אשר זרעו בו למינהו


Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles con su fruto, con su semilla en él, de acuerdo a su propia especie.

EL TERCER DIA

Hubo dos actos de creacion durante el Tercer Día. En el primer acto, el Creador separa las aguas de la tierra firme, en otras palabras, Dios crea los continentes. Es muy interesante que la Torá utiliza una terminología perfectamente compatible con nuestro entendimiento científico moderno para desribir este enorme acto de creacion: «Iyqavu hamayim veterae hayabbasha» , «que las aguas se retraigan… y la tierra firme sea visible», lo cual implica entre otras cosas, que la tierra no fue crada de la nada sino que aparecó, «emergió» a la supericie del planeta al retraerse las aguas. Este acto crerativo tuvo que haber consistido de enormes cataclismos, sunamis, impresionantes movovimientos sismicos, deshielo de glaciares, etc. Es importanrte destacar, tal como lo menciono en mi libro «Creación» que este inmenso acto creativo, probablemente el mas estruendoso y cataclismico que haya experiementado nuestro planeta está descripto con un par de palabritas. Sin ambargo en el Salmo 104, que se refiere a la Creacion del mundo el rey David le dedica más atención (en cuanto a la extensión del texto) que a ningún otro acto de creación.

LA VEGETACION

Una vez que existe la tierra firme, el Creador procede a su próxim creación, que fue menos estruendosa pero no menos majestuosa: la creación de las plantas. Toidas las hierbas, plantas, granos, vegetales y árboles fueron creados en este acto. La Torá tambien hace hincapie en las semillas «zera», anunniando que las plantas han sido creadas con semillas que garantizan su reproduccion. Y si bien este es un factor milagroso y majestuoso que merece nuestra atención hoy quisera enfocarme en el tema de los árboles y un pequeño detalle que se desprende de su descripción. La Torá dice (Gen.1:12) “Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles dando fruto con su semilla en él, según su género….” . El punto que me gustaría destacar es la presencia del verbo la’asot (en este conexto «producir») en el tiempo presente: «ve’ets óse perí…» los árboles fueron creados «dando» sus frutos. No surgieron como semillas o arbustos incipientes, sino como árboles ya maduros, en su plenitud, y cargados con sus frutas.

NECESARIAMENTE DIFERENTES

Hace más de 1700 años, los Sabios del Midrash formularon la siguiente idea basándose en el detalle provisto por la Torá sobre los árboles: כל מעשי בראשית בקומתן נבראו . “Todo lo que Dios creó fue creado en su plenitud” . Si bien la Torá circunstancialmente mencionó la madurez de los árboles, en realidad TODO lo que Dios creó apareció en su stado de madurez. Esto no solamente resuelve el enigma del huevo o la gallina (finalmente podemos destrabar el enigma :), sino que también nos ayuda a comprender que no solo es posible sino más bien necesario que la ciencia le atribuya al mundo y a lo que éste contiene una edad mayor a la que transcurrió desde su aparición.

La Creación es un proceso completamente diferente al “nacimiento natural”. En el nacimiento y en el desarrollo natural «la edad» es cronológica, es decir, se calcula desde el monento que uno nace. Así, 50 años luego del momento del nacimiento una persona tendrá obviamnte 50 años. El acto de creación, sin embargo, nos presenta con una realidad diferente. Veamos.

La creación Divina es un acto que escapa nuestro análisis y hasta nuestra imaginación. Nunca hemos visto ni experimentado un acto de creación mientras sucede. Pero gracias al detalle que la Torá nos provee respecto a los árboles podemos concluir que cuando Dios creó, Sus creaciones y criaturas aparecieron ya desarrolladas, y no en su punto cero o punto de nacimento.

VOLVER AL FUTURO

Si pudiesemos viajar en el túnel del tiempo hasta el día en el que Dios creó los árboles y examinaramos el primer árbol cinco minutos después de su creación, nos encontraremos con un árbol lleno de frutos. Y si evaluamos este árbol desde una perspectiva científica, concluiremos necesariamente que este árbol tiene digamos 25 años de edad.… ¿Estaremos equivocados? Sí. Y No. Y esta es la paradoja que se produce con la Creación. El árbol fue creado hace 5 minutos, pero tiene una edad interna de 25 años.

Una vez más: es inevitable entonces que exista una diferencia entre la medición científica de la edad del árbol (desarrollo desde el punto cero) y la perspectiva bíblica / rabínica (creación madura) sobre la edad del árbol. La diferencia entre los 5 minutos y los 25 años es un efecto inevitable del «excepcional» acto de Creación.

¡VIVA LA DIFERENCIA!

Cuando asumimos que la Creación se llevó a cabo del modo en el que la Torá y los Rabinos del Midrash lo describe entonces, inevitablemente, dos edades distintas coexistirán en todo lo creado : 1) la edad cronológica, estimada desde el momento de su Creación/aparición, que en el ejemplo del árbol serían cinco minutos, y 2) la edad interna y aparente, cincuenta años; es decir, la edad virtual o hipotética del árbol —el tiempo que le habría tomado al árbol desarrollarse desde un punto cero hasta su estado actual, de no haber sido creado. Lo mismo ocurre con una montaña, con el planeta tierra y con una estrella que dista 1 million de años luz de nuestro planeta.

En conclusión: Lo que la ciencia afirma acerca de la edad del mundo, sin importar de cuántos millones de años se trate, no contradice lo que afirma la Torá.

LA DIFERENCIA ESTA EN EL PUNTO DE PARTIDA
Si partimos de la premisa científica que el mundo se auto generó —nació por sí mismo y no existió ningún acto de Creación (dicho sea de paso: no existe ninguna evidencia científica para negar un acto de Creación)— entonces, las diferencias de edad entre lo que diga la ciencia y lo que diga la Torá son insalvables. Pero cuando nuestro punto de partida es el acto de Creación Divina, tal como lo describen nuestras fuentes (ex nihilo y creación madura), las diferencias de edad son lógicas y necesarias. ¡Es exactamente lo que se supone que teníamos que encontrar!




La ceremonia de nisuj hamayim

Los días de Sucot eran días de una alegría especial en el Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem). Además del mandamiento bíblico de tomar las cuatro especies (ארבעת המינים), habian otras dos Mitsvot que se cumplian en el Templo. Estas dos prácticas son parte de lo que se llama «Halajá leMoshe MiSinai»,  tradiciones religiosas enseñadas a Moisés en el Monte Sinaí, que no cuentan con una fuente bíblica explícita. Uno de ellas era nisuj hamayim(la libación del agua) también conocida como la ceremonia de verter agua sobre el altar.

Los rabinos describen la gran alegría de esta ceremonia:

«Quien no ha visto la celebración de la libación del agua nunca ha experimentado la verdadera alegría. Grandes lámparas de oro eran izadas, con cuatro tazas de oro en la parte superior de cada lámpara. Cuatro jóvenes sacerdotes-aprendices subían a la cima, llevando inmensas jarras de aceite con las que se llenaban las lámparas. Una vez encendidas, no había un patio en toda Jerusalén que no brillara con la luz que emanaba desde el Templo. Se construían unos palcos especiales para permitir a las mujeres de Israel ver los sabios del Sanhedrín mientras bailaban. La gente cantaba, los hombres justos y piadosos bailaban delante de ellos, mientras hacían malabarismos con antorchas encendidas. Los levitas permanecían de pie en los quince escalones que descendían desde la corte de Israel hasta la corte de las mujeres, interpretado música con liras, arpas, trompetas y muchos otros instrumentos. Dos sacerdotes se paraban en la parte superior de las escaleras, a cada lado de la entrada de la gran puerta de la Corte tocaban trompetas de plata [estas eran trompetas reales,  no shofarot, como se puede ver en el vídeo que se presenta a continuación].

Todo esto se hacía para honrar el mandamiento de la libación del agua. Al amanecer, la gente procedía con melodías y cantos hacia la fuente del Shiloaj, al pie de las murallas de Jerusalén. Un Cohen llevaba consigo una jarra de oro especial y la llenaba con el agua de ese manantial. Entonces la congregación ascendía de nuevo al Templo, encabezada por el sacerdote que llevaba el agua. Al llegar al templo, él traía la botella hasta el altar, y derramaba el agua en una vasija de plata en una esquina del altar.

(Tratado Sucá, Capítulo 5)

Esta ceremonia estaba conectada a la lluvia y era acompañada por Tefilot y oraciones de alabanza,  confiando que HaShem bendecirá con la lluvia a la tierra y a sus productos en año entrante.

Por primera vez, desde la destrucción del Segundo Templo, la ceremonia de verter el agua se escenificó en Yerushalayim ayer, 18 de Tishri. La intención de este evento fue practicar la celebración de nisuj hamayim para aprender todos los detalles prácticos de esta ceremonia. Y esperando que BH muy pronto podamos celebrar todos juntos nuestras hermosas fiestas en el Bet haMiqdash  תותבב»י, אמן.



8. YONA 1:11-15. El día después de la tormenta

 ויאמר אליהם שאוני והטילני אל הים וישתק הים מעליכם כי יודע אני כי בשלי הסער הגדול הזה עליכם
VERSICULOS 11-15
“[Como la tormenta seguía empeorando los marineros] le preguntaron [a Yoná]: —¿Qué debemos hacer contigo para detener esta tempestad? Échenme al mar —contestó Yoná— y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta que los acecha. Los marineros remaron con fuerza para intentar llevar el barco a tierra firme, pero la tormenta era tan violenta que no lo lograron. Entonces clamaron al HaShem, Dios de Yoná: «Oh HaShem —le rogaron—, no nos dejes morir por el pecado de este hombre, y no nos hagas responsables de su muerte. HaShem, Tu has enviado esta tormenta sobre él y solo tú sabes por qué». Entonces los marineros tomaron a Yoná y lo lanzaron al mar embravecido, ¡y la tormenta [por fin] se detuvo!
LA TORMENTA COMO ENSEÑANZA
Todos los días cuando recitamos el Shema Israel (vehayá im shamoa’…), mencionamos que la lluvia es una bendición de HaShem y que su ausencia, la sequía, es un sinónimo de muerte. Pero hay un interesante estado intermedio en el que la lluvia misma puede no ser una bendición. Y eso sucede irónicamente cuando la lluvia es excesiva, y es acompañada por poderosos vientos. Cuando el agua que llega como una recompensa del cielo se trasforma, por exceso, en una peligrosa tormenta que causa inundaciones y siembra destrucción.  Como la lluvia y la sequía, en la historia de Yoná la tormenta es un medio de intervención Divina, que como vemos en los versículos mencionados más arriba, logra su objetivo pedagógico: enseñarle a Yoná. Transformarlo.
EL ANTES Y EL DESPUES DE YONA
Antes de la tormenta Yoná pensó que podia escaparse de Dios. Que donde no se escucha Su palabra—fuera de Erets Israel-, no se manifiesta su Presencia. Ahora Yoná descubre que Dios es Omnipresente.
Antes, Yoná desoyó el llamado directo de HaShem, ignoró a Dios. Ahora, Yoná es capaz de descifrar Su llamado desde la tempestad.
Antes, Yoná desobedeció a Dios. Ahora está listo para “tirarse al mar” y encomendarse a la misión que Él le asigne.
Y lo que parece más significativo:
Antes de la tormenta, a Yoná no le parece importante salvar la vida de los miles de habitantes paganos de Ninivé. El nuevo Yoná, sin embargo, está dispuesto a sacrificar su propia vida para salvar a un puñado de marineros.
Así, leyendo el texto con mucho cuidado descubrimos que el Yoná que encontramos después de la tormenta no es el mismo Yoná que conocimos antes de la tormenta.
TORMENTAS Y TORMENTOS
Hay varios tipo de tormentas. Hay tormentas climáticas y tormentas de problemas. El rey David en Tehilim (127) utilizó la metáfora de la tormenta y la inundación para describir los problemas cuya solución están más allá de nuestro control.  Las tormentas a veces son causadas por nosotros mismos: nuestros malos hábitos, nuestras malas decisiones o por habernos asociado con quien no debíamos, como le ocurrió a Shimshón con los Filisteos. En algunas ocasiones nuestros tormentos son causados por otras personas, como Yosef que fue vendido como esclavo por sus propios hermanos. Lo que desató una tormenta indescriptible de daños colaterales y dolor no solo a Yosef sino también a su padre y a toda su familia. Y las tormentas, finalmente, pueden ser isurim, sufrimientos providenciales, más allá de la responsabilidad humana.
¿QUE APRENDEMOS DE YONA Y LA TORMENTA?
Primero, que las tormentas y las dificultades que pasamos en nuestras vidas nos enseñan y nos definen. Y a veces nos muestran quién es quién. Un amigo médico aprendió esta lección a partir de una una tormenta real, climática, “Sandy” en Octubre de 2012. La tormenta destruyó su consultorio, y pasarían meses para habilitarlo. En ese momento un doctor de la misma especialidad “aprovechó” la oportunidad para promocionar su práctica y tratar de quitarle a sus pacientes. Por otro lado, otro colega le ofreció acomodarlo en su propio consultorio para que atendiera a sus pacientes hasta que volviera a tener su propia oficina.
Segundo, que las tormentas que vivimos son también oportunidades de cambio. Nos transforman y a veces nos ayudan a reencontrar el llamado divino de Yoná: nuestra posibilidad de ayudar a los demás. Un amigo sufrió una de esas tormentas, cancer de colón, y después de un doloroso periodo de truenos, relámpagos y rayos, la tormenta terminó. Y él BH sobrevivió. Ahora es una persona diferente. Y entre otras cosas se dedica a ayudar a los que pasan por ese tipo de tormentas. Para quien está ahogado en una interminable lluvia de problemas medicos, no hay mejor que ser tomado de la mano por alguien que todavía lleva la ropa mojada.
Y finalmente, aprendemos de la historia de Yoná que hasta las tormentas más destructivas eventualmente se detienen.
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Continuará



7. YONA 1:10: Escapar de mi destino, como Yoná

י וַיִּֽירְא֤וּ הָֽאֲנָשִׁים֙ יִרְאָ֣ה גְדוֹלָ֔ה וַיֹּאמְר֥וּ אֵלָ֖יו מַה־זֹּ֣את עָשִׂ֑יתָ כִּֽי־יָדְע֣וּ הָאֲנָשִׁ֗ים כִּֽי־מִלִּפְנֵ֤י יְדוָד֙ ה֣וּא בֹרֵ֔חַ כִּ֥י הִגִּ֖יד לָהֶֽם׃
La tormenta amenaza hundir el barco y acabar con la vida de la tripulación. Los marineros, en estado de pánico, entienden que no se trata de un evento climático anormal sino Divino. La intervención celestial también ha delatado a Yoná como único responsable de lo que está sucediendo. Los marineros quieren saber más y le preguntan a Yoná:”¿Qué has hecho?”. Yoná confiesa su crimen: escapar del llamado Divino. Yoná también se da cuenta que, aunque ya no con palabras, sino a través de una tormenta, HaShem lo va seguir buscando (o acorralando) para que lleve a cabo su urgente misión: salvar la vida de los habitantes de Ninevé.
¿QUÉ SIGNIFICA ESCAPAR DE DIOS?
Escapar de Dios significa escapar de lo que Él espera de mí. Veamos. Por lo general, y especialmente en nuestros privilegiados tiempos, HaShem nos concede una generosa lluvia de bendiciones, abundancia material, salud y talentos. Muchas veces no somos capaces de reconocer la “intervención Divina” en todo lo que tenemos. HaShem, puede entonces usar otros recursos. Un amigo envió a su hijo a estudiar a una universidad en el exterior. El padre le depositaba dinero todos los meses para que no le faltara nada. Pero el hijo “no acusaba recibo”; no tenia una palabra de apreciación o gratitud hacia su padre. Luego de un tiempo el padre dejó de mandarle dinero. Y entonces el hijo lo llamó: “Papá, ¿cómo estás? Hace mucho que no hablamos. Quería agradecerte por toda tu ayuda. No tengo palabras … Oh, ¡casi me olvidaba! ¿Es posible que este mes te hayas olvidado de depositar dinero en mi cuenta?”.
Los Sabios sugirieron que, al igual que este padre, HaShem, puede retener Su bendición. Ya que es posible que como Yoná, lo único que nos despierta es una “tormenta”.
¿COMO ENFRENTAR UNA TORMENTA?
¿Qué hago cuando la generosa lluvia Divina se transforma en un chaparrón? Rabá dijo: אם רואה אדם שיסורין באין עליו יפשפש במעשיו .  “Cuando uno percibe que está sufriendo, debe examinar su conducta”. Cuando ח“ו uno sufre una enfermedad, penurias económicas, u otro tipo de crisis—mas allá de abocarse a buscar la solución práctica al problema y rezar por la asistencia Divina, uno tiene que examinar su acciones y sus metas. Y tal como en el caso de Yoná, tengo que reenfocarme en lo que Dios espera de mí.
DESCUBRIENDO MI MISION EN LA VIDA
¿Cómo aplicamos la experiencia de Yoná a nuestras vidas?
Los Yehudim tenemos 2 metas. En primer lugar, tengo una misión colectiva que es observar el Pacto que tenemos con HaShem, aprender y respetar Su Torá. Pero más allá de esta obligación también tengo una misión personal. Esa meta individual no es tan obvia como la primera. Tengo que descubrirla buscando mis talentos especiales y las virtudes, innatas o adquiridas, que poseo y me destacan de los demás. Y cuando descubro mis talentos, descubro mi misión. Imaginemos que poseo una gran inteligencia, y la utilizo para brillar en video-juegos y en juegos de cartas. ¿No estaría así desperdiciando el talento que Dios me concedió? ¿No estaría, como Yoná, escapando de la responsabilidad que implica poseer una alta inteligencia? ¿No espera Dios de mí que yo use mi IQ para estudiar Torá, enseñarla, aconsejar a los demás o encontrar la cura al cancer? Lo mismo sucede con un individuo a quien HaShem bendijo con dinero o con una profunda empatía o con elocuencia. Todos estos recursos y talentos deben ser encauzados para lograr aquello que Dios quiere de mí.
Ignorar mis talentos es ignorar mi potencial y escapa,r como Yoná, de lo que HaShem espera de mí.
Continuará



4. YONA 1:4-5: Yoná toca fondo

 וה‘ הֵטִ֤יל רֽוּחַ־גְּדוֹלָה֙ אֶל־הַיָּ֔ם וַיְהִ֥י סַֽעַר־גָּד֖וֹל בַּיָּ֑ם וְהָ֣אֳנִיָּ֔ה חִשְּׁבָ֖ה לְהִשָּׁבֵֽר׃
Versículo 4: Y Dios envió un poderoso viento al mar, y se transformó en una gran tormenta, y la embarcación estaba por colapsar.
Previamente, explicamos que Yoná trató de escapar del llamado Divino (profecía), huyendo de la tierra de Israel, el único lugar donde Dios se comunica con Sus profetas. Yoná se hace a la mar, pero Dios, aunque ya no se revela a Yoná con palabras, no deja que Yoná escape de su misión. Los Sabios notaron que uno de los instrumentos más comunes con los cuales Dios intervine en la naturaleza es el viento. El viento sirvió como instrumento de Dios en la Creación, en las plagas, y en la apertura del mar Suf. Como dijo el Rey David: “El poderoso viento, que obedece la palabra e Dios”. Y así lo reconocemos en la Amidá cuando alabamos a HaShem que hace soplar el viento para producir la lluvia. En nuestro caso, HaShem envía Su viento, que se produce una tormenta que azota al barco en el que está Yoná. La pregunta es: ¿Cómo reacciona Yoná ante la insistencia, la urgencia, del llamado Divino? ¿Retomará su misión? ¿Intentará Yoná alguna otra forma de escapar?
וַיִּֽירְא֣וּ הַמַּלָּחִ֗ים וַֽיִּזְעֲקוּ֮ אִ֣ישׁ אֶל־אֱלֹהָיו֒ וַיָּטִ֨לוּ אֶת־הַכֵּלִ֜ים אֲשֶׁ֤ר בָּֽאֳנִיָּה֙ אֶל־הַיָּ֔ם לְהָקֵ֖ל מֵֽעֲלֵיהֶ֑ם וְיוֹנָ֗ה יָרַד֙ אֶל־יַרְכְּתֵ֣י הַסְּפִינָ֔ה וַיִּשְׁכַּ֖ב וַיֵּרָדַֽם׃
Versículo 5: Los marineros temieron [por sus vidas]. Cada uno le rogaba a sus dioses y arrojaban la carga al mar para aliviar el peso del barco. Yoná, sin embargo, descendió al fondo de la nave, se acostó y se sumió en un profundo sueño.
Los marineros reconocen inmediatamente la intervención Divina. Y actúan perfectamente bien: rezan y hacen lo humanamente posible para salvar el barco, arrojando el valioso cargamento al mar. Algo que se hacía solo cuando ya no quedaba otra opción. El mayor peligro para el barco en una tormenta es que se hundiera por el peso del agua de lluvia y especialmente el agua de mar que llega de las feroces olas.
¿Y que hizo Yoná mientras todos rezaban?
Increíblemente, mientras cundía el pánico, Yoná descendió al fondo del barco, ahora vacío de mercancía, se acostó ¡y se quedó profundamente dormido!
La reacción de Yoná ¡da para escribir todo un libro de psicología! Digamos brevemente que Yoná no reacciona con indiferencia hacia la tormenta. Sabe que Dios lo está «llamando» y buscando. La acción de Yoná es deliberada: intenta una vez más, y ahora de una forma desesperada, escapar de la misión Divina. ¿Y cómo lo hace? Los Sabios observaron que el texto bíblico usa tres veces seguidas la palabra vayered, que significa “y descendió”. Este descenso no es sólo físico: es un descenso mental. No es un descenso que lleva un pensamiento más profundo. Es un descenso que lleva a “dejar de pensar”. Un perfecto escape mental.
De una manera brillante, y bellísima por el juego de palabras en hebreo, el texto Bíblico lo describe así:  וירד וירד וירד וירדם “Y Yoná descendió, …y descendió …y descendió… [hasta que] se quedó profundamente dormido”. Esta ultima palabra hebrea vayradem  describe un estado profundo de sueño (en psicología “ondas cerebrales delta”. En hebreo moderno se usa la palabra “hardamá” para decir anestesia) en el cual “perdemos” la conciencia. A diferencia de la palabra hebrea “vayshán” que es un estado de sueño más superficial. Para Yoná, en medio del mar, la única manera de alejarse de Dios es dejar de pensar en Él y en Su llamado. Desactivar la mente, entregándose al sueño. Creo que todos tenemos algo de Yoná. A veces por innumerables motivos, nos escapamos de la misión divina. Huimos de la búsqueda del sentido de nuestra vida, como dice Viktor Frankl. Ponerse a dormir es la forma más inocente de escapar de la realidad, de la responsabilidad, y de Dios. Hay formas más profundas, o más modernas, de escapar de la pregunta existencial: emborracharse, drogarse, o entregarse a un sinnúmero de entretenimientos y distracciones modernas para mantener nuestra mente en blanco y escapar así la pregunta más importante. Hacemos muchos esfuerzos inconscientes para ignorar el llamado de Dios (Su Torá). Cuando hacemos esto repetimos en cierta manera esta conducta de Yoná.
 Al llegar al fondo del barco, Yoná también arriba al final de su escape. Al parecer, más bajo ya no se puede llegar… ¿o sí?
Continuará
Rab Yosef Bitton
Manhattan Beach, NY
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9. Educando a Yoná

Hoy terminaremos el primero de los cuatro capítulos del libro de Yona
EL TORA Y EL MAR
Uno de los elementos más fascinantes de los textos bíblicos es que sus historias contienen mucho más de lo que dice la narración. De una forma que solo la Torá puede hacerlo, la trama de la historia también esconde una cantidad de sub-historias, ideas morales y conceptos filosóficos que se entrelazan con la narrativa, y que el lector distraído no puede percibir. Cuando leemos un texto bíblico pensando que el mensaje se limita a la historia en cuestión, estamos mirando la superficie del mar, ignorando su profundidad oceánica. El libro de Yona no es una excepción.
Aparentemente, el primer capítulo cuenta la simple historia de un hombre que escapa de Israel por mar. Pero entre las líneas encontramos varias subhistorias que contienen conceptos morales y dilemas de no fácil solución. Por ejemplo: ¿Puede un hombre ignorar el llamado Divino? ¿Cuál es la extensión y cuáles son los límites del libre albedrío? ¿Cuál es la relación entre escapar de Dios y la negación psicológica de Yona? ¿Qué recursos usa Dios para redirigirnos cuando perdemos el rumbo? ¿Podemos interpretar los fenómenos naturales, las tormentas o las desgracias, como vehículos de intervención divina? Y si es así, ¿cuáles son las reglas del juego de estas interpretaciones? Y mucho, mucho más.
Hoy me gustaría explorar lo que podría ser el subtema más relevante y extenso de este capítulo. El comportamiento de los protagonistas no judíos en la historia de Yoná.
¿QUIEN MERECE SER SALVADO?
Recordemos que la misión que Dios le asigna a Yoná es salvar a Nínive, una ciudad no judía. Yoná escapa de esta misión, pero el texto no aclara por qué. Ya mencionamos tres posibles escenarios. La explicación clásica, que siguen la mayoría de los rabinos (ver Radaq), es que Yoná considera que si los habitantes de Ninevé se arrepienten, la reputación del pueblo judío, que desafortunadamente no escuchó las advertencias de sus profetas (No hay profeta en su propia tierra?), va a ser muy afectada. Lo que sucede en el barco parece estar destinado a modificar las ideas de Yona. Haciéndolo ver que, a pesar del precio que Israel debe pagar, aún así HaShem quiere darle a la gente de Nínive la oportunidad de ser salvados. A medida que la historia se va desarrollando, Yoná descubre que los marineros no son malas personas. por el contrario; cuando los marineros se convencen que Yoná es el culpable de la tormenta y que la única forma de salvar sus vidas es deshacerse de Yona, no se apresuran a arrojarlo al mar. Intentan regresar a tierra firme y mantener a Yoná sano y salvo para reanudar su misión. El rabino Isaac Abarbanel explica que Yona ahora descubre la gran compasión de estos marineros gentiles. ¡Estaban dispuestos a arriesgar sus vidas para salvar la vida de un judío! Sería imposible suponer que este gesto de los marineros no hizo que Yona reevaluara el objetivo de su misión de una manera más positiva …
APRENDER TESHUBA, DE QUIENQUIERA SE ARREPIENTE
Cuando la tormenta no se detiene, los marineros no judíos rezan a HaShem, reconociendo al Dios de Israel. Antes de arrojar a Yoná al mar, los marineros le piden a HaShem que no los considere culpables de la muerte de un inocente. Del mismo modo, en el último versículo del primer capítulo, cuando la tormenta se detiene, los marineros ofrecen sacrificios a HaShem y le dedican sus votos y promesas. Algunos comentaristas explicaron, basados ​​en todas estas invocaciones a HaShem–el Dios de Israel, en oposición a Eloqim, Dios en general–que los marineros se convirtieron al judaísmo. Y aunque esto podría ser cuestionado por lo que leeremos al final del segundo capítulo, Yoná tiene que haber notado que los gentiles pueden reconocer a HaShem, arrepentirse y evitar una tragedia.
Quizás Yona ahora vea que, si no fue capaz de aprender de nuestra propia experiencia, el pueblo judío podría necesitar aprender la lección más importante sobre el arrepentimiento de una historia que involucra a no judíos. Y en realidad, ¡es lo que termina pasando! La historia de Yoná –una profecía divina dirigida a los gentiles y la reacción a esta profecía– contiene lo que los rabinos consideraron como la lección más importante para nuestro propio arrepentimiento en Yom Kipur. הזקן שבהן אביןא מפנינןי, לא נאמר באנשי נינוה, וירא האלקים את שע ואת תביתם, אלא וירא האלקים את מעשיהם יי שבו מדרכם הרעה. «Dios no le prestó tanta atención a las oraciones y los ayunos de la gente de Nínive. ¡Dios prestó atención a sus acciones! Vio que cambiaron su mal comportamiento y que mejoraron sus caminos morales. Y los perdonó».
Después de lo que experimentó a bordo del barco, Yoná ahora está listo para escuchar la llamada Divina y encaminarse a salvar a Nínive.
Y así concluye el primer capítulo.