Sucot y la «hermandad de las cuatro plantas»

CUATRO JUDIOS, CUATRO IDEAS

Nuestros Sabios indicaron que las cuatro plantas que tomamos en Sucot representan la comunidad judía: 4 tipos diferentes de individuos que se distinguen uno del otro en cuanto a su nivel de conocimiento y observancia de Torá. El etrog que tiene un buen aroma y un gusto agradable, representa al judío que sabe y observa la Torá. ¿Por qué? Los Sabios explicaron esta metáfora así:  El gusto del fruto simboliza el estudio de la Torá, ya que su aprendizaje debe ser placentero y dulce.  El aroma simboliza el cumplimiento de las Mitsvot, cuya intención siempre debe ser inmaterial, desinteresada.   El Lulab, que es una hoja de palmera datilera, tiene un fruto de un gusto muy dulce: el dátil; pero que no tiene ningún perfume.  El Lulab representa a aquel que estudia la Torá, pero no la observa plenamente.  El mirto o en hebreo hadás, tiene un agradable aroma, pero no tiene gusto ni esencia (no se puede hacer té de con sus hojitas). Las ramitas del mirto representan a aquel que observa la Torá, pero no la estudia: no entiende su profundidad. Y finalmente, tenemos las ramas de sauce o “‘arabá” que no tienen ni gusto ni aroma, y representan al judío que no es observante y no tuvo la oportunidad de aprender Torá.   La comunidad judía, dijeron los Sabios hace 2.000 años atras, está representada por estos cuatro individuos.  En Sucot, con mucho atención y devoción, «ponemos a todos los miembros de la comunidad judía juntos». Y si uno de ellos no está allí, hemos fallado en cumplir con este hermoso precepto.   

¿Qué mensaje nos transmite el hecho de que todos estos miembros de esta diversa comunidad estén presentes? 

EL DESAFIO DEL ETROG

En primer lugar esta metáfora nos enseña que el etrog, que ya de por sí está separado de las otras 3 plantas, no debe mantenerse aislado de la comunidad. Tiene que unirse a los que son menos que él, estar al lado de los que no observan o no saben la Torá. Y al hacerlo, al mantenerse unido y no separarse, logrará perfumar con su fragancia a las demás plantas. Una vez que el etrog se une a los demás, allí entonces decimos la bendición y «elevamos» las 4 plantas a la vez. ¿Cuál es el  secreto para que el etrog se transforme en un influencer positivo? El etrog debe poner especial atención en cuidar muy estrictamente todos los preceptos que tiene que ver con “derej eretz”, es decir:  educación, honestidad, humildad y respeto hacia los demás. Y si además de eso el etrog vive su observancia de la Torá con alegría, se transformará en un imán «irresistible».  Pero, ¿por qué los Sabios tuvieron que enfatizar la necesidad de que el etrog no se separe?   En mi opinión, porque hay un fenómeno que lamentablemente no es poco común: muchos judíos religiosos optan por separarse de la comunidad, abrirse por completo y tratar de juntarse sólo con otros etroguim “como uno”.  La tentación puede ser muy grande: ¿seré capaz de influir positivamente sobre el resto de la comunidad, o terminaré siendo influido por los que saben y observan menos que yo? De acuerdo a esta y otras enseñanzas de nuestros sabios (ver por ejemplo aquí  כל תענית שאין בה מפושעי ישראל אינה תענית שהרי חלבנה ריחה רע ומנאה הכתוב עם סממני הקטורת ) alejarse de los demas miembros de la comunidad sería como querer cumplir con la Mitsva del Lulab  ¡con un grupo de cuatro etroguim!

A veces esta polarización sucede, pero no deliberadamente sino por negligencia. Si el etrog, por ejemplo,  no observa los valores de “derej erets” con la misma rigurosidad con la cual observa todo lo ritual. Si su observancia no está acompañada de honestidad, humildad y respeto incondicional al prójimo, su mal ejemplo puede causar un efecto pendular que dispara a todas las otras plantas hacia el límite. O más allá.  Como leímos la semana pasada en Ha-azinu , cuando la Torá le resulta negativa a quien la ve o la escucha, es porque aquellos que la debemos representar, no la estamos representando bien.

EL PROBLEMA DE LA ARABA

Por el otro lado, la arabá, el judío que sabe menos o que no es observante, debe tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender, a aceptar la posibilidad de que sus opiniones negativas sobre la Torá puedan ser solo prejuicios. Que quizás haya juzgado al árbol del judaísmo por unas pocas malas manzanas. Que nunca es tarde para aprender o para cambiar de opinión.  ¿Saben de quién aprendí esta gran lección? De mi papá, z”l. Como muchísimos otros judíos, mi padre se crió en una familia completamente no observante. Nunca fue a una escuela judía, ni tuvo la oportunidad de aprender a leer hebreo.   Mi papá era quizás una arabá: pero una hermosa arabá. Porque a pesar de no ser religioso, nunca fue antirreligioso.  Nunca se opuso a que yo, su hijo, aprendiera más judaísmo o quisiera ser más observante. Es más: se alegraba cuando en mi adolescencia comence a estudiar Torá. Esta actutud positiva lo mantuvo siempre «dentro» de la comunidad virtual de las cuatro plantas.  Lamentablemente, y por muchísimas razones que no podría explorar en unas pocas líneas, muchos judíos no observantes se pasan para el otro lado. Cruzan el limite de la «arabá», la línea roja que los separa de la tolerancia. Y su irreligiosidad se puede convertir en un tóxico activismo antirreligioso.  Cuando esto ocurre se quiebra «el sagrado pacto de la comunidad de las cuatro plantas» y la separación es inevitable. Las consecuencias de la antirreligiosidad siempre fueon catastróficas para el pueblo judío.

Todos nosotros, «los miembros de esta hermandad de las cuatro plantas», debemos hacer todo lo posible para practicar el respeto y la tolerancia hacia cada individuo de AM ISRAEL. Nuestro mayor objetivo es permanecer unidos. Crecer y elevarnos juntos. Entendiendo que aquello que nos une, cuenta mucho más que aquello que nos diferencia.

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CUATRO JUDÍOS, CUATRO IDEAS

Nuestros Sabios indicaron que las cuatro plantas que tomamos en Sucot representan a la comunidad judía: 4 tipos diferentes de individuos que se distinguen uno del otro en cuanto a su nivel de conocimiento y observancia de la Torá. El etrog, que tiene un buen aroma y un gusto agradable, representa al judío que sabe y observa la Torá. ¿Por qué? Los Sabios explicaron esta metáfora de la siguiente manera: El gusto del fruto simboliza el estudio de la Torá, ya que su aprendizaje debe ser placentero y dulce. El aroma simboliza el cumplimiento de las Mitsvot, cuya intención siempre debe ser inmaterial y desinteresada. El Lulab, que es una hoja de palmera datilera, tiene un fruto de un gusto muy dulce: el dátil, pero que no tiene ningún perfume. El Lulab representa a aquel que estudia la Torá pero no la observa plenamente. El mirto o, en hebreo, hadás, tiene un agradable aroma pero no tiene gusto ni esencia (no se puede hacer té con sus hojitas). Las ramitas del mirto representan a aquel que observa la Torá pero no la estudia, es decir, no entiende su profundidad. Y finalmente, tenemos las ramas de sauce o “‘arabá” que no tienen ni gusto ni aroma, y representan al judío que no es observante y no ha tenido la oportunidad de aprender Torá. La comunidad judía, según dijeron los Sabios hace 2.000 años atrás, está representada por estos cuatro individuos. En Sucot, con mucha atención y devoción, «ponemos a todos los miembros de la comunidad judía juntos». Y si uno de ellos no está allí, hemos fallado en cumplir con este hermoso precepto.

¿Qué mensaje nos transmite el hecho de que todos estos miembros de esta diversa comunidad estén presentes?

EL DESAFÍO DEL ETROG

En primer lugar, esta metáfora nos enseña que el etrog, que ya de por sí está separado de las otras 3 plantas, no debe mantenerse aislado de la comunidad. Tiene que unirse a los que son menos que él, estar al lado de los que no observan o no saben la Torá. Y al hacerlo, al mantenerse unido y no separarse, logrará perfumar con su fragancia a las demás plantas. Una vez que el etrog se une a los demás, entonces decimos la bendición y «elevamos» las 4 plantas a la vez. ¿Cuál es el secreto para que el etrog se transforme en un influencer positivo? El etrog debe poner especial atención en cuidar muy estrictamente todos los preceptos que tienen que ver con “derej eretz”, es decir, educación, honestidad, humildad y respeto hacia los demás. Y si además de eso el etrog vive su observancia de la Torá con alegría, se transformará en un imán «irresistible». Pero, ¿por qué los Sabios tuvieron que enfatizar la necesidad de que el etrog no se separe? En mi opinión, porque hay un fenómeno que lamentablemente no es poco común: muchos judíos religiosos optan por separarse de la comunidad, abrirse por completo y tratar de juntarse solo con otros etroguim “como uno”. La tentación puede ser muy grande: ¿seré capaz de influir positivamente sobre el resto de la comunidad, o terminaré siendo influido por los que saben y observan menos que yo? De acuerdo a esta y otras enseñanzas de nuestros sabios (ver, por ejemplo, aquí כל תענית שאין בה מפושעי ישראל אינה תענית שהרי חלבנה ריחה רע ומנאה הכתוב עם סממני הקטורת), alejarse de los demás miembros de la comunidad sería como querer cumplir con la Mitsva del Lulab ¡con un grupo de cuatro etroguim!

A veces esta polarización sucede, pero no deliberadamente sino por negligencia. Si el etrog, por ejemplo, no observa los valores de “derej erets” con la misma rigurosidad con la cual observa todo lo ritual. Si su observancia no está acompañada de honestidad, humildad y respeto incondicional al prójimo, su mal ejemplo puede causar un efecto pendular que dispara a todas las otras plantas hacia el límite. O más allá. Como leímos la semana pasada en Ha-azinu, cuando la Torá resulta negativa para quien la ve o la escucha, es porque aquellos que debemos representarla no la estamos representando bien.

EL PROBLEMA DE LA ARABÁ

Por el otro lado, la arabá, el judío que sabe menos o que no es observante, debe tener la mente abierta y estar dispuesto a aprender, a aceptar la posibilidad de que sus opiniones negativas sobre la Torá puedan ser solo prejuicios. Que quizás haya juzgado al árbol del judaísmo por unas pocas malas manzanas. Que nunca es tarde para aprender o para cambiar de opinión. ¿Saben de quién aprendí esta gran lección? De mi papá, z”l. Como muchísimos otros judíos, mi padre se crió en una familia completamente no observante. Nunca fue a una escuela judía, ni tuvo la oportunidad de aprender a leer hebreo. Mi papá era quizás una arabá: pero una hermosa arabá. Porque a pesar de no ser religioso, nunca fue antirreligioso. Nunca se opuso a que yo, su hijo, aprendiera más judaísmo o quisiera ser más observante. Es más, se alegraba cuando en mi adolescencia comencé a estudiar Torá. Esta actitud positiva lo mantuvo siempre «dentro» de la comunidad virtual de las cuatro plantas. Lamentablemente, y por muchísimas razones que no podría explorar en unas pocas líneas, muchos judíos no observantes se pasan al otro lado. Cruzan el límite de la «arabá», la línea roja que los separa de la tolerancia. Y su irreligiosidad se puede convertir en un tóxico activismo antirreligioso.




El secreto de las cuatro plantas de Sucot

“Y tomaréis en el primer día [de Sucot] un fruto de un árbol cítrico (etrog), ramas de palmera (lulab), una rama de mirto (hadas) y sauces de arroyo (‘araba), y os regocijaréis ante HaShem, vuestro Dios, por siete días” (Levítico 23).

שלושה המה נפלאו ממני וארבעה לא ידעתים

¿Qué tienen de especial estas 4 plantas que tomamos en Sucot? La Torá no nos explica por qué debemos tomar específicamente estas cuatro especies durante Sucot. Una posible razón de esta omisión, en línea con el pensamiento de Maimónides, es que en el momento en que se dio la Torá, la razón de este mandamiento era tan obvia que no necesitaba más explicación.

Los Jajamim (los rabinos del Talmud) ofrecieron algunas interpretaciones, enfocándose en lo que estas plantas representan visualmente (cuatro órganos del cuerpo: columna vertebral, corazón, ojos, boca, todos unidos para servir a HaShem) o en su perfume y sabor (cuatro individuos del pueblo judío, su estudio y sus acciones virtuosas ver aquí).

PLANTAS PERENNES Mi maestro, el Rabino Saadia Benzaquén, z «l, solía decir que estas cuatro plantas representan el «reino vegetal» porque todas ellas son plantas perennes, es decir, no mueren ni pierden sus hojas en el invierno. Esto es particularmente característico del etrog, una fruta que, como explica la Guemará, «permanece en su árbol durante todo el año (haddar beilanó mishaná leshaná)». Estas cuatro plantas también crecen en cuatro hábitats completamente diferentes. El etrog crece en los valles, el lulab en el desierto, el mirto (hadas) en las montañas y el sauce (araba) en las orillas de lagos y ríos. ¡Sus necesidades de agua son muy diferentes!

LA VIDA DE UNA PLANTA

También noté hace unos años algo fascinante: que estas plantas se secan a un ritmo completamente distinto. La planta que se seca más rápido es la arabá. Las ramas de sauce, que una vez cortadas de su árbol (si no se las mantiene cerradas en una bolsa de plástico cerrada herméticamente) se secan en pocos días. A veces, las ramas de arabá pueden no sobrevivir ni siquiera los siete días de Sucot. Luego tenemos las hojas de mirto, hadasim, que se secan por completo a las pocas semanas. El lulab, la rama de palmera, se seca muy lentamente; duran meses, no semanas, hasta que se secan. Y finalmente, tenemos el etrog. Hay varios elementos que hacen que el etrog sea una fruta especial. Pero quizás el aspecto más característico del etrog es que no se descompone y puede durar años. Hay un experimento muy sencillo que purba este punto: dejen un limón junto a un etrog al aire libre por unos días 4 o 5 días: el limón inevitablemente se volverá blanco y mohoso…. El etrog, sin embargo, ¡nunca se descompone! El etrog se encogerá y se secará, perderá su color, pero no se descompondrá e increíblemente seguirá conservando su aroma, no por meses, ¡sino por años!

¿CASUALIDAD?

¿Son estas características por casualidad? Aunque no estoy seguro de cómo interpretar el significado o simbolismo de estas características, y como dije antes, tal vez en el momento en que se dio la Torá, esta era la razón que resultaba absolutamente obvia para el granjero judío (no olvidamos que la sociedad judía el la época bíblica y talmúdica se dedicaba a la agricultura) , no creo que sea una coincidencia que la Torá mencione estas plantas específicas que están tan diferenciadas entre sí en cuanto a su interacción con la lluvia el medio ambiente en el que crecen y la humedad que con capaces de preserva. Hay que recordar que un elemento fundamental de la festividad de Sucot es el agua/lluvia. Durante Sucot, comenzamos a agradecer a HaShem por la lluvia (mashib haruaj, morid hageshem) y también oramos y pedimos a HaShem que tengamos un año de lluvias generosas, sabiendo que en este momento, Sukkot, Dios decide el destino de nuestros cultivos y productos de la tierra (בחג נדונים על המים). Y estas plantas parecen representar cuatro niveles diferentes de «dependencia» del agua y la humedad que contienen y conservan. El etrog y la arabá están en extremos opuestos en cuanto a la humedad que mantienen en su interior.

Y finalmente, la razón principal por la que no creo que esta interpretación sea una coincidencia es el orden en que se presentan estas cuatro plantas en la Torá. La Torá menciona las cuatro plantas en un orden específico: primero, la Torá menciona la fruta que dura más, el etrog. Luego, el lulab (rama de palmera), luego las hadasim (mirto) y al final la arabá (ramas de sauce): las plantas que duran más, se mencionan antes en el pasuq.

 לעילוי נשמת
Aharon Cabuli ben Regina Romano
y
Sofia Daniel Khabbas de Cabuli bar Regina
ז»ל



La Mitsvá del Lulab

Este año, 2023/5784, la primera vez que cumpliremos la Mitsvá de Lulab será en el segundo día de Yom Tob: domingo 1 de octubre, por la mañana.

La Torá dice: «Y tomaréis en el primer día [de Sucot] el fruto del árbol cítrico, ramas de palmera, ramas de árboles frondosos y sauces de los arroyos, y os regocijaréis ante el Eterno, vuestro Dios, por siete días» (Levítico 23).

LA MITSVÁ:

Se nos ordena tomar las cuatro especies mencionadas durante la festividad de Sucot. Tomamos tres ramas y un fruto. Un lulab (una rama joven de palmera datilera), dos árabot (ramas de sauce) , tres hadasim (ramas de mirto) y un etrog, (citrus) . Esta Mitsvá se llama «las cuatro especies» (ארבעת המינים) o la «Mitsvá de lulab». Debemos sostener el lulab, los hadasim y las árabot en la mano derecha y el etrog en la mano izquierda. Luego, realizamos la Mitsvá de Netilat lulab, que significa «elevar» el lulab. Las cuatro especies deben sostenerse en la dirección en la que crecen. La Mitsvá de las cuatro especies no se realiza en Shabbat. Por eso, este año, 2023/5784, la primera vez que cumpliremos la Mitsvá de Lulab será en el segundo día de Yom Tob: domingo 1 de octubre, por la mañana.

BENDICIÓN:

El primer día que tomamos las cuatro plantas, decimos dos bendiciones: ‘al netilat lulab y shehejeiyanu. La berajá, ‘al netilat lulab, también se dice durante los otros días de Sucot.

Dado que cada Mitsvá debe realizarse después de decir la bendición, algunas personas sostienen el etrog con la ramita principal para arriba y luego lo dan vuelta y lo enderezan después de la bendición, porque de lo contrario, la berajá se diría luego de haber observado el precepto de «tomar las cuatro plantas» (berajá lebatála). Otros acostumbran a sostener el etrog en la mano solo después de que se dice la berajá.

Las mujeres están formalmente exentas de la Mitsvá de lulab. Sin embargo, la tradición en la mayoría de las comunidades es que las mujeres realizan la Mitsvá de tomar y elevar el lulab, lo cual es meritorio. La tradición sefaradí indica que las mujeres no deben decir la berajá para la realización de esta Mitsvá, mientras que la tradición ashkenazí indica que las mujeres dicen la berajá.

LOS NA’ANU’IM:

Una vez que decimos la berajá, movemos el lulab en cuatro direcciones (lena’anea’). En este video se pueden ver los na’anu’im, los movimientos del lulab, de acuerdo a la antigua tradición del Bet HaMiqdash (tenufá) que es mencionada por Maimónides. Curiosamente, los judíos ashkenazíes realizan los na’anu’im de manera similar a la descripción de Maimónides.

¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE ESTOS MOVIMIENTOS?

אמר רבי יוחנן: מוליך ומביא – למי שהארבע רוחות שלו, מעלה ומוריד – למי שהשמים והארץ שלו. במערבא מתנו הכי, אמר רבי חמא בר עוקבא אמר רבי יוסי ברבי חנינא: מוליך ומביא – כדי לעצור רוחות רעות, מעלה ומוריד – כדי לעצור טללים רעים. מסכת סוכה ל“ז

כל זה רומז שהכוונה לבקש מה‘ יתברך על העתיד ולהודות לו על העבר.    מנורת המאור

שע“ט

Rabbi Yojanán explica que movemos el lulab hacia adelante y hacia atrás (hacia el propio cuerpo) y luego arriba y abajo para agradecer al Eterno «que es el dueño de los cuatro vientos» y para expresar nuestra gratitud por esos vientos «que trajeron las lluvias a su debido tiempo durante la pasada cosecha». ¿Por qué agradecemos a Dios en Sucot por los buenos vientos / lluvia? Porque en Sucot, el agricultor judío ya ha terminado de cosechar y recolectar todos sus frutos y productos vegetales del año. Por lo tanto, expresamos así nuestro agradecimiento a Dios, explica el rabino Abohab, para evitar olvidarnos de Dios cuando tenemos toda la comida que necesitamos (זמן בעיטה).

Ribbi Yose Bar Ribbi Janiná ofrece una explicación diferente: estos movimientos con el lulab, que simbolizan los vientos, representan nuestra oración pidiendo a Dios que proteja las futuras cosechas de este nuevo año que comienza. Le pedimos a Dios que evite los vientos dañinos, que traen sequía o langostas, o lluvias o «humedades» (טללים רעים moho) destructivas que pueden arruinar todos los productos de la tierra.

¿Cuál de las dos opiniones seguimos? ¿Agradecemos a Dios por el pasado o le pedimos que nos conceda prosperidad en el año que comienza?

Nuestra tradición es seguir las dos opiniones: agradecer a Dios por el pasado y pedirle por el futuro.

¿Y cómo y cuándo hacemos eso?

Durante la hermosa Tefilá de Hallel, que recitaremos a partir de mañana por los próximos 9 días.

Para agradecer y reconocer a Dios por lo que nos dio, movemos y agitamos el lulab –como si fuera un qorban, una ofrenda a Dios– diciendo mientras nos movemos: HODU LASHEM KI TOV KI LEOLAM JASDO «Demos gracias a Dios cuando es bueno [=cuando tenemos abundancia], [diciendo que] ‘Su bondad es infinita’.

Y para pedir a HaShem por un futuro material prometedor, movemos el lulab mientras decimos ANNA HASHEM HOSHIA NA, «Por favor, Dios, sálvanos». Es decir, «sálvanos de los vientos destructivos, del clima inclemente que podría dejarnos sin comida y en riesgo de morir.

ACLARACION: Si estas plegarias de agradecimiento y súplica sobre vientos y lluvias no nos parecen muy significativas, es porque tenemos el privilegio de vivir en una época de «superabundancia»: tenemos tanta comida B»H que nos resulta difícil comprender el hambre, las enfermedades y la tragedia de un año sin lluvias…

Para concluir aclararemos que la costumbre sefaradí hoy en día es mover el lulab, sin agitarlo (הולכה והבאה), en seis direcciones diferentes: sur, norte, este, arriba, abajo y oeste. Este orden no es le mismo de Maimónides y fue establecido por los sabios de la Kabbalá. En este video, vemos al rabino Mordejai Eliyahu z»l haciendo los na’anu’im, según la tradición sefardí vigente hoy en día




Mudarse a una casa sin techo

Este viernes 29 de Septiembre de 2023 por la noche comenzaremos la celebración de la fiesta de Sucot.
La Torá dice:” En las Sucot habitareis por siete días … para que vuestras generaciones sepan que Yo hice habitar [y así protegí] a los hijos de Israel en Sucot, cuando los saqué de la tierra de Egipto … (Levítico 23).
Durante siete días abandonamos nuestras casas y nos instalamos en la Sucá. La Sucá es una cabaña que consta de cuatro paredes y un techo muy frágil que en hebreo se llama sejaj. Comemos, estudiamos y si el clima y la salud lo permite, dormimos en la Suca. Traemos nuestros muebles a la Sucá, para sentirnos cómodos y con la sensación de que tenemos todo lo que necesitamos en el plano material. Sucot conmemora nuestra travesía de cuarenta años desde Egipto hacia la Tierra Prometida. Durante esos años, en pleno desierto,  Dios nos proporcionó comida y agua y cubrió todas nuestras necesidades. Dios también nos concedió Su Protección Divina especial contra las inclemencias climáticas del desierto, los animales salvajes y otros peligros.
Al trasladarnos a la Sucá y dejar la seguridad de nuestras sólidas casas recreamos esa travesía de 40 años en los que estuvimos bajo Su Protección directa, que es en última instancia la protección que más nos debe importar.
Hay muchos detalles y especificaciones en cuanto a cómo construir la Sucá.
Los principios básicos son:
PAREDES: Las paredes de la Sucá, por lo general 3 o 4 paredes, deben ser construidas antes de colocar el sejaj o techo de ramas. Las paredes pueden estar hechas de cualquier material capaz de soportar un viento promedio. Esta es la razón por la que el rabino Obadia Yosef z”l recomienda evitar el uso de telas para hacer las paredes de la Sucá, y sugiere usar en su lugar madera o paneles de acrílico. Ver link de su artículo abajo.
SEJAJ (techo de hojas de palmera, ramas, bamboo, esterilla, etc.): Sobre las paredes colocamos el sejaj . Para el sejaj podemos utilizar todo tipo de ramas o cañas de bambú o cualquier otro tipo de plantas. Muchos acostumbran a usar ramas de palmera, si se pueden conseguir.  Hay cortinas especiales hechas de cañas o bambú que también se suelen utilizar para este propósito.
SOMBRA vs LLUVIA: El sejaj debe ser lo suficientemente denso como para proporcionar sombra, pero tiene que ser lo suficientemente frágil como para permitir que la lluvia penetre en la Sucá. Una «choza» impermeable no se considera una Sucá y por lo tanto no es válida.
La mayoría de los Halajot para construir una Sucá son idénticas para Sefaradim y Ashkenazim. Excepto quizás una regla muy específica sobre las paredes, que la costumbre Sefaradí es más estricta. Ver en este artículo la opinión del Rab Obadia Yosef z «l.

RESIDIR EN EL SUCA

Los rabinos explicaron que para cumplir con la Mitsvá de residir en la Sucá debemos dejar nuestra residencia primaria y establecernos en la Sucá. Así dijeron: «Durante los siete días del festival de Sucot, uno debe convertir la Sucá en su residencia permanente, y su casa en su residencias temporaria». Vivir en la Sucá significa que todas las actividades regulares que hacemos en casa deben tener lugar en la Sucá.
Algunos ejemplos
COMIDAS: Excepto cuando llueve, debemos comer en la Sucá. Particularmente las comidas formales, esto es, comidas con pan (hamotzi y birkat hamazon) deben tener lugar en la Sucá. Por eso cuando comemos una comida con pan en la Sucá recitamos la bendición: … .asher quiddeshanu bemitzvotav vetstivanu liysheb basukká. 
MEZONOT: Pasteles, masitas, galletas, etc. (mezonot) también se debe comer dentro de la Sucá, pero cuando se come entre comidas (un snack), no se dice la bendición de la Sucá.
SNACKS: Un alimento ligero como una fruta, una ensalada, un café, se puede consumir fuera de la Sucá. Los rabinos, sin embargo, elogiaron a la persona que durante Sucot no come ni bebe nada fuera de la Sucá.
DORMIR: Dormir en la Sucá es parte de la Mitsvá de residir en la Sucá. Sin embargo, esto depende de algunos factores: 1. Condiciones climáticas (temperaturas frías y obviamente lluvia) . 2. La condición física de cada uno (salud, sensibilidad al frío, edad, etc.). 3. En algunas áreas también deben considerarse temas de seguridad y/o la posible presencia de animales nocturnos (como raccoons o zorros en algunos sectores de NY) mosquitos u otros insectos, etc.
Todas las actividades regulares que normalmente hacemos en casa como estudiar, leer, descansar, etc. se realizan en la Sucá.

VIDEOS SOBRE CONSTRUCCION DE LA SUCA

Construyendo una Suca sólida (hebreo)
Construyendo una Suca simple (Inglés) 




Sucot en una cárcel mexicana

A lo largo de nuestra historia, los Yehudim hemos superado todo tipo de obstáculos para poder observar la Mitzvá de la Sucá. Uno de los ejemplos más hermosos del amor y la determinación del pueblo judío hacia este precepto, es la Sucá construida en la cárcel de la inquisición de la ciudad de México en el año 1603, por un cripto-judío (converso) llamado Sebastián Rodríguez.
Sebastián nació en el año 1573, en San Vicente Davera, Portugal. Abandonó su casa a la edad de siete años, para trasladarse hacia Sevilla (España), donde trabajó en la tienda de su tío Antonio Rodríguez, quien le enseño a leer y escribir.
A los catorce años de edad, en el año 1587, se embarcó hacia Nueva España (México) y se asentó en la ciudad de Puebla, en la casa de un pariente lejano, también portugués, de nombre Guillermo Rodríguez, el cual lo enviaba a los pueblos aledaños a vender la ropa que él mismo fabricaba. A los dieciséis años se independizó y comenzó a trabajar por su cuenta.
A los dieciocho años se casó con su prima Constanza Rodríguez. Previo a la boda, su cuñado Domingo Rodríguez, y Manuel de Lucena, llevaron a Sebastián al campo y le revelaron que él era judío. Le enseñaron muchas de leyes y tradiciones de la Torá, en especial concernientes al matrimonio y las festividades judías.
Sebastián comenzó a aprender más acerca de su religión y de su pueblo. Sus principales maestros de quienes aprendió las leyes de la Torá fueron Luis de Carvajal (El Mozo) y Sebastián de la Peña. Durante largas caminatas en compañía de sus maestros, analizaban juntos los distintos pasajes de la Torá. Luis de Carvajal siempre llevaba oculto entre el forro y el fieltro de su sombrero varios escritos con versículos y leyes de la Torá, y de esa manera le enseñaba Torá a sus alumnos.
En 1596, cuando apenas había cumplido veintitrés años, y por la acusación de un tal Pedro de Reparo, Sebastián Rodríguez fue detenido en la ciudad de México junto con su esposa Constanza. Fue llevado a las cárceles de la inquisición en la plaza Santo Domingo, muy cerca del Zócalo actual, en el Distrito Federal.
Su crimen? «Judaizar», (una palabra acuñada por la inquisición española, y que por eso no existe en otras lenguas), es decir, practicar ritos de la religión judía. Su castigo? Reclusión perpetua y confiscación de todos sus bienes, en beneficio de la iglesia.
Ya en la cárcel y durante los primeros meses de su interrogatorio, Sebastián guardó absoluto silencio, para no involucrar a sus maestros y a otros conversos que él conocía. Luego de tres meses de tortura, donde lo mantuvieron encadenado a unos grilletes de manos y pies, Sebastián confesó que practicaba la Ley de Moisés. Fue entonces que le quitaron los grillos y lo pusieron en una celda junto a Luis Diaz, un seudo-converso que operaba como espía de la inquisición. Luis Diaz, apodado luego como “El Malshín” (el delator), informó a los inquisidores que su compañero de celda, Sebastián, “judaizaba”, esto es: que no consumía la carne que le servían; no barría el piso de su celda los sábados, se lavaba las manos antes de consumir pan, y todos los días se paraba en silencio y con la cabeza cubierta frente a una pared, en dirección al este (Jerusalem).
Como consecuencia de este informe Sebastián fue llevado ante los inquisidores para que declarase la verdad pero como negaba las acusaciones que le imputaban, se procedió nuevamente a la tortura. Esta vez con un instrumento de tortura llamado “el potro” (estiramiento in extremis de las extremidades del cuerpo) . Después la quinta vuelta del cordel, Sebastián declaró que él «judaizaba», pero que “se arrepentía de lo que había hecho”.
Se acercaba Sucot, la fiesta de las cabañas, del año 1603, y Sebastián Rodríguez, su esposa Constanza y su pequeño hijo Domingo, llevaban ya siete años encerrado en la cárcel de la inquisición conocida como “La casa Chata”. El mayor deseo de Sebastián era celebrar la fiesta de Sucot, pero parecía un sueño imposible … Entonces, surgió en su mente plan muy arriesgado pero que podría funcionar: tenía que construir una Sucá (cabaña ritual) en el patio de la propia cárcel.
A principios de septiembre de 1603, el Virrey de Nueva España le otorgó al Capitán Esteban Lemos, un notario de la Inquisición, un importante premio. Sebastián Rodríguez propuso honrar al Capitán Lemos en «La casa Chata» y dedicar una fiesta en su honor. El entusiasta guardia de la prisión le dio permiso a Sebastián para hacerlo. Y también aprobó La fecha elegida por Sebastián: el 21 de Septiembre, y la lista de invitados propuesta por Sebastián, que incluía a varios conversos amigos.
Sebastián también se ofreció para decorar el patio. Pidió una gran cantidad de ramas, que fueron traídas por cuatro nativos, y así comenzó a construir su Sucá. Preparó y decoró el patio abierto, conocido hasta hoy como «patio de los naranjos», colocando las ramas encima de sus cuatro paredes.
Para esta «ocasión especial» se preparó una deliciosa comida, con pollo como plato principal. El pollo era kasher, sacrificado a través de la Shejita (sacrificio ritual), algo que Sebastián organizó con ayuda desde fuera de la prisión.
El 21 de septiembre de 1603, el primer día de Sucot, Sebastián Rodríguez, junto con su esposa Constanza, y otros conversos, invitados y prisioneros, celebraron la fiesta de de Sucot, comiendo bajo el Sucá y regocijándose con canciones, bailes y alegría, frente a los inquisidores Alonso de Peralta y Gutiérrez Bernardo de Quirós, que nunca supieron que los prisioneros judíos estaban celebrando una festividad bíblica frente a sus narices.
El 2 de junio de 1606, la Inquisición decidió que ya se había transformado finalmente en un cristiano rehabilitado y Sebastián Rodríguez, su esposa Constanza Rodríguez y su hijo Domingo fueron liberados.
Hoy, 400 años después, la arriesgada decisión de Sebastián Rodríguez de construir un Sucá dentro de la prisión de la inquisición es un ejemplo inspirador de la determinación del pueblo judío de mantener y cumplir nuestra Torá sin importar las circunstancias. Desafiando incluso a la Inquisición española, una de las instituciones más horribles de persecución religiosa, que persiguió a nuestros hermanos y hermanas incluso en el Nuevo Continente.
Esta historia está registrada en los Archivos Generales de la Nación Mexicana, ubicados en el palacio de Lecumberri. «Proceso contra Sebastián Rodríguez y Constanza Rodríguez como Judaizantes», Inquisición en México, 1595-1596, vol 154, exp.2
(El artículo original fue escrito por el Sr. Eli Suli , México, experto en historia judía sefaradí y amigo personal).



RESUMEN DE HAAZINU

La Parashá de la Torá que leemos esta semana, Ha-azinu, es un poema de Moshé Rabbenu. Este poema es de carácter profético ya que advierte –o anticipa– lo bueno y lo malo que les sucederá a los judíos a lo largo de su historia si no siguen el pacto que establecieron con Dios. Moshé invoca al cielo y a la tierra como testigos eternos de esta profecía. En este poema, el cielo y la tierra comienzan alabando a Dios, declarando que Él es justo y que sus hijos, el pueblo judío, causan su propia miseria al olvidar y abandonar a Dios. Y especialmente por no ser agradecidos y deliberadamente ignorar que Dios es la fuente de todas nuestras bendiciones. Moisés suplica a los israelitas que contemplen la historia y nunca olviden cómo Dios protegió a Israel en el desierto como un águila cuida de sus crías. Dios los establecerá en la tierra prometida donde no les faltará nada. Pero como sucede a veces sucede con un niño que recibe todo de sus padres, el pueblo de Israel ignora a Dios, y hasta se rebela contra y lo abandona. Irónicamente, esto sucede no porque no tienen lo suficiente sino  porque ahora tienen tanta abundancia que sienten que ya no «necesitan» a Dios. Ahora buscarán falsos dioses de pueblos paganos que que son adorados a través de entregarse al placer, la promiscuidad y el lujo.   Dios se indignará por esta falta de gratitud por parte de sus hijos y como consecuencia «ocultará Su Rostro», es decir, suspenderá su protección especial sobre los judíos. Los pueblos paganos entonces invadirán la tierra y no habrá quien los detenga. El pueblo judío será exiliado y se encontrará al borde de la extinción. Y en ese momento, el pueblo judío pensará erróneamente que todo esto les sucede porque «Dios no existe».

Dicho sea de paso: Este poema representa un testimonio profético: saber que cuando Israel no está protegido, es porque han abandonado a su Protector y se han alejado de Él. Sin embargo, también anticipa este poema, llegará el momento en que Dios redimirá a Israel y castigará a las naciones que hicieron sufrir a su amado pueblo. Israel entonces regresará a Dios y cantará sus alabanzas de gratitud al Creador.

En la última parte de esta corta pero profunda Parashá, Moshé enseña este poema a los judíos. Les ruega que lo aprendan –¿memoricen?- y presten mucha atención al mismo, ya que la Torá no es un texto más, no es un escrito superficial humano sino una Guía Divina que orienta nuestras vidas. Y solo cuando nos aferramos a ella nos fortaleceremos y, con el favor de Dios, tendremos el mérito de vivir en paz y con prosperidad en nuestra tierra Israel.

Dios le dice a Moshé que suba al Monte Nebá. Desde allí, el gran líder de Israel verá la tierra prometida antes de morir.




EL AYUNO DE GUEDALIA: El exilio despues del exilio

Hoy es Tsom Guedaliá, un día de ayuno instituido para recordar el asesinato de Guedaliá Ben Ajiqam, el gobernador de Israel durante los días de Nebujadnetsar.

DESTRUCCIÓN DEL PRIMER TEMPLO

Cuando Nebujadnetsar, el emperador de Babilonia, destruyó el Templo de Jerusalem (586 antes de la era común) asesinó a una gran parte de la población del reino de Judea (Yehudá). También llevó cautivos a decenas de miles de judíos a Babilonia. Muchos otros judíos escaparon a las naciones vecinas como Amón y Moab (hoy Jordania). Una vez que Jerusalem fue destruida, el Estado judío independiente dejó de existir. Y Nebujadnetsar anexó a Judea como una provincia del Imperio Babilónico. Los babilonios permitieron que un pequeño número de la población judía derrotada, los campesinos más pobres, permaneciera en Israel para trabajar la tierra y evitar la desertificación.

GUEDALIA BEN AJIQAM

Para gobernar a estos pocos judíos que quedaban en Israel, Nebujadnetsar nombró a Guedaliá ben Ajiqam, un noble judío que vivía en Babilonia, como gobernador de Judea. Fue un gesto positivo inesperado, ¡todo un milagro!, que un judío fuera nombrado para gobernar Judea. Guedaliá pertenecía a la familia «Shafán», nobles judíos que se establecieron en Babilonia en el exilio de Yejoniá (597 a.e.c) y gozaban de la confianza del emperador. Guedaliá se estableció en Mitspá, una ciudad al norte de Jerusalem, y prometió lealtad al rey de Babel. El profeta Yirmiyahu (Jeremías) que había elegido permanecer en Israel con los sobrevivientes de la guerra en lugar de ir a Babilonia con los refugiados, se unió a Guedaliá y juntos albergaban la esperanza de que algún día el emperador de Babel les permitiese a los refugiados judíos regresar a Judea y quizás reconstruir el Templo. Cuando los judíos que habían escapado a Amón, Moab y Edom escucharon que Guedaliá había sido asignado gobernador, regresaron jubilosamente a Israel. Se establecieron en la tierra, la trabajaron y cosecharon sus frutos con gran éxito. Con Guedaliá a cargo, la esperanza de volver a una vida normal y reconstruir el Bet haMiqdash era ahora una cuestión de tiempo, y parecía más real que nunca.

EL MAGNICIDIO

Entonces sucedió lo inimaginable. Ba’alis, el rey de Amón (hoy Jordania), se había aliado con Egipto, que era el enemigo principal de Babilonia. Ba’alis sabía que con Guedaliá como gobernador de Judea sería más fácil para Babilonia conquistar a Amón. Ba’alis diseñó entonces un plan para deshacerse de Guedaliá y desestabilizar Judea. Encontró a un hombre violento, ambicioso y con pocos escrúpulos descendiente de la dinastía del rey David, Yishma’el Ben Netaniá, que se oponía a Guedaliá y reclamaba el gobierno de Israel para sí mismo. Alegando que Guedaliá no pertenecía a la dinastía de David y que, por lo tanto, no podía ocupar el cargo de gobernador de los judíos… Ba’alis, conociendo las ambiciones personales de Yishma’el lo convenció de que debía matar a Guedaliá. Le ofreció su ayuda logística para cometer el asesinato, y le prometió el apoyo político y una futura alianza para proclamarlo a él como el nuevo Rey de Judea. En el tercer día (hay quien dice que fur el primero de Tishrí) del séptimo mes hebreo, Tishrí, un día como hoy, Yishma’el y un grupo de hombres armados llegaron a la ciudad de Mitspá, donde fueron recibidos muy cordialmente por el noble Guedaliá que los atendió con los honores debidos a un descendiente de la dinastía de David. Guedaliá había sido advertido de la posibilidad de que Yishma’el atentara contra su vida, pero se negó a dar crédito a esa información, convencido de que era un chisme ridículo, ya que un judío jamás mataría a otro judío. Y además, ¿por qué alguien con un mínimo de sentido común pondría en peligro las renovadas esperanzas de la redención de Israel que se estaban cristalizando? … Pero lo inexplicable sucedió. Yishma’el y sus hombres asesinaron a Guedaliá y a los oficiales babilonios que estaban con él. Este asesinato cometido por un judío iba a ser considerado como un gravísimo acto de insubordinación contra Nebujadnetsar el emperador de Babel, en un momento donde más que nunca se necesitaba sumisión a Babilonia.

EL SEGUNDO EXILIO

Cuando se escuchó la noticia de este terrible crimen, los judíos que se habían establecido en Mitspá temieron por sus vidas y pensaron que su mejor opción era huir a Egipto por temor a las represalias de Nebujadnetsar contra ellos. Huyeron a Egipto, pero allí lamentablemente encontraron más calamidades, hambre, persecuciones y muerte.

Y así, la tierra de Israel permaneció con una mínima población judía por 52 años. Y las esperanzas de regresar a Yerushalayim y reconstruir el Bet haMiqdash se desvanecieron. Fue como revivir una vez más el exilio que tuvo lugar unos años atrás. Era como si el Templo de Jerusalem hubiese sido destruido por segunda vez … O peor, porque esta vez, el exilio fue causado por nosotros mismos …

En memoria de estas horribles tragedias que sellaron definitivamente nuestro primer exilio, nuestros Profetas establecieron que hoy, el tercer día del mes hebreo de Tishrí, un día después de Rosh Hashaná, se conmemore el Ayuno de Guedaliá.

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¿Quiénes están exentos del ayuno de hoy?
Los menores de edad: niños menores de 13 años y niñas menores de 12 años están completamente exentos de este ayuno.
Las mujeres embarazadas están exentas del ayuno de Guedaliá.
Mujeres lactantes. En muchas comunidades Sefaradíes la tradición es que después de dar a luz las mujeres están exentos de ayunar durante 24 meses, incluso cuando ya no están amamantando a su bebé. En otras comunidades Sefardíes y en las comunidades Ashkenazíes sólo se excusa de ayunar a las mamás durante 24 meses si todavía siguen amamantando a sus bebés.  Consulte con el rabino de su comunidad respecto a la costumbre a seguir.
Una persona que se siente mal, por ejemplo, con síntomas de gripe o fiebre, o una persona con una enfermedad crónica, como  diabetes, no debe ayunar.
Las personas mayores de edad deben consultar con sus médicos para determinar si el ayuno afectará su salud. En cuyo caso están exentos de ayunar.
El ayuno se observa desde el amanecer de hoy hasta el anochecer.  
Vea aquí los horarios de su ciudad de residencia. 



VIDEO: ¿Qué aprendemos de Sará, Rajel y Janá? ¿Por qué los textos Bíblicos que leemos en Rosh haShana se relacionan con estas tres matriarcas?¿Rezar para pedir o para agradecer?




Ser o no ser una inversión rentable

Imagina que eres un científico y tienes una oportunidad excepcional: un inversor adinerado confía en tus habilidades y ha decidido invertir un millón de dólares al año en ti, confiando en que encontrarás una cura para una enfermedad mortal. Pero el contrato que te ofrece no es ilimitado: es un contrato que se renueva anualmente. Cada nuevo año, tendrás que ir a su despacho y presentarle un reporte de lo que hiciste. Y él decidirá si extiende tu contrato por un año más o lo cancela. En esa reunion anual, tienes que sobresalir. Tu trabajo — tu futuro— está en juego. El inversor está de tu lado. No te va a exigir que hayas logrado el resultado final. Él sabe que este tipo de trabajo requiere tiempo y dedicación. Pero para seguir financiándote va a querer estar seguro de que no has malgastado su dinero ni su tiempo y que estás haciendo todo lo posible para progresar y alcanzar tu objetivo. Es muy importante que cuando tengas tu reunion anual con el inversor seas completamente honesto con él. Especialmente respecto a lo que no te salió bien este pasado año. Aunque pueda resultarte muy incómodo admitir tus fracasos, el inversor quiere escucharte hablar de ellos. Él tiene mucha experiencia y sabe que para que no repitas esos errores en el futuro no hay mejor formula que verbalizar tus errores y admitirlos frente a él. Y si no eres capaz de admitir tus errores o no puedes verbalizar tus fracasos, es probable que repitas esos errores y desperdicies otro valioso año. Y en ese caso te convertirías en “una inversión de alto riesgo”. Si eso sucede, el inversor podría considerar retirar su financiamiento. Por lo tanto, es esencial ser honesto acerca de tus errores y así contar con su apoyo y renovar tu contrato por un año más.

Estamos a pocas horas de Rosh HaShana, el día que conmemora la creación de la humanidad. Nuestros Sabios explicaron que en este día, el aniversario de la creación del hombre, el Creador examina a cada ser humano. Uno por uno. Y decide si merecemos o no merecemos ser “inscriptos en el libro de la vida”, es decir, si nos va a dar la oportunidad de concedernos un año más de vida. Esta es la idea fundamental de Rosh HaShaná. Cuando escuchamos el Shofar comienza el juicio. Nuestra primera misión es reconocer al Juez (o Rey, que en el antiguo Israel era la misma entidad) y aceptar Su autoridad sobre nosotros. Reconociendo que nuestra vida depende completamente de Él. Es un momento de estremecimiento. De muchísima solemnidad. Cuado escuchamos el Shofar no debemos pedir por nuestras vidas o necesidades. Como explica Maimonides, el Shofar debe “despertarnos” de nuestro letargo y recordar que en este momento es Dios quien nos está pidiendo algo: que seamos responsables por lo que hicimos y por lo que vamos a hacer. Cuando suena el Shofar debemos escuchar la voz de nuestro Creador que nos está preguntado: «¿Qué has hecho con la vida que te regalé y con los generosos recursos que te he concedido este último año? ¿Cómo has utilizado tu tiempo, tu prosperidad, tu inteligencia y tus talentos? ¿Has aprendido de los errores que cometiste el año anterior? ¿Te has dado cuanta de cuantas oportunidades de hacer las cosas bien perdiste? Cuando escuchamos el Shofar no es el momento de pedir perdón. El tiempo para pedir perdón es durante los 7 días posteriores a Rosh HaShana, y especialmente en Yom Kippur, que por eso es conocido como “el día del perdón”. Ese día presentaremos nuestros argumentos más sólidos para apelar un posible veredicto negativo que haya sido emitido en Rosh HaShana y convencer al Inversor / Creador que somos una inversión rentable. Y que si no lo fuimos el años pasado, lo seremos este próximo año.




ET SHAARE RATSON: Para pensar mientras escuchamos el Shofar

עת שערי רצון להפתח
“Cuando las puertas de la compasión se están abriendo, en el día que alzaré mis manos en rezo a Dios, por favor, Todopoderoso, ten en cuenta en este día del Juicio, el mérito del sacrificador (Abraham), del sacrificado (Isaac) y del altar (que juntos construyeron)” .
Uno de los piyutim más conocidos de la Tefilá (liturgia) de Rosh HaShaná es “ET SHAARE RATZON”, “Cuando las puertas de la compasión…”. Este poema se recita inmediatamente antes de escuchar el Shofar, que anuncia oficialmente el comienzo del juicio Divino. En ese momento, rogamos a Dios que no nos juzgue de acuerdo a la estricta letra de Su ley, sino con compasión. Y también le pedimos que tenga en cuenta el mérito de Abraham nuestro patriarca, cuando estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac (Aquedat Ytzjaq). Recordamos este evento en este preciso momento, en primer lugar porque el Shofar, un cuerno de carnero, nos recuerda la última “prueba” a la que fue sometido nuestro patriarca Abraham.
“La prueba final, la última de las diez: toma a tu hijo, el que ha nacido de su esposa Sará, al que tanto amas, y ofrécelo como un sacrifico puro hacia Dios, en el monte sobre el cual la gloria de Dios se manifiesta” .
La prueba más difícil por la que tuvo que pasar Abraham Abinu fue el «sacrificio» de Isaac.
El texto bíblico comienza con una aclaración excepcional: Génesis 22: “Y Dios puso a Abraham a prueba y le dijo… sacrifica a tu amado hijo Isaac”. Dios no le pide a Abraham un sacrificio humano. Dios está “probando” los límites del amor y la lealtad de Abraham hacia Él. Es un “test” —y un ejercicio que entrenará al pueblo judío por generaciones. Para entenderlo mejor, pesemos en el simulacro que se hace en una escuela o una oficina cuando suena la alarma, pretendiendo que hay un incendio, y todos deben salir ordenadamente. Ese test no solo demuestra si la escuela, los alumnos y los maestros están preparados para enfrentar esa eventualidad en la vida real, sino que también sirve como entrenamiento para el futuro: si todos responden bien en esta simulación, quiere decir que están preparados para responder bien, si algún día, Dios no lo quiera, hay un incendio de verdad.
Con este ejemplo en mente, pasemos ahora a la prueba de Abraham. Lo que nuestro patriarca aprende en esta prueba— y enseña a la posteridad— es que un judío debe estar “dispuesto” a dar la vida por su religión. Y así lo supimos hacer los judíos por generaciones: Jananyá, Mishael y Azariá, renunciaron a traicionar a la Torá sabiendo que iban a ser condenados a muerte por negarse. Lo mismo ocurrió con Janá y sus siete hijos, o con los “Jasidim Rishonim” en los tiempos de Antiojus Epifanes (siglo 2, a.e.c). Y con Ribbí Aquibá y con millones de mártires judíos desde la Inquisición hasta la Shoá. Todos los que estuvieron dispuestos a perder su vida —o la de sus hijos— y no abandonar a Dios en estas circunstancias extremas, fueron inspirados por la prueba por la que pasó Abraham Abinu, cuando demostró que su amor por Dios era absolutamente incondicional.
Hoy, gracias Dios, no tenemos que enfrentar ninguna de esas terribles pruebas. Los desafíos que debemos superar para observar la Torá son ridículamente pequeños comparados con el pasado: debo sacrificar un poco de mi sueño para rezar con Minyan por la mañana (más ahora en selijot) o para estudiar Torá por la noche; o debo sacrificar parte de mi dinero para ayudar a los demás, o mi actividad comercial para cuidar el Shabbat, etc., etc. Todo es insignificante frente a los desafíos de nuestros antepasados, cuando cumplir la Torá podía implicar la pérdida de la vida…
Creo que la lección contemporánea que nos enseña este poema ET SHAARE RATZON, y que es tan importante tenerla en mente, es que al escuchar el Shofar me juzgo a mí mismo y debo reconocer lo que estoy haciendo mal y principalmente lo que no estoy haciendo bien, o suficiente, en términos de observar la voluntad de Dios. Y siempre necesitamos una referencia, un ejemplo con el cual compararnos. ¡Qué mejor referencia que Abraham Abinu! Si nuestro patriarca Abraham estuvo dispuesto a sacrificar lo que más quería en el mundo para obedecer la voluntad de Dios, ¿no tendría que estar yo dispuesto a realizar mis pequeños sacrificios?