SHEMOT: La historia de la envidia




VIVIR COMO MORTALES
La idea de la muerte siempre me ha fascinado. Durante mi adolescencia, adquirir conciencia de mi propia mortalidad y su irremediable inevitabilidad, me llevó a reflexionar más profundamente sobre la vida y el propósito de mi existencia. Lejos de asustarme, la idea de nuestra mortalidad fue lo que me acercó más al Creador y a la Torá. Me impactó la explicación de Ribbí Meir (טוב מות) sobre cómo la mortalidad otorga «finalidad» a la vida. Y la invaluable metáfora de Borges en el cuento “Los Inmortales”, donde compara al tiempo con las monedas. Las monedas son idénticas una con la Otra, son reemplazables, intercambiables, completamente recuperables. El tiempo, sin embargo, no se puede recuperar ni reemplazar. Las horas o los días no son iguales: a diferencia de las monedas, un día que se perdió ya no se puede reemplazar. Porque los días no se pierden sino que expiran, «fallecen». Un día que pasó es un día que murió. Que no se repetirá y no volverá jamás.
LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL TIEMPO
Podemos corregir muchos errores y faltas. Si tomamos plata ajena, por ejemplo, eventualmente la podemos reemplazar. Pero no hay forma de recuperar el tiempo perdido, un día malgastado que faklecio, Tomando prestada una metáfora bíblica, זה ספר תולדות אדם, nuestra vida es como un libro, un cuaderno que escribimos —que se escribe solo, como dice en «unetane toquef»— con cada acción que realizamos. Hay libros que están llenos de defectos y errores que cometemos una y otra vez. Uno intenta hacer lo mejor, e irremediablemente se equivoca. Y si hacemos Teshubá, si nos arrepentimos, podemconnerrores son corgibles, pero Las Hojas vacias no. os corregir y enmendar nuestras torpezas. Un cuaderno con correcciones no es necesariamente malo. El cuaderno horrible, el que debe aterrar, es un cuaderno con páginas «vacías». Días, semanas y meses que están en blanco, porque no hicimos nada relevante que valiera la pena registrarse en nuestro libro de la vida. La Hojas reo que no hay peor forma de enfrentar la muerte que morir sintiendo que la vida de uno fue un cuaderno vacío. Que desperdiciamos tiempo en sobrevivir y nos olvidamos de vivir con sentido. Esa es la única muerte que debería darnos miedo: la que llega después de una vida vacia. Sin cont ndio transcendental,
LA MUERTE CON OJOS EGIPCIOS
La Parashá de esta semana se dedica principalmente a la descripción de la muerte de nuestro patriarca Jacob. El énfasis del relato bíblico, juzgando por la cantidad de versículos que la Torá dedica a cada tema, se centra en la conmoción y el duelo vividos en Egipto cuando muere el padre de Yosef; en las delicadas negociaciones entre Yosef y el Faraón para que su padre pudiera ser enterrado en la tierra de Israel, tal como lo había solicitado antes de morir. En la preservación, la momificación y el traslado del cuerpo de Jacob. Su funeral; el impresionante cortejo que lo acompañó y su monumental entierro. Sobre el preciso momento de su muerte, el texto bíblico nos cuenta que Jacob bendijo a sus hijos. Y el Midrash agrega una historia de mucha profundidad, belleza y realismo, dejando claro que la vida de Ya’akov Avinu fue absolutamente significativa, y que así enfrentó su muerte sin miedo, con la convicción de haber cumplido su misión.
MORIR SATISFECHO
En el momento de su muerte, nuestro patriarca estaba en su cama, plenamente consciente y rodeado de sus hijos, y posiblemente de sus nietos y bisnietos. Estar consciente en los últimos momentos de la vida es un privilegio al cual hoy en día la mayoría de los pacientes moribundos no pueden acceder. La medicina moderna, en su afán por alargar la vida y disminuir el dolor, hace que irónicamente sean muy pocos los pacientes que «expiran» conscientes, alertas hasta el final y rodeados de sus seres queridos en lugar de estar conectados a máquinas, tubos y cables. (Sobre este delicadísimo tema recomiendo el extraordinario libro ”Being Mortal” del Dr. Atul Gawande). El Midrash enriquece la descripción de la muerte de nuestro patriarca aportando un detalle muy hermoso. Antes de morir, Ya’akob quiso asegurarse de que todos sus hijos seguían su camino: que eran, y seguirían siendo, leales al pacto de Abraham, que ninguno había abandonado ni pensaba abandonar la senda del Todopoderoso. No podemos culpar a Ya’akob por sus sospechas. Abraham e Isaac tuvieron hijos buenos, pero también aquellos que se alejaron de la senda de sus padres y se asimilaron a las familias de sus esposas. En los últimos minutos de su vida, con las últimas fuerzas que le quedaban, Ya’akob habla por ultima vez con sus hijos. Los Sabios reconstruyen este profundo diálogo final. Jacob les pregunta si tienen alguna duda acerca de seguir el camino de Dios, Creador de los cielos y la tierra. La respuesta de sus hijos no pudo ser mejor: “SHEMA ISRAEL HASHEM ELOQENU HASHEM EJAD”. “Escucha Israel [nuestro padre, Jacob e llamaba también Israel. Todos nosotros, tus hijos, afirmamos que] HaShem es nuestro Dios, y que HaShem es uno”.
LA MUERTE QUE NO DA MIEDO
Jacob finaliza su vida escuchando de boca de sus hijos la declaración oficial de los principios judíos, a promesa de lealtad al judaísmo que sus descendientes seguimos expresando diariamente. En ese momento, Jacob se da cuenta de que sus tremendas dificultades y sufrimientos —147 años de lucha literalmente desde el vientre materno— no habían sido en vano. En sus últimos minutos de vida, Ya’akov se da cuenta de que su familia, “los hijos de Israel”, unidos física y espiritualmente, y están ahora preparados para el próximo paso: transformarse en “el pueblo de Israel”.
Los Tzadikim, los hombres y mujeres justos, se preparan toda su vida para morir.

VERSÍCULOS 1–3
Esa misma noche, entre el primer y el segundo banquete de Ester, el rey Ajashverosh no pudo dormir. La Meguilá no da explicaciones, pero la tradición judía atribuye este desvelo del rey a la intervención Divina. Para distraerse, el rey ordenó que le trajeran el Libro de las Crónicas Reales, donde se registran los acontecimientos históricos importantes del imperio: victorias, traiciones, actos heroicos, etc.
El libro fue leído en voz alta ante el rey, como si se tratara de una lectura para inducir el sueño. Pero ocurrió lo contrario. Entre los registros apareció el episodio de Mordejai, quien había denunciado un complot para asesinar al rey, organizado por Bigtán y Teresh, dos oficiales encargados de custodiar el tesoro real. El atentado había sido frustrado gracias a la información aportada por Mordejai. Los conspiradores fueron ejecutados y el asunto quedó cerrado.
Ajashverosh quedó inquieto ante esta omisión y le preguntó a sus hombres:
—¿Qué recompensa y reconocimiento se le otorgó a Mordejai por haber salvado la vida del rey?
La respuesta fue tan simple como alarmante: no se hizo nada por él.
La recompensa por la lealtad no era solo un gesto de gratitud. Un rey que premiaba a quienes lo protegían inspiraba y estimulaba a otros ciudadanos a actuar de la misma manera. Este acto heroico de Mordejai no podía seguir siendo ignorado. El rey decidió actuar de inmediato y reparar esa grave omisión.
VERSÍCULOS 4–9
El rey notó que en ese momento alguien había llegado al palacio y estaba esperando verlo. Debía tratarse de uno de sus funcionarios más cercanos, ya que nadie más podía acceder al recinto real a esa hora. Ajashverosh preguntó a sus guardias quién se encontraba en el jatzér, el patio exterior, que funcionaba como una sala de espera. La respuesta fue inmediata: Hamán, el primer ministro.
Hamán había llegado muy temprano, concentrado en su nueva obsesión: ya no esperaría para deshacerse de Mordejai, debía ejecutarlo de inmediato. Pero una ejecución pública requería el permiso directo del rey. Hasta ahora, todo lo que Hamán había solicitado al rey le había sido concedido. Por eso estaba seguro de que esta vez no sería diferente. Pero para su sorpresa, antes de que pudiera pedirle nada al rey, Ajashverosh lo hizo entrar y le planteó una pregunta inesperada:
—¿Qué debería hacerse con un hombre a quien el rey desea honrar y recompensar?
Hamán, en la más clara demostración de su narcisismo extremo, no dudó ni un segundo en asumir que el rey se refería a él. ¿A quién más podría querer honrar el rey sino a Hamán mismo?
La respuesta de Hamán no fue calculada ni estratégica, sino espontánea. Hamán no sugirió una recompensa de dinero, ni tierras, ni cargos: todo eso ya lo tenía. Lo que Hamán quería revelaba su ambición ilimitada de poder y reconocimiento público. Por eso sugirió que la mejor manera de recompensar a un individuo sería otorgándole las investiduras del rey por un día.
Sugirió que se vistiera a ese hombre con ropas que el rey mismo había usado; montándolo en uno de los caballos del rey; y que colocaran sobre su cabeza la corona real y fuese conducido en un desfile público por la ciudad, encabezado por un alto funcionario que proclamara en voz alta: “Así se hará con el hombre a quien el rey desea honrar”.
Hamán deseaba la gloria pública, algo que en el Imperio Persa era un acto de devoción reservado exclusivamente para el rey.
VERSÍCULOS 10–11
La respuesta del rey fue fulminante:
—¡Muy buena idea! Ahora quiero que hagas exactamente todo lo que has dicho con Mordejai, el judío, el que se sienta a la entrada del palacio real. No omitas absolutamente nada de todo lo que dijiste.
En una sola frase, impredecible e incomprensible para el primer ministro, el mundo de Hamán se dio vuelta y comenzó su caída libre. Hamán había llegado para pedir la ejecución de su archi-enemigo y ahora recibía la orden de organizarle un homenaje, una idea que irónicamente él mismo había sugerido.
Hamán no comprendía lo que estaba pasando. De hecho, desde ese momento hasta su ejecución, los acontecimientos se sucederían con tanta rapidez que no tendría respiro ni tiempo para pensar o asimilar lo que ocurría. Hamán estaba ahora en un estado de vértigo.
Para pero, Hamán no podía protestar, discutir ni debatir ya que las órdenes reales eran absolutas. Así que, muy a pesar suyo, tomó las vestiduras, el caballo y la corona del rey, vistió a Mordejai con atuendo real y lo condujo personalmente por la plaza principal de la ciudad, proclamando exactamente las palabras que él mismo había sugerido: “Así se hará con el hombre a quien el rey desea honrar”.
VERSÍCULOS 12–14
Después del desfile de honor, Mordejai regresó tranquilamente a su lugar habitual: la entrada del palacio.
Hamán, en cambio, volvió a su casa abatido, dolido y humillado. Al llegar, relató todo lo ocurrido a su esposa Zéresh y a sus amigos. Y por primera vez comprendieron que la persona contra la cual Hamán estaba obsesionado era judía.
Y entonces le advirtieron:
—Si ese enemigo del que nos hablas pertenece al pueblo judío, no podrás vencerlo. Sino que caerás ante él.
Pero ya era demasiado tarde. Antes de que Hamán pudiera reaccionar, llegaron los oficiales del rey para llevarlo de inmediato al segundo banquete de Ester. Hamán no sabía lo que le esperaba allí y lo que estaba a punto de ocurrirle.


CAPÍTULO 7
EL GIRO DECISIVO
VERSÍCULOS 1–6: LA ACUSACIÓN
El rey Ajashverosh acudió al segundo banquete junto con Hamán. Esta vez, la reina Ester se sentó con ellos y ocupó su lugar en el diván real. En aquella época no se comía sentado a mesas, sino reclinados sobre divanes o camas bajas.
El ambiente era elegante y formal. Hamán llegaba de un evento terrible: lo ocurrido con Mordejai. Su humillación había sido pública y profunda, y no parecía tener fin. Pensó que en ese banquete encontraría algún alivio a todas sus tensiones.
El rey, por su parte, llegaba intrigado por la naturaleza de este segundo banquete. Las dos personas más importantes de la escena estaban allí, y sin embargo él no entendía por qué. Algo no encajaba. Tenía la sensación de que se le estaba preparando una sorpresa desagradable. Tanto misterio lo ponía nervioso y a la defensiva.
Una vez más, el rey se dirigió a Ester y le repitió la pregunta que ya le había hecho el día anterior:
—¿Cuál es tu petición, reina Ester? Te será concedida. ¿Qué deseas? Aunque sea la mitad del reino, te será dado.
Esta vez, Ester sabía que había llegado el momento decisivo. Ya no podía postergarlo más. Había que arriesgarlo absolutamente todo. El rey podía escucharla o condenarla. Ester había repasado de memoria las palabras exactas que iba a decir. Sabía que necesitaba no solo precisión, sino también valentía. Se estaba jugando no solo su vida, sino la vida de su pueblo. Si algo salía mal, podía ser el final del pueblo judío.
—Si he hallado gracia ante los ojos del rey —dijo— y si al rey le parece bien, le ruego que me conceda vivir y que yo no sea ejecutada. Esa es mi única petición: mi vida y la vida de mi pueblo.
El rey quedó desconcertado. No comprendía aún a qué se refería, pero en ese momento comenzó a sentir empatía por Ester y, psicológicamente, ya se colocó de su lado.
—Mi pueblo y yo hemos sido condenados —continuó Ester— a ser destruidos, asesinados y exterminados: hombres y mujeres, niños y ancianos. Si hubiéramos sido vendidos como esclavos del rey, habría guardado silencio, porque eso habría beneficiado al reino. Pero ¿a quién beneficia mi asesinato y el exterminio de mi pueblo?
Ajashverosh reaccionó de inmediato, ofendido de no haber sido informado de lo que estaba ocurriendo:
—¿Quién es el responsable de esto? —preguntó—. ¿Quién se atrevió a hacer algo así?
Ester respondió con claridad y sin rodeos:
—Un hombre perverso y enemigo del rey: ¡el malvado Hamán! —dijo Ester, señalándolo.
Este es el momento más crítico de la historia de Ester y, en cierto sentido, uno de los momentos más decisivos de la historia del pueblo judío. La supervivencia o el exterminio de Israel quedaban definidos por la reacción de Ajashverosh ante las palabras de Ester.
Ajashverosh podía reaccionar de muchas maneras distintas. Podía decir que no quería que la reina interviniera en asuntos de Estado y asegurar protección solo a ella y a su familia. Podía respaldar a Hamán y explicar que, aunque él no estaba al tanto de lo sucedido, le había confiado su propio anillo para tomar decisiones ejecutivas. O quizá, lo más lógico, habría sido decir que necesitaba tiempo para consultar con sus consejeros, como ya había hecho en el pasado en el caso de Vashti. Todo eso era posible.
Pero el rey se puso nervioso, se levantó y salió del salón hacia el jardín —como quien sale a un balcón—, y es muy probable que haya considerado todas esas posibilidades.
Por otro lado, Hamán no se esperaba esto. Lo tomó absolutamente por sorpresa. Lo ocurrido confirmó que no tenía idea de que Ester era judía ni de que era pariente de Mordejai.
VERSÍCULOS 7–8
LA IRA DEL REY
Cuando el rey se levantó, Hamán reaccionó de manera impulsiva y cometió el peor error posible. Se quedó a solas con Ester y, aterrorizado y desesperado, comenzó a suplicarle que le perdonara la vida. Pero, impulsiva e imprudentemente, se acercó demasiado a la reina.
Cuando Ajashverosh regresó del jardín, vio a Hamán inclinado sobre el diván, a los pies de Ester, mientras le rogaba. A los ojos del rey —a quien ya conocemos como impulsivo y celoso— la escena pareció una falta de respeto imperdonable, o quizá le convenía interpretarla así para salir de la duda y determinar su decisión final.
Y ese acto desafortunado para Hamán inclinó definitivamente la balanza en su contra:
—¿Acaso pretendes abusar de la reina en mi propio palacio? —exclamó el rey.
Al oír esas palabras, Hamán comprendió que su destino había quedado sellado.
VERSÍCULOS 9–10
EL FIN DE HAMÁN
Para empeorar la situación, uno de los oficiales del rey —sin haber sido invitado a hablar— intervino y dijo en voz alta que en la casa de Hamán había sido levantado un enorme poste, de unos veinticinco metros de altura, para ejecutar allí a Mordejai, el hombre que había provisto la información que había salvado la vida del rey. Con ello dejó claro que Hamán intentaba eliminar a quien había protegido al monarca.
La respuesta de Ajashverosh fue inmediata:
—Ejecuten a Hamán en el mismo lugar donde él había querido ejecutar a Mordejai.
Hamán fue llevado de inmediato a su propia casa y allí fue ejecutado en el instrumento que había preparado para Mordejai.
Con su muerte, la ira del rey se calmó.
Así cayó Hamán, enemigo del pueblo judío, y comenzó un cambio profundo en el equilibrio del poder dentro del palacio real.

LA ELEVACIÓN DE MORDEJAI
Ese mismo día en que Hamán fue ejecutado, el rey Ajashverosh dio un paso radical. La casa de Hamán —sus propiedades, riquezas y posesiones— fue entregada a la reina Ester. Era el destino habitual de los bienes de un traidor ejecutado: pasaban al tesoro real o a quien el rey decidiera favorecer. En este caso, Ajashverosh decidió entregarlos a la reina Ester, la víctima directa del complot.
Fue entonces cuando Ester le reveló al rey algo que hasta ese momento había permanecido oculto: Mordejai era su pariente cercano. El rey comprendió que el hombre que había salvado su vida años atrás —el héroe que Hamán había querido ejecutar— era el primo de la reina.
Ajashverosh tomó el anillo real que le había confiado a Hamán y lo entregó a Mordejai. Este no era un gesto simbólico: el rey le transfería ahora la autoridad ejecutiva del imperio a Mordejai. Mordejai era el primer ministro, segundo después del rey.
Ester, por su parte, asignó a Mordejai la administración de la hacienda de Hamán, mientras ella continuaría viviendo en el palacio. En pocas horas, la situación se había revertido de manera total. Pero aunque el enemigo había caído, el peligro no había terminado.
LA SÚPLICA DE ESTER
Ester volvió a presentarse ante el rey. Con profunda urgencia emocional, cayó a sus pies, lloró y le suplicó que revocara el edicto que Hamán había decretado contra los judíos.
El rey extendió nuevamente el cetro de oro, esta vez en señal de aceptación.
Ester se levantó y le dijo al rey:
—Si al rey le parece bien, y si he hallado gracia ante sus ojos, que se escriba un nuevo edicto que cancele el que escribió Hamán para destruir a los judíos que viven a lo largo de todo el imperio. Porque, aunque yo quede con vida, ¿cómo podría ver el mal que sufrirá mi pueblo? ¿Cómo podría contemplar la destrucción de mi propia familia?
Ajashverosh escuchó. Pero aquí surgía un inconveniente técnico y legal.
EL PROBLEMA DEL DECRETO IRREVERSIBLE
El rey respondió a Ester y a Mordejai:
—Ya he concedido la casa de Hamán a Ester, y a él lo han colgado por haber extendido su mano contra los judíos. Ahora escriban en nombre del rey el decreto que les parezca conveniente a los judíos, y séllenlo con el anillo real. Pero sepan que el edicto que se escribió en nombre del rey y fue sellado con el anillo del rey ¡no puede ser revocado!
Ajashverosh reconocía la injusticia del decreto de Hamán, pero al mismo tiempo afirmaba algo que ya habíamos visto en el caso de Vashti: un edicto real, una vez emitido, no puede ser cancelado.
Sin embargo, sí se podía emitir un nuevo edicto que no anulara formalmente el anterior. Mordejai y Ester debían tener la creatividad política de redactar ese nuevo decreto para salvar a los judíos.
LAS NUEVAS CARTAS
Los escribas del rey fueron convocados de inmediato, en el tercer día del mes de Siván. Mordejai dictó el nuevo decreto.
El contenido era claro y preciso: se concedía a los judíos, en todas las ciudades, el derecho de defender sus vidas. Podían tomar armas, destruir y aniquilar a cualquiera de sus enemigos que planearan atacarlos —hombres, mujeres y niños— y confiscar sus bienes, en ese mismo día fijado por el decreto anterior: el 13 de Adar.
El nuevo decreto no cancelaba el anterior: lo neutralizaba. Creaba una autorización paralela que permitía a los judíos resistir legalmente a quienes intentaran ejecutar la orden de Hamán.
El peligro seguía existiendo, pero ahora los judíos podían defenderse, algo que el primer decreto prohibía.
Las cartas fueron selladas con el anillo real y enviadas por mensajeros montados en los caballos más veloces del servicio imperial. La urgencia era evidente: todo el imperio debía conocer el nuevo decreto antes del día señalado.
LA REVERSIÓN DE LA FORTUNA
Una vez que el nuevo edicto fue redactado y enviado, Mordejai salió de la presencia del rey y se presentó en público vestido con atuendo real: vestiduras de violeta y púrpura, una gran corona de oro y un manto de lino fino y púrpura. Mordejai —el judío que antes se sentaba a la puerta del palacio— era ahora una figura de poder imperial.
La ciudad de Shushán, donde residían muchos judíos, estalló en alegría. Para los judíos que habían vivido bajo la amenaza del exterminio, por fin apareció la luz: alegría, gozo y un nuevo honor —Mordejai como primer ministro—.
En todas las provincias y ciudades, dondequiera que llegaba la palabra del rey y su decreto, los judíos festejaban con alegría y regocijo, con banquetes y celebraciones. Y muchos de los pueblos del imperio, que antes se habían entusiasmado con el edicto de Hamán, se alineaban ahora con los judíos, porque el temor hacia ellos había caído sobre todos.

ÉXITO Y FRACASO EN LA CRIANZA DE LOS HIJOS
Nuestros sabios nunca ignoraron los pequeños y grandes errores de cálculo en algunos actos de nuestros antepasados. Especialmente cuando la Torá aún no había sido revelada, y la mayoría de sus acciones y decisiones tuvieron que ser tomadas sin instrucción Divina explícita. Y precisamente, al des-cubrir sus errores, los Sabios enfatizaron la credibilidad de la Torá, que no cree en superhéroes ni supervillanos. Y nos enseñó el concepto de evolución: en la especie judía, los hijos corrigen los errores de sus padres, y así es como evolucionamos. La lección que aprenderemos hoy proviene del rabino y educador Shimshón Rafael Hirsch (Hamburgo, hoy Alemania, 1808-1888), a quien se considera el fundador de la ortodoxia europea moderna. La idea es muy atrevida. Y puede malinterpretarse fácilmente si se lee superficialmente. Así que la explicaremos con cuidado.
El rabino Hirsch compara dos modelos de «parenting» o educación de los hijos: el modelo de Isaac y el modelo de Jacob. Isaac tuvo dos hijos, Jacob y Esav. Los dos tenían personalidades muy diferentes y opuestas. Uno de ellos, Esav, se desvió y abandonó por completo el camino de Abraham. Por otro lado, Jacob fue un éxito total: continuó el legado de Abraham, tuvo 12 hijos (y una hija), y todos siguieron su camino. La familia que Jacob formó se convirtió en el pueblo de Israel.
CUANDO LO MISMO ES DIFERENTE, Y LO DIFERENTE ES LO MISMO
Ahora, pasemos a los comentarios del rabino Hirsch. Su pregunta es: ¿por qué Isaac y Ribqá no lograron educar a Esav? ¿Qué hizo que Esav abandonara el judaísmo? ¿Acaso sus padres le dieron a Esav una educación diferente a la que le dieron a Jacob? La respuesta del rabino Hirsch es sorprendente: «La continuidad de Esav fracasó porque sus padres le dieron la misma educación que a su hermano Jacob». Con base en el Midrash que citamos abajo, el rabino Hirsch indica que Isaac y Ribqa no se dieron cuenta a tiempo de las profundas diferencias entre sus dos hijos ¡Y pensaron ingenuamente que obtendrían los mismos resultados si le brindaban a los dos la misma educación judía! No sabían que Esav necesitaba una instrucción diferente — personalizada– para continuar en el camino religioso judío. Esav necesitaba un sistema escolar–o un buen maestro- que tomara en cuenta que a Esav no le gustaban las bibliotecas ni los libros. O que tenía algún tipo de ADD, y por lo tanto precisaba una educación religiosa que contemplara sus dificultades de aprendizaje y lo ayudara a canalizar sus talentos hacia el objetivo correcto.
Cito las duras palabras del rabino Hirsch, dirigidas a nosotros, los padres:
Un padre que hace que Jacob y Esav [dos hijos de carácter diferente: Jacob era naturalmente más estudioso, mientras que Esav pasaba su tiempo cazando en el campo] se sienten en el mismo banco de la escuela y les instruye de la misma manera, seguramente arruinará a uno de ellos. [Mientras que el niño que es como] Jacob disfrutará estudiando, como alguien sediento al que se le ofrece agua de un manantial, el niño que es como Esaú solo pensará en el día en que pueda deshacerse de todos esos libros viejos… y dejar atrás el estilo de vida [religioso]…
[Isaac y Ribqá no comprendieron] que la fuerza y el coraje [para la batalla que caracterizaban a Esav] no eran menos importantes que el pensamiento y los sentimientos [que caracterizaban a Jacob]. Nosotros, los padres, necesitamos trabajar con todos nuestros hijos ,con sus diferentes talentos… para lograr el ideal colectivo de Am Yisrael. *
EVOLUCIÓN
Según este célebre Rabino, al ver el fracaso de su hermano Esav, Jacob aprendió la lección y educó a sus propios hijos teniendo en cuenta el carácter, la naturaleza, la personalidad y los TALENTOS de cada uno de ellos. Entendió que aunque son hermanos y se han criado bajo el mismo techo, puede haber diferencias significativas entre un niño y otro. Y una de nuestras misiones como padres, ¡quizás la más difícil!, es identificar en qué área en particular sobresale mi hijo o mi hija y guiarlos hacia un camino de Torá sin ignorar su personalidad, talentos y rasgos de carácter específicos.
El rabino Hirsch detecta esta actitud en las bendiciones de Jacob a sus hijos, mencionadas en la Parashá de esta semana.
“Cuando los hijos de Jacob, las futuras 12 tribus, se reunieron para recibir la bendición de su padre, Jacob visualiizó en ellos a la futura nación de Israel: vio sacerdotes y rabinos (la tribu de Levi e Issajar), pero también vio líderes políticos y gobernantes (Yehudá), vio la tribu de aquellos que, en el futuro, se convertirían en grandes comerciantes (Zebulún), la tribu que se destacaría en la agricultura (Asher), y la tribu que produciría los mejores soldados (Gad), o jueces (Dan), etc. … Los bendijo a todos, pero NO con una sola y misma bendición, sino que bendijo a cada uno de ellos con una bendición diferente [deseando que, con la ayuda de Dios, cada uno desarrolle] sus propias virtudes אִישׁ אֲשֶׁר כְּבִרְכָתוֹ בֵּרַךְ אֹתָם (מ»ט, כח) (Génesis 49:28)….Jacob sabía que el pacto de Dios con Abraham implicaba la creación de una nación completa, sana y autosuficiente. Cada individuo tiene que desempeñar un papel diferente hacia el mismo gran objetivo Divino: establecer una nación que mantenga el camino de Dios, practicando e inspirando a otros a practicar la bondad y la justicia.
CONCLUSIÓN
Si Isaac y Ribqa hubieran entendido la profundidad del alma de Esav y se hubieran preguntado qué se debe hacer para que el coraje y la energía física de Esav se canalicen hacia el servicio Divino, entonces seguramente Esav no habría terminado siendo un «cazador valiente» sino un » valiente soldado de Dios». Con sus diferentes tendencias y talentos, Jacob y Esav podrían haber sido mellizos [=socios] también en su vida espiritual y forma de vida… La espada de Esav hubiera estado al servicio de Jacob, y quién sabe cómo la historia [del pueblo de Israel] se habría desarrollado con esa fuerte sociedad entre Jacob y Esav. Pero esto no sucedió, como indica el verso ‘Y los niños crecieron’: sólo cuando los niños ‘se hicieron adultos’, [cuando ya era demasiado tarde] los padres se sorprendieron al ver que sus mellizos… ¡eran tan diferentes! y ahora, opuestos en su estilo de vida y sus acciones.
Creo que la intención del rabino Hirsch no es criticar a Yitzjaq y su esposa, sino enseñarnos esa lección de vida crítica: que como padres judíos, cuyo principal objetivo en la vida es educar a TODOS nuestros hijos para que sigan el camino de la Torá, debemos reconocer –y aceptar–sus talentos individuales y orientarlos hacia una educación religiosa que no mida a todos con la misma vara, sino que reconozca sus límites y sus dones y les ayude a encauzar sus talentos particulares hacia el mismo noble objetivo: Abodat HaShem.
MIDRASH
וַיִּגְדְּלוּ הַנְּעָרִים (בראשית כה, כז), רַבִּי לֵוִי אָמַר מָשָׁל לַהֲדַס וְעִצְבוֹנִית שֶׁהָיוּ גְּדֵלִים זֶה עַל גַּבֵּי זֶה, וְכֵיוָן שֶׁהִגְדִּילוּ וְהִפְרִיחוּ זֶה נוֹתֵן רֵיחוֹ וְזֶה חוֹחוֹ, כָּךְ כָּל י»ג שָׁנָה שְׁנֵיהֶם הוֹלְכִים לְבֵית הַסֵּפֶר וּשְׁנֵיהֶם בָּאִים מִבֵּית הַסֵּפֶר, לְאַחַר י»ג שָׁנָה זֶה הָיָה הוֹלֵךְ לְבָתֵּי מִדְרָשׁוֹת וְזֶה הָיָה הוֹלֵךְ לְבָתֵּי ע»ז
Bereshit Rabba 63:9
TEXTOS DEL RAB HIRSCH
. המושיב את יעקב ועשו על ספסל לימודים אחד , ובאותם הרגלי החיים מחנך אותם כאחד לחיי לימוד ומחשבה – מובטח לו שאת האחד מהם הוא מקלקל . יעקב ישאב ממעיין החכמה בחפץ גובר והולך , ואילו עשו רק יצפה ליום , בו ישליך מאחורי גבו את הספרים הישנים , ויחד אתם תעודת חיים גדולה , שהכיר אותה רק באופן חד צדדי , ובדרך שמעצם טבעו הוא סולד בה . . (
כאשר נקבצו בני יעקב לשמוע את ברכת אביהם , והלה ראה בהם את שבטי ישראל שלעתיד , לא ראה רק כוהנים ומורי הוראה ; הנה עמד שם שבט הלוויה ושבט המלוכה , שבט הסוחרים , שבט האיכרים , ושבט הלוחמים ; עמד שם לנגד עיניו העם כולו , על כל סגולותיו הרבגוניות , ועל כל דרכי התפתחותו ; את כולם הוא ברך , ‘איש אשר כברכתו ברך אתם’ ( בראשית מ»ט , כח , ( איש איש בסגולותיו המיוחדות לו . כי ברית ה’ הכרותה עם אברהם , חפצה באומה בריאה , שלמה ורעננה ; מטרתה לבנות חיי עם שלמים על כל צורותיהם הרבגוניות , על מנת לכוון אותם אל התפקיד הגדול האחד : לשמור דרך ה’ לעשות צדקה ומשפט . הכוח והאומץ , לא פחות מהמחשבה והרגש , ימצאו שם את גיבוריהם העובדים לה , ‘ ובמקצועות שונים יקיימו כולם את התפקיד הגדול של הכלל . דווקא משום כך – ‘חנוך לנער על פי דרכו , ‘ חנכהו למטרה הגדולה האחת על פי דרכו המיוחדת לו , בהתאם לעתיד הצפוי לו מנטיותיו
אילו העמיקו יצחק ורבקה לחדור לנפש עשו , אילו הקדימו לשאול את עצמם , היאך יכולים גם האומץ , הכוח והגמישות הרדומים בנפש עשו – היאך יכולים כל אלה להטות שכם לעבודת , ‘ה כי אז ‘הגיבור’ שלעתיד לא היה הופך ל’גיבור ציד , ‘ אלא ל’גיבור לפני ה’ ‘ באמת . יעקב ועשו , על כל נטיותיהם השונות , היו נשארים אחים תאומים ברוחם ובדרך חייהם ; עוד מראשית הייתה חרבו של עשו כורתת ברית עם רוחו של יעקב ; ומי יודע איזה שינוי היה צפוי לקורות הימים על ידי כך . אך לא כן היה : ‘ויגדלו הנערים , ‘ רק משגדלו הנערים והיו לגברים , הופתעו הכל לראות , כי אלה אשר מרחם אחד יצאו , ויחד נתגדלו , נתחנכו ולמדו , היו כה שונים בטבעם ומנוגדים במעשיהם

Este Shabbat terminaremos de leer el libro de Bereshit (Génesis).
El primero de los cinco libros de la Torá incluye una fascinante historia, entre las lineas de la narrativa principal, que vale la pena analizar. Se trata de la historia de la fraternidad, la relación entre hermanos. A lo largo de Bereshit esta relación se va desarrollando, va evolucionando, desde el asesinato hasta la armonía .
EL PECADO ORIGINAL
La historia de los primeros hermanos de la Torá, como ya sabemos, terminó muy mal. Abel ofreció un sacrificio a Dios, como agradecimiento por todo lo que recibió del Creador. Ofreció lo mejor que tenía, y su sacrifico fue aceptado. Cain, por el otro lado, quiso imitar a su hermano y también hizo una ofrenda. Pero se comportó con más avaricia. Le ofeció a Dios lo que a él le sobraba y no necesitaba. Y su sacrificio fue rechazado (Aclaremos por las dudas que el Todopoderoso «no necesita» las ofrendas humanas; es el hombre el que se beneficia con ofrecerle a Dios, ya que gracias a ese gesto de gratitud, reconoce e identifica de Quién le llega todo lo que tiene). Cuando Caín vio que su ofrenda no fue recibida, se deprimió. HaShem trató de hacerle entender a Cain su error. Y para evitar que repitiera el error de su padre Adam, es decir: la transferencia de culpa, le explicó lo que tenía que hacer, «halo im tetib, se’et«, «Si te esfuerzas más, tu sacrifico será aceptado». Pero Cain no quiso escuchar. Y en lugar de reflexionar en lo que él había hecho mal y mejorar, ¡se ensañó contra Abel, como si su hermano tuviera la culpa de su propio fracaso. Su frustración personal se trasformó en una profundísima envidia, que lo llevó a asesinar a su hermano Abel.
SEGUIR EN LA MISMA
En las próximas generaciones, la relación entre hermanos no mejoró mucho. En realidad, en el libro de Bereshit la fraternidad parece la relación humana más difícil de mantener…. Ishmael envidió –y de acuerdo a los Sabios, intentó matar– a su hermano Itsjac. Las situación no mejoró con Ya’aqob y Esav, quienes se enfrentaron desde el vientre materno. Luego llegan los hijos de Ya’aqob, donde nuevamente encontramos conflictos entre hermanos. Celos, envidias y una nueva lamentable dimensión: «vaisneu oto», «y los hermanos odiaban a Yosef». Aquí la amenaza del fratricidio (=el asesinato entre hermanos) fue parte de un plan real, que Providencialmente se evitó.
CAMBIA TODO CAMBIA
La semana pasada la historia empieza a cambiar. Leíamos como Yosef, luego de recrear un escenario en el cual sus hermanos tuvieron que optar una vez más por abandonar o proteger a uno de sus hermanos (Biniamin) está vez se rectificaron y actuaron diferente. Hicieron Teshubá y Tiqún (reparación), como lo explica Ramban. Yosef, por su lado, demostró el altruismo a su máximo nivel, donde no sólo no existieron reproches, sino que el perdón total diciendoles: «No se sientan mal (=culpables). No fueron Ustedes quienes me enviaron aquí. Fue HaShem. Ustedes fueron parte de un plan Divino para evitar que mucha gente muriera de hambre.» .
Estas palabras de Yosef cambiaron para siempre el tema de la fraternidad, y trajeron el final del ciclo de celos, odio y competencia entre hermanos que había desencadenado Cain. Las palabras de Yosef cicatrizaron las viejas heridas y abrieron la posibilidad de una nueva y sana relación entre hermanos.
EVOLUCION
El altruismo de Yosef tuvo su efecto inmediato. Cuando Yaaqob llama a los hijos de Yosef, bendijo al menor antes que al mayor. Este acto podía haber abierto nuevamente el ciclo de celos, envidias y hasta fratricidio entre Efraim y Menashé. Sin embargo, no escuchamos celos, reproches ni tensiones de parte de Menashé, el hermano mayor «que recibió menos». Los dos hermanos viven en paz, armoniosamente. Sin envidia.
Cuando bendecimos a nuestros hijos, la costumbre es desearles que HaShem los bendiga como a Efraim y Menashe. ¿Por qué? ¿Por qué no los bendecimos como Abraham, Itsjac, Yaaqob, Yosef, o Yehuda? Una vez escuche que la razón es justamente porque por un lado queremos que nuestros hijos sean Tsadiqiim, rectos e íntegros hacia HaShem, como nuestros antepasados. Pero también queremos que sean buenos hermanos, no separados por la envidia sino unidos, y felices, uno por el éxito del otro, como Efraim y Menashé.
SHABBAT SHALOM

VERSÍCULOS 1–5: EL DÍA SEÑALADO
Llegó el día trece del mes de Adar, la fecha que había sido fijada en el decreto original de Hamán. Era el día en que los enemigos de los judíos esperaban someterlos y destruirlos. La situación ahora se había invertido: eran los judíos quienes tenían autorización real para tomar las armas y defenderse.
En todas las provincias del imperio, los judíos se organizaron. Se reunieron en sus ciudades y comunidades, preparados para proteger sus vidas y sus familias. Nadie podía impedirlo, porque el nuevo decreto del rey les daba ese derecho.
El temor había cambiado de lado. Ahora los enemigos de los judíos —que ya se habían identificado como tales y habían anunciado que estaban dispuestos a matar a sus vecinos y quedarse con sus bienes— comenzaron a temer. Sabían que Mordejai ocupaba una posición elevada en el palacio. Por eso, los funcionarios del rey, los gobernadores y los administradores provinciales comenzaron a apoyar y asistir a los judíos, pues comprendían que el favor real estaba ahora con ellos.
Cuando llegó el momento, los judíos atacaron a quienes habían amenazado públicamente levantarse contra ellos. Sometieron a sus enemigos y derrotaron a quienes intentaron dañarlos.
VERSÍCULOS 6–10: LO QUE OCURRIÓ EN SHUSHÁN
En la ciudad de Shushán, la capital, el enfrentamiento fue especialmente intenso. Allí los judíos eliminaron a quinientos hombres que habían actuado como sus enemigos.
Entre los que cayeron estaban también los diez hijos de Hamán: Parshandatá, Dalfón, Aspatá, Poratá, Adaliá, Aridatá, Parmashatá, Arisai, Aridai y Vaizatá.
Todos ellos pertenecían a la casa y al poder de Hamán.
El texto subraya un detalle muy importante: los judíos solo se defendieron, pero no tomaron los bienes de sus enemigos, aunque tenían autorización para hacerlo. Esto deja claro que, a diferencia de sus adversarios, actuaron únicamente en defensa propia, sin intención de lucro ni de aumentar su riqueza.
VERSÍCULOS 11–15: UN SEGUNDO DÍA EN SHUSHÁN
Ese mismo día, el número de muertos en Shushán fue informado al rey Ajashverosh.
El rey dijo a la reina Ester:
—En Shushán los judíos han matado a quinientos hombres y han ejecutado a los diez hijos de Hamán. ¿Qué se hizo en las demás provincias? ¿Cuál es ahora tu petición? Pídeme lo que quieras, que te será concedido.
Ester, con prudencia, pidió dos cosas.
Primero, que a los judíos de Shushán se les permitiera defenderse también al día siguiente, el día catorce de Adar, como ya habían hecho el trece, porque sus enemigos en Shushán —los más poderosos— aún no habían sido totalmente neutralizados.
Segundo, que los diez hijos de Hamán fueran expuestos en el mismo instrumento donde habían sido ejecutados, como señal pública de que su poder había terminado.
El rey aceptó. Y así, los judíos de Shushán se organizaron nuevamente el día catorce de Adar y eliminaron a otros trescientos enemigos, sin tomar sus bienes.
VERSÍCULOS 16–19: EL DESCANSO Y LA ALEGRÍA
En las demás provincias del imperio, los judíos se habían organizado para defenderse el día trece de Adar. Allí derrotaron a quienes los atacaron y eliminaron a setenta y cinco mil de sus enemigos. Y en todas partes se comportaron con el mismo principio excepcional de nobleza: no se apoderaron del dinero de sus adversarios.
El día catorce de Adar ya no hubo más combate. El peligro había pasado. Ese día se transformó en jornada de alegría y celebración.
En Shushán, en cambio, como el enfrentamiento continuó también el día catorce, el descanso y la celebración ocurrieron el día quince.
Por eso se estableció una diferencia:
los judíos de las ciudades comunes celebran el catorce de Adar;
los judíos de ciudades fortificadas —como Shushán— celebran el quince.
VERSÍCULOS 20–23: EL ESTABLECIMIENTO DE PURIM
Mordejai registró todos estos acontecimientos y envió cartas a todos los judíos del imperio, cercanos y lejanos.
En estas cartas estableció que cada año los judíos debían celebrar estos días —el catorce y el quince de Adar— y recordar cómo habían pasado de la angustia a la celebración, del duelo a la alegría.
Se dispuso que fueran días de alegría, banquetes, envío de alimentos a los amigos y ayuda a los pobres.
Los judíos aceptaron esta práctica y la asumieron como tradición permanente.
VERSÍCULOS 24–28: EL NOMBRE PURIM
Hamán, hijo de Hamedatá el agaguita, enemigo de los judíos, había planeado destruirlos. Para fijar la fecha del ataque había echado el pur, es decir, el “sorteo”, y así había elegido al azar el día trece de Adar.
Por eso estos días fueron llamados Purim, en recuerdo de ese sorteo que había intentado determinar su destrucción.
Pero la historia se había invertido: el decreto de muerte se transformó en salvación; el temor en alegría; el duelo en celebración.
Por eso Mordejai y Ester establecieron que estos días debían ser recordados y observados por todas las generaciones judías, en todas las comunidades y en todos los lugares donde vivieran.
VERSÍCULOS 29–32: CONFIRMACIÓN DE ESTER
La reina Ester, junto con Mordejai, confirmó oficialmente la institución de Purim. Se enviaron nuevas cartas con autoridad real, estableciendo definitivamente la observancia de estos días y sus prácticas: los ayunos recordatorios previos y los días de alegría de Purim.
Así quedó fijada la celebración en el registro oficial del imperio y en la memoria del pueblo judío.
CAPÍTULO DIEZ
Después de los acontecimientos de Purim y de la caída de Hamán, el rey Ajashverosh impuso tributo sobre su territorio continental y también sobre las islas que estaban bajo su dominio.
Los actos de poder del rey y su grandeza, así como la elevación de Mordejai como primer ministro, quedaron registrados en el libro de las crónicas de los reyes de Media y Persia.
Mordejai se convirtió en el visir del rey Ajashverosh, el funcionario más alto del imperio después del monarca.
Mordejai era muy respetado entre los judíos y apreciado por la mayoría de su pueblo. Y mientras estuvo en el palacio de Ajashverosh, hizo todo lo posible para beneficiar a su pueblo y promover el bienestar y la paz para las generaciones futuras.