VAYIGGASH: Yosef, y todos los niveles del perdón

Cuando leemos en la Torá las últimas Parashiot del libro de Bereshit que nos cuentan sobre Yosef y sus hermanos, surgen muchas preguntas. Una de esas preguntas tiene que ver con la reacción de Yosef cuando ve a sus hermanos que 20 años atrás lo traicionaron y lo vendieron como esclavo. Ahora, cuando los ve llegando a Egipto para abastecerse de comida, Yosef tiene que decidir qué hacer con sus hermanos: ¿Ignorarlos, vengarse de ellos, perdonarlos?

VENGANZA

La primera opción de Yosef, la más «normal», hubiera sido vengarse de sus hermanos. Naturalmente, estaba tremendamente herido por su crueldad y por lo que sufrió durante todos esos años lejos de la casa de su padre. La tristeza y el dolor de la esclavitud fueron sin duda abrumadores. Ahora, sus hermanos llegan a Egipto, Yosef está en una posición de poder y tiene la capacidad de «hacerles pagar todo el sufrimiento que le causaron».

Pero la venganza no era lo que movía a Yosef. Yosef había superado unilateralmente su resentimiento. ¿Cómo lo sabemos? Entre otras cosas, porque cuando nace su primer hijo le pone el nombre de «Menashé», explicando que Dios lo ha beneficiado tanto que lo ha hecho «olvidarse (nashani) de todo el sufrimiento» que le causaron sus hermanos. Yosef no permitió que el dolor y la ira del pasado definieran su futuro. Yosef no estaba pensando en venganza. Había superado ese sentimiento autodestructivo.

IGNORAR

La otra opción de Yosef era simplemente ignorar a sus hermanos. Si Yosef no se quería vengar, podría haber optado por ser indiferente, hacerse como que no los vio y continuar su extraordinaria vida y su brillante carrera en Egipto: el país más poderoso de la antigüedad. ¿Por qué iba a querer Yosef reconstruir su relación con sus hermanos que actuaron tan mal?  Pero Yosef no los ignora. Cuando los ve, se le ocurre un plan maestro de varias movidas: los acusa de espionaje. Luego, los fuerza a que traigan a Binyamin, su hermano menor. Cuando este llega, hace una trampa para encarcelar a Binyamin y les propone a los hermanos que regresen a sus casas «sanos y salvos» y que dejen a Binyamin con él, como esclavo en Egipto. De esta manera Yosef «recrea», reconstruye»  de la mejor manera posible el escenario que tuvo lugar 20 años atrás: decidir abandonar a uno de sus hermanos. Yosef les da la posibilidad de redimirse y demostrar que ahora están dispuestos a dar su vida, uno por el otro. Cuando Yosef se da cuenta que sus hermanos han aprendido la lección y no están dispuestos a repetir su error, les revela su identidad y los perdona.

RECONCILIACIÓN
El nivel de perdón que vemos en la historia de Yosef es excepcional. Casi sobrehumano. Ya que Yosef no los perdona con un discurso lleno de reproches ni de resentimiento: es una reconciliación total. En primer lugar, es absolutamente desinteresada ya que en lo estrictamente personal, Yosef no tiene nada que «ganar» en lo que concierne a su carrera o prestigio en Egipto perdonando a sus hermanos. El gesto de Yosef es altruismo puro. Un extraordinario acto de bondad. En segundo lugar, Yosef da un paso más, inesperado. Lejos de reprocharles, hace lo posible para aliviar emocionalmente a sus hermanos de sus sentimientos de culpa y los trata de convencer de que las trágicas acciones del pasado «no fueron su responsabilidad. Fueron eventos orquestados por el Todopoderoso para salvar a su familia y para que millones de personas no murieran de hambre». Lejos de buscar la distancia, Yosef les ofrece a sus hermanos que vengan a vivir con él en el prestigioso barrio de Goshen, en el delta del Nilo. Y así Yosef logra lo que parecía imposible: reunificar a su familia que estaba destruida. El Rab Sabato, de Bircat Moshé, explica que a Yosef se lo llama Yosef haTzadiq, Yosef el justo, no solo por lo que pasó (o no pasó) con la esposa de Potifar, sino por su increíble capacidad de perdonar.EXONERACIÓNEl Dr. Stephen Marmer, psiquiatra de la Universidad de California, UCLA, explica que hay tres tipos de perdón: 1. Liberación. 2. Tolerancia y 3. Exoneración (nos referimos principalmente a situaciones familiares o sociales, no a crímenes o terrorismo).

«Liberación» es el nivel más básico de perdón, y ocurre cuando la persona que causó el daño no se disculpa con el damnificado. No tiene la voluntad ni la capacidad de pedir perdón. No hay reconciliación, pero la víctima elige «olvidar» el incidente y no le permite al victimario vivir en su mente, y así, se libera del efecto tóxico de su resentimiento.

«Tolerancia» es cuando la víctima ha recibido una disculpa parcial o poco sincera, porque aquel que lo hirió u ofendió no ha asumido suficiente responsabilidad por sus acciones. No obstante, el damnificado elige perdonar a su victimario, y reconstruir la relación ya que es importante para él mantenerla, aunque ahora actuará con más cautela.

«Exoneración» es el nivel más alto de perdón, que ocurre cuando uno busca restaurar la relación y llevarla al nivel que estaba antes de que ocurriera la ofensa. La exoneración suele ocurrir en situaciones donde la parte lastimada se da cuenta (o decide asumir voluntariamente) que la ofensa fue un accidente, o que la persona que lo lastimó actuó impulsivamente, o no sintió que le estaba causando dolor. O cuando el ofensor sinceramente lamenta su error, asume toda la responsabilidad y pide perdón por lo que hizo.

Volvamos a Yosef. Primero, antes de encontrar a sus hermanos, Yosef decidió unilateralmente perdonar y liberarse del resentimiento. Luego, no ignoró a sus hermanos y buscó volver a relacionarse con ellos. Pero su nobleza no terminó allí. Yosef exoneró completamente a sus hermanos. Entendió – o decidió asumir – que actuaron con impulsividad y que ahora hicieron Teshubá, es decir, se arrepintieron y cambiaron.

Quizás Yosef también se dio cuenta de que en su juventud, él había procedido hacia ellos con soberbia, y ahora asume con magnanimidad parte de la responsabilidad por lo sucedido… Yosef no da vuelta la página, con respecto a sus hermanos. Yosef propone comenzar un nuevo libro. La nueva relación entre los hermanos no va a ser como fue en el pasado: va a ser mejor. La reconciliación entre hermanos, entre amigos o entre marido y mujer puede ser «mágica», y llevarnos desde las profundidades de la enemistad a un nivel de relacionamiento superior inimaginable, donde el cielo es el límite 🙂




VAYIGGASH: La Torá y el ajedrez

אני הוא שאמרתי לאביך אל תרד מצרימה אני הוא שאומר אליך אל תירא מרדה מצרימה אתה וזה כי לגוי גדול אשימך שם כי אמנם אם היו בניך יושבים פה היו מתחתני’ בכנעני’ ומתערבים עמהם אבל במצרים לא יקרה זה כי לא יוכלון המצרי’ לאכול את העברים לחם כאמרם רזז»ל ויהי שם לגוי מלמד שהיו מצויינים שם:

רב עובדיה ספורנו
Genesis 46:3

Génesis 46:3

¿CONSUELO O SABIDURÍA?
En la Parashá de esta semana, Vayiggash, Yosef finalmente revela su identidad a sus hermanos: “Yo soy Yosef», les dice. Los hermanos están en estado de shock. Tomados por sorpresa, no pueden responder. Permanecen en silencio, asustados y quizás consumidos por la culpa: hace 22 años, vendieron a Yosef como esclavo y fingieron su muerte ante su padre. Ahora Yosef, consciente del remordimiento de sus hermanos, y en una muestra inigualable de nobleza y altruismo, los consuela y les dice: [«Quiero que sepan que] no fueron ustedes los que me vendieron [a Egipto]: fue Dios quien me hizo llegar aquí». Uno podría pensar que Yosef les está diciendo a sus hermanos una mentira piadosa para que no se sientan mal. Pero las palabras de Yosef son un poco más profundas que una farsa diplomática y superficial. Yosef, cuya vida fue una montaña rusa de eventos impredecibles, aunque con un final feliz, comprendió que los seres humanos somos simples piezas de un juego de ajedrez.

NOSOTROS Y EL AJEDREZ
Jorge Luis Borges escribió que las piezas del ajedrez sienten que se mueven a voluntad y “No saben que la mano designada del jugador gobierna su destino, no saben que un rigor adamantino somete su voluntad y su viaje”. En el tablero de la vida, el Creador es el Gran Maestro invisible que mueve las piezas. Pero a diferencia del ajedrez, en el juego de la vida, los seres humanos somos piezas conscientes e irónicamente, con libre albedrío: responsables de aquellas acciones que elegimos. La intervención Divina tiene lugar, no interfiere con la elección humana. Este es más un principio axiomático que un tema demostrable. La dinámica entre el libre albedrío humano y la intervención divina, es probablemente el tema más complejo en filosofía judía. Algunos rabinos consideran que esto es lo que el misticismo judío llama «ma’ase merkabá», algo que todos experimentamos, pero cuya comprensión permanece más allá de nuestro entendimiento. O que a veces, pero no siempre, lo entendemos mejor con el pasar del tiempo, como veremos a continuación. Siguiendo esta línea de pensamiento, la pregunta que debemos abordar es ¿cuál fue el propósito divino de la llegada de Yosef a Egipto, que trajo como consecuencia el arribo de toda su familia, el incipiente “pueblo de Israel”, a la tierra de los faraones? A menudo se explica que Dios envió a Yosef para salvar a Egipto del hambre, algo que el mismo Yosef admite ante sus hermanos de manera explícita

EL JUEGO DE LAS INFLUENCIAS
Un comentarista italiano del siglo XVI, Ribbí Obadiá Seforno, identificó un ángulo diferente (o adicional) de este interrogante. En el texto hebreo citado arriba, Seforno indica que los hijos de Ya’aqob, irónicamente, ¡corrían el peligro de asimilarse en la tierra de Israel! Veamos. Yehudá, el cuarto hermano y el líder natural de todos los hermanos, se casó con una mujer cananea. Y tomó para su hijo una esposa cananea. Según el comentarista Eben Ezra, la razón principal por la que Isaac y Ya’aqob fueron a buscar a sus esposas y las trajeron desde la ciudad de Harán, en el norte de Siria, a pesar de que también practicaban la idolatría, fue la siguiente: una mujer que llega desde tan lejos, sola y sin su familia, no ejercerá una influencia «religiosa» negativa en sus marido y sus hijos. Por el contrario: lejos de su sociedad y su vida pagana, tendrá que adaptarse a los valores monoteístas y a la fe de Abraham, Isaac y Ya’aqob. Si Isaac o Ya’aqob se hubieran casado con mujeres locales, como hizo Esav, las familias de estas esposas (madres, hermanas, primas, etc.) y el ambiente pagano local, habrían ejercido una tremenda influencia contra la fe de Abraham, imposible de neutralizar. Y el camino de Abraham no hubiera sobrevivido en la próxima generación. Seforno nos hace notar lo que estaba sucediendo ahora con los hijos de Ya’aqob, que, uno tras otro, se estaban casando con mujeres cananeas locales y ellos o sus hijos podrían muy fácilmente asimilarse a los valores paganos de las familias de sus esposas y abandonar el camino de Abraham. El destino del futuro pueblo de Israel y la fe de Abraham, estaban en juego.

ALIMENTACIÓN Y ASIMILACIÓN
Seforno continúa diciendo que en Egipto, la influencia de las esposas cananeas y sus familias estaría, irónicamente, neutralizada porque en Egipto, ellas mismas —lejos de sus propias familias serían extranjeras y no locales y se verían obligadas a cultivar y preservar los valores de sus «familias nucleares” (esposos + hijos) y transmitir el camino a los abuelos Abraham Yitsjaq y Yaaqob, a la próxima generación. Y esto ocurriría porque la cultura y la sociedad egipcias eran muy diferentes de las sociedades semíticas. Y estas diferencias los protegerían de la asimilación. La Torá, al pasar, menciona uno de estos rasgos. Para los egipcios, los animales eran sagrados, representaban fuerzas divinas, y muchos eran adorados como dioses, como las vacas en la India. Los carneros (machos de ovejas), por ejemplo, eran considerados dioses que concedían virilidad, y los egipcios no consumían su carne. Lo que es más: la ganadería era ofensiva para los egipcios. Comer animales se consideraba to’ebá, una abominación (versículo)… Los hermanos de Yosef, por otro lado, eran pastores. Criaban, esquilaban y también comían ovejas y carneros. Esta y otras diferencias culturales / religiosas en la alimentación otras áreas, explica Seforno, evitaría que los hijos de Israel se integraran socialmente a los egipcios. Y por esta razón, cuando Yosef le cuenta al Faraón que su padre y sus hermanos han llegado de Canaán, lo primero que le describe al monarca egipcio es que sus hermanos «son pastores” y solicita al Faraón un lugar de residencia “especial”donde puedan seguir sus costumbres. El Faraón magnánimamente les asigna un área separada, para no “herir los sentimientos” de sus súbditos egipcios. Al no vivir en la misma área en la que viven los egipcios, los Hijos de Israel, no se van a asimilar y podrán seguir preservando el camino de Abraham.

EL ROMPECABEZAS MÁS SOFISTICADO
Los hermanos vendieron a Yosef a Egipto y, al hacerlo, crearon una realidad que terminó por conducirlos a Egipto. Irónicamente –siempre de acuerdo a Seforno– esta concatenación de buenas y malas elecciones, los protegió de un proceso de potencial de asimilación que hubiera tenido lugar, irónicamente, en la tierra de Israel. Fue en Egipto, que el pueblo de Israel, en su etapa más frágil e incipiente, comenzó a forjar su propia identidad como un pueblo distinto y diferente de los egipcios, y también de los cananeos. Los rabinos expresaron esta idea con una frase que leemos en la Hagadá de Pésaj: מלמד שהיו מצויינים שם, es decir, la Torá nos enseña que en Egipto vivieron como un pueblo con identidad propia. Los hermanos de Yosef, si bien fueron culpables de haber vendido a Yosef a Egipto, en realidad también fueron los responsables involuntarios de haber salvado a sus descendientes de la asimilación. Dios movió, o dejó que se movieran, o hizo una serie de movidas adicionales para que las piezas del ajedrez viajaran, en una dirección que terminó protegiendo a Su pueblo. A lo que se sumó la visión de Yosef cuando le pidió al Faraón un lugar de residencia separado para preservar a su familia de la asimilación a la sociedad egipcia. Y así fue como en Egipto, la familia Ya’aqob pudo transformarse en el pueblo de Israel. Y este partido pudo haber comenzado cuando Dios le prometió a Abraham que sus descendientes llegarían a Egipto, y regresarían a la tierra de Israel en un plazo de 400 años. Para pensarlo…




RESUMEN DE PARASHAT VAYIGASH

1. Luego de haberlo acusado (falsamente) de robo Yosef demanda que Binyamín sea esclavizando. Yehudá, el hermano que le garantizó a su padre Jacob que le traería a su hijo Binyamín sano y salvo, interviene y trata de convencer a Yosef que libere a Binyamín por el gran amor que su padre tiene por él, luego de haber perdido a su hermano mayor (Yosef). Yehudá le explica a Yosef que su padre no podrá sobrevivir otra pérdida, y en caso que Yosef no acceda liberar a Binyamín ofrece que él sea esclavizado en su lugar. Al ver este gesto Yosef se quiebra emocionalmente, pide a los egipcios presentes que abandonen el lugar, llora y revela su identidad a sus hermanos.

2. Viendo la sorpresa, la vergüenza y el pesar de los hermanos por lo que habían hecho con él 20 años antes, los consuela y les dice que todo fue parte de un plan Divino para salvar sus vidas, ya que aún quedan otros cinco años de hambre. Yosef le pide a sus hermanos que regresen a Canaán y traigan a Jacob y a sus familias a Egipto, donde él les proporcionará su sustento y todo lo que necesitan hasta que termine la hambruna. Yosef abraza a sus hermanos y llora con ellos.

3. El Faraón es informado de que la familia de Yosef había llegado y se suma a la invitación para que vengan a Egipto donde les promete darles lo mejor. Los hermanos llegan a Israel y le informan a Jacob que Yosef está vivo y gobierna en Egipto. Al escuchar esto, el espíritu de Jacob revive, luego de haber sufrido un larguísimo duelo por su hijo desaparecido y dado por muerto. Jacob y su familia se dirigen a Egipto. En el camino se detienen en Beer-Sheba y Dios le dice a Jacob que no tenga miedo de ir a Egipto, porque allí se convertirá en una gran nación y que Él los traerá de regreso a Israel. La Torá menciona a los setenta miembros de la familia de Jacob que descendieron a Egipto.

4. Jacob y su familia llegan a Egipto y se dirigen a Goshen. Yosef se traslada allí para recibir a su padre, y lleno de emoción se encuentra con él. Yosef prepara a su familia para reunirse con el Faraón e instruye a sus hermanos para que digan al Faraón que son pastores. El faraón recibe atentamente a los hermanos de Yosef. Luego llevan a Jacob a encontrarse con el Faraón. El monarca egipcio se sorprende de la avanzada edad de Jacob y el patriarca de Israel lo bendice. Yosef se ocupa que nada le falte a su familia.

5. Los  ciudadanos egipcios se encuentran en una situación desesperada. Primero pagan con dinero la comida que Yosef les vende. Luego, cuando ya no tienen más dinero y el hambre no cede, pagan con su ganado. Y finalmente, cuando no les queda nada más, venden sus tierras y se ofrecen como esclavos del Faraón a cambio de comida. Mientras tanto, en la tierra de Goshen, la familia de Jacob prospera y se multiplica. .




8 de TEBET: ¿Ayunar porque la Torá fue traducida?

El ayuno del Diez de Tebet nos recuerda tres eventos trágicos que sufrió el pueblo judío. El evento principal que recordamos en este día es el sitio a Yerushalayim, cuando Nebujadnetsar, rey de Babilonia, rodeó Jerusalem con su ejército, lo que concluyó con la destrucción del Templo en el año 586 a.e.c.

Hay otros dos eventos, menos conocidos, que también recordamos en este día: la traducción de la Torá al idioma griego (que ocurrió en un día como hoy, el 8 de Tebet) y la muerte de Ezrá haSofer (9 de Tebet).


CUANDO 72 RABINOS DICEN LO MISMO

El 8 de Tebet, aproximadamente en el año 260 a.e.c., en Alejandría, Egipto, el rey Ptolomeo ordenó a 72 eruditos judíos —seis por cada tribu de Israel— traducir la Torá al idioma griego. El rey Ptolomeo intentaba demostrar las inconsistencias entre las distintas traducciones —los rabinos siempre fuimos famosos por disentir entre nosotros— y la inexistencia de una tradición judía sólida y homogénea.

Esto le daría a Ptolomeo una buena excusa para deslegitimizar al judaísmo, humillar al pueblo de Israel y progresar en su campaña de helenización de los judíos que se resistían. Para este efecto, los 72 sabios judíos fueron asignados a 72 cuartos de trabajo separados. Así, pensó el monarca griego, sería imposible que todos tradujeran la Torá de la misma manera.

Sin embargo, todos los Sabios tradujeron cada palabra de la Torá de la misma forma, y la autenticidad de la tradición bíblica y rabínica quedó nuevamente reivindicada.


EL ORIGEN DEL CRISTIANISMO

Pero, si al final todos los Sabios coincidieron en el mismo texto, ¿por qué se considera que la traducción de la Torá al griego fue una tragedia? Años pasados (ver aquí) me referí al impacto que tuvo esta traducción en el desarrollo del cristianismo, cuando la Iglesia tuvo acceso a la Biblia judía y quiso apropiarse de ella.

Recordemos que el cristianismo, basado en esta traducción de la Biblia, fue fundado con la idea de reemplazar al judaísmo y, con esa intención en mente, demonizó, persiguió y durante siglos hizo todo lo que estuvo en sus manos para destruir al pueblo judío y justificar su existencia como su «legítimo reemplazante».

Pero hay otras razones por las cuales nuestros Sabios consideraron la traducción de la Torá al griego como una tragedia: esta traducción contribuyó a la asimilación de los judíos al helenismo, lo cual derivó en la sangrienta guerra civil que dividió al pueblo judío en la época de los Jashmonayim.


MIRARSE A UN ESPEJO GRIEGO

Para comprender el desarrollo de estos eventos hay que recordar ciertas características del helenismo. Aristóteles (384–322 a.e.c.), según las palabras de uno de sus alumnos, Clearco de Solos, se encontró una vez con un sabio judío llamado Shimón (según nuestra tradición, este Sabio fue Shimón haTzadiq) y dijo sobre él que era tan brillante “que parecía griego”.

Los griegos veían su cultura como el referente universal exclusivo; juzgaban todas las demás civilizaciones a través del prisma de la cultura helénica y miraban con desprecio cualquier otro tipo de conocimiento o estilo de vida.

Luego de que Alejandro Magno conquistara el imperio persa, comenzó un proceso de adopción de la cultura griega que no conoció fronteras. Los judíos, como es sabido, nos resistimos. Y los griegos no podían debatir con los judíos, ya que no tenían acceso a nuestras fuentes. Esto fue así hasta la aparición de la Septuaginta.

Una vez que la Torá fue traducida al idioma griego, los griegos se sintieron con el derecho de «evaluarla» de acuerdo con los parámetros griegos.


¿DE QUÉ COLOR ERA EL CABELLO DE ABRAHAM?

Los griegos, que se destacaban en deportes, artes, estética, etc., cuestionaban la Torá porque descubrieron que no era un libro compatible con la cultura griega. El libro de los judíos no dice nada acerca de los beneficios de las competencias olímpicas. No incluye ningún elogio al teatro, a la comedia o a la escultura. No describe los detalles de la fisonomía de sus héroes: la belleza o la destreza física de Abraham, Itsjaq o Ya’aqob, y ni siquiera menciona los rasgos físicos de su héroe principal, Moisés.

Los griegos, acostumbrados a sus mitos y héroes legendarios, no podían comprender que el libro de los judíos no relatara, por ejemplo, los jugosos detalles de las derrotas del enemigo en las guerras que Moisés libró contra Sijón y Og. Para los griegos, la Torá era un libro aburrido: con historias reales, no mitológicas; con leyes que protegían al pobre —y no al poderoso— y con estrictas reglas de moralidad que ellos no tenían ningún interés en comprender.


CÓMO VALORAR LO PROPIO

Los griegos juzgaron a la Torá como anticuada, incompatible con la modernidad. Pero el problema principal no fue la forma en la que los griegos veían a la Torá. El mayor problema fue que, una vez que la Torá fue evaluada por los griegos bajo su prisma, “los judíos comenzaron a ver a la Torá con lentes griegos”.

Estos judíos, inconscientemente asimilados a la cultura helénica, sentían ahora que la Torá era un libro pasado de moda, con leyes anticuadas, y que había que abandonarla (¡y muchos lamentablemente lo hicieron!) o «reformarla» y adaptarla a los parámetros “universales y modernos de la cultura griega”. Así comenzó el proceso de asimilación profundo y devastador que afectó a cientos de miles de judíos que vivían en el imperio griego.


EL OTRO MILAGRO DE JANUCÁ

Este proceso continuó y fue creciendo hasta que los Jashmonayim reaccionaron en Janucá (175 a.e.c.) y milagrosamente lograron poner fin a este fenómeno. Recordemos una vez más que Janucá representa el triunfo del pueblo judío frente a la asimilación, no frente al antisemitismo.

De cualquier manera, y aunque al final el pueblo judío recuperó su identidad y sus valores, muchos judíos desaparecieron en el proceso de asimilación, como lamentablemente también sucede en nuestros días. Por este motivo, nuestros Sabios mencionaron la traducción de la Torá al griego como una de las tres tragedias por las cuales ayunamos en el 10 de Tebet.




La historia desconocida más hermosa de Janucá

Esta es la historia de una de las batallas de Yehuda Macabí, probablemente desconocida para la mayoría de los lectores, que uno puede aprender al leer directamente el Libro de los Macabeos. El aspecto más estremecedor de esta historia es su relevancia en el presente — específicamente respecto a Israel, la presente guerra y el impacto de sus triunfo en el mundo judío.  En esta historia, un ejército judío invencible logra aplastantes victorias sobre sus enemigos, y esto genera reacciones adversa del mundo gentil. Este resentimiento hacia los triunfos judíos en Judea, se traduce en hostilidad antisemita hacia los judíos de la diáspora.

Lo que ocurrió en esos tiempos es TAN similar a lo que ocurre hoy que da miedo. Y luego está la «guinda del pastel»: lo que hace Yehuda Macabí en un acto extraordinario digno de Moshé, Yehoshua o el Mesías. Algo que, en alguna forma, deseo que se repita en nuestros días. Me habría encantado expandir esta historia y profundizar en cada oración para mostrar al lector los paralelismos entre las historias de las batallas de los Jashmonayim y el presente de Israel. Pero resistiré esta tentación y dejaré esa tarea al lector.

Con mucha emoción y admiración por nuestros héroes macabeos, comparto con ustedes la más hermosa historia desconocida de Januca.

Corría el año 164 antes de la era común. Las naciones gentiles vecinas de Israel ven los increíbles triunfos del ejercito judío de Yehudá Macabi y su aplastante victoria frente al gran imperio seleucida. Y no están contentos de que los judíos hayan triunfado…  Pero saben que no pueden hacer nada directo contra ellos: los judíos han demostrado ser muy fuertes y valientes.  Entonces deciden “vengarse” de ellos de otra manera, atacando un objetivo más débil,  más alcanzable, vulnerable y que causaría dolor a los Jashmonayim: los judíos de la diáspora.  Una tremenda ola de antisemitismo se despierta rápidamente , una reacción alérgica a las “intolerables” victorias militares de los judíos. Una de las regiones que se vuelve imposible para la vida de los judíos es el Gil’ad, en el norte de lo que hoy es Jordania. Los judíos que viven allí, decenas de miles, son forzados a atrincherarse en las fortalezas.  Desesperados, le envían un mensaje urgente a Yehudá Macabi:

«Nuestros vecinos gentiles—amonitas— están organizando un ataque contra nosotros, dirigidos por el general Timoteus. Estamos atrapados en la fortaleza de Gil’ad,  nos están sitiando y están preparándose para entrar y matarnos. Ya han matado a mil hombres judíos y se han llevado a sus esposas y niños cautivos. ¡Por favor, ayúdanos y sálvanos antes de que sea demasiado tarde!»

Yehudá y sus hombres, que hace muy poco tiempo acababan de re-inaugurar el Templo y protagonizar el milagro de los ocho días de Jánuca, no termina de leer esta cartas y ya llegan otros emisarios con sus ropas rasgadas desde Galilea, la región montañosa al norte de Judea. Estos mensajeros traen la noticia de que los gentiles que viven en Tiro y Sidón (Líbano), Acco y el Galil, están marchando hacia el sur para invadir el norte de Judea y atacar a los judíos.

Yehudá enfrenta a dos asuntos urgentes a la vez. Ayudar a los judíos sitiados en Gilad, y protegerse de los gentiles que están llegando en masa desde el norte. Yehudá decide dividir su ejército y le dice a Shimon, su hermano mayor:
«Tú llévate tres mil hombres y dirígete al norte para luchar contra los enemigos que llegan desde el norte. Yo, junto con Yonatan, llevaré ocho mil hombres y nos dirigiremos al este para ayudar a los judíos de Gilad.»

Shimón marcha hacia el norte con sus tropas, llega a Galilea, libra batallas exitosas y logra repeler el avance de los enemigos de Israel. Alrededor de 3.000 enemigos son eliminados. El resto se escapa a Acco.

Yehudá y Yonatán, con sus hombres, marchan hacia el este en dirección a Gil’ad, y cruzan el río Jordán. Ya han viajado por el desierto unos 150 kilómetros durante tres días y están agotados. Entonces se encuentran con los nabateos, una tribu nómada, que yo compararía hoy en día con los beduinos. Algunas veces fueron aliados de Israel y otras veces, por interés o dinero, nos traicionaron de la peor manera.  Los nabateos confirman la situación desesperada de los judíos de Gil’ad y le informan a Yehudá que Timoteus planea derribar las fortalezas y masacrar a todos los judíos atrapados en un solo día ¡mañana!

Yehudá se da cuenta de que ha llegado milagrosamente a tiempo para evitar la masacre e inmediatamente, sin descansar, llega con sus hombres a la ciudad de Botzra, donde encuentra con un gran número de enemigos transportando escaleras y maquinaria de guerra para destruir la fortaleza y matar a los judíos que están dentro. Yehudá y sus hombres, como solían hacerlo, tocan sus shofarot, invocan la ayuda del Cieloy se lanzan directamente a la batalla. La reputación de Yehudá y su ejército ya se había extendido por todo el medio oriente, así que cuando los hombres de Timoteus escuchan que Yehudá Macabí ha llegado a pelear, comienzan a huir en pánico por sus vidas.  Yehudá los persigue y mata a miles de ellos.

Luego, Yehudá continúa su camino ayudando a organizar la defensa de las otras 5 ciudades de Gil’ad.

Timoteus reúne un ejército mucho más grande, contratando a mercenarios árabes locales para reforzar sus fuerzas. Se estaciona a un lado del río, que estaba crecido y peligroso. Cuando el ejército judío se acerca al río, Yehudá lo cruza sin dudar y sin miedo, y sus hombres lo siguen. Al ver la valentía de los judíos, los soldados de Timoteus dejan sus armas y huyen del campo de batalla.

Pero Yehudá y sus hombres no terminan allí con su misión. Saben que tienen que hacer algo más para proteger definitivamente a sus hermanos judíos que están en Jordania y son vulnerables a los constantes ataques del enemigo.

Lo que hizo Yehudá en ese momento es emocionante y estremecedor , e increíblemente  desconocido. Yehudá reúne a todos los judíos del Gilad y los trae con él a la tierra de Israel.  Cruzar el río Jordán como hizo Yehoshua Bin Nun y emprenden una larga travesía, parecida a la salida de Egipto. Cruzan el desierto de Judea hasta llegar a Bet She’an.

Yehudá y sus hombres se dedican a proteger a los más débiles durante todo el camino hasta que llegan a las ciudades fortificadas de Judea donde sus hermanos judíos acuden con inmensa alegría a recibir a los OLIM JADASHIM (nuevos inmigrantes judíos).

La primera visita de estos Yehudim es al Bet HaMikdash, donde ofrecen sacrificios a HaShem para expresar su gratitud al Creador,  por haberlos salvado de una muerte segura y por haber protegido al ejército de Yehudá, que milagrosamente, no sufrió bajas.

ויאסף יהודה את כל ישראל אשר בגלעד מקטן עד גדול ואת נשיהם וטפם ואת רכושם מחנה גדול מאד ללכת אל ארץ יהודה.
«
ויעברו את הירדן אל העמק הגדול לפני בית שאן, ויהי יהודה נאסף כל הנחשלים ומעודד את העם בכל הדרך עד בואו אל ארץ יהודה. ויעלו להר ציון בשמחה

Traducción:
«Y Yehudá reunió a todo Israel que estaba en Gilad, desde el más pequeño hasta el más grande, junto con sus mujeres, niños y pertenencias, formando un campamento muy grande para regresar a la tierra de Judea.»
«Y cruzaron el Jordán hasta el gran valle frente a Bet She’an. Yehudá reunió a todos los rezagados y animó al pueblo durante todo el camino hasta llegar a la tierra de Judea. Subieron al Monte Sion con alegría.»




RESUMEN DE PARASHAT MIQUETZ

En la cárcel, donde está encerrado por un crimen que no cometió, Yosef interpreta correctamente los sueños de los oficiales del faraón que estaban encarcelados con él. Tiempo después, el faraón tiene un sueño. Se ve a sí mismo parado junto al Nilo cuando observa siete vacas gordas que salen del río, seguidas por siete vacas flacas que se comen a las gordas. Luego tiene un segundo sueño: siete espigas de trigo sanas brotan de un solo tallo, seguidas por siete espigas delgadas, y estas espigas delgadas se tragan a las sanas. El ánimo del faraón queda profundamente perturbado. Convoca a todos los sabios de Egipto, pero ninguno logra interpretar el significado de los sueños. Entonces, uno de los oficiales recuerda a Yosef y se lo menciona al faraón. Yosef es sacado inmediatamente de la cárcel y llevado ante él.

Yosef interpreta los sueños del faraón de manera clara y convincente. Explica que ambos sueños transmiten un solo mensaje: vendrán años de gran abundancia en Egipto, seguidos por años de severa hambruna. Yosef propone un plan detallado para almacenar grano durante los años de abundancia, de modo que sirva como reserva para los años de escasez. El faraón queda muy impresionado por la sabiduría de Yosef y lo nombra supervisor de la economía de Egipto, convirtiéndolo en el segundo hombre en autoridad del reino. Ordena que todos se inclinen ante él, le cambia el nombre por Tzafenat Pa’aneaj y le da por esposa a la hija de un sacerdote. Yosef tenía entonces treinta años.

Yosef comienza a almacenar grandes cantidades de grano en las ciudades. Durante este período le nacen dos hijos, Menashé y Efraim. Con el paso del tiempo, los años de abundancia llegan a su fin y la hambruna golpea a Egipto. Cuando la gente empieza a clamar al faraón por alimento, este les ordena que acudan a Yosef. Yosef abre los depósitos y comienza a vender grano. Personas de todo Egipto llegan a comprar comida, y pronto la hambruna se extiende a toda la región del Medio Oriente.

En Canaán, Jacob envía a sus hijos, excepto a Binyamín, a Egipto para comprar alimento. Cuando Yosef ve a sus hermanos, finge no reconocerlos, y ellos tampoco lo reconocen a él. Yosef los acusa deliberadamente de ser espías y los encarcela durante varios días.

Luego los libera a todos, excepto a Shimón, a quien retiene como rehén, y permite que los demás regresen a Canaán. Les advierte que solo podrán volver a Egipto si traen consigo a su hermano menor, Binyamín, como prueba de su inocencia. En una conversación entre ellos, los hermanos reconocen que lo que les está ocurriendo es un castigo por haber vendido a Yosef y expresan su arrepentimiento. Yosef ordena en secreto a sus sirvientes que devuelvan el dinero que los hermanos habían pagado por el grano y lo coloquen dentro de sus sacos.

Los hermanos regresan a Canaán y relatan todo lo sucedido a Jacob. Jacob queda profundamente perturbado y, al principio, se niega a enviar a Binyamín, ya que no está dispuesto a arriesgar la vida del único hijo que le queda de Rajel. Sin embargo, cuando las provisiones de alimento se agotan y Yehudá garantiza personalmente el regreso de Binyamín, Jacob accede finalmente. Además, envía a sus hijos a Egipto con generosos obsequios para el gobernante egipcio.

Al llegar a Egipto, Yosef ordena a su asistente que invite a los hermanos a su casa para compartir la comida. Allí se reencuentran con Shimón. Yosef recibe los regalos enviados por Jacob y, al ver a su hermano menor Binyamín, se emociona profundamente. Los hermanos se sientan a comer, disfrutan de una abundante comida, y Yosef les entrega regalos a todos.

A la mañana siguiente, los hermanos parten de regreso. Sin embargo, antes de que se vayan, Yosef hace colocar su copa real dentro del saco de alimento de Binyamín. Luego envía a un oficial para alcanzarlos y acusarlos de haber robado la copa de plata. Al descubrirla en el saco de Binyamín, todos los hermanos son llevados de regreso ante Yosef, quien exige que Binyamín, el supuesto ladrón, permanezca allí como esclavo.




MIQUETZ: Sequías, inundaciones y la exquisita precisión de la Torá

La crecida del Nilo en un fresco romano del siglo I

כי זה שנתים הרעב בקרב הארץ ועוד חמש שנים אשר אין חריש וקציר  

Bereshit 45:6

La arqueología moderna nos ayuda a corroborar algunos aspectos históricos de las narraciones de la Torá y a veces nos proporciona herramientas culturales o históricas para comprender pequeños detalles que la Torá nos dice y que podrían pasar desapercibidos. Hoy vamos a ver un par de ejemplos.

LA CAUSA DEL HAMBRE

Todos conocemos la historia de Yosef y cómo se convirtió en el visir de Egipto. Yosef interpretó el sueño de Faraón, que vio siete vacas “gordas” (=saludables) subiendo del Nilo, y luego siete vacas delgadas (poco saludables) que subían del Nilo. Yosef interpretó el sueño prediciendo que Egipto se beneficiaría de siete años de abundancia seguidos de siete años de hambre. El hambre llegó y también afectó a otras regiones de la zona, como la tierra de Israel (Canaán). Fue entonces cuando los hermanos de Yosef llegaron a Egipto en busca de alimento. Yosef los reconoció y después de una dramática reconciliación, su padre y sus sus hermanos se establecieron en Egipto.   

Personalmente, y aunque confieso que nunca pensé mucho en el tema, siempre asumí que los años de hambruna en Egipto se debieron al mismo factor que determinó el hambre en la tierra de Israel: la sequía. El problema con este supuesto es que en Egipto, ¡nunca llueve! (para ser más preciso, hay un máximo de 10 de lluvia al año). La abundante agua de Egipto proviene exclusivamente del Nilo. Pero si la falta de lluvia no es un fenómeno que podría afectar a Egipto, ¿qué fue lo que causó el hambre en Egipto?

LOS ARCHIVOS DE AMENEMHAT

El arqueólogo y egiptólogo moderno David Rohl menciona ciertos archivos antiguos que registran las mediciones de las crecidas del río Nilo. Los registros muestran que el nivel promedio del Nilo era de aproximadamente 30 pies de altura. Cuando el nivel del río descendía a 25 pies, se esperaban menos cultivos, ya que las aguas que anualmente desbordaban el río cubrían menos terreno. Cuando esto sucedía, los faraones bajaban los impuestos para aliviar a los campesinos. Por otro lado, cuando el nivel del río se elevaba a 40 o 45 pies, el agua cubría más territorio, produciendo más cultivos, y los impuestos obviamente aumentaban.Lo más interesante para nuestro tema son los registros de una inundación «excepcional» del Nilo en la época de Amenemhat III, que nos permite ensayar una explicación quizás diferente de algunos de los detalles de la historia de Yosef.

CUANDO MUCHA AGUA NO AYUDA

Los archivos registran que en los tiempos de Amenemhat el nivel del agua del Nilo se elevó a 50 pies, produciendo una abundancia sin precedentes en Egipto. Pero unos años más tarde, de acuerdo con estos mismos registros, las aguas subieron más y más, alcanzando ¡ 70 pies de altura!  Y de repente, la crecida del Nilo se convirtió en un grave problema, una emergencia nacional. ¿Por qué? Porque las aguas del Nilo inundaron Egipto, destruyendo los diques, ahogando al ganado y arrasando las casas de adobe. El agua no retrocedió y dejo la tierra inunada durante las temporadas de arado y siembra. Y como resultado, obviamente, no hubo cosecha. El hambre causada por estas inundaciones amenazó a Egipto en una escala sin precedentes.

Es muy probable entonces que la hambruna en la época de Yosef fuera producto de un inusual desbordamiento del Nilo ¡que continuó por 7 años! Este dato nos permitiría comprender mejor una misteriosa (o aparentemente superflua) palabrita que la Tora menciona incidentalmente, así como al pasar….Cuando Yosef intenta consolar a sus hermanos, que se sentían culpables de haberlo vendido como esclavo a Egipto, les dice que en todos estos eventos intervino la “Divina Providencia”.

Yosef, según sus propias palabras, fue enviado por Dios a Egipto, para salvar a su gente del hambre. Y luego Yosef dice (Génesis 45: 6): «… ya pasaron dos años de hambre, y aún quedan cinco años más en los que [la tierra] no será arada ni cosechada». Está muy claro que no habrá cosecha. Pero ¿por qué Yosef menciona también que la tierra no será arada? Normalmente, cada año, el agricultor trata de arar y sembrar en la temporada correcta, inclusive después de un año de sequía, esperando que llegue la lluvia.  Si la lluvia no llega, entonces, el grano no crecerá y no se podrá cosechar. En otras palabras, la variable es siempre la cosecha del grano, no el arado de la tierra. 

Al mencionar que no se va a poder arar la tierra, la Torá nos da una pista de que el problema no fue la sequía sino la inundación, que impidió el arado de la tierra, y consecuentemente la siembra y la cosecha. Gracias al descubrimiento de estos archivos podemos apreciar mejor la exquisita precisión del relato bíblico, incluso en lo que parece ser un detalle superfluo y que pasa desapercibido: «que la tierra no será arada”.

CUANDO SUEÑAS CON VACAS…

Los registros del Nilo pueden también ayudar a entender el sueño de Faraón y la confusión del monarca respecto a su interpretación.   Imaginemos que «las vacas que suben a la superficie desde el Nilo» (עולותמן היאור”) representan inequívocamente la crecida del Nilo. 

Normalmente, «estas vacas son “gordas”y “saludables”, es decir, la inundación anual del Nilo trae alimento y prosperidad. El elemento misterioso y confuso del segundo sueño del Faraón es que vio siete vacas «delgadas»,» hambrientas” que también subían del Nilo. Estas vacas flacas eran un oximorón para el Faraón, porque la inundación del Nilo se suponía que era una fuente de abundancia, ¡no de hambre!   Si la inundación extrema del Nilo, como sugiere David Rohl, fue un fenómeno excepcional en la historia de Egipto, no es sorprendente que ni el Faraón ni ninguno de sus asesores pudieran descifrar el significado de ese sueño misterioso y anticipar las inundaciones en Egipto…

Hasta que Yosef llegó al Palacio.

 

 

 



MIQUETZ: Tener presente a Dios, también cuando nos va bien

MIQUETS: La verdadera Emuná se mide en las buenas

“Emuná” suele traducirse como “fe” y entenderse como “creer en la existencia de Dios”. Pero en el caso de Yosef, la Emuná fue mucho más que una creencia pasiva. La Emuná de Yosef consistía en tener presente a Dios tanto en las malas como en las buenas. Su Emuná guiaba sus pasos, lo detenía antes de hacer algo incorrecto y lo motivaba a hacer el bien.

Existe una diferencia fundamental entre Yosef y sus antepasados. HaShem habló, se comunicó e instruyó de manera directa a Abraham, Itsjaq y Ya’aqob. Pero HaShem nunca habló directamente con Yosef. En ese sentido, Yosef se parece mucho más a nosotros, que no tenemos el privilegio de una revelación directa de HaShem. Al igual que Yosef, nosotros también debemos buscar a HaShem activamente, pensar en Él, tenerlo en cuenta y, principalmente, dejar —o invitar— a que guíe nuestros pasos.

VIVIR BAJO SU MIRADA

Cuando fue provocado por la esposa de Potifar (Bereshit 39:9), Yosef tuvo presente a HaShem. En ese momento, vio la imagen de su padre, que le recordó que lo que estaba por suceder no era correcto a los ojos del Creador. La manifestación más importante de la Emuná ocurre en el plano moral. Emuná es sentirse observado por HaShem y evitar hacer aquello que está mal a Sus ojos.

Más adelante vemos que su Emuná también llevó a Yosef a perdonar a sus hermanos. Yosef les dijo (Bereshit 50:19): “Ustedes pensaron hacerme mal, pero HaShem transformó ese mal en un gran bien, para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente”. La Emuná de Yosef le permitió entender que, muchas veces, lo que hoy nos parece un gran problema, mañana termina siendo una gran solución.

FE EN LAS MALAS

Cuando la esposa de Potifar lo acusó falsamente de acoso sexual, Yosef fue llevado al calabozo. Fue privado de su libertad durante mucho tiempo por un crimen que no cometió. Yosef no tenía ninguna esperanza visible de salir de esa cárcel. No tenía familia que lo buscara ni nadie influyente que intercediera por él. Muchas personas, en esas circunstancias, no hubieran perseverado en su fe.

Uno podría pensar: “Si HaShem no me ayuda, ¿para qué seguir creyendo en Él y guiándome por Sus leyes?”, o incluso: “Si una injusticia tan grande me sucede a mí, quizás Dios no exista; Dios no lo permitiría”. Cuando una persona es víctima de una gran injusticia, es muy fácil sentir que HaShem lo abandonó o, jas veshalom, dudar de Su existencia. Pero Yosef no abandonó al Creador. Perseveró, tuvo a Dios presente y nunca dejó de creer en Él (Bereshit 40:8).

FE Y HUMILDAD

En la perashá de esta semana leemos el desenlace de esta larga historia. El faraón necesita a alguien que interprete sus sueños, manda a sacar a Yosef de la cárcel y le relata lo que soñó. Yosef escucha atentamente y comprende el significado de los sueños.

La Torá no dice que HaShem le reveló directamente a Yosef el significado del sueño del faraón, como ocurrió, por ejemplo, con Daniel y el emperador Nebujadnetsar muchos siglos más tarde. Yosef interpreta el sueño usando su entendimiento, y también se da cuenta de que esta es una oportunidad providencial para salir de prisión. Sin embargo, de manera sorprendente, Yosef no pide nada a cambio. Tampoco se atribuye a sí mismo ningún poder especial ni sabiduría sobrenatural.

“Dios —y no yo— es quien revela el significado del sueño del faraón”, dice Yosef (Bereshit 41:16). Esta combinación de sabiduría, humildad y reconocimiento de HaShem, precisamente en el momento de mayor exposición pública de Yosef, causa una profunda impresión en el faraón, quien termina ofreciéndole el cargo político más importante de Egipto: convertirse, en la práctica, en el responsable de la economía del imperio.

LA FE SE MIDE EN LAS BUENAS

Es fundamental recordar que la Emuná de una persona se mide, sobre todo, cuando todo está bien: cuando uno goza de salud y estabilidad económica. La fe de muchas personas, que se expresa de manera intensa en momentos de angustia, dolor o duelo, a veces se debilita en tiempos de bienestar y prosperidad. En esos momentos, uno puede olvidarse del Creador porque siente que ya no lo necesita, jas veshalom.

Aprendamos de Yosef esta gran lección de Emuná. Nuestros Jajamim nos advirtieron sobre este fenómeno cuando enseñaron: גדול נסיון העושר מנסיון העוני, que “el desafío de la prosperidad es mayor que el desafío de la pobreza”. Tener presente a Dios, reconocer Su intervención y agradecerle cuando uno vive con salud y abundancia, es muchas veces más difícil que hacerlo cuando uno atraviesa necesidad o sufrimiento.




RESUMEN DE PARASHAT VAYESHEB

Jacob (Ya’aqob) finalmente se establece en la tierra de Israel. Yosef es el hijo favorito de Jacob. El padre, incorrectamente, expresa su favoritismo regalándole a Yosef una túnica especial de colores. Sus hermanos lo envidian. Yosef, aparentemente sin saber de este sentimiento, le cuenta a sus hermanos acerca de sus sueños de grandeza, despertando así el odio de los hermanos hacia él.

Los hermanos de Yosef estaban cuidando el rebaño de su padre. Jacob envía a Yosef a visitarlos. Cuando los hermanos lo ven , planean matarlo. Reuben sugiere tirarlo a un pozo, pensando en que más tarde lo rescataría. Cuando Yosef llega, los hermanos le quitan la túnica, lo tiran al pozo y Yosef es vendido como esclavo a unos comerciantes que viajaban hacia Egipto. Los hermanos toman la túnica de Yosef, la manchan de sangre y se la muestran al padre desconsolado. Jacob asume que Yosef fue atacado por una bestia salvaje y comienza un luto de 22 años por la presunta muerte de su hijo querido.

Yehudá se casa con la hija de un individuo local y tiene tres hijos. Su primer hijo, Er, se casa con una mujer llamada Tamar, y muere sin tener hijos. Yehudá le da a su segundo hijo Onan a Tamar, pero también muere sin hijos. Yehudá no le da su tercer hijo a Tamar. Tamar lo engaña vestida de mujer indecente. Yehudá no la reconoce, yace con ella y queda embarazada. Tamar da a luz a gemelos, Zéraj y Perets.

Yosef trabaja como esclavo en la casa de Potifar, un importante funcionario de Faraón. Yosef tiene mucho éxito en todo lo que hace, porque Dios lo bendice. Yosef era un hombre atractivo. La esposa de Potifar provoca a Yosef, pero Yosef rechaza delicadamente sus avances. Al no lograr su objetivo, la mujer acusa falsamente a Yosef de abuso sexual. A pesar de insistir en su inocencia, Yosef es enviado a prisión.

En la cárcel, Yosef conoce a dos funcionarios del Faraón cuyas sentencias están pendientes. Una noche ambos tienen un sueño extraño. Yosef interpreta los sueños y anticipa que uno de ellos, el oficial encargado de la bebida del Faraón, será declarado inocente y regresará a su trabajo. Mientras que el otro oficial, el encargado de la comida de Faraón, será ejecutado. Yosef le solicita al primero que cuando esté libre y vea al Faraón, le cuente acerca de él y le pida que lo libere. Pero este funcionario, una vez que regresa a sus funciones, borra a Yosef de su mente.




VAYISHLAJ: Shimon, Levi y el ejército de Israel

ABRAHAM E ISAAC

En los inicios de la historia judía, cuando aún no éramos ni un pueblo ni una tribu, sino apenas un pequeño núcleo familiar, un patrón doloroso se repitió más de una vez: el abuso. Nuestros dos primeros patriarcas, Abraham e Isaac, tuvieron que enfrentar amenazas existenciales cuando, debido a la sequía y al hambre, abandonaron su lugar de residencia y se convirtieron en refugiados vulnerables. Cuando Abraham emigró a Egipto, sabía que los locales podían asesinarlo para apoderarse de su esposa Sará. Por eso tuvo que simular que era su hermana. Abraham había cortado los vínculos con su familia en Harán; no pertenecía a una nación poderosa ni tenía una familia extensa. No había nadie que lo defendiera ni que vengara su sangre en caso de ser atacado. Era completamente vulnerable. Abusable. Lo mismo sucedió en otra ciudad, Guerar, que se repitio una generación más tarde con Isaac. También él tuvo que ocultar que Rivká era su esposa. Dios intervino de manera directa y protegió a nuestras matriarcas.

El abuso, que en su expresión máxima –tomar mujeres por la fuerza– había sentenciado a la extinción a la generación del diluvio— seguía vigente. Aparentemente, Sodoma y Gomorra no eran los únicos pueblos que abusaban de los extranjeros: la falta total de derechos humanos mínimos para los pobres y refugiados era la norma, no la excepción.

Dicho sea de paso, a la luz de esta terrible normalización del abuso del desprotegido en esa época podemos valorar infinitamente más la extraordinaria revolución de la Torá, que ordena no solo no abusar sino “amar al extranjero”, ocuparse activamente del no judío —el guer toshab— que viene a refugiarse en nuestra tierra. Esta mitzvá constituye una inversión total del orden moral pagano antiguo, donde imperaba la ley de la selva.

JACOB

En la Parashá de esta semana leemos acerca de un episodio no idéntico, pero muy similar, que ocurrió con Jacob. Cuando nuestro tercer patriarca y su familia llegaron a Shejem, el poderoso príncipe local, tomó a Diná, la hija de Jacob, se la llevó, abusó de ella y la retuvo por la fuerza.

Jacob no reaccionó. Quedó obviamente devastado pero se mantuvo pasivo, como su padre Isaac y su abuelo Abraham. Tal vez tuvo miedo porque sabía que el enemigo tenía una ventaja numérica. O quizás pensó que, del mismo modo que había ocurrido con sus antepasados, la intervención Divina “directa” era inminente. Pero no hubo intervención divina. Dios no se le apareció en sueños a Jamor ni a su hijo para advertirles que no tocaran a la hija de Jacob.

Quienes sí reaccionan son dos de los hijos de Jacob. Entendían perfectamente que en el Medio Oriente regía la ley del más fuerte y que no podían sobrevivir si mostraban debilidad. Tampoco era realista esperar milagros de forma pasiva. En somejim al hanés; “los milagros no están garantizados”. Las reglas del juego habían cambiado. Quizás porque ahora podían defenderse.

Mediante una estrategia inteligentemente planificada, engañaron a los agresores, los incapacitaron, los atacaron sorpresivamente, destruyeron la ciudad y rescataron a su hermana Diná.

Jacob, sorprendido por esta operación militar sin precedentes, recriminó a sus hijos por lo que hicieron. Temía la represalia de los pueblos vecinos, que eran mucho más numerosos que su familia. Pero la operación militar de Shimón y Leví produjo un efecto inesperado. La Torá dice explícitamente que “un miedo Divino” (jittat Eloquím) se apoderó de los pueblos vecinos y los disuadió de atacar a los hijos de Jacob. Ese miedo sobrenatural, milagroso, hizo sentir a los locales que los judíos eran imprevisibles y que no era prudente meterse con ellos.   La intervención de Dios se manifestó, pero solo una vez que ellos actuaron.

SHIMÓN Y LEVÍ

Abraham tenía una familia muy pequeña: eran tres. Isaac, cuatro. Ninguno de los dos podía prescindir de la intervención divina directa para rescatar a sus mujeres: simplemente no contaban con el mínimo número de personas para hacerlo.

Shimón y Leví, en cambio, son plenamente conscientes de que, si bien el enemigo posee una ventaja numérica, no es imposible derrotarlo. Tienen tanta autoestima y Emuná que se lanzan a combatir incluso sin la ayuda de sus otros hermanos, que permanecen a la espera en la retaguardia.

Shimón y Leví representan la nueva generación: una generación que no se somete, y que utiliza su inteligencia para compensar su desventaja numérica y defenderse con determinación.

No esperan milagros pasivamente, sino que buscan otro tipo de intervención Divina: que acompañe la operación militar, no que la reemplace.

Y a la larga, este se convierte en el modus operandi normal de la intervención Divina en la lucha del pueblo de Israel contra el enemigo. Como lo dice la Torá sin ambigüedad (Debarim 20:4):

כִּי ה׳ אֱלֹ-הֵיכֶם הַהֹלֵךְ עִמָּכֶם לְהִלָּחֵם לָכֶם עִם־אֹיְבֵיכֶם לְהוֹשִׁיעַ אֶתְכֶם

HaShem irá con ustedes (הֹלֵךְ עִמָּכֶם) cuando salgan a pelear contra sus enemigos, y les concederá la victoria.

La ayuda llega a partir de que Israel se defiende, sale a luchar y no está dispuesto a convertirse en víctima.

MEDINAT ISRAEL

Resulta imposible ignorar el paralelo entre lo que ocurrió con Shimón y Leví y lo que sucede hoy en Medinat Israel.

Shimón y Leví representan un cambio generacional: son los jóvenes valientes que perdieron el miedo a enfrentar al enemigo, que ya no son una minoría indefensa, y que usan no solo su fuerza, sino también su inteligencia judía para derrotar a quienes buscan nuestra destrucción.

Una reflexión final, un poco interpretativa:

Shimón representa entre las tribus a la menos observante, como lo vimos en la Torá ,  sobre todo en el episodio de Bilam.

Leví representa lo contrario: es la tribu más observante, la que dará origen a los Cohanim que servirán en el Bet HaMiqdash, pero que cuando hay una guerra de supervivencia (miljemet mitzvá) se suman al ejército.  Y Shimón y Leví luchan juntos.

En el Israel post 7 de octubre está ocurriendo un proceso social y cultural muy significativo: cada vez más jóvenes religiosos jaredim, que estudian Torá, se preparan en academias o institutos tecnológicos con salida laboral. Y también, poco a poco,  se están enrolando cada vez más en el ejército, especialmente en unidades especiales donde la observancia es más estricta.

De acuerdo con Shlomó Filber, analista demográfico, si bien la población jaredí constituye hoy en Israel alrededor del 15 %, su crecimiento demográfico es, B”H, el más alto del mundo occidental o primer mundo (sic.), con más de seis niños por familia (ver aquí el artículo en hebreo de Filber con traducción al español: https://x.com/RYosefBitton/status/1996786525082644596).

Según Filber, el nuevo ejército de Israel, en los próximos años, contará  por lo menos con 50 % de soldados religiosos, dati leumi y jaredí. Es decir, que será una versión moderna y milagrosa de la sociedad entre Shimón y Leví.

Como la familia de Jacob, Israel está creciendo demográficamente de una manera milagrosa, y su ejército se prepara para incorporar a miles de jóvenes estudiosos de la Torá que, como Shimón y Leví, entienden que deben defender a sus “familias” y que la intervención Divina los acompañará y les concederá la victoria cuando enfrentan a sus enemigos.

Las Fuerzas de Defensa de Israel en un futuro inmediato, no son solo un “ejército con más judíos”, sino un “ejército con más judaísmo”.