VAERA: El milagroso rechazo del cese al fuego

(Escrito en julio de 2014)
Me gustaría referirme a la Parashat Vaera, la segunda Parasha del libro de Shemot, y a su personaje principal, el Faraón.

Moshé primero le ofrece al Faraón una solución pacífica y civilizada: «Deja libre a mi pueblo. No queremos venganza por 210 años de esclavitud, ni queremos  que usted o su gente sufra. Solo queremos ser libres y servir a nuestro Dios». Pero el Faraón se negó a liberar a los esclavos hebreos.  Moshé aclaró que él hablaba en nombre del Dios de los hebreos, que considera al pueblo de Israel como Su hijo, y que si el Faraón no dejaba que Sus hijos  fueran liberados, Egipto sufriría las consecuencias. El Faraón se negó otra vez. Entonces HaShem envió la primera plaga: sangre. Pero el vanidoso Faraón no se dejó intimidar «Un gran truco de magia», razonó, y continuó con su negativa. Las ranas invadieron Egipto y entonces el Faraón pensó «Bueno, esto podría no ser un truco de magia, pero tal vez se trate de una coincidencia cósmica». Entonces Egipto se llenó de piojos (kinim) y luego de insectos (‘arob). El Faraón pidió un «alto al fuego humanitario». Le pidió a Moshé que removiera esa plaga y le prometió que les permitiría salir en libertad.   Sin embargo, después que la plaga desapareció el Faraón se negó nuevamente a dejarlos salir. Incluso después de la quinta plaga (deber, enfermedades del ganado) el Faraón continuó con su negativa.

Ahora, el Faraón estaba viendo el colapso de la economía egipcia y también las primeras víctimas de la batalla. Sin duda muchos civiles egipcios habían muerto a causa de la obstinada  actitud del Faraón y su negativa a detener las hostilidades. Pero el Faraón nunca dirigió el dedo a sí mismo. Nunca se hizo cargo de las consecuencias de sus decisiones.

El Faraón se empezó a dar cuenta de algo más. Ahora entendió que quizás él  había calculado mal el poder de Aquel que estaba luchando por los Hebreos . Bajó sus «demandas» un poco, pero básicamente no se movió de su posición original y persistió en su rechazo .

En la octava plaga (arbe, langostas), vemos las primeras fracturas en el cabinete del Faraón. Los oficiales del Faraón le rogaban que dejase ir a los israelitas y que detuviera el lanzamiento de cohetes.   Pero el Faraón  no estaba dispuesto a ceder.

La gran pregunta es, cómo es posible que una vez que el Faraón entendió que Las Fuerzas de Am Israel eran tan poderosas ,y especialmente, una vez que vio la destrucción de Egipto y la muerte de civiles, cómo puede ser que se negó a aceptar la propuesta de Moshe? No tiene lógica.

La Torá dice que HaShem «endureció  su corazón», es decir, Dios intervino en los pensamientos del Faraón, lo cual afectó su juicio objetivo. Maimónides explica que normalmente haShem no interviene en nuestro proceso de toma de decisiones. Él concedió a los seres humanos el libre albedrío y nos hace responsables de las decisiones que tomamos. Pero el caso del Faraón fue una excepción. El Faraón tuvo cinco oportunidades de dar marcha atrás, detener las hostilidades y dejar que los judíos se fueran. Pero como algunos dicen, el Faraón nunca perdió la oportunidad de perder una oportunidad. Y desde su total libre albedrío,  se negó. Después de la quinta negativa, Maimónides explica, HaShem le quitó al Faraón su libertad de elección.

Otros comentaristas ofrecen una interpretación diferente de por qué HaShem intervino e impidió que el Faraón se rindiera. Algunos dicen que HaShem quería que todo el mundo, y especialmente  los judíos supieran que HaShem siempre tiene una forma de salvar a su pueblo de las manos del enemigo. Incluso, interviniendo en sus pensamientos.

Esta mañana he leído en los periódicos israelíes que los prisioneros de Hamas, que Israel capturó en la batalla, confesaron el plan macabro de la organización terrorista. Hamas planeaba atacar a Israel en este próximo Rosh Hashaná, enviando cientos de terroristas a través de la red de  túneles del terror que tenían armada. Los terroristas hubieran entrado así en el territorio de Israel en Rosh Hashaná 5775 y Jas VeShalom hubieran asesinado a miles de judíos.  Los titulares del diario Israelí decían: «El descubrimiento de estos túneles evitó una tragedia de las proporciones de la Guerra de Yom Kipur» (en la que  2.800 soldados israelíes murieron y 9.000 fueron heridos)

Me pregunté a mí mismo ¿Qué hubiera pasado si hace dos semanas, cuando Israel ofreció a Hamas «silencio y paz» para Gaza si Hamas simplemente suspendía el lanzamiento de cohetes contra Israel, Hamas hubiera dicho que sí»? Respuesta:  todos esos túneles todavía estarían allí!  ¿Qué pasó? ¿Por qué Hamas rechazó un cese al fuego? ¿Calcularon mal la posible respuesta del Ejercito de Israel o su determinación de entrar a Gaza?

¿Qué hubiera pasado si los líderes de Hamas hubieran aceptado el alto el fuego ofrecido por Egipto,o la Unión Europea,o Kerry o la ONU? Si Hamas hubiera aceptado las repetidas ofertas de cesar las hostilidades, los túneles, por lo menos la mayoría de ellos, no habrían sido descubiertos por Israel. E Israel estaría expuesta a una amenaza existencial.

Pero increíblemente, y contra toda lógica militar o social, Hamas se negó. Una y otra vez fue Hamas quien dijo NO al cese al fuego.

Tal vez, porque la historia de la negativa del Faraón se repitió en la negativa de Hamas, y HaShem intervino en los pensamientos de nuestros enemigos, de nuevo, para frustrar los planes de aquellos que buscan destruirnos.

Shabbat Shalom

שיר המעלות לדוד לולי ה’שהיה לנו יאמר נא ישראל
לולי ה’שהיה לנו בקום עלינו אדם
אזי חיים בלעונו בחרות אפם בנו
אזי המים שטפונו נחלה עבר על נפשנו
אזי עבר על נפשנו המים הזידונים
ברוך ה’שלא נתננו טרף לשניהם
נפשנו כצפור נמלטה מפח יוקשים הפח נשבר ואנחנו נמלטנ
עזרנו בשם ה’עשה שמים וארץ
1. Canción de ascenso, [compuesta] por David, «¿Qué hubiera pasado si HaShem no hubiera estado de nuestra parte?» Que todo Israel proclame.
2. «¿Qué podría haber pasado si HaShem no hubiera estado de nuestra parte cuando esos hombres [= los enemigos de Israel] nos vienen a atacar?
3. ¡Nos hubieran tragado vivos, en su ardiente odio contra nosotros!
4. Como [torrentes de] agua nos hubieran cubierto; aguas que nos hubieran ahogado.
5. Esas aguas mortales de violencia, se habrían desbordado contra nuestras propias vidas.
6. Bendito es HaShem, que no dejó que nos destrozaran con sus dientes.
7. Escapamos, como un pájaro que escapa de la trampa del cazador. La trampa se rompió, y pudimos liberarnos.

8. Nuestra ayuda viene de HaShem, el Creador del cielo y la tierra.




MEGUILAT ESTER, CAPITULO UNO

CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN:

En el año 586 antes de la era común, Jerusalem fue destruida por Nebujadnetsar (Nabucodonosor), emperador de Babilonia. Los judíos fueron exiliados y dispersados por todos los confines del imperio. En el año 539 a.e.c, dos generaciones después del exilio, el emperador persa Koresh (Ciro), que se había aliado con los medos, conquistó el imperio babilónico. Koresh tuvo una actitud muy positiva hacia los judíos e hizo algo increíble. En el primer año de su reinado, 538 a.e.c, promulgó un edicto que les permitía —y en realidad alentaba— a los exiliados judíos a regresar a la tierra de Israel y reconstruir el Bet HaMiqdash, y pagaría el proyecto con el tesoro real. Con el tiempo, unos 50,000 judíos lo hicieron y regresaron liderados por Zerubabel. En el año 516 a.e.c, 70 años después del exilio, el segundo Bet Hamiqdash fue inaugurado, cumpliéndose así la profecía de Jeremías (capítulo 25:11-15). Pero aunque el Bet HaMiqdash estaba construido y en funcionamiento, la mayoría de los judíos decidieron quedarse en el imperio persa. ¿Por qué? De acuerdo al rabino Yehudá Haleví, porque estaban muy bien económicamente. Según Samuel Kurinsky, sus negocios prosperaban. Se dedicaban al comercio internacional, exportando joyas de vidrio a China e importando de allí oro, plata y seda. Los judíos persas también desarrollaron la industria del crédito, como lo testimonia, por ejemplo, la extensa documentación encontrada sobre la familia judía de Nippur, Murashu (ver aquí). El imperio persa seguía creciendo. En el año 500 a.e.c., Dariavesh (Darío el Grande), nieto de Koresh, extendió el imperio que ya incluía Egipto, Libia, Sudán y Etiopía hasta la India. Solo quedaba una región por conquistar para que el emperador persa dominara el mundo: Grecia. Dariavesh lo intentó pero no los pudo vencer. Finalizar esa tarea quedó para su hijo, Jerjes o Xerxes.

Ahora, luego de esta breve introducción, podemos ahora comenzar la historia que relata el libo de Ester.

VERSÍCULOS 1-4

En el año 486 a.e.c, después de la muerte de Darío, el imperio quedó en manos de su hijo, Jerjes, también conocido en persa como Jashayarshá y en hebreo como «Ajashverosh». En esos días, el imperio persa contaba con 127 estados o provincias y se extendía desde India hasta Etiopía. Fue el imperio más extenso que la humanidad haya conocido. Ahora le quedaba a Ajashverosh conquistar Grecia. Primero se afianzó en su gobierno y en el tercer año de su reino, comenzó a preparar la invasión a Grecia. Fue la expedición militar más numerosa de la historia humana. Según Heródoto (también conocido como el padre de la historia moderna, y que comenzó su famoso libro de historia con la batalla de Ajashverosh), el emperador persa preparó el ejército más numeroso de la historia militar: 5.283.220 hombres, entre soldados y auxiliares, a fin de conquistar Grecia.

La Meguilá nos cuenta que Ajashverosh organizó un mishté y generalmente se piensa que era una “fiesta” que duró 180 días. Pero todo parece indicar — y así lo afirma también Herodoto, que este mishté era algo así como “un almuerzo de trabajo”, no una celebración. La Meguilá da clara cuenta de esto al mencionar quiénes eran los invitados: los primeros que nombra son los ejércitos de Persia y Media, los generales y los gobernadores de las provincia imperiales. Estos son los individuos que podían reclutar, organizar y entrenar a este gigantesco ejército para invadir Grecia. Ajashverosh los trajo a trabajar. Pero como buen anfitrión los agasajó y les demostró con sus exóticos banquetes que tenía el dinero suficiente para afrontar la guerra con Grecia. ¿Por qué la Meguilá no menciona explícitamente que este mishté era una preparación para la expedición militar del rey? La Meguilá fue escrita durante el reinado de Ajashverosh, y tenia que ser aprobada por los censores imperiales. Así que el texto se cuida muchísimo de ser políticamente correcto y no expresar nada que pueda sonar como una ofensa al rey. Y en el caso de este mishté el tram es muy sensible, porque a pesar de la enormidad de su ejército, Ajashverosh, al final, perdió la guerra con los griegos.

VERSICULOS 5-12

Luego de los 180 días de preparaciones para la madre de todas las batallas, el rey organizó una fiesta de verdad, una celebración que duró 7 días. Aparte de agasajar a sus hombres que trabajaron muy duro por meses, la fiesta tenía la finalidad de subir la moral del pueblo y los soldados, y celebrar por anticipado la victoria contra los griegos. Esa fiesta, a diferencia de la primera, se describe con generosos detalles: la decoración de los suntuosos jardines del palacio de Shushán, la utensilería, la lujosa vajilla y se menciona muy especialmente la bebida, el vino de la bodega del rey, que se servía en cantidades ilimitadas. La reina Vashti también celebraba, pero no en los jardines sino en el suntuoso salones del palacio real. Su fiesta era exclusivo para mujeres: las damas de Shushán y las esposas de los militares y dignatarios que habían llegado del exterior. El séptimo y último día de la fiesta, el rey se excedió con el vino y víctima de su embriaguez cometió un tremendo error: en lugar de invitar a la reina de forma personal, como un marido que invita a su mujer, el rey la convocó por vía protocolar, “le dio la orden a siete de sus oficiales para que la trajeran vistiendo únicamente la corona real”. La reina Vashti se resistió. Según los Sabios de Erets Israel, no fue porque no se veía presentable como explicaron los Sabios de Babel, sino por pudor y para no exponerse en público y humillarse. Cuando el rey se recuperó de su embriaguez, se enfureció consigo mismo por el tremendo error cometido (Rab Moshé Almosnino). Ya que al haber desobedecido la orden protocolar del rey, por mas banal que sea, ahora —legalmente— Vashti debía ser castigada con todo el peso de la ley.

VERSICULOS 13-22

El rey, desesperado, consulta con sus consejeros personales (astrólogos) y especialmente con sus asesores para buscar una salida a esta crisis constitucional. Siete funcionarios jerárquicos, asesores legales del más alto cargo son mencionados uno por uno por sus nombres. Ajashverosh, quería a Vashtí y trataba de salvar su vida.

Los asesores legales le dan la mala noticia al rey: la afrenta de Vashti no fue de orden personal. Fue un tema legal, que afecta a todo el imperio. Y como todos sabían, una vez que el rey dio una orden, esta no podía ser revocada, ni siquiera por el mismo rey, ni siquiera cuando se pudiera probar que el rey no estaba en sus facultades. Y aparte de eso, explicaron los asesores para suavizar el tema, el desacato de Vashtí ya era de conocimiento público, y si se la castigaba, se iba a sentar un precedente en el imperio que podría afectar la estabilidad del mismo. El episodio de Vashtí se transformó así en un tema de seguridad nacional.

El asesor principal del rey, Memuján (que los Sabios luego identifican con Hamán) le sugiere al rey aprovechar esta crisis y convertirla en una oportunidad para ganarse el favor de los hombres del imperio, los soldados, algo muy favorable para los tiempos de guerra que se avecinaban. Memuján le recomienda al rey que se prepare un edicto y se envíe a todos los confines del imperio, diciendo lo siguiente:

Artículo número uno: que la reina Vashti será removida de su cargo (un eufemismo de que seria ejecutada).

Número dos: que el rey Ajashverosh en su momento buscará una reina más capacitada que Vashti (es decir: más obediente) para reemplazarla.

Número tres: que las mujeres del reino debían honrar a sus maridos (=obedecerlos), sin importar el cargo o el estatus que estos tengan.

El edicto fue enviado a todo el imperio, a las 127 provincias, en el idioma que se hablaba en cada provincia, anunciando que por orden del rey los hombres deberían ejercer el liderazgo en sus familias, y que se hable en el idioma del marido, lo cual al parecer era un problema común en las numerosas familias mixtas del imperio.

Así concluye el primer capítulo de Meguilat Esther. El Rab Almosnino explica que hay dos razones por la cuales este capitulo, que no tiene ninguna referencia directa a lo que ocurrió con los judíos en el imperio, es parte de esta historia. En primer lugar porque anticipa la eventual llegada a escena de la reina Esther, que reemplazará a Vashtí. Pero también, o principalmente según el Rab Almosnino, este capítulo demuestra que en el imperio persa, las órdenes del rey, debían ser cumplidas, aunque hayan sido emitidas sin plena conciencia, y una vez proclamadas no pueden ser revertidas, ni siquiera por el propio rey, incluso si se trata de “matar a su propia esposa”. Cuando el lector inteligente tiene esto en cuenta, dice el Rab Almosnino, y lee que Hamán “engaña” al rey y le hace firmar un edicto real para eliminar a los judíos, se da cuenta por lo ocurrido con Vashtí, que este edicto ya no podrá ser revertido. Y así se aprecia mejor la extraordinaria protección Providencial de HaShem, que nos salvó de un exterminio total (להראות את גודל הנס).




MEGUILAT ESTER — CAPÍTULO DOS

Es importante recordar el contexto histórico en el cual se desarrolla el segundo capítulo de Meguilat Ester. Ajashverosh, Jerjes, está de regreso en su palacio de Shushán. Ha sufrido su más humillante derrotas militar a manos de los griegos. Se había embarcado en lo que se conoce como “Las segundas Guerras Médicas” , para las cuales había preparado un ejercito de millones de soldados. Tuvo sus contratiempos en la batalla por tierra, como la célebre batalla de Termópilas, en la cual su enorme ejército fue demorado por 300 soldados espartanos, lo que bajó la moral de los persas y le dio a Atenas más tiempo para prepararse. Ajashverosh terminó destruyendo Atenas, la dejó en cenizas, pero luego perdió la guerra en el mar, en la batalla de Salamina, y tuvo que regresar a Persia derrotado. Este fue el inicio del declive del imperio persa, que eventualmente culminaría conquistado por Alejandro Magno en el 331 a.e.c.

Nada de esto está mencionado en la Meguilá porque, como ya lo explicamos, fue escrita durante el reinado de Ajashverosh, y mencionar esa derrota hubiera sido ofensivo para el emperador y el imperio. La Meguilá está escrita con eufemismos, y para conocer su contexto histórico y entenderla acabadamente uno debe familiarizarse con los datos históricos externos, que de otra manera, solo se puede identificar entre las líneas.

De ahora en adelante, nos encontraremos con un Ajashverosh que ya no se dedica a ostentar sus riquezas ni hacer grandes fiestas, como en el primer capítulo. Este nuevo Ajashverosh, vencido, está ahora en modo “supervivencia”, obsesionado con defenderse de traidores que quieren derrocarlo, y actuando con el tipo escapismo de un individuo poderoso pero deprimido: se entrega al alcohol y a su harén, como lo demuestra en detalle este segundo capítulo.

VERSICULOS 1-4

El rey Ajashverosh está de regreso en Shushán luego de 3 años de batalla. Está deprimido por la derrota sufrido y extraña a Vashti, a quien amaba por su inigualable belleza.  Sus consejeros le sugieren organizar la búsqueda de una nueva reina, entre todas las señoritas solteras y bonitas del imperio.  En el gigantesco imperio persa vivían por lo menos 20 millones de personas. Por lo que miles de jóvenes mujeres debían ser identificadas en todas las provincias del imperio y pre seleccionadas. Las elegidas eran llevadas a la ciudad de Shushán y de allí al harén real. El encargado de las mujeres era un eunuco de nombre Hegai, que se ocuparía personalmente de la última preselección y luego de prepararlas a las elegidas para visitar al rey, proveyendo sus vestimentas y sus perfumes. De esta manera el rey podría encontrar a una nueva reina que lo haría olvidar de Vashtí.  El rey aceptó el idea y el plan se puso en marcha.    

VERSICULOS 5-7

Aquí la narración de la selección de la reina se detiene para introducir la biografía de los dos héroes de la historia de Purim: Mordejai y Ester. Comenzamos por Mordejai. En el año 597 a.e.c, once años antes de que fuera destruido el primer Templo de Jerusalem, el emperador Nebujadnetsar exilió a más de 20.000 judíos y los llevó a Babilonia junto con el rey Yehoyajín (גלות החרש והמסגר). Entre los exiliados había un refugiado judío llamado Quish, que pertenecía a la tribu de Benjamín. Su hijo fue Shim’i y su nieto Yair, el padre de Mordejai. Mordejai, por lo tanto, pertenecía a la cuarta generación de refugiados judíos que habían sido exiliados a Babilonia 120 años atrás, y vivían ahora como ciudadanos del imperio persa. Abijayil era el hermano de Mordejai. Abijayil y su esposa fallecieron, y dejaron una joven hija huérfana de nombre Hadasá, que fue adoptada por Mordejai como su propia hija.

Como suelen hacerlo hasta hoy en día muchos judíos de la diáspora, la joven tenía aparte de un nombre hebreo, un nombre no judío: Ester. La Meguilá describe la belleza de Ester con dos atributos que la destacaban y que demuestran que poseía una belleza superior a la de Vashtí.  יפת תואר: de bella figura, rostro y facciones וטובת מראה y de un hermoso color de piel y cabello (Radaq). De Vashtí la Meguilá solo había mencionado sus delicados colores (טובת מראה).

VERSICULOS 8 – 11

Ahora, al escucharse la promulgación del rey de que todas las doncellas del reino tenia que presentarse, Ester, no pudo escapar y fue tomada por la fuerza por los funcionarios del rey y llevada al harén de Hegai. Cuando Hegai la vio, Ester halló gracia a sus ojos. En otras palabras, Hegai, que conocía perfectamente los gustos del rey, pensó que era la candidata perfecta para ser reina y decidió darle un trato preferencial: la proveyó de más cuidados que a las otras jóvenes, le dio más (o mejor) comida y le asignó siete doncellas para que la asistieran personalmente. La Meguilá resalta que a todo esto, Ester guardaba en absoluto secreto su origen, pueblo y religión, siguiendo estrictamente las directivas de Mordejai. ¿Por qué Ester no debía revelar su identidad judía? La Meguilá no lo explica y los Sabios especulan. Eben Ezra dice que Ester no reveló su identidad para poder observar en secreto su religión, por ejemplo, comer solo vegetales, o no hacer ciertas tareas en Shabbat. Si el palacio hubiera sabido que Ester era judía, le hubieran exigido que se convierta.

Mordejai, que tenia un cargo en la corte del rey (sha’ar hamelej), seguía de cerca lo que ocurría en el harén y se informaba diariamente de todo lo que pasaba con Ester.

VERSICULOS 12-14

La Meguilá no escatima detalles para describir las excentricidades del rey Ajashverosh en cuanto al proceso de selección de la nueva reina.  El juez que daría la aprobación definitiva para la nueva reina era el mismo rey Ajashverosh.  Antes de pasar la noche con el rey las jóvenes debían prepararse por el término de un año: seis meses bañándose en cremas y aceites para suavizar la piel y seis meses en ungüentos y perfumes que fueran del agrado del rey. Hay quien dice que debían esperar un año antes de estar en contacto con el rey para que los médicos de la corte estuvieran seguros que estas jóvenes no sufrían ninguna enfermedad que pudiera afectar al rey.

Cuando llegaba su turno, las jóvenes podían pedir cualquier tipo de vestimenta, ornamento o joya para impresionar al rey. Por la noche llegaban a los aposentos del rey, acompañadas por Hegai, y por la mañana regresaban al harén a cargo de Sha’ashgaz. Este segundo harén era para las concubinas del rey, que de ahora en más debían permanecer allí por toda su vida —y obviamente ya no podrían casarse con ningún otro hombre — y solo volverían a ver a Ajashverosh si el monarca las llamaba por su nombre, es decir, si se acordaba de ellas.

VERSICULOS 15-17

Finalmente llegó el turno de Ester.  A diferencia de todas las demás jovenes, Ester no pidió nada especial para impresionar al rey: solo lo que le ofrecía Hegai.  Ester era la candidata favorita en el palacio, porque inspiraba una simpatía especial en todo aquel que la veía. Según los Sabios, nadie la veía con envidia o recelos ya que no sabían su identidad. Y veían reflejados en la belleza de Ester los rasgos físicos de las mujeres de su propio pueblo.    

Ester fue llevada por Hegai a los aposentos del rey en el mes de Tebet, el séptimo año del reinado de Ajashverosh. El rey se enamoró inmediatamente de Ester y quedó fascinado con su personalidad. Según los Sabios, lo que más fascinó a Ajashverosh fue la simpleza de Ester. No pretendía llamar la atención del rey. No se vistió con ropas excéntricas ni se comportó con extravagancia, como lo hacían todas las demás jovenes tratando de impresionar al rey.   

Ajashverosh inmediatamente colocó la corona en su cabeza y la proclamó como la nueva reina que remplazaría a Vashtí.

VERSICULOS 18-20

Por fin. Luego de muchos años, el rey celebró nuevamente. Tan contento estaba que hizo un banquete para sus funcionarios y proclamo una baja de impuestos para todas las provincias del imperio en honor a la nueva reina, Ester. Mordejai mientras tanto no daba a conocer su relación con Ester, y Ester, a pesar de que ya era la reina, seguía fielmente las instrucciones de Mordejai como lo hizo desde niña, y no revelaba a nadie su verdadera identidad.

VERSICULOS 21-23

Mordejai, que residía en las inmediaciones del palacio, se enteró que dos funcionarios que estaban encargados del tesoro real, Bigtan y Teresh estaban planeando asesinar al rey Ajashverosh.  Mordejai se lo comunicó a Ester y Ester se lo transmitió al rey de parte de Mordejai.  Los conspiradores  fueron apresados, y después de ser torturados confesaron su plan criminal y fueron empalados (no “ahorcados”, com o generalmente se traduce. Ver aquí https://es.wikipedia.org/wiki/Empalamiento). Este acto heroico de Mordejai, que salvó la vida del rey, quedó registrado en las crónicas del rey Ajashverosh.       




SHEMOT: Los judíos y los cambios de gobierno

וַיָּקָם מֶלֶךְ חָדָשׁ עַל מִצְרָיִם אֲשֶׁר לֹא יָדַע אֶת יוֹסֵף

«Y un nuevo Faraón surgió en Egipto, que no reconocía a Yosef »

  Exodo 1:8

וַיָּקָם מֶלֶךְ חָדָשׁ עַל מִצְרָיִם אֲשֶׁר לֹא יָדַע אֶת יוֹסֵף

«Y un nuevo Faraón surgió en Egipto, que no reconocía a Yosef»
Éxodo 1:8

LOS JUDÍOS Y LOS CAMBIOS DE GOBIERNO

La Torá no es moderna; es eterna. Y precisamente por eso, los relatos que contiene nunca pierden vigencia. Hoy analizaremos un versículo del libro de Shemot que describe un cambio de gobierno en Egipto: un fenómeno político interno, no relacionado originalmente con los judíos, pero que terminó desencadenando persecución, esclavitud y el asesinato de niños judíos.

En otra oportunidad analizamos cómo los hijos de Israel lograron evitar la asimilación en Egipto mediante la educación, la vida comunitaria y una interacción sociocultural limitada con el entorno egipcio (ver aquí). Esa estrategia funcionó. Durante generaciones, los judíos vivieron con prosperidad y estabilidad en Egipto.

Sin embargo, como ocurrió innumerables veces a lo largo de la historia, los cambios políticos en el país de residencia terminaron afectando directa o indirectamente a los judíos. En Egipto —como más tarde en la España de Isabel la Católica o en la Alemania del Tercer Reich— esos cambios internos tuvieron consecuencias devastadoras.


UNA NUEVA POLÍTICA DE ESTADO

Uno de los Sabios del Talmud sugirió que el “nuevo rey” no era necesariamente una persona distinta, sino el mismo Faraón adoptando una nueva política de Estado. Por alguna razón —política, económica o ideológica— decidió volverse contra los judíos y, en un acto de profunda ingratitud, ignorar deliberadamente las inmensas contribuciones de Yosef a la monarquía egipcia.

Algo similar ocurrió en la España de fines del siglo XV. Una vez completada la reconquista del sur, Isabel la Católica decidió que había llegado el momento de expulsar a los judíos de Castilla y Aragón para construir un reino completamente católico. Como el Faraón, Isabel eligió olvidar —o negar— el enorme aporte judío a España.

Basta recordar a Lorenzo Badoz, médico personal de la reina, quien salvó su vida en más de una ocasión; a Rabí Abraham Zacuto, cuyas innovaciones en astronomía y navegación fueron cruciales para el viaje de Colón; o a Don Isaac Abarbanel, cuya gestión financiera permitió sostener la guerra y culminar la reconquista de Granada en 1492.


UNA NUEVA DINASTÍA

Otros Sabios entendieron el versículo de forma más radical: no se trataba solo de un cambio de política, sino de un cambio de dinastía. En la antigüedad, los tronos solían heredarse dentro de una misma familia. Cuando eso no ocurría, hablábamos de una ruptura profunda.

En términos actuales, sería comparable a cuando el partido de la oposición llega al poder. En Estados Unidos, por ejemplo, demócratas y republicanos se alternan cada cuatro u ocho años, y cada cambio trae consigo un “reseteo” de prioridades, alianzas y enemigos.

Así ocurrió, por ejemplo, con la relación entre Estados Unidos e Israel: fue muy tensa durante la presidencia de Barack Obama y cambió de manera radical cuando Donald Trump asumió el poder.

Algo similar debió haber ocurrido en Egipto. Si los judíos habían sido aliados del gobierno anterior, el nuevo régimen tenía motivos políticos para verlos ahora con desconfianza. El nuevo Faraón decidió entonces no reconocer a Yosef como héroe nacional, sino reinterpretarlo como traidor.


EL REY NO HA MUERTO: ¡VIVA EL REY!

¿Por qué los Sabios sugirieron que este nuevo rey no era simplemente el hijo del anterior? Porque cuando hay una sucesión normal, la Torá suele decir: “El rey A murió y su hijo B reinó en su lugar”.

Aquí no dice eso. Dice simplemente que “surgió” un nuevo Faraón. La omisión de la muerte del rey anterior —en un texto tan preciso como la Torá— no puede ser casual. Todo indica un cambio abrupto: un golpe de Estado o algo aún más dramático.

El historiador judío Flavio Josefo (https://es.wikipedia.org/wiki/Flavio_Josefo) propuso que la Torá alude brevemente a una revolución histórica: la reconquista de Egipto. Durante el siglo XVI a.e.c., los hicsos —un pueblo semita— invadieron Egipto y esclavizaron a los egipcios. Si Yosef y su familia se establecieron en Egipto durante ese período, su buena relación con los hicsos habría tenido consecuencias graves.

Cuando el faraón Amosis derrotó a los hicsos y fundó la XVIII dinastía, los judíos —asociados al antiguo régimen— dejaron de ser aliados y pasaron a ser sospechosos.


LAS VUELTAS DEL PODER

Si esta reconstrucción es correcta, los judíos fueron mal vistos no a pesar de haber ayudado a Egipto, sino precisamente por haberlo hecho bajo el gobierno equivocado. De ser así, la frase asher lo yada et Yosef no significa solo que el Faraón “no reconocía” a Yosef, sino que lo despreciaba: lo veía como amigo de sus enemigos.

Ese desprecio se extendió naturalmente a sus descendientes. Una vez más —como tantas veces fuera de Medinat Israel— los judíos se encontraron súbitamente del lado incorrecto de la historia.

Y entonces ocurrió lo inevitable: el Faraón avanzó hacia lo que hoy llamaríamos una “solución final”.


UN FINAL PARADÓJICO

Paradójicamente, este versículo que marca el inicio de la esclavitud también señala el final de un proceso de asimilación acelerada que estaba erosionando silenciosamente a la sociedad judía desde dentro.

Y más aún: el comienzo de la esclavitud fue, en última instancia, el primer paso hacia la salida de Egipto, hacia la redención, y hacia la primera gran aliyá colectiva del pueblo judío a la Tierra de Israel.

A veces, los giros más oscuros de la historia esconden —sin que lo sepamos— el inicio de una liberación.




MEGUILAT ESTER — CAPÍTULO TRES

VERSÍCULO 1-7
Después de un tiempo, el rey Ajashverosh nombró a un nuevo primer ministro: Hamán, hijo de Hamedata, agaguita. Agag era del pueblo de Amaleq, famoso por haber atacado a los judíos sin motivo cuando salieron de Egipto. Hamán fue investido con los poderes más altos del reino.

Por lo que vemos en el resto de la Meguilat Ester y lo que sabemos de la historia contada por Heródoto, una vez que Ajashverosh regresó derrotado de su frustrada expedición militar a Grecia, ya no quería involucrarse en la política. Ahora solo quería disfrutar de los placeres del reinado y dedicarse a la construcción de obras faraónicas, como las que hizo en Persépolis. Para ello, necesitaba a alguien que se ocupara de la parte política y administrativa de su imperio. Hamán era ese hombre: tenía carácter y mano dura, lo que le servía al rey para afianzar su reinado y, especialmente, para evitar cualquier complot en su contra.

A fin de investir a Hamán con la máxima autoridad, el rey ordenó que todos lo reverenciaran de una manera especial. Todos los ciudadanos del imperio, los ministros y los miembros de la corte real no solo tenían que postrarse ante Hamán —en hebreo hishtajavayá—, lo cual era un acto de respeto muy aceptado en aquellos tiempos, sino que también debían arrodillarse ante él.

«Arrodillarse y luego postrarse» (כריעה והשתחוויה) no era una mera señal de respeto, sino de culto y devoción religiosa, un gesto que en la Biblia Hebrea está reservado solo para Dios. Los Sabios agregan que Hamán portaba un ídolo consigo, del cual recibía su divinidad, como hacían los sacerdotes paganos. Una vez que sabemos todo esto, comprendemos que arrodillarse y postrarse ante Hamán era un acto de idolatría. Por este motivo, Mordejai, que era un miembro de la corte del rey (sha’ar hamelej), rehusó reverenciar a Hamán.

Hay una opinión rabínica no muy conocida que afirma que el rey Ajashverosh, consciente de este problema, eximió personalmente a Mordejai de arrodillarse ante Hamán en consideración a sus principios religiosos. Otras opiniones, en cambio, critican a Mordejai por no haber sido más cuidadoso y sugieren que podría haber renunciado a la corte del rey para no enfrentarse con el dilema de arrodillarse ante Hamán.

En mi opinión, Mordejai estaba siguiendo el ejemplo de Jananía, Mishael y Azariá, quienes 120 años antes, en los tiempos de Daniel, hicieron algo similar durante la inauguración de un ídolo en Babilonia (Daniel, capítulo 3). Cuando todos se arrodillaron, ellos estuvieron dispuestos a dar sus vidas para dar el ejemplo públicamente a los demás judíos de que no debían arrodillarse ante un ídolo.

De cualquier manera, Mordejai asumió que, en el peor de los casos, Hamán lo mandaría ejecutar a él, pero nunca imaginó que se vengaría buscando el genocidio de todo el pueblo judío.

Mordejai tampoco se presentó directamente ante Hamán de forma provocativa para demostrarle que no se arrodillaba ante él, ya que de otra manera Hamán lo habría visto con sus propios ojos. En realidad, lo hizo discretamente. Y tal como ocurrió con los amigos de Daniel, fueron sus enemigos quienes lo delataron ante Hamán.

Al enterarse de esta afrenta, Hamán se enfureció muchísimo. Y, en lugar de denunciarlo ante el rey Ajashverosh, decidió tomar el asunto en sus propias manos.

Lo primero que pensó fue que no era suficiente matar a Mordejai o a su familia. Para que su sed de venganza quedara satisfecha, debía tomar medidas extremas. Hamán decidió entonces eliminar «a todos los judíos del imperio persa», que en esos tiempos eran «todos los judíos del mundo», incluyendo la colonia de 50,000 judíos que vivían en Jerusalem, en ese entonces una provincia más del imperio persa. Era la solución final, concebida nada menos que por un descendiente de Amaleq.

Lo primero que hizo Hamán fue elegir una fecha propicia para llevar a cabo esta masacre. Los persas consultaban constantemente a sus oráculos astrológicos para determinar cuáles eran los días más auspiciosos para sus planes y cuáles no. Según algunos historiadores, el oráculo astrológico consistía en una tabla con los nombres de los meses y otra con los números de los días. Hamán arrojó una piedrita o una gema especial —que en idioma persa se llamaba pur («piedrita de la suerte»)— en un tablero con los nombres de los meses, y esta cayó en el mes de Adar. Luego arrojó otra piedrita y cayó en el número 13. Así, fueron dos piedritas (purim, plural de pur) las que determinaron el día 13 del mes de Adar. Corría el año 12 del reinado del rey Ajashverosh. Ahora Hamán tenía que convencer a Ajashverosh de que firmara el decreto para la «solución final».

VERSÍCULOS 8 – 9

Por lo que se deduce del texto de la Meguilá, lo que dice —y especialmente lo que omite— el texto, la estrategia de Hamán para convencer al rey Ajashverosh constaba de cuatro puntos.

En primer lugar, minimizar el evento y definitivamente no discutirlo abiertamente en una reunión formal. Por eso, Hamán no solicitó al rey una audiencia para presentar su plan, como hizo Ester cuando quería hablar con el rey. Yo imagino que Hamán habrá aprovechado algún momento casual e informal, por ejemplo, luego de una larga y cansadora reunión, cuando el rey ya estaba de pie, cansado o apurado para ir a su próximo evento, y allí, en los pasillos del palacio, Hamán quería conseguir un descuidado «sí» del rey.

En segundo lugar, Hamán nunca mencionó que quería eliminar a los judíos. Hamán le propuso al rey la destitución de un pueblo: que está esparcido por todo el imperio —es decir, que no tenía el poder para sublevarse o separarse del imperio—, que no sigue las leyes del rey sino sus propias leyes, y que no aporta ningún beneficio al rey. De acuerdo con el Malbim y muchos otros comentarios, el rey Ajashverosh nunca supo que el decreto de Hamán se refería a los judíos.

El tercer punto es que Hamán no especificó que quería “matar” a los miembros de ese pueblo, algo que habría llamado la atención del rey. Hamán usa una palabra ambigua: leabedam, “destituirlos”. Destitución puede significar eliminar, pero también puede significar esclavizarlos, destruirlos económicamente confiscando sus bienes o exiliarlos (en el Shema Israel esta misma palabra va-abadtem meherá significa exiliarse).

El cuarto punto tiene que ver con el dinero. No solo que Hamán no le solicita al rey dinero para este proyecto, sino que le ofrece al rey una suma importantísima: 10,000 lingotes de plata que serán confiscados en esa operación y llegarán a las arcas reales.

VERSÍCULOS 10-15

Para la sorpresa —y la alegría de Hamán— el rey Ajashverosh no pidió leer el texto y no hizo preguntas. Con una total despreocupación e irresponsabilidad —negligencia agravada—, el rey se quitó el anillo con el que firmaba sus decretos, se lo entregó a Hamán y le dijo: «Haz lo que quieras con ese pueblo y quédate con el dinero».

El plan de Hamán había funcionado mejor de lo que esperaba.

Ahora Hamán, con el anillo real en sus manos, hace llamar a los escribas del rey y les dicta lo que tienen que escribir. Aquí el rabino Moshé Almosnino nos abre los ojos a un punto muy importante. Hamán redactó el edicto con dos textos diferentes. En el primero, Ketab Hadat, solo decía que todos los ciudadanos del imperio se deben preparar para algo importante que ocurrirá el día 13 de Adar (Save the date להיות עתידים ליום הזה) sin más detalles.

El segundo escrito, Patsheguen haKetab, es la letra pequeña que explica exactamente lo que Hamán quería hacer: «En el día 13 de Adar, los judíos del imperio persa serán destruidos y asesinados, y sus bienes serán confiscados. Los jóvenes, ancianos, niños y mujeres del pueblo judío serán asesinados en el día 13 del mes de Adar».

El edicto fue firmado el 13 de Nisán y fue enviado a las 127 provincias del imperio a través de los jinetes del correo real, con carácter de urgencia. También fue traducido a todos los idiomas que se hablaban en el imperio.

En Shushán, para evitar que el rey se enterase del decreto de Hamán, solo se envió el primer texto, el Ketab Hadat (Save the date), que no mencionaba ningún genocidio.

Y así, este capítulo concluye contándonos que Hamán y el rey Ajashverosh se sentaron tranquilamente a disfrutar de un banquete, mientras que los ciudadanos de Shushán, judíos y no judíos, quedaron confundidos y perplejos al escuchar la misteriosa proclamación que invitaba a reservar la fecha del 13 de Adar.




SHEMOT: Resumen de la Parashá

Esta semana comenzamos un nuevo libro: Shemot, “Nombres” o Éxodo.

EL NACIMIENTO DE MOSHE
La Torá comienza mencionando los nombres de los hijos de Jacob y contándonos que sus descendientes fueron muy prósperos, fructíferos y poderosos en Egipto. Pero cuando surgió una nueva dinastía, el Faraón se propuso debilitar a los judíos y empobrecerlos. Primero imponiéndoles impuestos y encargándoles duros trabajos. Pero por más que los oprimía, los judíos seguían multiplicándose y no perdían su poder. El faraón entonces ordena a las parteras matar a todos los niños hebreos recién nacidos. Estas mujeres, sin embargo, desafiaron la orden del Faraón y dejaron vivir a los niños. El Faraón llamó a las parteras para castigarlas por no seguir sus órdenes. Las parteras respondieron que las mujeres hebreas se valían por sí mismas para dar a luz a sus bebés. Dios recompensa a las parteras por su valentía y su temor al Cielo. El faraón ordena entonces a todo su pueblo a tomar parte en la eliminación de los niños judíos, arrojando al Nilo a todos los varones recién nacidos. Cuando nace Moshé (Moisés) su madre, que temía por su vida, lo pone en una canasta impermeable y deja la canasta flotando en el Nilo. La hija del Faraón, Batyá, se está por bañar en el Nilo cuando ve al niño. Lo toma y lo adopta como suyo. Míriam, la hermana de Moshe, que observa lo que está pasando, ofrece traer una mujer hebrea para amamantar al niño. La hija del Faraón acepta la sugerencia, y así Yojebed, la madre de Moshé se encarga de criar a su propio hijo hasta que éste crece.

MOSHE SALE AL ENCUENTRO DE SUS HERMANOS
Moshé vive en el palacio del Faraón. Ya adulto, un día sale del palacio y percibe el sufrimiento de sus hermanos judíos. Ve a un egipcio golpeando a un hebreo. Moisés mata al egipcio y de alguna manera el Faraón se entera. Moshé se ve obligado a huir. Escapa a Midián y se queda allí por un tiempo. Allí se casa con Tsiporá, la hija de Yitró y tiene a sus dos hijos, Guereshom y Eli’ezer.

DIOS RECUERDA SU PROMESA
En Egipto la situación de los esclavos judíos es cada vez peor. El pueblo clama a Dios y Dios toma en cuenta el pacto que había hecho con sus antepasados. Moshé está pastoreando los rebaños de Yitró en el desierto cuando llega a un monte. Allí ve un arbusto ardiendo, pero que no lo consumía el fuego. Cuando se acercó para entender lo qué pasaba, Dios le habla. Le dice que Él ha visto el sufrimiento de los israelitas y ha decidido liberarlos de los egipcios a través de él, de Moshé. Dios le da a Moshé instrucciones a Moshé. Debe reunir a los ancianos judíos e informarles que Dios los rescataría de Egipto y los llevaría de regreso a Israel. Luego Moshé debe hablarle al Faraón y pedirle que los deje salir para servir a Dios. Sin embargo, Dios le advierte a Moshé que el faraón no accederá a esta solicitud. Pero la redención habrá de llegar después de que Dios castigue a Egipto. Dios le presenta a Moshé tres milagrosas pruebas para que las realice ante los israelitas y le crean que Dios lo ha enviado. Moshé dice que él no es apto para esta difícil misión, debido a su impedimento para hablar con elocuencia. Dios entonces asigna a su hermano Aharón para que sea su portavoz.

MOSHE SE DIRIGE A EGIPTO
Moshé toma a su esposa y a sus dos hijos y se dirige a Egipto. Dios especifica a Moshé que le debe decir al Faraón: “Israel es mi hijo primogénito. Deja libre a mi hijo para que me sirva. Y si te niegas a enviarlo, mataré a tu hijo primogénito”. Moshé se encuentra con Aarón, que había venido desde Egipto para recibirlo, y juntos llegan a Egipto. Reúnen a los ancianos y les presentan las pruebas de que Dios los había enviado.

MISIÓN NO CUMPLIDA
Moshé y Aharón van al palacio del Faraón y le piden que deje salir a los judíos. El faraón se burla de ellos e instruye a sus capataces para que aumenten la carga del trabajo de los esclavos judíos. Los judíos no podían satisfacer las nuevas demandas del Faraón y como resultado son brutalmente golpeados. Moshé afligido y confundido, se dirige a Dios: «¿Por qué has causado más sufrimiento a este pueblo? ¿Y para qué me has enviado? Por haberle hablado al Faraón en Tu nombre, el pueblo está sufriendo más….». Dios tranquiliza a Moshé y le responde que pronto verá lo que Él hará con el Faraón y que el monarca egipcio liberará a los judíos.




SHEMOT: ¿Cómo homenajeamos los judíos a los no judíos?

אֲשֶׁ֨ר שֵׁ֤ם הָֽאַחַת֙ שִׁפְרָ֔ה וְשֵׁ֥ם הַשֵּׁנִ֖ית פּוּעָֽה

Como explicamos anteriormente, el Faraón prepara la solución final al problema judío. El plan comienza reclutando colaboradores. No es fácil convencer a los egipcios de que deberán denunciar y enviar a los judíos a los campos de trabajo (concentración), y que luego deben matar a los bebes hebreos. Después de todo, los judíos habían sido vecinos de los egipcios durante varias generaciones. Para lograr la colaboración de su pueblo, el Faraón pronunció el famoso discurso inflamatorio antisemita en el que acusa a los denuncia a los judíos de traidores. Y su plan funcionó.

DESOBEDIENCIA CIVIL

La primera fase del plan de Faraón se hace en secreto. Para evitar el crecimiento demográfico del pueblo judío, el Faraón ordena a las parteras que maten «discretamente» a los bebés. Probablemente golpeando sus cabecitas en la piedra sobre la cual las mujeres judías dan a luz. Lo principal era que parezca un accidente. Pero, sorpresivamente, ¡las parteras deciden desobedecer al Faraón! Los sabios tienen diferentes opiniones acerca de la etnicidad de estas parteras. ¿Eran hebreas o egipcias? El texto bíblico es ambiguo. hamyaledot haibriot podría entenderse como parteras «judías», o parteras egipcias «que asistían a las mujeres judías a dar a luz».

Hoy exploraremos esta segunda opinión, que me parece la más compatible con la narrativa textual peshat y representa entre otros la opinión del Rab Don Isaac Abarbanel ( ולא היו עבריות, כי איך יבטח לבו בנשים העבריות שימיתו ולדיהן, אבל היו מצריות מילדות את העבריות, ר»ל עוזרות אותן ללדת, כמו שנאמר ‘בילדכן את העבריות’.»). Estas parteras egipcias que se negaron a cumplir las órdenes del Faraón y dejaron que los niños vivieran son presentadas con sus nombres «Shifrá» y «Puá».

Este extraordinario acto de coraje no puede ser tomado a la ligera.

Vamos a analizarlo un poco más en profundidad.

¿QUÉ HICIERON LAS PARTERAS?

Las parteras desobedecieron una orden directa del hombre con suprema autoridad en Egipto, considerado «un dios», el gobernante del país más poderoso del mundo, en el momento del apogeo más alto de Egipto, el comienzo de la 18va dinastía. Este no fue un acto común de renunciar a las tareas asignadas: fue un acto de rebeldía, de desobediencia civil, quizás el primero que se registró en la historia de la humanidad.

¿POR QUÉ LO HICIERON?

¿Por qué las parteras dejaron vivir a los niños judíos? La Torá lo explica con palabras simples pero muy profundas. «vatirena hamyaledot et haEloqim», estas mujeres no-judías «temieron a Dios».

Aunque el tema del temor a Dios es muy profundo, mencionaré 3 breves ideas al respecto.

Primero: en la Torá el temor a Dios (=Eloqim) aparece también en el contexto de la conducta de los no judíos. Cuando se trata de un contexto judío, se menciona principalmente el temor a «HaShem», es decir, se menciona el nombre Divino en hebreo (A- do- nay). El hecho que las parteras mencionan «Dios» y no HaShem, le da más peso a la é de que estas parteras no eran judías.

En segundo lugar, el «temor a Dios» es lo que impide que una persona haga algo incorrecto, negándose a hacer algo que está mal «a los ojos de Dios». Para entenderlo mejor, comparémoslo con el «amor de Dios», que lleva a alguien a actuar con generosidad, entrega, bondad. El amor de Dios es activo, el temor de Dios es pasivo, ¡Pero no menos importante!

En tercer lugar, y quizás lo más crítico, es que el temor de Dios se presenta en oposición al temor al hombre, en este caso, el temor a un tirano. Las parteras abrazan el el temor a Dios y minimizan el temor al Faraón. Y en cierta manera, están dispuestas a aceptar el castigo del Faraón –la tortura y la ejecución– inspiradas por su temor a Dios

¿QUÉ PRECIO PAGARON POR SU DESOBEDIENCIA?

El Faraón recibe la denuncia de que lo han desobedecido y las cita a su corte para demandar una explicación. Las parteras presentan sus argumentos, y le explican que las mujeres judías dan a luz de manera natural (חיות הנה), por su cuenta, y cuando ellas llegan para «matar a los bebes judíos varones por accidente» ya es demasiado tarde para que no se note. Creo que también es posible, aunque no recuerdo que ningún comentarista lo haya explicado de esta manera, que este acto de valentía haya inspirado a la hija del Faraón, quien, desafiando la voluntad de su padre, salvó a un niño hebreo de una muerte segura. Ese niño era Moisés.

Luego llegan las enigmáticas palabras hebreas vaya’as lahem batim —“les hizo casas”.

Primera interpretación: el Faraón no las perdonó, sino que las envió a prisión (batim, «casas, celdas»). Siguiendo esta interpretación, estas mujeres pagaron con la cárcel «casas de confinamiento perpetuo» por su valiente accionar por salvar a los niños hebreos.

¿CÓMO FUE RECOMPENSADO SU ACTO DE VALENTÍA?

Pero hay una segunda posible interpretación de la palabra hebrea «batim». Dinastía memorable, nobleza y fama. Como cuando uno dice que proviene “de la Casa David”. Siempre siguiendo la opinión de que estas parteras no eran judías, es posible que la muestra de gratitud por haber salvado tantas vidas del pueblo de Israel, haya sido que la Torá mencionó a estas mujeres “explícitamente” por sus nombres: Shifrá y Puá.

Si prestamos mucha atención al texto bíblico, peshat, nos daremos cuenta de que en toda la historia de la esclavitud y el nacimiento de Moshé (dos primeros capitulos de Shemot) la Torá NO menciona los nombres de ninguno de sus protagonistas, ni siquiera Yojebed, Miriam o Bitiá —la hija del Faraón. La única excepción es la de SHIFRA Y PUA. Así, el acto de valentía de estas simples parteras quedó inmortalizado en la memoria del pueblo judío, que repetimos sus nombrescada vez que llemos la Torá. Vale la pena mencionar –y darnos cuenta de este contraste– que la Torá ni siquiera menciona por su nombre al Faraón, ¡el hombre más poderoso de la tierra, termina siendo un tirano anónimo, que no merece ser recordado, y que hasta hoy se discute su identidad.

YAD VASHEM: HOMENAJEAR CON NOMBRES

La Torá le rinde homenaje a la memoria de estas valientes mujeres, «mencionando su acto de valor y sus nombres”. Esta es la manera que el pueblo judío —y el Estado de Israel— rinde homenaje a la memoria de los gentiles que se arriesgaron o sacrificaron sus vidas para salvar vidas judías. . Este agradecimiento bíblico se repite por ejemplo, en la sección del museo del Holocausto YAD VASHEM dedicado a «los justos entre las naciones» חֲסִידֵי אֻמּוֹת הָעוֹלָם perpetuando su memoria, la mencionar su “yad” , acciones, y su “Shem”, su nombre, tal cual como lo hizo la Torá con Shifrá y Puá.

Hoy en día Israel tiene muchos –demasiados enemigos que celebran sin vergüenza la masacre de Hamás, acusan a Israel por defenderse y evitar una nueva masacre y practican la hipocresía del doble estándar, como el secretario general de las Naciones Unidas y muchos más (yemaj shemam = que sean olvidados sus nombres ) , que jamás se pondrán del lado de la verdad, la justicia y la objetividad.

Por el otro lado, hay muchos, muchísimos no judíos que nos apoyan, en silencio o a viva voz, como el autor y periodista Douglas Murray y muchos otros, que merecen nuestro mas sentido agradecimiento y homenaje.




MEGUILAT ESTER – CAPITULO CUATRO

VERSICULO 1 – 4

Mordejai se enteró del nuevo decreto que condenaba al pueblo judío a la exterminación.  Al recibir la terrible noticia, rasgó sus vestiduras y se vistió de arpillera (tela de costal) y ceniza, señales de duelo tanto en el pueblo judío como entre los gentiles, tal como lo vimos en la ciudad de Ninevé (Libro de Yoná).

Mordejai sabe que la única persona que puede tener acceso al rey es, justamente, su sobrina e hija adoptiva, la reina Ester. También sabe que esta relación familiar es un secreto que nadie puede saber. Por eso, Mordejai no puede comunicarse directamente con Ester.  Entonces, sale a la ciudad clamando con gran amargura por la tragedia inminente y llega frente al palacio con la intención de llamar la atención de Ester y de toda la corte para que no pasara desapercibido el decreto de Hamán. Parte del plan de Hamán era que en Shushán no se supiera que las víctimas serían los judíos, para que el rey —y ningún miembro de la corte que pudiera influir en el rey —se llegara a enterar .  Mordejai no ingresa con su ropa de duelo al palacio, ya que estaba prohibido entrar así a la corte del rey.

A todo esto, en cada ciudad donde se recibía la noticia de que los judíos iban a ser exterminados —desde las colonias judías en la India hasta la comunidad judía de Yerushalayim — hubo una gran conmoción entre los judíos, con ayunos, llantos, lamentaciones y rezos. Muchos vestían arpillera y ceniza en señal de duelo aflicción.

Las damas de compañía de Ester y sus sirvientes le informaron a la reina que Mordejai estaba semidesnudo frente al palacio. El pasaje anterior nos revela que los judíos se habían vestido de luto y nos aclara así que Mordejai estaba «vestido de judío”.

Ester, que no tenia idea del decreto de Hamán, se estremeció profundamente y, pensando que Mordejai había sido atacado o robado (Leqaj Tob), le envió ropas con sus damas para que se vistiera, pero él no las aceptó. Ester comprendió entonces que su estado de duelo no era por una causa personal.

Versículos 5 – 11

Entonces, Ester llamó a su consejero de mayor confianza, Hataj, quien sabía sobre el origen judío de la reina y su parentesco con Mordejai. Lo pidió que averiguara qué había sucedido y por qué Mordejai vestía de esa manera.

Hataj se encontró con Mordejai en la plaza de la ciudad, frente a la puerta del palacio. Mordejai le contó todo lo que había sucedido entre él y Hamán: que él se había negado a postrarse ante Hamán y que, en represalia, Hamán había ofrecido dinero al rey a cambio de la destitución del pueblo judío (le-abedam). Además, Mordejai le entregó a Hataj una copia del texto completo del decreto (patsheguen) para que se lo mostrara a Ester. Allí se veía claramente el plan genocida de Hamán: el rey había sido engañado; el decreto no ordenaba solo la destitución de los judíos, es decir, la confiscación de todos sus bienes y pertenencias, sino su exterminio total (lehashmidam).

Finalmente, Mordejai le indicó a Hataj que Ester debía presentarse ante el rey para interceder y suplicarle por su pueblo.

Hataj le transmite a la reina el mensaje de Mordejai y Ester le pide a Hataj que le explique a Mordejai que lo que espera de ella es imposible:

“Todos los súbditos del rey saben que cualquier persona del reino, sea hombre o mujer, que se acerque al perímetro de seguridad del rey sin ser llamado será ejecutado” de inmediato. Esto se hacía por razones de seguridad: nadie podía acercarse demasiado al rey, y los guardias, que portaban largas hachas, tenían órdenes directas de ejecutar a cualquiera que cruzara el área de seguridad (Jatser haPenimit) sin autorización.

Esta medida no era excepcional. Ya vamos a Bigtan y Teresh que habían hecho un complot para matar al rey. También recordemos que Ajashverosh fue asesinado por uno de sus propios hombres de la guardia real, Artabano, en el año 465 a.e.c. Los emperadores eran extremadamente cuidadosos, al punto de la obsesión. El rey no tenía que dar la orden de ejecutar a quien traspasara la zona de seguridad, esto ocurrirá automáticamente,  a menos que el rey impidiera la ejecución extendiendo su cetro de oro y tocando al individuo que había ingresado sin ser llamado.

Ester le explica convincentemente a Mordejai que, por más que ella quisiera, no existe la oportunidad de encontrase con el rey. Si esto ocurriera, se entiende que el rey no dudaría en ejecutar a Ester. De hecho, ya había ejecutado a la reina Vashti por haber violado la ley. No hay razón para que este patrón no se repita. Ester también le confiesa a Mordejai que el rey tampoco la había llamado a la intimidad de sus aposentos en los últimos 30 días. No había, entonces, nada que ella pudiera hacer.

Versículos 12 – 17

Las palabras de Ester fueron transmitidas a Mordejai. Pero Mordejai sabe que si la reina no hace nada, el plan de Hamán se llevará a cabo.  Y, en cierta manera, le dice a Ester que deberá arriesgar su vida.

Las palabras inmortales de Mordejai son de las más emblemáticas de la Meguilá, ya que sugieren que cada uno de nosotros tiene una misión en la vida que no podemos desperdiciar.

“Ester, no pienses solo en salvar tu propia vida gracias a que estás en el palacio. Si no haces nada en esta oportunidad, la salvación y la supervivencia de los judíos llegarán por otra via— ya que Dios nos protegerá–  pero tú habrás perdido la oportunidad de salvar a Am Israel y de que tu acción sea recordada por siempre en tu honor y en el de tu familia. ¿Quién sabe si no has llegado a ser la reina precisamente para que actúes en esta ocasión?»

Al escuchar esto, la reina persa Ester se transformó en Hadasá, la mujer judía. Y se convenció de que debía arriesgar su vida para intentar salvar a su pueblo.

Entonces, le mandó decir a Mordejai que convoque a todos los judíos de la ciudad de Shushán y que ayunen —en señal de arrepentimiento (ver Yoel 4:3) y recen por ella. Que no coman ni beban durante tres días y tres noches. También Ester y sus damas de compañía ayunarán —y rezarán— del mismo modo.

Al cabo de esos tres días, Ester se presentará ante el rey, violando la ley al ingresar al perímetro de seguridad, dispuesta a morir en el intento por salvar a su pueblo.

Mordejai hizo correr la voz (vaya’abor) entre todos los judíos de Shushán e hizo todo lo que Ester le había indicado.




El Rab Jayim haCohen (1585-1655) los piratas, y sus libros

El Rab Hayim haCohen nació en Egipto en el año 1585. Su padre, el rabino  Abraham haCohen, pertenecía a una distinguida familia de Cohanim, descendientes de Don Yosef haCohen de España.

Desde muy temprana edad,  el joven Rab Hayim demostró cualidades excepcionales. Junto a un profundo amor por el estudio de la Torá, poseía un carácter moral refinado y una sensibilidad espiritual elevada. Mientras otros niños dedicaban su tiempo libre al juego, Hayim solía acudir a la sinagoga, entregándose al estudio de la Torá y al aprendizaje del servicio a Dios. Ya en su juventud era reconocido por su seriedad y devoción.

Durante su adolescencia, cuando la comunidad se reunía en la sinagoga en Shabbat, el joven Rab Hayim subía al púlpito y pronunciaba derashot sobre la parashá semanal, las leyes relacionadas con las festividades próximas y enseñanzas de musar (ética judía). Sus palabras conmovían profundamente a sus oyentes y le dieron tempranamente fama como maestro y predicador destacado.

En busca de estudios avanzados,  se trasladó más tarde a la ciudad de Safed (Tsefat), en la Tierra de Israel, donde estudió durante aproximadamente tres años con el Rab Hayim Vital, alumno del Rab Yosef Caro. Allí absorbió tanto las dimensiones reveladas como las internas de la Torá, características del singular ambiente espiritual de Safed. Este período lo preparó para las responsabilidades mayores que le aguardaban.

Desde Safed,   se trasladó hacia Aram Tsoba (Alepo), donde se estableció de forma permanente. Tras el fallecimiento del Rab Mordejai haCohen —yerno del célebre Rab Shemuel Laniado— el Rab Hayim fue nombrado rabino y presidente del tribunal rabínico de la comunidad de Alepo.

Bajo su liderazgo, la vida de Torá en Alepo floreció notablemente. Se fundaron nuevas escuelas elementales (ketab) y academias rabínicas (bate midrash), se añadieron nuevos bancos en la sinagoga y la vida comunitaria se centró cada vez más en el estudio y la erudición. El Rab Hayim sirvió a la comunidad durante décadas, período en el cual su autoridad halájica fue ampliamente reconocida. Consultas rabínicas sobre asuntos legales complejos le llegaban desde comunidades judías lejanas.

A lo largo de los años,  compuso una vasta obra escrita. Entre sus trabajos más importantes se encuentra su comentario al Shulján Aruj, el gran código de la ley judía redactado por el Rab Yosef Caro, maestro del maestro de Rabí Hayim. También escribió comentarios sobre Shir haShirim, Ejá (Lamentaciones), Meguilat Rut, el libro de Daniel y otras obras, todas en forma de manuscrito.

Aunque la imprenta ya se había difundido en Europa, todavía no había llegado a Alepo ni al Medio Oriente . La única opción real para publicar libros hebreos era Italia, en particular Venecia, que se había convertido en el principal centro de impresión hebrea. El Rab Hayim envió allí uno de sus manuscritos —un comentario al libro de Ester— pero al pasar los años sin que fuera publicado, decidió viajar personalmente para supervisar el proceso.

El Rab Hayim zarpó hacia Venecia junto a su hijo, llevando consigo todos sus manuscritos,  probablemente superaban la veintena. Pero antes de arribar a Italia,   el barco fue atacado por piratas que operaban desde la isla de Malta, un conocido centro de corsarios mediterráneos en el siglo XVII. Los piratas saqueaban cargamentos y capturaban personas y las vendían.  En medio del ataque,  el Rab Hayim y su hijo se tiraron al mar y milagrosamente salvaron sus vidas. Los manuscritos, sin embargo, quedaron a bordo del barco capturado. Los manuscritos hebreos eran considerados objetos de valor para los piratas, porque sabían qeu tarde o temprano encontrarían comunidades judías dispuestas a rescatarlos.

Pero para el Rabinio la pérdida fue devastadora. Décadas de estudio, enseñanza y escritura —la obra de toda una vida— se habían desvanecido en un instante. En su dolor,  elevó una plegaria a HaShem, pidiendo que sus libros le fueran devueltos o que se le concediera la fuerza y la claridad necesarias para reescribirlos. El rab Hayim nunca mas vió sus manuscritos , pero El Cielo le concedió la segunda petición.

Reescribir sus obras desde la memoria fue un desafío intelectual y emocional inmenso. No se trataba de apuntes sino de comentarios cuidadosamente estructurados, llenos de análisis halájico, precisión textual y profundidad conceptual. Durante varios años en Italia, el Rab se dedicó a la ardua tarea de reconstruir sus escritos perdidos, apoyándose únicamente en su memoria, disciplina y firme devoción a la Torá.

El primer libro que logró publicar fue Torat Jajam, una recopilación de sermones sobre las parashiot semanales, editada por Rabí Moshe Zacuto y publicada en Venecia en 1654. Ese mismo año, con la ayuda del Rab Shemuel Abohab, publicó el primer volumen de Meqor Hayim, su comentario al Shulján Aruj, desde el principio de Oraj Jayim hasta Hiljot Shabbat .

Para publicar el segundo volumen, titulado Tur Pitda, que inbluye las Halajot de Shabbat y Erubín, el Rab Hayim viajó a Livorno, Italia.   Pero allí falleció en el año 1655, durante la semana de la parashá Qedoshim.

Tras su muerte, algunos de los manuscritos que habían sido capturados por los piratas fueron finalmente recuperados. El Rab Yosef Hayim David Azulai (el Jid”a), en su obra bibliográfica Shem haGedolim, testimonia que tuvo en sus propias manos el manuscrito de Ateret Zahav, el comentario al libro de Ester escrito de puño y letra por el Rab Hayim haCohen.

Otra de sus obras , Migdal David, un comentario sobre Meguilat Rut, también fue recuperada, aunque posteriormente fue impresa en Ámsterdam en 1680 por un impostor que se atribuyó falsamente su autoría.

En tiempos más recientes, han salido a la luz otros escritos de Rabí Hayim.

Sus comentarios agadáicos al tratado Berajot fueron publicados en 1983 por la editorial israelí Qovets Bet Aharon veYisrael.

Varias de las obras de Rabí Hayim haCohen aún permanecen  en forma de manuscrito, a la espera de su publicación.

Hacer click AQUI para bajar el libro Torat Jajam.  




MEGUILAT ESTER – CAPÍTULO CINCO

VERSÍCULOS 1-4

Luego de haber ayunado —y rezado— por tres días, Ester se vistió con su vestimenta real. Se acercó a la corte del rey  y accedió a la sala interior del palacio, frente al trono. El acceso a este perímetro estaba prohibido y aquellos que ingresaban sin ser citados por el rey eran ejecutados.

El rey estaba sentado en su trono real, y vio a la reina Ester de pie muy cerca de él. Ester halló gracia ante sus ojos. Es decir, lejos de que el rey pensara que Ester representaba un peligro para su seguridad, al rey le gustó ver a Ester y extendió hacia ella su cetro para evitar que fuera ejecutada. Con esto, Ester alcanzó su primer objetivo: llamar la atención del rey: tener una comunicación con él y no morir en el intento. Como era de esperar, el rey le preguntó a Ester por qué había arriesgado su vida para verlo.  “¿Qué te trae por aquí, reina Ester? ¿Cuál es tu petición? Y le hace una elegante oferta de cortesía, “Pídeme lo que quieras, incluso la mitad de mi reino, y te lo concederé”.

Lo más lógico hubiera sido que Ester, en ese momento, le contara al rey por qué quería verlo: «Estoy aquí para pedir por mi pueblo, que va a ser ejecutado, y quiero solicitarte que los salves». Sin embargo, Ester no lo hizo. Sabía que solo tenía una oportunidad y no quería desperdiciarla. Si Ester le hubiera revelado al rey su petición, quizás el rey le hubiera dicho que él no dejaría que le pase nada malo a ella y a su familia, pero que el resto ¡es un tema de Estado!, un asunto político, reservado para los hombres.

Aparte, Ester no dijo nada en ese momento porque tenía planeado evitar ese posible argumento del rey —“no te metas en asuntos de estado”— creando de la nada un conflicto “personal” entre el rey y Hamán.

Ester le respondió al rey que su único pedido era que el rey asistiera esa misma noche a un banquete, un encuentro personal, menos oficial, donde Ester le revelaría su petición.  Pero Ester sorprende al rey pidiéndole que, junto con él, ¡venga Hamán! El rey tiene que haber quedado perplejo: ¿para qué traer a una cena íntima un tercero en discordia? Esto ya generaba una gran confusión en el rey. Y sospechas. “¿De quién habrá sido la idea de esta cena para tres? ¿Qué interés puede tener Ester? ¡La idea tiene que haber sido de Hamán! ¡Que convenció a la reina de arriesgar su vida por él!” Este punto, de quién fue la idea del banquete, queda más enfatizado cuando Ester dice: —“Si le place al rey, que venga hoy el rey con Hamán al banquete que he preparado para él”, es decir, para Hamán, porque no utiliza las palabraspara el rey”, como usualmente se expresa la Meguilá.

La trampa psicológica estaba tendida.

VERSÍCULOS 5-8

Y el rey y Hamán fueron al banquete que había preparado Ester.  Durante el banquete, entre copas,  el rey le pregunta a Ester:
—Dime, ¿cuál es tu deseo y te será concedido, cuál es tu petición? Me puedes pedir hasta la mitad del reino que te lo concederé”.

La respuesta de Ester es muy misteriosa:
“Mi deseo y mi petición son los siguientes”. Y aquí el texto sorprendentemente se detiene. Como si Ester estaba a punto de decirle al rey lo que quería, pero a último momento no pudo hacerlo. Quizás tuvo miedo. No era para menos porque esa conversación determinaría la supervivencia o el exterminio del pueblo judío.

Ester lo deja para mañana. “Si soy favorable a los ojos del rey y si al rey le place conceder mi deseo y atender mi petición, que el rey y Hamán vengan mañana al banquete que les voy a preparar; y allí haré lo que el rey me pide.”

El rey estaba inquieto, confundido. “¿Para qué otra cena? ¿Qué quiere Ester? ¿Qué está planeando junto con Hamán?». Su descontento se nota en su silencio. El texto no menciona ninguna respuesta del rey al pedido de Ester.

VERSÍCULOS 9-14

Quien sí estaba contento era Hamán.
«Hamán salió contento y con el corazón alegre. Pero cuando vio a Mordejai sentado a la puerta del palacio y que este no se levantó ni mostró respeto ante él, Hamán se llenó de furia contra él».

Hamán venía de un banquete donde él y el rey estaban en igualdad de condiciones. Su autoestima y arrogancia habían alcanzado su punto más alto. Y entonces vio a Mordejai, el Yehudí: la única persona del imperio que no se arrodillaba ante él.  Y se llenó de furia.   Pero se contuvo y fue a su casa. Mandó llamar a sus amigos y a su esposa Zéresh, para hacer una especie de catarsis.  Se vanaglorió de su inmensa riqueza, de sus numerosos y leales hijos, y de su cargo en la corte real: el rey lo había elevado por encima de todos los ministros y asistentes del rey.

«Y lo que es más», agregó Hamán, hoy «la reina Ester preparó un banquete y solo invitó al rey y a mí. Y también mañana estoy invitado por ella junto con el rey».

Y aquí su tremenda confesión: «Pero todo esto no vale de nada para mí cada vez que veo a Mordejai, el judío, sentado en la puerta del palacio», que ni siquiera se pone de pie ante mí.

Entonces su esposa Zéresh y todos sus amigos le dijeron. No hace falta que esperes hasta el 13 de Adar para deshacerte de él. Ordena que se erija un poste de 25 metros de altura y, por la mañana, pídele al rey que ordene empalar a Mordejai y luego, podrás ir feliz y satisfecho al banquete con el rey.

¿Por qué Hamán no había matado a Mordejai hasta ese momento? Porque la megavenganza de Hamán consistía en que Mordejai sufra por meses de culpa ante el inminente genocidio de su pueblo que él había causado. Pero ahora, se decidió que, para su propia salud mental, era una buena idea no esperar para ejecutarlo y mandó a preparar un alto poste para el empalamiento de Mordejai.