Siete Preceptos de Bené Noaj: (#1) ¿Qué es la idolatría?

De acuerdo a la tradición judía, Dios le ordenó a Adam haRishón (Adán, el primer humano) seis leyes. Estas leyes consisten en 5 prohibiciones y 1 mandamiento positivo: 1. Prohibición de idolatría. 2. Blasfemia (maldecir el nombre divino). 3. Asesinato. 4. Robo y 5. Relaciones sexuales ilícitas.También le ordenó 6. Establecer tribunales de justicia para que hagan mantener estas leyes.
En los tiempos de Noaj estas leyes fueron ratificadas en un pacto y se agregó una prohibición más: 7. No comer la carne de un animal, cuando este aún no ha sido sacrificado (Maimónides, Mishné Torá, Hiljot Melajim, capitulo 9).
A estos preceptos se los conoce como los 7 preceptos de los hijos de Noaj.
En su libro “Israel y la Humanidad” el rab Benamozegh explica el origen de cada uno de estos mandamientos en los primeros tiempos de la humanidad y su extensión.
Como veremos a continuación en algunos casos estos mandamientos son más estrictos que sus paralelos para el pueblo judío, y en otros casos, más leves.
1. ABODÁ ZARÁ (Idolatría):
La prohibición de idolatría es el primero de estos siete mandamientos. El no-judío que quiere observar los siete preceptos de Bené Noaj debe reconocer la existencia de un solo Dios.
Siguiendo la opinión de algunos Rabinos, el Rab Benamozegh explica que en el judaísmo la prohibición de idolatría es más estricta que para los no judíos. Esto es, que para los judíos, por ejemplo, no debe existir ningún tipo de atribución de poder metafísico a cualquier ente que no sea Dios, por ejemplo, ángeles o santos y especialmente en cuanto al culto, (rezo). Un ejemplo, con mis propias palabras: los judíos no creemos en el poder independiente de un angel o un santo. Tampoco podemos rezarle a “los poderes imaginarios” de un ángel, para que este nos ayude, para que realice un milagro, o incluso para que le rece a Dios por nosotros. Esto está terminantemente prohibido, aunque uno reconozca que en realidad sólo cree en Dios, y que sólo Él es Todopoderoso. Lo mismo ocurriría si un judío le rezara al espíritu de un individuo fallecido, como si se tratara del concepto no-judío de “un santo”, para que lo ayude, para que lo cure o para cualquier otra necesidad. Debemos servir y rezar EXCLUSIVAMENTE a Dios.
Aclaremos para que no haya ninguna confusion que a los judíos SI nos está permitido rezarle a Dios en mérito (zejut) a las buenas acciones realizadas por una persona ya fallecida. De hecho todos los días le pedimos a HaShem que nos ayude y nos proteja en mérito a nuestros patriarcas Abraham, Itzjaq y Ya’aqob. También está permitido pedirle a otra persona, especialmente alguien que lleva una vida moral irreprochable, (como el caso de Abbá Jilquiyá en la Guemará) que rece por nosotros. Una vez más, lo que está terminantemente prohibido es rezarle a un angel, a un muerto o a su espíritu, por más “santo” que este individuo haya sido. En las notas y comentarios al texto del Rab Benamozegh se cita el caso de Moshé Rabenu (Moisés), explicando que el lugar de su tumba no fue revelado por la Torá para evitar que los judíos, por ignorancia, se acerquen a la tumba de Moisés para rezarle a su espíritu, como hacen otras religiones con sus santos.
De acuerdo al Rab Benamozegh, el culto a un angel o a un santo, no estaría incluido para el no-judío en la prohibición de idolatría (o no estaría condenado con la pena capital, de acuerdo a otras interpretaciones) mientras sirva a Dios y lo reconozca a Él como único y supremo.
En base a esta diferenciación entre la postura menos estricta de la Torá respecto a lo que califica como idolatría para la sociedad no-judía, varios rabinos a través de la historia, opinaron, por ejemplo, si la doctrina de la trinidad constituye (Maimónides, Benamozegh, etc.) o no un constituye un tipo de idolatría (Tosafot, Rabbi Moshe Isserlis, etc.). Este tema se lo conoce como shituf (lit. asociación) , es decir, la creencia no-judía de que existen otros entes que tienen poderes divinos.



GENESIS 1:1 El primer versículo de la Torá 

DIA CERO 

Uno de los detalles menos observados del relato de la creación es que el primer día de la creación, cronológicamente hablando,  no comienza en el primer versículo de la Torá: el DIA UNO  comienza con la aparición de la luz en el versículo 3.  ¿Por qué? Porque el DIA  está determinado por la transición día/noche.  Y la luz fue creada, por así decirlo, en el versiculo 3. 

Por lo tanto, los dos primeros versículos de la Torá corresponden al DIA CERO de la Creación.  Esta primera reflexión nos puede ayudar entre otras cosas,  a comprender mejor la complejidad del tema «tiempo». ¿Qué edad tierne la tierra, o el universo, de acuerdo al relato bíblico? Si tomamos en cuenta que el dia 1 comienza en el versiuclo 3, desde la creación del universo, versiulo 1 hasta el versiculo 3, puede haber pasado un tiempo inde=fino que poueden ser medidios (retroactivamnte) en miles de milloes de de años.

Veamos ahora otras plabras clave del primer versículo. 

BERESHIT:

Esta palabra no quiere decir “En el principio”  como se la suele traducir, sino que literalmente significa: “En el principio de….”. Pero en lugar de estar seguida por un sustantivo (En el principio del tiempo, etc.)  está seguida de un verbo, “creó”, el pretérito perfecto del verbo crear.  Lo que hace a esta palabra más compleja es que la palabra hebrea BERESHIT está también señalizada por un signo que representa una coma (el ta’am tarjá). La combinación del genitivo y una coma, algo no solo inusual sino contradictorio, me llevó a explicar que la palabra BERESHIT debería ser traducida de un modo reflexivo. Algo así como “En el  principio del….principio”. Es decir,  cuando nada más que Dios existía, ni siquiera átomos o alguna materia prima en estado caótico, como sugirió el filosofo griego Platón.  

BARA (creó):

La segunda palabra, BARA, confirma la explicación de la primera. BARA se utiliza para indicar una creación exclusivamente Divina; la creación ex-nihilo, a partir de la nada.  Hay que notar que si bien comprendemos en general las dos ideas expresadas en estas dos palabras: “En el principio…”, antes que exista la materia o el tiempo ; y “crear” traer a la existencia algo a partir de la nada, son absolutamente incomprensibles para nuestro limitado entendimiento. Este  es el aspecto esotérico o místico del relato de la creación, inalcanzable para el ser humano.  

ELOQIM (Dios):

Esta es la palabra clave de este versículo. El mensaje principal de la Torá es que el mundo no se creo solo, como un acto cuántico casual.  Dios es el Creador del Universo. Esto es fundamental porque si el mundo tiene un Creador, la creación tiene un propósito, y viceversa.

 

ET HASHAMAYIM (Los cielos): 

Maimónides explica que las palabras de la Torá no son complicadas respecto a su significado literal. La dificultad está en que el sentido semántico de la palabra cambia según el contexto en el cual ésta aparece. En el relato de la creación, la palabra shamayim, literalmente “cielos”  aparece en contextos diferentes. Generalmente se refiere a cielo visible, iluminado u oscuro. También puede referirse al sistema solar: el sol, la luna y los planetas que mantienen a la tierra en su privilegiada ubicación que permite la existencia del agua líquida. En nuestro caso, primer versículo de la Torá, el sentido de esta palabra cubre al universo de una manera exhaustiva. Con una sola excepción:  la tierra. 

VEET HAAERETS (y la tierra).

Esta palabra alude obviamente a nuestro planeta y nos ayuda a comprender mejor la extraordinaria magnitud del primer acto de creación. Por el momento se calcula que  el universo incluye más de 100 billones de galaxias. Cada galaxia contiene 100 mil millones de estrellas y cada estrella, un número indeterminado de planetas (nuestra estrella, el sol,  tiene 8 ) y cada planeta, tomando en cuenta nuestro sistema solar puede tener entre 1 y 50 satélites (lunas). 

Todo este inimaginable número de cuerpos celestes está descrito con una sola palabrita “hashamayim”:  el universo. 

Pero lo más interesante, creo es que la Torá destaca a un planeta, cuantitativamente insignificante, que tendrá el privilegio de ser acondicionado por el Creador para albergar la vida y la humanidad. 

A partir del segundo versículo “los cielos” ya no serán más modificados y la Torá se va a concentrar exclusivamente en nuestro planeta, como lo explicaremos BH más adelante. 

Para resumir: el primer versículo de la Torá describe la creación de todo el universo, toda la materia existente ¿Y qué excluye el primer acto de creación?  El planeta tierra será modificado en los próximos 4 días para finalmente albergar los dos elementos no incluidos en el primer acto de creación: la vida, QUINTO DIA,  y la inteligencia humana (nefesh, neshamá), SEXTO DIA.  




BERESHIT: La creación de la mujer

MATERIA: En el principio, Dios crea los cielos y la tierra. Es decir: la materia. (1) El microcosmos, formado por moléculas, átomos y partículas sub-atómicas, y (2), el macrocosmos: 2000 millones de galaxias, con 2000 millones de estrellas cada una, con un inestimable número de planetas alrededor de cada estrella.   Dentro de ese vastísimo universo hay un planeta único y singular: la Tierra. Un planeta donde los átomos se combinan en forma de agua líquida, y que está ubicado a una distancia muy precisa del sol: la distancia necesaria para la tierra posea una temperatura promedio de 14 grados. Lo que permite preservar el agua en estado líquido.   
VIDA: Luego, en el Quinto Día, después de haber creado la atmósfera terrestre, los océanos, los continentes, las plantas y el sistema solar, es decir, todo lo necesario para sostener la vida, HaShem crea a los seres vivos. Durante el Quinto Día HaShem crea: reptiles, aves, artrópodos, anfibios y peces. ¿Qué tienen en común todos estas criaturas? Que son ovíparos (nacen de huevos).
LENGUAJE: En el Sexto Día, HaShem crea a los mamíferos.   Ese mismo día llegamos a un tercer nivel de creación: la creación del ser humano. Una criatura que comparte muchos rasgos físicos con los demás mamíferos, pero que se distingue por un elemento que lo hace único y categóricamente diferente de los demás seres vivos: Su neshamá (alma). Para entender qué es la neshamá, en su nivel más básico, usemos la palabra «mente». 1. La capacidad de pensar, la inteligencia, la imaginación. 2. El libre albedrío: la posibilidad de elegir. De obedecer o desobedecer. De hacer el bien o el mal. De arrepentirse o pedir perdón. 3. Y un elemento más, a veces olvidado. El Targum Onquelós nos enseña que el hombre, por encima de los animales, es «ruaj memalela», un ser que puede «hablar» o pensar con palabras, o enunciarlas con sonidos, o escribirlas con signos, y combinarlas para crear oraciones y expresar ideas o emociones. Ruaj memalelá es la inteligencia lingüistica. La neshamá con la que el hombre fue dotado.
EMPATIA: La narración de la Creación sigue un orden absolutamente progresivo. Casi se podría llamar «evolutivo». Donde cada elemento creado es superior al anterior e inferior al que seguirá.  Pero, la última creación de HaShem no fue el hombre. Lo último que HaShem creó fue la mujer.  Dentro de este esquema de creación progresiva ¿qué es lo que caracteriza a la mujer? ¿qué la hace diferente del hombre? Hace 2000 años atrás los rabinos del Midrash notaron este detalle.  Y dieron una explicación, que creo que es muy convincente. Dijeron: biná yeterá nitená laishá, la mujer fue dotada con una inteligencia «superior» [presumo que habrán querido decir: superior a la del hombre]. ¿Qué quisieron decir? Los científicos modernos que estudian el cerebro humano (Simon Baron-Cohen entre muchos otros) explican algo que quizás nos ayude a comprender lo que insinuó la Torá y lo que explicaron nuestros Sabios: el cerebro femenino está estructurado de manera que NO depende exclusivamente del lenguaje (1) para expresarse y especialmente (2) para entender (descifrar) lo que otro ser humano expresa. Esto es lo que le permite a una madre entender y atender todas las necesidades de su bebé, un ser que durante dos años no se comunicará a través del lenguaje.  La mujer está capacitada para «leer» situaciones. Entender lo que otra persona siente, quiere, necesita, sufre (y hasta «piensa») sin que medien palabras. Más que inteligencia emocional yo lo llamaría inteligencia comunicativa. O como dice Baron-Cohen,empatía (superlativa!). 
Leyendo entre líneas la historia de la Creación vemos que primero HaShem crea la materia, luego la vida, luego la inteligencia semántica y por último la emocional. Desde el principio, uno puede descubrir la exquisita precisión y sofisticación de nuestra Torá. Y entender que cuanto más comprendemos el mundo a nuestro alrededor, mejor apreciamos la infinita Sabiduría del Libro de los Libros.
שבת שלום



El libro de Job y la Edad de la Tierra

Otra interesante coincidencia entre ciencia y Torá, que se relaciona con la «evolución» y la «edad» del planeta tierra, se puede ver de un texto del libro de Yiob (Job). Yiob fue un hombre bueno y honesto que sufrió la muerte accidental de todos sus hijos. El libro de Yiob, 42 capítulos, trata sobre el tema de la justicia divina y cuándo le las cosas malas le pasan a las personas buenas. Hacia el final del libro, capítulo 38, HaShem se revela a Yiob y le muestra lo poco que los seres humanos podemos saber sobre la realidad que nos rodea. Y si nuestro conocimiento escapa a la comprensión de la realidad física -material, visible y accesible-, cuánto más remoto es nuestro acceso potencial a la dimensión del Conocimiento Divino, en este caso, la administración de la Justicia Divina. Dios le demuestra a Yiob las limitaciones inescapables del conocimiento humano, y así disuade a Yiob (y al lector) de la comprensión de la Justicia Celestial. En este capítulo, que es un monólogo porque Yiob no tiene respuestas, Dios confronta a Yiob con una serie de preguntas fascinantes sobre cuestiones relacionadas con la Creación, la armonía del cosmos, el misterio de la luz, los secretos de la vida en el fondo marino y mucho, mucho más. Es en este contexto que encontramos un versículo (38:38) donde Dios desafía el conocimiento de Yiob sobre la formación de la tierra. El texto dice: «[¿Dónde estabas …] cuando [el planeta] se fusionó en una masa, y las capas de la tierra se adhirieron entre sí?» Esta última expresión [בְּצֶקֶת עָפָר לַמּוּצָק] llevó a los rabinos a afirmar (Yoma 54b) hace dos mil años que nuestro planeta está compuesto de varios estratos y no, por así decirlo, de una sola pieza. El Beur, un comentario contemporáneo sobre el Bereshit Rabbá escrito por el Rabino Abraham Shteinberger (Midrash Bereshit Raba HaMobar, Jerusalén, Makhon HaMidrash haMeboar, 1980, página 13), indica que «el hecho de que nuestro planeta haya sido creado por estratos y capas, hace que la Tierra parezca más antigua de lo que realmente es, y esa es la razón por la cual algunos hombres de ciencia suponen que deben haber transcurrido millones de años entre estrato y estrato «.

Es interesante saber que esta coincidencia entre el texto bíblico y la geología fue evidente sólo en la modernidad. Durante miles de años los científicos no sospecharon que debajo de la superficie, nuestro planeta está formado por diferentes capas. Solo mucho tiempo después el «uniformismo», un concepto desarrollado por James Hutton (1726-1797), el padre de la geología moderna, «descubrió» que el Planeta Tierra se formó paso a paso y consta de numerosas capas.

Para resumir, el texto bíblico establece que, si bien nuestro planeta fue creado por el Creador en un solo acto, fue creado compuesto por diferentes estratos, desde el centro hasta la superficie de la tierra.
Ahora bien, si un geólogo examina la composición de nuestro planeta y «descubre» sus numerosas capas, seguramente atribuirá esta composición a un proceso evolutivo que demandó millones de años.

Curiosamente, desde el punto de vista bíblico, el geólogo no está descubriendo algo que contradice a la Torá, sino algo que realmente la confirma. El único elemento en conflicto es la «interpretación» de que los estratos terrestres implican un proceso que duró millones de años. Y esta «interpretación» se basa en sacar de la ecuación un acto de Creación inicial.
Sin embargo, cuando examinamos los hechos partiendo de la premisa de un acto inicial de la Creación, el descubrimiento de los estratos de la tierra, ¡es exactamente lo que esperábamos encontrar!




Celebrando la creación más importante del planeta tierra

Hoy, viernes 6 de Octubre por la noche comenzaremos la celebración de Sheminí Atseret, la fiesta que nos recuerda la llegada del otoño en el hemisferio norte y por supuesto, en Israel. A partir de este día  comenzamos a introducir en nuestra Tefilá (plegarias) una oración especial con la cual alabamos a Dios por haber creado la lluvia. En el mundo moderno, donde la mayoría de nosotros ya no vivimos en granjas y ranchos sino en ciudades y zonas urbanas, es difícil apreciar la importancia vital de la precipitación. Para la mayoría de nosotros, la lluvia es una molestia más que una bendición ….Y por eso quisiera compartir algunos datos sobre la lluvia que nos ayudarán a entender un poco mejor la hermosa Tefilá  mashib haruaj umorid hagueshem  (= Tú eres Quien hace que el viento sople, y Quien hace que la lluvia descienda sobre la tierra).

VIDA

¿Qué es lo que hace que nuestro planeta sea “único” en el universo? Uno podría decir: la existencia de la vida. Por lo que sabemos no existe ningún otro planeta con vida en el sistema solar, o en la via láctea. Pero hay otro elemento fundamental, un prerrequisito para que la vida exista, y que fue creado por HaShem antes de haber creado la vida. Es lo que los científicos buscan cuando investigan otros lugares del universo, como Marte, por ejemplo, para encontrar vestigios de vida. Uno probablemente pensará en “agua”, y estará parcialmente en lo cierto. Agua es vida y la vida, tal cual como la conocemos en nuestro planeta, no es posible sin agua.

AGUA LIQUIDA

Para ser más precisos deberíamos decir que para que un planeta sea habitable debería poseer agua líquida. En otros planeta se ha encontrado indicios de agua (H2O) pero congelada, en forma de hielo. Ya que las temperaturas en un planeta como Júpiter o sus lunas, por ejemplo, son bajísimas, y el agua no se puede mantener allí en estado liquido. Nuestro planeta es privilegiado por ser el único cuerpo celeste que posee “agua líquida”, gracias al Diseño Inteligente —Divino— de la masa de la Tierra, la masa del sol, y en particular la perfectamente calculada distancia entre nuestro planeta y el sol. Todo esto permite que la temperatura de la tierra no sea ni demasiado calurosa, donde el agua se evapore como sucedería en Venus, ni demasiado fría, donde el agua se congele, como sucedería en Marte.

AGUA DULCE

Pero la presencia de agua liquida no es el único elemento que soporta la vida en nuestra planeta. El “agua normal”, es decir, el agua de mar o el agua que algunos especulan que existía en Marte (lo cual no ha sido corroborado), es agua salada, la cual no es adecuada para la vida –tal como la conocemos–de los seres que habitan la tierra firme. La gran mayoría de las plantas, los insectos, anfibios, aves, reptiles y mamíferos necesitamos agua-sin-sal para sobrevivir. Ese precioso líquido se llama “agua dulce”. El agua dulce o agua fresca es lo que permite que exista la vida en nuestro planeta. Y ¿cuál es el origen del agua dulce, de ese elixir que posibilita la vida? La única fuente de agua dulce en nuestro planeta es la lluvia –o precipitación, que incluye nieve y granizo. Según Maimónides (Moré Nebujim 2:30) el mecanismo del ciclo del agua, que permite la producción de lluvia, fue establecido por el Creador en el segundo día de la Creación, al dividir las aguas superiores (nubes) de las aguas inferiores (océanos). Así también lo explica , entre otros, el Rab Moshé Jefets en su libro Melejet Majashebet pgs. 10-11, edición Viena, y el rab Menashé ben Israel en su libro “El Conciliador”.

EL SEGUNDO DIA DE LA CREACION

John Lynch, el autor del libro de la BBC “El Clima” (p.84, 1996) describe en sus propias palabras a las nubes de una manera muy similar a la Torá: “Vivimos en un planeta de agua. Los mares dominan el mundo… hay un océano alrededor de nosotros [el agua del mar] y un océano por encima de nosotros [las nubes]”. El Creador dedicó el Segundo Día de la Creación a establecer el milagroso mecanismo de la transformación del agua del océano en el líquido más precioso de todo el universo: la lluvia.

LA IMPROBABILIDAD DEL AGUA

El agua de lluvia es agua con bajas concentraciones de sal. De toda el agua que se encuentra en el planeta Tierra, sólo el 2,75% es agua dulce. De ese total, el 2,05% es agua dulce congelada en los glaciares. El 0,69% es agua dulce subterránea, que al igual que los glaciares también fue producida originalmente por la lluvia. Sólo el 0,0101% de toda el agua del planeta Tierra es agua dulce que se encuentra en la superficie del planeta y que está distribuida en todos los lagos y ríos. Este increíblemente pequeño porcentaje, el 0.0101% de toda el agua que existe en nuestro mundo, es la que utilizamos los seres humanos y todos los seres vivos que vivimos en tierra firme para nuestra supervivencia. ¡ La única fuente de esta agua es la lluvia!

El segundo día de la Creación fue dedicado a establecer el proceso de la conversión del agua del océano en el líquido más escaso, más exótico y más precioso de todo el universo. Es por eso que nuestros Jajamim consideraron a la lluvia como una de las bendiciones más importantes de Dios a la humanidad.

EL ELIXIR DE LA VIDA

La única fuente de agua dulce en todo el universo es la lluvia que se produce en la atmósfera del planeta Tierra.

“Imagina un planeta donde se produce el liquido más exquisito del universo. Este liquido se produce, evaporado agua salda de los océanos, a través de una brillante estrella amarilla [el sol] , que destila el extravagante licor en los cielos de la atmósfera y lo hace llover de nuevo sobre la tierra, formando lagos y ríos de esa bebida embriagante. El planeta, por supuesto, es la Tierra, y el licor, es el agua potable “ . (L. O’Hanlon, Discovery).




Sucot en el Bet HaMiqdash y Hosha’ana Rabba

Los días de Sucot eran días de una alegría especial en el Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem). Además del mandamiento bíblico de tomar las cuatro especies de plantas (ארבעת המינים), había otras dos Mitsvot que se cumplían en el Templo. Una era el nisuj hamayim, la ceremonia del «agua sobre el altar», y la otra era la «Mitsvá de la ‘arabá».

NISUJ HAMAYIM

Los rabinos describen la gran alegría de la ceremonia de la libación del agua: “Quien no ha visto la celebración de la libación del agua nunca ha experimentado la verdadera alegría. Grandes lámparas de oro eran erigidas, con cuatro tazas de oro en la parte superior de cada lámpara. Cuatro jóvenes sacerdotes subían a la cima, llevando grandes jarras de aceite con las que se llenaban las lámparas. Una vez encendidas, no había un patio en toda Jerusalem que no brillara con la luz que emanaba desde el Templo. Se construían unos palcos especiales para permitir a las mujeres de Israel ver a los Sabios del Sanhedrín mientras bailaban. La gente cantaba, los hombres justos y piadosos bailaban delante de ellos, mientras hacían malabarismos con antorchas encendidas. Los Levitas permanecían de pie en los quince escalones que descendían desde la corte de Israel hasta la corte de las mujeres, tocando música con liras, arpas, trompetas y muchos otros instrumentos. Dos sacerdotes se paraban en la parte superior de las escaleras, a cada lado de la entrada de la gran puerta de la Corte y hacían sonar las trompetas de plata [estas eran trompetas reales, no shofarot Y.B.]. Todo esto se hacía para honrar el mandamiento de la libación del agua. Al amanecer, la gente procedía con melodías y cantos hacia la fuente del Shiloaj, al pie de las murallas de Jerusalem. Un Cohén llevaba consigo una jarra de oro especial y la llenaba con el agua de ese manantial. Entonces la congregación ascendía de nuevo al Templo, encabezada por el sacerdote que llevaba el agua. Al llegar al Templo, el Cohén traía la vasija hasta el altar y derramaba el agua en una vasija de plata, en una esquina del altar». (Tratado Sucá, Capítulo 5)

Esta ceremonia festiva, conocida en hebreo como Simjat Bet haShoebá, estaba conectada obviamente a las plegarias por la lluvia y era acompañada por Tefilot y oraciones de alabanza, confiando en que HaShem bendecirá con lluvia a la tierra y a sus productos durante el año entrante.

MITSVAT ‘ARABÁ

La otra Mitsvá especial que se celebraba en el Bet haMiqdash era mitsvat ‘araba, «El mandamiento de las ramas de sauce». Esta Mitsvá era independiente de las dos ramitas de sauce en las cuatro especies de plantas, que están atadas junto al lulab y al hadás. ¿En qué consistía la Mitsvá de la ‘arabá en el Bet haMiqdash? Había un lugar en las afueras de Jerusalem llamado Motsa (que existe hasta nuestros días) a las orillas del río «Soreq». Cada día de Sucot, la gente descendía a Motsa y cortaba grandes ramas de sauce, de aproximadamente 6 metros de altura. Estas ramas se colocaban a los pies del altar (mizbeaj), con la parte superior inclinada sobre el altar. El altar medía 5 metros de alto, de manera que las ramas sobresalían un metro sobre la parte superior del altar, en sus cuatro costados. Cada día de Sucot, los Cohanim (y según otras opiniones, también los ancianos de la ciudad) daban una vuelta al altar , marchando con sus lulabim en la mano y rezando al Todopoderoso «Ana haShem hoshi’a na; Ana haShem hatzlijá na (Dios, sálvanos; Dios, haznos prosperar)». En el séptimo y último día de Sucot, Hosha’na Rabbá, daban siete vueltas alrededor del altar. En nuestros días tenemos la costumbre de dar la vuelta (haqafá) con nuestros lulabim y etroguim a la plataforma sobre la cual se coloca el Sefer Torá (bimá) todos los días de Sucot en recuerdo de la mitsvat ‘araba que se celebraba en el Bet haMiqdash. En Hosha’na Rabbá, es decir, mañana viernes 6 de octubre por la mañana, rodearemos la bimá siete veces.

JABATAT ARABA

Hay un ritual adicional que pertenece a la Mitsvá de ‘arabá. Una tradición establecida por los últimos profetas de Israel, Jagai, Malají y Zejariá, después de la destrucción de nuestro primer Templo. Al final de la Tefilá de Hoshaná Rabbá tomamos unas cuantas ramitas de ‘araba—la tradición es tomar cinco ramitas, que no pueden ser las que utilizamos con el Lulab—y, sin recitar ninguna bendición, golpeamos estas ramas contra la tierra. Esta antiquísima tradición se llama jabatat (o jibut) ‘arabá. ¿Por qué tanto énfasis en la ‘araba? Nuestros rabinos explican que hacia el final de Sucot, el Tribunal Celestial emite el veredicto sobre la lluvia que caerá durante el próximo año (bajag niddonim ‘al hamayim). Esta es la razón principal por la cual, siguiendo una costumbre cabalística, se acostumbra a permanecer despierto durante toda la noche de Hoshaná Rabá, este sábado por la noche, estudiando Torá. Aunque no siempre lo tengamos presente, la lluvia es el elemento más crítico para nuestra supervivencia. La ‘araba nos recuerda nuestra vulnerabilidad y nuestra dependencia de la lluvia que HaShem generosamente nos envía. Por otro lado, al golpear las ramas de ‘araba contra el suelo y ver cómo la ‘araba se va deshojando con cada golpe, también nos damos cuenta de nuestra fragilidad y nuestra total dependencia de HaShem, no solo para nuestra prosperidad sino también para nuestra supervivencia.




Agradecer a Dios por la lluvia

La Mishná explica que en Rosh haShaná el Creador examina nuestras acciones y determina, en base a nuestros méritos, si merecemos otro año de vida. Tenemos una ventana de oportunidad desde Rosh haShaná a Yom Kipur para admitir nuestros errores y apelar un eventual decreto negativo, confesar, pedir perdón, etc. En el momento del Neilá, el decreto queda sellado y nuestro destino en esa área específica, queda determinado.

En Sucot, dijeron nuestros rabinos, se determina nuestro sustento bajag nidonim al hamayim. En otras palabras, asumiendo que se nos haya otorgado buena salud para llegar al próximo año (obsérvese que cada año, en un gesto de humildad, solamente le pedimos a Dios que nos conceda «un año más de vida») el tema que queda es esperar que Dios nos otorgue los medios económicos necesarios para mantener una vida lo más digna posible.

El concepto clave que representa nuestra solicitud de un medio de vida digno, es la palabra «lluvia».

¿Por qué?

La lluvia es esencial para saciar nuestra sed y la de nuestros animales. Pero en los tiempos bíblicos y talmúdicos la lluvia era el elemento más importante para la supervivencia. El granjero judío araba la tierra, sembraba las semillas y cuidaba su campo protegiéndolo de plagas, animales dañinos y enfermedades. Pero el factor más determinante que finalmente determinaría el éxito de su cosecha es la «lluvia». La lluvia es necesaria para una cosecha exitosa y tener lo qué comer. La sequía mataba a humanos y animales y era considerada una de las peores y más dañinas tragedias naturales… La lluvia es el requisito más importante para el sustento (parnasá) del agricultor.

Al final de Sucot, a partir de la oración de Musaf de Shemini Atseret cambiamos las palabras «Morid haTal» (Tú Haces descender el rocío) por “Mashib haRuaj uMorid haGeshem” (Tú Haces que sople el viento y descienda la lluvia) para alabar a HaShem por la creación de la lluvia. Este texto se introduce en la segunda bendición de la Amida.

Es importante notar que en este punto específico no estamos realmente “pidiéndole” a Dios que traiga lluvia. Como sabemos, durante las tres primeras bendiciones de la Amidá no le pedimos a Dios por nuestras necesidades, sino que lo alabamos por su poder y bondad. Así al decir Mashib haRuaj estamos alabando (no pidiendo) a Dios, ya que por Su voluntad se activa el mecanismo de la lluvia, y estamos reconociendo implícitamente que nuestro sustento depende de Él.

מי ששכח להזכיר “משיב הרוח ומוריד הגשם”, ונזכר לאחר שסיים את ברכת מחיה המתים, אם אמר “מוריד הטל” במקום “משיב הרוח ומוריד הגשם”, כפי מנהג הספרדים בימות הקיץ, אינו חוזר לראש התפלה כיון שאמר מוריד הטל

El tercer día Dios creó los vegetales. Árboles frutales, verduras, legumbres, hierbas y pasto. Mucho pasto. Los vegetales tienen una función muy específica: servir de comida para los seres vivos: los animales y los hombres. Al principio, durante las primeras 10 generaciones, Dios indicó al hombre una dieta exclusivamente vegetariana (“vegan”). A partir de Noaj (Noé) al hombre le fue permitido, con ciertas restricciones, comer carne animal. Pero aun cuando la dieta del hombre pueda incluir el consumo de ciertos animales, las plantas siguen siendo la comida por excelencia. Y las plantas, la cosecha de trigo, frutas, y el mismo pasto para los animales, depende casi exclusivamente de la lluvia. Y la llegada de las nubes que cargan lluvia depende del viento. Y los vientos que traen la lluvia, como dijo el rey David, son «dirigidos» por el Creador. Y es por este motivo que una de las expresiones más importantes de alabanza al Creador es mashib haruaj morid hagueshem, Dios, es el que hace que soplen los vientos que traen las lluvias.

Salmo 104

3. Tus aposentos [Tus cielos] estan hechos de aguas [lluvia],
las nubes son como una carroza,
que Tu diriges con las riendas del viento, 
 




SHEMINI ATSERET: El milagro de la lluvia

En el mundo moderno, donde la mayoría de nosotros vivimos en zonas urbanas y no en granjas, es difícil apreciar la importancia de la lluvia. Para la mayoría de nosotros, la lluvia es más una molestia que una bendición …. Hoy, quiero compartir con los lectores algunos datos sobre el agua y la lluvia, que espero nos ayuden a entender por qué alabamos a nuestro Creador por el milagro de la lluvia cuando decimos la hermosa Tefilá mashib haruaj umorid hagueshem (= Tú eres Quien hace que el viento sople, y que la lluvia descienda sobre la tierra) comenzando mañana por la mañana, sheminí atseret.
¿Qué es lo que hace que nuestro planeta sea único en el universo? Uno podría decir «la vida». Y eso es cierto. Pero hay un elemento fundamental que permite que la vida exista, y que de acuerdo a nuestra Torá, fue creado por HaShem antes que Él creara la vida. Es algo que los científicos buscan cuando investigan otros lugares del universo, como el planeta marte, por ejemplo, para calcular las posibilidades de encontrar «vida». Usted probablemente dirá «agua», y estará parcialmente en lo cierto. Agua es vida y la vida, tal como la conocemos en nuestro planeta, no es posible sin agua. Pero para ser más precisos deberíamos decir que para que un planeta sea habitable debe poseer agua «líquida».
¿Por qué?
Porque en otros planetas se han encontrado indicios de presencia de agua (H2O) pero siempre en forma de hielo. Ya que las temperaturas en un planeta como Marte, por ejemplo, son bajísimas y el agua no se podría mantener allí en estado liquido. Nuestro planeta es privilegiado por ser el único pequeño lugar en todo el universo que posee «agua líquida», gracias al Diseño Inteligente y Divino de la masa de la Tierra, la masa del Sol, y en particular la perfectamente ajustada distancia entre nuestro planeta y el sol. Todo esto permite que la temperatura de nuestro planeta no sea ni demasiado calurosa, que evapore el agua como sucedería en Venus, ni demasiado fría, que congele el agua, como sucedería en Marte.
Pero éste no es el final de la historia del agua. El agua «normal», es decir, el agua de mar o el agua que algunos sugieren que existió alguna vez en Marte, es agua salada, la cual no es adecuada para la vida de los seres que viven en tierra firme. Todas las plantas y las criaturas que viven sobre la tierra, incluyendo a los humanos, necesitan agua-sin-sal para sobrevivir.
Ese precioso líquido se llama «agua dulce». El agua dulce o agua fresca es lo que permite que exista la vida en nuestro planeta. Y ¿cuál es el origen del agua dulce, ese elixir que posibilita la vida? La única fuente de agua dulce en nuestro planeta es la «lluvia» o «precipitación» que incluye: nieve, niebla y granizo. Según Maimónides (Moré Nebujim 2:30) el mecanismo del ciclo del agua, que permite la producción de lluvia, fue establecido por el Creador en el segundo día de la Creación, al dividir las aguas superiores (nubes) de las aguas inferiores (océanos).
John Lynch, el autor del libro de la BBC «El Clima» (p.84, 1996) describe con sus propias palabras a las nubes, de una manera muy similar: «Vivimos en un planeta de agua. Los mares dominan el mundo, pero también hay un océano alrededor de nosotros y un océano por encima de nosotros [las nubes]». El Segundo Día de la Creación se dedicó por entero al milagroso mecanismo de la conversión del agua del océano en el líquido más precioso en todo el universo: la lluvia. Así también lo explican, entre otros, rabbi Moshé Jefets en su libro Melejet Majashebet pgs. 10-11, edición Viena, y el rab Menashé Ben Israel en su libro «El Conciliador».
Ahora, vamos a ver algunos números que nos ayudarán a apreciar un poco más el milagro de la lluvia. El agua dulce es agua con bajas concentraciones de sal. De toda el agua que se encuentra en en el planeta Tierra, sólo el 2,75% es agua dulce. De ese total, el 2,05% es agua dulce, producida originalmente por la lluvia, que se encuentra congelada en los glaciares. El 0,69% es agua subterránea, también producida originalmente por lluvia. Y sólo el 0,0101% de toda el agua del planeta Tierra es agua dulce que se encuentra en la superficie del planeta, distribuida en todos los lagos y ríos. Este 0.0101% de toda el agua que existe en nuestro mundo es la que utilizamos todas las criaturas que vivimos en tierra firme, incluyendo los humanos, para nuestra supervivencia. Y su única fuente es la lluvia!
El segundo día de la Creación fue dedicado a establecer el proceso de la conversión del agua del océano en el líquido más escaso, exótico y precioso en todo el universo. Es por eso que nuestros Jajamim consideraron a la lluvia como una de las bendiciones más importantes de Dios a la humanidad. En la segunda berajá de la ‘amida (geburot), cuando decimos mashib haruaj umorid hagueshem, alabamos a HaShem por Su Poder, Su bondad y Su sabiduría para producir la lluvia que sostiene y mantiene la vida.
La única fuente de agua dulce en todo el universo es la lluvia que se produce en la atmósfera de nuestro planeta.
«Imagina un planeta donde se produce el liquido más exquisito del universo. Este liquido se produce, siendo evaporado de los océanos, a través de una brillante estrella amarilla, que destila el extravagante licor en los cielos y lo hace llover de nuevo sobre la tierra, formando lagos y ríos de esa bebida embriagante. El planeta, por supuesto, es la Tierra, y el licor, es el agua dulce «. (L. O’Hanlon, Discovery).



EL JARDIN DE LA EMUNA

Hace unos años atrás, planté en mi jardín algunas plantas de tomate. Noté que los tomates no crecen todos al mismo tiempo: sino que van produciendo sus frutos uno o dos a la vez, lo que me permitía ir cosechando los tomates, uno o dos por día, ¡durante toda la temporada! Cuando me di cuenta de esto, me quedé asombrado y agradecido a HASHEM. Porque es maravilloso que las plantas tengan esa calculada gradualidad que evita tener que sacar todos los frutos a la vez.

Siguiendo esta idea, quizás la razón por la cual la Torá nos dice que tomemos estas 4 plantas y que nos alegremos ante HaShem, nuestro Dios, con ellas es porque en la antigüedad no había refrigeradores ni métodos de conservación de alimentos como los que tenemos hoy en día. Y, por supuesto, siempre era necesario que los agricultores tuvieran reservas de alimentos que pudieran durar hasta la próxima cosecha. Hay alimentos perecederos que, al igual que la arabá, no duran mucho tiempo una vez que se cosechan y deben consumirse mientras están frescos. Pero también hay alimentos que, como los hadasim y el lulab, pueden durar algunas semanas. Y hay otros alimentos que se pueden dejar secar, como el etrog, como higos, dátiles y la mayoría de los granos que se preservan por si mismos por meses.

Con su infinita sabiduría y bondad, el Creador diseñó alimentos perecederos que se consumen frescos y alimentos «sin fecha de vencimiento», que se pueden secar, preservar y consumir cuando ya no hay más frutos frescos.

Quizás los arba’at haminim, «las cuatro plantas con fechas de vencimiento muy diferentes», representan estas características y nos dan una razón adicional para agradecer a HaShem por su maravillosa Creación.




El verdadero origen del Etrog

De acuerdo al Profesor Ari Schaffer de Bet Dagan, Israel, si bien el etrog no es una de las 7 plantas o frutas típicas de Israel mencionadas en la Torá (trigo, cebada, uva, higo, granada, aceituna y dátiles), es un fruto nativo y típico de la tierra de Israel. Este dato ya había sido indicado por Maimónides en su “Guía de los Perplejos” donde explicó que la Torá encomendó utilizar las 4 plantas de Sucot –etrog, ramas de palmera, mirto y sauce–, ya que eran fácilmente obtenibles en la tierra de Israel.
El etrog fue un icono judío tan predominante en la historia de nuestro pueblo que se lo encuentra en varios mosaicos y muchas monedas del Israel antiguo.   Por ejemplo, en las monedas del año 66 de la era común, previa destrucción de nuestro Segundo Templo, y especialmente en las monedas acuñadas en los años de la rebelión de Bar Kojbá, 130- 135 de la era común.
En esa época, Bar Kojbá, apoyado por rabbi Aqibá, lideró un ejercito que intentó rebelarse contra el imperio Romano para obtener la independencia judía, pero lamentablemente fracasó.
El uso de etroguim en las monedas de la rebelión de bar Kojbá es aún más conmovedor cuando recordamos el gran descubrimiento del arqueólogo Israelí Igal Yadín, quien encontró una carta intacta en las cuevas del desierto de Yehudá, escrita por el propio Bar Kojbá, donde expresa las dificultades de abastecimiento para sus tropas.
Este es el texto exacto de esta carta donde se ve como el comandante en jefe del último ejército judío antes del contemporáneo ejercito del Estado de Israel, Tsahal, ocupándose personalmente de que todos sus soldados tengan lo necesario par festejar Sucot.
“Shim’ón [bar Kojbá] a Yehudah: …. He enviado dos burros y te envío dos hombres con ellos para Yehonatan bar Be’ayan y Masabla. Deberán cargar los burros y traer de nuevo con ellos ramas de palmera [lulabim] y etroguim]. Y también deben ocuparse de enviar a otros [hombres] para que traigan al campamento ramas de mirtos [hadasim] y ramas de sauces [‘arabot]. Ved que ya esté separado el diezmo (ma’aser). Enviad todo a mi campamento. Nuestro ejército es grande. Shalom. “. 
Esta es la carta original de Bar Kojbá en hebreo antiguo
Si bien el etrog es oriundo de Israel, al etrog se lo encuentra también en otras ciudades de la costa del mediterráneo. Hay ciudades que son famosas por la extraordinaria calidad de sus etroguim, como Calabria (Italia), la isla de Córsica (Francia) o la isla de Corfu (Grecia). Uno puede encontrar etroguim también en Líbano, Libia, Marruecos, etc.
¿Pero, cómo llegó el etrog a esos lugares del mundo?
La hipótesis más aceptada al día de hoy es que el etrog fue llevado desde Israel a otros lugares del mundo con la dispersión de los judíos (año 68 de la EC) con un objetivo muy específico: ser utilizado durante la fiesta de Sucot.
¿Por qué piensan eso los historiadores?
Porque a diferencia del limón u otros cítricos, el árbol del etrog es relativamente frágil, muy sensible a enfermedades que pueden afectar su raíz, vive relativamente pocos años (12-15, a diferencia del limón que puede vivir 25-30 años) y requiere mucha más cantidad de agua que otros cítricos. Aparte de todo eso, el etrog casi no tiene pulpa. ¿Por cuál otro motivo, entonces, se habrían plantado etroguim en los huertos del Mar Mediterráneo?
Durante mucho tiempo la producción de etroguim en Israel se vio interrumpida y los etroguim de estas zonas suplantaron a los etroguim de Erets Israel. No fue sino hasta mediados del siglo 19 que por iniciativa de Sir Moises Montefiore z”l, los etroguim volvieron a cultivarse en Israel.
Muchos etroguim llegan se producen en Marruecos, en Italia, etc. pero es bueno recordar que las raíces de esos etroguim se originaron en la tierra de Israel.
Porque a diferencia del limón u otros cítricos, el árbol del etrog es relativamente frágil, muy sensible a enfermedades que pueden afectar su raíz, vive relativamente pocos años (12-15, a diferencia del limón que puede vivir 25-30 años) y requiere mucha más cantidad de agua que otros cítricos. Aparte de todo eso, el etrog casi no tiene pulpa. ¿Por cuál otro motivo, entonces, se habrían plantado etroguim en los huertos del Mar Mediterráneo?
Durante mucho tiempo la producción de etroguim en Israel se vio interrumpida y los etroguim de otras zonas del Mediterráneo suplantaron a los etroguim de Erets Israel. No fue sino hasta mediados del siglo 19 que por iniciativa de Sir Moises Montefiore z”l, los etroguim volvieron a cultivarse en Israel.
Muchos Yehudim usan hoy en día etroguim de Marruecos, Italia, etc. pero es bueno recordar que las primeras raíces de esos etroguim son auténticamente judías.

חג שמח

 לעילוי נשמת
Aharon Cabuli ben Regina Romano
y
Sofia Daniel Khabbas de Cabuli bat Regina
ז»ל