VIDEO: La crisis entre el Gobierno de Israel y la Corte Suprema de Justicia



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Maimónides explica que la creencia en Dios consiste en creer en la existencia del Creador del Universo. Eso es lo primero que debemos saber de Dios.
Llevó mucho tiempo hasta que la idea de un universo eterno (olam qadmon) cambió. Y llegó por el lado que menos se esperaba… En 1929 el astrónomo norteamericano Edwin Hubble descubre algo revolucionario. El universo no es estático ni se está moviendo en forma circular. El universo, Hubble demostró, ¡está en expansión! Y si está en expansión, tuvo que haber un momento inicial, un punto cero, en el cual todo comenzó. Ese fue el primer indicio en la historia del pensamiento científico que el universo tiene un Creador. Como explique en mi libro “Creación”, los científicos seculares de la época (Albert Einstein, Arthur Eddington y muchos otros) rechazaron contundentemente la idea de un Universo en expansión, no por falta de méritos científicos, sino porque lo consideraban un concepto “religioso”. Postular el principio del universo es una idea muy cercana, razonaban estos científicos naturalistas, a la idea de Creación. Con inusual franqueza, Eddington dijo así: “Filosóficamente, la idea de que el universo haya tenido un principio, me repugna…”.
De cualquier manera, y como quedó ampliamente demostrado, la idea del universo eterno de Aristóteles, que dominó el pensamiento del mundo científico por más de 25 siglos, finalmente colapsó.
Y aunque hay muchos científicos que aún siguen tratando de negar que lo que la ciencia descubre refuerza la creencia en la existencia de un creador, estas evidencias son hoy más sólidas que nunca. ¿Por qué? Porque al igual que el poderoso telescopio de Hubble nos ayudó a “descubrir” la creación del universo, los microscopios que poseemos hoy nos ayudan a apreciar mejor que nunca la sofisticación del microcosmos y especialmente la increíble complejidad de la célula y sus componentes. A pesar de que las células bacterianas son increíblemente pequeñas, pesando menos de -10^20 gramos, cada célula es una micro fábrica que contiene miles de piezas exquisitamente diseñadas de intrincada complejidad molecular, compuesta de un total de cien mil millones de átomos, y mucho más complicada que cualquier maquinaria construida por el hombre y absolutamente sin paralelo en el mundo inorgánico. Cada célula es tan compleja como una pequeña ciudad. Cuando se magnifica 50.000 veces a través de micrografías electrónicas, vemos que una célula se compone de múltiples estructuras donde cada una cumple con un papel diferente en el funcionamiento de la célula. A medida que nos adentramos más en el mundo celular, la ciencia descubre un ‘mundo liliputiense imprevisto’ y de enorme complejidad que ha llevado a la teoría de la evolución a un punto de colapso.
Hoy, gracias a la posibilidad de observar la increíble complejidad del macrocosmos y del microcosmos que nos rodea, es más accesible que nunca percibir la exquisitez y la sofisticación de la creación, para poder así descubrir a su Creador inteligente.

En el mundo académico judío se enseña Biblia, arqueología Bíblica e historia judía antigua. Pero hay un fenómeno del cual mucho no se habla: la relación “edipal” entre muchos académicos judíos y los textos judíos que enseñan. En esta relación, el texto (que representa a Su autor) es el padre que debe ser eliminado. La forma de eliminarlo es la mistificación de estos textos que se hace cuestionando su credibilidad y valor histórico. Esta actitud anti-texto, y digo esto con mucho dolor, es característica de la gran mayoría de profesores universitarios, con excepción de la universidad de Bar Ilán, y algunas otras universidades del mundo. A ojos de estos estudiosos, “el texto bíblico es falso hasta que se demuestre lo contrario”, algo que obviamente ninguno de ellos se preocupa por hacer. Y lo mismo ocurre con las “interpretaciones” que se les da a los descubrimientos arqueológicos, que siempre apuntan hacia el mismo lado: desmentir a la Torá. Las verdaderas razones de esta patética actitud hacia las fuentes judías no deben ser examinadas en la facultad de historia o arqueología, sino en el departamento de psicología. Parece ser parte de un auto-odio judío, una actitud autodestructiva que se manifiesta de varias maneras diferentes. Hoy quiero presentar —y desmentir– un par de famosos ejemplos de esta retórica académica.
Este Shabbat comenzaremos a leer el libro de Shemot, Éxodo. Y nos iremos acercando a la historia fundacional del pueblo judío: la salida de Egipto. Los judíos edipales afirman que la salida de Egipto no sucedió. Unos años atrás, un líder rabínico conservador, David Wolpe, que dirige una importante comunidad Sefaradí en Los Ángeles, California, hizo una famosa declaración ante su numerosa congregación en la festividad de Pésaj: “la salida de Egipto no es un hecho histórico: es un mito”, sentenció (ver aquí. https://www.latimes.com/archives/la-xpm-2001-apr-13-mn-50481-story.html).
Las implicancias de esta afirmación son tremendas: si la historia fundacional judía es falsa, la Torá no es un libro dictado por Dios, sino un texto mitológico, sin credibilidad ni relevancia. Si la Biblia no es un libro Divino, ¿por qué me tiene que importar lo que algunos escritores mitológicos escribieron 3500 años atrás?
Para negar el Éxodo, Wolpe se basó en las palabras del jefe del departamento de arqueología de la universidad de Tel Aviv, Israel Finkelstein, “los judíos no estuvieron en Egipto, el cautiverio no existió, el Éxodo nunca ocurrió”.¿Qué pruebas contundentes se utilizaron para desmentir el relato bíblico del éxodo de Egipto? ¿Cuáles son los argumentos que llevaron a esta y a otras personas a esa tremenda aseveración de tan largo alcance? “La ausencia de restos arqueológicos”, dijo Finkelstein. Si 2 o 3 millones de personas hubieran deambulado por el desierto por 40 años, tendríamos que encontrar, por ejemplo, vasijas de arcilla, de esa travesía. ¡Y no se encontró nada!
Hay dos elementos que hacen que este argumento sea académicamente insostenible. En primer lugar, en arqueología hay una regla de oro, que los profesores judíos edipales no parecen conocer: “Absence of evidence is not evidence of absence”, “que no se encuentre evidencia material sobre algo, no es suficiente evidencia de que eso no existió”. Es como descreer del descubrimiento de América porque no se encontraron los restos arqueológicos de la Pinta, la Niña y la Santa Maria. Pero hay un segundo argumento que todavía más sólido y definitivo.
Así escribe el profesor Elliot Friedman, de la universidad de NY:
“[Wolpe y otros] afirman que se ha rastreado el desierto de Sinaí y no se ha encontrado ninguna evidencia de la masa de millones de personas que la Biblia dice que estuvieron allí durante 40 años. Esa afirmación simplemente no es cierta. No ha habido muchas excavaciones importantes en el Sinaí, y ciertamente no se pudo haber rastreado lo suficiente … Descubrir objetos enterrados hace 3.200 años es una tarea imposible, especialmente en el desierto de Sinaí. Un colega israelí me contó entre risas que un vehículo que se había perdido en la guerra de Yom Kippur en 1973 fue descubierto recientemente bajo ¡16 metros de arena!. ¡En 40 años se acumularon 16 metros de arena! “ . Piensen cuántos kilómetros de arena hacia abajo tendrían que excavar para empezar a buscar algo.
Y aquí me pregunto otra vez: este simple problema, ¿no lo conoce o no lo tiene en cuenta alguien como David Wolpe? ¿O lo sabe e igual dice lo que dice porque asume que su audiencia no es lo suficientemente experta en arqueología o en la topografía del desierto de Sinaí? Sobre los motivos positivos de Finkelstein y otros arqueólogos israelíes ver nota aquí *.
Espero que ahora haya quedado más claro porque describí esta actitud anti-texto como “edipal”.
Hay un segundo argumento, también muy poco sólido, que trata de desmentir la salida de Egipto. El número de judíos que salieron de Egipto, de acuerdo a la Torá, fue de 603.550 hombres mayores de 20 años y sus respectivas familias. “Este número es imposible de aceptar” dicen los nihilistas. Y ¿por qué es imposible de aceptar?
Escuchemos a los expertos: “Alguien calculó hace mucho tiempo que si ese número de personas, [2 millones y medio] estuvieran marchando por el desierto … Entonces cuando los primeros llegaran al Sinaí, ¡la mitad de la gente todavía estaría en Egipto!”
Es decir, no se puede concebir que una masa humana de 2 millones de personas se desplace y movilice en un área que se extiende por 150 o 200 km.
Y la verdad es que nunca me puse a pensar en la falta de méritos de este argumento hasta que Argentina salió campeón del mundo y vi las fotos y los videos de la marea humana que se movilizaba por la 9 de Julio y la autopista Ricchieri. Había en esa zona, de unos 15 o 20 km y relativamente estrecha, entre 3 y 5 millones de personas, según el diario que uno lea. ¡Y la verdad es que lo primero que me vino a la cabeza cuando vi esas fotos fue que—guardando las distancias entre los dos eventos— estaba presenciando las imágenes de un grupo humano que en su número era similar al del Éxodo de Egipto! Entendí lo que en ese entonces dijo el rey Balaq cuando desde lo alto de la montaña vio a las multitudes de Israel y declaró: hine jisa et ‘en haarets, es decir, “este pueblo es tan numeroso que ha cubierto la superficie de la tierra”, es decir, desde la montaña, Balaq no podía ver ni un tramo de terreno vacío. Como en la imagen de la marea humana en la 9 de julio el domingo 18 de Diciembre. .
Al ver esas imágenes visualicé por primera vez una imagen más real de la salida de Egipto, que a veces uno la piensa “en dibujos animados”, como una fantasía. Estas imágenes me ayudaron a comprender un poco mejor la magnitud épica de Yetsiat Mitsrayim y la increíble travesía de nuestro pueblo por 40 años en el desierto.
Bryant Wood, director de Associates for Biblical Research en Maryland, argumentó que la evidencia arqueológica encaja perfectamente bien si la historia se la ubica remonta a 1450 a.e.c. [que es la fecha que la Torá afirma que ocurrió el Éxodo]. Dijo que los indicios de destrucción en esa época en Hazor, Jericó y un sitio que está excavando que él cree que es la ciudad bíblica de Hai, respaldan los relatos de las conquistas de Josué.
También citó la presencia documentada de esclavos “asiáticos” en Egipto que podrían haber sido israelitas, y dijo que no habrían dejado evidencia de su travesía porque eran nómadas [estaban en transito] sin cultura material [no construyeron casas, ni monumentos, y hasta el Templo que construyeron era desmontable] . Pero Wood dijo que no le autorizan publicar su investigación en revistas arqueológicas serias [por el tremendo prejuicio anti-bíblico prevalente en el mundo académico] .
“Hay un claro prejuicio en contra de la Biblia”, dijo Wood.
La visión revisionista de Herzog, Finkelstein y otros, ha sido atacada por varios motivos, desde la lógica defectuosa de su argumento hasta la agendas políticas pro-palestinas de estos académicos que tratan de negar la reivindicación territorial del estado de Israel.


Mañana, martes 3 de Enero de 2023, observaremos el Diez de Tebet, un día de ayuno que nos recuerda tres trágicos acontecimientos en la historia del pueblo de Israel. Uno de los eventos que recordamos en este día es la muerte de Ezrá haSofer.
Setenta años después de la destrucción del Bet haMiqdash, aproximadamente en el año 516 antes de la era común, el emperador persa Ciro permitió a los judíos regresar a Erets Israel. Un total de 42.360 Yehudim llegaron a Israel desde Babilonia guiados por Zerubabel (ver libro de Ezrá 2:64). Años más tarde, más judíos hicieron Aliá inspirados por Ezrá y Nejemiá. Nejemiá fue el líder político que persuadió al emperador persa Artajshasta (Artajerjes) que permitiera reconstruir las murallas de Jerusalem con el fin de proteger a la población judía de la ciudad y garantizar la seguridad del Bet haMiqdash (ver Nejemiá, capítulo 1-2). Y Ezrá cargaba con la enorme responsabilidad de reeducar a los judíos que habían llegado a Israel luego de haber vivido durante tres o más generaciones en el exilio en Babilonia, sin escuelas, sin sinagogas, y en medio de la población pagana local. Muchos judíos habían olvidado la Torá, sus leyes e incluso su lenguaje, y habían adoptado los valores de la cultura local.
Una vez en Yerushalayim, Ezrá estableció el Anshé Keneset haGuedolá, el primer parlamento judío, compuesto por 120 miembros: sabios y profetas. Con ellos, Ezrá fijó un extenso número de resoluciones para revivir el estudio y el cumplimiento de la Torá, y reeducar al pueblo judío. Entre otras cosas, Ezrá incrementó los días de lectura pública de la Torá; compuso el texto de la Amidá (oración principal) porque la gente se había olvidado cómo orar correctamente; modificó el tipo de letra (los «fonts») del texto bíblico (ketab ashurí) para facilitar a las masas el estudio de la Torá; estableció que en el momento de la lectura pública de la Torá ésta fuera traducida al arameo, etc. Ezrá también tuvo que tomar decisiones muy dramáticas, como la exclusión de los samaritanos, una población mixta semi-pagana que vivía en Israel desde los tiempos del destierro de las 10 tribus (722 a.c.e.) y que reclamaba ser aceptada como parte del pueblo judío. Ezrá también tuvo que hacer frente a la cuestión de los matrimonios mixtos de muchos de los Yehudim que llegaron de Babilonia con sus esposas no judías. Este último dramático evento es narrado en los capítulos 9 y 10 del libro de Ezrá.
Gracias a la sabiduría de Ezrá, a su coraje y a sus principios no negociables, el pueblo judío fue capaz de sobrevivir y restablecerse nuevamente en Israel como la nación de HaShem.
Ezrá fue considerado por nuestros rabinos como el vínculo histórico entre la Torá escrita y la Torá oral. La Torá oral, la tradición que establece cómo observar los preceptos bíblicos, había sido olvidada en el largo cautiverio de Babilonia y fue recuperada gracias a los esfuerzos de Ezrá haSofer. Junto con Nejemiá, completaron la construcción del segundo Templo o Bet haMiqdash; construyeron los muros de protección alrededor de la ciudad y ayudaron a que los judíos se restablecieran en la tierra de Israel.
Ezrá murió en un día como hoy, un 9 de Tebet. Fue considerado por nuestros rabinos como el segundo líder más importante en el pueblo judío, luego de Moshé Rabenu.
Ezrá se considera el vínculo entre la Torá escrita y la Torá oral.
Los sabios del Talmud mencionan 10 taqanot, o decretos rabínicos, que Ezrá estableció para el pueblo de Israel que había regresado a Israel luego de un largo cautiverio de dos o más generaciones.
Veremos algunos ejemplos.
√ La lectura pública de la Torá los lunes y jueves, así como en la oración de Minjá de Shabbat. La lectura de los lunes y jueves está destinada a prevenir que haya tres días consecutivos sin leer la Torá, y la lectura en Minjá en Shabbat está destinada a aquellos que no pueden asistir a la lectura de la Torá durante los días de semana.
√ El establecimiento de cortes rabínicas los lunes y jueves, que eran los días de mercado, cuando la gente se reunía en las ciudades para comprar y vender su mercadería.
√ Lavar la ropa que se va a utilizar en Shabbat durante el jueves (o antes), para que el viernes quede libre para los demás preparativos del Shabbat.
√ Que la mujer se levante temprano los viernes por la mañana para hornear pan, de manera que haya en la casa pan disponible para los pobres.
√ Que la mujer se lave y desenrede su cabello antes del uso del Mikvé.
√ Que los vendedores ambulantes tengan permitido ir de ciudad en ciudad y vender adornos, cosméticos y perfumes a las mujeres para que se vean lo mejor posible (esta regulación evitaría el monopolio de los comerciantes locales, que sin competencia subían los precios de estos artículos no-esenciales).
Los menores de edad: niños menores de 13 años y niñas menores de 12 años están completamente exentos de este ayuno.
Las mujeres embarazadas están exentas de este ayuno.
Mujeres lactantes. En muchas comunidades Sefaradíes la tradición es que después de dar a luz las mujeres están exentos de ayunar durante los siguientes 24 meses, incluso cuando ya no están amamantando a su bebé. En otras comunidades Sefardíes y en las comunidades Ashkenazíes sólo se excusa de ayunar a las mamás durante 24 meses mientras siguen amamantando a sus bebés. Consulte con el rabino de su comunidad respecto a la costumbre a seguir.
Una persona que se siente mal, por ejemplo, con síntomas de gripe o fiebre, o una persona con una enfermedad crónica, como diabetes, no debe ayunar.
Las personas mayores de edad deben consultar con sus médicos para determinar si el ayuno afectará su salud. En cuyo caso están exentos de ayunar.


EL ORIGEN DEL AÑO NUEVO CIVIL
El año nuevo civil 2023 comienza hoy, el 1 de enero. Según la tradición cristiana, el día de año nuevo celebra la circuncisión (sic) de Yeshu. El 1 de enero es el octavo día, contando desde el 25 de diciembre. Irónicamente, la práctica de la circuncisión fue anulada en los primeros años del cristianismo. ¿Por qué? En su libro “La historia del Cristianismo” Paul Johnson explica que muchos romanos se sentían muy atraídos hacia el monoteísmo y la ética judía. Pero no estaban dispuestos a dejar de trabajar los sábados, dejar de comer cerdo (una comida muy popular en Europa) y les daba terror la idea de circuncidarse. Especialmente por este último motivo, no tantos romanos se convirtieron al judaísmo (cabe aclarar que los judíos, si bien aceptamos conversos, nunca los buscamos activamente). Johnson cuenta que los primeros apóstoles buscaban activamente conversos entre los romanos y vieron que si anulaban la circuncisión, miles de romanos se convertirían a la nueva religión. Y así fue como formularon entonces una versión light del “judaísmo”, que luego se fue convirtiendo en el cristianismo. Y fue irónicamente en Yerushalayim, en el concilio de Jerusalén del año 50, cuando la circuncisión fue definitivamente anulada. Hasta ese entonces los primeros cristianos no eran muy diferentes de otros judíos disidentes, como los Tsadoquim o los Mityavnim, por ejemplo. Pero a partir de la anulación del Berit Milá–la circuncisión– que representa el pacto de Dios con Abraham y su descendencia, el cristianismo se desprendió definitivamente del judaísmo.
LA CELEBRACIÓN DEL AÑO NUEVO
El rabino Terumat Hadeshen (1390-1460) y el Ramá (1530-1572), ambos Halajistas de Europa occidental, se refirieron al día del año nuevo cristiano como una festividad religiosa cristiana, a la que llamaron: el octavo día de navidad (ver Darjé Moshé, Yoré De’á 148: 12). Y si bien hoy en día el 1.º de enero es una celebración mayoritariamente civil, en ese entonces era evidente que los judíos no participaban de las “celebraciones” del año nuevo. Primero porque este tenía un significado enteramente religioso, como Navidad, y segundo, porque implícitamente se celebraba la abolición del judaísmo, y del pacto de la circuncisión. Para los judíos que vivían en tierras cristianas, Navidad y año nuevo no eran tiempos muy felices. Eran días donde los discursos religiosos y los decretos y las persecuciones contra los judíos se intensificaban.
EL PAPA Y LOS JUDÍOS
Tomemos como un pequeño ejemplo lo que ocurrió en los tiempos del Papa Gregorio XIII (1502-1585), que instituyó el nuevo calendario, llamado en su nombre “gregoriano” y también popularizó la celebración del año nuevo en los países católicos el día 1 de enero. Cabe destacar que este Papa se considera históricamente “favorable hacia los judíos”, ya que los protegió en el gueto de Roma. Sin embargo, el día de año nuevo de 1577 el Papa Gregorio XIII estableció algunos nuevos decretos: primero ordenó que todos los judíos romanos, bajo pena de muerte, escucharan los sermones de conversión al catolicismo en las sinagogas después de los servicios religiosos de los sábados. Estos discursos eran pronunciados por judíos apóstatas que se habían convertido al cristianismo. Gregorio también prohibió que los judíos practicasen la medicina y atendieran a pacientes cristianos. El día de año nuevo de 1578, Gregorio obligó a los judíos a pagar un impuesto especial para financiar una “Casa de Conversión”, concebida con la intención de convertirlos al cristianismo. En el año nuevo de 1581, Gregorio ordenó a sus tropas confiscar toda la literatura hebrea de la comunidad judía romana. No mucho para celebrar, ¿verdad?
EL ORIGEN DEL AÑO NUEVO JUDÍO
Los judíos celebramos nuestro año nuevo el primer día del mes de Tishrí. ¿Por qué ese día es elegido como el comienzo de un año nuevo? Porque en ese día Dios creó a Adam, el primer hombre. La creación del Mundo material (el universo, nuestro planeta, la vida animal, etc.) se celebra todas las semanas: en Sabbat. Y una vez por año, el 1.º de Tishrí, los judíos celebramos la creación de la humanidad. Por este mismo motivo, el año nuevo judío es también conocido como Yom haDín, el día del juicio. De acuerdo a nuestros Sabios, en ese día la humanidad es juzgada, individual y colectivamente. Y es por eso que durante el día de Rosh haShaná se hace sonar el Shofar. La voz del Shofar anuncia que Dios es el Rey y la Autoridad Suprema. El pueblo judío, en nombre de toda la humanidad, declara a Dios como Juez y se somete a su juicio existencial. Dios nos concedió la vida y por lo tanto, cada año que pasa, debemos darle cuenta a Él de lo que hemos hecho con el año que ha pasado. Para el pueblo judío, el día del juicio es el día de del auto-juicio. El 1ero de Tishrí nos juzgamos a nosotros mismos frente a Dios, y comenzamos un proceso de Teshubá, arrepentimiento y cambio, comprometiéndonos a vivir el próximo año según Su voluntad, y observar Sus mandamientos desde el momento que uno nace. Incluyendo la circuncisión de nuestros hijos y nietos .


Hoy, domingo 18 de diciembre de 2022 por la noche (25 de Kislev de 5783) encendemos la primera vela de Janucá
A continuación presentamos brevemente las leyes y costumbres básicas de esta Mitsvá.
BENDICIONES
El padre o la persona a cargo de la familia, recita las siguientes tres bendiciones antes de encender la primera vela. Durante las noches siguientes, se recitará solamente la primera y segunda bendición.
בָּרוּך אַתָּה ה ‘ אֱ–לֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, אֲשֶׁר קִדְּשָׁנוּ בְּמִצְוֹתָיו וְצִוָּנוּ לְהַדְלִיק נֵר (של) חֲנוּכָּה
Bendito eres Tú, HaShem, nuestro Dios, Soberano del universo, que nos has santificado con Tus preceptos y nos has ordenado encender la vela de Jánuca
בָּרוּך אַתָּה ה ‘אֱ–לֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁעָשָׂה נִסִּים לַאֲבוֹתֵינוּ, בַּיָּמִים הָהֵם
בַּזְּמַן הַזֶּה
Bendito eres Tú, HaShem, nuestro Dios, Soberano del universo, que hiciste milagros a nuestros padres en aquellos tiempos, en esta fecha
בָּרוּך אַתָּה ה ‘אֱ–לֹהֵינוּ מֶלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָנוּ וְקִיְמָנוּ וְהִגִּעָנוּ לַזְּמַן הַזֶּה
Bendito eres Tú, HaShem, nuestro Dios, Soberano del universo, que nos has dado la oportunidad de estar con vida, presentes, y llegar a este momento
Después de encender las velas decimos «Hanerot Halalu». Esta es la traducción: «Encendemos estas velas para [celebrar] los milagros y la salvación y las maravillas y los portentos y el consuelo que concediste a nuestros padres en aquellos días en esta época del año, a través de Tus santos sacerdotes. Y durante los ocho días de Janucá, estas llamitas son consagradas [para la Mitsvá] y no se nos permite hacer un uso ordinario de ellas. Son solo para que las miremos con el fin de expresar nuestra gratitud y alabanza a Tu gran Nombre por Tus milagros, Tus maravillas y Tu salvación «.
Al finalizar recitamos: Mizmor Shir Janucat haBayit leDavid … (Tehilim 30)
¿DÓNDE SE ENCIENDEN LAS VELAS de JANUCÁ?
Encendemos las velas de Janucá como una declaración pública de reconocimiento y agradecimiento a HaShem por los milagros que hizo con nuestros antepasados. Por eso es que tratamos que las velas de Janucá sean lo más visibles posible. Esto se llama pirsumé nisá, es decir: hacer público el milagro de Janucá. En los tiempos de la Guemará, cuando estas Halajot fueron legisladas, las ciudades eran muy chicas, tenían una sola calle principal. Las casas eran bajas y uniformes. En esos tiempos la Janukiá o candelabro se colocaba afuera de la puerta de la entrada de la casa, a una altura de unos 40-50 cm. del suelo, en el lado opuesto a la Mezuzá. Ésta era la mejor forma de que las velas de Janucá fueran visibles para los que llegaban de sus trabajos a sus casas. Y esta es la manera que el Talmud y el Shulján Aruj indican que debemos encender las velas de Janucá.
Hoy en día, sin embargo, la disposición de nuestras casas y residencias es muy diferente y es por eso que la mayoría de las familias colocan las velas de Janucá dentro de sus residencias, muy especialmente si viven en departamentos. Y para cumplir con la obligación de pirsumé nisá, cuando encienden las velas dentro de la casa, colocan la Janukiá detrás de una ventana que sea visible desde el exterior.
¿CUÁNDO HAY QUE ENCENDER LAS VELAS?
La costumbre general es encender las velas al anochecer (tset hakojabim). Algunas comunidades, sin embargo, siguen la opinión de Maimónides (y la Guemará) que indica que las velas se encienden con la puesta del sol (shequiá), es decir, unos 15 o 20 minutos antes del anochecer. ¿Por qué la Guemará determinó la puesta del sol como el tiempo ideal para encender las velas de Janucá? Hasta no hace mucho tiempo atrás, la gente dejaba de trabajar cuando se pone el sol y regresaba a su casa antes del anochecer. Esa media hora entre la puesta del sol y el anochecer, donde a pesar de que no hay sol hay todavía luz, era el “rush hour” , la hora de mayor tráfico, ya que todo el mundo estaba en la calle regresando a sus casa desde el campo o desde sus negocios. Esa era, por lo tanto, la media hora ideal para maximizar la exposición de las velas de Janucá. Hay otra razón importante pero menos conocida: que al encender las velas antes del anochecer, se reconocía que esas velas se encendían exclusivamente por Janucá, y no para la iluminación ordinaria de la casa, para la cual también se usaban velas. En nuestros días, si encendemos las velas con la puesta del sol (en el hemisferio Norte en esta época del año, en New York, por ejemplo, la puesta del sol es alrededor de las 4.30pm) debemos tratar de que las velas contengan suficiente aceite para mantenerse encendidas durante una buena parte de la noche, mientras la gente regresa de sus trabajos. Si uno no enciende las velas cuando comienza a caer la noche (shequiá o tset hakojabim), las podrá encender más tarde, cuando la familia está en la casa.
El viernes, las velas se encienden “antes” de la puesta del sol, como BH ya lo explicaremos.
Para saber los horarios en su ciudad de residencia vea aquí
¿CUÁNTAS VELAS y JANUKIOT DEBEMOS ENCENDER?
La costumbre en las comunidades Sefaradíes es encender una sola Janukiá por familia, y no una Janukiá por cada miembro de la familia.
En muchas comunidades Ashkenazíes la tradición es que cada miembro de la familia enciende su propia Janukiá recitando la correspondiente berajá (bendición) .
Si bien se acostumbra a ir encendiendo las velas de acuerdo al día de Januká (1 vela la primera noche, 2 la segunda, 3 la tercera, etc.) técnicamente, es suficiente encender una sola vela (más el shamash o vela accesoria) por familia cada noche de Janucá. Por lo tanto, en el caso que uno no pueda encender las velas adicionales, con encender una vela por noche sería suficiente.
¿ACEITE O VELAS?
Las velas que se utilizan en Janucá pueden ser de cera, parafina, etc. pero lo ideal es utilizar vasitos con aceite de oliva y una mecha, ya que originalmente el milagro de Janucá sucedió con un jarro de aceite de oliva que duró por ocho días.
Por otra parte, las velas de aceite suelen durar más tiempo que las velas normales, especialmente más que las pequeñas velitas de cera.
La mitsvá de las velas de Janucá NO se puede realizar con luces eléctricas. Una Menorá eléctrica solo sirve como decoración, pero no para cumplir con la mitsvá de Janucá.