ABOT 4:22: El juego de las 3 vidas

רבי יעקב אומר, העולם הזה דומה לפרוזדור בפני העולם הבא.

התקן עצמך בפרוזדור, כדי שתכנס לטרקלין.

Rabbi Yaaqob solía decir: esta vida es como una antesala en función del mundo por venir.  ¡Prepárate en la antesala antes de ingresar a la sala principal!

 

Cuando alguien va a visitar a una persona importante que lo está esperando, por ejemplo, en la sala VIP del Hotel en el séptimo piso, al ingresar al Hotel uno seguramente se arreglará la corbata, se pondrá la camisa dentro del pantalon, o si se trata de una mujer probablemente chequeará su maquillaje en el espejo del ascensor y se mirará una y otra vez para estar segura de verse lo más presentable posible.

Ésta es la metáfora que elegió rabbi Yaaqob para que visualicemos la relación entre esta vida y la próxima. Esta metáfora es un poco «dura», entre otras razones porque nos hace pensar con más realismo acerca de la (desesperante) brevedad de nuestras vidas, que generalmente se aprecia cuando uno ya vivió unos cuantos años…. Nuestra vidas son tan breves como ese instante en el que pasamos del lobby del hotel hacia la sala VIP…    Pero más allá de esta reflexión existencial, la esencia de esta metáfora es ayudarnos a entender la razón de nuestra existencia en este mundo y la dependencia de esta vida en la vida en el mundo por venir: estamos aquí para prepararnos para la vida después de la muerte.

Voy a tratar de parafrasear las palabras de rabbi Ya’aqob con mis propias palabras.

Vivimos 3 vidas.

Vida 1: en el vientre materno.

Vida 2: esta vida.

Vida 3: la vida después de esta vida.

*En esta progresión, cada vida es más significativa y más rica que la otra.  La vida 2 es más rica que la vida 1, y al vida 3 más rica que la vida 2.

*Hay un problema insalvable: desde la vida anterior no podemos saber nada sobre la vida que viene. La próxima vida es «inimaginable».  Imaginan a un bebe visualizando su próxima vida, la nuestra? Lo único que podrá imaginar es que la próxima vida es una placenta mucho más grande!

*Y ahora veamos lo que dice rabbi Yaaqob: Cada una de estas vidas es una preparación hacia la vida que viene. La vida en el vientre materno es únicamente una preparación para esta vida. Somos concebidos y nuestros cuerpos se forman en la vida 1  únicamente para esta vida, la número 2.  Nuestra nariz, nuestros ojos y nuestra boca no tienen ningún sentido ni uso práctico en la vida intrauterina. Estos órganos, y prácticamente todo nuestro organismo, sólo se entienden y se justifican en función de la próxima vida, la vida 2.

De la misma manera, nuestro crecimiento «espiritual» en la vida 2, la antesala de rabbi Yaaqob, se justifica en función de nuestra llegada a la sala VIP, la vida 3.

Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre la vida 1, en función de la vida 2, y la vida 2 en función de la vida 3.  Y este es el mensaje principal de rabbi Ya’aqob: Mientras que en la vida 1 nuestro cuerpo se prepara automáticamente para la vida 2, en la vida 2 nuestra preparación no es automática o natural: depende de nosotros mismos, de nuestras decisiones morales y de la inversión que hacemos o dejamos de hacer en nuestra vida espiritual. Por eso es que Rabbi Yaaqob usa el imperativo: ¡»Prepárate» para entrar a la sala!!!  Porque lo potencialmente trágico es que uno puede vivir la vida 2 si hacer absolutamente nada para la vida 3.

 




ISRAEL: Lo que vio Isaias

מִי-אֵלֶּה כָּעָב תְּעוּפֶינָה וְכַיּוֹנִים אֶל-אֲרֻבֹּתֵיהֶם

La Torá predijo que el pueblo judío sería exiliado a todos los rincones del planeta (Deut. 29) y también anticipó que eventualmente regresaría a la tierra de Israel (Deut. 30). El profeta Isaías (Yesha’yahu) describió con palabras proféticas y poéticas cómo se llevaría a cabo este regreso. Dirigiéndose a la Tierra de Israel, Yesha’yahu dijo: «Tus hijos llegarán desde tierras lejanas; y tus hijas, cargadas sobre los hombros [de sus padres]…». En ese contexto, también dijo (60:8): «Habrá quienes [llegarán a Israel] volando como nubes, y otros [que llegarán volando] como palomas a sus nidos».

El rabino principal de Rehovot, Rab Simja Kook, explicó por qué Yesha’yahu usó en su profecía estas metáforas:  «nubes» y  «palomas». Porque las nubes y las palomas representan dos extremos opuestos en términos de movimiento. Las nubes son movidas por los vientos, no controlan sus movimientos. Si el viento sopla desde el norte, las nubes se dirigirán hacia el sur, y viceversa. Y cuando no sopla el viento, las nubes se quedan donde están.

Las palomas, por otro lado, tienen un sentido de ubicación extraordinario. ¡Unico! Un GPS biológico que todavía es un misterio para la ciencia. Ninguna otra ave posee un sentido de orientación migratoria similar. Es un instinto de dirección que les permite regresar a su nido desde cualquier lugar del mundo, incluso a miles de kilómetros de distancia. Durante miles de años, las palomas se utilizaron para enviar mensajes de un lugar a otro. Cuando alguien viajaba desde un lugar A a un lugar B, llevaba consigo palomas que nacieron y fueron criadas en A. Sin importar lo lejos que estuviera B de A, las palomas siempre encontraban la forma de regresar a Am es decir, su nido, contra viento y marea.

Ahora podemos comprender mejor lo que el profeta Yesha’yahu estaba diciendo… y viendo en su proefecía. Cuando el pueblo de Israel regrese a su tierra, habrá judíos que, como las nubes, «volarán» (ese fue el verbo que increiblemente utilizó Yesha’yahu!) hacia Israel movidos por «vientos», todo tipo de vientos: políticos, financieros, vientos de antisemitismo, etc. Para Yesha’yahu, todos estos son vientos «divinos» que traerán a estos judíos, aunque un poco por la fuerza,  de regreso a su tierra.

Por otro lado, habrá judíos que, como las palomas, llegarán a Israel guiados por su GPS interno, volarán hacia Israel como quien regresa a su casa, a su nido.

Mientras que las nubes son empujadas por los vientos, las palomas, para llegar a su nido, a veces tienen que volar contra el viento.

Eventualmente, con la ayuda de Dios, todos los judíos regresaremos a Israel. Si no lo hacemos nosotros, lo harán nuestros hijos o nuestros nietos. Todos nos reuniremos en la tierra de Israel. Algunos,  movidos por los vientos de la historia, mientras que otros regresarán «a su nido» guiados por un fuerte sentido de dirección interno. Sin embargo, independientemente de la forma en que lleguemos, lo importante es que trabajemos juntos para hacer realidad la profecía de Yesha’ayahu y construir un futuro brillante para el pueblo judío en nuestra tierra ancestral.

 

YOM HAATZMAUT SAMEAJ




¿Qué vio el profeta Zejariyá?

Miren esta imagen con atención. ¿ves algo especial? Sólo niños jugando en una plaza. Bueno, no tan rápido…

Esta es la Ciudad Vieja de Jerusalem. Unos niños juegan en una plaza –una calle peatonal– llamada Bate-Mahase. Este es un lugar muy importante . El edificio de dos pisos con arcos que se ve en el fondo fue construido en 1871 con dinero proporcionado por el barón Wolf Rothschild de Frankfurt para albergar a familias pobres. El escudo de armas de la familia Rothschild todavía está en la parte superior del edificio. Hoy alberga las oficinas de la Municipalidad de la Ciudad Vieja de Yerushalayim. En este patio se ve una escena muy familiar: niños corriendo y jugando. Esto sucede todos los días porque hay dos escuelas cerca de este patio: el Talmud Torá Noam y la Yeshibá Sylberstein.

Lo que no se puede apreciar en esta foto, pero se ve en la ilustración principal, es otra escena común: ancianos y ancianas sentados en los bancos de la plaza. A los mayores les encanta ver a los niños jugar, y muchas veces después del horario escolar, los abuelos vienen a esta plaza a jugar con sus nietos.

Hay algo más en este lugar. Mira la siguiente imagen.

Este texto tallado en piedra es una cita del profeta Zacarías (Zejariá), capítulo 8:4-5. Zejariá era un niño cuando los judíos vivían en el exilio de Babilonia hace 2500 años. Sin su propia tierra y sin el Bet HaMiqdash, el futuro del pueblo judío se veía muy sombrío. Estaban sin esperanza. En circunstancias normales, los judíos se habrían integrado (asimilado) naturalmente a la población babilónica y desaparecido. Pero sucedió un milagro: Ciro (Córesh), el emperador persa, fue «inspirado»  por HaShem (como él mismo declaró explícitamente) e invitó a los judíos a regresar a Israel y reconstruir Jerusalem. Aunque la mayoría de los judíos optaron por permanecer en Babel, miles de Yehudim regresaron. Entre ellos estaba el profeta Zejariá . Cuando llegaron, encontraron la ciudad completamente destruida. Todo era ruinas, cenizas y desolación. Ni siquiera había un muro para proteger la ciudad, lo que hacía que vivir en la ciudad fuera una misión imposible (imaginense vivir en una casa sin sus paredes exteriores).

Pero en medio de esta desolación, Zejariá tuvo una visión profética, un escenario muy improbable de suceder, dadas las terribles condiciones de Yerushalayim en sus días.

Esta profecía dice así:

כֹּה אָמַר ה’ צְבָאוֹת: עֹד יֵשְׁבוּ זְקֵנִים וּזְקֵנוֹת בִּרְחֹׁוּשּת שִּרְחֹׁוֹ ָלִָם, וְאִישׁ מִשְׁעַנְתּוֹ בְּיָדוֹ מֵרֹב יָמִים.

זכריה ח’ 5-4

“Dice HaShem,  volveré al monte de Sión, y Mi presencia habitará en Yerushalayim…. Y una vez más, ancianos y ancianas caminarán con sus bastones por las calles de Jerusalem, y se sentarán juntos en las plazas de la ciudad. Y las calles de la ciudad se llenarán de niños y niñas jugando en ella”.

Veamos ahora el cuadro completo: estás en Bate Majasá, leyendo este extraordinario versículo grabado en la piedra frente a ti. Es una día de semana cualquiera, los ancianos se sientan en un banco mientras los niños juegan a la pelota en la calle. Entonces te das cuenta de que tienes el increíble mérito de ser un testigo presencial del cumplimiento de las palabras proféticas de Zacarías. Pero también te das cuenta que no eres solo un testigo de la profecía de Zejariá, sino la encarnación, la realización de esa profecía. Tienes la sensación de que hace 2500 años, en su increíble visión profética, Zejariá, en ese lugar, te estaba viendo a ti.




¿Qué vio el profeta Ezequiel?

הִנֵּה אֲנִי פֹתֵחַ אֶת-קִבְרוֹתֵיכֶם וְהַעֲלֵיתִי אֶתְכֶם מִקִּבְרוֹתֵיכֶם עַמִּי; וְהֵבֵאתִי אֶתְכֶם, אֶל-אַדְמַת יִשְׂרָאל
יחזקאל ל»ז
Esta es una semana muy simbólica, que marca la transición entre dos hitos históricos importantísimos, diametralmente opuestos, que afectaron y cambiaron profundamente al pueblo judío. Por un lado, este pasado martes lloramos y lamentamos en Yom HaShoah, el Día de la Memoria del Holocausto. Por otro lado, este martes a la noche celebraremos Yom ha’Atzmaut, el día de la Independencia del Estado de Israel.  Los judíos hemos sufrido incontables persecuciones, matanzas y pogroms. En todas las tierras y en todos los tiempos. Pero nunca vivimos algo tan siniestro como la Shoah. Tanto en términos absolutos como relativos, nunca hubo una matanza tan devastadora de judíos como la ocurrida en Europa entre 1940 y 1945. Cuando ya nadie se atrevía a oponerse al Tercer Reich, como se ve claramente en la película The Darkest Hour (Las horas más oscuras) , de Winston Churchill. O cuando los Nazis exterminaron a medio millón de judíos de la comunidad Húngara en solo 6 meses. O cuando Erwin Rommel estaba preparando las cámaras de gas en Túnez para transportar allí y gasear a todos los judíos del Norte de Africa, Palestina, Siria, irán e Irak. Nunca el pueblo judío percibió que su final estaba tan cerca. Nunca perdimos tanto la esperanza, o como dijo el profeta Yejezquel,   אבדה תקוותינו  (nuestra esperanza se ha perdido)  y sentimos que estábamos  irremediablemente condenados a morir. O ya muertos. Había llegado el final. Y entonces, en solo 3 años, que en términos de la milenaria historia judía es menos que un abrir y cerrar de ojos, el gran milagro que la Torá (Debarim 30) y todos nuestros profetas habían prometido hace tanto tiempo atrás, finalmente ocurrió. Comenzó el KIBBUTS GALUYOT, el regreso del pueblo de Israel a nuestra tierra. HaShem, literalmente, abrió nuestras tumbas, nos sacó desde abajo de la tierra y nos trajo de regreso a la hermosa tierra a Israel.
Hace mucho tiempo, más de 2500 años atrás, el profeta Ezequiel tuvo una visión profética (nebuá) muy especial. En esta visión (Capítulo 37) HaShem transportó a Yejezquel a un valle. Y en ese valle había huesos. Muchos huesos. Huesos humanos. Secos. No hay nada más muerto que un hueso seco. Ezequiel lo vio y no dijo nada. Y entonces, en esa visión, HaShem le dijo a Ezequiel: «Hijo del hombre: ¿Crees tu que estos huesos podrán volver a la vida?» Y Ezequiel, en una combinación de humildad, estupor y sentido común respondió «HaShem, sólo Tú puedes saberlo».  Y entonces hubo un ruido ensordecedor. Y los huesos empezaron a moverse. Se juntaron con otros huesos y formaron esqueletos. Y los esqueletos se revistieron de venas, nervios y carne. Y finalmente se cubrieron de piel. Ahora ya no eran huesos sino cuerpos humanos. Pero sin vida. Cadáveres. Y entonces HaShem le dijo a Ezequiel: «Profetiza para que a estos cuerpos les llegue vida …. que se introduzca en estos cuerpos y que vuelvan a vivir.» Y así fue. «Y un hálito de vida ingresó en esos cuerpos y se pusieron de pie. Era un gran ejercito, muy numeroso». Y entonces HaShem le dijo al profeta Ezequiel: «Hijo del hombre, estos huesos son la casa de Israel. Ellos dicen: ‘nuestros huesos se han secado, se ha perdido nuestra esperanza, hemos sido condenados [a desaparecer].’ Por eso, quiero que profetices y les digas [al pueblo de Israel]: así dice HaShem, Dios, he aquí que Yo abriré vuestras tumbas, y los levantaré de vuestras tumbas y los llevaré a la tierra de Israel…
Es imposible no conectar esta intensa profecía con 1945 y 1948.
En 1945 estábamos condenados a desaparecer. Éramos huesos secos, o quizás peor que huesos secos: estábamos hechos cenizas. Y entonces, cuando ya todos pensaban que habíamos desaparecido, que ya nunca más volveríamos a ser un pueblo, que todas las milenarias profecías nunca se cumplirían, ocurrió el milagro más grande: HaShem abrió nuestras tumbas, nuestros crematorios, nos levantó y nos devolvió la vida. Pero allí no terminó Su misión: luego ocurrió lo inconcebible, aquello que nadie se hubiese atrevido a anticipar o incluso soñar. HaShem cumplió lo que nos prometió: Regresamos a nuestra tierra, y establecimos el Estado de Israel, tal como Ezequiel lo había profetizado: «y cuando abra vuestras tumbas, y los saque de ellas, pueblo Mío, y los conduzca a vuestra tierra, sabrán que Yo, HaShem, lo he prometido y lo he cumplido».



¿Cómo me convertí en un testigo del Holocausto ?

Este lunes a la noche, la víspera del 27 de Nisán, comenzaremos la conmemoración de Yom haShoá, el día en el cual recordamos el brutal exterminio de 6 millones de judíos a manos de los asesinos nazis y sus colaboradores.

Mis padres no nacieron en Europa, tampoco mis abuelos. Vengo de una típica familia sefaradí. Del lado materno, mis ancestros vienen de Siria y del lado paterno, de Marruecos. Ninguno de mis parientes cercanos fue enviado a un campo de concentración, ni falleció en una cámara de gas. Mis padres, mis hermanas y yo, todos nacimos en Argentina. No vivimos directamente la experiencia de la Shoá, ni tenemos sobrevivientes en nuestras familias.

Aprendí sobre la Shoá en la escuela a la que asistí en mi ciudad natal, Buenos Aires, el colegio Talpiot en la calle Azcuénaga al 700. Cada año nos hacían mirar unos horribles documentales en blanco y negro. Así, mis compañeros y yo aprendimos sobre los trenes de la muerte, los cadáveres, los hornos crematorios, las cámaras de gas. Nunca me voy a olvidar de aquel documental que mostraba a un grupo de niños de edad escolar, acompañados de un maestro, ingresar inocentemente a un camión del ejército alemán, del cual nunca salieron vivos, pues para hacer el trámite de su asesinato más expeditivo, los nazis dirigieron los gases de monóxido de carbono hacia adentro del mismo. Lloré, y mucho… por el horror que sufrieron nuestros hermanos en manos de los humanos más inhumanos que conoció la historia yemaj shemam

Pero lo que más recuerdo y lo que hizo que mi experiencia de la Shoá se transformara en algo «personal» ocurrió el año que nuestro director, el Sr. Eliezer Shlomowitz, z»l,  invitó a un sobreviviente del Holocausto a hablar con nosotros (era probablemente el año 1977). Hay que tener en cuenta que en ese tiempo no era habitual que los sobrevivientes de la Shoá hablaran en las escuelas.

Era un hombre anciano. Le costaba hablar en español y se podía ver que no tenía un discurso memorizado. Si bien recuerdo vívidamente la experiencia de haberlo escuchado, me avergüenza confesar que me acuerdo todos los detalles de su historia personal. Ni su nombre, o si creyó necesario mencionarlo. Después de contarnos su holocausto personal , cómo perdió a sus padres, a sus hermanitos y prácticamente a todos sus seres queridos, y cómo pudo escapar de Auschwitz, este hombre de avanzada edad nos dijo más o menos esto:

«Ustedes no han vivido la Shoá personalmente, gracias a Dios. Pienso, temo, que quizás para ustedes la Shoá pueda algún día convertirse solo en un capítulo más de la historia judía moderna. Una historia que quizás pueda ser refutada, cuestionada o negada por nuestros enemigos. Y por eso quiero que entiendan que el esfuerzo de nuestros enemigos por negar la historia es el primer paso para intentar repetirla. Y ustedes nunca pueden permitir que eso suceda. No alcanza con «aprender» sobre el Holocausto. Ustedes tienen que ser testigos de la Shoá. Todos ustedes. ¿Por qué? Porque la historia se puede negar y los documentos pueden ser cuestionados. La historia se puede negar y los documentos pueden ser cuestionados. Los únicos que podrán proteger la memoria de la Shoá son los testigos de la Shoá. Hoy, han escuchado mi historia. Y también me han visto. Y han visto mis ojos… Ahora cargan sobre sus jóvenes hombros una nueva y tremenda responsabilidad. Hoy, ustedes se han convertido en testigos presenciales de la Shoá. ¿Cómo ocurrió esto? Les voy a explicar. Mis ojos vieron la Shoá. Pero no la vieron en blanco y negro. Mis ojos vieron el verde oscuro de los uniformes nazis, el gris metálico de sus fusiles, y el rojo de la sangre de nuestros seres queridos. Mis ojos vieron la muerte en todos sus horribles colores. Mis ojos vieron el horror de lo que mis palabras no pueden describir. Y ahora quiero que ustedes miren mis ojos. Para que desde hoy puedan decirle a los demás, y para que algún día le cuenten a sus hijos: ‘Yo no he visto la Shoá. Pero mis ojos han visto a los ojos que vieron la Shoá. Y ahora, hijo mío, mira mis ojos y conviértete en un testigo más’.

Cuando terminó de hablar, se arremangó la camisa y nos invito que que contemplaremos su número de prisionero. Era la primera vez que veíamos un número tatuado en la piel humana. Yo me acerqué a él un poco más y me obligué a mirar sus ojos. Eran pequeños, grises, tristes, fatigados y apagados. Había algo vacío y ausente en esa mirada. Les faltaba «vida». Y allí fue cuando me di cuenta de que en los cansados ojos de ese anciano, yo había presenciado un reflejo, o una oscura sombra, del horror de la Shoá. Y desde entonces me convertí en un testigo. Y la Shoá se convirtió en parte de mi experiencia personal.

No olvidemos. Ni permitamos que se olvide.




Los Judíos de Libia

EL CÍRCULO SE CIERRA

La historia de la comunidad judía de Libia en el siglo XX fue muy sufrida. Primero bajo la dictadura de Benito Mussolini, luego bajo el régimen nazi. Al terminar la segunda guerra mundial los judíos de Libia también fueron víctimas de ataques y progroms por parte de la población árabe local. Y a partir de 1969 les tocó sufrir la horrorosa discriminación de parte del gobierno del general Muamar Gadaffi (o Kadafi ), que fue excepcionalmente cruel con los pocos judíos que quedaban allí. Por el otro lado, la comunidad judía de Libia tuvo un aliado muy importante: el estado de Israel, que incluso antes que naciera, estuvo allí para ayudarlos.  La breve historia que voy a contarles hoy sobre esta comunidad, representa un poco el ánimo de estos días en el calendario hebreo: la transición desde el Holocausto hacia la creación del Estado judío: Medinat Israel. 

MUSSOLINI Y LOS JUDÍOS

Hay evidencias que judíos vivan en Sirte, Libia, ya en el siglo 13 antes de la era común. Lo que dice que esta comunidad judía era una de las más antiguas del mundo.  Pero vamos a ir directamente al siglo XX. Desde 1911 hasta 1951 cuando obtuvo su independencia, Libia fue un protectorado italiano .  Los primeros años  del dictador Benito Mussolini al principio no fueron tan malos para los judíos de Italia y Libia. Pero todo comenzó a empeorar en 1936 cuando Mussolini hizo un pacto con Hitler. Desde ese entonces se establecen los decretos anti judíos en Italia y sus protectorados.  Al final de los años 30’s había mas de 30.000 judíos en Libia, especialmente en la capital Trípoli, donde los judíos constituían el 25% de la población total y contaban con 44 sinagogas. Los judíos fueron obligados a abrir sus negocios el sábado, con la excusa que contribuir a la economía de Italia.  Muchos se opusieron, hasta que las autoridades, como medida ejemplar, ejecutaron a dos comerciantes judíos.   Las infames leyes raciales de Italia prohibían a los judíos  tener acceso a la educación secundaria o terciaria.  Les estaba prohibido trabajar en organizaciones gubernamentales, en bancos o en oficinas municipales. Y todos los documentos oficiales debían llevar la un sello que decía “judío”. 

En junio de 1940 Italia ingreso a la guerra oficialmente del lado de Alemania.  Si bien miles de judíos libios fueron enviados a campos de trabajo dentro de Libia para trabajos de construcción de rutas militares, tal como había ocurrido en Marruecos y Algeria,  la mayoría de sobrevivieron. Pero los judíos libios que tenían ciudadania inglesa fueron enviados a campos de concentración y exterminio en Europa, como Bergen Belsen donde muchos murieron de hambre, tifus o extenuación.  Esta historia esta relatada en forma de novela en este libro. 

UN CAMPO DE CONCENTRACION EN UN PAIS ISLAMICO

En Febrero de 1942 Mussolini dio la orden de comenzar a “rebajar” a la comunidad judía de Libia y ordenó construir un campo de concentración en la ciudad de Giado, un poco mas de 200 kilómetros al sur de Tripoli, para llevar allí a los judíos de nacionalidad libia. En junio de 1942, los italianos ya habían deportado a un total de 2.584 judíos a Giado. Las condiciones de vida en el campo eran insufribles. El campamento estaba abarrotado: decenas de familias dormían en un espacio de cuatro metros y estaban separadas solo por ropa de cama y mantas. Las raciones diarias de alimentos consistían en unos pocos gramos de sustituto de arroz, aceite, azúcar y café. Los hombres mayores de 18 años eran enviados todos los días a trabajos forzados. La escasez de agua, la desnutrición, el hacinamiento y la suciedad intensificaron la propagación de enfermedades contagiosas.  Además, los guardias italianos del campo disfrutaban humillando a los judíos. De los casi 2.600 judíos enviados a Jado, 562 murieron de debilidad y hambre, y especialmente de fiebre tifoidea y tifus.  El campo de concentración de Giado no solo tenía trabajadores, sino familias enteras. Giado fue lo más parecido en el norte de África a un campo de concentración europeo. Y tuvo  la mayor cantidad de víctimas judías en los países islámicos durante la Segunda Guerra Mundial.

LA GRAN SORPRESA 

En los comienzos de 1943, las fuerzas británicas comenzaban a derrotar a las fuerzas nazis y fascistas. La gran sorpresa para los judíos de Libia fue que entre los soldados que luchaban para liberar Libia había algunos soldados “israelíes”, es decir, jóvenes judíos llegados de Palestina que se habían entrenado en las fuerzas de combate (leji, Hagan, etc.) y que luego de 1948 conformaron el ejercito de Israel.  Esto creo un gran impacto positivo en la moral de los pobres judíos de Tripoli y Benghazi.  Pero los sufrimientos  de la comunidad  judía de Libia no terminaron con el fin de la segunda guerra mundial.  

En 1945 , cuando los soldados judíos que habían llegado de Palestina regresaron a Israel, hubo un terrible progrom llevado a cabo por los árabes locales en el cual asesinaron a cerca de 150  judíos. 

En 1948 unos 3.000 judíos escaparon ilegalmente a Israel en lo que dio comienzo a la redención de la comunidad judía de Libia hacia un gran futuro. 

En 1949, finalmente, Inglaterra legalizó la inmigración hacia Israel, llegaron los 30.000 judíos restantes.  Solo 700 judíos quedaron en Libia. 

En 1967 durante la guerra de los Seis Dias 17 judíos fueron asesinados. 

GADAFI TAMBIEN CONSTRUYE UN CAMPO 

En 1969 cuando Muamar Gadafi llegó al poder, se propuso hacer imposible la vida de los pocos judíos que todavía estaban allí.  Lo hizo la mejor estilo nazi. Las propiedades de los judíos fueron confiscadas por el gobierno. Las deudas adeudadas a los judíos fueron canceladas. A los judíos se les prohibía abandonar el país. Y ese mismo año Gadafi ordenó que los judíos fueran llevados a un campo de detención donde tuvieron que estar por varios meses.  

El día de conmemoración de Yom haShoá concluyó anoche. Sin embargo hoy decidí escribir sobre lo que sufrieron los judíos de Libia porque a pesar de todo lo sufrido, la comunidad tuvo un final feliz.  En los años 70’s todos los judíos que quedaban en Libia pudieron escapar. Muchos se establecieron en Roma, Milan, Londres o Nueva York.  Pero la mayoría vive hoy en Medinat Israel.  Hoy en día, Baruj HaShem, no queda un solo judío en Libia. 




El Rab Jayim Jabib y el Holocausto en Salónica, Grecia.

El rabino Jayim Jabib nació en la ciudad de Salónica (o Thesaloniki), Grecia, en 1882. Su padre fue el famoso Dayán (juez rabínico), Rab Refael Jabib.
Alrededor del año 1550 y gracias a los esfuerzos de Doña Gracia Mendes para absorber a los expulsado de la península ibérica, Salónica fue la única ciudad del mundo con mayoría judía. Su población consistía especialmente de refugiados Sefaradim de España y de Portugal. Entre sus ilustres Jajamim se cuentan Ribbí Shemuel de Medina, Ribbí Moshé Almosnino, Ribbí Yaakob Ibn Jabib, etc. A fines del siglo 19 la comunidad de Salónica contaba con la comunidad Sefaradí más importante del mundo. En 1900 había aproximadamente 80.000 judíos en Salónica, de una población total de 173.000 almas. Los judíos se destacaban en todas las profesiones: abogados, médicos, maestros y especialistas en comercio marítimo. Los estibadores judíos del puerto de Salónica eran famosos en el mundo entero. Durante Shabbat, el puerto de Salónica, uno de los más importantes de Europa, estaba cerrado, ya que la mayoría de los trabajadores y empresarios portuarios eran judíos.
Había 49 sinagogas en Salónica y un cementerio de 500 años de edad, con medio millón de tumbas (sic.).
El rabino Jayim Jabib estudió en el Talmud Tora dirigido por el rabino Moshe Ottolenghi (1840-1901) y más tarde en la escuela rabínica de Salónica «Bet Yosef» donde se le concedió su ordenación rabínica. También estudió contabilidad y lenguas europeas.
A los 40 años al Rab Jabib le fue ofrecido servir como gran rabino de Salónica. Era tan humilde que al principio se negó a tomar esa posición, pero ante la insistencia de muchos colegas, aceptó ese difícil cargo. Los deberes del rabino Jabib eran muchos y muy complejos. Además de ser responsable de la Kashrut de la ciudad y la supervisión de todos los aspectos técnicos de la ley civil judía (Bet Din) también estaba a cargo de supervisar la educación judía de su ciudad. El Rab Jabib enseñaba a los maestros, examinaba a los estudiantes y proponía constantemente mejoras en el plan de estudios de las escuelas, que incluía también el estudio del hebreo moderno.
También supervisaba la escuela rabínica y estaba a cargo del nombramiento de los Jazanim, Mohalim y Rabbanim para todas las sinagogas de la ciudad.
El rabino Jabib era muy querido por su comunidad y muchos lo consideraban un santo (איש קדוש) porque siempre estaba pendiente de ayudar a los necesitados. Los pobres, los enfermos, los ancianos, todos ellos podían contar con el apoyo incondicional del Rab Jabib.
Durante los años1900s muchos judíos dejaron Salónica y emigraron a los EE.UU., Francia e Israel. Aún así, la población judía pre-Segunda Guerra Mundial de Salónica contaba con 56.000 almas.
En 1941 los nazis יש»ו llegaron a Salónica. En abril de ese año, Alemania invadió Grecia, el rey griego Jorge II huyó de Atenas. El país quedó dividido en tres zonas diferentes. Atenas y ciertas islas estaban bajo el control de Italia; Macedonia oriental estaba bajo el control de Bulgaria; y los nazis controlaban Salónica. Los nazis Destruyeron las sinagogas, las escuelas judías, las bibliotecas, y profanaron el cementerio judío. Pronto, un gueto fue creado para los judíos de Salónica, y los judíos se vieron obligados a trasladarse allí y portar la estrella de David amarilla. Esto llevó al saqueo generalizado de los hogares y negocios judíos. Espectáculos públicos aterradores de humillación de judíos se convirtieron en algo común, y no pasó mucho tiempo antes de que los judíos fueran deportados a los campos de concentración, lo cual comenzó en Marzo de 1943.
El 95 por ciento de los judíos de Salónica, 54.000 judíos, fueron asesinados en Auschwitz-Birkenau, o murieron durante el terrible «Marcha de la muerte» desde enero a mayo de 1945. En esa marcha también murió o fue asesinado el rabino Jayim Jabib, su esposa y dos de sus hijas הי»ד.
Una hija y un hijo del Rab Jabib emigraron a Israel antes de que los nazis llegaran a la ciudad. Los descendientes de rabino Jabib viven hoy en Tel Aviv, Israel.



La gran lección del Maror

Rabán Gamliel indica que el «Maror», la verdura amarga que consumimos durante las dos primera noches de Pésaj, representa una de las tres ideas centrales que debemos transmitir a nuestros hijos en el Seder . El Maror nos recuerda que los egipcios nos demonizaron, nos esclavizaron y nos hicieron sufrir. Pero, ¿por qué es tan importante transmitir esta lección «dolorosa» a la próxima generación en la noche del Seder? ¿No deberíamos concentrarnos exclusivamente en celebrar nuestra libertad?

Hay varias razones por las que debemos recordar el significado del Maror.

Primero, al debatir el orden en que debe contarse la historia de Pésaj, nuestros sabios entendieron que tenemos que mencionar las cosas malas que nos sucedieron, y que estos recuerdos dolorosos deben mencionarse primero, para que de esta manera apreciemos más y mejor la libertad que obtuvimos y las cosas buenas que nos pasaron.

Segundo, porque el odio hacia el pueblo judío, simbolizado por el Maror, lamentablemente no es algo del pasado. De alguna manera, nuestros hijos deben saber que nuestro destino como pueblo elegido implica estar expuestos a la demonización y a la persecución. Es una parte integral del privilegio de pertenecer al pueblo judío.

Y creo que hay una razón adicional muy importante para preservar la memoria de nuestro sufrimiento. La Torá nos enseña a canalizar de manera positiva la memoria del dolor que sufrimos en Egipto. ¿Cómo? Haciendo todo lo posible para que otras personas NO sufran. Esta idea y el momento en que esta idea es transmitida, me parece que es una REVOLUCIÓN en el pensamiento humano.

Hay un patrón de conducta que siempre se repetió en la historia. Las civilizaciones que fueron oprimidas y esclavizadas luchaban por su libertad, y luego, cuando triunfaban, su primera necesidad era la venganza: hacer sufrir a sus perseguidores. Pero no terminaban ahí. Una vez que las personas que habían sido oprimidas se volvían más fuertes y poderosas, se dedicaban a conquistar otros pueblos, esclavizarlos y hacerlos sufrir, como habían sufrido ellos. Este comportamiento sádico es un fenómeno psicológico bien conocido. Las estadísticas muestran que hay una proporción muy alta de personas «abusivas» (en todos los sentidos) que han sido abusadas en el pasado.

La Torá presenta aquí una revolución moral. Una visión 180 grados diferente.

La Mitzvá que la Torá más veces repite es: “Y amarás [= te preocuparás por, cuidarás de…] al extranjero [= los pobres, las personas más expuestas al abuso], porque ustedes han sido extranjeros en la tierra de Egipto». La Torá nos enseña a canalizar el abuso que sufrimos en Egipto de una manera contra-intuitiva, casi sobrenatural. En lugar de alimentar o justificar la sed subconsciente de venganza y abuso, nosotros, el pueblo de Dios, debemos comportarnos con más compasíon con los necesitados. 

La Torá nos dice: Tú sabes lo que significa el sufrimiento, por lo tanto, no dejes que otras personas sufran ya que estás mejor calificado que aquellos que no sufrieron, para evitar que otros sean humillados y oprimidos.

Si bien aquellos que experimentaron opresión naturalmente albergan sentimientos de venganza, a los judíos se nos pide que enseñemos a nuestros hijos a preservar el recuerdo de nuestra aflicción para procesar nuestros recuerdos de abuso de forma positiva y ser más sensibles  con aquellos que sufren.

Conozco a muchas personas buenas y generosas. Pero, sinceramente, las personas más amables, compasivas y angelicales que he conocido son algunos sobrevivientes del Holocausto. Entre ellos, por ejemplo, a la rabbanit Esther Jungreis z»l, que dedicó su vida a inspirar a otros a ser buenos, generosos y pacientes (mira su video abajo). O a Yehuda Lindenblatt, un sobreviviente de la Shoah –un hombre muy mayor– que se dedica a ser voluntario en Hatzalah y salvar vidas. Con los años, he conocido a muchos otros sobrevivientes del Holocausto. Y me sorprendió su extraordinaria amabilidad y altruismo. Estos ancianos sufrieron lo inconcebible. Sus familias fueron destruidas. Y siguiendo el sentido común de los abusados que se transforman en abusadores, los sobrevivientes del Holocausto deberían ser las personas más malvadas y abusivas del planeta. Sin embargo, ¡son todo lo contrario! Y creo que todo el crédito le corresponde a nuestra Torá, a esta increíble idea que Dios proyectó en nuestras mentes: DEBEMOS AYUDAR A LOS QUE SUFREN, PORQUE SABEMOS PERSONALMENTE LO QUE SIGNIFICA EL SUFRIMIENTO. Esta idea contra-intuitiva en términos de psicología humana, es una idea Divina, que se convirtió en parte de nuestro carácter y nuestro ADN.

¡Que HaShem nos inspire y nos ayude para que siempre estemos del lado de los que dan!

AMÉN




Preparando la cocina para Pésaj: Platos, ollas, cubiertos, etc.

Durante Pésaj, no usamos los mismos utensilios de cocina o la misma vajilla que usamos durante todo el año para Jamets. ¿Por qué?

Porque aunque los utensilios en los que cocinamos puedan estar completamente limpios, sin ningún resto visible de comida, los poros y la superficie de esos utensilios absorben el sabor de las comidas que cocinamos en ellos.Por ejemplo:  si en una olla se hierve carne y luego en esa misma olla, limpia, se hierve huevos, los huevos habrán absorbido algo del gusto de la carne.  De la misma manera, los utensilios de cocina utilizados para cocinar algo Jamets están impregnados con sustancias Jamets, que de no ser removidas reabsorberían algo del gusto del Jamets en los alimentos que prepararemos para o durante Pésaj.

Es costumbre (y es lo más recomendable) tener un juego de vajilla, platos y utensilios de cocina que se use exclusivamente para Pésaj. Durante el resto del año,  esta vajilla nunca entra en contacto con Jamets. Ahora bien, cuando esto no es posible, se podrá utilizar para Pésaj los mismos utensilios que usamos durante todo el año para cocinar o servir alimentos Jamets, luego de que éstos pasen por un proceso conocido como hag’ala, (una especie de esterilización) para eliminar los residuos de Jamets que puedan estar dentro de las paredes y de los poros de estos utensilios.

Antes de hacer la Hag’ala tenemos que asegurarnos que los utensilios estén completamente limpios de restos visibles de Jamets (חמץ בעין). La hag’ala entonces, expulsará el Jamets “invisible” (בלוע), es decir,  absorbido en las paredes del utensilio. La eliminación de estos residuos de alimentos va a ocurrir en las mismas condiciones en las que se produjo la absorción de estas substancias (כבולעו כך פולטו). Las superficies porosas se abren al estar expuestas al calor, y es entonces cuando ocurre la absorción. La expulsión de esas partículas ocurrirá en consecuencia al exponer estos utensilios al calor.

Algunos ejemplos de hag’ala:

Metal: Los cubiertos de metal como tenedores, cucharas o cuchillos, tienen que ser limpiados de todo residuo visible de Jamets. Luego, deben ser sumergidos en una olla de agua hirviendo. Después, tienen que ser lavados con agua fría, y así se podrán utilizar para Pésaj. El agua caliente abre los poros de metal, lo que permite la eliminación de cualquier Jamets absorbido. El agua fría cierra los poros de nuevo.

Utensilios que se usan en frío: Dado que la absorción tiene lugar sólo a altas temperaturas, si se utilizó un utensilio durante el resto del año sólo para preparar o servir comida Jamets fría, podrá ser utilizado durante Pésaj después de limpiarlo a fondo de todo resto “visible” de Jamets. Y no hará falta someterlo al proceso de Hag’alá, ya que no contiene Jamets absorbido ene su paredes (invisible)

Vidrio: De acuerdo con la tradición Sefaradí, los utensilios de vidrio como vasos o platos, utilizados a lo largo del año para Jamets deben lavarse a fondo y luego, pueden ser utilizados para Pésaj sin que sea necesario someterlos al proceso de Hag’ala. ¿Por qué? Porque los utensilios de vidrio son estériles, es decir no absorben ni quedan impregnados con ninguna sustancia alimenticia través de sus poros, y por lo tanto no hay ningún Jamets absorbido de sus paredes. Esto es aplicable incluso cuando esos utensilios de vidrio se hayan utilizado a altas temperaturas para cocinar o servir comida Jamets caliente.

Esta Halajá es radicalmente diferente para la costumbre Ashkenazí. Algunos rabinos Ashkenazim como Ram”a, piensan que, como el vidrio se elabora a partir de la arena, los utensilios de vidrio deben ser considerados como los utensilios de arcilla, que no son susceptibles de Hag’ala y no pueden ser utilizados en Pésaj (ver abajo). Otros rabinos Ashkenazim son más flexibles y permiten un proceso de Hag’alá.  Por favor, consulte con el rabino de su comunidad.

Utensilios de arcilla, cerámica y porcelana (Kelé Jeres): Si estos utensilios fueron usados para Jamets no podrán ser utilizados para Pésaj, ya que NO son susceptibles de Hag’alá.  ¿Por qué? De acuerdo a los Rabinos del Talmud los utensilios de arcilla (en ese entonces no existía la porcelana que conocemos hoy) absorben sustancias en su paredes. Pero a diferencia de los utensilios de metal, por ejemplo,  los utensilios de arcilla eliminan las sustancias impregnadas en sus paredes de una manera errática (=no consistente). Es decir, a veces expulsan lo absorbido y a veces no lo expulsan. Y por eso, no son susceptibles de Hag’alá y no se pueden usar en Pésaj.  Los rabinos contemporáneos opinan que los utensilios hechos de porcelana  deben ser considerados en la misma categoría que los utensilios de arcilla.  (Hay otras consideraciones para tomar en cuenta, por ejemplo: si se usaron para “cocinar” o sólo para “servir” comida;  la temperatura de la comida que se sirvió; si esa porcelana se usó o no se usó durante mucho tiempo; si se trata de porcelana común o recubierta de vidrio, etc, etc.). En estos casos y para otros casos que aquí no han sido expuestos, consulte por favor con el rabino de su comunidad para un veredicto definitivo.




JAMETS PSICOLÓGICO

AIRES DE GRANDEZA

Durante Pésaj está prohibido comer o poseer cualquier alimento que sea o contenga Jamets. ¿Por qué? Más allá de las razones históricas bien conocidas –nuestra redención fue tan presurosa que no hubo tiempo para que la masa del pan se eleve– nuestros Rabinos vieron en el Jamets, el proceso de fermentación que eleva a la masa, una representación muy significativa. Compararon al Jamets con la soberbia. La masa que se infla sola, con el individuo que permite que su ego se expanda y se engrandezca. La soberbia y el Jamets son simplemente:  aire; una inflación ilusoria del yo.

LA LIBERTAD Y EL CONSUMO

Pero, ¿por qué nos ponemos a pensar en arrogancia y en humildad específicamente durante Pésaj? Porque no todas las personas están expuestas al riesgo de convertirse en individuos arrogantes. Un esclavo judío en Egipto, por ejemplo, no podía darse el lujo de ser vanidoso. El riesgo de la vanidad excesiva solo es relevante para un hombre libre, pudiente, dueño de su vida. Y en Pésaj, cuando conmemoramos nuestra libertad, tenemos en mente que como individuos soberanos, fácilmente podríamos caer en un tipo diferente de auto-esclavitud. Una esclavitud mental. Una adicción a los aspectos inflables de nuestro ego: la soberbia. La sociedad moderna, en sus incansables esfuerzos por convertirnos en esclavos del consumo. Siendo más narcisistas, más egocéntricos y más hedonistas. Nos empuja a convencernos de que debemos tener no sólo todo lo que necesitamos, sino también todo lo que queremos y deseamos. Esta inmensa ambición, cuando se satisface, puede derivar fácilmente en arrogancia: sentir que SOY más que los demás, porque TENGO más que los demás.

HUMILDAD Y AUTOESTIMA

La Matsá, un pan plano, sin miga ni pretensiones, representa la humildad.   Ser humilde no significa degradarnos, humillarnos. Sino asumir la verdadera dimensión de la vida humana, tomando conciencia de nuestra ineludible mortalidad, y reconociendo nuestra dependencia de Dios. La humildad, en un plano psicológico, es también la esencia de la autoestima. Quererse, y fundamentalmente aceptarse, es un prerrequisito para estar en paz con uno mismo. El individuo arrogante es inseguro. Necesita el halago público y el permanente aplauso de los demás para sobrevivir emocionalmente. Busca la aprobación del otro, a veces desesperadamente, con el fin de compensar lo que le falta, o porque es incapaz de enfrentar sus propias fallas y errores. Solo el humilde, la persona que no necesita el aplauso de los demás para sentirse mejor, es verdaderamente libre, independiente. El hombre humilde es capaz de admitir sus desaciertos, cambiar y mejorar. La persona arrogante, por otro lado, no puede admitir errores y, por lo tanto, le es imposible cambiar. Y al no poder corregirse, termina adaptándose a sus propios defectos. Esclavizándose a ellos. La arrogancia es un Faraón tirano que condena nuestra personalidad al estancamiento.

HUMILDAD y ESPIRITUALIDAD

La arrogancia, este Jamets mental, es la principal barrera entre el hombre y su prójimo. Y también entre el hombre y Dios. La persona arrogante no concibe «servir a Dios», pretende más bien «usar» a Dios para su propio beneficio. Nuestros rabinos explican que desde la perspectiva del hombre soberbio, «no hay lugar en este mundo para él y para Dios». ¿Qué significa esto? Que si la realidad de la existencia fuera un círculo, alguien (o Alguien) tiene que estar en el centro. Y en el centro, no hay lugar para dos. El arrogante se sitúa en el centro y desplaza a Dios a la periferia. En esa relación, él no sirve a Dios, sino que trata de servirse de Él.El objetivo más importante de la vida de un individuo judío es alcanzar un nivel de humildad que reconoce que Dios está en el centro. Y asumir que uno, el ser humano, está aquí por Él y para Él. Una misión imposible para el individuo soberbio, esclavizado a su pequeñez…

De la misma manera que eliminamos cada migaja de Jamets de nuestros hogares, debemos borrar todo rastro de vanidad y soberbia de nuestros corazones.