Entendiendo la cuenta del Ómer (Sefirat haÓmer)

LA OFRENDA DEL OMER

En los tiempos del Bet haMiqdash  (Templo de Jerusalem), la noche del 16 de Nisán —al terminar el primer día de Pésaj—  los representantes de la Corte judía (shelujé Bet Din) seleccionaban tallos frescos de cebada, los cortaban, tostaban los granos y los molían en harina fina. Esa harina, preparada de una manera especial, se ofrecía en el altar del Templo por la mañana siguiente. El Cohen presentaba para esta ofrenda la cantidad de un ‘omer de harina de cebada. «Omer» es una unidad de medida bíblica de volumen: aproximadamente un galón, o cuatro litros. Después de la presentación de esta ofrenda  —que representa el agradecimiento colectivo a Dios por concedernos el grano para nuestro alimento— estaba permitido consumir los granos de la nueva cosecha (tebuá Jadashá o Jadash).  «Omer», por extensión, se convirtió en el nombre de esa ofrenda (מנחת העומר).  Esta ofrenda se realizaba solamente en la tierra de Israel, y mientras existía el Bet haMiqdash o Gran Templo de Jerusalem .   

CONECTANDO PESAJ Y SHABUOT 

Al terminar el primer día de Pésaj, comenzamos a contar un período de siete semanas o cuarenta y nueve días hasta Shabuot (Lev. 23: 15-16). A este computo se lo conoce como “Sefirat Ha’omer , ya que a pesar de tratarse de dos temas distintos, el inicio de esta cuenta de días y semanas coincide con la ofrenda del Omer.  La mitsvá de contar estos 49 días conecta Pésaj, que celebra nuestra libertad física y política,  con Shabu’ot, cuando alcanzamos nuestra libertad mental y espiritual al recibir la Torá. El libro Shibole haLequet explica la relación entre Pésaj, Shabu’ot y Sefirat Ha’omer de la siguiente manera: Una vez que el pueblo judío salió de Egipto, Moshé les reveló que en cincuenta días recibirán la Tora. Los Yehudim estaban tan ansiosos por recibir la Tora que “contaron los días que faltaban”, deseosos de que llegue el gran evento.

EL SENTIDO ORIGINAL

El Rabino Yedidia Ezrajian explica que en cierto sentido, este período de 49 días es una especie de un largo Jol-HaMoed entre Pésaj y Shabu’ot, en el cual nos fuimos preparando  para recibir la Torá.   Nuestros Rabinos comentaron que a diferencia de la libertad física, la libertad mental no sucede instantáneamente. Se trata más bien, de un largo proceso de de-programación: olvidar los hábitos de la mentalidad de esclavos, asumir responsabilidades y aprender a hacerse cargo de sus propias vidas. Nuestros antepasados también tuvieron que dejar atrás las prácticas paganas e inmorales de la sociedad idólatra egipcia, que obviamente eran incompatibles con los valores de nuestra Torá.  En Pésaj salimos de Egipto, pero ahora teníamos que “sacar a Egipto de nuestras mentes” en preparación para recibir la Tora y establecer una alianza (berit) con Dios en el Monte Sinaí.

REGLAS BASICAS DE LA CUENTA DEL OMER

Contar los días del Omer es obligatorio para los varones adultos. Las mujeres también pueden contar los días de Omer, pero no deben recitar la bendición. En algunas comunidades Ashkenazim es costumbre que las mujeres digan la berajá para contar el Omer. Los niños pueden contar el Omer y recitar la bendición, como práctica para el futuro (Jinuj).

¿CÓMO?
La cuenta del Omer tiene lugar por la noche y es precedida por la bendición: ... asher qiddeshanu bemitsvotav vetsivanu ‘al sefirat Ha’omer. Luego se procede a contar los días y las semanas. Hoy, por ejemplo, es el noveno día del Omer, es decir, una semana y dos días desde [que se ofreció la ofrenda del] ‘omer.

¿QUÉ PASA SI….?
Si nos olvidamos de contar el Omer por la noche, podemos contarlo durante el día siguiente hasta la puesta del sol. Pero sólo cuando contamos el Omer por la noche recitamos la bendición. Si no contamos el Omer durante la noche correspondiente o el día siguiente, debemos seguir contando, pero en adelante no debemos recitar más la bendición. Es costumbre en la mayoría de las comunidades anunciar el día del Omer en los Minyanim de la mañana para que nadie pierda la cuenta del Omer por un día entero.

EL OMER y LA PUESTA DEL SOL 
Los días del Omer se cuentan por la noche, porque en el calendario hebreo el nuevo día comienza por la noche. Ahora bien, en qué momento exacto comienza el nuevo día y en qué momento termina el día anterior es una cuestión Halájica técnica y compleja.
Muy brevemente: hay dos indicadores astronómicos para la transición entre el día # 1 y el día # 2. «La puesta del sol» (shequiá), cuando el sol desaparece de la vista, y la «caída de la noche» (tset hakojabim), que se caracteriza por la visibilidad de tres estrellas de tamaño mediano. Todos los rabinos están de acuerdo en que antes de la puesta del sol todavía se considera día # 1, y la mayoría de los rabinos están de acuerdo que una vez que se ven tres estrellas en el cielo nocturno  comienza el día # 2. El tiempo entre la puesta del sol y la aparición de las tres estrellas, se conoce en español como «crepúsculo» o en hebreo, «ben hashemashot». Este período de tiempo puede oscilar entre 13 minutos y medio (por ejemplo, en Israel) y 3 horas o más en lugares extremos en el sur o en el norte del planeta. En el área de Nueva York, por ejemplo, la duración del crepúsculo se estima en aproximadamente 30 minutos (también varía según las diferentes estaciones del año). De acuerdo con una muy famosa Guemará, el día # 1 termina y el día # 2 comienza en un brevísimo e inidentificable instante dentro de este «crepúsculo». Ahora bien, ¿Qué hacemos en la práctica cuando tenemos que realizar una mitsvá para la cual hay que determinar con precisión el principio de un nuevo día? Para Shabbat, por ejemplo, tomamos el standard más estricto y recibimos Shabbat unos minutos antes de la puesta del sol, y concluimos el Shabbat solamente después de que tres estrellas medianas son visibles.
Para el Omer,  idealmente se deben contar los días sólo después del anochecer (en cada lugar del mundo esto ocurre a una hora diferente). En muchas comunidades Sefardíes de Nueva York los rabinos autorizan a contar el Omer 15 minutos después de la puesta del sol (así dice por ejemplo el rab Eliyahu ben Jaim, Shelita). En circunstancias excepcionales, se autoriza también a contar con berajá antes de ese tiempo, pero nunca antes de la puesta del sol. 

Cada individuo debe seguir las costumbres de su propia comunidad.




SHEMINI: ¿Por qué es tan importante cuidar Kashrut?

En la Parashá de esta semana, la Torá introduce la dieta del pueblo judío: el Kashrut. Esta dieta no tiene que ver necesariamente con el bienestar físico, como una dieta baja en calorías  u otras dietas que seguimos hoy para adelgazar o mantenernos saludables. El Kashrut concierne explícitamente a una conducta, un comportamiento “especial” o Quedushá (santidad) que Dios exige a Su pueblo.

KASHRUT Y AUTOCONTROL

De acuerdo a la Torá, la santidad, o en hebreo Quedushá, se enmarca en primer lugar en un concepto cardinal: el autocontrol y la disciplina, particularmente en aquellas áreas del comportamiento humano relacionadas con la satisfacción de instintos primarios como la alimentación y la vida sexual. Controlar nuestros impulsos nos confiere “santidad”, pues nos humaniza, es decir, nos diferencia de los animales, que obviamente no pueden controlarse y “decir NO” a sus impulsos primarios. La Guemará en Pesachim (49b) revela algo sorprendente sobre este tema al afirmar que no todas las personas tendrían el derecho de consumir carne. Según Ribbi Yehudá haNasi, un ser humano que no sabe controlar sus impulsos no debería consumir carne animal, aunque dicha carne sea Kasher. רבי אומר: עם הארץ אסור לאכול בשר. “Una persona sin una mínima educación no puede consumir carne”. ¿Por qué? Porque un individuo sin conducta moral mínima, una persona incapaz de decir NO a sus deseos, no se encuentra en un nivel por encima de los animales que le otorgaría el derecho de consumir su carne.

KASHRUT Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

Los judíos nos adiestramos en el autocontrol desde una edad temprana. Recuerdo una vez, en una fiesta, un señor no judío se acercó a mí y me felicitó por uno de mis hijos, a quien le había ofrecido un dulce que mi hijo rechazó porque no sabía si era Kasher. Esto es más o menos lo que me dijo este señor: “Rabino, ¿cómo se hace para educar a un niño de 5 años a que tenga autodisciplina? Yo tengo 3 hijos, uno de esa edad, y la verdad es que no puedo con sus apetitos. Los niños de hoy son consumidores voraces, entrenados por la sociedad moderna para consumir todo lo que se presenta ante sus ojos, son insaciables… pero tu hijo es diferente. Le ofrecí unos dulces, los tomó y me dio las gracias. Pero, para mi sorpresa, antes de llevarse el caramelo a la boca, fue a preguntarle a su hermano mayor si podía comerlo… ¿Cuál es el secreto? ¿Qué regalo le prometiste a tus hijos si no comen dulces? ¿Los amenazaste con algún castigo severo?“. Le respondí que no había premios ni amenazas y que en realidad, cualquier niño judío cuya familia observa las leyes de Kashrut posee ese mismo nivel de autocontrol. También le confesé (y mientras lo decía, me sorprendí al escucharme) que nunca necesité explicarles a mis hijos las leyes de Kashrut, las aprendieron naturalmente, imitando lo que vieron de sus padres y hermanos.

KASHRUT E IDENTIDAD

La dieta Kosher es también una poderosa señal de identidad judía. A veces, he estado en un avión y me he sentado al lado de una persona que no tenía ninguna identificación judía: ni Kippa, ni Maguen David, ni nada que lo mostrara como judío, hasta que le sirvieron su bandeja Kosher… En un viaje, en un hotel o en una reunión de negocios, hoy en día, uno puede identificar a quienes son judíos por el Kashrut. Al seguir una dieta kosher, los judíos nos hacemos más conscientes de nuestras elecciones alimentarias y evitamos participar de eventos sociales con aquellos que no comparten nuestras prácticas religiosas. Esto crea una barrera natural que nos ayuda a preservar la identidad judía y evita la asimilación en círculos no judíos. Al mismo tiempo, fomenta la interacción y la conexión entre los judíos en torno al elemento que siempre está presente en eventos sociales: la comida.

KASHRUT Y ASIMILACIÓN

La primera vez que la Torá se refiere a la dieta como un elemento distintivo que ayuda a prevenir la asimilación fue en Egipto. La cultura y la sociedad egipcias eran muy diferentes de las sociedades semíticas, fundamentalmente en el tema de la alimentación. La Torá menciona que, para los egipcios, los animales eran sagrados y eran adorados como dioses, como las vacas en la India. La ganadería era ofensiva para los egipcios y comer animales se consideraba to’ebá, una abominación o “tabú”. Los hermanos de Yosef, entonces, se presentaron como pastores que criaban, esquilaban y consumían ovejas y carneros. Y por esta razón, cuando Yosef le contó al Faraón que su padre y sus hermanos han llegado de Canaán, le solicita al Faraón un lugar de residencia “especial”, separado de sus súbditos egipcios. Al no vivir en la misma área los Hijos de Israel no se asimilaron y pudieron preservar su identidad por varias generaciones. Esta y otras diferencias culturales/religiosas en la alimentación, explica Seforno, evitó que los hijos de Israel se integraran socialmente a los egipcios.




La plaga número once

Rabbán Gamliel dice que hay tres conceptos que debemos mencionar en el Seder de Pésaj para cumplir con la obligación de enseñar a nuestros hijos la historia de nuestro Éxodo de Egipto: Pésaj, Matsá y Maror.

“Maror” representa la esclavitud que sufrimos los israelitas a manos de los egipcios.

“Matsá” nos recuerda la libertad que Dios le otorgó al pueblo de Israel mediante la intervención divina.

¿Pero qué es y qué significa Pésaj?

Pésaj es lo que el pueblo de Israel hizo para sí mismo. El Qorbán Pésaj fue el sacrificio, la ofrenda que los judíos hicieron para merecer su libertad.

Veamos. Dios le ordena a los israelitas tomar un cordero, una oveja joven, y llevarlo a sus casas. En la víspera del 15 de Nisán, ese cordero debía ser sacrificado, asado y consumido por los esclavos judíos, y su sangre debía ser aplicada a los postes y dinteles de las puertas, “del lado de afuera”. Si hacían esto, Dios protegería sus casas contra la plaga de los primogénitos; nadie moriría esa noche, y esa familia merecería salir desde la esclavitud de Egipto hacia la libertad.

Mitología egipcia

Para comprender maduramente Pésaj, es necesario adentrarse un poco en la mitología egipcia. Los egipcios tenían un panteón de dioses: el río Nilo (Hapi), el sol (Ra), el polvo de la tierra (Geb), y muchos dioses representados por animales, como Heket, una rana con cuerpo humano que representaba la fertilidad. Cuando Dios trajo las diez plagas a Egipto, cada una de ellas fue dirigida específicamente a uno de estos dioses egipcios. Dios primero afectó al dios Nilo y “lo hizo sangrar”, la principal fuente de vida se tranformó en una fuente de muertre . Luego Dios trajó a las ranas, haciéndolas reproducir en tal cantidad que invadieron y devastaron Egipto. Después, Moshe tomó un poco de la tierra sagrada de Egipto y la convirtió en piojos, lo que demostró que Geb se había vuelto contra Egipto. Así, uno por uno, los dioses egipcios eran vencidos o transformados en plagas incontrolables. La novena plaga, la oscuridad, mostró que el dios Ra era impotente ante el Dios de Israel. Finalmente, Dios trajo la muerte de los primogénitos, que eran los sacerdotes que en cada familia estaban dedicados al culto de sus dioses.

Carneros Sagrados

Volvamos a Pésaj. Los egipcios tenían un animal al cual adoraban sobre todos los demás: el carnero, el macho de la oveja, famoso por su virilidad (puede reproducirse solo con hasta 50 ovejas) . En todas las culturas paganas, el carnero representaba la masculinidad, la reproducción sexual y la creación de la vida. Para los egipcios, Amón, el dios carnero, había creado a los primeros seres humanos. Según Wikipedia, “El espíritu viviente de Ra en forma de carnero es un símbolo de su virilidad y vigor sexual como creador” .

¿Qué hizo Dios para neutralizar y demostrar la falsedad de este dios tan importante para los egipcios? Le pidió a los judíos que tomaran un cordero, es decir, un carnero joven, lo sacrificaran y expusieran su sangre en las puertas a la vista de todo Egipto. En otras palabras, los judíos debían llevar a cabo “la plaga número 11”: sacrificar con sus propias manos al gran dios egipcio Amón.

El golpe (maká) psicológico

Para los egipcios esta debe haber sido una plaga psicológicamente devastadora, ya que “sus esclavos” estaban tomando y sacrificando uno de los símbolos culturales más importanrews de su sociedad y su culto.

Para los esclavos judíos la orden de tomar y sacrifciar un cordero fue la prueba final: ahora tenían que demostrar que lo que habían presenciado durante las diez plagas —que HaShem es el verdadero Dios y los dioses egipcios son pura imaginación– había surgido efecto y estaban preparados para desconectarse de la religion pagana de Egipto y conectarse al Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, el verdadero Creador del mundo y de la vida.

Si los judíos se animaban a tomar y sacrificar el cordero ¡se habían liberados mentalmente de Egipto! Y viceversa.

La noche del Seder recordamos el sacrificio de Pésaj, ese increíble evento que tuvimos la valentía de hacer para merecer nuestra libertad.




Halel en Jerusalem ¡Lo más emocionante de Pésaj!

La fiesta de Pésaj se vivía con mucha intensidad en los tiempos del Bet haMiqdash (Gran templo de Jerusalem, destruido en el año 68 de la era común). Cientos de miles de Yehudim llegaban a Yerushalayim desde todos los confines de Israel y se disponían a sacrificar el qorbán pésaj (=una ovejita o cabra) el 14 de Nisán.
Los que venían de afuera de Yerushalayim se hospedaban en casa de familiares o conocidos, o muchas veces, donde hubiera lugar. Las casas en Yerushalayim estaban abiertas para todos los que quisieran hospedarse. Y sólo cuando en una casa no había más lugar disponible, se anunciaba colgando un paño rojo arriba de la puerta. En nuestros días recordamos este gesto de hospitalidad cuando decimos al principio de la Hagadá: “que todo el que quiera participar del Seder de Pésaj, venga y participe”.
En las casas, la gente se juntaba en grupos de familias, amigos e invitados llamados “jaburot” o en singular “jaburá”. Cada jaburá, que podía consistir de 50, 60 y hasta 100 personas, compartía un mismo qorbán.
La ovejita era llevada por la tarde del 14 de Nisán al Bet haMiqdash por uno o dos representantes de cada jaburá, y allí era sacrificada, mientras se recitaba el Halel.
Hay una hermosa costumbre, que pocos practican hoy en día, y que se practicó durante siglos en recuerdo a este Halel de víspera de Pésaj. ¿Saben cuándo solía la gente hornear las Matsot que se utilizaban en el Seder de Pésaj? ¡El 14 de Nisán! es decir, después del mediodía de la víspera de Pésaj. Exactamente cuando se acostumbraba a sacrificar el qorbán Pésaj. Este es el tiempo ideal para preparar las Matsot (mitsvá min hamubjar, la misma hora en la cual se preparan normalmente las jalot un día viernes). Y mientras se preparaban las Matsot en la víspera de Pésaj, ¡toda la familia cantaba el Halel!
Regresemos a Yerushalayim. Luego de ser sacrificado, el animal era asado en una sola pieza y llevado a la casa. Por la noche, siendo ya el 15 de Nisán, se realizaba el Seder de Pésaj más o menos como lo hacemos hoy. Se leía la Hagadá, se hacían las preguntas de Ma Nishtaná, se servía mucha comida, incluyendo otros qorbanot como jaguigá, y todo acompañado, por supuesto, de Matsá, Maror y Jaroset. La gente se sentaba sobre sofas o almohadones y comían reclinados, como los nobles. Bebían cuatro copas de vino templado, brindando por nuestra salvación, redención, libertad, y asignación como pueblo elegido. Al final de la cena, antes de la medianoche, se repartía el qorbán pésaj como afiqomán (última comida, o sobremesa) entre todos los miembros de la jaburá. Cada uno tenía que comer de ese qorbán por lo menos un pedacito del tamaño de una aceituna (kazait).
Hoy en día acostumbramos a poner en la bandeja de Pésaj, la que’ará, un hueso con carne (o entre los Ashkenazim, una pata de pollo) para recordar el qorbán Pésaj. Y también, al final del Seder comemos una porción adicional de Matsá, afiqomán diciendo: “[Comemos esta matsá ]en recuerdo al qorbánPésaj, que se comía una vez que uno está satisfecho”.
Al terminar de comer el qorbán Pésaj, se recitaba el Birkat haMazón, la bendición de agradecimiento a HaShem por nuestra comida.
Hacia la medianoche, una vez terminada la cena de Pésaj, llegaba un momento muy especial. La gente subía a las terrazas de sus casas y desde allí, mirando hacia el Bet haMiqdash, que estaba iluminado por la luna llena, todo el pueblo cantaba el Halel, los Salmos de Tehilim, que se recitan en agradecimiento a HaShem por habernos liberado de Egipto. Creo que este era el momento más hermoso de la noche, cuando las voces de cientos de miles de Yehudim se juntaban para cantar el Halel, todos al mismo tiempo, con una misma melodía, y la ciudad se transformaba con ese extraordinario canto. La Guemará dice que las voces de ese multitudinario coro eran tan poderosas que las terrazas de la ciudad “temblaban”.
Hay quienes explican que hoy en día, para recordar ese hermoso Halel que cantábamos todos juntos al terminar el Seder, decimos todos juntos el Halel en la Sinagoga, antes de comenzar el Seder.
Quiera HaShem que el próximo año cantemos el Halel, en Yerushalayim, juntos, con una sola voz y con la misma melodía, frente a nuestro Bet haMiqdash. AMEN
יהי רצון שנזכה לחגוג את חג הפסח בבנין בית תפארתינו במב”י, אמן



¿Qué conmemoramos en Shabbat haGadol?

Rabbán Gamliel dice que hay tres palabras que se deben exponer en el Seder para cumplir mínimamente con la obligación de enseñar a nuestros hijos la historia de nuestro Éxodo de Egipto: Pésaj, Matzá y Maror. Maror representa el sabor de la esclavitud. Matzá representa el sabor de la libertad obtenido a través de la intervención divina.¿Pero qué es Pésaj? ¿Qué significa Pésaj y qué nos enseña hoy?

Pésaj era un sacrificio animal, una ofrenda. Pero a diferencia de los sacrificios mencionados en la Parashá de nuestra semana, Tsav el sacrificio de Pésaj tenía un propósito único. Un cordero –una oveja joven–tenía que ser sacrificado por los esclavos judíos el 14 de Nisan. HaShem le dijo al pueblo judío marcaran las puerta de sus casas con su sangre, y así no serían afectadas por la peste que condenaba a los primogénitos a la muerte.

Pésaj representa entonces el sacrificio que el pueblo judío tuvo que hacer para merecer su libertad. Me explico: los cambios socioculturales generalmente tardan muchos años o décadas en ocurrir. En el caso del pueblo judío, todo sucedió en unos pocos díás y comenzó el día 10 de Nisán, que celebramos todos los años como Shabbat haGadol. Dios ordenó a los judíos que tomaran una oveja y la tuvieran con ellos hasta el día 14 de Nisán, en el cual iba a ser sacrificada. Recuerden que los egipcios adoraban a los animales porque creían que poseían poderes sobrehumanos dado por los dioses. Las ovejas, especialmente el macho adulto llamado «carnero», representaban la virilidad y el poder de la procreación. Los israelitas ahora enfrentaban un serio desafío: Dios, por un lado, les había ordenado tomar uno de los «dioses egipcios» para sacrificarlo. Al hacerlo, los israelitas demostrarían a Dios, pero principalmente a sí mismos, que se habían liberado de la cultura idólatra de los egipcios y de sus supersticiones. Fue muy difícil porque los judíos vivimos en la sociedad egipcia durante 210 años y obviamente, estábamos influenciados por todo tipo de supersticiones de la sociedad aboda zara (idolatría). Matar a un cordero, por lo tanto, presentaba una gran dificultad psicológica más allá del posible peligro físico, ya que para los egipcios esto sería más que una acto de rebeldía: prácticamente una declaración de guerra contra Egipto. Los egipcios se sentirían ofendidos, y podrían matar a los esclavos hebreos. Pero esto no sucedió. Providencialmente (y posiblemente por el efecto de las 9 plagas anteriores) los egipcios no pudieron reaccionar. Y luego de 4 días, en la víspera de Pésaj, el pueblo judío sacrificó el cordero, y en un extraordinario acto de valentía y coraje, se liberaron de la cultura de la idolatría y sus supersticiones. Esa noche, al hacer el sacrificio de Pésaj, los judíos abandonaron mentalmente Egipto y le demostraron a HaShem que estaban listos para seguirlo a Él.




El Moises de Netflix

ESCRITO el 26 de Abril de 2024

Varios lectores de Halajá of The Day me han pedido que les escriba mi opinión respeto a “Testament: the Story of Moses”, una serie documental de Netflix sobre la vida de Moisés que consta de 3 capítulos. La serie está acompañada de comentarios que representan diferentes religiones y culturas. Para evaluar esta serie, no lo voy a hacer estrictamente desde un punto de vista rabínico ya que el documental está dirigido a una audiencia básicamente no judía, muy amplia y muy diversa. Decenas de millones de personas –o más– que han visto o verán este popular documental probablemente no tienen ningún conocimiento bíblico previo.

Con este pensamiento en mente, me parece que si bien no es perfecto, el documental de Netflix refleja de una manera honesta lo que relata el texto bíblico (con algunas excepciones, leer hasta el final, por favor).

LO QUE PUDO SER

Mi sensación positiva se basa en primer lugar en comparar a este documental con lo que Hollywood ha producido en los últimos 40 o 50 años sobre temas bíblicos. Por ejemplo, los documentales de History Chanel o National Geographic, que se refieren al éxodo de Egipto, son definitivamente “anti-texto”. Es decir, no toman al texto bíblico tal como se presenta a sí mismo , no nos ayudan a visualizar o recrear sus narraciones ya que por lo general están producidos con la intención de negar el texto: que Israel nunca estuvo en Egipto, que las plagas no existieron, que fueron eventos naturales, que la salida de Egipto no ocurrió, y que los judíos no cruzamos el desierto “porque no se encontraron vasijas de arcilla” (ver más aquí ). La industria del cine documental ha sido siempre hostil al texto bíblico. Ha seguido los pasos de los profesores liberales de las universidades que niegan “por principios ideológicos” la historicidad de la Torá. Para ellos, todo lo que relata la Biblia es mentira hasta que se demuestre lo contrario, o en algunos casos, “aunque se demuestre” lo contrario. En este sentido, el documental de Netflix es afortunadamente diferente. Respeta mayormente la narrativa bíblica, y NO es anti-texto.  Esto no debe ser dado por sentado.

DIVERSIDAD

Los judíos que ven esta serie y se apuran a criticarla deberían recordar que está dirigida a una audiencia universal muy amplia y diversa. Y a pesar de eso, la serie conserva una versión claramente judía. Y esto no es poca cosa. Hay más de diez comentaristas que participan. Judíos, cristianos y musulmanes, que presentan sus interpretaciones. Y aunque obviamente algunas veces lo interpretan de acuerdo a su religión (i.e., la sangre del Qorban Pesaj que en el cristianismo significa la sangre de Yeshu), en la mayoría de las ocasiones los comentarios no se apartan del texto bíblico en su versión original judía. Hay que valorar que en este film no se nota un intento de apropiación de parte de los comentaristas, es decir, de tomar la historia judía y trasformarla en cristiana o musulmana, como nos tienen acostumbrados otras religiones. Netflix ha elegido presentar al mundo una versión en la que Moisés no es “Moossa” y los protagonistas del éxodo son los hijos de Israel, y no las tribus palestinas de Canaan.

EXCEPCIONES

Una vez aclarado que mi primera impresión es positiva, paso a las críticas puntuales. Si bien el documental en su mayor parte se ajusta al texto, curiosamente hacia el final del tercer y último capítulo de la serie, luego de que cruzan el mar, parece otra película. El guión original se pierde. Algunas partes son inventadas,  como la visón de la madre de Moises Yojebed, o son lamentablemente omitidas o directamente contradicen el texto.

Dos ejemplos de esta última categoría:

1. Luego de que el pueblo de Israel peca con el becerro de oro, rebelándose contra Moisés y ofendiendo a Dios, el texto Bíblico dice que el líder judío ordenó a la tribu de Leví eliminar a los que participaron activamente de este evento. Cerca de 3.000 personas mueren. El documental de Netflix ignora el texto de Exodo 32:26 y cuando en el film alguien quiere eliminar a los instigadores, el Moisés de Netflix se despacha con el “no matarás” de los Diez mandamientos —que aparece aquí por primera vez — y lo impide.…

2. Por alguna razón que no puedo descifrar, los Diez Mandamientos son minimizados. No son pronunciados por Dios, como dice claramente el texto en Exodo capítulo 20, sino que son virtualmente formulados de manera casual por Moisés, y luego por Miriam, etc. Dios no aparece en este documental como el Legislador de Israel. Y es posible que esto quiera reflejar una visón más cristiana que judía de las Mitsvot.

En estos dos ejemplos, el documental contradice flagrantemente al texto bíblico.

¿RAMSES SEGUNDO?

Hay otros detalles objetables pero que son más difíciles de detectar. Para mí, el más serio —pero que casi nadie lo nota— es que tal como ocurrió con el famoso film “Los Diez Mandamientos” de 1956, el faraón de Moisés es identificado como Ramsés Segundo.  El famoso egiptólogo moderno David Rohl explica que no existe ninguna evidencia arqueológica seria al respecto (lo del nombre Ramses en las construcciones realizadas por los israelitas es absurdo. Ver “Exodo: mito o historia”, de Rohl) . Y las fechas no coinciden con la historiografía bíblica. La Biblia Hebrea, el Tanaj, aporta una referencia fundamental para establecer el tiempo aproximado del Exodo: cuando el rey Salomón construye el Gran Templo de Jerusalem, el texto de Melajim Alef 6:1 dice que el Templo fue inaugurado “a los 480 años de la salida de Egipto” (en esos tiempos los judíos contábamos los años de esa manera, “desde que HaShem fue consagrado como nuestro Rey”, algún día tengo que escribir sobre este fascinante punto ). Hay consenso entre los historiadores académicos, judíos y no judíos, que el Templo de Jerusalem fue construido alrededor del año 960 antes de la era común (ver Wikipedia: Templo de Salomón), por lo cual la salida de Egipto ocurrió alrededor del año 1440 a.e.c. Por el otro lado, Ramsés Segundo vivió alrededor del año 1240 a.e.c., 200 años después de esa fecha.  David Rohl sugiere que los académicos que afirman caprichosamente que Moisés vivió en los tiempos del faraón Ramsés Segundo, lo hacen para desprestigiar así la historicidad de la Biblia y cancelar la historiografía judía.

¿430 o 210 AÑOS?

Hay detalles más sutiles que pertenecen al universo de la interpretación y tradición judía. El documental repite una y otra vez que los judíos estuvimos esclavizados por más de 400 años en Egipto. En este caso, el texto bíblico le da parcialmente la razón a Netflix: Exodo 12:40, dice que los judíos estuvimos 430 años en Egipto. Pero la tradición judía explica que esos años se cuentan desde que Abraham descendió por primera vez a Egipto, y que en realidad, los hijos y descendientes de Jacob que llegaron invitados por Yosef estuvieron en Egipto un total de 210 años, de los cuales, según Maimónides, 90 años fueron de bienestar y prosperidad y 120 fueron de esclavitud.

¿IDENTIDAD JUDIA O HUMANISTA?

En el documental hay un par de interpretaciones un poco caprichosas que parecen estar motivadas más por acomodar una idea contemporánea de diversidad y humanismo que por buscar la versión que más se ajuste al texto literal. Un ejemplo: ¿cuándo y de qué manera Moisés se entera de que es judío? El texto no lo explica, pero Exodo 2:11 afirma, que el joven Moisés abandonó el palacio del Faraón (recordemos que su madre adoptiva era Bityah, la hija del Faraón) “y salió al encuentro de sus hermanos, vio su sufrimiento… y vio a un egipcio azotando a uno de sus hermanos hebreos”.  Se aprecia claramente que Moshé sabe su identidad, reconoce a los hebreos como sus hermanos y abandona su privilegiada vida aristocrática para ayudarlos. Pero para el documental de Netflix, Moisés se entera que es hebreo ¡recién a los 80 años! Cuando regresa a Egipto para liberar a los esclavos hebreos, se encuentra providencialmente con su hermano Aharón, quien le revela su identidad hebrea. Pero ¿por qué Netflix se aparta aquí del texto? Me parece que toda esta pirueta interpretativa alrededor del texto esta diseñada para justificar —o invitar— un par de comentarios anacronistas que comparan a Moisés con Martin Luther King y que afirman que Moisés, más que el liberador de los judíos fue “el precursor universal de la justicia social”. Solo ignorando que el texto bíblico describe que Moisés vio el sufrimiento especifico “de sus hermanos” se puede llegar a esta conclusion, que no es necesariamente negativa, pero que contradice al texto original.

TEXTO Y MIDRASH

Algunas “inexactitudes” del documental respecto al texto tienen su origen curiosamente en interpretaciones rabínicas de la época del Talmud. Ejemplo: en el documental, Moisés se lamenta de que los primogénitos egipcios tienen que morir en la última plaga. El texto nunca menciona este lamento de Moises. Pero la tradición judía registra que luego de cruzar el mar, los soldados del ejército enemigo —que hostigaron al pueblo de Dios durante mas de un siglo— yacían muertos en la orilla del mar. El Midrash dice que en ese momento los ángeles quisieron cantar en alabanza al Eterno, pero Dios no se los permitió y les dijo: “¿Cómo van a cantar mientras mis criaturas [los egipcios] se están ahogando en el mar?” Para representar esta idea, fuera de los dos primeros días de Pésaj, los judíos no cantamos el Halel Shalem, y no expresamos un sentimiento de regocijo con la muerte de otros seres humanos, “aunque se trate del enemigo” בית יוסף בשם המדרש “לפי שנטבעו המצרים, ובנפול אויבך אל תשמח. La idea de que un judío sufre con la muerte de otro ser humano , aunque sea su opresor, definitivamente no fue expresada por Moisés, pero aparece claramente en el Midrash y es parte de la práctica judía, justamente en la festividad de Pésaj.

En conclusión: este no pretende ser un análisis exhaustivo, pero espero que sea suficiente para afirmar que en el film de Netflix hay definitivamente detalles e interpretaciones que no se corresponden con la lectura literal del texto bíblico. Pero por el otro lado, la mayor parte del guión y los comentarios (con excepcion de la segunda parte del tercer episodio) reflejan con relativa honestidad el sentido literal del texto y la tradición rabínica –los mejores ejemplos son en mi opinión las diez plagas y el cruce del mar. Comparado con lo que hasta ahora se había producido en los medios de comunicación masiva respecto a la salida de Egipto u otras historias bíblica, y teniendo en cuenta que el destinatario de este documental es principalmente un público no judío, el documental de Netflix ¡no está nada mal!

@RYosefBItton




¿Cómo beber 4 copas de vino y mantenerse sobrio?

שתה ארבעה כוסות אלו מיין שאינו מזוג יצא ידי ארבעה כוסות ולא יצא ידי חירות
EL TAMAÑO DE LAS COPAS
Cuando mencionamos la cantidad de vino que se bebe durante el Seder de Pésaj, “4 copas”, uno podría pensar que la intención es terminar el Seder embriagados… ¿Por qué? Pensemos por ejemplo que si uno bebió dos o tres copas llenas hasta el tope de vino, dependiendo del nivel de alcohol del vino, no debería conducir un vehículo.   Hoy en día una copa de vino promedio contiene 200cc- 300cc. Por lo tanto, 4 copas de vino significaría que cada uno de los participantes del Seder estaría bebiendo como un litro de vino, en cada una de las dos noches del Seder…
En el Pésaj debemos estar felices y agradecidos a HaShem por nuestra libertad. Pero ¿acaso hay que embriagarse en el Seder para sentirse libre?
Para aclarar este importante punto debemos hacer un poco de historia y remontarnos a 2000 años atrás, cuando las directivas del Seder fueron formuladas por nuestros Sabios.
Las copas de vino en la antigüedad eran mucho más chicas que las copas de vino en nuestros días. En el cuadro que se ve arriba podemos apreciar el cambio dramático en el tamaño de las copas de vino, desde el siglo 17 hasta nuestros días. Coincidiendo con lo que se aprecia en este cuadro, los Sabios del Talmud mencionaron que el tamaño de las copas de vino que acompañan las bendiciones del Seder (y a todas las demás bendiciones y ceremonias religiosas) era mínimamente rebi’it. Esto es, más o menos, 86cc (o 3 oz. , hay otras opiniones). Lo cual obviamente es muchísimo menos que el promedio de una copa en nuestros tiempos.
Pero eso no es todo…
VINO DILUIDO
Maimónides (MT, Hamets uMatsa 7:9) explica que el vino que se bebe en el Seder debe ser mazug, diluido con agua. Y para la gran sorpresa del lector moderno la cantidad de agua que los Sabios del Talmud y Maimónides aconsejan es: 3/4 agua, 1/4 vino (sic.).  Los Sabios explicaron que para que el vino represente un gesto de libertad y nobleza, debe ser tomado de una manera placentera, saludable y moderada ( שתיה ערבה).  Maimónides aclara que si en el Seder uno bebe 4 copas de vino “puro”, es decir: sin agua, si bien cumplió con la obligación de las 4 copas, falló en cumplir con la obligación de jerut, es decir, de actuar como personas libres y nobles, que beben para celebrar pero no para embriagarse. Técnicamente, como también lo aclara Maimónides, el total de las 4 copas de vino debe contener un mínimo de … rebi’it, o 86 cc de vino puro, y el resto debe ser agua. Esto puede parecer  muy diferente a las costumbres modernas, ya que para nosotros el vino diluido se considera algo de menor calidad. En la antigüedad, sin embargo, el vino puro (יין חי), era casi un concentrado de vino, y se consideraba imbebible, o una bebida que no correspondía a personas nobles y educadas.
EL VINO CAMBIÓ…. 
Un lector que escuchó una clase que presenté esta semana sobre este tema, me refirió a un artículo de Wikipedia (“krater”, en inglés) que afirma que en los famosos simposios  griegos solían beber el vino diluido con 3 partes de agua. Exactamente igual que lo que dicen los Jajamim del Talmud. Cito:  ”El consumo de vino ákratos (sin diluir) era considerado un grave error de juicio en la antigua Grecia, suficiente para caracterizar al bebedor como un borracho y alguien que carecía de moderación y principios. Los escritores griegos antiguos prescribieron que una proporción de mezcla de 1 parte de vino, 3 partes de agua era la óptima…
Este articulo también cita la razón por la cual el vino diluido no perdía su esencia y sabor a vino, aunque estuviera diluido con tanta agua. Continúo la cita: “…siendo que estas mezclas producirían una bebida no apetecible y acuosa si se aplicara a la mayoría de los vinos elaborados al estilo moderno, esta práctica de los antiguos ha llevado a la especulación de que los vinos antiguos podrían haber sido elaborados con un alto grado alcohólico y un alto contenido de azúcar , p.ej. usando uvas deshidratadas, y ese vino podía resistir mejor la dilución con agua… “.
Así también lo explicaron entre otro Rashí y Maimonides: el vino en los tiempos del Talmud era mucho mas fuerte que el de hoy.
EN NUESTROS DIAS
La práctica habitual hoy en día es por lo tanto un poco diferente. El tamaño mínimo que la tradición judía requiere de la copa no se modificó. Sigue siendo de aproximadamente 86cc. En cuanto a mezclar el vino con agua varios rabinos contemporáneos explican que hoy en día si bien agregamos agua al vino, no se podría añadir tanta agua (3/4) sin que el vino perdiese su sabor. El Rab Obadiá Yosef, por ejemplo, indicó que en nuestros días la mayoría de la copa debe ser llenada con vino, para que el gusto y la esencia del vino prevalezca. Esto varía obviamente, según el tipo y la calidad del vino que se utilice. Personalmente, he notado que si se mezcla vino de calidad media con un tercio de agua, esta proporción satisface los dos requisitos esenciales: 1. templar el vino y 2. preservar el sabor del vino.



¿Cuánta Matsá se debe consumir durante el Seder de Pésaj?

Si bien no hay una cantidad máxima de la Matsá que uno puede o debe comer durante la cena del Seder de Pesaj, los Sabios establecieron un mínimo necesario para cumplir con nuestra obligación ritual.  

¿CUANTO ES EL MINIMO? 

El tamaño de un mínima porción de comida es denominada por nuestros Sabios, kazayit, esto significa literalmente, “que sea aproximadamente, como el tamaño de una aceituna”. Tomando en cuenta que en los tiempos Talmúdicos las aceitunas eran un poco más grandes que las aceitunas promedio en nuestros días. Ahora bien, traducido a la Matsá esta medida equivale a un tercio de una Matsa normal cuadrada (12 g.). Y a un cuarto de una Matsá redonda, abodat yad (11 g.).  Esta medida, que originalmente es de volumen, se obtiene al pulverizar la Matsá y medir ese polvo en un recipiente de 1 onza líquida.   Hay otros rabinos que sostienen que esta medida se debe calcular en peso y no en volumen. Y el tamaño de una minima porción es de 30 gramos, lo cual es significativamente mayor cuando se compara con el volumen. Ya que por ejemplo, calculando en peso la porción mínima es una Matsa cuadrada entera.   Consulte con el rabino de su comunidad.    

¿CUANDO?

Durante las dos noches del Seder de Pésaj, debemos comer esta medida de Matsa 3 veces. La primera vez luego de la Berajá por la Matsa: Motsí/Matsá (de acuerdo a algunas opiniones, aquí se debe consumir 2 porciones de matsá). La segunda vez, cuando comemos el Korej, el “sandwich de Matsa, Maror y Jaroset.  La tercera vez cuando comemos el Afikomán, al final de la cena. 

¿QUE MATSA?

Preferentemente, se debe comer esta noche Matsá Shemurá (ver aquí   ) que es una Matsa que se prepara con harina supervisada para Pésaj dese el momento de la cosecha del trigo. 

¿COMO? 

En estas 3 ocasiones la Matsá se debe comer sentados reclinados sobre el lado izquierdo. Esta posición representa el clásico símbolo de la libertad y nobleza (ver aquí  ) .




Objeciones a la venta convencional del Jamets

VENDER O NO VENDER EL JAMETS ANTES DE PESAJ?

En mi opinión, uno de los textos mejor documentados que nos permite comprender los detalles acerca del debate alrededor de la validez de la venta de Jamets que realizamos en nuestros días, es la respuesta, escrita por el Rab Eliyahu Zini, un rabino que es también profesor de matemáticas en el famoso Instituto Technión de Haifa.

El Rab Zini explica que el precedente para la venta del Jamets es la Toseftá que dice que, si un judío, se encuentra en un barco y lleva con él mercancía Jamets, en el caso que su barco se atrase y no pueda llegar a puerto antes de Pésaj, como estaba planeado , el Yehudí le puede vender su Jamets a un no judío, y al término de Pésaj, se le permite comprarlo nuevamente de él  .

Este caso fue considerado por los rabinos como excepcional: se trata de una persona que está en medio del océano y que para no perder su capital no le queda otro recurso más que vender toda su mercancía para no pasar por la prohibición de poseer Jamets. El Rab Zini trae muchas fuentes, especialmente del tiempo de los Gueoním, que sostienen que esta Toseftá contempla un caso excepcional y no pretende “normalizar” la venta ficticia del Jamets como una forma de deshacerse del mismo.

La Mishná y la Guemará, desarrollan ampliamente el tema de las maneras de deshacerse del Jamets (quemarlo, echarlo al mar, alimentar a las aves, etc.) pero nunca se menciona, ni se discute, ni se considera el concepto de la “venta” del Jamets como una de las maneras de desposeerse del Jamets. Más aún, si adoptásemos el método de venta convencional  del Jamets que se practica en nuestros días,  todas las reglas que los rabinos instituyeron respecto al Jamets —la búsqueda de Jamets, la eliminación del Jamets y la anulación de Jamets —se vuelven insignificantes y completamente innecesarias.   Siguiendo la Toseftá, los rabinos sefaradíes autorizaron la venta de Jamets a no judíos solamente en casos excepcionales, como por ejemplo: una tienda de alimentos, y solamente bajo condiciones muy estrictas, como veremos a continuación.

En el caso de la Toseftá, hubo una transferencia de la mercancía del judío al no judío. En otras palabras, el no-judío tomó posesión física de los productos Jamets (משיכה), lo cual no ocurre en el proceso de venta convencional que se hace hoy en día donde solo hay que firmar un formulario. El Rab Zini cita varias fuentes que afirman que, si la mercancía permanece en la casa del judío, eso sería un signo inequívoco de ha’rama, es decir:  transacción ficticia. Este requerimiento, que los productos sean transferidos a la casa del no judío, se trae como pre requisito para dar validez a la venta de Jamets por el Terumat HaDeshen, quien es la base del Bet Yosef en este tema. El Rab Zini también menciona a los Gueoním y Rishonim que mencionan la Toseftá, enfatizando que la venta de Jamets tendría validez únicamente, en caso de ser real (ובלבד שלא יערים), es decir, cuando es total y no cuando se sabe que voy recuperar mi jamets luego de Pésaj .

Otro elemento que también es considerado como un signo de הערמה, “ficción” , “mala fe” es que la venta de jamets convencional es premeditada. Me explico:  la mayoría de los rabinos indican que la Toseftá se refiere a un caso excepcional, dónde alguien involuntariamente queda durante Pésaj en altamar por un retraso que no era previsible. Así,  como indica Maimónides, הגיע השעה החמישית , “llegó la hora de deshacerse del Jamets en la víspera de Pésaj y a esta persona no tiene otro recurso. En términos Halájicos este tipo de situaciones se conoce como: “She’at Hadajac”, un caso extremo que es un equivalente de:“Bedi’abad”, “a posteriori . Pero esa Toseftá no contempla cuando alguien  deliberadamente “vende” su Jamets de manera convencional para eludir la Mitsvá de desechar el Jamets. Para estos Posqim, es un signo inequívoco de que la venta no es sincera y por lo tanto carece de validez.

Otro punto que trae Rab Zini es, que una transacción de venta válida, implica que el comprador es enteramente responsable por la mercadería que compra. Es decir, una vez que el comprador no-judío paga el anticipo del valor total, el Jamets le pertenece. La diferencia de dinero queda como una deuda.  El hecho que el comprador no ha liquidado su deuda, no afecta su responsabilidad (o sea derecho) sobre la mercadería en cuestión. En estas condiciones, la responsabilidad total por la mercancía debería ser del comprador. Por lo tanto, supongamos que yo vendí una caja de botellas de whisky de la manera convencional, y la mantengo en mi casa. Si es whisky es robado o se rompe, ¿quién se hace responsable? ¿El comprador? ¿Me pagará el después de Pésaj por la mercadería robada?  Todos sabemos que no. Este no es el caso en los términos prácticos de la venta de convencional del Jamets. En la practica, el comprador no tiene ninguna responsabilidad legal por los productos Jamets que supuestamente son suyos. Lo cual es la mejor evidencia de es Jamets no le pertenece.

La opinión en la cual se basan las autoridades rabínicas que aceptan como válida esa venta legal pero ficticia del Jamets es la del Jatam Sofer (1762–1839). Apoyarse en esta opinión, desestimando la opinión de la mayoría de los rabinos que exigen deshacerse realmente del Jamets o venderlo sin intención de recuperarlo , sería una lenidad excepcional, especialmente para los judíos sefaradíes que nunca adoptaron esta práctica.

Incluso entre los rabinos Ashkenazim este tipo de venta ficticia fue criticada. El principal portavoz de esta crítica, fue, no otro que, el Gaón de Vilna  (1720–1839) que afirmó que, quien vende su Jamets de esta manera (con הערמה) viola, dos prohibiciones bíblicas bal yeraé y bal ymatsé y no cumple, con el mandamiento bíblico positivo (tashbitu).

Recomiendo que la primera opción sea deshacerse de todo el Jamets que uno tiene en su propiedad, como lo hicieron las familias sefardíes durante TODA su historia.

Vender el Jamets de manera convencional , a través de un formulario de venta y conservando el Jamets en la casa propia, es un subterfugio halájico que un Yehudí yere shamayim debería evitar.




Arroz en Pésaj: Sefaradim vs. Ashkenazim.

Explicamos anteriormente que “Jamets” define a un alimento que proviene de uno de los 5 siguientes granos: trigo, cebada, espelta, centeno y avena. El arroz, por lo tanto, no es Jamets.

Aunque la Guemará menciona a un Rabino de Erets Israel, Ribbí Yojanán ben Nurí (siglo 1 de la era común), que sostenía que no se puede consumir arroz en Pésaj. Los Sabios de la Guemará, sin embargo, concluyeron que el arroz NO es Jamets y que SÍ se puede comer en Pésaj. La Guemará trae el caso de Rabá, un famoso rabino de Babel, que solía comer arroz en el Seder de Pésaj (Pesajim 114b) para no dejar duda que de acuerdo al veredicto rabínico, el arroz no es Jamets.

La costumbre Ashkenazí, sin embargo, es abstenerse del consumo de arroz, ¡pero no por considerarlo Jamets! Los judíos Ashkenazim se privan durante Pésaj de consumir todo tipo de legumbres, granos y cereales (qitniyot), incluyendo el arroz. Esta es una tradición muy antigua que sigue siendo respetada hasta el día de hoy en la comunidad Ashkenazí. Ahora bien, ¿cuál es la razón y el origen de la costumbre de prohibir granos, semillas y legumbres en Pésaj? Tomemos como ejemplo el caso del arroz. Es muy posible confundir el grano del arroz con el grano entero del trigo. Las espigas son muy parecidas. Los granos de arroz y trigo son del mismo color, al igual que la harina de arroz y la harina de trigo. Hay que tener en cuenta que hasta hace unos 40 o 50 años atrás, los productos alimenticios no se vendían como hoy, envasados y en supermercados, sino que se vendían por peso en los mercados públicos. No era poco común entonces que si alguien compraba arroz encontrase al llegar a su casa algunos granos de trigo mezclados con los granos de arroz. Ya que los granos de arroz (integral, enteros) y los granos de trigo se vendían en los mismos puestos del mercado, utilizando las mismas paletas y balanzas. También los campos donde el arroz se cosechaba solían estar cerca o dentro de los mismos campos donde se cosechaba el trigo. Era muy posible entonces que algún grano de trigo se mezclara con el arroz en el momento de la cosecha o en el momento de comprarlo en el mercado. Y como veremos más adelante, la prohibición de Jamets durante Pésaj es tan estricta que un solo grano de trigo transformaría a todo un plato hecho con arroz en Jamets. De aquí la costumbre Ashkenazí de abstenerse del arroz y otras legumbres en Pésaj.

Muchos no saben que esta no es una tradición exclusiva de los judíos Ashkenazim. Los judíos Sefaradim están divididos en la cuestión del arroz. Los Yehudim marroquíes y otros Yehudim de África del Norte también evitan el consumo de arroz durante Pésaj, mientras que los judíos de Israel, Irán, Irak, Siria y otros países del Medio Oriente consumen arroz durante Pésaj (al punto que el arroz se convierte en la comida más típica de Pésaj, algo así como las papas en la tradición Ashkenazí). Sin embargo, para evitar la posibilidad de la presencia accidental de un grano de trigo en el arroz, la costumbre de las comunidades persas, sirias, etc., es revisar el arroz tres veces antes de usarlo para Pésaj. Ahora bien, incluso los que siguen la tradición de abstenerse del consumo de arroz y otras legumbres (qitniyot) durante Pésaj, por los motivos que recién explicamos, pueden mantener el arroz y las legumbres en su posesión y propiedad durante Pésaj, y no hay necesidad de desechar o vender estos alimentos, ya que no son Jamets (Shulján Aruj, Rama, 453:1). También, como lo señala el Rab Eliezer Melamed en Peniné Halajá, aunque la costumbre Ashkenazí es prohibir estos productos (qitniyot) durante Pésaj, esto se aplica cuando los qitniyot son o constituyen la mayoría de ese producto alimenticio (Mishná Berurá idem, 9). Pero si los qitniyot son aditivos (fructosa de maíz, almidón de maíz, etc.), y están presentes en un alimento ya elaborado en una proporción menor a la mitad, ese alimento no estará prohibido durante Pésaj, aún para los que acostumbran a privarse de qitniyot. Consulte con el Rabino de su comunidad acerca de las tradiciones y costumbres a seguir.