RESUMEN DE KI TABO

AGRADECIMIENTO

Lo primero que menciona nuestra Parashá es el precepto  de los Bikurim, es decir, llevar las primeras frutas que se cosechan al Templo de Jerusalem.  Este acto de agradecimiento a Dios por la tierra y sus productos se aplica a los siete frutos que caracterizan a la tierra de Israel: trigo, cebada, uvas, higos, granadas, aceitunas y dátiles. Cuando llega al Templo, el campesino judío recita una oración de agradecimiento a Dios, y presenta los frutos a los sacerdotes. Hoy en día, una de las maneras de agradecer a Dios por lo que nos concede, es diciendo las bendiciones por las comidas. Por ejemplo, hay 6 bendiciones que decimos antes de comer. Cada una de estas bendiciones se  refiere a un tipo de comida en particular: 1. Hay una bendición específica para el pan (hamotsí lejem min haarets). 2. Otra exclusivamente para el vino (boré perí haguefen), 3. Otra para los frutos de la tierra (boré perí ha-adama vegetales, hortalizas, legumbres, etc.).  4. Para los frutos de árboles (boré perí haets). 5. La bendición por productos hechos con harina (boré miné mezonot), y por último 6. Por todos los demas tipos de alimento (sheakol nihyiá bidbaró, agua, un caramelo, un helado, etc.) . De esta manera, a través de estas bendiciones continuamos agradeciendo a Dios por el privilegio de tener lo que comer, como lo hacíamos en los días del Templo con los Bikkurim.

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Luego se mencionan los diezmos, un impuesto del 10%,  que los agricultores judíos debían separar de sus productos. Este diezmo no se entregaba al estado para su redistribución, como los impuestos de hoy en día, sino que era repartido por los campesinos directamente a los sacerdotes, a los levitas y a los pobres. Durante algunos años de la cosecha, uno de los diezmos era llevado a Jerusalem para ser consumido allí por sus dueños. Todas estas reglas para el agricultor concluyen con la declaración de que él había cumplido con todos los deberes del diezmo y con una hermosa plegaria en la cual le ruega a Dios que siga bendiciendo al pueblo de Israel y a su tierra השקיפה ממעון קדשך מן השמים וברך את עמך את ישראל ואת האדמה אשר נתתה לנו כאשר נשבעת לאבתינו ארץ זבת חלב ודבש. “Oh Dios, bendice desde el cielo –Tu santa morada — a Tu pueblo Israel y a la tierra que nos has dado, tal como lo prometiste a nuestros antepasados [que nos concederás] una tierra que mana leche y miel”.

EL CUMPLIMIENTO DEL PACTO

Moshé le advierte al  pueblo que observen los mandamientos de Dios, recordándoles el pacto de elección mutua: Israel “eligió” a Dios para ser Su Dios, y Dios ha elegido a Israel para ser Su nación santa y protegida.  Como testimonio del pacto, Moshé instruye a los líderes que tomen unas piedras grandes cuando crucen el río Jordán y que escriban en esas piedras toda la Torá. Otro juego de piedras con la Torá grabada en las mismas también deberá ser erigido en el monte Ebal. Moshé les indica proclamar bendiciones y maldiciones (o advertencias tojajot) en los montes Gerizim y Ebal. Las bendiciones serán concedidas por Dios a todo aquel que observe la Torá, y las maldiciones recaerán sobre aquellos que la abandonen y no se comporten debidamente con Dios y con el prójimo. Los ancianos de la tribu de Leví se pararán entre las dos montañas, y los representantes de seis tribus se ubicaran en cada montaña. Los levitas y los sacerdotes proclamarán entonces las bendiciones y las advertencias al pueblo.

EL INCUMPLIMIENTO DEL PACTO

Luego la Torá dedica un largo texto con la descripción de las penurias y sufrimientos que caerán sobre los judíos si descuidan la observancia de la Torá. La lógica de esta idea es la siguiente: como vimos previamente, Dios se compromete a proteger a Israel mientras israel se comporte como el pueblo de Dios. Si la nación de Israel abandona el pacto y se aleja de Dios, se estará alejando automáticamente de la protección divina, y quedará así expuesta a la merced de sus implacables enemigos, que no tienen compasión por Israel. Estas tragicas cirucntacnias que le tocará vivir a Israel, comenzará con el exilio, cuando la Tierra Prometida “expulse” a sus habitantes judíos. Y este proceso continuará cuando las naciones reciban de mala gana a los refugiados judíos. En muchos casos comenzarán por explotar sus talentos y después se abusarán de ellos, quitándoles el patrimonio y luego la vida. En estas circunstancias el compromiso de protección Divina se limita entonces a la promesa de no permitir que el pueblo judíos desaparezca de la faz de la tierra. Y a recibirlo nuevamente y llevarlo de vuelta a su tierra, cuando recapacite y regrese a Dios [Teshubá]. Todas estas trágicas advertencias ya fueron experimentadas por el pueblo judío a lo largo de su trágica historia y muy especialmente durante la Shoah.

Para concluir y para ilustrar el amparo Divino a israel, Moshé le recuerda al pueblo todos los milagros que Dios ha hecho para con ellos, protegiéndonlos desde el momento de la salida de Egipto hasta ese mismo día.




KI TETSÉ: Andar con los ojos bien abiertos.

Por Rabbanit Coty Bittón.

 
 
LA PERASHÁ Y NUESTROS HIJOS
 
לֹא תִרְאֶה אֶת שׁוֹר אָחִיךָ אוֹ אֶת שֵׂיוֹ נִדָּחִים וְהִתְעַלַּמְתָּ מֵהֶם הָשֵׁב תְּשִׁיבֵם לְאָחִיךָ.
 
Debarim Capitulo 22. “1.No verás extraviado el buey de tu hermano, o su oveja, sin que te ocupes de ellos, sin falta los llevarás a tu hermano. 2 Y si tu hermano no vive cerca de ti, o si no lo conoces, entonces traerás lo que encontraste a tu casa, y lo cuidarás hasta que tu hermano lo busque; y entonces se lo devolverás. 3 …y lo mismo harás con cualquier cosa perdida que tu hermano haya perdido y que tú encuentres. No te estará permitido ignorarlo”. 
 
Cuando nuestro hijo mayor Yaakob tenía 5 años, viviamos en el barrio judío de Jerusalem, la ciudad vieja. Solíamos pasar las tardes en el parque junto con sus hermanitos. Y recuerdo que un día cuando regresamos a casa, me di cuenta que me había olvidado su triciclo en el parque. Yaakob estaba obviamente muy molesto. Se lo habíamos regalado hacia muy poco para su cumpleaños. Volvimos al parque, pero el triciclo ya no estaba allí y lo dimos por perdido. Fue muy triste y decepcionante….
 
Unos días más tarde, mi marido regresó del Bet Midrash y le dijo a mi hijo que lo iba a levar a un corto paseo. Aunque no me gustaba la idea, pues ya estaba en pijama y listo para dormir, confié en mi esposo. Me aseguro que volverían rápido y así fue; al ratito estaban de vuelta en casa “los  tres”: mi marido, mi hijo y su triciclo.
 
Resultó ser que camino a casa mi esposo había leído en uno de los “carteles” (lujot) del barrio una nota diciendo que se había encontrado un triciclo y que quien lo perdió podría recuperarlo al dar la descripción correcta del color, tipo de triciclo, y dónde se había extraviado. No tengo palabras para describir la cara de felicidad de mi hijo! Recuerdo nuestra sensación:  ¡Qué maravilloso es pertenecer a una sociedad en la que sabes que todo el mundo se preocupa por los demás!
 
Este evento nos presentó la oportunidad perfecta para explicarle a nuestros pequeños sobre la Mitzvá de hashabat abedá, que aparece en la Perashá de nuestra semana, Ki Tetsé.
 
En cualquier otra cultura o pueblo, uno viola la ley cuando roba o daña la propiedad de su semejante. Y mientras uno no cause daño a los demás, será un ciudadano ejemplar. Nuestra Torá exige mucho más de nosotros. No es suficiente abstenerse de dañar o perjudicar al otro. Tengo que cuidar de sus bienes y de su propiedad como si fuera la mía, y si por ejemplo, encuentro un objeto perdido lo debo cuidar y “buscar” al dueño. En el pueblo de Israel, quien encuentra algo perdido, no sólo no lo puede conservar: Tiene que molestarse en recogerlo, llevarlo a su casa, escribir la nota, publicarla y estar dispuesto a atender a todos aquellos que vengan a reclamarlo hasta que alguien identifique los elementos (simanim) que caracterizan al objeto perdido .
 
Rambam explica en Moré Nebujim que el propósito principal de esta Mitzvá es afectar positivamente el carácter de los individuos del pueblo judío. La Torá nos entrena y nos ayuda a desarrollar un grado de sensibilidad hacia el prójimo. Se nos exige andar siempre con los ojos abiertos a las necesidades de los demás ¿Hay alguien aquí que precisa de mi ayuda? Aunque tenemos que respetar la privacidad de los demás, tenemos que tener cuidado de que eso no nos lleve a un nivel de indiferencia. “No es de mi incumbencia” se aplica para muchos temas privados en las vidas de mis amigos y conocidos, pero NO en situaciones en las que necesita ayuda. Como en el caso de hashabat abeda, tengo que estar dispuesto a aisistir aunque no me lo hayan pedido.
 
Cuando enseñamos a nuestros hijos acerca de esta Mitzvá les estamos enseñando a ser sensibles. “¿Tu amigo está triste? ¿Estará pasando por un mal momento? ¡Preguntale si puedes ayudar!  Una nueva alumna llegó a la escuela. ¿Será tímida? ¿Se sentirá con miedo? Trata de pensar por lo que esta pasando. No conoce a los maestros ni a las demás alumnas. Abre tus ojos, no la ignores. Trata de acercarte a ella y ofrécele tu amistad.”
 
Para poder cumplir con la Mitzvá de hashabat abedá no se puede cerrar los ojos e ignorar lo que ocurre a mi alrededor. Hay que desarrollar una sensibilidad especial para identificar las necesidades de los demás y estar dispuesto a invertir tiempo y esfuerzo para ayudar.
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Rabbanit Coty Bittón is a certified marriage and family counselor. Her weekly Torah classes are rich in relationship advice and home improvement. Her Shalom Bayit and parenting classes combine modern psychology and Tora knowledge.  Her email address for referrals and consultations is: cotybitton@yahoo.com. 



PARASHAT SHOFETIM: La ley y el órden, y la Teshubá

Esta semana, la Torá describe el sistema judicial del pueblo judío. Hay un rey, que tiene que ser humilde y vivir en relativa austeridad, reconociendo que por encima de él hay otro Rey: HaShem, el Rey de Reyes. Como recordatorio constante, el rey judío tenía que llevar consigo su propio Sefer Torá «todos los días de su vida».
También tenemos «Shofetim», jueces, los encargados de administrar la justicia. Los jueces judíos tienen que ser honestos, deben rechazar los sobornos y aborrecer la corrupción, y juzgar con la mayor objetividad posible, sin reconocer las caras de amigos, celebridades, pobres o ricos. Los Shofetim generalmente no actúan por sí mismos (cuando lo hacen, actúan más como mediadores o árbitros), sino en un Bet Din, un tribunal judicial generalmente compuesto por tres jueces para demandas civiles y mercantiles o para delitos menores.
La Torá menciona también a los «Shoterim», oficiales o agentes de la ley, algo similar a la fuerza policial y al sistema penitenciario juntos. Ellos aplicaban las leyes, las multas, los reglamentos, etc.
Cabe observar que el pueblo judío tenía este sofisticado sistema de «ley y orden» en un tiempo en el que los pueblos vecinos de Israel vivían en la anarquía, practicando libremente el parricidio y la violación, y donde la ley, basada en el nepotismo, era la prerrogativa del tirano de turno y del físicamente más fuerte.
Los Jajamim del Musar vieron algo más en las primeras palabras de esta Parashá, algo que se relaciona con el comienzo del mes de Elul y el proceso de Teshubá, arrepentimiento. Las primeras palabras literalmente significan: «Jueces… deberás asignar para ti mismo». Cuando analizamos nuestra propia conducta, por lo general adoptamos el rol de «abogados» de nosotros mismos. Naturalmente, defendemos nuestras propias acciones. Pensamos más acerca de nuestras siempre-buenas-intenciones que acerca de los resultados de lo que hemos hecho mal. De esta manera, nos absolvemos a nosotros mismos del mal proceder y nos liberamos de la culpa. Nuestros rabinos observaron hace mucho tiempo las dificultades psicológicas que debemos sortear cuando queremos evitar esta actitud: «kol derekh ish yashar be’enav», «todo lo que una persona hace es (o termina siendo) correcto a sus propios ojos».
Las palabras: «Jueces… deberás asignar para ti mismo», nos enseñan que la Teshubá no es posible a menos que abandonemos la zona de confort de la auto-defensa y tengamos el coraje de observarnos a nosotros mismos «desde el balcón» (=como otras personas nos ven). Juzgarnos a nosotros mismos con la objetividad de un juez, y no con la indulgencia de un abogado, es un prerrequisito fundamental para que nuestra Teshubá sea efectiva.

SHABBAT SHALOM!



Los 10 mandamientos y el cristianismo

Pregunta: ¿Por qué los 10 Mandamientos no son tan conocidos?  ¿No deberían ser los 10 Mandamientos el primer texto que se estudie  (¡y se memorice!) en toda escuela judía?
Creo que necesitamos un poco de historia para entender lo que ocurrió…
Por un lado, la recitación de los 10 Mandamientos está registrada en la Mishná (Tamid 5:1) como parte de la litúrgica diaria del Bet haMiqdash (que continuó hasta el año 68 de la era común).  ¿Por qué entonces no recitamos todos los días los 10 Mandamientos?
La respuesta se encuentra en la Guemará Berajot 12a: Varios rabinos en el siglo 3 y 4 de la era común trataron de re-instituir la recitación de los 10 Mandamientos en Babel, que en ese entonces era el epicentro de la vida judía en la diáspora, pero las cortes rabínicas no lo autorizaron. ¿Por qué?  Las crípticas palabras que usa  la Guemará en hebreo son:   מפני תרעומת המינים , que significa más o menos, “debido a las escandalosas [ideas y prácticas] de los herejes”. Pero  ¿A qué y a quién se refiere la Guemará?
En el nuevo testamento, escrito en los tiempos de la Guemará, siglos 3 y 4 de la era común, se habla de los 10 Mandamientos como “los únicos preceptos revelados directamente por Dios”, y por lo tanto se los toma como “los únicos mandamientos que son obligatorios para los seguidores de la iglesia”. Implicando que todos los demás mandamientos NO son de origen Divino “directo” y por lo tanto no son mandatorios.  No puedo extenderme demasiado en el tema de por qué la iglesia cristiana formuló estratégicamente una especie de “judaísmo light”, una nueva religión desprovista de casi todas las obligaciones técnicas, pero, puedo referir al lector interesado en el tema al libro de Paul Johnson,  “La historia del Cristianismo”. En las primeras páginas de este fascinante libro Johnson describe los debates de los apóstoles respecto a qué partes de la ley judía deberían seguir siendo obligatorias en la “nueva religión”. Johnson nos cuenta que miles de romanos se sentían muy atraídos hacia el monoteísmo y la ética judía, pero no estaban dispuestos a circuncidarse, dejar de trabajar en Shabbat, cuidar las leyes de kashrut, etc. y por lo tanto muy pocos romanos se convirtieron al judaísmo.
Los apóstoles vieron aquí una gran oportunidad: la conversión potencial de miles de romanos a su nueva religión sería factible si el judaísmo fuera más fácil, menos demandante. Y así surgió el cristianismo, como una versión “menos estricta” del judaísmo. La circuncisión, por ejemplo, fue reemplazada por el bautismo, y prácticamente todas las leyes rituales como Kashrut, por ejemplo, fueron derogadas. Todas  excepto  los 10 Mandamientos…
La Guemará, tanto en su edición original (siglo 6 de la e.c.) como en las ediciones impresas en la edad media, menciona genéricamente a los “herejes”. Y no podía ser más explícita y mencionar directamente al cristianismo, ya que cualquier referencia  que pareciera crítica contra la iglesia, podría desencadenar persecuciones y matanzas de judíos.  De cualquier manera la referencia de la Guemará no deja lugar a la ambigüedad.
Este debate en torno a los 10 Mandamientos generó también una pregunta muy famosa: ¿Debemos ponernos de pie cuando escuchamos la lectura pública de los 10 Mandamientos en Yitró y vaEtjanán?
Maimónides dijo que NO. Y explicó que mientras que para otras religiones los Diez Mandamientos están por encima de los otros mandamientos de la Biblia hebrea, para la tradición judía los Diez Mandamientos son, evidentemente, una parte esencial de la Torá, pero NO son más importantes que todos los demás preceptos Bíblicos. Para enfatizar este concepto fundamental y expresar la creencia judía en la uniformidad de todas las Mitsvot de la Torá en cuanto a su importancia y origen Divino, Maimónides prohibió ponerse de pie cuando los diez Mandamientos se leen en la Sinagoga, para que no demos a entender que los otros 603 mandamientos pertenecen a una categoría inferior (El Rab Obadia Yosef z”l escribe que a fin de no contradecir a Maimónides, cuando se leen los 10 Mandamientos en público, se puede invitar a subir a la Torá a una persona erudita o un anciano y así nos ponemos de pie en honor a esa persona, y no particularmente por los 10 Mandamientos).
Volviendo a nuestra pregunta original, ¿por qué los 10 mandamientos no son más y mejor conocidos y estudiados? Es muy posible que este largo debate acerca de la importancia suprema que otras religiones le atribuyen a los 10 Mandamientos haya colaborado para que lamentablemente los estudiemos un poco menos.
Debemos remediar esta situación estudiando un poco más en profundidad 10 Mandamientos y explorando cada mandamiento en particular.
 
Para encontrar todos los textos mencionados en este artículo, y muchas más referencias sobre el debate rabínico acerca del rol de los Diez Mandamientos hacer click aquí  (hebreo). 



Nosotros, los rabinos

ESCRITO EN 2018
Ayer recibí un correo electrónico del presidente de mi comunidad y mi buen amigo, el Sr. Albert Laboz. El email recibido  tenía un archivo adjunto: una carta escrita por el Sr. Al Gindi (se pronuncia “Guindi”), z “l, que falleció hace unos días. El Sr. Guindi era famoso por sus actos de filantropía, su integridad y sus esfuerzos por fortalecer los valores religiosos de la comunidad judía siria de Nueva York.
La carta estaba dirigida al Sr. Ezra Ashkenazi, un conocido líder de la comunidad y benefactor. El tema de la carta no era una conversación personal entre estos dos gigantes comunitarios; en realidad, el título de la carta era “Jilul HaShem”, la profanación del nombre de Dios, y la carta estaba dedicada a los rabinos.
En su carta, el Sr. Guindi urge a los rabinos de la comunidad a abordar asuntos directamente relacionados con la moralidad, la ética en los negocios y la justicia. En su opinión, nosotros, los rabinos, estamos demasiado centrados en asuntos relacionados con el ritual y no prestamos suficiente atención al desarrollo del carácter. Aclarando que no está diciendo, Dios no lo permita, que lo ritual no es importante, el Sr. Gindi escribe que los rabinos deben encontrar un equilibrio entre enseñar los preceptos hacia Dios y predicar acerca de la conducta en las relaciones interpersonales. Los rabinos —plantea el Sr Gindi-deberíamos dedicar más tiempo y más discursos públicos a enseñar a la comunidad acerca de la integridad
¿Y por qué deberíamos nosotros, los rabinos, centrar nuestra atención en cuestiones de ética judía? Porque la comunidad lo necesita En el mundo de los negocios, el Sr. Gindi ha sido testigo de prácticas predatorias, de abuso, de maltrato de empleados gentiles, etc. Estos malos hábitos no solo son intrínsecamente incorrectos. Estas prácticas también le dan un mal nombre a la comunidad judía. Y llevan al peor pecado concebible: la profanación del nombre de Dios o “Jilul haShem”, que ocurre cuando en nuestra vida cotidiana y en nuestro comportamiento los judíos “mal representamos” la Torá que se supone que debemos “representar” con la mayor fidelidad.
Aunque su carta es del 2004, el mensaje es fuerte, claro y sigue siendo relevante en 2018. En la misiva del Sr. Guindi, él amablemente trató de explicar por qué los rabinos no hablamos de este tema. Dijo que los rabinos probablemente no están al tanto de lo que sus feligreses hacen en sus negocios. Es por eso que no abordan los problemas. Es necesario entonces informar a los rabinos de lo que está pasando, para que puedan enseñarnos lo que debemos hacer.
La carta z’l del Sr. Guindi me movió a dedicar la Halajá del día de hoy a su importante mensaje.
Sus preocupaciones resonaron en mi mente como un viejo eco de las palabras de Yesha’ayahu, Isaías, el Profeta, y lo que leemos en la Haftará antes de Tish’a beab y en la mañana de Iom Kipur.
Yesha’ayhu, más que cualquier otro profeta, denunció con mucha fuerza la situación moral y las injusticias sociales prevalecientes en su tiempo. Acusó a la gente de Yerushalayim de avaricia material y falta de integridad
Sus monedas de plata son falsas, su vino es adulterado.
Sus líderes políticos son corruptos … Se venden al mejor postor y aceptan sobornos. No defienden a las personas sin hogar, y no defienden a los indefensos.
(Isaías 1:22)
Palabras muy impactantes, de hecho. Pero el aspecto más poderoso de las palabras de Yesha’ayahu es que denunció que en su época muchas personas usaban los rituales religiosos como los sacrificios, para encubrir su mal comportamiento en los negocios. Para usar un término moderno, Yesha’ayahu acusó a sus contemporáneos en Jerusalén de “hipocresía religiosa”, manifestándose como piadosos en el Templo y comportándose como ladrones en su negocio.
La situación actual de la comunicada, obviamente, esta muy lejos de lo que describió Yesha’ayahu. La comunidad en general tiene un muy buen nombre y prestigio. Se sabe que los miembros de la comunidad son honorables, extremadamente generosos, hombres de familia, guiados por principios. Pero las palabras de Yesha’ayahu y la carta del Sr. Gindi deberían hacernos comprender los peligros potenciales de no prestar suficiente atención y tiempo a cuestiones de integridad religiosa.
Mucho ya se está haciendo. Multitudes vienen a clases de Tora. Y prácticamente todos los miembros de la comunidad asisten regularmente a la Sinagoga. Este “acto de presencia” por si mismo ya ayuda a las personas a sentir una conexión mejor y más fuerte con Dios. Y al final, una conexión sólida con Dios es lo que hace que las personas se comporten con honestidad y actúen con integridad. El señor Gindi, su familia y muchos otros hombres de negocios y empresarios judíos son un gran ejemplo de cómo la Tora que aprendemos en la sinagoga se queda con nosotros y nos guía cuando dejamos los muros de la sinagoga.
Pero lo que el Sr. Gindi dice en su carta es que los rabinos debemos aspirar a hacer más … Necesitamos hablar más explícita y directamente sobre la integridad. Además de inspirar a nuestros feligreses a sentir conscientemente la presencia de Dios fuera de la sinagoga, también deberíamos tratar de equiparlos con más detalles y ejemplos de lo que la Torá espera de nuestro comportamiento en el lugar de trabajo y en nuestros asuntos mundanos.
Trataré de hacer mi parte.
Rab Yosef Bitton
Manhattan Beach, NY.
Con la autorización de la familia, enviamos aquí la copia de la carta original del Sr Guindi (inglés).



¿Cómo sabemos que Dios existe?

La Parashá de esta semana, Vaetjanán, contiene dos textos cardinales de la fe judía: Los Diez Mandamientos y la primera parte del Shemá Israel. Hoy analizaremos brevemente el primer versículo del Shemá (Para aprender un poco más acerca de Los Diez Mandamientos, consulta el enlace a continuación).

Para empezar, recordemos que el Shemá Israel no es formalmente una plegaria. No es un texto en el que alabamos a Dios o pedimos Su ayuda. El Shemá que recitamos todos los días contiene nuestra declaración de fe en la existencia y unidad de Dios, nos educa a amar a Dios, nos insta a cumplir Sus mandamientos y nos exhorta a comportarnos con moralidad y decencia.

¿CÓMO SE DICE «DIOS EXISTE» EN HEBREO?

El primer versículo del Shemá Israel contiene las tres ideas que constituyen los principios de nuestra fe:

שמע ישראל ה אלוקינו ה אחד
«Escucha, Israel, HaShem es nuestro Dios, HaShem es uno»

  1. Que Dios existe.
  2. Que somos los únicos testigos de Su revelación.
  3. Que Dios es uno.

La palabra más significativa en este tema, irónicamente, no está explícitamente escrita en el pasuq (versículo bíblico). Nuestro versículo dice literalmente: «Escucha Israel, HaShem nuestro Dios, HaShem uno». Pero la traducción correcta es: «Escucha Israel, HaShem ES nuestro Dios, HaShem ES uno». ¿Por qué estos dos verbos no están explícitamente incluidos en este versículo? Porque en hebreo bíblico los verbos no se conjugan en el presente de la manera que ocurre en otros idiomas. Para indicar el presente, en hebreo solo se usa el pronombre y el sustantivo. Cuando digo, por ejemplo, ANI QORE, que generalmente se traduce como «yo leo», en realidad estoy diciendo «en este momento, ‘soy’ un lector». Es por eso que cuando se quiere decir el verbo «ser» en presente, «es» o «soy», ¡no se dice nada! Si quiero decir «esta silla ES blanca» diré «hakisé laban» = «la silla… blanca». Y cuando quiero decir «HaShem ES nuestro Dios» diré «HaShem… nuestro Dios».

Irónicamente, la idea de «SER» que está escondida entre la palabra “HaShem” y la palabra “nuestro” transmite el mensaje más importante de todo el Shemá Israel: la afirmación de que Dios «ES», es decir, que Dios «EXISTE», lo cual constituye el principio número uno de la fe judía.

¿CÓMO SABEMOS QUE DIOS EXISTE?

La respuesta a esta pregunta se presenta en la segunda parte de este versículo: «HaShem es ‘nuestro Dios’». Aquí el énfasis no está en la palabra «es» sino en la palabra «nuestro».

En el judaísmo, la creencia en Dios se basa, en primer lugar, en el hecho de que los judíos somos los únicos testigos de la Revelación Divina (אתם עדי). En el Monte Sinaí, cuando Dios nos eligió entre todas las naciones, y nos dio Su Tora, se reveló a nuestros antepasados transmitiendo los primeros dos mandamientos. La revelación Divina no se manifestó a través de imágenes. De hecho, la Torá nos advierte seriamente de no crear imágenes visuales imaginarias de la revelación Divina, como hacen otras religiones. La revelación de Dios (en hebreo: ma’amad har sinai) se describe así: «y todo el pueblo veía las voces [que llegaban de Dios]». La Tora utiliza un lenguaje excepcional, «ver las voces», para indicar un evento extrasensorial, sobrenatural, una especie de telepatía profética. Este evento “impactante” (incluso “traumático”) quedó grabado en nuestra memoria genética, y nos convertimos así en el único grupo humano que ha experimentado directa y colectivamente la Revelación Divina. El rabino Yehuda haLeví mencionó hace unos 1.000 años que otras religiones ni siquiera han pretendido falsamente haber experimentado una revelación colectiva, algo que es imposible de sostener. Las religiones gentiles se adjudican, en cambio, supuestas revelaciones “privadas” a individuos como Yeshu, Mahoma o Joseph Smith.

Ahora podemos entender mejor el segundo mensaje del Shemá Israel: “HaShem es NUESTRO Dios”. Dios se reveló a nosotros, todo el pueblo de Israel, y esta experiencia de la revelación divina nos ha transformado hasta el día de hoy en los privilegiados testigos de Su existencia.

Claro que esta fe genética debe ser desarrollada por nosotros mismos, procurando un conocimiento más personal de Dios, el cual se incrementa a través de estudiar Su Torá y observar y admirar Su creación. Ambos “libros”: la Torá y la Creación, revelan una Sabiduría que no es humana y dirigen así nuestra mente y nuestro corazón hacia un reconocimiento más profundo del Autor/Creador de ambas obras.

¿QUÉ SIGNIFICA QUE DIOS ES UNO?

El monoteísmo judío, la creencia de que solo hay un Dios y que no existe ningún otro poder independiente de Él, es probablemente la idea más revolucionaria de la Torá. ¿Por qué? Porque el monoteísmo era una idea totalmente contra intuitiva. Veamos. Para el hombre antiguo, era imposible pensar que solo existía un Dios. Los seres humanos naturalmente percibimos la realidad en términos de eventos conflictivos y opuestos: vida y muerte;  guerra y paz; alegría y dolor, etc. Para la mente pagana era imposible concebir que el complejo espectro de esta realidad ¡proviene de un solo Dios! La conclusión más normal, intuitiva y lógica es que el mundo está gobernado por múltiples dioses, cada uno a cargo de un determinado poder: este el dios del bien y el dios del mal;  el dios de la luz y el dios de la oscuridad. Y esos dioses están en un conflicto permanente entre sí y se pelean para sobreponerse el uno al otro. Desde el aspecto psicológico, el politeísmo también es la forma más natural de proyectar lo mas violento de la realidad humana: los dioses poseen los mismos conflictos, intereses y apetitos que los seres humanos que se pelean entre sí para imponerse uno al otro .

Concebir UN SOLO DIOS de quien derivan todos los aspectos contradictorios y opuestos de nuestra compleja realidad humana, es absolutamente  revolucionario y casi «insano».

Puede ser difícil para nosotros percibir hoy la magnitud y el increíble impacto de la idea del monoteísmo en la humanidad, simplemente porque la mayoría del mundo civilizado ha rechazado el politeísmo y ha adoptado el principio establecido en el Shemá Israel.

Para resumir: El primer versículo del Shemá Israel no es una oración que rezamos a Dios. Es un texto bíblico dirigido hacia nosotros (Escucha Israel). Nos recuerda los tres principios más importantes del judaísmo y nos exhorta a recordarlos todos los días, recitándolos como una proclamación de lealtad hacia nuestro Dios.

Rab Yosef Bittón




Carne y vino durante los 9 días

“Cuando comienza el mes de Ab, minimizamos nuestra alegría” 

Los primeros días del mes de Ab deben ser dedicados a prepararnos para el duelo por la destrucción del Bet haMiqdash y por otros tristes acontecimientos que recordamos en el 9 de Ab. Con esta finalidad, minimizamos nuestra alegría evitando celebraciones (casamientos, compromisos) y también nos abstenemos del consumo de carne y vino. ¿Por qué carne y el vino? Porque se ofrecían en el Bet haMiqdash como parte de los sacrificios animales diarios (qorbanot) y las libaciones (nisujin), de manera que al abstenernos de estos alimentos expresamos nuestro anhelo por ver al Bet haMiqdash reconstruido en nuestros días.

La Mishná en Taanit (26b) menciona la prohibición de comer carne y beber vino en la Se’udat haMafseqet, es decir, durante la comida justo antes de que comience el ayuno de Tisha Beab. Y esta es la costumbre de los judíos del Yemen hasta el día de hoy: evitan comer carne y beber vino sólo durante la comida antes del ayuno.

Con el tiempo, la mayoría de las comunidades judías extendieron la restricción de comer carne y beber vino durante un período de tiempo más largo. El Shulján Aruj (551:9) menciona tres costumbres diferentes: abstenerse de carne y el vino 1.desde el 17 de Tamuz. 2. desde el comienzo del mes de Ab. 3. sólo durante la semana del 9 de Ab (.

En las siguientes líneas vamos a explicar las tradiciones más aceptadas en este tema.

CARNE

En la mayoría de las comunidades Sefaradíes la tradición es evitar comer carne desde el principio del mes de Ab. El rabino Obadia Yosef z”l menciona que en la mayoría de las comunidades sefaradíes la restricción de la carne comienza sólo después de Rosh Jodesh .  En las comunidades Ashkenazíes, y en algunas comunidades Sefaradíes (en Yerushalayim, por ejemplo), se evita comer carne también durante el día de Rosh Jodesh siguiendo la tradición del Ari z”l (Peniné Halajá). Algunas comunidades sirias (shmami, Damasco) siguen la costumbre de privarse de carne solamente durante la semana de Tish’a beAb.

La restricción de la carne incluye también evitar el consumo de aves (pollo, pavo, etc.). El consumo de pescado está permitido durante los nueve días.

Estas restricciones no se aplican en Shabbat, por el contrario, durante Shabbat debemos comer carne para celebrar al Séptimo Día.

Una persona que está enferma o débil, o una mujer durante los primeros treinta días después de dar a luz, pueden comer carne en estos días. Los rabinos aconsejan que en estos casos, si es posible, se consuma pollo en lugar de carne roja.

Los niños no están sujetos a la restricción de la carne. Pero el Rab Obadia Yosef recomienda que un año antes del Bar o Bat Mitsva, una vez que los niños están capacitados para entender mejor el significado del luto por el Templo, también deben evitar comer carne.

Si una Se’udat Mitsva, por ejemplo un Berit Milá, se lleva a cabo durante estos días, se permite servir carne en la comida. En el pasado reciente, en muchas comunidades no se servía carne en estas celebraciones porque la Shejitá, la matanza kosher de animales, se suspendía una vez que el mes de Ab comenzaba, y la carne fresca, por lo tanto, no se podía conseguir.

VINO
La costumbre Ashkenazi es abstenerse también de beber vino durante los nueve días. Los sefardíes tienen tres tradiciones diferentes. 1. Hay quienes incluyen el vino de restricción de los Nueve Días. 2. Hay aquellos que evitan el vino solo durante la semana de Tish’a beAb. 3. Hay comunidades  que no incluyen en absoluto la restricción del vino durante los Nueve Días. La tradición de la comunidad Siria y otras comunidades Sefaradíes es  abstenerse de comer carne y beber vino una vez que comienza el mes de Ab, con excepción de Rosh Jodesh Ab y Shabbat. Otras bebidas alcohólicas, como la cerveza, no están prohibidas durante los nueve días.

CORTARSE EL PELO Y AFEITARSE
La costumbre Ashkenazi es prohibir afeitarse y cortarse el cabello durante las tres semanas. En la mayoría de las comunidades sefardíes, los hombres evitan afeitarse y cortarse el cabello solo durante la semana de Tish’a beAb. Esta es la opinión de Shulchan Arukh. En algunas comunidades sefardíes, los hombres no se cortan el pelo desde Rosh Jodesh Ab, pero se les permite afeitarse hasta la semana de Tish’a BeAb. Las mujeres no están sujetas a estas restricciones respecto a cortarse o arreglarse el cabello. Cada persona debe seguir la tradición de su comunidad.

LOS 9 DIAS SE CUENTAN DESDE ESTA NOCHE, 5 de  DE AGOSTO HASTA FINALIZADO EL DIA DE TISHA BEAB, MARTES 13 DE AGOSTO

Consulte con el rabino de su comunidad sobre la tradición y las costumbres a seguir. 




El Rab Portaleone (1542-1612) y el programa de estudios de Torá de 4 horas diarias

SUS PRIMEROS AÑOS
El rabino Abraham Portaleone (אברהם משער אריה, 1542-1612) nació en la ciudad de Mantua (Mantova), Italia. La familia del rabino Abraham se encontraba en una buena posición económica y esto les permitía, entre otras cosas, brindar a los hijos la mejor educación posible, tanto en Torá como en estudios seculares. El joven Abraham comenzó a estudiar Torá con su padre, como era la tradición en esos tiempos. Luego, su padre contrató para él tutores privados que eran grandes luminarias de Torá, como el rabino Moshé Kazés y el rabino Ya’aqob MiPano. También estudió en profundidad los libros e ideas de Maimónides con el rabino Yosef Sinai. Su ordenación rabínica le fue otorgada por su mentor, el rabino Abraham Provenzal, quien fue también su constante fuente de inspiración (רבו המובהק). Con él, subraya el rabino Portaleone, «tuve el mérito de estudiar Guemará», es decir, el Talmud. Aparentemente, esta observación parece ser un énfasis innecesario, a menos que recordemos que las interminables persecuciones que los judíos tuvieron que soportar en la Europa cristiana incluían la confiscación y la quema de cada copia del Talmud que la Iglesia y sus oficiales pudieron encontrar. En 1553, por ejemplo, los inquisidores confiscaron todos los ejemplares del Talmud, y en Rosh HaShanah de ese año (9 de septiembre) el Talmud y muchos otros libros judíos fueron quemados en el Campo dei Fiori. En 1559 por orden de Pablo IV, uno de los Papas más antisemitas de todos los tiempos, los judíos tenían que entregar su Talmud o arriesgarse a ser expulsados ​​y sus propiedades confiscadas. De abril a mayo de ese año, la Iglesia quemó entre diez y doce mil volúmenes del Talmud. Por lo tanto, durante el resto del siglo XVI, no se pudo encontrar una edición completa del Talmud en ninguna parte de Italia.
 
TORA Y MEDICINA
Paralelamente a sus estudios de Torá, el joven rabino Portaleone estudió medicina. Para los rabinos sefaradíes e italianos, el ejercicio de la medicina era una profesión y una fuente de ingresos digna. La familia Portaleone ya contaba con cuatro generaciones de médicos. El propio rabino Provenzal le enseñó al joven Abraham los conceptos básicos: fisiología, ciencias y latín, el idioma de los estudios académicos. Después de tres años de estudios intensivos, el rabino Portaleone recibió su título de Doctor en Medicina de la Universidad de Pavía, una ciudad cercana a Milán, a la edad de 21 años (¡sic!). En su libro Shilté haGuibborim afirma que incluso durante esos años que se dedicó a la medicina intensivamente, nunca dejó pasar un día sin estudiar Tora. Y atribuye su constancia en el estudio de la Torá a la inspiración del rabino Abraham Provenzal. A la edad de 24 años, recibió su licencia para ejercer la medicina de manos de 35 médicos en la ciudad de Mantua. Al principio trabajó a las órdenes de su padre en su consultorio médico y poco a poco lo fue reemplazando, ya que su padre no gozaba de buena salud. En aquellos días, los médicos judíos tenían prohibido tratar a pacientes no judíos, a menos que tuvieran un permiso especial. En 1573, el Papa Gregorio XIV le concedió al Rab Portaleone una dispensación especial para atender pacientes cristianos. También fue nombrado médico de don Guglielmo Gonzaga, duque de Mantua, y a petición suya escribió dos tratados de medicina: el más conocido es un libro sobre las propiedades curativas del oro. A lo largo de su vida, también se desempeñó como Mohel de la comunidad y en su registró menciona la circuncisión de 360 ​​bebés. También era el médico jefe de la comunidad judía y trataba sin cargo a los miembros necesitados de la comunidad.
 
AÑORANDO EL BET HAMIQDASH
A la edad de 62 años, el rabino Portaleone contrajo hemiplejia, la parálisis de medio cuerpo. Pasó nueve meses postrado en la cama. Cuando finalmente se recuperó, comenzó a escribir su obra maestra, el libro “Shilte haGuiborim”. Este texto fue escrito como una guía de oración y estudio de la Torá para sus tres hijos (dos de ellos también fueron médicos), y la mayor parte de los 90 capítulos del libro están dedicados al Bet haMiqdash, el Templo Sagrado de Jerusalem, ya que las oraciones que recitamos diariamente son en realidad en lugar de los sacrificios que se ofrecían en el Templo. El autor describe la construcción y la arquitectura del Templo, los utensilios que allí se usaban, los Servicios Divinos: los sacrificios, el incienso, etc. Shilte haGuibborim es quizás el libro más completo jamás escrito sobre el Gran Templo de Yerushalayim. Es prácticamente una enciclopedia de todo lo que uno necesita saber sobre el Bet HaMiqdash. Además, el autor enriquece nuestro conocimiento comparando cada tema con información científica, técnica e histórica contemporánea, mostrando que la Torá se anticipó al conocimiento de su época por siglos o milenios. El libro describe, por ejemplo, los diferentes cánticos que cantaban los levitas y los instrumentos musicales que se empleaban en el Templo; gemología y mineralogía para identificar las piedras que solía usar el Cohen Gadol. Mi parte favorita son los once capítulos (78-88) que dedica a explorar e identificar una por una todas las plantas y especies utilizadas en el Quetoret (incienso).
 
MAAMADOT
En los tiempos del Bet HaMiqdash, se ofrecían diariamente sacrificios e incienso. Estas tareas eran llevadas a cabo por los Cohanim y los Leviim. Había 24 guardias de Sacerdotes que servían en el Templo por dos semanas cada año. Estas guardias de Cohanim se llamaban Mishmarot. Mientras estos sacrificios se realizaban en el interior del Templo en la parte exterior del Templo (ver imagen principal) y en varios pueblos en todo el territorio de Israel, un grupo selecto de voluntarios (también divididos en 24 guardias), en su mayoría israelitas, pero también Cohanim y Levitas, participaban de un Servicio Divino diferente: dedicando unas horas al día a la oración intensa, al ayuno y al estudio de la Torá: estudiando cada día de la semana en un texto diferente Estos grupos eran conocidos como Ma’amadot (ver más información aquí). La pregunta que queda es: ¿Hay algo que podamos hacer en nuestros días para compensar por las Mishmarot y los Ma’amadot del Bet haMiqdash? Si bien los sacrificios ya no se pueden ofrecer porque el Templo ya no existe, siguiendo la idea de los Rabinos, nuestras oraciones–Shajarit, Minjá, Arbit– “compensan” estos sacrificios. Y por el otro lado los Ma’amadot pueden ser «recreados» a través de un programa de estudio, un curriculum de Tora, con textos que sean recitados y estudiados todos los días. El autor exhorta a sus hijos y a sus lectores a adoptar un régimen de cuatro horas de estudio de la Torá, al que apropiadamente llama: Ma’amadot. Este programa incluye: Versículos bíblicos de la Parashá de la semana con su traducción aramea (שמו»ת), textos de los Profetas, las Escrituras (Ketubim), la Mishná, el Talmud, el Midrash y el Zohar. A diferencia del famoso libro Joq LeIsrael, el programa diario del rabino Portaleone se divide en tres sesiones diarias: la primera sesión, que debe durar unas dos horas, se estudia por la mañana (Shajarit). La segunda sesión, alrededor de treinta minutos, por la tarde (Minjá). Y la sesión nocturna, que debe durar una hora y media, cuando uno dice Arbit. Según el rabino Portaleone, estas cuatro horas –la sexta parte de nuestro día– es el tiempo mínimo que un individuo judío debe dedicar al estudio de la Torá.
 
Presentamos aquí un texto del libro Shilté haGuibborim con el programa de estudio correspondiente al martes de la semana de Parsahat Terumá, sesión nocturna.
 
 



3. La estatua de Calígula y los judíos

LOS ROMANOS Y LA RELIGIÓN JUDÍA 

La semana pasada explicamos cómo Judea (יהודה = Israel) dejó de ser un estado independiente y fue convertida en provincia romana por el emperador Augusto. Al igual que los griegos 100 años antes, Roma trató de acabar con el judaísmo e imponer su culto. Los judíos obviamente resistieron. Pero los romanos, que eran tolerantes con otros pueblos paganos, no aceptaban la religión judía. Nunca entendieron la “cláusula de exclusividad” del monoteísmo: por qué los judíos eran tan “arrogantes” y no estaban dispuestos a aceptar otros dioses en su Templo junto con su propio Dios, como lo hacían todos los demás pueblos del mundo.  Además, para los romanos el judaísmo era excesivamente aburrido: impone reglas y límites. Mientras que las otras religiones consistían en socializar: entregarse a la glotonería y a la embriaguez y, sobre todo, a normalizar la promiscuidad, haciéndola parte de los ritos religiosos.

LA PRUEBA DE CALÍGULA 

La presión para persuadir a los judíos a abandonar su ya obsoleta y aburrida religión era incesante. Y en un momento se tornó peligrosa.   Esto ocurrió en los tiempos de Calígula, que gobernó el imperio entre los años 37 y 41 de la era común. Calígula fue probablemente el peor emperador de la historia romana, y cruzó los límites de la sanidad cuando se proclamó a sí mismo “dios”y demandó ser adorado como tal.  Su obsesión narcisista lo llevó a hacer cortar las cabezas de las estatuas de los otros ídolos romanos y reemplazarlos por su propio busto. En Roma construyó dos templos dedicados a su culto. Y también quiso poner a prueba su divinidad con el examen más riguroso: el de los judíos.  Primero mandó a erigir y colocar su estatua en las sinagogas de Alejandría, donde había una importante comunidad judía. Los judíos se opusieron con vehemencia, e incluso el procurador romano  Flacus (o Flaco), se negó a obligar a los judíos a erigir estatuas de Calígula. Pero Calígula reaccionó destituyendo a Flacus de su puesto y ejecutándolo.

¿CALÍGULA EN JERUSALEM?

La siguiente historia está relatada por el famoso historiador judío Flavio Josefo (37 – 100 de la era común ). Josefo cuenta que Calígula envió una orden para que se construyeran estatuas suyas y fueran instaladas en todo Judea.  Los judíos decidieron resistir.   Calígula envió entonces a su mejor hombre para esta misión: el Procurador de Siria, Petronio, y le aportó dos legiones del ejército romano — más de 10.000 soldados– para llevar a cabo la tarea, cueste lo  que cueste. Petronio desembarcó en el puerto de Aco y allí fue interceptado por una delegación de decenas de miles de judíos que habían llegado desde todos los confines de Israel.  Le explicaron a Petronio que la Torá prohíbe terminantemente esculpir imágenes de nuestro propio Dios, y obviamente de un ídolo humano, y que adorar o incluso erigir estatuas de Calígula constituiría el acto más ofensivo en nuestra religión. “¿Estáis preparados entonces para enfrentarse a una guerra con el emperador romano?” preguntó Petronio. A lo que los judíos le respondieron: “Si el emperador persiste en su deseo de erigir sus estatuas, deberá matar primero a la totalidad de la nación judía. Ningún judío va a dejar de sacrificar su vida para evitar esta afrenta. “   Acto seguido, cuenta Josefo, todos los judíos se presentaron ante Petronio, con sus esposas y sus hijos, desnudaron sus cuellos y le dijeron que estaban dispuestos a defender el honor del Dios de Israel con sus propias vidas.    Petronio, conmovido por la convicción de los judíos, trató de postergar al máximo la ejecución de su misión. A finales del año 40, cuando ya no pudo hacer más tiempo, escribió una carta a Calígula tratando de disuadirlo.  Enojadísimo, Calígula le ordenó a Petronio quitarse la vida y redobló su apuesta con los judíos: mandaría a “construir su estatua en Roma y la llevaría personalmente a Jerusalem para ser erigida en el Gran Templo judío de Jerusalem”. Y entonces, ocurrió un gran milagro: el 24 de enero del año 41, Calígula fue asesinado en una histórica conspiración organizada por su propia guardia imperial, y la pesadilla que podía habernos llevado al final, finalmente terminó (y Petronio no llegó a suicidarse).  Los judíos nos mantuvimos unidos y firmes en nuestros principios, y HaShem estuvo de nuestro lado.

CLAUDIO Y LOS JUDIOS

El nuevo emperador romano, Claudio. (41-54 EC), fue un poco mejor con los judíos.   Restauró la autonomía de Judea y en el año 41 les permitió a los judíos tener su propio rey Agripas.  Agripas (llamado por los historiadores “Herodes Agripa I”) era muy respetuoso de la Torá y de sus leyes y protegió al Bet haMiqdash. Su reinado fue recordado por los judíos como muy positivo y favorable.  Pero duró muy poco…. Agripas murió en el año 44. Luego de la muerte de Agripas comienza un periodo muy amargo y difícil para Am Israel, que culminó con la destrucción del Bet haMiqdash en el año 68.




2. Herodes, el rey no judío de Judea

HERODES, REY DE JUDEA

Anteriormente, escribimos sobre el proceso que llevó a Judea (Israel) a convertirse en un estado vasallo del Imperio Romano (ver aquí)  . En esta nueva situación, el emperador romano nombró un “Rey” para gobernar sobre Judea. La lealtad de estos Reyes vasallos era principalmente hacia Roma, y ​​no hacia sus hermanos judíos. El más conocido de estos reyes fue sin duda Herodes (años 37 al año 4, antes de la era común). La familia de Herodes era originalmente edomita. En este sentido, los romanos se aseguraban la lealtad del monarca al elegir un rey que, si bien había nacido en Judea, no era completamente judío.

La historia de los edomitas y su relación con Am Israel es bastante compleja. Edom descendía de Esav, el hermano de Ya’aqob. Esto normalmente significaría que los judíos y los edomitas deberían ser aliados cercanos. Sin embargo, durante mucho tiempo, especialmente en los días del rey David (año 1000 a.e.c ), Israel y Edom fueron enemigos. Lo mismo sucedió en el momento de la destrucción del primer Bet haMiqdash (Templo de Jerusalem, 586 a.e.c), los edomitas se unieron a nuestros enemigos, los babilonios. La maldad y la crueldad indescriptible de los edomitas hacia los judíos se registra explícitamente en Tehilim, el Salmo ‘al neharot Babel (137: 7).

LOS EDOMITAS SE CONVIERTEN AL JUDAISMO

En la época de los Jashmonayim (150 a. C.), los edomitas se convirtieron al judaísmo, y muchos de ellos se integraron completamente al pueblo judío, lucharon en sus filas y compartieron su mismo destino. Pero este no fue el caso de Herodes. Su lealtad a los romanos era de la misma intensidad que su odio hacia los judíos. Herodes no solo colaboró ​​plenamente con los romanos recaudando fuertes impuestos de los judíos, sino que también estableció templos paganos en varias ciudades de Israel, como Cesarea y otros lugares. Su mayor provocación fue colocar un águila de oro, el símbolo religioso y militar de Roma, en la puerta de entrada del Bet-haMiqdash. Los rabinos alentaron a un grupo de jóvenes judíos a sacar el ídolo romano. Los jóvenes fueron capturados y llevados a Herodes. Flavio Josefo registra el diálogo que tuvo lugar en ese momento. Herodes les dijo: “¿Quién les ordenó destruir el águila?” Los jóvenes respondieron: “Las leyes de nuestros padres”. Herodes les preguntó: “¿Y por qué parecen estar tan tranquilos y contentos? ¿No sabes que los ejecutaré? “. Los jóvenes judíos respondieron: “Lo sabemos, pero también sabemos que la vida eterna nos espera en el mundo venidero” (‘olam haba). Herodes ordenó que ellos y sus cómplices, 40 jóvenes judíos, fueran ejecutados junto con dos grandes rabinos de Israel, quemándolos vivos en una hoguera pública.

DEL ESTADO VASAL A UNA PROVINCIA ROMANA

En el año 6 de la era común, 10 años después de la muerte de Herodes, Augusto, el primer emperador romano, abolió la monarquía “judía” y convirtió a Judea en una provincia romana. Es decir, desde ese momento, no habría más reyes o gobernadores judíos y Judea estaría directamente bajo la jurisdicción del emperador de Roma. Esto también significaba que la religión oficial de Roma se establecería más sólidamente en Judea. Los romanos, como los griegos 200 años antes, esperaban ahora que los judíos abandonaran su religión y adoptaran a los dioses romanos, “como lo hacia gustosamente todo el resto del imperio”. Y desafortunadamente, como ya había sucedido en los tiempos del Imperio griego, muchos judíos acaudalados traicionaron su fe y a sus hermanos, para obtener exenciones de impuestos y otros beneficios que les fueron otorgados por colaborar con los romanos. 

Para peor, ahora que Judea era una provincia romana, los romanos sentían que tenían el derecho de nombrar al sacerdote que serviría como el Sumo Sacerdote (Cohen Gadol) en el Bet haMiqdash. Entre otras cosas, esto significaba que los romanos tenían acceso ilimitado para robar del Bet haMiqdash sus valiosos artículos hechos de oro y plata (kele haqodesh). El conocido prefecto romano Poncio Pilato (26-36 de la era común), por ejemplo, robó valiosos artefactos del Beth-haMiqdash y con esos fondos construyó un acueducto en Jerusalén.

Este nuevo escenario se estaba volviendo cada vez más insoportable, y una nueva idea (casi suicida) comenzó a fermentar en las mentes y los corazones de los judíos: debemos rebelarnos contra el Imperio Romano, y recuperar nuestra autonomía política y religiosa, antes de que el judaísmo desaparezca. Los ecos de una rebelión imposible contra el ejército más poderoso de la historia de la humanidad se podía sentir en el aire de Yerushalayim …

Continuará