Rabbi Aquiba, y el momento que definió su vida



EL PADRE DEL TALMUD
La Mishná, la Toseftá, la Sifrá y el Sifré, los textos seminales de la literatura rabínica, tienen su origen directa o indirectamente en la obra de un solo hombre: Ribbí Akiva (en hebreo correcto se dice: Aquibá), considerado el padre de la literatura talmúdica. Nació alrededor del año 50 de la era común. En su juventud, trabajó como pastor del hombre más rico de Jerusalén: Kalba Sabua, un judío muy generoso que se destacó por su solidaridad con los pobres y por abastecer de alimentos a toda la ciudad cuando Jerusalem fue sitiada por los romanos en el año 68. No se sabe mucho sobre la infancia de Aquiba. Sabemos que a la edad de cuarenta años, Aquiba era un simple trabajador y ni siquiera sabía leer. Además, no simpatizaba mucho con la religión. De hecho, tenía una actitud hostil hacia los Sabios. ¿Cómo sucedió entonces que un hombre analfabeto que no sentía simpatía por los estudios de Torá se convirtió en el rabino más influyente de todos los tiempos?
EL DESCUBRIMIENTO DEL SIGLO
Kalba Sabua tenía una hija: su nombre era Rajel. Era la joven soltera más solicitada de Jerusalem, y podía haber elegido casarse con el candidato de su elección: el hombre de mayor sabiduría, o que proviniera de la familia más prestigiosa. Nadie le hubiera dicho “no” a la hija de Kalba Sabua. Pero sucedió algo extraordinario. La Guemará nos cuenta que Rajel —quien poseía una destacada percepción femenina— observó algo especial en Aquiba. Los Sabios describieron lo que vio con dos pequeñas palabras que no siempre van juntas: צנוע וּמעלי. La primera palabra tsanua significa “discreto”, pero también significa: “tímido” o en este contexto: “oculto”. La segunda palabra ma’ale significa “talentoso”, “por encima de lo común”, o en este contexto: “superdotado”. De alguna manera, la joven Rajel descubrió que este pastor poseía una capacidad intelectual fuera de lo común, y también se dio cuenta de que ese talento estaba “escondido”: Aquiba usaba sus dones para cuidar el ganado o para administrar la hacienda de su padre. Eso no pareció molestar a nadie más. Pero Rajel pensó que la genialidad de Aquiba estaba desperdiciada. ¡Y visualizó que si se dedicara a estudiar, podría convertirse en uno de los más grandes Sabios de su generación!
Eran tiempos caóticos. El estudio de la Torá, y especialmente la transmisión de la Tradición Oral, estaba en peligro. Los romanos que habían destruido el Bet haMiqdash, perseguían a los Sabios y tenían como objetivo destruir el judaísmo. El pueblo judío necesitaba genios que pudieran recuperar nuestras Tradiciones, organizarlas y rescatarlas del olvido. Rajel pensó que Aqiba podría ser uno de esos eruditos talentosos si desarrollaba su potencial y dedicaba su vida al estudio. ¡Y no se equivocó!
UNA OFERTA QUE NO SE PUEDE RECHAZAR
La joven Rajel entonces tomó una decisión que no solo redefiniría su vida personal sino que impactaría el destino del pueblo judío hasta el día de hoy. En un acto absolutamente trascendental, sumamente inusual y arriesgado, le ofreció a Aqiba casarse con ella. Le dijo: “Si me caso contigo, ¿me prometes que te dedicarás de lleno a estudiar Tora?”. No estoy seguro que Ribbí Aquiba tenía la misma confianza que Rajel tenia en él, y la convicción que podría convertirse en un gran erudito. Pero tal vez pensó que la condición que le impuso Rachel “dedícate a estudiar Tora” era razonable, ya que no expresaba ninguna otra expectativa. Y así fue que le dijo: “Sí, quiero”. Tal vez pensando que en términos de sustento, su futuro suegro seguramente los ayudaría. Pero nada estaba más lejos de eso. Kalba Sabua estaba furioso con su hija. Ella podría haberse casado con el mejor candidato… ¿por qué casarse con un pastor que no sabia leer y que ni siquiera proviene de una buena familia (de hecho, los Sabios dicen que los antepasados de Ribbí Aquibá eran conversos!). Kalba Sabua estaba tan enojado que expulsó a su hija y a su esposo de su hacienda, y no les dio ni un centavo.
LA PAJA Y EL ORO
Ahora, Aquiba estaba casado con la mejor mujer pero no tenía ni casa, ni dinero, ni trabajo. Durante los primeros meses, Aquiba y Rajel dormían en los campos. Y en invierno recogían paja del bosque para protegerse del frío. Y aunque ella nunca se quejó, Aquiba estaba muy triste de ver a su esposa viviendo en la idigencia. La Guemará dice que todas las mañanas, al despertar, Ribbí Aquiba arreglaba el cabello de su esposa, le quitaba las pajillas que habían quedado en su cabeza, y le decía: “Si alguna vez tengo la oportunidad, en lugar de estas pajitas, te regalaré una “Jerusalén de Oro” para adornar tu cabello”. Esto merece una aclaración. Las mujeres judías utilizaban una gran variedad de joyas para embellecerse: aretes, pulseras, collares, etc. Pero había una joya muy especial que era la más elaborada, la más exótica y la más cara. Se llamaba “‘ir shel zahab” o “Yerushalayim Shel Zahab” (Jerusalem de oro). Esta lujosa pieza era una corona, hecha con la forma de la Jerusalem original que tenía en el centro al Bet HaMiqdash, como se puede ver en esta reconstrucción. Esta tiara hecha de oro, era usada por las mujeres que pertenecían a las familias más pudientes. No creo que Rajel, ni el mismo Ribbí Aqiba, se imaginaron que algún día ese deseo se haría realidad…
Continuará…
¿HAY ALGUIEN MÁS POBRE QUE NOSOTROS?
Los Sabios también nos cuentan que para consolar a Ribbí Aqiba, que sufría emocionalmente por la extrema pobreza que estaba pasando, Dios les envió un visitante (Eliyahu haNabi): un individuo muy pobre que le hizo una extraña petición a Rabbi Aquiba: “ Por favor, señor, necesito ayuda. Mi esposa está a punto de dar a luz y necesita pajillas para acostarse y tener un parto más fácil. ¿Puede por favor darme un poco de paja?” . Aquiba inmediatamente le dio la pajita a este hombre, y con un poco más de confianza le dijo a su esposa. “Ya ves mi querida Rajel, nuestra situación no es tan mala. Hay gente que es más pobre que nosotros: al menos tenemos mucha paja para cubrirnos”.
Continuará…

רבי יעקב אומר, העולם הזה דומה לפרוזדור בפני העולם הבא.
התקן עצמך בפרוזדור, כדי שתכנס לטרקלין.
Rabbi Yaaqob solía decir: esta vida es como una antesala en función del mundo por venir. ¡Prepárate en la antesala antes de ingresar a la sala principal!
Cuando alguien va a visitar a una persona importante que lo está esperando, por ejemplo, en la sala VIP del Hotel en el séptimo piso, al ingresar al Hotel uno seguramente se arreglará la corbata, se pondrá la camisa dentro del pantalon, o si se trata de una mujer probablemente chequeará su maquillaje en el espejo del ascensor y se mirará una y otra vez para estar segura de verse lo más presentable posible.
Ésta es la metáfora que elegió rabbi Yaaqob para que visualicemos la relación entre esta vida y la próxima. Esta metáfora es un poco “dura”, entre otras razones porque nos hace pensar con más realismo acerca de la (desesperante) brevedad de nuestras vidas, que generalmente se aprecia cuando uno ya vivió unos cuantos años…. Nuestra vidas son tan breves como ese instante en el que pasamos del lobby del hotel hacia la sala VIP… Pero más allá de esta reflexión existencial, la esencia de esta metáfora es ayudarnos a entender la razón de nuestra existencia en este mundo y la dependencia de esta vida en la vida en el mundo por venir: estamos aquí para prepararnos para la vida después de la muerte.
Voy a tratar de parafrasear las palabras de rabbi Ya’aqob con mis propias palabras.
Vivimos 3 vidas.
Vida 1: en el vientre materno.
Vida 2: esta vida.
Vida 3: la vida después de esta vida.
*En esta progresión, cada vida es más significativa y más rica que la otra. La vida 2 es más rica que la vida 1, y al vida 3 más rica que la vida 2.
*Hay un problema insalvable: desde la vida anterior no podemos saber nada sobre la vida que viene. La próxima vida es “inimaginable”. Imaginan a un bebe visualizando su próxima vida, la nuestra? Lo único que podrá imaginar es que la próxima vida es una placenta mucho más grande!
*Y ahora veamos lo que dice rabbi Yaaqob: Cada una de estas vidas es una preparación hacia la vida que viene. La vida en el vientre materno es únicamente una preparación para esta vida. Somos concebidos y nuestros cuerpos se forman en la vida 1 únicamente para esta vida, la número 2. Nuestra nariz, nuestros ojos y nuestra boca no tienen ningún sentido ni uso práctico en la vida intrauterina. Estos órganos, y prácticamente todo nuestro organismo, sólo se entienden y se justifican en función de la próxima vida, la vida 2.
De la misma manera, nuestro crecimiento “espiritual” en la vida 2, la antesala de rabbi Yaaqob, se justifica en función de nuestra llegada a la sala VIP, la vida 3.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre la vida 1, en función de la vida 2, y la vida 2 en función de la vida 3. Y este es el mensaje principal de rabbi Ya’aqob: Mientras que en la vida 1 nuestro cuerpo se prepara automáticamente para la vida 2, en la vida 2 nuestra preparación no es automática o natural: depende de nosotros mismos, de nuestras decisiones morales y de la inversión que hacemos o dejamos de hacer en nuestra vida espiritual. Por eso es que Rabbi Yaaqob usa el imperativo: ¡”Prepárate” para entrar a la sala!!! Porque lo potencialmente trágico es que uno puede vivir la vida 2 si hacer absolutamente nada para la vida 3.

מִי-אֵלֶּה כָּעָב תְּעוּפֶינָה וְכַיּוֹנִים אֶל-אֲרֻבֹּתֵיהֶם
La Torá predijo que el pueblo judío sería exiliado a todos los rincones del planeta (Deut. 29) y también anticipó que eventualmente regresaría a la tierra de Israel (Deut. 30). El profeta Isaías (Yesha’yahu) describió con palabras proféticas y poéticas cómo se llevaría a cabo este regreso. Dirigiéndose a la Tierra de Israel, Yesha’yahu dijo: «Tus hijos llegarán desde tierras lejanas; y tus hijas, cargadas sobre los hombros [de sus padres]…». En ese contexto, también dijo (60:8): «Habrá quienes [llegarán a Israel] volando como nubes, y otros [que llegarán volando] como palomas a sus nidos».
El rabino principal de Rehovot, Rab Simja Kook, explicó por qué Yesha’yahu usó en su profecía estas metáforas: «nubes» y «palomas». Porque las nubes y las palomas representan dos extremos opuestos en términos de movimiento. Las nubes son movidas por los vientos, no controlan sus movimientos. Si el viento sopla desde el norte, las nubes se dirigirán hacia el sur, y viceversa. Y cuando no sopla el viento, las nubes se quedan donde están.
Las palomas, por otro lado, tienen un sentido de ubicación extraordinario. ¡Unico! Un GPS biológico que todavía es un misterio para la ciencia. Ninguna otra ave posee un sentido de orientación migratoria similar. Es un instinto de dirección que les permite regresar a su nido desde cualquier lugar del mundo, incluso a miles de kilómetros de distancia. Durante miles de años, las palomas se utilizaron para enviar mensajes de un lugar a otro. Cuando alguien viajaba desde un lugar A a un lugar B, llevaba consigo palomas que nacieron y fueron criadas en A. Sin importar lo lejos que estuviera B de A, las palomas siempre encontraban la forma de regresar a Am es decir, su nido, contra viento y marea.
Ahora podemos comprender mejor lo que el profeta Yesha’yahu estaba diciendo… y viendo en su proefecía. Cuando el pueblo de Israel regrese a su tierra, habrá judíos que, como las nubes, «volarán» (ese fue el verbo que increiblemente utilizó Yesha’yahu!) hacia Israel movidos por «vientos», todo tipo de vientos: políticos, financieros, vientos de antisemitismo, etc. Para Yesha’yahu, todos estos son vientos “divinos” que traerán a estos judíos, aunque un poco por la fuerza, de regreso a su tierra.
Por otro lado, habrá judíos que, como las palomas, llegarán a Israel guiados por su GPS interno, volarán hacia Israel como quien regresa a su casa, a su nido.
Mientras que las nubes son empujadas por los vientos, las palomas, para llegar a su nido, a veces tienen que volar contra el viento.
YOM HAATZMAUT SAMEAJ

Miren esta imagen con atención. ¿ves algo especial? Sólo niños jugando en una plaza. Bueno, no tan rápido…

Esta es la Ciudad Vieja de Jerusalem. Unos niños juegan en una plaza –una calle peatonal– llamada Bate-Mahase. Este es un lugar muy importante . El edificio de dos pisos con arcos que se ve en el fondo fue construido en 1871 con dinero proporcionado por el barón Wolf Rothschild de Frankfurt para albergar a familias pobres. El escudo de armas de la familia Rothschild todavía está en la parte superior del edificio. Hoy alberga las oficinas de la Municipalidad de la Ciudad Vieja de Yerushalayim. En este patio se ve una escena muy familiar: niños corriendo y jugando. Esto sucede todos los días porque hay dos escuelas cerca de este patio: el Talmud Torá Noam y la Yeshibá Sylberstein.
Lo que no se puede apreciar en esta foto, pero se ve en la ilustración principal, es otra escena común: ancianos y ancianas sentados en los bancos de la plaza. A los mayores les encanta ver a los niños jugar, y muchas veces después del horario escolar, los abuelos vienen a esta plaza a jugar con sus nietos.
Hay algo más en este lugar. Mira la siguiente imagen.

Este texto tallado en piedra es una cita del profeta Zacarías (Zejariá), capítulo 8:4-5. Zejariá era un niño cuando los judíos vivían en el exilio de Babilonia hace 2500 años. Sin su propia tierra y sin el Bet HaMiqdash, el futuro del pueblo judío se veía muy sombrío. Estaban sin esperanza. En circunstancias normales, los judíos se habrían integrado (asimilado) naturalmente a la población babilónica y desaparecido. Pero sucedió un milagro: Ciro (Córesh), el emperador persa, fue “inspirado” por HaShem (como él mismo declaró explícitamente) e invitó a los judíos a regresar a Israel y reconstruir Jerusalem. Aunque la mayoría de los judíos optaron por permanecer en Babel, miles de Yehudim regresaron. Entre ellos estaba el profeta Zejariá . Cuando llegaron, encontraron la ciudad completamente destruida. Todo era ruinas, cenizas y desolación. Ni siquiera había un muro para proteger la ciudad, lo que hacía que vivir en la ciudad fuera una misión imposible (imaginense vivir en una casa sin sus paredes exteriores).
Pero en medio de esta desolación, Zejariá tuvo una visión profética, un escenario muy improbable de suceder, dadas las terribles condiciones de Yerushalayim en sus días.
Esta profecía dice así:
כֹּה אָמַר ה’ צְבָאוֹת: עֹד יֵשְׁבוּ זְקֵנִים וּזְקֵנוֹת בִּרְחֹׁוּשּת שִּרְחֹׁוֹ ָלִָם, וְאִישׁ מִשְׁעַנְתּוֹ בְּיָדוֹ מֵרֹב יָמִים.
זכריה ח’ 5-4
“Dice HaShem, volveré al monte de Sión, y Mi presencia habitará en Yerushalayim…. Y una vez más, ancianos y ancianas caminarán con sus bastones por las calles de Jerusalem, y se sentarán juntos en las plazas de la ciudad. Y las calles de la ciudad se llenarán de niños y niñas jugando en ella”.
Veamos ahora el cuadro completo: estás en Bate Majasá, leyendo este extraordinario versículo grabado en la piedra frente a ti. Es una día de semana cualquiera, los ancianos se sientan en un banco mientras los niños juegan a la pelota en la calle. Entonces te das cuenta de que tienes el increíble mérito de ser un testigo presencial del cumplimiento de las palabras proféticas de Zacarías. Pero también te das cuenta que no eres solo un testigo de la profecía de Zejariá, sino la encarnación, la realización de esa profecía. Tienes la sensación de que hace 2500 años, en su increíble visión profética, Zejariá, en ese lugar, te estaba viendo a ti.


Este lunes a la noche, la víspera del 27 de Nisán, comenzaremos la conmemoración de Yom haShoá, el día en el cual recordamos el brutal exterminio de 6 millones de judíos a manos de los asesinos nazis y sus colaboradores.
Mis padres no nacieron en Europa, tampoco mis abuelos. Vengo de una típica familia sefaradí. Del lado materno, mis ancestros vienen de Siria y del lado paterno, de Marruecos. Ninguno de mis parientes cercanos fue enviado a un campo de concentración, ni falleció en una cámara de gas. Mis padres, mis hermanas y yo, todos nacimos en Argentina. No vivimos directamente la experiencia de la Shoá, ni tenemos sobrevivientes en nuestras familias.
Aprendí sobre la Shoá en la escuela a la que asistí en mi ciudad natal, Buenos Aires, el colegio Talpiot en la calle Azcuénaga al 700. Cada año nos hacían mirar unos horribles documentales en blanco y negro. Así, mis compañeros y yo aprendimos sobre los trenes de la muerte, los cadáveres, los hornos crematorios, las cámaras de gas. Nunca me voy a olvidar de aquel documental que mostraba a un grupo de niños de edad escolar, acompañados de un maestro, ingresar inocentemente a un camión del ejército alemán, del cual nunca salieron vivos, pues para hacer el trámite de su asesinato más expeditivo, los nazis dirigieron los gases de monóxido de carbono hacia adentro del mismo. Lloré, y mucho… por el horror que sufrieron nuestros hermanos en manos de los humanos más inhumanos que conoció la historia yemaj shemam…
Pero lo que más recuerdo y lo que hizo que mi experiencia de la Shoá se transformara en algo “personal” ocurrió el año que nuestro director, el Sr. Eliezer Shlomowitz, z”l, invitó a un sobreviviente del Holocausto a hablar con nosotros (era probablemente el año 1977). Hay que tener en cuenta que en ese tiempo no era habitual que los sobrevivientes de la Shoá hablaran en las escuelas.
Era un hombre anciano. Le costaba hablar en español y se podía ver que no tenía un discurso memorizado. Si bien recuerdo vívidamente la experiencia de haberlo escuchado, me avergüenza confesar que me acuerdo todos los detalles de su historia personal. Ni su nombre, o si creyó necesario mencionarlo. Después de contarnos su holocausto personal , cómo perdió a sus padres, a sus hermanitos y prácticamente a todos sus seres queridos, y cómo pudo escapar de Auschwitz, este hombre de avanzada edad nos dijo más o menos esto:
“Ustedes no han vivido la Shoá personalmente, gracias a Dios. Pienso, temo, que quizás para ustedes la Shoá pueda algún día convertirse solo en un capítulo más de la historia judía moderna. Una historia que quizás pueda ser refutada, cuestionada o negada por nuestros enemigos. Y por eso quiero que entiendan que el esfuerzo de nuestros enemigos por negar la historia es el primer paso para intentar repetirla. Y ustedes nunca pueden permitir que eso suceda. No alcanza con “aprender” sobre el Holocausto. Ustedes tienen que ser testigos de la Shoá. Todos ustedes. ¿Por qué? Porque la historia se puede negar y los documentos pueden ser cuestionados. La historia se puede negar y los documentos pueden ser cuestionados. Los únicos que podrán proteger la memoria de la Shoá son los testigos de la Shoá. Hoy, han escuchado mi historia. Y también me han visto. Y han visto mis ojos… Ahora cargan sobre sus jóvenes hombros una nueva y tremenda responsabilidad. Hoy, ustedes se han convertido en testigos presenciales de la Shoá. ¿Cómo ocurrió esto? Les voy a explicar. Mis ojos vieron la Shoá. Pero no la vieron en blanco y negro. Mis ojos vieron el verde oscuro de los uniformes nazis, el gris metálico de sus fusiles, y el rojo de la sangre de nuestros seres queridos. Mis ojos vieron la muerte en todos sus horribles colores. Mis ojos vieron el horror de lo que mis palabras no pueden describir. Y ahora quiero que ustedes miren mis ojos. Para que desde hoy puedan decirle a los demás, y para que algún día le cuenten a sus hijos: ‘Yo no he visto la Shoá. Pero mis ojos han visto a los ojos que vieron la Shoá. Y ahora, hijo mío, mira mis ojos y conviértete en un testigo más’.
Cuando terminó de hablar, se arremangó la camisa y nos invito que que contemplaremos su número de prisionero. Era la primera vez que veíamos un número tatuado en la piel humana. Yo me acerqué a él un poco más y me obligué a mirar sus ojos. Eran pequeños, grises, tristes, fatigados y apagados. Había algo vacío y ausente en esa mirada. Les faltaba “vida”. Y allí fue cuando me di cuenta de que en los cansados ojos de ese anciano, yo había presenciado un reflejo, o una oscura sombra, del horror de la Shoá. Y desde entonces me convertí en un testigo. Y la Shoá se convirtió en parte de mi experiencia personal.
No olvidemos. Ni permitamos que se olvide.

EL CÍRCULO SE CIERRA
La historia de la comunidad judía de Libia en el siglo XX fue muy sufrida. Primero bajo la dictadura de Benito Mussolini, luego bajo el régimen nazi. Al terminar la segunda guerra mundial los judíos de Libia también fueron víctimas de ataques y progroms por parte de la población árabe local. Y a partir de 1969 les tocó sufrir la horrorosa discriminación de parte del gobierno del general Muamar Gadaffi (o Kadafi ), que fue excepcionalmente cruel con los pocos judíos que quedaban allí. Por el otro lado, la comunidad judía de Libia tuvo un aliado muy importante: el estado de Israel, que incluso antes que naciera, estuvo allí para ayudarlos. La breve historia que voy a contarles hoy sobre esta comunidad, representa un poco el ánimo de estos días en el calendario hebreo: la transición desde el Holocausto hacia la creación del Estado judío: Medinat Israel.
MUSSOLINI Y LOS JUDÍOS
Hay evidencias que judíos vivan en Sirte, Libia, ya en el siglo 13 antes de la era común. Lo que dice que esta comunidad judía era una de las más antiguas del mundo. Pero vamos a ir directamente al siglo XX. Desde 1911 hasta 1951 cuando obtuvo su independencia, Libia fue un protectorado italiano . Los primeros años del dictador Benito Mussolini al principio no fueron tan malos para los judíos de Italia y Libia. Pero todo comenzó a empeorar en 1936 cuando Mussolini hizo un pacto con Hitler. Desde ese entonces se establecen los decretos anti judíos en Italia y sus protectorados. Al final de los años 30’s había mas de 30.000 judíos en Libia, especialmente en la capital Trípoli, donde los judíos constituían el 25% de la población total y contaban con 44 sinagogas. Los judíos fueron obligados a abrir sus negocios el sábado, con la excusa que contribuir a la economía de Italia. Muchos se opusieron, hasta que las autoridades, como medida ejemplar, ejecutaron a dos comerciantes judíos. Las infames leyes raciales de Italia prohibían a los judíos tener acceso a la educación secundaria o terciaria. Les estaba prohibido trabajar en organizaciones gubernamentales, en bancos o en oficinas municipales. Y todos los documentos oficiales debían llevar la un sello que decía “judío”.
En junio de 1940 Italia ingreso a la guerra oficialmente del lado de Alemania. Si bien miles de judíos libios fueron enviados a campos de trabajo dentro de Libia para trabajos de construcción de rutas militares, tal como había ocurrido en Marruecos y Algeria, la mayoría de sobrevivieron. Pero los judíos libios que tenían ciudadania inglesa fueron enviados a campos de concentración y exterminio en Europa, como Bergen Belsen donde muchos murieron de hambre, tifus o extenuación. Esta historia esta relatada en forma de novela en este libro.

UN CAMPO DE CONCENTRACION EN UN PAIS ISLAMICO
En Febrero de 1942 Mussolini dio la orden de comenzar a “rebajar” a la comunidad judía de Libia y ordenó construir un campo de concentración en la ciudad de Giado, un poco mas de 200 kilómetros al sur de Tripoli, para llevar allí a los judíos de nacionalidad libia. En junio de 1942, los italianos ya habían deportado a un total de 2.584 judíos a Giado. Las condiciones de vida en el campo eran insufribles. El campamento estaba abarrotado: decenas de familias dormían en un espacio de cuatro metros y estaban separadas solo por ropa de cama y mantas. Las raciones diarias de alimentos consistían en unos pocos gramos de sustituto de arroz, aceite, azúcar y café. Los hombres mayores de 18 años eran enviados todos los días a trabajos forzados. La escasez de agua, la desnutrición, el hacinamiento y la suciedad intensificaron la propagación de enfermedades contagiosas. Además, los guardias italianos del campo disfrutaban humillando a los judíos. De los casi 2.600 judíos enviados a Jado, 562 murieron de debilidad y hambre, y especialmente de fiebre tifoidea y tifus. El campo de concentración de Giado no solo tenía trabajadores, sino familias enteras. Giado fue lo más parecido en el norte de África a un campo de concentración europeo. Y tuvo la mayor cantidad de víctimas judías en los países islámicos durante la Segunda Guerra Mundial.
LA GRAN SORPRESA
En los comienzos de 1943, las fuerzas británicas comenzaban a derrotar a las fuerzas nazis y fascistas. La gran sorpresa para los judíos de Libia fue que entre los soldados que luchaban para liberar Libia había algunos soldados “israelíes”, es decir, jóvenes judíos llegados de Palestina que se habían entrenado en las fuerzas de combate (leji, Hagan, etc.) y que luego de 1948 conformaron el ejercito de Israel. Esto creo un gran impacto positivo en la moral de los pobres judíos de Tripoli y Benghazi. Pero los sufrimientos de la comunidad judía de Libia no terminaron con el fin de la segunda guerra mundial.
En 1945 , cuando los soldados judíos que habían llegado de Palestina regresaron a Israel, hubo un terrible progrom llevado a cabo por los árabes locales en el cual asesinaron a cerca de 150 judíos.
En 1948 unos 3.000 judíos escaparon ilegalmente a Israel en lo que dio comienzo a la redención de la comunidad judía de Libia hacia un gran futuro.
En 1949, finalmente, Inglaterra legalizó la inmigración hacia Israel, llegaron los 30.000 judíos restantes. Solo 700 judíos quedaron en Libia.
En 1967 durante la guerra de los Seis Dias 17 judíos fueron asesinados.
GADAFI TAMBIEN CONSTRUYE UN CAMPO
En 1969 cuando Muamar Gadafi llegó al poder, se propuso hacer imposible la vida de los pocos judíos que todavía estaban allí. Lo hizo la mejor estilo nazi. Las propiedades de los judíos fueron confiscadas por el gobierno. Las deudas adeudadas a los judíos fueron canceladas. A los judíos se les prohibía abandonar el país. Y ese mismo año Gadafi ordenó que los judíos fueran llevados a un campo de detención donde tuvieron que estar por varios meses.
El día de conmemoración de Yom haShoá concluyó anoche. Sin embargo hoy decidí escribir sobre lo que sufrieron los judíos de Libia porque a pesar de todo lo sufrido, la comunidad tuvo un final feliz. En los años 70’s todos los judíos que quedaban en Libia pudieron escapar. Muchos se establecieron en Roma, Milan, Londres o Nueva York. Pero la mayoría vive hoy en Medinat Israel. Hoy en día, Baruj HaShem, no queda un solo judío en Libia.


Rabán Gamliel indica que el “Maror”, la verdura amarga que consumimos durante las dos primera noches de Pésaj, representa una de las tres ideas centrales que debemos transmitir a nuestros hijos en el Seder . El Maror nos recuerda que los egipcios nos demonizaron, nos esclavizaron y nos hicieron sufrir. Pero, ¿por qué es tan importante transmitir esta lección “dolorosa” a la próxima generación en la noche del Seder? ¿No deberíamos concentrarnos exclusivamente en celebrar nuestra libertad?
Hay varias razones por las que debemos recordar el significado del Maror.
Primero, al debatir el orden en que debe contarse la historia de Pésaj, nuestros sabios entendieron que tenemos que mencionar las cosas malas que nos sucedieron, y que estos recuerdos dolorosos deben mencionarse primero, para que de esta manera apreciemos más y mejor la libertad que obtuvimos y las cosas buenas que nos pasaron.
Segundo, porque el odio hacia el pueblo judío, simbolizado por el Maror, lamentablemente no es algo del pasado. De alguna manera, nuestros hijos deben saber que nuestro destino como pueblo elegido implica estar expuestos a la demonización y a la persecución. Es una parte integral del privilegio de pertenecer al pueblo judío.
Y creo que hay una razón adicional muy importante para preservar la memoria de nuestro sufrimiento. La Torá nos enseña a canalizar de manera positiva la memoria del dolor que sufrimos en Egipto. ¿Cómo? Haciendo todo lo posible para que otras personas NO sufran. Esta idea y el momento en que esta idea es transmitida, me parece que es una REVOLUCIÓN en el pensamiento humano.
Hay un patrón de conducta que siempre se repetió en la historia. Las civilizaciones que fueron oprimidas y esclavizadas luchaban por su libertad, y luego, cuando triunfaban, su primera necesidad era la venganza: hacer sufrir a sus perseguidores. Pero no terminaban ahí. Una vez que las personas que habían sido oprimidas se volvían más fuertes y poderosas, se dedicaban a conquistar otros pueblos, esclavizarlos y hacerlos sufrir, como habían sufrido ellos. Este comportamiento sádico es un fenómeno psicológico bien conocido. Las estadísticas muestran que hay una proporción muy alta de personas “abusivas” (en todos los sentidos) que han sido abusadas en el pasado.
La Torá presenta aquí una revolución moral. Una visión 180 grados diferente.
La Mitzvá que la Torá más veces repite es: “Y amarás [= te preocuparás por, cuidarás de…] al extranjero [= los pobres, las personas más expuestas al abuso], porque ustedes han sido extranjeros en la tierra de Egipto”. La Torá nos enseña a canalizar el abuso que sufrimos en Egipto de una manera contra-intuitiva, casi sobrenatural. En lugar de alimentar o justificar la sed subconsciente de venganza y abuso, nosotros, el pueblo de Dios, debemos comportarnos con más compasíon con los necesitados.
La Torá nos dice: Tú sabes lo que significa el sufrimiento, por lo tanto, no dejes que otras personas sufran ya que estás mejor calificado que aquellos que no sufrieron, para evitar que otros sean humillados y oprimidos.
Si bien aquellos que experimentaron opresión naturalmente albergan sentimientos de venganza, a los judíos se nos pide que enseñemos a nuestros hijos a preservar el recuerdo de nuestra aflicción para procesar nuestros recuerdos de abuso de forma positiva y ser más sensibles con aquellos que sufren.
Conozco a muchas personas buenas y generosas. Pero, sinceramente, las personas más amables, compasivas y angelicales que he conocido son algunos sobrevivientes del Holocausto. Entre ellos, por ejemplo, a la rabbanit Esther Jungreis z”l, que dedicó su vida a inspirar a otros a ser buenos, generosos y pacientes (mira su video abajo). O a Yehuda Lindenblatt, un sobreviviente de la Shoah –un hombre muy mayor– que se dedica a ser voluntario en Hatzalah y salvar vidas. Con los años, he conocido a muchos otros sobrevivientes del Holocausto. Y me sorprendió su extraordinaria amabilidad y altruismo. Estos ancianos sufrieron lo inconcebible. Sus familias fueron destruidas. Y siguiendo el sentido común de los abusados que se transforman en abusadores, los sobrevivientes del Holocausto deberían ser las personas más malvadas y abusivas del planeta. Sin embargo, ¡son todo lo contrario! Y creo que todo el crédito le corresponde a nuestra Torá, a esta increíble idea que Dios proyectó en nuestras mentes: DEBEMOS AYUDAR A LOS QUE SUFREN, PORQUE SABEMOS PERSONALMENTE LO QUE SIGNIFICA EL SUFRIMIENTO. Esta idea contra-intuitiva en términos de psicología humana, es una idea Divina, que se convirtió en parte de nuestro carácter y nuestro ADN.
¡Que HaShem nos inspire y nos ayude para que siempre estemos del lado de los que dan!
AMÉN