Siete Preceptos de Bené Noaj: (#1) ¿Qué es la idolatría?



DIA CERO
Uno de los detalles menos observados del relato de la creación es que el primer día de la creación, cronológicamente hablando, no comienza en el primer versículo de la Torá: el DIA UNO comienza con la aparición de la luz en el versículo 3. ¿Por qué? Porque el DIA está determinado por la transición día/noche. Y la luz fue creada, por así decirlo, en el versiculo 3.
Por lo tanto, los dos primeros versículos de la Torá corresponden al DIA CERO de la Creación. Esta primera reflexión nos puede ayudar entre otras cosas, a comprender mejor la complejidad del tema «tiempo». ¿Qué edad tierne la tierra, o el universo, de acuerdo al relato bíblico? Si tomamos en cuenta que el dia 1 comienza en el versiuclo 3, desde la creación del universo, versiulo 1 hasta el versiculo 3, puede haber pasado un tiempo inde=fino que poueden ser medidios (retroactivamnte) en miles de milloes de de años.
Veamos ahora otras plabras clave del primer versículo.
BERESHIT:
Esta palabra no quiere decir “En el principio” como se la suele traducir, sino que literalmente significa: “En el principio de….”. Pero en lugar de estar seguida por un sustantivo (En el principio del tiempo, etc.) está seguida de un verbo, “creó”, el pretérito perfecto del verbo crear. Lo que hace a esta palabra más compleja es que la palabra hebrea BERESHIT está también señalizada por un signo que representa una coma (el ta’am tarjá). La combinación del genitivo y una coma, algo no solo inusual sino contradictorio, me llevó a explicar que la palabra BERESHIT debería ser traducida de un modo reflexivo. Algo así como “En el principio del….principio”. Es decir, cuando nada más que Dios existía, ni siquiera átomos o alguna materia prima en estado caótico, como sugirió el filosofo griego Platón.
BARA (creó):
La segunda palabra, BARA, confirma la explicación de la primera. BARA se utiliza para indicar una creación exclusivamente Divina; la creación ex-nihilo, a partir de la nada. Hay que notar que si bien comprendemos en general las dos ideas expresadas en estas dos palabras: “En el principio…”, antes que exista la materia o el tiempo ; y “crear” traer a la existencia algo a partir de la nada, son absolutamente incomprensibles para nuestro limitado entendimiento. Este es el aspecto esotérico o místico del relato de la creación, inalcanzable para el ser humano.
ELOQIM (Dios):
Esta es la palabra clave de este versículo. El mensaje principal de la Torá es que el mundo no se creo solo, como un acto cuántico casual. Dios es el Creador del Universo. Esto es fundamental porque si el mundo tiene un Creador, la creación tiene un propósito, y viceversa.
ET HASHAMAYIM (Los cielos):
Maimónides explica que las palabras de la Torá no son complicadas respecto a su significado literal. La dificultad está en que el sentido semántico de la palabra cambia según el contexto en el cual ésta aparece. En el relato de la creación, la palabra shamayim, literalmente “cielos” aparece en contextos diferentes. Generalmente se refiere a cielo visible, iluminado u oscuro. También puede referirse al sistema solar: el sol, la luna y los planetas que mantienen a la tierra en su privilegiada ubicación que permite la existencia del agua líquida. En nuestro caso, primer versículo de la Torá, el sentido de esta palabra cubre al universo de una manera exhaustiva. Con una sola excepción: la tierra.
VEET HAAERETS (y la tierra).
Esta palabra alude obviamente a nuestro planeta y nos ayuda a comprender mejor la extraordinaria magnitud del primer acto de creación. Por el momento se calcula que el universo incluye más de 100 billones de galaxias. Cada galaxia contiene 100 mil millones de estrellas y cada estrella, un número indeterminado de planetas (nuestra estrella, el sol, tiene 8 ) y cada planeta, tomando en cuenta nuestro sistema solar puede tener entre 1 y 50 satélites (lunas).
Todo este inimaginable número de cuerpos celestes está descrito con una sola palabrita “hashamayim”: el universo.
Pero lo más interesante, creo es que la Torá destaca a un planeta, cuantitativamente insignificante, que tendrá el privilegio de ser acondicionado por el Creador para albergar la vida y la humanidad.
A partir del segundo versículo “los cielos” ya no serán más modificados y la Torá se va a concentrar exclusivamente en nuestro planeta, como lo explicaremos BH más adelante.
Para resumir: el primer versículo de la Torá describe la creación de todo el universo, toda la materia existente ¿Y qué excluye el primer acto de creación? El planeta tierra será modificado en los próximos 4 días para finalmente albergar los dos elementos no incluidos en el primer acto de creación: la vida, QUINTO DIA, y la inteligencia humana (nefesh, neshamá), SEXTO DIA.


Otra interesante coincidencia entre ciencia y Torá, que se relaciona con la «evolución» y la «edad» del planeta tierra, se puede ver de un texto del libro de Yiob (Job). Yiob fue un hombre bueno y honesto que sufrió la muerte accidental de todos sus hijos. El libro de Yiob, 42 capítulos, trata sobre el tema de la justicia divina y cuándo le las cosas malas le pasan a las personas buenas. Hacia el final del libro, capítulo 38, HaShem se revela a Yiob y le muestra lo poco que los seres humanos podemos saber sobre la realidad que nos rodea. Y si nuestro conocimiento escapa a la comprensión de la realidad física -material, visible y accesible-, cuánto más remoto es nuestro acceso potencial a la dimensión del Conocimiento Divino, en este caso, la administración de la Justicia Divina. Dios le demuestra a Yiob las limitaciones inescapables del conocimiento humano, y así disuade a Yiob (y al lector) de la comprensión de la Justicia Celestial. En este capítulo, que es un monólogo porque Yiob no tiene respuestas, Dios confronta a Yiob con una serie de preguntas fascinantes sobre cuestiones relacionadas con la Creación, la armonía del cosmos, el misterio de la luz, los secretos de la vida en el fondo marino y mucho, mucho más. Es en este contexto que encontramos un versículo (38:38) donde Dios desafía el conocimiento de Yiob sobre la formación de la tierra. El texto dice: «[¿Dónde estabas …] cuando [el planeta] se fusionó en una masa, y las capas de la tierra se adhirieron entre sí?» Esta última expresión [בְּצֶקֶת עָפָר לַמּוּצָק] llevó a los rabinos a afirmar (Yoma 54b) hace dos mil años que nuestro planeta está compuesto de varios estratos y no, por así decirlo, de una sola pieza. El Beur, un comentario contemporáneo sobre el Bereshit Rabbá escrito por el Rabino Abraham Shteinberger (Midrash Bereshit Raba HaMobar, Jerusalén, Makhon HaMidrash haMeboar, 1980, página 13), indica que «el hecho de que nuestro planeta haya sido creado por estratos y capas, hace que la Tierra parezca más antigua de lo que realmente es, y esa es la razón por la cual algunos hombres de ciencia suponen que deben haber transcurrido millones de años entre estrato y estrato «.
Es interesante saber que esta coincidencia entre el texto bíblico y la geología fue evidente sólo en la modernidad. Durante miles de años los científicos no sospecharon que debajo de la superficie, nuestro planeta está formado por diferentes capas. Solo mucho tiempo después el «uniformismo», un concepto desarrollado por James Hutton (1726-1797), el padre de la geología moderna, «descubrió» que el Planeta Tierra se formó paso a paso y consta de numerosas capas.
Para resumir, el texto bíblico establece que, si bien nuestro planeta fue creado por el Creador en un solo acto, fue creado compuesto por diferentes estratos, desde el centro hasta la superficie de la tierra.
Ahora bien, si un geólogo examina la composición de nuestro planeta y «descubre» sus numerosas capas, seguramente atribuirá esta composición a un proceso evolutivo que demandó millones de años.
Curiosamente, desde el punto de vista bíblico, el geólogo no está descubriendo algo que contradice a la Torá, sino algo que realmente la confirma. El único elemento en conflicto es la «interpretación» de que los estratos terrestres implican un proceso que duró millones de años. Y esta «interpretación» se basa en sacar de la ecuación un acto de Creación inicial.
Sin embargo, cuando examinamos los hechos partiendo de la premisa de un acto inicial de la Creación, el descubrimiento de los estratos de la tierra, ¡es exactamente lo que esperábamos encontrar!

Hoy, viernes 6 de Octubre por la noche comenzaremos la celebración de Sheminí Atseret, la fiesta que nos recuerda la llegada del otoño en el hemisferio norte y por supuesto, en Israel. A partir de este día comenzamos a introducir en nuestra Tefilá (plegarias) una oración especial con la cual alabamos a Dios por haber creado la lluvia. En el mundo moderno, donde la mayoría de nosotros ya no vivimos en granjas y ranchos sino en ciudades y zonas urbanas, es difícil apreciar la importancia vital de la precipitación. Para la mayoría de nosotros, la lluvia es una molestia más que una bendición ….Y por eso quisiera compartir algunos datos sobre la lluvia que nos ayudarán a entender un poco mejor la hermosa Tefilá mashib haruaj umorid hagueshem (= Tú eres Quien hace que el viento sople, y Quien hace que la lluvia descienda sobre la tierra).
VIDA
¿Qué es lo que hace que nuestro planeta sea “único” en el universo? Uno podría decir: la existencia de la vida. Por lo que sabemos no existe ningún otro planeta con vida en el sistema solar, o en la via láctea. Pero hay otro elemento fundamental, un prerrequisito para que la vida exista, y que fue creado por HaShem antes de haber creado la vida. Es lo que los científicos buscan cuando investigan otros lugares del universo, como Marte, por ejemplo, para encontrar vestigios de vida. Uno probablemente pensará en “agua”, y estará parcialmente en lo cierto. Agua es vida y la vida, tal cual como la conocemos en nuestro planeta, no es posible sin agua.
AGUA LIQUIDA
Para ser más precisos deberíamos decir que para que un planeta sea habitable debería poseer agua líquida. En otros planeta se ha encontrado indicios de agua (H2O) pero congelada, en forma de hielo. Ya que las temperaturas en un planeta como Júpiter o sus lunas, por ejemplo, son bajísimas, y el agua no se puede mantener allí en estado liquido. Nuestro planeta es privilegiado por ser el único cuerpo celeste que posee “agua líquida”, gracias al Diseño Inteligente —Divino— de la masa de la Tierra, la masa del sol, y en particular la perfectamente calculada distancia entre nuestro planeta y el sol. Todo esto permite que la temperatura de la tierra no sea ni demasiado calurosa, donde el agua se evapore como sucedería en Venus, ni demasiado fría, donde el agua se congele, como sucedería en Marte.
AGUA DULCE
Pero la presencia de agua liquida no es el único elemento que soporta la vida en nuestra planeta. El “agua normal”, es decir, el agua de mar o el agua que algunos especulan que existía en Marte (lo cual no ha sido corroborado), es agua salada, la cual no es adecuada para la vida –tal como la conocemos–de los seres que habitan la tierra firme. La gran mayoría de las plantas, los insectos, anfibios, aves, reptiles y mamíferos necesitamos agua-sin-sal para sobrevivir. Ese precioso líquido se llama “agua dulce”. El agua dulce o agua fresca es lo que permite que exista la vida en nuestro planeta. Y ¿cuál es el origen del agua dulce, de ese elixir que posibilita la vida? La única fuente de agua dulce en nuestro planeta es la lluvia –o precipitación, que incluye nieve y granizo. Según Maimónides (Moré Nebujim 2:30) el mecanismo del ciclo del agua, que permite la producción de lluvia, fue establecido por el Creador en el segundo día de la Creación, al dividir las aguas superiores (nubes) de las aguas inferiores (océanos). Así también lo explica , entre otros, el Rab Moshé Jefets en su libro Melejet Majashebet pgs. 10-11, edición Viena, y el rab Menashé ben Israel en su libro “El Conciliador”.
EL SEGUNDO DIA DE LA CREACION
John Lynch, el autor del libro de la BBC “El Clima” (p.84, 1996) describe en sus propias palabras a las nubes de una manera muy similar a la Torá: “Vivimos en un planeta de agua. Los mares dominan el mundo… hay un océano alrededor de nosotros [el agua del mar] y un océano por encima de nosotros [las nubes]”. El Creador dedicó el Segundo Día de la Creación a establecer el milagroso mecanismo de la transformación del agua del océano en el líquido más precioso de todo el universo: la lluvia.
LA IMPROBABILIDAD DEL AGUA
El agua de lluvia es agua con bajas concentraciones de sal. De toda el agua que se encuentra en el planeta Tierra, sólo el 2,75% es agua dulce. De ese total, el 2,05% es agua dulce congelada en los glaciares. El 0,69% es agua dulce subterránea, que al igual que los glaciares también fue producida originalmente por la lluvia. Sólo el 0,0101% de toda el agua del planeta Tierra es agua dulce que se encuentra en la superficie del planeta y que está distribuida en todos los lagos y ríos. Este increíblemente pequeño porcentaje, el 0.0101% de toda el agua que existe en nuestro mundo, es la que utilizamos los seres humanos y todos los seres vivos que vivimos en tierra firme para nuestra supervivencia. ¡ La única fuente de esta agua es la lluvia!
El segundo día de la Creación fue dedicado a establecer el proceso de la conversión del agua del océano en el líquido más escaso, más exótico y más precioso de todo el universo. Es por eso que nuestros Jajamim consideraron a la lluvia como una de las bendiciones más importantes de Dios a la humanidad.
EL ELIXIR DE LA VIDA
La única fuente de agua dulce en todo el universo es la lluvia que se produce en la atmósfera del planeta Tierra.
“Imagina un planeta donde se produce el liquido más exquisito del universo. Este liquido se produce, evaporado agua salda de los océanos, a través de una brillante estrella amarilla [el sol] , que destila el extravagante licor en los cielos de la atmósfera y lo hace llover de nuevo sobre la tierra, formando lagos y ríos de esa bebida embriagante. El planeta, por supuesto, es la Tierra, y el licor, es el agua potable “ . (L. O’Hanlon, Discovery).

Los días de Sucot eran días de una alegría especial en el Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem). Además del mandamiento bíblico de tomar las cuatro especies de plantas (ארבעת המינים), había otras dos Mitsvot que se cumplían en el Templo. Una era el nisuj hamayim, la ceremonia del «agua sobre el altar», y la otra era la «Mitsvá de la ‘arabá».
NISUJ HAMAYIM
Los rabinos describen la gran alegría de la ceremonia de la libación del agua: “Quien no ha visto la celebración de la libación del agua nunca ha experimentado la verdadera alegría. Grandes lámparas de oro eran erigidas, con cuatro tazas de oro en la parte superior de cada lámpara. Cuatro jóvenes sacerdotes subían a la cima, llevando grandes jarras de aceite con las que se llenaban las lámparas. Una vez encendidas, no había un patio en toda Jerusalem que no brillara con la luz que emanaba desde el Templo. Se construían unos palcos especiales para permitir a las mujeres de Israel ver a los Sabios del Sanhedrín mientras bailaban. La gente cantaba, los hombres justos y piadosos bailaban delante de ellos, mientras hacían malabarismos con antorchas encendidas. Los Levitas permanecían de pie en los quince escalones que descendían desde la corte de Israel hasta la corte de las mujeres, tocando música con liras, arpas, trompetas y muchos otros instrumentos. Dos sacerdotes se paraban en la parte superior de las escaleras, a cada lado de la entrada de la gran puerta de la Corte y hacían sonar las trompetas de plata [estas eran trompetas reales, no shofarot Y.B.]. Todo esto se hacía para honrar el mandamiento de la libación del agua. Al amanecer, la gente procedía con melodías y cantos hacia la fuente del Shiloaj, al pie de las murallas de Jerusalem. Un Cohén llevaba consigo una jarra de oro especial y la llenaba con el agua de ese manantial. Entonces la congregación ascendía de nuevo al Templo, encabezada por el sacerdote que llevaba el agua. Al llegar al Templo, el Cohén traía la vasija hasta el altar y derramaba el agua en una vasija de plata, en una esquina del altar». (Tratado Sucá, Capítulo 5)
Esta ceremonia festiva, conocida en hebreo como Simjat Bet haShoebá, estaba conectada obviamente a las plegarias por la lluvia y era acompañada por Tefilot y oraciones de alabanza, confiando en que HaShem bendecirá con lluvia a la tierra y a sus productos durante el año entrante.
MITSVAT ‘ARABÁ
La otra Mitsvá especial que se celebraba en el Bet haMiqdash era mitsvat ‘araba, «El mandamiento de las ramas de sauce». Esta Mitsvá era independiente de las dos ramitas de sauce en las cuatro especies de plantas, que están atadas junto al lulab y al hadás. ¿En qué consistía la Mitsvá de la ‘arabá en el Bet haMiqdash? Había un lugar en las afueras de Jerusalem llamado Motsa (que existe hasta nuestros días) a las orillas del río «Soreq». Cada día de Sucot, la gente descendía a Motsa y cortaba grandes ramas de sauce, de aproximadamente 6 metros de altura. Estas ramas se colocaban a los pies del altar (mizbeaj), con la parte superior inclinada sobre el altar. El altar medía 5 metros de alto, de manera que las ramas sobresalían un metro sobre la parte superior del altar, en sus cuatro costados. Cada día de Sucot, los Cohanim (y según otras opiniones, también los ancianos de la ciudad) daban una vuelta al altar , marchando con sus lulabim en la mano y rezando al Todopoderoso «Ana haShem hoshi’a na; Ana haShem hatzlijá na (Dios, sálvanos; Dios, haznos prosperar)». En el séptimo y último día de Sucot, Hosha’na Rabbá, daban siete vueltas alrededor del altar. En nuestros días tenemos la costumbre de dar la vuelta (haqafá) con nuestros lulabim y etroguim a la plataforma sobre la cual se coloca el Sefer Torá (bimá) todos los días de Sucot en recuerdo de la mitsvat ‘araba que se celebraba en el Bet haMiqdash. En Hosha’na Rabbá, es decir, mañana viernes 6 de octubre por la mañana, rodearemos la bimá siete veces.
JABATAT ARABA
Hay un ritual adicional que pertenece a la Mitsvá de ‘arabá. Una tradición establecida por los últimos profetas de Israel, Jagai, Malají y Zejariá, después de la destrucción de nuestro primer Templo. Al final de la Tefilá de Hoshaná Rabbá tomamos unas cuantas ramitas de ‘araba—la tradición es tomar cinco ramitas, que no pueden ser las que utilizamos con el Lulab—y, sin recitar ninguna bendición, golpeamos estas ramas contra la tierra. Esta antiquísima tradición se llama jabatat (o jibut) ‘arabá. ¿Por qué tanto énfasis en la ‘araba? Nuestros rabinos explican que hacia el final de Sucot, el Tribunal Celestial emite el veredicto sobre la lluvia que caerá durante el próximo año (bajag niddonim ‘al hamayim). Esta es la razón principal por la cual, siguiendo una costumbre cabalística, se acostumbra a permanecer despierto durante toda la noche de Hoshaná Rabá, este sábado por la noche, estudiando Torá. Aunque no siempre lo tengamos presente, la lluvia es el elemento más crítico para nuestra supervivencia. La ‘araba nos recuerda nuestra vulnerabilidad y nuestra dependencia de la lluvia que HaShem generosamente nos envía. Por otro lado, al golpear las ramas de ‘araba contra el suelo y ver cómo la ‘araba se va deshojando con cada golpe, también nos damos cuenta de nuestra fragilidad y nuestra total dependencia de HaShem, no solo para nuestra prosperidad sino también para nuestra supervivencia.

La Mishná explica que en Rosh haShaná el Creador examina nuestras acciones y determina, en base a nuestros méritos, si merecemos otro año de vida. Tenemos una ventana de oportunidad desde Rosh haShaná a Yom Kipur para admitir nuestros errores y apelar un eventual decreto negativo, confesar, pedir perdón, etc. En el momento del Neilá, el decreto queda sellado y nuestro destino en esa área específica, queda determinado.
En Sucot, dijeron nuestros rabinos, se determina nuestro sustento bajag nidonim al hamayim. En otras palabras, asumiendo que se nos haya otorgado buena salud para llegar al próximo año (obsérvese que cada año, en un gesto de humildad, solamente le pedimos a Dios que nos conceda «un año más de vida») el tema que queda es esperar que Dios nos otorgue los medios económicos necesarios para mantener una vida lo más digna posible.
El concepto clave que representa nuestra solicitud de un medio de vida digno, es la palabra «lluvia».
¿Por qué?
La lluvia es esencial para saciar nuestra sed y la de nuestros animales. Pero en los tiempos bíblicos y talmúdicos la lluvia era el elemento más importante para la supervivencia. El granjero judío araba la tierra, sembraba las semillas y cuidaba su campo protegiéndolo de plagas, animales dañinos y enfermedades. Pero el factor más determinante que finalmente determinaría el éxito de su cosecha es la «lluvia». La lluvia es necesaria para una cosecha exitosa y tener lo qué comer. La sequía mataba a humanos y animales y era considerada una de las peores y más dañinas tragedias naturales… La lluvia es el requisito más importante para el sustento (parnasá) del agricultor.
Al final de Sucot, a partir de la oración de Musaf de Shemini Atseret cambiamos las palabras «Morid haTal» (Tú Haces descender el rocío) por “Mashib haRuaj uMorid haGeshem” (Tú Haces que sople el viento y descienda la lluvia) para alabar a HaShem por la creación de la lluvia. Este texto se introduce en la segunda bendición de la Amida.
Es importante notar que en este punto específico no estamos realmente “pidiéndole” a Dios que traiga lluvia. Como sabemos, durante las tres primeras bendiciones de la Amidá no le pedimos a Dios por nuestras necesidades, sino que lo alabamos por su poder y bondad. Así al decir Mashib haRuaj estamos alabando (no pidiendo) a Dios, ya que por Su voluntad se activa el mecanismo de la lluvia, y estamos reconociendo implícitamente que nuestro sustento depende de Él.
מי ששכח להזכיר “משיב הרוח ומוריד הגשם”, ונזכר לאחר שסיים את ברכת מחיה המתים, אם אמר “מוריד הטל” במקום “משיב הרוח ומוריד הגשם”, כפי מנהג הספרדים בימות הקיץ, אינו חוזר לראש התפלה כיון שאמר מוריד הטל
El tercer día Dios creó los vegetales. Árboles frutales, verduras, legumbres, hierbas y pasto. Mucho pasto. Los vegetales tienen una función muy específica: servir de comida para los seres vivos: los animales y los hombres. Al principio, durante las primeras 10 generaciones, Dios indicó al hombre una dieta exclusivamente vegetariana (“vegan”). A partir de Noaj (Noé) al hombre le fue permitido, con ciertas restricciones, comer carne animal. Pero aun cuando la dieta del hombre pueda incluir el consumo de ciertos animales, las plantas siguen siendo la comida por excelencia. Y las plantas, la cosecha de trigo, frutas, y el mismo pasto para los animales, depende casi exclusivamente de la lluvia. Y la llegada de las nubes que cargan lluvia depende del viento. Y los vientos que traen la lluvia, como dijo el rey David, son «dirigidos» por el Creador. Y es por este motivo que una de las expresiones más importantes de alabanza al Creador es mashib haruaj morid hagueshem, Dios, es el que hace que soplen los vientos que traen las lluvias.
Salmo 104
3. Tus aposentos [Tus cielos] estan hechos de aguas [lluvia],
las nubes son como una carroza,
que Tu diriges con las riendas del viento,


Hace unos años atrás, planté en mi jardín algunas plantas de tomate. Noté que los tomates no crecen todos al mismo tiempo: sino que van produciendo sus frutos uno o dos a la vez, lo que me permitía ir cosechando los tomates, uno o dos por día, ¡durante toda la temporada! Cuando me di cuenta de esto, me quedé asombrado y agradecido a HASHEM. Porque es maravilloso que las plantas tengan esa calculada gradualidad que evita tener que sacar todos los frutos a la vez.
Siguiendo esta idea, quizás la razón por la cual la Torá nos dice que tomemos estas 4 plantas y que nos alegremos ante HaShem, nuestro Dios, con ellas es porque en la antigüedad no había refrigeradores ni métodos de conservación de alimentos como los que tenemos hoy en día. Y, por supuesto, siempre era necesario que los agricultores tuvieran reservas de alimentos que pudieran durar hasta la próxima cosecha. Hay alimentos perecederos que, al igual que la arabá, no duran mucho tiempo una vez que se cosechan y deben consumirse mientras están frescos. Pero también hay alimentos que, como los hadasim y el lulab, pueden durar algunas semanas. Y hay otros alimentos que se pueden dejar secar, como el etrog, como higos, dátiles y la mayoría de los granos que se preservan por si mismos por meses.
Con su infinita sabiduría y bondad, el Creador diseñó alimentos perecederos que se consumen frescos y alimentos «sin fecha de vencimiento», que se pueden secar, preservar y consumir cuando ya no hay más frutos frescos.
Quizás los arba’at haminim, «las cuatro plantas con fechas de vencimiento muy diferentes», representan estas características y nos dan una razón adicional para agradecer a HaShem por su maravillosa Creación.

Por ejemplo, en las monedas del año 66 de la era común, previa destrucción de nuestro Segundo Templo, y especialmente en las monedas acuñadas en los años de la rebelión de Bar Kojbá, 130- 135 de la era común.